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ArribaAbajoActo II

 

La escena representa el amplio y lujoso sótano de un bar aristocrático y central. A la izquierda del actor, segundo término, se levanta una amplia escalinata que da frente al público y acceso a la calle. Colgada del techo, al centro de la escalera, una planta de helecho en lujosa maceta sostenida por cadenillas doradas. En las banderolas y tragaluces habrá vidrios de colores iluminados por dentro. En las paredes, cuadros de paisajes y mosaicos de colores vivos y variados. Al pie de la escalera una amplia mesa preparada como para una cena de seis personas con las sillas que la rodean descansando inclinadas al borde de la mesa, demostrando que está pedida. En el salón varias mesitas con manteles y una mesa grande en línea recta a la mesa colocada al pie de la escalinata y en primer término a la derecha del actor. Antes de alzarse el telón la orquesta interior ejecuta un lieder popular, que es coreado por los Parroquianos en momentos en que se descorre el telón. Al terminar, aplausos, bravos, bis, insistentes. Los Músicos toman sus instrumentos y remedan el motivo principal que también se acompaña. Nuevos aplausos. Los Músicos se retiran del tablado. La primera mesa del primer término derecha está ocupada por RICARDO, LUIS, ANTONIO y JORGE, una patota de muchachos que han bebido sendos medios litros. Las mesitas de la izquierda con servicio de comida, libres. Las restantes ocupadas por tranquilos Parroquianos ingleses o alemanes. Una que otra pareja elegante, comiendo. Los Mozos cruzan constantemente la escena sirviendochampagne, cerveza, licores. Vense durante todo el acto personas que suben o bajan la escalera central. Una familia extranjera, matrimonio y chicos, abandonan su mesa y al terminar la música suben lentamente la escalera.

 

Escena I

 

LUIS, RICARDO, JORGE y MOZO.

 

LUIS.-   (Observándola.)  ¡Fíjense!... ¡El gringo borracho con la familia!... ¡Qué ejemplo para los hijos!... ¡Así los enseñan a curdelones!...

RICARDO.-  Van a ver cómo lo arreglo...

 

(Toma un platillo de estopa y lo arroja al grupo. El Parroquiano se vuelve y mira a todos lados y vase encogiéndose de hombros. Carcajada en el grupo.)

 

LUIS.-  ¡No te metás, no seas bárbaro!...

RICARDO.-  Si es un alemán otario... ¿Qué tiene? Miren los escrúpulos de éste... Lo que es a vos, cuando te da por ahí, no hay quién te aguante.

LUIS.-  Una casualidad...

RICARDO.-  Naturalmente. Sin ir más lejos, anoche en «Aues» te había dao por catarle la pera a los gringos... Se ha librao de una pateadura porque Dios es grande.

JORGE.-  ¿Te encurdelaste anoche también?

RICARDO.-  ¡Ilusiones, che!... Amaneció en la Tercera, con el Pato, con Manolo, el negro Franco y una punta más. ¡Metieron un bochinche bárbaro en el Tropezón!... Treinta del país por desorden. Cuando los fui a sacar estaba el tendal por encima de los bancos...

 

(Risas.)

 

JORGE.-  ¿Y dónde la cataron?

LUIS.-  En un banquete que le dimos a Carlitos, despidiéndolo de la vida de soltero...

JORGE.-  ¿Cómo? ¿Se casa?

LUIS.-  ¡No! Lo mandan sus padres a la estancia, allá por el Sur; no pueden con la vida d'él... ¿Pero aquí no se toma nada? ¡Mozo!

MOZO.-  ¿Qué van a tomar?

LUIS.-  ¿Qué van a servirse? Vos medio litro, ¿y vos?

JORGE.-  Un cívico a mí...

RICARDO.-  ¡Qué cívicos!... Aquí, hermano, están reventaos los cívicos. Traiga para todos, medios litros. ¡Bien tiré!...

 

(Vase el MOZO.)

 


Escena II

 

LUIS, RICARDO, JORGE, MOZO, LISANDRO y luego, CAPATAZ.

 

LUIS.-    (Viendo a LISANDRO que baja lentamente la escalera.)  Fíjate quién cae...

RICARDO.-  ¡Qué!... ¡Lisandro! No lo miren porque se nos viene.

 

(LISANDRO desciende y se detiene mirando en derredor, luego avanza.)

 

LUIS.-  ¡Qué arreglao está el pobre!...

JORGE.-  Ése ya se emborracha con el olor de un bar...

LUIS.-  ¡Es un desgraciado!... Le tengo lástima de veras...

RICARDO.-  ¡Ya nos vio!... Vamos a hacernos los desentendidos... Pues como les iba diciendo, ¿saben?...

 

(LISANDRO dándose cuenta de la actitud del grupo, converge hacia la izquierda, y ocupa una de las mesitas vacías.)

 

MOZO.-    (Vuelve con la cerveza.)  ¡Bien tiré!  (Sirve.) 

LISANDRO.-  ¡Mozo!

LUIS.-    (Volviéndose.)  ¿Cómo te va, Lisandro?...

 

(Los demás saludan con el ademán.)

 

LISANDRO.-  ¡Bien, y a vos!... ¡Mozo!...

MOZO.-   (Con mal modo.) ¿Qué quiere?...¡Aquí estoy!... ¡Qué tanto escándalo!...

LISANDRO.-  Tráigame whisky «Smogley».

MOZO.-  Oiga. Estas mesas son para comer... ¿No podría ocupar otra?

LISANDRO.-  No me da la gana, ¿sabe?, no me da la gana... Usted me sirve aquí... Usted es un insolente... ¡Un whisky «Smogley» le he dicho!

MOZO.-  Tengo orden de no servirle nada cuando venga en ese estado.

LISANDRO.-  ¿A mí? A mí... He pedido un whisky... Y me lo van a traer. Llame al capataz...  

(El MOZO se va rezongando.)

  ¡Me lo van a traer!... ¡Qué se habrán pensado estos gringos ladrones! ¡Si yo pago, se me sirve y se acabó!

LUIS.-  ¿Qué te pasa?

LISANDRO.-  Que estos desgraciaos...  (Poniéndose en pie.)  Esta chusma insolente...a mí, a mí que los he enriquecido a propinas...

LUIS.-  ¡No hagás caso! ¡Macanas del mozo!

CAPATAZ.-  ¿Qué hay, don Lisandro?

LISANDRO.-  ¿Usted ha dicho que no me sirvan a mí... que no me sirvan? ¿Les ha dicho a los mozos... a mí...?

CAPATAZ.-  No, eso no... Pero no le conviene tomar... Ya ha bebido bastante...

LISANDRO.-  ¡Ah!... Usted le ha dicho, ¿eh?... ¡Mozo! Un whisky... Me han de servir... Son ustedes mis lacayos, ¿saben? ¡Me han de servir!...  (Golpeando la mesa.)  ¡Mozooo!...

CAPATAZ.-  Vea. No me meta escándalo... Haga el favor... Váyase...  (Tomándolo por un brazo.) 

LISANDRO.-  No me toques, porque te rompo la cabeza... Te rompo la cabeza... ¡Insolente!

LUIS.-   (Interviniendo.)  ¿Por qué no le han de servir?...  

(Apartando al CAPATAZ.)

  ¡Salga de aquí!... ¡Dejeló en paz!... ¡Sosegate, Lisandro!... Vení... ¡Tomarás con nosotros!...

LISANDRO.-  Yo los quiero castigar primero... ¡Déjame!... Los quiero castigar...

LUIS.-    (Conduciéndolo.)  Vení... no seas zonzo... Sentate tranquilo...

LISANDRO.-    (Sentándose.)  Los quiero castigar... Son unos insolentes...

LUIS.-  ¿Qué habías pedido?

LISANDRO.-  Los quiero castigar... ¡Whisky!... Los voy a castigar.

LUIS.-  ¡Mozo!... Sirva al señor...  

(El MOZO vase.)

  ¡Quedate quieto!... ¿Qué ganas con pelear a un mozo?

LISANDRO.-  Es que... porque me ven así, se han pensado que ya no soy gente... Porque me ven pobre y porque tomo... Bueno... Yo me emborracho... ¿Y qué? Si yo tomo, es porque ellos me sirven, y si ellos viven, es porque yo tomo... Los sinvergüenzas son ellos...

MOZO.-   (Regresando.)  El whisky...

LISANDRO.-  ¡Lacayo inmundo!...

 

(El MOZO se aleja.)

 

LUIS.-   (Sirviendo.)  ¿Vos dirás?...

LISANDRO.-  Un poquito más... así... gracias...  (Bebe después que le han puesto la soda.)  ¡Tendría ganas de matar a un mozo! ¡Mirá!... Si vos no te metés le pego un tiro...

RICARDO.-  ¡Con la papeleta, che!

LISANDRO.-  ¡Papeleta!... ¡Hum!...  (Saca un revólver.)  Con este revólver... con éste.

LUIS.-  Guardá esa arma... ¿Qué andas haciendo con revólver?

LISANDRO.-  ¿Yo? ¿Yo? ¡Hum!... Este revólver tiene su historia.

RICARDO.-  ¿Lo caloteaste?

LISANDRO.-  Lo compré... No se asusten... Lo compré esta tarde para matarme...

LUIS.-  ¡Vos, matarte! ¡No embroméis que lastimáis.

LISANDRO.-  Vaya, ¿y por qué no puedo matarme? Es bien fácil; ¡se pone uno así, y zas!  (Abocándose el revólver.) 

RICARDO.-  ¡Che!... No seas loco... guardá eso...

LISANDRO.-  No tengas miedo... Ya no me mato...Compré el revólver esta tarde para pegarme un tiro, completamente resuelto; escribí una carta para el comisario... Aquí está para que vean que no miento...

RICARDO.-  ¡Cierto, che!... ¡Fíjate qué loco lindo!

LISANDRO.-  Bueno y cuando ya me iba a volar los sesos se me ocurrió que era una zoncera. ¿Para qué matarme, si ya estoy muerto?

LUIS.-  ¿Cómo es eso?

LISANDRO.-  Claro que estoy muerto... como tanta gente que anda por ahí... Hombre sin carácter es un muerto que camina...

RICARDO.-  Tranca filosófica... Hombre sin moneda querrás decir.

LISANDRO.-  Yo soy muy bueno, pero no tengo carácter y me emborracho y muero; vos sos un pillo y como tenés carácter vivís. Los bellacos no se emborrachan nunca, ¿has visto?, y viven.

LUIS.-  Pero hay mucha gente buena que tampoco se emborracha.

LISANDRO.-  Mueren de otra cosa... Los buenos no tienen carácter... Nunca triunfan y hacen daño.

LUIS.-  ¿Y los malos, che?

LISANDRO.-  Triunfan y también hacen daño...pero con la diferencia de que no se lo hacen a sí mismos ni a los suyos, y prolongan la raza. ¿Vos, sin carácter, vicioso, borracho consuetudinario, a quién reventás?... A vos mismo, a tu mujer y a tus hijos, a tu madre...Te matás y los matás...

LUIS.-  Bueno. No nos des la lata. Y aclará las cosas. ¿De modo que vos pensás que sólo los malos tienen carácter?

LISANDRO.-  Esperate un poco... Te diré... Pienso que los que no saben vivir, que los inadaptables, están muertos... Los buenos no saben vivir... Cristo murió; su religión persiste porque es mala...

VOCES.-    (Desde una mesa.) ¡Basta! ¡Que se calle! ¡Que se calle!

LISANDRO.-  No me callo porque tengo razón. Yo tuve una mujer... y un hijo... un hijito así de grande, y lo quería mucho... muchísimo... y ahora me pregunto: ¿por qué si los quería tanto les hice daño? ¿Por qué los abandoné y los maltraté, si tengo tan buen corazón?

LUIS.-  ¡Claro!... ¡Por tus borracheras!...

LISANDRO.-  ¿Y por qué me emborracho yo y los que no tienen corazón no se emborrachan? ¡Contesten!

RICARDO.-   (Aparte a los otros.)  ¡Manicomio!... ¡Está perdido!...

LUIS.-  Bueno; no hablés tanto, que te hace mal... Tomá...

LISANDRO.-  Claro que tengo razón... Claro que sí... El mozo no me ha servido...¡Mozo!... ¡Es un insolente!... ¡Todavía, todavía voy a matar!... Soy capaz de pegarle un tiro. Tengo muchas ganas...

 

(El MOZO se acerca y sirve otro whisky.)

 

LUIS.-  Toma, borracho, y déjate de fastidiar...

LISANDRO.-   (Deteniendo al MOZO por el delantal.) ¡Che!... Ven acá... Yo te voy a matar, ¿eh?... Bueno...  

(El MOZO se desprende y se aleja. LISANDRO bebe un sorbo, paladeando con fuerza.)

  En fin, me voy.

LUIS.-  ¿A dónde?

LISANDRO.-  A cualquier parte...  (Se alza, dispuesto a marcharse.) 

LUIS.-  ¡Che!... Déjame el revólver. ¿Qué falta te hace?... Trae...

LISANDRO.-  ¿El revólver?... No, hijito; me hace falta... para empeñarlo, en el almacén de la esquina; lo amuro en tres o cuatro pesos... No tengan miedo... Adiós...

 

(Se va lentamente por la escalinata. Llegan en este momento varios grupos de Parroquianos.)

 

RICARDO.-  Éste se mata... Verán lo que les digo...

JORGE.-  ¡Bah!... Pa lo que sirve. Podía haberlo hecho antes...

LUIS.-  ¡A qué extremos ha llegado el pobre!

RICARDO.-  ¿Eh?... ¡Quién sabe si no nos espera igual suerte!...

LUIS.-  Descuidate vos y...

RICARDO.-  ¿Y por casa, hermano?



Escena III

 

LUIS, RICARDO, JORGE, MOZO y AGUSTÍN.

 

AGUSTÍN.-    (Que ha descendido un momento antes, acercándose al grupo.)  ¡Hola, muchachos!

TODOS.-  ¡Adiós!... ¿Cómo estás? ¿Qué tal?

LUIS.-  Sentate.

AGUSTÍN.-  Gracias, vengo con acoplado. ¡Mozo! ¿Quiere reservarme esta mesa?¿No hay ningún saloncito, verdad?

MOZO.-  Todos ocupados.

LUIS.-  ¿Venís con María Julia?

AGUSTÍN.-  Sí; estuvimos en el Casino. Nos visitó Julián.

RICARDO.-  ¿Qué tal es ésa que anda con él, la nueva?

AGUSTÍN.-  Es regular...

RICARDO.-  ¿Dicen que es casada?

AGUSTÍN.-  Casada y figúrense con quién... Es nada menos que la mujer de Lisandro Fuentes...

 

(Expresiones de asombro.)

 

RICARDO.-  ¡Qué linda cosa! Y Lisandro seguramente lo sabe... Es un degradado...

JORGE.-  Sin duda por eso se le han aparecido los muertos de que hablaba... Acaba de salir de acá...

RICARDO.-  Anda con un revólver para matarse...

AGUSTÍN.-  ¿No ven?... Y ese loco de Julián que... Figúrense que está empeñado en traer esa pobre mujer aquí...

LUIS.-  ¡Qué bestia!... Está medio...

AGUSTÍN.-  Bastante arreglado. Quedó discutiendo con ella en el coche y es muy capaz de traerla a tirones. Ahí llegan.

 

(Va al encuentro de JULIÁN, AMELIA y MARÍA JULIA que descienden. Los del grupo observan con curiosidad.)

 

RICARDO.-  ¡No es muy turra, que digamos!

JORGE.-  Bastante competente.

RICARDO.-  Una mujer así con un marido imbécil... Claro está... Y para iniciarse no ha elegido mal compañero.



Escena IV

 

LUIS, RICARDO, JORGE, MOZO, AGUSTÍN, JULIÁN, AMELIA y MARÍA JULIA.

 

JULIÁN.-    (Saludando a los de la mesa.)  Adiós... ¿Qué tal?  (A AMELIA.)  Sentate por ahí... en esa mesa y vayan pidiendo.  (Saluda alborozado al grupo.) 

MARÍA JULIA.-  Pase, señora... siéntese en ese rincón que la verán menos... Tranquilícese y no haga papelones...

AGUSTÍN.-  Claro está... Cenan y se lo lleva después...

AMELIA.-  ¡Oh!... Esto es una infamia...

JULIÁN.-  Y ¿qué les parece mi casadita?

RICARDO.-  Muy competente... Medio empacadita, ¿no?

JULIÁN.-  Asustada, che, de este mundo nuevo...

RICARDO.-  Ya la amansaremos... Supongo que nos presentarás...

JULIÁN.-  ¿Cómo no?... Vengan ahora a tomar una copa de champagne... Los espero.  (Volviéndose a su mesa.)  ¿Qué tal? ¿Pidieron? Pucha que son lerdos... ¡Mozo!... Por lo pronto,«Cordon Rouge»...  (A AMELIA.)  ¿Se te pasó, che? ¡No me hagas hacer papelones, mujer!... Alza esa cabeza... ¿Qué querés tomar?  (Repasando la lista.)  ¿Ostras?... No te aconsejo... ¿Consomé?... ¿Un caldito a la reina? ¿Les parece? ¡Che, che, che!... ¿Estás llorando? Hacé el favor de dejar los melodramas para más tarde, ¿me has oído?

AMELIA.-  ¡Por Dios, Julián!... ¡Por qué sos tan malo!... ¿Qué te he hecho para que me trates así?... ¡Déjame ir a casa!... Me siento mal.

JULIÁN.-  El champagne te compondrá... ¡Santo remedio! ¿Vos no pensás lo mismo, María Julia?

MARÍA JULIA.-  Creo que es una pavada que tengas a esa señora aquí, a la fuerza... Nada nos hubiera costado ir a otra parte. La pobre tiene razón. No le gusta quela vean... Si no está habituada a estas cosas... Después, maldito lo que nos vamos a divertir... Ella en ese estado, vos estrilando y nosotros como unos papanatas mirando el espectáculo... Vaya un capricho...

JULIÁN.-    (A AGUSTÍN.)  Che, ¿por qué no haces estudiara ésta? Sería una buena abogada de pobres... ¡Amelia! ¡Amelia!... ¡Alza esa cabeza!... Te he dicho que no las voy con la funeraria... ¡Mozo!... ¡Ese champagne!...

RICARDO.-    (En la otra mesa, continuando la discusión.)  No, señor... ¡Estás muy equivocado!... Tenga los defectos que tenga el marido, la mujer debe serle fiel... Mira. Yo no sé lo que seré mañana, pero si me encontrara en el caso de Lisandro, se guardaría muy bien mi mujer de faltarme.

LUIS.-  Es muy fácil decirlo ahora... No verías nada, hijito, pasarías como él en los bares el día y la noche y la madrugada durmiendo la mona, y llegando el caso de enterarte de algo, te faltarían energías para proceder... Es inútil discutir eso.

JORGE.-  Lo que yo pienso es que si me sigue gustando tanto el trinquis, no me caso...



Escena V

 

LUIS, RICARDO, JORGE, MOZO, AGUSTÍN, JULIÁN, AMELIA, MARÍA JULIA y LISANDRO.

 
 

(Aparece LISANDRO por la escalera.)

 

RICARDO.-  ¡Guarda la que se arma!... ¡Fíjate quién viene!

LUIS.-  Un demonio... No, no. Es peligroso... No hay que dejarlo.  (Se levanta.) 

RICARDO.-  No seas pavo... Dejalo que se arregle. Nos divertiremos un rato...

JORGE.-  Está claro... En todo caso, después nos metemos...

LUIS.-  No sean idiotas... Yo me lo llevo...  

(Avanza al encuentro de LISANDRO y lo toma por un brazo.)

  Vení... tengo que hablarte...

LISANDRO.-    (Desasiéndose.)  Esperate un minuto... Tengo que decirle una cosa al mozo... A ese mozo de hoy. Se me ocurrió en la calle... No lo mato porque está muerto.

LUIS.-  Dejate de zonceras y vení conmigo.

LISANDRO.-  Soltame... soltame te he dicho...¿Sos capataz?... Largate pues... ¿Querés que te mate? Ya no tengo revólver, pero es lo mismo... Me dieron cinco pesos por él... Vamos a tomar un whisky... Pero aguarda que tengo que hablar con el mozo...  (Avanzando.)  ¡Mozo!... Oiga...

 

(LUIS se le coloca a la derecha como para impedir que vea el grupo de JULIÁN y le obliga a converger a la izquierda, sentándose casi a la fuerza en la silla que él ocupaba, de modo que dé la espalda al otro grupo. AMELIA y JULIÁN, que se han erguido al reconocer a LISANDRO, permanecen un instante en azorada expectativa.)

 

JULIÁN.-    (A AMELIA.)  Siéntese... ni una palabra.

 

(AMELIA se desploma en la silla y extiende los brazos ocultando el rostro.)

 

LUIS.-  Che, Lisandro... Continúa la conversación de hoy... iba muy linda... Sostenías que los hombres de carácter son unos hombres... ¿Cómo era?...

LISANDRO.-  No era así... verás... Pero hay que tomar algo, pues... ¡Mozo!...

MOZO.-   (Que llega con dos botellas de whisky.)  Aquí está su whisky...

LISANDRO.-    (Sirviéndose.) Esto yo lo pago... Todo lo que se tome... Bueno... pues... lo que yo digo es que... no sé si lo dije... pero ahora lo he pensado bien... Sostengo que los hombres buenos, los hombres sensibles y de gran corazón son los únicos o los más propensos a contraer un vicio... Eso es... Y en cuanto tienen un vicio, están muertos... Por eso no me maté yo... ni lo maté al mozo... A los vivos, a ésos sí que se les mata... A ésos, sí... ¡Como a perros!

 

(Suena un taponazo de champagne en la mesa de JULIÁN. LISANDRO, que iba a llevarla copa a los labios, vuelve lentamente la cabeza hacia un lado, y como le resulta incómodo hace el movimiento opuesto. Luego se incorpora y deja caer la copa al suelo y se queda unos instantes con su mirada idiota fija en el grupo.)

 

¡Amelia!... ¡Vos!... ¡Mi mujer!... Allí...

 

(Avanza tambaleante.)

 

JULIÁN.-   (Incorporándose.)  ¡No se acerque porque lo mato!

LISANDRO.-   (Deteniéndose.)  ¡A mí! ¿Porqué?... ¡Es mi mujer ella!... ¡Mi Amelia!...  (Avanzando.)  Ella... ¡La misma!

 

(De un salto se pone junto a él. Tumulto. Vocerío en todo el bar. Acuden Parroquianos y Mozos. Algunos se trepan a las mesas del fondo. Pasada la primera impresión de sorpresa, MARÍA JULIA, solícita, aparta a AMELIA, abriéndole paso entre la gente y se la lleva.)

 

LUIS.-    (Queriendo separarlos.)  Julián... Déjalo... Es un infeliz...

JULIÁN.-  Eso es, voy a permitir que me mate.   (Forcejea y lo sienta en el suelo.) 

LISANDRO.-  Pero... ¡si yo no le hice nada!...¿Por qué?...  (Lo levantan.)  ¡No le hice nada!... Estaba mi mujer allí...  (A JULIÁN.)  Me parece que yo no le he faltado al respeto...



Escena VI

 

LUIS, RICARDO, JORGE, MOZO, AGUSTÍN, JULIÁN, LISANDRO, CAPATAZ y VIGILANTE.

 

VIGILANTE.-   (Interviniendo.)  Vamos a ver... ¿Quién ha sido?

CAPATAZ.-    (Señalando a LISANDRO.)  El señor... Proceda nomás, agente... Está borracho y lo ha provocado al señor.

VIGILANTE.-  Acompáñeme...

LISANDRO.-  Bueno... Pero es mentira... No me resisto.  (Al CAPATAZ, amenazador.)  Mirá, vos estás vivo, ¿eh?

JULIÁN.-  Vea, agente. Aquí no ha pasado nada. Este hombre miente... Fue simplemente una broma de amigos. Lárguelo... Está con nosotros...  (A LISANDRO.)  ¿No es cierto, compañero?

LISANDRO.-  Naturalmente... Yo no hice nada... ¿Amelia se fue?

JULIÁN.-  Retírese, agente...

 

(Le pone dinero en la mano, con cierto disimulo. El VIGILANTE se va y los Parroquianos se alejan juzgando la escena con ademanes de burla.)

 

Se acabó... ¡Caramba!... Las mujeres se han ido... Pero queda el champagne... Ricardo, Jorge, péguenle. Y usted Lisandro, acompáñenos... Venga esa mano, ¡qué diablos!...  (Se la extiende.) 

LISANDRO.-   (Estrechándosela.)  Natural... Yo no me había metido con usted...

JULIÁN.-   (Palmeándolo afectuoso.)  ¡Fue una zoncera! ¿Quiere champagne?... ¡Sentémonos!... Esta noche la correremos juntos.  (Alzando la copa.)  ¡Salud! ¡Choque, compadre!...

LISANDRO.-  Salud...

RICARDO.-  Y ahora nos va a explicar aquella teoría de los muertos...

LISANDRO.-  Hombre sin carácter es un muerto que camina.

 

(La orquesta reanuda el concierto con un cake walk.)