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Todos saben el amor que este Prelado de tan grata memoria tenía a la Santísima Virgen de Guadalupe: a su piadosa iniciativa y a su enérgica resolución se deben las grandes obras del templo de la Colegiata, que pronto terminarán. El Ilmo. Sr. Labastida tenía grande empeño en que la celestial Imagen de Guadalupe fuese coronada con la mayor solemnidad, como ya se lo había concedido la Santa Sede, y en su tiempo lo había ardientemente deseado tambien el caballero Boturini, pero faltole la vida antes de ver realizados sus piadosos proyectos.
112
La Estrella del Norte, pág. 640. La Virgen del Tepeyac, pág. 116.
113
Era natural de Celaya, y recién ordenado de sacerdote se retiró al lugar desierto de Buenavista, dos leguas al O. de San Luis Potosí, donde 37 años estuvo viviendo como ángel. En la partida de su defunción, el cura le llama venerable, y hice constar que le dio «sepultura en medio del altar mayor, por ser un cuerpo al que se debe toda veneración»
. (Tesoro Guadalupano, t. II, p. 68).
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La Estrella del Norte, núm. 200, p. 383. De él dice Uribe en el párrafo noveno de su Disertación histórico-crítica que «es digno de la mayor fe por su pericia para en el idioma mejicano
y trato con los indios por muchos años»
. La Virgen del Tepeyac, págs. 11 y 344. Santa María de Guadalupe, p. 365. Tesoro Guadalupano, t. I, p. 60: t. II, p. 43. P. Anticoli, Defensa de la Aparición,
p. 71. Cuevas, p. 41. Contestación histérico-crítica, págs. 391 y 454).
El Sr. Lazo de la Vega, que después fue prebendado de la Metropolitana de México, fue siempre muy devoto de la Santísima Virgen de Guadalupe. Siendo Vicario del Santuario del Tepeyac, cubrió en 1648 o 49 el manantial, conocido por el nombre del Pocito, haciendo pintar en los muros hermosos frescos de las Apariciones de María a Juan Diego. (La Estrella del Norte, p. 90). En el sitio en que la Santísima Virgen entregó a Juan Diego las flores, y fue donde se levantó la primera Iglesia, arruinada esta después hasta el punto de haber quedado de ella tan solo viejos paredones, el Lic. Lazo hizo construir una pequeña Iglesia con un altar en que aparecía pintada la celestial Señora en la actitud de entregar las flores a Juan Diego. (Ibid., p. 146). Cuidó con mucha diligencia del aseo y esplendor del Santuario en el adorno de él y en la construcción de altares. (Ibid., p. 660).
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Fue un sacerdote muy instruido en las ciencias sagradas y en las letras, y distinguido por su amor a la Santísima Virgen de Guadalupe. En su obsequio escribió el Escudo de armas de México, El Patronato disputado y la Justa gratulatoria al singular esmero con que celebró México el segundo siglo de la Aparición de Nuestra Señora de Guadalupe, el año 1731.
116
Tornel, t. I, pág. 166. La Virgen del Tepeyac, p. 275.
117
Tornel, t. I, pág. 182.
118
El Dr. D. José Miguel Guridi, Cura del Sagrario Metropolitano se propuso en su Apología de la Aparición de Nuestra Señora de Guadalupe en respuesta a la disertación que la impugna, refutar en 1819 el libro de D. Juan Bautista Muñoz, titulado Memoria sobre las Apariciones y culto de la Virgen de Guadalupe de México, y lo hace con éxito felicísimo. (Tornel, t. I, p. 168).
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De la Disertación Guadalupana, escrita en 1777, por el Dr. D. José Patricio Uribe, decía el Ilmo. D. Fr. Ramón Casaus, arzobispo de Guatemala que «está escrita con tanto tino y tal abundancia de poderosas razones, que ella bastará a dar a conocer a los venideros la superioridad de los talentos de un hombre a quien miraba y oía este reino con respeto y admiración profunda... En cada página me figuré que me impelía a postrarme en tierra y adorar reverente este prodigioso simulacro»
. (Ibid., t. I, págs. 167 y 180. Contestación histórico-crítica, págs. 253 y 463).
120
La Estrella del Norte, núm. 363, pág. 699.