Selecciona una palabra y presiona la tecla d para obtener su definición.

- 78 -

Memorias de amor

   Resuelta en polvo ya, mas siempre hermosa,

sin dejarme vivir, vive serena

aquella luz que fue mi gloria y pena,

y me hace guerra cuando en paz reposa.

   Tan vivo está el jazmín, la pura rosa,
5

que blandamente ardiendo en azucena,

me abrasa el alma, de memorias llena,

ceniza de su fénix amorosa.

   ¡Oh memoria cruel de mis enojos!

¿Qué honor te puede dar mi sentimiento,
10

en polvo convertidos sus despojos?

   Permíteme callar sólo un momento;

que ya no tienen lágrimas mis ojos

ni conceptos de amor mi pensamiento.


- 79 -

Al baño de dos ninfas aloques

   Una morena y otra blanca dama,

siendo por sus riberas y malezas

Manzanares la tabla de estas piezas,

de su breve cristal hicieron cama.

   La escultura en las dos era de fama,
5

compitiendo colores y bellezas,

si bien de dos iguales gentilezas

más la blancura se apetece y ama.

   En esta y clara fácil competencia,

un galán que pasaba por la orilla
10

dijo, por sosegar la diferencia:

   «Buenas entrambas son a maravilla,

la una de jazmines de Valencia,

la otra de polvillos de Sevilla.»


- 80 -

Encarece el poeta el amor conyugal de este tiempo

   Fugitiva Eurídice entre la amena

hierba de un valle, por la nieve herida,

del blanco pie de un áspid escondida,

pisándola clavel, cayó azucena;

   llorola Orfeo, y a la eterna pena
5

bajó animoso, y con la voz teñida

en lágrimas, pidió su media vida:

así la lira dulcemente suena.

   La gracia entonces con tremendo labio

Plutón concede al conyugal deseo
10

del marido, más músico que sabio.

   En fin, sacó su esposa del Leteo;

pero en aqueste tiempo, hermano Fabio,

¿quién te parece a ti que fuera Orfeo?


- 81 -

De la buena cosecha de poetas, conforme al pronóstico de los almanaques

   Si de Poetas la abundancia apruebas,

Elisio, en nuestro Hispánico distrito,

a los panes y peces te remito,

sino sabes el número que llevas.

   Año de brevas y de malas nuevas
5

nunca le veas, tiene el vulgo escrito,

mas cierto Matritense manuscrito,

dice Poetas, donde dijo brevas.

   ¿Piensas que alguno en tantos la campaña

podrá cantar de Marte en las ajenas,
10

con las banderas de la invicta España;

   las naves contra Holanda de armas llenas?

pero de tal acción te desengaña

sobrar Poetas, y faltar Mecenas.


- 82 -

Quéjase a Venus el poeta

   Luciente estrella con quien nace el día,

que el oscuro crepúsculo interpreta,

alma Venus gentil, luz que sujeta

cuanto mortal naturaleza cría;

   dulce dispara a la enemiga mía
5

flecha sutil en forma de cometa;

así de trino estés con el planeta

que parece español en la osadía.

   Si sales a la tarde en el zafiro,

purpúreo ya, si el alba en oro y grana,
10

siempre me ves en un mortal suspiro.

   ¡Oh dulce hasta del cielo envidia humana!

Pues siempre al lado de tu sol te miro,

tú a mí jamás al de mi hermosa Juana.


- 83 -

Dándole a una dama un abanillo que se le había caído

   Este que en el jardín de vuestra cara

zafiro artificial templó la rosa,

rosa donde yo fuera mariposa,

si Venus Licenciados transformara.

   Este padre del aire, en cuya clara
5

región tanta cometa luminosa

sale encendida de la luz hermosa,

que de esos ojos el Amor dispara.

   Pongo en mi frente y doy a vuestra pura

nieve con el debido acatamiento;
10

con que podéis, señora, estar segura.

   Que no os podrá faltar este elemento,

ni faltará jamás vuestra hermosura,

si fuera el tiempo, como soy el viento.


- 84 -

Juntábanse en una casa a murmurar de los que sabían, ciertos hombres que no sabían

   Cubre banda de pájaros difusa

torre de Iglesia, o capitel de quinta,

de negra vana las pizarras tinta

máquina chilladora circunfusa.

   Pero al primer rumor de voz intrusa,
5

cuando más el pirámide se pinta,

partiendo el aire de volante cinta,

con descompuesto error huye confusa.

   Así cubren, Leonel, los detractores

tu casa en rudo son, y los espanta
10

la voz de los canoros ruiseñores.

   Chillen en tanto pues que los levanta

el rumor de las aguas y las flores,

para aplaudir, que Filomena canta.


- 85 -

No hay remedio contra malos vecinos

   Trajo un galán de noche una ballesta

al sitio en que una dama requebraba,

con que de su ventana retiraba

una vecina en escuchar molesta;

   entonces ella, una caldera puesta
5

en la cabeza, volvió a ver si hablaba;

tiraba el caballero, y resonaba

en el herido cobre la respuesta.

   En carros dijo el Momo peregrino

que las casas debieran fabricarse,
10

o como son portátiles al chino;

   que a quien se conviniere recatarse

de lengua y ojos de un traidor vecino,

no tiene más remedio que mudarse.


- 86 -

Rigores de Juana

   Si digo a Juana, cuanto hermosa, fiera,

lo que la quiero, ingrata corresponde;

si digo que es mi vida, me responde

que se muriera porque no lo fuera.

   Si la busco del soto en la ribera,
5

entre los verdes álamos se esconde;

si va a la plaza, y la pregunto adónde,

con la cesta me rompe la mollera.

   Si digo que es la hermosa Polixena

dice que miento, porque no es troyana,
10

ni griega ni la igualo con Elena.

   Eres hircana tigre, hermosa Juana;

mas ¡ay! que aun para tigre no era buena,

pues siendo de Madrid, no fuera hircana.


- 87 -

Al nacimiento del Príncipe Nuestro Señor

   Sin pagar nueve mesas de posada,

salís a España, hermoso niño Austrida,

y con tener la bolsa proveída,

según afirma una comadre honrada.

   Mas no quieren que de ella gastéis nada,
5

sino que la tengáis tan recogida,

que dándoos Dios dichosa y larga vida,

casado la gocéis bien empleada.

   Indias y amores os ofrece España,

y yo os ofrezco a falta de tesoros
10

un caballito regilero y caña.

   Con que podáis después, no digo toros,

(que siendo Carlos, es su propia hazaña)

correr los gallos y matar los Moros.


- 88 -

Pobre y desnuda vas, Filosofía

   «Pobre y desnudas vas, Filosofía»,

dijo el Petrarca; luego siempre ha sido,

Fabio, la ciencia, en miserable olvido,

desprecio de la humana monarquía.

   Llorad la vuestra, que la inútil mía,
5

ni aun el nombre merece que ha tenido;

olió, tiempo y estudio habéis perdido:

tales efectos la esperanza cría.

   Dicen, cuando en los males no hay mudanza,

que la paciencia es premio de la ciencia;
10

¿qué hará quien, por ser premio, no la alcanza?

   ¡Aforismo cruel, cruel sentencia!

Récipe para estíptica esperanza,

ayudas de silencio y de paciencia.


- 89 -

A una virtuosa pobre y hermosa que no quería ser rica

   Sale a la aurora en verde error la rosa,

y en espinoso manto aumenta el brío;

bebe la flor de lis, luz y rocío

en las hojas de espada más hermosa.

   No pierde en la confusa zarza hojosa
5

la cándida mosqueta el señorío,

ni por el sol del abrasado estío

la dormidera está menos pomposa.

   Tus rotas galas no te causen miedos,

puesto que hermosa y pobre al mundo espantes,
10

que tu virtud no ha menester enredos;

   porque eres, Flora, tú como los guantes,

que cortados con arte por los dedos,

por lo rompido muestran los diamantes.


- 90 -

A una señora manteniendo un torneo con otras damas

   La que venció desnuda, ahora armada,

Venus gentil, bordado el tonelete

de corazones de oro, y el copete

preso del pabellón de la celada.

   Cupido por padrino de la entrada,
5

a Juno y Palas mantener promete,

que el premio de hermosura le compete

a tres del fresno, y cinco de la espada.

   Palas sin más respuestas, ni preguntas,

con paso airoso la palestra adentro
10

se opuso armada de aceradas puntas.

   Retumban cajas de su esfera al centro,

tercias las lanzas, y las rompen juntas,

¡quién fuera valla de tan dulce encuentro!


- 91 -

A una dama roma y fría

   Contaba, Clori, ayer un estudiante

que Hércules os hizo la mamona,

de cuya hazaña el bárbaro blasona

como si fuera trompa de elefante.

   Que de veros tan frígida me espante,
5

no me puede negar vuestra persona;

pero no diré yo que fuisteis mona,

por más que me lo pida el consonante.

   Ninguno con razón en vos se emplea;

calva sois de nariz, y así no toma
10

nadie vuestra ocasión, por más que os vea.

   Nacisteis cuerva, y presumís paloma;

muchas faltas tenéis para ser fea,

pocas gracias tenéis para ser Roma.


- 92 -

Díjole una dama que para qué escribía disparates

   La locura del mundo me defiende,

que del estudio la virtud estraga,

que la objeción, Lucinda, satisfaga,

culto me vuelva, y el estilo enmiende.

   Si escribo veras, nadie las entiende;
5

si burlas, vos decís que no las haga;

si alabanzas, ninguno me las paga,

¿pues qué tengo de hacer, si todo ofende?

   ¿He de quedarme Bachiller en Artes,

sin que halle estilo que este humor consuma
10

nacido en cuarta luna, aciago un Martes?

   Mas si escribir es fuerza que presuma,

écheme el Dios Apolo a aquellas partes

a donde más se sirva de mi pluma.


- 93 -

A un elogio que se hizo en Roma a su muerte fingida

   La fama que del Tibre a la ribera,

de lenguas de mi muerte mal vestida,

Paulo, llegó, parece que fingida

me enseña a prevenir la verdadera;

   aunque jamás pensé que ser pudiera
5

más dichosa mi muerte que mi vida,

si a vuestro sol, en fénix convertida,

con nuevas plumas renacer espera.

   La envidia que mis años, como espuma

ir a la playa de ola en ola advierte,
10

no es mucho que ya muerto me presuma.

   Dichoso yo, pues me mató de suerte,

que puedo oír de vuestra docta pluma,

después de muerto, elogios a mi pluma.


- 94 -

Desmayose una dama de ver un ratón, y habla con él el poeta

   Vete a roer legajos procesales,

fiero animal, o versos de Poetas,

las cartas atrasadas de estafetas,

o las cuentas de sastres inmortales.

   Destruye las despensas figonales,
5

o las farmacopólicas recetas;

y si otra vez a Fílida inquietas,

fulmínente sus ojos celestiales.

   No halles queso bullicioso o triste,

caigas en ratoneras de lacayos,
10

si celada de gatos no te enviste.

   Pero también te debo en sus desmayos

poder mirar al sol, cuando volviste

nieve las rosas, y cristal los rayos.


- 95 -

A una dama tuerta

   Habiendo hecho en ti naturaleza

Julia, el ojos derecho tan perfecto,

juzgó que era bastante, o fue defecto

de no acertar a darle igual belleza.

   De Antígono pintó al gentileza,
5

puesto de un lado aquel pintor discreto,

yo como necio alabo lo imperfecto,

que no supe tener tanta destreza.

   Las partes que en tu rostro se desean,

¿qué lunar pudo haber que las deshaga?
10

que tal vez los defectos hermosean.

   Mas cuando a la objeción no satisfaga,

basta que en el matar iguales sena,

como quien riñe con espada y daga.


- 96 -

Enójase con Amor con mucha cortesía

   Vuestra merced se temple en darle penas,

señor Amor, a un hombre de mi fama,

que si quiso Aristóteles su dama,

también la desterraron los de Atenas.

   Malas comidas, y peores cenas,
5

y como calle pasear la cama,

súfralo, Amor, un toro de Jarama,

que ya no es tiempo de templar Jimenas.

   Mande vuestra merced, señor Cupido,

que Juana me respete como debe,
10

y valga el Montañés sobre raído.

   Si los paños me manda que le lleve,

y alguna rosa de sus labios pido,

cuanto fuego le doy, me trueca a nieve.


- 97 -

Este soneto de la pulga es atribuido a Lope

   Picó atrevido un átomo viviente

los blancos pechos de Leonor hermosa,

granate en perlas, arador en rosa,

breve lunar de invisible diente;

   ella dos puntas de marfil luciente
5

con súbita inquietud bañó quejosa,

y torciendo su vida bulliciosa,

en un castigo dos venganzas siente.

   Al expirar la pulga, dijo: «¡Ay triste,

por tan pequeño mal dolor tan fuerte!»
10

«Oh pulga, dije yo, dichosa fuiste;

   detén el alma, y a Leonor advierte

que me deje picar donde estuviste,

y trocaré mi vida con tu muerte.»


- 98 -

Quéjase de que le aborrece Juana hablando como astrólogo

   Si en la parte duodécima tuviera

de los Peces la luna, Juana mía,

en dignidad de Venus aquel día

que vi saliendo a luz la luz primera,

   y tú en la misma, indisoluble fuera
5

el amor de los dos; mi suerte impía

te dio a Saturno, con que helada y fría

de tu rigor la causa persevera.

   No digo yo que fuerzan las estrellas;

que inclinar digo; pero tú no quieres
10

por tu elección ni porque inclinan ellas.

   Amor, ¿qué se ha de hacer de las mujeres

que ni vivir con ellas ni sin ellas

pueden nuestros pesares y placeres?


- 99 -

A una dama que le preguntó qué tiempo corre

   El mismo tiempo corre que solía,

que nunca de correr se vio cansado;

deciros que es menor el que ha pasado,

demás de necedad, vejez sería;

   o mayor o menor, hay noche y día,
5

sube o declina, Filis, todo estado;

dichoso el rico, el pobre desdichado,

con que sabréis cual fue la estrella mía.

   Hay pleitos, y de aquestos grandes sumas,

trampas, mohatras, hurtos, juegos, tretas,
10

flaquezas al quitar, naguas de espumas;

   nuevas mentiras, cartas, estafetas,

lenguas, lisonjas, odios, varas, plumas,

y en cada calle cuatro mil poetas.


- 100 -

Burla vengada

   Mintió Juanilla entonces, como ahora

ella me abrió, lo que me dijo callo,

metiome en un corral, donde no hallo

ni aun la esperanza, con que entré a deshora.

   Vuelva de Amor la mano vengadora
5

por este Licenciado su vasallo,

pues entre cien gallinas sin ser gallo,

muerta de risa me mira el Aurora.

   Mas yo que ya la burla conocía,

pésquele dos detrás de unas tinajas,
10

vino y abriome al comenzar el día.

   Mas no sé si en la burla me aventajas,

que del mal pagador, Juanilla mía,

mejor es en gallinas, que no en pajas.


- 101 -

A un gorrión, a quien daba de comer una dama con la boca, y el poeta por honestidad le llama jilguero

   ¿Quién te dio tanta dicha y osadía,

que en fe de las pintadas plumas oses

llegar, jilguero, donde el pico enroses

en las rosas que Amor enciende y cría?

   Confieso, pajarillo, que no había
5

creído la comida de los Dioses;

mas ya que en ti la he visto, así reposes,

que envidio tu ventura y su ambrosía.

   Bebe el cristal, que entre el clavel te espera,

come en el plato más hermoso y rico,
10

que abrió en rosa y jazmín la primavera.

   Pero que no te fíes te suplico,

que a un tiempo te dará la hermosa fiera

fuego en le corazón, y agua en el pico.


- 102 -

Enójase con el pájaro porque le mordió la lengua

   Desnuda los esmaltes de jilguero,

y el paño pardo de tus plumas viste,

villano gorrión, que ingrato fuiste

a tal piedad, y como ingrato fiero.

   En vez de agradecido y lisonjero,
5

entre las perlas el clavel mordiste,

flecha de amor, e indigno descubriste

el bajo ser y el natural grosero.

   Haga de ti con un azor sangriento

el águila de Júpiter justicia
10

en árbol, en tejado o en el viento;

   mas, ¡ay!, que es tal la ciencia y la codicia

de tu siempre lascivo pensamiento

que pienso que fue amor, y no malicia.


- 103 -

Que desfavorece la patria los hijos propios, con el ejemplo del excelente Camoes

   En esto de pedir, los ricos, Fabio

saben muy bien las enes y las oes,

porque por más que la grandeza loes,

no topa con su altura mi astrolabio.

   Con ser divino, que llegar al labio
5

no tuvo el fénix Portugués Camoes,

y envuelven su cadáver en aloes

después de muerto contra tanto agravio.

   Con dos laureles fue tan importuna

de espada y pluma su contraria suerte,
10

que no le dio favor persona alguna.

   Decid, si algún Filósofo lo advierte,

¿qué desatinos son de la fortuna,

hambre en la vida y mármol en la muerte?


- 104 -

A los Raguallos de Bocalini, escriba de sátiras

   ¿Señores Españoles, qué le hiciste

al Bocalino, o boca del infierno,

que con la espada y militar gobierno,

tanta ocasión de murmurar le diste?

   El Alba, con que siempre amaneciste,
5

noche quiere volver de oscuro invierno,

y aquel Gonzalo y su laurel eterno,

con quien a Italia y Grecia oscureciste.

   Esta frialdad de Apolo y la Estafeta

no sé que tenga tanta valentía,
10

por mas que el decir mal se la prometa.

   Pero sé que un vecino que tenía,

de cierta enfermedad sanó secreta,

poniéndose un Raguallo daca día.


- 105 -

Responde a un amigo que sentía que hablase tan mal de España

   Burguillos, el raguallo no me ofrece

tanta seguridad, ni os lo permito;

que la lengua en que viene el libro escrito,

peligroso remedio me parece.

   Con poco y vil estudio le acontece
5

difusa fama al sátiro delito;

yo al bien hablar los hombres la remito,

que todo lo demás no la merece.

   Los que no saben escribir en ciencia,

por la sátira van hacia la fama,
10

que nunca le faltó correspondencia;

   aunque tiene tal vez el que difama,

con ser para la frente diligencia,

en las espaldas del laurel la rama.


- 106 -

La necesidad en las mujeres es disculpa

   Penélope dichosa, no disputo

si fuiste casta o no, porque tenías

muy gentiles capones, que comías

mientras faltaba tu marido astuto.

   Las tocas bajas y le funesto luto
5

deja la falta de comer dos días,

dura necesidad, que si porfías

será traidora Porcia al mismo Bruto.

   Las mujeres son todas principales,

si alguna su valor y ser desprecia,
10

necesidad la obliga a casos tales.

   No estaba pobre la feliz Lucrecia,

que a darle don Tarquino dos mil reales

ella fuera más blanda y menos necia.


- 107 -

Escribe a un amigo el suceso de una jornada

   Claudio, después del Rey, y los tapices

de tanto grande y forastero incauto,

no tiene la jornada a ver el auto,

que te pueda escribir que solemnices.

   Fue todo cortesanas meretrices
5

de las que pinta en sus Comedias Plauto,

anduve casto, porque ya soy cauto

en ayunarlas, o comer perdices.

   Ya los ventores con el pico al Norte

andaban por las damas circunstantes,
10

que al recibir las cartas se da el porte.

   Partiose el Rey, llevose los amantes,

quedó al lugar un breve olor de Corte,

como aposento, en que estuvieron guantes.


- 108 -

   ¡No siendo Fénix, que imaginas dando

ceniza al corazón en que se queme!

Si eres la reina tú, consolareme,

las de su muerto esposo manducando.

   Pero Lisena, quien se va falando,
5

con prevención, alguna cosa teme,

que a la mejor oveja aunque se extreme

le da sal el pastor de cuando en cuando.

   Memoria es bien tener del memento homo,

pero viva anticipas la ceniza,
10

y con la sal te volverás solomo.

   Bien haya mi cabaña (aunque pajiza)

donde por pascua garrovillas como

y por carnestolendas longaniza.


- 109 -

A un poeta rico, que parece imposible

   La rueda de los orbes circunstantes

pare el veloz primero movimiento,

déjese penetrar el pensamiento;

iguálese la arena a los diamantes.

   Tengan entendimiento los amantes
5

y falte a la pobreza entendimiento;

no tenga fuerza el oro, y por el viento

corran los africanos elefantes.

   Blanco sea el cuervo y negros los jazmines,

rompan ciervos del mar los vidrios tersos,
10

y naden por la tierra los delfines;

   no sufra la virtud casos adversos,

den los señores, hagan bien los ruines,

pues hay un hombre rico haciendo versos.


- 110 -

Desengaño del vivir

   Compuso un sabio, cuya pobre suerte

apenas toga concedió raída,

un libro en vituperio de la vida,

y dos en alabanza de la muerte.

   La muerte, que infamarse siempre advierte,
5

de tanta exaltación desvanecida,

prometiole mostrarse agradecida

de darle tarde el virotazo fuerte.

   «Que no lo estimaré, te certifico,

el sabio respondió, ya calvo y ciego,
10

tan largo de nariz como de hocico;

   pues por tarde que vengas, será luego.

Promete, oh muerte, esa tardanza a un rico;

que yo ni te desprecio ni te ruego.»


- 111 -

La primera vez que vio la mar

   Válate Dios el charco, el que provocas

con verte a helar el alma de las venas,

Adán de tiburones y ballenas

almejas viles y estupendas focas.

   Cerúleo sorbedor por tantas bocas
5

de más naves que vio tu centro arenas,

teatro en quien oyó trágica escenas

sentada la fortuna entre estas rocas.

   Tú que enseñaste al Draque, a Magallanes,

lo más estrecho de tu campo oblico,
10

a pesar de Sirenas y caimanes.

   En España nací con sólo el pico,

cansado estoy de trajinar desvanes,

¿dime por dónde van a Puerto Rico?


- 112 -

Que no es hombre el que no hace bien a nadie

   Dos cosas despertaron mis antojos,

extranjeras, no al alma, a los sentidos:

Marino, gran pintor de los oídos,

y Rubens, gran poeta de los ojos;

   Marino, fénix ya de tus despojos,
5

yace en Italia, resistiendo olvidos;

Rubens, los héroes del pincel vencidos,

da gloria a Flandes y a la envidia enojos.

   Mas ni de aquel la pluma o la destreza

de éste con el pincel pintar pudieran
10

un hombre que, pudiendo, a nadie ayuda;

   porque es tan desigual naturaleza,

que cuando a retratarle se atrevieran,

ser hombre o fiera les pusiera en duda.


- 113 -

Que amando no hay dificultad

   Carbón me pide Inés, que la criada

dice que se le fue con un lacayo

medio francés, entre bermejo y bayo,

del caballero de la Ardiente Espada.

   Si mi pidiera lumbre, la abrasada
5

Troya del alma le prestara un rayo;

pero carbón, ¡por Dios que me desmayo

de ir a la tienda, la sotana alzada!

   Pero pedirme fuera más cuidado

que asar con él, perdone la sotana,
10

perdone lo escolar, perdone el grado.

   Todo lo puede amor, todo lo allana,

pues Hércules se puso rueca al lado,

y Júpiter las naguas de Diana.


- 114 -

Que los libros sin dueño, son tienda y no estudio

   Fabio, notable autoridad se saca

de escribir el autor, por darnos mueca,

que sacó de su propia Biblioteca

la historia de Charlín y Tacamaca.

   Articular humana voz la urraca,
5

es como remojar la arteria seca,

porque es llamar al guante chiroteca,

esto de Biblioteca o Bibliotaca.

   ¿Qué librería de orador Hispano,

de Senador Jurisconsulto grave?
10

¿qué fénix Escorial? ¿qué Vaticano?

   Por libros, quiere Persio que le alaba,

¡o mísera ambición de aplauso humano!

que el libro es el que enseña, no el que sabe.


- 115 -

A Luis Vélez de Guevara, del crédito que tienen los extranjeros

   ¿Que Tomé de Burguillos me llamase,

pudiendo yo llamarme Paulo Emilio,

Trajano, Octavio, Régulo o Marsilio,

qué el crédito al valor anticipase?

   ¿Qué mi estrella fatal me destinase,
5

aunque no fuerzan sin humano auxilio,

y del Parnaso el provincial concilio

a ser Tomé, sin que jamás tomase?

   Luis Vélez, un Luis tuvo Sevilla,

pobre ingeniero, que después fue rico;
10

mudando el nombre, ¡extraña maravilla!

   Si fue Luis pobre, y rico Ludovico,

mudémonos los nombres de Castilla,

vos Ludovico, y yo Burgitomico.


- 116 -

Venció una dama cómica a otra que presumía haberla vencido delante de sus majestades

   A breve vida exhalación sujeta,

plaza de estrella presumió atrevida,

y volando en aplausos encendida,

risa del aire feneció cometa.

   Tú, Fénix; tú, Leonarda; tú perfeta
5

luz de la acción y de los versos vida,

triunfaste ilustre, al firmamento asida,

que por estrella fija te respeta.

   Vuelve después de tantas tempestades,

sol del teatro, más hermoso en ellas,
10

desengaña las altas majestades:

   y sepan las que pisas y atropellas

lo que va de mentiras a verdades,

que hasta salir el sol fueron estrellas.


- 117 -

Decía una dama que no hallaba a quien querer

   Entre tantas guedejas y copetes,

tantos rizos, jaulillas y bigotes,

entre tantos ilustres Lanzarotes,

reservando gualdrapas y bonetes.

   Entre tantos sombreros capacetes,
5

ámbares, negros, rubios achiotes,

lampazos ligas, cuerpos camelotes,

peones de armas, de Moclín jinetes.

   Entre tantos que van el pico al viento,

que a los que rueguen por lindeza esperan,
10

¿no halláis a quién querer? ¡extraño cuento!

   ¿A tantos vuestros ojos vituperan?

Señora, o no tenéis entendimiento,

o vendréis a querer, cuando no os quieran.


- 118 -

A una dama que a todo respondía, ¡zape!

   Del alma, o Lidia, son o cuerda, o loca,

las palabras espejos y retratos,

tanto a la lengua importan los recatos,

y a quien mayor obligación le toca.

   ¿Qué costumbre tan bárbara os provoca
5

entre tantos Narcisos y Patratos,

pienso que todos os parecen gatos,

pues nunca os falta el ¡zape! de la boca?

   Todos murmuran ¡zape! tan grosero,

aunque por gracia algún galán le escape,
10

de tantos que traéis al retortero.

   Pero porque mejor se encubra y tape,

haced que os den un gato de dinero,

que con el miz olvidaréis el ¡zape!


- 119 -

A una dama que criaba un cernícalo

   Filis, verte criar un ave admira

de tan poco valor, y que te falte

un pardo azor, un noble gerifalte,

que se pierde en el cielo al que le mira.

   Cazar con un cernícalo retira
5

tu grave honor de su primero esmalte;

una urraca es mejor, que parle y salte,

y que puedas llamar Sancha o Elvira.

   Dirás que urracas te parecen suegras

y que en la caza de tus manos francas
10

mejor con un cernícalo te alegras.

   Cazad los dos, pues no las tienes mancas,

él, pajarillo con las uñas negras,

y tú las bolsas con las uñas blancas.


- 120 -

Contra los culteranos

   Conjúrote, demonio culterano,

que salgas de este mozo miserable

que apenas sabe hablar, caso notable,

y ya presume de Anfión tebano.

   Por la lira de Apolo soberano
5

te conjuro, cultero inexorable,

que les des libertad para que hable

en su nativo idioma castellano.

   «¿Por qué me torques bárbara tan mente?

¿Qué cultiborra y brindalín tabaco
10

caractiquizan toda intensa frente?

   -Habla cristiano, perro.- Soy polaco.

-Tenedle, que se va.- No me ates, tente.

Suéltame.- Aquí de Apolo.- Aquí de Baco.».


- 121 -

El río de Madrid en julio

   Mísero Manzanares, ¿no te basta

todo el año sufrir tanta fregona,

tanto lacayo y paje de valona,

tanta ropa servil, tanta canasta?

   Ahora en julio tus riberas gasta
5

tanto prestado coche, tanta dona,

que lo que peca abril, junio jabona,

cáfila más altiva y menos casta.

   Escupe rayos del León la ira

feroz, aunque de Alcides fue despojo;
10

la ardiente arena por humor suspira;

   mas, como el río es viejo y sin antojo,

a su primera fuente se retira,

de ver tantas pescadas en remojo.


- 122 -

A un coche de damas feas, que iban al soto, y hablando con el cochero, por no hablar con ellas

   ¿A dónde llevas, infernal cochero,

esa de suegras cáfila enemiga?

¿de qué Sitia cargaste, infame auriga,

tanta serpiente y basilisco fiero?

   Si desgracia, si imperio, si dinero,
5

Faetón de Trasgos, a llevarte obliga

tanta fiera cruel, que Amor maldiga,

no eres cochero ya, sino leonero.

   Para, Caronte de infernales barcas,

y no lleves al soto, ni a las huertas
10

tarascas, muertes, cocos, tigres, Parcas.

   Que si en ir a las Islas te conciertas,

y en Amsterdam de Holanda desembarcas

con tales sierpes, quedarán desiertas.


- 123 -

A un maldiciente

   Ricardo, cuando salgas de esta vida,

tu lengua y pluma de verdades llenas

se volverán dos blancas azucenas,

que nunca el cielo de premiar se olvida.

   Como tienes la honra tan perdida,
5

envidias y persigues las ajenas,

naciendo de saber su nombre apenas

el ser de tantas horas homicida.

   A todos por cualquiera niñería

mandaba un gran señor dar gran dinero,
10

porque jamás dinero visto había.

   Lo mismo de tu lengua considero;

que quien sabe qué es honra, no podía

tenerla en poco si la vio primero.


- 124 -

Intentó el poeta ausentarse para olvidar, y no le aprovechó el remedio, con que parece que habla de veras

   En la Troya interior de mi sentido

metió un caballo Amor con gran secreto,

parto de más soldados, sólo a efecto

de verme en salamandra convertido.

   Salen a media noche, y al ruido
5

despierta el alma al corazón inquieto,

y fugitivo yo de tanto aprieto,

entre la viva llama emprendo olvido.

   Mi padre al hombro, que es mi ingenio, intento

buscar algún remedio a tanto estrago,
10

embarcado en mi propio pensamiento.

   Pero poco mis daños satisfago,

pues con mudar de patria y elemento,

me vuelvo a Troya porque no hay Cartago.


- 125 -

Había duende en una casa y amaneció preñada una doncella

   Siete meses, Filena, son cumplidos,

que este espíritu malo se defiende,

no vos del mismo a vos, por más que enmiende

el cuidado a los ojos los vestidos.

   Disputase por hombres entendidos,
5

si fue de los caídos este duende,

o vos la que cayó, sino se entiende,

que sois los dos espíritus caídos.

   Entre tantos conjuros he notado,

que espíritu sin carne no podía
10

seros tangible a vos, si os ha tocado.

   No le conjuren más, Filena mía,

porque aunque este se vaya, el que ha dejado

podrá sustituir la duendería.


- 126 -

Efectos de Amor, porque comienza humilde, y acaba apasionado

   Digna será de vos, señor Cupido,

digna será de vos tan alta hazaña,

tantas nieves en mí, ¿soy yo montaña?

herid a Juana, pues me habéis herido.

   No quiero ejemplo contra tanto olvido
5

de Dafne en lauro, y de Siringa en caña,

sino que casta la tostéis castaña

al blando fuego de mi amor os pido.

   Mi victoria es la seda, el oro y randas,

que dar a vuestras armas por despojos
10

estas mis escolares sopalandas.

   Y tú, pues no te duelen mis enojos,

Juana cruel, que en cinco puntos andas,

caigas, aunque tropieces en mis ojos.


- 127 -

A un amigo del poeta, que iba fuera de mala gana

   Galán de verde vas, hermano Alcino,

pájaro mudas, buenas dichas hayas,

pues con lo verderón te apapagayas,

¡notable comisión, bravo camino!

   Bien te parece el traje montesino,
5

para entre cabrahigos y altas hayas,

vuelvas más alto, aunque también lo vayas,

que Lanzarote de Bretaña vino

   Como un Orlando vas determinado,

lo verde es esperanza, no se pierde,
10

y más en los que viven sin cuidado.

   Pero dice que vas quien siempre muerde,

más que para galán, para guisado,

porque pudiera ser carnero verde.


- 128 -

Casose un galán con su dama y después andaba celoso

   Puso tan grande amor, si amor se llama,

un hombre, aunque no fue de los Catones,

en una gata, en perseguir ratones

décima de las nueve de la fama,

   que a Júpiter, teniéndola en la cama,
5

porque fuese mujer dio tales dones,

que a fuerza de promesas y oblaciones,

Júpiter la volvió de gata en dama.

   Estando, pues, en el estrado un día,

pasó un ratón, y apenas la vislumbre
10

le dio en los ojos cuando fue su arpía.

   ¿De qué tienes, Ricardo, pesadumbre?

Que Cloris ha de ser lo que solía,

porque es naturaleza la costumbre.


- 129 -

   Yphis después de la amorosa queja

de aquella su ingratísima señora,

hallole el sol al despertar la Aurora,

palillo en la almohadilla de su reja.

   Luego el tronante Júpiter despeja
5

las nubes con la mano vengadora,

y en piedra la convierte, donde ahora,

dentro del mármol se lamenta y queja.

   Bien me quitara yo también la vida,

pero debe señora reportarme,
10

que no quedéis en piedra convertida.

   Y anímame también para excusarme,

que aún no estaréis después arrepentida,

o me daréis más vida por matarme.


- 130 -

Castiga Amor un mal gusto con tan mal empleo

   Quien a ninguno amó, cuanto podía,

tantas veces querer cuantas fue amada,

de un mico inútilmente enamorada

su fiereza por ídolo tenía.

   Fatal llegó de dicho mico el día,
5

y ella de su desdicha lastimada,

la piel vellosa en pardo hollín tiznada

colgó llena de paja en su armería.

   ¡Qué hermoso salchichón, qué lindo empleo,

qué Adonis bello, o Capitán robusto,
10

sino el mismo retrato de Asmodeo!

   Mas fue de no querer castigo justo,

que fuese un animal tan negro y feo,

el micocrosmos de su necio gusto.


- 131 -

La que viene primera no es la mayor desdicha

   Hércules de Alcumena giganteo,

ganapán de la Grecia musculoso,

con la nudosa clava el escamoso

cuello deshizo del dragón lerneo.

   Pero saliendo muchos, su trofeo
5

no pudo ser tan presto victorioso,

como en la muerte de mi amor celoso

nuevo principio nace a mi deseo.

   No temo las desdichas conocidas;

que a sierpe que produce más cabezas
10

en daño propio se le dan heridas;

   y mis desdichas son como cerezas,

que voy por una, y de una en otra asidas,

vuelvo con todo un plato de tristezas.


- 132 -

A la muerte de Timosca, perra de agua famosa, matola la rueda de un molino

   En esta inútil, si florida huesa,

yace Timosca, o peregrino, tente,

perra y delfín del agua, cuyo Oriente

Flandes, padre Francés, madre Irlandesa.

   Trújome a España belicosa empresa,
5

donde de un golpe, o fértil recipiente,

parí dieciséis hijos del valiente

Cardona, perro de agua del de Sesa.

   Mi muerte fue un molino, mas ya creo,

que trasladarme al can celeste ordena
10

Júpiter por mujer: ¡qué dulce empleo!

   ¡Ay de ti, Manzanares, porque en pena,

haré, si en la canícula me veo,

incendio tu cristal, polvo tu arena!


- 133 -

A una dama que en un balcón estaba cosiendo unos escarpines muy pequeños

   Con el marfil, que al Africano diente

del animal más sabio desafía,

que imaginando como nieve enfría,

siendo por el efecto fuego ardiente.

   En un balcón envidia del Oriente
5

la bella Antandra un escarpín cosía

con hilo, que de perlas parecía,

y aguja, que al amor dichas desmiente.

   Bien hace, si con él en puntos nada,

de darse en acabarlos tanta prisa,
10

pues cuanto quiere con el pie le manda.

   Saldrá el Aurora con su dulce risa,

y amor verá en sus pies con breve holanda,

levantarse azucenas en camisa.


- 134 -

A la muerte de un catedrático de escritura, escribe de veras

   A ti, si más la eternidad pudiera,

que tener en sí misma tu memoria,

con imposible exceso de tu gloria

   para tu nombre más eterna fuera.

Cuarenta veces vio la primavera
5

el vellocino de Jasón victoria,

en tanto que te dio la sacra historia

el Magisterio y Cátedra primera.

   Mas ya la muerte en tu fatal partida

tu vida e inmortal fénix convierte,
10

a mejores escuelas reducida.

   Para que honrasen de una misma suerte,

a tu muerte la fama de tu vida,

y a tu vida la gloria de tu muerte.


- 135 -

No tiene por hombres los que no aman, aunque no lo siente mucho

   Quien no sabe de amor, viva entre fieras,

quien no ha querido bien, fieras espante,

o si es Narciso de sí mismo amante,

retrátese en las aguas lisonjeras.

   Quien en las flores de su edad primeras
5

se niega a amor, no es hombre, que es diamante,

pues no lo puede ser el que ignorante,

ni vio sus burlas, ni temió sus veras.

   Yo no me alabaré, que humilde vengo

al dulce yugo, Amor, de tu cadena,
10

con Sancha Sánchez y con Manga Mengo.

   Fuerte vivir por voluntad ajena,

pues no puedo comer, sino lo tengo,

ni tengo gusto, mientras tengo pena.


- 136 -

Discúlpase con Lope de Vega de su estilo

   Lope, yo quiero hablar con vos de veras,

y escribiros en verso numeroso,

que me dicen, que estáis de mí quejoso,

porque doy en seguir Musas arteras.

   Ahora invocaré las verdaderas,
5

aunque os sea, que sois escrupuloso,

con tanta metafísica enfadoso,

y tantas categóricas quimeras.

   Comienzo pues, o tú que en la risueña

Aurora imprimes la celeste llama,
10

que la soberbia de Faetón despeña.

   Mas perdonadme, Lope, que me llama

desgreñada una Musa de estameña,

celosa del tabí de vuestra fama.


- 137 -

Discúlpase con Lope de Vega de su estilo

   Señor Lope, este mundo todo es temas;

cuantos en él son fratres, son orates;

mis musas andarán con alpargates,

que los coturnos son para supremas.

   Gasten espliegos, gasten alhucemas,
5

perfúmenlas con ámbar los magnates;

mi humor escriba siempre disparates,

y buen provecho os hagan los poemas.

   Merlín Cocayo vio que no podía

de los latinos ser el siempre augusto,
10

y escribió macarrónica poesía.

   Lo mismo intento, no toméis disgusto;

que Juana no estudió filosofía,

y no hay Mecenas como el propio gusto.


- 138 -

   Si al espejo venís a enamoraros,

romperse es fuerza para no ofenderos,

o porque en muchas partes podáis veros,

y él pueda en otras tantas retrataros.

   Si a vuestros ojos no buscáis reparos,
5

no podréis de vos misma defenderos;

que el veros tan hermosa puede haceros

el daño que resulta de envidiaros.

   La estampa de que fuistes imitada

rompió, cuando formó naturaleza,
10

acción de vuestro espejo reiterada.

   Quebrarse fue lisonja y sutileza,

porque con ser de vos, ni aun retratada

pueda tener igual vuestra belleza.


- 139 -

Reprehende el poeta los que hablan enflautado

   Si cumplo con la lengua Castellana,

Resolución diciendo, ¿qué concepto

es llamarla Análisis, o que efecto

Tópica a la invención, cosa tan vana?

   Ampliar la lengua propia es cosa urbana,
5

adulterarla, es bárbaro defecto,

porque su idioma y cándido dialecto

con voces peregrina se profana.

   Las nuevas frases como al vulgo ocultas,

de los antiguos términos, se abstraen,
10

y así el remedio, Fabio, dificultas.

   Unas voces se inventan, y otras caen,

pues hasta las mujeres andan cultas,

hurtando a las naciones lo que traen.


- 140 -

Nihil gloriosum, nisi totum

   Purpúreo Febo despreciando el suelo,

a sí mismo fatal si anochecía,

cuando con plumas de oro el fénix día

previno a España el generoso vuelo.

   El peso del Atlántico desvelo
5

en dos altos pirámides confía,

en quien pudo librar su Monarquía

por bien universal piadoso el cielo.

   Salió la luz a deshacer agravios,

a la ciencia el Imperio, y persuadida
10

la fama a la verdad doró los labios.

   Hable la guerra, y el estudio pida,

tendrán en el gobierno de los sabios

laurel las armas y las letras vida.


- 141 -

Dijo el Bocalino, que un español, que mató un italiano en desafío, no traía camisa

   Ya Belicón, que al Español mataste,

fiesta que Apolo celebró con risa,

para decir que andaba sin camisa,

vestido, aunque mentiste, le enterraste.

   A nuestra usanza el Español honraste,
5

que por la banda, que al sentarse frisa,

honesta de españoles fue divisa,

que en lo forzoso y natural se gaste.

   Si el de tu patria, Belicón, muriera,

¿quién duda que el cambray por todo extremo
10

hacia la parte Occidental se viera?

   Más estimo la burla, que la temo,

que donde no se ve oculta la esfera,

no ha menester camisa Polifemo.


- 142 -

Preguntole una dama qué era el áureo número

   Cuando pensé que os daban más cuidado,

las rosas de Guadix, o de Granada,

el Turco de Valencia la pomada,

y de Sevilla el resplandor comprado.

   ¿Ricarda, el áureo número os le ha dado?
5

¿qué calendario no entendéis, cansada

de buscar en la letra colorada

las fiestas, que jamás habéis guardado?

   César le halló, pero la causa ignoro

de haceros tan curiosa y importuna,
10

aunque os parezca femenil decoro.

   Que mejor sabéis vos, que otra ninguna,

hallar por este número de oro

la conjunción del sol y de la luna.


- 143 -

Que unos se mueren para que otros vivan

   Enterraron un mico los persianos

de la embajada de aquel rey primera;

dicen que era almizcleño como pera,

bufón de hocico y jugador de manos.

   Allí supersticiosos cuanto humanos,
5

higos y almendras y una polla entera

le ministraba el que de todos era

alcoranista de sus ritos vanos.

   Salía un español de unos olivos

(¡oh consonantes, qué facéis de tuertos!),
10

y hurtaba los piadosos donativos.

   ¡Oh terribles del mundo desconciertos,

que con necesidad los hombres vivos

coman las honras de los micos muertos!


- 144 -

Si se han de tener celos

   O sean justos, Fabio, o sean injustos,

celos han de tener dos voluntades;

si justos, por temor de las verdades,

si por el susto cuando no son justos.

   Si celos suelen excusar disgustos,
5

mejor es no tener seguridades,

que como son los gustos novedades,

no hay que fiar a novedades gustos.

   Siempre quien ama ha de tener recelos,

no ha de vivir la voluntad segura,
10

aunque ventura igual le den los cielos.

   Amar y no celar no fue cordura,

porque tener un hombre amor sin celos,

más parece ignorancia que ventura.


- 145 -

Al cuidado de calzar justo una dama

   ¿Qué te han hecho tus pies, o Clara amiga,

que en tan estrechas cárceles los prendes,

los pies encoges, y la mano extiendes?

¡ay de la bolsa, a quien pusieres liga!

   ¿Por qué le das tan áspera fatiga
5

a quien te lleva donde tú pretendes?

que si dar a tus pies tormento emprendes,

en él confesaran lo que te obliga.

   De pies viene piedad, suéltalos, Clara,

que no pierden amores y cariños
10

si de tus pies apelan a tu cara.

   No paguen apretados tus aliños,

pues si los viera Herodes los matara

por inocentes, pero no por niños.


- 146 -

Describe el poeta su Juana en forma de sirena, sin valerse de la fábula de Ulises

   De dulces seguidillas perseguidos,

lavando Juana en la ribera amena,

del río, que entre lazos de verbena

verdes construye a los gazapos nidos.

   De Ulises quise hacer mis dos sentidos,
5

pero estaba tan bella de Sirena,

que viendo y escuchando hasta la arena,

los vi anegados, y lloré perdidos.

   Allí el deseo y el amor iguales,

linces del agua en círculos sutiles
10

buscaban bienes, aumentando males.

   Yo con los ojos como dos candiles,

verdad, dije, mi ardor, dulces cristales,

pues que tenéis allá sus dos marfiles.


- 147 -

Responde a un poeta...

   Livio, yo siempre fui vuestro devoto,

nunca a la fe de la amistad perjuro;

vos en amor, como en los versos duro,

tenéis el lazo a consonantes roto.

   Si vos imperceptible, si remoto,
5

yo blando, fácil, elegante, puto,

tan claro escribo como vos oscuro;

la vega es llana e intrincado el soto.

   También soy yo del ornamento amigo;

sólo en los tropos imposibles paro,
10

y de este error mis números desligo;

   en la sentencia sólida reparo,

porque dejen la pluma y el castigo

oscuro el borrador y el verso claro.


- 148 -

Justifícase el poeta de que no nacen flores...

   Abría el sol, dejando el Alba a solas,

con manos de oro la Oriental ventana,

y en el primero albor de la mañana

trinaban filomenas y tórtolas.

   Cuando cantando jácaras y andolas,
5

calva una piedra acicalaba Juana,

dando a los campos más jazmín, más grana,

más risa al río, y más nevadas olas.

   Aunque decir que entonces florecieron,

y por ella cantaron ruiseñores,
10

será mentira, porque no lo hicieron.

   Pero es verdad, que en viendo sus colores

a mí me pareció, que se rieron

selvas, aves, cristal, campos y flores.


- 149 -

Al retrato de una dama después de muerta

   Duerme el sol de Belisa en noche oscura,

Y Evandro, su marido, con extraño

dolor pide a Felipe de Liaño

retrate, aunque sin alma, su figura.

   Felipe restituye a su hermosura
5

la muerta vida con tan raro engaño,

que pensando negar el desengaño,

la vista de los ojos se perjura.

   Tú dices que mejor fuera olvidarla.

Octavio, pues ya queda helada y fría,
10

que no dejar espejo en que mirarla.

   Y yo digo, con paz en tu porfía,

que tuvo muy buen gusto en retratarla

al tiempo que mejor le parecía.


- 150 -

A doña Antonia Clara de Nevares, saliendo una mañana al descuido

   Quien amanece al sol, quien al sol dora,

dejando libre discurrir el pelo,

por el blanco marfil, y debe al cielo

las rosas que la noche le colora.

   Parece, con las gracias que atesora,
5

que a la naturaleza dio desvelo,

y que en las luces del celeste velo

buscó ella misma su primara Aurora.

   Si sois Amor para robar despojos

en hábito de niña, hoy cesa, hoy para
10

cuanto de su rigor causaba enojos.

   Que si fuera de vos, Antonia Clara,

la niña de las niñas de sus ojos,

rompiera el arco Amor, mirar bastara.


- 151 -

Celos del poeta, porque vio a Juana columpiándose una tarde con otras doncellas

   Para el columpio, que no es justo, para

que el céfiro que engendras bulliciosa,

dulce abanillo de tu cara hermosa,

le pongas cuatro puntos en la cara.

   Yo vi tu pie, que me ocultaste avara,
5

y la roseta del zapato airosa,

que a tus mejillas trasladó la rosa,

como si más que viera, imaginara.

   Mas ya celoso de la dicha mía,

viendo que de otro pudo ser gozada,
10

diré a tu ti, aunque de ti se fía.

   Que andabas mal compuesta y bien sentada,

más que sirve decírselo a tu tía,

que pienso que la tienes preparada.


- 152 -

Imitando a Garcilaso sentimientos de ausencia

   Señora mía, si de vos ausente

en esta vida duro y no me muero,

es porque como y duermo y nada espero,

ni pleiteante soy ni pretendiente.

   Esto se entiende en tanto que accidente
5

no siento de la falta del dinero;

que entonces se me acuerda lo que os quiero,

y estoy perjudicial e impertinente.

   Sin ver las armas ni surcar los mares,

mis pensamientos a las musas fío;
10

sus liras son mis cajas militares.

   Rico en invierno y pobre en el estío,

parezco en mi fortuna al Manzanares,

que con agua o sin ella siempre es río.


- 153 -

Aconseja a un amigo como cortesano viejo

   Don Juan, no se le dar a un hombre nada

de cuanto va ni viene, es cuerdo efeto;

que toda la quietud del que es discreto

en sólo este aforismo está fundada.

   ¿Qué gobierno, qué ejército, qué armada
5

corre por vuestra cuenta? Lo perfeto

es el descuido y el tener secreto

cuanto da pesadumbre y cuanto enfada.

   Nunca os halléis en juntas ni en corrillos,

que es cuerdo de las bestias el rodeo,
10

ni en estas ruedas de amolar cuchillos.

   Haced de la virtud secreto empleo;

que yo en mi pobre hogar, con dos librillos,

ni murmuro, ni temo, ni deseo.


- 154 -

Reprehende los filósofos antiguos

   Aquel filosofar antiguo, Octavio,

jamás le diera yo tan falso nombre,

plantar el hombre, sin que el verlo asombre,

más parece de bestia, que de sabio.

   Sacar los ojos, dar silencio al labio
5

un lustro, acción de bárbaro se nombre,

buscar de día con un hacha un hombre,

de cuantos han nacido fuera agravio.

   Con propia mano en una fuente un día

vio un sabio un hombre, que bebiendo estaba,
10

y quebró la escudilla que tenía.

   Qué hermosa necedad, pues se obligaba

a quebrarse la mano, si bebía,

porque también la boca le sobraba.


- 155 -

Se lamenta el Manzanares de tener un gran puente

Habla el río

   ¡Quítenme aqueste puente, que me mata,

señores regidores de la villa;

miren que me he quebrado una costilla;

que, aunque me viene grande, me maltrata!

   De bola en bola tanto se dilata,
5

que no la alcanza a ver mi verde orilla;

mejor es que la lleven a Sevilla,

si cabe en el camino de la Plata.

   Pereciendo de sed en el estío,

es falsa la causal y el argumento
10

de que en las tempestades tengo brío.

   Pues yo con la mitad estoy contento,

traíganle sus mercedes otro río,

que le sirva de huésped de aposento.


- 156 -

A don Francisco de Quevedo Villegas, señor de la villa de la torre de Juan Abad, caballero de la Orden de Santiago

   Para cortar la pluma, en un profundo

ideal concepto, y trasladarle en rima,

halle, peregrinando el patrio clima,

que era de vos lo más sutil del mundo.

   Atento os miro, y tan valiente infundo
5

alma al ingenio, al instrumento prima,

que a escribir, a cantar, a ser me anima

de vuestro claro sol faetón segundo.

   Para alabaros hoy, le pedí al coro

de Apolo, si es que tanto emprender puedo,
10

permitiese mi pluma a su tesoro.

   Y respondiome con respeto y miedo:

Burguillos, si queréis teñirla en oro,

bañarla en el ingenio de Quevedo.


- 157 -

Lloraba Juana por una camisa que le hurtaron en el río, y quitose el poeta la suya, porque no la riñesen en su casa

   ¿Perlas, Juana, en tus ojos, cuya risa

hizo llorar de amor al más diamante?

¡qué holanda, qué cambray, o qué brabante

de lágrimas sembró tu manutisa?

   ¿Mas qué mayor fineza y más aprisa,
5

como quedarse en cueros un amante?

así pintan a Amor, nadie se espante,

pues menos es que el alma la camisa.

   Desnudo estoy, Amor, pero hoy te pido

te dignes de ponerte mi sotana,
10

y darme el arco para ser Cupido.

   Por dicha, aunque es tan fiera e inhumana,

viendo tan grande amor contra su olvido,

rendirá su desdén mi hermosa Juana.


- 158 -

Preguntole un caballero si haría comedias, por el principio de una que le enviaba

   Si haré Comedias, me preguntas Cloro,

y un acto de Penélope me envías,

¿qué fama te engañó, que en tales días,

de Falaris te metes en el toro?

   Después que un Autoron cantante loro
5

con idiotismos y objeciones frías

la exponga al vulgo, comerante Harpías

el dulce néctar del Castalio coro.

   Es el teatro de ámbar un escudo

en un carro de estiércol, o en un coche,
10

donde habla el ganso y está el cisne mudo.

   Y cuando más tu ingenio se trasnoche,

veraste en una esquina con engrudo,

y no te faltará para la noche.


- 159 -

Exclamación del poeta por un hombre que siempre andaba diciendo, que era muerto

   O tú buen hombre, o tú cualquier que seas,

trágico de mi fin Mercurio alado,

que sin ofensa, herencia, ni cuidado,

la voz en referir mi muerte empleas.

   Primero que te goces y la veas,
5

pases la barca de Carón tiznado,

y si no tienes óbolos, a nado

te trasladen las márgenes Lereas.

   ¿Qué te ha hecho, Burguillos, bestia fiera,

que quitas a la muerte su trofeo,
10

cuando menos la teme, que la espera?

   Déjale honrar el coro Pegaseo,

que como aguardes a que Dios lo quiera,

él se lo morirá sin tu deseo.


- 160 -

Al Príncipe de Esquilache

   Si yo en mi vida vi la Polyanthea,

rudo villano me convierta en rana,

¿qué aplauso pide aquella gente vana,

que por lo trajinado se pasea?

   Vuestro claro esplendor árbitro sea
5

Príncipe de la lengua Castellana,

que si Goda nació, vive Tebana,

y siendo esfinge, morirá Guinea.

   Cuando vos fuiste por Virrey a Lima,

Penélope quedó, más de aquel cielo
10

Antártico volviendo a nuestro clima.

   Adúltero hallaréis su casto velo,

y a mí llorando su perdida estima:

¡o patria, cuánto debes a mi celo!


- 161 -

Discúlpase el poeta del estilo humilde

   Sacras luces del cielo, yo he cantado

en otra lira lo que habéis oído;

saltó la prima y el bordón lo ha sido

al nuevo estilo si le habéis culpado.

   De mí mismo se burla mi cuidado,
5

viéndome a tal estado reducido;

pero, pues no me habéis favorecido,

¿por qué disculpo lo que habéis causado?

   Entre tantos estudios os admire,

y entre tantas lisonjas de señores,
10

que de necesidad tal vez suspire;

   mas tengo un bien en tantos disfavores,

que no es posible que la envidia mire:

dos libros, tres pinturas, cuatro flores.


- 162 -

De doña Teresa Verecundia al licenciado Tomé de Burguillos

   Con dulce voz, y pluma diligente,

y no vestida de confusos chaos,

cantáis Tomé las bodas, los saraos,

de Zapaquilda, y Mizifuf, valiente.

   Si a Homero coronó la ilustre frente
5

cantar las Armas de las Griegas Naos,

a vos de los insignes Marramaos

guerras de amor por súbito accidente.

   Bien merecéis un gato de doblones,

aunque ni Lope celebréis, ni el Taso,
10

Ricardos, o Gofredos de Bullones.

   Pues que por vos segundo Gatilaso,

que darán para siempre de ratones,

libres las Bibliotecas del Parnaso.


- 163 -

Trajeron unos devotos a la Corte el Santo Niño de la Cruz...

   Dulce pastor que nuestro valle pisa

desde las flores de su prado eterno,

esposo, a quien el Alba del invierno

entre rizos de sol perlas divisa.

   Dulce amor, dulce niño, dulce risa,
5

dulce Jesús, dulce cordero tierno,

¿qué cuidado del alma, qué gobierno

mueve los dulces pies a tanta prisa?

   ¿Cómo dejáis a vuestra dulce madre?

¿es bueno que le deis estos enojos?
10

¿de la Cruz a la Corte habéis venido?

   A fe que se lo diga a vuestro padre,

¡más ay de mí! que respondéis mis ojos,

que por hallarme a mí venís perdido.