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La imagen de Japón en la publicidad gráfica española de finales del siglo XIX y primeras décadas del siglo XX
Vicente David Almazán Tomás
1. INTRODUCCIÓN
La apertura de Japón durante el periodo Meiji (1868-1912) fue un acontecimiento decisivo en su modernización. Este profundo cambio, originado por el abandono de la política de aislamiento internacional impuesta en la era Tokugawa, supuso el redescubrimiento de Japón, hasta entonces misterioso y casi desconocido, por parte de los occidentales. Las crónicas de viaje, la literatura, las revistas ilustradas y las Exposiciones Internacionales fueron las principales vías de difusión tanto de sus costumbres tradicionales como de su vertiginosa modernización. Pronto su arte también llamó la atención de coleccionistas y artistas, circunstancia esta que dio paso a la formación de excelentes colecciones de arte japonés en Occidente y, en la práctica artística, a la utilización de recursos, motivos y temas procedentes de Japón, dentro de una corriente, principalmente pictórica, denominada Japonismo(490). Paralelamente, surgió una moda por lo japonés que abarcó los más variados niveles de la vida cotidiana y cultural europea.
El descubrimiento de Japón por la inmensa mayoría de occidentales se produjo, principalmente, de forma visual mediante la reproducción de multitud de imágenes, primero xilografías y luego fotograbados, en los distintos medios de [404] comunicación impresos. La propagación masiva de imágenes en el siglo XIX fue posible gracias a los adelantos técnicos en las Artes Gráficas y la consolidación editorial de publicaciones ilustradas. En un principio las imágenes reproducidas en prensa comenzaron siendo de naturaleza periodística, artística o enciclopédica, pero con el desarrollo de una economía de mercado apareció una nueva categoría: los anuncios publicitarios gráficos. A los anuncios en prensa debemos añadir el gran desarrollo del cartelismo desde la década de los ochenta hasta la Primera Guerra Mundial. A menudo olvidados por los historiadores del arte, los anuncios han desarrollado una función fundamental en la alfabetización visual de la sociedad(491). Por su gran circulación, presencia cotidiana, su insistencia comunicativa y, sobre todo, la necesidad de sintonizar con los gustos del comprador, los anuncios no puede faltar en cualquier análisis de la relación Arte-Sociedad.
El diseño publicitario, que en sus inicios estuvo especialmente vinculado a las Bellas Artes, debe ser considerado como un transmisor del arte de la época. La influencia del Japonismo se manifestó como una de las tendencias publicitarias más destacadas. Hoy en día tenemos una visión general del Japonismo basada principalmente en la selección de las obras de ambientación japonesa de impresionistas, postimpresionistas, simbolistas y modernistas, ya que estos pintores fueron quienes mejor supieron asimilar el arte japonés. La mayoría de la población pudo ser ajena a las vanguardias artísticas, pero no pudieron escapar a los carteles de las calles y los anuncios de la prensa que aludían a lo japonés para dar un toque de elegancia a su imagen de marca y animar, de este modo, las ventas. Esta insistente presencia también hay que extenderla en algunas ocasiones a las etiquetas y los envases de los productos(492). El Japonismo en la publicidad formó parte de la vida cotidiana del ciudadano medio de finales del siglo XIX y principios del XX.
La pasión por lo japonés llegó a España, fundamentalmente, a través de tres factores: la influencia marcada por París, la Exposición Universal de 1888 y las informaciones de las revistas y otras publicaciones. Según hemos podido constatar en nuestras investigaciones en la prensa ilustrada de la época, el Japonismo tuvo en nuestro país un desarrollo similar al resto de naciones occidentales, si bien su intensidad fue menor a Francia o Inglaterra, quienes mantenían relaciones políticas, económicas y culturales más estrechas con Japón. En España, [405] como sucedió en todo Occidente, la moda por lo japonés, además de como influencia artística(493), también se manifestó en otras muchas facetas, como la literatura, el teatro, la ópera, los espectáculos, las fiestas de disfraces, la moda femenina, la decoración, etc.
La publicidad de la época no pudo sino recoger este auténtico fenómeno social. Las alusiones a elementos japoneses en los anuncios, desde la década de los setenta del siglo pasado hasta finales de los años veinte, fue un recurso publicitario ampliamente extendido. En este sentido, los anuncios publicitarios fueron un agente difusor de la imagen de actualidad y exotismo de Japón.
En España comenzaron a publicarse anuncios extra-tipográficos desde 1860, sin embargo por estas fechas eran poco frecuentes. Fue a partir de la década de los ochenta, especialmente en torno a la Exposición Universal de Barcelona de 1888, cuando se generalizó la ilustración publicitaria(494). Es entonces cuando, para consolidar la marca y ganar mercado, las empresas tratan de destacar sus productos de los de la competencia con anuncios más llamativos e innovadores, dentro, claro está, de las pautas conservadoras acordes con el público burgués. La mayor parte de los anuncios que hacían alusión en su tipografía e ilustraciones a lo japonés pretendieron crear una imagen de marca característica y propia, elegante y novedosa. Frecuentemente, la procedencia de anuncios con influencia japonesa fue París, ya que numerosas marcas anunciadoras, sobre todo de cosméticos y perfumes, pertenecían a empresas francesas.
Para la elaboración de este trabajo hemos realizado un estudio de todos los anuncios publicados por tres de la más importantes revistas nacionales, La Ilustración Española y Americana (1870-1921), La Ilustración Artística (1882-1916) y La Esfera (1914-1931), lo que en su conjunto nos ofrece un repertorio significativo de la publicidad española desde 1870 a 1931. La investigación se limita al caso español, sin embargo, como punto de referencia, es obligado el comentario del panorama europeo, para lo cual hemos investigado los anuncios publicados en este periodo por la revista francesa L'Ilustration y la inglesa The Illustrated London News(495). Con una finalidad exclusivamente comparativa y para contextualizar los anuncios españoles citaremos los ejemplos extranjeros más significativos. [406]
2. LA MODA POR LO JAPONÉS EN LA PUBLICIDAD
La fascinación que supuso el descubrimiento de la cultura tradicional japonesa y la admiración producida por la rápida modernización y, en especial, sus brillantes victorias militares contra China (1894-95) y Rusia (1904-05) convirtieron a Japón uno de los países en boga durante la segunda mitad del siglo XIX y principios del siglo XX. No es éste el lugar para describir las consecuencias culturales de este contacto, pero es obligado destacar que la curiosidad inicial por lo japonés pronto se convirtió una auténtica moda que, si bien podemos calificarla como trivial y frívola, favoreció también un contexto de aproximación más serio y riguroso a la realidad japonesa. La pasión por lo japonés en la sociedad occidental influyó sobre los anuncios de la época en la medida que los publicitarios fueron conscientes de este fenómeno de masas y recurrieron a motivos y temas de inspiración japonesa para llamar la atención y ganarse la simpatía de los compradores. Simultáneamente, la repetida y constante publicación de anuncios con alusiones japonesas contribuyó a su vez en mantener e incrementar esta moda.
En España la seducción por lo japonés fue algo menos intensa que en otros países europeos debido a las escasas relaciones directas con Japón y a la introspección de la sociedad, las artes y las letras en «el tema de España» durante el cambio de siglo. No obstante la extensión de la moda del Japonismo también fue notable y, en consecuencia, la publicidad española reflejó esta circunstancia. Desde el punto de vista sociológico, el Japonismo como moda tuvo un carácter muy general, pero su éxito se concentró principalmente en la media y alta burguesía, sobre todo en ambientes femeninos y festivos. Destacamos el aspecto femenino por dos motivos: la consideración, más o menos fantaseada, de la geisha como personificación de lo japonés y el hecho de que fueran las mujeres quienes utilizaran los artículos de importación más típicos, kimonos, abanicos y sombrillas. En los anuncios publicitarios observamos que muchas veces las alusiones a lo japonés estaban casi siempre destinadas a atraer al público femenino. En este sentido, la influencia parisina fue doblemente decisiva. Por una parte, el prestigio de las costumbres y tendencias de Paris, que era la capital del Japonismo, fue el punto de referencia obligado de la mujer elegante. Por otra parte, algunos anuncios de perfumes y cosméticos con referencias a lo japonés correspondían a firmas francesas cuya imagen de marca había sido creada en París.
A fin de poder comparar la utilización de la imagen de Japón como recurso publicitario con otros países europeos comenzaremos primeramente con una descripción de los anuncios de este tipo en Francia e Inglaterra, procedentes en mayoría de los publicados en L'Ilustration y The Illustrated London News respectivamente. A continuación nos detendremos en el comentario del caso español, [407] realizado fundamentalmente a partir de los hallados en la investigación de La Ilustración Española y Americana, La Ilustración Artística y La Esfera. Para la presentación de los anuncios hemos optado por estructurar la exposición en apartados según la actividad económica de los anunciantes: el más importante fue el de cosméticos, perfumes y jabones; el resto lo constituyen alimentación, decoración, complementos, institucionales, transportes y cines.
2.1. Anuncios franceses e ingleses.
París y Londres fueron las capitales europeas que tuvieron mayores relaciones con Japón y que más intensamente manifestaron la influencia del Japonismo en su vida cultural. La prensa ilustrada de información general de estas ciudades así lo recogió en artículos de toda índole, reportajes gráficos, relatos literarios, reproducciones de cuadros japonistas y, como no podía ser de otro modo, también anuncios publicitarios. En ocasiones estos anuncios eran simplemente tipográficos, pero en la mayoría de las ocasiones se trataba de anuncios gráficos, casi todos en blanco y negro. La imagen más recurrente en estas ilustraciones fue la típica japonesita tradicional sonriente, vestida con un alegre kimono y portadora de un abanico decorado o una vistosa sombrilla. En Inglaterra encontramos mayor cantidad de anuncios y anunciantes más variados, mientras que en Francia se limitan al sector de la perfumería. Los cosméticos y perfumes fueron también en el caso inglés los más frecuentes.
2. l. l. Cosméticos, perfumes y jabones
Londres y París fueron a finales del siglo XIX los principales productores perfumes, cosméticos y otros productos de belleza. Varias marcas buscaron una ambientación exótica a sus marcas, siendo Japón la principal fuente de inspiración, seguida de la India y los países musulmanes.
L'Ilustration publicó durante las últimas dos décadas del siglo pasado dos anuncios de perfumes japonistas muy interesantes desde el punto de vista publicitario. Se trataba de Corylopsis du Japon(496), que se anunció con asiduidad en España, y Amaryllis du Japon(497). Eran anuncios tipográficos que destacaban [408] del resto por su inteligente uso de las leyes del contraste: los textos, fácilmente legibles sobre el papel blanco, eran resaltados por rotundos espacios negros que los enmarcaban. Otras marcas francesas, como la famosa casa Jean Artaud, incluyeron en sus etiquetas personajes, plantas y objetos japoneses a principios de siglo(498). Cerrando los anuncios franceses, mencionaremos un curioso anuncio procedente de L'Illustration sobre una crema anti-arrugas para el cutis(499) que se expendía en la Maison des Bambous, en la parisina rue du 4-Septembre: «L'Anti-rides japonais. Notis sommes certains d'être egréables á nos lectrices en leur signalant, pour le visage et les mains, un produit inoffensif qui efface effectivement les rides futures...».
En Inglaterra el sector de perfumes y cosméticos fue el más influido por el Japonismo. Desde la última década del pasado siglo encontramos anuncios de marcas japonistas en The Illustrated London News. La primera de ellas fue Japan Veilchen. Japanese Violet(500), registrada en Karlsruhe por F. Wolff & Sohn, una novedosa gama productos, perfume, polvos de tocador, jabón, champú, etc., que se vendían en las mejores farmacias y perfumerías. La ilustración del anuncio consistía en una japonesa, algo fantasiosa en su vestimenta y tocado, que sostenía abierto, por detrás de su cabeza, un enorme abanico con el nombre de la marca. Otro ejemplo interesante fue Lundborgg's famous perfumes(501), en el que dos niños contemplaban las acrobacias de un malabarista japonés con cuatro frascos de este perfume y comentaban: «Oh! I wish he'd break one!». Los jabones Pear's Soap(502), incomparables para el cutis según decía el anuncio, fueron presentados en 1905 por una alegre japonesa que se bañaba en una tina tradicional. Y el amoniaco Srubb's Ammonial(503), la llave de la limpieza doméstica, que servía tanto para el aseo personal como para la colada, las alfombras, la plata o las picaduras de mosquito, era recomendado por una dama occidental ataviada de japonesa.
Pero la marca japonesista más representativa fue Grossmith's Hasu no hana(504), que producía perfume, agua de tocador, bolsitas perfumadas, jabón, dentífrico y polvos faciales que se anunció asiduamente desde 1907 hasta la década de los veinte. Durante todo este tiempo la empresa londinense realizó varias campañas publicitarias caracterizadas por una elegante ambientación en el Japón tradicional. La tipografía de la marca era también de inspiración japonesa. [409] Durante los primeros años los anuncios destacaban el diseño del envase del perfume, en cuya etiqueta se representaba a dos japonesitas sentadas rodeadas de típicas flores y aves. Estos primeros anuncios se ilustraron con un frasco de perfume(505), una japonesa vestida con un kimono decorado con flores de loto que portaba dos grandes frascos(506) un farolillo japonés de papel con el nombre de la marca(507) y una galante japonesa con un gran abanico también con el nombre de la marca(508). En los años veinte la publicidad de Hasu no hana destaca por la utilización de ilustraciones cada vez más elaboradas y preciosistas, de mayor tamaño, que constituyen verdaderas obras maestras del Japonismo publicitario. Las protagonistas de estos últimos anuncios fueron hermosas japonesas, con decorativos kimonos y toda clase de complementos, envueltas en rítmicas orlas florales, en femeninas actividades: mirándose con coquetería al espejo(509), arreglándose el peinado(510) y tocando el samisen con el monte Fuji de fondo(511).
2.1.2 Alimentación
La influencia del Japonismo en otros sectores no fue tan importante. En el de la alimentación hay que destacar la perspicacia y oportunismo de los creadores de un anuncio del entonces famoso extracto de carne Oxo(512) de 1904. Aprovechando la enorme expectación despertada por la Guerra Ruso-japonesa, el producto se anunció con la imagen de una enfermera japonesa y otra rusa, que recuperaban a los heridos con este extracto de carne. Un segundo ejemplo de la utilización de lo japonés lo encontramos en un viaje a Japón en 1920 del popular Johnnie Walker(513) personaje que todavía hoy anuncia esta marca de whisky. En la ilustración, firmada por Leo Cheney, entre unos torii de un templo y una japonesa con una sombrilla, nuestro protagonista paseaba con otro turista comentando la belleza del país y la bromeando sobre si este whisky estaría en la lista de visitas inolvidables. Decía el primero: «It is a wonderful country this land of the Mikado.»; y contestaba el segundo: «I'll bet your name is not upon the list of things that 'never will be missed'». [410]
2.1.3. Decoración
La imitación de la cerámica china y japonesa fue una actividad que desarrollaron con éxito comercial varias manufacturas inglesas. En 1885 se anunció en The Illustrated London News un conjunto de piezas de la casa Alfred B. Pearce, fundada en 1760, con el nombre de «Japanese» Chamber Set(514). A pesar de esta denominación, el diseño y la decoración de la palangana, la jarra y las cajitas que aparecían en la ilustración tenían muy poco de japonés.
2.1.4. Transportes
Las constantes avances en los transportes fueron un factor fundamental para la formación de una incipiente industria turística a lejanos países. La ruta más frecuente seguida por los viajeros europeos para llegar a Extremo Oriente fue por barco, cruzando el canal de Suez, atravesando el Mar Rojo y bordeando la costa India. Una ruta alternativa, cruzando el Atlántico, Canadá por tren y el Pacífico, era la propuesta de la compañía Canadian Pacific Railway(515) en fechas próximas a la Primera Guerra Mundial. La compañía ofertaba también rápidas rutas por Japón, China y Austrasia. En la ilustración a color del anuncio, una tradicional japonesa con un farolillo servía de muestra de los atractivos del exótico viaje.
2.2 Los anuncios japonistas españoles
La publicidad española recurrió a la imagen del Japón tradicional de una forma semejante a la europea. El Japonismo fue explotado principalmente por anuncios de cosméticos y perfumes. El refinamiento y exotismo de lo japonés ofrecieron una ambientación elegante a los más delicados aromas. Hemos computado veinte campañas publicitarias distintas de este tipo en anuncios de prensa. En menor cantidad hubo en nuestro país anuncios de otros sectores. Nosotros hemos contabilizado: uno institucional de la Exposición Universal de Barcelona de 1888, cuatro de alimentación, tres de decoración, uno de complementos, otro de automóviles y otro de cine. Todos ellos reflejan el entusiasmo que despertaba lo japonés entre el público general. Algunos de ellos son también joyas de la publicidad española. [411]
2.2.1 Cosméticos, perfumes y jabones
Los anuncios japonistas de este sector fueron habituales en la prensa gráfica desde finales de la década de los setenta en el siglo pasado hasta la de los veinte de este siglo. En esta larga cronología hay que diferenciar dos claras etapas en las características de la producción de anuncios japonistas, que responden a la propia evolución de la publicidad española. En la primera, correspondiente al siglo XIX y inicios del siglo XX, los anuncios eran en blanco y negro, de formato reducido y competían en la misma página con otros muchos anuncios. Los anónimos publicitarios que diseñaron estos anuncios de perfumes supieron destacar sus producciones por diversos recursos como acusados contrastes, ilustraciones llamativas y su insistente repetición número a número. En la segunda etapa, que transcurre desde la segunda década del siglo XX y culmina en la década siguiente, los dibujantes de anuncios dispusieron de mayores recursos: campañas más elaboradas y espacios de página entera, ya que los perfumes y cosméticos eran los más importantes anunciantes de las revistas. Estos anuncios, encargados a prestigiosos ilustradores, en numerosas ocasiones fueron impresos en color. Analizaremos en primer lugar los pequeños anuncios del primer grupo y seguidamente los espléndidos anuncios de esta segunda etapa.
2.2.1.1 Los anuncios de pequeño formato
Los anuncios de cosméticos y perfumes japonistas, además de una manifestación más de la moda por lo japonés, fueron desde el punto de vista profesional muy acertados, ya que, al adoptar sugerencias exóticas, llamaron la atención entre la insípida confusión del resto de anuncios. Mayoritariamente, nos hallamos ante marcas con patentes francesas cuya la imagen gráfica venía predeterminada desde París. El primer anuncio de este tipo fue publicado el 1 de junio de 1877 en La Ilustración Artística. Nos referimos a Kananga du Japon(516) [Fig. 1], agua de tocador importada por Rigaud y Compañía, instalada en la Calle Viviène nº 8 y en la Avenida de la Opera nº 47 de París. La marca, como vemos, era de procedencia francesa. En el texto se informaba a las españolas de las excelentes propiedades de este producto que dejaba un perfume tan delicado como puede apetecerlo la señora más elegante». Es muy interesante y llamativo el original tipo de letra que encabeza el anuncio, que formado [412] [413]a partir de cañas de bambú, dan un ambiente oriental al anuncio. El dibujo de una japonesa vestida con un antiguo kimono y una flor en su mano fue la imagen que potenciaba la voluntad japonista de la marca. En la ilustración también aparecía un frasco de agua de tocador, cuyo estilizado cuello daba al envase un aspecto elegante y llamativo.

| Fig. 1.- Kananga du Japon. |
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Esta marca, que ofrecía una amplia gama de productos cosméticos como extracto, aceite, jabón y polvos, publicó sus anuncios con una destacable frecuencia durante décadas con ligeras modificaciones. En marzo de 1879 se cambió en nombre de Kananga du Japon por su traducción Kananga del Japón(517), el formato del anuncio disminuyó y la botella del perfume desapareció, quedando la característica japonesa del kimono como única imagen de la marca. En agosto del mismo año, el tamaño aumentó de nuevo y el logotipo de la mujer japonesa con kimono se repitió tres veces(518). Posteriormente las japonesas se rebajaron a dos(519) y el tamaño volvió a reducirse(520). De todas, la primera edición, con la japonesita y el envase, era la más interesante y durante varios anos fue el mejor de los anuncios editados por la revista. La marca Kananga del Japón, también se publicó asiduamente en La Ilustración Artística, en la versión referida de las dos japonesas(521).
Lo oriental en perfumería estaba de moda. La misma casa Rigaud promocionaba, simultáneamente a Kananga del Japón, el perfume Melati de China(522), en cuyo texto se comentaba la medalla de plata que obtuvo en la Exposición de 1878. También obtuvo este galardón «el rey de los perfumes» Ylang-Ylang de Manila(523). Más adelante, en 1900, Rigaud sacó al mercado español una nueva gama de productos cosméticos, agua de tocador, esencia, jabón y polvos de arroz, con la denominación Kananga Osaka(524) [Fig. 2.]. El agua de tocador llevaba el siguiente lema: «de deliciosa frescura conserva al cutis la incomparable nitidez de la juventud» y la ilustración del anuncio consistía en un sencillo medallón con la denominación Osaka y la cabeza de una presunta japonesa caracterizada por los cabellos recogidos en un moño con kanzashi, las típicas horquillas japonesas.
La competencia a la casa Rigaud en aromas orientales llegó, en 1884, de la mano del famoso perfumista parisino L. T. Piver de París con el perfume Corylopsis [414] del Japón(525) [Fig. 3]. El anuncio de esta marca es gráficamente muy interesante, ya que fue el primero en utilizar en nuestro país el contraste del blanco y negro. El anuncio de Corylopsis del Japón llamaba la atención sobre todos los demás por su sobriedad y este contraste que desviaba la vista automáticamente hacia él. El influjo japonesista aparecía en la tipografía oriental en que aparecía el nombre de la marca y en la presencia de unos kanji, ideogramas de escritura japonesa, colocados tumbados de derecha a izquierda y no en vertical como se leerían. Los dos primeros kanji significan «Japón» y los otros dos, probablemente, el nombre de la esencia. Este anuncio también tuvo, desde 1889, una versión reducida tanto con el recurso del contraste del anuncio original como sin él y, como hemos indicado anteriormente, también apareció en la revista francesa L'Illustration.

| Fig. 2.- Kananga Osaka [415] |

| Fig. 3.- Corylopsis del Japón |
Con el tiempo L. T. Piver encargó nuevos anuncios para otros perfumes que podemos clasificarlos por su estética dentro de la corriente modernista. Estos anuncios en ocasiones ya no aludían directamente a Japón, pero en su composición y ornamentación se apreciaba la influencia extremoriental. En junio de 1899, se anunciaba en las páginas de La Ilustración Española y Americana, el perfume Le trèfle incarnat(526), en el cual, a la frescura de su tipografía, se añadían tres tréboles que daban al conjunto una composición ondulante y dinámica. Este anuncio siempre se publicó en tamaño reducido y tuvo también su versión en negativo, en blanco sobre fondo negro(527). Otro anuncio de L. T. Piver fue el del perfume Azurea(528), también de formato reducido, que estaba enmarcado en [416] una orla de estilo modernista con dos flores en sus laterales. En un caso similar nos encontramos ante Parfum Floramye(529), cuya orla se basaba en motivos vegetales. Estos anuncios, durante el cambio de siglo, se publicaron habitualmente en La Ilustración Española y Americana. Todos estos perfumes tuvieron un enorme éxito comercial y todavía se vendían en los años veinte. En esas fechas aparecieron en La Esfera dos anuncios de L. T Piver que nos remiten al influjo japonés en el diseño decorativo. El primero de ellos(530), que aludía a varios perfumes de la firma, tenía como fondo unos motivos florales con un tratamiento geométrico propio de los diseños textiles. En el otro se anunciaba Vallé des Rois(531), cuya ilustración correspondía a una esquemática garza y una flor.
A los anuncios japonistas de las firmas de perfumistas V. Rigaud y L. T. Piver, hay que añadir un único anuncio de la conocida casa, también parisina, L. Legrand. El anuncio, publicado por La Ilustración Española y Americana en 1903, hacía referencia al perfume Funkia du Japon(532) [Fig. 4]. Una atrayente tipografía de rasgos orientales reforzaba la ambientación japonista de este anuncio, que estaba ilustrado con la flor aromática del perfume.
2.2.1.2 Anuncios de página
La publicidad de perfumes y cosméticos a medida que avanzaba el siglo evolucionó hacia anuncios cada vez más elaborados y resolutivos. A diferencia de lo ocurrido durante el siglo XIX, sobre todo a partir de la Primera Guerra Mundial, las firmas españolas, como Perfumería Floralia y Perfumería Gal, fueron los principales anunciantes del sector. Los avances en técnicos, especialmente en el abaratamiento de las ilustraciones en color, y la consolidación editorial de revistas de calidad, como La Esfera, fueron circunstancias que favorecieron el desarrollo de la publicidad gráfica de estas empresas españolas en auge. A los habituales anuncios de formato pequeño y medio, aparecieron ahora espacios publicitarios a página entera, cuyas ilustraciones eran encargadas a los más prestigiosos dibujantes del momento. En la época, como podemos constatar en un artículo de Silvio Lago, el crítico de arte de La Esfera, existía consciencia de la importancia que tenía hacer publicidad de calidad, como se hacía en Estados Unidos y en España hacía la casa Floralia con Penagos [417] y Ribas(533). Dentro de esta publicidad de calidad se realizaron algunos destacados ejemplos que recurrieron al Japonismo, no tanto con la presencia de japonesitas, aunque también las hubo, sino con modelos occidentales con ropajes orientalizantes, abanicos tipo paipai o con sombrillas japonesas. En estos anuncios se aprecia una refinada tendencia a la erotización que es general a toda la publicidad del momento.

| Fig. 4.- Funkia du Japon |
La mencionada Perfumería Floralia, situada en la madrileña calle Granada nº 2, destacó notablemente con algunos anuncios japonistas de su colonia, polvos y jabón Flores del Campo [Fig. 5] publicados en La Esfera. Bartolozzi fue el autor, en 1915, de un anuncio de esta marca en la cual aparecían, en una ilustración en blanco y negro, una dama y una niña mostrando una pastilla de jabón(534). Un elemento fundamental de la composición era la vestimenta de la [418] [419] modelo, que sin ser un kimono recordaba mucho a los fantasiosos diseños orientales, dejaba al descubierto los hombros de la bella señorita. El vestido estaba realizado siguiendo la estética planista del ukiyoe. Acerca de esta relación no podemos sino traer aquí un comentario de la época realizado a propósito de un concurso de carteles publicitarios del Círculo Artístico de Barcelona, en el que la describir una obra semejante del artista se dijo: «Salvador Bartozzi ha compuesto una página de admirable distinción y de elegancia. Bella y audaz armonía de tonos en la que se destaca la nota brillante del manto amarillo en que se envuelve la figura principal sobre fondo de laca japonesa en la que hay detalles tan prodigiosos como el samuray que aparece estar escapado de la estampa de Hokusai(535)». Un segundo ejemplo también de 1915 fue otro anuncio de Flores del Campo(536) de autor desconocido. Se trataba de una ilustración, en blanco, negro y rojo, que representaba a una mujer tumbada cómodamente en una hamaca en un prado florido. Lo único que nos anima a incluir este anuncio en este trabajo es la presencia de un abanico rígido del tipo paipai y una ondulantes ramas de sauce llorón que se asoman por la parte superior. Mucho más directas fueron las alusiones a Oriente de otro anuncio de Flores del Campo de 1917 subtitulado La Consulesa(537). La exuberante ilustración en color, obra de Ramírez, nos presentaba a una elegante y coqueta dama, sentada en su tocador, que vestía un llamativo kimono oscuro de mangas cortas decorado con amarillas flores de crisantemo y dragones rojos y azules. En el diseño de otros textiles de la escena, como las cortinas y un cojín, también se apreciaba la influencia japonesa. El texto del anuncio ambientaba al escena entre Madrid y el Lejano Oriente: «¡El placer de viajar! Cierto es que es una gran cosa. Cierto que mañana, de vuelta a mi Madrid de mis sueños, podré vanagloriarme de haber estado en la Indochina, envuelta en mi kimono y recibiendo la caricia de los jardines orientales». Pero la mejor exhibición de Japonismo fue un anuncio de Flores del Campo(538) en el cual una galante japonesita en su tocador promocionaba los jabones de esta marca. «El refinado Oriente, lleno de aromas y ensoñaciones, no ideó jamás un producto que a su vez perfume voluptuoso y seductor agregue no superadas propiedades higiénicas», se decía en el texto que acompañaba a una elegante ilustración a color de Lyogorri. El autor representó a una japonesa, con el peinado recogido en un tradicional moño y un kimono verde y rojo con motivos decorativos en forma de olas, que sentada en el suelo, junto a una mesita de laca y un espejito, hacía pompas [420] con el jabón Flores del Campo. En la ambientación del tocador de nuestra protagonista había un profundo sabor japonés: un gran jarrón de porcelana decorado con un templo sintoísta y un kakemono con un pajarillo sobre una rama de bambú. Las referencias japonesas se completaban con una gran luna llena detrás del rótulo de la marca y por la presencia de un sello rojo y unos kanji, ilegibles, a modo de firma.

| Fig. 5.- Flores del Campo |
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A la par que Perfumería Floralia, otro importante anunciante que siguiendo la moda del momento incluyó elementos japonistas en sus campañas publicitarias fue Perfumería Gal. Esta firma fue pionera en dedicar a sus anuncios espacios mayores y de renovar periódicamente sus anuncios para sorprender a los lectores y evitar la monotonía. En la etapa final de la Ilustración Española y Americana, en la segunda década de este siglo, aparecieron este tipo de anuncios, entre los que destacaron los trabajos realizados por A. Ehrmann para Petróleos Gal, un producto capilar. Entre los anuncios de Ehrmann hubo dos que aludían al Extremo Oriente, pero que en sus propósitos no buscaron una referencia de elegancia y sensualidad. El primero de ellos(539), de 1913, aparecía una secuencia de tres chinos que describía el paso del tradicional peinado de mandarían al peinado occidental. Con humor se comentaba: «Los chinos se modernizan gracias al Petróleo Gal». En el segundo(540), de 1915, se recurrió a una japonesa, junto a una europea, una polinesia y una africana, para demostrar que: «Todas las cabezas del mundo son tributarias del Petróleo Gal» y dar así una imagen internacional de la marca. En la década siguiente encontramos en La Esfera otros productos de Perfumería Gal que se anunciaron con dibujos de exquisito trazo, en blanco y negro, en los que algún objeto japonés era el complemento elegante de la modelo, que representaba a la mujer moderna, erótica y frívola prototipo de los felices veinte. Eran anuncios que, con gran economía de medios, lograron máximos resultados. Uno de los mejores que se realizaron correspondió a la famosa marca de jabones Heno de Pravia(541) [Fig. 6]. El anuncio consistía en un delicado dibujo, enmarcado en un rombo, de una sonriente mujer en la ducha que alargaba su desnudo brazo para alcanzar una pastilla de este jabón. El cuerpo de la joven señorita permanecía oculto detrás de un decorativo biombo japonés, en el que aparecían unas garzas en vuelo sobre un prado de altas hierbas en un cielo embellecido con los ondulantes ritmos de las nubes. Como decía el texto situado bajo la ilustración: «Contra el calor no hay mejor remedio que una ducha fría después de haberse enjabonado [421] [422] bien con jabón Heno de Pravia, que refresca y perfuma deliciosamente el cutis», además por sólo peseta y media cada pastilla. No sabemos el autor de la ilustración de este anuncio de Heno de Pravia, pero por su estilo es muy probable que fuera Ribas, que tenía contrato con Perfumerías Gal. Ribas sí que fue con seguridad el ilustrador de un anuncio del dentífrico de esta firma, la Pasta Dens(542). En la imagen se nos presentaba a una encantadora joven que escondía su sonrisa detrás de una sombrilla japonesa. La sombrilla japonesa, decorada con motivos florales, era una parte esencial de mensaje publicitario: «Convierta usted su sombrilla en un escudo si una mirada le ofende, pero no recate el rostro cuando la miren con lealtad, ni oculte los dientes al sonreír; podrían suponer que no son bellos como su rostro. Use todas las mañanas la Pasta Dens y sonría sin temor. Su dentadura, sana y brillante, será el mayor encanto de su sonrisa».

| Fig. 6.- Heno de Pravia |
| [421] |
La presencia de una sombrilla japonesa en las manos de la mujer de moda de los años veinte era inexcusable. En las crónicas sobre las últimas tendencias de la moda femenina se constata la importancia de este complemento. Carmen de Burgo, que escribía sobre moda en La Esfera escribió en 1917 un reportaje sobre «Sombrillas(543)» en que describía la última tendencia: sombrillas exóticas, llamativas en su colorido y con fantasiosos dibujos. En este sentido, la misma revista publicó en 1922 un comentario sobre el aumento de la moda por las «Sombrillas japonesas(544)». Comentaba el anónimo autor en una galante prosa: «En esta amable contradanza eterna de las galas femeninas, donde toman, se van, vuelven y se alejan para surgir de nuevo los deliciosos cómplices de la coquetería, tienden ahora su discreta penumbra sobre los rostros de muñecas las sombrillas japonesas». La actualidad de las sombrillas en los gustos femeninos se reflejó en la publicidad en otros dos casos, además del ya citado de Pasta Dens. En 1920, Baldrich realizó la ilustración de un anuncio de la gama de productos de la Perfumería Higiénica Calber(545), de San Sebastián. Baldrich, que fue el ilustrador de una excelente y variada campaña de esta firma en 1920, dibujó en su característico estilo de contraste en blanco y negro a una atractiva y estilizada señorita que paseaba por la playa y protegía su delicado cutis del sol y la brisa con una sombrilla. El artista colocó la sombrilla sobre un hombro de la dama de modo que la superficie de la misma servía como fondo en el que se destacaba con nitidez el rostro. Este recurso estilístico, clásico en los retratistas japonistas del siglo XIX, era especialmente apropiado para un anuncio de [423] productos de belleza. El texto, por otra parte, informaba de la existencia de una fragancia denominada Oriente Florido: «Una nota de elegancia y 'chic' es usar en la playa, después del baño, las aguas de colonia Calber, Oriente Florido, Las Meninas o Maravillas de España. Lavarse con el jabón Calber, y espolvorear su cuerpo con los inimitables polvos antisépticos Calber». El recurso de la sombrilla como fondo para el rostro de la portadora se repitió en un anuncio de formato medio publicado en La Esfera en 1925 sobre la Crema Snow(546) de los Laboratorios Beya de Barcelona. Una bañista sonreía delante de una florida sombrilla japonesa junto a un frasco de la Crema Snow, que «imparte al cutis una verdadera sensación de frescura, preservándolo de los efectos del viento y el sol».
Finalmente traemos aquí un caso que no es un ejemplo de Japonismo sino un ejemplo de arte japonés occidentalizado. Se trata una elegante ilustración del artista japonés Fujita para el anuncio de Parfum Isabey(547), que se publicó en La Esfera en 1929. Fujita Tsuguji(548) (1886-1968) nació en Tokio y se graduó en la Escuela de Bellas Arte de Tokio en 1910. Desde 1913 marchó a París, donde desarrolló su carrera artística donde alcanzó gran reputación. La personalidad de Fujita fue conocida por los lectores de La Esfera en profundidad gracias a una larga entrevista con Demetrio Korsi(549) publicada en 1930. Se nos presentaba a Fujita como «el pintor japonés más célebre del mundo» y entre otras informaciones se indicaba su amistad con Picasso. Este dato es revelador para el comentario del anuncio Parfum Isabey, ya que recuerda mucho a la obra clasicista que el español realizaba en estos momentos. Fujita dibujó en un estilo intimista, semejante al que culminaría Picasso en su Suite Vollard, a una mujer desnuda abrazando el frasco del perfume. La ilustración, realizada con un trazo delicado pero firme, tenía una gran modernidad y, sin duda alguna, constituye uno de los mejores ejemplos de la relación arte-publicidad en los anuncios de la época.
2.2.2 Complementos
Siguiendo con el tema de las sombrillas, hubo una empresa de paraguas de Barcelona, situada en la calle Puigmartó nº 5, cuyo nombre se aprovechó del [424] prestigio que tenía Japón en este tipo de artículos. Nos referimos a la fábrica La japonesa de F. Rius(550), que en su publicidad, según vemos en un cartel c.1910 de J. Jutlar, no explotó una imagen exótica ni aludió al Japón tradicional. No deja de ser significativa, no obstante, la denominación La Japonesa para la marca de paraguas.
2.2.3 Alimentación
En el sector alimentario las referencias a Japón fueron poco frecuentes. No es hasta la década de los veinte cuando encontramos algún caso. Un anuncio singular se publicó el primer día del año 1921 en La Esfera. Se trataba de un anuncio del coñac Caballero(551) [Fig. 7] para felicitar el nuevo año a los lectores. En ilustración, en forma de abanico y a toda página, aparecía un bebe vestido de etiqueta, que sostenía sin perder la compostura una botella grande de esta bebida, y una dama vestida de japonesa que levantaba una copita para brindar. Su peinado estaba recogido sin horquillas o adornos japoneses, pero su vestido era inequívocamente un auténtico kimono japonés, de fondo oscuro y decorado con tiras claras y grandes flores de crisantemo, sujeto a la cintura por un sencillo obi negro. No en Japón, sino en otros países de Extremo Oriente se inspiraron otros productos: El Anisete Maygolo(552), «exquisito licor del mundo elegante», se ambientaba en Filipinas; el té Horniman's(553), «el predilecto de las Embajadas de Europa» y el té Tao(554), «el preferido por la aristocracia», lo hacía en China.

| Fig. 7.- Coñac Caballero |
| [425] |
2.2.4. Decoración
Comenzaremos este apartado con un encantador anuncio de Bruno Cuadros(555), conservado en el Museo Frederic Marés de Barcelona. De autor desconocido, sólo sabemos que fue editado por Lit. Sucesores de Ramírez y Compañía en 1890. En unas fechas de apogeo de la moda del Japonismo esta casa se anuncio con cinco niños chinos y japoneses rodeados de todo tipo de japonai-series [425] [426] dentro de una orla realizada a partir de cañas de bambú y abanicos. Los niños estaban en una habitación abierta en su fondo a un jardín de cerezos en flor. Chinitos y japonesitos, perfectamente ataviados, miraban con atención unas telas de seda y unas sombrillas japonesas. Otros objetos presentes en la escena eran los típicos farolillos de papel o chôchin, porcelanas, mesitas y abanicos tanto plegables ôgi y rígidos uchiwa, como los abanicos militares del tipo ganpaiuchiwa. En conjunto una entrañable muestra de Japonismo publicitario, que refleja la pasión por lo japonés a finales del siglo XIX.
Otro ejemplo, de esta tendencia japonista fue un anuncio aparecido en Hispania en 1899, de la empresa Azulejos cartón piedra de Hermenegildo Miracles(556). Las referencias orientales de la decorativista ilustración consistían en motivos florales de inspiración japonesa y una tipografía chinesca.
Reflejo también de la moda orientalista en la decoración pero en la década de los veinte fue un anuncio publicado en 1926 en La Esfera sobre la casa de decoración Tekko y Salubra(557), que tenía su sede en la barcelonesa calle Mallorca nº 280 y sucursales en Buenos Aires, Lima y Santiago de Chile. La empresa se dedicaba a textiles y papeles pintados. En este anuncio aparecía una ilustración a todo color de la sala de estar de la casa de una moderna mujer de la época. Los dos objetos decorativos destacaban en la habitación: un gran jarrón de porcelana azul y una pequeña estatua de Buda meditando.
2.2.5 Institucionales
Como todos podemos imaginar, las referencias a Japón, con quien apenas teníamos relaciones, fueron casi inexistentes. Una feliz excepción fue una ilustración conmemorativa de la Exposición Universal de Barcelona de 1888, acontecimiento que contribuyó decisivamente al descubrimiento directo de las artes, manufacturas y costumbres japonesas(558). No nos referimos al celebérrimo [427] cartel oficial de Pellicer, en el que aparecía en un estilo realista una fachada gótica catalana, sino a otro menos conocido que apareció en la revista La Exposición. Órgano Oficial. La publicación, dirigida por D. Salvador Carrera, se editó desde septiembre de 1887 hasta abril de 1888. Fue creada para la promoción de la Exposición Universal de Barcelona y en ella se informaba de cuestiones relacionadas con la historia de pasadas Exposiciones y la organización de la presente. La ilustración a la que hacemos referencia, a doble página y color, figuraba entre las páginas centrales del volumen que recogía los números de esta revista. Fue obra de M. Obiols Delgado y se titulaba La calle de Fernando (Fantasía japonesa)(559). La escena estaba enmarcada a lo japonés con una orla construida con cañas de bambú y se representaba, con imágenes del público visitando el edificio de Exposición de Barcelona como fondo, a una presunta japonesa con el cabello recogido en varios moños y ataviada con un llamativo kimono azul decorado con motivos marinos entre los que destaca un pulpo. La japonesita llevaba unos ejemplares de la revista y portaba, atado a una caña sobre el hombro, un farolillo japonés de papel en el que estaba pintada la barcelonesa calle Fernando. La publicación de esta destacada ilustración nos informa de la simpatía general por el lejano Japón y la utilización de su imagen para subrayar la universalidad de la Exposición.
2.2.6 Transportes
Los años veinte fue una época en la que comenzaron a incrementarse los automovilistas españoles. En la publicidad del momento se multiplicaron los anuncios de lujosos automóviles. Una de las marcas que más publicidad hicieron fueron los automóviles Packard [Fig. 8], que distribuía en las principales ciudades la Compañía Española de Automóviles S. A. Hoy día el tema de los coches y Japón está de actualidad, pero en aquella época causa extrañeza que encontrar en un anuncio de automóviles referencias japonesas. Así sucedió en un anuncio de Packard(560) de 1928 en el cual, junto a una ilustración del coche, aparecía una típica escena del Japón: una musmé transportada en el tradicional kuruma. En el texto del anuncio no se justificaba la presencia de esta imagen que, en cualquier caso, tendría la intención de reforzar las cualidades de comodidad y categoría del vehículo. [428]

| Fig. 8.- Packard [429] |
2.2.7 Cine
El cine, la imagen en movimiento, fue un espectáculo innovador y de gran repercusión a principios de siglo. Su importancia en el modo de ver el mundo en el siglo XX sólo puede ser comparable a la multiplicación de la imagen impresa durante el siglo XIX. Las primeras películas muchas veces consistieron en éxitos literarios, teatrales y operísticos del siglo pasado. Tal fue el caso de la ópera Madama Butterfly, la famosa obra de Puccini, de la cual Famous Players hizo una versión cinematográfica en Hollywood en 1915. La actriz Mary Pickford, que en esos momentos era la mujer más famosa del mundo y que ya había demostrado su versatilidad interpretando papeles exóticos, protagonizaba el filme(561). La película Madama Butterfly(562) se anunció en España en 1919 como parte del Programa Ajuria de Barcelona. El anuncio tenía forma alargada, a modo de kakemono, y contenía una fotografía de Mary Pickford, caracterizada de Cio-cio-san, en la famosa y melodramática escena en la que B. F. Pinkerton parte hacia América. La actriz aparecía en afectado gesto en un típico interior japonés, vestida con un kimono decorado con motivos vegetales y unos prismáticos en sus manos.
3. CONCLUSIONES
La publicidad española de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, como hemos visto, reflejó la moda general por lo japonés que, como en el resto de Europa, había en nuestro país. La inexistencia de sólidas relaciones comerciales entre España y Japón determinó que apenas se anunciaran manufacturas japonesas(563). No obstante, las alusiones al Japón tradicional fueron utilizadas con frecuencia por los anunciantes, especialmente en el sector de perfumería y cosmética, para dar a sus productos una imagen refinada y exótica. Estas referencias al Japón se personalizaron principalmente en la imagen de la mujer japonesa tradicional, una galante dama con kimomo y abanico. La imagen de un Japón exótico, lejano, elegante y agradable. [430]
Finalmente, en la valoración sobre la clasificación cronológica de los anuncios, es preciso indicar que se observa un gran aumento de anuncios japonistas a partir de finales de la segunda década y durante la tercera del siglo XX. Ello fue debido al desarrollo de una segunda gran etapa del Japonismo en estas fechas, pero también hay que tener en cuenta que responde también al hecho de que a medida que avanza el siglo cada vez eran mayores los espacios y las inversiones publicitarias. [431]
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Japón y la propaganda totalitaria en España, 1937-1945
Florentino Rodao
Universidad Complutense de Madrid
A partir del 7 de Julio de 1937, con el estallido de la Guerra Chino-japonesa, Japón fue ocupando un lugar cada vez más importante en el aparato propagandístico de la España franquista. En esos momentos previos al estallido del conflicto mundial, los intereses políticos de la relación con Japón adquirieron una importancia cada vez mayor a raíz de su entrada en guerra y la propaganda en relación con este Imperio sobrepasó rápidamente el interés meramente exótico que había tenido hasta entonces. Lo ocurrido en el otro lado del mundo podía tener repercusión también en la propia península y, en consecuencia, las imágenes de Japón experimentaron una evolución interesante que merece ser estudiada en este artículo, que vamos a dividir en tres períodos principales. En primer lugar, el que va del comienzo de la Guerra Chino-Japonesa hasta el fin de la Civil española en 1939, uno posterior hasta el comienzo de la Guerra del Pacífico, en diciembre de 1941 y, por último, el que va a lo largo de la Guerra del Pacífico hasta el verano de 1945. Con ello pretendemos mostrar la utilización de las imágenes para los objetivos propios de la propaganda nacional, sobre todo su maleabilidad, que permitió usarlas en contextos muy diferentes.
Por ello, aparece conveniente hacer un pequeño repaso a las imágenes de Japón en la España anterior a la Guerra Civil en un plano político(564). Cuatro [436] características aparecen como las más destacables: 1) La admiración por el progreso del país, dentro del cual destacaba la dirigida hacia su arte militar y por su victoria ante Rusia en 1905(565). Según esta idea, a pesar de la falta de una cultura occidental, Japón lo había podido suplir aparentemente, copiando sus invenciones. 2) Comparación del país con el resto del Extremo Oriente y, sobre todo, con la mala imagen de los chinos(566). 3) La identificación como pueblo conservador, que vino reforzada en los tiempos anteriores a la Guerra Civil por una creciente imagen de país anticomunista(567). 4) Inexistencia en España del temor al «Peligro Amarillo(568)». [437]
1. COINCIDENCIA DE GUERRAS EN ESPAÑA Y EN CHINA
Las dos guerras que sirvieron de prólogo a la II Guerra Mundial tuvieron lugar en los dos extremos del continente eurasiático y pronto hubo ese sentimiento mutuo de coincidencia de objetivos. Los republicanos se solidarizaron con la lucha china contra la invasión japonesa mientras que los nacionales lo harían con los japoneses, basándose en esa lucha contra el comunismo que ambos divulgaban. Los nacionales aceptaron pronto que Japón había de ser el gendarme en Asia y, lo que es más interesante, dejaron de considerar a este país como asiático. Cuando se referían a la «barbarie asiática» en consecuencia, no incluían a Japón. La propaganda mutua se envió por canales cada vez más diversificados, al declinar el anterior predominio de las agencias estadounidenses, pero tuvieron funciones diferentes. Mientras en Japón hubo un progresivo deslizamiento de la opinión pública oficial cada vez hacia posiciones más favorables a los nacionales, hasta el punto de no permitirse ninguna película favorable a los republicanos a partir del reconocimiento oficial, en la España franquista no se puede hablar de un sentimiento susceptible de cambio. El conflicto estalló en China cuando España ya llevaba casi un año en armas y no se vio ni sentimiento pro-chino en la España nacional, ni sentimiento pro-japonés en la republicana: los campos ya estaban delimitados.
Por ello, es interesante señalar las cuatro principales características de las imágenes usadas por la propaganda de estos momentos en la España Nacional:
1) Influencia italiana en la nueva imagen mutua. El papel clave de Italia en la formación del nuevo estado franquista se dejó sentir fuertemente, también, en la propaganda relativa a Japón. Así, en las informaciones sobre la Guerra Chino-japonesa se puede percibir más bien un sentido anti-británico que propiamente anti-chino, mientras que por otro lado se puede notar que el interés de la prensa española por lo ocurrido en China no fue inmediato, sino que vino de la mano del interés y del reforzamiento de los lazos con los nipoitalianos, a partir de fines de 1937 y principalmente desde 1938(569).
No obstante, convendría que nos detuviéramos ligeramente en lo que podríamos llamar el «niponismo» italiano porque se puede afirmar que precede al español y en este período podemos comprobar algunas características que en la península se dieron una vez ya acabada la Guerra Civil: sin conocer el país -o quizás, precisamente por ello- Japón llegó a ser percibido de forma idealizada. La propaganda fascista se encargó de realzar los valores y exaltar las cualidades [438] del miembro asiático del Pacto Anti-Komintern de una forma exagerada, hasta el punto de que se les podía llegar a considerar «más niponistas que Japón». Tokio, de hecho, quedó sorprendido por ese apoyo tan decidido a su lucha en China, mucho antes que lo hiciera Alemania y quizás el mejor ejemplo es una anécdota del Conde Galeazzo Ciano, Ministro de Exteriores de Mussolini, que podemos encontrar en su diario a propósito del «Incidente del Panay», un buque norteamericano que fue atacado por la aviación nipona. Ya que murió un periodista italiano por el bombardeo japonés, el Embajador de Tokio le fue a pedir disculpas, pero durante la entrevista, tal como relata el italiano: «Tomé nota del hecho, pero no hice protesta. Fui más allá, diciendo que considero tales incidentes normales dentro de los acontecimientos que ocurren en una guerra a gran escala. Si los americanos no quieren bombas, deben salirse.» El propio ministro añade: «El estaba sorprendido y fuera de juego por esta actitud nuestra(570)».
También es clave en esa propaganda en relación con Japón la ideología militarista que subyace y es significativo que el principal trabajo cultural realizado en estos años, un diccionario, se viera también imbuido de las necesidades del momento, incluyendo un apéndice de términos militares(571).
2) Paralelismo entre las Guerras en España y en China. La similitud anticomunista de las dos luchas es el gran tema de los artículos en la prensa de estos años y de la cantidad de artículos entresacamos un párrafo significativo: «El comunismo no tiene nada que hacer en Oriente y gracias al Japón, y tampoco en Occidente, gracias a España y a los otros estados totalitarios(572)». La resistencia contra la penetración soviética en China también es objeto de comentario en ABC, donde tras señalar una serie de países en los que había «triunfado el bien», señala «Y son ahora España y Japón, raza junta a raza, las que buscan aires frescos de paz futura [...] Es inútil, pues, que la mirada pacifista y conciliadora de los diplomáticos se pose suavemente sobre los verdes campos de Tien-tsin [Tianjin] o sobre las llanuras pardas de Brunete. La URSS continuará implacablemente matando tradiciones, extinguiendo bibliotecas...(573)». Entre los artículos costumbristas en estos años también se reforzaba esa idea del paralelismo y lo podemos ver en los escritos de dos personas que habían estado en la zona, Tato Cumming y Julio de Larracoechea, bajo el seudónimo de Alberto González(574). Este último era un diplomático vasco cercano al nacionalismo, que había sido expedientado por su actitud pro-republicana de los primeros momentos del conflicto. Es interesante que fuera Larracoechea el que, dentro de esta imagen de paralelismo y de similitud de objetivos, enlazara dos ideas más allá del comunismo: la religión («Cuantos de nuestros tantos misioneros habían caído bajo el odio y la barbarie de las hordas comunistas»)(575) y Filipinas en 1898 «[...] Prensa japonesa fue el único defensor que tuvo España [...] debemos agradecer a los japoneses el habernos prevenido durante el conflicto de los envíos de armas a los insurrectos, a [Emilio] Agunaldo y sus correligionarios(576)».
3) Reforzamiento del bloque en lucha por un Orden Nuevo». El ataque a Londres y con menor intensidad a Estados Unidos es otra característica, normal en esos tiempos(577), pero esta crítica fue aparejada a la idea de Londres como principal perdedor en el conflicto: surgieron los primeros esbozos de una idea que se configuró más claramente tras acabar la lucha, la de la aceptación [440] del Asia Oriental como zona de influencia de Japón(578). La opinión de Camilo Barcia, uno de los pocos comentaristas de entonces con un conocimiento más profundo de la situación internacional, es sumamente interesante a este respecto; según él, la expansión nipona no era una mera expansión territorial, sino una necesidad económica. La construcción de un Imperio sobre bases industriales había comenzado ya en el siglo XIX y el problema era que Japón estaba excluido de comerciar en otros territorios, ya que el Imperio Británico lo había hecho de sus mercados; en consecuencia, tenía que crear un Imperio para poder aprovisionarse de materias primas: «ahora el Japón quiere completar esta idea autárquica con la penetración en China, especialmente en la China del norte(579)».
4) Escasa significación a nivel popular. Hay escasos ejemplos de que esa identificación hispano-japonesa de la propaganda penetre a un nivel popular, entre los que destacaron las Madrinas de Guerra. Mujeres encargadas de escribir cartas y enviar regalos a los soldados que estaban en el frente. Surgieron algunas a raíz de unos anuncios en la prensa japonesa y entre los soldados que se beneficiaron de ellos estuvo el entonces teniente Jaime Milans del Bosch(580).
La propaganda, en definitiva, fue un factor clave en las relaciones hispano-japonesas de estos años y quizás sin este añadido es difícilmente comprensible la fuerte relación política en este período. La política hacía el exterior, de esta forma, tenía una función también hacia el interior: alinearse con Japón fue una forma de demostrar la fuerza de los aliados con que contaba el régimen de Franco, mientras que la guerra en China suponía la constatación de esos temores sobre la expansión del comunismo que presuntamente había provocado el 18 de julio. La culpable de la guerra en China también era la Unión Soviética, y Japón había tomado a su cargo luchar contra ello; dos países, por tanto, estaban enfrentados contra un mismo enemigo en los dos confines del continente [441] eurasiático. Así, por medio de esta propaganda, puede ser percibido lo que se quería decir por parte del Gobierno y en qué sentido éste lo quería utilizar para sus propios fines.
2) PROPAGANDA ENTRE LA GUERRA CIVIL Y LA DEL PACÍFICO
La amistad política con Japón continuó tras acabar la Guerra Civil y por ello las características de las imágenes respectivas no variaron en lo esencial. El contexto mundial, sin embargo, cambió y el objetivo al que se dirigía esa amistad adquirió nuevos matices. En función de los nuevos acontecimientos se «remozaron» estas imágenes; veamos algunos de estos matices propios de este período:
1) Del predominio de la función anticomunista a la antialiada.
Desde el momento en que la lucha de los países del Eje se enfocó hacia las potencias aliadas tras el pacto germano-soviético y el estallido de la guerra de Alemania contra el Reino Unido y Francia, sus aparatos propagandísticos soslayaron la lucha anticomunista. En España y Japón, a pesar de la lucha directa contra la Unión Soviética (unos por su ayuda a la República y los otros en la batalla de Nomonhan, ocurrida en el verano de 1939), se llegó a producir un fenómeno semejante y, por un período de tiempo, predominaron las referencias contra Gran Bretaña, Francia e incluso contra Estados Unidos. Principalmente esta enemistad frente a Estados Unidos fue la que dio un nuevo sentido a la amistad mutua; antiguo ministro de Exteriores, Ramón Serrano Súñer, declaraba con posterioridad sobre ello: «No es que yo tuviese preferencia por los nipones sobre el gran pueblo americano, pero a nuestro juicio, el Japón venía a fortalecer lo que a la política española le interesaba: la victoria del Eje sobre los aliados.[...] Por lo demás, yo no tenía ningún motivo de admiración por el Japón(581)». Esta declaración es en relación con la red de espionaje y ciertamente señala que dentro de ese «anti-aliadismo», el anti-norteamericanismo fue la nota predominante respecto a Japón, claramente perceptible a partir del verano de 1940. Por supuesto, no faltó, ni antes de ello ni después, la referencia antibritánica y ésta se pudo percibir claramente durante la crisis de Tientsin [Tianjin] en 1939, un enfrentamiento de Japón contra las potencias europeas a propósito de la detención de los culpables de un asesinato. [442]
2) Exaltación de los valores guerreros. En tiempos de guerra estos valores tuvieron una gran importancia y ya hemos visto que aparecieron también en Italia, con un diccionario acompañado de un apéndice de términos militares. En España hubo dos imágenes de Japón que se ajustaban en esa propaganda del momento; por un lado, la admiración ya mencionada en los ambientes militares -principalmente en la Marina- por la estrategia llevada por Japón durante la Guerra Ruso-Japonesa de 1905, que llevó a la publicación de un libro sobre el comandante en jefe de la flota Japonesa en este conflicto, Tôgô Heihachirô(582). Si había un caso en el que se admiraba la compenetración de los ejércitos de Tierra y de Mar en un conflicto, éste era el caso de Japón en su guerra con Rusia. El propio Carrero Blanco señala su admiración por Japón: «Treinta y cinco años después podemos apreciar hoy la solidez de aquellos cimientos y los buenos resultados que proporcionan el trabajo y la perseverancia en un pueblo cuando sabe adónde va y quiere llegar a su meta(583)».
Por otro lado, fue la imagen del Bushidô, o luchador dispuesto a dar la vida en la batalla sin mayor pregunta, la que simbolizó mejor los tiempos que se vivían y muestra de ello fue la reimpresión, financiada por la Legación japonesa en Madrid, de un libro ya traducido en 1908, Bushido. El alma del Japón, con un prólogo del General Millán Astray. Este militar, en su preámbulo, escribía: «En el Bushido inspiré gran parte de mis enseñanzas morales a los cadetes de infantería en el Alcázar de Toledo, cuando tuve el honor de ser maestro de ellos en los años 1911-12, y también en el Bushido apoyé el credo de la Legión...(584)».
3) Predominio de la solidaridad del Eje frente a la defensa de los intereses occidentales en Extremo Oriente. En consonancia con Italia, España aceptó renunciar en China a los privilegios de los que había gozado como potencia occidental. Aunque en unos primeros años hubo una esperanza de beneficiarse de la estela japonesa en Asia, progresivamente hubo que aceptar con resignación que la lucha de japón era también frente a Occidente. Se acabó aceptando expresamente el declive de Occidente en la región(585). Así ocurrió con [443] la renuncia a los privilegios de extraterritorialidad o con el fin del sistema llamado de «Puerta Abierta». Cordero Torres explicó claramente las razones que traslucieron en ésta aceptación resignada de los españoles en función de intereses políticos más importantes: «La llamada «solidaridad de la raza blanca» ha sido hasta ahora un arma de propaganda de los países que no hace mucho expulsaron a España del Pacífico(586)». En consonancia con estas aspiraciones, desde Madrid se pasaron a apoyar algunas causas que podrían ser identificadas, hoy día, como de solidaridad con los países del Tercer Mundo, tales como la lucha independentista en el subcontinente indio(587).
4) El desarrollo tecnológico japonés. Si hasta entonces la imagen de Japón había estado fundamentada en la archimencionada idea de la tradición y la modernidad(588), en estos años este equilibrio se quebró a favor del segundo de estos dos conceptos, llevado por la admiración hacia su progreso científico(589). Y los progresos se observaban no como simple curiosidad, sino que interesaron en función de una posible autarquía. El hecho de que una llamada «Misión Económica Española» no fuera a Japón simplemente a disfrutar del viaje al que les habían invitado, sino a aprovechar y conocer los inventos japoneses y su modo de producción, dividiéndose la búsqueda de ideas según los miembros, nos da la medida de cómo ésta opinión estaba ya implantada en las élites dirigentes franquistas(590).
Esta idea del progreso parece ser una de las razones principales para que a Japón se le considerara como a una nación occidentalizada más que como un país asiático. Ello tiene importancia porque entonces el comunismo se identificaba como producto de la «barbarie asiática»; José Antonio Primo de Rivera [444] ya había expresado esta idea en 1935(591) y se siguió repitiendo después. El Consejo de Ministros español, por ejemplo, ante la Guerra soviético-finesa de 1939-40, expresó en su nota a la prensa: «España, que luchó contra la barbarie asiática, muestra su honda simpatía hacia los finlandeses(592)». Resulta ciertamente extraño, pero en estos años el concepto de Asia no incluía, o no podía incluir, a un Japón que estaba en su «camino occidental(593)», y que era aliado del régimen: «El Comunismo sólo será posible en el triunfo del Oriente revolucionario contra el Occidente imperialista: tendrá lugar cuando el mundo sea de los rusos, de los indios y de los chinos(594)».
5) Pro-niponismo en clave anti-alemana. No podemos ofrecer en este apartado sino documentación italiana, pero parece bastante probable que el sentimiento de apoyar a los japoneses para aliviar de alguna forma la presión alemana también se dio en España. En Italia hubo una nueva ola de nipofilia a propósito de las primeras victorias niponas, en lo que se podía ver como una «tabla de salvación», no sólo del Eje sino principalmente de Italia, ante la aplastante hegemonía alemana a partir de la primavera de 1941. El conde Ciano describió en su diario este sentimiento del que era partícipe su suegro, pero no él mismo: «Mussolini es siempre pro-japonés y lo es cada vez más cuanto menos le gustan los alemanes (...) El Duce piensa que no tiene vuelta de hoja lo que ocurre en Oriente y en el Pacífico(595)». Es factible pensar que personajes en España tan identificados con Italia como el Ministro de Exteriores, Serrano Súñer, pudieran pensar lo mismo.
6) La Historia como arma política. En este período, la Historia fue un arma arrojadiza. Junto con las referencias a San Francisco Javier y a la religión [445] católica en Japón como hija de los mártires hispanos, la referencia más popularizada de estos años fue la de la expedición de 1858 a la Península Indochina, por medio del famoso libro Reivindicaciones de España. Además de ello, la revista Mundo inició una serie de artículos dedicados a la historia de los españoles en América y en el Océano Pacífico, de la que la mayor parte corresponde a esta región. La serie comenzó en octubre de 1940, disfrutó de una regularidad envidiable y la propia revista mencionaba su relación con los acontecimientos en la región: «Comenzamos esta serie de artículos dedicados a la historia de nuestra dominación en el Pacífico (empieza con el núm. 71) impulsados por la actualidad que al tema daban las alarmantes noticias recibidas del Extremo Oriente. Aunque ausente nuestra bandera hace casi cincuenta años de aquellas aguas, la presencia espiritual que dan varios siglos de gloriosa historia, subsiste. Y, por ello, en plena guerra, continuamos estos artículos, dedicados a recordar episodios inolvidables de nuestra historia [...](596)». En el mes de septiembre de 1942, coincidiendo con la salida del Ministerio de Exteriores de Serrano Súñer, desaparecieron los artículos, y no se volvió a reanudar la serie -y apareciendo de forma irregular- hasta abril de 1943, fecha a partir de la cual los artículos fueron publicados de forma muy irregular, dan la impresión de ser los restos de la serie que ya habían sido escritos.
El interés político mutuo, como hemos visto, creció en ambos países, dentro de la limitada repercusión que podía tener entonces la imagen de Japón(597). Lo más interesante, no obstante, es que, en un proceso normal de referencias a la especial amistad mutua(598), se llegara a hablar del paralelismo mutuo de forma tan intensa; es un proceso que ocurre con otros países, pero que es difícil encontrar respecto a Japón, y de forma tan intensa, en otros momentos. La exaltación militar sirvió para ello y fue difundida también entre sectores no ligados al ejército; la introducción al libro sobre Japón del jesuita Moisés Domenzaili, se señala que existía algo «extraordinariamente común entre los dos pueblos [...] su exaltación del valor del espíritu(599)». En Japón llegó a producirse un fenómeno parecido [446] aunque aparentemente de menor intensidad; el Ministro Méndez Vigo, llegó a afirmar, de forma excesivamente optimista, que el interés por aumentar el comercio con España había aumentado el interés por la cultura española y el español, afirmaba: «Existe también en ciertos círculos intelectuales una noción, no del todo infundada, de que hay notables semejanzas y afinidades de carácter entre ambos países, lo que indudablemente contribuye a estimular la curiosidad», en lo que califica sin ambages como un momento favorable(600).
Parece claro, en definitiva, que surgió una imagen ideal de Japón en España -no tanto al revés-, producto de esos momentos en los que Tokio estaba en el mismo lado que Madrid en el esfuerzo de implantar un «nuevo orden» mundial. El desconocimiento real de lo japonés quizás puede explicar esta desproporción entre lo razonable y lo exagerado. De esta forma, la imagen del Japón dio un salto cualitativo en su significado y, en algunos casos, pudo ser comparable para la derecha con lo que la Unión Soviética había sido para la izquierda. Este último país representaba la imagen del lugar -también lejano- en el que se estaba haciendo algo diferente, algo nuevo y en este concepto, también completamente idealizado, participaron personajes bastante alejados ideológicamente del Partido Comunista, como Antonio Machado, que en algunas ocasiones escribió loas al Estado Soviético(601).
Si hubo una imagen ideal hacia Japón, lo cierto es que se fue diluyendo a medida que se veía que Japón no atacaba a la Unión Soviética tras el ataque alemán. El cambio no fue radical, pero Japón perdió progresivamente esa imagen ideal que tuvo en España de una manera fugaz. Cuando entró en guerra medio año después, con Pearl Harbor, esa admiración ya no tenía el componente de idealismo, de confianza plena, que significaba luchar en pos de unos objetivos semejantes. Se sabía que Japón colaboraba y que tenía los mismos enemigos, pero también que no estaba dispuesta a renunciar a su propio orden de prioridades.
3) LOS DIFÍCILES MALABARISMOS PROPAGANDÍSTICOS TRAS PEARL HARBOR
Al tener noticia de las victorias japonesas, no faltaron los motivos de alegría y de esperanza en el triunfo final del «Nuevo Orden», pero era ya un tipo de [447] amistad distinto. La imagen de Japón pasó a estar totalmente mediatizada por la guerra y las relaciones con el Eje, sin que apareciera característica propia alguna. Los artículos alabando a Japón ya no se referían a los aspectos positivos (las semejanzas mutuas, etc.), sino a los negativos, a saber, los enemigos comunes.
Volvió una breve ola de «japonesismo» a principios de 1942 y se pueden encontrar varias referencias a un renovado entusiasmo. El ministro japonés declaró a la prensa de su país que le dolía la espalda de los «golpecitos» de felicitación(602) y el que fuera Agregado Militar en Japón, Fernando Navarro Ibáñez, recordaba años después que los miembros de la Legación japonesa en Madrid «consiguieron extraviar a la opinión pública española, que los recibía en todas partes con grandes muestras de simpatía y amistad(603)». No obstante, esa ola fue breve y de ahí se pasó a una idea que estudiaremos más adelante, y de la cual podemos tomar referencias en las opiniones del falangista Herrera de la Rosa desde Japón: se comparten las razones, no los métodos. Este hombre, delegado de Falange en Japón, estaba claramente identificado con la idea de establecer un «Orden Nuevo», pero progresivamente se fue distanciando de este país, precisamente por esos modos de los funcionarios y por la creciente propagan da antioccidental. Y si durante el período de Serrano Súñer al frente del Ministerio las razones se superpusieron a los métodos, ya no sería así tras su salida, en agosto de 1942.
Lo más importante de este período, no obstante, es el cambio que progresivamente hubo de operar la política exterior española, porque la entrada de Estados Unidos en la guerra tuvo unas consecuencias inmediatas: las entregas de petróleo fueron suprimidas. El cambio siguió siendo paulatino y, en los primeros momentos de la Guerra del Pacífico, la palabra que mejor expresa la relación mutua sea susceptibilidad. No era nueva, y se percibe claramente entre aquellos españoles que vivieron o visitaron la región, tales como los miembros de la Misión Económica de 1940 o los diplomáticos(604), pero en a partir de Pearl Harbor la crítica soterrada pasó a la prensa. Un ejemplo muy interesante es el [448] del columnista sobre Hispanoamérica de Mundo, la revista oficiosa sobre Política Exterior, Rodolfo Reyes, quien en un artículo titulado «Pacífico» en el que se refería a la necesidad de que México fuera el país que parara el asalto de nuevas culturas por el Pacífico, hablaba expresamente de los Estados Unidos, pero también señalaba a la cultura japonesa como otro «asalto indeseable» en el continente(605).
Pasados unos meses y tras aumentar las dificultades militares, las tensiones internas entre el Eje se dispararon; los deslices que antes se podían perdonar, en el año 1942 llegaban a ser motivo de irritación. De nuevo por medio del diario de Ciano, se puede ver un ejemplo de la tensión que genera la relación con los japoneses: «El Duce telefonea indignado contra el embajador japonés Shiratori, que ha hecho unas declaraciones verdaderamente incalificables: el Japón espera el dominio del mundo, el Mikado es el único Dios en la tierra y hará falta que el Duce y Hitler se resignen a esta realidad(606).» A estas tensiones, además, se sumaron los esfuerzos enemigos por profundizarlas y España no había de ser una excepción. Por ejemplo, el Ministro japonés, Suma Yalcichirô, por ejemplo, señaló que la «guerra psicológica» llevada por la BBC -refiriéndose a la propaganda que estaba orientada racialmente para dividir a los países del Eje entre sí- era un «arma formidable» y que el propio ministro Serrano Súñer consideraba que estaba teniendo un tremendo efecto en España(607).
Así, después de los años de amistad política y de uso propagandístico de la amistad con Japón, durante el período del Ministro Jordana se vivió una cierta «vuelta a la normalidad» propagandística hacia este país, entendiendo por ello una escasa atención hacia Japón, parecida a la que había anteriormente. Dos aspectos son indicativos de esto: Japón -y la Guerra del Pacífico- apenas apareció en la prensa a lo largo de los casi dos años que estuvo Jordana, y por otro lado, se volvió a sustentar la idea de la «solidaridad de la raza blanca» en el Oriente Las razones de esta vuelta a una situación «normal» son varias: las noticias sobre las victorias en la guerra del Pacífico eran escasas y la esperanza de un «Nuevo Orden» en el mundo, desvanecida. Con ello, esas ideas que la necesidad política había hecho válidas anteriormente, tales como esa exaltación de los valores guerreros o la similitud entre los dos países, se derrumbaron y, con ello, las consecuencias políticas que llevaban, tales como la consideración [449] de Chiang Kai-shek [Jiang Jie-shi] como un comunista o la disposición a renunciar a los derechos de Extraterritorialidad en China.
Este cambio en la orientación propagandística fue relativamente rápido desde la llegada de Jordana en septiembre de 1942, en parte, porque el terreno ya estaba preparado. Así, desde poco después de haberse hecho cargo, contradijo totalmente el manual que había servido de índice en la etapa anterior, el libro ya mencionado de Cordero Torres(608), tal como podemos ver en su conversación con el Embajador británico Samuel Hoare, en febrero de 1943:
| «por las mismas condiciones de solidaridad europea [que contra la URSS], deseamos el restablecimiento de los intereses europeos en Asia, y al hablar de la solidaridad europea no pensamos únicamente en las conveniencias económicas, sino también en nuestra cultura y en la obra civilizadora que han realizado allí las naciones de raza blanca y que nuestra nación realizó en aquellas tierras del Oriente, como también en la difusión de la fe cristiana, que desaparecería con el triunfo de Japón así como con el de China o Rusia. Estos argumentos justificarán, según creo, a los ojos del embajador y del gobierno británico, las inquietudes que siente nuestra nación y nuestro deseo de una estrecha colaboración europea, en defensa de intereses comunes, que haría resolver, de una vez por todas, el gran problema del comunismo; restablecería nuestra posición y nuestro prestigio en Asia, contendría la expansión del Japón y restauraría la normalidad en el continente africano(609)». |
4) VUELTA A LAS IDEAS TRADICIONALES
Este cambio se debe a tres razones principales relacionadas con la marcha de la Guerra: 1) La propaganda aliada tuvo sus efectos. Es difícil asegurar la efectividad de la propaganda antijaponesa puesto que en muchos casos eran panfletos o rumores de cuya eficacia difícilmente puede quedar constancia en los Archivos. No obstante, hemos visto ya referencias de que España era un objetivo importante de la propaganda aliada, en donde aparentemente estaba teniendo éxitos; el propio Suma se quejaba que «panfletos antijaponeses son distribuidos por todas partes(610)» y de la incapacidad suya para contrarrestarlo por el desdén hacia éste tipo de actividad por Tokio, que estaba gastando todo su dinero en cuestiones puramente militares(611). 2) La ausencia de un ataque a la [450] Unión Soviética en la primavera de 1943 descartó definitivamente las anteriores esperanzas de conseguir una victoria frente a Stalin por medio de un ataque desde el Este. Con ello, las posibles dudas anteriores quedaron descartadas y se estimó que Japón desertaba definitivamente de sus amigos. Uno de los principales activos en la amistad hispana desapareció y, además, hubo de influir fuertemente en los ánimos de los que habían sido los mas exaltados pro-niponistas en España, los falangistas. 3) Las quejas por los desmanes de las tropas japonesas en las zonas ocupadas de Asia Oriental fueron cada vez más evidentes, además de que se atendieron más: «se hicieron oídos» a las voces discrepantes. La amistad política mutua se desvaneció y ya no pudo valer, como en tiempos de Serrano Súñer, para tapar las grietas.
Tras el período de inactividad se volvieron, por tanto, a usar propagandísticamente las ideas tradicionales. El hecho de estar en tiempo de guerra, no obstante, dio unos matices nuevos -en ocasiones temporales, en ocasiones que perduraron más allá- a la imagen de Japón: la defensa de los valores tradicionales apeló a la imagen de España como país defensor del cristianismo, a la vinculación entre el catolicismo y la cultura española basada en la herencia de la «época grande(612)». Ello llevaba a la idea de que España había de ser la defensora de la cultura occidental en el Asia Oriental y, con ello, el hecho de que España tenía más que perder y menos que ganar con el dominio japonés en el Archipiélago filipino. Mientras que en la Guerra de Europa las afinidades podían ser ideológicas, en la Guerra del Pacífico, estando en juego esa «supremacía de los valores occidentales», lo normal para España era ser partidaria de Estados Unidos y así se expresó en ese período. Era más fácil para España ser proaliada en Asia que en el caso de Europa y por ello España se paso al bando aliado primero por medio de la Guerra del Pacífico; no es casual que, cuando el agregado militar alemán se quejó de unos artículos en Arriba con noticias contrarias a su país desde ciudades aliadas(613), se refirió expresamente a los tomados desde Melbourne -es decir, los referentes a la Guerra del Pacífico-. Aparecían noticias de esos presuntos corresponsales del periódico falangista desde Argelia, Túnez, Washington y varios centros neurálgicos más, pero las noticias de la guerra en el Oriente eran las que podían mostrarse favorables a las victorias de los aliados de una forma más abierta.
Otra idea que surge en diversas ocasiones es producto de la mentalidad tradicional sobre el Oriente: lo que ocurre allí es secundario. Al fin y al cabo, lo [451] importante que se estaba decidiendo en esos momentos era en Europa. La idea del temor al comunismo proveniente del Oriente es anterior al conflicto mundial, pero desde estos años se mezcla con la de una presunta expansión asiática. Para ello, puede resultar interesante el editorial de Arriba de 11 de abril de 1944 propugnando que la guerra se acabara lo antes posible. Se refería, no obstante, a la guerra en Europa: «(...) cuanto más se prolongue la guerra en Europa, más se afianza la situación en el Pacífico» y acababa señalando que Rusia tenía en el centro de Asia «masas inagotables para invadir Europa(614)».
La conexión de Japón con la URSS se considera aún vagamente, comparando con el período posterior. Tras el «Acuerdo de Pesquerías», por el que Moscú y Tokio firmaron un acuerdo relativo a petróleo, renovando también las concesiones de pesca, publicaba Arriba en primera página:
| «Un artículo del Journal de Genève pone hoy de relieve el reforzamiento de la solidaridad asiática de la URSS y del Japón, que acaban de concertar un acuerdo [...] A propósito de este reforzamiento de la «solidaridad asiática» se subraya aquí el realismo de la política soviética, que antepone las conveniencias prácticas a las consideraciones ideológicas. Sin embargo no deja de llamar extraordinariamente la atención de los círculos políticos el hecho de esta «Neutralidad paradójica» que mantienen entre sí las dos grandes potencias asiáticas, que reporta a ambas grandes ventajas en un momento en que cada parte contratante se halla empeñada en una lucha a muerte contra los aliados de la otra(615)». |
Respecto a Filipinas, la situación política dio un giro tan brusco que no se puede hablar exactamente de una vuelta a la normalidad, sino de un movimiento de péndulo que llevó a alabar el período norteamericano como uno positivo para la pervivencia de la cultura hispánica. La idea de que España tenía más que perder en Filipinas con el dominio japonés permitió transmutar la opinión sobre la dominación americana; si bien durante el siglo XX la dominación de Washington había sido la gran enemiga de la cultura española, ahora pasó a ser la que estaba sufriendo los mismos avatares que la española ante el empuje oriental y de ahí a ser alabada. El dominio norteamericano era preferible al japonés, se concluyó, pero además convenía alabarlo de forma propagandística para establecer una «puerta trasera» en las relaciones con Washington.
Mientras tanto, la opinión japonesa sobre España no cambió esencialmente. Al contrario que con Latinoamérica, no hubo una política clara y la propaganda [452] japonesa fue prácticamente inexistente por estar dedicada casi exclusivamente a la lucha en el aspecto militar(616). Los medios de comunicación se encargaron de difundir las crecientes presiones aliadas sobre el General Franco, pero sin mostrar hostilidad hacia España; al fin y al cabo, Japón no tenía nuevos países amigos con los que compensar unas malas relaciones con España. Ni interesó mucho lo que pensaran los españoles sobre Japón, como ya hemos visto en las quejas del Ministro Suma, ni lo que pensaran los propios japoneses sobre España en un momento en que la amistad se diluía.
En el último año de la guerra, el proceso propagandístico volvió a marcar un período de exceso. Al igual que había ocurrido en el capítulo de la imagen ideal de Japón, en éste período el proceso tuvo aspectos semejantes, pero totalmente opuestos. Frente a la imagen de Japón como lo positivo del período de la amistad, se pasó a identificar lo japonés como lo bárbaro y ésta llegó a ser la característica principal de la imagen de Japón en el año que cubre este último capítulo.
Se produjo, por tanto, un movimiento de péndulo en esa imagen de Japón, por el que tras haber asumido imágenes falsamente positivas se pasó a asimilar ideas de Japón que en muy raras ocasiones habían aparecido. Podemos calificarlas, por tanto, de extrañas, ya que es la primera vez que aparecen con tal intensidad en España del siglo XX conceptos como 1) El temor al peligro amarillo, 2) La inclusión de las Filipinas dentro del mundo hispánico o 3) El halago a los Estados Unidos por su acción en Filipinas. El desconocimiento real volvió a marcar el contexto en el que se desarrollaron las relaciones.
La aparición de conceptos racistas en la propaganda española parte del concepto de la superioridad de la cultura occidental y cristiana. Bastantes ejemplos nos da la prensa de estos momentos de esa idea que sigue tan arraigada en la actualidad. Así, por ejemplo, a propósito de la victoria norteamericana en Luzón se señala lo que tenía Estados Unidos que agradecer a España por haber europeizado las Filipinas durante siglos, «Tienen por tanto que dar las gracias por inculcar la cultura española y las enseñanzas cristianas». No sólo eso, sino que se siguió con la idea ya expresada en tiempos de Serrano Súñer, de la superioridad de este Archipiélago frente a sus vecinos, expresando la confianza de que Estados Unidos distinguieran entre los filipinos y los malayos, Sumatra o Java, «los cuales con el sistema holandés nunca se han sentido unidos a Europa(617)». Arriba señala en otro comentario: «Españoles y filipinos han caído junto a las balas asiáticas [...] ante esta realidad nuestro mayor deseo es llegar a ver [453] la unión cerrada del Occidente en defensa de unos principios y de un sistema de vida [...] es la hora de las coincidencias vitales...(618)».
De esta idea, no obstante, se pasa a imágenes que escasamente habían aparecido en España, como la del «Peligro Amarillo». En este sentido, se siguió el camino de la propaganda en Estados Unidos, donde la forma más benigna de dibujar a un japones era hacerlo con forma de mono, cuando no de gorila. Esas imágenes racistas de Estados Unidos hicieron que la lucha en el Pacífico fuera más cruel de lo que era en el terreno europeo. Los enemigos de Estados Unidos eran los fascistas, los nazis y los japoneses, con ello se indicaba que frente al italiano o al alemán malo, había la posibilidad de una relación con el que no había apoyado al régimen. No ocurría así con los japoneses, no se sabía distinguir entre unos y otros. El régimen franquista tampoco supo diferenciar y cayó en la misma trampa de la discriminación racial.
La inclusión de Filipinas en el mundo hispánico es un hecho que se da en escasas ocasiones; sin embargo en ésta época convenía fuertemente al régimen español la inclusión de éste Archipiélago en la esfera de lo hispánico. El editorial del diario Arriba a propósito de la ruptura de relaciones es elocuente a éste respecto al señalar la pesadumbre porque las Filipinas hubieran caído bajo la influencia de un Imperio no cristiano y de signo oriental: «Nadie habrá para negar la legitimidad de nuestra creencia, en nosotros, sobre la superioridad y el destino favorable de lo hispánico, aun contra la capacidad agresiva de los pueblos amarillos(619)». En la orden a la prensa del 14 de mayo de 1945, como justificativo del deseo de victoria aliada se alude, como una de las razones, «el sentimiento de una comunidad atlántica, que nos lleva a defender denodadamente todo vestigio en que se manifiesta la cultura occidental(620)».
La alabanza a los Estados Unidos por su período en Filipinas es algo que sólo aparece en éste período. En España y entre los españoles en el archipiélago filipino, la relación con Estados Unidos había sido desigual, porque si bien les había privado de poder en el Archipiélago, después les hizo ricos. Y si bien había seguido habiendo lazos importantes con este país, el sentimiento en España era claramente anti-norteamericano, por lo que chocan fuertemente algunas afirmaciones en periódicos de estas fechas. El 6 de marzo, por ejemplo, fue reproducido en el diario Arriba un discurso que había pronunciado el Ministro de Justicia, Eduardo Aunós, sobre «La Tragedia de Manila»: «España tuvo que abandonar aquel rincón de Oriente [...] Otro pueblo joven, lleno de intrepidez y técnicas nuevas, llego aquí para sustituirnos. Bajo su mundo nuestras [454] escuelas permanecieron inalteradas y los grandes basamentos de la civilización filipina que allí quedaron no fueron quebrantados en lo sustancial(621)». La necesidad de halagar al futuro eje de las relaciones exteriores de España hizo aprovechar el día de la independencia de Estados Unidos para señalar su papel de «paladín de la cultura occidental que la gran nación americana juega en su lucha contra Japón(622)». Tras el lanzamiento de la bomba atómica no hubo ninguna crítica a su lanzamiento(623).
Junto a estas ideas se juntaron otras en moldes más tradicionales, como pudieron ser las referencias históricas(624) y tampoco hemos de olvidar que la campaña contra Japón no caló lo suficiente como para provocar un sentimiento que hubiera movilizado a la población a cometer actos contra los japoneses en España. Antes bien, no hay referencia a ningún acto contra la colonia residente en España y en la nota que envían al Ministerio de Exteriores tras la ruptura señalan «ningún miembro de la Legación ha sentido amenaza personal por el contrario, tenemos recibidas numerosas pruebas de amistad(625)».
Lo más interesante, no obstante, es la aceptación, consecuencia de éste ambiente anti-nipón, de ideas que no habrían sido tomadas en consideración en momentos normales y que fueron producto de esas noticias mezcladas con el sustrato existente anteriormente. Así, podemos ver que el gobierno aceptó como válidas algunas ideas que eran claramente producto de la excitación del momento, como la orden emanada de Tokio para la sistemática destrucción a los españoles», tal como se expresa al finalizar la representación de intereses(626) o la de que era posible de nuevo una masacre en China o en Japón, la cual pudo motivar un mayor interés por evacuar a los españoles del país o incluso pudo haber evitado la declaración de guerra. Con Japón, en definitiva, se produjo un vuelco en las visiones que no se podía haber dado ni con respecto a Alemania ni con Italia. Japón fue un aliado volátil. [455]
Percepciones de Japón en España. Un análisis introductorio
Hiroto Ueda
(Universidad de Tokio)(627)
El presente estudio nace de la necesidad de conocer las percepciones mutuas de españoles y japoneses así como de buscar soluciones para mejorar el escaso conocimiento entre ambos países. El presente estudio parte de un trabajo realizado para la Fundación Japón entre los meses de febrero y julio de 1996, durante el cual tuvimos la oportunidad de visitar diversos lugares de la península ibérica y de Canarias para obtener datos sobre los estudios de Japón en España. Entonces pudimos comprobar su estado embrionario y la necesidad de un mayor impulso que supere las limitaciones de las condiciones geográficas e históricas que han sufrido y sufren los contactos entre los dos países.
A. TÓPICOS E IMÁGENES
El inicio de las relaciones fue muy temprano, en 1549, y estuvo a cargo de un personaje importante, San Francisco Javier pero no tuvo grandes repercusiones posteriores. La cultura europea sólo pudo ser transmitida por algunos comerciantes y jesuitas portugueses. Después, la escasa relación fue interrumpida definitivamente tras el decreto de expulsión de jesuitas por Hideyoshi, la prohibición de la práctica de la religión católica en los edictos de 1612 y 1614 y las prohibiciones marítimas desde la década de 1640.
De aquellos momentos, son destacables únicamente dos sucesos históricos, la legación de los llamado «cuatro jóvenes príncipes» recibida en audiencia por Felipe II (1583) en su camino de Roma (Cabezas, 1995:219) y la delegación [456] encabezada por Hasekura Tsunenaga, que visitó a Felipe III en 1613. Algunos miembros de la misión permanecieron en la ciudad de Coria, en Sevilla, y aparentemente dejaron descendientes que adquirirían el apellido «Japón».
Después del largo período de aislamiento, una vez que Japón se volvió a abrir y se decidió a absorber la cultura y la civilización occidental, España ya había perdido la energía de siglos anteriores. Con la Guerra Hispano-Estadounidense, además, perdió el dominio de Filipinas y de las islas Marianas y Carolinas. El interés hacia Japón se limitó a los aspectos exóticos y se concretó en el «japonismo» artístico, como una moda más importada de Francia. Los estudios japoneses no llegaron al nivel de otros países occidentales y sólo son destacables algunos misioneros que llegaron a Japón tras la II Guerra Mundial para retomar el antiguo intento de divulgar la religión católica en el Archipiélago japonés(628).
Actualmente, existen distintos centros de estudios regionales, mayoritariamente adscritos a las universidades que es de suponer se conviertan en un futuro en importantes centros de Estudios Japoneses en España.
En esta ocasión, no obstante, nos dedicaremos a reflexionar sobre las distintas percepciones del Japón actual observadas en nuestras conversaciones con los españoles, en las encuestas llevadas a cabo en la Universidad y en algunos estudios realizados por los especialistas españoles.
1. Impresiones a lo largo de la Historia
El desconocimiento de Japón por parte de España es tan natural y cotidiano como el de España por Japón, dadas las distancias tanto geográficas como históricas existentes entre los dos países(629). Así, pues, no se conoce mucho de Japón en España(630). [457]
Los ejemplos serían inagotables incluso entre aquellos interesados en nuestro país: uno de nuestros estudiantes en la clase de lengua japonesa creía que Japón, antes de 1945, era un país medieval. Otro creía que esa situación feudal perduró hasta 1968. Se consideran japoneses también a Bruce Lee, Kung Fu, Alberto Fujimori y al presentador de televisión Yoshio. Lo mismo o algo parecido ocurriría a los estudiantes japoneses si les preguntamos sobre sus conocimientos sobre España.
Dejando de lado el conocimiento de datos concretos de la cultura ajena, nos fijaremos en la impresión subjetiva de los españoles respecto a Japón. Un grupo de estudiantes de sociología hizo una encuesta muy interesante al respecto(631). Según esos datos, el pueblo japonés sería trabajador, laborioso, muy tradicional, inteligente, sometido, desarrollado, disciplinado, soso, machista, ambicioso, risueño, envidioso, armonioso, con capacidad de superación, minucioso, curioso, servicial, demasiado serio y responsable, sumiso, distante, cuadriculado, organizado, no individualista, anclado en los viejos ideales, reservado y eficiente.
En este trabajo, se concluye que «A medida que vamos alejándonos de Europa, la imagen de los pueblos va haciéndose más confusa, contradictoria y se usan menos palabras negativas y más neutras, se define al mismo pueblo con categoría contrarias.» A pesar del escaso conocimiento de una cultura lejana, uno puede tener una imagen o impresión multicolor respecto a ella. Puede llegar a ser incluso elocuente a la hora de hablar de un pueblo que, en realidad, conoce muy escasamente.
Éste no es lugar para criticar los prejuicios inocentes que tenemos sobre la cultura lejana. Merecería la pena, sin embargo, recordar los pasos que los europeos han dado en la percepción de los 'otros'. Precisamente éste fue el motor que propulsó el exotismo artístico en general así como del orientalismo que se originó en los siglos XXVII y XVIII y de las distintas manifestaciones del japonismo en el siglo XIX. Se supone que el anhelo o aspiración hacia lo lejano nace de una vaga curiosidad hacia los objetos y costumbres que no existen en la propia cultura.
A pesar de que los japoneses del siglo XVII denominaban a los occidentales 'bárbaros del sur', no podían menos de sentir admiración hacia ellos, en los aspectos tanto prácticos como artísticos. Los contactos con Turquía llevaron a los europeos de los siglos XVII y XVIII hacia una inclinación sentimental por el Este que ha dado en llamarse orientalismo, que tuvo su fruto en la pintura y literatura en el siglo XIX. También, entre las tendencias artísticas de fines del siglo XIX, destaca el 'japonismo' francés. Se cuenta que el llamado japonisme [458] nació en 1856, cuando el grabador Félix Blacquemond encontró por casualidad un Hokusai o grabado japonés que se utilizaba de relleno en una caja de porcelana, que después mostró a Manet, Degas y Whistler. La moda creada desde entonces despertó también la curiosidad de artistas y literatos como Millet, Gauguin, Van Gogh, Pissarro, Monet, Rodin, los Goncourt, Baudelaire, Zola, entre otros y la Exposición Universal de París (1867) sirvió para generalizar la atención de los europeos sobre ese arte japonés. En Cataluña, este japonismo tuvo repercusión también en Cataluña con Mariano Fortuny, José Masriera, Apeles Mestres, Alejandro de Riquer o Luis Masriera.
Según la opinión de E. Arias(632), las manifestaciones de japonismo en los pintores españoles fueron, en general, 'bastante superficiales,' en cuanto se limitaban normalmente a la 'introducción de objetos extremo-orientales tópicos en sus obras,' tales como el biombo, el abanico, la sombrilla japonesa, o el kimono. Además, se desconocía también la literatura japonesa. Según cuenta A. Gutiérrez (1993:80), Miguel de Unamuno «dijo en cierta ocasión a principios del siglo que, por lo que le había contado un amigo suyo que había visitado Japón, la literatura japonesa se reducía a unos pocos cuentos infantiles.» Pero aunque ha sido escasa la influencia de la prosa japonesa sobre la española, la de la poesía es enorme. Cabe citar, por ejemplo, a Antonio Machado, a Juan Ramón Jiménez, a Federico García Lorca o a Ramón Gómez de la Serna.
El desconocimiento ha fomentado la imaginación y ésta, a su vez, ha promovido grandes creaciones artísticas. Quizá no sea necesario poseer conocimiento concreto para inspirarse de la cultura ajena e incluso podría decir que el contacto directo estorbaría la actividad libre de imaginación. El arte es una búsqueda intensa de lo esencial, tan intensa que rechazaría cualquier analogía de forma y de contenido. García Lorca subtitula a la serie Andaluzas como 'en la irregularidad simétrica del Japón'. Es bien sabido que el primer poema de esta serie adopta la forma de 'renga'(633):
| En la luna negra | ||
| de los bandoleros | ||
| cantan las espuelas | ||
| Caballito negro, | ||
| ¿Dónde llevas tu jinete muerto? [459] |
El arte tiene su valor absoluto en sí, sin necesitar el apoyo de nada. Apreciamos la obra y la admiramos si encontramos su auténtico valor independiente. Lo mismo podría decirse de la impresión del pueblo. Nunca podríamos evaluarla de manera negativa, puesto que es así el sentimiento e imaginación. Lo único que podríamos hacer es apreciarlo y tratar de sentirlo (o consentirlo) en lo profundo del corazón.
2. Japón en la prensa: búsqueda de diferencias
Algo distinto ocurre en nuestra época de informatización y comunicación internacional. El ritmo de vida no es del siglo pasado y la cantidad de información que recibimos cada día no es comparable con la situación de las décadas anteriores. No estaríamos libres de la lluvia de palabras si no estuviéramos amparados en un rincón encerrado del mundo.
Uno de rasgos característicos de los medios de comunicación en España es, a nuestro modo de ver, su subjetivismo. Es decir, se comenta la opinión, la impresión, e incluso los pareceres personales del reportero(634).
En un artículo reciente de Selecciones(635), por ejemplo, un autor explicaba la manera de obtener la creatividad por medio de ejercitar la imaginación. Dice textualmente:
| «He puesto a la gente a practicar este ejercicio en todo el mundo, incluso en Japón, donde, quizá por motivos culturales, pocas personas se consideran creativas. Sin embargo, al cabo de unos minutos, hasta los japoneses tienen ensoñaciones tan ricas y fecundas como las de Salvador Dalí.» |
Hay tópicos sobre Japón y japoneses que se repiten infinidad de veces. Esta impresión, aunque no esté muy bien fundada, se difunde por medios de comunicación internacional y la prensa española -que no puede ser calificada de amarillista- no es ninguna excepción, lo cual nos permite observar la visión de los periodistas que ofrecen sobre Japón. Es muy entretenido observar cómo los periodistas españoles describen el Japón actual, y por lo tanto, merece la pena un rápido recorrido de los tópicos más frecuentes sobre el pueblo japonés.
-Los japoneses copian continuamente. En 1994, una delegación de educadores japoneses visitó la localidad de Fuenlabrada para realizar estudios [460] comparativos de sistemas educativos. A pesar de que no sólo visitaron el pueblo de Madrid, sino también Francia, Suiza y Holanda, a los ojos del periodista, «los japoneses, especialistas en copiar y también en mejorar todo lo que copian, pretenden reformar la enseñanza en su país» aprovechando las experiencias del sistema educativo español. El título es tan llamativo como para llevar el signo de admiración: «¡Qué vienen los japoneses!» Merece la pena citar al completo el subtítulo: «Los japoneses, que han imitado a los grandes del flamenco, quieren jugar al fútbol como Michel y Romario, tienen escuelas de guitarra española para superar a Paco de Lucía y ahora pretenden emular nuestro sistema de enseñanza»(636).
-Machismo de la sociedad japonesa. Un titular del mismo periódico nos llama la atención: «Yen fuerte, mujer débil». En el 'imperio económico que teme todo el mundo', las mujeres sufren como 'eternas marginadas'. Se enumeran sus peculiares actos:
1. Caminar tres pasos atrás, para jamás pisar la sombra del maestro. Para obedecer esta regla de Confucio, las mujeres caminan tres pasos detrás de su jefe, portando su maletín.
2. La mujer siempre acude al recibidor donde, tras arrodillarse, coloca los dedos sobre el umbral, pronunciando el saludo de bienvenida.
3. La mujer debe hacerse cargo de la economía familiar, y administrar el dinero de bolsillo del marido.
4. Cuando el marido llega a casa sólo le quedan fuerzas para dar tres órdenes: 'meshi, furo, neru' (cena, baño, cama)(637).
-Vida inhumana. «Japón come peor cuanto mejor vive» En Japón la última moda es el 'alimento vitaminado, liofilizado, energizado y convertido en una orgía de lo sintético'. Se refería este artículo a un alimento sólido en forma de barra o comida equilibrada nutritiva que sería muy apropiado para 'una sociedad como la japonesa, que es a la vez profundamente sentimental y arraigadamente funcionalista', mientras que para el reportero esa barra no sería más que un apaño. Se preguntaba: «No me parece una verdadera comida. ¿Cómo pueden vivir así?»(638).
-Alta tecnología. «En Japón se venden panties con vitamina C que revitalizan las piernas. (...) Los japoneses, como siempre, van dos pasos por delante, y ya es posible adquirir en Tokio panties que contienen microcápsulas de vitamina C [461] y extracto de algas para revitalizar los miembros. El paso siguiente, según su fabricante Toray [sic], sería un tejido que combinaría las propiedades contra el mal olor y contra las bacterias. Los entusiastas del deporte de todo el mundo comprarían calcetines fabricados con este tejido y se acabarían el olor a pies sudados para los atletas(639).
-Peculiaridad culinaria. Un titular afirmaba: «Precaución con el pescado crudo». Y explicaba: «Las autoridades japonesas han tomado precauciones para evitar que en la cena de Estado en honor del presidente norteamericano, Bill Clinton, se repita un incidente como el que sucedió en 1992, con George Bush, que fue filmado por la televisión vomitando durante una recepción en Tokyo. Durante la cena de anoche las cámaras fueron apagadas y vueltas contra la pared.» Y luego se precisa: «En 1992, EE.UU. se apresuró a explicar que Bush no había vomitado porque le repugnara el pescado crudo de la comida japonesa, sino porque estaba enfermo»(640).
Se podrían ir ampliando sucesivamente los ejemplos de tópicos japoneses. Aquí no nos dedicaremos a refutar estas tesis sin datos fidedignos, estadísticas y estudios serios y simplemente nos limitamos a precisar que todo tiene parte de verdad, pero obviamente no toda. El avance tecnológico de los inventos japoneses no necesita comentario. La visión sobre las mujeres esta bastante anticuada en esta época en la que se busca una mayor igualdad entre sexos. Es cierto que se consume ese tipo de comida sintética, pero la gente no vive de ella: es un verdadero apaño. En cuanto a los panties, no se conoce su existencia y no parece correcto despertar la atención por lo que no era en realidad la causa del suceso desagradable.
¿A qué se deben estas afirmaciones sensacionalistas que se repiten en las prestigiosas prensas españolas? Creemos que será para atraer la atención de los lectores. Como los medios de comunicación no pueden equivocarse, matizan las noticias para que éstas resulten más bonitas e interesantes para llamar tanto la atención consciente como subconsciente del lector. Lo característico de estos artículos es que se busca lo diferente respecto a Europa en general y a España en particular.
Se buscan las diferencias, algo que llama la atención, algo que sea peculiar. Cuanto más extraña sea la noticia, tanto mejor. Nos divertimos realmente al descubrir unos aspectos que este autor, a pesar de ser japonés, desconoce. Será por esta otra óptica por la que uno se descubre a sí mismo. No lo decimos por ironía, sino porque es verdad. Como dice precisamente José María Gironella en su libro sobre Japón, «Sin duda la biología japonesa me resulta ajena e incluso [462] hostil, pues aquello que se aleja de nuestro repertorio familiar nos violenta sobremanera, exigiéndonos un desmesurado esfuerzo de adaptación. Ahora bien, precisamente lo ajeno, lo no afín, enriquece el espíritu como las nuevas aguas engordan el río»(641). Ahí se contrastan los distintos aspectos de la vida. No podemos pasar por alto las informaciones de prensa española sobre Japón.
3. Interesados por Japón: rasgos comunes
Quizás sea más fidedigna la imagen de Japón que tienen los estudiantes de su idioma, que han estudiado la lengua y han adquirido el conocimiento del país en distintos niveles. A diferencia de los periodistas que viven en aquella tierra o informan con los datos de primera mano, estos estudiantes, aunque carentes por lo general de experiencias directas, conocen la cultura japonesa por medio de libros y profesores(642). El interés personal les ha llevado a Japón y por ello son realmente interesantes las respuestas a un cuestionario realizado en el Departamento de Japonés en la Escuela Oficial de Idiomas (Madrid, 1979) sobre su imagen de Japón (Kumamoto: 31):
-un país muy hermoso
-un lugar cuya tradición y costumbres lo hacen encantador, y donde las gentes viven de un modo muy peculiar y tradicional
-un país muy diferente a los europeos
-un país maravilloso
-un país de delicadeza, sensibilidad y voluntad
-un país grandioso y gran constructor de motocicletas
-un país lleno de japoneses, completamente lleno
-un pueblo con unas costumbres muy arraigadas y completamente diferentes de las costumbres occidentales
-un país multitudinario, asombrosamente desarrollado
-un país lleno de curiosidades
-un país muy lejano, que me gustaría visitar alguna vez
-el país de los contrastes, y de la sensibilidad
-un país cada vez más potente
-un gran país muy desarrollado [463]
-un país que necesito conocer por mí misma
-un país totalmente extraño
-un país que admiro por su forma de ser
-un país misterioso y muy bonito, con extrañas costumbres y con interesante escritura
-un país de una extraordinaria civilización, y con una cultura digna de admirar
-un país muy superior, tradicional y muy moderno a la vez, con gentes muy agradables, y sus paisajes creo que son muy bellos
-un país lejano, pero en el fondo cercano
-una isla
-un país organizado y desarrollado
-mi país natal, aunque soy extranjero allí
En estos estudiantes, se nota la misma inclinación hacia lo diferente, pero en un sentido casi opuesto. La imagen de Japón era siempre positiva producto de la motivación de los estudiantes por estudiar una lengua que es tan difícil de dominar para los occidentales. Uno de los encuestados contestaba que Japón era 'un país lejano, pero en el fondo cercano'. Nos preguntamos, ¿qué quería decir el estudiante con esto?
Uno, situado en la tierra lejana, no sólo busca lo diferente sino lo similar, parecido e incluso idéntico. En un periódico de Galicia(643) apareció un reportaje que nos llamó la atención sobre una profesora joven de español en Japón que había conseguido un máster en Cultura Japonesa. Nos sorprendió su opinión de que Galicia y Japón se parecen. No buscaba lo diferente en la cultura ajena, sino apuntaba a los rasgos comunes, como paisaje, alimentación, la tradición de peregrinación, etc.
Veamos lo que observaba hace más de tres cuartos de siglo el ilustre escritor español: Vicente Blasco Ibáñez. Tras permanecer en Kioto durante unos días y visitar algunos templos de esa ciudad, sus descripciones de la indumentaria y la fisonomía de los bonzos eran las siguientes:
| A un lado del altar están los oficiantes, tres bonzos vestidos de blanco, llevando sobre los hombros un pedazo de tela dorada con rosas multicolores, igual, absolutamente igual en su tejido a las capas litúrgicas de los sacerdotes católicos. La única diferencia es de confección. En Occidente, estas telas son cortadas y cosidas para formar con ellas vestiduras de un tipo ritual, mientras que los bonzos las colocan sobre sus hombros sin modificarlas, tal como las adquieren, recién salidas de los famosos telares de Kioto. [464] | ||
| Vuelvo a notar, como en Niko, una semejanza física entre algunos de estos bonzos y muchos sacerdotes europeos. (...) Debo añadir que esta misma semejanza la he encontrado entre los bracmanes de la India, como si la identidad de las funciones crease con el curso de los siglos un tipo sacerdotal común a toda la tierra.(644)» |
Quizá los aspectos parecidos entre las dos religiones no tengan fundamentos históricos. Pueden ser coincidencias aparentes. Como esta no es ocasión para comprobar la validez científica de una observación literaria, no penetremos en los detalles. Lo que sí es importante para nosotros es este modo de ver lo similar entre las dos culturas: la ajena y la propia.
B. ESTUDIOS COMPARATIVOS
El verbo 'comparar' viene de 'con' + 'par'(igual, semejante), es decir, del significado de 'examinar para descubrir las semejanzas'. Para comparar los objetos en alguna medida, los objetos deberían tener una base común. Es difícil y casi sin sentido hacer una comparación de los objetos carentes de elementos comunes.
La antropología cultural ha venido elaborando las metodologías que posibilitan unas comparaciones vigentes de los pueblos de toda la Tierra. Merecería la pena destacar entre ellas las tres últimas corrientes.
Nos referimos primero al archivo ingente de documentos comparativos de los pueblos del mundo: Human Relations Area File (HRAF), iniciado por G. P. Murdock de la Universidad de Yale en los años 1940 (Murdock 1949, Murdock et al. 1961). Se trata de una clasificación temática por índice de los documentos descriptivos antropológicos. Si alguien quiere saber la costumbre de «regalo» en alguna área geográfica, se encuentra con los extractos de los estudios referentes al tema y a la región. Con este archivo, renovado cada año hasta el presente, es posible realizar un estudio comparativo de, por ejemplo, la costumbre del regalo de distintos pueblos del mundo.
El antropólogo norteamericano W. H. Goodenough (1970) habla de la necesidad de distinguir la descripción etnológica entre los aspectos generales y específicos de los actos socialmente significativos. La idea viene del estructuralismo norteamericano, y más concretamente de la fonología. Un mismo sonido puede ser una unidad significativa dentro del sistema fonológico de una lengua dada, mientras que en otra comunidad lingüística se trataría sólo de una [466] variante carente de la capacidad distintiva. Por ejemplo, para la lengua japonesa la distinción entre 'r' y 'l' no es tan importante para distinguir algunas palabras, mientras que en español la distinción es fundamental: pero, pelo; hora, hola. Lo mismo ocurre con la distinción entre 's' (sorda) y 'z' (sonora). Los españoles tienen gran dificultad en distinguir estos dos sonidos del japonés, cuya variación no causa el cambio del significado en español, pero sí en japonés.
Mientras que en la lingüística funcionalista se presta más atención a los aspectos significativos, Goodenough subraya la importancia de las aproximaciones no funcionalistas a las culturas. La descripción funcional se basa en los datos reunidos en el plano real. Se comparan los aspectos a través de las realidades, y no de las visiones funcionales. La sistematización de los conceptos reales, no interpretativos, según el antropólogo norteamericano, contribuye al desarrollo de la ciencia de cultura en general.
La última tendencia de la 'etnometodología' se postula en contra de buscar unas escalas comunes para la comparación. Se pone en duda la existencia de las escalas universales que posibiliten unos estudios comparativos, empezando por el problema de traducción. Las palabras o las preguntas que figuran en el cuestionario, una vez traducidas al otro idioma, se convierte en una escala distinta, puesto que no existe una correspondencia exacta entre las dos lenguas.
Pensando en estas condiciones del estudio, cualquier análisis comparativo fácil será objeto de crítica. En vez de perseguir una escala universal, lo más recomendable sería aplicar su propia metodología a una cultura propia.
La descripción antropológica social de la cultura japonesa está aún en una etapa incipiente en España. La teorización del estudio comparativo de las dos sociedades, española y japonesa, quedará todavía como tarea del futuro puesto que se desea la acumulación de más datos comparativos y la búsqueda de una metodología adecuada.
C. UN ANÁLISIS CUANTITATIVO
De momento, nos permitimos tan sólo ofrecer una visión relativizada de la percepción de Japón por los estudiantes españoles. Utilizaremos los datos reunidos por el grupo arriba mencionado (Varela) para apreciar un panorama de imágenes(645).
[466]
Cuadro-1: Percepción
| Imagen | EU | JP | AL | FR | GB | EG | IS | IR | ID | CH | KR | AU | AR | SA |
| Débil | 0 | 0 | 0 | 0 | 0 | 22 | 8 | 12 | 28 | 10 | 12 | 0 | 5 | 35 |
| Fuerte | 82 | 80 | 86 | 60 | 65 | 0 | 39 | 8 | 6 | 48 | 1 | 25 | 5 | 4 |
| Antipático | 12 | 8 | 12 | 29 | 19 | 6 | 19 | 44 | 1 | 11 | 8 | 0 | 2 | 19 |
| Simpático | 14 | 27 | 12 | 5 | 7 | 16 | 4 | 1 | 14 | 8 | 7 | 29 | 50 | 3 |
| Subdesarrollado | 1 | 1 | 1 | 0 | 0 | 33 | 7 | 34 | 47 | 9 | 13 | 2 | 4 | 29 |
| Desarrollado | 76 | 83 | 78 | 68 | 68 | 0 | 29 | 1 | 1 | 8 | 7 | 48 | 4 | 6 |
| Desconocido | 2 | 11 | 0 | 4 | 0 | 8 | 3 | 26 | 10 | 12 | 29 | 10 | 1 | 17 |
| Conocido | 74 | 42 | 67 | 58 | 75 | 29 | 24 | 9 | 17 | 30 | 4 | 24 | 41 | 6 |
| Cerrado | 6 | 18 | 10 | 6 | 7 | 29 | 32 | 58 | 20 | 35 | 14 | 0 | 0 | 25 |
| Abierto | 36 | 11 | 18 | 21 | 32 | 3 | 4 | 1 | 3 | 2 | 1 | 38 | 38 | 3 |
| Pobre | 0 | 0 | 0 | 0 | 1 | 35 | 6 | 39 | 60 | 23 | 13 | 1 | 9 | 32 |
| Rico | 70 | 81 | 75 | 62 | 59 | 1 | 34 | 3 | 0 | 9 | 6 | 45 | 5 | 12 |
| Tradicional | 17 | 43 | 10 | 5 | 21 | 54 | 52 | 52 | 65 | 65 | 30 | 3 | 12 | 33 |
| Progresista | 23 | 10 | 21 | 28 | 18 | 2 | 6 | 1 | 0 | 1 | 1 | 49 | 16 | 4 |
(EU: Estados Unidos; JP: Japón; AL: Alemania; FR: Francia; GB: Gran Bretaña; EG: Egipto; IS: Israel; IR: Irán; ID: India; CH: China; KR; Corea del Sur; AU: Australia; AR: Argentina; SA: Sudáfrica)
Cuadro-2: Correlación (Peason)
| 1) | 2) | 3) | 4) | 5) | 6) | 7) | 8) | 9) | 10) | 11) | 12) | 13) | 14) | |
| EU | JP | AL | FR | GB | EG | IS | IR | ID | CH | KR | AU | AR | SA | |
| 1) EU | 1.000 | |||||||||||||
| 2) JP | 0.882 | 1.000 | ||||||||||||
| 3) AL | 0.984 | 0.912 | 1.000 | |||||||||||
| 4) FR | 0.957 | 0.832 | 0.964 | 1.000 | ||||||||||
| 5) GB | 0.986 | 0.845 | 0.960 | 0.957 | 1.000 | |||||||||
| 6) EG | 0.456 | 0.330 | 0.470 | 0.567 | 0.381 | 1.000 | ||||||||
| 7) IS | 0.506 | 0.709 | 0.537 | 456 | 0.541 | 0.219 | 1.000 | |||||||
| 8) IR | 0.574 | 0.380 | 0.532 | 536 | 0.497 | 0.670 | 0.277 | 1000 | ||||||
| 9) ID | 0.491 | 0.336 | 0.492 | 0.605 | 452 | 0.920 | 0.114 | 609 | 1000 | |||||
| 10) CH | 142 | 310 | 147 | 6 | 178 | 584 | 777 | 515 | 509 | 1000 | ||||
| 11) KR | -535 | -231 | -518 | -568 | -499 | 595 | 160 | 649 | 592 | 408 | 1000 | |||
| 12) AU | 677 | 562 | 640 | 678 | 619 | -674 | 4 | -831 | -656 | -394 | -604 | 1000 | ||
| 13) AR | 160 | -53 | 40 | 23 | 167 | 28 | -279 | -475 | -108 | -141 | -369 | 358 | 1000 | |
| 14) SA | -661 | -462 | -609 | -650 | -611 | 724 | 72 | 748 | 785 | 309 | 662 | -834 | -529 | 1000 |
[467]
De los dos cuadros anteriores se deduce que Japón (JP) se agrupa con Estados Unidos (EU), Alemania (AL), Francia (FR) y Gran Bretaña (GB) y se aleja de Irán (IR), India (ID), KR (Corea del Sur), China (CH), Argentina (AR) y Sudáfrica (SA), con la zona intermedia de Israel (IS) y Australia (AU). Es bastante curioso que Japón se sitúe dentro de Europa en el mapa de percepción subjetiva junto con países de la Unión Europea, y se aleje de los países vecinos de Asia. Se parece bastante a Alemania (.912) y a Estados Unidos (.882).
D. CONCLUSIÓN
Después de un rápido recorrido por las opiniones presentadas en distintas formas y en distintas ocasiones, la imagen de Japón dentro de España ha resultado siempre vaga y contradictoria. ¿Es un país desarrollado, o un país tradicional? ¿Es un país conocido o desconocido? Quizá toda la evaluación subjetiva debe ser relativizada de alguna manera, puesto que no hay y no debe haber nunca una escala absoluta para medir la impresión personal.
Por otra parte, deberíamos fijarnos en el problema de tópicos, estereotipos, opiniones repetidas y lamentables prejuicios. Según el trabajo de los estudiantes de la Facultad de Sociología anteriormente citado, 'una de las primeras imágenes sobre Japón se refiere a los grupos de turistas que se pasean por Madrid. Causa bastante gracia y diversión entre los españoles ver a grupos de japoneses fotografiando todo, aunque también causa cierto recelo por la fama que tienen de «copiones»'.
Luego se toman en consideración las visiones tópicas de la prensa con respecto a Japón. La primera impresión se refuerza por las informaciones aparentemente 'objetivas' de los periódicos. El problema de los tópicos es circular: el emisor busca la manera de ser bien acogido por el receptor, el cual, a su vez, se contenta en afirmar lo preconcebido por él mismo.
El círculo se puede romper por la intensa perceptibilidad de artistas. Su visión subjetiva es intensa y fuerte, pero a veces carece de fundamentos científicos. Es por la naturaleza de la creación artística por la que se enfoca en los [468] aspectos intrínsecos de la cultura ajena. Es de admirar la manera de representar, pero quizá pueda estar alejada de la percepción general del pueblo.
La postura de los estudiosos es, por otra parte, tan rígida y disciplinada que puede originar un anquilosamiento metodológico antes de emprender cualquier estudio serio.
Como conclusión habría que decir que quizá hemos sido demasiado pesimistas ante la situación actual de la imagen mutua. Las posibilidades futuras las vemos en un trabajo futuro conjunto entre españoles y japoneses, que ya se está desarrollando en distintos lugares, tanto de España como de Japón. El estímulo entre unos y otros será siempre muy positivo siempre que no se busque una solución estando encerrado en su propio mundo y en su propia imagen(646). [469]
REFERENCIAS CITADAS
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CABEZAS, ANTONIO. 1995. El Siglo ibérico de Japón. Universidad de Valladolid.
GOODENOUGH, WARD H. 1970. Description and comparison in cultural anthropology. Chicago.
GUTIÉRREZ, ACACIO. 1993. «Huella japonesa en la literatura hispánica», Actas de las conferencias. Encuentro Cultural España-Japón. Sociedad Hispánica del Japón, 79-114.
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MASUDA, YOSHIO. 1991. «El Japón y el Mundo Hispánico», en Actas del Primer Simposium de la Academia Castilla, Tokio, 5-16.
MURDOCK, G. P. 1949. Social structure. New York.
MURDOCK, G. P. 1961. Outline of cultural materials, 4th rev. ed. New haven: HRAF Press.
RODAO, F. 1991. «Aproximación a los estudios sobre Japón en España y Portugal, en Revista Española del Pacífico, 1, pp. 167-172.
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VARELA REGUEIRA, MARÍA DEL MAR. (1998) «Imágenes de los 'otros'». Revista Española del Pacífico, 8, 1998.
[470] [471]
«El ser humano en los cuatro puntos cardinales». Imágenes chinas de lo extranjero
Gudula Linck
En el marco de las ciencias de la civilización, la categoría de lo extranjero forma parte del por qué de la práctica investigadora y docente, es decir, siempre surge la cuestión de por qué nos ocupamos de culturas extranjeras. Es posible que, aparte de la transmisión del saber, nuestro especial interés por este tema proceda también de la experiencia de que nosotros nos podemos entender mejor en la propia identidad cultural cuando previamente se ha realizado un paseo por lo extranjero, o dicho de otra forma, cuando ha tenido lugar el paso por entre lo extranjero. Esto es precisamente a lo que se refería la frase del conde de Keyserling: «el camino más corto hacia sí mismo conduce alrededor del mundo».
A ello se le añade que a nosotros, a los que paramos con frecuencia por estos países, la percepción predominante de lo extranjero nos afecta, bajo determinadas circunstancias, de una manera contundente. Así pues, no es que el tema esté de moda, ni siquiera es especialmente actual, porque a tenor de lo ya dicho al comienzo, siempre será actual para nosotros. [472]
De modo que, en lo sucesivo, tampoco se tratará principalmente de una variante china de nuestra problemática de lo extranjero, del «extraño» de Georg Simmel, que viene y se queda y se procura un sitio entre nosotros, sino de la categoría de lo étnicamente extranjero.
Los hallazgos de la etnología y de la psicología son claros: el etnocentrismo no fue ninguna invención de los imperialistas europeos. Todos los pueblos son etnocéntricos porque definen la existencia humana partiendo en principio de su propio contexto cultural y social. De esta manera no sólo se comprende el rechazo y el desprecio, sino también el otro extremo: romanticismo y exotismo, que más bien son huida de lo propio que confrontación con el Otro.
A lo largo de su historia, China no supone una excepción. Entre ambos extremos pueden determinarse discursos completamente distintos, que constituyen lo extranjero como tal:
1. el discurso mítico
2. el discurso político
3. el discurso etnográfico-geográfico
4. la arrogancia de la civilización
5. el discurso moral o ético
6. Romanticismo y exotismo
7. «Comprensión tendencial»(648)
Antes de que ilustre con ejemplos paradigmáticos cada uno de los discursos, quisiera presentar, con la ayuda de un pasaje del «Li-ji» las categorías significativas que son básicas para una comprensión de lo propio y de lo extranjero en la China anterior a la modernidad.
LA FIGURACIÓN CHINA DE LO PROPIO Y DE LO AJENO
| El pueblo de los distritos exteriores del Este se llama i. Son astutos y taimados. Lejos, muy lejos, hay unos que no conocen la comida cocinada. El pueblo de los distritos exteriores del Sur se llama man. Son sinceros y sencillos. Lejos, muy lejos, hay unos que no conocen la comida cocinada. El pueblo de los distritos exteriores del Oeste se llama jung. Son fuertes y duros. Lejos, muy lejos, hay unos que no conocen la comida cocinada. El pueblo de los distritos exteriores del Norte se llama di. Son gordos y toscos. Lejos, muy lejos, hay unos que no saben lo que es la comida cocinada. El pueblo de los estados centrales se llama el pueblo del quinto punto cardinal. Todos ellos tienen casas seguras, y su comida está [473] sabrosamente preparada; todos tienen aparatos útiles, afilados... Construyen murallas y torres. Erigen templos y mercados y proyectan ciudades... Confiando en sus fortificaciones se la puede defender...(649) |
Tres principios de organización espacial saltan a la vista: el territorial de los Cuatro Puntos Cardinales (si-Jang)(650), el horizontal del centro como opuesto a la periferia, es decir, orden dentro-fuera; y el vertical de lo crudo y de lo cocinado, en el que se alude al nivel de civilización. De forma análoga los chinos diferencian entre los bárbaros del Este (yi), Sur (man), Oeste (rong) y del Norte (di), y según el grado de «sinologización» entre los «bárbaros» del interior (neiyi), es decir, cocinados/familiarizados habitantes de la frontera (shou-fan) y bárbaros del exterior (wai-yi) o crudos/extraños habitantes de la frontera.
De ello se desprende que en realidad no aparece una designación colectiva para el conjunto de todos los pueblos extranjeros, es decir, un término como «bárbaro». Es llamativo además el hecho de que los tres principios de organización de ningún modo concurren al mismo tiempo ni son equivalentes: la designación fan se refiere sólo de forma generalizada a las etnias del Sur. También se toma frecuentemente la parte por el todo: así los «Cuatro o Nueve yi» (véase más arriba), o el «Este-Oeste» (bárbaros) (yi-di), o el «Sur-Noroeste» (bárbaros) (man-mo) representan a los «bárbaros» de forma absoluta; o aparecen otras designaciones, como los «aborígenes de las zonas fronterizas» (tu-fan) o sólo los «aborígenes» (tu-ren) o «habitantes del campo» (guo-ren); no obstante, con mayor asiduidad nos enfrentamos a las propias designaciones de los pueblos en cuestión que se han transliterado al chino fonéticamente, aunque se superponga la semántica china transmitida por medio de signos ortográficos. Así, el empleo de las raíces perro, insecto, pájaro, caballo, lobo, oveja, no sólo indica a la cría de animales, leyendas originarias (ver más abajo) o la lengua extranjera, que suena como el «trinar de los pájaros(651)», sino que ante todo sugiere la cercanía a la existencia animal (ver más abajo).
No sólo los radicales, sino también las combinaciones de signos transportan significados: así por ejemplo, en la historia dinástica de los Wie (221-265), la cabecilla femenina de la cultura yayaoi de Japón se llama Bei-mi-hu, un compuesto de «inferior-mono-grito», y su estado Yamato se transcribe Xie-ma-tai, una combinación de «inclinado-caballo-cuenca(652)». [474]
A esta multiplicidad de designaciones extranjeras se le contrapone una variedad similar de auto-designaciones: por delante de todas ellas, la de los «hombres del Centro», pero también los «hombres de Xia», «los hombres de Han o Tang»; en el libro «Mengzi» se encuentra también la designación propia: «(aquellos que tienen el) pelo negro como el barniz(653)». Para «el imperio del Centro» hay otros sinónimos: «los ritos de los Zhou» (zhou-li)(654) o «Centro-Xia» (zhong-xia)(655).
A partir del siglo XVI-XVII, parece perfilarse una comprensión de sí mismo y del otro menos pluralista y completamente nueva. Este cambio está relacionado con el hecho de que las fronteras originariamente abiertas y difusas del Estado Universal chino (tian-xia) se condensan en líneas estables: evidentemente la demolición de la Gran Muralla, la desaparición de la línea costera o de la «línea de la muerte(656)» durante la época de la prohibición política naval(657), que gestionó, no en último término, el «aislamiento» por parte de las potencias occidentales y del Japón en el siglo XIX. Sea como fuere, la cantidad de designaciones extranjeras y propias disminuye cara a las amenazas existenciales de la política exterior, de lo que resulta una cristalización de la identidad propia y extranjera, que en adelante parecerá estar por lo general lo suficientemente definida mediante los dos antiguos conceptos de «hombres del Centro» (zhong-guo-ren), o «extranjeros» (wai-guo-ren). No obstante, antiguos conceptos sobreviven en muchos contextos.
Tras este prólogo sobre la figuración general china de lo propio y de lo ajeno, en lo sucesivo se tratará de los diferentes discursos que pueden desarrollarse a partir de las fuentes y que han de ser asociados a su respectiva evolución socio-política y a la situación de sus intereses.
1. EL DISCURSO MÍTICO
La fuente par excellence del discurso mítico es el «Shan-hai-jing» del siglo III a.d.C. Aquí observaciones objetivas tales como ojos profundos, pequeñas varas en los oídos, piel oscura etc. se vinculan a elementos míticos. Sin embargo, junto a seres puramente fabulosos y figuras mezcla de humano-animal circulan también verdaderos seres humanos que se caracterizan por tener una [475] fisionomía diferente: son enanos o gigantes; humanos con mucho pelo, largas orejas; humanos con los pies cruzados hacia dentro; con ojos profundos; con sólo una pierna, un brazo o un ojo; tienen un agujero en el pecho o tienen la cara en el pecho, exactamente igual a los humanos de Sebastián Münster en las «Montañas indias(658)». También se menciona un «país de las mujeres».
Estos extraños seres del «Shan-hai-jing» son un componente del orden conocido del mundo, aun cuando estén relegados a sus márgenes a una distancia oportuna. Dado que China está considerada como el centro, se asientan en círculos concéntricos alrededor de él, en primer lugar los seres «del interior», después los «del exterior» y completamente fuera los habitantes del «Gran Desierto» (da-huang). Además de esto se diferencian por los cuatro puntos cardinales. No son o ya no son peligrosos después de haber sido sometidos por soberanos míticos(659).
A lo largo de los siglos, ininterrumpidamente se han llevado a cabo nuevas ediciones e ilustraciones del «Shan-hai-jing», lo que influyó de forma eficaz en la concepción de los chinos: en la medida en que se extendía el área de sus posesiones, en las fronteras más remotas surgían constantemente los elementos míticos conocidos por el «Shan-hai-jing», como el «país de los enanos» (woguo) por Japón, que aparece en «Hou-han-shu» y al que no se deshaucia en favor de la autodesignación «país del sol naciente» (ri-ben-guo) hasta el «Xintang-shu»; el monje budista Faxian, que en el año 399 se puso de camino a la India, pretende haber avistado verdaderos demonios en el desierto del Gobi(660); y el inevitable «País de las mujeres» (nü-guo) aún mantiene ocupados a los autores de las descripciones, de lo contrario sobrias, relativas a la civilización del siglo XII(661); no en último lugar sobrevivió, en el calificativo de las postrimerías de la época imperial empleado para los occidentales: «Demonios del mar» (yang-gui), que aún hoy puede escucharse ocasionalmente, la idea adquirida de los países del exterior, habitados por espíritus y demonios.
2. EL DISCURSO POLÍTICO
Dos van a ser los ejemplos que ilustren el discurso político: el primero concierne a la China de la era Han, que gestiona una expansión activa en todas las [476] áreas; el segundo está relacionado con la sociedad china de la época imperial tardía, que progresivamente se parapeta frente al exterior y se aísla a sí misma. Se diferencian en que, en el segundo caso, las características biológicas van a pasar a ocupar un primer plano en la metafórica del «extranjero como enemigo», de modo que de aquí arranca un discurso racista, como también era característico de la Europa moderna(662).
a) El discurso político en la ofensiva
La época en la que se asentó la transmisión escrita diferenciada, esto es, los siglos anteriores al nacimiento de Jesucristo, se hallaba bajo el signo de la lucha por un estado centralizado. Esto sucedía en confrontación constante con las culturas locales y con los pueblos vecinos, a los que, en última instancia, el «centro» les aventajaba políticamente.
Esta expansión activa hacia los cuatro puntos cardinales tuvo lugar en el siglo III antes de Cristo, cuando, a partir de una estructura feudal relajada, se originó el imperio unificado:
| El emperador Wu, que haciendo la guerra contra los i de las cuatro regiones del mundo descubrió una nueva región y amplió sus fronteras, rechazó a los xiongnu («hunos» G.L.) en el Norte y expulsó a los qiong (tibetanos G.L.) en el Oeste... Desde ahora las trincheras, las fortificaciones fronterizas, puestos de vigilia y fuegos de campamento se extienden algunos miles de li fuera de la Gran Muralla...(663) |
Con toda seguridad, el aumento del prestigio mediante la sumisión de los pueblos extranjeros había adquirido una especial relevancia. No menos importante era, sin embargo, el comercio a larga distancia en el marco de un «Sistema tributario». Los productos locales, que llegaban a China en calidad de tributo, satisfacían la necesidad de lujo de fa élite dominante. Así, por ejemplo, el emperador Wu (140-86 a.d.C.) había puesto sus miras en los «excelentes caballos», «los corceles celestes» de Wan (Ferghana)(664).
Ambos intereses, aumento de prestigio y comercio de artículos de lujo, ligados a los constantes ataques de los nómadas a caballo de las estepas del Norte y del Noroeste, y, no en último lugar, la oposición de los pueblos afectados por la expansión china, llevaron a que en el discurso político se representara al extranjero no sólo como súbdito o socio comercial, sino frecuentemente como enemigo, únicamente abordable a través de una «expedición represiva». En el discurso político siempre son los «habitantes de las regiones centrales» [477] los que tienen la razón de su parte: quien no quiera doblegarse está faltando al emperador, y quien falta al «hijo del cielo» está faltando contra el orden cósmico: tiene que ser castigado, y su castigo no era ligero en absoluto, como era el caso de los tibetanos bajo Wu, el emperador Han:
| El enemigo qiong, salvaje y malvado, se tornó sedicioso y amenazó a los funcionarios y a su pueblo; atacó los edificios de la Administración.... quemó los puestos de vigilancia que se habían construido y cerró caminos y puentes. De modo que se ha rebelado en grado sumo contra el dao del cielo. Pero Fengsi, que ha dirigido a mi ejército, lo ha derrotado de forma sangrienta, ha decapitado o apresado a más de 80.000, a capturado como botín a más de diez mil caballos, reses y ovejas. Nos le obsequiamos con la dignidad de un señor feudal, con unos dominios de 500 familias para su sustento y 60 libras de oro...(665) |
De estas experiencias se nutre por ejemplo el pertinaz topos de los xiongnu («hunos»), el topos por excelencia de los «bárbaros» en las poesías chinas: si Li Taibo (701-762) ensalza la muerte de un «príncipe de los hunos» tras «cien batallas en la arena del desierto(666)», si Lu You (1125-1210) cabalga en sueños contra los «traidores bárbaros(667)», o si Qiu Jin (1875-1907), mártir en la lucha contra los manchúes -irritada por el olor apestoso de la carne de carnero- blande «la espada descuartizadora de caballos» para «beber la sangre xiong-nu(668)».
Gracias a las monografías sobre los países de las sucesivas historias dinásticas es posible seguir el discurso político a lo largo de los siglos. Junto a peculiaridades geográfico-etnográficas (ver más abajo) se relatan minuciosamente alianzas políticas, éxitos militares, legaciones tributarias, regalos tributarios, concesión de títulos, intercambio epistolar, etc.
La historia de China es una historia de expansión hacia el Sur, y de continuo se encuentran imágenes del enemigo, que se habían originado en la época Han durante las conquistas del Oeste, de cuando los pueblos del Sur ofrecían resistencia. De esta forma, por su violencia se justificaban las expediciones militares contra los liao «crudos» o de «montaña» de Sichuan en los siglos V y VI, a los que se utilizaba para hacerse con esclavos(669). Se los llamaba «la plaga de Shu(670)», y el topos de «Ba, el país de los bárbaros», donde «hay monos lavados con gorra de funcionario(671)», sigue errando durante largo tiempo como un fantasma a través de la historia. [478]
La isla de Taiwan surte de ejemplos análogos. Cuando al final del último siglo la presencia de las potencias occidentales hizo parecer aconsejable una rápida sinologización de la isla, se llevaron a cabo sistemáticas «expediciones represivas» contra los nativos, a quienes en adelante se les consideraba como «salvajes» y «crueles» (xiong-fan), pese a que durante los doscientos años anteriores habían sido caracterizados de una manera muy distinta(672).
b) El discurso político desde la defensiva
Lo que Wolfgang Bauer designó como «movimiento del espíritu chino hacia el interior(673)» es, en cierto modo, correlativo al desarrollo de las imágenes del extranjero. Este «movimiento hacia el interior» arranca en el siglo IX como fruto de la revuelta de An-Lushan. Este, un jefe del ejército de procedencia turco-sogdiana, había conquistado, en el invierno de 755/756, las dos capitales del reino de Tang, Loyang y Chang'an, en un abrir y cerrar de ojos. Las tropas del gobierno sólo pudieron recuperarlas tras grandes dificultades y precisamente con la ayuda de los tibetanos y de los uigures, quienes, por su parte, aprovechando el vacío de poder, controlaron en adelante las regiones en el Oeste del puerto de montaña Yumen. Pero no sólo en el Oeste se desmenuzaron las regiones exteriores: en el Noreste se desprendió Silla, Corea, del Tang; en el Suroeste se extendió el principado Nanchao, más tarde denominado Dali, y conquistó Sichuan y Hanoi(674).
De esta forma, al gran movimiento de expansión del imperio Tang en el siglo VII/VIII le sucedió un movimiento contrario que no sólo haría disminuir al imperio chino territorialmente, sino que prepararía el camino para una nueva desintegración en «cinco dinastías y diez estados» (906-960).
En el estado actual de la investigación no parece como si el «movimiento hacia el interior», que tuvo lugar en la época Tang, hubiese repercutido forzosamente de manera negativa en la imagen del extranjero: los ataques contra los uigures, una vez que hubieron saqueado Loyang, estaban motivados principalmente por la necesidad de recompensa; y las expropiaciones de los monasterios budistas se realizaron por razones económicas y fiscales; ni siquiera la masacre de Huang Chao de los mayoristas extranjeros en el año 879 en Fuzhou y Kanton se valora como una acción xenófoba, sino que debe de haberse tratado de un movimiento de sublevación a consecuencia de la falta de víveres, cuyo núcleo estaba constituido por la oposición pobres-ricos(675). [479]
Pero aún estaba por llegar la época de las grandes humillaciones de política exterior: la dinastía Song (960-1278) fue capaz de unir el imperio, pero no fue capaz de recuperar el terreno perdido. Al contrario, con el surgimiento del imperio de Kitan (Liao) y de los Dchürchen (Jin), el estado imperial chino se vio confrontado por vez primera a «iguales(676)», incluso tuvo que reconocer provisionalmente su inferioridad política(677). A tenor de estas confrontaciones, por la parte china se desarrolló algo parecido a una conciencia nacional. Con ello, sin embargo, la imagen del extranjero que implica, -una imagen de enemigo con los atributos de «bandido y saqueador», que «apesta a ovejas y cabras», que actúa «de forma traidora», «salvaje» y «furiosamente», etc.(678)- no se diferenciaba esencialmente de las antiguas percepciones del extranjero vinculadas a las denominadas expediciones represivas.
Sus mayores temores se hicieron realidad con la conquista de China por parte de los mongoles (1278-1368). El trauma de la dominación mongola no se había superado aún cuando los manchúes se dispusieron a instaurar una nueva dominación extranjera en China, y aún no se había acabado de expulsar a los manchúes, cuando ya se hallaban a las puertas las potencias europeas.
Merecería la pena analizar detenidamente la imagen del extranjero a partir de la confrontación con los mongoles. Con Wen-Tian-xing (1236-1283), que a toda costa quería morir a manos de Kublai-Kan, había nacido el papel del patriota heroico(679).
De esta manera -no en último lugar a causa del trauma ocasionado por la ocupación mongola- la dinastía Ming (1368-1644) consumó un renovado «movimiento hacia el interior» que, como ya se ha mencionado en páginas anteriores, se expresó por medio de la construcción de la muralla y de una ruptura repentina con el comercio marítimo.
A los mongoles se sumaron los japoneses, aún bajo la dinastía Ming, en calidad de enemigos mortales, precisamente en el momento en el que los comerciantes japoneses hacían inseguras las costas de China como reacción a la política de prohibición marítima(680). A partir de este momento, se apartaron [480] de la designación propia de los japoneses difundida bajo la dinastía Song, calificándoles incluso en las fuentes oficiales como al inicio de sus contactos: «enanos» o «enanos piratas» (wo-kou). Repentinamente se les consideraba «taimados por naturaleza» (xing xia), «ávidos de lucro» (tan-li), «imprevisibles y crueles» (si-du)(681), después de que en historias dinásticas precedentes se hubieran pronunciado palabras de reconocimiento sobre su forma de ser «dulce y obediente» (ruo-shun), «íntegra» (zheng) y «distinguida» (ya-feng), sobre su conocimiento de los clásicos chinos, de su música, lírica y caligrafía(682).
Pese a que la presencia estimulante y enriquecedora de los jesuitas en la corte china se diera en la época Ming, el interés de China para con los occidentales se había mermado. En cualquier caso ya se tenían oportunas relaciones con los holandeses, portugueses y españoles, que intentaban estrechar vínculos comerciales con China desde el Siglo XVI(683).
El desconocimiento sobre Europa, emparejado a experiencias negativas, condujo muy pronto a una postura más bien arrogante frente a los extranjeros del Oeste. Es justamente aquí donde se introduce el discurso impregnado de rasgos racistas y que se manifestaría aún con mayor claridad bajo la dominación subsiguiente de los manchúes.
Esto significa que a la imagen hostil del extranjero se le añadieron características estereotípicas biológicas que anteriormente no existían en esta forma(684). Así escribió Zhang Xie en su Dong-xi yang-kao de 1618 sobre los españoles que vivían en Luzón:
| Tienen un color oscuro de piel, asesinos, ladrones y pendencieros... Tienen la cara fiera, pelo descuidado, una gran nariz prominente y les huele el aliento...; son mentirosos, traidores, alcohólicos y extremadamente arrogantes(685). |
Las descripciones de los holandeses no resultaban mejor paradas: según Zhang Xie tienen también caras iracundas, narices largas pronunciadas, ojos hundidos, cabellos rojizos, barbas rojizas, ojos claros, y se los denomina los «bárbaros pelirrojos» (hong-mao-fan) o «demonios pelirrojos» (hong-mao-gui)(686).
A lo largo de la época Qing (1644-1911), el contacto con los europeos va entrando en una crisis general del entendimiento de sí mismo y del extranjero. [481] El miedo a que «se pudieran extinguir definitivamente los sucesores del Emperador Amarillo» está profundamente arraigado(687). Hacía mucho tiempo que las ideas estereotípicas de los «demonios del océano occidental», de los «bárbaros pelirrojos», o los «peludos de nariz grande» etc. se habían filtrado en el lenguaje de los pueblos sencillos. Asimismo, los autores de los tratados anticristianos no se confrontaban habitualmente con la cristiandad en lo que al contenido se refiere, sino que también apelaban a estereotipos racistas que se sumaban a inculpaciones en parte absurdas, como por ejemplo la alusión a un «olor corporal penetrante y terrible(688)».
No en último término, el «Da-tong-shu» de Kang Youwei (1858-1927) contiene elementos racistas, donde se alude a la raza como a la cuarta de las barreras entre los seres humanos:
| En la actualidad sobre la tierra tenemos la raza blanca, la amarilla, la cobriza y la negra... El poder de los blancos es indudablemente notable...; pero, por otra parte, los amarillos son más numerosos y superiores a ellos en sabiduría. Podría considerarse como una conclusión casi infalible que se podrá fundir a ambas en una unidad... Sólo los cobrizos y los negros, que son diametralmente opuestos a los blancos, son evidentemente difíciles de amalgamar...(689) |
Si bien las visiones de Kang deberían confluir en un mundo de «paz suprema» en el que desaparecieran todas las barreras, es inequívoco, sin embargo, un racismo de cuño social darwinista, y precisamente con la apariencia de «cientificidad» bajo el que se manifiesta, resulta ser más un impedimento que provechoso para el reconocimiento actual de lo extranjero en su extrañeza.
Aún en la República Popular perviven estereotipos racistas, como por ejemplo en caricaturas antiimperialistas de los años cincuenta o durante la revolución cultural, en la que la pronunciada nariz o la vellosidad del cuerpo caracterizan a los «bandidos imperialistas»; o cuando al color negro de la piel se le asocia una existencia animal vinculada al instinto -tal y como sucedió durante los disturbios contra los estudiantes africanos en Nanjing al final de los años ochenta-.
3. EL DISCURSO ETNOGRÁFICO-GEOGRÁFICO
Las descripciones con frecuencia muy detalladas de la situación geográfica de los países, de su distancia a la tierra o al agua, su relación con China, los estados colindantes, su modelo económico, productos locales, comida y bebida, [482] herramientas y armas, jurisprudencia, formas sociales, peinado, vestimenta, lengua, en resumen, las costumbres en el más amplio sentido de la palabra, ponen de manifiesto una observación muy precisa. No obstante, se toma lo propio como baremo, siendo precisamente el hecho de que la discrepancia con lo familiar no fuese forzosamente valorada de forma negativa lo que establece el discurso etnográfico. Las descripciones son más bien sobrias y neutrales. Y si las extensas listas de productos locales, sobre todo de los regalos tributarios, no ocupasen un espacio mayor que la información relativa a la cultura, podríamos casi suponer detrás de todo ello el motivo de una curiosidad abierta al mundo.
El interés comercial, sin embargo, parece haber estado en un primer plano, lo que concierne especialmente a las relaciones con los países del sur de Asia y de la India, que regularmente desde el siglo X constituían el destino de los barcos comerciales chinos.
Una fuente de riqueza para el discurso etnográfico-geográfico es el Ling-wai dai-da, un estudio sobre la civilización del sur de China del siglo XII escrito por Zhou Qüfei. Su título dice: (Un libro, que) en mi lugar responde (a cuestiones que conciernen a las zonas) del otro lado de la cordillera(690)». En ocho capítulos contiene un estudio sobre la civilización de la antigua provincia de Guangxi, limitada al Oeste con Annam, al Sur con el Mar Rojo de China, y al Norte con el imperio de Dali. Otros dos capítulos se ocupan de los «estados extranjeros» del sureste de Asia, así como de la India y de Arabia.
En las dos citas siguientes, el autor se da a conocer no sólo como un buen observador, sino también en calidad de instructor:
| En los «apuntes sobre Tonking» se decía: La gente con los pies hacia adentro procede del distrito de Nan-ting. Los huesos de los pies no tienen ninguna articulación, y les crece pelo sobre el cuerpo. Cuando se han tumbado para dormir, tienen que apoyarse los unos sobre los otros antes de que puedan volver a levantarse». Cuando vine a Ch'in, vi, que (allí los habitantes) también los que ennegrecen sus dientes, corren descalzos y tiñen de negro (la tela) de sus vestidos eran sólo seres humanos. ¡Cómo pretenderán haber visto que carecen de articulaciones en los pies y que tienen pelo en el cuerpo, como se ha dicho! La gente hablaba de los enanos de la prefectura de Tao, pero hoy en día los habitantes de la prefectura de Tao tienen 7 pies de alto. Pero en el distrito de Kung-ch'eng, en la prefectura de Shao, que limita con la prefectura de Tao, nacen ocasionalmente dos o tres enanos. En mi opinión, es igual en Nan-ting y en Kung-ch'eng. Si fuese de otra manera, ¡cómo va a ser posible que los pies de esta gente no tuviesen ningún tipo de articulación y que a pesar de todo se pudiesen apoyar! Mientras, se les ha tratado de una forma cruel y por ello han recibido ese nombre. ¡Yo pienso que es así como ha sucedido!(691) |
Los «orejas largas» del «Shan-hai-jing» son, según Zhou, portadores de grandes pendientes:
| Tan-erh es el distrito militar actual de Ch'ang-hua. Desde entonces se suponía que la designación de este lugar se debía a que allí las orejas de los nativos colgaban hasta los hombros. Pero, ¡cómo va a haber habido en aquel tiempo gente en Ch'ang-hua con unas orejas tan grandes! Ahora cualquiera de entre los gente en Ch'ang extranjeros del sur (de nuestro imperio) y de los bárbaros de Li (en Hainan) es un discípulo de Buda. A los creyentes (budistas) les encanta confeccionar grandes pendientes para estirar las orejas hasta los hombros. En realidad incluso las orejas tampoco se estiran a lo largo. De cualquier forma, sus agujeros (en los lóbulos) tienen el tamaño de una pulgada(692). |
La distanciada sobriedad, vinculada al más puro interés comercial, caracteriza a la mayoría de los informes sobre el Sureste asiático y sobre los países y pueblos limítrofes hasta la costa Este de África, desde el Zhu-fan-zhi de Zhao-Rugua(693), pasando por las incorporaciones en las historias dinásticas, hasta las obras geográficas de los siglos XV al XVII, como por ejemplo el Ying-yai sheng-lan de Ma Huan del año 1416(694), el Xing-cha sheng-lan de Fei Xin(695) del año 1436 y no en último lugar el arriba mencionado Dong-xi yang-kao de Zhang Xie del año 1618.
En cualquier caso, la descripción de Java de la historia de las dinastías Yuan y Ming supone una excepción. De forma similar al caso de Japón, ha de atribuirse el retrato llamativamente negativo, estableciendo una comparación con anotaciones precedentes, a un empeoramiento de las relaciones políticas. En 1292, tras una expedición militar de la dinastía Yuan claramente fallida en la que perdieron su vida aproximadamente 3000 soldados chinos, Java se presentaba ante estos como un enemigo militarmente más fuerte, cuando no más peligros(696).
4. LA ARROGANCIA CIVILIZADORA
| En la región del mar del Norte hay caballos de carreras y grandes perros... Nosotros, en China, sólo conseguimos criarlos y hacer que nos sean de provecho. En la región del mar del Sur hay pájaros con plumas y cañones de todas clases, hay marfil, pieles de rinoceronte, mineral de cobre de todos los tipos y cinabrio; [484] nosotros, en China, sólo somos capaces de adquirirlo todo y emplearlo como medio de pago. En la región del mar del Este hay fibra espesa de Ko, pescado y sal; nosotros, en China, sólo somos capaces de utilizar todo ello... Esto es lo que se llama el gran milagro(697). |
Los logros de la civilización de los siglos precristianos fueron tan impresionantes, que el orgullo cultural de un Xunzi (siglo III a.d.C.) se nos hace, cuanto menos, comprensible. Frente a los pueblos marginales que comparativamente ostentan un menor dominio de la naturaleza, se tornaba inmediatamente presuntuoso y rebosaba de celo «misionero»: así como los antiguos chinos habían sido instruidos por míticos héroes culturales y soberanos ejemplares, aparecían ahora los chinos como portadores de civilización frente a los humanos que aún permanecían en el «salvajismo» y en la «barbarie». Este estado fue valorado como escalón intermedio entre un ser animal y uno verdaderamente humano, lo que también demostraba que en la transliteración se prefería utilizar radicales de animales (ver más arriba).
Antes que Xunzi, Confucio ya había percibido el desnivel de civilización, lo que debió de haberle inducido a la siguiente sentencia:
| Los (bárbaros del) Este y del Norte (yi-di) con sus príncipes no pueden compararse con China (Xia), ni siquiera en su decadencia(698). |
A través de los siglos, la arrogancia de la civilización, entreverada con el discurso político, sirve de justificación a los emperadores chinos para sus campañas de sometimiento, tanto más fáciles en cuanto que los pueblos en cuestión declaraban ellos mismos interés en las «bendiciones» de la civilización china.
Ejemplar para el discurso de la civilización es la región fronteriza de Taiwan, que, desde el periodo Song (960-1278), era inequívocamente identificada por el nombre de Pishena.
Los nativos de esta isla situada ante la costa suroriental de China, tal y como nos consta, «dan saltos de alegría» cuando llegan los comerciantes chinos:
| ...y los invitan a sus cabañas para agasajarlos con comida y bebida(699). |
Cuando en el siglo XIX los intereses de las potencias occidentales en Taiwan impulsaron a la dominación Qing a que pasara de una política fronteriza pasiva a una política activa de expansión, quedaron al descubierto los motivos políticos de una invasión de la isla. Aún entonces los funcionarios locales continuaban [485] empleando como argumento la labor civilizadora china frente a los nativos, que «ansiaban las bendiciones de la cultura (china)(700)»:
| Siempre que ven a un funcionario ejerciendo su cargo, (se alegran) como niños pequeños amamantados por sus madres. Colmados de deseo esperan que sus necesidades les sean satisfechas de inmediato(701). |
Pese a que «beban sangre y coman pelo(702)», se los considera humanos y por ende civilizables. Así, en el periódico de Shanghai «Shenbao» del año 1876 se puede leer lo siguiente:
| Pero los incivilizados fan también sienten y piensan como los humanos y tienen en común con estos el deseo. Cuando ven que gente de rangos distintos lleva bellos vestidos y se alimenta de forma exquisita, ¡cómo no va a rebosar de envidia su corazón! Si hoy en día los responsables de las regiones centrales se ocuparan realmente de una administración y defensa adecuadas... sería entonces para todos un honor someterse a la influencia civilizadora del emperador...(703) |
Cuando en el año 1875 se introdujo la obligación de ir vestido, se argumentó también esta medida coercitiva desde la perspectiva de la civilización:
| Los pájaros y los cuadrúpedos tienen pelo o plumas. El ser humano tiene que (diferenciarse de ellos) por medio de sus vestidos y de sus cubrecabezas. Hay que compadecerse de los fan, porque viven al margen (de la cultura) en el desierto y carecen de algodón y de seda y corren -tanto hombres como mujeres- con la cabeza y el cuerpo descubiertos... Deberán llevar pantalones y vestidos para formar parte de la humanidad, porque los seres humanos sin pantalones ni vestidos se asemejan al búfalo, al caballo y a (otros) animales domésticos(704). |
5. EL DISCURSO MORAL O ÉTICO
A la superioridad de la civilización china le fue conferida una interpretación moral, en especial por parte de los filósofos de la tradición de Confucio: lo propio estaba considerado como lo éticamente mejor.
El ser humano y el animal se diferencian sólo y exclusivamente en virtud de su ética: [486]
| Un papagayo puede hablar y sin embargo sigue siendo un pájaro; un hombre de la selva (Orang Utan) puede hablar y sin embargo sigue siendo un animal. Si el ser humano carece de moral, será capaz de hablar, pero ¿acaso no tendrá entonces, también el corazón de un animal? Y como los animales carecen de moral, padre e hijo coinciden a menudo con la misma hembra. Por eso los santos eran creadores, eficaces e hicieron la moral para educar al ser humano, de manera que los hombres aprendieran, a través de la moral, a diferenciarse de los animales(705). |
Con el fin de ilustrar este discurso, se aducirá a modo de ejemplo una exposición de ideas de los siglos inmediatamente próximos al nacimiento de Cristo, puesto que hay que atribuirles una influencia legitimadora y creadora de identidad para toda la historia de China en la confrontación con lo extranjero.
Asimismo, el discurso ético estaba vinculado desde un comienzo al político, ya que Mengzi justificaba precisamente las «expediciones represivas» de los soberanos ejemplares como Tang, fundador de la dinastía Shang, o Zhou Gong, porque se habían llevado a cabo en nombre de la moral, emprendiéndose así únicamente en provecho de los pueblos afectados(706).
El hecho de que por principio a los «bárbaros» se les asignara a un nivel moralmente inferior, se les considerase «astutos y taimados» y «crudos» y «duros» (ver más arriba) hace patente la práctica del destierro a coetáneos mal vistos, que en el Li-ji se razona de la siguiente manera:
| Pero cuando uno está celoso de las habilidades que otros tienen y los odia, y al que muestra una especial sabiduría lo persigue y lo somete... Supone un peligro. Pero un hombre completamente bondadoso expulsa a un hombre así con los salvajes de su alrededor y no le permite vivir con el resto en los estados del centro(707). |
Sin embargo, allí donde se hallara un hombre noble entre los «bárbaros», según este discurso, la fuerza de su virtud sería perfectamente capaz de influenciarla y transformarla. Es probable que fuese el descontento de Confucio sobre la mínima repercusión de sus enseñanzas en la misma China, lo que le incitara a probar su suerte con los «bárbaros»:
| El maestro expresó su deseo de vivir entre las nueve tribus de los bárbaros. Alguien dijo: ¡Son tan incivilizados! ¿Cómo sería posible? El maestro dijo: Allí donde haya un ser noble, ¡no puede existir la barbarie!(708) |
No obstante, el afán «misionero» no excedió evidentemente los límites, ya que ni Confucio ni otros moralistas posteriores parecen haberse dirigido a los «bárbaros» voluntariamente. Ellos confiaban mucho más en que estos «vendrían [487] por sí mismos para transformarse» (lai-hua)(709). También en este sentido se dice en el Qian-han-shu:
| Son conscientes de que el imperio del centro tiene reglas de conducta obligatorias (li) y un comportamiento debidamente prescrito (yi), y este es el motivo de por qué se inclinan ante él y le son sumisos y obedientes(710). |
Por cierto que Mengzi había subrayado una vez más la parcialidad de la influencia moral:
| He oído decir que con ayuda (de la ética) de Xia los bárbaros (yi) se pueden transformar (bian); pero todavía no he oído decir que los bárbaros hayan transformado a alguien(711). |
Sin embargo, con el curso de moral se hacían vigentes criterios que fácilmente podían producir el efecto contrario: de forma análoga al cambio semántico del concepto junzi de una categoría social de nobleza a un noble de carácter-moralidad, los llamados bárbaros podían evidenciarse como nobles y los «hombres del centro», por el contrario, como bárbaros(712).
Sea como fuere, parece como si a pesar de toda disposición de poner en duda lo propio, cuanto menos en la tradición de Confucio, no se pudiera atribuir a la figura del «buen salvaje» o a la del «bárbaro reformado» un significado específico. La época dorada de la propia historia constituía, a diferencia de la Europa de la Ilustración y del Romanticismo, el trasfondo de la crítica de aquel tiempo.
6. ROMANTICISMO Y EXOTISMO
En el contexto chino, a la crítica de la civilización se le asocia fundamentalmente con el taoísmo. De hecho, en el clásico taoísta adscrito a Zhuangzi aparecen «los bárbaros reformados»(713). Uno de los lugares decisivos reza de la siguiente forma: [488]
| En Yue (nan-yue), situada al Sur, hay una región que se llama «el estado que ha construido el de'. Su pueblo es ingenuo (yu) y tosco (pu). Estima en muy poco la utilidad y reduce la codicia; sabe trabajar, pero no sabe lo que es atesorar; presta, pero no busca compensación alguna por ello. No sabe lo que es conveniente en el sentido del deber (yi); no sabe qué es lo que la moral (li) va a considerar oportuno. Se comportan de un modo loco y absurdo y sin embargo observan la Gran Regla. La vida es para ellos un motivo de alegría; la muerte es para ellos un motivo de entierro. Desearía que tú, señor, dejaras tu estado y abandonases tus costumbres. (Zhuangzi, Legge, p. 470) |
Bien es verdad que el discurso iniciado muy probablemente por Zhuangzi: naturaleza en contraposición a cultura, o desierto en contraposición a civilización, se mantuvo de nuevo muy intensamente en los primeros siglos después de Cristo. Pero esto no significaba que hubiera que cuestionarse al extranjero como metáfora de una «naturaleza y desierto» valorada positivamente. Los dos frentes se desarrollaban en la mayoría de los casos de una forma muy distinta: en el escapismo ideológico y político -de gran influencia en toda esta época- se oponía ante todo la sociedad frente al retraimiento, carrera frente a la vida privada, convencionalismo frente a la genialidad y el delirio, ciudad frente al campo, es decir, «pradera», «montaña», «río y lago», clase alta frente al campesino, pescador, leñador, esto es, los sucesores de los «solitarios» de la era pre-cristiana(714). En definitiva, lo que estaban buscando los fugitivos del mundo de los siglos después de Cristo era lo salvaje, lo genuino, lo desenfrenado, lo espontáneo y lo caótico con la causa primitiva de todas las cosas dentro de sí mismos(715).
De modo que no existía la figura del «extraño», que en análogos discursos de Europa suponía un modo de acercarse a este planteamiento(716). Como precisamente en esta época se sucedían las dominaciones extranjeras, es más bien improbable que los «bárbaros» se aparecieran como seres humanos reformados a los ojos de los chinos. También es posible, sin embargo, que en la crisis de los sentidos inherente a estos tiempos guerreros y sujetos a transformaciones se hubiera perdido «el centro», de modo que no se le considere en un principio como categoría delimitadora y por ende creadora de identidad. [489]
En oposición a esta perspectiva dirigida a un «contorno» inmediato y a la «naturaleza» próxima, el mundo sagrado de los budistas chinos se había emplazado en los márgenes de la civilización: los paraísos budistas en el Oeste, como el país Sukhavati o el país Uttarakuru, «donde manan la leche y la miel(717)», se representan tan apartados del mundo y de una forma tan fantástica, que casi no permiten su empleo en el discurso entre lo propio y lo ajeno.
No menos fantástica es la impresión causada por las utopías taoístas, donde rebosan los espíritus felices e inmortales que «saborean el viento y beben rocío» y
| ...No conocen epidemias ni enfermedades, los hombres no conocen una muerte prematura, las criaturas no tienen defectos ni carencias...(718) |
Sin embargo, en la solicitud de los funcionarios locales resuenan ocasionalmente tonos romántico-exóticos, que manifestaban su simpatía por las sociedades tribales procedentes del Sur de China, lo cual nos hace recordar, en primera instancia, motivos taoístas. Seguidamente, la comparación de una cita del libro Liezi con tres descripciones de los nativos de Taiwan:
| Su forma de ser es muy apacible: obedecen a la naturaleza sin ninguna disputa... la arrogancia y la envidia les son ajenas. Los viejos y los jóvenes conviven pacíficamente; no tienen príncipes ni criados. Los hombres y las mujeres pasean juntos... Aman los diferentes tonos. Se cogen de las manos y entonan cantos alternos...(719) | ||
| El país (Taiwan, G.L.) no conoce ningún cabecilla(720). | ||
| Hombres malvados los corrompen por medio de excesos y vicios. Paulatinamente se hacen también ellos conscientes de esto, y es de temer que su ser íntegro y sencillo se pierda cada vez más(721). | ||
| En un abrir y cerrar de ojos se forma una sociedad con tres hasta cinco personas, que hace los honores al vino. Se cogen de los brazos, bailan y cantan hu-hu-ge-ge, y, riendo, las mujeres y chicas jóvenes les acompañan en sus cantos alternos(722). |
No sólo las sencillas sociedades originarias, sino también pueblos «civilizados» podían servir de espejo a los chinos. Así, el estado Da-qin (Roma) o Fulin [490] (¿Bizancio?) estaba considerado, cuanto menos hasta la era Tang, como un mundo realista antagónico, casi como la «mejor mitad» de China(723). Otro ejemplo es el que procura el emperador Tang Taizong (duración de su gobierno: 627-650), quien había quedado enormemente sorprendido por la sucesión intestada que se seguía practicando en Japón. Esta información suponía pretexto suficiente para suspirar por la China venida a venos con sus gobiernos y dinastías alternas(724).
Con todo, se podría caracterizar más bien de insuficiente el beneficio del discurso romántico-exótico en China. Ni en el escapismo de la primera época imperial ni en los paraísos budistas y taoístas desempeñaría el étnicamente extraño un papel de figura antagonista positiva -prescindamos por un momento de algunos pasajes del libro Liezi. La concepción de Roma y Bizancio, y mucho más aún las declaraciones del segundo emperador Tang son demasiado periféricos y singulares, como para que pudiéramos hacerlas válidas para un discurso.
Ejemplar para el discurso romántico-exótico de la primera época imperial, si no para toda la historia de China en general(725), es otra Aparición de la sociedad Tang, en correlación con la apertura al mundo y el cuidado del cuerpo de esta época. Se dice incluso que estaba «completamente enloquecida» por todo lo «bárbaro(726)». De hecho, es posible determinar numerosas influencias de países extranjeros incluso en la corte del emperador.
De esta forma se dedicaban con entusiasmo al juego del polo a caballo procedente del Tibet o de Persia. Xuan-zong (duración de su gobierno 847-860), no fue solamente un brillante jugador del polo que desde un caballo a galope acertó a la pelota con el mazo unos cuantos cientos de veces. También instituyó el entusiasmo por el polo en la política exterior enviando un equipo a Turfan en una misión diplomática: cuando esta regresó con el equipo contrario, [491] mandó organizar dos partidos en Chang'an, la capital. Por decirlo así, Xuanzong se había convertido en un temprano representante del lema «el deporte une por encima de toda frontera(727)».
Junto con la veneración por el caballo y la equitación no solamente llegaron a China mozos de cuadra, sino que estos también trajeron consigo el traje típico de familias de jinetes del interior de Asia. Estaba considerado de buen gusto que los hombres jóvenes de la alta sociedad se vistieran «como los bárbaros» con pantalones, botas, cinturón y gorra(728). Asimismo la moda para la mujer algo más desenfadada de la era Sui y de los primeros Tang remite a influencias extranjeras.
Incluso en la habitación infantil del príncipe heredero soplaban aires extranjeros cuando el muchacho imperial jugaba con una yurta turca, cuya entrada -según la leyenda originaria de los turcos- estaba decorada con dos estandartes de lobo. También parece que debió de insistir en que sus compañeros de juegos hicieran su entrada en la habitación infantil bajo los sonidos de música turca(729).
En la época Tang, la música y la danza son absolutamente inimaginables sin las múltiples influencias del interior de Asia, ya sean los propios instrumentos musicales como la pipa, o bien ritmos, escalas y figuras de baile. Los grandes poetas Tang, no sólo Li Taibo(701-762), de procedencia extranjera, no se cansaban de ensalzar en sus poesías bailes y músicas extranjeros. Especialmente alababan y ponderaban a los esclavos y esclavas que bailaban y hacían música y que habían llegado a China del interior de Asia en caravanas, incluso en condición de rehenes o como regalos tributarios.
Aún en las postrimerías de la época Tang floreció una literatura de maravillas, en la que se había erigido un monumento «al ser singular y poco común del extranjero», una última apertura previa al «movimiento hacia el interior del espíritu chino» (véase más arriba)(730).
El entusiasmo de la época Tang por lo «bárbaro» es tildado por lo general en la literatura de «extranjerismo» y «exotismo(731)», posiblemente demasiado rápido. Con absoluta certeza, se podría atribuir gran parte de la aceptación de lo extranjero en la época Tang a una mera necesidad de prestigio y reputación, así como a un capricho de la moda. Esto nos hace pensar en nuestras propias «figuritas chinescas», que en el mejor de los casos podían originar proyecciones positivas y esto tampoco de por sí, pues un jarrón Ming en el salón no previene [492] contra el racismo. Una verdadera confrontación con la forma de ser distinta del extranjero no se lleva ineludiblemente a cabo.
Pero dejemos por un momento la categoría de lo «ajeno» a un lado y observemos a seres humanos de la época como individuos en interacción con los extranjeros, un poco alejados del «extraño» de Georg Simmel (véase más adelante), después se muestra otra imagen algo diferente:
En primer lugar, una poesía de Li He (791-817) dedicada a su siervo «bárbaro»:
| Leyendo en Tschang-gu | ||
| enseñado a mi siervo de Ba | ||
| insectos resuenan. Débil la lámpara resplandece. | ||
| Olor a medicina en la habitación fría como la noche. | ||
| Su huésped, el alicaído, te da lástima: | ||
| continúas persiguiéndole en la necesidad más amarga. | ||
| El muchacho de Ba responde: | ||
| a mí, nariz gigante, me conviene, las telas de la montaña, | ||
| allí canta el color marrón de la selva en toda su tristeza. | ||
| Pero si tú no pusieras música a los cantos solemnes, | ||
| ¿quién sabría entonces lo profundos que son los sufrimientos del otoño?(732) | ||
Algo parecido transmite una poesía de Xu Hui (626-650), segunda mujer del segundo emperador Tang ya mencionado (duración de su gobierno: 627-650). Describe a una bailarina «bárbara» del Norte, tal y como ella se figura la imagen de la mujer ideal: segura de sí misma y al mismo tiempo de una belleza fascinante «capaz de derribar murallas» (qing cheng) -el topos del Shi-jing, que la poetisa sabe apreciar de una forma muy positiva en contraposición a generaciones de historiadores oficiales. El corazón de Xii Hui, literalmente la «mirada profunda» (gu zhong), se pierde en la contemplación del «baile ingrávido de las caderas» (wu-yao-qing) de aquella bailarina, cuya ligereza encuentra una correspondencia en el delicado «tintineo de los brazaletes de oro y de las sortijas de jade, que trinan (como los pájaros)» (jin-chuan-xiang/yu-huan-ming)(733).
Ambos poemas causan la impresión de que quizá la apertura al mundo de la era Tang hubiese estado por lo general limitada a exotismo y extranjerismo, [493] si bien posibilitaba criterios y encuentros en los que poder desarrollar la confraternidad, respeto y simpatía.
Incluso las numerosas poesías de la época que hacían referencia a la guerra y a las «expediciones represivas» en los márgenes de un imperio Tang en expansión, evocan escasas imágenes del enemigo en cuanto que giran en torno a la nostalgia, separación, muerte, miseria, absurdidad de la guerra, transitoriedad, la austera belleza de la estepa etc. -Tal vez constituya una excepción Li Taibo, quien -de origen turco- ocasionalmente formula frases lapidarias contra los «hunos». Su amistad con el japonés Abe Nakamaro, que había estudiado en Chang'an, muestra que en su caso no se trataba de hostilidad frente a lo extranjero en sí. Después de su marcha corrió el rumor de que su barco se había hundido. Lai Taibo escribió al poco tiempo la siguiente poesía:
| Lamento por Chao Liu-heng | ||
| Chao-Liu, del país del sol naciente, | ||
| se despidió de Chang'an: | ||
| ¡navegar tan sólo una vez alrededor de Penghu! | ||
| (-Isla de los inmortales-) | ||
| Ya nunca regresará la luna | ||
| sumida en el mar azul | ||
| Por encima de Zangwu las nubes blancas | ||
| llevan el color del luto(734). | ||
9. LA «COMPRENSIÓN TENDENCIAL»
Del encuentro entre individuos, para quienes lo que vincula al ser humano ocupa un primer plano, puede diferenciarse el discurso en el que lo ajeno o lo extraño desempeña un papel relevante. «La comprensión tendencial(735)» es el intento de ser justo con lo extranjero, esto es, reconocer al extranjero en su singularidad, que igualmente permite una distancia objetiva del mismo modo que un acercamiento mutuo.
Una «comprensión tendencial», como el resto de discursos, está atestiguada en China desde muy antiguo; Zhuangzi (siglo IV a.d.C.) hace decir a Laodan que no merece la pena recorrer el mundo, porque en todas partes «es igual que aquí(736)»; o Xunzi (siglo IV a.d.C.) declara que todos los seres humanos en su [494] nacimiento profieren los mismos sonidos, y que sólo las costumbres diferencian a los unos de los otros(737).
También Liezi (siglo V), que ya había destacado por su discurso romántico-exótico, formula un convincente informe en defensa de la «comprensión tendencial»: cuanto más drásticos son sus ejemplos, esto es, cuanto más chocantes en relación con las circunstancias chinas, con mayor ahínco hace recordar su requerimiento de que se considere válido a lo extranjero en su singularidad:
| Los habitantes de los países del Sur llevan el pelo muy corto y van desnudos; los habitantes de los países del Norte se ciñen turbantes alrededor de la cabeza y van vestidos con pieles, los habitantes de las regiones centrales llevan gorros y sombreros y van vestidos. Dependiendo de su naturaleza la tierra les favorece con la agricultura, el comercio, la caza, la pesca: el que lleven pieles en invierno, lino en verano, el que tengan barcos para el agua y coches sobre la tierra: son invenciones de la meditación reposada, cuyo origen tiene su causa en la naturaleza. Al Este de Yüo está el país de Dschä Mu. Cuando nace el primer hijo, lo parten en trozos y se lo comen; ellos lo llaman obligación para con sus hermanos pequeños. Cuando el abuelo se muere, cargan con su abuela a la espalda y la abandonan a la intemperie, porque ellos dicen que no se puede vivir junto a la mujer de un espíritu. Al Sur de Tschu está el país de los hombres de fuego. Cuando sus parientes mueren dejan que su carne se descomponga y la arrojan fuera, después entierran sus huesos. De esta forma cumplen con su obligación de ser piadosos. Al Oeste de Tsin está el país de I-Kü. Cuando mueren sus habitantes juntan ramas secas y los queman. Cuando están ardiendo, el humo asciende hacia lo alto. Ellos lo llaman ir al cielo. Así cumplen con su obligación de ser piadosos. Todo esto está considerado por los de las clases superiores como una ley del Estado y por los humildes como una costumbre arraigada, sin que haya que sentirse asombrado por ello(738). |
Podríamos objetar que para Liezi era muy fácil hablar así: estos pueblos vivían muy alejados, y su discurso tenía un carácter más bien filosófico-teorético.
Un buen ejemplo para la «comprensión tendencial», que incluso podía observarse cuando lo ajeno no sólo estaba presente, sino que a su vez se manifestaba como algo amenazador y que provocaba cierta inseguridad, es Wu Youru (aprox. 1845-1893), tallador en madera y escritor en un periódico de Shanghai, uno de los enclaves de las potencias imperialistas, en el último tercio del Siglo XIX(739).
Sin ninguna duda, en medio de las reacciones xenófobas y de los intentos de «aislamiento», Wu you-rti no se encontraba solo. Con bastante probabilidad [495] simpatizaba con el «movimiento de auto-consolidación», que en los años sesenta, setenta y ochenta abogaba por un aprendizaje parcial del Oeste, especialmente en los ámbitos de la técnica y de lo militar. Lo que sin embargo le separaba de sus representantes fue su abierta confrontación con todas las particularidades de la cultura occidental, desde el gramófono y el teléfono hasta su modo de proceder en cuanto a las relaciones amorosas y al matrimonio. Se manifiesta irónico, autocrítico, des-enajena lo ajeno por medio de plásticos reproches a la propia tradición, y no en último lugar exhorta constantemente a sus lectores a que siempre tomen partido por su propia identidad cultural.
A su vez Wu You-ru critica el discurso exótico de su época que ilustra con el ejemplo de aquellos japoneses que se operan de los ojos para que sean grandes y redondos como los de los occidentales. Con la frase introductoria:
| El aspecto externo de los seres humanos en los cinco puntos cardinales no es el mismo, y sus costumbres son respectivamente distintas(740). |
consigue transformar la historia ilustrada a la que se alude en una defensa no sólo de a la abnegación, sino también en favor de una tolerancia recíproca. En otra historia ilustrada que lleva por título «¿Quién domina mejor la aritmética(741)?», se trata de un director de banco occidental en Yokohama, quien hace que un japonés con el ábaco y un europeo con lápiz y papel se enfrenten en un concurso de cálculo. El hecho de que un japonés venza sirve a Wu You-ru para remitir a los japoneses a los fuertes de su propia tradición, que también a los europeos puede ser provechosa. Con ello no hace un alarde de superioridad de civilización, sino que ante todo intenta cerciorarse de su propio valor cultural, que está asociado a una gran pérdida de seguridad.
De esta forma, en sus historias ilustradas Wu You-ru se muestra como un admirador de la técnica occidental quien al mismo tiempo se confronta, bajo un punto de vista imparcial, con las costumbres de occidente. Dando un rodeo por lo ajeno, cuestiona lo propio, si bien no está dispuesto a renegar en conjunto de su identidad cultural. Su enfoque consciente del propio valor y al mismo tiempo abierto al mundo le conduce a un criterio, desde el que es capaz de imaginarse el futuro intercambio de culturas con iguales derechos.
Resumen en quince tesis
1. A lo largo de la historia, el trato real con lo extranjero tiene mucha menos importancia que su percepción, es decir, que las imágenes de lo extranjero; de [496] lo que aquí se ha tratado esencialmente es de los étnicamente extraños en contraste con el grupo de «nosotros», no del «extranjero» o «extraño» como el mero desconocido (aproximadamente en el sentido del étranger de Camus) que como individuo se enfrenta a otra individualidad.
2. Las imágenes del extranjero figuran en una escala entre el rechazo/desprecio y «romantización». Asentado en alguna parte entre medias también se trata de la comprensión del extranjero partiendo de sí mismo, con lo cual lo propio sigue manteniendo su valor.
3. Los discursos ejemplificados sobre los extranjeros no se producen necesariamente en su forma pura, sino que por lo general se acotan los unos con los otros. Pueden sostenerse y legitimarse mutuamente como en el caso de un discurso político, moral y relativo a la civilización.
4. Las abundantes descripciones de peinados, vestidos, lenguaje, forma de economía, alimentación y productos locales, utensilios y armas, orden político y jurídico, ponen de manifiesto, por medio de una observación más precisa, formas de sociedad y moral, en el amplio sentido de la palabra. Para ello se considera nuevamente a lo propio como baremo, lo cual evidentemente no conlleva una valoración negativa de por sí: esto ha sido especialmente llamativo en el discurso geográfico-etnográfico.
5. Cuanto mayor sea la distancia, mayor será la (pre)disposición a no valorar, esto es, a no supeditar lo completamente distinto, lo incomparable (discurso mítico y exótico-utópico). A la inversa tiene la finalidad de que con la ampliación del horizonte, con una frecuencia creciente de encuentro y comunicación se desmitologiza, o, mejor dicho, los márgenes de los imperios míticos y utópicos continúan desplazándose hacia el exterior.
6. Hay imágenes de lo extranjero que se afianzan en otro aspecto, lo que generalmente va acompañado del desposeimiento de la normalidad. Un ejemplo en el discurso mitológico: el extranjero está poblado de seres fabulosos, espíritus y demonios y lisiados; pero también es aplicable a un discurso racista, en el que, junto a la fisionomía, la percepción sensorial inmediata, como el olor del cuerpo, desempeña un papel determinante.
7. Imperios universales, como el Estado Universal Chino, someten la igualdad de todos los seres humanos, tanto de los extranjeros como de los nativos. La diferencia estriba en el grado de actualización de su existencia humana (chinos=seres civilizados), esto es, los extranjeros se mueven en un ámbito intermedio entre el desierto/vida incivilizada/existencia animal y civilización/vida civilizada/verdadera existencia humana.
8. Con la transición de fronteras difusas a firmes, lo cual es inherente a la desintegración del estado Universal, cristaliza también una comprensión de lo extranjero y de lo propio más compacta y menos pluralista, que va acondicionando el terreno para la formación de una identidad del estado nacional. [497]
9. Extranjerismos y exotismos se sirven constantemente de lo extranjero como escenario, como objeto de prestigio, sin que tenga lugar una verdadera confrontación con lo extranjero en su singularidad.
10. El hecho de que se empleen imágenes del extranjero utópicas para criticar el propio estado social no significa forzosamente un reconocimiento de lo extranjero.
11. No obstante, el cambio relacionado con el exotismo, romanticismo y utopías parece fomentar en mayor medida la disposición a la interpersonalidad que una atmósfera del «atrincheramiento» y del aislamiento (sociedad Tang, Liezi).
12. Las imágenes de lo extranjero son diferentes:
a) según el estado de su interés, vinculación e indiferencia («hunos»); Taiwan y Japón en diferentes épocas; Sureste asiático, Java)
b) según la situación de la población extranjera (diferencias sociales y dominio del entorno);
c) según la situación de la propia realidad social y política; por ejemplo la cohesión interna en los comienzos de la dinastía Tang (618-906) va acompañada de la apertura al mundo; la debilidad interna de la dinastía Ming (1368-1644) y la alterada identidad cultural de la dinastía Qing (trauma ocasionado por la ocupación de los mongoles y de las potencias occidentales en el siglo XIX) suscitaron aislamiento, xenofobia y racismo;
d) y según «la clase de hombre que sea»: dependiendo de las circunstancias, filósofos o peregrinos trazan imágenes de los extranjeros diferentes a las perfiladas por los hombres de estado, funcionarios locales y militares, y las imágenes de los extranjeros, de los comerciantes y viajeros son, a su vez, otras muy distintas.
13. Designaciones y conceptos sobre lo extranjero reflejan
-cosmovisión (dicotomía entre interior y exterior, Cuatro Puntos Cardinales),
-el grado de «civilización», es decir, el grado de «sinologización» (los crudos/extraños y los cocinados/familiarizados);
-la fisionomía (Madagascar: cuerpos negros como el barniz; pelirrojos=holandeses, el país de los que llevan un tatuaje en el cuerpo, de los que se pintan la cara), los «otros» (yi=raro, extraño)
-el lenguaje (fan-she: los que tuercen la lengua),
-con mayor frecuencia autodesignaciones que se han transliterado fonéticamente al chino; la elección de cada uno de los signos revela el grado de menosprecio y elementos culturales, como por ejemplo leyendas originarias. [498]
14. Más difícil de encontrar es la «tendencia hacia la comprensión»; ante todo es una imagen individual de lo extranjero, presupone conciencia de sí mismo, capacidad de autodistanciarse y de ejercer la autocrítica.
15. Cada uno de discursos encuentra su análogo en la historia europea/occidental -a excepción del discurso religioso, dado que en Europa, lo extranjero se caracteriza por términos claves tales como celo misionero y cruzadas. La confrontación de China con el budismo evolucionó en dirección contraria, es decir, el budismo vino a China. Dicha confrontación no se fundamentaba en los hombres extranjeros, sino en los contenidos de una religión y filosofía ajenas, puesto que al principio el budismo estaba considerado como una variante del taoísmo, siendo «sinologizado» posteriormente con gran presteza. [499]
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[Traducción del alemán: Carmen Gómez]