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Sonetos

Antonio Enríquez Gómez




Datos biográficos

Nace en Segovia el año 1600, en el seno de una familia conversa, criptojudía.

Sus padres eran mercaderes establecidos en Madrid, oriundos de Portugal.

Fue capitán del ejército con el nombre de Enrique Enríquez de Paz, ya usado por el poeta en su juventud.

Ante el peligro de verse procesado por la Inquisición, se exilia a Francia cuando el poeta contaba 35 años de edad. En esta época fue secretario y mayordomo de Luis XIII. Más tarde se sabe que vivió en Amsterdam. En 1649 decide regresar a España, instalándose en Sevilla con el nombre de Francisco de Zárate.

En 1642 publica Academias morales de las Musas, en donde están recopiladas las más importantes poesías de este autor.

En 1661 cae en manos de la Inquisición, pero antes de conocer su veredicto cae enfermo «de un mal de costado» que le produce la muerte. Su efigie fue quemada en Sevilla en un auto de fe en 1660.

Cultivó el teatro y tiene entre sus obras más conocidas: Celos no ofenden al sol; La prudente Abigail; A lo que obliga el honor; Engañar para reinar, entre otras representadas y Vida de don Gregorio Guadaña, novela picaresca en la que hace una imitación de Quevedo.

Muere en Sevilla el año 1663.

A pesar de no existir fechas concretas de fiabilidad de su nacimiento y muerte me inclino por Segovia y Sevilla, lugares que aparecen con más frecuencia en las pocas biografías de este poeta.








ArribaAbajo- I -


A una dama sentada en su cama que, al calzarse los coturnos, se desmayó de ver a su amante, que impensadamente la cogió con el hurto en los pies, como otros en las manos


(Soneto de un poeta ridículo en una academia)


Abajo   En Tirias tersa de purpúrea pompa
Amariles deidad colura campa,
y unos talares de cristal se zampa,
de Venus alma, de Mercurio trompa.

   Sin temer que un mosquito le interrompa,  5
en fuegos sulfurantes ampos ampa;
cuando su ninfo su conturno estampa
en el Adonis, jabalí se rompa.

   Colúmbralo la diosa medio zamba,
y queriendo imitar a la hecatomba,  10
extiende helante la cerúlea gamba;

   suspiros gira por luciente bomba,
y el hijo propio del nocturno Bamba
cuadrupedantes rayos le rimbomba.




ArribaAbajo- II -


En alabanza de Adán


ArribaAbajo   Viviente polvo, inspiración divina,
Damasceno elemento organizado,
semejanza de impulso consagrado,
fin de la obra santa y peregrina.

   Materia general de la oficina  5
del Artífice grande cuyo estado
forma gozó de Angélico traslado,
aliento de tu esfera cristalina.

   En la gran creación fuiste el primero;
en la Ciencia Sagrada, sin segundo,  10
y en esta parte te hallaré postrero.

   ¡Oh precepto de amor! En ti me fundo,
pues por creerse el hombre de ligero
el ámbito perdió de todo el mundo.




ArribaAbajo- III -


En alabanza de Enoch


ArribaAbajo   Arrebatada fábrica viviente,
que en la inmortalidad te colocaste.
Paloma alada, cuyo nido hallaste
en la región más alta y eminente.

   Exhalación de luz resplandeciente,  5
que en la esfera del Sol te avecindaste.
Fénix que sin morir te conservaste
en ceniza más alta y más decente.

   Vive a par de los siglos, que algún día
vendrás a publicar donde has estado,  10
domando de Babel la tiranía.

   Inmortal ha de ser tu Regio estado,
que la que fue divina Monarquía
en la inmortalidad se ha colocado.




ArribaAbajo- IV -


El engaño de la vida humana


ArribaAbajo   Pasos errantes de mi loco engaño,
¿a dónde conducís mi entendimiento
si en el amago del atrevimiento
asiste el principio de mi daño?

   Volved la cara al cuerdo desengaño,  5
asegurad la acción del movimiento,
que retirarse sabio de un intento
que ofende el alma, no es afecto extraño.

   Oprimir la razón no es providencia;
atropellar las leyes de la vida  10
tiene mucho de error, nada de ciencia.

   Si la queréis perder por ser perdida,
alargadle la tienda a la conciencia,
y la veréis en polvo convertida.




ArribaAbajo- V -


Al mismo asunto


ArribaAbajo   Sin tener de mi error conocimiento,
los años de una vida tan perdida
(siendo incurable su terrible herida)
años no fueron, siglos de tormento.

   Viví muriendo: ¡oh loco pensamiento!  5
¿Cómo quieres vivir siendo homicida
tu vida breve de tu propia vida,
hidra interior del ciego entendimiento?

   Vive para morir; y si te fías
de la vida que traes, cuenta los daños,  10
causa exterior de lógicas porfías.

   Mira que cuando quieras desengaños,
te faltarán los años y los días
y sobrarán los días y los años.




ArribaAbajo- VI -


Al engaño del mundo


ArribaAbajo   ¡Oh, qué galán, qué cuerdo, qué entendido
qué docto, qué cortés y qué profundo
es y será y ha sido el señor Mundo!
No se ha de hallar ninguno más lucido.

   Con qué gracia se mueve y se ha movido:  5
en gala y talle no admitió segundo,
grandes aciertos en su ingenio fundo,
es de todos los mundos escogido.

   ¿Si será por de dentro tan hermoso?
Le quiero descubrir pero ¿qué veo?  10
Un esqueleto es artificioso.

   Mundo afeitado, de tu amor no creo,
que quien en interior es alevoso,
cerca está de traidor, sobre ser feo.




ArribaAbajo- VII -


A la libertad perdida de la patria


ArribaAbajo   Vivo sin libertad y no es posible
que pueda ser verdad mi sentimiento,
vivir y no sentir es argumento
que conceder se debe a lo insensible.

   Que no vivo sin duda es infalible  5
pues siendo mi seguro movimiento
vivir para sentir, si ya no siento,
no puede haber en mi parte sensible.

   Mas bien puede el dolor desengañarme:
cuando la libertad está perdida,  10
ella por nacimiento ha de acabarme.

   Sentir y no vivir fue acción lucida
pues cuando la pasión ha de sobrarme,
¿qué mayor gloria que perder la vida?




ArribaAbajo- VIII -


Al mismo asunto


ArribaAbajo   Si extranjeras Regiones fatigando
estoy por no saber, justo sería
que se acabara con la pena mía
la vida pues lo estoy solicitando.

   Vivir para morir es ir llevando  5
el dolor con tiránica osadía;
o acabe de llegar tan largo día
o viva eterno este morir penando.

   Mas en vano mi espíritu lamenta
desprecios cuando la contraria suerte  10
quiere que no los diga y que los sienta.

   Y si ha de ser mi mal tan firme y fuerte,
una de dos, o quíteme la afrenta
o sepúlteme luego con la muerte.




ArribaAbajo- IX -


Al mismo asunto


ArribaAbajo   Si de la libertad desposeído
estoy y formo voz, ¿cómo lamento
suspiros que se quedan en el viento,
pesares que no llegan al oído?

   Quien su patria perdió, tiene perdido  5
el que juzga tener entendimiento;
que el que vive sujeto al sentimiento
y no muere, carece de sentido.

   Mas, ay, que como vive la esperanza
vecina del dolor, por consolarme  10
dice que tenga en ella confianza.

   Pero mejor le fuera no engañarme
pues si me sale falsa su fianza,
ha de pagar la deuda con matarme.




ArribaAbajo- X -


A la ambición humana


ArribaAbajo   ¿Qué incendio sin espíritu se sube
a la eminencia del discurso, cuando
ser presumí Lucero, derribando
el muro denso de esta hinchada nube?

   ¿En qué volcán me abraso si yo anduve  5
en mi primera edad siempre vagando
simples Regiones, dócil alentando
la infancia alegre que en mis años tuve?

   ¡Oh hidrópica ambición! Sin duda alguna,
tú eres la llama que me abrasa el pecho,  10
sedienta de los bienes de fortuna.

   Déjame ya con el agravio hecho,
vuélveme a la inocencia de la cuna,
pues por hacerme grande me has desecho.




ArribaAbajo- XI -


A la vanidad del hombre


ArribaAbajo   Este de cuatro simples adornado,
tierra, llanto, vapor, incendio y fuego,
menos tiene de cuerdo que de ciego,
menos de ciego que de loco errado.

   Es nube opuesta al Sol, flor en el prado  5
que apenas sale cuando muere luego;
no tiene hora o tiempo de sosiego
y presume de eterno su cuidado.

   Vive sin vida y dúdase si vive;
no es inmortal y duda si es humano;  10
las días gasta y nunca los recibe.

   Sabe que es vanidad y vive en vano;
él mismo esta verdad a sí se escribe,
y la verdad le deja de su mano.




ArribaAbajo- XII -


A su corto estudio


ArribaAbajo   Pobre y desnudas vas, Filosofía,
dijo quien la entendió bastantemente:
nunca yo estuve de este verso ausente
y así conmigo habló quien lo escribía.

   Hállome bien sin ella pues no es mía,  5
estoy con ella alguna vez presente,
véola por un velo transparente
y enamórame menos cada día.

   Muy bien está lo hecho, no os asombre,
¡oh Musa!, el ignorar este argumento,  10
que muchos necios han ganado nombre.

   De que yo no lo sé basta el intento,
que dar (sin natural) letras a un hombre
ex poner grillos al entendimiento.




ArribaAbajo- XIII -


A un cadáver


ArribaAbajo   Pasajero que miras sin cuidado
ese cadáver que viviente ha sido,
repara que de achaque de nacido
le castigó su original pecado.

   Lo que pálido ves, ya fue rosado:  5
lo que sin alma ves, tuvo sentido,
y lo que está sin material oído,
órgano fue y estuvo bien templado.

   Mírale bien, que aunque su vida es ida,
la tiene en el ejemplo pues advierte  10
a su soberbio polvo su partida.

   Juzga ahora quien goza mejor suerte:
el que vive faltándole la vida
o el que muere sobrándole la muerte.




ArribaAbajo- XIV -


A la salvación espiritual


ArribaAbajo   Esta que busco en la suprema cumbre,
imán que al hierro expele con violencia,
gloria visible es de la prudencia
y eterna Aurora de la infinita lumbre.

   Perdió mi alma (oh bárbara costumbre)  5
la esclavitud y a toda su eminencia
llegar no puedo, estando la conciencia
tan pesada de propia pesadumbre.

   Nací para gozarla y perezoso
vivo, como si acaso no la hubiera,  10
y la busco, no siendo virtuoso.

   Conquistarla conviene antes que muera,
que no se sube al solio poderoso
sin ir inteligencia verdadera.




ArribaAbajo- XV -


A la justicia


ArribaAbajo   Esta que a rayos de su acero fuerte
justifica los golpes de su herida,
dando la muerte nos reparte vida
y vida nos anuncia entre la muerte.

   La púrpura que en luces se convierte,  5
a espíritus vitales nos convida
su materia de estado no vencida,
juicio administra con que el hombre acierte.

   Mírala bien y, si juzgares, sea
tu norte su lucero vigilante,  10
Sol de justicia de la sacra idea.

   No te engañes teniéndola delante,
que hay otra en los encantos de Medea
que labrará con oro tu diamante.




ArribaAbajo- XVI -


A la palabra


ArribaAbajo   Repara, mira, atiende, considera
de esta virtud, oh noble Caminante,
la perfecta verdad con que triunfante
el camino te enseña de tu esfera.

   Síguela, nota, aguarda, advierte, espera,  5
no pierdas este norte vigilante
si anegarte no quieres arrogarte
en el mar de Babel y su ribera.

   Mueva tus labios esta gran señora
para gobierno de tu justa vida  10
pues es del sacro honor divina Aurora.

   Mira que el que la tiene ya perdida,
vive muriendo si viviendo llora,
sirviéndole su fama de homicida.




ArribaAbajo- XVII -


A la palabra


ArribaAbajo   Hombre, ¿prometes? Cumple si pretendes
que te tengan por noble los honrados;
palabras hacen hombres no ducados,
te doy por fiera si otra cosa entiendes.

   Tú mismo a ti sin término te vendes  5
(¿lo que te digo negaran Letrados?)
si dejas tus escritos maltratados,
los pleitos buscas y la paz ofendes.

   Naciste con palabra, hombre naciste;
pero pues no la cumples, que no sea,  10
pregonada, por Dios, si la perdiste.

   ¡Oh qué hablador estoy! Linda Guinea,
¿palabra buscáis vos? Donoso chiste,
¿es la palabra acaso la marea?




ArribaAbajo- XVIII -


A los cultos


(Soneto cultísimo, cultivado, oculto y sotaculto)


ArribaAbajo   El excloruro bamboleo errante,
tridón cerúleo en desguazado Noto,
columbino vapor amaga el soto
y fulmina flamando fulminante.

   Crepúsculo se cisma impenetrante  5
y del Austro Orión se hace trasnoto,
intercadente rumba globo ignoto,
por transportar salobres de diamante.

   Ya la palabra surca a Nicaragua,
el infantil buril rayo canoro,  10
y se raja en lo mismo que desagua.

   Toca el velamen Biblioteca de oro
y en neptunal desencajando el agua,
descuaderna el musal noveno coro.




ArribaAbajo- XIX -


Una pasión de Venus


ArribaAbajo   Débil cordera cuya blanca nieve
copo a copo formó naturaleza,
cándida ofrece al valle su pureza
si a tanto armiño su verdor se atreve.

   Al cristal de un arroyo altivo mueve  5
lobo cruel su bárbara fiereza
y la simple cordera la cabeza
inclina al agua y descuidada bebe.

   No bien hubo tocado los cristales
cuando el nocivo monstruo a la desierta  10
campaña dio de púrpura señales,

   quedando la traición mal encubierta,
el agua salpicada de corales,
el lobo ausente y la cordera muerta.




ArribaAbajo- XX -


Abismo de celos


ArribaAbajo   Amor con esperanza de unos celos
es tiranía de precepto injusto,
que en los desaires bárbaros del gusto
aún no viven sin causa los recelos:

   ¿Cómo el amor verá con tantos velos,  5
investigando, necio, con disgusto
un deshonor en un afecto justo,
ganando abismos y perdiendo cielos?

   Cuando los celos son forma de vida,
bien es que la materia sienta el daño  10
como parte que vive al alma unida:

   Pero si el mal resulta de un engaño,
muera la pena, ciérrese la herida,
pues no hay cura mejor que un desengaño.




ArribaAbajo- XXI -


A un imposible amor


ArribaAbajo   A la luz de un Planeta poderoso
vivo, ignorando el rayo que recibo,
y tantas veces con eclipses vivo
cuantas se opone el tiempo riguroso.

   No vivo, no, que el Cielo luminoso,  5
cuanto más claro está, se muestra esquivo:
luce interior y dudo si percibo
el fuego que se oculta artificioso.

   No espero claridad si amor no inclina
al ingrato rigor de su sosiego  10
la general de estas murallas mina.

   Con ella podré ver y quedar ciego,
que no se alcanza esfera tan divina
sin abrasarse en la región del fuego.




ArribaAbajo- XXII -


A la luz del amor


ArribaAbajo   Sobre cinco azucenas recostada
en un tapete de la Primavera
dormía Venus, la que fue primera
luz de los Orbes y del mundo amada.

   Andaba en torno de su luz sagrada  5
una simple avecilla lisonjera,
goloseando los rayos de su esfera
a la llama de Venus condenada.

   Diana, que sintió rascar la rosa,
que el mismo sol a rayos solicita,  10
dijo por halagar la mariposa:

   Si quieres que el agravio te permita,
no receles de amor la llama hermosa,
que su fuego da vida y no la quita.




ArribaAbajo- XXIII -


Al curso y velocidad del tiempo


ArribaAbajo   Este que exhalación sin consumirse
por los cuatro elementos se pasea,
palestra es de mi marcial pelea
y campo que no espera dividirse.

   Le voy siguiendo y sígueme sin irse;  5
me voy quedando y por quedarse emplea
su mismo vuelo, y hallo que desea
ir y quedarse y con quedar partirse.

   Mi error me dice que su rapto apruebe;
¿pues por dónde camino si su esfera  10
casi lo eterno con las alas mueve?

   No me atrevo a seguirle aunque quisiera,
que corre mucho y temo que me lleve
en el último fin de la carrera.




ArribaAbajo- XXIV -


Al imperio del amor


ArribaAbajo   Huyendo del amor una mañana,
sagrado de un laurel, Diana hermosa,
hizo, por coronar su intacta rosa,
de la Imperial Diadema soberana.

   Lo supo amor y a la defensa vana  5
opone su deidad maravillosa,
y ella que ciego le miró, gozosa
su imperio olvida y su poder profana.

   Amor entonces de su aljaba fuerte
sacó una flecha y con rigor lucido  10
dulce le aplica la gustosa muerte.

   Y le dijo galán aunque atrevido:
pues eres Dafne, en el arcón advierte
que Cetros y Laureles ha vencido.




ArribaAbajo- XXV -


Epitafio a un soberbio


ArribaAbajo   Este que dividido en polvo horrible
torre viviente fue de su albedrío,
en cuya confesión, en cuyo brío,
Babilonia fue fábrica insensible,

   hoy, en el lago de este mar terrible,  5
océano de tanto señorío,
ni aún el nombre le queda de ser río:
tumba le guarda el piélago visible.

   Pasajero, recuerda, mira el Nilo
por siete bocas convertirse en hielo,  10
llorando su desgracia hilo a hilo.

   Así castiga a la soberbia el cielo.
Vivió matando, y por el mismo filo
murió sin duelo por vivir con duelo.




ArribaAbajo- XXVI -


A la humildad


ArribaAbajo   Esta de pocas damas conocida,
diosa del sabio, esposa del discreto,
señora fue del siglo más perfecto,
Reina es del imperio de la vida.

   Ámanla como causa producida  5
del sumo Autor, cuyo divino objeto
el vano quiso hacer rasgo imperfecto
y su línea quedó forma lucida.

   No la soberbia Memphis, laureada
de rayos Soles, se atrevió imprudente  10
a esta Aurora de Estrellas coronada.

   Defiéndala con ánimo el prudente,
ámela el sabio y quede colocada
en la divina y soberana mente.




ArribaAbajo- XXVII -


A la poca seguridad de la privanza


ArribaAbajo   Peregrino, no soy del tiempo vano
si no ejemplo, terror de su trofeo;
m dio luces el sol, ya no le veo,
subí, enfermé, bajé, recordé sano.

   Si del sueño volviera más temprano,  5
no fuera, no de la fortuna reo,
pues pagara de humano lo que veo
y no lo que no vi de soberano.

   El vuelo fue cruel no la caída,
violento el uno, el otro sin violencia,  10
la entrada alegre y triste la salida.

   Los que estáis en la altura de esta ciencia,
buscad el norte para hallar la vida,
que no la habéis de hallar sin la experiencia.




ArribaAbajo- XXVIII -


A la ingratitud


ArribaAbajo   Esta que horrible la nobleza infama,
Hidra que eterna inficionó la vida,
parto fue de la infamia retraída,
mina fue de la más traidora llama.

   Su efecto desleal que el mundo ama  5
(bárbara causa, sí, del homicida),
tirano monstruo es de toda herida,
cruel lunar de toda noble fama.

   No debe, no, tener lugar en cuanto
alumbra el Sol ni su influencia espere  10
el que asiste en el Reino del espanto.

   Vivir no puede quien la muerte adquiere;
que el que se niega a este precepto santo,
no es hombre: es fiera y como fiera muere.




ArribaAbajo- XXIX -


De Antonio Enríquez a la muerte feliz del doctor fray Lope Félix de Vega Carpio


ArribaAbajo   No tu vida, tu muerte solemniza
mi pluma, que en su afecto se disfraza,
pues la Vida tus glorias embaraza
y la Muerte tus prendas eterniza.

   Vivo, sujeto estás a la ojeriza  5
de la Muerte que montes despedaza,
y muerto desvaneces sus amenaza
pues no tiene dominio en tu ceniza.

   Y así tu muerte estima pues de escala
te sirve para el Sol y ya su pena  10
a la gloria mayor del mundo iguala.

   Que aunque su voz a nadie bien le suena
y ha tenido hasta aquí nombre de mala,
después que fue de Lope se hizo buena.




ArribaAbajo- XXX -


En alabanza de Noé


ArribaAbajo   Diestro piloto, en el bajel errante
el mundo llevas por región undosa.
Marinero primero, que reposa
en cristalinos golfos de Levante.

   ¿Con qué aguja gobiernas el triunfante  5
cisne de pino en fábrica espantosa?
¿Qué Bitácora rara, y poderosa,
descubre el Norte en líneas de diamante?

   ¿Quién tu velamen rige proceloso?
¡Quién el timón de leño más valiente,  10
imán de tanto piélago ambicioso?

   ¡Mas ay! Varón perfecto y excelente,
si te guía impulso poderoso,
¿cómo se ha de alterar ningún tridente?




ArribaAbajo- XXXI -


A la locura de amor


ArribaAbajo   ¡Oh amor! (muy bien empiezo) ¡oh amor tirano!
Hijo de (¿dónde voy?), paso adelante,
¡oh amor, oh amor, oh amor de todo amante,
azogue, cascabel y viento vano!

   ¡Oh amor, hacho en la fragua de Vulcano!  5
(no sé si digo bien), ¡oh amor gigante,
espuma de la mar, de un ignorante
promesa con palabra de gitano!

   ¡Oh amor cruel! Pues ofenderte quiero,
me socorro con tu favor ingrato,  10
y mira que por mí solo me muero.

   ¡Mas ay, que amor se ha vuelto garabato
y como Dafne se volvió laurero,
amor se transformó de niño en gato!




ArribaAbajo- XXXII -


A la dormida Venus


ArribaAbajo   Dormida Venus que en viviente forma
alientas con descuido la hermosura,
tan hija de la espuma en la blancura
que la nieve en tu fuego se transforma.

   Inmóvil Chipre, donde amor te forma,  5
siendo ciego, su cándida pintura,
del robador de Europa mal segura
pues el honor la oculta si la informa.

   Si la ocasión mi dicha me comprende,
dure el engaño donde el alma cierta  10
busca la Troya que el deseo enciende.

   Y pues vives también estando muerta,
no trates mal el sueño si te ofende
pues matas más dormida que despierta.




ArribaAbajo- XXXIII -


Amando aborrecida


ArribaAbajo   Querer amar y ser aborrecida
no es amor, es desaire del objeto,
que amor no puede ser acto perfecto,
siendo en potencia bárbaro homicida.

   Yo adoro a quien adoro, si a mi vida  5
(cuando el ara se ofrece del precepto)
no estima su lealtad ni su concepto,
dando su adoración por fe perdida.

   Mas, ay amor cruel, en vano quieres
romper los privilegios y los nombres  10
que con vosotras brevemente adquieres.

   Si publicare el mío no te asombres,
que aun a coata del alma, las mujeres
hacemos mentirosos a los hombres.




ArribaAbajo- XXXIV -


Alcino a la crueldad de Anarda


ArribaAbajo   Alta contemplación, ¿cómo es posible
que no te precipites de la cumbre,
no pudiendo adquirir de tanta lumbre
rayo menor en átomo visible?

   Basta la adoración, que es imposible  5
profesar con soberbia mansedumbre,
y es alcanzar etérea pesadumbre
profanar sin decoro lo invisible.

   ¡Oh ídolo cruel! ¡Oh imagen dura!
Vida y muerte del alma que te adora,  10
no dice tu rigor con tu hermosura.

   Si eres deidad, ¿cómo deidad traidora?
Si eres mujer, ¿cómo deidad segura?
Mas si dije mujer, ya el alma llora.




ArribaAbajo- XXXV -


A la incapacidad del juicio humano


ArribaAbajo   Si explorando la espía luminosa
los Orbes con la luz intelectiva,
quedara satisfecha la visiva,
aún fuera en mí la ciencia más hermosa.

   Pero si la materia cautelosa  5
aun los principios cándidos derriba,
en vano sube sin la fe allá arriba
la forma más sutil y cuidadosa.

   ¿A dónde voy sin ciencia, procurando
lo que ninguno pudo hallar visible  10
si aun yo dudo si vivo, estando hablando?

   ¿Capaz me quiero hacer de lo invisible?
Mejor me fuera conquistar obrando
que emprender como loco un imposible.




ArribaAbajo- XXXVI -


Al nacimiento del hombre


ArribaAbajo   Peregrino que sales inocente
llorando a ver la luz y no la miras,
¿qué vida traes si lloras y suspiras?
¿qué muerte traes si vives de repente?

   Si vienes a vivir, ya eres viviente;  5
si vienes a morir, a muerto aspiras;
y si estas dos verdades son mentiras,
habla y sabrase de los dos quien miente.

   Sin duda alguna que la luz divina
te va sacando del maternal tronco  10
para darte la esfera más nocturna.

   No en vano ha sido tu gemido ronco
pues con los lloros de esa blanca urna
se va labrando tu sepulcro bronco.




ArribaAbajo- XXXVII -


Al mismo asunto


ArribaAbajo   Huésped mortal, si lloras la posada
antes de entrar en ella, mira, advierte,
que has de pagar la vista con la muerte
mejor a la salida que a la entrada.

   La vida para hacer esta jornada  5
es el tesoro de tu archivo fuerte;
gástase poco a poco y se convierte
la paga en algo y la posada, en nada.

   Caro albergue te da quien te condena
a vivir donde te será homicida  10
la que imaginas de virtudes llena.

   Perdonarás en parte la venida,
pero nunca será posada buena
aquella que se paga con la vida.




ArribaAbajo- XXXVIII -


A las tres edades del hombre


ArribaAbajo   Lachesis tuerce el hilo de mi vida,
Cloto dio la materia diligente,
y Atropos, cuando venga, fácilmente
cortará la maraña retorcida.

   Tela que vino al mundo ya tejida  5
y se deshizo en sí tan brevemente,
fábrica errante fue y es evidente
que, cuando vino, vino ya perdida.

   Torced parcas, torced este atrevido
aliento firmemente pues excusa  10
segunda vez el corte desunido.

   No el devanarme como veis rehúso
porque polvo que quiso ser tejido
aun no merece ser torcido al uso.




ArribaAbajo- XXXIX -


A que ninguno sabe


ArribaAbajo   Sé que no sé (bien sé) y no sería
poca ciencia saber este argumento,
que no es corto caudal de entendimiento
profesar esta ciencia cada día.

   No puede haber mayor sabiduría  5
que tener de no sé conocimiento,
ni hay lógico mejor que un sentimiento
inclinado a moral filosofía.

   Obrara en acto es ente conocido,
argumentar sin él es platicado,  10
uno es real argumento, otro lo ha sido.

   Y para ser un docto laureado,
más vale obrar los actos entendido
que ser con letras desigual letrado.




Arriba- XL -


Soneto firmado por Fernando de Zárate, seudónimo empleado por Enríquez Gómez


A la aurora


Arriba   Esta sombra del sol, sino primera
causa, principio y juventud del día,
luz de Dios, que tinieblas nos desvía,
y en la misma inconstancia no se altera.

   Esta, que corre el velo de la esfera,  5
y con efectos de beldades guía,
no sirva de dormir con armonía,
o con respiración de Primavera.

   Si acaso adormeciere los sentidos
con voz de plumas, resplandor de flores,  10
de su llorosa risa documento.

   A lágrimas de luz, beldad dormidos,
no os suspendan los ecos, y colores,
pues van juntos el llanto y el contento.


 
 
FIN DE LOS SONETOS DE ANTONIO ENRÍQUEZ GÓMEZ
 
 




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