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Lo de siempre


Arturo Reyes



 

La escena representa una barbería, un portal entrelargo con tres altos sillones de caoba y viejos almohadones forrados de hule; frente a cada uno de los sillones un espejo con marco también de caoba y un tablero de la misma madera cubierto con cachivaches y útiles del oficio; en el otro lado de la habitación una larguísima banqueta forrada de yute descolorido; en las paredes dos o tres anuncios de fiestas taurómacas y un trofeo con la cabeza de un gachó de Miura, un par de banderillas vírgenes y una montera en desuso; debajo del trofeo, colgado de una alcayata, un guitarro adornado en el mástil por una moña de colores.

   

Al empezar la acción aparecen, sentado en uno de los sillones con la cara ya enjabonada, PEPE EL CUCO y, junto a él, probándose la barbera en el pulpejo, el maestro QUITAPENAS.

 




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Escena única

 

EL CUCO y EL QUITAPENAS.

 

EL CUCO.-   Mia tú, que no me escañones mucho, que aluego se me pone la cara que paese un mapa mundi.

QUITAPENAS.-   Eres tú er parroquiano más permazo y más dexigente... que hay bajo las estrellas.

CUCO.-   Y tú el barbero más bruto que ha nacío de madre.

QUITAPENAS.-   Como me güervas a faltar al rispeto te va a llegar la barbera a la perilla del ombligo.

CUCO.-   ¡Hombre, por la Santísima Virgen!, mia que vas a matar en flor toítas mis ilusiones.

QUITAPENAS.-    (Cantando a media voz): 


Ilusiones de viejos
son arvellanas,
¡arvellanas que toas
nos salen vanas!

CUCO.-   ¿Eso de viejo es por mí o por tu difunto padre que Dios tenga en su Santísima Gloria?

QUITAPENAS.-   ¿Por ti, chavó? ¡Cualisquier día! ¿Viejo tú? Y entoavía tiées el perfil más fresco que una escarola.

CUCO.-   Pos mía, tú, otros tieen la piel peor que yo, pero que mucho peor.

QUITAPENAS.-   ¡Vaya!..., las pintarrojas, pongo por caso.

CUCO.-   ¡Las pinta-tiros que te peguen con balas pun pun y con pórvora sin humo!

QUITAPENAS.-   ¡U te callas u te mondo!

CUCO.-   ¡Pero es que no tengo yo la piel fresca, por vía e la Malena! ¡Pos no tengo yo ahora mismito un espejo elante que me dice que entoavía estoy una miajita de recibo, pero que una miajita y una miajita más!

QUITAPENAS.-   Es que mis espejos pa beneficiarme a mí engañan a mis parroquianos; lo mismo que le pasa a la Curra contigo, pongo por caso.

CUCO.-    (Incorporándose con brusquedad y mirando al barbero amenazadoramente.)  ¿A la Curra conmigo? ¿Qué es lo que tú estás diciendo de la Curra: que a mí la Curra me engaña?

QUITAPENAS.-   Pero ¿es que tú te has creío que la Curra está prendá de tu persona?

CUCO.-   Hombre, lo que yo creo es que te voy a dar una puñalá que te va a parecer un ataque a la bayoneta.

QUITAPENAS.-    (Encogiéndose de hombros.)  ¿No sería mejor que me pagaras la iguala?

CUCO.-   Pero ¿por qué has dicho tú eso de la Curra, vamos a ver, por qué lo has dicho?

QUITAPENAS.-   ¡Toma!, porque eso que he dicho es tan verdá como el Evangelio de la misa... Pero, hombre, asosiégate, mira que no voy a poder arrematar mi faena.

CUCO.-   Antes de na lo que yo necesito es que me pruebes eso que acabas de dicir.

QUITAPENAS.-   Por algo digo yo a to el que quiere oírme que si tú no estás medio tonto, es porque estás tonto de remate. Mira, Pepe, fíjate bien en lo que te voy a dicir: tú tiées cincuenta y dos años.

CUCO.-   Cincuenta y uno y cinco meses y catorce días.

QUITAPENAS.-   Güeno, cincuenta y uno y cinco meses y catorce días que parecen sesenta mil por aquello de que el que mucho corre pronto se cansa, y sa menester que no te orvíes que tiées una panza que parece un miriñaque, que las patas e gallo te llegan ya al cogote; que cuando te da la tos alborotas el distrito, y escupes más que una regaera, que te güele el aliento a vitriolo manque te purgues tres veces en semana, y que, además de to eso, estás quebrao de dambas ingles y que...

CUCO.-    (Interrumpiéndolo con profunda ira.)  Güeno, ¿y a qué viée to eso, vamos a ver, a qué viene eso de las ingles y der vitriolo?

QUITAPENAS.-   Pos eso viene a probarte que se necesita estar más loco que una yegua pa jacer lo que tú has hecho, u sea, coger la mejor moza del barrio, una gachí que enciende la yesca con los ojos y emborracha con el jálito, y llevártela a tu cubril y poner en ella tus cinco sentíos y creerte que esa gachí no se le arrebotará el estómago ca vez que tú la beses en la boca o manque no sea más que en las inmediaciones.

CUCO.-   Pos qué querías tú, ¿que me hubiera llevao a mi cubril al cura de la parroquia, u a Jabones u a Paco el Talabartero?

QUITAPENAS.-   Hombre, mismamente al cura no, ni el Jabones tampoco..., pero...

CUCO.-   Déjate de peros, guasón, que tiées siempre gusto en amargarme el afeitao.

QUITAPENAS.-   Porque te quiero bien, porque te conozco y soy amigo tuyo desde que andábamos a gata, porque me duele pensar que pudiera llegar un día en que... ¡Si Torrijos murió fusilado!  (Canturreando.) 

CUCO.-   ¿Te quiées callar? Que na más que de pensarlo me brinca de rabia er corazón en er pecho.

QUITAPENAS.-   Si yo no digo que pase na, pero la Curra es más bonita que er sol que reluce, la Curra tiée veinte y cuatro años, la Curra...

CUCO.-    (Con energía.)  La Curra es prima hermana de Santa Teresa de Jesús, por lo güena que es; la Curra me ha tomao a mí apego y voluntá; la Curra no ve más que por mis ojos; la Curra no pisa la calle, ni se asoma al balcón, ni parpaguea tan siquiera sin mi permiso y en mi casa no entra nadie sin que yo le ponga el visto bueno y sin que lo registre, y sin que...

QUITAPENAS.-   ¡Hombre, alguien entrará manque no sea más que en tarjetas postales!

CUCO.-   ¡Sí, ya lo creo que entran! El Virona, que es tío suyo por parte de madre y que jace ya una eterniá que no sabe lo que es roer un coscorrón; y el Pinsapo, que es pariente suyo por parte de su madre tamién, y que anda dándole coba a los cuatro duros de años; y el Golondrino, su maestro de guitarra, un probetico que no mira por si ofende y al cual ella no puée ver ni en pintura. No te diré más sino que ella no jace más que dicirme que sa menester que se vaya y que le busque otro, porque con ese entoavía no ha aprendío ni a rasguear las murcianas tan siquiera y, además, porque de antipático que le es le agria siempre la comida.

QUITAPENAS.-   ¿Y por qué no le pones otro maestro que la enseñe mejor y que no le sea tan antipático y que no le agrie los alimentos?

CUCO.-    (Levantándose ya afeitado.)  Porque por algo he vivío yo, lo que yo he vivío, por aquello que dice la copla:


Que mos enseñan los años
mucho más que los dortores.

con que me voy... Adiós, Quitapenas, y no seas mal pensao, hombre, y me alegro de verte güeno.

QUITAPENAS.-    (Mirándolo salir con sonrisa y mirada irónicas y turreando con acento también irónico): 


Lepe, Lepijo y su hijo
eran los tres tres tunantes,
y a los tres se los pegaba
una tonta de remate.




(«ESPAÑA». Rev. de la Asoc. Pat. Esp. B. Aires, 3-V-1906.)






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