Ilustración 4.4: Simposiastas (Oxford, Ashmolean Museum 1974.344).
Ilustración 4.5: Sileno y ojos de Dioniso (Oxford, Ashmolean Museum 1974.344).
La muerte, para la sensibilidad de los aristócratas griegos, posee una belleza especial. La muerte «hermosa» y el difunto «hermoso» son la consecuencia de una sociedad cuyas élites hacen de la valentía un valor que brilla incluso a pesar del adverso resultado de la contienda. Zeus o Hermes pesan las kêres, los destinos de los combatientes, la derrota la otorgan los dioses, pero la gloria se refleja en el cadáver, que a pesar de las heridas sigue resultando el símbolo de una vida agotada de modo consecuente con el estatus personal de héroe que menosprecia la muerte, puesto que conoce sus artimañas.
La superación de la muerte que predican los sabios filósofos y los iniciados se encuentra ya expresada aunque de un modo más arcaico y menos elaborado en la ética de la muerte de estos nobles griegos, una forma de ideología en vías de extinción cuando comienza a testificarse (quizás en parte como una metamorfosis derivada, adaptada a los nuevos tiempos) la vía iniciática y filosófica de anulación (imaginaria) del límite último de la vida humana, que se repasará en el capítulo siguiente.
Pero antes se analizará en primer lugar una experiencia compleja, simbolizada en la serpiente, y que permite ahondar un paso más en la maraña imaginaria que sustentaba la desigualdad de estatus personales en la ideología griega arcaica. Posteriormente se repasará la trayectoria vital de algunos personajes especiales que sufrieron la experiencia de la muerte en vida, como una más de las facetas constitutivas de sus complejos poderes y cuyas trayectorias vitales, a la vista del análisis que se desarrolla en este capítulo, no resultan tan ajenas a la ideología griega como para tener que postular un origen extraheleno de las mismas.
Aunque en ocasiones secundaria en la argumentación, la muerte se halla presente en la mayoría de las figuras que se repasarán a continuación; Tiresias por su destacado papel como único difunto dotado de inteligencia en el más allá, Hermes por su calidad, que ya se repasó, de señor de los caminos de la muerte, Gorgo (Gorgó) por sus implicaciones fundamentales como máscara mortal y la serpiente por sus características ctónicas que la hicieron simbolizar a los muertos benéficos, antepasados protectores del grupo social del que en su día formaron parte346. Se intentará analizar en las páginas que siguen una serie de relatos míticos griegos en los que las serpientes juegan un papel fundamental haciendo uso de uno de los instrumentos del análisis histórico-religioso, el método comparativo, para hallar un ejemplo extraheleno lo suficientemente contrastado y relevante como para hacer luz sobre la «realidad» religiosa que subyace tras estos episodios347. La zona cultural en la que la sistematización del simbolismo serpentino resulta accesible y está suficientemente desarrollada es la India y será por tanto en esta cultura donde se busque el ejemplo que servirá de nexo explicativo de los datos que de modo muy disperso se han conservado en la cultura helena.
Varios personajes mitológicos griegos acceden a la capacidad mántica gracias a su contacto con serpientes. Los casos de Melampo y Tiresias resultan ejemplares, pues determinan dos vías diferentes para obtener el resultado de la trasmutación de la naturaleza común del hombre en una naturaleza superior (la conversión en adivinos, intermediarios entre los dioses y los hombres). Branco, por su parte, sin la intervención de serpientes, pero por un mecanismo en esencia similar, accede a poderes comparables.
Gracias a que las serpientes le lamen los oídos348, Melampo consigue comprender el lenguaje de los pájaros349, y el amor de Apolo consolida sus poderes convirtiéndolo en un gran adivino. Pero, como han destacado los especialistas, su trayectoria vital no es común; emparentado con el dinasta de Pilos (Neleo era su tío), terminará reinando en la Argólida y cumplirá diversos episodios de su carrera en otros lugares del Peloponeso (Élide, Arcadia, Corinto) y en Tesalia. Héroe, monarca, pieza clave en rituales de iniciación de jóvenes de sexo femenino350, hermano ejemplar, fundador de cultos, iatrómantis (sanador por medios físicos -fitoterapia a la que parece referirse su propio nombre351- o sobrenaturales352), inmerso en varios episodios de adquisición de la novia, la complejidad de los roles que cumple dificulta su aprehensión a la par que el arcaísmo de alguno de los motivos que la tradición hace confluir en su persona nos inserta en una realidad social imaginaria o real de una gran antigüedad.
Tiresias consigue la capacidad mántica de dos modos diferentes según la versión del mito que utilicemos. En la versión que parte de Hesíodo353, y que transmiten, entre otros, Apolodoro, Higinio y Ovidio354, el don de la adivinación es un regalo de Zeus por haber mediado en la disputa con Hera para determinar cuál de los sexos goza de mayor placer en el acto sexual. Tiresias había sido hombre y mujer y por tanto supo responder que la mayor parte la experimenta la mujer, dando a sí la victoria a Zeus, pero provocando la ira de Hera, que lo cegó. El detonante en el cambio de sexo por parte de Tiresias está en el hecho de haber tocado (o herido) con su bastón a dos serpientes mientras estaban enroscadas copulando. La otra versión355, transmitida por Ferécides, Calímaco o Nono356, plantea que Atenea, a la que Tiresias vio desnuda, se vio obligada a castigarlo con la ceguera, pero en compensación a Cariclo, madre del adivino (y servidora fiel de la diosa), le «purificó los oídos y le capacitó para comprender los sonidos emitidos por los pájaros» y además le dio un bastón que le permitía andar como si viese.
Ambas versiones, a pesar de las diferencias, presentan un trasfondo en esencia semejante: la ceguera, que se contrapesa con el don adivinatorio (que resulta, pues, una forma alternativa de ver), y el papel decisivo que tienen las serpientes en la transmutación sexual de Tiresias en la primera versión, que se puede poner en paralelo con la actuación de Atenea purificándole los oídos (que es el mismo modo de actuar de las serpientes en el caso de Melampo) en la segunda versión.
En la versión transmitida por ejemplo por Ovidio o Higinio357, Tiresias toca con su bastón las serpientes en cópula, lo que desencadena su metamorfosis. Resulta evidente que el acto que realiza Tiresias crea por unos momentos una figura cuya plasmación iconográfica sería un bastón con unas serpientes enroscadas. Dicho bastón existe en la cultura griega, lleva el nombre técnico de kērýkeion358 y lo utilizan como atributo Hermes en el plano divino y los heraldos en el plano humano, lo que corrobora la iconografía359. Un texto de Higinio360, muy revelador, narra el modo en que Hermes consiguió el bastón serpentino en unas circunstancias que, salvo en la interpretación (la separación de las serpientes se entiende como una pacificación, lo que se corresponde bien con la función del kērýkeion como bastón del mediador), resultan idénticas a las que terminan con la mutación de sexo de Tiresias. La vinculación de ambos testimonios es clara361, y estimamos que su significado ha de ser parecido.
Los portadores del bastón serpentino (y en este grupo también incluimos a Tiresias) parecen por tanto tener un lazo en común que es el de la intermediación. La de los heraldos, menos interesante para nuestros propósitos, lo es en el plano político y religioso. La de Tiresias, entre los sexos, luego entre el mundo de los dioses y de los hombres y posteriormente en el más allá. Pero la que resulta más significativa es la de Hermes, pues media entre el inframundo, la tierra y el cielo, entre los dioses y los hombres, entre los espacios contrarios y contrapuestos; así, en las representaciones figuradas en las que aparece en su calidad de psicopompo el bastón serpentino se presenta en una posición privilegiada362.
Un episodio de la vida de Branco, el fundador mítico del oráculo de Dídima y antepasado del linaje sacerdotal de los bránquidas, resulta significativo para nuestros propósitos y determina el propio nombre del personaje. Según Conón363, estando su madre de parto tuvo una visión en la que el sol le penetraba por la boca, pasaba por el estómago y finalizaba el recorrido en los órganos sexuales (se trata claramente de una «experiencia de la luz»364). A causa de esta experiencia (el sol le pasó por los bronquios -bránchos-) denominó a su hijo Branco (Bránchos). Posteriormente será el amor homosexual que el adolescente Branco practique con Apolo el que determinará su conversión en un poderoso adivino (Branchios365 resulta ser uno de los epítetos del dios).
Para intentar explicar tanto la visión de la madre de Branco como los episodios de Melampo y Tiresias y las serpientes del kērýkeion se acudirá al tantrismo, una tradición religiosa viva y suficientemente contrastable que presenta de modo estructurado buena parte de los motivos que, diseminados en los relatos griegos, no resultan comprensibles.

4.2.2. El poder serpentino y la fisiología mística
tántrica366
El escollo mayor que plantea el tantrismo a la hora de ser utilizado para la comparación es que se trata de un fenómeno religioso que en su plasmación literaria es reciente (los primeros Tantras se fechan a partir del siglo VI d. e.)367. Pero la versión literaria o incluso la generalización de la doctrina no implica que no tenga unas raíces anteriores. Por una parte, la importancia del culto a Siva-Śakti)368, fundamento del tantrismo, presenta un arcaísmo indudable en algunos de sus aspectos; por otra, el tantrismo no presenta elementos radicalmente innovadores ni aparece como un movimiento de ruptura, sino que elabora conceptos que preexistían en la tradición védica combinándolos con prácticas que tienen un origen diferente. La sociología histórica del tantrismo resulta por el momento imposible de establecer (en mayor medida para las épocas más antiguas), lo que impide determinar el papel que pudo tener en su desarrollo la tradición prearia y la popular. El dato de que su mayor desarrollo se produzca en zonas de contacto (norte de la India, por ejemplo), más abiertas a las influencias foráneas, parece llevarnos a plantear que pudo ser en esos ámbitos en los que se superó la rigidez de la religión tradicional, abriéndose los grupos sacerdotales a prácticas alternativas (tanto extranjeras como sociológicamente diversas). Así se determinan las tres raíces principales del tantrismo: por una parte, la védica, en segundo lugar, la autóctona (prearia, pero quizás también popular) y en tercer lugar la alóctona (especialmente técnicas chamánicas asiáticas).
A pesar de lo hipotético que resulta aún este análisis, por lo poco establecidos que están los argumentos que pueden esgrimirse para sustentarlo, parece aceptable que el tantrismo no es un fenómeno moderno en su raíz aunque la formulación literaria y el desarrollo histórico pleno sí lo sean. El arcaísmo de algunas de las prácticas tántricas permite por tanto justificar la comparación que aquí se intenta con el caso griego (no se están comparando formas religiosas con más de un milenio de separación, sino posiblemente de un arcaísmo similar).
El tantrismo tiene
como base de su esoterismo la experiencia de la liberación
que se manifiesta en el cuerpo del adepto369.
En ese cuerpo existen en un estado latente dos poderes radicados:
uno en la parte inferior del tronco (el principio femenino o
Śakti) y el otro en el extremo de la cabeza (el
principio masculino o Śiva). Entre ambos existen una
serie de canales (
) de
unión entre los que los principales son tres:
(el principal y directo, que
une en línea recta ambos extremos),
(canal izquierdo, lunar y
femenino) y Pingalā (canal derecho, solar y masculino). Estos
dos últimos
se trenzan en torno a
confluyendo en una serie de centros donde radican
energías sutiles, denominados cakra, y que en el sistema
más usual (
, o
de seis centros) presentan un número de siete (los seis
cakra, a los que se añade un séptimo en la parte
superior del cráneo). El inferior es el
Mūlādhāra cakra, o cakra
raíz de los tres
, situado en la región intermedia entre el ano
y los genitales: es la sede de la sakti, que en los
hombres comunes aparece enroscada (denominada
), en reposo, y cuya forma es
la de una serpiente. Los siguientes son el
Svādhisthāna cakra, por encima de los genitales,
el
cakra, o
centro de la región del ombligo, el Anāhata
cakra, o centro del corazón, el
cakra o centro de la
base del cuello, el
cakra, o centro entre las cejas, y en el
que se vuelven a unificar los tres
para ascender juntos al Sahasāra, o
loto de los mil pétalos situado en la parte superior del
cráneo (quizás la fontanela, aunque hay que tener
presente que se trata de un fisiología mística o
sutil sin verdadera correspondencia en órganos y
localizaciones de la fisiología común) o más
allá del cuerpo, donde reside la potencia masculina, o
Śiva, y que parece que no se incluye en el sistema
por ser en esencia
supracorporal.
La finalidad del
sistema es hacer ascender a la fuerza serpentina desde el
Mūlādhāra cakra al Sahasrāra.
El que consigue esa unión se convierte en un liberado de las
ataduras del mundo (se libera de la rueda de las reencarnaciones
-
-): un
jīvanmukta370.
El poder serpentino (
) ha de ascender por el canal central para que se
produzca correctamente la alquimia (no por l os otros canales
masculino y femenino).
En resumen, el
tantrismo presenta una serie de características de
interés para la comparación que intentamos. La
finalidad de la fisiología mística tántrica es
conseguir la mutación del hombre común en un hombre
verdadero y superior, que lo conoce todo (porque ha experimentado
en su ser la naturaleza de la divinidad, en este caso la
unión de Śiva con su paredra
Śakti) y en el que se ha producido la
disolución (laya) de la esencia ordinaria. La
serpiente aparece como personificación de la fuerza que al
ponerse en movimiento provoca la transmutación del adepto.
La región sexual es fundamental en el sistema. Parece que
las prácticas más canónicas fundaban el
detonante de la ascensión de
en técnicas ascéticas, pero en
otras escuelas (quizás las más arcaicas, más
cercanas a lo que debía de ser el primitivo sivaismo) se
hacía hincapié en las técnicas sexuales como
medio para despertar al poder serpentino, técnicas que
podían ser de tipo heterosexual u homosexual. La
plasmación iconográfica de los
forma una figura en la que
en torno a una línea recta se trenzan dos serpientes. Los
y
Pingalā se relacionan con la respiración nasal
(y quizás
con la respiración bucal). Para expresar la fusión de
con
Śiva en Sahasrāra se suele utilizar la
comparación con la brillantez de mil soles (se expresa,
pues, como una experiencia de la luz).
Encontramos una
serie de coincidencias entre las experiencias de Branco, Tiresias y
Melampo y las de los adeptos tántricos hindúes. Tras
pasar por ellas se convierten en seres especiales, adivinos,
hombres dotados de poderes: Tiresias mantiene incluso
después de la muerte sus capacidades cognitivas intactas,
Melampo es un purificador e igual que Branco da origen a
«cofradías» familiares de adivinos y
purificadores371
(Melampódidas, Bránquidas). Los adeptos
tántricos, como vimos, cuando realizan la unión
mística interna consiguen poderes muy variados. Sus
conocimientos se transmiten en pequeños grupos de iniciados,
muchas veces de índole familiar. En ambos casos se trata de
experiencias de grupos minoritarios de hombres con trayectorias
vitales no comunes. Melampo y Tiresias sufren una experiencia
serpentina que los transmuta. En el caso de Melampo las serpientes
purifican los oídos y le abren el conocimiento de un mundo
diferente. En el caso de Tiresias la experiencia con serpientes
macho y hembra (difícil de no relacionar con los dos
y
Pingalā) le llevan a un estado de mutación de
sexo que no parece muy diferente de la androginia372
del adepto tántrico que realiza en su cuerpo la alquimia de
la mezcla suprema de lo femenino y lo masculino. El símbolo
de la serpiente se utiliza en ambos casos en un campo de
significado parecido373.
La experiencia de la madre de Branco es muy semejante (aunque en la
dirección contraria) a la experiencia de la luz de los
adeptos tántricos, en vez de ascender la fuerza de la zona
sexual a la cabeza, el sol baja de la boca a la zona sexual. Se
puede poner en relación con prácticas
tántricas budistas de tipo sexual en las que bindu
(energía sutil en forma de punto, relacionada con la
respiración) «desciende desde lo
alto de la cabeza y llena los órganos sexuales de un chorro
de quíntuple luz»374.
Por otra parte las fosas nasales (y también la boca) cumplen
en el tantrismo un papel básico en ejercicios respiratorios
para despertar a
.
Sin forzar la identificación hasta el extremo de relacionar
el nombre Branco (en su acepción etimológica) con el
canal sutil
, si
parece necesario resaltar de nuevo lo semejantes que resultan ambas
experiencias de la luz. La importancia en Grecia del beso del dios
en la consecución de la completa potencia mántica
(sin duda en el caso de Branco, muy probable en el de Melampo)
ofrece otro dato de índole sexual (no ya transexual -como
era el caso de Tiresias- sino claramente homosexual). Se puede
esgrimir la relación con prácticas homosexuales en el
tantrismo utilizadas para despertar a
(la penetración anal es uno de los
detonantes más potentes de la ascensión del poder
serpentino en algunas sectas de la mano izquierda). Pero
también por el ejemplo tántrico se puede intentar
ahondar en la explicación de las prácticas
homosexuales griegas en una vía no contemplada en los por
otra parte excelentes trabajos de Sergent375.
La homosexualidad griega se insertaría en su origen en una
compleja paideía iniciática (en su doble
acepción)376
muy arcaica: el aprendizaje de la esencia del ser humano y sus
potencialidades, que incluiría prácticas homosexuales
con finalidades místicas (entendido el término en
sentido extenso) para poner en marcha el poder serpentino y cuya
consecución determinaba el especial estatus de los que las
superaban en el seno del grupo social (los nobles eran mejores
porque conocían ese «misterio»). Así se
explicaría en parte la desinhibición de los
aristócratas griegos (Platón a la cabeza) ante este
tipo de conductas y el secreto que rodeaba los detalles de su
desarrollo.
El trenzado de los
tres
produce una
figura que en esencia resulta muy semejante a la del bastón
serpentino (kērýkeion) griego. El dios Hermes
lo porta en la casi totalidad de las representaciones en las que se
le figura377,
convirtiéndose, junto con las taloneras aladas, en un
atributo definitorio para su identificación. Divinidad de
las transiciones (también de las iniciaciones de
jóvenes378),
como ya vimos en el segundo capítulo, resulta perfectamente
adecuado para presidir unas prácticas como las que
comentamos, que aúnan una transición a un estado
diferente con una ascensión. La iconografía ayuda a
ilustrarlo. En una de sus imágenes más antiguas, en
un vaso de Atenas379,
aparece el dios portando el kērýkeion, situado
entre dos esfinges aladas (ilustración 4.6). Forma parte de
un conjunto de representaciones fechadas entre el 600 y el 560
a. e. en
las que Hermes aparece flanqueado por seres míticos alados
(esfinges o sirenas380)
y cuyo significado no se ha desentrañado completamente. La
escena se ilumina al compararla con el relieve de un casco cretense
de Nueva York381
en el que se figuran dos personajes alados agarrando sendas
serpientes entrelazadas (ilustración 4.7). Hermes, en el
primer caso, cumple el mismo papel significativo que las serpientes
en el segundo, y el kērýkeion es el centro de
la imagen. El control del poder serpentino (un complejo
significativo en el que se une serpiente y ascensión
-simbolizada por las alas-) parece ser un atributo de Hermes, cuya
significación no hace más que potenciar la presencia
de los seres alados. Visto desde esta perspectiva, podemos casi
aventurar una atribución para los dos genios alados
(doblemente, pues también llevan taloneras aladas,
redundando así en el simbolismo ascensional de la imagen)
del casco de Nueva York. Ese doblete de gemelos no es en esencia
más que uno, representa lo mismo que el dios ambiguo que
controla la fuerza serpentina, como si de Hermes dobles se
tratara.

