Poesías
José Lamarque de Novoa


Dichosamente la centralización que, entronizada en la vecina Francia al espirar el pasado siglo y en los albores del presente por la tiranía revolucionaria y el despotismo napoleónico, ha sido después importada entre nosotros, no ha logrado aún, ni creo que logrará en mucho tiempo, concluir con la fisonomía particular y la existencia autonómica de las diferentes porciones que constituyen nuestra España. Si el régimen a que aludo puede ser conveniente y aun necesario en el terreno de la política, y hasta determinado punto, y sólo hasta determinado punto, en el administrativo, indudablemente es dañoso y de funestos resultados si se le considera bajo el punto de vista científico, literario y artístico; como que tiende a matar todo vuelo de la imaginación, todo arranque de la inteligencia, todo generoso estímulo que no tomen como punto de partida el centro consagrado de todo saber, que no se concibe pueda ser otro que la capital del estado, o no vayan a recibir en él la sanción, si así puede decirse oficial, y merced a la que ya es lícito a presentes y venideros aplaudir y admirar lo que sin tan imprescindible requisito apenas se juzgaría digno de ocupar ni por un breve instante la atención pública.
Sistema tan absurdo y esterilizador y que a la larga practicado no es posible que deje de dar amargos frutos en todo país, daríalos aún más lastimosos, si llegara a arraigarse, en el nuestro, donde por carácter y por antecedentes históricos, tanta y tan poderosa vitalidad conservan todavía las más cultas e importantes ciudades que de él forman parte, y que, célebres ya en las artes, ya en las letras, ya en las ciencias, ya en unas y otras, sería por demás sensible que sucumbiendo bajo el rodillo nivelador, y abdicando toda gloriosa aspiración, dieran al olvido sus preciadas tradiciones y se resignasen a ser frías y humildes espectadoras del movimiento intelectual en el centro geográfico de la nación. Concretándome a Sevilla, donde este libro se da a la estampa, y a la parte poética, a que él pertenece, sería por extremo doloroso que la ciudad que vio florecer a Al-Motadid y a Ibn-Said, a los líricos doblemente excelsos de la regia estirpe de los Abbadidas y a tantos otros cantores, honor de la España árabe; que escuchó después entusiasmada las sublimes inspiraciones de Herrera y de Rioja, y los claros acentos de Jáuregui, Arguijo, Alcázar, Cetina y otros no menos dignos de recuerdo; y finalmente, que vio no ha mucho renovada su gloria por los Listas y Reinosos, los Arjonas y Blancos, los Castros y Roldanes, dejara de abrigar dentro de sus muros en la época presente a poetas dignos de continuar su espléndida historia literaria. Mas como esto no podía ser, no ha sido, y no pocos nombres de verdaderos y eminentes vates son prueba irrecusable de que el genio vivificador que tanto elevó en el concepto de propios y extraños a la célebre metrópoli andaluza, no sólo no se ha extinguido, sino que, alzándose pujante y lleno de vida, alcanza cada día nuevos triunfos, y ciñe con nuevos laureles la tantas veces laureada frente de la reina del Guadalquivir.
Entre ellos figura con justicia el del poeta a cuyas composiciones tengo el grato deber, impuesto par la cariñosa amistad que a él me une, de escribir un prólogo, y no he de menester repetirlo yo, cuando ya la portada ha dicho al lector que en este libro se contienen las producciones de D. José Lamarque de Novoa.
Una rápida ojeada sobre ellas basta para dar a conocer su espíritu y tendencias. Uno y otras son tan rectos como genuinamente españoles. El santo amor a la Religión y a la Patria, tan aunados en nuestro suelo; la lealtad monárquica, timbre esclarecido de esta tierra de España, donde, según la exacta y conmovedora frase de un orador célebre en el seno de la Representación nacional, han pasado quince siglos gritando ¡Viva el Rey!; el más acendrado cariño a cuanto constituye el hogar doméstico, base firmísima de nuestra sociedad; los impulsos de la amistad más generosa, que, con raras excepciones, tan roderosos han sido siempre entre los vates con que se honra nuestra nación, y muy en particular Sevilla, he aquí los móviles a que más principalmente obedece y los objetos que con más predilección canta el poeta cuyas composiciones forman el presente libro.
En cuanto a la forma en que las inspiraciones de Lamarque han sido expresadas, basta también abrir su colección a la ventura, para comprender que el poeta es verdaderamente digno de este nombre. Frase tan correcta y castiza como pudiera desear el más ardiente y entusiasta partidario de la inmortal Escuela Sevillana, la más pura y noble en su dicción de cuantas ilustran nuestro Parnaso; versificación fluida y sonora siempre, grandilocuente y majestuosa cuando la gravedad y la elevación del asunto lo exigen, blanda y apacible cuando la llaneza de este o la dulzura de los sentimientos que la inspiran así lo requieren; maestría grande en el modo como los asuntos son tratados; facilidad en el manejo de los diferentes metros y en el cultivo de los distintos géneros, he aquí las dotes que avaloran las poesías de Lamarque.
Si el lector quiere tomarse la molestia de comprobar conmigo la exactitud de cuanto acabo de afirmar, y prefiere, lo cual le aconsejo que no haga, detenerse algunos momentos más en el prólogo, a anticiparse el placer de gustar por sí mismo las bellezas que he enumerado, fíjese conmigo, entre otras que pudiera elegir, en la poesía A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA EN MONSERRAT, justamente laureada en público certamen por la Academia Bibliográfico-Mariana. Pocas composiciones pueden ser más dignas dol honor que a esta cupo. Constituye un pequeño poema en el cual se reúnen y compendian, por decirlo así, todas las más distinguidas prendas literarias que a su autor enaltecen. La invocación es bellísima; en ella se revela ardorosa y entusiasta la fe del poeta, fe a la cual puede sin duda en esta ocasión aquel feliz apóstrofe de un preclaro representante de la moderna Escuela sevillana, D. Juan Justiniano, cuando en su comenzado poema Hernán Cortés, exclama dirigiéndose a la fe cristiana:
Con el sentimiento religioso, que a tan buen puerto conduce a nuestro poeta, únese en la invocación otro sentimiento igualmente poderoso, como ya he hecho observar, en su corazón, el del amor patrio, y no son felices los versos que a expresarlo consagra. Los que afectando despreciar la forma, que en la poesía es a la par el pulimento y el precioso y artístico engarce que hacen lucir en todo su esplendor la belleza del pensamiento, joya riquísima del arte, pretenden que la bondad de aquella sólo se alcanza a expensas de este, y quieren presentar como premiosas y destituidas de expontaneidad las composiciones adornadas de cualidad tan importante, tienen ocasión de convencerse de su error leyendo esta y las demás producciones de Lamarque. Si de buena fe lo hacen y con la misma buena fe revelan la impresión que hayan recibido, habrán de confesar que la forma y el pensamiento se completan y avaloran mutuamente constituyendo dos partes de un todo indivisible, y que sólo quien no merezca el nombre de poeta puede encontrarse embarazado por la frase y la versificación al trasladar al papel sus concepciones. ¡Desdichado el poeta que se vea obligado a sacrificar el pensamiento a la forma, y tenga que andar rebuscando frases para expresarlo, o que inclinar humilde la frente ante la absurda tiranía del consonante! ¡Desdichado a su vez el crítico que al juzgar una obra poética se empeñe en rebajar y encontrar defectos a la forma, precisamente por ser buena, y la moteje de amanerada y relamida sin serlo más que en su imaginación, y no comprenda que el expresarse bien un buen poeta es tan sencillo y natural como el que lo haga en correcto y oportuno cualquiera persona bien educada, y en torpes, y mal zurcidos términos un rústica grosero! Si sobre ser bueno lo que se dice, se dice bien, tanto mejor; censurarlo equivaldría a motejar de poco enérgicas las Filípicas de Demóstenes por no haber usado el gran orador en ellas el expresivo lenguaje de un carretero.
Muy lejos me ha llevado esta digresión, no inútil en verdad, de la oda a que me iba refiriendo. Ocupándome de nuevo en su examen, diré, que si la invocación merece elogios, no los merece menos el resto de la poesía. La descripción que en ella se hace de la célebre montaña es un acabado trozo de este género; la historia de la imagen; la evocación de la homérica epopeya de los ocho siglos; la enumeración de los nuevos triunfos que a la excelsa Señora debe España; el triste abandono en que después ha yacido el glorioso santuario; el bello apóstrofe a la Virgen sin mancilla; el recuerdo que en la última parte de éste se consagra al santo huésped del Vaticano; la ferviente aspiración que al terminar expresa el poeta, todo es a cual más digno de encomio, y perteneciendo a muy distintos géneros ofrece anchuroso campo, que aquel sabe aprovechar, para que luzcan en todo su brillo las varias dotes que lo distinguen.
¿Adelantaría algo el lector con que yo hiciera detenido análisis de las composiciones todas de esto libro? ¿No las tiene a su alcance? ¿A qué impedirle que por sí mismo las juzgue, sin que yo desflore la virginidad de las impresiones que han de causarle? No haré pues, tal, y limítome por tanto a indicarle como más dignas de su atención, empresa difícil y muy ocasionada a error tratándose de un libro en que tantas la merecen, las tituladas: A NTRO. STO. PADRE PÍO IX, de tan briosa entonación, y donde bajo tan verdadero colorido aparece el santo, apacible e indefenso anciano, más fuerte en su aislamiento, que sus injustos, encarnizados y prepotentes enemigos; AL INSIGNE PINTOR MURILLO, brillante homenaje rendido al príncipe de los pintores andaluces; AL MAR, que forma noble contraste en uno de sus puntos con la bajo otros conceptos sublime oda de Quintana; ANHELO DEL ALMA, no menos bella y harto más consoladora que la preciosa poesía que con el título de La Última Puerta forma parte de esa joya de la literatura contemporánea que se llama Ráfagas poéticas de Arístides Pongilioni; EL LLANTO DE UNA MADRE, rica de sentimiento e impregnada en el heroico espíritu que animó a los valerosos marinos españoles al acometer bajo los muros del Callao una operación de guerra, de cuyo mérito sólo pueden juzgar los que científicamente conozcan la inmensa desventaja que toda escuadra tiene al pelear contra baterías terrestres, por débiles que sean, y harto más siendo tan formidables como en esta ocasión lo eran; EL OTOÑO, cuya lectura hace experimentar al alma todas las suaves emociones y toda la dulcísima tristeza que siempre produce la más poética estación del año; HERO Y LEANDRO, y LA MUERTE DE SAFO, en las cuales evoca Lamarque con elevado estro estas interesantes figuras de la antigüedad griega; A LAS RUINAS DE ITÁLICA, no indigna ciertamente de su asunto y no menos sentida y melancólica que la del esclarecido vate cuyo recuerdo tan oportunamente traen a la imaginación dos de sus estrofas; A ERCILLA, bajo cuyo seudónimo compréndese desde luego que se oculta el nombre de la inspirada poetisa Doña Antonia Díaz, feliz y merecida compañera de su digno cantor, que en las composiciones a ella dedicadas nos da a conocer con sin igual encanto y con el lenguaje de la más pura y delicada pasión, cómo lo que empezó amistad, transformose después en amor, y en amor que no ha de acabar sino con la vida.
Mención especialísima también merecen las Leyendas, que con el título de SUEÑOS DE PRIMAVERA, componen, con un precioso ROMANCE HISTÓRICO y un ADIÓS A LA LIRA, que felizmente quedará sin efecto, la segunda parte de este libro, pues si en las POESÍAS LÍRICAS, que forman la primera, muestra Lamarque la altura a que raya en el género en que más han sobresalido los buenos escritores de la Escuela de Sevilla, en este otro, cultivado con tan feliz éxito por el ilustre Duque de Rivas, honra de la nobleza y de las letras españolas, y por Zorrilla, grande y verdadero poeta, a pesar de su voluntario desaliño, muestra dotes nada comunes y reúne a ellas al propio tiempo que atinado gusto en la elección de los asuntos, gran conocimiento de las épocas en que sus personajes florecieron. Esta clase de composiciones, que, si nuevas en su nombre y en su forma entre nosotros, no lo son, como ha hecho observar un docto crítico al juzgar las del Duque de Rivas, en su índole y esencia, pues concuerdan cuanto es posible con las de nuestro admirable y popular romance, préstanse mucho a que campeen así las prendas de narrador que deben adornar al poeta que a ellas se dedique, como su conocimiento del corazón humano y de los resortes que en él hacen dormir tranquilas o estallar como embravecido volcán nuestras pasiones, y participando a un tiempo mismo de la índole de la poesía lírica, de la novela y aun del drama, ofrecen en cambio no escasa dificultad si ha de conseguirse que el lector halle, además de agrado, verdadero interés en lo que lee. Sin temor de ser desmentido, puede afirmarse que Lamarque ha logrado vencer en las suyas esa dificultad. El injusto sacrificio de los hermanos Carvajales y el pavoroso emplazamiento del Monarca que lo ordenó; los infortunios de la sin ventura Doña Blanca, melancólica e interesantísima figura de la por demás angustiosa época que precedió al reinado de los Reyes Católicos, el más glorioso que registra la historia patria, y que es en ella irrefutable ejemplo de que basta una dirección suprema, inteligente y firme, para transformar como por magia el estado de un país, y elevarlo desde el abismo de la postración y la anarquía a la más excelsa cumbre del poder y de la grandeza; los desdichados amores de la angelical Elvira de Ledesma, han hallado en Lamarque felicísimo intérprete, y acaso sea este el género de poesía en que más sobresalga.
A riesgo de entrar en un campo vedado, pues mi misión no es otra que escribir un prólogo a las poesías que hoy, y en este volumen, se ofrecen a la consideración pública, voy a dar a conocer dos cosas al lector, que creo ha de perdonarme fácilmente, y aun ha de felicitarse de mi intrusión. Es la primera, que no todas las composiciones de Lamarque se contienen en la presente colección; muy en breve otro tomo formado únicamente de preciosas Baladas, género nacido en otros climas y recientemente importado entre nosotros, ha de aparecer al público para conquistar nuevos plácemes a su autor. Es la segunda, una de dichas Baladas, que a fin de que los lectores tengan el gusto de saborear desde ahora, avivando su deseo de conocer así mismo las demás, copio a continuación:
Venganza de un noble
Balada
-I-
-II-
-III-
-IV-
La inserción de tan bella poesía habrá indemnizado al lector, cuya benevolencia sea tanta que haya malgastado su tiempo deteniéndose en el prólogo, de pérdida tan sensible, y para no exponerme de nuevo a incurrir en su desagrado, doy término a estos renglones, no sin expresar antes el gozo que me causa el considerar que si la manía centralizadora ha privado a Sevilla de que en la célebre Universidad que aleccionó al insigne Arias Montano, se llegue al límite oficial del saber, simbolizado en la obtención del primero y más importante de los grados académicos, no ha podido privarla de que, como protesta viva y elocuente, salgan de sus prensas libros que, según lo hace el de Lamarque, vengan a demostrar cuán inextinguible es en ella la savia inspiradora que inmortalizó su nombre al elevar a la más alta gloria los de los padres y fundadores de la esclarecida Escuela Sevillana.
Fernando de Gabriel
A la memoria de mi buena y querida madre la señora doña María del Carmen de Novoa y Campos de Lamarque
Ego sum panis vivus,qui de caelo descendi.
(S. Joan. cap. 6. v. 51.)
[Nota]1
Repleatur os meum laude, utcantem gloriam tuam: tota diemagnitudinem tuam.
(Psalmo LXX. v. 8.)
Aut Deus naturae patitur;aut machina mundi evertitur.
(Sanct. Dionis. Areopag.)
Dabo domum istam sicut Silo, eturbem hanc dabo in malecditionemcunctis gentibus terrae.
(Jerem., cap. XXVI, v. 6)
A Nuestra Señora de Castellanos en el solemne acto de su traslación a la iglesia de Chamberi
En la restauración del templo de Nuestra Señora de la Soledad, en la villa de Santa María
-I-
-II-
-III-
A Ntro. Sto. Padre el Papa Pío IX, con motivo de su alocución pronunciada en el consistorio secreto de 30 de setiembre de 1861
Locuti sunt adversum me lingua dolosa et sermonibus odii circumdederunt me; et expugnaverunt me gratis.Pro eo ut me diligerent, detrahebant mihi: ego autem orabam.Et posuerunt adversum me mala pro bonis: et odium pro dilectione mea.
(Psalmo CVIII.)
A SS. AA. RR. los Sermos. Sres. Infantes Duques de Montpensier, con motivo de la restauración de la capilla de Ntra. Sra. de Valme
A S. A. R. el Sermo. Sr. Infante de España Don Sebastián Gabriel de Borbón, en las ruinas de Itálica
La vuelta de las golondrinas
A mi apreciado amigo el eminente orientalista, Sr. D. León Carbonero y Sol
-I-
-II-
-III-
A mi querido amigo el distinguido literato Don Federico de Sawa
En la solemne profesión religiosa de Sor Magdalena de los Dolores Chaves, en el Monasterio de Santa Inés de Sevilla, el día 13 de agosto de 1860
A mi apreciable amigo el insigne poeta, Señor Don Fernando de Gabriel y Ruiz de Apodaca, con motivo de la publicación de sus poesías
A Ercilia
Himno triunfal
Traducción de P. Metastasxo
Canto epitalámico
En el regreso de los valientes marinos españoles, vencedores en el Pacífico
-I-
-II-
-III-
A mi querido amigo el distinguido literato e inspirado poeta, Sr. D. Juan J. Bueno
¡Cuánto es sublimela voz de los sepulcros y ruinas!
(Heredia.)
En la primera misa de mi querido amigo el joven presbítero D. Luis Gonzaga Herrera, inspirado poeta
Himno
CORO
-I-
-II-
-III-
-IV-
-V-
CORO
Traducción de Mr. A. de Latour.
[Nota]6
BAJO ESTE ARCO, EL CID DE ANDALUCÍA RETÓ Y MATÓ, POR ORDEN DEL REY, A BUSTOS, AMIGO SUYO Y HERMANO DE SU PROMETIDA
A mi querida amiga la inspirada poetisa y novelista célebre, Sra. Doña María del Pilar Sinués de Marco
A mi muy querido y respetable amigo el ilustre poeta Señor Don Gaspar Bono Serrano, Capellán de honor de S. M.
Leyendas
Leyenda primera
Al Sr. D. Fernando de Gabriel y Ruiz de Apodaca, caballero profeso del hábito de Alcántara, Gentil-hombre de Cámara de S. M. con ejercicio, etc., en prueba de afectuosa amistad y consideración
-I-
LA MUERTE DEL VALIDO
-II-
LA SOSPECHA
-III-
TIRANO Y VÍCTIMAS
-IV-
EL EMPLAZAMIENTO
-V-
LA VOZ DE LA CONCIENCIA
-VI-
EL JUICIO DE DIOS
-VII-
LA CRUZ DEL LLORO
Leyenda segunda
A mi muy querido amigo el eminente poeta e ilustrado crítico Señor D. José Fernández Espino, catedrático de literatura de la Universidad Literaria de Sevilla, diputado a Cortes, etc.
-I-
-II-
-III-
-IV-
DESPEDIDA DEL HOGAR
-I-
OJEADA HISTÓRICA
-II-
EL RETO
turbado.
con desdén.
con furia.
con arrogancia.
con desprecio.
furioso.
-III-
ADIÓS A LA PATRIA
-IV-
ÚLTIMA ESPERANZA
-I-
DOS AÑOS DESPUÉS
-II-
LA ENVENENADORA
con falsa timidez.
con afectada indiferencia.
-III-
ANUNCIO CONSOLADOR
-IV-
EL DOS DE DICIEMBRE DE 1464
-V-
EL CRIMEN
-VI-
EL JURAMENTO
-VII-
PROYECTOS DE VENGANZA
-VIII-
LA EXPIACIÓN
-IX-
EL PEREGRINO
Leyenda tercera
A mi buen amigo el distinguido literato Señor Don Gonzalo Segovia y Ardizone, en prueba de consideración y aprecio
INTRODUCCIÓN
-I-
LA PROMESA
-II-
DOÑA ELVIRA
-III-
EL VIAJERO
-IV-
CONSUELO EN DIOS
-V-
INQUIETUD Y ESPERANZA
-VI-
LA SORPRESA
-VII-
LA MANO DE DIOS
EPÍLOGO
Romance histórico
Al Sr. D. Luis Vidart, ilustrado filósofo y distinguido crítico, en prueba de sincera amistad
-I-
ANHELO DE GLORIA
-II-
LA PARTIDA
-III-
EN EL MAR
-IV-
LA MUERTE DEL CAUDILLO
-V-
EL REGRESO
Adiós a mi lira
FIN