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Poemas sueltos, II [1932-1935]

Miguel Hernández Gilabert

[Nota preliminar: Para la fijación textual de esta edición se ha tomado como base la ed. de A. Sánchez Vidal y J. C. Rovira con la colaboración de C. Alemany de la Ed. Espasa-Calpe, cotejándose con la de J. Riquelme y C. R. Talamás de la Ed. Edaf.]

1. CICLO DE PERITO EN LUNAS

1.1. OCTAVAS EXCLUIDAS DE PERITO EN LUNAS

[1]

Expuestos a romper los cigarrones,

y aún es clueca amarilla la chumbera.

Pero he de escalar pronto la ladera,

sin temor, al desnudo los talones,

a ese sol que en las piedras se aglomera.

Sin crótalos, sin pulsos, sí, sin sones,

ancorará la luz en esqueleto

junto a un silencio sin descanso quieto.


[2]

Dad cuerda, pescadores, a los ríos.

Mi reloj gira solo por tus rieles,

monte, donde las luces moscateles

son, y flautas flexibles los estíos.

Allí evidentes los acentos míos

en los espejos más, encuentro, fieles;

los azules espejos, donde exactos,

a puñadas inclúyense los cactos.


[3]

Siesta. Se ratifica la culebra

y es más fácil llegar a la cintura

de la palma ¿jirafa por ventura?

Baja al balcón de pechos verde cebra.

Tórtola de cristal y barro, quiebra,

cantando en mi garganta, su frescura.

¡Ya vivo sin ardor! Llama en redondo

el sol desde el chiquero... Le respondo.


[4]

Vibran las herrerías celestiales

bajo los negros signos de la brisa

¿fieles infieles de las catedrales?

¿Rosetones?... ¿cometas?

tantos colores! Cantan los corales,

rojos, gruesos; de espaldas en la misa,

polifemos mal vistos por la testa.

El pueblo duerme. El órgano protesta.


[5]

¡En sus aloques lindes el verano!

Ya las serpientes frías, por fortuna,

se calzan sus camisas una a una,

y el racimo sus botas grano a grano.

Viñadora en azul, hace mi mano

la recolección rica de la luna.

Por exceso de miel cae el fruto a rachas.

¡Y aún llevo el sol hundido hasta las cachas!


[6]

SERENIDAD

Las veletas están desconcertadas:

¡no funcionan los vientos ni menores!...

Tan alisado el mar. Tan aseadas

las anforillas de los ruiseñores.

En los huertos loritos a bandadas,

se abstienen de girar mundos mejores.

No hila la palma, arácnido confuso:

¡se embebeció en la luz, en alto el huso!


[7]

Bajo la luz plural de los azahares

y los limones de los limoneros,

tú, la hortelana de los tres lunares,

vas aún sobre un cultivo de luceros.

Páranse, ya sin hilo, los telares

de los fríos gusanos carceleros,

presos ya. Y bajo el cuello tus carrillos

lácteos se enveran dulces ya, amarillos.


[8]

Hay la luz debida: nada menos.

Es una luna neta ya, sin tasa.

Bajo su luz los lilios son morenos

niños con el faldón fuera de casa.

Con desmesura te heñiré los senos,

luna, tus senos, sí, cristal en masa;

tus cristales tan dulces, ya imperiales,

antes que te devoren tus cristales.


[9]

¿Para qué necesito los espejos?

¡Soy un gallo sin lunas, y sin canto!

Son mis plantas mis manos, y estas, ¡tanto!,

si palpables, mis ojos, sin reflejos.

A nadie encuentro cerca, a nadie lejos,

por más que la mandíbula levanto.

¿Es cierto que ahorcan ojos a los ríos?...

Oyendo rosas, allá van los míos.


[10]

Dos rectas, tierra y mar,

en lo lejano, que corta una secante: la palmera.

Agua abajo se va, de la ribera,

agua en ristre, va el río de la mano.

El pie mordido del estable plano

al siempre, corrigiéndose, en carrera,

busca, sin descuidar la horticultura,

su solución, presente al fin, futura.


[11]

Excelsos marchan los adolescentes,

más allá de los dátiles que, aprisa

avivan, por fin pares, las serpientes

dulces, enamoradas y en camisa:

la fundación fue sobre efervescentes

mundos que desembocan en la brisa...

¡Y cuánta dicha los detiene, blanda,

al hallar lo esencial de su demanda!


[12]

Rebelde el freno de la sombra

iba con su rodete azul de labradora;

se embotaron sus filos, y a esta hora

debajo de la noche casi arriba.

Flota tan solo una parcela arriba

de tanta luna columbicultora:

ni equivale a una vela, aunque produjo

muchas de par en par. Es el reflujo.


[13]

Se empalman la mañana y los palomos

en aludes de luz y de blancura,

sobre copas de bronces policromos

más duraderos que el de cepa pura.

Palmas, palmas. Y baten en dos tomos,

palmas de datilada contextura,

vuelos temiendo con transposiciones

en la luz recta, sin inclinaciones.


[14]

Tu solución, presente al fin, futura,

buscas, con otro en ristre, en lo lejano,

río, sin descuidar la horticultura.

Abre y seca su sangre el hortelano.

Pero el agua no tiene compostura,

aunque la llevan cañas de la mano,

y del limón, cuando la madre salta,

no suple el seno más feliz la falta.


[15]

¡Tanto corsé como la palma lleva

con modos de gitana extraordinarios,

y ellos ni verán jaulas cuando llueva,

momentáneas de eléctricos canarios!

Y sin embargo al beso lo releva

la rosa, y hay famosos balnearios

en la Sierra Morena de la luna.

... Que no me pidan solución ninguna.


[16]

Tras la esquila se enfrían las postreras

blancuras, en fugaz paralelismo

coincidente en redondo. Las hogueras,

ciervos topados por su extremo mismo,

a su gris libertad van prisioneras.

Gabrieles, cojos aún, pican lirismo,

trabuca luna el cubo, anunciadores...

Pero aún tiemblan de aldea alrededores.


[17]

Comienza entre los cantos el deshielo

del calor. Cuando ahorcado el cubo acorra

a la frescura en corro, si en mazmorra,

vendrán calientes al brocal del cielo.

Hay viento en las higueras que el desvelo

de la hora negra y sus zumbidos borra:

el fiel, en él, del silbo ya no crece:

fiel sortija a su curva, permanece.


[18]

Soy quien estira y quien afloja sones:

acordeón: serpiente en el cuadrado:

música de vaivenes y botones

que pliega, y no, mi impulso datilado:

soy quien lleva sus pies por sus bastones,

y el color invisible tecleado:

ante quien toda luna variable,

y no, es irreductible, invulnerable.


[19]

En el anteayer ya de su dulzura

de hueso, que el mayor viento proyecta

recta, curva, más curva, pero recta,

oro de cascabel, fiel de su altura.

Hombres veré, si más por conjetura,

en sortijas de esparto, hacer colecta,

altos dedos, en cielos tributarios;

y en norias descender, o en campanarios.


[20]

En las ácidas vísperas del chino

y de los más dulzones meridianos,

mundos, tan reducibles a las manos,

golfo infante descubre colombino;

zarinas, si por ramas, no por lino,

ahorcadas con coronas y con granos:

a la redonda, una granada risa;

y sotanas de miel que usan camisa.


[21]

Toda la noche no: menos un gajo.

Venial vado de luz y cachicuerno,

no se amamanta, aun en extremo tierno,

del río que le corre por debajo.

Recogidas las velas, al atajo

cae esta luna que a babor, a invierno.

¡Oh, tú, perito en lunas: un día estepas!

¿Qué lunas son las de mejores cepas?


[22]

Ciñe ajorcas la enagua de puntillas

a los tobillos. Andan viento en popa,

y entre un motín de rosas, las mejillas

últimas de dentro de la ropa.

Silban sierpes, y bajan amarillas,

pero delgadas asías, sobre Europa,

mientras el más que opuesto bello lado

bate palmas de oro limonado.


[23]

La cal comete atentadas blancuras.

Dan tres aljibes sus aguas con tiento.

Abren alternas seis verdes figuras

seis platerías de plata en el viento.

El suelo aloque moldea ubres puras

que atoja un pétreo escuadrón ceniciento

de bayonetas en guardia real...

ante el famoso lugar de la sal.


[24]

Rama, tus anteayeres, sin mesura

agilidad astral y zumbadora

pureza, ciérnense color ahora,

peso incluso, del aire arquitectura.

Esta acritud picuda, fue blancura,

igual que este dulzor en popa a prora:

ansias -cabeceantes- pulsaciones,

lastre al fin de tus loro evoluciones.


[25]

En el a cuatro patas quieto chopo,

donde el rebaño se une ya sin casta,

pastor, sobre un cordero que no pasta,

recental almidón, lavado copo.

Nocturna siesta. Si alzo la honda, topo,

hasta ti, contra ti, chivo, en el asta;

pero otra vez pastor a la mañana,

ordeño en cubo, ¿no?, de porcelana.


[26]

Sí, Redentor: del hombre y del acero,

en el pico una estrella giratoria,

aquel cisne geométrico, en la gloria

canta, y en ella muere, istmo viajero.

Cigarrón, ya de agosto, ya de enero,

si estalla, va a morir muerte a lo noria,

aquel celeste cristo de dos alas,

si enclavado, por bombas y por balas.


[27]

Ese carrillo en popa que, ¡ay!, no hiño

-temo por tu percal-, si tanto acecho;

esa sangre en dos cascos, ¿no?; ¿ese armiño

que ciernes, si interior, contra tu pecho?...

Hermanitos de leche, sí, aquel niño

y este otro: el izquierdo y el derecho,

tu mejor par blancura que precinta,

tiene tu corazón, la zurda, encinta.


[28]

CAMISA-TENDIDA

Blanco el viento, y al sol, mueve su prora

donde apoya la leche su colmillo:

la blancura sirena y ascensora,

de medio abajo, a veces, calzoncillo.

Verdura de tu parte más cantora,

faldón de mar, sin sal, sin estribillo,

abrazo de almidón de tu cintura,

baja, para ascender, lámpara impura.


[29]

El turquesa limón, verde vecino,

abril que corre y muestra los faldones,

desemboca en la siembra de tu lino,

si su horizonte aquí, sus pulsaciones.

Anda, cojo a compás, cuervo marino,

con el vuelo apoyado en sus canciones,

al transeúnte sembrado de la espiga,

lastre de tu regreso, de tu liga.


[30]

La espera puntüal de la semilla,

parte, cuanto tú llegas, a las altas,

de subterraneidad aún amarilla;

¡oh dedo en puente que a la comba saltas!

Espadas abres negras y peraltas,

bajo tu reja -rápida- mantilla,

si redoblas tambores, digo norias,

corriente de limón, talla de glorias.


Para mi amigo Carlos.


[31]

LÁMPARA. LECHUZAS

En círculo de carta, luz de oliva:

verdes llamas, traslúcidos abriles

que la ascensión metálica cautiva

en corros de cristal, a veces viles.

Por el bis de colores de la ojiva

medias vueltas peritas en candiles,

¡picos!, a suavizar van sus garruchas

furtivas sacristanas, beatas duchas.


[32]

¡Qué a pulso os sube el toro, picadores,

en el pozo a la luz de la alegría;

hasta el mismo brocal os subiría

si fueran más sus rabos anteriores!

Vírgenes de los más bajos dolores

hace entre tanto a la caballería;

y cuando os desparrama por la arena,

¡tanta os aplica al tafanario pena!


[33]

¡Perdóname, Señor, si sobre el pedo

alzo hacia ti la más oscura copa!

De la gloria, Señor, por ti me vedo,

y la gloria me tira de la ropa.

Sin ella, Señor mío, ¿qué más puedo

hacer, a lo viudo, sobre Europa,

que elevarme a la esfera que tú ocupas

y decir a Luzbel que vuelva grupas?


[34]

Cielos en salpicón: en flor romeros:

interiores, azules levedades,

y almibaradas, leves libertades

se encapuzan, sino, zumbos obreros.

Y a las más claras van, dulces mineros,

¿fatales picadores? oquedades,

a las formas al sol más alto menos,

con picos de oro, sí, sordos barrenos.


[35]

¡El mayor anarquista! bombardea

mis manos, que me estallan con sordina

y saltan a mi boca en la pelea

cascos de obuses sí, canela fina.

Acidulada luz: luz mandarina

entre mis dientes, no, relampaguea,

si el anarquista aquel loro a la cara

sus bombas no, ofensivas me dispara.


[36]

Granadas los de púrpura, el estío,

amagos de sazón, en campo aloque,

a granas pompas, a ubres de oro pío,

si calor arrogado, dan un toque.

Color calzable, antes que del pie, mío.

Hoy, antes que tubos desemboque,

improvisa serpiente de caucho,

en de circunferencias cuño mucho.


[37]

Caderas desde el cuello hasta la planta,

guitarra, si interior, cuida en el viento,

náufraga en un abrazo de cemento,

tórtolas, si de tiesto, de garganta.

La más húmeda mano te amamanta,

con un pecho aguador que al año es ciento,

por tu bocaza en círculo taurino,

si tumba de cristal, tapa de pino.


[38]

Los rectos de equilibrio, sí, caballos,

no galopan, sobre ellos los jinetes,

y persiguen su sola huella, ensayos

de jockeys, pie que impulsa, de cohetes.

Fina velocidad: si más, de aretes,

menos vistos sus vértices con tallos,

cuya carrera avisa la que toma mano

el pulso a un pezón de viento y goma.


[39]

Hacia los rascacielos interiores,

donde baja la talla de la altura,

taurinos redondeles de frescura,

los de mano se ahorcan ascensores.

Calzones, si gargantas superiores,

reanudados anillos de obra dura

hasta el plenilunar, si húmedo encuentro,

se ajustan, para fuera, desde dentro.


[40]

Novedades cultivo rosas: cierto:

esos tipos de besos, bien que traza

del olor, en volúmenes, si injerto,

oro, de lo mejor, sin hueso, raza.

Cinterías extrafinas -¿quién las caza?-

amargo de estación cuatro huerto,

si mollar madurez firme y velluda:

¡todo para mi deseo a raíz desnuda!


[41]

Ensotanados espadones huecos

se abren a tu contacto frío en comba,

ves tú, la cristalina de los flecos,

que sillas por los puentes a la comba:

aunque tambores, sí, redoblan secos,

mas si encinta tu golpe los abomba:

si talla de azul que vas de bruces

al limonero ¡por porfiar sus luces!


[42]

Solo tomará el pulso a las colinas,

a su rosa pezón, aquel que quiera,

aunque las dificulte dondequiera

un gran flujo de lunas submarinas.

¡Rotundas bofetadas con espinas,

que reanuda constante la chumbera,

si al tennis juega con raquetas ciento

ni verdes medias suelas echa al viento!


[43]

LEVANTE

Árbol en cirio, mares en persiana

próspero de navajas de Albacete.

Sobre mundos mejores de hortelana

formación, sobre cubo de azulete.

Hombres de turrón, pero de avellana,

que vueltan una frase y un puñete.

Ruidos de higuera a lunidoradas y sendas

de versos y de azarbes, confundidos.


[44]

A la tela fruncida del desierto,

en silbantes espadas verdes tanta,

único marabú visible, alerto,

estira la palmera la garganta.

De panteras el santo allá cubierto

vespertino del todo se amanta

su sapiencia, lenguas come duras

y a Dios dirige sus meadas puras.


[45]

ADOLESCENTE

Alón, que está la culebra erigida.

Alón, que escuecen ya los sicómoros:

aquí restañan y chispan la herida,

rubias angélicas a negros medoros.

Alón, morena mayor: desembrida

de la camisa tus senos odoros.

Lleva tus cejas ya puentes sombríos.

Deja correr en tus ojos los míos.


1.2. POEMAS DE VERSO CORTO

[46]

EL LIMÓN

Oh limón amarillo,

patria de mi calentura.

Si le suelto

en el aire,

oh limón

amarillo,

me darás

un relámpago

en resumen.

Si te subo

a la punta

de mi índice,

oh limón

amarillo,

me darás

un chinito

coletudo,

y hasta toda

la China,

aunque desde

los ángeles

contemplada.

Si te hundo

mis dientes,

oh agrio

mi amigo,

me darás

un minuto

de mar.


[47]

ADOLESCENTE

Crece

bajo la higuera

verde

que almidona

la siesta,

que le escuece.

Mira

cómo liban,

angélicas,

heridas,

de cera,

a medoros

de arrope.

Fuma

cigarras

encendidas

con lija.

Oye

mudarse

de camisa

la culebra,

fundada

en su silbido.

Crece

hasta

almidonarse también

bajo los negros

higos.


[48]

HERMANITA MUERTA

(Orinaban

las aves

el alba)

Las vecinas

vertían

un llanto

de rigor.

Armadas

de pañuelos

sobre mi madre,

que se había

deslumbrado

más.

Una vía láctea

de diamelas

culebreaba

en la mesa

sobre la que

la niña

se veía,

con un motín

de rosa

encima de

los pómulos,

a través de

su caja

de vidrio,

que la fingía

ahogada

en un diamante

fino.


[49]

NIÑA AL FINAL

Ella:

Sonrisas no

aprendidas

chocan en

mi granada.

Me las hallo

en el agua redonda

de mi pozo.

Me empino para ser

mujer, pero

no llego.

Ya me subo

medias y ligas,

ya me bajo la falda

a la misma cintura

de la rodilla.

No sé por qué me busco,

con este afán de niño hambriento

los senos con los dedos.

Los senos,

que exigen terreno

al percal

y al viento.

Yo les he cobrado miedo

a los chivos

y a los ojos

de aquel muchacho

de moreneces y alargamientos

de higos secos...

Pero los sigo

sin saber por qué yo...

      Yo:

Tú desafías a los limones

y a los corazones.


[50]

TORO

Ínsula de

bravura,

dorada

por exceso

de oscuridad.

En la plaza,

disparándose

siempre

por el arco

del cuerno.

Golpeando

el platillo

de la arena.

Enlazando

caballos

con vínculos

de hueso.

Elevando

toreros

a la gloria.

Realizando

con ellos

el mito

de Júpiter

y Europa.


[51]

CULEBRA

Aunque

se horroricen

los gitanos,

lógica consecuencia

de la vid,

malabarista

del silbo,

angosta

como él mismo:

culebra, canta,

y dame la manzana.

Contra

tu abatida

posición,

sublévate.

Esgrime

tu crespada

espada,

sobre verde.

Eleva

tu cohete

permanente

a dogal

en mi garganta.

Y dame la manzana.

Consejera

fatal

por dicha

mía,

de mi madre,

toda pies:

pon pulseras

consecutivas

a mis brazos,

aunque

se horroricen

los gitanos.

Y dame la manzana.


[52]

HUERTA

Desperdicios

canario

de vidrio

de azarbe

más estrecho

que un silbo

silbo al fin

retorcido

en limoneros.

Escozores

de higueras

con higos

de Etiopía

y con vientos

que se alargan

hilador

por zancos

de palmeras

y cañas.

El camino

que ofrece

índices

del río

anillos

de puentes.

Cangilones

rotivos

buscan con ojo

de esparto.

Y naranjos

por donde

los niños

aparecen

a veces.

En colones

indios

descubriendo

mundillos.


[53]

EPITAFIO PREVIO A LA MAYOR LUNA

Y adiós, tu trajecito

de continuar

tu rodete

de ámbar

tres lunares.

Y en los puros

huesos

te quedarás.

Negra de medio

arriba. Negra

definitiva.

Desnuda

sin tu tibia

holandesa

de almidón.

Sin tus rentas

sal

de azucaradas.

Al fin,

el cielo,

a lo viudo.


[54]

EPITAFIO PREVIO A LA LUNA EN PLENILUNIO

Morena, blanca en todo.

Destituida, ya: ay, ya

libre de aumento

estás.

Por desdicha,

cabal, conseguida

te quedarás

en los puros huesos.

Morena, blanca en todo.

Pero caducarás

sombra

que tus filos

se embocarán

que te quedes

sin tus lunas

¡solo en holandas

los luceros puros!

Morena, blanca en todo.

Por desdicha

ya

libre de aumento

estás,

conseguida:

se amamanta

bien

a la salida

a la tornada

se embocarán

tus filos

mal.


[55]

LEVANTE

Aguas de limón

limonar amargo

del Mediterráneo.

Pueblos de turrón.

Lejanías calzadas

de espuelas de palmas.

Masías blanquísimas

como peladillas

que hilan como arañas

paisajes y brisas.

Campanas de vinos

y arropes de higos

macho y retintos.

Árboles del Paraíso,

al fin lunas machos.

Breves y membrudos

hombres de viso nocturno

que hablan con los puños,

y ríen con el vientre.

Velas y cipreses

en mediterráneos

dulces de naranjos.

Y el cielo de Atenas

va a rienda suelta

haciendo la vía

de venas y acequias.


[56]

PALMERAS

Salta el cielo a la comba.

Lleva la luna

tirabuzones,

sí, el horizonte borlas.

(Pero nada más aquí)

Tiene el río espolones

andan columnas

que se resuelven

en grises surtidores.

(Pero nada más aquí)

La luz madura en dátiles.

Bronces de cuellos

de dromedarios

se ondulan en los valles.

(Pero nada más aquí)

Árboles sin madera

con corazones

de pino blanco

el chal del mar espuelas.

(Pero nada más aquí)


[57]

NARANJO

Eres tú el árbol

de las manzanas

de metal pálido

del jardín de las Hespérides.

Eres tú el árbol

de los cien ojos:

vegetal argos,

parón real.

Eres tú el árbol

de la nieve caliente

y la arena glacial

cómo yela la nieve caliente,

y cómo quema la glacial arena.

Eres tú el árbol

oro y redondo: del Mediodía

el molde exacto

del Mediodía.


[58]

-¿Cómo ves el Mediterráneo?

¡Huy! como un cielo

con pitas de lana.

-¿Cómo ves el Mediterráneo?

Ah, como un huerto

con lilios en enaguas.

-¿Cómo ves el Mediterráneo?

Oh, como una persiana

en África de navajas.

-¿Cómo ves el Mediterráneo?

Ah, como un candil

cornudo de llamas.


1.3. MISCELÁNEA

1.3.1. DÉCIMAS

[59]

FLOR-de almendro

Flor de almendro temprano:

preliminar inocencia.

Aún no ha hecho el frío cano

discursiva su abstinencia.

Aún la verde diligencia

en ociosidad sutil;

y ya, a pesar del hostil,

en su detrimento, enero,

por su testigo primero

se propone blanco abril.


[60]

ROSA-entre páginas

Si ruborizó renglones,

huella en pompa a toda vela,

siguió sus indicaciones

el curso de la novela:

o brújula en flor, o estela.

Y en el capítulo aquel,

hoy, mejor, siendo el papel

plancha de dos pisos cultos,

pegada como un cartel,

olores espira, bultos.


[61]

FRUTO-querido, y no

A la urgencia del deseo

opongo la dilación:

se encuentra aquel, prometeo

de mi colaboración.

Dirigida su ambición

al sabroso complemento,

¡qué combate! entre su intento

y mi opuesta voluntad,

con trances de alacridad

y de desfallecimiento.


[62]

PARTIDA-al canto

Para comenzar mi andanza,

mi solicitud de acción,

si me excedo en esperanza,

me repulgo en decisión.

Dedico mi intervención

a la inacción cuando puedo...

Cuando en decisión me excedo,

entre inquietud y reposo,

para quedar bullicioso,

para partir estoy quedo.


[63]

SITUACIÓN AGRAZ-y partida

El prometido africano,

árbol, que te requerí,

cúmpleselo este verano

a otro y al siguiente a mí.

Porque ¿cómo? adelantar

el carmesí peculiar

a que tu cariz se lanza

al momento en que me voy...

Tu promesa es, hoy por hoy,

miel en trance de esperanza.


[64]

HIGOS-sazón y hojas

En verdes paracaídas

cuelgan, como negras horas,

sus coincidencias medoras

deleitaciones suicidas.

Por su sazón requeridas,

las armas de los deseos

a amparar los titubeos

ascienden, mas tan ronceras,

que ya las ropas primeras

suicidios llueven guineos.


[65]

HORCA-de vid

Ya la vid no puede más

con tanto lujo sabroso;

¡qué rebién! resolverás

su cansancio, horca, en reposo.

Tomas el pulso a su acoso

de inflamación moscatel:

impides que tanta miel

reo de su peso sea,

y le ayudas, cirinea,

a llevar su estado al fiel.


[66]

TAPIA DEL HUERTO-mío

Sobre toril, paladión

de mi local primavera:

-problema de sustracción

y getsemaní de higuera.

Entre los niños de afuera,

por necesidad ladrones,

y las guineas facciones

del higo de puro escritas,

la tapia, a fuerza de pitas,

dividiendo está opiniones.


[67]

SAL-leve y grave

Es más bello que tu aspecto

azul, tu volumen cano;

pescador, te recolecto,

al sembrar nudos, en vano.

Palpa el salinar mi mano,

mas mi audición no te escucha:

¡oh!, poca creación tu mucha

potestad dio de sus, nadas.

Siendo, sin ser, te trasladas

de tu reposo a tu lucha.


[68]

NAVAJA-de punta

Licencia, salvoconducto

de venas, saca, si mete

acero, vida, producto

novilunar de Albacete.

Naufraga en el que comete

drama la prolongación

de este mortal espolón,

y al colmo de la reyerta,

si firma de acero, injerta

de colmillo el corazón.


[69]

HIGO-desconocido

Por su desconocimiento

de nadie, nadie lo toma;

nadie lo desea exento

de su viso y de su aroma.

Con la madurez, asoma

el faldón por la sotana.

Y solo la avispa hircana,

menoscabando etiopía,

demuestra la anatomía

de su luto arrope y grana.


[70]

DÍA AIROSO-con cometas

El día airoso solventa

nubes altas, brumas viles;

palmas, cabellos avienta,

si intensifica perfiles.

De las manos infantiles

surte al cielo una beldad:

galeota libertad,

geométrico y libre esclavo,

que en el lastre de su rabo

cifra su serenidad.


[71]

LIMONERO-conmigo al pie

Contra sus derrumbamientos

de basílicas picudas,

necesitando está ayudas

que sostengan firmamentos.

¡Felices ayuntamientos!

entre ramajes y horquillas.

Nuevas glorias amarillas

nacen flores de sus bodas,

después de ser puras, ¡todas!

en actitud de cerillas.


[72]

AZAHARES-lunándome

Soleados, insulares,

deleitosos meridianos,

tuvieron en estos canos

sus rumbos preliminares.

Sobre estos sures polares,

cuya fría continencia

solo el aire diligencia,

acrecienta su caudal,

en consulta boreal,

la abeja, miel con licencia.


[73]

CLAVEL-aun en rehenes

Aun no la cresta coral

a la cúpula reveza:

la concha está vegetal

encinta de su belleza.

Prepara el astil su alteza

a su glorificación.

Prelado el color, el gallo,

miembro verde el espolón,

en una pata del tallo

revienta su anunciación.


[74]

CLAVEL-libre ya

Ya espiga a lo cardenal,

gangrena de olor de abril,

galeote es del percal

con más bulto en el perfil:

amarrado va el astil

a un alfiler prisionero.

Hasta que un impulso arquero,

saeta, le pone en flujo,

para asesinar de lujo,

de perfume algún torero.


[75]
Mañana dominical:

el río: atracción, presura,

cantos de oro de misal,

hacia la sal, inaugura.

Del tipo de su hermosura,

cortada sobre el patrón,

con voces a veces, non,

de los Domingos de Ramos,

más altas, van vientos gamos,

que palmeras en función.


[76]
Senda: blanca ociosidad.

Reincidencia: carretera.

La luz: dispuesta beldad

contra la de la palmera.

Ladera picapedrera:

con fidelidad retrata

el tren, el gallo, la mata

de la heralda galanía,

luna de la lejanía

que la luz hace inmediata.


[77]
De aquella fiesta presunta,

surten, sin ver su ignición,

luces en persecución

del trueno que va en la punta.

La rama de higuera apunta

sus descansos sin camisa;

y un hortelano deprisa

hacia la ermita proclama,

con el vaivén que le llama,

la inminencia de la misa.


[78]
Menos la lentitud mansa,

que pasta a más y mejor

frente al cáñamo avizor

del pastor, ¡todo descansa!;

menos aquella que cansa,

antes que el trémulo tuerza

un rumbo, blancas, a fuerza

de blancos y de amarillos,

donde el sol, luego colmillos

y el viento gestos ejerza.


[79]

MAYO-treinta días

Suspiro de los primores,

atribulando garganta,

sufre el ruy-señor, si canta,

en treinta edades de flores.

Se confederan colores

de honor, bajo el signo.

La rosa y el alba, a ras

de su belleza, su intento,

meridianos de un momento

originan a compaña.


[80]

AMOR-frutal

Crea tu color mi amor

y tu sabor mi deseo.

Aspirante a tu sabor,

rendido a tu titubeo.

Cuando mi mano te tienta,

el tacto el amor aumenta

si el deseo menoscaba...

Tu mundial arquitectura

mejor que en mi dentadura

sobre los árboles daba.


[81]

CIELO ARQUITECTO

Solo ante el cielo arquitecto

ha realizado el exacto

alrededor de su aspecto

la agresividad del canto.

Actos reclamando el acto

que implicarlo al mundo quiso,

le dan de continuo un viso.

Y hasta el detalle menor

del fruto que insta al dolor

muestra el estado preciso.


[82]

LUGAR CASUAL

Gerundio

Porfía en la destrucción,

¡el sol! del mundo y del viento,

continuando su acción

para el logro de su intento.

¿Dónde hallar? el elemento

defensor del bienestar

que pide el estado mío.

Lo imagino yo y al par

me lo propone el azar

en el secreto del río.

Participio

¡Oh nemoroso secreto!:

ave emprende; paz profesa;

sustenta frescura, reto

contra la calor aviesa.

¡Dulce! profesión, empresa

¡musical! ¡combate! ¡hojoso!

Y aquí, libre del acoso

de la contraria enemiga,

la luz manantial instiga

hacia el suyo mi reposo.


[83]

ROSAL-al canto de mayo

¡Qué panorama de besos

está ocurriendo -en relieve:

qué cohete de sucesos,

bello sin demora, breve.

Mollar, reitere esta nieve

su novedad peregrina.

Y la fuga serpentina,

si lastres a su carrera,

a la mano jardinera

pone reparos de espina.


[84]

ALMENA-de prisa

Tú lo espigas, yo lo agosto:

índice de tu arrogancia,

llave de mí como mosto,

con higos, por concordancia.

Cometa de su distancia,

la remonta mi calor:

en su prurito cultor

de tu ternura y la mía,

¡casi siempre al mediodía

deja de labrar tu amor!


[85]

NARANJA

Doncello el cuchillo, inicia

tu desnudez en mi mano:

ámbito de tu delicia,

tu vestido meridiano.

Cuando a mi dentro escribano,

ves sin el ejemplar rebozo:

novilunio cada trozo

de tu unidad fraccionaria,

queda en el suelo, canaria

sierpe, la piel de mi gozo.


[86]

LIMÓN

Amarilla emulación

de la lágrima y gigante:

limón, limón y limón,

mar en poco, luz en cuánta.

La fiebre de la garganta

de mi mitad, va, camella,

hacia la picuda bella:

isla canaria madura

de llanto y arquitectura,

buscando su patria en ella.


[87]

CAMPOS + GRILLOS

Dos resoles de relunas,

panoramas sin estilo;

nocturnas cigarras brunas

lo acompasan en sigilo.

Su pulso elevado al hilo,

minuteros infantiles

dan, fríos canarios viles,

negros de sino y de viento,

que por limar el acento

solo enuncian sus perfiles.


[88]
¡Primer Causa: oh Vanidad!

El universo infinito

abrió Aquel que con un grito

hiciera la claridad.

Hastiado de su espectáculo

propio, Dios rompió un obstáculo

de años imperecederos:

él se hizo El Que ha disipado,

su Principio, en resultado,

y su Unidad, en luceros.


[89]

CARTELES

Gallo de imprenta, el cartel,

ante la luna barbera,

aún anuncia la que fuera

corrida del día aquel.

A la linde del bisel,

donde deponen los visos,

a manos de los precisos

blancos, negros de jabón,

lunan su propongación

falsos marfiles narcisos.

Si no fuera por la flecha

que su anteayer asegura,

aquella corrida hecha

sería siempre futura.

Una cornada miura,

si jamás se desenlaza

con su inminencia amenaza,

recién abierto el chiquero,

el arrojado sombrero,

por el pintor, por la plaza.

Andalucía a un balcón:

un moreno, si en dos brotes,

apunta como capotes

sonrisas de invitación:

abrilizado un mantón,

o con crimen de clavel,

con su sauce de cariel,

llueve sobre la baranda,

bajo el sol de propaganda

de aquella tarde sin él.


[90]

CONJUNCIONES

Junto a la aproximación

que retrocede a su seno,

tu cuerpo: definición

novedad de lo moreno.

De medio abajo me apeno,

conforme a aquel amarillo,

mirando cómo sopesa

luna superior y atesa,

si tu uno, tu otro platillo.

Por mi oscuridad medora,

amor en flujo y reflujo.

Sobre tu hombro el sol se dora

como un capote de lijo:

el toro en mí se produjo:

y a cariz desnuda su enojo,

marcha, sobre el cuerno cojo,

a combatir sus asaltos,

atraído por los altos

tallos de tu mejor rojo.

Sobre una tabla distinta,

náufrago de comenzón,

tu corazón pulso encinta

y tu sonrisa de non:

ejemplar ilustración

de la faz de la mejor laya.

Gallina al fin, cuando haya

mis redondeces guineas

puesto en tus pajas pireas,

cantaré rubio en la playa.

Rota la dulce alianza,

descorchada tu botella,

tu graciosidad en danza

me parece menos ella.

Aunque, borrada la huella

de mi júbilo mollar,

como te vuelvo a encontrar

a punto de caramelo,

me entran ganas, bajo cielo,

otra vez, de naufragar.

Y aún a pesar del previsto

lloro limonado tuyo,

que das por obviar, confluyo

tu verónica y mi cristo.

Con mi morenez te insisto,

me eclipso con tu rubí:

y cuando evades de mí

tu láctea blancura zurda,

aunque de una forma absurda,

ya soy yo plural en ti.


[91]

FIESTA

Aire mundo: gas encinta:

mano infante al hilo, doma

esa propaganda pinta

del comercio, de la goma:

circunferial redoma

del vacío en el vacío:

forma del silencio mío,

que ausentemente presencio:

plenilunio del silencio

del festivo vocerío.

Prudentes emuladores

del datilado vaivén,

si gitano, veo amores,

aunque no los oigo bien.

El palmero va, a cercén,

parcelando la ternura

incógnita de su altura

con el rumbo de una hoz,

y eleva tanto su voz

cuanto estuvo su figura.

A procesión de percal,

música de calderilla:

sobre un trillo de cristal,

devoción la Virgen trilla.

Una orilla y otra orilla

de jeremías de cera,

tras una rival carrera

de pólvora en irrupción,

buscan con dubitación

su luz, su vida postrera.

Ebrios, cristos con braguetas,

al revés que en Canaán,

vinos tintos, aguas netas

por los bajos grifos dan:

las torpes brújulas van,

más que parientes, consortes

de los plátanos sus portes,

a poner la carne en rima,

imantadas hasta encima

por un alquiler de nortes.

-Brujuleo, no diviso,

esto en la verde ocasión

del cañaveral, narciso,

pero por obligación-

insta su última emisión

la mano del polvorista:

agasajo colorista

a la Virgen trilladora:

palmera real ahora,

al fin trueno comunista.


1.3.2. VARIA POESÍA

[92]

EL ADOLESCENTE

El reptil guarda equilibrio

subido en su cola verde

y hace juegos malabares

con su silbido de géiser.

Pero, ¿dónde están, que no hallo en mi camisa

las dos hermanas de leche?

Cómo escuecen las higueras...

¡ay, que sí, que cómo escuecen!

Angélicas, las abejas

a los negros higos vienen

para chupar sus heridas

como si medoros fuesen.

Pero, ¿dónde están, que no hallo en mi camisa

las dos hermanas de leche?

¡Cuánto gallo a cinco patas

de coral barbiponiente!

¡Cuánto lilio en calzoncillos

se queda sobre los céspedes!

Pero, ¿dónde están, que no hallo en mi camisa

las dos hermanas de leche?


[93]

ELEGÍA-al guardameta

A Lolo, sampedro joven en la
portería del cielo de Orihuela.


Tu grillo, por tus labios promotores,

de plata compostura,

árbitro, domador de jugadores,

director de bravura,

¿no silbará la muerte por ventura?

En el alpiste verde de sosiego,

de tiza galonado,

para siempre quedó fuera del juego

sampedro, el apostado

en su puerta de cáñamo añudado.

Goles para enredar en sí, derrotas,

¿no la mundial moscarda?

que zumba por la punta de las botas,

ante su red aguarda

la portería aún, araña parda.

Entre las trabas que tendió la meta

de una esquina a otra esquina

por su sexo el balón, a su bragueta

asomado, se arruina,

su redondez airosamente orina.

Delación de las faltas, mensajeras

de colores, plurales,

amparador del aire en vivos cueros,

en tu campo, imparciales

agitaron de córner las señales.

Ante tu puerta se formó un tumulto

de breves pantalones

donde bailan los príapos su bulto

sin otros eslabones

que los de sus esclavas relaciones.

Combinada la brisa en su envoltura

bien, y mejor chutada,

la esfera terrenal de su figura

¡cómo! fue interceptada

por lo pez y fugaz de tu estirada.

Te sorprendió el fotógrafo el momento

más bello de tu historia

deportiva, tumbándote en el viento

para evitar victoria,

y un ventalle de palmas te aireó gloria.

Y te quedaste en la fotografía,

a un metro del alpiste,

con tu vida mejor en vilo, en vía

ya de tu muerte triste,

sin coger el balón que ya cogiste.

Fue un plongeón mortal. Con ¡cuánto! tino

y efecto, tu cabeza

dio al poste. Como un sexo femenino,

abrió la ligereza

del golpe una granada de tristeza.

Aplaudieron tu fin por tu jugada.

Tu gorra, sin visera,

de tu manida testa fue lanzada,

como oreja tercera,

al área que a tus pasos fue frontera.

Te arrancaron, cogido por la punta,

el cabello del guante,

si inofensiva garra, ya difunta,

zarpa que a lo elegante

corroboraba tu actitud rampante.

¡Ay fiera! en tu jaulón medio de lino,

se eliminó tu vida.

Nunca más, eficaz como un camino,

harás una salida

interrumpiendo el baile apolonida.

Inflamado en amor por los balones,

sin mano que lo imante,

no implicarás su viento a tus riñones,

como un seno ambulante

escapado a los senos de tu amante.

Ya no pones obstáculos de mano

al ímpetu, a la bota

en los que el gol avanza. Pide en vano,

tu equipo en la derrota,

tus bien brincados saques de pelota.

A los penaltys que tan bien parabas

acechando tu acierto,

nadie más que la red le pone trabas,

porque nadie ha cubierto

el sitio, vivo, que has dejado, muerto.

El marcador, al número al contrario,

le acumula en la frente

su sangre negra. Y ve el extraordinario,

el sampedro suplente,

vacío que dejó tu estilo ausente.


[94]

ELEGÍA DE LA NOVIA-LUNADA

Mi voluntad, madura, te acercaba

en mi mano la muerte,

que retiraba, pita sublimada,

mi decisión aún verde.

Atropellando senos, no, racimos

de picudos humores,

tu corazón la de Albacete hizo,

por fin, rinoceronte.

Yo te maté en el baño, agamenona,

y en seguida subieron

persianas limonadas olas, olas

a tu herido aposento.

Con un sexo de acero y de tragedia

me reanudé a tu sexo:

no pude entrar en ti de otra manera,

pura de trecho en trecho.

La boca de herida come frío:

¡en qué manida entrada,

colorado discurso a lo zarcillo

inquiere la navaja!

No has dejado de ser, como la rosa,

bella para la muerte;

dispensa la ruina de tu boca

perfección permanente.

Álgida, como jarra a la serena,

bella a granel no mía,

para siempre ha perdido tu belleza;

tú, su mejor amiga.

De ella narciso, en ella me miraba,

y llorándola ahora,

corno la suya, aventan, la guitarra,

sangre mis manos, horcas.

Tu beso que era ayer patrón, medida,

modelo de la rosa,

lo derrocó mi enamorada ira:

dispénseme tu boca.

Yo quise modelarte y arcilla

en tu escultura mano,

que en el balcón de esta fotografía

despeinada ha quedado.

Yo te quería, por acaso casta,

monja de tu belleza:

a los demás, a todos vocearla,

pero que no la vieran.

Yo te hablé de tu frente de reluna,

y entonces, sin acasos,

pensaba en sapos ella, a la ventura

tortas de frío y asco.

Me amaste por regalo... Yo soy feo

como los ruy-señores

que cultivan primor, lunas, luceros

en sures de limones.

Y los celos, carcoma de mi carne,

cáncer de mi madera,

¡qué cornada mortal contra tu sangre

tiraron cachicuerna!

Si al pie del agua azul fuiste violada,

ahora en la muerte roja,

y mucho más hermosa la distancia

de tu hermosura ahora.

¡Oh, qué proeza la de no guardarme,

oh bella de antemano,

tu corazón, la yema de tu sangre

que fue, a lo sumo, malo!

¡Oh, qué proeza la de no arrancarme

mi corazón de cuajo,

para, como una esquila palpitante,

a tu cuello colgarlo!...

Besando puertas voy, corriendo aldabas

contra el azahar, tu aliento,

y recordando un beso tan sin talla,

que no puedo jurar que te di un beso.


[95]

ELEGÍA AL NIÑO AHOGADO

Con los ojos abiertos bajo el agua,

nemorosas de verdes y tristeza,

te inquiero, segador de luz y peces.

Mordazas de cristal te puso el río,

chiquillo agamenón, mártir del baño,

cuando gritaste en medio de la muerte.

Te la tragaste a tu pesar: amarga

muerte en el dulce flujo que se marcha

en su persecución y de la orilla,

a pesar de los frenos del molino

a su tropel de rumbos diligentes

y del dogal del puente a su garganta.

Las cañas te alargaron su socorro

con hojas, material de tus barquillas,

pero tu espanto solo vio la muerte.

Luna de agua, cántaro de carne,

bella lombriz tu sexo, anzuelo inútil

picado por los peces, ya te subo.

¡Ay río, río! hermoso a la ventura,

gobernador de pompas sin gobierno,

¿qué diré, qué le diré a su madre?

¡Ay agua! acompasada de hermosuras,

que te buscas, halladas en cada curva,

cuerdas de los relojes de las norias.

¡Ay pez! ¡ay sapo! ¡ay onda! ¡ay ova! ¡ay margen!

cómplices a la fuerza, ¿qué decirle

a una madre de un crimen cristalino?

Sirenas en maillot cantan las ranas

de medio abajo agua, y por los dedos

lloran los pescadores hilo a hilo.

Como un alga olorosa, entre la arena

chorrea un sexo triste que pudiera

haber tenido colmos de minuto:

acordeón en flor, culebra ciega,

donde aún no había habido un solo pleno

no, una altivez fugaz, sí, un hijo en junto.

Le sobrará dolor, niño, a tu madre

todo el que a ti te falta en la mejilla,

playa donde se comba al sol tu sangre.

Ya no resultarán trinos exentos

de la persiana en flor, de los naranjos,

donde, colón, atropellabas mundos.

Frutas, granadas, senos coronados,

¿quién os redimirá de vuestro peso,

maldición regalada de la rama?

¿A qué mejor pastor encomendarla

este ascensor rebaño de cometas

que no lo conduzca al prado azul del hilo?

¡Ay río, río por tus afluentes,

playa de golfos, golfo fugitivo,

mantenedor en justas de verdura:

por ¡tanta! acción verdura cometida,

yéndote luz abajo para siempre,

¡así te lleve el mar! ¡así te ahogues!


[96]

ELEGÍA MEDIA DEL TORO

Aunque no amor, ni ciego, dios arquero,

te disparas de ti, si comunista,

vas al partido rojo del torero.

Heraldos anunciaron tu prevista

presencia, como anuncian a la aurora,

en cuanto la pidieron a la vista.

Tu presteza de Júpiter raptora,

europas cabalgadas acomete:

y a pesar de la que alzan picadora,

oposición de bríos y bonete,

tu inquiridor de sangre, hueso y remo,

«dolorosas» las hace de Albacete.

Una capa te imanta con su extremo,

y el que por un instante la batiera,

te vuelve con temor su polifemo.

Su miedo luminoso a la torera

salta, y por paladiones en anillo

solicita refugios de madera.

Invitación de palo y papelillo,

en los medios citándote, te apena

de colorines altos el morrillo.

Como tambor tu piel batida suena,

y tu pata anterior posterioriza

el desprecio rascado de la arena.

Por tu nobleza se musicaliza

el saturno del sol y piedra, en tanto

que tu rabo primero penas iza.

Gallardía de rubio y amaranto,

con la muerte en las manos larga y fina,

oculto su fulgor, visible al canto,

con tu rabia sus gracias origina:

¡cuántas manos se dan de bofetones

cuando la suya junta con tu esquina!

Arrodilla sus iluminaciones;

y mientras todos creen que es por valiente,

por lo bajo te pide mil perdones.

Suspenso tú, te mira por el lente

del acero, y confluye tu momento

de arrancar con su punta mortalmente.

Un datilado y blanco movimiento,

mancos pide un sentido y el azote,

al juez balcón de tu final sangriento.

Por el combo marfil de tu bigote,

te arrastran a segunda ejecutoria.

¡Entre el crimen airoso del capote,

para ti fue el dolor, para él la gloria!


[97]

ELEGÍA AL RUY-SEÑOR

¡Que mala luna Ruy,

que negra luna blanca!

De nada te valieron

salvavidas de alas.

La piedra, muerte dura,

tu cohete, tu palma,

aún su esplendor pronóstico,

aún pluma, aún pico, aún ansia,

aún tu emoción en vísperas,

quehacer de tu garganta,

sin transición, pasó

de la nada a la nada.

Se rompieron la prora

del trino enamorada.

Se han quedado viüdos

este canto del agua,

estos solares ¡álamos!

estas jóvenes canas.

Un pico, abril, ¡qué pico!

de belleza te falta.

Víctima de tu peso,

del suyo, una naranja

sopesaba tu canto,

como su flor, en cápsula,

pronto a ocupar el aire

de primicias sopranas

cuando te lo atajó

una crueldad muchacha.

Ahora te imitan muchos,

con pájaros que cantan,

soplados en el barro,

a fuerza de tinaja.

Ella, la Ruy-Señora,

tu novia, coronada

de azahar sobre tu cuerpo,

campo de su batalla,

batalla de sin plumas,

llora puras pestañas.

Nada colma el vacío

de tu trino y tu gracia:

tan solo tu recuerdo,

a veces lo propasa.

¡Ay, Ruy-Señor, quedaste

mudo cuando aún no hablabas,

pleno de tu función

tenora no emperada!

No has podido pasarte,

Ruy, sobre la granada,

de todos los frutales

eterna soberana,

malherida en la frente

como de un golpe de hacha.

No has visto aletear

el domingo de pascua,

¿no?, de resurrección

de la seda espulgada.

No has fabricado senos,

balcones, nidos, barcas,

para dar a tu quid,

calor, redondo, paja,

hasta desenlazarlo

en carne y hombre piadas.

Viüdas con mantilla

te liban la mirada,

moscardas, sí, relieves

bellos de tu garganta.

Abejorros, barítonas

de coro, de sotana,

en vano que confieses

piden a toda instancia.

Antígonas, hormigas

de negro encorsetadas

para guiarte, ciego

de muerte, te levantan,

si a fuerza, y no, de minero

no a la fuerza, y sí, de calma

por una senda, fuertes,

por los naranjos, ártica.

Ante el colmillo abierto

del trino, el pico, el asta,

ángeles lepidópteros

dudan bajos sus alas

en llevarse a las flores,

a los cielos tu alma.

¡Qué mala luna, Ruy,

qué negra luna blanca!


[98]

CANARIO

Émula pluma del Celeste Imperio,

relámpago en resumen que persiste,

bajo un agua de alambre, en cautiverio.

Tu precipitación, pajiza y triste,

oigo por unas gotas, de bolsillo

de plata, sostenida con alpiste:

un trino gibraltar como un cuchillo,

trapecista de caña, si extranjera

consecuencia del plátano amarillo.

Tu patria es un limón o una pera,

¡oh juan breva picudo y extrafino!,

con el azul fruncido en la cadera:

Tu guitarrón, de cuerdas, si de pino,

rasgado al revolar, sobrante, falto,

es la fija balanza de tu trino.

Tan estrecho tu trino, mas tan alto,

ahorcado en ese clavo de ese muro,

que ¡ay de aquel que pretenda dar un salto

desde su punta de limón maduro!


[99]
Yo quisiera, quisiera

yo quisiera ser pájaro:

el asiento de ramas,

y de plumas los brazos:

el quehacer de aire y nada,

y de pico los cánticos,

el amigo en el cielo

y el amor en el árbol.

Yo quisiera, quisiera

yo quisiera ser campo,

la cabeza de almendra,

los cabellos de esparto

el aliento de pinos

y los picos de sembrados,

el hablar de silencios

y de surcos los labios.


[100]
La luz se acuesta en los campos

en lechos de holanda fría

de los lilios inauguran

los álamos platerías

por donde pasan a veces

multimillonarias brisas

del Norte con esmeraldas,

con perlas del Mediodía.

Los pajaritos del aire

a pluma tendida trinan.

El río, cola de chino,

va entre dátiles y olivas.


[101]
Restituido al mundo aquel, perdura,

más alta en este mundo su evidencia,

el sol, sobre una airosa abreviatura:

Su pompa tornasol, blanca en su ausencia,

si en arzobispa al fin se desenlaza,

rosa al principio es, oro valencia.

El pueblo, ante la etíope amenazadora,

si celeste Guinea no invasora,

deponiendo el perfil, obvia la traza.

La piedra de los templos surtidora,

encima el viento en signo: la veleta,

de limón y cristiana, pasa a mora.

Una beldad, la más y más completa,

alienación de finos ascensores,

secante de allá, curva en su meta,

de aljofarar se abstiene con humores,

aires, altos, que luego baja estela

harán los polifemos posteriores.

Si su apresuramiento el vidrio cela,

su rumor lo bosqueja lazarillo,

y el cañar de sus rumbos lo abisela.

En el monte, de verde y amarillo,

medias suelas le pone la chumbera

al que aprieta las dientes y a un castillo.

Confusión de cristal la luna era:

mas de blanco su círculo se abasta,

a media leche aún, ubre vaquera.

Y cuajada al final, del todo casta,

pronunciando el lunar, neto el anillo,

latida de los guardias, peces pasta,

más largos al calor por el anillo.


[102]

HIGUERA

Árbol de arrope viudo y leche amarga:

bajo tus siestas, si hornos, alcabores,

¿quién hasta su cintura no se alegra?

Pámpano de postizos y picores,

como una mano azul, que fue concisa

falda de los adánicos rubores.

Tu ruido de almidón y de camisa,

sin un silbo serpientes nos levanta,

semejantes a plátanos de prisa.

Orinado de miel, tu fruto imanta

la oscura trinidad de mis faldones,

con ligereza tal, con luna tanta.

Al negro, acuchillado de renglones

blancos, cura, pidiendo van, fatales,

si leves, picadoras, confesiones.

Lo mismo que horas fúnebres e iguales,

el sol, ennegreciéndose, blandea,

hincha tus africanos genitales.

Pero cuando el otoño te rodea

y tu esclavitud libre desparrama,

que hacia su solución revolotea,

áncora vegetal, izas la rama.


[103]

MAR

Para partir cantó, cisne acerado,

barítona la voz, sobre medusa

la garganta, en el agua suelto vado.

Y como el barco se le escapa, usa

de su apresuramiento el mar, viajero

con los faldones fuera de la blusa.

Como el pez, una barca, en el estero,

sin su elemento muere, sin su azote,

sin desplegar su labio ventolero.

El horizonte azul, de bote en bote,

sobre altares de sal, dios de escarlata

al brote del sol alza, sacerdote.

Desde trillo a lo nuez, era a lo plata,

espiga a lo fugaz de escama y cola

el sembrador de cáñamo rescata:

su terrestre canción limo a la ola

brinda, si la madera que maneja

transitorios ormuces enarbola.

Albas sirve a las playas en bandeja

la de la perla crótalo, armadura,

por su hermosa arrugada, no por vieja.

Por defender su gloria, su blancura,

el mar empuña el blanco que origina

ciprés como navaja a la ventura.

La tierra su enemiga convecina,

donde el cangrejo va a colgar su peto,

dulcemente lo abraza y lo asesina.

... Frente a la barca, muerta sin objeto,

almendras sin verdores en la prora,

aquí, en la orilla, estoy, yo, barca, quieto,

de inquietudes de espuma ejecutora.


[104]

ÉGLOGA-menor

I

Aquí, sobre este estado de verdura,

vaivenes cereales, tumbos, olas,

¡ay!, trasplantar la mía que afarolas

carne de arquitectura,

a la zona mejor de tu hermosura.

¡Ay!, sobre este meneo

tan rebién malherido de amapolas

y luces tornasoles,

donde los caracoles,

siguiendo el curso de su seña cana,

cornudos en tartana,

justo zapato de su vida, veo,

el fiel plenilunar de mi deseo

remitir a tu vértice, hortelana.

Tu sonrisa no urbana,

tus tórtolas de luna, la armadura,

si de tu corazón, de tu blancura;

los tres solos lunares

en que la morenez de tu ascendiente

se resume en tu frente

y en tu carrillo albares;

tus ojos -promotores de zafiros,

el ormuz de tu boca, de tu oriente,

eclipsar plenamente...

Degollando suspiros,

plisando con mis pies, por estos suelos,

lógicos terciopelos,

campos propios para una dulce guerra,

me arranco de raíz de tu mirada,

ya que te niegas, terca, a ser rimada,

la cara en Dios y en mí, la cruz en tierra.

II

El río, regidor de resplandores,

te llega a las rodillas;

las arañas, venenos salteadores,

solicitando que a su sombra laves,

despliegan sus sombrillas.

Trabaja esas blancuras... Cuando acabes

de combatir ormuces transitorios,

momentos de abalorios

en campos de camisas,

y estas hagan los gestos de las brisas,

ahorcadas para el sol en una soga,

vendrás al nemoroso verde umbrío,

allí donde la noche se prorroga,

horticultora del amor, del mío.

Allí, con la escalera

justa de su beldad, huesudos oros

te alcanzaré por troncos sin madera;

los arropes medoros

y la canaria isla de la pera.

-¡Qué lunares! tu falda de azahares.

¡Qué enojarse! de escarcha tu belleza,

que un golpe de momentos ejemplares,

por otro más hermoso lo reveza-.

Y mientras de los grillos el meneo,

voladores relojes de cabeza,

de su tictac en corros,

al compás de los pulsos del deseo,

y precintan cañutos abejorros,

abocado a los chorros

de tus trenzas de higo,

allí me dejarás que te suceda.

Te besaré con seda,

me mirarás con rosas, blancas digo,

y nuestro amor alumbrarán candiles

allá, luego, en la choza circunfleja

con la hierba en el sitio de la teja,

donde crecen colgados perejiles,

y los gusanos, mis mayores bienes,

su afán de lujo dejan en rehenes.


[105]

SIESTA-mayor

Todo es ya horizontal, menos la penca:

escalonada parte

para subir a un todo de palmera,

si guía de levantes.

Y triunfo de horizonte. Y la gobierna:

equilibrando cielos

-cielos sin golondrinas, una vuelta

última busca el hierro...

Pero no llega a dar en su balanza

el viento que merece.

¡Cuán lejos! brinda el río al cuerpo el agua,

el baño que requiere.

En el pico la asfixia, no el primor,

mata al ave en la siesta:

la desnudez del hijo, aunque en su pro,

no puede, obra, vencerla.

Se dirigen los higos a su luto,

a su pintado arrope;

busca el suyo sonámbulo y ceñudo

el abejorro, torpe.

Las raíces del árbol van más lejos

por humedad del tronco;

cubre la hoja, requiriendo fresco,

con otra su contorno.

¡Qué temor! de que cante, por si explota,

y canta, la cigarra;

si anula el sol la nube, transitoria

le pone una mordaza.

Transitoria no más; y da al oído

momentáneas sorderas:

un silencio de horror hierve encendido

entre élitro y oreja.

Contra el sol que, si pronto la corona

el miembro real le extirpa

antes, eriza luz, dispone en tropas

la chumbera la espina.

No hay viento que divorcie en las horquetas

el trigo de la paja,

y la parte del todo más ligera

aún resulta pesada.

Persisten en su unión espiga y tallo,

a pesar de los trillos:

la unidad refulgente ha prorrogado,

hasta después, su idilio.

Con diez horas de fuego concentradas

en su altura difícil,

cumple hoy la cumbre su promesa en ascuas

de que nadie la pise.

Abre la almendra su pomposa vista

de seco terciopelo,

llena de oro picado, molde encinta

de un regalado cuerpo.

El que es sólido suyo los aljibes

al resol han subido,

para que no corrompa el sol ni quite

profundidad al líquido.

En los estercoleros las gallinas,

para un pico que acecha,

separan a dos patas inmundicias

bajo un ufano alerta.

Se dilatan los perros y los cuerpos

con fe de acordeones.

El azahar que originó el destiempo

nace y muere de un golpe.

Menos las de los poros, toda puerta

ante la luz cerrada;

mas las maderas filtran su presencia,

en la rendija espada.

Archipiélago de ámbar en los nudos.

En mi huerto, el canario

triplica el amarillo de los muros

con la pluma y el canto.

Entre las cerraduras permanecen

¡solo las llaves! frescas:

desposorios del hierro sin simiente,

conjunciones domésticas.

Cumple la jarra su misión de tórtola

cantando en arco al aire.

... Ocupadas están todas las sombras,

menos la de mi carne.


[106]

VENUS-marítima

A la umbría murciana de tus venas,

por el sol que te dio sin cobertura,

sestea y anochece tu hermosura

ya superior jornal de las arenas.

Trimestre de esplendor el mar, estrellas,

y parcelas tus miembros su frescura,

sus tránsitos y tracas de blancura

inquiridora en partes macarenas.

Archipiélago neto de lunares,

accidentando está tus moreneces

con ínsulas de gracia por vencerlas...

Por fin, venus terrestre, entre millares

de peces lorigados aconteces,

concha plisada: y no, falda de perlas.


Para mis dos amigos esposos
Carmen y Antonio, yo.

MIGUEL



[107]

ODA-al minero burlona

Cuando quiero, minero, te transito,

uva te pisoteo;

todo el mundo te huella sin que un grito,

profundo esclavo y reo

de la roca, te arranque un mal deseo.

¿No es llegado, subhombre, todavía

el trance de la hora

en que tu carne injerta en etiopía,

como moral aurora,

renazca redimida y redentora?

¡Bajo todas las plantas! genuflexo

y ni odio manifiestas:

¿dónde? tu macho está, ¿dónde? tu sexo...

Sal de las piedras estas;

¡álzate en vilo, erígete en protestas!

O toma, acepta del verdor del prado

tan solo las raíces,

patrón de muerto, indicio de enterrado,

aprendiz de aprendices,

y cállate, por ti, si nada dices.

Ahí te envío, por boca de un correo

de cubos terrenales,

la luz que ha de impedirte ser guineo

entre los minerales

y el amor troglodita de las cales.

Sigue segando, hornero del trabajo

y mártir de la mina,

más que los buzos y la hormiga bajo;

más que la misma ruina

humana, maloliente y serpentina.

Tu subterráneo amor pide tu hembra,

sola en el mondo lecho,

ayer, fértil y más, campo de siembra,

hoy, surco insatisfecho,

espera deseosa de barbecho.

Solicita recónditos terrenos

como la lagartija,

hasta que incapaciten los barrenos

el abrazo, y la lija

del beso lejos de la sangre hija.

¡Qué destino! de topo barrenero,

de gusano ¡qué suerte!

Cava tu tumba más, sepulturero,

productiva, hasta hacerte

mineral laborable de tu muerte.


[108]
El bosque, aquella racha

de verde veterano,

depende de la lima de esta hacha

esclava de mi mano.

Poda que poda: poda

que poda podaste: voy

esclareciendo, iluminando toda

la espesura en que estoy.

Los bueyes acreciento

menoscabada umbría:

cambio la voz, la dirección del viento

y la fisonomía

del mundo mío: todo

su gesto transtornado.

Poda que poda poco a poco, podo

un retiro arbolado.

Dejo un lugar vacío

decanta hachazo rudo

pasa el lugar y la expansión del pío

que quiero desnudo.

Dejo un silencio grave

y un trozo más de cielo

para que tenga más peligro, el ave

capacidad de vuelo

por todo el aire y dejo

cuando el hacha es blandida

un resplandor de solitario espejo

sobre una tierna herida.

¡Ay! Como sangra y mana

arbusto, tu costado

mientras recoge dulce la mañana

el silbo vulnerado.


[109]
Un espacio de vacas y de ejes,

por la senda que abreva en una casa

su blancura y en otra la desagua,

desciende.

El río, regidor de claridades,

pica luz, calza sones, cañas juega,

si frena en los previstos que inespera

virajes.

Dando a la arena vueltas, una plaza,

como a la playa el mar, espera el día

fatal para el cornado, concurrida

de gradas.

Aquel trabajo agrario solo es visto

cuando la azada alumbra su estornudo:

con orín celestial, vacíos de lujo,

el lilio.

Huertos: los frutos, solo imaginarios,

fusta, con el olor, la lejanía,

incógnitos los gallos cantan: Guía

de Patios.

Hoy entre la pausa de dos montes:

no se ve, mas emite por sus cielos

presos, libres, a veces blancos, negros

pregones.

Entre palmas depuesto el aleteo,

comisiones de pluma, que requieren

palmas desde balcones siempre verdes,

se esplugan.

El ocio agitando las torres,

oso que baila si el cordel le ayuda,

aguarda formular diez veces y una

las once.

Y angélica la hora, el flujo ataja

del negro acelerado de un medoro

cuyo turbante gris, en los remotos,

lo salva.


[110]

HUERTO-mío

Del monte en la ladera...


FRAY LUIS



Paraíso local, creación postrera,

si breve de mi casa;

sitiado abril, tapiada primavera,

donde mi vida pasa

calmándole la sed cuando le abrasa.

Yo, dios y adán, que lo cultivo y riego,

por mi mano y conducto,

de frescor artesiano, su sosiego

recojo, su producto,

sus dádivas de miel en usufructo.

De su interior de hojas, por sorpresa,

bien logré esta mañana

el chorro de la luz primera y tiesa,

de la cigarra hispana,

y una breva a lo bolsa luto y grana.

Adán por afición, aunque sin eva,

hojeo aquí mis horas,

viendo al verde limón cómo releva

de amarillo sus proras,

y al higo verde hacer obras medoras.

Aquí los venenosos perejiles

extreman sus caireles,

parejos al azul de los astiles

de los altos claveles,

espigas injertadas en pinceles.

Mi carne, contra el tronco, se apodera,

en la siesta del día,

de la vida, del peso de la higuera,

¡tanto!, que se diría,

al divorciarlas, que es de carne mía.

Propósitos de cánticos y aves

celan las frondas, nidos.

Entre las hojas brotan nubes, naves,

espacios reducidos

que a ¡cuánto amor! elevan mis sentidos.

La hoja bien detallada por el cielo,

y el cielo por la hoja,

surten de gracia y paz el aire en celo,

que cuando se le antoja

arrecia ramas, luz de cielo afloja.

Para acallar el grito del deseo,

del sitio donde yerra,

el fruto chino, el árabe y guineo,

da suicidado en tierra,

creciendo en paz y madurando en guerra.

Oigo cómo se azuzan los corrales

los cantos de sus gallos.

Geranios, por lo rojos, criminales,

demuestran en sus tallos

que son de aquellos émulos, vasallos.

El canario, en la tapia, gargantea

la isla de que procede:

en la púa que al trino, cirinea,

ayuda le concede,

quiere callar limón, pero no puede.

Aquí le doy, para que cante fino,

corazón de lechuga

-¡qué ensalada! de alpiste, troncho y trino.

Y mientras tanto arruga

la frente al fruto tanta luz verduga.


[111]

DÁTILES-y gloria

Proyectiles de oriámbar

a guerra de deseo.

Exento de su ambiente,

deleite con sombrero,

archivo, sobre causa,

del más esbelto efecto,

el hueso cae: parábola

del femenino sexo.

Dátiles: altos bienes,

declinación del cielo.

Troncos, no de madera,

de equilibrio perfecto,

sus cinturas prorrogan

hasta el último viento;

comban tribulaciones,

puntas, y no, de acero,

puestas, para ser luz,

a oscuro tratamiento,

si con rigor de esparto,

con intención de templo.

-¡Tientas! de claridades:

¡regidas por los dedos,

irán una mañana

hasta abriles idénticos,

soles clarificando

con sus desasosiegos!-

Regalos de la altura

a la mía los llevo.

¡Tanta! categoría,

¡tanta! talla tuvieron

¿para qué?... Los ensarto,

bala a bala, en mi cuerpo,

para quedar en tierra

¡qué vilmente depuestos!


[112]

LAGARTO-real

La libre estalactita

que la sierra produjo,

puñalada mollar de abril en flujo,

su esplendor rubricando troglodita,

agilidad, renglón, desliz de lujo,

sol para su buen curso solicita.

A su vista, la fuga sobreescrita,

malicia de color en ejercicio,

que a destino de polvo y de presura

condenó en su principio la Escritura,

anillado temor se desenlaza,

mientras el verde indicio

de río, cocodrilo en miniatura,

sí, transitoria luz no de artificio,

el resumen lineal de un lejos traza.

Cuerpo de lentejuelas y rocío,

comisario montés de los belmontes,

eterno verde envío,

hacia la primavera, de los montes.

Con su presteza repujada, como

una emisión sutil de acero y brusca,

inventando el color, aquella busca

necesidad de sol sobre su lomo.

Veleta, girasol que tornasola,

los rumbos de la luz, en sí tan rica,

precisamente indica

el índice miniado de su cola

veneno, de tal suerte

activo que, partido, aún se enarbola

volatín de su vida, con su muerte.


[113]

ABEJA-y flor

(Enero)

Ya el almendro temprano,

testimonio primero

del abril, si no agente,

pone puros reparos al enero,

ilustrado de cano.

La abeja

FLOR: dichoso accidente.

en el que el fruto, al fin, vivo resulta:

¡hacia el verde en su neta anatomía,

zumbona traslación, voy de consulta!

La flor-de almendro

¡Ay, consultora mía!:

angélica de aquel convaleciente,

de blanco acuchillado, sí, medoro

y espirado de oro,

que tú restañas, digo

del canónigo arrope, no del higo;

tu rubio trato quiero,

para entablar contigo

polémicas que en néctar desenlazas

-antes que instigue el fruto mis deslices

metiendo terciopelos como bazas,

ni se declare marzo mi heredero-;

para poner a todo lo que dices,

con pañuelos de olor, suaves mordazas.

Rico elemento obrero,

bien que sosiego activo;

visita mi enmelado abrevadero,

¡ay!, que en cápsulas loro me derivo.

Si liberal de son, de ti mezquina,

sal de tus numeradas posesiones,

retiro de trabajo y disciplina,

donde rondas, guardiana, a la defensa

de aquella plural mina

a derretirse al sol mayor propensa,

y no, por los de pino paladiones;

con la emisión atrás de tu garrocha,

en cuyas sustracciones,

aunque justicia mocha

y ligero castigo,

doctor eres fatal del enemigo,

pues das, al recetar, para su herida,

tu dulce medicina con tu vida.

Incorrección de luz, libre alquitara

donde tiene la cera su manida;

exenta del romero tu vecino,

azul en salpicón, cielo extrafino,

mi lunada ocasión aguija y tara,

mientras en ella yo le contribuyo,

con moneda de miel, al pico tuyo.

La abeja

Supero lo que bebo en lo que orino.

Tribulación, recado, desatino

de oro, si bagaje,

si de pelusa, comisión y zumbo,

encuentra en ti mi rumbo

el término feliz de su viaje.

Pájaro orinador de orín divino,

gesto, salvoconducto

de la cera y la miel, útil desvío,

a, con inacabables advertencias,

violador de rivales inocencias,

sacándoles producto.

De pétalos un poco de aire pío,

hace grandes descuentos,

sobre los fundamentos

del abril anteriores;

abastando en los blancos testamentos

sus deslices factores,

cursa a candor, o miel, o cera, o flores.


[114]

EXEQUIAS-a mi canario

Trino mollar de ruy-señor tenías,

flor de chumbo sonora;

trino mollar de ruy-señor tenías,

y tu visión del mundo era redonda.

Enfermo, de la Isla, habías venido

del plátano a mi casa;

¡pobre! canario mío,

que no eras mío, que eras de mi hermana.

Por ponerte a los soles morenico,

yo te sacaba al patio:

pendiendo de los clavos como Cristo,

tú siempre estabas pálido.

Y no he podido verte la agonía...

De tu muerte molesto,

la arrojó en su color la madre mía,

relámpago sereno.

Otro poeta menos: ¡por fin! libre

de esclavitudes tantas.

Sola y monda, sin ti, la jaula insiste

en su actitud cerrada.

El agua de la taza sin tus sedes,

el alpiste sin tu hambre,

la caña sin tu brinco: alambres jueces,

guardáis, ¿qué libertades?...

Adiós, canario flauta; la alegría

de Miguel, de la casa,

dice mi hermana que eras con tu vida

de soles emplumada.

Algún toque de amor o de deseo

te ha llevado a tu esquema:

de amor por mí rompiste contra el hierro

tu gana de amor presa.

De amor por mí, personas: Sí: reíros,

de amor por mí se ha muerto.

Por mí los limoneros son, pajizos,

canarieras de ejemplos.

Cayó a una tumba eléctrica tu trino:

a la afición de un gato.

Por cabecera tienes un maullido,

por epitafio un rabo.


[115]

CITACIÓN-fatal

Se citaron las dos para en la plaza

tal día, y a tal hora, y en tal suerte:

una vida de muerte

y una muerte de raza.

Dentro del ruedo, un sol que daba pena,

se hacía más redondo y amarillo

en la inquietud inmóvil de la arena

con Dios alrededor, perfecto anillo.

Fuera, arriba, en el palco y en la grada,

deseos con mantillas.

Salió la muerte astada,

palco de banderillas.

(Había hecho antes,

a lo sutil, lo primoroso y fino,

el clarín sus galleos más brillantes,

verdadera y fatalmente divino.)

Vino la muerte del chiquero: vino

de la valla, de Dios, hasta su encuentro

la vida entre la luz, su indumentaria;

y las dos se pararon en el centro,

ante la una mortal, la otra estatuaria.

Comenzó el juego, expuesto

por una y otra parte...

La vida se libraba, ¡con qué gesto!,

de morir, ¡con qué arte!

Pero una vez -había de ser una-,

es copada la vida por la muerte,

y se desafortuna

la burla, y en tragedia se convierte.

Morir es una suerte

como vivir: ¡de qué!, ¡de qué manera!

supiste ejecutarla y el berrendo.

Tu muerte fue vivida a la torera,

lo mismo que tu vida fue muriendo.

No: a ti no te distrajo,

el tendido vicioso e iracundo,

el difícil trabajo

de ir a Dios por la muerte y por el mundo.

Tu atención solo han sido toro y ruedo,

tu vocación el cuerno fulminante.

Con el valor sublime de tu miedo,

el valor más gigante,

la esperabas de mármol elegante.

Te dedicaste al hueso más avieso,

que te ha dejado a ti en el puro hueso,

y eres el colmo ya de la finura.

Mas ¿qué importa? que acabes... ¿No acabamos?

todos, aquí, criatura,

allí en el sitio donde Todo empieza.

Total, total, ¡total!: di: ¿no tocamos?

a muerte, a infierno, a gloria por cabeza.

Quisiera yo, Mejías,

a quien el hueso y cuerno

ha hecho estatua, callado, paz, eterno,

esperar y mirar, cual tú solías,

a la muerte: ¡de cara!,

con un valor que era temor interno

de que no te matara.

Quisiera el desgobierno

de la carne, vidriera delicada,

la manifestación del hueso fuerte.

Estoy queriendo, y temo la cornada

de tu momento, muerte.

Espero, a pie parado,

el ser, cuando Dios quiera, despenado,

con la vida de miedo medio muerta.

Que en ese cuando, amigo,

alguien diga por mí lo que yo digo

por ti con voz serena que aparento:

San Pedro, ¡abre! la puerta:

abre los brazos, Dios, y ¡dale! asiento.


[116]

INVIERNO-puro

(Diciembre)

Ya verdeció en el surco el pan temprano,

que el labrador sembró sobre Castilla

con un vuelo gracioso de su mano.

Su condición de débil y amarilla

ya suele revelar el pan tardío,

el perfil superando de la arcilla.

Tienta a lluvias el campo al tiempo umbrío,

que en la tentación cae copiosamente

doloroso y cruel de puro frío.

¡Oh, qué puro dolor para mi frente,

harta ¡tanto! del fuego sanjuanero

que me hacía pecar a lo frecuente!

Frío, fríos, refríos fríos quiero:

dolor, helor, temblor, ¡ay! solicito:

temblar, cuerda templada por enero,

mano de Dios... Santelmo, oye mi grito;

a ti, patrón del aire, te lo cuento:

viento que mandes, viento que te admito.

¡Ay, promotor del estremecimiento!:

¡Ay viento-viento de por la mañana,

viento de por la tarde!: ¡ay viento-viento!

Me da el viento, Señor, me da una gana

el viento de volar, de hacerme ave

de lo más viva, de lo más lejana...

Me toma un viento lento, un viento suave,

y ¡ay! me deja en el sitio en que me toma

por demasiado pecador y grave.

Ya el castillo del árbol se desploma

poco a poco, hoja a hoja, nido a nido,

y el esqueleto vegetal asoma.

¡Qué mondez! Lo engañoso derretido,

ya triunfa la verdad, vástago eterno,

la savia muerta y el vigor caído.

A la hoja mujeril, varón invierno

persuadió a descender de su eminencia

con un aire insistente y boquitierno.

Opuso aquella alguna resistencia,

pero, mujer al fin, cayó en el vuelo

de una serena luz sin competencia.

Anda el alma en un hilo de desvelo

por esta luz vacante en tanta hora,

pasturando cometa, frío y cielo.


[117]

INVIERNO-puro

(Enero)

¡Con qué graciosidad va la esquiadora,

angélica y montés, por una nieve

surcada como tierra labradora!

¡Con qué velocidad! ¿Cómo se atreve

a tanto un pie que, si no miente, pesa?

¿Es que la gravedad se ha vuelto leve?

Saltea, baja, sube y sube: cesa

de saltear, subir, bajar, y manda,

sobre la pechiabierta paz montesa,

su ímpetu, su cuerpo, su volanda,

a un vacío, a un sinfín, a un salto, a un viento

que le pone de punta la bufanda.

Un exquisito verde ceniciento

y un delicado blanco casi oscuro

componen los azules del momento.

¡Qué puro que no soy, ¡ay Dios!, qué puro

que ni fui ni seré, ¡ay!, ser quisiera,

y qué poco lo quiero y lo procuro!

Vendrá otra vez -¡qué voy!- la Primavera

a darnos un pecado en una rosa,

y al cabo de su sol seré yo cera.

La alegría del frío dolorosa

se volverá tristeza... -¡qué alegría!-

a formular mi pensamiento osa.

Este afán de pureza, esta osadía

de querer levantarme, y esta gana,

se tornará terrena cobardía.

Mi ilustre soledad de esquila y lana

de hoy, ha de hacer viciosas amistades

con el higo, la pruna y la manzana.

¡Adiós, secreto de mis soledades!

¡Adiós mi voluntad y continencia!

¡Adiós Miguel el de las tempestades

con tu carne, tu alma y tu conciencia!

Evitaré, Señor, tu azul persona,

que dolencia quitó quien puso ausencia.


[118]

INVIERNO-puro

(Febrero)

Ya lo puro se ablanda y desmorona,

y... ¡silencio!... ¿Es espíritu callado?

¿Es Dios? Sí. La Verdad no es respondona.

El vidrio, el sol, aquel verde sembrado,

ante la luz, de trigo transparente,

y la Verdad, no tienen más que un lado:

el silencio de Dios, más elocuente

que todo el idioma con que doro

tanta verdad como mi lengua miente.

Hablar: ¡hablar!... ¡Qué condición de loro!

Callaré un poco y miraré la altura,

a ver si en el silencio -¡chis!- mejoro

de condición, de estado, de criatura.


[119]

MAR-profundo y superficial

(Ondas)

La medida de tu hondura

tu superficie la marca

con una ambición: la barca,

propensa a la desventura.

Inclusive en tu hermosura,

exclusividades rondas.

Altas alusiones, ondas,

productos de tus vaivenes,

hacen que luzcan rehenes

y libertades escondas.

(Espumas y conchas)

Lo oculto de tu presencia

eleva su nada al bulto:

lo presente de lo oculto

desciende a la inexistencia.

¡Oh sigilosa evidencia,

sobre secreto patente!

Y la espuma, pompa agente

de la pompa submarina,

con ¡cuánta! admirable ruina

arma las playas de Oriente.

(Sales y espumas)

Se ve lo menor del mar:

su verdad mayor, secreta

-menos en el salinar

donde tumbas interpreta.

La dispersión, recoleta

y en situación de figura,

consolida la blancura

a la ventura naviera,

mármol para el sol y cera

para la temperatura.


[120]

ALABANZA DEL ÁRBOL

Imposible sin ti primavera

los verdes paraísos terrenales.

Solicitud y celo maternales

requiere tu carrera.

Tu producto y tu sombra remunera

el trabajo del cuido:

alta compensación, defensa umbría,

abogado fornido

del frescor en lo estivo empedernido.

Corpulencia de Dios, sobre alegría,

ocupas de verdor la geografía,

robusteces el viento,

y a su corriente muda

imprimes voz, acento,

palabra de los cielos.

Naces con voluntad, no con ayuda,

vienes de Dios y a Él surten tus anhelos.

La soledad tu vegetal criatura

acompaña y procura;

entibia el sol, depura el cielo ambiente,

hace habitable la temperatura

de maneras peores:

en la copa la luz más reluciente,

en lo interior más dulces sus ardores.

Debajo de tu amparo creosotado

las batallas son paces,

el trabajo sosiego sosegado.

Agrupas a los hombres y los haces

hermanos en tu umbría.

La rotación del fruto, la alegría

del pájaro fomentas

y el bienestar y la salud de paso.

Si el aire tú no avientas,

si no estás tú en el aire de consuno,

sin movimiento alguno

se queda el aire, raso.

Tienes fisonomía y sentimiento;

el sol te da tristeza

y las aguas contento.

¡Cúmulo de riqueza!

En ti se asiste el agigantamiento

del tiempo y del paisaje.

Le diré al que te impide y te vulnera

¿qué maldición?, ¿qué ultraje?

La inquisición obrera

está quemando, mártir de madera,

lo hermoso de tu vida;

¡qué imposibilidad ya de los abriles!

Te maltratan los viles

y tú, Dios, los perfumas.

¿Dónde pondrán su vuelo y su manida

las brisas y las plumas?

¡Pobre júbilo umbrío!

Quid de los huertos y los panoramas;

te perniquiebra el hacha con su frío,

con su calor las llamas.

Bautistas ya las ramas,

ya es poda los espacios forestales,

las savias manantiales,

por las frescas matrices

que abren ira y acero en la corteza,

interrumpen la acción de los frutales

y la circulación de las raíces.

El árbol está hecho

para ocupar el mundo de provecho,

como el viento la rama de cantares.

Un bosque nos revela e incorpora,

¡oh soledad sonora!

la majestad de Dios y de los mares.

Hermano y campesino,

hay que extender la encina,

que propagar el pino,

fresco en el campo, ardiente en la cocina.

Vuelve a la educación del arbolado,

a la repoblación de la campaña.

¡Pódame un miembro a mí, pero no al prado!

Espúlgale alternado

el racimo y el piojo.

Cauteriza y restaña

con barro sus heridas del gorgojo.

En nombre de los bosques, yo maldigo

a quien toma venganza, árbol, contigo.


[121]

PRIMERA LAMENTACIÓN-de la carne

Copada por el sol la nieve novia,

      caudal como estos ojos,

activa su ilustrísima victoria

      montes, torna su ocio.

El sol ya panifica soledades:

      su luz es ya membruda.

Y yo me altero ya bajo mi carne,

      bajo su dictadura.

A punto de ser flor y no ser nada

      está tu flor, almendra;

en amor, concibiendo la enramada,

      la madre de la tierra.

No seas, Primavera: ¡no! te acerques,

      ¡quédate! en alma, almendro:

sed tan solo un propósito de verdes,

      de ser verdes sin serlo.

¿Por qué? os marcháis, espirituales fríos,

      eneros virtuosos,

donde mis fuegos imposibilito

      y sereno mis ojos.

¡Conflicto! de mi cuerpo enamorado,

      lepanto de mi sangre...

Solo puede haber peces y descansos

      donde no hay carne, ¡ay carne!

Malaganas me ganan, con meneos

      y aumentos de pecados;

me corrijo intenciones y deseos

      en vano, en vano, en vano.

Discurre el pensamiento a todas horas

      lo que a ti se te ocurre,

carne llena de infamias amorosas,

      déjame que me escuche.

Lo que quieren mis ojos y mis dedos,

      no es lo que me apetece.

Por no darte más carne, te doy juegos,

      me doy más vida, ¡oh Muerte!

¡Oh Muerte!, ¡oh inmortal almendro! cano:

      mondo, pero florido,

sálvame de mi cuerpo y sus pecados,

      mi tormento y mi alivio.

La desgracia del mundo, mi desgracia

      entre los dedos tengo,

¡oh carne de orinar!, activa y mala,

      que haciéndome estás bueno.


[122]

DEL AY AL AY-por el ay

Hijo soy del ay, mi hijo,

hijo de su padre amargo.

En un ay fui concebido

y en un ay fui engendrado.

Dolor de macho y de hembra

frente al uno el otro: ambos.

En un ay puse a mi madre

el vientre disparatado:

iba la pobre -¡ay, qué peso!-

con mi bulto suspirando.

-¡Ay, que voy a malparir!

¡Ay, que voy a malograrlo!

¡Ay, que me apetece esto!

¡Ay, que aquello será malo!

¡Ay, que me duele la madre!

¡Ay, que no puedo llevarlo!

¡Ay, que se me rompe él dentro,

ay, que él afuera! ¡Ay, que paro!

En un ay nací: en un ay

y en un ay, ¡ay!, fui criado.

-¡Ay, que me arranca los pechos

a pellizcos y a bocados!

¡Ay, que me deja sin sangre!

¡Ay, que me quiebra los brazos!

¡Ay, que mi amor y mi vida

se quedan sin leche, exhaustos!

¡Ay, que enferma! ¡Ay, que suspira!

¡Ay, que me sale contrario!

Del ay al ay, por el ay,

a un ay eterno he llegado.

Vivo en un ay, y en un ay

moriré cuando haga caso

de la tierra que me lleva

del ay al ay trasladado.

¡Ay!, dirá, solo, mi huerto;

¡ay!, llorarán mis hermanos;

¡ay!, gritarán mis amigos,

y ¡ay!, también, cortado, el árbol

que ha de remitir mi caja,

ya tal vez sobre lo alto,

ya tal vez bajo los filos

del hacha fiera en la mano.

El mundo me duele: ¡ay!

Me duele el vicio, y me paso

las horas de la virtud

con un ay entre los labios.

¡Ay, qué angustia! ¡Ay, qué dolor

de cielos, mares y campos;

de flores, montes y nieves;

de ríos, voces y pájaros!

Por palicos y canicas

¡ay!, me veo sustentado.

El lilio no me hace señas

¡ay!, con su pañuelito cano.

Las pitas no me defienden,

con sus espadones áridos,

del demonio. Las palmeras

no me quieren hacer alto

por más que viva a la sombra

de estrella de sus palacios.

No me pone la naranja

el ojo redondo y claro,

ni con sus luces porosas

el limón el gusto amargo.

Y ¡adiós!, el aire me dice

cuando pasa por mi lado.

La inmovilidad del monte

no lleva mi sangre al paro,

ni hacia los cielos me tiran

honda ruda y puro raso,

y tengo la carne siempre

pechiabierta a los pecados.

Sucias rachas tumban todas

las cometas que levanto,

y todos los ruy-señores

esquivos y solitarios

se burlan de ver mis sitios

malamente acompañados.

¡Ay!, todo me duele: todo:

¡Ay!, lo divino y lo humano.

Silbo para consolar

mi dolor a lo canario.

y a lo ruy-señor, y el silbo,

¡ay!, me sale vulnerado.


[123]

SILENCIO-divino

Silencio. Silencio.

La creación y el cielo...

-¡Qué copulativa

esa y de enmedio!-

Dios me ha dado un mundo.

Pero, ¿cómo? Hecho.

Pero, ¿cuándo? Ahora.

Pero, ¿qué? Silencio.

Silencio. Pregunto:

¡habla!... Nada: viento:

un va-y-ven de frío

sobre cerca y lejos.

Pero ¿tu elocuencia

no es más que silencio,

Dios de lo creado?

Tiemblo. Peno. Espero.

De repente -¡luces!-

caigo, pablo, ciego.

¡Señor, cállate!

Calla en todo tiempo.

No te justifiques,

no digas tu verbo.

Cuando te pregunten

pilatos pequeños

que ¿qué es la verdad?

calla verdadero.

¿Para qué palabras?

Bastan los ejemplos.

¿Para qué tus causas,

tus porqués, tus peros,

tus cómos y cuándos,

mundo, si ya tengo

toda la verdad

en todo el objeto?

Silencio. ¡Que hable!

Idioma pleno.

¡Oh silencio! Alma

de las cosas, cuerpos.

¡Oh pentecostés

de lenguas de fuego!

¿Pregunto?... Respondes,

mi Dios, en silencio.


[124]

SILENCIO-broncíneo

El silencio estaba

entre dos campanas.

... Y lo hizo hablar

la misa del alba.

¿Quién le respondió?

¡Sola la sotana

del cura llevándose

lo nocturno a rastras

detrás del manteo!

¡Qué sola avanzaba

al templo final

la calle, la plaza,

la soledad, todo,

y la acompañaba

un bulto dorado

de sombra y de nada!

Vibraba el silencio,

y se reiteraba

su mudez. El pueblo

seguía en la cama

con sus apetitos

llenos de palabras:

¡qué bien al deseo

la respuesta daba!

Pero ¿a Dios? Silencio

entre dos campanas.


[125]

SILENCIO-amoroso

¿Sí o no? Silencio.

¿Esa es tu respuesta?

¿Tu silencio afirma?

¿Sí? Silencio. ¿Niega?

¿No? Silencio. ¿Duda?

¿Qué? Silencio: tiembla:

bulle, cuando callo,

entre cuatro orejas.

Pero... ¡dime algo!:

más silencio. Pesa

como una granada

medio pechiabierta,

medio casi harta

de ser aún materia

del viento, de estar

tiembla que te tiembla,

entre fronda y fronda

casi medio muerta

de risa, de oriámbar

la bocaza llena.

Medio casi hablas,

pero callas. Pueblas

tu voz de palabras,

pero cuando apenas

vas a pronunciarlas,

haces penitencia

de silencio, muda,

te arrepientes, piedra.

Pendo del silencio

tuyo, como esa

araña colgante

pende de su tela.

¿Sí o no? Responde.

¿Sí? ¿No? ¿Sí? Contesta.

Temes, ¿qué peligros?

Ninguno te acecha.

Lo que es peligroso

en una pareja

de amor, es callar,

porque sin la lengua,

discurre la carne,

poliglota terca.

Silencio. ¿Sí o no?

¿Sí? ¿Ya?... ¡Qué tristeza!


[126]

EL CIELO MANANTIAL

Después de un golpe de agua necesario

al pan que avaloró la barbechera,

en una principiante primavera

el mundo vuelve al día originario.

Un religioso aroma de incensario

hace la rama, el surco y la ladera,

y es la vida más dulce que una pera,

y todo crece más que de ordinario.

Gotea el aire miel y mansedumbre,

y el ojo del pastor y el campesino

despeja a gozos su visión sombría.

¡Qué esbelta y renovada está la cumbre!

El cielo, amor, el cielo nos previno

para después de un llanto una alegría.


[127]

ROSA

La víctima del verde terciopelo,

flor de almendro y pronóstico de aurora,

fue, anticipando al tuyo su antecielo

pureza de la tuya precursora.

Valioso documento de una hora,

besos significando en tu revuelo,

hacia tu punto vas de caramelo,

a lo cohete bello sin demora.

Provocadas tus gracias sublunares

lo por la pura ocurrencia de la gloria,

filigrana de miel tu estado mina;

y tus miembros depones ejemplares,

en la flor de tu edad, ¡qué transitoria!,

sobre la retaguardia de la espina.


2. POEMAS PUBLICADOS EN EL GALLO CRISIS Y SILBOS

[128]

ECLIPSE-celestial

Una nube, redondo y puro obstáculo,

para mirarte encuentro:

sin errores de gallos,

eclipse de los cielos.

Tu luz en una umbría de blancura:

los que ven, no te vemos:

mucho mejor, a oscuras,

¡la fe!, te ven los ciegos.

Tú, con naturaleza de semilla,

reducido a la mano,

Transformado en harina,

Transpuesto, Transplantado.

En tan escaso medio tu abundancia,

en tan mezquino círculo:

en su materia blanca,

haces deiforme el trigo.

Noche de Ti, con mengua de tu bulto:

¡victoria de lo plano!

Dios, para nuestro uso,

por el polvo ilustrado.

Cereal geometría de la tierra

la celeste sustancia,

oculta su presencia

en una sombra blanca.

¿Cómo tienes, bajeza de la espiga,

Mi No Sé Qué en tu sitio?...

Enigma, enigma: ¡enigma!

descubierto, escondido.

-¡Oh sacerdote; danos, puro, Aquello,

favor de sí otorgado!

¿Guardas, fiel, el Secreto

que mantienen tus manos?


[129]

PROFECÍA-sobre el campesino

Tú no eres tú, mi hermano y campesino;

tú eres nadie y tu ira, facultada

de manejables arcos acerados.

A tu manera faltas sosegada,

a tu amor y destino,

veterana asistencia de los prados.

Cornalón por la hoz, áspero sobre

la juventud del vino,

apacientas designios desiguales;

dices a Dios que obre

la creación del campo solo y mondo,

¡tú!, que has sacado a Dios de los Trigales

candeal y redondo.

Pides la expropiación de la sonrisa

y la emancipación de la corriente

-¡lo imposible!- del río.

Dejas manca en los árboles la brisa,

al ave sin reposo ni morada,

con el hacha y el brío.

Escaso en todo y abundante en nada,

el florido lugar de regadío

se torna en un secano.

A ras del amarillo nacimiento

se queda la simiente,

sin el cuidado atento

de tu nocturna y descuidada mano.

El sexo macho y fuerte de la reja,

el surco femenino, en desaseo,

para abrir cauces a la muerte, deja.

Espera algún meneo

el suelo ya del fruto exceptuado.

Al prado no pastura ya la oveja:

pasto puro es la oveja ahora del prado.

¡Desolación!... ¡desolación!... La hoguera

¡qué riquezas! altera,

¡qué lucientes estragos!

¡qué admirables catástrofes! atiza

ardiente iniquidad de ciervos vagos.

Se cosecha cenizas,

parvas de llamaradas,

en la Sagrada Forma de la era.

Están las viñas ruines

y las espigas desorganizadas.

¡Caín! ¡Caín! ¡Caín de los caínes!

Inficionado de ambición, malgastas

fraternales carmines,

buscas el bienestar con malestares.

Bate las tiernas hermosuras vastas

de los verdes lugares,

a bocados, tu azada temerosa.

Tu puño de viñedos ya no ordeña,

y el visco de su leche se derrama.

¡Amargo! te es el vientre de tu esposa

como el abril en flor de la retama.

Tu voz, de valle en valle y peña en peña

de tu cólera espejo contrahecho,

incita a tus iguales a verdugos,

para sacar de todo -¿qué provecho?-

más trabajos, más bueyes y más yugos.

¡Reciennacer! ¡Reciennacer! precisas

¡Reciennacer en estas malas brisas

que corren por el viento,

dando lo puro y lo mejor por nulos!

¡Volver!, ¡volver! al apisonamiento,

al apisonamiento de los rulos!

Sentir, a las espaldas el pellejo,

el latir de las vides, el reflejo

de la vida del vino,

y la palpitación de los tractores.

¡Ay!, ¡ama!, campesino,

¡adámate! de amor por tus labores.

El encanto del campo está seguro;

para ti, en ti, por ti, de ti lo espero.

En nombre de la espiga, te conjuro:

¡siembra el pan! con esmero

Día vendrá en un cercano venidero

en que revalorices la esperanza,

buscando la alianza

del cielo, y no la guerra.

¡Tierra de promisión y de bonanza

volverá a ser la tierra!


[130]

A MARÍA SANTÍSIMA

(En el Misterio de la Encarnación)

Hecho de palma, soledad de huerta

afirmada por tapia y cerradura,

amaneció la Flor de la criatura

¡qué mucho! virginal, ¡qué nada! tuerta.

Ventana para el Sol ¡qué solo! abierta:

sin alterar la vidriera pura,

la Luz pasó el umbral de la clausura

y no forzó ni el sello ni la puerta.

Justo anillo su vientre de Lo Justo,

quedó, como antes, virgen retraimiento,

abultándole Dios seno y ombligo.

No se abrió para abrirse: dio en un susto

(nueve meses sustento del Sustento),

Honor al barro y a la paja Trigo.

(En el Día de la Asunción)

¡Tú!, que eras ya subida soberana,

de subir acabaste, Ave sin pío

nacida para el vuelo y luz, ya río,

ya nube, ya palmera, ya campana.

La pureza del lilio sintió frío;

y aquel preliminar de la mañana

aire, tan encelado, en tu ventana,

sin tu aliento ni olor quedó vacío.

¡Todo! te echa de menos: ¿qué azucena

no ve su soledad sin tu compaña,

ve su comparación sin Ti en el huerto?...

Quedó la nieve, sin candor, con pena,

mustiándole el perfil a la montaña;

subiste más, y viste el cielo abierto.

(En toda su hermosura)

¡Oh Elegida! por Dios antes que nada;

Reina del Ala, propia del zafiro,

Nieta de Adán, creada en el retiro

de la Virginidad siempre increada.

Tienes el ojo tierno de preñada;

y ante el sabroso origen del suspiro

donde la leche mana miera, miro

tu cintura, de no parir, delgada.

Trillo es tu pie de la serpiente lista,

tu parva el mundo, el ángel tu siguiente,

Gloria del Greco y del Cristal Orgullo.

Privilegió Judea con tu vista

Dios, y eligió la brisa y el ambiente

en que debía abrirse tu capullo.


[131]

LA MORADA-amarilla

A María Zambrano.


¡Apunta Dios!, la espiga, en el sembrado

florece Dios, la vid, la flor del vino.

(Tiró por recoger multiplicado

su fortuna de troj el campesino,

que como pobre un ambicioso pica.)

Muy pobremente rica,

muy tristemente bella,

la tierra castellana ¿se dedica?

a ser Castilla: ¿ella?

El desamparo cunde -¡qué copioso!-,

al amparo -¡qué inmenso!-, de la altura.

Inacabable mapa de reposo,

sacramental llanura:

de más la soledad y la hermosura.

Pan y pan, vino y vino,

Dios y Dios, tierra y cielo...

Enguizcando a las aves y al molino

pasa el aire de vuelo.

Sube la tierra al cielo paso a paso,

baja el cielo a la tierra de repente

(un azul de llover cielo cencido

bueno para marido):

cereal y vinícola en el raso,

Dios, al fin accidente,

hace en la viña y en las mieses nido.

¡Qué morada! es Castilla:

¡qué morada! de Dios y ¡qué amarilla!

¡Qué solemne! morada

de Dios la tierra arada, enamorada,

la uva morada y verde la semilla.

¡Qué cosechón! de páramo y llanura.

¡Qué lejos!, ¡ay!, de trigo.

¡Qué hidalga paz! ¡Qué mística! verdura

y ¡qué viento! rodrigo.

Páramo mondo: mondas majestades:

mondo cielo: luz monda: mondo olivo:

monda paz: y silencio mondo y vivo:

¡soledad!: ¡soledad de soledades!,

con una claridad a la redonda

viüda, sola y monda.

¡No hay luz! más aflictiva.

¡No hay altura! más honda.

¡No hay angustia! más viva.

La copa fugitiva

del chopo, verde copo

de cielo en cielo, cielo al cielo priva

en un celeste anhelo:

¡chopo!: copo de cielo,

que es menos que ser cielo y más que chopo,

chopo de cielo: ¡copo!

Por viento al horizonte va el molino:

por gracia, luz, molienda y movimiento:

y se queda parado en el camino,

pacífico un momento,

gracia, molienda, luz, pero no viento.

¡Soledad trina y una! castellana:

Dios: al viento, el molino y la besana.

La luz es un ungüento

que cura la mirada del espanto.

Se levanta el jilguero,

cereal ¡tanto y tanto!

de trigo y voz provisto.

(-No amedrentes al ave, meseguero,

que hace celeste el pan un poco cristo.)

Se impacienta la espiga por la siega

con la impaciencia de la brisa encima,

membruda enamorada de las hoces.

... Esta Mancha manchega,

¿por qué? se desarrima

al cielo en este tiempo, y le da voces.

¡Tan bien! que está el cordero

sobre la línea pura del otero

paciendo sobre el cielo cabizbajo

las cabizaltas flores.

¡Tan bien! que está, ya arriba, y aun abajo,

la soledad lanar de los pastores,

proveyendo distancias

de soledad, de amor, de vigilancias,

encima de la loma

que lo deja en el cielo que lo toma.

La espiga rabitiesa

nutrida de altitudes...

¡Isidro!, ¡Juan!, ¡Teresa!,

¡Alonso!, ¡Ruy!..., ¿qué fueron? las virtudes.

La viña alborotada

está; la mies revuelta:

ruedo es la era ya de polvo y nada:

¡tanto que fue! la era, por la trilla,

todo de Dios, en Dios siempre resuelta.

-De casta te vendrá lo de Castilla,

¡oh campal ricahembra! castellana,

asunto, como Dios, de la semilla.

No esperes a mañana

para volver al pan, a Dios y al vino:

con ellos tu destino.

Y has de ser resumible ¡siempre!, Amiga,

en un racimo; un cáliz y una espiga.


[132]

EL TRINO-por la vanidad

Pájaros hay que el pío por el pío

dan, en el más recóndito verdor

de la rama: la merla, el ruy-señor

y la zumaya: enamorado trío.

¡Píos en soledad!... Bajo lo umbrío

reluce más, anónimo, el tenor,

que, si ve que le miran, el amor

de aquella devoción torna en desvío.

¡Qué primor!: ¡qué pudor y qué exquisito,

el del pájaro simple y soberano

que ni pide ni sufre espectadores!

¡Ay, qué extremo del vuestro mi prurito,

desvelándose siempre por el vano

eco, merlas, zumayas, ruy-señores!


[133]

Alto soy de mirar a las palmeras,

rudo de convivir con las montañas...

Yo me vi bajo y blando en las aceras

de una ciudad espléndida de arañas.

Difíciles barrancos de escaleras,

calladas cataratas de ascensores,

¡qué impresión de vacío!,

ocupaban el puesto de mis flores,

los aires de mis aires y mi río.

Yo vi lo más notable de lo mío

llevado del demonio, y Dios ausente.

Yo te tuve en el lejos del olvido,

aldea, huerto, fuente

en que me vi al descuido:

huerto, donde me hallé la mejor vida,

aldea, donde al aire y libremente,

en una paz larga y tendida.

Pero volví en seguida

mi atención a las puras existencias

de mi retiro hacia mi ausencia atento,

y todas sus ausencias

me llenaron de luz el pensamiento.

Iba mi pie sin tierra, ¡qué tormento!,

vacilando en la cera de los pisos,

con un temor continuo, un sobresalto,

que aumentaban los timbres, los avisos,

las alarmas, los hombres y el asfalto.

¡Alto! ¡Alto! ¡Alto! ¡Alto!

¡Orden! ¡Orden! ¡Qué altiva

imposición del orden una mano,

un color, un sonido!

Mi cualidad visiva,

¡ay!, perdía el sentido.

Topado por mil senos, embestido

por más de mil peligros, tentaciones,

mecánicas jaurías,

me seguían lujurias y claxones,

deseos y tranvías.

¡Cuánto labio de púrpuras teatrales,

exageradamente pecadores!

¡Cuánto vocabulario de cristales,

al frenesí llevando los colores

en una pugna, en una competencia

de originalidad y de excelencia!

¡Qué confusión! ¡Babel de las babeles!

¡Gran ciudad!: ¡gran demontre!: ¡gran puñeta!:

¡el mundo sobre rieles,

y su desequilibrio en bicicleta!

Los vicios desdentados, las ancianas

echándose en las camas rosicleres,

infamia de las canas,

y aun buscando sin tuétano placeres.

Árboles, como locos, enjaulados:

alamedas, jardines

para destuetanarse el mundo; y lados

de creación ultrajada por orines.

Huele el macho a jazmines,

y menos lo que es todo parece,

la hembra oliendo a cuadra y podredumbre.

¡Ay, cómo empequeñece

andar metido en esta muchedumbre!

¡Ay!, ¿dónde está mi cumbre,

mi pureza, y el valle del sesteo

de mi ganado aquel y su pastura?

Y miro, y solo veo

velocidad de vicio y de locura.

Todo eléctrico: todo de momento.

Nada serenidad, paz recogida.

Eléctrica la luz, la voz, el viento,

y eléctrica la vida.

Todo electricidad, todo presteza

eléctrica: la flor y la sonrisa,

el orden, la belleza,

la canción y la prisa.

Nada es por voluntad de ser, por gana,

por vocación de ser. ¿Qué hacéis las cosas

de Dios aquí: la nube, la manzana,

el borrico, las piedras y las rosas?

¡Rascacielos!: ¡qué risa!: ¡rascaleches!

¡Qué presunción los manda hasta el retiro

de Dios! ¿Cuándo será, Señor, que eches

tanta soberbia abajo de un suspiro?

¡Ascensores!: ¡qué rabia! A ver, ¿cuál sube

a la talla de un monte y sobrepasa

el perfil de una nube,

o el cardo, que de místico se abrasa

en la serrana gracia de la altura?

¡Metro!, ¡qué noche oscura

para el suicidio del que desespera!:

¡qué subterránea y vasta gusanera,

donde se cata y zumba

la labor y el secreto de la tumba!

¡Asfalto!: ¡qué impiedad para mi planta!

¡Ay, qué de menos echa

el tacto de mi pie mundos de arcilla

cuyo contacto imanta,

paisajes de cosecha,

caricias y tropiezos de semilla!

¡Ay, no encuentro, no encuentro

la plenitud del mundo en este centro!

En los naranjos dulces de mi río,

asombros de oro en estas latitudes,

oh ciudad, cojitranca, desvarío,

solo abarca mi mano plenitudes.

No concuerdo con todas estas cosas

de escaparate y de bisutería:

entre sus variedades procelosas,

es la persona mía,

como el árbol, un triste anacronismo.

Y el triste de mí mismo,

sale por su alegría,

que se quedó en el mayo de mi huerto,

de este urbano bullicio

donde no estoy de mí seguro cierto,

y es pormayor la vida como el vicio.

He medio boquiabierto

la soledad cerrada de mi huerto.

He regado las plantas:

las de mis pies impuras y otras santas,

en la sequía breve de mi ausencia

por nadie reemplazada. Se derrama,

rogándome asistencia,

el limonero al suelo, ya cansino,

de tanto agrio picudo.

En el miembro desnudo de una rama,

se le ve al ave el trino

recóndito, desnudo.

Aquí la vida es pormenor: hormiga,

muerte, cariño, pena,

piedra, horizonte, río, luz, espiga,

vidrio, surco y arena.

Aquí está la basura

en las calles, y no en los corazones.

Aquí todo se sabe y se murmura:

no puede haber oculta la criatura

mala, y menos las malas intenciones.

Nace un niño, y entera

la madre a todo el mundo del contorno.

Hay pimentón tendido en la ladera,

hay pan dentro del horno,

y el olor llena el ámbito, rebasa

los límites del marco de las puertas,

penetra en toda casa

y panifica el aire de las huertas.

Con una paz de aceite derramado,

enciende el río un lado y otro lado

de su imposible, por eterna, huida.

Como una miel muy lenta destilada,

por la serenidad de su caída

sube la luz a las palmeras: cada

palmera se disputa

la soledad suprema de los vientos,

la delicada gloria de la fruta

y la supremacía

de la elegancia de los movimientos

en la más venturosa geografía.

Está el agua que trina de tan fría

en la pila y la alberca

donde aprendí a nadar. Están los pavos,

la Navidad se acerca,

explotando de broma en los tapiales,

con los desplantes y los gestos bravos

y las barbas con ramos de corales.

Las venas manantiales

de mi pozo serrano

me dan, en el pozal que les envío,

pureza y lustración para la mano,

para la tierra seca amor y frío.

Haciendo el hortelano,

hoy en este solaz de regadío

de mi huerto me quedo.

No quiero más ciudad, que me reduce

su visión, y su mundo me da miedo.

¡Cómo el limón reluce

encima de mi frente y la descansa!

¡Cómo apunta en el cruce

de la luz y la tierra el lilio puro!

Se combate la pita, y se remansa

el perejil en un aparte oscuro.

Hay az'har, ¡qué osadía de la nieve!

y estamos en diciembre, que, hasta enero,

a oler, lucir y porfiar se atreve

en el alrededor del limonero.

Lo que haya de venir, aquí lo espero

cultivando el romero y la pobreza.

Aquí de nuevo empieza

el orden, se reanuda

el reposo, por yerros alterado,

mi vida humilde, y por humilde, muda.

Y Dios dirá que está siempre callado.


[134]

EL SILBO DE MAL DE AUSENCIA

Pedro te llamas, Pedro, pena mía.

Pedro me llamo, y ¡ojalá lo fuera!:

¡ay, piedra del barranco y la ladera

de esta joven y vieja serranía

siempre pasada y siempre venidera!

No sería esta llaga

sin curación, amor, sin ti, posible,

que reconcome el corazón y estraga,

cuanto más contemplada más terrible.

Todo lo puede un fuego propagado.

Dolido voy de zaga

del aire y el ganado,

con el alicaimiento de la aulaga

y con la delgadez de mi cayado.

Más triste que un cordero degollado,

de la dolencia voy a la dolencia,

por la dolencia y por la sierra arriba.

¡Ay, cuánta soledad sin la presencia

de tu compaña, nieve decisiva!

¡Ay, cuánta lana y cuánto pastoreo!

Con una sencillez sin competencia

sabe el Señor que sufro, como meo,

este tenaz deseo

de ver la paz serrana de tu frente,

cuya serenidad no hay quien discuta,

pero sí quien evita tercamente:

la ausencia, esa hi de puta.

Voy por la luz hirsuta

sobre el imán del precipicio esbelto,

y suicido suspiros y pesares

limitado y envuelto

por los altos silencios ejemplares.

Me asaltan a millares

el cardo fósil y el espino denso;

y espino soy que embiste

y cardo que ardo solo si te pienso.

En este monte inmenso,

que nadie, si no es yo, cuida y asiste,

¡ay!, tanto en tu memoria me entrometo

que solo salgo de ella a rempujones.

Yo no soy yo, que yo soy mi esqueleto.

Tan flaco me he quedado

por ti, que, mis calzones,

buscando mi cintura,

cuerpo abajo se van casi vacíos.

¿De qué me sirve lo que Dios me ha dado

de hombre a mí, criatura,

si a ti no puedo dedicar mis bríos?

¡Ay, mondos y vacantes miembros míos!

De menos echo, amor, cada momento,

el perfil exquisito de tu cara,

el cristal destilado de tu acento

y tu cintura de florida vara.

Cada canción, balido, esquila, viento,

me boquiabre una llaga larga y cruda.

Me adamo en esta soledad viuda,

a lo que tú no seas desatento.

Si viéndote moría de contento,

no viéndote no vivo de penado.

¡Qué baldío me veo,

sobre la pura piedra el cuerpo echado,

sobre todo a la hora del sesteo!

Me visto por los pies ¿con qué motivo?

¿Con qué objeto soy hombre?

¿Por qué me llamo Pedro y sin ti vivo?

¡Ay, apártate un poco que me asombre!

Eres como palmera en lontananza,

que se la mira y ¡ay! no se la alcanza.

Como muere, doliéndose, el cordero

destetado sin madre ni asistencia,

así de esta dolencia

de no verte estoy viendo que me muero.

La gracia es del cabrero,

como el cuerno la gracia de la cabra,

la femenina y dulce compañía.

¡Ay, qué monomanía

por boquiabrir el pico a tu palabra

cuando ella el corazón me boquiabra!

Amargamente voy de la ladera

de la Ruda al barranco

de los Baladres, ¡ay, qué amargamente!,

con mi ceño la luz menoscabando

y aumentando la umbría.

Di: ¿cuándo casarás la luz soltera

de mi ojo y baldía?

¿Cuándo este andar de ciervo cojitranco

del compás de tus pies irá pendiente?

¿Cuándo, amor, armoniosa

como rosa de almendras con abejas,

la más honesta y delicada rosa,

me agraciarás el gesto,

como le agracia el gesto a las ovejas

un pasto bien pacido y bien dispuesto?

¿Cuándo vendrás adonde te demando?

¡Ay! ¿Cuándo será el día de este cuándo?

¡Ay! ¿Cuándo será el cuándo de este día?

Ven amor; y verás la anatomía

del cardo, el esqueleto de la pena,

la camisa sutil de la serpiente,

que de primor te enseñará lecciones:

la eternidad llegada de la vena

y el hilo inacabable de la fuente,

que tanta luz y tantas atenciones

tiene para conmigo;

la grama, ya redonda en el boñigo,

la estalactita-tierna,

recóndito cariño de caverna

a través de las piedras y las horas

filtrado lentamente;

pinos de piedras amenazadoras,

cada instante, de grandes cataclismos,

flores que se alimentan del relente,

águilas sobre abismos,

alacranes picudos, saltamontes

carpinteros y astrales,

y todo el cielo de los horizontes,

y toda la paciencia de mis males.

Ven, amor, que estas sienes

me vencerán mañana si hoy no vienes.

Esta mano alargada a la caricia

por el continuo trato de la honda,

sola se me malicia

y se desmanda y anda tierna y monda,

más tierna y monda en tanta concurrencia

crespa de piedra, soledad y espino.

¡Ay, entrégate al mar de la presencia,

que ella te cogerá por el camino!

Más bonica que grama con relente,

veré la luz vibrada

que al pie de la ladera de tu frente

el sol particular de tu mirada

reparte del oriente al occidente.

Se alegrarán mis ojos de repente,

más lamentables, tristes y sin lumbre

que vueltos al contrario.

Me viene el mundo ancho en esta cumbre,

sin ti que me lo ajustas a diario.

Suspiros de matiz extraordinario

me ocupan las más horas de mi oficio.

Vendimiar el suspiro es mi ejercicio

del suspiro siguiente precisado;

y duermo con más pena y más cuidado

que si durmiera junto a un precipicio.

¡Ay, cállate, cayado,

y no me digas ya que fuiste apoyo

de aquel cristal fibrado

cuando saltaba el aire del arroyo!

Mi pensamiento siempre está en un hoyo:

el que la risa te hace,

y en él entierro vivos

¡cuántos deseos chivos

que no me dejan harto!;

y un requiem cat in pace [sic]

digo y hago una cruz de verde esparto,

y otra dolencia sale al sol, lagarto.

No sé cómo me queda resistencia

para seguir muriendo hasta otro día.

No me des con el cardo de la ausencia,

que el corazón me informas de agonía.

¡Ay, qué monomanía!

No me des con la arista

del recuerdo del aire de tu vista.

Pedro me llamo, y como tal me obstino

por verte la mirada,

más alta que la nieve sempiterna

que no baja del monte para nada.

Al silencio la oreja izquierda inclino

por ver si siento el aire de tu pierna

subiendo en equilibrio la montaña.

¡Que sea mi soledad la de la cuerna

de la cabra: compaña!

Relumbra el vegetal de mi cabaña

en el alto crepúsculo serrano,

más sereno que un humo de verano.

Cabizbajo el rebaño pace y pace.

¡Ay, cuánta luna y qué templada hace!

Se para el aire, y queda

una creación de vespertina seda.

Bala una oveja triste y malparida.

¡Cuánto, amor, cuánto siento en esta hora

de alicaída luz y mundo inerte

el largo desamparo de mi vida

que tu ausencia demora

y la emoción divina de la muerte!

A medianoche el aire toca fuerte

en mi puerta de roble y mejorana

vuelta adrede hacia el lado de una estrella,

y digo: ¿quién?, con esperanza y gana

de que contestes: ¡abre, soy yo: ella!

Y me paso la vida deseando

en mi lecho, un atlántico de lana

sin la isla que, náufrago, demando.

Compañía buscando

anda por los cajones de la mesa

mi rústica cuchara.

Por tu aguja pregunta el agujero

de mi ropa montesa;

por tu atención mis manos y mi cara

llagadas por el frío del enero.

Como el pájaro escojo

el más alto lugar para mi pena,

más atento, a tu ausencia que tú al ojo

de la aguja al pasar el hilo leve.

¡Cuánta ternura siembro y desperdicio

a mano y alma llena

por la intratable rampa de la nieve

y la piedra mortal del precipicio!

Hazme, amor, el oficio

y la vida deleite;

el silencio una balsa con aceite,

la soledad pareja.

Acércate: despeja

tanta tormenta y tanto desamparo

y nútreme de gracia y de reposo.

Al pie de tus pestañas

¡con qué afán le preparo

un beso clamoroso,

que va a partirle al eco las entrañas!

Quítame las velludas telarañas

que me impiden los ojos de los tuyos,

y enséñame la flor de los capullos

de tu voz destilando más dulzuras

que en la hora del crepúsculo un concierto

de cencerras de Almansa.

¡Ay, que solo me alivia y me descansa

saber que tienen todas las criaturas

un ausente y un muerto!


[135]

EL SILBO DE LA SEQUÍA

«... y tus cuerpos inermes de locura,

por la excesiva lumbre perseguidos».


LUIS FELIPE VIVANCO



¡Ay, sequía, sequía!

¡Bien que me lo decía el almanaque,

y yo no lo creía!

Dan ganas de llorar ver este mundo

sin un valle, ni un monte ni una orilla

donde el rebaño pueda abrir la boca.

Desertan los pastores a la muerte

hartos de ver hambrientos sus corderos.

No hay, señales de hierba en ningún lado.

¡Ay, el cielo está ausente de los campos!

Falta Dios, el Amor, la Gracia, el Agua:

falta a la madre tierra el padre cielo.

Se desespera el grano bajo el surco

esperando los toques de la lluvia.

Las raíces se abisman persiguiendo

la más honda humedad evaporada.

Le duelen a la tierra los arados

y el pan que le entrometen,

al monte tanta luz y tanta altura.

No se ve una sonrisa de frescura.

en medio mundo, un símbolo del agua:

una lombriz, un junco ni una caña.

¡Ay, sequía, sequía,

de noche, de mañana y todo el día!

Se retuercen las venas los viñedos.

Arden solos los cardos y las zarzas.

Bajan las campesinas a la fuente,

y por más que le escarban el origen

de que fuente haya sido no le encuentran

ni una pizca de seña y de motivo:

y solo traen temblando en sus cabezas

de cántaro una lágrima.

Se calcinan las frondas y los pájaros,

se momifican píos, hojas, aires.

Da el tacto de la piedra calentura

y arañan sus aristas como espinas.

Las cántaras no cantan como tórtolas

ni sudan como cuerpos agitados.

Ocioso de hace tiempo, se ahorca el cubo,

desesperado, al pie de la polea.

Adelgazan y crujen las tinajas,

palmeras degolladas, todas talle.

Se hacen pedestres sapos y ranuecos.

La creación es de cal y espartos secos.

¡Ay, sequía, sequía,

que dejas clara la más densa umbría!

¡Ay, cómo agobia el mundo, todo polvo,

todo una pura llaga!:

la sed llaga rastrojos y barbechos,

sonrisas y gargantas.

La sed ahonda a los pozos la pupila,

la sed vacía y deja

ciega y monda la cuenca a la cisterna.

Ávida va la sed devoradora

por los alrededores

del sol buscando ríos y aguadores.

Apenas cae ya es fósil el boñigo.

Crían polvo las lenguas agostadas,

y como nadie prueba el agua dulce

nadie mea ni suda.

No dan leche ni cabras ni corderas,

y lo que paren muere desmayado.

Se diseca la miel en los panales

y vagan sordomudas las abejas

sin flores que ponerse por bonetes.

¡Qué desolado cosechón de nada!

¡Qué mundo cabizbajo y cejijunto!

¡Qué dureza de espacio, Señor mío!

Una inmensa mirada espectadora,

se dilatan los campos hasta el cielo.

Viene una nube y abre una esperanza

entre los corazones cereales;

pero su sombra, o pasa o se diluye,

y la esperanza pasa a desconsuelo.

¡Ay, sequía, sequía,

que toda la creación haces baldía!

¡Con cuánta angustia claman los barrancos

difíciles de piedra rumorosa,

las laderas de gleba,

por el agua, sedientos!

Las jaras, los romeros, los hinojos

mueren por sumergirse

en trémulas penumbras subterráneas

de aljibes y de pozos.

¡Bien quisieran los cuerpos

ser raíces de junto a un río eterno!

¡Cómo desea todo

inundaciones bárbaras,

explosiones de ríos y torrentes,

un gran traslimitarse de corrientes

saliéndose coléricas de madre:

el bíblico diluvio universal!

¡Agua, para la tierra!, todo implora.

Se arrodilla la paz de las besanas.

En todas las orejas hace un ruido

de retumbos de acequias y tejados

llovidos dulcemente a medianoche,

y un aroma de tierra bajo un riego

profundo hinche los hoyos del olfato.

No suspiran las norias hortelanas

con sus ruedas de frescos y relumbres,

ni retumba el azarbe que rebosa.

Más lamentables que los lilios secos,

los ruy-señores van de jaula en jaula

pidiendo la prisión a tristes voces.

Ni ganas de parir tienen las vacas,

ni de montar los gallos las esposas,

ni de agraciar el gesto las mujeres.

Una gota de escarcha

cobra las proporciones de un Océano

a los ojos del campo deseoso.

¡Agua para la Tierra!, todo clama,

y, ceñudo, el Señor no la derrama.

¡Ay, sequía, sequía,

ni corre un río ni una madre cría!

Llorad, llorad: lloremos,

hermanos de la tierra,

a ver si nuestro llanto apiada al cielo.

Llorad, llorad: lloremos

sobre el inacabable surco abierto

y ante el monte de piedra inacabable,

a ver si redimimos las espigas,

los rebaños, las aves y las hierbas.

Hasta que Dios nos considere dignos

de la lluvia hilo a hilo caudalosa,

es cuestión de llorar amargamente.

Aunque cada sembrado, cumbre, piedra,

en un plantel de amargos limoneros

se quede convertido.

Hasta que el mundo eche, como el álamo,

olor a día festivo,

es cuestión de llorar amargamente.

El agua eleva lo que el sol inclina.

¡Ay, llueve, amor, sobre mi vida seca!;

¿o a qué verde ventana

de qué espejo de alberca y balsa inmóvil

me asomaré a mirarte?

¡Ay, que me agostaré sin tu amorosa

palma de agua en mi cántara de barro!


[136]

EL SILBO DEL DALE

Dale al aspa, molino,

hasta nevar el trigo.

Dale a la piedra, agua,

hasta ponerla mansa.

Dale al molino, aire,

hasta lo inacabable.

Dale al aire, cabrero,

hasta que silbe tierno.

Dale al cabrero, monte,

hasta dejarle inmóvil.

Dale al monte, lucero,

hasta que se haga cielo.

Dale, Dios, a mi alma,

hasta perfeccionarla.

Dale que dale, dale

molino, piedra, aire,

cabrero, monte, astro,

dale que dale largo.

Dale que dale, Dios,

      ¡ay!

hasta la perfección.


[137]

EL SILBO DE LA LLAGA PERFECTA

Ábreme, amor, la puerta

de la llaga perfecta.

Abre, Amor mío, abre

la puerta de mi sangre.

Abre, para que salgan

todas las malas ansias.

Abre, para que huyan

las intenciones turbias.

Abre, para que sean

fuentes puras mis venas,

mis manos cardos mondos,

pozos quietos mis ojos.

Abre, que viene el aire

de tu palabra... ¡abre!

Abre, Amor, que ya entra...

¡Ay!

Que no se salga... ¡Cierra!


[138]

EL SILBO DE LAS LIGADURAS

¿Cuándo aceptarás, yegua,

el rigor de la rienda?

¿Cuándo, pájaro pinto,

a picotazo limpio

romperás tiranías

de jaulas y de ligas,

que te hacen imposibles

los vuelos más insignes

y el árbol más oculto

para el amor más puro?

¿Cuándo serás, cometa,

para función de estrella,

libre por fin del hilo

cruel de otro albedrío?

¿Cuándo dejarás, árbol,

de sostener, buey manso,

el yugo que te imponen

climas, raíces, hombres,

para crecer atento

solo al silbo del cielo?

¿Cuándo, pájaro, yegua,

cuándo, cuándo, cometa,

di, cuándo, cuándo, árbol?

Cuando mi cuerpo vague,

asunto ya del aire.


3. PRIMITIVO SILBO VULNERADO

[139]

VUELO-vulnerado

(El aeroplano)

Redención del acero

cisne de geometría que en la gloria

canta y muere; cigarra del enero

y el agosto gigante y transitoria.

En el pico una estrella giratoria,

por el viento camina,

barítono pastor de gasolina.

(El espacio)

¡Solo! cielo viajero,

¡solo! aire puro en torno se avecina.

El lugar de los rayos se envenena

por un color, por un olor de mina.

(Él)

En situación celeste, ultraterrena,

arcángel nunciatorio de sí mismo,

se ausenta en su presencia,

apolíneo jesús, en cruz del suelo:

se siente, como Dios está, en el cielo,

facultado de alas y heroísmo,

doble acero y potencia.

¡Apártate!, Señor, que va de vuelo.

Rebaños de clamores,

holgando de la baja tierra guía,

himalaya entre todos los pastores

por altitud y hombría.

Ha emprendido ¿qué empresas? celestiales;

¿qué trayecto?, ¿qué espacio?, ¿qué circuito?,

¿qué raid de luceros ha cubierto?...

Sobrepasa las águilas caudales

en la ciencia del pájaro perito.

Rebana el viento y crea.

¡Todo! el paisaje, muerto

abajo lo desea.

Se encabrita el acero,

tripulación de músculos divina;

derrumbe barrenero

-¡desvarió el motor!-, se arremolina

y atropellando cae la golondrina.

Pide el paracaídas

el volante valor y pasajero

situaciones henchidas,

mas la lona no llega al henchimiento

de su socorro y seta: ¿qué es del viento?

Y el náufrago en el cielo, sin el pino

de salvación, y seno de aire, y puerto,

concurre al mundo, lluvia de carrera.

¡Cuánto! tiempo creciendo la palmera

para cogerlo, en este instante, muerto.

Abajo todo llora, arriba calla.

Ardió el pájaro, falla.

Su jinete se hizo al fin profundo,

midiendo en un momento

la beldad que sentía el elemento

de entre el vuelo y el mundo.

Se ocupan ahora de él como de un drama

los prados de la prensa,

o de algo nunca visto.

Lo multiplican las fotografías,

de unos minutos antes de ser cristo.

A las más complicadas geografías,

una escuadra de vuelos lo reclama

con afición intensa.

Nadie sabe de todo nada cierto:

le confunden el nombre, la existencia,

lo dan por vivo un día, otro por muerto.

¿Tropezó? su proeza con la espuma...

¿La interceptó? la roca...

Igual que el gallo, va de pluma en pluma.

Igual que el niño, va de boca en boca.


[140]

CORRIDA-real

(Cartel)

Gabriel de las imprentas:

yedra cuadrangular de las esquinas,

cuelga, anuncia sonrisas presidentas,

situaciones taurinas.

Un sol de propaganda, el sol posible

nada más, asegura,

jura para tal día.

Y un toro de pintura,

el más viudo y varonil terrible

que halló el pintor en su ganadería,

a un sombrero amenaza,

del gozo espectador seña presunta,

con una doble punta

de cornadas que nunca, desenlaza.

(Plaza)

Corro de arena: noria

de sangre horizontal y concurrencia

de anillos: sí: ¡victoria!

de la circunferencia.

Palcos: marzos lluviosos de mantones

nutridos de belleza deseada.

Acometividad de los tendidos:

por las curvas, si no por los silbidos,

humanos culebrones

ordenan su inquietud de grada en grada.

Sol y sombra en el ojo y el asiento:

avispas de momento.

A los toriles, toros,

al torero le exigen el portento

y caballos de más al as de oros.

(Toro)

Copiosos de azagayas,

provisión de furores,

urgentes tras los cuernos,

recomiendan clarines

a una arena sin playas,

era de resplandores

con parva de carmines

manejables y alternos.

(Toros y caballos)

Si las peinas elevan las mantillas,

si las mantillas damas,

si las damas elevan -¡banderillas!-

las masculinas bramas,

el negro toro, luto articulado

y tumba de la espada,

caballos solo ciegos por el lado

por que habrán de morir, y picadores,

hacen casi celestes, si las varas

sus obstinados carmesís mayores.

(Toro y banderillero)

Pródigas en papeles, pero avaras

en longitud y acero,

la presencia corriente del arquero

citan, si su atención anteriormente,

verdes prolongaciones y amarillas.

Pero el banderillero,

gracia, sexo patente,

si lo busca de frente,

en primorosos lances

curvo, para evitar rectos percances,

de pronto lo rehúsa,

palco de banderillas,

que matrimonia en conjunción confusa.

(Toro y peón)

Huyendo de las cóleras mortales,

sin temor a lucir su mucho miedo

tablas para el peligro pide al ruedo,

redondos salvavidas terrenales;

mientras el toro alza

la que su frente calza

aviesa media vuelta,

más caliente, más pita y más esbelta.

(Toro y torero)

Profesando bravura, sale y pisa

graciosidad su planta:

la luz por indumento, por sonrisa

la beldad fulminante que abrillanta.

Sol, se ciega al mirarlo.

Galeote

de su ciencia, su mano y su capote,

fluye el toro detrás de sus marfiles.

Concurren situaciones bellas miles

en un solo minuto

de valor, que induciendo está a peones

a la temeridad como tributo

de sus intervenciones.

Se arrodilla, implorante valentía,

y como el caracol, el cuerno toca

a este, que a su existencia lo hundiría

como en su acordeón los caracoles.

La sorda guerra su actitud provoca

de la fotografía.

Puede ser sonreír, en este instante

crítico, un devaneo;

un trágico desplante

-¡ay temeraria luz, no te atortoles!

hacer demostraciones de un deseo.

Heroicidad ya tanta,

música necesita;

y la pide la múltiple garganta,

y el juzgador balcón la facilita.

Muertes intenta el toro, el asta intenta

recoger lo que sobra de valiente

al macho en abundancia.

¡Ya! casi experimenta

heridas el lugar sobresaliente

de aquel sobresaliente de arrogancia.

¡Ya! va a hacerlo divino.

¡Ya! en el tambor de arena el drama bate...

Mas no: que por ser fiel a su destino,

el toro está queriendo que él lo mate.

Enterrador de acero,

sepulta en grana el arma de su gloria,

tan de una vez certero,

que el toro, sin dudar en su agonía,

le da para señal de su victoria

el miembro que aventó moscas un día,

mientras su muerte arrastran cascabeles.

-¡Se ha realizado! el sol que prometía

el pintor, si la empresa, en los carteles.


[141]

HOGUERA-amorosa

Alma de su madera y detrimento,

con afán de ser todo: fin de nada,

va la luz corporal en incremento,

avariciosamente propagada.

Ardor devastador de su elemento,

sube al viento, al amor, multiplicada;

y el viento, su ruina y su fomento,

le favorece, y no, la lumbrarada.

¡Oh munición de mí! Con celo ardiente,

asida y desasida, cierta, incierta,

cuánto se embiste y cuánto se acaricia.

Incapaz de lucir eternamente,

exigiéndose vida, se halla muerta,

y queda de ella, ¿qué? su gris noticia.


[142]

ROSA-malograda

Por verte toda tú, te buscas nada;

¡qué prisa de no ser tu pura cosa!

Si tienes tiempo para ser notada,

edad no tienes para ser esposa.

Para vivir muriendo acelerada,

no valía la pena ser hermosa,

ni siquiera nacer, ni estar celada

en ti, tu madre, ni llamarte rosa.

Un designio es tu edad de tu hermosura;

perfecta brevedad, contar un día,

y velar, persiguiéndola, a la muerte.

Siendo un reparo la temperatura

a tu expresión eterna, ¡oh alma mía!

te desfloró tan solo con olerte.


[143]

NIEBLA-Dios y poema

¡Qué espesuras! de nada en abundancia:

y de su nada todo lo inficiona.

Nada que es algo a fuerza de distancia

y ser más nada y nada aún ambiciona.

Tras este eclipse -nada- de ambulancia,

gris acontecimiento de gorgona,

lo Verdadero, en la perseverancia,

su perfección perfecta perfecciona.

A veces, su Verdad se manifiesta,

io o se elude. La luz, siendo ya poma,

se expone como flor en la celada.

Más luciente en la nada oscura esta

a la imaginación. Todo se asoma,

ciego que lo ve todo, al ojo nada.


[144]

NUBES-y arcángeles

Vuelos sin ruido, pájaros sin plumas,

de Dios a Dios, en Dios, de viento en viento,

los tronos perpetuando y las espumas,

vida dan a la gloria y movimiento.

Purgando plata, oscuridades sumas,

buscan su claridad, su detrimento.

Las legiones de bosques de las brumas,

lluviosas almas, pacen firmamento.

Menos que nada: algo son ahora:

tránsito de migueles temporales,

¡qué afición! por ser nada los inclina.

Desnuda ya la nada voladora

su luz, sus concepciones corporales,

ya espiritual, ya oculta, ya divina.


[145]

ALONDRA-en vilo

Liminar el cantar, la pluma ausente

trajo del cazador a la presencia,

demostrando en tu pico tu existencia

sublevada del surco y la simiente.

Para atajar primores en corriente,

asociación de pólvora y paciencia,

pirotecnia de horror, aún en sigilo,

plomo te va a calzar: ¡alondra en vilo!


[146]

PAVO-aprendiz de albóndiga

Barba de nudos y de amaranto hindúes

pompa obispa, elefante a lo viüdo,

vivo a un silbo su cántico de úes,

su paraguas atrás de medio escudo.

Cuando bajo Albacete lo sitúes,

enlutado el corral, por él desnudo,

su rubor quedará quieto y redondo,

si de frialdad de plato, de pan mondo.


[147]

MADRE-perlas

Párpados submarinos y guerreros,

al Este, del tesoro de los mares;

ámbitos como rosas, joyeleros,

plisados como faldas, ejemplares.

Encinta de relentes y luceros,

partes de la unidad de los collares,

sirven albas a playas en bandejas

por bellas arrugadas, no por viejas.


[148]

CHUMBERA-múltiple

Cadena de lunados eslabones:

con pelota real, tennis de espina:

«dolorosa» de muchos corazones,

émula madurez plural de China.

Contra el viento, rotundas conjunciones,

bofetadas en círculos coordina:

plenilunios de espejos de verdura,

donde se ve Albacete en miniatura.


[149]

ODA-al vino

A lluvia de calor, techo de parras;

a reposo de pino,

actividad de avispas y cigarras

en el sarmiento fino,

cuerda de pompas y sostén de vino.

Morada episcopal, la cepa nimia,

bajo la luz levante,

en situación se pone de vendimia,

luciendo a cada instante

racimos en estado interesante.

India del grano, asociación del lujo,

vinícola paisaje,

como un mediterráneo sin reflujo,

ni flujo ni oleaje,

solo esplendor y espuma de ramaje.

Pronto se besarán en la banasta,

nido por coincidencia,

hasta que diga el pie bailable: ¡basta!,

las uvas: concurrencia,

asiduidad de peso y transparencia.

Les concede sazón en su mañana

la Virgen del Carmelo:

pronto la ubre oro y la de grana

enviscarán el suelo

de moscatel y tinto caramelo.

Al vino ya la tumba de madera

les prepara su fondo;

el vaso su torreón, su vinajera

la misa, el cáliz mondo:

¡triunfo y consagración de lo redondo!

Lo calzarán las bolas, a las cuales,

si aspecto da, despega:

latidos de las vides y costales,

palpitación y entrega

al archivo mayor de la bodega.

Subterráneo pantano de los vinos,

y camposanto oscuro

con cruz de grifo y muertos extrafinos,

como un dulce seguro

de fontanas de pino y vino puro.

¡Qué agrado! será allí verle cubierto,

hacerse espeso anciano,

impedido de árbol como el muerto,

redondo como el grano,

pistola, por el grifo, herir la mano.

Llave del vino, sexo que atraganta

la mano tabernera:

grifo corriente, y no, freno que canta

y calla, y no, y espera,

y sangra geometrías de madera.

¡Qué regalo! beberlo con aroma

y calidad de higo,

sobre carácter de panal y goma,

y un cireneo amigo

buscar para el error, la duda digo.

Líquidamente rubios, genuflexos,

como los amarantos

y las corbatas, tornará los sexos,

y hará doctores, ¿cuántos?

consultores de esquinas y de cantos.

Como si fuera el Santo Sacramento

lo alzaré en los manteles,

o el Espíritu Santo del tormento

en figura de mieles,

o la Transformación de los claveles.

Calentará como un rojo solsticio

el hueso de mi frente,

y seré con su carga, sin mi juicio,

no el yo de diariamente,

sí otro loco mejor y diferente.


[150]

ODA-a la higuera

Abiertos, dulces sexos femeninos,

o negros, o verdales:

mínimas botas de morados vinos,

cerrados: genitales

lo mismo que horas fúnebres e iguales.

Rumores de almidón y de camisa:

¡frenesí! de rumores

en hoja verderol, falda precisa,

justa de alrededores

para cubrir adánicos rubores.

Tinta imborrable, savia y sangre amarga

malicia antecedente,

que la carne morena torna y larga

con su blancor caliente,

bajo la protección de la serpiente.

¡Oh meca! de lujurias y avisperos,

quid de las hinchazones.

¡Oh desembocadura! de los eros;

higuera de pasiones,

crótalos pares y pecados nones.

Al higo, por él mismo vulnerado

con renglón de blancura,

y orines de jarabe sobre el lado

de su mirada oscura,

voy, pero sin pasar de mi cintura.

Blande y blandea el sol, ennegrecido,

el tumor inflamable.

El pájaro que siente aquí su nido,

su seno laborable,

se ahogará de deseo antes que hable.

Bajo la umbría bíblica me altero,

más tentado que el santo.

Soy tronco de mí mismo, mas no quiero,

ejemplar de amaranto,

lleno de humor, pero de amor no tanto.

Aquí, sur fragoroso tiene el viento

la corriente encendida;

la cigarra su justo monumento,

la avispa su manida.

¡Aquí vuelve a empezar!, eva, la vida.


[151]

ABRIL-gongorino

Deponiendo blancuras iniciales,

lunas atropellando campeadoras,

con espuelas de palmas surtidoras,

cañas jugando en potros de cristales;

imperiales granadas, dulces moras,

valencias de capullos y rosales

gana Abril: cid-ruy-diaz de colores,

en campo, en lucha, de verdor, de flores.

Con pasto de algodón, niño, de mano,

a fuerza de paciencia y de meneo,

ya apacienta en los cielos su correo,

una vez liberal, otra tirano.

La naranja, verdugo veterano,

la inocencia ejecuta de su reo:

párpado de su olor, puerto de abeja,

que ni muere del todo ni se queja.

Interlunas, oriámbares, temblores,

giraldadas alturas datileras,

sin barandas desnucan ni escaleras,

jinetes del Señor, mozos mayores.

Se bisan por amor los ruy-señores

sobre las millonarias ya riberas

del álamo mudable, si por trino,

y el lagarto -¡esplendor!- firma su sino.

Movimiento de seda que se anilla

a fuerza de dormir y verde cama,

con espíritus de hilo celdas trama,

carcelero, después preso en capilla.

Traduce, ¡con qué fe tan amarilla!,

el oro cascabel más alto en rama,

por surgir, si no víctima de gala,

redentora semilla de ala y ala.

Espigas pronostican coberturas

en tanta pugna, en tanta unión de panes:

presuntas de riqueza arquitecturas

para enarcar con eras, con afanes.

Haciendo el río bruscos ademanes,

ministro de fomento de hermosuras,

jurados por error, conflictos crea,

de ranas que a su fuga acusan rea.

Salvavidas de pétalo y espina,

cables, echa el rosal, tablas de gracia,

a la náufraga miel que, muda, sacia

su sed, y titubea parlanchina.

Canos desembaraza el sol, inclina

montes de vidrios bordes -verbigracia:

pues no propende ni a tenor ni a río,

sin trillo de calor, parva de frío.

De punta en blanco armado, puro el lilio,

orinal del relente, sublunado,

faldones de organdíes saca al prado

entre las hierbabuenas de Virgilio.

Se pronuncian las hojas en concilio,

y el áncora, si el hueso de su estado,

muda en sombra el sostén -rama- del higo,

moro plural, que, al fin, vence a rodrigo.


[152]

DIARIO DE JUNIO-interrumpido

Día uno. Cae un agua sobre el huerto

justa como un anillo.

Aún predicaron cuernos

caracoles en púlpitos de lirios.

Día dos. Húmedos, alzan los claveles

su pompa genuflexa

pesando olor: los hueles

por ponerte bigotes de belleza.

Merman azul del todo, en averío,

canos de cuando en cuando.

Rosa mayor de edad, has acudido

a vigilar tus bandos.

Día tres. Dan en el huerto, para nadie,

sin ti dentro, las horas.

Sola en el árbol puesta, sabe el ave

lo grata que es la sombra.

Día cuatro. Entre el romero a lo celeste

con la flor enmelada,

oyes caer madureces

por exceso de punto suicidadas.

Junio. Me duele el sexo como un diente...

Busco de trecho en trecho,

por deshonrar tu nieve,

la regalada llaga de tu sexo.

Tu seno, si jornal de mis amores,

socio es de mi cariño,

esclavo de su remo galeote

nutrido de vacío.

Las eras van en torno de los trillos,

las parvas de las eras:

¡todo!, norias, anillos, plazas, ríos,

dan vueltas a las vueltas.

Anuncian los festejos las paredes

con mil gallos jarifos.

Asocia el amor plumas brevemente,

el fruto, el baño niños.

Día quince. Estás en tierra, sublevada

contra las verticales,

y el limonero en pleno que te ampara,

volúmenes te añade.

Bajo la higuera, donde la lujuria

tiene sus potestades,

cotejo, sin andar yendo en tu busca,

higos con genitales.

Pasa la siesta resumiendo chinas

sobre la flor del chumbo,

que amenazan violar dentadas pitas

con ademán seguro.

Chorrean las navajas, se dilatan

las lenguas de los perros:

-cachicuerna y sangrienta, está olvidada

su funda en el pimiento.

Se nutren los chiqueros de bravura,

los toreros de macho,

si las plazas de círculos y curvas,

si los cuernos de espacio.

Día veintidós. Solsticio. Vas buscando,

sin hallar, las cigarras,

presentidas por todo entre los pámpanos

de verdura enviudada.

Diciendo a los deseos: ¡ea!, ¡ea!,

repica todo seno.

Los rostros manifiestan

la expresión de morir que deja el beso.

Día veinticuatro. Está la sombra borde

rampante de oro en uñas.

Anda la más caliente y breve noche

sanjuán pintando uvas.

Artificiales esplendores turban

en redentoras cañas,

el de la estrella, caminando en busca

del trueno que los mata.

El trébol de tres hojas los pastores

cogen por la ladera,

remitiendo honda y piedra a lana y monte

y amor a galatea.

La madrastra del higo, breva y dulce,

su luto condecora

con la interior blancura que la cubre,

por tanto arrope rota.

Día treinta. Requerida por los mares,

¿por cuántas, cuántas arduas tornalunas?

abandonas al huerto, a mí, vernales,

reintegrándote venus a la espuma.


[153]

BELLA-y marítima

La condena el termómetro, si nuncio

de la temperatura,

si ascensor numerado de mercurio,

a tres meses de espuma.

Ya huyendo del tacón asfaltos pasta;

ya el veredicto acepta

que una continuidad le impone blanca

de floridas cadenas.

Ya al sol oponen senos y vaivenes:

vías lácteas a la vista,

agua y bella en el agua, o armas verdes

y fontanas encinta.

Ya ofrecen luz y bella nadadora,

sin temor de desgracia,

graciosidad al agua transitoria,

beldad, peso a la playa...

La deja el rubio y el azul la toma,

pez hembra entre los peces:

submarina de cuando en cuando toda,

resulta hermosa siempre.

Prospera el rico mar con esta india

de carne a la ligera,

y en su ambición raptora hacia sí tira,

si hacia la orilla ella.

Alza de pronto el medio cuerpo, la ola,

visible, a cuerpo entero,

y la ansiedad menor espectadora

se hace mayor deseo.

O se expansiona pulpo sobre el agua

su cabellera curva,

o alga del pensamiento se retracta

hasta negar la nuca.

El maillot, piel de punto, se le aprieta

como un abrazo negro,

corroborando vueltas y revueltas,

si ocultas, no de aspecto.

Desde los balnearios que se ancoran,

naves al azul, puentes,

se observan las carnales maniobras

irreverentemente.

El furor marinero la ha mirado

tan velero de lejos,

que los palos mayores de los barcos

son símbolos pequeños.

Concha y bella, de espaldas en la playa,

broncean su descanso.

Círculos y más círculos levanta

la alacridad del faro.


[154]

FRUTO-en guerra

La diestra palma, agente del deseo

¡con qué prudencia! arrimo

al fruto entre unos riesgos

de peligros pajizos.

Se aproximan los daños, vuelan, zumban

a mis alrededores:

-con detrimento de la miel, circulan

zánganos disfavores.

Suman vacíos, restan contrapesos

a la contrita rama;

de consulta en consulta, los enveros,

doctores, minan, matan.

Me disputan espacios y dulzuras

en el lugar del árbol,

jornales de mi amor frutal, que turban

de listados obstáculos.

Me prometen, con cólera y con prisa,

dolorosos sucesos,

alados accidentes, injusticias

de motor y de cielo.

Filigranados de oro, desarrollan

círculos de amenazas

que ¡ay de mí! si cumplieran, y que asordan

mordazas enmeladas.

Antes que el dolor crezca ya ha volado

su causa garrochista:

la parte a que se aplica el leve palo

abulta su malicia.

Las confedera el punto del estío,

y el trance de la siesta

las pone contra el dulce querer mío

en situación frenética.

Inútil primahermana de la abeja,

inconveniencia mínima

que mi actuación de sustraendo encuentra,

dificultad: avispa.


[155]

ESTÍO-robusto

Está queriendo el fruto

que tu mano lo libre de su peso,

cumplida ya la edad de su tributo

-¡carne que has de tornarte puro hueso!-

a tu boca, a tu goce, a tu mirada,

a tu pasión voraz por su dulzura,

siendo cómplice el sol de su hermosura.

Turbación almenada,

desabrocha su sangre la granada.

Arpón de pan la espiga,

la hoz rumbo de acero,

¿qué de choques de luz entre dos luces?,

que a costa de un amor a la fatiga

con una facultad de impulso fiero,

si vence la una, la otra cae de bruces,

para que pueda dar su rendimiento

en el sol, en la tierra y en el viento,

de la era que ronda sus anillos,

perseguida en su intento

por las norias terrestres de los trillos...

Tu esplendor de mi sexo está pendiente.

Para bajar al cuerpo,

se apartan pensadores de la frente.

A una cuerda obediente,

la luz cebrando de color sombrío,

retracta y expansiona la persiana,

con frecuencia de ola, su verdura,

digno estandarte, ¿no?, de tu hermosura,

cuando por la mañana,

si degüellas claveles

en el hierro a regar de tus balcones,

instas en los faldones

la confusión local de sus babeles.

Estío, estío, estío,

por tu pasividad, para mi brío.

Las siestas ¿con qué holgura?,

¡qué instantes de calandrias, de ventura!,

se van acompasadas por el río

facultado de párpados de junco.

Tu seno, más adunco,

sobre sus momentáneos protocolos,

con las olas produce encontronazos,

que busca bajo el agua mi deseo,

para hacer su cacheo

entre los gibraltares de mis brazos,

mientras la vertical del cuerpo espera

enarbolando en tierra una palmera.

Estío, estío, estío,

espigador de sexos, y del mío.

Cohetes de sangre se remontan solos,

mudos acordeones, a gavillas,

viendo abusar de aquella a tus mejillas.

El gallo es más frecuente caballero,

la capa tornasol, rojo el sombrero,

en el lugar de amor de los corrales.

Comete la cereza en la banasta

montones de rosarios criminales.

Me ahoga la poma a la que auxilio pido.

Estómagos de tronco nutre el nido,

y el nido dice: ¡más!, si el tronco: ¡basta!

¡Inquisición de agosto!

Arruga arrope el sol, higos consuma,

análogas delicias achicharra.

Cuando no se es esclavo de la espuma,

se es mártir de la carne y la cigarra.

No dándose jamás por terminada

la carne a la mirada,

ascendiendo, se alía

a la higuera, imán, guía

de cuerpos con bonete de amarantos

y el color de los nísperos maduros,

manifiestan más bulto los encantos.

Su pendiente tesoro alumbra el mosto,

ubres al aire fértiles sin picos,

que bailadas darán violados turias,

en cubas, y ebrios, circulares, ricos.

Homeros de dolor, los ruy-señores,

a los que hurtaron niños en saqueos

la propia consecuencia de un conjunto

entre preliminares garganteos,

protestando, tropiezan con las flores,

y sirve su protesta

para ponerte la audición en fiesta

y la estación mollar a gracia en punto.

Tu cuerpo laborable,

del mío contrapeso,

tiende la funda ya el supremo sable

y la alfombra del labio al pie del beso.

Cortando de tus senos la corriente,

desde el sur de tu planta, sobre el prado,

al norte de tu frente,

al este tu sonrisa sonriente,

iré de gozo a nado;

hasta que la luz, falta

de luz y altura alta,

deje a la sierpe en mangas de camisa,

y a mi sexo de alta

del tuyo dé, doblado por la brisa,

sin pecado, sin cólera, sin prisa.


[156]

ÉGLOGA-nudista

Tu tronco con tu tronco se reveza,

palma, salido hoy mismo de su hueso,

y no a fuerza de espacio tras espacio.

Contra la vertical nuestra cabeza,

sus músculos nos dan su fortaleza,

y el tacto de la frente adquiere el peso

de su movida copa de palacio.

Tu cuerpo ejercitado en el pancracio,

tu palma que diana te origina

cuando flechas la airosa jabalina,

tu mejor zona, ¡oh césped de tu sexo!,

trémulo por la brisa como el mío,

clavel y genuflexo;

tu desnudo que, adán, yo corroboro,

abre al ambiente la avidez del poro.

Desnudos, sí, vestidos de inocencia,

te incorporas la vida, me incorporo,

somos, y no, cautivos

de las pequeñas vidas animales,

si llegan a rozar nuestra existencia.

Como después de vivos,

nos hacemos terrestres, vegetales

en esencia, en presencia y en potencia.

Desnudos: se comienza

de nuevo la creación y la sonrisa,

sin vicio ni vergüenza

íntimamente unidos con la brisa.

Nuestra planta, gozando con el tacto

más que el cordero hambriento con el gusto,

en el forzoso acto

del paso -o compromiso-,

siente una sensación de paraíso.

Se detalla tu sangre por tu busto:

¡mira! el sabroso origen de la fuente

del suspiro y del susto.

Das, al salir del río

de tus miembros agente

-fuiste allí por mil tús multiplicada-,

la sensación del hecho más reciente,

y adivino en tu estado mejor frío

la caliente vaharada

de la mano de Dios recién marchada.

Este es el primer día.

Todo recobra la categoría,

la personalidad, la arquitectura

de los puros momentos principales.

Nuestro color primero

ayuda a realizarse los colores.

Halla el alba anterior un compañero,

una conformidad en ti segura.

Las rosas posteriores

son las rosas, los besos iniciales

de la pompa, la gracia y la hermosura:

novedad promotora

del matiz coincidente de la aurora,

del gesto de tu boca y de tu mano.

Queriendo está venenos

serpientes el manzano,

que alrededor del tronco y de sí mismas,

a lo látigo prismas,

a lo largo barrenos,

ofrezcan, como en juegos malabares,

sus pecados de almíbares mollares.

-Largas y demasiadas las serpientes

para lo corto y poco del pecado.

Preliminares pájaros, sus plumas

coordinan por amor y su garganta.

Tu mirada ha inventado

los manantiales cielos, las espumas,

y el peso de tu planta,

y la mía y mi peso los caminos.

Desnudos, sí, desnudos:

el verde es más suave,

los guijarros más rudos.

Aspira los olores campesinos

de par en par el poro.

¡Ningún calzón que corrobore y trabe

la libertad del sexo en primitivo!

Con detalles canísimos de oro

de inaprehensibles cuernos, no de toro,

que apuntan cuando llueve en su manida,

corriendo por la hierba

hallamos en nosotros

una emoción de incontenibles potros:

de ciervo fugitivo

yo, tras ti enamorado, tú de cierva.

Nuestra función de vida

cumplimos sin ningún inconveniente.

Nos vamos contra el viento

y nos circula, sangre transparente,

su sensibilidad y sentimiento.

En ascua el mediodía,

cayendo del sol sobre

la espalda, nos revela su volumen.

Arden como luciérnagas de cobre

-¡oh vida brevemente iluminada!-,

los cuerpos, bronce en vía

de bronce, y si en lo oculto de la umbría

nuestras vidas se sumen,

con el polen de luz de los sudores,

catan nuestros colores,

por pertinaces brisas promulgada,

toda la calidad de sus frescores.

Si descansas un fruto

encima de mi pierna,

me injertas su materia dulce y tierna

como otro sexo en bruto.

Te busco un seno amigo

como un nido de pájaros lunadas.

Se miran, sin hallarse, las miradas

morenas de tu ombligo y de mi ombligo.

Gimnasta nuestro amor, se da en los prados

besos rítmicamente suspirados.

Somos adán y eva

que ha reanudado Dios a la edad nueva.

¡Ay! hasta que el estío

el otoño releva,

y el ángel, expulsándonos del frío,

de nuestros dos estados verdaderos

a un infierno de calles y sombreros,

nos recuerda de ser, por nuestros males,

no padres principales,

sino hijos postreros.


[157]

ELEGÍA-al gallo

Pirotécnicas pompas y esplendores,

aunque no fugitivos;

ufanía con peine de colores

-de arreboles altivos.

Gabriel en una sola pata puesto,

cojo por la mañana,

la barba capuchina, doble y grana,

y a lo pirata, a lo prelado el gesto.

Intérprete feliz de los donjuanes:

sultán de los sultanes

de los patios, harenes,

en donde tú, galán entre galanes,

por turno amaste a cada concubina:

¡ya! sus noches en círculo, sartenes,

quema la inquisición de la cocina,

panderos de carbón por concordancia,

para que baile en partes tu arrogancia.

Afeitado el colgante que se plisa

como concha de púrpuras plurales

al pie de tu garganta,

bajo tu canto, guía de corrales;

depuesta tu soberbia, que se pisa

y tropieza en andando de ser tanta,

sobre la porcelana de los platos;

adán, sin tus ornatos,

como un triunfo en tu cola surtidores:

¡tú!, a quien avergonzaban las mejores

vestiduras, desnudo,

dejas frío el corral y el día viudo.

Ya no alzarás tu mano de espolones,

colmillos cabriteros,

para con tu rival, los dos saltones,

batir tus ambiciones

de rey galante de los gallineros.

Ya tu amor caballista,

en el instante de las sucesiones,

a la potra imprevista,

como por lujo y gala,

no abrirá arcos de triunfo con el ala,

mientras, segundo sexo, clava el pico

sobre el lugar en amarantos rico.

Trillos de pluma a parvas cantadoras,

américas de bulla a tu conquista,

ya no darás ni escoltas a sus puestas.

¡Sin pronóstico quedan las auroras

y sin esposo un clavelar de crestas!

Recuerdan plañidoras

tu cariño en cuclillas

y ya no orinan duramente en plata;

sonámbulas pasean y amarillas

estas tímidas pingües, si no bellas,

con el rubor subido a las estrellas

como párpados altos de escarlata.

Tristes en una pata,

beben el agua y lloran pico arriba,

en el ano la frágil tornaluna

que tornasol haciendo tu amor iba,

solícito, si infiel, a cada una;

muelles patrias, altares

donde oficiaban tus amores cortos,

sus recados polares,

hijos a fuerza de temperaturas,

atragantados mandan y en abortos,

sin tus plumiculturas.

Igual que dentaduras,

palidecen las breves cordilleras,

los colorados ortos

-señal de viento de sus cabelleras.

Han perdido su ufano favorito,

que hacía referencia

a la mañana de ellas con su grito,

y hasta que la apetencia

de alguna encinta no les dé licencia

para pasar a la encendida estancia,

solicitando en caldo su sustancia,

evas por fin, desnudas,

en el corral cacarearán viudas.

Galán, tus arrebatos de claveles,

en cirros de manteles

y cristales me espera;

tu vanidad guerrera,

tu cadáver tenorio,

así como el conducto anunciatorio

de las luces, en roldes de madera,

mientras tus plumas van, arcos sin tino,

sus flechas disparando a tu destino.


[158]

PRIMERA PIEL-de almendra

Toga del lunado humor,

cursaste el verde, a raíz

de aquel prologuillo en flor

que fue tu primer cariz.

Con calidad de tapiz

vas, enfilada la prora

y huevo de ruy-señora,

hacia tu propio nivel,

en busca del blanco aquel

del que eres alcaide ahora.


[159]

FLOR-sin nombre

(Porque lo ignoro yo)

Uno te daré yo, adán

segundo y, siendo el primero,

el nombre que otros te dan

ya no será el verdadero.

De tu hermosura lo espero:

prelada por excelencia,

¡cuánto! calla en la elocuencia

de su olor y su cariz

negándome su licencia

para el bautismo feliz.


[160]

RUY-SEÑOR Y MIRLO-cantores a un tiempo

Atribulados a dúo:

los dos en primeros planos.

Según mi atención sitúo,

así cantan de lejanos.

Todo depende de mí:

oírlos allá o aquí,

y hacer que enmudezca uno.

Y si mi audición dedico,

a un compás, a pico y pico,

me enamoran de consuno.


[161]

CHUMBO-del todo

Difícil sazón de fruto:

para que no la cogiera,

más partes al todo bruto

incorporó la chumbera.

Espera, deseo, espera:

sobre el lunado averío

haré lo imposible mío...

¡Imposible!, que una espina

mi sentimiento examina,

y el deseo se hace hastío.


[162]

ESPINA-leve

Ignorante de la espina

aunque no de su dolor,

mi tacto inquiere, examina

sobre mi estado peor.

Recorre el ojo avizor,

sin ver, el dolor agente.

¿Dónde? el relieve que oriente,

con la mirada, el pulgar.

La espina está en su lugar,

pero su evidencia ausente.


[163]

HERMOSA-con crecientes

No tengas ningún creciente

de hermosura en tu hermosura;

¡ay!, sé hermosa simplemente,

patria de mi calentura.

No se eleve a más altura

cada instante de tu faz.

Ya que tu hermosura en paz,

sin plenos, me desespera,

déjala a lo raso, haz

que no se colme guerrera.


[164]

AMOR-troglodita

Correspondencia de moco,

si cristalino, trasunto

firme y mucho, de aquel poco

y oscilante al pico junto.

Se prorroga punto a punto

la estatua del agua interna:

pausado amor de caverna,

si a cada gota más tenso,

más cada día propenso

a una conjunción eterna.


[165]

FUENTE-y María

Fuiste cuando era el mundo ya su cosa;

no se sabía antes

si era verdad, purísima Señora:

¡ahora sí que se sabe!

Escogida la hora, sobre el sitio,

fue de tu nacimiento;

con voluntad de serlo, virgen; vidrio

con afición de serlo.

Aun eras un propósito, nacida,

de nacer; una gana,

sin otra luz, a oscuras, que tú misma;

sin espuma, sin mancha.

Sin pecado en tu origen: Dios, la Roca,

del verde mundo cuelgas

tu música, que llevas silenciosa

en tu palma serena.

El regalo, la llaga de tu boca,

la sangre de tu vena,

¡ay!, ¡cómo! mis amores afervoran

con una sed de siesta.

Sustraendos de barro, cantarillas,

te recogen y amparan;

impurezas y máculas te arriman,

restando al todo: nada.

Voy a ti, gusto mío, por disgustos;

vienes a mí, ¿por Dónde?,

sin noticias, estando en él, del mundo...

Paladar, ¿qué sabores?

¿Qué sabores de Aquello encuentras, lengua?

Explicádmelo pronto.

Hacia la manantial vista cautela

me solicita todo.

Nació a lo milagrosa, a lo infinita,

por estas latitudes;

rompió el secreto, descubrió el enigma,

y sin embargo, inmune.

¡Oh sobrenatural toque! del cielo.

De lo divino encinta,

preñez y encarnación en lo terreno,

sin hombre concebida.

Delicadez sabrosa, ya la fuente,

ya viene, ya alborea:

aunque la espera el limo, nunca pierde

su virginal manera.


[166]

CIEGO-espiritual

Revelación del mundo no has tenido,

noche oscura del cuerpo,

y solo por noticias, en tu oído

el mundo fue naciendo.

¡Qué bien!, por tu audición, se ha dibujado,

dentro de tu cabeza,

el ruy-señor, primer enamorado

del abril, de la huerta.

¿Para qué? la presencia; ya te basta

la esencia de las cosas:

ellas te dan sus nombres, tú las cargas

de condición y forma.

¿Cómo son los colores? Como quieres

en tus oscuridades.

Dios ha creado el mundo; tú lo vuelves

a crear a tu imagen.

¡Cuán distinto!, ¡cuán otro del que pisas!

en riesgo de peligros.

¡Qué flores! fantasiosas imaginas,

¡qué rosas! ¡con qué visos!

Creer para ver tan solo te hace falta:

los ciegos son los otros,

que no ven en la sombra sus miradas...

¿De qué sirven los ojos?

¡Ay hermosos pecados para el sueño!

que duelen y que lloran.

Ves tú el mundo mejor, si no su ejemplo

que tus pasos estorba.

Te alumbra la razón en tu vereda,

tu can y tu cayada;

tus manos que denuncian evidencias,

y se niegan celadas.

Vocación de mirar: ¿qué más precisas?

para ganar la gloria.

Ciego con tiento, ¡cuánta luz! cultivas,

¡cuánta fe! ¡tenebrosa!


[167]

CIGARRA-excesiva

Se hizo verbo la luz, música danza

y encalabrinadora.

Irrumpiendo en estados de bonanza,

la soledad, sonora

torna tempestuosamente ahora.

Producto del solsticio de verano,

su ronca voz serena,

propone amor, su arrullo a lo aeroplano

muelles pide en la arena,

tan tórtola solar, como sirena.

Barítona ignición del mediodía

siempre en la misma nota;

sonámbula de sol, su vida guía

hasta que muerte explota,

de la monotonía galeota.

El sol irrita, excita su prurito,

lo ahínca, lo acomete,

de cantar: sin quebrar en gorgorito,

ruy-señor del falsete.

Sino de luz, destino de cohete.

Como aquellos de pólvora destellos,

fugas artificiales,

mas sin el trueno natural de ellos,

pompa de sus finales,

oculta en su canción todos sus males.

Canta y canta, tan loca de su canto,

pájaro sur, tan fuerte,

cisne breve de cólera y de amianto,

que -¡qué embriaguez!- no advierte

que el réquiem es su canto de su muerte.

Prometea de agosto, encadenada

al eslabón, y chino,

si verde, del nopal. Lengua y alada

del fuego más divino

en la frente apostólica del pino.

Enviada del sol, ascua mesías,

a predicar calores,

uvas -flagrantes- eras, mediodías,

con ritmos promotores

de indolencia. Compás de surtidores.

Cantar, cantar, motor yo del estío,

¡oh diaria locura!

Interrumpir silencios con mi brío,

con mi canción segura

dejarme oír de ¡todo! en la espesura.

Sentir mi resplandor contra la rama,

latir sobre su aroma,

o pulso o corazón, o espiga o llama.

Ser del sol, su idioma,

su Espíritu Sagrado, su Paloma.

Temblar, arder de música excesiva,

fragor que turba y quema.

Morir de tan ardiente muerte viva,

yo, mi mejor poema,

su convulsión captando entre mi yema.


[168]

POZO-mío

Debajo de su misma imagen brota,

y la porción nacida

impide el nacimiento en cada gota

de la que está en seguida

por venir a la boca de su vida.

La ausente actividad se hace reposo

copioso de presencia:

reclusa su inquietud en breve coso,

socorros con paciencia

de cuerda aguarda, coro de inocencia.

Por más que el cubo en su unidad ahonde

no la merma ni acaba;

este dulzor proviene de algún dónde

que no se menoscaba

y que está, sin estar, en donde estaba.

Permanentes frescuras manantiales

que mi mano convoca

en sus hondos estados primordiales:

¡nada más! agua y roca:

ni cielo ni mirar, ni luz ni boca.

Ningún tropiezo espumas le origina

ni voces le derrama...

¡Qué gracia circular!, ¡qué fría mina!

de agua sin río y brama,

sin corriente, sin márgenes, sin grama.

Rascacielos, oh pozo, soterraño,

subterránea manida:

aquí el árbol dejó, al amor del baño,

su vena empedernida,

su vida desposada con tu herida.


[169]

ERA-en seis tiempos

(La hora suya)

Plenilunio de tierra rociada,

peinada del rastrillo

y de nutridas torres circulada.

En su golfo a lo anillo,

ya desemboca el fértil amarillo.

(La hora de la trilla)

Eclipse cereal: el mundo bajo

saturnos de cosecha.

Se persigue los rumbos el trabajo,

el corcel y la endecha,

hasta dejar su huella en hoz deshecha.

(La hora de la avienta)

¡Con qué confianza! lanza el hortelano

resplandores al viento,

seguro de que, limpio, cada grano

tendrá otra vez asiento

en el montón, celeste de momento.

¡Qué pirotecnia! de trilladas luces

mano de pino avienta:

distinguiendo semillas y pajuces,

la brisa envía, atenta,

si a una levedad, peso a otra cuenta.

(La hora del cedazo)

Filtro del pan, frontera de la paja:

removido en la mano,

deja pasar aquel y a un tiempo ataja

a este, que quiere en vano

seguir hasta el final unida al grano.

(La hora de la recolección)

Palas nutren los sacos que hasta ahora

el vacío nutriera,

de lo que el horno a un tiempo nutre y dora.

Vuelve a lucir la era,

¿en esto consistió tanta pradera?

Oro se manifiesta, un poco bulto

¡tanto! verdor y prado.

¡Tanto! esplendor, ¡tanto! solar tumulto...

¡Todo se ha consumado!

¡Todo reanuda su anterior estado!

(La hora del amor)

Pero el amor, hostil al movimiento,

reacio a las calinas,

inficionando de donaire el viento,

reposa en las encinas:

tercas graciosidades campesinas.

Allí van los fugaces trilladores,

buscando en sombra algente,

parva de amor a trillo de calores:

ofrecen juntamente

paja para el amor, pan para el diente.


[170]

AGOSTO-diario

Verde el sonrojo dulce y soberano,

concha desaforada

de los corales rojos grano a grano,

aún no está efectüada.

la sonrisa informal de la granada.

Cohetes de mercurios y cristales.

los termómetros fieles

de la temperatura dan señales,

y propasan niveles

en un desliz por números y rieles.

Acarrean amor las cochinillas

sobre los andadores.

Músculos de pimientos y membrillas.

Propenden los verdores

a plantear su crisis de frescores.

Medusa vegetal, la vid rodea

la moscatel campiña.

El sarmiento, a compás, dilata, crea,

racimo y cirro en riña,

la contorsión, la gloria de la viña.

Contrito el higo de su mismo peso,

volcán de oscuro y grana

y con erupciones puras de oro grueso,

envisca la mañana

destrozando de un golpe su sotana.

Llueve azabache, ébanos sabrosos

la maliciosa higuera;

su verdor con defectos tenebrosos

consigue de carrera

la proyección del sexo en la palmera.

Fórmula de giraldas y de altura,

término de, la rama:

preñada de amenazas de dulzura,

hembra en amor, reclama

el macheo del polen que le ama.

Si Dios creó la luz una vez sola,

la luz a Él cada día.

Se anuda la cigarra y atortola.

La hormiga, en romería,

nutriendo cretas va de tierra umbría.

Inicial aviación, cubren raídes

de amores y de galas,

libélulas primeras, netos quides

de las modernas alas,

volando entre archipiélagos de palas.

Hace los cuerpos tanto, ¡tanto! grado,

cuerpos de regadío.

Su conclusión, su bienestar, su agrado,

silencio urgente frío,

su dimisión presenta al mar el río.

Justo para el amor, entro en el huerto,

su vida inquiero, rondo;

alzo la mano y cojo el fruto cierto:

¡qué fácil! y redondo...

Se repite en lo verde lo serondo.

Con mi entrada coincide la salida

de una avispa rabiosa.

¡Oh rica inflamación!, ¡oh rabia huida!,

¡oh espina! en que reposa

tu carácter callado y manso, ¡oh rosa!

Sol y sombra alternados en el talle,

loca de insolaciones,

busca la avispa sombras en ventalle,

dejando posesiones

deliciosas, mis solas tentaciones.

Y las de los chiquillos vecinales,

antonios en pequeño.

¡Qué esfuerzo! más supremo hacen los tales

¡qué obstinación y empeño!

por no coger la poma ante su dueño.

Medicina solar, mis males curo

con guijos quemadores.

Sobre el abismo urbano de este muro

con vidriados rigores,

jugándose la vida hay cuatro flores.

Si nunca para el puño se halla escasa

la rama del frutero,

copiosamente, al ir del huerto a casa,

erizan el sendero

peligros para el pie de estercolero.


[171]

CÁNTICO-corporal

(Yo, en busca de mi alma)

Vivo yo, pero yo no vivo entero.

De mis ojos ausente,

careciendo de ti, vivo que muero,

canario adoleciente,

canto y estoy más pálido que un diente.

Te veo en todo lado y no te encuentro,

y no me encuentro en nada;

te llevo dentro, y no, me llevo dentro,

¡ay! vida mutilada,

yo, mi mitad, ¡oh Bienenamorada!

Mi amor, a quien agrega fortaleza

la soledad del huerto,

seco de sed por ti, sufre y bosteza,

y sigue en su desierto

por no caer de tentaciones muerto.

Soy llama con ardor de ser ceniza.

Sola abundantemente,

esta porción de ti, la tiraniza

-¡oh qué guerra frecuente!-

mi pupila, tormento de mi frente.

Le falta la merced de tu asistencia

a mi amor exprofeso.

Tengo en estos rosales la presencia

y esencia de tu beso,

en tanto grado puro, en ¡tanto! ileso.

Codicioso de ti, me estoy robando,

me aplico poco al suelo;

me dedico a los dos de cuando en cuando,

a tu imagen apelo

siempre, siempre presente y siempre en celo.

Yo ya no soy: yo soy mi anatomía.

¿Por qué? de mí desistes,

peligro de mis venas, alma mía...

¡Ay! la flor de los tristes

va a dieta de amor como de alpistes.

Desamparado el cuerpo, en desaseo,

sobre el amor en puro,

soy mi verdugo y juez, y más mi reo,

mi tempestad y faro;

tú, mi ejemplar virtud, mi vicio caro.

Me levanto de mí cuando me acuesto

gimiendo mis heridas,

inficionado todo de tu gesto,

de tus gratas manidas,

gracias comunicables y queridas.

¿Y tu boca?, reparo de la mía,

¡ay! bello mal que cura;

¡ay! alta nata de mi pastoría,

¡ay! majada segura

y oveja de mi boca, si pastura.

Esparcida por todos los lugares,

en ellos te deseo.

Sigo tus huellas, flores de azahares,

te silbo y te zureo,

con los vientos de carne me peleo.

Patria de mis suspiros y mi empeño,

celeste femenina;

vuelve la hermosa página del ceño

que cielos contamina.

Yo para ti, si tú, para mi ruina.


[172]

VELA-y criatura

¡Oh criatura de cera!:

fuiste. Ascendiste de una vez, de un solo

golpe de gallardía.

Se iluminó tu extremo, al norte, polo,

y de nuevo, queriendo ser lo que era:

nada, fue al mediodía.

Eres. Y ya desciendes, ya te asuelas,

te desuelas pasito,

como las otras velas,

gana de ti, tu carne y tu apetito.

Más ruin a cada instante, te devoras,

para vivir, tu vida que no es vida,

que es un ensayo de ella y un deseo.

Ardientemente lloras

el todo prometeo

de tu nada crecida.

Devoción decidida

a vivir lagrimosa;

propósito de muerte

compuesto de alma y hueso,

tu pabilo, tu alma cautelosa,

trabaja por comerte,

aunque él no sale ileso.

Si te apagan no vives; encendida

te mueres por vivir: es tu destino.

De ti misma gusano,

te pides y te ofreces:

te sirves, menester del alma fino,

menoscabo del cuerpo te haces vano.

Te apuras y depuras

y al fin desapareces.

¿Quedó de tus alturas?,

el espacio en que huía.

¿De tu cuerpo?, el lugar que no llenaba,

ya mayor, de menor, y el viento llena.

Tu corporaleidad desordenada:

ya se administra el alma, ya se ordena.

No le servía a aquella

lo que sobra a la nada,

y se lo dio, para que andase ella,

sin ella, enamorada.

Quedó el altar a oscuras,

descubrió un poco el alma su secreto

a las corrientes puras,

y se vio el candelabro, tu esqueleto.


[173]

COHETE-y glorioso

Su edad es un momento;

su vida más hermosa

la de su nacimiento,

como la de la rosa.

¡Con qué deseo! de brillar espera

el beso de los fósforos, galanes

de cajetilla y lija

y cabezuda cera,

sin luz, sin ademanes,

la luz farsante, esplendorosa, hija

de la química pura:

¡con qué pasión! de alteración no altera

su vocación de altura.

Y el fósforo, principio de su ira,

la ira que le alienta y le derroca,

para poner en curso su suceso,

que a ser celeste aspira,

le da un ardiente beso,

y la festiva luz se vuelve loca.

La brújula en la mano,

el polvorista, dios de aquí, la orienta,

creada de antemano,

hacia aquíes mejores.

La oscuridad fomenta

su brevedad sonora,

su tránsito de oro, sus colores,

y ella ilustra sus vientos y su hora.

¡Con qué fervor! de azufre de carrera

sube el mancebo fuego:

¡qué ascensión! más brillante.

Para lagarto estudia, ya palmera:

animada la caña, sin sosiego,

porfía por ir más, más, más distante.

¡Qué verticalidad! Pero no advierte

su ambición, que su aspecto

corre en persecución tras de su muerte,

aficionándose a la gloria, recto.

Inadvertida cruza por el día.

Lo pez de lo que enseña,

lo impide lo que oculta devorado.

Sin lustre, deslucida, se despeña,

regresa al mismo lado.

¿Para qué? le sirvió su triunfo airado.

Se le acabó el esfuerzo, la porfía.

Le sobró voluntad, pero le hacía

falta más munición, para el camino.

Y volvió al disimulo,

al silencio, sin tino,

ciega la caña y el silbido nulo.

Se deshizo en fracciones

la unidad de su vida:

¡qué negras! descensiones,

por ser de unos segundos no aplaudida.

¿Y quedó de su fúlgida fortuna?,

una caña batida.

Y nunca fue más grande que en la cuna.


[174]

EXEQUIAS AL RUY-SEÑOR-al poeta

Sí. Decretó tu muerte

una reunión de malas intenciones,

de iniquidad celada.

La piedra, dura suerte,

aún propósito, aún gana tus canciones

de cantar, se llevó sin transiciones

con su todo a la nada.

Sin temor, sin cautela, sin aliño,

pródigo de tu pico con usura,

tenor amartelado del cariño,

sonabas fervorosa tu criatura

con un leve meneo,

todo afligido por la calentura

de un celestial deseo.

¡Vete!, te dijo el viento,

y la piedra: ¡porfía!

Fuiste con el consejo desatento.

sordo con la amenaza:

¡funesta valentía!

A morir no opusiste resistencia.

Aminadab te puso una mordaza,

obediente el muchacho a su albedrío.

Dice el recuerdo de tu voz tu ausencia:

tu voz, ya con licencia

para no morir: ¡pío!

Nada colma el vacío

de tu delicadez y gloria alta...

¡Qué pico!, abril, ¡qué pico! más agudo

de belleza te falta.

El álamo ha quedado, por viudo,

desilustrado y mudo;

sin quehacer tu garganta.

Las alas, instintivos salvavidas,

Ruy, ¿de qué te han valido?

La soledad del nido

ya no apoya y levanta

la dulce monarquía de tu acento.

Si tú de tus primores ya no cuidas,

¿quién? andará con cuidado,

espiritual, atento.

Anal el árbol donde escrita ha sido

tu labor admirable,

solo testigo queda en este huerto.

Tu muerte, laborable

hace el gusano activo:

te afea hoy todo muerto,

si ayer lo embellecías, todo vivo.

Sin tu función tenora,

mi atención distraída, ociosa ahora

mi devoción, como tu eco, espera,

mi audición sin empleo,

y en la desesperanza mi deseo,

al Ruy-señor de otra primavera,

mientras en estos prados,

¿quién? impide y aventa mis pecados.


[175]

OTOÑO-mollar

Con nocturnos botones de semillas

en ojales de frescos carmesíes,

parábola vernal, ¿y la sandía?

Ya su parcelación es imposible.

No ya fríos regalos, sino amantes,

ardor para el ardor los cuerpos piden.

Otra vez la ciudad, otra vez hace,

mar, la recolección de tus sirenas.

Vuelven la tierra y el deporte a su auge.

Las viñas son su sombra y su miseria,

no su prosperidad. Ponen los trenes

al paisaje, veloz cristal, fronteras.

La nieve es un propósito celeste

de nevar: ¡oh pureza levantada!

¡oh montañesa espuma permanente!

Pronto el esquí nos llevará en volandas,

y alrededor del cuello sus anillos

propagará la sierpe en las bufandas.

¡Oh soledad esbelta de los nidos!

sin compaña de plumas y de amores,

sin nutrición de huevos y de trinos.

El árbol que ocultaba verderoles

descubre su sistema: anatomía

de donde han de brotar cuerpos más jóvenes:

árbol ya de verdades, sin mentiras

de hojas ni de sombras, de las ramas,

por el frío hoy tormento, ayer caricia.

Se trastorna el verdor de las campañas,

las savias no circulan, contra el viento

todo de diligencia a prisa se arma.

Todo es alacridad, desasosiego:

no se entretiene nada, ni la brisa,

ni los besos besados por los besos

en su lugar. Distancias escatiman

nieblas y auroras, luces menoscaban,

la pulcritud solar deslustran, sisan.

¡Victoria del cordero!: van su lana

los misterios celando más, los seres,

el anillo, principio y fin de nada

y oro, dios de la mano ricamente.

Se deshojan los pájaros... Hojosos

solo están los cuchillos de Albacete.

El río, interrumpido por agosto,

vuelve a continuar, y el agua niega,

turbia su superficie, su alto fondo.

Mocedades vinícolas se entierran.

Al cielo que se acerca gravemente,

lo que habrá de nacer, semilla, espera.

Se hace con más frecuencia permanente

lo transitorio eterno del vacío,

imposibilitando lo de siempre,

negro de lluvias, blanco de peligros...

A la gloria, a la gloria la esperanza

en espera de Aquello, campesinos.

El calor de la hoguera, ya diaria,

pentecostés de lenguas, a los hombres

confedera sin voz, sin paz, sin nada.

Enferman en mi huerto los limones.

Hacia la tierra sur van mis pruritos,

como mi cuerpo antes al mar norte.

Amante del calor, ¡no más del frío!

lo requiero en el vino, lo procuro

con desconsiderados ejercicios.

El sol es un alivio para el mundo,

para mí una pasión; un accidente

la sed, que fue frecuencia y vicio incluso.

Ha empezado el deshielo, tibia nieve,

de la rosa; a frutar el datilero,

a sublevarse el vello de mis huestes,

a poco amar, varón yo de deseos.


[176]

MAR Y DIOS

Elevando tus nadas hasta el bulto,

creando y descubriendo vas presencias,

y llevas las presentes a lo oculto.

Inexistencias paren existencias,

se cela en lo secreto lo patente,

nacen, mueren, sigilos, evidencias.

La alusión se produce referente

a la Verdad, tan verde en su blancura,

espuma, vanidad de la corriente.

En el mundo depones tu amargura

impalpable, y el sol la consolida

en situación palpable de figura.

La dispersión, al cabo recogida,

la leve nada demasiado grave,

reposo cano la azulada huida.

Ni principio ni fin te halla la nave,

cuna de luz y luz de tu elemento

¡mi Mar! apasionado, ¡mi Mar! suave

De ti a ti trasladando vas tu acento,

y tú, tu resultado y tu problema,

eres tu concepción y nacimiento.

Algo de pronto, idea de Algo, esquema

de la nada, después nada salada,

la espuma luce rápida y suprema.

A un tiempo eres tu espera y tu viaje,

tu ida y tu retorno de antemano,

la acción y la inacción del oleaje.

Vienes de ti por ti; vas, Océano,

a ti, tu porvenir, por tu presente,

vacío lleno, abismo curvo y llano.

Eres oscuro a fuer de transparente,

Principio y Fin de todo lo creado,

si menguante una vez, ciento creciente.

A la barca ambiciosa de tu estado,

por un ruego de nudos, le concedes

un rico mandamiento de pescado.

¡Oh Criadora Deidad!, con tus mercedes,

en la noche más alta y más oscura,

iluminas el alma de las redes.

Las vas dejando encinta de hermosura,

Tú, el sin celar, celado por perfecto,

Vigilia y Soledad sonora y pura.

Es la perla tu más bello defecto:

arma el Oriente la admirable ruina,

de corazón más rica que de aspecto.

Terrestre haces tu gracia submarina,

bolsillo de celestes semilleros,

regalo de la playa y la salina.

¡Qué tránsito! constante de aguaceros,

¡qué soberbia! humildad en ejercicio

y ¡qué gloria! de arcángeles veleros.

Tu belleza sin bridas es el vicio

de tu virtud: Eternidad completa,

tu innumerable y celestial oficio.

Tu serena visión a tu secreta

tempestad obedece, y tu furiosa,

tus serenos mandatos interpreta.

Luchando en paz, en guerra no reposa

tu Paz, siempre temida y deseada,

más rica cuanto más tempestuosa.

¡Hacia tu Claridad! llevo encelada

mi voluntad: ¡qué al vivo mi criatura!

¡con qué ganas! de verse en tu Morada.

¡Oh Dios! ¡Qué sed! de tu temperatura,

de tu comunicable fortaleza

y volandas de amor a la ventura.

Quiero la multitud de tu Grandeza;

dimitir de mi ser, yendo en tu seno,

tabla de salvación de mi flaqueza,

por fin, ángel marino, pez terreno.


[177]

CUERPO-y alma

¿Un vergel? para el cuerpo,

¿un campo? para el alma.

¿Un rosal o un espino?

¿Espirituales tierras?

¿Corporales cultivos?

Desnudez: ¡qué verdad!

Adorno: ¡qué ficticio!

¿Un vergel sin hartura?

con bastantes racimos.

¡Un campo con un agua!,

sin ningún apetito.

A pesar de su aspecto,

la azucena es un vicio.

La naranja un pecado.

¡Oh virtud del olivo!

¡Oh alma en pie del almendro!

¡Oh grandeza del trigo!

Los ruidos de la carne

ahogan los dulces trinos.

Las rosas aficionan

al desabrido sitio.

El cuerpo dice: ¡dame!

El alma: ¡acepta, hijo!

El ruy-señor evita

pecados y suicidios.

El fruto los fomenta.

¡Aviso sobre aviso!

¿Alteración? ¡Quietud!

amartela mi espíritu...

Con sus nubes veniales,

un cielo campesino,

sin árbol malicioso

ni montes sensitivos.

Ni un libro ni una cosa.

Un río, solo un río,

¡tan puro!, que ni manchen

las espumas: divino

por infición de altos

sin mancha concebidos.

El olivo, tan hombre.

Un aire masculino

con tórtolas del género

del vulnerado silbo.

No el caos de la carne.

El orden del espíritu.

Otros otros que vayan,

guiado su albedrío

por el de la vereda,

que yo vengo rendido,

sin polvo que me guíe,

guiado por mí mismo.

Sin arrimo de nadie,

con mi fe, con mi arrimo;

regraciado con Dios,

con el mundo remiso.

¿Libertades de campos?

¿Celdas de paraísos?

Me despojo del cuerpo...

Me venzo, mi enemigo.


[178]

ÁRBOL-desnudo

Ya el pecado, el verdor, se ha retirado

       a la hierba cencida.

Ya no te buscan deseosas manos,

       maliciosas avispas.

Ya no fluyen tus savias ni tu cuerpo

      ya puros a la fuerza:

por pura voluntad del puro viento

       de nieve, de pureza.

Dios, el tiempo y el frío: puras nadas,

      de mondez te han vestido.

Como la muerte, árbol ya de ramas,

      de luz y de vacío.

Lo que no cae ni palidece nunca;

      la desnudez del hueso,

sin mentiras, sin pámpanos ni frutas,

       ni favor ni deseo.

De verdad verdadero, ¡con qué fuerza!,

      ¡con qué fe! te detallas:

transcurre sobre ti la paz serena

      de lo que esconde: nada.

La majestad de lo callado, porque

       secreto es descubierto.

Corporal ya de alma, ya te pones

       espiritual de cuerpo.

A la sombra sin sombra de tus ramas,

       con afición de azules.

el cuerpo se me cae de mí, y adana,

      el alma se descubre.

Se me torna la sangre en las heridas

       licores cristalinos;

la sombra luz, virtud la anatomía

       y pájaros los nidos.

Los ardores verdales de la higuera,

      no alteran con sus iras

mi gama de la fuente: es ser serena,

       de la nieve: es ser fría.

¡Cuánta! diafanidad, ¡cuánto silencio

       con carácter de vidrio!

que nos mete a los dos, árbol, ejemplos

      de Dios por el oído.

No se menea nada ante nosotros,

       dos árboles descalzos:

¡oh la nada! pletórica de todo

      de nuestra quietud, árbol.

¿Cuándo? no vendrá abril que desazone

       nuestras tranquilidades;

que no nos pueda hacer, ni con sus flores

      desnudos temporales.

¿Cuándo? entrará en octubre mi deseo;

       ¿cuándo?, como a los ríos,

me dejarás, ¡oh, cuándo!, sin meneos,

       cuajado, ¡oh, Cuándo Frío!

Aún mi afición por el estío abunda,

      aún lo mollar requiero.

Aún me duele tu viento, tu finura:

       aún me duele tu viento.


4. POEMAS AMOROSOS

[179]

PRIMAVERA CELOSA

A mi Josefina querida.

MIGUEL



Me cogiste el corazón,

y hoy precipitas su vuelo

con un abril de pasión

y con un mayo de celo.

Vehementes frentes tremendas

de toros de amor vehementes

a volcanes me encomiendas

y me arrojas a torrentes.

Del abril al mayo voy

más celoso que moreno

y más celoso estoy

en mi corazón ameno.

Como de un fácil vergel,

se apropian de ti y de mí

la vehemencia del clavel

y el vellón del alhelí.

Hay gallos de altanería

alardeando en mis venas

y en la frondosa alma mía

mejoranas y azucenas.

Sin sospechar sus gusanos

llega tu carne a sus plenos,

y se me encrespan las manos

y se te encrespan los senos.

Me desazona la planta

un ansia de enredadera

y de tu cuerpo y de tanta

rosa rosal ser quisiera.

Dando fruto a las abejas,

entre labios y racimos,

muy cerca de tus orejas,

y de las mías vivimos.

Si a higuera tu beso huele,

suena y sabe a ruiseñor,

y abril con amor me duele

y mayo con flor y amor.

Beso y quiero, quiero y muero:

si nos parte en dos la ausencia,

pues con vehemencia te quiero,

me moriré con vehemencia.


[180]

TUS CARTAS SON UN VINO

A mi gran Josefina adorada.


Tus cartas son un vino

que me trastorna y son

el único alimento

para mi corazón.

Desde que estoy ausente

no sé sino soñar,

igual que el mar tu cuerpo,

amargo igual que el mar.

Tus cartas apaciento

metido en un rincón

y por redil y hierba

les doy mi corazón.

Aunque bajo la tierra,

mi amante cuerpo esté,

escríbeme, paloma,

que yo te escribiré.

Cuando me falte sangre

con zumo de clavel,

y encima de mis huesos

de amor cuando papel.


5. SONETOS PERTENECIENTES AL CICLO DE EL SILBO VULNERADO

[181]

ALTURA-sin par

Yo soy más alto siempre que la tierra:

de cumbre a cumbre, viento a viento, vago,

y con mi honda y mis ovejas hago

silbar la luz y suspirar la sierra.

Ladra la soledad ante mi perra,

articulo la nieve y la deshago,

y el collerón astral de Santiago

su música recoge en su cencerra.

¿Quién mi perfil consigue y sobrepasa?

¿Qué rey ni majestad, qué árbol eclipsa?

¿Quién es ni más ilustre ni más puro?

Solo Dios, que me enfría y que me abrasa,

y me da con el beso de la brisa,

en mi trono montés, pero seguro.


[182]

RASO-y cubierto

A la serena duerme mi ganado,

tornaluna de música y sendero,

y está su lana, tanto da el lucero

con ella, de un color puro escarchado.

A la serena duerme mi ganado,

y al abrigo de un lado de romero

¡qué cosa más florida de cordero,

que me lleva perdido enamorado!

Aire arriba, me voy por la mañana

en busca de la hierba no mordida,

delante de la nieve que vigilo.

Aire abajo, me alejo de la lana,

por la tarde, a la cosa más florida,

y la gozo pacífico y tranquilo.


[183]

VIDA-invariable

Con mil cabezas voy de mansedumbre,

dócil, más que a la honda, a la presencia,

por la picuda y alta transparencia

del aire, de la nieve y de la cumbre.

Avalora la luz. Qué muchedumbre

de sosiego, de paz y de inocencia

donde el amor me alivia esta dolencia

que da la soledad de la costumbre.

¡Ay, mi vida montesa no varía!

De rudas cosas trato con la honda

y con la voluntad de cosas suaves.

Trato en la noche amor, lana en el día,

y con la lana y amor, la sierra monda,

y con la sierra monda, hierbas y aves.


[184]

PRIMAVERA-ruinosa

Apacentando amores y corderas,

¡qué vida más pacífica la mía,

si no hubiera jamás esa sequía

que impide hierbear las primaveras!

No llueve, y son los montes calaveras

por donde va mi hatajo cada día,

arruinándose más en la porfía

de pacer ya pacidas hinojeras.

Pastores de Teruel, ¿qué vais buscando

hierbas en vuestros montes no encontradas?

Tampoco aquí las hay: ¡mirad mi otero!

Hierbas voy por los aires delirando...

¡Qué abril se nos presenta en las majadas

sin un cardo siquiera bandolero!


[185]

INVIERNO-hostil

¡Qué martirio de viento castellano!:

balan de frío amores y manada,

se queda patitiesa mi cayada

y se alicae la honda de mi mano.

Cabizbajo está el pasto y barbicano,

y el eco no responde a mi llamada;

la imagen de mi voz se queda helada

sobre el espejo altísimo y serrano.

Se me hiela una res como una rosa,

y confundo sus copos con los hielos

y los copos de nieve que maldigo...

Tiro una piedra gruesa a una golosa,

y se queda suspensa de los cielos,

ni lucero, ni piedra, ni castigo.


[186]

SEÑALES-de vida

Estas llagas que llevo boquiabiertas

en mis pies y mis manos son de frío

que me ataca la piel al escampío

y abre a mi sangre dolorosas puertas.

A estos ojos inmóviles y alertas

la soledad les dio su señorío

y este ceño pacífico y umbrío

es de mirar las nubes y las huertas.

Esta altura la cumbre me la ha dado,

esta pureza el aire de la aurora,

este color la luz de los enceros,

esta pobreza, Dios, y este cayado.

Y esta manera dulce una pastora

que ilumina el perfil de mis oteros.


[187]

OFICIO-adánico

Vigilar la blancura: ese es mi oficio,

apoyando en mi amor el pensamiento,

mientras me orea la mejilla el viento,

dorada y no por maña de artificio.

Tener la soledad por ejercicio

y el silencio por sabio y por contento;

por compaña la nieve y por asiento

una altura que cerca un precipicio.

Así vivo, y errante, todo el año,

a la mira unas veces de lo puro

y al servicio otras veces de mi bella.

Correhuelas pastura mi rebaño,

si hierba de la sangre yo pasturo,

con su boca en la mía, pasto de ella.


[188]

Todas las cordilleras españolas,

desde Sierra Nevada al Pirineo,

palmo a palmo pisó mi pastoreo

viviendo a secas y queriendo a solas.

Siempre entre esquilas, aires, caracolas,

que haya más dulce música no creo,

mi retiro es la paz, y mi deseo

sotos de grama, valles de amapolas.

Yo conozco del cielo todo punto,

los orígenes sé de todo río,

lo secreto de toda mina y cueva.

Desde el colmo del monte cejijunto,

de la creación es el principio mío,

de cuando Adán la vida, y cuando Eva.


[189]

Pastora, sin tu voz ¿dónde tuviera

su lenguaje escogido la fontana;

ni qué miel, ni qué paz, ni qué manzana

composición no es de ruda y tuera?

No tiene explicación la primavera

sin tu florido pómulo de grana;

sin tu caricia, el tacto de la lana

y el de la soledad ¡qué árido fuera!

¿Dónde buscará su redil el cielo,

ni la nieve su fama y su manida

sin tu ojo puro ni tu ilustre frente?

¿Dónde hallar una umbría sin tu pelo?

Ni mi paz fuera paz, ni honor mi vida,

sin tu asistencia, amor, intermitente.


[190]

SOLEDAD-montés

¡Qué solos los perfiles, las aristas

qué áridas, qué espaciosos los declives

de las eternidades donde vives,

de la criatura tuya desprovistas!

¡Qué desolada inmensidad de vistas!

sobre la claridad de los aljibes,

la soledad aguarda que cultives

su santidad y su viudez asistas.

El cielo baja huérfano y sin gracia

hasta los bravos cardos del barranco

donde se eriza el aire y se vulnera.

¡Amanece, pastor, y ven, y sacia

esta sed de tu vista y de tu blanco

de la virgen montaña que te espera!


[191]

¡Qué femenino y tierno está el asunto

de lo puro y lo cano en la cordera

como almendro lanar en primavera

sobre toda estación y todo punto!

¡Qué nardo más florido y cejijunto!

¡Qué modo de ser nieve y qué manera!

¡Ay, si mi amor, amor, el tuyo fuera,

de la cordera el resto mi trasunto!

Siempre huyéndolo, baja cuidadosa,

ni le asusta la altura más esbelta,

ni la atracción de vértigo la imanta.

Ejemplar de virtud, vaga y reposa

por el cielo y el aire desenvuelta

y un astro le llamea en la garganta.


[192]

RENCOR-milenario

Un odio eterno cunde por los secos

cardos, las zarzas bíblicas y mondas,

las alturas agudas y redondas,

y los inexorables recovecos.

Un insigne rencor late en los huecos

de las cavernas líricas y blondas

y el silbo vulnerado de las hondas

que multiplican rápidos los ecos.

Mudo el pastor acecha al lobo mudo,

dispuesta torvamente la mirada

en la arriesgada altura que los ciñe.

Resentimiento virgen y picudo,

que les pone la piel disparatada

y los enzarza a veces y los tiñe.


[193]

DOLENCIAS-altísimas

¡Qué penas tan ilustres son las penas

que se padecen en la serranía!;

¡Qué luminosas penas en la fría

culminación de piedra, y qué serenas!

Desatan los suspiros sus melenas

celestemente en la garganta umbría,

y la tristeza y la melancolía

¡qué elevadas resultan y qué apenas!

Alto duele el dolor, pero ¡qué alto!

suelto sufre el amor, pero ¡qué suelto!

pero ¡qué dilatado y qué tranquilo!

De mí sobrante, amor, y de ti falto,

peno y suspiro azul, solo y esbelto,

hasta que en tu sonrisa me destilo.


[194]

LLUVIA-fértil

Se desploman los altos, de manera

tan grandiosa, tan bíblica, tan franca,

que agua abajo se va la cumbre blanca

precipitando el pico y la ladera.

Una música bárbara, que altera

la frágil paz del eco, a mí me arranca

y se la lleva viva la barranca,

la de mejor dibujo, una cordera.

Pero esta confusión y este suceso

duplicará la paz de estos lugares

que hoy tenían la piedra vieja y mustia.

Irá el azul de hinojo y de cantueso,

rehechos los perfiles y ejemplares

y mi ganado y yo sin una angustia.


[195]

Perro de la ciudad es el que llaga

la nata de la flor de mi ganado.

Perro de la ciudad, ¡ay! me has dejado

con el alicaimiento de la aulaga,

la cordera que fue menos de zaga

de contorno más fino y agraciado;

¡ay ciudadano perro endemoniado!

¿quién en ti y en tu dueño no se caga?

Con el vientre radiante de mordido,

la cordera que más espuma hacía

y más orejeaba en hermosura

aquí yace abrumada. Ni he querido

almorzar, ni, viviendo su agonía

pienso de las ciudades con ternura.


[196]

TODO ME SOBRA

Todo me sobra a mí de mi criatura,

y te lo doy a ti, la que me faltas,

la que de cuando en cuando solo,

saltas de oveja de mi boca a ser pastura.

Con tu memoria eterna, la hermosura

de este lugar insigne y rudo exaltas

y ante tu talla están las nieves altas

avergonzadas ya de su estatura.

Recinto es tu cintura de la palma

y afrenta de tu fama el adjetivo

más singular y fino que te asista.

No tiene otro quehacer que tú mi alma:

¿cuándo le entregarás definitivo

el porvenir dichoso de tu vista?


[197]

No media más distancia que un otero

entre la ausencia mía y tu presencia

y sin embargo, amor, está mi ausencia

pendiente de tu puerta de romero.

Como muere, doliéndose, el cordero

destetado y sin madre ni asistencia,

así, de esta dulcísima dolencia,

de no verte estoy viendo que me muero.

Inútil es mi oreja sin tus voces,

inútiles mis ojos y mi pelo

hasta que tu amistad los coge y toca.

Mi mejilla se mustia sin tus roces,

mi paz de guerra está, mi amor de duelo...

¡A tanto obliga un beso de tu boca!


[198]

Dos soledades son de mi recreo:

una la guardo y otra la vigilas;

en una piso altos y oigo esquilas,

en otra bebo amor y gloria veo.

Por aquella me lleva el pastoreo,

y por esta me traes y me destilas,

miel en la soledad de tus pupilas

en las que me acompaño y me deseo.

Doble es la soledad con que me asiste

Dios en la inacabable serranía,

lengua una toda, la otra toda muda.

Cuando esta jubilosa, aquella triste,

y si cuando esta luz, aquella umbría,

cuando aquella casada, esta viuda.


[199]

A las tres salgo al monte y lo despierto

con una voz oscura y desabrida...

Más triste que una oveja malparida

se me queda el amor al descubierto.

A las doce, cansado y medio muerto

de sed, llevo el rebaño a la venida

de la Mente, ignorada de sabida,

que me enseña su origen boquiabierto.

Sesteo hasta las cuatro en las quebradas,

hasta las siete voy dejando rastros

de honda en los espacios que yo animo.

Desde las siete parto a las majadas,

a la luz secundaria de los astros,

a tu voz, a tu encuentro y a tu arrimo.


[200]

Con una mansedumbre de cordero,

al aire baja y sube de este lado

la paz de la ladera en que plantado

tengo un huerto de lilio y limonero.

Mis horas libres de hombre y de cabrero,

aquí me tienen siempre refugiado,

más puro que un almendro no mirado

cuando su edad no pasa de un enero.

Aquí pienso en quien piensa en mis amores,

aquí silbo escogido de sereno

el ejemplo siguiendo de las aves;

comunico las piedras con las flores,

acreciento el clavel, la tierra ordeno

y torno alegres pascuas las más graves.


[201]

PASTOR-adolescente

Ya el labio superior se me oscurece

con una grama oscura no pastada

y en lo más interior de la mirada,

¡qué noche de San Juan me resplandece!

Ya una ubre de oveja me parece

no sé qué dulce aurora sonrosada

y por menos de algo, que es por nada,

doce luceros se me antojan trece.

Adolezco y me venzo; y si no fuera

o por el apoyo esbelto del cayado

daría con mi cuerpo en un barranco.

La soledad me angustia y desespera,

y así voy por el aire, sobre el lado

del corazón rendido y cojitranco.


[202]

¡La luz, la luz, la luz en la montaña!;

la luz, la luz, la luz en la ladera;

ni la estorba una fronda, ni la altera

ni el leve movimiento de una caña.

¡Con cuánta precisión y cuánta saña

la luz da en el perfil de la cumbrera!

¡Ay, si sobre el perfil ilustre viera

el perfil que mis noches acompaña!

Se le ven el primor y el pormenor

el pórfido y el mármol arriesgado

donde las penas de mi amor sestean.

¡La luz, la luz, la luz! ¡Qué alrededor

del monte más brillante y sosegado...!

Ni mi amor, ni mi pena se menean.


[203]

De amor penadas se alicaen las flores,

se agriendulzan de tierra los arados,

y balan malheridos los ganados,

y vagan semiciegos los pastores.

Perniquiebran sus cumbres de temblores

las palmeras de cuellos sublunados,

y esquivamente solos, malparados

boquiabren pecho y voz los ruy-señores.

Penado voy de amor, y alicaído,

por esta bendición de aires y aulagas,

como cordero cojo me rezago.

Más triste y seguirente que un balido

en ti busco el alivio de mis llagas,

y cuanto más lo busco, más me llago.


[204]

SUSPIRO Y PIEDRA-eternos

Ay, no encuentro, por más que tiro y tiro,

en la tarde serrana, sola y monda,

sol la piedra sólida de la honda,

el suspiro escapado del suspiro.

Todo es penumbra triste cuanto miro

a la larga, la ancha y la redonda

y en la piedra vuelve, sube y blonda

ni el suspiro deslumbra este retiro.

Suspiro y piedra suben a la altura,

suspiro y piedra bajan enseguida

al mismo sitio oscuros y ligeros.

Pena cuando la noche se apresura,

suspiro y piedra, al fin, sobre mi vida,

se quedan convertidos en luceros.


[205]

A los pomos de almendros a los pomos

de desertísimas nieves vegetales,

y a los pomos de célicos cristales

tomando lenguas voy por los aromas.

Tomando lenguas voy por los aromas

de los campos y montes invernales,

y tan solo me dan de tus señales

un martirio de cuándos y de cómos.

-¿Cómo es? ¿Cuándo vino? ¿Cómo viste?

¡Ay almendros, ay nieves ignorantes

que una pregunta hacéis a mi pregunta

y no me remediáis. Y sigo triste:

como el sol, como el viento, como antes,

buscando tu perfil de punta a punta.


[206]

En crespa piedra doy, en piedra dura.

Contra tú que, mirándome, me abrazo

tierna y al mismo tiempo de ocaso

que te informa de sangre lenta y pura.

A ti me doy amor, como a más altura

desde lo más a mano de mi verso,

y como por el monte por ti paso

sin dejar una huella de ternura.

En piedra das mi amor, en piedra fósil

en piedra mi voz, la piedra suave

en piedra dan mis ojos y mis huesos.

En piedra pertinaz, en piedra indócil:

y espero vanamente a que responda

la piedra a los clamores de mis besos.


[207]

Cuando menos lo espero y salta

al silencio que el campo laborea

un ay de mi garganta y lo rodea

un corro de suspiros lo exalta.

La superficie peligrosa y alta

de los ecos insignes se menea,

y a hondanazo limpio, el aire me apalea

con su silbada voz que nunca falta.

Se queda la creación sobrecogida

el cielo asiste mustio y cojijunto

al vuelo impar de mi pesar vibrado.

Con ojos de cordera malparida

se va la luz volviéndose todo punto

y tú no te acuerdas de un lado.


[208]

Nuevo en mi corazón, pero no en ese

rodeado de nieve sempiterna,

y un asta láctea: a la mirada tierna

y agresiva al amor que yo le exprese.

¿Valor le sobra para que alguien bese?

Si se le antoja, la figura externa

de ese corazón suyo, de caverna

pero cuando ese alguien ya no fuese.

¡Oh corazón, ay corazón astado

en ti pido habitar aunque muy dentro

una tenaz carcoma guarecida!

Oh corazón del mío irrefugiado

quiero entrar en tu especie, aunque si entro

sé que el invierno invadirá mi vida.


[209]

DE MAL-en peor

«Dame, aunque se horroricen los gitanos,

(dije una vez hablando a la serpiente,

con un deseo de pecar ferviente)

veneno activo el más, de los manzanos».

Inauditos esfuerzos, soberanos,

ahora mi voluntad frecuentemente

hace por no caer en la pendiente

de mi gusto, mis ojos y mis manos.

Antes no me esforzaba y me caía;

y ahora que, con un tacto, un susto, un cuido,

voy sobre los cristales de este mundo,

no me levanto ni me acuesto día

que malvado cien veces no haya sido,

ni que caiga más vil y más profundo.


[210]

NARIZ-flaca

El órgano nasal me desordena:

¡qué tentación de olores lo remueve!

Y a desembarazarme de la nieve

me incita mayo, mayo que me apena.

Me inclino hacia el clavel; a la azucena

le desoigo el lamento claro y leve;

del lado de la rosa el pie se mueve,

y le doy al jazmín ¡qué pura pena!

Partidario del cardo antes de ahora,

esquivando su imagen de tortura,

dejo desamparados los az'hares.

¡Ay!: ¡hazte de mi bando!, el lilio llora.

Y no atiendo, y asaltan mi criatura

deseos nones y malicias pares.


[211]

OREJAS-inútiles

Dos pájaros me están enamorando,

por la audición, el alma con el pío:

uno en la juncia blanda, junto al río,

y otro en la rama, lejos de lo blando.

Hacia los dos mis devociones mando:

ni a uno me vuelvo ni a otro me desvío:

y entre los dos, se encuentra mi albedrío

por los dos fervoroso suspirando.

¡Ay, qué solicitud! silban a dúo,

este en la zurda, aquel en la derecha

sobre una paz festiva de domingo.

Y yo a ninguno de ambos exceptúo

de mi atención que, duplicada, acecha

y el pájaro mejor, ¡ay!, no distingo.


[212]

MANOS-culpables

Palmas ¡qué poco ilustres y graciosas

y qué mucho podencas y sensuales!

Sin aires ni aficiones celestiales

ni en la garganta támaras sabrosas.

Entrometiendo ardor entre las cosas

y mi sensualidad, las manuales

enredaderas van por los rosales

la malicia inquiriendo de las rosas.

Ay, por vosotras, seno es el racimo

y ¡ay! por vosotras sexo boquiabierto

la sonrisa informal de la granada.

No me llevéis, sonámbulo, al arrimo

de los dulces pecados de mi huerto

y su mollar materia gusanada.


[213]

OJOS-indómitos

¿Adónde vais, mis ojos desbocados

rostro abajo, saliendo de la senda

de la virtud? ¿Tras qué liviana prenda

vais, prendidos, mis ojos, y prendados?

Ay, visivos y líquidos pecados

de mirar y no ver. ¡Tened la rienda,

que me despeñaré, si no os enmienda

la dirección mi voluntad, malvados!

Con las cejas pobladas de deseos

y las niñas perdidas a legañas

me levanto y acuesto, de manera

que no sé lo que miro y lo que veo...

¡Ay!. ¿cuándo me saldrá por las pestañas

una diurna y límpida ceguera?


[214]

Tú tienes cara de María, gesto

de nieve que lo es y que procura

serlo, obstinadamente pura, pura,

pura desde el cabello más modesto.

Más dócil y más fiel que el mimbre al cesto

dondequiera tu pie va la blancura

informando la miel de una dulzura

que no encuentra la abeja en ningún puesto.

Al ruy-señor tus voces, a la fuente

tu beldad recomiendo, y al idioma

esa expresión callada de tu pelo.

Bajar al mundo tú fue un accidente

ilustre sucedido a una paloma

ni sé si estás aquí; ni si en el cielo.


[215]

ROSA-de almendra

Propósito de espuma y de ángel eres,

víctima de tu propio terciopelo,

que, sin temor a la impiedad del hielo,

de blanco naces y de verde mueres.

¿A qué pureza eterna te refieres

con tanta obstinación y tanto anhelo?...

¡Ah, sí!; tu flor apunta para el cielo

en donde está la flor de las mujeres.

¡Ay! ¿por qué has boquiabierto tu inocencia

en esta pecadora geografía,

párpado de la nieve, y tan temprano?

Todo tu alrededor es transparencia,

¡ay pura de una vez cordera fría,

que esquilará la helada por su mano!


[216]

ROSA-y fugaz

La víctima de verde terciopelo,

flor de almendro y pronóstico de aurora,

fue, anticipando al tuyo su entrecielo,

pureza de la tuya precursora.

Valioso documento de una hora,

besos significando en tu revuelo,

hacia tu punto vas de caramelo,

a lo cohete bella sin demora.

Provocadas tus gracias sublunares

por la pura ocurrencia de la gloria,

filigrana de miel tu estado mina;

y depones tus miembros ejemplares,

en la flor de tu edad, ¡qué transitoria!

sobre la retaguardia de la espina.


[217]

ESPINO-y muerte

Monda agresividad de mondo hueso;

por sí misma ofendida y defendida,

se bate -triste esgrima- en su suceso,

y se arma -puto erizo- en su manida.

Doloroso su trato con exceso,

los ánimos más fuertes intimida

ante su invulnerable frente grueso,

anatómico esquema de su vida.

A la carne atrevida ¡qué castigo!

o de geométricos ángulos fatales

promete con extremos infelices.

Amigo vegetal de su enemigo,

con sus miembros machea los rivales,

esqueleto de flores y raíces.


[218]

HORTELANO-doliente

Enero, ya la tierra está en amores,

con un color de madre en la mejilla,

ya siento circular bajo su arcilla

la purísima sangre de las flores.

Ya advierto por los vástagos rumores

de savia en curso; y sale por la orilla

del río un aire, que enmudece y brilla

como poblado ya de ruy-señores.

Ay, qué sabor a abril y mayo siento,

mientras apoyo en cañas los rosales

para que se trasladen al vecino.

Ya es mi carne mi ruina y mi tormento,

y a las peores cosas terrenales

ya me voy, ya me atengo, ya me inclino.


[219]

Abril, el de las gracias a millones

y las aguas a mil, amor, ya llega,

y yo me entrego a ti, como se entrega

el río a las doradas tentaciones

de su margen que alhajan los limones...

Tú eres una florida y dulce vega,

y yo el caudal que las deslumbra y riega

con sus constantes joyas y atenciones.

¡Qué bien sufro mi mal, mi bien, contigo,

hecho un Segura de oro caricioso

que tu vega de amor cuida y consuela!

Mírate en mi cristal visual y amigo

desde el gesto frutal de tu reposo

como naranja dulce de Orihuela.


[220]

Solo faltaba al aire de este día

donde tanta luz reina y tanto cielo

la de un florido y viejo terciopelo

casi argentado y casi en la agonía.

Lo ha desplegado en paz y en armonía

el plumaje de un lilio sobre el suelo

más fino que su sombra y que su anhelo,

con una sencillez sin compañía.

Rostriazul, cabizbajo, boquiabierto,

de oriámbares cebrados ¡con qué tacto!

los párpados de olor de su hermosura.

Solo falta que vengas a mi huerto

y digas: ¡lilio! -amor- para en el acto

ser toda la creación lilial de pura.


[221]

¿Cómo te has atrevido, azahar a tanto,

para venir a oler en pleno invierno?

¿Qué sobrenatural, qué sol interno

te hizo entreabrir el ojo de tu encanto?

Vocación de lucero, si de santo,

veo que tiene un párpado tan tierno,

que ni en mayo resiste y vence el cuerno

del viento, y se deshoja como un llanto.

¡Como me martiriza y de qué modo,

la forma celestial y tu manera

de ser, que acabará pronto en picuda!

Ahora que eres puro ya del todo,

todo lo que no soy y ser quisiera,

al aire destemplado, a la luz cruda.


[222]

¿Quién no ve la presencia de un testigo

de la espuma y el mar en el salero?

¿En qué gran cantidad no se halla un cero?

Sin alabar a Dios ¿quién trilla el trigo?

¿Qué rosa nace sin contar contigo?

¿Quién no pone el reparo de algún pero

al aire de la flor del limonero

cuando sabe del aire que persigo?

Nadie piensa en María sin pensarte,

si alguien dice: ¡Jesús! es solo al verte,

todo el que grita: ¡miel!, libó tu mano.

Malherida la luz de parte a parte

anda sin ti, tocado yo de muerte,

todos alicaídos, nadie sano.


[223]

Dichoso el campesino que ara y lanza,

y al mismo tiempo canta en el reposo,

el grano volandero y provechoso,

propósito final de la labranza.

Que aunque a un tiempo de mucha destemplanza

sucede otro aún menos lluvioso,

dentro del pensamiento caviloso

siempre le queda un algo de esperanza.

Desgraciado de mí que no me queda,

no ya un algo, ni un nada miserable

que en la esperanza porfiar me haga.

Desesperada y sin alivio, rueda

esta pena del brote inagotable,

esta vida tristísima de llaga.


[224]

CASI-nada

Manantial casi fuente; casi río

fuente; ya casi mar casi río apenas;

mar casi-casi océano de frío,

Principio y Fin del agua y las arenas.

Casi azul, casi cano, casi umbrío,

casi cielo salino con antenas,

casi diafanidad, casi vacío

casi lleno de arpones y ballenas.

Participo del ave por el trino;

por la proximidad, polvo, del lodo

participas, desierto, del oasis,

distancia, de la vena del camino:

por la gracia de Dios, -¡ved!-, casi todo,

Gran-Todo-de-la-nada-de-los-casis.


[225]

Pájaro vulnerado de repente

en su más agraciado y alto giro

por el manual relámpago de un tiro

no soy a este día y al siguiente.

Pájaro vulnerado mortalmente,

que deja reluciendo el zafiro

la soledad del ay, la del suspiro

clamor de un desconsuelo permanente.

Puntiagudo matiz de una agonía

que me tiene ante Dios alienado

y todo el aire me es innecesario.

¡Ay! Porque con amor en contra mío

si yo pájaro herido y subherido,

con escopeta vibradora a diario.


[226]

Esta inicial y pura maravilla

del almendro, relámpago de nata,

de dulce asombro el ojo me dilata

y me pone florida la mejilla.

La creación es más clara y más sencilla

con este ejemplo tierno de oro y plata

por la luz que lo alumbra y lo arrebata

y el aire que muriendo no lo orilla.

Al revés que la vista de la higuera

y su ardiente compaña lujuriza

la vista del almendro y que empaña

al peso de la sangre que aligera

y pone los ojos con su riza

límpido del deseo y su legaña.


[227]

TRINAR-de amor

El ruy-señor ¿no silba cuando ama,

fervorosa y devota la postura

y un exquisito aire de amargura

que aflige la existencia de la rama?

La tórtola en el nido ¿no reclama

compaña amartelada y la procura?

La soledad del toro en la pastura

¿no se hace rabia lírica? ¿no brama?

Pues si hay un ruy-señor que se ejercita

en lo dificilísimo del trino

cuando quiere; una tórtola y un toro...

¿Por qué no he de cantar en la exquisita

soledad de mi amor, a lo divino,

yo, un hombre humano, que a una humana adoro?


[228]

¡Ay, qué picuda y, ay, qué amargamente

me sales, ay me sales del retiro

del alma, en el origen de la fuente

de la pena, del llanto y del suspiro!

¡Ay, este soy: ay, este que me miro,

pero que no me puedo ver frecuente:

este que rabio y este que deliro

bajo la mala sombra de mi frente!

En un ay paso el día más sereno:

un ay me empina y ¡ay! otro me acuesta:

un ay se va y otro ay viene en seguida.

Dolor del mundo de criaturas lleno;

dolor del Dios y de la carne esta,

que me tendrá en un ay toda la vida.


[229]

Penas de Andalucía son mis penas,

penas para tañidas y cantadas,

penas pendías, penas malpenadas,

ruy-señoras esquivas y morenas.

Penas para sembrar por las arenas,

por los altos de piedras arriesgadas,

y para soledades delicadas

de tierras delicadas de azucenas.

Pena terrena como en surco trigo,

pena celeste como en aire ave

y palma inagotable de garganta.

Penara para sin ti, para conmigo,

que junto a un río pena y crece suave

y al pie de un limonero se amamanta.


[230]

El grano, una esperanza derramada,

por el esperanzado campesino,

dio en el aire un relámpago divino

y avalora la laborable nada.

A cada surco boquiabierto, a cada

arada herida, un ansia sobrevino

de cielo manantial y cristalino

que les diera la forma de la espada.

Todo el campo miraba para el cielo:

y el cielo no manó lo deseado,

y codo se perdió en la confianza.

Volvió, tras un sereno desconsuelo,

el campesino al bieldo y al arado,

y echó, fijo en el cielo, otra esperanza.


[231]

Llanteando mi pena por la orilla

de un río verde, y rubio sin embargo,

afligía el caudal con el encargo

líquido que le daba mi mejilla...

Mi pena originó la maravilla

del limón, pues el triste zumo amargo

que exprimieron mis ojos, lento y largo,

regó la tierra y frutó amarilla.

Hace de este suceso no sé cuánto:

tú eres la primer gracia de la Historia

y yo el primer asunto de la Aljaba.

Relámpago en las llamas fue mi llanto

y daba compasión, si daba gloria

ver cómo olía, ver cómo amargaba.


[232]

Un niño llanteador, por destetado,

que con nada se acalla ni consuela,

aunque a su alrededor sea una tela

todo el mundo de tacto delicado.

Un cejijunto niño desolado

es mi pesar de siempre, siempre en vela,

siempre con la visión bajo una estela

de inconsolable cirio propagado.

Jamás con gritos, risas, gracias, gestos,

afectados por ver si se me alegra,

harán dulce mi vida en esta plaza.

Ni callaré jamás, hasta que puestos

en mi llagada boca blanca y negra

tus pechos, tierra, me harten de mordaza.


[233]

Con tus pechos porosos y mollares,

colmilludo licor en apogeo

de astar tu corazón y mi deseo,

edifican sus norias los collares.

En tus pechos cuajados en los mares

de más brutal espuma que yo veo

amontonan su lácteo parpadeo

las derramadas vías estelares.

Pongo mi corazón ante estas astas,

lo huracanadamente deseoso

de verme herido y encunado en ellas.

Y solo con sus límites desgastas

y desordenas mi arterial reposo

rozándome con cúmulos de estrellas.


[234]

PENA-bienhallada

Ojinegra la oliva en tu mirada,

boquitierna la tórtola en tu risa,

en tu amor pechiabierta la granada,

barbioscura en tu frente nieve y brisa.

Rostriazul el clavel sobre tu vena,

malherido el jazmín desde tu planta,

cejijunta en tu cara la azucena,

dulciamarga la voz en tu garganta.

Boquitierna, ojinegra, pechiabierta,

rostriazul, barbioscura, malherida,

cejijunta te quiero y dulciamarga.

Semiciego por ti llego a tu puerta,

boquiabierta la llaga de mi vida,

y agriendulzo la pena que la embarga.


[235]

A TI, LLAMADA IMPROPIAMENTE ROSA

A ti, llamada impropiamente Rosa,

impropiamente, Rosa, impropiamente,

rosa desde los pies hasta la frente

que te deshojarás al ser esposa.

Propia de rosas es tu piel de rosa

de cáliz y de pétalo caliente

pero es tu piel de rosa indiferente

otra rosada y diferente cosa.

Te llamas rosa; si lo eres, dime:

¿dónde están las espinas, los dolores

con que todas las rosas se defienden?

Por ser esposo de una rosa gime

mi cuerpo de claveles labradores

y ansias de ser rosal de ti lo encienden.


[236]

SER ONDA, OFICIO, NIÑA,
ES DE TU PELO

Ser onda, oficio, niña, es de tu pelo,

nacida ya para el marero oficio;

ser graciosa y morena tu ejercicio

y tu virtud más ejemplar ser cielo.

¡Niña!, cuando tu pelo va de vuelo,

dando del viento claro un negro indicio,

enmienda de marfil y de artificio

ser de tu capilar borrasca anhelo.

No tienes más quehacer que ser hermosa,

ni tengo más festejo que mirarte,

alrededor girando de tu esfera.

Satélite de ti, no hago otra cosa,

si no es una labor de recordarte.

-¡Date presa de amor, mi carcelera!


6. EL SILBO VULNERADO

[237]

[1]

Para cuando me ves tengo compuesto,

de un poco antes de esta venturanza,

un gesto favorable de bonanza

que no es, amor, mi verdadero gesto.

Quiero decirte, amor, con solo esto,

que cuando tú me das a la olvidanza,

reconcomido de desesperanza

¡cuánta pena me cuestas y me cuesto!

Mi verdadero gesto es desgraciado

cuando la soledad me lo desnuda,

y desgraciado va de polo a polo.

Y no sabes, amor, que si tú el lado

mejor conoces de mi vida cruda,

yo nada más soy yo cuando estoy solo.


[238]

[2]

Sin poder, como llevan las hormigas

el pan de su menudo laboreo,

llevo sobre las venas un deseo

sujeto como pájaro con ligas.

Las fatigas divinas, las fatigas

de la muerte me dan cuando te veo

con esa leche audaz en apogeo

y ese aliento de campo con espigas.

Suelto todas las riendas de mis venas

cuando te veo, amor, y me emociono

como se debe emocionar un muerto

al caer en el hoyo... Sin arenas,

rey de mi sangre, al verte me destrono,

sin arenas, amor, pero desierto.


[239]

[3]

Gozar, y no morirse de contento,

sufrir, y no vencerse en el sollozo:

¡Oh, qué ejemplar severidad del gozo

y qué serenidad del sufrimiento!

Dar a la sombra el estremecimiento,

si a la luz el brocal del alborozo,

y llorar tierra adentro como el pozo,

siendo al aire un sencillo monumento.

Anda que te andarás, ir por la pena,

pena adelante, a penas y alegrías

sin demostrar fragilidad ni un tanto.

¡Oh la luz de mis ojos qué serena!;

¡qué agraciado en su centro encontrarías

el desgraciado alrededor del llanto!


[240]

[4]

Yo te agradezco la intención, hermana,

la buena voluntad con que me asiste

tu alegría ejemplar: pero, desiste

por Dios: hoy no me abras la ventana.

Por Dios, hoy no me abras la ventana

de la sonrisa, hermana, que estoy triste,

lo mismo que un canario sin alpiste,

dentro de la prisión de la mañana.

No te he de sonreír: aunque porfíes

porque a compás de tu sonrisa lo haga,

no puedo sonreír ante esta tierra.

Hoy es día de llanto: ¿por qué ríes?

Ya me duele tu risa en esta llaga

del lado izquierdo, hermana... Cierra: cierra.


[241]

[5]

Cada vez que te veo entre las flores

de los huertos de marzo sobre el río,

ansias me dan de hacer un pío pío

al modo de los puros ruy-señores.

Al modo de los puros ruy-señores

dedicarte quisiera el amor mío,

requerirte cantando hasta el estío,

donde me amordazaron tus amores.

Demasiado mayor que tu estatura,

al coger por los huertos una poma

demasiado mayor que tu apetito:

demasiado rebelde a la captura

hacia ti me conduzco por tu aroma

demasiado menor que chiquitito.


[242]

[6]

¡Y qué buena es la tierra de mi huerto!:

hace un olor a madre que enamora,

mientras la azada mía el aire dora

y el regazo le deja pechiabierto.

Me sobrecoge una emoción de muerto

que va a caer al hoyo en paz, ahora,

cuando inclino la mano horticultora

y detrás de la mano el cuerpo incierto.

¿Cuándo caeré, cuándo caeré al regazo

íntimo y amoroso, donde halla

tanta delicadeza la azucena?

Debajo de mis pies siento un abrazo,

que espera francamente que me vaya

a él, dejando estos ojos que dan pena.


[243]

[7]

Ni a sol ni a sombra vivo con sosiego,

que a sol y a sombra muero de baldío

con la sangre visual del labio mío

sin la tuya negándole su riego.

Árida está mi sangre sin tu apego

como un cardo montés en el estío...

¿Cuándo será que oiga el pío pío

de tu beso, mollar pájaro ciego?

Más negros que tiznados mis amores,

hasta los pormenores más livianos

detallan sus pesares con qué brío.

Dóralos con tus besos, ruy-señores,

alrededor la jaula de tus manos

y dentro, preso a gusto, mi albedrío.


[244]

[8]

Sabe todo mi huerto a desposado,

que está el azahar haciendo de las suyas

y va el amor de píos y de puyas

de un lado de la rama al otro lado.

Jugar al ruy-señor enamorado

quisiera con mis ansias y las tuyas,

cuando de sestear, amor, concluyas

al pie del limonero limonado.

Dando besos al aire y a la nada,

voy por el andador donde la espuma

se estrella del limón intermitente.

¡Qué alegría ser par, amor, amada,

y alto bajo el ejemplo de la pluma,

y qué pena no serlo eternamente!


[245]

[9]

La pena, amor, mi tía y tu sobrina,

hija del alma y prima de la arena,

la paz de mis retiros desordena

mandándome a la angustia, su vecina.

La postura y el ánimo me inclina;

y en la tierra doy siempre menos buena,

que hijo de pobre soy, cuando esta pena

me maltrata con su índole de espina.

¡Querido contramor, cuánto me haces

desamorar las cosas que más amo,

adolecer, vencerme y destruirme!

¡Esquivo contramor, no te solaces

con oponer la nada a mi reclamo,

que ya no sé qué hacer para estar firme!


[246]

[10]

La pena hace silbar, lo he comprobado,

cuando el que pena, pena malherido,

pena de desamparo desabrido,

pena de soledad de enamorado.

¿Qué ruy-señor amante no ha lanzado

pálido, fervoroso y afligido,

desde la ilustre soledad del nido

el amoroso silbo vulnerado?

¿Qué tórtola exquisita se resiste

ante el silencio crudo y favorable

a expresar su quebranto de viuda?

Silbo en mi soledad, pájaro triste,

con una devoción inagotable,

y me atiende la sierra siempre muda.


[247]

[11]

Como queda en la tarde que termina,

convertido en espera de barbecho

el cereal rastrojo barbihecho,

hecho una pura llaga campesina,

hecho una pura llaga campesina,

así me quedo yo solo y maltrecho

con un arado urgente junto al pecho,

que hurgando en mis entrañas me asesina.

Así me quedo yo cuando el ocaso,

escogiendo la luz, el aire amansa

y todo lo avalora y lo serena:

perfil de tierra sobre el cielo raso,

donde un arado en paz fuera descansa

dando hacia dentro un aguijón de pena.


[248]

[12]

Como recojo en lo último del día,

a fuerza de honda, a fuerza de meneo,

en una piedra el sol que ya no veo,

porque ya está su flor en su agonía,

así recoge dentro el alma mía

por esta soledad de mi deseo

siempre en el pasto y nunca en el sesteo,

lo que le queda siempre a mi alegría:

una pena final como la tierra,

como la flor del haba blanquioscura,

como la ortiga hostil desazonada,

indomable y cruel como la sierra,

como el agua de invierno terca y pura,

recóndita y eterna como nada.


[249]

[13]

Te espero en este aparte campesino

de almendro que inocencia recomienda:

a reducir mi voz por esa senda

ven que se va otra vez por donde vino.

En el campo te espero: mi destino,

junto a la flor del trigo y de mi hacienda,

y al campo has de venir, distante prenda,

a quererme alejada del espino.

Quiere el amor romero, grama y juncia:

ven que romero y grama son mi asedio

y la juncia mi límite y mi amparo.

A tu boca, tan breve se pronuncia,

se le va a derramar lo menos medio

del beso que a tu risa le preparo.


[250]

[14]

Una interior cadena de suspiros

al cuello llevo crudamente echada,

y en cada ojo, en cada mano, en cada

labio dos riendas fuertes como tiros.

Cuando a la soledad de estos retiros

vengo a olvidar tu ausencia inolvidada,

por menos de un poquito, que es por nada,

vuelven mis pensamientos a sus giros.

Alrededor de ti, muerto de pena,

como pájaros negros los extiendo

y en tu memoria pacen poco a poco.

Y angustiado desato la cadena,

y la voz de las riendas desoyendo,

por el campo del llanto me desboco.


[251]

[15]

Un acontecimiento de osadía,

de ángel en rebelión, a la distancia

de tus brazos, esbelto de arrogancia

con una mar en ímpetu, me envía.

Cuando me acuerdo de la sangre umbría:

de la sangre mi madre, en circunstancia

de resplandor, palmera y abundancia,

por siempre tuya y por desgracia mía.

Mi gallo, amor, mi yugo y mi quebranto:

mi sangre, que me imprime contra todo

y me imposibilita el aire, loca.

Que me derriba apenas me levanto,

y me pulsa y me lleva ¡de qué modo!

a la visiva sangre de tu boca.


7. IMAGEN DE TU HUELLA

[252]

[I]

Astros momificados y bravíos

sobre cielos de abismos y barrancas,

como densas coronas de carlancas

y de erizados pensamientos míos.

Bajo la luz mortal de los estíos,

zancas y uñas se os ponen oriblancas,

y os azuzáis las unas y las zancas

¡en qué airados y eternos desafíos!

¡Qué dolor vuestro tacto y vuestra vista!:

intimidáis los ánimos más fuertes,

anatómicas penas vegetales.

Todo es peligro de agresiva arista,

sugerencia de huesos y de muertes,

inminencia de hogueras y de males.


[253]

[II]

Mis ojos, sin tus ojos, no son ojos,

que son dos hormigueros solitarios,

y son mis manos sin las tuyas varios

intratables espinos a manojos.

No me encuentro los labios sin tus rojos,

que me llenan de dulces campanarios,

sin ti mis pensamientos son calvarios

criando cardos y agostando hinojos.

No sé qué es de mi oreja sin tu acento,

ni hacia qué polo yerro sin tu estrella,

y mi voz sin tu trato se afemina.

Los olores persigo de tu viento

y la olvidada imagen de tu huella,

que en ti principia, amor, y en mí termina.


[254]

[III]

Ya se desembaraza y se desmembra

el angélico lirio de la cumbre,

y al desembarazarse da un relumbre

que de un puro relámpago me siembra.

Es el tiempo del macho y de la hembra,

y una necesidad, no una costumbre,

besar, amar en medio de esta lumbre

que el destino decide de la siembra.

Toda la creación busca pareja:

se persiguen los picos y los huesos,

hacen la vida par todas las cosas.

En una soledad impar que aqueja,

yo entre esquilas sonantes como besos

y corderas atentas como esposas.


[255]

[IV]

Pirotécnicos pórticos de az'hares,

que glorificarán los ruy-señores

pronto con sus noctámbulos ardores,

conciertan los amargos limonares.

Entusiasman los aires de cantares

fervorosos y alados contramores,

y el giratorio mundo va a mayores

por arboledas, campos y lugares.

La sangre está llegando a su apogeo

en torno a las criaturas, como palma

de ansia y de garganta inagotable.

¡Oh, primavera verde de deseo,

qué martirio tu vista dulce y alma

para quien ancla solo y miserable!