«Silas Marner» de George Eliot, en versión de Isabel de Oyarzábal de Palencia
Gracia Navas
Universidad de Málaga
Capítulo 12
La novela Silas Marner: the Weaver of Raveloe fue publicada el 2 de abril de 1861 en Londres y Edimburgo por la prestigiosa editorial escocesa William Blackwood & Sons. Su autora, George Eliot (1819-1880), pseudónimo usado desde 1856 por la escritora inglesa Marian Evans, era considerada uno de los principales valores literarios del momento junto a figuras de la talla de Charles Dickens, W.M. Thackeray, George Meredith, Elizabeth Gaskell y las hermanas Brontë. El libro recibió críticas muy elogiosas y el éxito de público lo demuestra el hecho de que en septiembre, seis meses después, se habían vendido ya 8000 ejemplares y salía una segunda edición. Ese mismo año se publicaban las correspondientes traducciones al alemán, holandés, sueco y ruso y en 1869 ya existían versiones en francés, danés y finlandés; al finalizar el siglo también se habían publicado traducciones al húngaro, noruego y checo1. En España, en cambio, no aparece la correspondiente traducción hasta 1919, 58 años después de la publicación de la obra original. La primera versión al castellano fue realizada por la malagueña Isabel Oyarzábal de Palencia y publicada en la Colección Universal de la novísima editorial CALPE, fundada el año anterior por el empresario vasco Nicolás María de Urgoiti. Entre el éxito de la novela en su país de origen y su tardía recepción en España se desarrolla un proceso cuyos actores y elementos trataré de situar aquí en su contexto, tras lo cual analizaré los valores del texto traducido.
La traducción fue, precisamente, la primera actividad literaria de Marian Evans, labor a la que pudo dedicarse gracias a su intensa, y en gran parte autodidacta, formación intelectual, que abarcó desde obras maestras de la literatura inglesa hasta materias tan diversas como astronomía, geología, frenología o física, además de idiomas modernos (italiano, francés, alemán y español) y clásicos (latín, griego y hebreo). Por otro lado, su temprana y vehemente inmersión en la doctrina evangélica la había impulsado a leer todo tipo de obras religiosas y a un estudio pormenorizado de la Biblia, pero con el tiempo esto la distanciaría de cualquier dogmatismo religioso y la llevaría a adoptar un agnosticismo tolerante. Con esta preparación, fue lógico que, al entrar en contacto, muy joven aun, con un círculo de intelectuales librepensadores de Coventry, estos la consideraran la persona más adecuada para traducir, primero, The Life of Jesus, Critically Examined (1846) de David Friedrich Strauss2, y posteriormente The Essence of Christianity (1854), de Ludwig Feuerbach3, libros que habían causado conmoción en toda Europa por ser «two of the century's most powerful intellectual assaults on Christian orthodoxy» (Lodge 1973: 7-8). Strauss y Feuerbach pertenecían al conjunto de teólogos y filósofos alemanes dedicados a la crítica histórica y textual de la Biblia que, junto a los avances de la geología y de la teoría de la evolución, estaba socavando las creencias religiosas más ortodoxas (la edad del mundo y la divinidad de Jesús), y provocando el cambio, tan característico del siglo XIX en Occidente, de una ética religiosa a otra secular. Al traducir sus obras, Marian Evans formó parte del grupo de escritores británicos (Samuel Taylor Coleridge, Thomas Carlyle, George Henry Lewis) que difundieron en Inglaterra los inmensos logros del pensamiento alemán a través de reseñas, ensayos, biografías y traducciones de las obras de Kant, Schelling, Goethe, Fichte, Novalis, Hegel... Las traducciones de Marian Evans, meticulosas, eruditas y de gran rigor, fueron altamente valoradas por la crítica, y su influencia en la obra de la futura George Eliot se plasmaría no sólo en el reflejo de las ideas de ambos pensadores en sus novelas, sino también en el virtuosismo estilístico al que indudablemente contribuyó el ejercicio literario de la traducción4. Por otro lado, su aporte a la corriente cultural del momento también se encauzó a través de su trabajo como editora y redactora de la Westminster Review, «the principal forum of progressive thinking in England» (Swinden 1992: 4), lo que le permitió conocer a los más destacados intelectuales de su época y publicar largos y perspicaces artículos sobre literatura, religión, ciencia, sociología y filosofía. También colaboró para otras publicaciones periódicas tan destacadas como Fraser's, Leader y Saturday Review. Estas actividades previas a su labor como novelista impregnarían su obra literaria posterior de gran erudición, complejidad formal y densidad psicológica.
En 1856, con 37 años, empezó a escribir ficción basándose en los recuerdos de su infancia en el paisaje rural de las Midlands. Era un tiempo especialmente afortunado para escribir en Inglaterra, donde la prosperidad económica y la estabilidad política del período Victoriano habían producido un bienestar social que conllevaba, entre otras muchas cosas, la existencia de un público lector muy amplio que se veía estimulado y ampliado por las bibliotecas de préstamo como la conocidísima Mudie's y por las numerosas publicaciones periódicas (All Year Round, Cornhill Magazine, Household Words, etc.) que publicaban reseñas literarias y novelas por entregas. A la vez, la abundancia de autores de primera fila se equilibraba con la existencia de importantes casas editoriales dirigidas por figuras de acusada personalidad y gran cultura que captaban a los mejores escritores del momento y mantenían con ellos amistosas relaciones de por vida. Con George Eliot se trató de John Blackwood, hijo del fundador de una firma que ya había publicado a autores tan importantes como Walter Scott, Thomas Carlyle y Edward Bulwer-Lytton. Blackwood dirigía una revista literaria mensual, Blackwood's Magazine, a la que George Henry Lewis, compañero sentimental de la autora, contribuía regularmente con artículos, y en ella se publicó, en 1856, la primera obra firmada por George Eliot, una historia corta titulada «The Sad Fortunes of the Reverend Amos Barton»; luego se añadirían «Mr Gilfil's Love Story» y «Janet's Repentance» y en 1857 se editaron en formato de libro con el título conjunto de Scenes of Clerical Life. A partir de aquí se suceden con gran éxito Adam Bede (1859), The Mill on the Floss (1860), la historia corta «Brother Jacob», publicada en la Cornhill Magazine ese mismo año, y en 1861 Silas Marner: the Weaver of Raveloe, que cierra la primera etapa creativa de la autora.
Silas Marner es una novela de corta extensión que, al igual que las anteriores, está ambientada en el entorno rural inglés de principios del siglo XIX, con toda la carga nostálgica de un pasado nacional compartido e idealizado, no sacudido aún por los avances tecnológicos o los conflictos sociales y políticos del presente. Es, sin embargo, una obra peculiar y diferente a las anteriores por su especial mezcla de realismo y leyenda y por su argumento apoyado en la casualidad, los paralelismos y el juego especular de personajes, temas y símbolos; es un cuento rústico y, a la vez, una fábula moral, una historia de recompensas y castigos sobre las decisiones éticas y sus consecuencias. La inspiración de esta obra le llegó a la autora mientras escribía Romola, una novela histórica que le exigió un largo y complicado proceso de documentación; a ello se sumaba su difícil situación personal, rechazada por su familia y por la sociedad bienpensante de Londres a causa de su decisión de vivir con George Henry Lewis, un hombre casado que legalmente no podía separarse de su mujer. Escribir Silas Marner fue, pues, un descanso intelectual y un retorno nostálgico a su infancia y al terreno narrativo que tan bien conocía, de ahí que la escribiera de un tirón, en apenas cinco meses. De ahí también su densa geometría argumental que, sin embargo, se lee sin esfuerzo. Inicialmente pensada como un poema, George Eliot decidió luego redactarla como novela para poder insertar toques cómicos, pues era creencia común en la época que la poesía debía ser solemne, pero esa concepción poética inicial le confiere una gran carga metafórica que toda traducción habrá de enfrentar. Para el lector inglés de la época eran evidentes múltiples ecos literarios y legendarios: The Pilgrim's Progress de John Bunyan, el cuento nórdico Rumplestiltskin, la historia bíblica del hijo pródigo, la leyenda del rey Midas de Frigia y el Winter's Tale de Shakespeare; además, el espíritu poético de William Wordsworth está omnipresente en el texto, desde el epígrafe de la portada a citas literales y a las ideas fundamentales del argumento. Por otro lado, y como en obras anteriores de la autora, el dialecto rural está recogido con fidelidad mediante variantes gráficas, algo muy habitual en la literatura inglesa desde siglos atrás, si bien George Eliot ideó algunas variantes específicas para el habla de las Midlands. Asimismo, el lenguaje de la novela está hilvanado de citas, ritmos y alusiones bíblicas, algo natural en una época en la que la religión impregnaba la vida y la imaginería común de autores y público lector. Finalmente, y como no podía ser menos en alguien que había trabajado para la Westminster Review, las simpatías de la autora por la causa radical y su crítica de las clases sociales acomodadas se reflejan en diversos momentos de la novela. Como indica Q. D. Leavis, «[t]here are so many meanings in Silas Marner that it is surprising there was room in such a short space for them all; it is a feat to have wrapped them up with such neatness, charm, poetry and wit» (Eliot 1967: 42).
La recepción crítica contemporánea5 fue casi unánime al afirmar que Silas Marner era una obra tan perfecta como Adam Bede, sólo que más corta. Ello se explica porque tras la cálida acogida de Scenes of Clerical Life, Adam Bede había sido un éxito rotundo, pero después los críticos habían quedado desconcertados con The Mill on the Floss, una obra apasionada de fuerte carga autobiográfica aunque más deficiente estructuralmente. Por eso ahora «sighs of relief were mingled with the paeans of praise» (Carroll 1971: 16). Todos elogiaron la caracterización magistral de los personajes rústicos, llena de humor y simpatía pero sin la condescendencia acostumbrada en otros escritores. Algunos críticos, además, fueron suficientemente perceptivos como para señalar que en un argumento a priori nada intelectual George Eliot había introducido una parodia de los principales temas a debate en los círculos intelectuales de la época. Henry Crabb Robinson escribió en su diario el 19 de abril de 1861 que Silas Marner era «an admirable novel, perhaps George Eliot's best» (Haight 1968: 342). Cinco años después, Henry James consideraba que esta novela «holds a higher place than any of the author's works» (James 1866: 482), y a la muerte de George Eliot, Leslie Stephen alabaría «the charm of that little masterpiece» (Carroll 1971: 470-79); la hija de Stephen, Virginia Woolf, afirmaría en 1921 de George Eliot que «[a]s an artist she was at her best at Silas Marner» (Dessner 1979: 252). Y si bien George Eliot publicaría posteriormente otras obras de mayor complejidad, extensión y altura literaria como Middlemarch o Daniel Deronda, Silas Marner ha permanecido en la imaginación del público lector inglés como un favorito entre los clásicos y ha sido una lectura frecuentemente incluida en los planes de estudio de los institutos ingleses de enseñanza secundaria (Levine 205).
Todavía en vida de la autora se hicieron diversas adaptaciones teatrales de esta obra (Knapp 1986: 443): la versión anónima Effie's Angel (1871), Silas Marner: A Play in Four Acts, de Steele Mackaye (1873) y Dan'l Druce, de W. S. Gilbert (1876); y cuando CALPE publica la traducción de la novela original al español en 1919, ya había sido llevada al cine en cuatro ocasiones: A Fair Exchange (1909), dirigida por D.W. Griffith, y las tituladas Silas Marner de 1911, dirigida por Theodore Marston, de 1913, dirigida por Charles Brabin, y de 1916, dirigida por Ernest C. Warde6.
Como he indicado al principio, esta obra fundamental de la que poco antes de su muerte era considerada en su país «the greatest living writer of fiction» (Nestor 2002: 156) tardó cincuenta y ocho años en traducirse al español. Lo cierto es que en 1919 tampoco se había traducido aún ninguna obra de las hermanas Brontë, Elizabeth Gaskell o Jane Austen. La autora inglesa más traducida al español era Annie Besant, de cuyas obras sobre teosofía existían ya más de 20 traducciones en nuestro país (Navas Quintana 2007: 15-18)7. Independientemente de las implicaciones socioculturales y de los cambios en el canon literario, sorprende, siquiera desde un punto de vista comercial, que ningún editor español hubiese considerado rentable traducir ninguna obra de autoras tan leídas en su país de origen y cuyos libros habían producido pingües beneficios a sus colegas británicos. Lo que es indudable, y probablemente la causa principal en el retraso de la traducción al español de Silas Marner (y de tantas otras obras) era la inferioridad de nuestra industria editorial con respecto a la europea, hasta el punto de que «en algunos países europeos se editaban en español de nueve a diez veces más libros que en España» (Cabrera 1994: 129). Por un lado se había visto afectada a lo largo del siglo XIX por «la pobreza del país [...], la Guerra de la Independencia, la pérdida del imperio colonial americano, las contiendas carlistas y, en general, la inestabilidad política» (Escolar 1988:557); por otro, y debido a las mismas causas, a la falta de lectores: en 1900 el 70 % de la población española se dedicaba a la agricultura y el analfabetismo era del 63 % (Tussell 2001: 211), cifra que aumentaba considerablemente en algunas provincias: Isabel Oyarzábal señala en su autobiografía que hacia 1892 el 85% de la población malagueña no sabía leer ni escribir (Palencia 1940: 42). A pesar de que en el último cuarto de siglo se había desarrollado una de las etapas más brillantes de nuestra etapa cultural, la Edad de Plata8, que se extendería hasta el inicio de la guerra civil en 1936 y que incluyó a los artistas, escritores e intelectuales de las generaciones del 98, del 14 y del 27, en 1901 sólo se publicaron en España 1318 títulos (Cendán Pazos 1972: 119; Escolar 1988: 609).
La situación iría cambiando a lo largo de la primera década del siglo: la creciente industrialización, el aumento de la demografía y las reformas sociales darán como resultado un mayor bienestar social y, en consecuencia, un aumento en el índice de lectura. El panorama editorial se amplía, se publican colecciones de novelas breves a precios muy asequibles con gran éxito de público, como El Cuento Semanal, se crean editoriales de impronta más avanzada, como Renacimiento y Biblioteca Nueva, y se fundan organismos de protección de autores y de fomento de la industria del libro. Pero es en 1918 cuando aparece la primera gran editorial española moderna, CALPE (Compañía Anónima de Librería, Publicaciones y Ediciones). Su promotor fue Nicolás María de Urgoiti (1869-1951), un ingeniero vasco del sector de la industria papelera.
Urgoti había comenzado en 1892 su trayectoria profesional como ingeniero en una modesta fábrica de papel de Rentería, pero sus intereses y su gran valía personal le encaminaron progresivamente a tareas organizativas y empresariales. Desarrolló una intensa actividad dirigida a racionalizar una industria que había encontrado atomizada en multitud de pequeñas fábricas poco rentables y que dependían de la importación de materias primas. Sus esfuerzos dieron lugar a la creación de La Papelera Española (LPE) en 1914, trust de fábricas del papel que se convirtió en el principal productor nacional, y a un conjunto de empresas filiales que permitieran controlar todo el proceso de producción, desde la plantación de árboles para la obtención de madera hasta una central de ventas. El mercado interior del papel era tan reducido que desde muy pronto pensó en participar en empresas editoriales para fomentar la demanda. Por otro lado, Urgoiti no sólo era un gran empresario, sino también una persona de profunda curiosidad intelectual y altos principios; había realizado numerosos viajes al extranjero, sentía pasión por la lectura y se interesaba por los más diversos temas científicos y humanísticos. En él se aunaron intereses empresariales y compromiso personal con la modernización de España y por ello promovió, sucesivamente, la fundación de una serie de sociedades relacionadas con las artes gráficas y la prensa: en 1913, Prensa Gráfica, editora de las publicaciones Nuevo Mundo, Mundo Gráfico, Por Esos Mundos y La Esfera; en 1917, el diario El Sol, que tuvo como colaboradores a los intelectuales más renombrados del momento bajo el liderazgo indiscutible de Manuel Ortega y Gasset, amigo personal de Urgoiti, y que hasta su cierre en 1931 fue el diario más progresista del país9; en 1918 fundó la editorial CALPE, en 1920 el vespertino La voz y en 1923 la librería Casa del Libro en la Gran Vía madrileña.
CALPE se constituyó el 1 de junio de 1918 con un capital inicial de 12 millones de pesetas aportados por LPE. Se estableció desde el principio un amplio programa de colecciones dirigidas por destacados colaboradores que también escribían para El Sol, agrupadas por secciones temáticas: geografía y viajes, historia, ingeniería, pedagogía, medicina, literatura, etc. Dentro de la sección de literatura se abrieron 9 colecciones: Colección Universal, Colección Contemporánea, Clásicos Castellanos, Los Humoristas, Los Poetas, los Nuevos, Obras de Cervantes, Obras de Shakespeare y Biblioteca Blanca. La que más nos interesa, no solo porque incluye la obra que vamos a analizar, sino por el éxito y la continuidad que tuvo, es la Colección Universal, dirigida por Manuel García Morente (1886-1942)10.
Hijo de terratenientes andaluces, Morente se había licenciado en letras por la universidad de la Sorbona y después se doctoró en filosofía en la Universidad Central de Madrid; posteriormente fue becado por la Junta para Ampliación de Estudios para seguir formándose en Marburgo, Berlín y Munich, donde coincidiría con otros pensionados como Ortega y Gasset y Julián Besteiro. Más tarde fue profesor en la Institución Libre de Enseñanza y en 1912 obtuvo la cátedra de Ética de la Universidad Central de Madrid. Además de escribir producción propia, Morente realizó una amplia labor de traducción de autores clásicos y modernos alemanes: Kant, Descartes, Spengler, Worringer, Brentano, Leininger, Goetz, Rickert... Se le incluye en la generación del 14, integrada por escritores, políticos, médicos, artistas, historiadores y músicos (Ortega, Madariaga, Azaña, Castro, D'Ors, Araquistáin, Gómez de la Serna, Miró, Falla, Camba...). En 1919 fue elegido vicepresidente de la sección de Filosofía del Ateneo de Madrid, siendo presidente Ortega. Su amistad con éste y su esmerada formación le aseguraban un puesto de colaborador permanente en las empresas editoriales de Urgoiti, de ahí que se le encargase la Colección Universal, para la que tradujo, entre otras obras, los Opúsculos filosóficos de Leibnitz (número 48), y la Fundamentación de la metafísica de las costumbres de Immanuel Kant (números 511-512). Al diseñar esta colección su objetivo fue poner al alcance del público español lo que ya existía en otros países: «ediciones limpias, claras y accesibles de los clásicos universales» (Sánchez Vigil 2005: 301).
La «Colección Universal» se empieza a publicar en julio de 1919 a un precio que oscilaba entre 30 céntimos y 1,20 pesetas el volumen en función del número de páginas, cantidad irrisoria que anulaba toda competencia posible, pues las colecciones que las otras editoriales (Renacimiento, Calleja, Sopeña, etc.) estaban ofreciendo al público costaban de 2 a 3,5 pesetas el volumen (Barreré 1989: 157-158). Cada título ocupaba dos o más números, pues cada número equivalía a unas 100 páginas (por ejemplo, el volumen de Silas Marner, que tiene 311 páginas, ocupa los números 58-60); se publicaban 20 números al mes, lo que equivalía a cuatro o cinco títulos; eran libros de tamaño reducido (15 x 10,5 cm), tenían una presentación cuidada y estaban encuadernados en rústica11. Con esta colección de precio reducido, rápida periodicidad y pequeño formato, la editorial CALPE «se constituía así en pionera del paper-back o libro de bolsillo en el mundo» (Mainer 1975: 85). Estaba dedicada a literatura española y extranjera, tanto ficción como ensayo, de todas las épocas. El primer catálogo de la colección aparece en 1921 y señala 82 títulos de novela, 11 de cuentos, 24 de teatro, 4 de poesía, 15 de memorias y viaje y 21 de filosofía, historia, política, pedagogía y temas varios. Hasta 1925, año en que CALPE se fusionó con Espasa, se publicaron en esta colección 287 títulos. Espasa-Calpe retomó la colección en 1926 y la continuó hasta 1935, en que publicó el último número, El Comendador Mendoza de Juan Valera; en 1937 fue sustituida por la Colección Austral, que aún sigue vigente.
El plantel de traductores era muy amplio y estaba formado por destacados intelectuales y escritores, especialistas en diversas materias, vinculados a las empresas editoriales de Urgoiti y de Ortega y Gasset: Luis Astrana Marín, Félix Lorenzo, Cipriano Rivas Cherif, Alfonso Reyes, Nicolás Tasin, Enrique Díez-Canedo, Ricardo Baeza, Manuel Azaña, Margarita Nelken, Isabel de Palencia, Pedro Salinas, Julio Huici, Francisco Rivera Pastor, etc. Sus nombres siempre aparecían en la portada, como una garantía más de rigor y prestigio, de modo que a la importancia de los autores se añadía la talla intelectual de los traductores. Sánchez Vigil indica lo que se pagaba por las traducciones: 4 pesetas por traducción de mil palabras del francés, portugués e italiano, 6 pesetas del inglés y 8 del alemán (346), unas tasas más que estimables para la época. Urgoiti había establecido como uno de los objetivos de CALPE traducir lo mejor de la literatura universal «con un estricto espíritu de lealtad, sin mermar para fines lucrativos ni una sola línea de las que el autor respectivo juzgó necesario estampar en sus libros» (Sánchez Vigil 2005: 76) y J. Deleito y Piñuela elogió en la época las «esmeradas traducciones» realizadas por «un cuerpo de excelentes traductores, que dan a los libros extranjeros puestos en castellano la impresión de ser originales» (264-266); hoy día, no obstante, Rafael Martín-Gaitero opina que en la Colección Universal «se entremezclaron notables traducciones con impresentables versiones, mutiladas a veces» (Martín-Gaitero 1999: 80).
Manuel García Morente asignó a Isabel Oyarzábal la traducción de Silas Marner de George Eliot y La Abadía de Northanger de Jane Austen. Su elección como traductora para la Colección Universal era lógica, pues Isabel era colaboradora habitual de las publicaciones fundadas por Urgoiti, ya había traducido otras obras del inglés y conocía bien la literatura inglesa. Además, tenía una amplia cultura y numerosos contactos sociales, hablaba inglés y francés, había viajado al extranjero y trabajaba como corresponsal para periódicos ingleses, pertenecía a diversas asociaciones culturales y políticas y, a tono con el aire de los tiempos, impartía conferencias en centros populares, principalmente sobre temas relacionados con la mujer.
Había nacido en Málaga el 14 de junio de 1878 en el seno de una familia burguesa. Su padre era Juan Oyarzábal y Buccelli, andaluz de ascendencia vasca, católico y educado en Inglaterra, y su madre era Ana Smith Guithrie, escocesa nacida en Glasgow y de religión protestante. Isabel y sus hermanos vivían en un hogar donde se hablaba español e inglés, sus padres tenían sus amistades en el círculo de los residentes británicos y los niños conocían los ritos de ambas religiones. Isabel estudió como interna en el convento de la Asunción de Málaga, al pie de Gibralfaro, desde los siete a los catorce años, y allí, según cuenta en su autobiografía12, estaban obligadas a hablar en el idioma de la profesora de turno, inglés o francés. Durante las vacaciones en casa estaban a cargo de una institutriz francesa y en ocasiones viajaban a Escocia a visitar a la familia materna. Esta educación en idiomas modernos sería clave para su futuro.
Desde muy joven se interesó por el teatro. En 1898 participó en un grupo de teatro local que recababa fondos de ayuda para los soldados repatriados del desastre de Cuba. A principios de siglo siguió pasando los veranos en Inglaterra y Escocia y conociendo a interesantes personalidades, como la actriz Ellen Terry, la bailarina Ana Pavlova y el actor Sir Henry Irving. Isabel había traducido del inglés dos conferencias de este último, «The Theatre such as it is» y «The Art of Acting», y él le escribió en una carta que dichas traducciones «are I am sure much more interesting in their Spanish dress than in the original» (Palencia 1940: 63). Cuando Isabel volvía de estos viajes el ambiente provinciano de Málaga la asfixiaba. Leía a los grandes dramaturgos españoles del Siglo de Oro, memorizaba sus textos, comenzó a entrenarse escribiendo sus propias obras. En 1905 vino a Málaga la compañía de la gran actriz María Tubau y de su marido, el autor Ceferino Palencia; les acompañaban sus hijos Ceferino y Julio. Isabel fue presentada a la familia, asistió a las funciones cada noche y los trató durante los días que permanecieron en la ciudad; tras conocer su intención de ser actriz, le ofrecieron hacer una prueba para trabajar en la compañía. Acompañada de su madre y con la indignada oposición del resto de la familia, marchó a Madrid en octubre de 1905.
En enero de 1906 participó con un pequeño papel en el estreno de Pepita Tudó, escrita por Ceferino Palencia, pero las bajas recaudaciones y la delicada salud de María Tubau obligaron al cierre del teatro; Isabel solo volvió a actuar en una gala en el palacio de El Pardo que celebraba la boda de Alfonso XIII con Victoria Eugenia de Battenberg. Después se dedicó a editar una revista femenina, La Dama y la Vida Ilustrada, junto con su amiga Raimunda Avecilla y su hermana Ana Oyarzábal; esta publicación comenzó su andadura en diciembre de 1906, tenía secciones dedicadas a teatro, moda, música, etc., e incluía, según sus propias palabras, «sickeningly sentimental novels, generally translations from the British mid-Victorian period» (114). A pesar del plural que ella misma utiliza, un escrutinio concienzudo de dicha revista revela que solo incluyó la traducción de una novela, Dafne, sin indicar autor y con la única aclaración de «novela traducida del inglés por Isabel de Oyarzábal». Isabel escribía la mayor parte del contenido de la revista, «but under different names» (81)13. Mientras, había comenzado a trabajar como corresponsal para la agencia de noticias londinense Laffan News Bureau y poco después para el diario londinense The Standard, trabajos para los que le resultaban muy útiles sus múltiples relaciones sociales. Esta actividad supuso para ella una toma de contacto con la realidad de la época y un despertar de su conciencia política y social; estaba convencida de que la iglesia y el ejército habían sumido al país en la miseria y la ignorancia. De todo ello resultó su adhesión a posiciones de izquierda y una progresiva implicación en el incipiente movimiento feminista. Su casa se había convertido en centro de reunión de intelectuales, poetas, escritores y artistas. Animada por ellos, fue la primera mujer en dar una conferencia en el Ateneo madrileño, en 1908, que versó sobre el actor inglés Sir Henry Irving y su concepción del teatro. En 1909 se casó con Ceferino Palencia Álvarez, hijo de María Tubau, con el que tendría dos hijos, Ceferino (1910) y Marisa (1914).
Siguió traduciendo, y de esta época menciona expresamente en su autobiografía la traducción que hizo de los volúmenes quinto y sexto de la obra Estudios de psicología sexual de Havelock Ellis. También comenzó a publicar con regularidad artículos en revistas españolas y extranjeras: The Peninsular and Pyrenean, Blanco y Negro, El Heraldo, Nuevo Mundo y La Esfera. Cuando en 1917 Urgoiti fundó el periódico progresista El Sol, Isabel colabora desde el principio con un artículo diario para la sección «Crónicas femeninas» bajo el pseudónimo Beatriz Galindo14, nombre de la que fue preceptora y consejera de Isabel la Católica, y a la que llamaban La Latina por su dominio del latín, idioma que enseñó a la reina y en el que escribió algunos poemas. En 1920 la editorial Viuda de Pueyo publica su traducción de La nueva revelación de Arthur Conan Doyle15. De esta época datan las traducciones de Isabel Oyarzábal para CALPE: Silas Marner de George Eliot (1919) y La Abadía de Northanger de Jane Austen (1921), primeras versiones al español de obras de grandes escritoras inglesas prácticamente desconocidas en nuestro país, que se enmarcan dentro de la importante labor de renovación de la lectura, la literatura y el mercado editorial que estaba realizando CALPE, pero que tampoco puedo dejar de relacionar con la creciente actividad de Isabel en temas relacionados con la mujer, sobre los que se la solicitaba cada vez más como conferenciante. En 1918 se había formado la Asociación Nacional de Mujeres Españolas (ANME) y en junio de 1920 Isabel era elegida vicepresidenta. También fue vicepresidenta, junto con Victoria Kent, del Lyceum Club Femenino, fundado en 1926 y que contaba con María de Maeztu como presidenta y Zenobia Camprubí como secretaria. En 1929 preside la Liga Femenina Española por la Paz y la Libertad.
La década de los 20 también vio sus inicios como autora de novela, teatro y ensayo: en 1921 publica El alma del niño. Ensayos de psicología infantil, en 1923 aparece su novela El sembrador sembró su semilla (bajo el pseudónimo Beatriz Galindo) y en 1926 se publican en formato de libro las conferencias que había impartido en París, Londres y diversas ciudades de Estados Unidos sobre indumentaria y folclore español bajo el título El traje regional en España: su importancia como expresión primitiva de los ideales estéticos del país. Ese mismo año se estrena su obra dramática Diálogos con el dolor en el teatro de cámara de la casa de los Baroja, proyecto al que Valle-Inclán llamó «El Mirlo Blanco» y que dirigía Cipriano Rivas-Cherif. En 1931 publica junto con Luis Lozano Rey La fiesta taurina y su urgente e inexcusable dulcificación. Su labor de traducción continúa con obras de muy diverso calibre: en la revista Blanco y Negro publica a lo largo de 1927 la traducción por entregas de Julia aprovecha la ocasión, de Concordia Merrel16, traducción que en 1929 aparecería como libro en la colección «La novela rosa» de la editorial Juventud; el 20 de enero de 1931 se estrenó en el Teatro Fontalba de Madrid la obra teatral Anna Christie de Eugene O'Neill en traducción de Isabel Oyarzábal17; y también en esta época traduce para la editorial España una obra de Francis Hackett, El rey Barba Azul: Enrique VIII y sus mujeres (1931) y otra de Edward Westermarck, Historia del matrimonio (1932).
Su implicación política aumenta a medida que se precipitan los acontecimientos en España. En 1929 había comenzado a trabajar como corresponsal para el diario inglés Daily Herald, que en 1930 publicó en primera página y en exclusiva las fotos que Isabel hizo en la cárcel al comité Revolucionario Republicano. En 1931, tras proclamarse la Segunda República, es nombrada traductora del Comité Organizador de la XX Sesión del Instituto Internacional y en 1932 la Organización Internacional del Trabajo la integra en el Comité de Expertos para el Trabajo Femenino. Al año siguiente se la designa miembro de la delegación española, presidida por Salvador de Madariaga, en la Sociedad de Naciones, y fue la primera mujer que en este foro internacional actuó como ministro plenipotenciario de su país. Se dedicó al estudio del derecho internacional y laboral y en 1933 se convirtió en la primera mujer inspectora de fábricas en España tras aprobar un concurso oposición. Ese mismo año ingresa en el Comité Nacional de la Asociación de Mujeres Antifascistas Españolas. Al estallar la guerra civil, noticia que cubrió para el Herald, se la nombra miembro de la Comisión de Auxilio Femenino, que abastecía al ejército republicano en el frente, y más tarde viaja a Ginebra como delegada en la XVII Asamblea de la Sociedad de Naciones. El 23 de octubre de 1936 el Ministerio de Estado la designa Ministro Plenipotenciario de segunda clase con destino en Estocolmo. Antes de comenzar este mandato cumplió dos encargos del gobierno legítimo: defender la causa de la República en el extranjero, primero en Inglaterra, en la Conferencia del Partido Laborista Británico que se celebraba en Edimburgo, y luego en Estados Unidos y Canadá, países por los que realizó una gira de 53 días por 42 ciudades en la que recaudó doscientos mil dólares para la causa republicana.
Su mandato en Suecia comenzó en 1937 y se extendió también a la supervisión de las relaciones con Finlandia, Noruega y Dinamarca; se centró en una intensa labor de diplomacia comercial que asegurase la llegada de productos nórdicos al territorio controlado por la República. Al terminar la guerra se exilió en México, «the only country that had thrown open its doors to our people» (461); tenía ya 61 años, pero continuó trabajando como traductora, conferenciante, periodista y escritora, además de ingresar en diversas asociaciones y movimientos feministas y sociales. Como hicieron tantas otras figuras del exilio español, para quienes la literatura se convirtió en espacio público de la memoria y de defensa de los ideales republicanos, Isabel Oyarzábal publicó dos obras apologéticas: / Must Have Liberty (1940), su autobiografía, y Smouldering Freedom: the Story of the Spanish Republicans en Exile (1945), que también incluía numerosos pasajes autobiográficos. Además, escribió Alexandra Kollontay, Ambassadress from Russia (1947), una biografía de la embajadora de la Unión Soviética en Suecia con la que trabó gran amistad al coincidir ambas en Estocolmo. Asimismo, escribió dos cuentos infantiles, Saint Anthony's Pig (1940) y Juan, Son of the Fisherman (1941), ambos ilustrados por su marido Ceferino Palencia. Todas estas obras fueron escritas directamente en inglés y publicadas por la editorial Longmans, Green and Co. En México publicaría la recopilación de obras dramáticas Diálogos con el dolor: ensayos dramáticos y un cuento (1948) y una novela, En mi hambre mando yo (1959). La traducción siguió siendo una fuente de ingresos y tradujo obras de todo tipo, del francés y del italiano, como El buen mozo, de Guy de Maupassant (1945) o La cuchara de plata: libro de cocina, compilado por Vera Rossi Lodomez y Franca Matricardi (1965). Isabel Oyarzábal murió con 96 años, en 1974, un año antes que Franco. Nunca regresó a España.
Su figura se está redescubriendo en los últimos años gracias a los trabajos de diferentes investigadoras, que recojo en el apartado 3 de la biblografía18. Además, recientemente se han reeditado dos obras suyas: la Asociación de Directores de Escena de España ha publicado una nueva edición de Diálogos con el dolor a cargo de Carlos Rodríguez Alonso, y la editorial sevillana Mono Azul ha reeditado En mi hambre mando yo, con prólogo del escritor Jorge Martínez Reverte. Pero aún quedan muchas obras suyas sin publicar y que se conservan, en formato manuscrito o en cuartillas mecanografiadas, tanto en español como en inglés, en la biblioteca de la Universidad Nacional de México (Rodrigo 2003:281). A Isabel probablemente le habría gustado saber que, más de 30 años después de su muerte, una novelista española de éxito pondría en boca de la protagonista de su última novela estas palabras dedicadas a ella: «Era una mujer cultísima que tenía la firme convicción de que era posible cambiar el mundo»19.
Se distinguen dos áreas bien diferenciadas de la actividad traductora de Isabel Oyarzábal. Por un lado está la labor relacionada con organismos internacionales y con su actividad política en defensa de la República: fue traductora del comité organizador de la XX Sesión del Instituto Internacional en 1931, participó en reuniones de la Organización Internacional del Trabajo y de la Sociedad de Naciones, y posiblemente fue ella la que tradujo al inglés el discurso que pronunció en la conferencia del Partido Laborista Británico celebrado en Edimburgo en 1936 y que se publicó bajo el título de «The Agony of Spain: socialist appeal to British democracy: Spanish envoys tell the facts, señora Palencia, señor Asúa». Por otro lado están sus traducciones de novela, ensayo y teatro, que para ella no fueron más que otra actividad remunerada añadida a sus trabajos como periodista, escritora y conferenciante. Los comentarios al respecto en su autobiografía suelen ser vagos y apresurados: «That summer I had more translations to do» (Palencia 1940:120), «I was finishing a translation and could not go» (126). Sólo proporciona datos sobre autor y título en dos ocasiones: la traducción de Havelock Ellis, que le llevó varios meses «and helped the pot boiling at home» (114), recibe una mención especial porque supuso para ella, cuya propia educación sexual había sido prácticamente inexistente hasta su matrimonio, un importante aprendizaje personal: «Even after I was a wife I was still kept in the dark about many things, such as specific diseases and aberrations of all kinds. Havelock Ellis opened my eyes so suddenly to these phenomena that for months I suffered from the shock» (115). Y más adelante se advierte el orgullo con que cuenta «[t]hat winter my translation of Eugene O'Neill's play Anna Christie was produced in Madrid, and it was a success» (195). Pero lo normal es que se refiriese a la traducción como algo que ella, o algún familiar, hacían para conseguir ingresos extra: poco antes de la guerra civil, su marido trabajó en París como traductor de español para la Paramount Film Company, traduciendo historias sentimentales que le parecían absurdas, «but at least he had something to do» (187); y años después, ya en el exilio, su sobrino Juan Oyarzábal, «finding nothing else to do», se dedicó a escribir e incluso hizo traducciones, «even of English hymns into Spanish» (470). Hay, finalmente, un pasaje en Smouldering Freedom donde refiere las ocupaciones de supervivencia a las que intelectuales y militares republicanos tuvieron que dedicarse en los primeros y duros tiempos del exilio mexicano: el historiador Ramón Iglesias trabajó como camarero en un restaurante barato, hubo oficiales del ejército republicano reducidos a vender medias de seda o aceite de oliva, otros se dedicaron a actividades ganaderas y agrícolas, y hasta el coronel Patricio Azcárate, hermano del embajador de la República en Londres, «was doing translations» (Palencia 1945: 115).
Ella misma había traducido todo tipo de libros, lo que las editoriales le ofrecieron: ensayos sobre sexualidad o antropología (H. Ellis, Westermark), grandes novelas inglesas (George Eliot y Jane Austen), espiritismo (Conan Doyle), teatro (Eugene O'Neill), incluso novela rosa (Concordia Merrel) y libros de cocina. Tradujo sobre todo del inglés, pero también del francés y del italiano. En total, he encontrado referencias bibliográficas de diez traducciones firmadas por ella (véase apartado 2.2 de la bibliografía final), de las cuales dos, las conferencias de Sir Henry Irving, no consta que se hayan publicado. Pero probablemente realizó muchas más: por un lado, ella misma se declara, en su autobiografía, autora de la traducción de los volúmenes 5 y 6 de la obra sobre psicología sexual de Havelock Ellis, pero estas traducciones se publicaron bajo el nombre de su marido20. Antonina Rodrigo, una de las estudiosas que más ha investigado sobre Isabel Oyarzábal, menciona que «el desamparo jurídico de la mujer en España» hacía que, por ejemplo, los derechos de autoría de Isabel por su libro El sembrador sembró su semilla (1923) se pagasen mediante factura extendida a nombre de Ceferino Palencia (Rodrigo 2003: 270). Es posible, por tanto, que fuese la autora de otras traducciones publicadas bajo el nombre de su marido. Por otro lado, de su etapa en el exilio mexicano (1939-1974) he encontrado dos traducciones, una obra de Maupassant y un libro de cocina de dos autoras italianas, publicados en 1945 y 1965 respectivamente, pero ella misma afirma en Smouldering Freedom, publicado en 1945, que desde su llegada a México había hecho tres traducciones del inglés al español (Palencia 1945: 210), es decir, que además de la obra de Maupassant, traducida del francés, hizo otras tres traducciones que desconozco, pues ni ella las menciona expresamente ni he podido encontrarlas en ningún catálogo español, mexicano o estadounidense.
Su figura de traductora se perfila como prototípica de la época: una persona culta criada en una familia acomodada, que vivía en Madrid y se codeaba con políticos, intelectuales y artistas, que había viajado al extranjero y conocía idiomas modernos, y que daba conferencias, escribía libros, traducía todo tipo de textos, publicaba en los diarios de actualidad y terminó involucrándose en política antes y durante la República. No olvidemos que traductores del inglés fueron, también, Margarita Nelken (Oscar Wilde), Julián Besteiro (John Ruskin) o Manuel Azaña (G.K. Chesterton).
Para establecer la edición de la obra original en que se basa la versión de Isabel Oyarzábal he recurrido al estudio textual que David Carroll, uno de los estudiosos contemporáneos que más ha trabajado sobre George Eliot, preparó para la edición moderna de Penguin del año 200321. Según Carroll, en abril de 1861 se publicó la primera edición, que contenía variantes con respecto al manuscrito, y en septiembre una segunda edición con correcciones. En 1863 aparece una tercera edición sin nuevas modificaciones y en 1868 una «cheap edition» también sin correcciones, ambas basadas, por tanto, en la segunda edición de 1861. Finalmente, en 1878 aparece la «Cabinet edition» con nuevas y cuidadosas correcciones. Estas son las ediciones que aparecieron en vida de la autora y que ella corrigió personalmente. Carroll ha comparado las ediciones con variantes, que serían el manuscrito, la primera edición (1861), la segunda edición (1861) y la «Cabinet edition» (1878) y ofrece un listado de variantes textuales. Lo cierto es que, aunque el profesor Carroll habla de «substantive variants» entre unas ediciones y otras, a efectos de la traducción del texto las diferencias son prácticamente irrelevantes: por ejemplo, honest folk/honest folks, passing into rain/ turning into rain, it's worse/it was worse, etc. No obstante, he comparado el listado completo de variantes con la traducción de Oyarzábal y sólo he encontrado dos cuya combinación con la traducción parece lo suficientemente significativa como para indicar que la versión española se basa en la segunda edición de 1861:
|
Jennings (mss y 1.ª ed.) the stable-keeper (2.ª ed. y Cabinet ed.) dueño de las caballerizas (Oyarzábal) |
Insisto, en cualquier caso, en que las diferencias entre ediciones son mínimas, por lo que las citas al texto original (TO) las haré a partir de la edición más fácilmente accesible hoy en día, la preparada por Carroll y publicada por Penguin en 2003 (que es la Cabinet Edition original de 1878 con muy escasas modificaciones). No obstante, se puede consultar en formato electrónico el texto íntegro de la primera edición de 1861 publicada por Blackwood en el catálogo de la biblioteca de la Universidad de Málaga22 y en formato libro, en España, en la Biblioteca Pública Episcopal del Seminario de Barcelona23. Las citas de la traducción son de la edición de 1919 de CALPE, un ejemplar de la cual puede consultarse en la Biblioteca General de la Universidad de Málaga (signatura BG G/B/421) o adquirirse en diversas librerías especializadas en libros antiguos y descatalogados24.
La versión que hizo Isabel Oyarzábal de Silas Marner para la Colección Universal fue la primera traducción íntegra al castellano de una obra de George Eliot. Sé que este tipo de afirmaciones exige una cierta cautela, pues coincido con Juan Ignacio Ferreras en que
| (Ferreras 9) | ||
Por fortuna, la reciente aparición en internet del proyecto Prensa Histórica Española25 del Ministerio de Cultura permitirá en un futuro realizar este tipo de búsquedas. Por el momento, yo he me ceñido a un rastreo sistemático en catálogos colectivos de bibliotecas españolas, europeas y americanas accesibles a través de internet, en catálogos de librerías de ocasión también disponibles en línea, y en fuentes impresas como los repertorios bibliográficos de Palau26, Hidalgo27, Celma Valero28 y Baker y Ross29 para buscar posibles traducciones al español anteriores a 1919 de Silas Marner o de cualquier otra obra de George Eliot. Solo he podido encontrar y adquirir un resumen novelado en español de Felix Holt el radical (como autor se indica «Jorge Elliot») publicado en el Folletín de la Imprenta del Diario de Barcelona a finales del siglo XIX, encuadernado en volumen conjunto con otras «obras» (en realidad, son resúmenes) de W. Harrison Ainsworth (Guild-Court), Jorge Mac Donald (Crichton) y M.E. Braddon (El secreto de Miss Aurora), bajo el título ficticio de Obras varias. La autoría de estas traducciones resumidas es anónima. Pero se trata, insisto, de resúmenes de unas 30 páginas a doble columna, no versiones completas de las obras originales (de hecho, Felix Holt aún no se ha traducido al español). Por otro lado, la traducción de Oyarzábal ha sido plagiada en mayor o menor medida en una serie de «traducciones» posteriores, de modo que parece ser un texto de referencia básico. Se puede afirmar, pues, que la versión de Isabel Oyarzábal de Palencia fue, según todos los indicios, la primera que se publicó en español. Digo «en español» y no «en España» porque la versión al catalán realizada por Josep Carner para la Editorial Catalana es de datación dudosa, ya que el libro no trae fecha y las fuentes no coinciden: Palau la sitúa en 1920, la Biblioteca de Cataluña fecha su ejemplar en 1918, y el repertorio de Baker y Ross la ubica en 1915 como dato probable no confirmado.
Por otro lado, aunque Isabel Oyarzábal hablaba por igual inglés y francés y la edición de CALPE indica expresamente en la portada «La traducción del inglés ha sido hecha por Isabel Oyarzábal», he cotejado esta traducción con las cuatro traducciones francesas que existían en 1919 (Baker y Ross 2002: 165-166), y se puede descartar que su versión sea una retraducción del francés.
En la portada, el título de la obra se acorta con respecto al TO: Silas Marner: the Weaver of Raveloe pasa a ser Silas Marner: novela. La extrañeza que suscitaría el topónimo en el lector español impulsa a omitirlo. La aclaración «novela» como subtítulo es característica de la Colección Universal, que sistemáticamente añade a sus títulos un sustantivo que identifique el género de la obra: «novelas breves», «memorias», «comedia», «drama», «tragedia», «ensayo filosófico», etc., excepto aquellos casos en que el propio título de la obra ya incluye alguna palabra definitoria: Novelas ejemplares de Cervantes, Filosofía del arte de H. Taine, Cuentos del lunes de A. Daudet, etc. En esto sigue prácticas editoriales habituales a lo largo del XIX.
El TO incluía en su portada tres líneas del poema Michael de William Wordsworth, que había sido publicado en la segunda edición de The Lyrical Ballads en 1800 (Swinden 1992: 23): «A child, more than all other gifts / That earth can offer to declining man / Brings hope with it, and forward-looking thoughts». Wordsworth era el poeta favorito de Marian Evans, que no dejó de leerlo durante toda su vida; a los 21 años escribió sobre su obra «I never before met with so many of my own feelings, expressed just as I could like them» (Haight 29). De hecho, ya había utilizado otra cita suya para la portada de Adam Bede. Cuando Blackwood leyó la primera parte de Silas Marner, le pareció triste y deprimente y la autora respondió «I should not have believed that any one would have been interested in it buy myself (since William Wordsworth is dead) if Mr. Lewes had not been strongly arrested by it» (341). El texto de Silas Marner está imbuido de las ideas, el vocabulario y los sentimientos del poeta: la noción del presente enraizado en el pasado, la imagen del niño-ángel cuya mirada simboliza la regeneración espiritual tras una crisis interior, la vida humilde como materia principal de la verdadera poesía, la alegría asociada a la naturaleza y el valor de los afectos humanos primarios. Hasta tal punto George Eliot consideraba que su público identificaba estos valores con la poesía de Wordsworth que temía que la cita de Michael en la portada desvelase el argumento al lector de Silas Marner (Dunham 1976: 646). La edición de CALPE, no obstante, omite esa cita que nada habría sugerido a un lector español de la época, pues la única traducción del poeta romántico inglés que se había publicado en España era un librito de 62 páginas con una selección de sus poesías30.
Lo cierto es que la portada de la edición de CALPE ya adelanta mucho de lo que serán las características principales de la traducción: omisión en el título de un topónimo extranjero, omisión de una cita literaria ajena a la cultura española de la época (Wordsworth), adición del sustantivo «novela» como subtítulo explicativo, indicación expresa del idioma original del texto. Recordemos que Manuel Morente planteaba como objetivo de la Colección Universal ofrecer a los lectores «ediciones limpias, claras y accesibles de los clásicos universales», y que la colección estaba destinada a la conquista de un público muy amplio.
La traducción consta de un prólogo anónimo con una breve semblanza de la autora, a la que agrupa con otras escritoras de «la primera mitad del siglo XIX»: Jane Austen, Charlotte Brontë y Elizabeth Gaskell, aunque lo cierto es que estas dos últimas, al igual que George Eliot, publicaron en la segunda mitad del siglo. Se reseñan brevemente las obras principales de George Eliot, entre ellas Félix Golt (la errata se mantendrá en la reimpresión de la obra de 1935 publicada por Espasa-Calpe), aunque no hay mención alguna a Middlemarch, y se presenta la novela Silas Marner como «la más ponderada y perfecta de su autor», «la que goza de mayor renombre y estimación entre todas las obras de George Eliot». Esto se explica por el cambio producido a lo largo del siglo XX en la valoración de sus obras. Aún no se había publicado el artículo que Virginia Woolf escribió en noviembre de 1919 para el Times Literary Supplement en el que ensalzó Middlemarch como «one of the few English novels written for grown-up people» (Nestor 2002: 158) y todavía prevalecía la opinión de Henry James que describía Silas Marner como la obra más perfecta de George Eliot. De hecho, el volumen se cierra con unas páginas de publicidad de la editorial y un listado de las obras publicadas en la Colección Universal hasta el momento, y Silas Marner era la segunda obra inglesa seleccionada (la primera había sido El Vicario de Wakefield, de O. Goldsmith). Es indudable que la fama de esta novela de George Eliot justificaba que fuera una de las primeras obras de la literatura inglesa elegida para una colección de clásicos universales, pero probablemente otros dos factores fueron determinantes, como su corta extensión, que rebajaría el coste de la traducción y de la edición, y su argumento fácilmente comprensible y exento de la dificultad o lejanía cultural de otros libros de George Eliot: pienso, por ejemplo, en la primera página de Amos Barton (texto que aún no ha sido traducido al español) o en la longitud desmesurada de Middlemarch31. Aunque la mayoría de las traducciones de la Colección Universal incluían notas del traductor, no hay ninguna en Silas Marner, lo que, en mi opinión, confirma la libertad con que Isabel Oyarzábal redactó su versión. También es cierto que, de las cinco traducciones posteriores, solo han incluido notas del traductor Luis Ferrán de Pol (para explicar el nombre bíblico Jonatás, el término squire y el baile denominado Hornpipe), Tomás Mario Cerro González (squire) y Ana D'Aumonville Alegría (maquinaria agrícola de la época, squire y la fecha de la muerte de la reina Ana).
He tratado de sistematizar los rasgos principales de la versión de Isabel Oyarzábal de Silas Marner. Todas las cursivas son mías si no indico lo contrario. Una de las características más notorias de su traducción es el uso constante de la ampliación lingüística y de la amplificación (Hurtado Albir 2001: 269). El TM está imbuido de un afán enfático con dos usos bien diferenciados: por un lado, añadir intensidad dramática o lírica y, por otro, explicar y dejar muy claro el argumento. En cuanto a lo primero, casi parece que a la traductora el TO no le parece suficientemente expresivo:
duly ornamented with leaves by Nancy's own hand (151) / que Nancy, con sus propias manos, había adornado con doradas hojas otoñales (260) |
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these pale men rarely stirred abroad without that mysterious burden (5) / aquellos seres menudos y flacos rara vez salían de su escondrijo sin llevar los hombros hundidos por el peso de un fardo (7) |
El énfasis que la traductora persigue la hace transformar adjetivos o sustantivos en adjetivos perifrásticos o superlativos (great ladies = las damas más encopetadas, a dishonour = la mayor de las deshonras, delicate frame = salud harto quebrantada, etc.) o añadir signos de exclamación aunque no existan en el TO:
Godfrey paused: it was not so easy to say what came next (162) / Godfrey se detuvo. ¡Resultábale tan penoso contar lo que aun faltaba por decir!... (278) |
Hay un rasgo estilístico muy frecuente en la traducción: la duplicación de adjetivos, sustantivos o verbos para traducir un único adjetivo, sustantivo o verbo del TO:
El deseo de añadir dramatismo hace que en muchas ocasiones Oyarzábal añada elementos de modo tópico o estereotipado, en un estilo acorde con los gustos estéticos de la época pero que hoy ya nos resulta engolado y lejano a nuestra sensibilidad32:
A menudo la traductora también agrega por cuenta propia adjetivos, aposiciones, frases enteras, en un permanente afán didáctico de explicar el argumento, de dejar todo muy claro:
A veces, incluso, la amplificación parece reflejar la duda de la traductora entre un término u otro:
as if a bet were depending on the first man who winked (46) / una apuesta para ver cuál de ellos tardaba más en parpadear o guiñar los ojos (81) |
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his importunate companion, Anxiety (88) / su inseparable compañera la Preocupación, o, si mejor se quiere, la Conciencia (159) |
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fair dames [...] sent their bandboxes before them (87) / las damas [...] se cuidaban de enviar con tiempo su equipaje, consistente en amplias cajas o sombrereras (159) |
El uso de la amplificación hace que, en determinados momentos, la traducción adelante acontecimientos o explicite significados que en el TO están velados o implícitos. Por ejemplo, en el capítulo III del TO se comenta con extrañeza el comportamiento de Godfrey, que desaparece durante días de Raveloe sin explicación. Más adelante se desvela que Godfrey se ha casado en secreto con Molly Farren. Sin embargo, antes de que esto se exponga claramente en el TO, Oyarzábal ya introduce en su traducción una explicación:
E incluso cuando el hecho se expone, Oyarzábal cuida de aclarar que nadie en Raveloe sabe de ese matrimonio:
I might tell the Squire his handsome son was married to that nice young woman (26) / Con sólo decirle al Squire que estás casado en secreto con una simpática y agraciada joven (48) |
Más adelante, ya en el capítulo VIII, Godfrey teme que su hermano Dunstan revele toda la historia a su padre, y de nuevo Oyarzábal incluye un recordatorio al lector:
Dunstan... would tell the story out of spite (65) / refiriera al Squire lo de la boda secreta (118) |
Y allí donde el TO expone con una breve frase que la mujer de Godfrey, Molly Farren, le ha amenazado con presentarse al Squire y revelarle la verdad, la traductora amplía el texto hasta la reescritura:
Lo cierto es que muy a menudo Oyarzábal no solo amplía, sino que reinterpreta y reescribe:
Enlazando con esta libertad traductora, hay que señalar que el texto de CALPE segmenta el texto en muchos más párrafos que la edición original de Blackwood (13 x 20 cm), que tenía un texto muy compacto con pocos párrafos y numerosas páginas con la caja de escritura llena; si se hubieran mantenido los párrafos originales en el reducido tamaño de bolsillo de la Colección Universal (10 x 15 cm) las páginas con caja de escritura completa habrían sido muchas más, con mayor cansancio visual para el lector. No se puede comprobar si estas particiones fueron decisión de la traductora o del responsable último de la impresión tipográfica, pero el interés por realzar la legibilidad del texto parece reforzar el afán pedagógico con que Oyarzábal realizó su traducción.
Paralelamente a los procedimientos aditivos de la amplificación y la ampliación lingüística, la traductora también utilizó a menudo la elisión y la compresión lingüística (Hurtado Albir 2001: 270). En los siguientes apartados comentaré usos específicos e intencionados de la elisión; aquí voy a referirme a omisiones que, en mi opinión, son inadvertidas. La traducción está llena de pequeñas pérdidas, pequeños matices que se pierden en el impulso de escribir la frase y que no afectan en gran medida al resultado final: a pallid young man = un hombre joven, her spotted handkerchief = el pañuelo, a narrower path = la vereda, his third longed-legged son = su tercer hijo, etc. Pero frecuentemente las omisiones de la traducción suponen pérdidas importantes porque significan un alejamiento de la autora. Por ejemplo, George Eliot solía utilizar en sus obras imágenes, motivos o símbolos reiterados para dar unidad artística. Así, Silas es acusado injustamente de un robo y quince años después le roban el oro que ha atesorado durante ese tiempo. En ambos casos roza la locura y busca refugio poniéndose a trabajar en su telar. El TO repite los conceptos «little short of madness», «still distinct from madness», «first maddening pressure of truth», junto a «getting into his loom», «to work at his loom», «to work in his loom». Ambas escenas se articulan en torno a las imágenes representadas por los sustantivos «madness» y «loom», algo que no se ve reflejado en la traducción:
but the cry had relieved him from the first maddening pressure of the truth (44) / el grito aquel diríase que había aliviado la presión que sobre su alma ejercía la verdad (77) |
George Eliot también utiliza las repeticiones para adelantar ideas o conceptos antes de que se plasmen en el argumento. Por ejemplo, al final del capítulo II se dice que a los quince años de llegar a Raveloe «a second great change came over Marner's life», lo que enlaza con el capítulo V, cuando Silas vuelve de noche a su cabana sin saber aún que le han robado y en tres ocasiones antes de que descubra el robo la autora habla de «free of the the presentiment of change», «the idea of the changeful», «without noticing any change», para preparar el ánimo del lector ante la desesperación que el robo, el cambio, va a provocar en el protagonista. La traducción pierde esos matices de anticipación:
his mind was at ease, free from the presentiment of change (41) / en su mente, en cambio, reinaba la mayor tranquilidad y sosiego (73) |
El mundo de los objetos es importante en la primera parte de la obra: tras ser acusado injustamente de un robo Silas se aisla de sus semejantes y vuelca en algunas pocas pertenencias su capacidad de afecto, hasta el punto de que para él adquieren características humanas e incluso él mismo se asemeja a un objeto. Sin embargo, la traducción pierde la intencionalidad de muchos de estos pasajes al omitir palabras o frases clave:
Otro recurso muy frecuente en las obras de George Eliot es la comparación de personas con animales, ya sea con efectos dramáticos o cómicos. Silas es comparado primero con un ciervo, imagen que representa su candidez e inocencia iniciales, luego con un insecto, una araña que teje incesantemente y ha perdido su humanidad. Godfrey es comparado con un caballo que cocea al rebelarse contra el chantaje de su hermano Dunstan. La señora Crackenthorp hace pequeños movimientos compulsivos que la asemejan a un conejillo de indias. En muchas ocasiones, la traducción pierde intensidad dramática o comicidad al omitir términos o imágenes:
Igualmente se pierden, en muchos casos, la ironía y los comentarios críticos de la voz autorial:
Al hablar en el apartado 2 de Silas Marner hemos indicado que la autora cambió su idea inicial de escribirla como un poema porque quería incluir efectos cómicos. Su humor se expresa mediante frases cortas e incisivas que aplican términos pomposos y pedantes a situaciones o personajes rústicos, vulgares o prosaicos. La traducción no recoge, a menudo, estas fórmulas:
Por otro lado, a veces la traductora simplifica descripciones físicas o morales altisonantes, eruditas o demasiado minuciosas, o bien frases excesivamente rebuscadas, rasgos todos ellos propios del estilo de la autora:
Al enfrentarse a los elementos culturales, Oyarzábal adopta tres procedimientos: los elimina, los adapta o bien los deja inalterados. Elimina ciertos conceptos allí donde hay vacíos referenciales en la cultura de llegada:
for Jem Rodney, the mole-catcher, averred that, one evening... (8) / una revelación hecha Jem Rodney, el cual, cierto día... (13) |
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she usually sat with Mant's Bible before her (154) / dedicaba Nancy la tarde a la lectura de la Biblia (265) |
Para el público inglés culto era perfectamente reconocible una frase entrecomillada que aparece en el capítulo XVI del TO y que corresponde a un poema de William Wordsworth. Al igual que se omitió la cita que la edición original tenía en la portada, también se omite esta línea:
En otras ocasiones la traductora no omite, sino que adapta los elementos culturales y busca expresiones comprensibles para el lector español:
our old-fashioned country life (23) / pues la antigua vida de labranza inglesa |
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the child was transported when it was twentythree (157) / al cumplir los veintitrés años se desgració (270) |
Asimismo, se simplifican descripciones de objetos o tareas propios de la cultura de partida con objeto de adaptarlas a la cultura de llegada:
carrying in her hand some small lard-cakes, flat paste-like articles, much esteemed in Raveloe (81) / y un par de tortas elaboradas por ella, y my estimadas por los vecinos del pueblo |
Antes he señalado el constante afán pedagógico de esta traducción para que el argumento quede muy claro para el lector. Dentro de este procedimiento, Oyarzábal suele adjetivar o explicar antropónimos, topónimos y onomásticos, así como explicitar pronombres con el antropónimo correspondiente, para recordar al lector español qué o quiénes son:
Frente a ello, y como ya sucedía en la portada con el topónimo «Raveloe», hay ocasiones en que se omiten nombres propios si sólo aparecen una vez o no son necesarios para la comprensión de la historia; en algunos casos parece un intento de eliminar elementos extraños para el lector español, pero en otros la omisión es difícilmente explicable por cuanto el nombre eliminado era perfectamente reconocible en la cultura de llegada:
up Kench Yard at Batherley it was known (120) / en Batherley se supo (214) |
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the news... had spread even to Tarley (19) / había llegado hasta muy lejos su fama... (35) |
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the stamp of Dobbin's foot (89) / los pasos del caballo (161) |
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to Mr Osgood's, at the Orchards (24) / a casa de la señora de Osgood (44) |
En general, Oyarzábal naturaliza los antropónimos y topónimos si hay equivalentes en español (Jane = Juana, Ann = Ana, Sarah = Sara, King George = rey Jorge, Lunnon = Londres...) y los deja inalterados en caso contrario (William, Molly, Dunstan, Bessy, Dolly, Raveloe, Tarley, etc). Sin embargo, Oyarzábal no ha traducido en ningún caso los nombres propios de animal (Wildfire, Snuff, Fleet, Snap, Puss, etc.), algo que tan solo ha hecho, y con gran creatividad, el traductor de la versión más reciente, Hernando Valencia Goelkel. En cuanto a los onomásticos, sus valores connotativos inherentes al aspecto de cuento de hadas de la historia hacen que la traductora busque siempre una forma española: Lantern Yard = Patio de la Linterna, Red Lion = León Rojo, the Rainbow = el Arco-Iris, the Red House = la Casa Roja, the Old Pastures = Los Prados, the Three Crowns = las Tres Coronas, etc., con la sola excepción de the Warrens = los Warrens (pág. 88, 96).
De especial interés son, en mi opinión, las manipulaciones del TO por parte de la traductora. Para empezar, Oyarzábal omite o suaviza elementos o conceptos que le parecen demasiado cruentos, poco delicados o inconvenientes. Por ejemplo, elude sistemáticamente la traducción exacta del verbo «stake» (empalar o atravesar con una estaca), que aparece en tres ocasiones en el TO para explicar que el caballo que monta Dunstan en una cacería muere empalado al caer sobre una estaca por una imprudencia del jinete:
Dunstan, however, took one fence too many, and «staked» his horse (35) / y ocurrió que, por querer superar a sus amigos en valor y osadía... mató al caballo (65) |
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—he's been staked and killed (69) / Se ha caído sobre una valla y se ha matado (125) |
En general suaviza todo aquello relacionado con la muerte. Evita la traducción literal de «skeleton» las dos veces que aparece en el capítulo 18 y en su lugar usa «restos» (pág. 277) y «cadáver» (pág. 278), y rebaja las alusiones a la muerte y a los ataques que la causan en este pasaje referido al padre de Nancy y Priscilla:
Tampoco le gustan a la traductora las expresiones «to drench a cow» (purgar a una vaca), que en el TO aparece en dos ocasiones, o «to aply leeches» (aplicar sanguijuelas):
And as for the cow you've bought, bargain or no bargain, I've been at the drenching of her (47) / En cuanto a la vaca que tú compraste, ganga o no, la conozco yo como a todas las demás (82) |
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Well, it's the cow as I drenched (47) / Cuando digo que la conozco (83) |
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... when leeches were to be applied, or there was a sudden disappointment in a monthly nurse (80) / ...cuando, en un parto, y por casualidad, tardaba en llegar la partera (145) |
Igualmente inapropiada le parece la palabra «perra», de modo que una spaniel de compañía queda convertida en la más viril imagen de «perro de caza»:
Precisamente, son numerosas las manipulaciones de género que contiene la traducción. Por ejemplo, una de las diversas formas en que la voz autorial aparece en el TO son las abundantes generalizaciones psicológicas, en algunas de las cuales George Eliot utiliza un plural neutro como «one», «people», «person», «human», etc. La traductora, sin embargo, los convierte, indefectiblemente, en «el hombre» o «los hombres»:
Even people whose lives... (15) / El hombre que se traslada... (27)
Folks as had the devil to back'em (57) / Los hombres que traban amistad con el diablo (102)
like one in pain [...] not as one who seeks to be heard (77) / como los del hombre que padece insoportable dolor [...] como hombre que no quiere dar publicidad a su dolor (137)
Our consciousness rarely registers the beginning of a growth within us any more than without us (57) / la conciencia del hombre rara vez aprecia los principios de una iniciación (102)
... the voice of the good angel, inviting to industry, sobreety, and peace (31)/ ... la voz del bien, la voz que incita a los hombres a trabajar, a ser sobrios, a disfrutar la paz (59)
When you saw a thing was not meant to be, said Nancy, it was a bounden duty to leave off so much as wishing for it (156) / Según Nancy, era deber de todo hombre creyente dejar de desear aquello que no estaba llamado a poseer (269)
Aged people feel the miss of children (159) / El apoyo de los hijos es más necesario, mientras más viejo se hace el hombre (274)
ruder minds (30) / hombres de mente ruda
De igual forma, Oyarzábal utiliza expresiones acartonadas propias de un lenguaje patriarcal allí donde no existen en el TO:
he presented himself (68) / al fin se presentó el amo de la casa (122) |
Si bien también hay que señalar que la única mención en el TO al «stronger sex» es obviada por la traductora:
Por otro lado, en el TO hay una serie de ocupaciones, actitudes o imágenes narrados con un plural neutro que Oyarzábal traslada al femenino, probablemente por considerarlas más apropiadas de mujeres:
Y a la inversa, pone en masculino una comparación jocosa entre el tabernero de Raveloe y una clarividente, con lo que se pierde el efecto humorístico perseguido por la autora:
Finalmente, y como rasgo propio de la cultura de la época reflejado en la traducción, se observa que los tratamientos «Mrs.» y «Miss» del TO se transforman, a menudo aunque no siempre, en «señora de» y «señorita de» en la versión de Isabel Oyarzábal, quien precisamente firmaba muchas de sus obras como Isabel «de Palencia»: Mrs. Osgood = la señora Osgood / la señora de Osgood, the Miss Gunns = las señoritas Gunn / las señoritas de Gunn, etc. E incluso traduce the women of her generation (pág. 306) por «las señoras de aquella época» (pág. 265).
A priori, todas estas cuestiones de género podrían parecer contradictorias con la labor realizada por Oyarzábal en el incipiente movimiento feminista de la segunda década del siglo XX en España pero, como afirma Pilar Domínguez Prats (1994: 74) refiriéndose a las mujeres españolas que participaron en la vida pública durante la República, las mentalidades evolucionan mucho más lentamente que otros hechos históricos de tipo político o económico y muchas de ellas siguieron dando prioridad a su papel como esposas y madres33.
El ámbito de la religión es otro apartado en el que también se manifiestan las intervenciones de la traductora. El mosaico de sectas religiosas disidentes que conformaban el panorama religioso de la Inglaterra victoriana era muy diferente al catolicismo monolítico imperante en la España de la época en que se hizo la traducción y el TM refleja en muchos momentos hasta qué punto el lenguaje católico impregnaba la mentalidad de la traductora y de la cultura de llegada:
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I don't pretend to be a good fellow (65) / Yo no pretendo ser un santo (119) |
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When a man turns a blessing from his door, it falls to them as take it in (169) / ... Cuando alguien se opone a una bendición, ésta recae sobre el que está dispuesto a recibirla santamente (290) |
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...and listened with longing wonder when William declared... (11) / ...y escuchaba con admiración y santa envidia a su amigo William, el cual aseguraba... (18) |
En Silas Marner hay dos escenarios religiosos: el primero es la secta baptista a la que pertenecía Silas, un mundo cerrado en sí mismo, de inspiración calvinista y rígidos principios (Swinden 1992: 34). A menudo la traductora parece querer eliminar paralelismos con la religión católica y dejar claro lo ajeno de dicha secta:
the church assembling in Lantern Yard (9) / una pequeña entidad [...] cuyos miembos solían reunirse en un lugar conocido con el nombre de «Patio de la Linterna» (16) |
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Among the members of his church (10) / entre los miembros de la comunidad (17) |
De igual forma, la traductora en ocasiones emplea un lenguaje católico allí donde el TO utiliza un discurso pagano:
It seemed to him that the Power in which he had vainly trusted (16) / Parecíale que la Providencia, en la que tanta confianza y fe había tenido (29) |
Aunque otras veces mantiene los paralelismos deseados por la autora:
Y, si bien por un lado omite las críticas de la voz autorial hacia el dogmatismo de la secta del Patio de la Linterna, añade su propio juicio negativo en otro lugar donde no existe en el TO:
... the life of an artisan early incorporated in a narrow religious sect (9) / .. .los artesanos que se hallan incorporados a una de esas sectas religiosas (16) |
El segundo escenario religioso en la obra es el pueblo de Raveloe, donde los deberes para con la iglesia sólo son parte de un entramado social de costumbres y rituales rústicos, como las fiestas, las estaciones del año, las faenas agrícolas, etc. Representa, por tanto, la visión tolerante y conciliatoria de George Eliot: religión entendida como vehículo de valores humanos y de cohesión social. Aquí la traductora también busca equivalentes católicos a los problemas referenciales que plantea la traducción:
Sin embargo, el TM pierde las connotaciones religiosas en dos escenas de dos capítulos diferentes que presentan el paralelismo de que un objeto cotidiano en conservado en un lugar de honor como una reliquia:
Uno de los problemas a los que tuvo que enfrentarse la traductora son los diálogos dialectales de los personajes rústicos de Raveloe. El TO recoge un habla dialectal culta y otra vulgar, con diferentes grados de dialectalismo que permiten identificar y caracterizar a los personajes (García-Bermejo Giner 1991:11). Es evidente que se trata de una barrera interlingüística (Peña 41) y no hay equivalencia posible en castellano; la traductora ha optado por transmitir la rusticidad de los dialectos mediante sustantivos y expresiones coloquiales pertenecientes al ámbito rural de la época en la cultura de llegada: echoes = consejas, chiefs = vecinos ricachos, people = paisanos, money = los dineros, merrymakings = comilonas, sons = prole, horse = jaco, sir, master = señorito, young men = mozos, gente moza, bachelor = solterón, old maid = mocita vieja, a bit = una miaja, gentlefolks = señorío, to spend a twopence = en gastándose dos perras, they would never marry = no estaban para casorios, oh dear, dear = ¡Válgame Dios!, etc. Por otro lado, ha tratado de transmitir el sabor de los idiolectos más acusados reiterando vulgarismos, como el mismamente o el prenunciar que pone en boca del señor Macey (pág. 142, 185, 219) o expresiones del tipo en poniéndome a rezar (pág. 250), ya me lo maliciaba yo (pág. 146), válgame Dios (pág. 146, 149, 248) de Dolly Winthrop. La procedencia andaluza de la traductora se manifiesta en su traducción de farm, farmhouse (cortijo) y farmer (cortijero)34. Finalmente, salva con solvencia un escollo dialectal del TO en el que las hermanas Gunn, pertenecientes a una familia de posición más acomodada que la de Nancy, tienen una opinión despectiva sobre ella por su forma de hablar:
Otro de los retos que presenta la traducción de Silas Marner es la abundancia de recursos expresivos de carácter poético: metáforas, símiles, metonimias, sinécdoques, personificaciones, etc., relacionados, en su mayoría, con la naturaleza y el campo: animales, árboles, flores, ríos, senderos, crecimiento vegetal, estaciones del año, objetos o faenas agrícolas, etc. El empleo de estos recursos tiene varias dimensiones: por un lado, es resultado de la idea inicial de George Eliot de escribir esta historia como un poema; por otro, subraya el entorno rural y refuerza una de las ideas fundamentales de la obra, el desarrollo personal del individuo («Marner's inward life had been a history and a metamorphosis», pág. 11) dentro de una matriz orgánica, comunal y social. Además, Silas Marner tiene un acusado tono legendario, y al igual que ocurre en los romances medievales, en las baladas y en los cuentos de hadas, hay sustantivos que se repiten una y otra vez, imágenes simples y efectivas que tienen una dimensión física y otra espiritual y que intensifican, por tanto, los paralelismos y coincidencias del argumento: web = telaraña, tela, trama; gold = oro, pelo dorado, tesoro físico y espiritual; darkness = oscuridad, muerte; light: luz, vida, etc. Unos y otras cumplen en narrativa el mismo papel que la rima en poesía (Beer 1986: 128), y cualquier traducción de esta obra siempre habrá de tener presente su esencia poética y mantener esas imágenes repetidas para respetar su riqueza expresiva. He analizado más de un centenar de recursos expresivos de este tipo en la traducción de Oyarzábal y la única conclusión a la que puedo llegar es que no hay una sistematicidad para trasladarlos fielmente: en un 50% de casos lo hace y en otro 50% no, aunque sí se observa una clara preferencia por mantener ciertas imágenes. Por ejemplo, una de las más queridas por la autora es la de transformación y desarrollo personales unida a la idea de crecimiento vegetal. Prácticamente en todos los casos Oyarzábal ha mantenido el paralelismo:
Pero esa fidelidad no se ha mantenido constante con otros motivos igualmente importantes en la obra. Así, el TO utiliza continuamente el sustantivo «light» con connotaciones de iluminación espiritual, aprendizaje, inteligencia, descubrimiento etc., algo que la traducción ha conservado a veces y otras no:
Also, by way of throwing further light on this clue of the tinder-box (62) / Con el objeto de aprovechar lo más posible los indicios que en tomo a la caja de yesca habíanse formado (112) |
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»Everything comes to light, Nancy, sooner or later» (162) / Todo se sabe, Nancy; tarde o temprano, todo se sabe (279) |
Igual ocurre con otras ideas como «refuge» (físico y espiritual), «cling» (aferrase a algo con la mano pero también emotivamente), «dark, darkness» (oscuridad pero también muerte, secreto, ignorancia), «curtain» (objeto físico y acción de ocultar, velar, poner una barrera), «hearth» (chimenea u hogar y también afecto, calor humano, algo más evidente en inglés por su parecido con la palabra «heart»), etc.
El TM abunda en pequeños errores que, en mi opinión, no son más que despistes de la traductora: perhaps = sin duda, experience = esperanza, evening = amanecer, wainscoted parlour = cuarto, red = bayo, the old crows = los viejos y los cuervos, penetrating = suspicaz, strong impressions = leves impresiones, dame Tedman = amiga Tedman, etc. También hay, aunque en menor medida, errores de comprensión que desvirtúan el sentido del TO:
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...the old linen-weaver in the neighbouring parish of Tarley being dead (9) / y a la casualidad de haber muerto Tarley, el hilandero de la parroquia vecina (15) |
Si a ambos tipos de errores sumamos algunos defectos de forma (erratas, silepsis, laísmos, cacofonías, etc.) más el hecho de que en el texto se han conservado dos interrogantes entre paréntesis que probablemente eran dudas en el borrador de la traductora (pág. 129, 251), la conclusión más obvia es que el TM no fue revisado ni por ella ni por un revisor de CALPE.
La falta de rigor y sistematicidad a la hora de enfrentar problemas de traducción y el apresuramiento que indica el no haber revisado su texto parecen confirmar lo dicho en el apartado 4.1 sobre la consideración que Isabel Oyarzábal tenía de la traducción como una mera labor remunerada más entre muchas otras tareas intelectuales que llevaba entre manos. Frente a ello, y aunque hasta ahora mi análisis ha señalado más carencias que virtudes en su traducción, también me parece incuestionable que su texto tiene un estilo propio, elegante y coherente, hasta el punto de que ha sido plagiado en numerosas ocasiones, como señalo más adelante, e incluso Espasa sigue reeditándolo aún hoy día. Entre la fidelidad a la autora y el deseo de hacer llegar el TO al lector, la traductora claramente se ha decantado por éste último y para ello amplía y recorta, interviene y modifica según su propio criterio literario, ya ejercitado en la escritura de obras propias y artículos para la prensa. Ni el TO ni la autora se consideran sagrados y la asimetría de la traducción privilegia la cultura de llegada, cuyo contexto sociohistórico, además, se ve reflejado en el uso de un lenguaje patriarcal y católico en el TM.
La traducción de Isabel Oyarzábal ha sido reeditada en varias ocasiones: Espasa-Calpe lo hizo en 1935, Espasa-Calpe Argentina la publicó en 1950, ya dentro de la Colección Austral (número 949), y Espasa ha lanzado una edición conmemorativa en el año 2000 dentro de la Colección Centenario. Por otro lado, la versión de Oyarzábal ha dado lugar a cinco textos derivados, cuatro de los cuales se presentan como «traducciones»:
1. Silas Marner / George Elliot [sic]; revisión literaria de Montenegro. Barcelona: Baguñá Hermanos, 1948. (Hay un ejemplar en la Biblioteca de Cataluña).
El término «revisión literaria» esconde el hecho de que esta edición lo que ofrece es la traducción de Oyarzábal, cuyo nombre no se menciona, modificada con cambios mínimos. Por ejemplo: almas / espíritus, terminado / concluido, comienza / empezaba, jugar a las cartas /jugar a los naipes, no lo sé / lo ignoro, la chica / la pequeña, aldeanos / lugareños, etc.
2. El hilandero / George Eliot; traducción Francisco Roselló. Madrid, Barcelona: Editorial Alejo Climent, [194?].
A pesar del cambio de título y del nombre del supuesto «traductor», el texto que ofrece esta edición es una copia idéntica a la versión que Isabel Oyarzábal hizo para CALPE, también ligeramente maquillada con cambios insignificantes: antiguos tiempos / tiempos remotos, prefería / preferiría, aquella muerte / aquella muerta, vida solitaria / existencia solitaria, etc. La copia, sin embargo, es más burda que la revisión de Montenegro, pues por querer hacer cambios mínimos en ocasiones se cae en el absurdo:
The questionable sound of Silas's loom, so unlike the natural cheerful trotting of the willowing-machine, or the simpler rhythm of the flail (TO 3-4) |
El quejumbroso rumor del telar de Silas, tan distinto del alegre canto del aventador y del ritmo sencillo del mayal (Oyarzábal 9) |
El rumor quejumbroso del telar de Silas, tan diferente del alegre canto del aventador y del ritmo sencillo del jilguero (Roselló 13) |
people shook their heads at the courses of the second son, Dunstan (TO 42) |
hasta los más indulgentes tornábanse severos al hablar de las escapatorias del hijo segundo del Squire, Dunstan (Oyarzábal 45) |
hasta los más severos tornábanse indulgentes al hablar de las escapatorias del hijo segundo del Squire, Dunstan (Roselló 44) |
Además, el texto de la editorial Alejo Climent omite párrafos y páginas enteros con respecto al TO y a la traducción de Oyarzábal, y repite varias veces las mismas erratas en nombres propios: «Kimbler» por Kimble, «Hornipe» por Hornpipe, «Haphzibah» por Hephzibah, «Sparkie» por Sparkle, «Couter» por Coulter. La editorial Alejo Climent estuvo activa entre 1945 y 1947 y publicó unas seis novelas en su colección «Las novelas de siempre»35, amén de otras publicaciones en otras colecciones o fuera de colección. Sería interesante cotejar los textos que editó con traducciones de las mismas obras publicadas con anterioridad por otras editoriales, para confirmar si también son plagios.
3. Silas Marner / George Eliot; traducción directa de Juan Ruiz de Larios. Barcelona: Editorial Bruguera, 1945 (solo he podido encontrar ejemplares en Iberlibro)
De nuevo, otra «traducción» que no es más que una larga perífrasis de la versión de Oyarzábal y, además, con un pésimo estilo. La sigue en todas sus decisiones, ya sean reescrituras, omisiones, ampliaciones o errores, e incluye de su propia cosecha adiciones bastante pintorescas:
It was an important-looking village [...], with well-walled orchards and ornamental weathercocks (6) |
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Era pueblo de cierta importancia arquitectónica [...]; bien aisladas por altas tapias, las huertas, y enhiestas, en el tejado, las veletas (Oyarzábal, 12) |
4. Silas Marner: el hilandero de Raveloe I George Eliot; traducción de Luis Ferrán de Pol. Guanajuato, México: Editorial Albatros, 1946 (el único ejemplar que he podido encontrar en España está en la Biblioteca de Castilla-LaMancha).
5. Silas Marner I George Eliot (Mary Ann Evans); traducción del inglés por Tomás Mario Cerro González; nota preliminar de F.S.R. [Federico Sáinz de Robles]. Madrid: Aguilar, 1951 (hay ejemplar en la Universidad de Barcelona).
Estos dos textos coinciden en tener un tono literario más elevado y digno que el de la versión de Ruiz de Larios, aunque al igual que éste parecen haber ignorado el TO y concentrase en transformar la versión de Oyarzábal, si bien recortando de ésta numerosos pasajes. En ningún caso puedo considerar los textos mencionados hasta ahora como traducciones propiamente dichas.
Existe, además, lo que parece una edición bilingüe de Silas Marner, publicada en 1940 (reeditada en 1960) por la Librería y Casa Editorial Hernando en su «Nueva colección de novelas bilingües» y que en el catálogo Rebiun se presenta como «traducción» de Joaquín Reguant y Canals, pero que no es más que un folleto de 32 páginas con resúmenes en inglés y español de la obra redactados por éste. Hay un ejemplar en la biblioteca universitaria de Granada.
Además de la traducción de Isabel Oyarzábal, esta obra se ha traducido en dos ocasiones más:
1. Silas Marner / George Eliot; traducción Ana D'Aumonville Alegría. Barcelona: Fontamara, 1980 (hay ejemplares en la Biblioteca de Cataluña y en las universidades de Barcelona, Navarra, Sevilla y Complutense de Madrid). Esta traducción ha sido reeditada en el año 2000 por la editorial Valdemar con el título Silas Marner, una historia sobre la soledad y el desarraigo.
La traducción de Ana D'Aumonville es la primera traducción moderna que tenemos en cuanto que es mucho más fiel a la autora y respetuosa con su imaginería, valores y estilo y por su lenguaje plenamente contemporáneo y exento de manierismos anticuados. Es sorprendente, sin embargo, que esta traducción mantenga muchas frases y hasta párrafos enteros de la versión de Isabel Oyarzábal; doy un solo ejemplo de los muchos existentes:
2. Silas Marner: el tejedor de Raveloe / George Eliot; traducción Hernando Valencia Goelkel. Santa Fe de Bogotá, Colombia: Norma, 1992 (hay ejemplares en las universidades Autónoma y Complutense de Madrid).
Esta es la única traducción totalmente independiente de la de Isabel Oyarzábal y, en mi opinión, la mejor y más hermosa de todas las existentes. Ha sabido captar el espíritu de la autora en todas sus dimensiones y reflejar la gran riqueza expresiva de la obra excepto, como él mismo reconoce, en el habla dialectal; en una nota del traductor al final del texto confiesa que ha ignorado «esa importante peculiaridad [...] por incompetencia y por incapacidad; no halló una forma que no resultara forzada, artificiosa o ridícula» y, aunque añade que siempre ha considerado algo pedante y condescendiente el uso del dialecto incluso en autores de la talla de George Eliot, finaliza indicando que «se habría sentido feliz si hubiera podido transmitir algo de la variedad lingüística de Silas Marner».
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