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Vida de San Ildefonso

Alfonso Martínez de Toledo (Arcipreste de Talavera)



Esta es la ystoria de la vida santa que fizo el bienaventurado Sant Illefonso Arçobispo que fué de Toledo






ArribaAbajoCapítulo I

De qué linaje era e cómo fué revelado el su nasçimento


En el tienpo que los reyes godos reynavan en España, quando Santo Eugenio confessor era arçobispo de Toledo; e santo Ysidoro otrosí era arçobispo de Sevilla; ovo en la ciudat de Toledo un cavallero del linage del dicho santo Eugenio, muy rico e abondado de los bienes tenporales, que avía nonbre don Estevan. E este era muy noble e sin reprehensión en todos sus fechos. E guardóse sienpre por consejo del santo arçobispo. E avía por muger una noble dueña que avía por nonbre doña Lucía. Mas por quanto era mañera, non avía fructo de bendición; por lo qual partía largamente de lo suyo con los pobres e con los menesterosos, rogando a Dios que le diesse fructo que fuese a su serviçio. E espeçialmente a sancta María, a la qual era muy devota, que rogase a Dios que le diese fructo que fuese a su serviçio e della; e si assí non avía de ser, que ge lo non diese.

Gran devota era esta dueña a sancta María, que nunca se le partió del coraçón la oración del Ave María. Pues, perseverando ella en esta oración aparesçióle una noche en sueños la virgen sancta María e díxole assí: «Fija, sabe que yo soy madre de aquel qu'el mundo salvó e conpró por la su preçiosa sangre. E a mí sirven e alaban los ángeles; e so puerta del çielo, e estrella por do los pecadores se guían; e acorrí sienpre e acorreré a los que con puro coraçón llamaren al mi Fijo e a mí. Ca en mí puso la Trinidat toda misericordia conplida. E porque tú devotamente me sirves e alabas, sabe que te es otorgada la tu petiçión. Ca averás un fijo que será sienpre en el serviçio de Dios e mío; del qual averá España grant lunbre de virtudes. E así que a tí dizen Lucía, e de tí saldrá luz que fincará sienpre e perseverará en buenas obras, e yo seré contigo de noche e de día.» E esto dicho, desaparesçióle aquella santa visión e la grant claridat que paresçía. E la santa dueña quedó muy alegre, dando graçias a Dios e a santa María por lo que le avía prometido.




ArribaAbajoCapítulo II

Cómo nasció Santo Ylefonso e lo enbió Santo Eugenio Arçobispo de Toledo a Sant Isidro


Pues conçebiendo esta dueña bienaventurada, al tienpo parió un fijo e púsole nonbre Alfonso; el cual crió ella lo más guardadamente que pudo. E después que fué de tienpo de dos años, mostróle ella mesma el Ave María. Así que esta fué la primera palabra qu'él fabló; e plógole tanto de esta oración, que apenas se le partía de la boca.

Assí como cresçía este moço en hedat, así cresçía en virtudes, e mayormente en devoçión de santa María. En manera que quanto él podía aver tanto dava a los pobres e oya nonbrar a santa María e besávales las manos e los pies. E quando su padre e su madre vieron en él tan buenos comienços, diéronlo a sant Eugenio, que era muy santo omne. E él púsolo con un maestro que era de buena vida; con el qual así aprovechó en aquello que le mostrava sobre todos los otros, que con él aprehendían, que todos se maravillaban dello e avian grant plazer.

Pues veyendo sant Eugenio la sotileza deste su sobrino, e que así crescía en virtudes, tovo que erraría gravemente si lo non ayudase en quanto en él fuesse; e llamólo e díxole: «Fijo, piensa de te aguisar, ca sabe que te quiero enbiar a Ysidoro arçobispo de Sevilla; e darle has mis cartas en que le enbío rogar que te enseñe de los bienes qu'él sabe. Ca en él es toda la philosophía e es maestro en phísica e en santa theología, que es vida del ánima, e, sobre todo, es muy santa criatura. E, pues Dios te quiso dar buen comienço en bienes de linage en que ha mucho bien, piensa do remedar a aquellos donde vienes.»

Sabed que a esta sazón santo Yllefonso avía doze años e respondió: »Señor, denos Dios vida e ponga en mí graçia que vos lo pueda servir. Ca nunca vos saldré demandado.»

Aguisóle entonçe sant Eugenio de bestido e de ropas e de todo lo que entendió que avía menester. E partió de Toledo e fuese para Sevilla; e presentó las cartas a Sant Ysidoro. El qual, desque vió los ruegos del santo Eugenio, resçibiólo muy bien e díxole: «Fijo, segunt he entendido, vos, loado sea el nonbre de Dios, avedes buen comienço, e fío en aquel, que es dador de todos los bienes, que recabdaredes aquello porque venistes.»

Pues veyendo sant Ysidoro la su sinpleza e bondat allegávalo mucho assí e dávale cada día lección de lo qu'él sabía. E así dende a poco fué grant clérigo e santa criatura.

Pero con todo el aprehender, nunca dexava de rezar las oras nin perdía su oraçión. Ca sienpre tres vezes en el día fazía oraçión, al Padre e al Fijo e al Spíritu Sancto singularmente. E otras tres vezes a santa María, rogándole que le guardase de todo yerro e de todo pecado. Por lo qual Dios así ponía su graçia e su virtud en él, que nunca se podía fallar en alguna cosa digna de reprehensión.

El fué creçiendo este moço, e entrando en la mancebía e así aprovechava en la sçiençia e señaladamente en la philosophía e phísica e naturas e astrología e mayormente en la theología, de la qual le plazía más porque es vida del ánima, que los que lo a él solían mostrar e otros muchos grandes letrados disçípulos de sant Ysidoro, de los quales algunos eran ya maestros, se tenían por contentos de ser enseñados dél; teniendo que su fecho non era cosa humanal. E esto non sin meresçimiento, ca lo que una vez oya o leya nunca jamás se le olvidava. En manera que retenía en sí todas las escrituras.

Pues tan noble era en costunbres e tan ferviente en devoçión que a todos era enxienplo de santidat e buenas obras. ¡O virtud maravillosa e mucho de loar, ser en la moçedat viejo, non por bida prolongada nin por grant cuento de años; mas por sabiduría e vida sin manzilla! Era moço por hedat; mas non avía en sí cosa de moço, salvo la santa sinpleza. Ca assí disponía con una sabiduría divinal todas sus obras e pensamientos e tenía ordenados todos los tienpos, que nunca vacava sinon al estudio o a la oraçión. Pero en tal manera que lo uno non enbargava a lo otro; mas la oraçión era revelamíento de la lecçión e la lecçión de la oraçión.

E si acaeçía que por mandamiento de Sant Ysidoro o por alguna neçesidat le convenía de yr a algún lugar, sienpre en yendo o veniendo le acompañava la oraçión. Onde así era a todos maravillosa la su conversaçión que mayores e menores todos lo amavan e onrravan con grant reverençia. E para que brevemente fable, desque este santo mojo fué entrado en la hedat en que más dulçemente suelen falagar e escarnescer al omne los deleytes del mundo e de la carne, queriendo reprimir los movimientos carnales, los quales non conosçía por experiençia, mas sentíalos por tentaçión, así cercó su cuerpo con muro de virtudes, oponiéndolas a las contrariedades de los viçios, que como quier que Dios muchas vezes lo dexava ser tentado, e él cobdiçiaba las tentaçiones porque podiese ser provado; ca sabía que a los que Dios quiere dar corona de vençimiento, a essos prueva por paçiençia en las tribulaçiones de las tentaçiones, que non solamente podrían entrar en él los viçios, mas aun tentado apenas lo podía tener.




ArribaAbajoCapítulo III

Cómo después que Santo Yllefonso aprehendió la çiençia de la theología se tornó para Toledo


Quando sant Yllefonso entendió que avía recaudado aquello porque fuera enbiado, e que non podía ende ya mucho aprovechar en la sçiençia, pensó de se tornar para Toledo, e llegó a sant Ysidoro e díxole: »Señor, doze años ha que estó a la vuestra merçed, en los quales me criastes assí como si yo fuesse vuestro fijo; e seyendo mi señor, quesistes trabajar conmigo e ser mi maestro, non lo meresçiendo yo. Por lo qual pido a Dios por merçed que vos galardone el bien que en mí avedes fecho, e a mí allegue a tienpo en que yo pueda responder assí como el mi coraçón desea de quanto bien de vos he aprendido, así en sçiençia como en buenas costunbres. Agora, Señor, si la vuestra merçed fuere, sabed que me querría yr para Toledo al arçobispo mi señor.»

«Fijo -dixo sant Ysidoro-, todo el trabajo que yo con vos tomé, fize por dos cosas: lo primero porque entendía que era serviçio de Dios; e lo segundo por el ruego de vuestro tío. E fío por Dios que desto verná servicio a aquel por quien lo yo fize. Ca veo que quiso Dios inponer su graçia, por lo qual tengo que es en vos todo bien enpleado. E si vos en esta tierra quisierdes estar, a todos nos plazería convusco mucho; e non fallescería a vos todas las cosas que non cunpliesen. Enpero si vuestra voluntad es en todas maneras de vos yr, nos faremos todas las cosas que vos cunplieren para el camino; e aquél que vos guardó fasta el día de oy, vos tome en su encomienda e vos guarde de los peligros del mundo.»

E entonçes besóle las manos sant Yllefonso e pedióle por merçed que se menbrase dél en sus oraçiones. E quando ovo a partir de Sevilla salió con él sant Ysidoro e todos los onrrados de la çibdat; ca a todos pesava de su partida; e fueron bien una legua, que se non podían dél partir. E al partimiento despidióse de todos con grant humilldat, e ellos començaron de llorar como si fuera su hermano. E tornáronse a Sevilla muy tristes, deziendo mucho bien de las sus costunbres e de quantos buenos castigos dava a los que a él se allegavan.




ArribaAbajoCapítulo IV

De cómo Sant Illefonso allegó a Toledo e enseñava de graçia lo que él sabía, e le fué dado el arçedianazgo de Toledo


Desque sant Yllefonso allegó çerca de Toledo enbió fazer saber de su venida a Sant Eugenio e a su padre Don Estevan. E ellos saliéronlo otro día a resçibir con otros muchos nobles de la çibdat a una legua de Toledo. E quando llegaron a él sant Elifonso besóles las manos y muy humildosamente, e de sí viniéronse todos para la çibdat muy alegres; ca deseavan mucho la su venida; tantos eran los bienes que dél oyan dezir.

E fueron primeramente descavalgar a la iglesia de Santa María; e dénde fueron todos a comer con el arçobispo, que los tenía todos conbidados, por fazer mayor fiesta a sant Ylefonso. E desque ovieron comido, levólo sant Eugenio para su cámara e preguntóle cómo avía pasado su vida e qué çiençia avía aprehendido.» Señor -dixo Sant Yllefonso-, yo desque llegué a Sevilla presenté vuestras cartas al arçobispo Ysidoro; e fallé en él muy santa criatura; e plógole mucho conmigo, segunt que después lo demostró por las obras, ca tomó conmigo mucho trabajo. Primeramente en me criar muy noblemente e me fazer mucho bien por el vuestro ruego, e en me demostrar de buena mente todo lo que él sabía. E como quier que yo non sea digno nin sufiçiente para aprehender los bienes que él sabe, ca yo soy peccador e él es omne santo; pero aprehendí dél philosophía e phísica e naturas e astrología, e, loado sea el nonbre de Dios, liçençióme en santa theología.»

E quando sant Eugenio estó oyó ovo muy grant plazer e dixo: »Muchas graçias sean dadas a Dios porque quiso conplir el mi deseo en este caso. Agora, fijo, sabet que mi voluntad es que vos estedes aquí conmigo en mi posada.» E sant Yllefonso respondió que le plazía de fazer como él mandase.

E quando la tarde vino, fué a ver a su madre, e falló a don Estevan su padre con ella. E ¡quién vos podría contar quánto plazer amos ovieron con este bendito fijo! Onde començó ella a dezir: «Fijo, muchas graçias devo yo dar a Dios e a la Virgen Santa María, que me quiso consolar en el mi deseo. Ca cobdiçiando yo mucho aver fijo, tovo ella por bien de me revelar en cómo vos avíades de nasçer de mí, e que seríades luz en la tierra. Porque vos ruego que vos trabajedes en la servir e loar, porque vos aya siempre en su encomienda, e endereçe el vuestro estado de bien en mejor. Ca nunca puede peligrar el que a ella es encomendado.»

Fablando ella estas palabras e otras semejantes, sant Yllefonso avía muy grant plazer, porque entendía que su madre era devota a santa María. E desque se despedió della, tornóse para el arçobispo, que le avía fecho aparejar buena cámara para su estudio e para orar, qual entendió que le cunplía.

E enseñaba de buena mente a quantos dél querían aprehender, así pobres como ricos; non solamente non queriendo dellos resçebir preçio, mas aun menospreçiava la onrra que alguno le fazía; teniendo que non avía de dar por preçio nin por vanagloria lo que de grado resçibió.

Pues veyendo sant Eugenio en cómo se allegava al serviçio de Dios, e cresçía en virtudes, amávalo de cada día más. E entendiendo que era serviçio de Dios, ordenólo de evangelio e dióle el arçedianazgo de Toledo, e fízolo su vicario general.




ArribaAbajoCapítulo V

De cómo dexó el arçedianazgo e tomó hábito de monge del monesterio de Agalia


Entendiendo sant Yllefonso que la voluntad de su tío era de le poner en grant estado, pensó en sí que non era aquel el camino para conplir su deseo. Ca sabía que las onrras e las riquezas dan ocasión al omne de quebrantar la castidat e de caer en muchos peceados. E que si él en este estado quedase, que grant comienço avía el diablo para lo enbargar de servicio de Dios e fazer perder su virginidat que él mucho preçiaba.

Por lo qual determinó de dexar el mundo e ponerse en un monesterio de sant Cosme e sant Damián de canónigos reglares que era fuera de la civdat, que llamaban Agalia; non poniendo en consejo a alguno porque lo non podiesse enbargar. E sabed que deste monesterio era abad un santo omne, que avía nombre don Diosdado; e él e todos los sus canónigos fazían santa vida, non se trabajando en otra cosa sinon en el serviçio de Dios. Ca avía buena provisión e muy çierta e por esta razón escogió sant Illefonso aquel lugar.

E mudadas las ropas, porque lo non conosçiesen fuése solo para allá. E en saliendo de la civdat conoçiálo un omne, e maravillándose mucho en cómo omne tan onrrado yva en aquella manera, fízolo saber a su padre, e díxole en cómo yva contra el monesterio de sant Cosme. E quando el padre oyó esto enbió a saber dél al palacio del arçobispo. E desque non lo fallaron fué mucho maravillado e dixo: «Señor, pídote por merced que me non vença la mi saña mas cúnplase aquello que tú sabes que es lo mejor para tu serviçio.»

Pero tomó luego omnes suyos e fuése luego en pos él para lo tornar. Mas quando santo Yllefonso lo vió venir, que aun non era llegado al monesterio escondióse entre unas argamasas fuertes que son fuera de la civdat, e estovo ende fasta que su padre fué tornado del monesterio. E don Esteban su padre fuése derecho al monesterio e fízolo todo catar muy bien; e desque non falló ay a su fijo, con grant enojo que avía dixo muchas palabras fuertes y ásperas al abad e a sus canónigos; porque aunque después veniesse non lo resçibiesen; e dénde, tornóse a la çivdat.

E quando fué tornado fuése sant Yllefonso al monesterio e demandó por el abad muy afincadamente e lançóse a sus pies con grant humilldat e rogóle por Dios que le diese el ábito deziendo: Pues que Dios le dava espaçio de vida, que quería tomar estado seguro en que feziesse enmienda de sus pecados. «Arçediano señor -dixo el abad-, como quier que yo non podría contradezir a las vuestras palabras, pero bien creo que segunt el entendimiento e sabiduría que vos Dios dió, en qualquier estado que tomáredes, sabredes non solamente guardar vuestra ánima mas aun provechar a muchos.» E santo Yllefonso llorando mucho dixo: «Padre señor, bien sabedes vos que segunt el dicho del evangelio, non puede omne en ninguna manera servir a Dios e al mundo; mayormente seyendo el mundo lleno de tantas maldades e lazos de peccados. E pues Dios por su misericordia me dió a entender el camino por do pueda escapar dellos, pídovos por caridat que me ayudedes, ca en otra manera tengo que non responderla bien a Dios con un poco que aprehendía.»

Entonces el abbad tomólo por la mano e levantólo e dióle paz. E tañendo el cínbalo ayuntáronse todos los canónigos a cabillo, e díxoles el ahbad: «Sabet, fijos, que Dios ha inspirado en el arçediano e quiere dexar el mundo e tomar nuestro hábito. Por lo qual me paresçe que somos tenidos de dar muchas graçias a Dios por la merçed que nos faze en querer proveer a esta casa de tal persona.» «Padre -dixeron todos-, esto gradesçemos mucho a Dios, ca segunt la su sabiduría e vida que ha fecho hasta el día de oy, tenemos que dél nos verná mucho bien. E por tanto, pues él quiere la nuestra conpañía, más que de muchos otros religiosos que ha en esta çivdat, pedimosvos por merçed que lo reçibades luego. Ca si así non lo feziésedes tenemos que pesaría a Dios, e él es omne de grant estado, e podríamos dénde resçebir grant dapno con razón.»

Pues que así es, diéronle el hábito. E desque le ovieron dado todos paz, rogóles él que le quisiesen todos oyr. E fízoles un sermón del estado de los religiosos, deziendo muchas cosas del estado e nobleza de la religión e de cómo se ha de mantener; de lo qual fueron todos los canónigos muy hedificados; ca sabet que todos eran escogidos para el serviçio de Dios. E en este sermón dió a entender santo Yllefonso que sabía él muy bien lo que dexava e la segurança del estado que tomava.




ArribaAbajoCapítulo VI

De los estorvos que ovo porque dexase el hábito que avía tomado


Sopo luego don Estevan en ese día en cómo su fijo avía tomado el hábito. E fuese muy sañudo para sant Eugenio e díxole: «Señor, pese vos del mal que yo en este día resçebí de los canónigos de Agalia. Ca engañaron al arçidiano e fiziéronle dexar el onrra e el estado en que vos le avíades puesto; e tomar el su hábito, non sabiéndolo vos. E tengo que como quier que a mí vino desto mucho mal, a vos vino grande deserviçio. Ca non guardaron vuestra onrra teniendo a vos e a nos en poco. Por lo qual, señor, si a vos non pesare, oy serán destruidos que nunca alçen cabeza, e darles he a entender la locura que fezieron e sacaré dénde al arçidiano; ca sabedes que en el mundo non he otro bien.»

E díxole sant Eugenio: «Amigo, bien sé que con sana mente dizes todas aquestas cosas poniendo en culpa al abbad e a sus canónigos porque fezieron lo que eran tenidos de fazer. Ca creo que yo sé tanto de la conçiençia de vuestro fijo, que tienpo ha que él oviera desanparado el mundo, salvo porque yo le di el arçedianazgo e porque se le fazía un poco de vergüenza del mundo. Pero conosco que escogió lo mejor. E el abbad e sus canónigos non fezieron tuerto ninguno en resçebir tal omne consigo; ca si lo non fezieran, tengo que erraran contra Dios. E por tanto ruego vos que vos non agravedes contra ellos ca non fezieron ellos lo que non feziera yo en semejante caso. E si vos e su madre queríades a vuestro fijo convusco, tanto lo quería yo conmigo. Mas pues que Dios e santa María lo quisieron para el su serviçio, ruego vos por el debdo que conmigo avedes que vos guardedes de offender a Dios. Ca el que non quiere que se sirva a Dios del fructo que le dió, bien paresçe que non es su amigo.»

Oyendo don Estevan estas palabras de don sant Eugenio arçobispo partió de sí grant parte del enojo que tenía e dixo: «Señor, pues que así es, cúnplase la voluntad de Dios e déxolo todo en sus manos.» E quando a doña Lucía dixeron todo lo que avía fecho su fijo, fincó los ynojos en tierra dando muchas graçias a Dios e a santa María, e tomó mugieres consigo, e fuese para el monesterio. E desque el abbad sopo cómo venía, salió a ella con algunos canónigos; pero temiendo que los vernía a reprehender. Mas ella los saludó tan alegremente, rogando al abbad que le dexasen ver a su fijo, e esto con tanta devoción que les fizo perder el temor.

E salió luego a ella sant Yllefonso por mandado del abbat e fuéle a besar las manos muy humildosamente. E ella començólo de abraçar con tan alegre gesto que bien paresçía que le plazía de lo que avía fecho e díxole: «Fijo, bendicto sea el día en que vos tomastes tan buen consejo en dexar lo pasadero por lo perdurable e lo menos por lo más. E de aquí adelante beviré yo en grant plazer pues vos veo puesto en el serviçio de Dios e de santa María. Ca creo que se cunple en vos lo que ella me prometió. Pues, fijo, ella vos mostró aborresçer el mundo e vos truxo a este estado, seguitla e loatla de buen coraçón e ponet vos so la su guarda. E creed que qualquier que devotamente la sirve que ha las graçias dobladas; ca le da Dios en este mundo graçia e bendiçión e fázelo después heredero en el su regno. Por ende vos poned toda vuestra çiençia en el su serviçio, e sofrid todas las cosas en paçiençia. Ca si a todos fuéredes paçiente e manso e humilde e guardáredes castidat, como buen religioso, seredes verdadero siervo de Dios, e él enderesçará todas vuestras obras para la regla del parayso. Fijo, comoquier que yo soy mugier, e non vos sé dezir complidamente lo que querría, pero mi consejo es que perseveredes en lo que començastes, ca non es loada la buena obra por el comienço mas por el acabamiento. E si otra cosa avedes a fazer, ruego a Dios que yo non lo vea.»

E deziendo estas palabras e otras semejantes doña Luçía a su fijo, los canónigos que ay estavan e las mugieres que venieran con ella non podían tener las lágrimas. E veyan que tanto plazía a la madre del bien spiritual del fijo, de las santas palabras que le dezía su madre que non se podía partir el uno del otro.

E respondióle santo Yllefonso: «Madre señora: muchos buenos consejos me avedes dado e fío en Dios que él me dará tal perseverançia en 'l su serviçio que vos averedes dende plazer. E quantos oyan dezir desto que esta santa dueña dixiera a su fijo, se maravillavan de la su constançia e lo tenían por estraña cosa. Ca sin dubda todos los omnes del mundo por la mayor parte fazen el contrario; que si un omne tiene tres fijos e los dos dellos usan mal en el mundo, e el otro se aparta a servir a Dios, más le pesa de aqueste que dexó el mundo que de los otros que bevían mal. Por lo qual dan a entender que quieren más al diablo que a Dios.




ArribaAbajoCapítulo VII

Cómo dios libró a Sant Yllefonso de los estorvos que le venían para dexar la religión


Despidióse esta dueña bienaventurada del su fijo con grant alegría, e vínose para su casa, e falló tan triste a don Estevan, su marido, que non avía omne de los suyos que le osasen fablar. E desque ella esto entendió, fizo su oraçión a Dios e a santa María, que lo amansase. E començó a departir con él, e a dezirle muchas razones por las quales le fizo entender que todas las cosas deste mundo son reputadas a ninguna cosa, pues son pasaderas; e que lo que su fijo avía començado era perdurable. Por lo qual lo rogava que diese muchas graçias a Dios, porque dél avía desçendido a quien él escogiera para el su serviçio; e sacándolo de los lazos del mundo; e que por esto le faría Dios muchos bienes e enderesçaría sus fechos.

Con estas palabras e otras muchas que doña Luçía le dixo conosçió don Estevan su yerro e amansó su coraçón e rogó a Dios que lo perdonase, dándole graçias por la merçed que le avía fecho non entendiéndolo él. E fuése luego para sant Eugenio e rogóle que toviese por bien de yr al monesterio, ca quería yr con él a ver a su fijo. E sant Eugenio fízolo de buena mente e fuéronse otro día para allá. E desque oyeron Missa fizo sant Eugenio sermón, loando a los que dexan el mundo e se apartan a servir a Dios. El qual sermón fué tan noble que por él fueron muchos convertidos al serviçio de Dios e desanpararon el mundo. E fizo otrosí caridat con muchos pobres dándoles de comer e de vestir. E don Estevan de su parte fizo lo que pudo dando limosnas e partiendo largamente de lo suyo por Dios. E en tal manera enmendó dende en adelante su vida, que todos creyan que Dios le avía fecho graçia por merescimiento de su fijo.




ArribaAbajoCapítulo VIII

Cómo sant Yllefonso fué elegido por abad de aquel monesterio


Desque santo Yllefonso se sentió libre de la turbaçión de los parientes, dió muchas graçias a Dios; e assosegó su spíritu en aquello que deseava, serviendo a Dios con mucha humilldat e pagiençia en tal manera que quantos oyan dezir de la su vida, le llamavan el bienaventurado. E qualquier cosa que le fuese fecha por razón de l'honrrar pesávale e non la quería rescebir, deziendo que non veniera él por ser onrrado mas por servir e ser uno de los menores. Pues que así es, pasado algunt tiempo que sant Yllefonso fazía aquesta tan santa vida, finó don Diosdado el abad; e fechas sus exequias muy conplidamente, ca era omne muy santo e cunplido de caridat; entraron en su cabildo los canónigos para elegir abbad. E por la graçia de Dios, todos de un coraçón eligieron a sant Yllefonso sin condiçión alguna. E enbiaron a él quatro de los más viejos e de mejor vida, que le rogasen e amonestasen de parte de Dios que resçibiese la eleççión. A esta sazón sant Yllefonso estava en su cámara muy desto descuidado; ca desque oya su Missa luégo se entrava en la çella al estudio e a la oraçión. E desque le dixeron cómo le avían elegido conmençó a llorar muy fuertemente e lançóse a los pies de aquellos que vinieron a él, e rogóles con grant humildat que rogasen por él al cabillo que toviese por bien de lo escusar de aquella eleççión; ca sabían que era moço e le cunplía fazer alguna enmienda de sus peccados porque Dios oviese piedat dél.

E quando el cabillo oyó esta respuesta, dixieron algunos: «Si nos lo dexamos en su voluntad nunca él querrá aççeptar el abadía; ca bien sabemos que si onrra quesiera, que mejor la dexó que nos ge la dimos. E por ende vayamos a él e tomémoslo aunque non quiera, ca más lo fazemos por nos que por él.»

Entonçe fueron todos a él e tomáronlo contra su voluntad non lo queriendo oyr. E él díxoles llorando: «Hermanos, non fuestes bien aconsejados; ca vos avíades menester gobernador para los cuerpos e para las ánimas; ca yo que non sé regir a mí ¿cómo regiré a vosotros?»

Pues fecho ya abbat, non se ensobervesció por ende, mas ante fué fecho más humilde. Ca antes era entre todos espeçial en santidat e después fué fecho servidor de todos singular. Solo ordenava las cosas de la regla e proveya al monesterio de las cosas neçessarias. Considerava con grant diligençia las calidades e costumbres de todos, e avíase con cada uno como entendía que era menester. Manso era benigno a todos los buenos; mas a los otros castigávalos, e si non se enmendavan mostrávales crueldat. E por ende es escripto dél que era así como espada para cortar e destruyr todas las maldades. Ensis in offensis abbas agaliensis.




ArribaAbajoCapítulo IX

De cómo la madre de santo Yllefonso fué visitada de la Virgen María e acabó en serviçio de Dios


Después que don Estevan, padre de santo Yllefonso, ovo conosçimiento del bien que Dios le fiziera a su fijo e se trabajó de fazer henmienda a Dios de sus peccados faziendo muchos bienes a los pobres e a monesterios e casando muchas huérfanas; adolesçió de una enfermedat, de la qual murió.

En conplido un año después de su muerte enfermó otrosí doña Luçía, su mugier, muy gravemente. En la qual enfermedat, estando muy afincada, enpero con grant devoçión, ca nunca çesava de fazer oraçión espeçialmente a santa María; olió olores muy sabrosos e oyó cantos muy dulçes e abrió los ojos e vió a la virgen santa María çerca de sí con muy grant claridat e díxole: «Señora madre del salvador del mundo, ¿qué meresçí yo porque de tí fuese visitada en esta tan grant neresidat? Verdaderamente creo que es verdat lo que sienpre oy dezir de tí, que por pequeño serviçio que qualquier peccador te faga, allí lo acorres donde más lo ha menester. Señora, comoquier que yo non aya servido como deviera, pero pídote por merçed que acabes en mí las graçias que sienpre me fezistes e libreys la mi ánima de poderío del diablo e de todos sus contrarios e la presenteys a aquél que la redimió por la su preçiosa sangre. E otrosí señora, menbratvos de don Estevan e rogad al vuestro fijo por él, que sabeys que maguer era onme peccador, pero sienpre trabajó de vos servir como mejor pudo. Pues lo que tú me prometiste del mi fijo antes que naçiese, ruego te que lo cunplas por la tu piedat e lo guardes de las contrariedades todas quantas le puedan enpeçer, en manera que sienpre la su vida sea en serviçio del su façedor e en el vuestro.»

E respondióle la virgen santa María, madre de piedat e fuente de misericordia: «Quanto demandaste para tí e para tu marido e para tu fijo, todo te es otorgado del fazedor de todas las cosas; que sepas que es contento del vuestro serviçio, por lo qual avedes ganado el su amor, e vos ha prometido la gloria perdurable, la qual otorga a todos aquellos que guardan los sus mandamientos.» E estas cosas dichas, desaparesçió santa María e la santa dueña quedó muy alegre e segura de los espantos de los enemigos.

E otro día, desque ovo oydo Missa allí do estava enferma, dió el ánima a Dios. E estando a esta sazón santo Yllefonso muy afincadamente en oraçión en su monesterio rogando a Dios por ella, vió grant claridat sobir al çielo e oyó una boz que le dixo: «Alfonso, sabe que en esta ora se partió el ánima de tu madre de aquesta vida, e se va para los çielos a aquél que la crió.» E sant Yllefonso, inclinado en tierra sobre su faz dixo con muchas lágrimas: «O reyna de los çielos, abogada de los peccadores e fuente de misericordia, que sienpre me acorriste en las mis neçesidades, bienaventurado es el que siempre persevera en el tu serviçio. Ca por esto es defendido de todos los peligros del mundo e después alcança la gloria perdurable.»

Pues que así es, enterró sant Yllefonso el cuerpo de su madre con muchas oraçiones çerca de don Estevan su padre. E del patrimonio que dellos le fincó fizo un monesterio de monjas a honor de santa María, porque lo que ellos ganaran todo fuese desprendido.




ArribaAbajoCapítulo X

Cómo sant Yllefonso fué escogido por arçobispo de Toledo


Seyendo sant Illefonso abbat assí como ya oystes, tovo Dios por bien de levar para su reyno a sant Eugenio el santo arçobispo de quien deyuso fablamos. E como en todas las Espanas non fuese fallado onme más perfecto en santidad e en çiençia e en largueza e en todas las virtudes que sant Illefonso, eligieron [lo] todos los señores de la iglesia de un coraçón en arçobispo. E ayuntados con el pueblo de la çivdat fueron por él a su monesterio. E él desque lo vió, lançóse en tierra delante de todos, rogándoles que toviesen por bien de elegir a otro por arçobispo entre sí, que lo dexassen a él con sus canónigos. Mas non lo quesieron oyr; ca levantáranlo en peso del suelo e leváronlo a la iglesia mayor a su pesar e asentáronlo en la silla arçobispal, cantando Te deum laudamus.

E sabet que desto plogo mucho así a la clereçía como al pueblo e a seglares como a religiosos. Ca tanta era la su caridat que todos fallavan en él lo que avían menester segunt sus neçesidades. E aun quando era abat sienpre se trabajó de traer a paz e a concordia los que sentía que non estavan en caridat.

Pues como este varón sobió en onrra así a enxienplo de Ihesu Christo cresçía en humildat e se fazía menor de los sus clérigos e mantenía en derecho a los de sus juridiçión, e casava muchas huérfanas e fazía muchos bienes a los pobres.




ArribaAbajoCapítulo XI

De las heregías que a la sazón se levantaron contra la Virginidat de la Virgen María e del libro que contra ellas Ordenó sant Illefonso


El diablo, que nunca se paga de ningún bien, quando al omne falla oçioso fázelo pensar cosas porque finque siempre en la yra de Dios. Ca porque él nunca pudo cobrar la gloria que perdió, cobdicia fazerla perder a todo el humanal linaje; así que bienaventurado es el que de los sus lazos puede escapar. E como nos es a todos mortal enemigo, quiere nos por esta vida mesquina e carnal fazer perder la graçia de Dios e la vida perdurable; poniendo en nos sobervia e enbidia e yra e vanagloria e ypocresía e otros muchos males. E lo peor que es que se trabaja de nos fazer caer en heregía porque sabe que esta es la peor cosa que nos podemos fazer que más sea a deserviçio de Dios e condepnaçión de nuestras ánimas.

Pues en este tan grant mal cayó un omne sabidor, que llamayan Elbidio. El qual dezía que después que Ihesu Christo nasçió, santa María non quedara virgen e que oviera otros fijos de Iosep. E tanto se esforçó afirmando esta maldat con muchas falsas razones e mentirosas que los más de España tenían ya esta falsa predicaçión por verdadera.

E quando sant Yllefonso entendió que esta ponçoña llegava a la çivdat de Toledo ovo muy grant dolor e fizo su oraçión a la virgen santa María con muchas lágrimas en esta manera: «Virgen gloriosa, reyna santa María, que fueste limpia de todo peccado e de toda maldat, non quieras por la tu misericordia que se pierda el humanal linage que por tí vino en este mundo el salvador. Señora miénbrate que comoquier que seamos errados e peccadores, somos tu natura e allegados al tu Fijo por los tus meresçimientos e non nos desanpares en tamaño peligro. Ca si tú non acorres a los peccadores serán sin dubda desanparados de todos los bienes. Sabemos, señora, que fueste tú del ángel anunçiada y yaziendo en el vientre de la tu bendita madre fueste santificada e toda la Trinidad obró en tí; porque después alunbrada por el Spíritu Santo pariste Dios e onme, fincando la tu virginidat pura e linpia para sienpre sin corronpimiento alguno. Pues maguer que los cristianos por nuestros peccados non seamos dignos de te amentar, pero yo, confiando de la tu bondat, atreverme he a fablar de los tus loores por destruyr la seta de los falsos que quieren ser destruydores de la tu virginidad. Esto, señora, si te place non lo deves consentir; pues que todas las cosas eres poderosa açerca del fazedor del mundo cuya madre meresçiste ser e fija.»

Fecha esta oraçión, trabajóse santo Yllefonso de fazer un libro, a que puso nonbre De la virginidat. En el qual mostró muy abiertamente la virginidad de santa María. E dando a muchas partes, fué por el destruyda la heregía; e fezieron todos penitençia e enmienda a Dios del su error.




ArribaAbajoCapítulo XII

De cómo la Virgen María aparesçió a santo Illefonso dándole graçias por el serviçio que le avía fecho


Desque sant Yllefonso ovo fecho el libro de la virginidat de la virgen María, sienpre lo leya cada día una vez. E estando un día solo en su cámara leyéndolo, segunt que avía de costunbre de se apartar a su estudio e oraçión, aparesçióle santa María con muy grant resplandor e díxole: «Fijo, vengo te gradeçer quanto trabajo e afán as tomado en el mi serviçio; ca tú feziste pareçer la verdat que los falsos hereges querían encobrir con su maldad. E Dios tovo por bien que por lo que tú escreviste fuese declarada e manificada la santa virginidat que él puso en mí, que la gente perdida en España del mi fijo por la falsa escriptura por tí fuése cobrada. Por lo qual, sabe que me tengo por onrrada e servida de tí e adebdada, e que te onrraré en la vida e en la muerte. Ca así me lo ha otorgado el mi Fijo.»

E sant Illefonso llorando e inclinado sobre su faz dixo: «Señora, la tu grant bondat te fizo desçender a tan grant peccador como yo. Ca yo non soy digno de te servir. Mas pídote por merçed que pongas en mí graçia que te pueda fazer tal serviçio que te sea plazentero.»

E esto dicho, desaparesçió santa María con'l grant resplandor que traya consigo. E sant Illefonso quedó muy alegre espeçialmente por los dones que le prometiera.




ArribaAbajoCapítulo XIII

De cómo santo Yllefonso ordenó de fazer conçilio general para desarraygar las dichas heregías


Pensó este santo arçobispo que para desfazer del todo esta falsa heregía conplía de se fazer conçilio general. E enbió sus cartas a todos los prelados e abades e letrados de España en que les enbió rogar que le veniessen a conçilio a Toledo; e que fiava en la bondat de Dios, que sería su serviçio e enderesçamiento de la vida de los mortales. E estas cartas ovedesçieron aquellos a quienes fueron enbiadas con tanta devoçión como si fueran enbiadas de Dios; ca todos lo avían por santo omne. E venieron al plazo que les enbió rogar muchos arçobispos e obispos e más de cient abbades amenos de otros religiosos de santa vida e otras buenas personas que venieron que non fueron llamadas. E desque venieron resçibiólos a todos muy onrradamente, mostrándoles muy grant plazer e faziendo a cada uno mayor onrra que a su estado convenía. E aposentados muy bien, mandóles dar a todos lo que avían menester muy conplidamente; ca se avía aperçebido enante de las cosas neçesarias.




ArribaAbajoCapítulo XIV

De cómo sant Illefonso notificó en el dicho conçilio el libro que avía ordenado «De la virginidat de santa María» e ordenó la fiesta de santa María de la O


Quando todos los perlados fueron ayuntados como dicho es, rogóles sant Illefonso que folgasen ocho días por el trabajo del camino. E visitávalos a menudo faziéndoles las consolaçiones que podía. E al octavo día ayuntóles a todos en la iglesia mayor e oyeron Missa con grant devoçión. Ca sabed que todos los omnes de aquel tienpo amavan bondat e verdat. Ca los clérigos mantenían castidat e linpieza; e los señores mantenían franqueza e iustiçia. Ca savían que avían santo rey que los mantenía a todos en paz e en concordia. E éste era el rey Reçesvindo, que era muy santa criatura e acreçentador de la iglesia de Dios, e era del linage de los reyes godos, de quien desuso vos fezimos mençión.

Pues, dicha la Missa, sant Illefonso agradescióles a todos el trabajo que avían tomado por el su ruego. E dénde fízoles sermón mostrándoles en cómo por el peccado de Adam fué el humanal linage en perdiçión e cómo por la venida de Ihesu Christo en santa María fué salvo. E fabló largamente en la virginidat de santa María; e en cómo Dios la escogió por la su humildat e linpia e santa vida que ella fazía. E en cómo Ihesu Christo segunt la carne es Fijo de la humanidat; e fízoles entender en cómo santa María fué saludada del ángel e fincó virgen, seyendo preñada, e en el parto, e después del parto. E quando fué deste mundo cómo fué subida a los çielos en cuerpo e en ánima; e glorificada açerca del su Fijo. E en fin del sermón fabló en cómo los elbidianos fijos de perdiçión, afirmavan con falsas razones que la virgen santa María non fincara virgen después del parto; de la qual ponçoña era corrupta grant parte de España. «Señores -dixo sant Illefonso-, de tal perdimiento como éste nos guarde Dios, e non queramos que finque en algunt rencón de los nuestros coraçones, mas fagamos en manera que Dios resçiba alguna enmienda por el yerro pasado; e los culpados sean perdonados e merescan ser en guarda de aquella que es abogadora de todos los peccadores.»

E así mostró e provó abiertamente en aquel sermón la pura virginidat de santa María que asaz fué de pequeño entendimiento al en que el coraçón non fincó para sienpre. «Pues, señores -dixo él-; Dios tovo por bien que fuéssemos todos aquí ayuntados por le fazer serviçio. Ruego vos que vos plega que fagamos una fiesta de santa María que finque para sienpre en henmienda del tuerto que ha resçibido en España. E en esto será grant serviçio a Dios e a ella, e será grant provecho a los que después de nosotros venieren. Ca por esta fiesta fincará memoria para siempre que tal falsedat como esta non sea resçebida. E si todos por bien toviéredes sea esta fecha ocho días antes de Navidat porque santa María nos gane fiesta conplida de perdón de nuestros peccados. Ca pues ella es madre del Salvador, que nos conpró por su preciosa sangre, será nuestra abogada si de nos fuere servida fielmente e con linpios coraçones, e resçibiremos del su Fijo galardón allí do veremos la su faz benigna e con grant piedat contra todos aquellos que verdaderamente le rogaren por sus pecados. Otrosí ordenamos que se lea a los Maytines desta fiesta el trabajo que yo fize de la virginidat suya e a mayor destruymiento e confusión de la sobre dicha heregía.»

E, entendiendo todos que era santa cosa esto que sant Yllefonso dezía, plógoles dello e dixieron así: «Padre, a vos tenemos en España por grant perlado, e por tal conosçemos la vuestra vida. E pues Dios tovo por bien de vos escoger para el su serviçio e de santa María, es gran razón que todos otorguemos lo que vos ordenáredes e mandáredes e lo ovedescamos assí como aquello de que somos ciertos que plaze a Dios. Ca sin dubda creemos que por la vuestra santidat se menbró Dios de España e la revocó del camino de tamaña perdiçión. E por ende, señor, creed que todos, así perlados como súbditos, vos seremos sienpre mandados e obedientes como buenos fijos a buen padre. Ca sin este tan grant bien que por vos nos ha venido a todos en general, si tomáremos quantos buenos castigos e doctrinas nos avedes dado tenemos que podremos alcançar remisión de los nuestros peccados.

E sant Illefonso, llorando con el plazer que tenía, humillando la cabeça muy humildosamente gradeçióles mucho quantas buenas palabras avía oydo dellos.

Pues acabado el sermón, partieron todos de la iglesia muy alegres e dando graçias a Dios, fueron a comer con el santo arçobispo e así los contentó a todos que más paresció obra divinal que de omne. E desque ovieron comido partió largamente de lo suyo con los que entendió que lo avían menester e dénde aguisóles cómo se fuesen. E ellos despediéronse dél e fuéronse para sus tierras loando la santa vida e desprendimiento de Santo Yllefonso. E él fincó muy alegre dando muchas graçias a Dios porque avía conplido su desseo. E algunos que entendieron que les cunplía, quedaron allí con él, por lo qual enderesçaron las vidas e fezieron serviçio a Dios.




ArribaAbajoCapítulo XV

De cómo santa Leocadia salió de su monumento e fabló a sant Yllefonso e él cortó de la vestidura della, lo qual está en reliquias


Pues estando sant Illefonso en Toledo después que partieron dénde los otros perlados, segunt que avedes oydo, vino la fiesta de santa Leocadia virgen e mártir, la qual fué natural de Toledo, sufrió muchos martirios por Dios, cuyo cuerpo estava enterrado en una iglesia fuera de la çivdat. E rogó sant Illefonso al rey Reçesvindo, de quien desuso vos contamos que era muy santa criatura, que oviese por bien de yr otro día en proçesión a la dicha iglesia e onrrar la fiesta de la santa virgen. E el rey respondió que le plazía.

E mandó a todos sus cavalleros que fuessen en proçesión a la dicha iglesia. E aun fizo ese día caridat a muchos pobres por onrra de santa Leocadia. E desque llegaron con la proçesión a la dicha iglesia de santa Leocadia, el bienaventurado arçobispo començó su Missa muy devotamente. E estando él en'l memento rogando a Dios con muchas lágrimas, segunt que avía de costunbre, en aquel lugar mostró Dios muy grant milagro por ruego de la virgen santa María. Ca abrióse en ese punto la sepultura do estava enterrada santa Leocadia que era cubierta de un losillo muy noble e salió de la sepultura, veyéndolo todos quantos ay estavan e fuesse para sant Illefonso e abraçólo e dixo estas palabras: «Por la vida de Alfonso bive mi Señora.» E quiso tanto dezir en estas palabras como que la fe e virginidat de santa María que avía seydo assí como muerta en la mayor parte de España por el error de los hereges, por el libro de sant Illefonso, el qual él escrivió, era assí como resuçitada e resplandesçía en los coraçones de los omnes; e el error de los infieles en todo destruydo.

Pues tornándose santa Leocadia para su sepultura, sant Illefonso acató contra el rey que estaba ende çerca e díxole: «Señor, datme esse ganivete con que podamos cortar de las reliquias desta santa virgen.» E el rey sacó un ganivete que tenía e diógelo. E sant Yllefonso fué en pos ella e cortóle un pedaço de la vestidura que tenía vestida; e ella entróse luego en su sepultura e ençerróse bien, como de antes estava.

E estando el rey e todo el pueblo espantados de tamaño miraglo, díxoles sant Illefonso: «Amigos, non querades tener en poco tamaña merçed como Dios nos ha fecho en querer que los nuestros ojos peccadores viessen tan santa cosa como agora vieron; mas gradescámosgelo mucho en nuestros coraçones e démosle graçias. E dicha la Missa, enbolbió con grant reverençia las dichas reliquias con el ganivete en un çendal muy limpio, teniendo que non era razón que el ganivete que tan santa cosa cortara, que dende adelante fuese ensuziado en los husos humanales. E trúxolas a la civdat muy onrradamente, e dando muchas graçias a Dios con todo el pueblo, púsolas en el sagrario de la iglesia en una noble custodia de plata.




ArribaAbajoCapítulo XVI

De cómo la virgen María aparesçió a sant Illefonso e le dió una casulla que le traxo de los çielos


Grande fué e maravilloso el miraglo que agora oystes que Dios fizo por este bienaventurado su siervo, quando santa Leocadia salió de la sepultura e delante de todo el pueblo le onrró con tan nobles palabras. Muy más maravilloso es el que agora vos contaremos, quando la virgen de las vírgenes, reyna de los çielos e madre de Dios, le aparesçió e le enrriquesçió de los thesoros del su Fijo, e le dió çierta esperança de la vida perdurable.

Pues que así es, en este tienpo de que agora fablamos diez días después de la fiesta de santa Leocadia, e ocho ante de la navidat del Señor, vino la fiesta de santa María que llaman de la O, la qual establesçió sant Yllefonso con los otros perlados, segunt que oystes desuso. E porque por el abstinençia de los manjares los cuerpos fuesen alinpiados e las voluntades estoviesen más aparejadas para çelebrar, mandó que ayunasen todos tres días enante. E quando vino la noche enantes del día de la fiesta, madrugó sant Illefonso a la media noche a los matinnes con grande alegría e devoçión, para leer el libro de la virginidat que él maravillosamente avía conpuesto. E desque los ministros que levavan las fachas ençendidas antél llegaron a la puerta de la iglesia, vieron dentro tan grant resplandor que lo non pudieron sufrir, e, desanparadas las fachas, fuyeron. Mas san Illefonso entró por la iglesia sin miedo ninguno. E llegando al altar para fazer oraçión, segunt avía de costunbre, vió a la virgen santa María asentada en la silla do él se solía asentar e predicar al pueblo, e çerca della grant conpañía de ángeles, de vírgenes, cantando muy dulçes cantos. E santa María llamólo que se llegase a ella; e él luego se llegó e fincó los ynojos con grant reverençia; e ella díxole: «Porque con puro coraçón e firme fe perseveraste sienpre en el mi servigio e esparçiste el mi loor con las tus dulçes palabras en los coraçones de los fieles e guardaste tu virginidad plaziéndote sienpre de la castidat, sabe que te cunpliré la onrra que te ove prometida. Ca tráygote casulla de los thesoros de mi Fijo, porque seas onrrado en esta vida de los vestimentos de la su gloria, e seas gierto que después serás ayuntado con los sus siervos en gozo perdurable. Esta vestidura te enbía el mi Fijo con que digas Missa en las sus fiestas e en las mías; la qual nunca vestió otro omne, nin vestirá sinon tú; e si algún otro la vestiere, sabe que luégo morrá.»

E, dichas estas cosas, desaparesçió con toda aquella conpañía celestial que con ella venía. E sant Illefonso fincó muy alegre con el don tan preçioso que resçibiera, e mayormente de la esperança de la gloria perdurable.

E esta casulla era atal que non sabía omne determinar qué color avía nin de qué era.

E sabed que non fuyeron todos los que con sant Illefonso venieran. Ca algunas buenas personas venieron con él, que, comoquier que non pudieron llegar con él fasta el altar, pero entraron a la iglesia e vieron todo lo que ay pasó. Desque vino ora de Missa sant Illefonso mostró a todo el pueblo en loor de la virgen santa María el don que avía dado, porque supiessen quántas merçedes e graçias alcançan los que devotamente la sirven. E sabed que gran tienpo duró que de todas las tierras venían las gentes ver esta casulla. E cualquier que traya alguna enfermedad quando la tañía luego resçebía sanidat.




ArribaAbajoCapítulo XVII

De cómo sant Illefonso dió su ánima a Dios, el qual por él fizo muchos miraglos


Acabados nueve años e dos meses que sant Illefonso era arçobispo de Toledo, ovo una grant fiebre de la qual murió. E desque entendió que los sus días eran conplidos fizo llamar a todos los señores de la iglesia e fízoles gran sermón amonestándoles que mantoviesen sus vidas en castidat e linpieza e se esforçasen en servir a Dios, segunt eran tenidos, e que Dios enderesçaría las sus vidas para la vida perdurable. E en fin dixoles en cómo Dios tenía por bien de lo levar desta vida, e que les rogava que eligiessen entresí tal pastor que fuese serviçio de Dios e salud de las ánimas. E ellos respondieron: «Señor, si esto se pudiese escusar, plazer nos ya a todos. Ca bien somos çiertos que nunca otro tal pastor e guardador de las nuestras ánimas podemos cobrar.» E díxoles él: «Fijos, yo me partiré de vos esta noche a la ora de los maitines, e ruego vos que me tengades conpañía e roguedes a Dios que me quiera perdonar todas mis menguas.»

E quando vino el tienpo de los matines, vieron entrar muy grant claridat; en la casa do estava, e el santo perlado fincó los ynojos e dixo assí:

«O madre del Salvador del mundo, pídote por merçed que non quieras desanparar la mi ánima, mas presentarla a aquél que la conpró por la su preçiosa sangre. Señora, encomiéndote a todo el pueblo de los christianos, señaladamente a esta civdat de Toledo, e a la iglesia do yo resçebí muchas graçias de tí.»

E esto dicho, dió el ánima a Dios. E desapareçió toda aquella claridat que ante paresçía. Onde es de creer que santa María resçibió la su ánima e la levó consigo a los cielos e tomó en su encomienda a la civdat por ruego de sant Illefonso. Ca quando la tierra se perdió en tienpo del rey don Rodrigo, non fincó en toda España lugar en que se osase nonbrar el nonbre de Ihesu Christo e de santa María si non en ella.

Pues la muerte de este santo perlado fué muy grant dolor al rey Reçesvindo, de quien desuso vos contamos, e a todos los de Toledo. Ca él fué el mejor perlado confessor que en España fué antes dél. E por ende todos, así grandes como pequeños, estavan por la su muerte muy quebrantados. Ca cada uno fallava en él acorro en la su neçesidad. E sobre todos el llanto que fazían los pobres non ha omne a quien no quebrantasen el coraçón; ca dezían assí: «Señor, pues de tí somos desanparados, agora nos podemos llamar verdaderamente pobres e mesquinos; ca contigo non sentíamos pobreza. Mas pues tú nos has fallesçido, todos los bienes que avíamos avemos perdido.» E esto non era sin razón que lo dixiesen. Ca sabet que quanto él avía tanto partía con ellos. E así tomava en su coraçón el cuydado del pobre para le conortar como si fuesse suyo propio.

Pues que así es, partida el ánima del cuerpo, luego el cuerpo se tornó tan resplandesçiente como un cristal e dava de si un olor tan suave que bien paresçía que non era terrenal. E estovo así el cuerpo por enterrar tres días, en los quales fizo Dios por él muchos miraglos.

Ca vinieron a él muchos enfermos de diversas enfermedades e quantos lo tañieron luégo resçibieron sanidat e dieron muchas graçias a Dios. E aun contesçió más que muchos judíos, vistos estos miraglos, dexaron su incredulidat e se tornaron christianos.

Después de los tres días tornaron el santo cuerpo, e el rey por sí mesmo, con los más onrrados de la iglesia, pusiéronlo en la sepultura con grant solepnidat, rogándole que los oviese en su encomienda e los acorriese en los sus menesteres.

Sant Illefonso ovo el arçobispado quando avía nueve años que el rey Reçesvindo reynava en España; e finó nueve días por andar de enero, quando avía XVIII años que ese mesmo rey reynava.




ArribaCapítulo XVIII

Cómo fué elegido Sergio por arçobispo de Toledo e vestió la dicha casulla e rebentó


Enterrado el santo cuerpo, como avedes oydo, muy onrradamente, ayuntáronse los del cabillo para proveer a la iglesia de perlado. E eligieron a uno que lamavan Sergio, que fasta entonçes sienpre pareçía omne de buena vida, comoquier que non lo supo levar adelante. Ca non seguió a sant Illefonso en santidat nin curó de le remedar en la humildat.

Pues desque este malaventurado se vió arçobispo, tovo que era tan digno como su antecessor. E un día de fiesta, que se dezía Missa, mandó que le troxiessen la casulla que santa María diera por don especial al su bienaventurado siervo. E quando los ministros esto oyeron, fueron muy maravillados e dixiéronle que bien sabía en cómo aquella casulla fuera dada en espeçial a sant Illefonso; e comoquier que él era omne santo e de buena vida, que le rogavan que non faziese contra el defendimiento de santa María; ca se temían que le acaesçería algunt yerro por ello. E él respondió que como sant Illefonso avía seydo perlado, que assí era él, e que non era menor que su antecesor; e porqué le non convenía usar de todas las cosas que el otro usava.

E desque ellos vieron que de todo en todo quería conplir su voluntad, non curaron de le dezir más.

E assí como el mesquino la començó a vestir, en tal manera lo apretó que lo fizo partir por medio, tan fuertemente que fué grant espanto a quantos lo vieron. E desque los señores de la iglesia vieron esto, tiráronle la casulla e pusiéronla muy onrradamente e con grant reverencia en el sagrario con las otras reliquias e a él sacáronlo de la iglesia.

E de allí adelante se guardaron todos de la tomar en las manos tan solamente.

E sabed que en la civdat de Toledo ovo quatro arçobispos santos. El primero fué sant Eugenio mártir; el qual la convirtió, e resçibió después martirio por el nonbre de Ihesu Christo. El segundo fué sant Eugenio confessor, tío de sant Illefonso, por cuyos meresçimientos sienpre fué guardada e defendida. El quarto fué sant Julián, confessor, que fué muy santo omne; cuya fiesta faze la iglesia a seys días de margo. El qual escrivió el número de los libros que conpuso sant Illefonso; lo qual no es aquí escripto por razón de abreviar.





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