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Cantos del hogar y traducciones


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A mi hija, Herminia


Perlita del océano
    incierto de mi vida,
erótico trofeo
    del triunfo de mi amor;
abriga en ti mi seno
    la joya más querida,
la marca de pureza,
   pureza enriquecida
por la inocencia casta
    de la niñez fulgor.

Esas miradas tiernas
    que nacen de tus ojos,
radiantes de hermosura,
   brillantes como sol,
prodíganle a mi vida
   placeres por abrojos,
tornando en mi sendero
   del hado los despojos
en celestial delicia
    de paternal amor.

Herminia, ¡mi chatita!
   manjar de mil amores,
auréola que circunda
—106→
    mi ardiente corazón;
quisieran emularte
    del campo bellas flores,
quisieran describirte
    mis débiles loores,
mas eres obra magna
    de celestial creación...

El lapso de tres años
    se cumple en pocos días
desde que tú viniste
    la dicha a despertar;
en mi alma estumulaste
   las esperanzas mías,
mi corazón colmaste
    de goces y alegrías
y en un edén tornaste
   tu natalicio lar.

Felices desde entonces
    papá y mamá vivimos,
contigo muy dichosos
    los días pasan bien,
limpiose el horizonte
    y despejado vimos
el sol de tus fulgores
    y tanto te quisimos
que ya no sé ni cómo
   brindarte el parabién.

El cielo nos la preste
    con alma pura y bella,
estímulo de dicha
    sin límite, ideal;
que brillen sus virtudes
—107→
    constantes como estrella,
que fluyan a raudales
    las venturanzas de ella,
y Dios la guarde ilesa,
   ¡perlita angelical!




A mi hijo, Felipe


    A la sombra de un helecho
que majestuoso se erguía,
a la margen do corría
un caudaloso raudal,
sobre el césped yo sentado  5
con mi vara y con mi anzuelo,
esperaba con anhelo
he la pesca algún caudal.

   La tarde estaba serena,
y aumentaba mi delicia  10
la placentera caricia
de la brisa ocasional.
Estando así destraído
y al rumor de la vertiente,
apareció de repente,  15
cual visión espiritual,

    un grupo de blancas ninfas
en tenues nubes flotando,
que se venía acercando
hacia mí, sin vacilar;  20
conjeturé que serían,
tal vez, ufanas ondinas
que las aguas cristalinas
venían a contemplar.
—108→

    Mas luego cambió la escena:  25
veía yo un arbolado
en un campo decorado
por las flores de un vergel:
de las blancas azucenas
a las violetas pasaba  30
una abeja, que libaba
de los nectáreos la miel.

    Caminando entre las flores
por doquiera la seguí
esperando hallar así  35
el sitio de su taller.
Pero de nuevo aparecen,
en tenues nubes flotando,
y vienen a mí volando
las ninfas que antes miré:  40

   Un panal de rico almíbar
en mis manos me pusieron
y cantando me dijeron,
«Las flores os dan la miel».
Por un momento, pasmado,  45
ante cuadro tan curioso,
perdime en lo misterioso
y en seguida desperté.

   Desperté, nada veía,
pero en vano fue mi empeño,  50
quise explicarme aquel sueño
pero no lo conseguí.
Mas hoy que ven mis recuerdos
lo que pasó en aquel día,
conjeturo que sería  55
esto lo que en él yo vi:
—109→

    Era el jardín nuestro hogar:
y todas aquellas flores,
símbolo de dos amores
que en el nuestro el cielo unió;  60
la abeja era mi destino
que yo seguía en mi anhelo,
cuando nos mandaba el cielo
al hijo de nuestro amor.

    Sí, el panal era sin duda,  65
nuestro hijito idolatrado:
miel que la vida ha endulzado,
cera que luz vierte ya,
luz que disipa las sombras
que cruzan por nuestra senda,  70
y del mundo en la contienda
nuestro impulso animará.




A mi hija, Josefina


    Era mañana de primavera,
surgían auras del mes de abril,
y yo esperaba que floreciera,
de tanta vida que renaciera,
una maceta de mi pensil.  5

    Vi entre sus hojas que pendulaba
de un jazmincito blanco el botón,
y yo con éxtasis aspiraba
la suave aroma que de él manaba,
soñando en sueños de la ilusión.  10

   Estando en esto muy destraído
vi que el espacio se oscureció,
y yo en la sombra quedé inmersido,
—110→
sentí mi pecho de pena hendido
y de mí todo pasó... pasó...  15

   Mas todo aquello pasó al instante,
cual breve soplo del vendaval,
y el sol de nuevo nació brillante,
de nueva vida reverberante,
típica vida primaveral.  20

    Volví los ojos a la florera,
como atraído por el amor,
y ¿cómo explico lo que sintiera
viendo en el acto que se volviera
mi botoncito fragante flor!  25

    Flor que me daba feliz llenura,
dicha completa a mi bienestar,
¡era mi Melba, mi hijita pura,
mi Josefina, sol de hermosura,
jazmín precioso, luz de mi hogar!  30

   Dos años dista ya esa mañana,
de mil delicias fiel manantial:
de ella recibe mi vida ufana,
dulces gracejos, labios de grana,
blondos cabellos, un ideal...  35

    Logre mi anhelo ver concedido,
del mismo Cielo que me la dio,
que tras de mucho de haber vivido,
vuelva a su seno como ha venido,
¡así tan pura como nació!  40

  —111→  


A mi hija, Julieta


(Soliloquio)


    Veo que estás sonriéndote dormida:
duermes un sueño de inocente calma
en tu cunita de plumón mullida.

    Sueñas tal vez, blanquísimas palomas,
que cambian sus cucúes a tu lado,  5
en medio de un edén rico de aromas;

   aromas que las dalias y las rosas
ofrecen como incienso a tu sonrisa
en el sueño infantil en que reposas.

    Hace tres meses que viniste al mundo,  10
cual nuncio celestial de nuestra dicha,
querub hermoso de mi amor profundo.

    Y si un regio monarca me ofertara
por tu ser sus riquezas y su trono,
¡Mi anatema a su insulto le arrojara!  15

    Que tus deudos y yo cuando nos vemos
en esos tus ojitos perspicaces,
y un mar de amor inmenso te ofrecemos,

   en cambio recibimos, extasiados,
en triple recompensa, tu sonrisa,  20
¡más preciosa que un mundo de reinados!

   Hoy, dos almas que unidas forman una,
y en una por tu dicha le desvelan,
desde el lado halagüeño de tu cuna,
—112→

    Invocamos al Dios de tu destino  25
que en tu alma resplandezcan bellos dones,
y doquiera que curses tu camino,
derrame sobre ti sus bendiciones.




A mi hija, Elvira


(Sonetos)



I

    Cual diáfano celaje que circunda
la cúspide que altiva se levanta,
y en ondas de blancura sacrosanta
la tosca formación toda se inunda;

   cual vierte su belleza en la rotunda,
que en grietas de aspereza se quebranta,
do el verdor de los pinos se levanta
del sol ornado por la luz fecunda,

   así, mi bien, con plácida ternura,
tú difundes la esencia de tus flores
por el tosco sendero de mis días;

    la cúspide soy yo, tú la hermosura
que envuelve mi aspereza en sus fulgores
y cubre mis abrojos de alegrías...


II

    Y al ósculo del hálito surgente
que trajo repentina su frescura,
se torna blanca niebla en gota pura
de líquido cristal; en prisma ingente

   do nace un esplendor iridescente;
y aspiran de su bálsamo la altura
—113→
y el valle pintoresco que fulgura,
un mar de bendiciones floreciente.

    Si acaso mi alma anhela excelsitudes
o en mi árida ventura hay flor amena
la que alguna virtud a mi alma inspira,

    es fruto celestial de tus virtudes,
es bálsamo que libo en la azucena
de tu alma angelical, mi tierna Elvira.




A mi Elvira


    Tengo yo un parecito de estrellas,
cada día que brillan más bellas
en el cielo amoroso de mi alma;
que le marcan el paso a mis huellas
por un valle de goces y calma.  5

    Son un par fulgurante de soles,
en mi senda de rudos peñoles,
son la luz en mi oscura jornada,
y por ellos un mar de primores
cada día me da la alborada.  10

    Si mi hogar tiene un rasgo del cielo
en que cifro devoto mi anhelo
encendido en doméstico encanto;
si es la planta que en mi árido suelo
a mi vida le da su amaranto;  15

    si mis campos se visten de flores,
y difunde sus ricos fulgores
en altura gratísimos Febo;
si mi pecho rebosa de amores,
a esas dos estrellitas lo debo.  20
—114→

    Porque son los destellos vivaces,
juguetones que ríen perspicaces
cuando a darme una broma conspira,
ese cielo do brillan audaces
¡esos ojos de luz de mi Elvira!  25




A mi hijito, Buenaventura


    Volaste al cielo, ángel mío,
de alba pureza aureolado,
y con tu ausencia ha quedado
el mundo opaco y sombrío.

   Tus padres y tus abuelos  5
de dolor están transidos,
porque al irte ven perdidos
muchos floridos anhelos.

    No olvidamos ni un momento,
tus gracejos celestiales,  10
tus miradas ideales
y las notas de tu acento.

   Eras todo nuestro encanto,
luz de sol en nuestra vida,
la que hoy vemos extinguida  15
por las lágrimas del llanto...

   Pero el alma halla consuelo
cuando en esto yo me fijo:
¡dimos en el mundo un hijo
por un ángel en el Cielo!  20

  —115→  


A mi hijita, Melba


    Era una noche de otoño,
que yo con pena y cuidado
veía que un viento helado
ajaba un tierno retoño.

   Retoño que había nacido  5
en el jardín de mi amor,
tan puro como la flor
que de él hubiera crecido.

    Unos cuantos días vivió
en este valle de duelos,  10
cuando dichosa a los cielos
sus blancas alas tendió.

    Hoy su ceniza reposa
al pie de una triste selva,
pero el alma de mi Melba  15
es una estrella gloriosa;

    No estaba en propio local
de esta vida en el vaivén,
porque un ángel no está bien
en la vida temporal.  20




A mi ahijada, Rosa Córdova



I

    ¿Puedes tú comprender por qué palpitan,
al impulso de tiernas emociones,
de tus padres los dignos corazones
y en ancho piélago de amor se agitan?
—116→

    ¿Puedes tú comprender por qué para ello;  5
tienen hechizos la sonriente aurora,
el beso de la brisa arrobadora,
y del orbe del día los destellos?

    Es por ti, bella Rosa, que sus vidas
son un sueño de blancas ilusiones,  10
que unieron para ti sus corazones,
formando un alma en cuyo amor anidas.


II

    ¿No ves los campos y los jardines,
cuyos jazmines te dan su amor?
¿Y que te ofrece de los pinares  15
dulces cantares el ruiseñor?

    Más que las flores es tu hermosura,
cosa más pura es tu candor,
oí tu acento, místico, santo,
¡no tiene cinto ya el risueñor!  20

   Sigue la ruta ya comenzada,
rosa aromada, bella ilusión,
y del que te ama serás orgullo
que en el capullo del corazón,
ya floreció...  25

       Por eso es que palpitan
al impulso de tiernas emociones,
de tus padres los dignos corazones,
y en ancho piélago de amor se agitan.

  —117→  


A mi ahijado, Jacobo Aragón, hijo


    Es grande el regocijo, caro ahijado,
que siento palpitar dentro mi seno,
al ver en tu niñez pronosticado
un porvenir de venturanza lleno.

    Muy grato es ver en tu misión temprana  5
ya florecer la doctrinal semilla
de la enseñanza provechosa y sana
que hoy ejemplar en tu conducta brilla.

   Ella es el fruto, que con mucho esmero,
tus padres en tu ser han cultivado,  10
cual ricas flores del amor sincero,
que reflejan su esfuerzo coronado.

   Por eso, ahijado, sugerirte quiero,
hoy que pisas tus prístinos peldaños,
cómo cumplir con tu deber primero  15
para con ellos en futuros años.

    Sabe que aquellos que tu ser te dieron,
llenos de fe, de amor y de confianza,
desde la cuna do tu ser mecieron
han cifrado en tu vida su esperanza.  20

    El deseo más hondo que han guardado
es ver a su Jacobo ya crecido,
en medio de los hombres admirado,
de bellísimos dotes distinguido.

    En tu dicha la suya se comprende:  25
mira el amor con que tus pasos velan,
—118→
Y nunca olvides que de ti depende
que ellos realicen lo que tanto anhelan.

   Deja que sea tan sublime afecto
de tu recíproca lealtad criterio,  30
y dales de la vida en el trayecto
completa gratitud y refrigerio.

    Habrás con esto tu deber cumplido,
y ellos por eso vivirán dichosos:
será la realidad tu ser querido,  35
que adornaron sus sueños más hermosos...

   Nació la aurora, y al nacer el prado
se vio de flores y de vida lleno,
y el sol de la mañana despejado
temprano el día lo anunció sereno.  40

    Por eso yo en seguridad preveo,
sin abrojos futuros tu camino,
y por eso al brindarte mi deseo
¡el orgullo eres ya de tu padrino!

  —119→  


A mi amada hermanita, Lucía5


    Levanta, hermana, tu divina frente,
escucha atenta a mi quejoso canto,
quiero expresarte con amor ardiente
lo que ocultaba del silencio el manto;

    el sentimiento puro que concentro,  5
que recóndito estuvo luengamente,
y son ecos que salen de mi centro,
escúchalos, hermana dignamente:

    vino el hado vestido de furores
en un tiempo de dicha lisonjera,  10
rebatome, ¡desgracia lastimera!
mi ventura, mi paz, y mi placer.

    Vino ese hado feroz, inexorable,
mató el alma de un ser a quien yo adoro,
de la madre que estimo sobre el oro,  15
de ese ser a quien debo yo mi ser.

    No fue todo, que mientras yo esperaba
que cambiase la suerte de mi vida,
vino la parca intrépida, homicida,
y... ¡a mi padre adorado asesinó!  20
—120→

    Dardo mortal entonces a mi pecho
diole aquel lúgubre y fatal evento...
¡Ay qué triste pesar y qué tormento
cuando vi que mi gloria terminó!

    Y al verme solo, pobre, abandonado,  25
todo era triste en el contorno mío:
era mi suerte un austero sombrío,
que irritado bramaba en tempestad.

    Y en medio de esta ponderosa bruma
yacía el alma sin ningún asilo...  30
Mas vino un ángel de mirar tranquilo,
vino a calmar la bruma pertinaz.

    Tú fuiste ese ángel, mi amorosa hermana:
el iris tú que en la región del duelo
levantose, cual seña de consuelo,  35
a volver a mi cielo su turquí.

    Tú al ver mi vida en tan penoso estado,
movida de piedad y de ternura,
me dijistes en tono de dulzura:
«Pobre ser, a mi lado has de vivir».  40

   Oí tu voz dulcísima, hechicera,
y hacia tu amparo recurrí anheloso:
en ti encontré, feliz y venturoso,
una madre de amor y de piedad...

    Sí, tú has sido mi madre, hermana mía:  45
tú has mimado mi vida pesarosa;
mi marchita pupila lacrimosa
la ha enjugado tu célica bondad.

   Autora has sido de mi nueva historia:
tú me has vuelto la paz que era perdida,  50
—121→
feliz miro la gloria de mi vida
al mirarme a tu lado con placer.

   Y el recuerdo fatídico y funesto
de mi gloria perdida de otro día,
se convierte de pronto en alegría  55
a tu presencia, angelical mujer...

   Alma heroica, benigna, incomparable,
quién eres tú, que mi angustiosa pena.
Adivinaste, y de piedades llena
escuchaste la voz del corazón?  60

    Al mirar la grandeza de tu alma
se llena mi existir de sentimiento,
y me elevo hasta el mismo firmamento
proclamándote mi ángel redentor.

    Y aunque no puedo en mi ardoroso anhelo  65
compensar tu bondad como mereces,
mi ardiente pecho palpitó mil veces
inundado en tu amor y en gratitud.

   Dios sólo puede compensar tus hechos
tan heroicos, tan nobles, tan piadosos;  70
en la gloria laureles honorosos
coronarán sin duda tu virtud.

Pedro C. Chacón

  —122→  


Salmo de la vida


Traducido del inglés


    No digáis con acento dolorido
que la vida es un sueño sin valer;
muerto estáis en el alma si dormido,
y las cosas no son su parecer.

    La vida es cosa real, cosa tangible,  5
y en la tumba no cumple su misión;
«Polvo eres, en polvo convertible»,
para el alma no tuvo aplicación.

    Ni el dolor, ni tampoco la alegría,
es la meta mundana del mortal,  10
sino obrar con el fin que cada día
nos ayude en la vida a progresar.

    El arte es lento, pero el tiempo vuela,
y aunque fuerte y bizarro el corazón,
palpita como lánguida vihuela  15
de marcha funeraria al triste son.

    Del mundo borrascoso en la contienda,
al estar de la vida en el vivaque,
¡no viváis como reses en hacienda,
sed héroes activos y al ataque!  20

   No confiéis del tiempo venidero;
dejad lo que ha pasado, do pasó;
obrad en lo presente por entero
con el Cielo por guía y con valor.
—123→

    Las grandes vidas todas, muestran ellas  25
cómo hacer de la nuestra un ideal,
y dejar al partir eternas huellas
impresas en la arena temporal;

    huellas sí, que algún otro ser humano,
de la vida cursoria en la alta mar;  30
algún náufrago triste, algún hermano,
al mirarlas se pueda reanimar.

    Por lo tanto ¡adelante con denuedo,
todo obstáculo y suerte hasta vencer!
Conquistad en el bien, seguid sin miedo;  35
Trabajando alcanzad a merecer.

LONGFELLOW




La fénix


Traducida del inglés


    Al darse al vuelo por la vez primera
la prodigiosa Fénix al nacer,
sus plumíferos súbditos la adoran
y aclaman por su reina en su querer;

   al dirigir su vuelo hacia el oriente,  5
sus números mayores se levantan,
y los poetas del aire jubilosos
sus glorias en el éxtasis le cantan.

   Y al brindarle sus aéreos festejos
las huestes numerosas que la sigan,  10
rodeándola así en festal concurso,
con las alas aplausos le prodigan.

DRYDEN

  —124→  


Un sabio


(Traducción liberal)


Discreto en la encina donde moraba
   un tecolote todo observaba;
   quieto y callado todo él oía,
    pero en silencio permanecía;
   yerros ajenos de tantos cuyos,  5
   él apreciaba que no eran suyos;
   todos aquellos que alzan mitote,
   tomen ejemplo del tecolote.

(Desconocido)




Un bello ideal


(Traducción)


    Dejadme vivir donde pasa el camino
que la suerte a los hombres trazó:
son buenos, son malos, son débiles, fuertes,
sensatos o sandios, lo mismo que yo;
y siendo cual yo, ¿por qué desdeñarlos,  5
o arrojar del cinismo el baldón?...
Dejadme vivir donde pasa el camino
que la suerte a los hombres trazó:
vivir sin fijarme ni en raza ni en nombre,
amigo de todos los hijos de Dios.  10

SAM WALLIS FOSS

  —125→  


La visión de Baltasar6


Traducida del inglés


    El rey, del trono en la silla,
sátrapas llenan la sala,
y un millar de luces brilla
en aquel festín de gala;
mil cálices de oro en mano,  5
vasos del culto divino,
el sacrílego pagano
profanaba con el vino.

    Pero así al estar gozando,
van los dedos de una mano  10
sobre la pared trazando
las palabras de un arcano;
era mano de varón
que solitaria escribiera,
y en mística ondulación  15
las figuras recorriera.

    La vio el monarca temblando,
pidió que el festín cesara,
y con voz trémula hablando,
blanca de terror la cara,  20
dijo, «Vengan sabios seres
y magos de esta región,
expongan los caracteres
que causan mi turbación».
—126→

    Y los magos de Caldea  25
acudieron en llenura,
pero ninguno sondea
la misteriosa escritura;
la consternación reinaba
entre los hombres de ciencia,  30
mas muda, ignota quedaba
la aterradora sentencia...

   Pero un cautivo7 se hallaba
en la tierra de Babel,
y por éste el rey mandaba,  35
y viene el joven doncel;
viene, lee la profecía
y descifra su entidad,
y al amanecer el día
ve cumplida su verdad:  40

   «Llega el fin de Baltasar,
termina aquí su reinado;
la balanza al computar
falto le ha manifestado;
su mortaja, el manto real,  45
y sus culpas sin abono,
el medo está en su portal
y el persa sube a su trono».

BYRON

  —127→  


En la muerte de una joven


Traducción del Inglés


    Callados están los vientos,
silencia la obscuridad;
ni un céfiro exhala alientos
del bosque en la soledad;
mientras yo en su tumba helada  5
flores vengo a tributar
a Margarita8, mi amada.

    En esta estrecha celda su ceniza,
que antes con tanta animación brillara,
es presa de la parca arrojadiza;  10
ni valer, ni hermosura que integrara,
pudieron redimir por fin la vida
que el Rey de los Terrores arrancara.

   ¡Oh! si tan sólo compasión sintiera
ese Rey, o decretos tan terribles  15
el Cielo a derogar condescendiera,
aquí el doliente, en términos sensibles,
su fúnebre dolor no revelara,
ni triste esas virtudes relatara.

    Pero, ¿por qué gemir? Su alma se eleva  20
allende donde el orbe cotidiano
sus fulgores espléndidos releva,
—128→
y los ángeles la guían de la mano
adonde con placeres inmortales
se retribuyen las virtudes reales.  25

    ¿O deben los mortales presuntuosos,
locos, la Providencia reprochar?
¡Ah! no, que esos impulsos vanidosos
vuelen lejos de mí con su tentar;
jamás en estos trances angustiosos  30
mi sumisión a Dios quiero esquivar.

   Pero el recuerdo para mí es precioso
de sus virtudes y su hermosa faz,
que mueven a mi afecto lacrimoso
y adueñan en mi pecho amor feraz.  35

Byron

  —129→  


María Estuardo y su doliente9


Traducida del inglés


Del hacha del verdugo
    la obra consumada,
el cuerpo abandonado
    sobre una mesa está;
la tierra de legiones
    de humanos habitada
ninguno halló que fuera
    su polvo acompañar.

La obra más hermosa
    de mano de Natura
jamás que en forma humana
   espléndida brilló;
un rayo matutino
    del sol de un alma pura
que sobre un trono humano
   consume su fulgor.
—130→

La Venus de la tumba10,
    la muerte y el destino,
la voz de la sirena
    que un huracán cernió
con cada melodía
    de su acento argentino,
tal fue la que a la vida
    la intriga arrebató.

Tal fue la que la infamia
   dejaba en abandono
a corroerse aislada
    en lóbrego capuz...
¡Una estrella se hundía
    del mundo en el encono
y no hay quien eche menos
    el rayo de su luz!

¡Austero Knox, escucha,
    que aquella triste escena
   una verdad más áspera
    puede muda enseñar
a las pompas reales,
    que la ruda condena
que a los pecados reales
   pudiste predicar!

¡Su labio ya no puede
    más víctimas captarse,
su mano sediciosa
    cuán impotente está!
—131→
Oh, Dios! y ¿qué es un rey?
   ¿un ser al incrustarse
corona en la cabeza?...
   ¡Fastosa nulidad!

El mundo que está lleno
    de vida, amar y afecto,
sin duda que podía
    un ser proporcionar;
de sus millones uno,
    en el local trayecto,
que el polvo de una reina
   dignárase a velar.

Mas ni un sólo ojo humano
    se acerca a su ceniza...
Pero, ¡mirad! ¿Qué agita
    de pronto el funeral?
¿Qué queja por la sala
   doliente se desliza,
do no hay un ser humano
    que pise ni el umbral?

¡Ah! cerca de la forma
    que humanos no atendían
un ser en el olvido
    vigila el polvo fiel;
y más y más se apega
    al pecho do latían
caricias ya pasadas,
    ¡pasadas, suerte cruel!

Y mira aquellos ojos
    glaseados que aun quiere;
—132→
ansioso y anhelante
    su aliento espera oír;
no sabe que en la vida
   hasta el cariño muere,
y el amor en la muerte
   concrétase a huir.

Halaga como en antes
   aquella mano helada;
escucha de sus labios
    la voz que no habla más;
ni pompa, ni descenso
   preocúpanle por nada,
la muerta era su reina,
    ¿qué importa lo demás?

Con ojos lacrimosos
    que el mismo horror no arredra,
vigila el barro inerte
    con formas de mujer;
y así sobre aquel seno
   exánime de piedra,
vertió el postrer halago
    y aliento de su ser.

Y cuando los cerrojos
   discordes rechinaban
y llegan ya los pasos
    que cruzan el dintel,
la compasión humana,
    que cínicos negaban,
se encoge de vergüenza
   ante aquel ojo fiel;
—133→
aquel ojo que mira
    cual si un reproche diera
a los que así pudieron
    matar y abandonar;
y otra mirada tierna
    le da a su compañera
ansiando de aquel sueño
   poderla despertar.

Descubren el cadáver
    y tocan la ceniza;
se oyó un quejido tenue...
   por fin duermen los dos:
el barro de aquella alma
    que el odio martiriza,
lo mismo que la vida
    que amando se inmoló.

¡Semíramis de Albión,
    salud, el cielo estalla!
Guardado en ese crimen
   vuestro destino está;
mas cuando vuestros ojos
   repasen la rondalla
que viles escribientes
    se prestan a forjar;

cuando en remordimiento
   tardío ya enterada
de aquel esclavo triste
    que al lado se encontró
de aquella forma inerte,
   sangrienta, inanimada,
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que tu implacable inquina
   voraz anonadó;

¿acaso tu alma entonces,
    en lóbregos prospectos,
no preverá la hora
    postrera de tu fin?
¿Cuando esos que se inclinan
   a tu corona abyectos
del trono tambaleante
   se aparten para huir?

¿Cuando tu grande pecho
   solloce de quebranto
y en lágrimas tus ojos
   ansíen encontrar,
buscando en el vacío,
    en vano, el eco santo
de un corazón amigo,
    y busquen... sin hallar?...

No importa que se agolpen
    el clero y la nobleza
queriendo los dolores
    de tu altivez calmar;
más vale aquella angustia
    que se agotó a entereza
cabe la cruenta víctima
    de tu malicia audaz.

E. BULWER LYTTON


 
 
FIN
 
 


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