Susurros plácidos del huerto umbrío,
de los palmares suaves rumores,
tintíneas risas del claro río,
gorjeos sabrosos de ruiseñores,
rezos de azarbes murmuradores...
Susurros plácidos del huerto umbrío.
Acepta, Virgen, la humilde ofrenda
del que a tu planta santa ha llegado
y aquella prenda
que halló en su senda
mejor ha en ella depositado...
¡Acepta, Virgen, la humilde ofrenda!