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Abajo

Sonetos


Luis de Ulloa Pereira


Ramón García González (ed. lit.)




Datos biográficos

Poeta español nacido en Toro (Zamora) en 1584.

Cursa sus primeros estudios en la ciudad de Valladolid.

Contrae matrimonio con una de sus primas, de la que enviuda al poco tiempo de casarse. No se tienen noticias de que tuviera descendencia.

Desde ese momento su vida trascurre entre sus libros, cargos oficiales y diversas aventuras.

Desempeñó los cargos de Procurador en Cortes, Corregidor de León y Logroño. Y sobre todo fue conocido como ayo del bastardo Juan José de Austria.

En veintidós de sus sonetos muestra su pasión amorosa por una dama llamada Celia; en otros once, por Filis; en nueve, por Lesbia, y en uno de ellos, su agradecimiento al Conde-Duque de Olivares.

Durante su vida en la Corte fue protegido del Conde-Duque de Olivares y cuando ya no pudo gozar de su crédito se retiró a su Toro natal, donde fallece en 1674.

Se dedicó a escribir poesías y comedias, siendo su obra más importante Raquel, en la que trata de los amores de Alfonso VIII con una hebrea, tema tratado anteriormente por Lope de Vega en La Judía de Toledo.

En los sonetos dedicados a los incendios del Colegio de Santo Tomás (LXXXIV) y del Monasterio del Escorial (CII) acaba con el mismo endecasílabo: «para que se redima la malicia».

Hay muy pocas referencias de este poeta en los libros de poesía, antologías y diccionarios.








ArribaAbajo- I -


A las cenizas de un amante puestas en un reloj de arena


Abajo   Esta que te señala de los años
las horas de que gozas en empeño,
muda ceniza, y, en cristal pequeño,
lengua que te refiere desengaños,

   un tiempo fue Lisardo, a quien engaños  5
de Filis, su querido ingrato dueño,
trasladaron del uno al otro sueño:
prevente, huésped, en ajenos daños.

   En tanto estrecho al miserable puso
el incendio de amor y la aspereza  10
de condición esquiva y desdeñosa.

   Póstumo el polvo guarda el primer uso
inobediente a la naturaleza:
padeció vivo, y muerto no reposa.




ArribaAbajo- II -


Encarece su amor con ocasión de eclipse


ArribaAbajo   Filis, ¿no ves la saña del planeta
que, amenazando trágica ruina,
llama vierte feroz, sangre fulmina,
en alterada forma de cometa?

   ¡Mira cual tiembla la tiara inquieta  5
de lo que el vano astrólogo imagina,
y cuántos cetros al horror destina
oscura voz de equívoco profeta!

   Y advierte que, seguro en sus enojos,
de tu semblante prende mi cuidado,  10
que ni sabe otro cielo ni le mira;

   y, atento a las estrellas de tus ojos,
ni quiere más fortuna que su agrado,
ni teme más prodigios que su ira.




ArribaAbajo- III -


A la memoria amorosa de una dama, en una ausencia


ArribaAbajo   Oye, Filis, que muero, oye que muero;
ya tu nombre en tu voz suena imperfeto,
oye como te invoca mi respeto
entre las ansias del dolor postrero.

   Lo demás que te ofrece el verdadero  5
y último ejemplar de amor perfeto,
quede oculto, señora, en mi secreto.
No lastimarte, prevenirte quiero,

   resto verás que el sacro Manzanares
envuelve mi ceniza en las arenas  10
más veneradas del sagrado río.

   Si alguna vez sus márgenes pisares,
en tanto que te adoran sus sirenas,
vuelve los ojos al sepulcro frío.




ArribaAbajo- IV -


ArribaAbajo   Salid, crecidos áspides que entrasteis
sólo a dejarme el corazón desecho,
salid, pues os parece tan estrecho
esto, que un tiempo tan capaz juzgasteis.

   Por señas de que ingratos, os mudasteis  5
y del sangriento estrago que habéis hecho
lleváis, al desasiros de mi pecho,
los pedazos del alma que arrancasteis.

   Ni en mi silencio ni en mi fe cupiste,
siendo mi amor, lo sabe, y vuestro olvido,  10
de adoración enmudecido ejemplo.

   De la desierta parte en que viviste
(Memoria es mucho ya) lástima os pido
que la dejéis sepulcro y era templo.




ArribaAbajo- V -


Al poema de la invención de la Cruz de Francisco López de Zárate, natural de Logroño


ArribaAbajo   Si ya por vuestra lira en su campaña,
Zárate insigne, el Ebro cristalino
os coronó del mirto, que previno
sin competencia de nación extraña,

   a cual emulación no desengaña  5
que premiando la fe de Constantino,
junte de tantos siglos el destino
la mejor pluma y la mejor hazaña.

   Mas sin juzgar el premio merecido,
árbitro dicen, que con vos Homero  10
el heroico laurel divide Apolo,

   porque si el griego en tiempo preferido
la suerte os usurpó de ser primero,
vos le quitáis la gloria de ser solo.




ArribaAbajo- VI -


A Miguel Zebollón, enfermo del juicio


ArribaAbajo   Virgen, si explican vuestra perfección
cuantas cría fragancias el vergel,
hoy permita legumbres el cartel,
también es criatura un Zebollón.

   O que resplandeciente (del dragón  5
pues la planta en la cerviz cruel)
llena de gracia estáis, diga Gabriel
si os cabe un tilde de común borrón.

   El que imagina culpa pertinaz
donde la gracia se colmó sin fin  10
y os presume manchada, es un atroz,

   lo bueno de defecto es incapaz,
por una imperfección fuérades ruin,
a mi locura fiel horrible voz.




ArribaAbajo- VII -


Al aposento de sus libros


ArribaAbajo   Leyes al escarmiento se establecen
en esta tabla, Licio, construida
al ocio de las musas, redimida
del mar cuyas tormentas se fenecen.

   En breves descripciones le parecen  5
ruinas de la edad envejecida,
confusiones y ejemplos a la vida
en la pintura y el cristal se ofrecen.

   Aquí ya defendido a la violencia,
del poder excusado a las porfías,  10
de la ignorancia logro desengaños,

   y a tanto cuanto pudo la experiencia,
un rato río los sobrados días,
otro lamento los perdidos años.




ArribaAbajo- VIII -


A un epigrama de Marcial


ArribaAbajo   No siempre a los groseros y vulgares
alimentos asiste la templanza,
ni la segura libertad se alcanza
precisamente en los humildes lares.

   Libre, Mario, serás si en los pesares  5
se acompaña constante la esperanza,
y si atendiendo a la común mudanza
el temor y el deseo limitares.

   Sin elación del ánimo modesto,
en las altivas sienes victorioso,  10
el laurel vividor logra trofeos.

   Y en el seno caduco siempre expuesto
a la envidia descubre la emoción
ruinas de imposibles y deseos.




ArribaAbajo- IX -


Metáfora de una yedra que ceñía un laurel, a los dos privados de España y Francia


ArribaAbajo   Esta yedra rebelde y lisonjera
que de asombrar este laurel blasona,
que con mentido culto le aprisiona
y oprime lo que finge que venera,

   de ceniza es su voz, y si la oyera  5
la sacra majestad cuando perdona
o permite cautivo su corona,
que ambición alevoso le prefiera.

   Si para culpa tal tarde las leyes
introducen el público consuelo,  10
que a ceniza sus derechos pasen.

   ¡O España! ¡O Francia!: Redimid los reyes,
fulminad rayos que, imitando al cielo,
respeten el laurel, la yedra abrasen.




ArribaAbajo- X -


Una dama que celebró con el nombre de Celia


ArribaAbajo   Estos que Apolo quieren que te igualen,
a sus alientos, y en la causa exceden,
conceptos, que a los fuertes se conceden,
para que en su firmeza se señalen,

   estos suspiros, que a mis penas valen,  5
cuando el anhelo de mis ansias pueden,
que de mi ardiente corazón proceden,
y de la fragua de mi pecho salen;

   exhalaciones son de una centella,
que resulta de Angélica hermosura,  10
con luz de resplandores inmortales,

   no lleguen los profanos a entendella,
quede suspensa la ignorancia oscura,
lejos de los misterios celestiales.




ArribaAbajo- XI -


En ocasión de haberle faltado dos días demostración de la memoria de Celia


ArribaAbajo   Hoy también niegas a las ansias mías,
de tus memorias, Celia, las señales,
así me dejen solo con mis males
en las eternidades de dos días.

   Aquel dulce veneno que vertías,  5
lisonja de mis penas inmortales,
repetido por términos iguales,
templaba las sedientas agonías.

   Como me le suspende tu mudanza,
mas, hay temores atrevidos, paso  10
que llegáis a lo vivo del sosiego.

   Todo lo emprende la desconfianza.
Ojos, agua, y más agua, que me abraso,
pero tampoco tanta, que me anego.




ArribaAbajo- XII -


Viendo lo dicho que excusase demostraciones porque se notaban


ArribaAbajo   Ya con tu arbitrio, Celia soberana,
a los humos de honor, sino a los fuegos,
sacrifico la vista de dos ciegos,
a vana adoración, ofrenda vana.

   No nos miremos, si la envidia ufana  5
introduce rumor, turba sosiegos,
demos a Venus invisibles ruegos,
y exteriores aplausos a Diana.

   Baste juntar las almas, que en sus lazos
a la parte inferior también previene  10
sus intereses frágiles Cupido.

   Estrecha más de los mentales brazos,
la dulcísima unión, verás, que tiene
lisonja el gusto, engaños el sentido.




ArribaAbajo- XIII -


Volviendo a verla después de ausencia


ArribaAbajo   Del pecho vanamente defendido,
al poder de tus armas homicidas,
vierten sangre reciente las heridas,
que curaba el cuidado, no el olvido.

   Así en el pedernal endurecido  5
se ceban las entrañas encendidas,
y salen en centellas esparcidas,
al golpe del acero repetido.

   Culpa tu actividad, no mi secreto,
si en la ceniza descubriere el fuego  10
de mi primer ardor, segundo indicio,

   o fía tu Deidad de mi respeto,
y los que vieren, que a tus Aras llego,
verán, Celia, sin voto el Sacrificio.




ArribaAbajo- XIV -


Reconoce lo imposible de mudar su voluntad


ArribaAbajo   Alma, no puede ser, está cautiva,
a redimirte en vano te dispones,
que importará que limes las prisiones,
si has de quedar esclava, y fugitiva.

   No en la cadena, por dureza esquiva,  5
admiración, ni lástima propones,
que de la fuerza de tus eslabones
no hay libertad, que sin envidia viva.

   Forjóles el amor de la belleza,
en que mezcló el cariño y el recato  10
la discreción, la gala, talle y brío.

   No será que se gaste tu fineza,
ni se podrá romper, que con el trato,
ha perdido la fuerza el albedrío.




ArribaAbajo- XV -


Dificulta los medios para librarse de su pasión


ArribaAbajo   Celia, mi alma libre no se mueve
por la disposición de alguna Estrella,
que cuanta lumbre resplandece en ella,
a la razón de tu beldad se debe.

   Del claro incendio, que a inmortal se atreve,  5
y luces celestiales atropella,
no han podido templar una centella,
cuantos avisos la clemencia llueve.

   Nada mitiga el fuego que ha encendido,
aquel hechizo todo poderoso  10
de los fieles halagos de tu trato.

   Oh corazón, dos veces combatido,
un medio desleal, otro alevoso,
idolatrar, y arder, o ser ingrato.




ArribaAbajo- XVI -


Al mismo propósito


ArribaAbajo   Bien sé yo, Celia, el riesgo con que vivo
en la fuerza invencible de adorarte,
después que mi pasión para olvidarte,
ni a la esperanza permitió motivo.

   Ningún aviso en la prisión recibo  5
por donde lime la cadena el Arte,
ni en la razón se reconoce parte,
que pueda redimirse de cautivo.

   Porque si deslumbrada prevarica,
en la ley que profesa soberana,  10
o idolatra la ciega tu belleza.

   Presume que el engaño justifica,
viendo en las señas de formarte humana
tan desmentida la naturaleza.




ArribaAbajo- XVII -


A las lágrimas de una ausencia


ArribaAbajo   Este dolor oculto trasladado
del interior del alma a los sentidos,
por conceptos del pecho despedidos,
en cristales sangrientos explicado.

   Esta postrera esencia del cuidado,  5
destilada de afectos oprimidos
si un tiempo fue la voz a tus oídos
hoy es de mis finezas el sagrado.

   En las aras que erige mi tristeza,
halle la culpa de vivir sin verte  10
de tus desconfianzas acogida.

   Y mientras llega la postrer fineza,
recibe, Celia, en prenda de mi muerte
estas señales de mi triste vida.




ArribaAbajo- XVIII -


La ausencia de Celia disculpa no haber muerto de amor


ArribaAbajo   Dirás, Celia, que finge, o que encarece
mi artificio el dolor, porque la vida,
que en tantas quejas se mostró rendida,
rebelde a la fatiga permanece.

   Y así en la luz que tu beldad ofrece  5
de los soplos del Austro defendida,
se muestre en el Diciembre tan florida,
la púrpura de Abril como amanece.

   Que se ha visto en el tránsito postrero
varias veces el alma: y el aliento  10
del padecer feliz, vence al destino.

   Para que pene más, porque no muero,
y viva desluciendo lo que siento,
con las mismas finezas que imagino.




ArribaAbajo- XIX -


En una enfermedad de Celia


ArribaAbajo   Físico Apolo del dolor te mueve,
que el sentimiento general anima,
no ya la fiebre venenosa oprima,
cuanto de amor a la beldad se debe.

   Naturaleza victoriosa pruebe,  5
a no rendirse, cuando más lastima,
y liberal alguna vez redima,
en lo admirable la pensión de breve.

   Y yo Sacra Deidad, que en las legiones
de Espíritus, que en paz viven contigo,  10
admites humos de devoto Templo.

   Sin todas las humanas perfecciones
niegas la duración para castigo,
permítenos alguna para ejemplo.




ArribaAbajo- XX -


A un retrato de Celia


ArribaAbajo   Oh milagrosa emulación de aquella
hermosura Divina, en quien el arte
que feliz imitó la inferior parte,
de no verla animada se querella.

   Como se suspendiera, imagen bella,  5
el ansia de mi ausencia en contemplarte.
si nuestra soledad tuviera parte
capaz de contemplarla y entendella.

   Mas mi pecho afligido, y lastimoso,
como dará la voz, ni tú el oído,  10
moderando al semblante el dulce ceño,

   si por fuerza de amor, maravilloso
vives, tu sin sentir, yo sin sentido,
y las almas de entrambos en tu dueño.




ArribaAbajo- XXI -


Otro al mismo propósito


ArribaAbajo   En esta que el pincel ha trasladado,
de original hermoso, imagen pura,
así a la voz suspensa se figura,
que no llega a ser mudo lo callado.

   Y tanto persuade lo informado  5
de aliento, y de razón en la pintura,
que no sólo la vista se asegura,
la voluntad se mueve y el cuidado.

   Misterio encierra superior al arte,
que por virtud oculta las colores,  10
fuerzan influyan de amor, y de respeto.

   Parece que el Pintor miró a la parte,
con que inclinan las causas superiores
y copió a las estrellas el secreto.




ArribaAbajo- XXII -


Otro al pintor que no sacó parecido al retrato de Celia


ArribaAbajo   Qué inteligencia celestial regía,
artífice, el error de tu destreza,
que quiso examinar, si la belleza
copiarse de su esfera permitía.

   Cual estrella de lápiz te servía  5
en qué porción de Angélica pureza
bañaba los pinceles su rudeza,
que trasladar la perfección quería.

   No fue sujeto hermoso, la hermosura
libre de humanidad fue la que viste,  10
y asombrado de luces te cegaste.

   O feliz de intentar de su locura,
que hará gloriosa en lo que no pudiste,
la fama que te ha dado lo que osaste.




ArribaAbajo- XXIII -


A Celia hallándole dormido


ArribaAbajo   Así duermen las almas; no solía
entre sombras de olvido porfiado
estar tan soñoliento tu cuidado,
cuando con mi desvelo competía.

   Toda mi fe, Lifardo, desconfía,  5
que un pecho en el incendio sosegado,
o a la impresión del fuego está negado,
o persuade a que la llama enfría.

   Pero mi pensamiento temeroso,
con esta suspensión de tu fineza,  10
halla en la pena la mayor ventura.

   Que cuando está de tu atención quejoso,
si olvido le amenaza tu tibieza,
tu sosiego de celos le asegura.




ArribaAbajo- XXIV -


La respuesta


ArribaAbajo   Las almas nunca duermen, Celia mía,
y el sueño en los sentidos retirado,
del Templo a tu hermosura consagrado,
no puede suspender la idolatría.

   Pierde de su violencia la porfía,  5
el amoroso fuego en mi cuidado,
y así como en su centro sosegado,
ni me quema la llama, ni ella enfría.

   No atiendas del incendio misterioso,
como es tranquilidad y no tibieza.  10
Arder, y sosegar en llamas pura.

   Que el afecto de celos temeroso,
es humana pasión, y tu belleza
en su divinidad está segura.




ArribaAbajo- XXV -


Pondera la fuerza de su amor cuando más debiera desengañarse


ArribaAbajo   A tu poder amor, y a tu porfía,
los despojos inútiles entrego,
ardan también en el incendio ciego,
como el robusto corazón ardía.

   Tirano el vencedor, a sangre fría,  5
tale los frutos que sembró el sosiego,
pues hay materia tan capaz de fuego,
cuando toda ceniza parecía.

   O cuando presumiendo que acredita,
esta apariencia lisonjera infama  10
lo frágil del aliento que fallece.

   Si en la violencia del ardor, imita,
el esfuerzo caduco de la llama,
que en el fin de la vida resplandece.




ArribaAbajo- XXVI -


Al mismo propósito


ArribaAbajo   Celia, de tus centellas abrasada,
como el Verano de la infancia ruda,
arde la edad, que se introduce muda,
ya del Invierno en la estación helada.

   Poco de los avisos recatada,  5
al gran incendio la obediencia duda,
mejor que pudo la atención desnuda,
la emprende ahora de experiencia armada.

   Que mucho, si en las llamas inmortales
descubre el alma la inmortal pureza,  10
y entre los pensamientos encendidos.

   Muestra el respeto, y el amor iguales,
separado el deseo y la belleza,
conformes la razón, y los sentidos.




ArribaAbajo- XXVII -


Anima la confianza de Celia con el ejemplo de la rosa


ArribaAbajo   De esta que admiras rica de tributos,
que varias flores a su aliento ofrecen,
y reina de la selva la establecen
jurisdicción de imperios absolutos.

   La fragancia, el color, los atributos,  5
que en púrpura soberbia resplandecen,
verás, que fugitivos desvanecen,
si atiendes a su ser breves minutos.

   Tanto esplendor la usura codiciosa
de las horas usurpa a quien tributa,  10
por instantes los réditos mortales.

   No temas Celia, al tiempo milagrosa
se opone tu belleza, y no es segura
la edad, sino en efectos naturales.




ArribaAbajo- XXVIII -


Encarece su amor con ocasión de un eclipse de luna que pareció muy sangriento


ArribaAbajo   Celia, no ves la saña del Planeta,
que amenazando trágica ruina,
llama vierte feroz, sangre fulmina
en usurpada forma de Cometa.

   Mira cual tiembla la Tiara inquieta,  5
de lo que el vano Astrólogo imagina,
y cuantos Cetros al horror destina,
oscura voz de equívoco Profeta.

   Y advierte, que seguro en sus enojos,
de su semblante pende mi cuidado,  10
que ni sabe otro cielo, ni le mira,

   y atento a las estrellas de tus ojos,
ni quiere más fortuna que tu agrado,
ni teme más prodigios, que tu ira.




ArribaAbajo- XXIX -


Desigualdad ordinaria en la correspondencia de amor


ArribaAbajo   Juzgaba Celia la ignorancia mía,
que el ciego Dios, que mueve los afectos,
estrechándose a músicos preceptos,
ninguna disonancia permitía.

   Y que cuando suave los hería,  5
si al examen sonaban imperfectos,
ajustarlos por términos secretos
era la perfección de su armonía.

   Ya conoce mi error con que distancias
los puntos que reduce a variedades,  10
sin proporción de números reparte.

   Y que afina discordes consonancias,
siendo para templar las voluntades,
el dejar una falta todo el arte.




ArribaAbajo- XXX -


A una dama que se ofendía de que la mirasen con atención


ArribaAbajo   Culpo en los ojos la elocuencia muda,
de Lifardo infeliz, Filis hermosa,
si hipócrita fe duda, o religiosa,
si cruel, y soberbia no se duda.

   Que turba tu pureza o que la muda  5
(dijo Lifardo) de mi fe amorosa
el culto, que con arte misteriosa
de accidentes humanos se desnuda.

   Si es delirio adorar en tu belleza,
la luz que trasladada fe deriva  10
del Autor de las almas inmortales.

   Acusa de los Templos la grandeza,
la Religión de los Altares priva,
condena los retratos celestiales.




ArribaAbajo- XXXI -


A la contradicción de sus afectos


ArribaAbajo   Este fuego que alumbra, y que no abrasa,
pues hay alguna parte que no encienda
esta dificultad, esta contienda,
que en la razón y en los afectos pasa.

   Este incendio de fuerza tan escasa,  5
que no hay sentido que guardar emprenda,
y sin contradicción que le defienda,
tan eficaz a las potencias pasa.

   Parece material en el tormento,
y eterno se descubre en lo que dura,  10
sin consumir el alma en quien se ceba.

   Yo no sé descifrar mi pensamiento,
sé que el amor su calidad apura,
con el examen de una llama nueva.




ArribaAbajo- XXXII -


Efectos de la hermosura y el trato de una dama que ocasionó este delirio y los demás versos que tienen el nombre de Lesbia


ArribaAbajo   Lesbia, tu trato infiel, y tu hermosura
están en un sujeto tan unidos,
que los dos han de ser aborrecidos,
o quererlos a ciegas mi locura.

   En vano el alma señalar procura  5
por término a tu imperio los sentidos,
que al tiempo de entregarlos divididos,
nada de las potencias asegura.

   Asido a tu beldad todo lo lleva
a mi despecho la violencia fuerte,  10
que oculta los engaños del encanto.

   Bien, que con una diferencia nueva,
formada de mirarte, y entenderte,
ámote más, y no te quiero tanto.




ArribaAbajo- XXXIII -


Muestra mal empleada la fuerza


ArribaAbajo   Lesbia, mi pensamiento malogrado,
de su misma fineza perseguido,
te desobliga más con lo rendido,
te desagrada más con lo adorado.

   Esto sutil de Amor, que mi cuidado  5
ajustar a tus fueros ha querido,
o no lo miras bien por desvalido,
o te parece mal por desusado.

   Tomemos medio, pues en mi sosiego,
ni bien lo libres, ni lo prendas todo,  10
cuando nada mortal se redefiende.

   Y tirana en la vida que te entrego,
usa de los sentidos a tu modo,
a Celia deja el alma, que la entiende.




ArribaAbajo- XXXIV -


Reconoce alivio en su mal con alguna luz del desengaño


ArribaAbajo   Ya Lesbia, tus lisonjas en mi pecho
hacen menos atroces los estragos,
y en tus infieles labios los halagos
algo de los encantos han deshecho.

   Y ya la unión del éxtasis estrecho,  5
en que confusos los alientos vagos,
de gozo celestial eran amagos,
deleite rudo, y material se ha hecho.

   Ya en mi ciega noticia restituyes
lo que de humana me negó el engaño,  10
y algún defecto, que se hurtó al juicio.

   O tú, Deidad, que en la razón que influyes
enciende más la luz del desengaño,
y anima al humo de mi sacrificio.




ArribaAbajo- XXXV -


Vuelve a encarecer la ceguedad de su pasión


ArribaAbajo   Finjo, por divertirme del tormento,
o que alargo, o que rompo la cadena,
y cuando floja, o desatada suena,
más apretadas las prisiones siento.

   Si luz figuro, y desengaño miento,  5
que alumbra la razón, o que la ordena,
más ciego, y más rendido de mi pena,
no alcanza la razón del escarmiento.

   Lesbia, yo moriré de ti ofendido,
y tuyo moriré, que no hay ofensa,  10
que amor no la disculpe, o la perdone.

   Mas firme me verás aborrecido:
excesiva cruel, ingrata piensa,
quien ama todo, o todo lo dispone.

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