
Escena única
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EL CUCO y
EL
QUITAPENAS.
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EL CUCO.- Mia tú, que no me
escañones mucho, que aluego se me pone la cara que paese un
mapa mundi.
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QUITAPENAS.- Eres tú er parroquiano
más permazo y más dexigente... que hay bajo las
estrellas.
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CUCO.- Y tú el barbero más bruto
que ha nacío de madre.
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QUITAPENAS.- Como me güervas a faltar al
rispeto te va a llegar la barbera a la perilla del ombligo.
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CUCO.- ¡Hombre, por la Santísima
Virgen!, mia que vas a matar en flor toítas mis
ilusiones.
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QUITAPENAS.- (Cantando a media
voz):
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Ilusiones de viejos |
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son arvellanas, |
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¡arvellanas que toas |
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nos salen vanas! |
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CUCO.- ¿Eso de viejo es por mí o
por tu difunto padre que Dios tenga en su Santísima
Gloria?
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QUITAPENAS.- ¿Por ti,
chavó? ¡Cualisquier día! ¿Viejo
tú? Y entoavía tiées el perfil más
fresco que una escarola.
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CUCO.- Pos mía, tú, otros tieen
la piel peor que yo, pero que mucho peor.
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QUITAPENAS.- ¡Vaya!..., las pintarrojas,
pongo por caso.
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CUCO.- ¡Las pinta-tiros que te peguen con
balas pun pun y con pórvora sin humo!
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QUITAPENAS.- ¡U te callas u te mondo!
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CUCO.- ¡Pero es que no tengo yo la piel
fresca, por vía e la Malena! ¡Pos no tengo yo ahora
mismito un espejo elante que me dice que entoavía estoy una
miajita de recibo, pero que una miajita y una miajita
más!
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QUITAPENAS.- Es que mis espejos pa beneficiarme
a mí engañan a mis parroquianos; lo mismo que le pasa
a la Curra contigo, pongo por caso.
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CUCO.- (Incorporándose con
brusquedad y mirando al barbero amenazadoramente.)
¿A la Curra conmigo? ¿Qué es lo que tú
estás diciendo de la Curra: que a mí la Curra me
engaña?
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QUITAPENAS.- Pero ¿es que tú te
has creío que la Curra está prendá de tu
persona?
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CUCO.- Hombre, lo que yo creo es que te voy a
dar una puñalá que te va a parecer un ataque a la
bayoneta.
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QUITAPENAS.- (Encogiéndose
de hombros.) ¿No sería mejor que me
pagaras la iguala?
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CUCO.- Pero ¿por qué has dicho
tú eso de la Curra, vamos a ver, por qué lo has
dicho?
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QUITAPENAS.- ¡Toma!, porque eso que he
dicho es tan verdá como el Evangelio de la misa... Pero,
hombre, asosiégate, mira que no voy a poder arrematar mi
faena.
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CUCO.- Antes de na lo que yo necesito es que me
pruebes eso que acabas de dicir.
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QUITAPENAS.- Por algo digo yo a to el que
quiere oírme que si tú no estás medio tonto,
es porque estás tonto de remate. Mira, Pepe, fíjate
bien en lo que te voy a dicir: tú tiées cincuenta y
dos años.
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CUCO.- Cincuenta y uno y cinco meses y catorce
días.
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QUITAPENAS.- Güeno, cincuenta y uno y
cinco meses y catorce días que parecen sesenta mil por
aquello de que el que mucho corre pronto se cansa, y sa menester
que no te orvíes que tiées una panza que parece un
miriñaque, que las patas e gallo te llegan ya al cogote; que
cuando te da la tos alborotas el distrito, y escupes más que
una regaera, que te güele el aliento a vitriolo manque te
purgues tres veces en semana, y que, además de to eso,
estás quebrao de dambas ingles y que...
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CUCO.- (Interrumpiéndolo
con profunda ira.) Güeno, ¿y a
qué viée to eso, vamos a ver, a qué viene eso
de las ingles y der vitriolo?
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QUITAPENAS.- Pos eso viene a probarte que se
necesita estar más loco que una yegua pa jacer lo que
tú has hecho, u sea, coger la mejor moza del barrio, una
gachí que enciende la yesca con los ojos y
emborracha con el jálito, y llevártela a tu
cubril y poner en ella tus cinco sentíos y creerte
que esa gachí no se le arrebotará el
estómago ca vez que tú la beses en la boca o manque
no sea más que en las inmediaciones.
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CUCO.- Pos qué querías tú,
¿que me hubiera llevao a mi cubril al cura de la parroquia,
u a Jabones u a Paco el Talabartero?
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QUITAPENAS.- Hombre, mismamente al cura no, ni
el Jabones tampoco..., pero...
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CUCO.- Déjate de peros, guasón,
que tiées siempre gusto en amargarme el afeitao.
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QUITAPENAS.- Porque te quiero bien, porque te
conozco y soy amigo tuyo desde que andábamos a gata, porque
me duele pensar que pudiera llegar un día en que...
¡Si Torrijos murió fusilado!
(Canturreando.)
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CUCO.- ¿Te quiées callar? Que na
más que de pensarlo me brinca de rabia er corazón en
er pecho.
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QUITAPENAS.- Si yo no digo que pase na, pero la
Curra es más bonita que er sol que reluce, la Curra
tiée veinte y cuatro años, la Curra...
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CUCO.- (Con
energía.) La Curra es prima hermana de Santa
Teresa de Jesús, por lo güena que es; la Curra me ha
tomao a mí apego y voluntá; la Curra no ve más
que por mis ojos; la Curra no pisa la calle, ni se asoma al
balcón, ni parpaguea tan siquiera sin mi permiso y en mi
casa no entra nadie sin que yo le ponga el visto bueno y sin que lo
registre, y sin que...
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QUITAPENAS.- ¡Hombre, alguien
entrará manque no sea más que en tarjetas
postales!
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CUCO.- ¡Sí, ya lo creo que entran!
El Virona, que es tío suyo por parte de madre y que
jace ya una eterniá que no sabe lo que es roer un
coscorrón; y el Pinsapo, que es pariente suyo por
parte de su madre tamién, y que anda dándole coba a
los cuatro duros de años; y el Golondrino, su
maestro de guitarra, un probetico que no mira por si ofende y al
cual ella no puée ver ni en pintura. No te diré
más sino que ella no jace más que dicirme que sa
menester que se vaya y que le busque otro, porque con ese
entoavía no ha aprendío ni a rasguear las murcianas
tan siquiera y, además, porque de antipático que le
es le agria siempre la comida.
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QUITAPENAS.- ¿Y por qué no le
pones otro maestro que la enseñe mejor y que no le sea tan
antipático y que no le agrie los alimentos?
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CUCO.- (Levantándose ya
afeitado.) Porque por algo he vivío yo, lo
que yo he vivío, por aquello que dice la copla:
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Que mos enseñan los años |
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mucho más que los dortores. |
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con que me voy...
Adiós, Quitapenas, y no seas mal pensao, hombre, y
me alegro de verte güeno.
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QUITAPENAS.- (Mirándolo
salir con sonrisa y mirada irónicas y turreando con acento
también irónico):
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Lepe, Lepijo y su hijo |
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eran los tres tres tunantes, |
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y a los tres se los pegaba |
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una tonta de remate. |
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(«ESPAÑA». Rev. de la Asoc. Pat. Esp. B. Aires,
3-V-1906.)