Ramillete de Flores
Pedro Flores

Cuarta, Quinta,
y Sexta parte de Flor de Romances nuevos, nunca hasta agora
impresos, llamado Ramillete de Flores: De muchos, graves
y diversos Autores. Recopilado no con poco trabajo: Por Pedro
Flores Librero: Y a su costa impreso. Y demás desto,
va al cabo la tercera parte de el Araucana, en nueve Romances,
excepto la entrada de este Reino de Portugal, que por ser
tan notoria a todos no se pone
Con licencia, y Privilegio. En Lisboa, Por Antonio Álvarez Impresor. Año de 1593. Véndese en casa de el mismo Flores, al Pelorinho Velho.
| Cual el furioso león | |||
| contra tigre de la Hircania, | |||
| o cual la ligera onza | |||
| contra pantera de la Asia, | |||
| están Tucapel y Rengo | |||
| en medio de empalizada. | |||
| para acabar la contienda | |||
| de mucho tiempo aplazada. | |||
| Ya después que mucha sangre | |||
| por el campo se derrama, | |||
| y que a los membrudo cuerpos | |||
| vigor y fuerza les falta, | |||
| y después que los escudos | |||
| las lorigas y corazas | |||
| ni sirven para amparar | |||
| a quien los viste y embraza, | |||
| alzó al fuerte Tucapel | |||
| el brazo, y con él la espada, | |||
| con la cual a Rengo abrió | |||
| en la cabeza una llaga, | |||
| no siendo parte el escudo | |||
| de que Rengo se amparaba | |||
| pues con la embrazadura | |||
| el crestón y la celada | |||
| quedó un rato suspendido | |||
| en pies, sin saber do estaba, | |||
| y cuando en su acuerdo estuvo | |||
| de Tucapel se abraza. | |||
| Tucapel le arrojó lejos, | |||
| de si la sangrienta espada, | |||
| porque no quiere victoria | |||
| con armas aventajadas. | |||
| Comienzan los dos la lucha | |||
| y tan furiosos andaban, | |||
| que como niños se arrojan | |||
| puños de arena a las caras: | |||
| al fin los dos vacilando | |||
| la tierra miden sin vara, | |||
| siendo de ambos la caída | |||
| y de ambos la desgracia, | |||
| estando los dos en tierra | |||
| sin conocerse ventaja, | |||
| salvo el pie y brazo derecho | |||
| que Tucapel encabalga, | |||
| por lo cual los de su parte | |||
| la victoria le aplicaban; | |||
| y viendo el Caupolicán | |||
| el rumor que se levanta, | |||
| como juez que era del caso | |||
| se metió en la empalizada, | |||
| alzó a los dos de la tierra | |||
| y dijo: «rendid las armas, | |||
| que yo tomo sobre mí | |||
| el cargo de esta batalla, | |||
| y ninguno sea osado, | |||
| so pena de mi desgracia, | |||
| de atravesarse con otro | |||
| en obras, ni con palabras». | |||
| A todos pareció bien | |||
| lo que el Caupolicán manda | |||
| y en sanando los heridos | |||
| hicieron juegos y danzas. |
FIN
| Deseoso el Caupolicán | |||
| de liberar a su patria | |||
| y de abatir por el suelo | |||
| la fuerza y valor de España, | |||
| quiso usar de una industria | |||
| principio de su desgracia, | |||
| pronóstico de su muerte, | |||
| desventura y mala andanza; | |||
| para lo cual llamó un indio | |||
| hombre astuto en toda traza, | |||
| sagaz, discreto, atrevido, | |||
| mañero y de mucha audacia | |||
| al cual le dice: «amigo | |||
| a mi me importa que vayas | |||
| como indio forajido | |||
| do esta la gente de España, | |||
| y que como dentro estés | |||
| notes el asiento y plaza, | |||
| la gente, la munición | |||
| los, caballos, gentes, y armas». | |||
| No quiso Pran más oír | |||
| pensando que en su tardanza | |||
| estaba el bien y remedio | |||
| de sus amigos y patria. | |||
| Con un guanacona habló | |||
| para saber lo que pasa, | |||
| informarse por entero | |||
| de lo que a su cargo estaba. | |||
| El guanacona responde | |||
| con intención falsa y mala: | |||
| «Haré, Pran, lo que me dices | |||
| sin faltar un punto en nada». | |||
| Pran le dijo: «si te place | |||
| y al parecer no te tardas, | |||
| vamos que cerca de aquí | |||
| Caupolicán te aguarda». | |||
| Caminan los dos apriesa | |||
| cuanto el aliento les basta, | |||
| recíbelos el Chilcano | |||
| con gentil denuedo y gracia | |||
| y dice: «joven dichoso, | |||
| hoy la nación araucana | |||
| pone en tus manos su honra | |||
| y yo mi ejército y fama; | |||
| a ti se dará el loor | |||
| y el premio de la jornada, | |||
| conque mediante tu industria | |||
| nos des la orden y traza | |||
| para entrar dentro en el fuerte | |||
| y asaltar la gente y plaza». | |||
| Andresillo le responde: | |||
| «Pláceme de buena gana, | |||
| con más cautela que tuvo | |||
| Simón en Troya y su entrada, | |||
| y mañana a medio día | |||
| cuando la gente cristiana, | |||
| se entregue al quieto sueño, | |||
| porque la noche haré guarda, | |||
| yo daré a Pran cierta seña | |||
| y entonces con mano armada | |||
| puedes entrar victorioso | |||
| y asaltar el fuerte y plaza». | |||
| Con esto dél se despide | |||
| y luego con faz doblada | |||
| a Reinoso cuenta el caso, | |||
| siendo traidor a su patria. | |||
| Reinoso se lo agradece | |||
| con cariciosas palabras, | |||
| pero que en saliendo el sol | |||
| dé la seña concertada, | |||
| y el astuto capitán | |||
| con gran cuidado repara, | |||
| lo necesario y forzoso, | |||
| la munición y las armas, | |||
| y a don Alonso de Arcila | |||
| le da a una puerta la estancia | |||
| y a todos dice: «señores, | |||
| el silencio no haga falta, | |||
| todos dormidos, despiertos | |||
| estén con solas las caras, | |||
| pero los ojos de suerte | |||
| que no junten las pestañas». | |||
| Pran se llegó a Andresillo | |||
| dos horas después del alba, | |||
| y como vio que la gente | |||
| estaba al sueño entregada, | |||
| salta cual diestro grumete | |||
| sube por la negra jarcia, | |||
| y avisa al Caupolicán | |||
| para que marchando vaya | |||
| tendido el pecho por tierra | |||
| y encubertadas las armas. | |||
| Pero el traidor de Andresillo, | |||
| ingrato a su propia patria, | |||
| da luego la contraseña | |||
| diciendo «gente de España, | |||
| velad, aunque estéis dormidos, | |||
| que hoy os da el cielo la palma». | |||
| A la voz que dio el indio | |||
| la gente se puso en arma, | |||
| y en otra falsa reseña | |||
| los indios entran la plaza. |
FIN
| Juntos el mucho valor | |||
| de la gente castellana | |||
| y la engañada cautela | |||
| de la nación araucana. | |||
| que piensa de aqueste asalto | |||
| llevar el lauro y la palma, | |||
| fundados en su valor | |||
| y una torpe confianza; | |||
| pero la varia fortuna | |||
| se le mostró tan voltaria | |||
| que dio miserable fin | |||
| a sus vanas esperanzas. | |||
| Llegan pues los escuadrones | |||
| por dos partes de la plaza, | |||
| a donde el artillería | |||
| furiosamente dispara: | |||
| allí se vio en breve espacio | |||
| mucho del cuerpo sin alma, | |||
| muchas cabezas sin cuerpos | |||
| y cuerpos que brazos faltan; | |||
| otros llevados las piernas, | |||
| otros rotas las espaldas, | |||
| otros que por muchas partes | |||
| asoman vidas y entrañas; | |||
| otros que vertiendo sangre | |||
| atónitos procuraban | |||
| remediar su corta vida; | |||
| otros que en balde trabajan | |||
| rompiendo el silencio junto | |||
| del artillería y armas. | |||
| Sale el famoso de Arcila | |||
| con treinta de camarada, | |||
| y aguijando los caballos | |||
| fuera de la palizada, | |||
| atropellando y hiriendo | |||
| dan sobre la retaguardia | |||
| de los indios que ya viendo | |||
| el grande estrago que pasa | |||
| se procuran retirar | |||
| haciendo del temor alas. | |||
| El mísero Pran que vido | |||
| el destrozo y mala andanza | |||
| de sus amigos, volvió | |||
| a meterse entre las armas, | |||
| porque no quiere escapar | |||
| la vida que ya desama: | |||
| y otros que en tiempo tuvieron | |||
| opinión de hombres de fama | |||
| vuelven a los que los siguen | |||
| los pechos, manos y armas, | |||
| diciendo: «abrid, españoles, | |||
| camino hasta las entrañas | |||
| por los invencibles pechos | |||
| que guardan bien sus espaldas; | |||
| pero entre estos de opinión | |||
| Rengo y Tucapel no estaban | |||
| ni Orompello y sus amigos, | |||
| que quedaron en sus patrias | |||
| por no querer consentir | |||
| que se hiciese esta jornada | |||
| con tal cautela y engaño, | |||
| diciendo ser reprobada | |||
| en milicia la victoria | |||
| cuando por traición se alcanza | |||
| y que con gente dormida | |||
| no pelean sus espadas. | |||
| El Caupolicán confuso | |||
| su ejército desampara, | |||
| y con sólo diez soldados | |||
| se metió en una emboscada | |||
| para esperar el suceso | |||
| que tiene su mala andanza. |
FIN
| Siguiendo de la fortuna | |||
| el viento en popa y bonanza | |||
| y de los Chilcanos tristes | |||
| su fortuna y su desgracia, | |||
| y procurando saber | |||
| el Caupolicán do estaba, | |||
| halló en una ranchería | |||
| el de Arcila una chilcana, | |||
| moza, hermosa y de quince año, | |||
| de gentil donaire y gracia, | |||
| dama ilustre al parecer, | |||
| afligida y mal llagada. | |||
| Don Alonso le pregunta | |||
| quién es y cómo se llama; | |||
| a quién la india responde: | |||
| «es mi propio nombre Lauca | |||
| soy hija de Millarauco, | |||
| y es mi madre la desgracia: | |||
| diome mi padre marido | |||
| mancebo y de buena gracia, | |||
| bien abundante en nobleza, | |||
| habrá un mes, ¡oh suerte avara! | |||
| que se publicó esta guerra | |||
| y fuelo contra mi alma: | |||
| mi dulce esposo seguí | |||
| porque el amor me incitaba | |||
| a morir y no dejarle, | |||
| por ser la prenda de el alma; | |||
| contrastome la fortuna | |||
| siendo en todo mi contraria, | |||
| pues con una bala abrió | |||
| un pecho y llevó dos almas; | |||
| y viendo estar ya nublado | |||
| aquel sol que me alumbraba, | |||
| hacíale los obsequios | |||
| con lágrimas de mi cara, | |||
| cuando llegó un español | |||
| entre el tropel que pasaba, | |||
| el cual con brazo cobarde, | |||
| cual de una mujer flaca, | |||
| me abrió en la cabeza | |||
| una pequeñuela llaga, | |||
| desigual de la que rompe | |||
| pecho, corazón y entrañas; | |||
| dile voces que volviese | |||
| a emplear en mi su espada, | |||
| teniendo por mejor suerte | |||
| morir que vivir penada; | |||
| y ya que no hubo clemencia | |||
| en aquella mano flaca | |||
| suplícote que la tuya | |||
| dé fin a esta desdichada. | |||
| Don Alonso enternecido | |||
| de lo que la india habla, | |||
| por haber pagado amor | |||
| un tiempo tributo y paria, | |||
| le dijo: «no soy tan cruel | |||
| ni de nación tan villana. | |||
| que he de procurar dar muerte | |||
| a quien remedio le falta». | |||
| Alimpiole la herida | |||
| y limpiándole la cara, | |||
| con yerbas se la curó, | |||
| medicina en Chile usada, | |||
| y a un guanacona le entrega | |||
| para que con ella vaya | |||
| y que en su casa la ponga | |||
| libre sin peligro y salva; | |||
| y con toda su cuadrilla | |||
| se vuelve para la plaza, | |||
| tratando en la desventura | |||
| de la india y su constancia: | |||
| y queriendo don Alonso | |||
| loar a Dido por casta, | |||
| le respondió un soldado | |||
| ser de opinión bien contraria, | |||
| y en competencia de aquesto | |||
| de Dido la historia aclara. |
FIN
En favor de la reina Dido
| Ya cuando el dorado Febo | |||
| se muestra en el mar de España | |||
| dejando en tiniebla oscura | |||
| el Mar del Sur y sus playas, | |||
| y cuando los afligidos | |||
| araucanos lamentaban | |||
| su perdición y ruina | |||
| y los de España triunfaban, | |||
| va don Alonso de Arcila | |||
| recogiendose a la playa | |||
| tratando por pasatiempo | |||
| de Dido la historia larga, | |||
| recogiendo la memoria | |||
| por ver que a las veces falta | |||
| a los que el bélico son | |||
| siguen de trompas y cajas. | |||
| Habréis de saber, les dice, | |||
| que injustamente infamada | |||
| fue la casta Elisa Dido | |||
| por reina en Tirio aceptada, | |||
| y que si Virgilio quiso | |||
| en su Eneida deshonrarla, | |||
| fue porque Augusto Octaviano | |||
| de troyano se jactaba; | |||
| y de que esto sea verdad | |||
| la edad misma lo declara | |||
| que Eneas cien años antes | |||
| fue, que no Dido reinara, | |||
| Cartago setenta al justo | |||
| después de Roma fundada. | |||
| Fue hija del rey Belo Dido | |||
| y con Sicheo casada, | |||
| gran sacerdote del templo | |||
| de Alcides, que en Tirio estaba, | |||
| y a su grande dignidad | |||
| sólo el rey se aventajaba. | |||
| Dejó el rey solos dos hijos: | |||
| Pimaleón, que heredaba, | |||
| y el otro la casta Dido, | |||
| sin ventura y desdichada, | |||
| pues que mató a su marido | |||
| la ciega codicia avara, | |||
| de Pimaleón su hermano | |||
| por tomarle el oro y plata: | |||
| hízole suntuoso entierro | |||
| la Elisa Dido casta, | |||
| no tan suntuoso en riqueza | |||
| cuanto cubierto de agua | |||
| de la que sus castos ojos | |||
| por su Sicheo derraman. | |||
| Indignada y afligida | |||
| por la traición ya pasada, | |||
| a Pimaleón escribe | |||
| una bien fingida carta, | |||
| que porque se quería ir | |||
| al reino donde él estaba | |||
| le envíe una grande flota | |||
| de naves bien aprestada, | |||
| en la cual metió de arena | |||
| un gran número de cajas, | |||
| y su tesoro metió | |||
| solo en la nao capitana, | |||
| y porque notorio fuese | |||
| a los que su hermano enviaba | |||
| hizo en el profundo mar | |||
| lanzar las fingidas cajas: | |||
| todos quedaron suspensos | |||
| de ver cuán determinada | |||
| quiso perder su tesoro | |||
| aquella reina indiana: | |||
| por otra temen la vuelta | |||
| a donde su rey estaba | |||
| por el rigor y castigo | |||
| que aguardándoles estaba, | |||
| y así todos determinan | |||
| seguir a la Dido sabia | |||
| y servirla por su reina | |||
| y no volver a su patria; | |||
| por lo cual la astuta Dido | |||
| manda que la flota vaya, | |||
| la vuelta de Cipro, tierra | |||
| amiga y bien deseada. |
FIN
Segundo en favor de Dido
| No el sedicioso cosario | |||
| que sulcando el mar de España | |||
| buscando la nueva presa | |||
| la tiene más deseada, | |||
| que los soldados quedaron | |||
| con la historia comenzada, | |||
| por lo que todos suplican | |||
| le dé fin en lo que falta. | |||
| Navegando, pues, la flota | |||
| llegó con viento en bonanza | |||
| al fértil reino de Túnez, | |||
| a donde pidió entrada, | |||
| y pareciéndole tierra | |||
| propia para su morada, | |||
| pidió a los naturales | |||
| que cuanto un cuero de vaca | |||
| le vendan por su dinero, | |||
| la cual venta fue otorgada. | |||
| Hizo buscar un gran toro, | |||
| y su piel bien adobada, | |||
| hizo en delicadas tiras | |||
| un gran número de varas, | |||
| y porque la invención | |||
| del papel no era hallada, | |||
| y en papel se escribía | |||
| llamaban al cuero carta, | |||
| y así se llamo Cartago | |||
| la ciudad edificada: | |||
| levantola de alto muro | |||
| anchos fosos, hondas cavas, | |||
| y puso en ella gobierno | |||
| de gente sabia y anciana, | |||
| que mantuviesen justicia | |||
| sin faltar un punto en nada: | |||
| y fue tanto el buen gobierno | |||
| de Dido, la industria y maña, | |||
| que de muy remotas tierras | |||
| vienen gentes a buscarla: | |||
| y el que por mujer la quiso | |||
| fue el potente rey Yarbas, | |||
| el cual, vencido de amor, | |||
| sus mensajeros despacha, | |||
| a pedirla por señora | |||
| de su reino, hacienda y casa; | |||
| y como fueron llegados | |||
| dentro en Cartago, declaran | |||
| a los senadores juntos | |||
| lo que su rey les demanda. | |||
| Estando suspensos todos | |||
| usaron de astucia y maña, | |||
| haciendo la relación | |||
| a Dido bien encontrada. | |||
| «Habéis de saber, le dicen, | |||
| que nos llama el rey Yarbas | |||
| para gobernar su tierra, | |||
| de que nos pesa en el alma, | |||
| porque ya que en mocedad | |||
| te seguimos, reina amada, | |||
| querríamos en la vejez | |||
| reposar en nuestras casas». | |||
| Alegre Dido responde, | |||
| maliciosa aunque engañada: | |||
| «amigos, si yo pudiera, | |||
| por vuestra quietud y holganza | |||
| digo que fuera a servir | |||
| por vosotros al rey Yarbas». | |||
| Todos juntos respondieron: | |||
| «tú fuiste juez de tu causa | |||
| presuponiendo que el rey | |||
| por su mujer te demanda». | |||
| La reina quedó suspensa | |||
| y aunque confusa y turbada, | |||
| respondió: «tres meses quiero | |||
| de tiempo, en el cual sin falta | |||
| daré respuesta del caso | |||
| como la razón lo manda». | |||
| Pasose, pues, este tiempo | |||
| con muchos juegos y danzas | |||
| y el postrer y último día | |||
| en una anchurosa plaza, | |||
| todo el pueblo congregado, | |||
| les dio la respuesta amarga, | |||
| diciendo: «leales amigos, | |||
| bien veo la grande falta | |||
| que os haré con mi ausencia, | |||
| pero del honor guiada | |||
| y por no faltar un punto | |||
| a la honra que me llama | |||
| del ya difunto Sicheo, | |||
| daré una muy buena traza | |||
| con que vosotros quedéis | |||
| libres, y yo quede salva | |||
| a la demanda injusta | |||
| del poderoso rey Yarbas, | |||
| que será darme la muerte | |||
| con esta luciente espada; | |||
| y aun no lo hubo bien dicho | |||
| cuando la vida remata, | |||
| y abriéndose el blanco pecho | |||
| dentre en la lumbre se lanza, | |||
| dándose muerte cruel | |||
| por morir honrada y casta. | |||
| Esta es; dice don Alonso | |||
| de Arcila, la historia clara | |||
| de la casta Elisa Dido | |||
| que murió por el rey Yarbas. | |||
| Todos quedan admirados | |||
| de ver con cuanta infamia | |||
| se atrevió el Mantuano | |||
| escribir cosa tan falsa; | |||
| y como al fuerte llegaron | |||
| procuran dar nuevas trazas, | |||
| para poder descubrir | |||
| do el Caupolicán estaba. |
FIN
Y prisión del Caupolicán
| En un encubierto valle | |||
| de obscura selva cercado, | |||
| riberas de un hondo río | |||
| que riega el valle de Arauco, | |||
| lugar defendido y fuerte, | |||
| de una gran peña amparado, | |||
| rota y perdida su gente | |||
| está el gran Caupolicán | |||
| temerario y vergonzoso | |||
| de volver ante el senado. | |||
| Se recogió con diez solos | |||
| diestros, pláticos soldados, | |||
| a los cuales dice: «amigos, | |||
| entretanto que descanso | |||
| y doy remedio a mis males, | |||
| recogeos a vuestro rancho | |||
| y ninguno se descuide | |||
| de lo que le está encargado: | |||
| mirad que la confianza | |||
| siempre acarrea gran daño». | |||
| Considerando el suceso | |||
| de el ejército araucano, | |||
| en su tienda recogido | |||
| sobre el codo reclinando, | |||
| lleno de imaginaciones, | |||
| honor, temor y cuidado | |||
| está, y al romper del día, | |||
| junto al alba el postrer cuarto | |||
| de súbito le rodea | |||
| un escuadrón castellano | |||
| que vinieron por la sierra, | |||
| de un guanacona guiados: | |||
| unos llegan por arriba. | |||
| otros entran por lo bajo: | |||
| procúranse defender | |||
| los araucanos soldados | |||
| y los que más se defienden | |||
| quedaban peor llagados. | |||
| Preso el gran Caupolicán | |||
| y los demás que han hallado, | |||
| entre los cuales se finge | |||
| ser ordinario soldado. | |||
| Ya que llevaban la presa | |||
| de gente, ropa y ganado, | |||
| y caminan para el fuerte | |||
| todo el castellano bando | |||
| llegó una india furiosa | |||
| por el monte en lo más bajo, | |||
| al parecer de valor, | |||
| de gentil donaire y trato, | |||
| y viendo al Caupolicán | |||
| dice: «hombre afeminado, | |||
| do está aquel valor y esfuerzo | |||
| ¿que tenías tan sobrado? | |||
| ¿qués de tu ánimo invencible? | |||
| ¿qués de aquel terror y espanto | |||
| que tenías y mostrabas | |||
| contra el bando castellano? | |||
| Dime por qué me trujiste | |||
| con tan disfrazado engaño | |||
| a la muerte y que padezca | |||
| el hijo que has engendrado, | |||
| el cual engendrar no hubiera | |||
| padre tan acobardado; | |||
| y pues tus crecidos miembros | |||
| tan mal los has empleado, | |||
| cría tu hijo, cobarde, | |||
| como mujer al regazo, | |||
| que hoy tomaré de hoy más | |||
| el nombre que tú has dejado, | |||
| de hombre para morir | |||
| no como mujer temblando. |
FIN
De la prisión y muerte de Caupolicán
| Herido el Caupolicán | |||
| escapó de la batalla, | |||
| y preso, que es lo peor | |||
| y lo que más le pesaba: | |||
| preso va en medio de todos | |||
| los que le llevan en guarda | |||
| con el rostro ceniciento | |||
| y la cabeza inclinada; | |||
| suspira de rato en rato | |||
| y aún entre sí se quejaba: | |||
| ¿en qué te ofendí, Fortuna, | |||
| que así te muestras contraria? | |||
| acaba ya de seguirme | |||
| mira que no ganas nada, | |||
| que es honra en el rendido | |||
| (como dicen) dar lanzada. | |||
| ¡Oh luz del ardiente sol, | |||
| para mi tan deseada, | |||
| cuán bien que habías comenzado | |||
| si tu curso así acabara. | |||
| Noble Senado de Arauco, | |||
| ¿qué diréis de mi tardanza, | |||
| pues perdéis la libertad, | |||
| yo libertad, honra y fama? | |||
| Así estaba razonando | |||
| cuando le avisó la guarda | |||
| que ya no había remedio | |||
| por ser la sentencia dada; | |||
| pide digan a Reinoso, | |||
| capitán del Rey de España, | |||
| que le conceda licencia | |||
| para hablarle una palabra, | |||
| y habiéndosela otorgado | |||
| así comenzó su habla. |
FIN
| Yo soy Caupolicán a quien Fortuna | |||
| puso en lo más alto de su rueda: | |||
| jamás se me negó cosa alguna | |||
| que un rey o gran monarca alcanzar pueda; | |||
| fui del valle de Arauco la coluna, | |||
| tuve de Chile el mando, en paz muy leda, | |||
| y agora soy un triste que a la muerte | |||
| me trajo la Fortuna y triste suerte. | |||
| Hice por mi valor temblar a Marte, | |||
| diome de mil naciones la pujanza, | |||
| hice con mi saber, industria y arte | |||
| temblar al español, y su pujanza | |||
| la puse por el suelo en toda parte, | |||
| hasta agora que hizo tal mudanza | |||
| el tiempo en mis victorias, que estoy puesto | |||
| a pagar con mi muerte todo el resto. | |||
| Por tanto, si clemencia en ti se halla, | |||
| ilustre capitán, humilde pido | |||
| revoques la sentencia que está dada, | |||
| considerando el tiempo a que he venido. | |||
| Y porque en acabar esta jornada | |||
| no acabas mas de un cuerpo ya rendido | |||
| y habrá en mi lugar que me sucedan | |||
| Caupolicanes mil que en Chile quedan, | |||
| mira que evitarás guerras y daños | |||
| que pueden suceder por mi venganza: | |||
| harás con darme vida a los chilcanos, | |||
| que sirvan a tu rey y sin mudanza | |||
| darán la sujeción a los hispanos | |||
| perlas, plata y fino oro en abundancia: | |||
| y por me conceder lo que te pido | |||
| no dejará tu rey de ser servido. | |||
| El capitán español | |||
| a nada oído le daba, | |||
| y así mandó se ejecute | |||
| la sentencia que está dada; | |||
| el verdugo se allegó | |||
| desnudo y de mala cara, | |||
| al cual furioso arrojó | |||
| bien lejos de donde estaba, | |||
| diciendo, «corte mi cuello | |||
| alguna honrada espada | |||
| de tanto noble español | |||
| como mira mi desgracia». | |||
| Su atrevimiento reprimen | |||
| y presto a un poste le atan | |||
| a donde los ballesteros, | |||
| aunque con temor tiraban, | |||
| porque, aunque muerto le ven, | |||
| por vivo le figuraban | |||
| respecto del gran temor | |||
| que su vista les causaba. |
FIN
De la nueva elección de general en Chile, después
de la muerte del Caupolicán
| Después que pasó el pregón | |||
| de la voladora fama, | |||
| y ya que en Chile se supo | |||
| el suceso y mala andanza | |||
| del Caupolicán famoso | |||
| y su muerte desastrada, | |||
| el Consulado procura | |||
| que nueva elección se haga, | |||
| para que haya un caudillo | |||
| amparador de la patria; | |||
| para lo cual se ajuntaron | |||
| los caciques de más fama, | |||
| Tucapel, Ongolmo, Angol, | |||
| Cayocupil, Mareguano, | |||
| Mirapuc y Lebopía, | |||
| y Lincoya, de gran fama. | |||
| Puren llega y Lemolemo | |||
| con lucida gente armada; | |||
| Elicura, y Colocolo, | |||
| hombre que su edad anciana, | |||
| valor y saber en guerras | |||
| más que todos se adelanta, | |||
| el cual alzando la voz | |||
| les dijo: «porque la Patria | |||
| veis el peligro en que está, | |||
| diré muy pocas palabras. | |||
| Bien sé que estáis deseosos | |||
| del nuevo cargo que os llama, | |||
| y que cada cual pretende | |||
| le es debido el lauro y palma: | |||
| a lo que responderé | |||
| que pues la gente de España | |||
| nos tiene tan oprimidos | |||
| y mucha gente nos falta, | |||
| es bien que con gran silencio | |||
| la nueva elección se haga, | |||
| y sea hecha en el varón | |||
| que aquella viga pesada | |||
| tuvo más sobre sus hombros | |||
| fuera del muerto que falta». | |||
| Lincoya dijo: «yo soy | |||
| aquel que más se aventaja, | |||
| y el que más valor mostré | |||
| en la elección pasada, | |||
| pues sólo el Caupolicán | |||
| con seis horas de ventaja | |||
| me ganó, después que treinta | |||
| sufrí en mi hombro la carga». | |||
| Colocolo dijo: «pues | |||
| con tanta ventaja gana, | |||
| doblándole el tiempo a todos, | |||
| si os parece, séale dada | |||
| la silla de general, | |||
| sin ser voluntad forzada». | |||
| Viendo la mucha razón | |||
| con que el viejo anciano habla, | |||
| dicen todos muy contentos: | |||
| «Lincoya lleve la palma». | |||
| El cual respondió «señores | |||
| pues que me encargáis tal caiga, | |||
| de que estoy agradecido, | |||
| escuchadme una palabra, | |||
| y es, que si acaso me viereis | |||
| en los convites y plazas, | |||
| no me hagáis la cortesía | |||
| que mi gran cargo os encarga, | |||
| antes como a un ordinario | |||
| soldado, me haced la salva; | |||
| pero si mi mandamiento | |||
| viereis por seña o en carta, | |||
| habeislo de obedecer, | |||
| so pena de mi desgracia». | |||
| El viejo anciano replica: | |||
| «justo es que así se haga, | |||
| y en nombre de todos doy | |||
| de obediencia la palabra». |
FIN
Octava
| Era Lincoya discreto y elocuente, | |||
| sabio, tratable, franco, valeroso, | |||
| Gentil hombre, astutísimo, prudente, | |||
| Gallardo, cortesano, manso, hermoso. | |||
| Sagaz, humano, próvido, valiente, | |||
| Fuerte, guerrero, diestro, belicoso, | |||
| Ágil, membrudo, recio, corpulento, | |||
| De noble condición y entendimiento. |
En que se declaran las partes y calidades de Colocolo,
gran consejero en el estado de Arauco