Escena I
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TACIO y HERMILIA.
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| HERMILIA | | ¿Qué esperamos, señor? ¿Por qué motivo | | | no te alejas del bosque? Mucho temo | | | los rigores de Rómulo. |
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| TACIO | No es fácil | | | ejecutar, Hermilia, tu consejo. | | | La suma vigilancia del tirano | 5 | | descubrió nuestra fuga; y al momento, | | | como hambriento león que los balidos | | | del tierno recental sigue a lo lejos, | | | así salió de Roma en nuestro alcance. | | | Retardaban el paso a mis guerreros, | 10 | | ya la esposa, que asida de la diestra | | | tropezaba en las peñas; ya el hijuelo, | | | que con su acerbo llanto humedecía | | | el acerado arnés; ya, en fin, el viejo, | | | a quien el torpe báculo guiaba;. | 15 | | y, así, en breve escuchamos el estruendo, | | | de las romanas armas, y las voces | | | con que aplaudían ya su vencimiento. | | | Yo, en fin, para evitar nuestra rüina | | | formo mis escuadrones; y, resuelto, | 20 | | con la ronca trompeta lo provoco; | | | mas el astuto Rómulo, temiendo | | | empeñar un combate entre las sombras, | | | detuvo hasta la aurora su ardimiento. | | | Nuestras segures cortan entretanto | 25 | | las gruesas hayas, los antiguos fresnos | | | que el rito de este bosque defendía; | | | de suerte que, al dorar el padre Febo | | | las elevadas cumbres, el romano | | | halló un antemural de unidos leños, | 30 | | capaz de contener su fiero orgullo. | | | Sentó su campo entonces, guarneciendo | | | las lomas inmediatas, desde donde | | | atalaya y observa tan atento | | | todas nuestras acciones, que no es dable | 35 | | la marcha proseguir sin que, primero, | | | decida una batalla si Sabinia | | | debe adorar de Roma los decretos. | |
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| HERMILIA | | ¡Oh, si nos concedieran las deidades | | | siquiera el triste asilo de un desierto, | 40 | | donde en humildes chozas de retama | | | tantos tronos tuvieses como pechos! | |
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| TACIO | | No, Hermilia, no me envidies el reposo. | | | Numa y tú reinaréis, si acaso el Cielo | | | se nos muestra propicio. |
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| HERMILIA | Pero, padre, | 45 | | ¿pudiera ser dichosa poseyendo | | | un corazón herido de otra flecha? | | | ¡Ay, cuál fuera mi afán, y cuál su tedio; | | | pues prisiones, señor, que amor no labra | | | son insufribles y pesados hierros! | 50 |
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| TACIO | | No receles, Hermilia. Las violentas | | | pasiones nunca duran mucho tiempo. | | | Numa suspirará; mas tus virtudes | | | tienen siempre seguro el vencimiento. | |
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Escena IV
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TACIO, HERMILIA, OSTILIO, NUMA, TULIA, y RÓMULO con un ramo de oliva.
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| RÓMULO | | Jamás imaginé, prudente Tacio, | | | declararte mis quejas en un cerco | | | de amenazantes picas, y a la sombra | 75 | | de este sagrado ramo. Mas ya veo | | | que los hombres crüeles, los que llenan | | | de terror y de sangre al Universo | | | con sus fatales triunfos, sacrifican | | | a la santa amistad unos afectos | 80 | | más ilustres, más dulces, más sencillos, | | | que los de esos espíritus modestos | | | que en público predican las virtudes | | | e idolatran los vicios en secreto. | |
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| TACIO | (Haciéndole señal de sentarse en unos escaños que han acercado) | | Así será, gran Rómulo. Mas dime, | 85 | | por que nuestras ideas confrontemos: | | | ¿qué es la santa amistad? ¿Es, por ventura, | | | un simulado ardid, un torpe medio | | | de someter los cuellos que rehúsan | | | su tiránico yugo? ¿Es un pretexto. | 90 | | que busca la ambición para lanzarse | | | como infernal harpía sobre un cetro, | | | cuyo claro esplendor provoca y mueve | | | su atroz voracidad? ¿Es, pues, un velo | | | que tiende cautelosa la injusticia | 95 | | sobre la falsedad y el vilipendio, | | | con que ábate y ultraja la inocencia, | | | con que inculca y viola los derechos | | | de unos pueblos que nacen, que respiran | | | en dulce libertad? Yo te confieso | 100 | | que si ésta es la amistad, Tacio te debe | | | los más puros y fieles sentimientos; | | | pero si, como juzgo, sus colores | | | son el desinterés, el fino afecto, | | | la mutua confianza, la franqueza | 105 | | y la simple verdad, duda no tengo | | | de que creo mi enemigo. Sí; no fío | | | de tus dobles palabras; me estremezco | | | al verte en mi presencia; y esas picas, | | | esas fuertes espadas, esos yelmos, | 110 | | aun me parecen débiles recursos | | | para las fieras artes de tu pecho. | |
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| RÓMULO | | No ceses de ultrajarme si así halagas | | | la implacable ojeriza que tan negros, | | | tan horribles colores ha prestado | 115 | | a tu duro pincel. ¿Hay más dicterios? | | | Tirano, injusto, avaro, un fiero monstruo, | | | ante tu tribunal hoy comparezco. | | | ¿Pero quién me condena? Sólo Tacio; | | | Tacio, que dicta leyes en mi reino; | 120 | | Tacio, que ocupa parte de mi trono; | | | Tacio, en fin, por quien sudo, por quien vierto | | | mi sangre en los combates. ¡Quién creyera | | | que tan rígido fueses! Mas ya veo | | | mi crimen capital. ¡Qué fatuo! Dije | 125 | | que, así que descansases en el seno | | | de los dioses, romanos y sabinos | | | habían de obedecer a un solo dueño. | | | Esta es mi culpa, sí. Pero ¿en qué, Tacio, | | | perjudicarte pueden mis intentos? | 130 | | ¿Quieres aún gobernar, desde la urna, | | | el pueblo y el Senado? ¿Tendrás celos, | | | ya convertido en polvo, de que empuñe | | | viviente mano tu adorado cetro? | | | No te juzgo tan débil. Es preciso | 135 | | que resuelvas nombrar un heredero | | | que imite tus virtudes. ¿Y quién puede | | | ser más digno que Rómulo? ¿Mi esfuerzo | | | no sabrá conservar el claro lustre | | | de tus predecesores? ¿En mi celo | 140 | | no hallarán los sabinos un buen padre, | | | un vigilante rey? |
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| TACIO | Pero extranjero. | | | ¡Ah Rómulo! ¿No sabes que los hombres | | | amamos ciegamente los objetos | | | que al salir de la cuna nos sorprenden? | 145 | | ¿Ignoras que jamás borran los tiempos | | | las primeras ideas que, en la cera | | | de la tierna niñez, estampa el sello | | | de nuestra educación? Di: ¿qué sabino | | | no verá derribar con sentimiento | 150 | | el augusto dosel que a tanta costa | | | elevaron sus ínclitos abuelos? | | | Yo lo miro correr hacia la tumba | | | donde descansan los helados restos | | | de sus héroes; yo escucho sus gemidos: | 155 | | «Padres, clama llorando, vuestro esfuerzo | | | fue inútil a la patria, a vuestros hijos | | | y a vuestra misma gloria. Ved el suelo | | | que vuestra ilustre sangre ha fecundado | | | tributar hoy sus frutos al que ha puesto | 160 | | sobre nuestra cerviz la dura planta. | | | ¿No veis desnudos los sagrados templos, | | | de los ricos despojos que colgaron | | | vuestras manos triunfantes? ¿Qué se han hecho | | | los metales, las piedras, que en columnas, | 165 | | en lápidas y estatuas defendieron | | | del choque de los siglos vuestros timbres? | | | ¡Ay, que el precioso polvo de esos huesos | | | ha perdido su lustre, y sólo sirve | | | para causarnos trágicos recuerdos!» | 170 | | Tales serán, ¡oh Rómulo!, los gritos | | | del mísero sabino; justo duelo | | | de su eterna desgracia. ¿Y con qué voces | | | podrás justificar en ningún tiempo | | | semejante violencia? ¿Dónde hallaste, | 175 | | si la fuerza exceptúas, un derecho | | | que tales tiranías autorice? | |
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| RÓMULO | | En el libro de todos los guerreros. | | | Yo no examino leyes, sino sigo | | | las que abrazan los héroes, cuyos hechos | 180 | | se respetan y aplauden en el Orbe. | | | Desengáñate al fin. Cuantos Imperios | | | en su luciente giro el sol registra | | | tuvieron breve cuna, o en el hueco | | | de un cortezudo tronco, o en la quiebra | 185 | | de una encorvada peña; pero luego | | | que en brazos de la gloria comenzaron | | | a gustar el dulcísimo alimento | | | de las grandes victorias, de tal suerte | | | desenrollaron sus robustos miembros, | 190 | | que, colosos enormes, hoy oprimen | | | los montes y los mares con su peso. | | | Estos ejemplos, Tacio, me convencen | | | más que todas tus voces; y supuesto | | | que Roma está en la infancia, que ahora debe | 195 | | desplegar su estatura, doble el cuello | | | la decrépita Italia, y no pretenda | | | murmurar lo que admira el Universo. | |
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| TACIO | | Poco me importa, Rómulo, que Italia, | | | toda la tierra sirva de sustento | 200 | | a tu loca ambición, como Sabinia | | | su libertad conserve. Sí; yo creo | | | que mis votos se cumplan, porque antes | | | que Roma entre sus bárbaros trofeos | | | numere a los sabinos, despechados | 205 | | prometemos lidiar; mas lidiaremos | | | teniendo a nuestra espalda las matronas | | | que, armadas de puñales, al momento | | | que nos miren exánimes, de un golpe | | | clavarán nuestros hijos a sus pechos, | 210 | | para que no le quede a tu injusticia | | | sino la vanidad del vencimiento. | |
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| RÓMULO | | ¿Y tú eres el humano? ¿El que detesta | | | los estragos? ¡Crüel! Yo me estremezco | | | al contemplar la imagen que tú pintas | 215 | | con tal serenidad. ¿Quién tan horrendo | | | designio te ha inspirado? |
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| TACIO | ¿Quién, preguntas? | | | Tu tirana ambición. Sí; yo detesto | | | los males de la guerra. Con mi sangre | | | compraría la paz del Universo. | 220 | | Pero cuando se trata de oprimirnos, | | | de igualarnos al bruto, destruyendo | | | los lazos que nos unen con la patria, | | | no piedades, no dulces sentimientos | | | mi corazón ocupan, sino horrores, | 225 | | iras, destrozos, todos los despechos | | | de una fiera que, herida y acosada, | | | vibra en torno las garras en el viento. | |
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| RÓMULO | | Admiro en ti ese ardor, esa constancia | | | que no sabré imitar. No quiera el Cielo | 230 | | que dos pueblos amigos se destrocen | | | por un vano capricho, un devaneo | | | de sus ciegos caudillos. ¡Ah buen Tacio! | | | Mitíguense las iras. Haya un medio, | | | y ahorremos tanta sangre. ¿Qué pretendes? | 235 |
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| TACIO | | La libertad perpetua de mi pueblo. | |
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| RÓMULO | | Yo no pensé jamás esclavizarlo. | | | Los cielos son testigos. Mas supuesto | | | que llaman los sabinos servidumbre | | | obedecer a Rómulo, no intento | 240 | | violentar su albedrío. Vivan libres, | | | reservándose Roma el privilegio | | | de elegirles monarca, si la muerte | | | se lo impide al que reine. | Me convengo. | |
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| RÓMULO | | Sólo sí te suplico que permitas | 245 | | la unión de Numa y Tulia. Comencemos | | | a estrechar la amistad de ambas naciones | | | con los más dulces vínculos, haciendo | | | venturosas dos almas que se abrasan, | | | holocaustos de amor, en blando fuego. | 250 |
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| RÓMULO | ¿Qué dudas? Entre tantos | | | próceres y magnánimos guerreros, | | | hay muchos cuyas ínclitas virtudes | | | merecedoras son del alto premio | | | que a Numa preparabas. |
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| TACIO | No lo ignoro... | 255 | | Mas mi amor paternal... Tantos desvelos... | | | ¡Ah!, que perder a Numa es sacrificio | | | que tan sólo la paz puede obtenerlo. | | | En fin, cedo a tu instancia. |
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| NUMA POMPILIO | Justos dioses; | | | vuestra clemencia adoro. | Crueles celos | 260 | | mi ventura envenenan. |
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| HERMILIA | ¡Ah, qué en breve | | | todas mis esperanzas fenecieron! | |
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| RÓMULO | | Pues, Tacio, si los jueces de los reyes | | | son las altas deidades, en el templo | | | de Marte será justo que los pactos | 265 | | con el himno y la víctima sellemos. | |
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| TACIO | | Dondequiera que estoy sé que los dioses | | | mis acciones observan, y procedo | | | con la santa verdad que les es grata. | | | Pero desvanezcamos tus recelos. | 270 | | Lleguemos al altar, y el sacro numen | | | que penetra los íntimos secretos | | | del corazón humano, con su dardo | | | castigue al violador del juramento. | |
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| RÓMULO | | El justo nunca teme. Ve a las aras, | 275 | | que en ellas con la víctima te espero. | |
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Escena VI
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NUMA y HERMILIA.
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| NUMA POMPILIO | | Duro amor, ¿de qué sirven tus delicias, | 305 | | si gloria y patria por gustarlas pierdo? | |
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| HERMILIA | | Sólo tú debes, Numa, de estas paces, | | | recibir parabienes. Nuestro pueblo | | | no mejora de suerte, pues conoce | | | la amistad del romano; y los convenios | 310 | | más sobresalto que alborozo infunden. | | | Yo he salido también de un devaneo, | | | de una amable ilusión que me pintaba | | | menos terribles los presentes riesgos; | | | de suerte que los hados han cambiado | 315 | | de circunstancias, pero no de objeto. | | | Sólo tú eres dichoso, lo repito; | | | tú, que al pie del altar oirás el eco | | | de un sí que tanto anhelas, que termina | | | todos tus ayes, todos tus tormentos. | 320 |
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| NUMA POMPILIO | | ¿Y juzgas, bella Hermilia, que tranquilo | | | al suspirado tálamo me acerco, | | | yo, que miro los males de mi patria? | | | No agravies, ¡ay de mi!, con tal concepto | | | mi noble corazón. Si a los altares | 325 | | lleva mi infausto amor algún consuelo, | | | solamente se cifra en la esperanza | | | de poder conseguir por este medio | | | la salud de Sabinia. |
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| HERMILIA | Calla, Noma; | | | ¿piensas tú que nosotros estimemos | 330 | | una salud precaria? ¿Conque estriba | | | nuestra felicidad (¡de pena muero!) | | | en las dulces ternezas que tu labio | | | tribute a una orgullosa? No; los buenos, | | | los honrados sabinos no acostumbran | 335 | | a comprar su justicia a tan vil precio. | | | ¿Tú patriotismo? Pérfido; no finjas. | | | Si querías libramos de los hierros, | | | del baldón con que Rómulo nos trata, | | | ¿por qué rehusaste, ingrato, el regio cetro | 340 | | que te ofreció mi padre? ¿Por qué, aleve, | | | no mostraste el valor, el ardimiento | | | que Tulia te inspiró, cuando seguías | | | al compás del clarín su hermoso ceño? | | | Yo entonces, ¡ay!, yo entonces, aunque débil, | 345 | | te hubiera acompañado entre los riesgos, | | | animado en las lides, defendido | | | de los mortales tiros con mi pecho. | | | Mas ¿qué digo? Perdona si mis ansias | | | interrumpen los dulces pensamientos | 350 | | que a las próximas dichas anteceden. | | | Haces bien; tú la adoras; tú eres dueño | | | de su albedrío. Goza, feliz Numa, | | | goza tan alto bien; y nuestro duelo | | | termine con la muerte. No te culpo. | 355 | | Tu destino es amar, gemir el nuestro. | | (Vase.) |
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Escena VII
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NUMA y TULIA.
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| TULIA | Tente, ingrato; | | | escúchame un instante, y sigue luego | | | a tu dulce tirana. |
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| NUMA POMPILIO | Dueño mío, | | | ¿de qué tus iras nacen? Yo no intento | 360 |
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| TULIA | | Deja satisfacciones... ¿De qué sirven | | | inútiles palabras? Hubo un tiempo | | | en que mi ceguedad se alimentaba | | | de pueriles, de locos devaneos; | | | pero, ya, repetidos desengaños | 365 | | me han quitado la venda. Sí, perverso; | | | conozco que las teas que se encienden | | | te llenan de pavor. ¡Ah!, yo no llevo | | | en dote la corona que codicia | | | tu loca vanidad. Un puro afecto, | 370 | | una constante fe; ve aquí las arras | | | que conduce al altar mi amante pecho; | | | prendas, sí, muy preciosas para un alma | | | sensible y virtuosa; más trofeos | | | despreciables y odiosos para Numa, | 375 | | que esperaba de Hermilia todo un reino. | |
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| NUMA POMPILIO | | ¿Qué profieres, crüel? ¿Yo posponerte | | | al esplendor del trono? ¿Al vano incienso | | | que envuelve los palacios? ¿Al deleite | | | de ver el maquinal abatimiento | 380 | | de la infame lisonja? ¿Tú me juzgas | | | tan débil, tan demente? justo cielo, | | | ¿qué puede compararse con la gloria | | | de amar y ser amado? ¿Qué embeleso | | | como el de un corazón que se embriaga | 385 | | de dulces esperanzas? Yo desprecio, | | | monarcas de la tierra, vuestra pompa | | | sin los tiernos y fieles sentimientos | | | que me ha inspirado Tulia. Sí; una gruta, | | | un escarpado risco, los desiertos | 390 | | de la Libia, si Tulia me acompaña, | | | serán para mi amor tronos e imperios. | | | No lo dudes, mi bien; tu blanca mano | | | es la felicidad que ansioso anhelo. | | | Testigos son los dioses... |
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| TULIA | Sí, los dioses | 395 | | saben tus falsedades. Yo no invento | | | ilusiones. ¿Lo fueron tus tibiezas? | | | ¿La pretensión de Tacio? ¿Los misterios | | | de la insensata Hermilia? ¿La ternura | | | con que aquí la llamabas? ¡De ira tiemblo! | 400 | | ¿Cómo para el ingrato no hay suplicios? | | | Pero basta de quejas. Sólo vengo | | | a librarte, traidor, de la violencia | | | con que al ara te arrastran. Cobra aliento. | | | Dile a Rómulo, dile que no adorne | 405 | | el tálamo nupcial; que el blando fuego | | | que me abrasaba el alma se ha extinguido | | | cual leve exhalación; que te aborrezco; | | | que jamás te amaré. |
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| NUMA POMPILIO | Detén el labio, | | | si no quieres, tirana, que el exceso | 410 | | de mi dolor me acabe. Amada Tulia; | | | confieso que el tiránico precepto | | | de un funesto deber, tan suave lazo | | | me obligó a renunciar. Mas ¿cuáles fueron | | | mis congojas entonces? Estos troncos | 415 | | son testigos del bárbaro despecho | | | de mi ardiente pasión. Mis tristes ayes | | | sin cesar resonaban en los huecos | | | de sus rotas cortezas, y las grutas | | | tu nombre articulaban a lo lejos. | 420 | | ¡Ay, qué horribles instantes! El delirio | | | me arrastraba a la muerte; y si los cielos | | | hubieran decretado el duro choque | | | entre Roma y Sabinia, por los densos | | | escuadrones hubiera penetrado, | 425 | | despreciando los tiros; y cubierto | | | de mortales heridas, a tus ojos, | | | víctima del amor, hubiera muerto. | | (Con expresión que va creciendo por grados.) | | Ve aquí toda mi culpa. Mas, ¡ay triste!, | | | que yo no te ofendí Tú, amado dueño, | 430 | | sabes cuán poderosas son las voces | | | del honor y la patria. Sí; yo advierto | | | más tranquilo tu rostro. Tú disculpas | | | al desgraciado Numa Hados adversos; | | | al pie de los altares, cuando enciende | 435 | | sus lucientes antorchas Himeneo, | | | ¿huirá Tulia de mí?... No; yo conozco | | | su tierno corazón. Mitiga el ceño; | | | cesen, mi bien, las iras o tu espada | | | termine mi dolor. Ve aquí mi pecho. | 440 | (Se arrodilla, presentándole el pecho) |
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| TULIA | | ¿Dónde aprendiste, dónde, ese lenguaje | | | de seducir las almas? ¡Que sabiendo | | | la magia de tus voces, mis oídos | | | se presten a su encanto lisonjero! | | | No, engañoso; yo huiré de tus ficciones, | 445 | | de esos halagos pérfidos que temo | | | más que la misma muerte. Adiós, ingrato... | | | ¡Ah Numa!... Adiós... |
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| NUMA POMPILIO | (Deteniéndola.) | Crüel, oye un momento. | | | ¡Tú olvidarme resuelves! ¡Ay!, ¿no bastan | | | para desagraviarte los acerbos | 450 | | pesares que me afligen? ¿Qué peñasco, | | | qué rudo pedernal, qué duro acero | | | formó tu corazón? Crüel; las fieras | | | son menos inflexibles. En el centro | | | de esas hondas cavernas, donde braman | 455 | | las carniceras tigres mi tormento | | | hallará la piedad que en ti no encuentra. | | | Mas ¿para qué la busco, si aun detesto, | | | la clara luz del día? Presto, injusta, | | | saciarás tu ojeriza. Sí; yo espero | 460 | | que no tarde la muerte... Mas ¿qué digo? | | | Aquí mismo, a tus pies, ten el consuelo | | | de mirarme expirar. | (Saca la espada, y al arrojarse sobra ella le detiene TULIA.) |
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| TULIA | Mi bien, ¿qué haces? | | | Detén el brazo... ¡Oh dioses! | ¡Qué oigo, cielos! | | | ¿Yo tu bien, Tulia mía? |
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| TULIA | Sí; tú sabes | 465 | | que Tulia es débil, y que el triunfo es cierto. | |
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| NUMA POMPILIO | | Deja, mi dulce amor... | (Al arrodíllarse se oye estruendo de guerra.) |
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| NUMA POMPILIO | | ¿Mas qué voces son éstas? |
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| TULIA | Yo recelo | | | nuevos males. El campo se conmueve. | | | ¿Si acaso los romanos han dispuesto | 470 | | algún ataque? Mas sin orden, ¿cómo | | | se atreven? |
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| NUMA POMPILIO | Ve, mi bien, a contenerlos; | | | que yo lo mismo haré con los sabinos. | |
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| TULIA | | Mi vista sola calmará este exceso. | |
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Escena X
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HERMILIA, SABINOS y OSTILIO, que llega agitado.
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| NUMA POMPILIO | | ¿Qué ha sucedido, Ostilio? Di, ¿qué es esto? | | | ¿Qué es de Tacio? |
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| NUMA POMPILIO | | ¡Qué escucho, hado crüel! |
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(NUMA y los demás SABINOS quedan en actitudes que expresan el dolor y el espanto. HERMILIA se desmaya en los brazos de las sabinas; y mientras OSTILIO sigue hablando, vuelve a recobrarse.)
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| OSTILIO | | Hechas las libaciones, consumidas | 485 | | las sangrientas entrañas en el fuego, | | | y jurados los pactos ambos reyes | | | en el sagrado umbral se despidieron. | | | Entramos en el verde laberinto | | | que forman los robustos y altos fresnos, | 490 | | y al llegar a esa peña cuya punta | | | domina todo el bosque, diez guerreros | | | que tras su ruda mole se ocultaban, | | | en ruidoso tropel nos embistieron | | | Las repentinas voces, y los dardos que, | 495 | | silbando por cima de los yelmos | | | cayeron en la hierba, nos sorprenden; | | | pero, desesperados y resueltos, | | | apretando en las manos las espadas | | | corremos como fieras a su encuentro. | 500 | | Resuena el martilleo de las armas | | | en torno de la selva, y por el viento | | | vuelan en leves piezas los plumajes. | | | Los traidores persiguen con empeño | | | al débil Tacio, intrépidos nosotros, | 505 | | procuramos entonces defenderlo. | | | Aquí y allí corremos a cubrirlo | | | con los fuertes escudos, nuestros pechos | | | respiran con afán; unos y otros | | | nos apiñamos; Tacio, siempre en medio | 510 | | del confuso tropel, titubeaba. | | | Pero, al fin, la fatiga, el desaliento, | | | nuestra desgracia, ¡oh dioses!, no lo pudo | | | librar del mortal golpe. Cayó al suelo | | | el miserable anciano; los traidores | 515 | | huyeron hacia Roma, y en su seno, | | | horroroso taller de iniquidades, | | | los viles regicidas se escondieron, | | | sin que el Cielo, testigo del delito, | | | vibrase el rayo, concitase el trueno. | 520 | | Pero Tacio... |
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Escena XI
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TACIO, herido, en los brazos de cuatro guerreros. HERMILIA y NUMA se arrojan a sus pies, y OSTILIO y los demás SABINOS forman el cuadro del dolor y la turbación.
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| HERMILIA | | ¿Cómo a tan fiero golpe no fallezco! | |
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| NUMA POMPILIO | | ¿Qué manos alevosas se han armado | | | contra esas nobles canas? ¿Quiénes fueron | | | los viles homicidas? ¡Ah, mi rabia | 525 | | los sabrá descubrir! |
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| TACIO | ¡Míseros! Ellos | | | no son los verdaderos delincuentes. | | | Quien les dictó las órdenes, quien, fiero, | | | puso en sus crueles diestras los puñales, | | | ése es, Numa, el traidor, ése es el reo. | 530 | | En fin Rómulo, amigos, ha triunfado | | | de este débil rival por unos medios | | | que detesta el honor. Perdona, Numa, | | | sé que debes sentirlo; mas yo debo | | | hacer a la verdad esta justicia. | 535 |
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| NUMA POMPILIO | | ¿Qué profieres, señor? ¿Cómo? ¿Yo puedo | | | ser parcial del delito? ¿Cuándo, dioses, | | | tuvo Numa tan viles sentimientos? | |
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| TACIO | | No te juzgo malvado. Mas, ¡ay triste!, | | | que una pasión te ciega. En otro tiempo | 540 | | mi ultrajada vejez recibiría | | | este golpe fatal con el consuelo | | | de ver un vengador en ese brazo. | | | Pero ya Numa es otro, y yo fallezco, | | | cercado de temores y congojas | 545 | | que aceleran mi muerte, conociendo | | | que arrastro hacia la tumba las reliquias | | | de nuestra libertad. ¡Mísero pueblo, | | | sin apoyo, sin guía! ¡Destrozado, | | | si resiste...; infeliz, si humilla el cuello! | 550 |
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| HERMILIA | | ¡Oh padre! No imagines que ese ingrato | | | pudiera ser jamás apoyo nuestro. | | | ¿Dónde está su virtud? ¿Es heroísmo | | | abandonar su patria entre los riesgos | | | que la cercan? ¿Besar la injusta mano | 555 | | que avara forja nuestros duros hierros; | | | que ha vertido la sangre del más justo | | | de los reyes? ¡Oh dioses! No son éstos | | | los héroes de Sabinia. Sí, inhumano; | | | vete a Roma, y si acaso el embeleso | 560 | | de tu adorada Tulia algún sentido | | | te deja libre, admira el noble esfuerzo | | | con que en justa venganza de esta ofensa | | | coronados de gloria perecemos. | |
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| OSTILIO | | Tranquilízate, ¡oh rey! Todos sin Numa | 565 | | lidiaremos constantes; y si el ceño | | | no serenan los hados y conceden | | | a Roma la victoria, prometernos | | | labramos de cadáveres romanos | | | un sangriento y horrible mausoleo. | 570 | | ¿Son estos, compañeros, vuestros votos? | |
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| SABINOS | | Sin Numa todos combatir sabremos. | |
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| NUMA POMPILIO | | Hermilia, Tacio, amigos, ¿cuándo Numa | | | su patria abandonó? Sí; yo confieso | | | que la violenta llama que en mis venas | 575 | | las seductoras gracias encendieron | | | de esa bella romana, me consume, | | | se enciende más y más; pero mi pecho | | | jamás ha vacilado entre la patria | | | y esta ardiente pasión. Si un devaneo, | 580 | | hijo de mi delirio, ha sustentado | | | mis vanas esperanzas, ya las pierdo. | | | nunca, sabinos, nunca el verde mirto | | | me tejerán las manos de un protervo | | | que, con la frente erguida, ante los dioses | 585 | | comete los perjurios, que soberbio | | | atropella la fe, rompe los pactos, | | | y no excusa rigor, no omite exceso | | | que halague su ambición. ¡Ah! Yo lo juro | | | por la sangre que mana de este seno, | 590 | | trono de la virtud; por esos dioses | | | que Rómulo ha ofendido. Sí; detesto | | | este funesto amor, este delirio | | | tirano de mi gloria. Ya soy vuestro, | | | valerosos sabinos; con vosotros | 595 | | o vencer o morir sólo deseo. | |
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| TACIO | | Ven, mi querido Numa; ven y estrecha | | | a este infeliz amigo. Ya contento | | | tu espíritu, rompiendo sus prisiones | | | volará hacia los dioses, pues os dejo, | 600 | | sabinos, un caudillo... Mas la muerte | | | su hielo esparce por mía yertos sus miembros... | | | Acercaos, hijos míos... Que yo os mire | | | por la postrera vez. |
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| HERMILIA | ¡Ah!, mi tormento | | | unirá mis cenizas a las tuyas | 605 |
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| NUMA POMPILIO | | ¡Ah. buen Tacio! ¡Ah señor! |
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| TACIO | Hijos; mi anhelo | | | fue conservar en paz vuestros hogares, | | | pero escuchar mis votos no quisieron | | | las sagradas deidades... Hoy, sabinos, | | | que lidiéis con valor os aconsejo | 610 | | por vuestra libertad... La servidumbre | | | no es estado de hombres... ¡Crueles hierros! | | | ¿a quién no hacéis temblar?... Sensible Hermilia, | | | enjuga el tierno llanto... De consuelo | | | te sirva tu virtud... Numa, no olvides | 615 | | a la hija de Tacio... ¡Santos cielos; | | | compadeced la suerte del sabino!... | | | Hijos míos... ¡Oh dioses!... Protegedlos... | | (Muere.) |
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| NUMA POMPILIO | ¡Cielos; no resisto | | | tan duro golpe! |
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| OSTILIO | ¡Oh Tacio! Vengaremos | 620 | | tu desastrada muerte |
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| NUMA POMPILIO | | Eso sí, amigos míos, nuestro acero | | | este bosque fatal de sangre inunde. | | | Inflame vuestras iras el aspecto | | | de este helado cadáver. Ved sus labios, | 625 | | órganos de la ley, en un eterno | | | silencio sepultados. Ved su frente, | | | la augusta frente que sostuvo el peso | | | de la regia corona. Mas, ¡ay triste!, | | | que ya pálido, exánime, ha depuesto | 630 | | el oro sobre el polvo. Avara mano | | | se lo arrancó, violando los derechos | | | más justos y sagrados. Mano aleve, | | | instrumento de crímenes; yo espero | | | que los dioses castiguen tus crueldades. | 635 | | Ellos fulminarán desde los cielos | | | sus rayos destructores. En sus ejes | | | conmoverán el Orbe; y, al violento | | | y espantoso vaivén, la altiva Roma | | | inclinará sus torres hasta el suelo. | 640 | | Desplomada caerá, como peñasco | | | desprendido del monte. Oíd mis ruegos, | | | justos dioses. Vengadnos. Hoy enseñe | | | vuestro potente brazo a los perversos | | | que hay rayos, que hay justicia, que no siempre | 645 | | toleráis la maldad. Y este tremendo, | | | este triste y funesto desengaño | | | consérvese indeleble en los fragmentos | | | de esa aleve ciudad, para que sirva | | | a la perfidia de perpetuo freno. | 650 | | Venganza, dioses, escuchad las voces | | | de nuestra angustia, del agravio nuestro | |
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