Preludios1
[El Solfeo, n.º 616, 18 de julio de 1877]2
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Agencia-Clarín
Oviedo, 7, tarde, 14. –¡Purrumplumplum!
Suena el cañón. Llega la corte; Epifanía. Toreno indescriptible. Alcalde constitucional en la estación. Discurso opíparo. El alcalde se excede a sí mismo. Mon llora y besa. (Ya explicaré esto.) El alcalde luce un vistoso ramo, del cual hace graciosa donación no se puede decir a quién. Vuelve a hablar el alcalde; llueve (no podía menos). Antequera no dice esta boca es mía. El pueblo elocuente, elocuentísimo. La tropa bien. Aquí, como en todas partes, la ordenanza es la ordenanza. Sin embargo, volviendo al pueblo, diré que no tiene muy buena educación (y que dispense). ¿Por qué cuando le saluda algún ministro no contesta? No hay más sino ir a ver los farolillos, y las colgaduras, y los alcaldes vestidos de levita y estarse como muertos, o como guardacantones. ¿Si creerá el pueblo que por su cara bonita le dejan contemplar todos estos festejos y confituras de alcaldes? Ni los chiquillos han estado a la altura de su misión, con respecto a esa autoridad benemérita.
Veo a Toreno de gala, con C. y uniforme salir de palacio a pie, como un simple mortal. Va apoyado en el brazo de un diputado provincial, que le habla familiarmente: ¡vea usted si es popular y campechano el conde! Lo que hay es que no oye lo que le dice. Va pensando en que reventa de forte. Efectivamente, —760→ le encuentro más gordo que le he dejado; en el primer ímpetu del entusiasmo estuve para preguntarle por Lafuente y Condon. ¿Pero, Paco, cómo ha sido eso de admitirle la dimisión? C. Paco, no me quisiera engañar, pero me parece que cojeaba un poco. Procuraré averiguar de qué otro pie cojea.
Creo haber dicho ya que Antequera no ha dicho una palabra; pero ha dicho algunas medias palabras. Me parece que también se daba tono. ¡Si hasta se lo daba Suárez Inclán! Yo le oí decir: «Procuraremos ir a tal parte, pero antes queremos que descanse la gente». ¡Habráse visto Suárez por el estilo! Ya se ve, como estamos en provincias, aquí cualquiera se tiene por personaje; en viniendo de los Madriles, Dios me perdone, pero creo que hasta Carbayeda, un orador moderado muy hablador y muy moderado, se dé tono y ande por ahí de frac y con la cabeza erguida, como si fuera algo más que Carbayeda, derrotado recientemente en el Ateneo por nuestro amigo Armando Palacio, que hasta puede ser que no tenga frac.
Si desciendo a estos pormenores y Carbayedas es porque no tengo nada más importante que decir.
Es decir, lo que es tener, lo que se llama tener... pero ya ven ustedes, Mendo es Mendo.–La caballería ha atropellado a una niña de cuatro o cinco años, que se está muriendo a estas horas. Pero en fin, esto tampoco tiene importancia. ¿Qué diré? Como no vuelva a hablar del alcalde... (Ahora me doy una palmada en la frente.) ¡Cáspita!.. ¿Pues no se me iban a olvidar los poetas oficiales?, ¿que si los ha habido? pues no faltaba más. Ha habido versos como tejas y cándidas palomas. Palomas no he atrapado ninguna; pero ahí van algunos gazapos cogidos al vuelo.
Hace pocos días profeticé ya los versos que por fin se han llevado a cabo. Versos e inundaciones (también ha habido inundaciones); estamos como queremos. Dice el poeta, que se me ha caído desde un tejado como un gato en la época del celo:
| «Parece resonar de cumbre en cumbre | |||
| la poderosa voz de don Pelayo». |
Sobre poco más o menos lo que yo dije que había de decir. Pero he aquí algo que sobrepuja todas mis previsiones:
| «El aire con los víctores vibraba | |||
| del cielo astur bajo el azul sereno». |
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Advierto a ustedes que aquí siempre está lloviendo; ¿y cómo no con estos poetas?
| «Llegad en paz. Si pobre y desgraciada | |||
| no os da Asturias espléndido hospedaje». |
(Efectivamente si hubiera usted visto qué arcos y qué muebles, y qué hospedaje.)
| «Ni en aéreo trono os presta su homenaje». |
¡Prestar homenaje en el trono!, ¿dónde se ha visto eso? Dispensen ustedes a un pobre poeta provinciano que nunca ha visto tronos:
| «vi lucir un tesoro | |||
| de preseas, diademas y de galas: |
dispensadle también, porque tampoco sabe lo que son preseas,
| ...los grandes héroes | |||
| que alzaron en Auseva el ronco grito». |
De hoy más ya sabe la historia que Pelayo y los suyos estaban roncos cuando dieron la batalla de Covadonga.
| «Cada palmo de tierra | |||
| que huella vuestra planta, | |||
| en la sangre asturiana está empapado». |
Diga usted que no es verdad, ¡sangre! qué diablos de sangre, si es arena y agua; agua que mandó el cielo y arena que derramó el alcalde por el camino de Toreno.
| «que con valiente saña (valiente... poeta) | |||
| inmensa y digna cuna | |||
| y bautismo de sangre dio a la España». |
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Una cuna inmensa. Esta cuna inmensa es el reverso de la medalla, de aquel sepulcro pequeñito que hizo cierto alcalde de todos conocido, al lado de otros dos sepulcros para personas mayores. Y decía el alcalde: este para mí, este para mi mujer, y este otro para el chiquitín.
Debo advertir a usted que este poeta ha sido muy liberal y muy demócrata y algo más. ¡Ah, entonces, hacía versos muy distintos! pero tan malos como ahora; no nos ciegue la pasión de partido.
¡El alcalde y el poeta oficial! Bien hago en llenar mi crónica con estas dos entidades. De lo que se puede se habla y aquí que no peco. Además, esos tipos son lo más saliente en esta clase de sucesos, y sin embargo, Toreno también está en carácter.
¡Si vieran ustedes cómo se pavonea! Es capaz de creer que le tenemos por un grande hombre. Pues ¿y Antequera? Si viera usted qué cara de satisfacción. Si me hubiese atrevido le hubiera gritado al oído ¡que viene Vivar!
Hay un refrán que dice:
| «Gente de Oviedo | |||
| tambor y gaita». |
Y es la verdad, somos alegres como unas castañuelas; pero cuando hace falta sabemos encerrarnos en sepulcral silencio.
Para concluir, advierto a usted que hoy escribo sin falsilla (ya sabe usted que mi falsilla es el decreto sobre imprenta); si tuerzo, enderece usted lo que quiera, quite y ponga a su antojo, como otras veces hace, pero de ningún modo permita usted que los cajistas me hagan decir troco, donde yo escribo trueco (número del jueves3). Me ha parecido a mí que Mendo no se opondrá a que se conjuguen los verbos irregulares como Dios manda.
Pero ¿qué habrá comido Toreno que viene tan gordo?
Hasta mañana, que diré a usted qué tal ha dormido Antequera.
Nota bene. –Mientras todo quisque iba en coche a palacio (aun nuestros últimos empleados), vi al obispo de Oviedo pasar a pie a cumplir con su deber cerca del poder temporal. Suum cuique. Este obispo es el que le echó una buena reprimenda a El Siglo Futuro. Cuidado que estoy hablador. Seamos elocuentes.
CLARÍN