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Da la sensación de que Juan Ruiz, como hará con las licencias métricas, acude a todos los registros lingüísticos que le interesan para el verso o para la parodia de modelos, sean arcaísmos, dialectalismos, popularismos o cultismos y latinismos literarios y profesionales. Así se explican formas como cuda-coida, mio-mi, fer-fazer, veno-vino, bendedita-bendicha, espíritu-spr'itu cunta-contesa, etc. Paree que Juan Ruiz, además de una obra dialéctica, ha querido componer un repertorio de la lengua coloquial y literaria, una copia rerum ac verborum, en la línea de la comedia latina medieval, que se convirtiera en auctoritas romance. Desde luego, lo consiguió.
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Una lista completa, desde las rigurosas exigencias de la gaya ciencia, en Chiarini, págs. LXV-LXIX.
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Como se ha señalado con frecuencia y en particular Oreste Macrí (Ensayo de Métrica sintagmática, Madrid, Gredos, 1969), la métrica revela esa simbiosis de tradiciones en Juan Ruiz, que no era juglar, pero que se servía de sus voces (véase, sobre todo, Jacques Joset, Nuevas investigaciones sobre el Libro del buen amor, Madrid, Cátedra. 1998).
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La Romance Philology ha dedicado el último volumen (XLV, n. 1, agosto de 1991) al tema. Allí expongo mis puntos de vista («Los textos medievales castellanos y sus ediciones», págs. 73-88).
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En algún caso, como sinplex por sinples, he dado esta última forma en las variantes por considerarla lapso de copista culto, pero en el caso de inferos, por ejemplo, la considero variante léxica y no error, por la misma razón.