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Plegaria

Miguel Hernández

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Plegaria

   ¡Virgen bendita! La que quisiera la musulmana

bárbara raza desvastadora

hacer un día ceniza vana.

La que surgiera de una campana

entre destellos de blanca aurora.

   La que es morena como los suelos

de sus jardines.

La que es hermosa como sus cielos

y dulce y pura como la esencia de sus jazmines.

¡Virgen morena! ¡Señora mía!

Hoy su alma inquieta

a vuestro templo lleva al poeta

para ofreceros la melodía

de su poesía...

¡Señora mía!

Al ara llega y ante tu santa

planta cae; tu faz mira

que amor respira;

de amor se enciende su pecho y canta

con la armonía que a su garganta

vuela en torrentes desde su lira.

Canta el poeta de hinojos ante tu santa planta.

   Son sus canciones

lirios que brotan sobre el barbecho;

sanos botones

que estallan riendo; locos gorriones

que para nido buscan tu pecho.

Estas, Señora, son sus canciones.

   ¡Virgen sagrada! Fuente que orea

el alma que en medio de incendios gime;

astro que de astros mundos mil crea;

fe que redime;

flor que hermosea;

madre sublime

del Rabí dulce de Galilea:

confusión hecho todo y ternuras

bajo el milagro de tus pies tersos

dejo dispersos

igual que pomos de flores puras

mis pobres versos.

Confusión hecho todo y ternuras...

    Acepta, Virgen, la humilde ofrenda

del que a tus plantas arrojaría

el monte austero, la mar tremenda,

el ígneo astro que alumbra el día

y la estupenda

legión que borda la esfera umbría.

Acepta, Virgen, la humilde ofrenda...

   Que entre la rima que la encadena

tal vez suspira,

tal vez resuena

el aura suave que gira y gira

en tus vergeles de aromas llena...

Entre la rima que la encadena.

   Tal vez las notas de los cantares

de las acequias y los huertanos,

de las olmedas y los cañares;

tal vez la esencia de los azahares,

tal vez la seda de los gusanos

va en mis cantares.

   Susurros plácidos del huerto umbrío,

de los palmares suaves rumores,

tintíneas risas del claro río,

gorjeos sabrosos de ruiseñores,

rezos de azarbes murmuradores...

Susurros plácidos del huerto umbrío.

Acepta, Virgen, la humilde ofrenda

del que a tu planta santa ha llegado

y aquella prenda

que halló en su senda

mejor ha en ella depositado...

¡Acepta, Virgen, la humilde ofrenda!


MIGUEL HERNÁNDEZ

Orihuela 7 septiembre 1930