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ArribaAbajo

Sonetos italianos




- LXXIX -


ArribaAbajo   De este eclipsado velo en tomo oscuro,
en sordas sombras de tristeza envuelto,
lo que fue corruptible está resuelto
y lo puro a buscado a lo más puro.

   Donde pisando el cristalino muro,  5
de mortal peso ufanamente suelto,
a la causa primera sólo vuelto,
sumo y eterno bien goza seguro.

   ¡Oh espíritu feliz que, cuando imperios
mortales deja, alcanza eterno asiento  10
ante el fin verdadero de los fines!

   A donde aprende en parte los misterios
con intérprete voz, con dulce acento
de incesable cantar de serafines.




- LXXX -


ArribaAbajo   De engañosas quimeras alimento
la atrevida esperanza y el deseo,
que me obliga a seguir lo que no creo
y me hace creer lo que más siento.

   No es capaz mi locura de escarmiento,  5
antes de la ilusión con que peleo
suspensamente absorto, ya no veo,
sino la ceguedad del vano intento.

   Cerrados, pues, los ojos, y el discurso
incapaz de la luz del desengaño,  10
sólo la voluntad llevo por guía.

   Por costumbre los yerros hacen curso,
y la constancia inútil en el daño,
por honra tiene ya lo que es porfía.




- LXXXI -


ArribaAbajo   Marino, si es tu nombre el que tiene
el honor de las musas, ¿qué castigo
de hado con violencia de enemigo
tolerante paciencia no previene?

   Si el dios del arte en tu defensa viene,  5
hecho del desengaño dulce amigo,
menos solo estarás solo contigo,
pues en ti la virtud su premio tiene.

   Superior en los casos y en las cosas,
bajarás a mirar gloriosamente  10
las inquietudes del glorioso Marte,

   y cuando emulaciones cautelosas
alteren el sosiego a tu memoria,
a ti te puedes de ti en ti escaparte.




- LXXXII -


A una dama que se peinaba


ArribaAbajo   En ondas de los mares no surcados
navecilla de plata dividía;
una cándida mano la regía
con viento de suspiros y cuidados.

   Los hilos que, de frutos separados,  5
el abundancia pródiga esparcía,
de ellos avaro, Amor los recogía,
dulce prisión forzando a sus forzados.

   Por este mismo proceloso Egeo
con naufragio feliz va navegando  10
mi corazón, cuyo peligro adoro.

   Y las velas al viento desplegando,
rico en la tempestad halla el deseo
escollos de diamante en golfos de oro.




- LXXXIII -


ArribaAbajo   El soberbio africano que oprimida
a Italia tuvo el tercer lustro entero,
hartó de sangre su sediento acero,
del Capitolio en deshonor vertida.

   Dígalo en Canas tanta esclarecida,  5
frustrada audacia, y díganlo primero
Trebias y Trasimeno, cuyo fiero
tributo espuma en sangre fue teñida.

   Mas este mismo pecho a quien no pudo
resistir el valor del pueblo osado,  10
decoro militar, genio de Marte,

   rinde en campaña armado el dios desnudo;
que al violento arpón del ciego alado
cede la fuerza y no aprovecha el arte.




- LXXXIV -


ArribaAbajo   Las pompas con que Roma vio superba
las estrellas un tiempo amenazadas,
del padre de los siglos habitadas,
poca son hoy ceniza y mucha hierba

   que al poderoso culto nos reserva  5
serie de años a edades canceladas;
esclarecidas obras decantadas
con aliento vivaz Fama conserva.

   En los anales sólo, en los archivos
de la inmortalidad, gloriosamente  10
muertos renacen para siempre vivos.

   Cuando el valor no adquiere el accidente
de aplausos y de obsequios ilusivos,
al tiempo engaña, y al virtud no miente.




- LXXXV -


ArribaAbajo   Estas de admiración reliquias dinas,
tumbas, anfiteatros, coliseos,
del tiempo son magníficos trofeos,
imperiales ya pompas o ruinas.

   Tú, mortal, que esto ves, y no terminas  5
el plazo a la ambición de tus deseos,
¿no adviertes de los Fabios y Pompeos
tantas, en polvo hoy, fábricas divinas?

   A la inmortalidad cierra el camino
el que escalar pretende en vano el cielo  10
con el que su ambición fausto permite.

   La virtud es el medio peregrino,
el valor y el talento prestan vuelo,
sin que el tiempo contrario lo limite.




- LXXXVI -


A la casa de Nuestra Señora de Loreto


ArribaAbajo   No colosos, ni pompas de romanos
son de mi admiración el argumento,
mas la casa en que tuvo fundamento
la vida y redención de los humanos.

   Huyan lejos de aquí pechos profanos,  5
ángeles sólo, en soberano acento,
den al mismo sujeto el pensamiento
a quien dieron las alas y las manos.

   En las almas se estampe la memoria
del celestial traslado misterioso  10
que dio a Italia renombre soberano.

   Y a la humildad triunfante y a su gloria
devoto ofrezca el corazón cristiano
verdadero dolor, llanto piadoso.




- LXXXVII -


A la capilla de Paulo V en Santa María la Mayor


ArribaAbajo   Esta máquina y pompa, cuya alteza
fue con tan justo celo fabricada,
que en ella se nos muestra declarada
la piedad de su sueño y la grandeza;

   donde el discurso incrédulo tropieza,  5
y la misma verdad, como asombrada,
el crédito suspende, y por soñada
tiene la admiración y la riqueza.

   Aplauso es bien debido al mausoleo
cuyo sujeto, prodigioso en arte,  10
más eleva el juicio que los ojos;

   pero de inmortal obra y de un deseo,
sólo viene a quedar humilde parte
para depositar tales despojos.




- LXXXVIII -


Al sepulcro del apóstol San Pedro


ArribaAbajo   Este ahora al primero dedicado
de los senos de Dios sacro piloto,
no sólo es templo, afecto si devoto
de vivo altar, de túmulo animado.

   Cuyo sublime culto hoy ve logrado  5
al más heroico y religioso voto
que la común ejecución de Cloto
con dos eternidades ha violado.

   Alta no construcción, no fuerza de arte
en virtud puede dar, de muertos vivos,  10
voces a piedras, a metales ojos,

   cuando colosos sacramente altivos
humildes son, y aun no con digna parte,
para depositar tales despojos.




ArribaAbajo

Sonetos gongorinos




- LXXXIX -


A un pintor


ArribaAbajo   No sólo admira que tu mano venza
el ser de la materia con que admira,
sino que pueda el arte en la mentira
a la misma verdad hacer vergüenza;

   cuyo milagro a descubrir comienza  5
en el valor con que las líneas tira,
paralelo capaz, con que la ira
del tiempo, hoy del olvido se convenza.

   Tener cosa insensible entendimiento
hace, donde el engaño persuadido  10
por verdad idolatre al fingimiento.

   ¡Oh milagro del arte que ha podido,
dando a una tabla voz y movimiento,
dejar sin él en ella el sentimiento!




- XC -


Al Duque de Alba


ArribaAbajo   El más que digno sucesor del claro
primer Fernando y Marte no segundo,
dado todo al dolor, negado al mundo,
Alba queda de un sol de luz avaro.

   Extinto no, que, virtual su amparo,  5
astro ya fijo logra ardor fecundo,
cual, en flamantes plumas ya segundo
clima, viste inmortal volante raro.

   Por estos grados, hoy, en la sublime
región empírea es alta moradora,  10
Fénix que nace, y sol eterno en ella;

   rayo, pues, de su luz vital anime,
ya de horizonte interminable aurora,
el alba de quien fue tan digna estrella.




- XCI -


ArribaAbajo   Son tus claras virtudes, gran Fernando,
más que tu fama, y sólo tú más que ellas,
y vencida la envidia en gloria de ellas
a ti mismo tú mismo estás premiando.

   De fin caduco, pues, fin despreciando,  5
tu dictamen pisando las estrellas,
el gran progreso de tus obras sellas
a inmortal luz tu nombre trasladando.

   Claro por sangre y por virtud famoso,
a tus mismos efectos semejante,  10
como en celo, en talento prodigioso.

   Del tiempo vencedor sólo bastante
a sustentar el peso peligroso
que temes Alcides, y que gime Atlante.




- XCII -


A un presidente de Castilla


ArribaAbajo   Sacro Pastor, cuya vigilia alcanza
el virtual asunto soberano,
por quien Astrea confió a tu mano
el cándido nivel de su balanza;

   freno a la culpa, al mérito esperanza,  5
y miedo pones al aplauso vano;
afecto de piedad, celo cristiano,
que el poder ajustó con la templanza.

   Acrisoló de tu virtud el vuelo
el celante cuidado, cuya fama  10
es prenda en ti de dos eternas vidas;

   que estos impulsos débiles del cielo,
avisos son, y voz con que te llama:
mas él te acuerda y tú, señor, no olvidas.




- XCIII -


ArribaAbajo   Sacro Pastor, cuya advertida vara
su grey ilesa conducir pretende,
y más con el ejemplo reprehende
que con la voz por sus avisos clara.

   Corrige el vicio, a la virtud ampara,  5
pues la que en fe y en caridad se enciende,
si en grado no, por méritos asciende
de la mitra al honor de la tiara.

   Feliz dictamen, ínclitos cuidados,
manos piadosamente liberales,  10
voz que fines nos muestres sólo eternos;

   cuyos efectos pueden, alumbrados
con la voz de doctrinas celestiales,
hacer de piedras duras hombres tiernos.




- XCIV -


ArribaAbajo   Floreciente esplendor en quien contemplo
cuanto tú mismo a tus virtudes debes,
cuanto con sacra voz las almas mueves,
y más que con la voz con el ejemplo.

   Luz cuya infusa luz muestra en el templo  5
eternos fines con avisos breves,
cielo con quien alientas, si no atreves,
una esperanza en quien mil ansias templo.

   Los venerables bien vividos años
logra feliz, tus canas sean espejo  10
a luz de verdaderos desengaños.

   Nunca mozo veremos al que viejo
en las virtudes desvanece engaños
del mundo, con su aviso y su consejo.




- XCV -


ArribaAbajo   De este pastor cuya cerviz exenta
el aplauso feliz logra del prado,
a la onda obedece y al callado
numeroso redil, ovil sin cuenta.

   Pues que si la robusta lucha interna,  5
o al culto se dedica ejercitado,
de las serranas nuestras aclamado
la envidia de estas selvas alimenta.

   No tiene el bosque en sus entrañas, fiera
segura de las armas de su ira,  10
ni toro exento al yugo en su ribera;

   si de amor canta o por amor suspira,
corazones de piedra vuelve en cera
con los dulces acentos de su lira.




- XCVI -


ArribaAbajo   En cunas de esmeraldas, de esta fuente
aljófar nace o fugitiva plata,
cuyas márgenes claras no dilata
en cuanto su cristal adoleciente;

   en undosa después firma creciente,  5
que de grillos de hielo se desata
sin llagar donde muere, nunca mata
la fatiga y la sed de su corriente.

   ¡Oh retrato, oh espejo de la vida,
que en vanas plumas de sus fines vuela,  10
más engañada y menos advertida,

   a donde la razón no se rebela,
siguiendo una lección apetecida
por quien ha de morir, por quien anhela!




- XCVII -


A una nave que después de muchas borrascas, flotando segura, llegó al puerto


ArribaAbajo   Este en selva constante alado pino
que los impulsos resistió de Eolo,
pisó las metas de uno y otro polo
felizmente en entrambos peregrino.

   Cuyo vuelo inmortal, cuyo camino,  5
primer milagro al mundo, si no solo,
émulo puerto al discurrir de Apolo
en la inmortalidad a lograr vino.

   Donde con nombre digno de Victoria
en los álgidos senos no hay ninguno  10
sin viva luz de su farol ardiente,

   tal que el tiempo tributa a la memoria
del gran Jasón, del ínclito Neptuno,
náutico honor del húmedo tridente.




- CXVIII -


ArribaAbajo   Tú que con mancha ilustre en clara espada,
campeón de Cristo y de la patria fuiste,
cuando en bárbara sangre la teñiste,
de gente al rey y al cielo rebelada;

   y de impulsos celantes tu fe armada  5
glorioso a Marte adverso te opusiste,
tal que en ambas fortunas conseguiste
próspera adversidad, gloria envidiada.

   Cual con la espada, logra con la pluma
trofeos, y el aplauso de tu gloria  10
dé la virtud corona, el cielo palmas.

   Sumo el honor, y la fatiga suma
en la segunda y no menor victoria
el cielo sólo premie triunfo de almas.




- XCIX -


ArribaAbajo   En tus penates hoy, sacro escarmiento,
cuelgo la quilla de mi rota nave,
que del mar de fortuna el rigor sabe,
y los impulsos de contrario viento.

   Pondrá del tiempo este prodigio exento,  5
si digno olvido de tus iras cabe,
en quien sublime ya, y ahora grave,
tumba le cubre el húmedo elemento.

   A quejas halle mudo, sordo a ruegos,
undoso dios de senos inconstantes,  10
cuando sirenas visten sus marinas.

   Sean, pues, de la fortuna en mares ciegos,
a peligros de amantes navegantes,
mi voz aviso y norte mis ruinas.




- C -


ArribaAbajo   Muda selva deidad pisó la mora
en los rubios crepúsculos del día,
canora Delia, o Ciprea que nacía
undosa en Tetis, no de blanca aurora.

   Los senos vagos de Pomona y Flora  5
primavera animada concedía
al que en su margen apacible cría
la rica arena a quien su planta hoy dora.

   Segunda margen de zafir del cielo,
deidad brama celosa en su ribera,  10
cuando sus cuernos copia son de flores,

   donde, cisne lascivo ya, quisiera
en blancas plumas, cómplices de amores,
facilitar más cauteloso vuelo.




- CI -


ArribaAbajo   Mal haya el temerario, el ambicioso,
en el mar monstruo cuando no marino,
que hurtó al bosque el mal nacido pino,
para darle a Neptuno proceloso;

   y fiero labrador de campo algoso  5
sembró en el viento el porfiado lino,
que entre aquilón y cierzo dio camino
a náutico inculcar piélago undoso.

   Porque a insultos piráticos el puro
rubio expuso, metal solicitado  10
de tantas hoy fatigas perennales.

   Por cuya ya venganza el frigio muro
de lágrimas sangrientas vio bañado
cuando entre ciego honor, llamas fatales.




- CII -


A la hermosura de las cosas criadas


ArribaAbajo   Es la belleza un rayo del primero
lumen, por mil centellas derribado,
a donde vibra en parte trasladado
del Sol Eterno un campo verdadero.

   Color que condición muda severo  5
este bien altamente originado,
que ser no puede en carta retratado,
en tela si de juicio y no grosero.

   Cuando Diana argenta y dora Apolo,
supedita la luz de sus centellas,  10
y templo es suyo el uno y otro polo.

   Los milagros de amor que ostenta en ellas
él los describe, y sean de ellos sólo
los orbes carta y letras sus estrellas.




- CIII -


ArribaAbajo   Esta cuna feliz de tus abuelos,
si en edad muertos, vivos por memoria,
no consta sólo de caduca gloria,
afrenta en simétricos modelos.

   Porque sus piedras dan envidia y celos  5
al esplendor de la latina historia,
hechos tanto blasón, tanta victoria,
templos de Marte y de la fama cielos.

   Presas banderas, príncipes vencidos,
rotos arneses, yelmos abollados,  10
mármoles son del tiempo no mordidos,

   donde con sangre viven trasladados
reinos gloriosamente defendidos,
reinos gloriosamente conquistados.




- CIV -


ArribaAbajo   Si con mayor peligro que escarmiento
olímpicos alcázares escalas,
nieguen, Amor, las plumas de tus alas
el ser de cera al sol, de nieve al viento.

   Présteme ya tu soberano aliento  5
esperanza que infundes, fe que exhalas
y archiven cuanto anime, cuanto igualas
piélagos del diáfano elemento.

   Ya fugitiva luz de astros errantes,
conduzca osado el peligroso vuelo,  10
donde, aun cayendo, gloria me colijo.

   De ansias menos felices que constantes
el golfo, si de gracia es mar de cielo,
inmutable, sea fiel mi norte fijo.




- CV -


A una señora que cantaba


ArribaAbajo   La peregrina voz, y el claro acento
por la dulce garganta despedido,
con el suave afecto del iodo,
bien pueden suspender cualquier tormento.

   Mas el nuevo accidente que yo siento  5
otro misterio tiene no entendido,
pues en la mayor gloria del sentido,
halla causa de pena el sentimiento.

   Efectos varios, porque el mismo canto
deja, en la suspensión con que enajena,  10
cuerdo el enloquecer, la razón loca.

   Y por nuevo milagro o nuevo encanto,
cuando la voz más dulcemente suena,
con ecos de dolor el alma toca.




- CVI -


ArribaAbajo   Estas ruedas de amor que no suspenden
varios tormentos que causando ignoras,
si un tiempo indican con la mano y horas,
horas fatales de tu mano penden.

   De cuya voluntad no se defienden  5
las penas que renuevas y mejoras,
atenta sólo al tiempo que empeoras
a los que, más rendidos, más te ofenden.

   Tú, inexorable parca de las vidas,
con vulnífico fin los hilos corta  10
que están en lo profundo de tus ruedas,

   y con piadosas manos homicidas
las vidas y tormento junto acorta,
si con último mal vengada quedas.




- CVII -


ArribaAbajo   Este divino objeto en forma humana
que menosprecia altar y estrellas pisa,
mata en un punto y nos parece aprisa,
tanto el que muere a tales manos gana.

   Poderosa razón la ley tirana,  5
que primero da muerte y luego avisa,
teniendo en el enojo y en la risa
aire supremo y fuerza soberana.

   ¿Cuándo alma exenta a rayos de sus ojos
no percibió del poderoso ciego  10
a la luz más pura efectos alumbrados?

   Nueva ambición de apetecido fuego,
a donde por su causa los enojos,
como si no matasen presurados.




- CVIII -


ArribaAbajo   Esta no es culpa, aunque su inmensa pena
a inmortales asuntos me destina,
si amar hombre mortal beldad divina
en tus leyes, Amor, no se condena.

   Estrella, pues, de luz siempre serena,  5
a venturosa muerte me encamina,
Fénix etérea, pompa peregrina,
de los bosques deidad, del mar sirena.

   Los montes la veneran cazadora,
las selvas ninfa y diosa las riberas;  10
próvido amor le rinde sus despojos.

   La suya venturosa edad honora,
la que en orbes de luz formando esferas,
rayos vibra, que rayos son sus ojos.




- CIX -


ArribaAbajo   Ríndome al tiempo, cedo a la violencia
de fortuna cruel, de injusto hado,
y no voy mal, pues voy desengañado
de mi esperanza y no de mi paciencia.

   De hoy más viva celante la advertencia,  5
tal que apenas de incrédulo avisado,
librando el tribunal de mi cuidado
en la fe culpa, en el temor prudencia.

   Mis repetidas quejas dan al viento
el que nunca recato desmentido,  10
ni el miedo culpa, ni el peligro engaña.

   Mudará clima, y firme en el intento,
ánimo contrastado y no rendido,
treguas hará, y no paces con hazaña.




- CX -


ArribaAbajo   Rocas que a la verdura de este llano
le servís de corona o de muralla
cuyo hielo, que es hoy rígida malla,
fuerza solar pretende abrir en vano.

   De esta misma esperanza el horror cano  5
que al Olimpo le intima otra batalla,
cristal la nieve hiciera, y al soltalla,
diera al monte sus hojas el verano.

   De los tiempos alternan los efectos,
y, los efectos alternando caos,  10
orden guarda aun lo mismo que van.

   Sólo, más poderosos o imperfectos,
astros de luz y de piedad escasos
niegan intermisión al ansia mía.




- CXI -


ArribaAbajo   Articuladas lágrimas desata
desterrado pastor de su cabaña,
y del líquido fuego en que se baña
forme el cielo dos márgenes de plata.

   Buscad, ondas, les dice, de una ingrata  5
el cristal fugitivo en la campaña,
que si el vuestro de amor su plata engaña
veréis que aun del que llora se recata.

   Si no que disfrazada el ansia mía,
la piedad invocando del desierto,  10
fuego introduzca en la región más fría.

   En mar podrá de olvido tomar puerto
de feliz acogida la porfía,
si llevare por nueva que estoy muerto.




- CXII -


ArribaAbajo   De nuestras selvas el mejor Narciso,
o por lo bello o por lo enamorado,
de suerte no, de cristal sí animado,
quejoso he visto yo de un verde aliso.

   Norte será de hoy más, árbol de aviso,  5
en piélagos de llanto, en cielo airado,
de un firme corazón que, desamado,
dio experiencias de amor de cuanto quiso.

   Huyan pastores, caminantes dejen
la estrecha senda, el infeliz camino  10
que niega un ciego dios sin fe ninguna.

   Y si no la huyeren no se quejen,
pues les da luz y les conduce a tino
el peligroso error de mi fortuna.




- CXIII -


ArribaAbajo   Las no cuajadas perlas de este río,
que en urna breve su cristal desata,
undoso plecto son, cuerdas de plata,
que alternan voz y llanto con el mío.

   Fortuna, pues, común, común desvío,  5
a bien conforme vínculo nos ata,
grillos de hielo en margen pone ingrata,
cuando a yerros vincula mi albedrío.

   Articulado, pues, el sentimiento
en líquida tiorba, en triste canto,  10
quejas damos recíprocas al viento.

   Dulce de Orfeo emulación, en cuanto
animadas sus aguas con mi acento,
su caudal enriquecen con mi llanto.




- CXIV -


ArribaAbajo   De este antiguo ciprés, que en Menfis pudo,
verde obelisco, aguja ser famosa,
mi fortuna elección hace forzosa,
no menos por funesto que por mudo.

   El tronco animará metal agudo,  5
que, informando corteza misteriosa,
oráculo será de voz quejosa,
vaticinante en mi carácter rudo.

   Quejas, seguras ya por no escuchadas,
aunque, por no escuchadas, no perdidas,  10
endechará de hoy más su mudo acento;

   donde, si a la piedad encomendadas,
de su dueño no fueran admitidas,
apelarán al tribunal del viento.




- CXV -


ArribaAbajo   Dos veces de Favonio el blando aliento
dejó estas plantas en su honor logradas,
y aquí otras dos veces despojadas
a la tierra entregaron su ornamento,

   después que, idolatrado mi tormento,  5
sigo, Amor, esperanzas engañadas,
primero desmentidas que formadas
en la ilusión de un ciego pensamiento.

   ¿Qué espera la razón, cómo no advierte
sentidos sordos ya con voces mudas,  10
de oráculos que avisa desengaños?

   Al que contra sí mismo sólo fuerte
escrúpulos absuelve, vence dudas,
en la fe porfiado de sus daños.




- CXVI -


ArribaAbajo   En el mes claro, a junio antecedente,
cuando pródigamente le da al Toro
los rubios rayos de su carro de oro
el gran planeta en tronos del Oriente,

   a las márgenes frías de una fuente,  5
en suspiros dolor, perlas en lloro,
aquella en cuyo líquido tesoro
mata celoso Amor la sed ardiente,

   matizando en jazmines las orillas
que quiso florecer su pie sagrado,  10
tiernas, quejosas voces prestó al viento.

   Por él salieron luego a recibillas,
no salamandria ya de su elemento,
envidia en ansias, en voces mi cuidado.

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