11
Vid. E. R. Curtius, Literatura europea y Edad Media Latina, Trad. de M. Frenk y A. Alatorre, Ed. Fondo de Cultura Económica, México, 1955, tomo I, pág. 143 y ss.
12
Vid. la citada tesis de Heger, págs. 6 y 7.
13
A. Castro, ob. cit., pág. 431.
14
A la tónica preferentemente ética y moralista de la obra de Gracián ha aludido en diferentes ocasiones uno de sus mejores conocedores, el P. Miguel Batllori, S. J. En su estudio La vida alternante de Baltasar Gracián en la Compañía de Jesús (en Archivum Historicum Societatis Iesu, vol. XVIII, 1949) se lee: «El padre Baltasar no leyó nunca: teología escolástica, sino sólo moral, ahora en Lérida, y más tarde en Zaragoza, expositiva. Ello corresponde a su mentalidad, que no es la de un metafísico puro».
15
A. Castro, ob. cit., pág. 432.
16
A esta luz resulta enormemente significativa la definición de la existencia de Gracián, por el P. Batllori, como vida alternante. La oscilación de los estados de salud del jesuita aragonés, de colérico y sanguíneo a bilioso y melancólico, estudiada por dicho investigador, ofrece un gran interés. El P. Batllori, comentando la rapidez con que Gracián era trasladado de un colegio a otro, apunta: «Esto le permitió conocer diversos ambientes y mentalidades, y tal vez por ello las dos proyecciones racionalizadas de su espíritu, Andrenio y Critilo, tan insensibles al mundo exterior, son, con todo, incansables viajeros».