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Ibérica por la libertad

Volumen 10, N.º 6, 15 de junio de 1962

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Ilustración

IBÉRICA es un boletín de información dedicado a los asuntos españoles y patrocinado por un grupo de americanos que creen que la lucha de España por la libertad es una parte de la lucha universal por la libertad, y que hay que combatir sin descanso en cada frente y contra cada forma que el totalitarismo presente.

IBÉRICA se consagra a la España del futuro, a la España liberal que será una amiga y una aliada de los Estados Unidos en el sentido espiritual y no sólo en sentido material.

IBÉRICA ofrece a todos los españoles que mantienen sus esperanzas en una España libre y democrática, la oportunidad de expresar sus opiniones al pueblo americano y a los países de Hispano-América. Para aquellos que no son españoles, pero que simpatizan con estas aspiraciones, quedan abiertas así mismo las páginas de IBÉRICA.

Directora:

  • VICTORIA KENT

Presidentes de Honor:

  • SALVADOR DE MADARIAGA
  • NORMAN THOMAS

Consejeros:

  • ROBERT J. ALEXANDER
  • ROGER BALDWIN
  • CLAUDE G. BOWERS1
  • FRANCES R. GRANT
  • JOHN A. MACKAY
  • VICTOR REUTHER

IBÉRICA is published on the fifteenth of every month, except July-August when bimonthly, in English and Spanish editions, by the Ibérica Publishing Co., 112 East 19 th St., New York 3, N. Y. All material contained in this publication is the property of the Ibérica Publishing Co., and may be quoted, but not reproduced in entirety. Copyright 1962, by Ibérica Publishing Co.

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ArribaAbajo Hilo de Ariadna

Alfredo Mendizábal2


Entre los libros sobre España publicados con posterioridad a la guerra incivil, el de José María de Semprún Gurrea, Una República para España (editado por Ibérica, N.Y. 1961), descuella por su elevada intención, por la densidad de su pensamiento, por lo certero de sus juicios, fruto maduro de una noble independencia de criterio. Constituye un tratado de Derecho político ofrecido a la reflexión de los españoles de hoy por un hombre sincero, cargado de experiencia y de razón, agudísimo polemista de honda raigambre cristiana y de firmes convicciones democráticas. Ya el título, en su escueta sobriedad, es acierto y programa: no la República, que a no pocos timoratos haría pensar directamente en la que conocieron o desconocieron, sirvieron o vilipendiaron, minaron por dentro o atacaron desde fuera; sino una República, depurada de errores que en el pasado pudieron empañar la pureza de los principios esenciales del régimen, fortalecida en sus instituciones y perfectamente viable para España en la coyuntura venidera de una rectificación fundamental que normalice la vida política del país devolviendo a la ciudadanía sus libertades inalienables.

Los autorizadísimos textos clásicos de la filosofía política que en el capítulo liminar se traen a colación, nutren e impregnan el robusto pensamiento de la obra entera. Sobre esa sólida base doctrinal establecida por filósofos, teólogos y juristas de bien diversas épocas, se edifica la estructura democrática de la sociedad civil. La insigne aportación de la Escuela española del Derecho natural evidencia la solera tradicional y la continuidad del pensamiento antiabsolutista en nuestra patria. A los textos admirablemente seleccionados por Semprún podrían añadirse tantos otros que no tendrían cabida en un libro, por voluminoso que fuera. Baste recordar que las raíces de la doctrina de la «voluntad general» se encuentran ya en el siglo VII, en la definición que de la ley da San Isidoro de Sevilla (libro V de las Etimologías) como fruto de la decisión popular (constitutio populi) tomada a la vez por los senadores (majores natu) y por la plebe (plebs); y que la oposición de los más egregios teólogos al llamado derecho divino de los reyes es categórica. Suárez no sólo argüía que «ningún monarca tiene el principado político inmediatamente de Dios, sino mediante la voluntad y la institución humanas»; analizando las diversas formas de gobierno llegaba a la conclusión de que solamente «la democracia puede existir sin institución positiva, como consecuencia del orden natural» (ex sola naturali institutione seu dimanatione) (Defensio fidei, libro III, cap. II).

La obra de Semprún, que en múltiples pasajes podría servir de exposición de motivos para un anteproyecto de Constitución, ha de ser difundida, meditada y discutida con acucioso interés dentro y fuera de España; sobre todo, dentro, por quienes sienten la necesidad de preparar al país para el cambio ineludible. Toda dictadura tiende a propalar la falacia de que no puede ser reemplazada sin catástrofe. Así el régimen que desde sus comienzos se declaró organizado según una concepción «totalitaria», cierra sistemáticamente los caminos que podrían conducir a un Estado de Derecho. Cuanto más razonables sean los planes para la transición, mayores obstáculos se les oponen. Al plantear como única alternativa el estúpido dilema: «fascismo o comunismo», contra la voluntad de la inmensa mayoría que rechaza ambos extremos, los imperantes trabajan en favor del régimen que dicen detestar. Por ello es menester que los hombres auténticamente demócratas y liberales examinen y sopesen las posibles soluciones y opten por la más conveniente a la nación entera, para el día en que mediante el ejercicio normal de los derechos de la ciudadanía se haya de manifestar serenamente la voluntad popular.

Bien explicable es, en nuestro tiempo, el recelo contra el Estado, «la menos virtuosa de todas las criaturas, la que practica -y explota en su provecho- casi todos los vicios», como decía Paul Valéry. Pero siendo una institución necesaria (sólo para los anarquistas es un mal innecesario), lo que se requiere es organizar sus poderes y delimitar sus funciones de modo que se evite normalmente el abuso y que toda extralimitación origine una exigencia legal de responsabilidad. Que los límites del poder han de serle impuestos desde fuera y desde antes, en el momento constituyente, es una aserción de evidencia. Inútil es pensar en una supuesta autolimitación, como si el poder se prestara a restringir por sí mismo y contra sí mismo sus posibilidades de acción. Todo gobernante ha de responder de su gestión ante su propio pueblo. Cuando un dictador se declara irresponsable (quizá lo es, pero en otro sentido) o «únicamente responsable ante Dios y ante la Historia», lo que intenta es escapar a sus tremendas responsabilidades directas ante el país. Ya en su tiempo reconocía Montesquieu que todo hombre dotado de poder propende al abuso. Hay quienes buscan en los regímenes de tipo meramente autoritario una cierta mitigación de los sistemas totalitarios, como si un despotismo, que imaginan atenuado, pudiera detenerse en su carrera hacia un totalitarismo que es la suprema tentación de todo Estado al que no se ponen cortapisas. Solamente los sistemas democráticos establecen los límites imprescindibles del poder, para impedir que degenere en tiranía.

Ilustración

Ninguna forma de gobierno es perfecta, pero el bien común, que es el fin de la sociedad política, se logra con más aproximación en los regímenes que se lo proponen como ideal propio que en aquellos cuyo designio es precisamente alejarse de él en beneficio de un grupo dominante o de una clase privilegiada. Para que el Estado no sea el enemigo sino el servidor del país, para que el poder no se base en la arbitrariedad sino en la legalidad y ésta sea emanación del Derecho, conforme a una Constitución libremente adoptada por los representantes del pueblo elegidos mediante el sufragio directo, no hay otra institución que la democracia, la participación de todos en los asuntos que son de todos. Con su fina ironía, G. K. Chesterton alegaba, en defensa de la democracia liberal, que gobernarse, como escribir las propias cartas de amor o sonarse las narices, son cosas que cada cual ha de hacen por sí mismo, aun cuando no le salgan muy bien. Y las formas de gobierno no son accidentales o indiferentes para los ciudadanos, pues su condición de tales depende de la conformidad del régimen a las normas jurídicas capaces de asegurar la libertad. Cuando una dictadura suprime todos los derechos de los ciudadanos y trata así de adormecer al país, despierta en él por contragolpe la conciencia de su existencia política y el impulso vital hacia la reconquista de esos derechos, tanto más valiosos cuanto más conculcados.

Por admitir el pluralismo de tendencias y de participación, la democracia representativa, de estructura republicana, es el único régimen viable para una sociedad política tan dividida y multiforme como la española. Precisamente porque en la República tiene cabida una gran diversidad de partidos y, por tanto, de soluciones, ensayadas alternativamente o conjuntamente en gobiernos de coalición, queda en ella obviada la eventualidad de excluir de la actuación pública a una gran masa de ciudadanos. No podría decirse lo mismo del intento de restaurar la Monarquía, pues la que el régimen actual ha diferido constantemente, ha condicionado de modo humillante para tal institución y mantiene en reserva tan sólo como hipotética continuación del mismo sistema bajo otras apariencias, ni siquiera los varios sectores del monarquismo la aceptan por igual. Si por sorpresa se proclamara un rey, o habría de gobernar con los mismos métodos actuales o no resistiría veinticuatro horas de libertad de palabra y de prensa y, para defenderse, se vería abocado a la dictadura, de manera que nada fundamental habría cambiado. Además, no es ocioso recordar que, poco antes de la caída de Mussolini, el pretendiente al inexistente trono de España anunciaba a los españoles su intención de ofrecerles «un régimen semejante al que tan excelentes resultados había dado en Italia».

La argumentación de Semprún es tan certera en su oposición a la hipótesis monárquica como en su defensa de la tesis republicana en virtud de los postulados demoliberales. Su construcción jurídico-política aprovecha abundantes materiales de la Constitución de 1931, sin prescindir de criticar lo que la pasión partidista (particularmente en cuestiones religiosas) había introducido en flagrante oposición a los principios liberales proclamados en general. Ciertamente, para reedificar el Estado sobre bases democráticas habrán de aprovecharse las lecciones de la historia, sobre todo de nuestra propia historia, pero también la experiencia de otros países que, después de haber pasado por una tenebrosa época de opresión tiránica, han sabido restaurar la democracia y con ella las libertades cívicas. Utilísimo es el análisis hecho de ciertas normas constitucionales de Italia, Francia, Alemania y otras naciones. Tomándolo en cuenta, España se ahorraría no pocos yerros; mas a fin de evitar nuevas conmociones, preciso será acometer una inmensa obra de educación cívica para que las naturales divergencias entre los partidos no degeneren en polarización hacia demagógicos extremismos, tanto de derecha como de izquierda, con un común denominador de violencia, de venganza y de avidez de mando. Tan inadmisible es «la dialéctica de las pistolas» como la dejación de la autoridad en favor de las masas amotinadas cuando se estima que «la iniciativa está en la calle». La mayoría de los españoles no propugnaba en 1936 el fratricidio colectivo como «remedio» para una situación crítica, pero demasiados eran los que por ciego fatalismo se veían impulsados hacia una prueba de fuerza que sólo algunos hombres perspicaces trataban de impedir. Quienes tomando la iniciativa de la guerra incurrieron en la máxima responsabilidad, condujeron al país a su ruina. Al cabo de la noche, se cumplía la predicción del trágico epitafio de Larra: «Aquí yace media España. Murió de la otra mitad».

Sólo por los métodos de la democracia se logrará la concordia civil. La libertad igual para todos (con la sola excepción de los energúmenos que no aceptan la regla del juego) es, junto con el respeto a las minorías, piedra de toque de un régimen demoliberal, pues la convivencia en una sociedad democrática requiere la práctica de la tolerancia civil, que no supone indiferencia ni falta de convicciones, en cuyo caso ningún mérito tendría. Sólo hay verdadera tolerancia, advierte Maritain (Le Philosophe dans la Cité, Paris, 1960), «cuando un hombre está firme y absolutamente convencido de una verdad, o de lo que tiene por verdad y, al mismo tiempo, reconoce a quienes niegan tal verdad el derecho a existir, a contradecirle y a expresar su propio pensamiento... porque respeta en ellos la naturaleza y la dignidad humanas». El auténtico liberal se reconoce, más que bajo la opresión, en el ejercicio del poder; garantizar la libertad para los otros y no sólo para sí, es signo de madurez política y puede llegar a ser una forma ejemplar de heroísmo civil.

Irrebatible en cuanto a los principios y a la doctrina filosófico-política, el libro que aquí se comenta suscitará a veces en los lectores reservas y objeciones en cuanto a la aplicación, minuciosamente estudiada, de tales principios. No es el menor de sus méritos provocar el debate en torno a problemas cuya gravedad no desconoce el propio autor. Por ejemplo, al proponer la creación de una Asamblea constitucional permanente y asignarle entre otras funciones la jurisdiccional de fallar sobre la constitucionalidad de las leyes, al tratar de institucionalizar los poderes extraordinarios para circunstancias excepcionales, bien se percata de las críticas que habrá de originar y aun sale al paso y responde de antemano a algunas de las previstas. Lo esencial es que, con ello, el diálogo está abierto. La libre discusión es inherente a la democracia; y la clara y sagaz presentación de los postulados del régimen republicano, de los obstáculos que habrá de vencer y de la estructura y los métodos que debería adoptar en España, puede ser el hilo de Ariadna que guíe a las nuevas generaciones españolas, en su búsqueda de la salida del laberinto, hacia un porvenir de libertad política y de justicia social.

ALFREDO MENDIZÁBAL




ArribaAbajo Declaraciones del Sr. Sánchez-Albornoz

Declaración del Presidente del Gobierno de la República Española en el exilio, D. Claudio Sánchez-Albornoz, con motivo de la situación actual en el interior de España.

Los acontecimientos de España en los últimos días han acreditado el fracaso de un cuarto de siglo de cruel dictadura; el terror no ha podido aplastar el espíritu de los españoles. Y han demostrado que el gobierno dictatorial es el primero en reconocer su debilidad y lo inminente de su caída. Los obreros, los estudiantes y hasta un importante grupo de intelectuales se han atrevido a enfrentársele y no se ha decidido a reaccionar violentamente contra ellos. La presión de la conciencia mundial contra el régimen que detenta el poder en España ha sido fortísima. La prensa, la radio, la opinión pública de todos los países de la tierra se han mostrado unánimes frente a la tiranía española. ¿Cuál va a ser la actitud de los gobiernos? ¿Cuándo van a darse cuenta de que el declinante estado policíaco de España no sólo constituye un sonrojante lastre para Occidente sino un cáncer peligroso?

Los capitalistas internacionales pensaban en la España franquista como en un paraíso para sus negocios e inversiones; el gobierno dictatorial les brindaba un pueblo con salarios de hambre. Imaginamos que los sucesos ocurridos en los días últimos les habrán hecho ver la caducidad de tal gobierno y el inminente despertar del pueblo. Sus negocios y sus inversiones van a hallar un clima diverso del que pensaban y no serán respetados mañana si acuden a apuntalar a la tiranía.

Los grupos de presión del interior han podido comprobar que ha llegado la hora de buscar una solución al problema de España. No hay otra que la reconciliación de los españoles en un régimen de libertad, parejo del que gozan los otros pueblos de la Europa occidental, respetuoso de todas las ideas y de todos los intereses. Saben que España necesita entrar en el Mercado Común Europeo, saben que el régimen que hoy desgobierna nuestra patria no entrará jamás en él. ¿A qué esperan? Sólo estorba un hombre y un reducido grupo de hombres. Estamos dispuestos a pactar con cuantos quieran sacar a España de su atasco histórico. Nos someteremos a los dictados del pueblo expresados en una consulta electoral honesta. Volvemos a invitarles al diálogo y a la acción común, salvadora de España. Su responsabilidad es enorme y enormes los riesgos que van a correr de desoír nuestra voz. Y son también enormes los que van a enfrentar las potencias occidentales de obstinarse en apoyar a un gobierno ya caduco e imposible de sucederse a sí mismo.

Y unas palabras postreras para el pueblo español. No nos habéis sorprendido. Confiábamos en que estaba vivo nuestro ímpetu. No podemos sino felicitarnos de ello como carne y sangre vuestra que somos. Tened fe. Se acerca la hora en que seremos libres. No aspiramos sino a entregaros el mandato que vuestros padres y muchos de vosotros nos disteis en España, mandato que hemos procurado conservar sin claudicaciones.




ArribaAbajo La censura bajo Franco

Fernando Entrerios3


El caso de la censura bajo la dictadura de Franco en España es probablemente único en la historia. Porque no se trata de una censura política, o religiosa, o moral, o social, sino de una censura que lo abarca todo, tanto lo político como lo religioso, lo moral como lo social. Nada escapa al lápiz rojo de los censores franquistas, tanto más celosos de su cometido cuanto saben que si dejan colar de matute o se les pasa un texto heterodoxo, les puede costar el puesto que disfrutan y quedar cesantes, colgado para siempre el sambenito de sospechosos. A veces se trata de una censura tan personal -puesto que los censores no son máquinas, sino hombres con sus gustos particulares- que a cierto escritor, colaborador ilustre de un diario, le tacharon una vez un artículo apoyando la candidatura de Rómulo Gallegos para el Premio Nobel de Literatura, sin duda porque al censor a quien tocó en turno el texto, no le era grata la candidatura del gran novelista venezolano, o tenía otro candidato de su predilección.

Como es sabido, la censura española está dividida en dos secciones o departamentos distintos: la censura de libros, que depende de la Dirección General de Información (por no llamarla Dirección General de Censura), actualmente regida por uno de los gerifaltes del Opus Dei -esa «secta política» como la ha llamado José Luis Aranguren en el número de The Atlantic dedicado a España-; y la censura de periódicos y revistas, que depende de la Dirección General de Prensa. Una y otra funcionan en el ministerio de Información, ministerio que ha batido todos los récords de intolerancia, barbarie y estupidez. Entre los censores hay algunos sacerdotes, pero la mayoría son funcionarios del ministerio o «enchufados» libres, es decir, «recomendados» del ministro o de los altos jefes del ministerio, a veces verdaderos analfabetos, de esos que cuando un escritor habla de la sensualidad del barroco español del siglo XVII, refiriéndose al estilo, naturalmente, tacha la palabra sensualidad, o la palabra amante, por atentatoria a la moral.

Naturalmente, se trata de una censura vergonzante, es decir, que no confiesa nunca su existencia. Al menos el dictador Primo de Rivera y la República derechista de Lerroux permitían que, en lugar de los textos suprimidos, figurasen espacios en blanco, con las palabras «visado por la censura», con lo cual el lector sabía que había sido suprimido un texto. Pero la censura de Franco no permite que el lector pueda suponer que un texto, una frase o una palabra haya sido suprimida. No hay que dar la sensación de que el régimen es intolerante y reaccionario, porque conviene seguir gozando de las simpatías occidentales, sobre todo de los Estados Unidos, para seguir sacándoles dólares. La palabra censura no figura en ningún papel oficial del Ministerio. «Información» es una palabra más bonita y a tono con los tiempos. No existe además una legislación de la censura, ni reglamentación de recursos legales contra las decisiones de la censura, ante un Tribunal independiente. Cierto que el escritor puede dirigirse al Jefe de la Censura o al Ministro, reclamando contra una decisión de la censura, pero la resolución definitiva queda al arbitrio personal de uno u otro. En general, un procedimiento que suele dar buen resultado para que un texto prohibido sea sometido a nueva revisión y autorizado, es buscar la recomendación de un obispo o del censor religioso. La Iglesia es todopoderosa, especialmente en la censura de películas su influencia es decisiva. No faltan tampoco los censores que, bien porque su falangismo probado les da cierta seguridad en la conservación de su puesto, o porque los editores los tienen comprados -como el contrabandista al aduanero- se muestran algo más benévolos en su oficio, y dejan pasar sin gran daño la mercancía.

Como nada hay legislado, ni siquiera establecido de manera oficiosa, sobre lo que es materia autorizada o prohibida, el escritor no sabe nunca a qué atenerse, y su trabajo de creación se resiente con frecuencia de esa especie de espada de Damocles que amenaza, como imán invisible, su pluma. Muchos escritores, incluso, tienden a autocensurarse previamente, para evitar el tropiezo con la censura y sus inconvenientes (tachaduras, demora en la aprobación del texto, etc...) Naturalmente, las consecuencias de esa autocensura no deja de afectar de modo desfavorable el interés o calidad de un texto.

Los editores tienen, sin embargo, una guía, aunque limitada, para saber si ciertos autores pueden publicarse o no. Esa guía es el Index librorum prohibitorum de Roma, puesto que todos los autores y libros que el Vaticano incluye en su famoso Index, están también oficialmente prohibidos en España. Esto explica que los editores españoles no puedan publicar a filósofos como Kant o Sartre, a novelistas como Balzac, Flaubert y Stendhal (también Proust estuvo prohibido algún tiempo), etc. El editor Aguilar se ha visto obligado a publicar algunos de estos autores -Stendhal, por ejemplo- en Méjico, aunque la censura ha prohibido su venta en España, naturalmente. Por supuesto, al margen del Index romano, la censura de Franco tiene sus propios criterios -ya es sabido que la Iglesia española es siempre más papista que el Papa-, y el número de libros prohibidos en España -no sólo de manuscritos presentados para su aprobación, sino de libros ya publicados cuya importación se pretende- es infinito. El representante en España de varias editoriales argentinas y mejicanas tuvo el capricho de dedicar un salón de su casa a una biblioteca formada exclusivamente por libros americanos cuya entrada en España había sido prohibida por la censura franquista, y que alcanzaba ya varios miles de obras. Y cuan do se piensa que muchas de ellas figuran en todas las bibliotecas de los países civilizados, y pertenecen al legado espiritual de Occidente, se pregunta uno con qué derecho los representantes franquistas pueden alternar en la UNESCO, y cómo no se les cae la cara de vergüenza representando a un régimen que prohíbe libros de Unamuno, de Baroja, de Valle Inclán, de Balzac, de Flaubert, de Stendhal, etc., etc. Una editorial mejicana, Fondo de Cultura, ha publicado la lista de obras suyas prohibidas en España, principalmente libros de filosofía, economía y sociología. La lista pasa del centenar de libros.

La situación se ha hecho tan intolerable que el pasado año medio millar de escritores, intelectuales y artistas españoles firmaron un escrito de protesta contra la censura, que enviaron al Ministro de Información. Figuraban, por cierto, entre las firmas algunas de escritores de derecha, y muchas de católicos liberales. Ese manifiesto ha recorrido el mundo y ha suscitado numerosos comentarios en la prensa internacional. Pero la única respuesta del Sr. Ministro de Información, ¿sabe el lector cuál ha sido? Enviar a cada uno de los firmantes sendos ejemplares de su Doctrina de la Información, dos tomos ilegibles de mil páginas, sin duda para que los escritores españoles se vayan ilustrando acerca de los beneficios y virtudes de la censura que él dirige. No parece, sin embargo, que los escritores tuviesen mucho interés en leer el indigesto mamotreto del señor ministro, pues a los pocos días aparecieron numerosos ejemplares de la Doctrina de la Información en los puestos de venta de libros viejos de la madrileña Cuesta de Claudio Moyano.

Ilustración

Sin embargo, es indudable que el manifiesto de los escritores contra la censura -de que se dio cuenta incluso en Consejo de Ministros- produjo cierto impacto entre los jerarcas del régimen, e incluso sorprendió a Franco y al propio ministro. El resultado es que el Ministerio ha preparado o desempolvado una cierta Ley de Prensa e Información, que venía prometiendo hacía ya diez años ante las presiones de ciertos elementos católicos, como el obispo de Málaga, don Ángel Herrera. Aunque algunos obispos, miembros del Comité Consultivo del proyecto, han mostrado su disconformidad con éste, parece que el régimen está decidido a aprobarlo, y que ha pasado ya incluso a la aprobación de las Cortes, llamando así a la farsa representativa que ha montado Franco para engaño de extranjeros ingenuos (que los hay, incluso diputados laboristas). El proyecto de nueva Ley de Prensa es ya conocido, y tan disparatado, que uno se pregunta si es posible que llegue a convertirse realmente en una ley de un Estado moderno, en mitad del siglo XX. Esencialmente consiste en esto: se suprime la censura previa de prensa y revistas, y toda la responsabilidad recae en los directores de los diarios y publicaciones. Ahora bien, la ley crea y detalla minuciosamente una serie, numerosísima, de delitos de prensa tan inauditos, que si se aplicara en cualquier país del llamado mundo libre -Francia, Inglaterra o Estados Unidos, por ejemplo- no podría publicarse ningún periódico. La lista comprende delitos por acción y por omisión, y ahí entra todo, naturalmente, desde criticar al régimen o a sus jerarcas, hasta no destacar con el relieve necesario un discurso de Franco o un éxito del régimen. No hablemos ya de los delitos por atentar a la supuesta moral católica o a la patria (la patria es el régimen, claro). En suma, que los periodistas y escritores temen con razón que sea peor el remedio que la enfermedad, y que la anunciada Ley de Prensa, si llega a aprobarse -que aún lo dudamos- no servirá sino para empeorar la situación. El miedo que ahora tienen los censores a perder su puesto si algo se les escapa, lo tendrán, y aumentado, los directores de periódicos y publicaciones, ya que, por supuesto, los delitos de prensa serán severamente castigados, con prisión, multa, pérdida de empleo o supresión del periódico o revista. Y ello es perfectamente lógico. Una dictadura como la de Franco no puede dejar el menor resquicio a la crítica ni permitir el menor diálogo. Ello significaría confesar su debilidad y arriesgarse a los peligros que, para una dictadura, tiene la crítica y el diálogo abierto con el pueblo al que sojuzga. El amordazamiento, pues, y la intolerancia, continuarán mientras el franquismo domine en España.

FERNANDO ENTRERIOS

Madrid, Mayo, 1962




ArribaAbajo Comentarios al artículo de Xavier Flores4

¿Frente común?

Los artículos de los Sres. de Madariaga y Semprún, publicados en el número de IBÉRICA del 15 de abril, plantean en toda su extensión un problema político capital, suscitado incidentalmente por el Sr. Flores al final de una serie de brillantes artículos publicados también en IBÉRICA. ¿Ante la conjetura política actual de España, los partidos o los hombres de izquierda deben o no colaborar con los comunistas? Ideológica y temperamentalmente suscribo sin reservas la posición sostenida por los Sres. Semprún y Madariaga. Sin embargo, no puedo ocultar que se trata de una posición personal que continuaré sosteniendo, pero con cierto escepticismo en cuanto a la posibilidad de que responda a las actuales circunstancias políticas españolas.

El problema de pronunciarse en favor o en contra de un frente popular o un frente de izquierda con los comunistas es el problema político capital que se presenta a los hombres llamados de izquierda, es decir, a los hombres partidarios no tan solo de un régimen de libertad sino de creaciones políticas ajustadas a la evolución de la sociedad y a las aspiraciones del pueblo a mejorar de condición. Y este problema se plantea por igual en todos los países latinos de Europa, para no decir también de América, que presentan, grosso modo, el mismo abanico de ideas políticas. Las razones aducidas por los Sres. Semprún y Madariaga en contra de una colaboración con los comunistas son muy serias y responden a un pensamiento lógico. Pero el mal está en que los hombres de derecha se ríen de este pensamiento lógico y no dudan en servirse de los comunistas y de la propaganda anti-comunista para impedir la actuación política de la izquierda.

El caso de Francia creo que es típico en este aspecto. La conjunción de derechas y comunistas hizo imposible la política de centro izquierda de socialistas, radicales y M. R. P. hasta que el poder cayó en manos del General de Gaulle. Que el General de Gaulle no se haya apartado de la tradición democrática francesa y haya llevado a cabo la política de la Cuarta República en Argelia y en el Imperio no cambia el fondo de la cuestión. El hecho es que si los radicales y los socialistas no colaboran con los comunistas, los hombres de derecha continuarán por largo tiempo en el poder y frenarán la normal evolución de la sociedad.

La misma situación se presenta en Italia, donde la Democracia Cristiana ha tenido, sin embargo, la inteligencia, quizás por consejo del Vaticano, de iniciar una «apertura a sinistra». Pero en España, donde los contrastes son siempre más violentos, ¿qué papel podemos desempeñar los que participamos de las ideas de los Sres. Semprún y Madariaga? Prácticamente ninguno. Nuestros hombres de derecha no harán, como en Francia, nuestra política, ni nos darán, como en Italia, una posibilidad de intervenir en la vida del país. Nos condenarán a mantener ideológicamente a los comunistas a raya para poder actuar a sus anchas.

Esta es desgraciadamente la situación real de la política española. Y aunque no comparta su punto de vista, comprendo que la juventud prefiera pronunciarse, al no tener otra opción, por la reforma contra el estancamiento estéril.

Podemos, los que pensamos como los Sres. Semprún y Madariaga, mantener nuestra posición ideológica que comparte una minoría en el interior del país. Pero mucho me temo que los que realmente sufren en España del régimen actual no estén en condiciones de aquilatar con tanta precisión los beneficios de una libertad que nunca han conocido, o que tan solo han entrevisto por breve tiempo.

Y no creo tampoco que el contexto internacional y los muertos de Hungría les impresionen mucho. Cada cual tiene sus muertos. Y son muchos los españoles que vieron con asombro cómo las tumbas españolas de Narvik a Montecasino no eran un obstáculo para que el general a quien tantos españoles sacrificaron su vida para que ciñese los laureles de la victoria, las saltase para abrazar al general que los exiló. La marcha sobre los cadáveres de ilusiones perdidas es un hecho demasiado cotidiano para que los españoles renuncien a mejorar de condición pensando en los muertos de Hungría.

Veamos las cosas claras. El establecimiento de una democracia en España no depende de nosotros. Depende de las fuerzas que actualmente aprovechan del régimen de Franco y que por el momento no dan síntomas de desear un cambio. Si el hecho se produjese, podría entonces hablarse de la eficacia de una posición política de izquierda sin colaborar con los comunistas. Entretanto, no podemos hacer sino mantener nuestra posición, pero con la convicción de que somos unos auténticos exilados de la España actual.

VÍCTOR HURTADO

Un gobierno estable5

Desde hace más de un año leo regularmente IBÉRICA, estoy impresionada por la calidad de los artículos que publican ustedes y me complace felicitarles.

Me sorprende en extremo que el Sr. de Madariaga se oponga a un frente de toda la izquierda en España, al mismo tiempo que justifica la alianza entre los Occidentales y Stalin en la última guerra mundial con la frase siguiente: «Aquello se hizo en peligro mortal. Hubo que ir a aquella alianza». ¿El peligro que corre España desde hace 23 años no es mortal? El Sr. de Madariaga estima igualmente que ese pacto fue facilitado por «ciertas ilusiones románticas» sobre el comunismo. Por mi parte creo que los acuerdos entre los tres grandes no fueron otra cosa sino un reparto de Europa en dos zonas de influencia, siguiendo la mejores tradiciones diplomáticas.

Creo que en España el peligro comunista no residiría en el frente común que pide el Sr. Flores, sino por el contrario, en que un Gobierno republicano excluyera el partido comunista y que le empujara así a la oposición.

Por otra parte es evidente que un frente común en España será acogido con hostilidad por los países occidentales. Yo misma he asistido a la Asamblea Parlamentaria Europea y he tenido la ocasión -especialmente en estos últimos tiempos- de ver muy de cerca las relaciones económicas y políticas que Europa occidental sostiene con España. Estoy convencida que está en el interés de los gobiernos occidentales mantener el mayor tiempo posible el actual régimen español.

Se impone, a mi juicio, un frente común, tanto desde el punto de vista de la política interior como en el terreno de la política extranjera, frente común que permitirá el establecimiento de un gobierno estable, capaz de asegurar el desenvolvimiento económico y social del país y de dar a España el sitio que le es debido en la Europa Occidental.

Jóvenes y viejos

Los recientes artículos de Don José M.ª Semprún Gurrea y de Don Salvador de Madariaga haciendo ciertas objeciones a un trabajo del joven escritor Xavier Flores, también aparecido recientemente en IBÉRICA, me sugieren el deseo de un breve comentario.

Como conclusión de su meritorio estudio sobre la situación española, Flores aboga por la unión de todos los elementos contrarios al régimen imperante en nuestro país con inclusión de los comunistas, y los señores Semprún y Madariaga se oponen a ella aduciendo que esta experiencia ya ha sido hecha, no sólo en España, sino en otros países de Europa, con los llamados «frentes populares», y que sus resultados no fueron en manera alguna satisfactorios.

Opinan, creo que con razón, que lo que en el fondo está planteado, no es otra cosa que la eterna lucha entre los partidarios de la Libertad y sus detractores, y que en el campo de los primeros no deben tener cabida, por principio y por táctica, más que aquellos que apasionadamente comprendan que no hay vida digna para el hombre sin un efectivo y absoluto respeto por su conciencia y una observancia de todas las reglas de conducta que de este respeto se derivan.

La discrepancia que sobre este importante tema se manifiesta entre elementos tan valiosos de dos generaciones distintas puede reforzar la presunción, tan extendida como lamentada, de que entre los jóvenes, esa pasión por la Libertad que nosotros sentimos, está dando muestras de debilitamiento.

Siempre los hombres nuevos han estado inclinados a buscar su propio camino, rebelándose contra las fórmulas que se encuentran establecidas, en lo que seguramente hacen bien, porque sin esa búsqueda no habría progreso del pensamiento. Sin embargo, fuerza será admitir que no siempre los viejos están equivocados, y que en algunos casos, como en este concreto, pueden muy bien tener toda la razón.

Es admisible que cuando la Libertad se haya afianzado y su existencia deje de estar amenazada, los ciudadanos progresivos puedan permitirse el lujo de dejar de pensar permanentemente y en primer lugar en su defensa. Desgraciadamente este momento no ha llegado todavía, y ya que nuestra generación inutilizada (me refiero a la española liberal), no pueda ofrecer a las que nos siguen otras enseñanzas valiosas, tratemos por lo menos de que se imbuyan de ese apasionamiento activo, sin el cual corren el riesgo de verse también arrolladas y de pasar por la vida tan estérilmente como está pasando la nuestra.

Así pues, admitamos que los jóvenes integren ese nuevo «todos a una» que reclama Xavier Flores para acabar con el régimen liberticida que oprime a nuestra patria, pero con la condición de que ese «todos» lo formen sólo los que sinceramente estén dispuestos a instaurar un sistema de libertad y posteriormente a defenderlo sin condicionar su ayuda, y de hacerlo por todos los medios.

ERNESTO NAVARRO

El resurgir de España

A Xavier Flores y a Salvador de Madariaga les duele España -aunque el dolor sea diferente en cada uno de ellos- y se dedican los dos a pregonar por el mundo el crimen de Franco y la complicidad de esos gobiernos que llamándose defensores de la libertad dan su ayuda para que se prive de ella a treinta y cinco millones de españoles.

Salvador de Madariaga y Xavier Flores pertenecen a generaciones distintas, el escritor nació en el siglo pasado y el economista cuando casi acababa el primer tercio del actual, mas sin embargo, ninguno acepta que el destino de los españoles de la República sea el sacrificio, ya en el fragor de aquella lucha, o entre los muros del presidio, o en el desesperante vivir del destierro. Ni el uno ni el otro admiten, ¡cómo les envidio!, que nuestra tarea quede reducida a llenar uno de esos períodos fugaces en que la libertad brilla en el solar hispano para dar contraste a otros, que se hacen eternos, de exaltación del militarismo rufianesco y de la beocia devota.

Y por ello, Xavier Flores y Salvador de Madariaga entablan debate sobre cómo despertar a España de su letargo, sobre cómo devolverle al español la dignidad y la hombría arrebatadas. Quieren, ni más ni menos, que los veneros de lo hispánico fertilicen el erial nuevamente, aunque no se ponen de acuerdo en la manera de conseguirlo.

El riesgo de la colaboración comunista es evidente. Ignorar los fines y dejarse envolver por la táctica del partido supone una aventura peligrosa cuyo final será uno u otro según los acontecimientos que se produzcan en el mundo mientras tanto. Pero, ¿y si a la postre el pueblo español tiene que tomar este camino, para recuperar los doscientos años de retraso que lleva en la carrera de la historia, porque se le sigue prohibiendo transitar por el de la democracia?

Lo que quisiera yo leer de Salvador de Madariaga y de Xavier Flores es cómo se logrará, con o sin los comunistas en la coalición de fuerzas de izquierda, que el franquismo dé paso al gobierno sin signo institucional organizador del referéndum, pues hablar de imponer esta solución es tanto como soñar.

Pero admitamos que el referéndum se ha celebrado y tiene el poder la coalición de partidos de izquierda. ¿Cómo se podrá, practicando la libertad y la democracia, remover los estratos de la sociedad española? Porque si la reacción acabó con la República cuando ésta quiso hacerlo no es creíble que el terrateniente consienta mañana que le reduzcan su propiedad, ni el militar que se le ponga coto a su prepotencia en la vida del país, ni la jerarquía católica que le cercenen su dominio de las finanzas y el control que ejerce sobre la enseñanza. Unidas estas clases sociales, como lo han estado siempre, no tolerarán el juego de la libertad y la democracia del que tan mal paradas saldrían.

Si el resurgir de España no es el que quisimos los que ayudamos a que la República naciera, régimen aquél que significa el experimento más generoso e inteligente hecho en nuestro país en los últimos tiempos, la responsabilidad será del cerrilismo de otros españoles y de la estupidez de quienes rigen los destinos del mundo occidental.

SANTOS MARTÍNEZ


DECLARACIONES DE LAS ORGANIZACIONES OBRERAS CATÓLICAS

A la vista de los conflictos laborales que vienen sucediéndose en distintas regiones del país y que reflejan un estado de malestar de los trabajadores, la H.O.A.C., la H.O.A.C.F., la J.O.C. y la J.O.C.F. como movimientos apostólicos de la Iglesia:

Constatan: Que dichos conflictos afectan directamente al bien común y a la suerte de miles de trabajadores con sus familias, que sufren las consecuencias materiales y morales de la situación.

Que no pueden permanecer al margen de aquello que afecta tan inmediatamente a la vida de los trabajadores y de la nación entera, si deben ser fieles a la misión que la Jerarquía Eclesiástica les ha confiado de cristianizar al mundo del trabajo y colaborar en el logro de aquellas condiciones de vida que favorezcan el ejercicio normal de la vida cristiana.

Que dentro de dicha misión y atendiendo a los aspectos humanos, morales y religiosos deben expresar su solidaridad con el sufrimiento de los hombres y de las familias y esforzarse por restablecer las relaciones laborales y de convivencia social en un clima de comprensión y de amor, de acuerdo con los principios de la justicia.

Afirman: 1.º Derecho al salario justo: la justicia exige que la remuneración de los trabajadores sea suficiente para permitirles una vida humana digna de acuerdo con el nivel alcanzado por la sociedad de nuestro tiempo. Solamente una imposibilidad manifiesta, demostrada e inculpable de la empresa o gravísimas razones de bien común, podrán justificar la permanencia de retribuciones inferiores, pero entonces, piden el bien común y la justicia social que todas las retribuciones y rentas de cualquier clase sean afectadas por las medidas restrictivas para que el sacrificio se distribuya entre todos los miembros de la comunidad nacional.

2.º Participación en la empresa: la verdadera participación activa, que incluye la de beneficios y de propiedad, de los trabajadores en las tareas comunes de la empresa y en los organismos donde se toman las decisiones más importantes para la vida nacional, es una exigencia urgente e inmediata que se debe abordar por medios eficaces.

3.º Derecho de asociación: por imperativo del derecho natural y de bien común se ha de reconocer de manera práctica y eficaz el derecho de los trabajadores a fundar y dirigir libremente asociaciones que defiendan sus legítimos intereses.

4.º Huelga: la huelga debe ser enjuiciada a la luz del bien común y naturalmente, de la caridad y justicia. Por principio no puede condenarse. Cuanto mayores sean los obstáculos para acudir a la huelga, es tanto mayor el deber del legislador de ofrecer garantías que aseguren eficazmente la solución de los conflictos laborales.

5.º Convivencia: las relaciones y la convivencia social no pueden fundamentarse en la fuerza, sino en el derecho, como realización de la justicia bajo la inspiración del amor.

Piden: A las instituciones públicas: Que se cumplan y respeten los principios anteriormente expresados. Que eviten los privilegios que emanan de un grupo social, defendiendo con equidad y justicia los legítimos intereses de los obreros que son los más afectados por la presente situación económico-social.

Que mantengan el equilibrio entre precios y retribuciones del trabajo y que favorezcan la expansión económico-social de nuestras regiones más atrasadas suprimiendo desniveles irritantes.

A los trabajadores: Que mantengan una actitud de serenidad esforzándose valientemente para conseguir el respeto de sus derechos, dentro de los medios moralmente lícitos y con respeto al bien común y desoyendo incitaciones interesadas que pretenden desviar la acción obrera hacia fines y medios que los obreros españoles rechazan.


DECLARACIÓN DE IZQUIERDA DEMOCRÁTICA CRISTIANA

Sr. Director de la Revista IBÉRICA:

El distinguido escritor D. Xavier Flores publica en el número de IBÉRICA correspondiente al 15 de marzo último, el tercero de sus artículos encabezados con el título «España 1961», dedicado especialmente a enjuiciar las tareas de la oposición.

Aunque las interesantes publicaciones del Sr. Flores incitan al diálogo amistoso y fecundo que el propio autor afirma desear, no es tarea propia de la Comisión Ejecutiva de IDC concertar público coloquio para afinar coincidencias o airear discrepancias. Lo que sí interesa positivamente a esta Comisión Ejecutiva es rectificar unos conceptos vertidos por D. Xavier Flores y hacerlo con la misma publicidad merecida por aquellos, apelando para ello a la gentileza de la dirección de IBÉRICA, que tantas muestras tiene dadas de ponderación y verdadero espíritu democrático.

Dice el Sr. Flores en uno de los párrafos de su último artículo: «Hay que mirar la realidad en los ojos. Estamos en presencia: a) de una extrema derecha que quiere imponernos una monarquía autoritaria; b) de unos grupos minoritarios -Unión Española e Izquierda Demócrata Cristiana- que esperan lograr una monarquía democrática; c) de un partido socialista que, con toda la izquierda, se niega a transigir con toda violación de la soberanía popular».

Si partimos de la base lógica de que cada grupo o partido espera lograr la implantación de los sistemas de gobierno por él propugnados, evidentemente la afirmación de que la IDC espera lograr una monarquía democrática, equivale a dar por sentado que la IDC es un grupo monárquico que incluye entre sus aspiraciones fundamentales la implantación de una monarquía. Y tal afirmación es netamente contraria a la realidad, porque dentro de los límites impuestos hoy a la divulgación de toda idea política en España, es bien conocida la posición accidentalista de la IDC respecto a la forma de gobierno, como lo es igualmente su intransigencia con cualquier imposición de la forma que sea y su decidido propósito de que sea el propio país quien la elija libre y democráticamente. Por todo esto, resulta todavía más grave enfrentar a este respecto la posición de la IDC con la del Partido Socialista, como viene a hacerlo el Sr. Flores en el párrafo antes transcrito, siendo así que ambos grupos mantienen posiciones idénticas, constando en forma relevante tal identidad del texto del pacto de la Unión de Fuerzas Democráticas suscrito por el Partido Socialista, por la IDC y por otros grupos democráticos de la oposición.

No duda esta Comisión Ejecutiva de la buena fe del Sr. Flores, pero espera que éste también comprenda el grave daño que en estos momentos puede seguirse de la distribución errónea de actitudes ante una opinión que precisa ser orientada y no confundida en la tarea de alcanzar la España libre y democrática que ardientemente deseamos.

España, Mayo de 1962

LA COMISIÓN EJECUTIVA DE LA IDC




ArribaAbajoSin permiso de la censura

Información de nuestro corresponsal en España


En España empieza a amanecer...

No se asuste el lector. No nos hemos convertido al malparado credo falangista, pero ocurre que las estrofas facilonas de su himno, que sirvieron de fondo musical hace veintitrés años a tanto crimen, a tanta hambre, al drama de millones de españoles, cobran nueva vida y significado porque, de verdad, la recia fibra hispana demuestra que no ha sido aniquilada por el fascismo.

¿Qué decirles hoy? ¿Relatar cronológicamente lo sucedido? ¿O más bien anécdotas y hechos interesantes? ¿Referirnos a las posiciones de las fuerzas políticas, a la querella entre el Estado y la Iglesia, a la represión? ¿Intentar algunas reflexiones? Las ideas, los recuerdos y los hechos se atropellan en la mente. No es un artículo sino un libro lo que haría falta para contar todo esto: disculpe, pues, el lector las inevitables incoherencias, los huecos, la falta de sistema. Creo igualmente que muchos de los acontecimientos le son ya conocidos por la prensa mundial y por la radio que, salvo contadas excepciones, han estado al servicio de la verdad y no al servicio del señor Arias Salgado.

El día 3 de mayo escribía yo que la huelga se había generalizado no sólo en Asturias sino en el País Vasco y que ya resultaba difícil negar sus repercusiones políticas. Con rapidez que a todos dejó atónitos, los mineros de Linares, de Peñarroya, de Villablino (El Bierzo), de Río Tinto, de los lignitos de Teruel, se sumaban a la huelga. En Asturias, la fuerza pública contenía difícilmente el nerviosismo y reprimió con dureza -por primera vez- varias manifestaciones de mujeres. A fines de esa semana, el paro en Bilbao alcanzaba a 40.000 obreros. Sobrevino entonces, la declaración del estado de excepción en Asturias, Vizcaya y Guipúzcoa, decretada por el gobierno en su reunión del 4 de mayo, y la pintoresca nota del ministerio de Información confesando «la paralización de algunas cuencas carboníferas» y la inevitable referencia a los «agitadores... que secundaban consignas del exterior». Por primera vez, cuatro semanas después de haber empezado las huelgas, la prensa española hacía mención de ellas, siquiera fuera para desfigurarlas y minimizarlas; pero ya, los pasquines y octavillas, los relatos de viajeros, las cartas, los raros periódicos extranjeros que se encontraban y, sobre todo, todas las emisoras europeas de radio, tenían al corriente a la opinión de lo que estaba sucediendo. Por primera vez bajo el régimen, lo que acaecía en un rincón de España era conocido en otro rincón.

Coincidiendo con la declaración del estado de excepción se produce la primera manifestación de estudiantes de Madrid. Un millar de ellos recorren la calle San Bernardo gritando: «Opus, no. Asturias, sí. Opus, no. Mineros, sí». Pocos días antes, el claustro de profesores de la Facultad de Ciencias Políticas y Económicas, y el claustro de la Facultad de Derecho de Salamanca, habían decidido protestar enérgicamente de los privilegios otorgados a la universidad del «Opus» en Pamplona.

El lunes día 7, más de 1.500 estudiantes se reunieron en la Moncloa, algunos de ellos con pancartas que decían: «Trabajo, Comida, Minero, sí». Los manifestantes chocaron con unos 200 policías armados que atacaron brutalmente ensañándose con algunas muchachas. Los incidentes duraron desde las doce hasta las dos y media. Fueron detenidos quince estudiantes (algunos de ellos en sus domicilios) y liberados doce o catorce horas después, tras imponerles multas entre 3.000 y 25.000 pts. Entre ellos había cinco muchachas: María del Carmen Bengoechea, Isabel Garrido, Lourdes Ortiz, Valentina Fernández y Ana Soler. Los estudiantes pudieron identificar a tres confidentes, llamados Carmona y Tafalla (éstos son dos hermanos) que figuran como estudiantes de Derecho y Ciencias políticas.

El martes ocho, de nuevo se concentraron los estudiantes en la Plaza de España, siendo disueltos por las porras de los «grises». Se efectuaron varias detenciones, entre ellas la del estudiante de Filosofía y Letras, Julio Ferrer, de 17 años. Unos ochenta estudiantes pasaron al edificio de la vieja universidad y se encerraron allí; sólo consintieron en salir al día siguiente cuando el Decano les prometió que haría gestiones para obtener la condonación de las multas. El jueves día 10, los estudiantes se reunieron de nuevo en la Facultad de Filosofía, decidiendo proseguir la acción por una Asociación Libre. El cardenal Marella, que en aquellos momentos daba una conferencia en un aula de la Facultad, tuvo que ser sacado precipitadamente por una puerta trasera, a pesar de lo cual se dio cuenta de lo que ocurría.

La tensión aumentaba por momentos: ni Marcos Chacón, ni Lamata habían conseguido nada con sus viajes a Asturias. En Madrid, Solís disputaba con Sanz Orrio y Alonso Vega quería ya meter en la cárcel a todo el mundo: «Yo acabo con las huelgas -parece que dijo- si me dejan detener a Ruiz Giménez y a Martín Artajo».

Naturalmente, el bizarro general hacía alusión al conflicto entre el gobierno y los medios católicos que salió a la superficie esa misma semana con el editorial de Ecclesia defendiendo el derecho de huelga y atacando la falta de representatividad de los sindicatos verticales. Claro que esos señores -sobre todo Artajo- nada tienen que ver con los obreros católicos en huelga ni con los valientes sacerdotes que les ayudan (es más, se sabe que hay conflicto serio entre las HOAC y la Asociación de Propagandistas que dirigen el obispo Herrera y los Artajo), pero el ministro de la Gobernación no es hombre de grandes sutilezas.

En este ambiente enrarecido, en que nadie hablaba de otra cosa, se recibían noticias de la extensión del movimiento: los de Beasain volvían a la huelga y Guipúzcoa entera estaba llena de octavillas. En Bilbao estaban paradas todas estas grandes empresas: Constructora Naval, Euskalduna, Babcock & Wilcox, General Eléctrica, Dow-Unquinesa, Echevarría (en sus dos fábricas de Recalde y Santa Águeda) y por fin Basconia. Sólo se trabajaba en Altos Hornos. Los obreros organizaron varias manifestaciones silenciosas que fueron disueltas por la policía. Las iglesias se llenaban de público para oír a los sacerdotes los sermones sobre «Mater y Magistra» aplicados a la situación actual, pese a que los policías vigilaban todos los templos. En Bilbao se ha llegado a lo siguiente: el gobernador civil ordenó al Colegio de Médicos que los facultativos de la Seguridad Social se abstuviesen de atender a los pacientes que no presentasen un certificado de no estar en huelga, «sea cual fuere la gravedad de su caso».

En Oviedo, las autoridades prohibieron los desplazamientos a otros lugares de la península (en cambio deportaron a Valladolid a varios centenares de obreros «sospechosos»). Según rumores persistentes el número de detenidos en Asturias, pasaba ya de 500 el día 15 de mayo.

De Andalucía, se recibían noticias de huelgas campesinas en la provincia de Sevilla, pidiendo el salario mínimo de 70 pts. y de manifestaciones en varios pueblos de Córdoba. La HOAC de Córdoba presentó una carta a la Comisión nacional, firmada por todos sus miembros, incluso los sacerdotes, solidarizándose con los huelguistas asturianos.

Segundo aspecto de las huelgas

El lunes 14 llegó el Manifiesto nacional de las HOAC y la JOC (véase texto por separado) que suponía ya la actitud de franca oposición por parte de los trabajadores católicos que, como todo el mundo sabía, estaban en primera fila de la lucha desde los primeros días de las huelgas.

Como se sabe, dicho manifiesto apareció con la inscripción junto al pie de imprenta de «autorizado por la censura eclesiástica», cosa que días más tarde ha sido negada por el obispo-auxiliar de Madrid-Alcalá Dr. García Lahiguera. En verdad, éste autorizó verbalmente el manifiesto (cuyo contenido ya tenía la aprobación moral del cardenal primado) pero cuando el gobierno montó en cólera, el obispo titular y conocido falangista Dr. Eijo Garay obligó a Lahiguera a que desautorizase el manifiesto «a posteriori». El consiliriario de la HOAC, R. P. Ramón Torella, se puso por las nubes y llamó al obispo «mentiroso, falsario y judas». Fue entonces cuando Eijo suspendió las licencias eclesiásticas del padre Torella por «calumnia a mi obispo auxiliar».

Este segundo aspecto de las huelgas que es la aparición, por primera vez bajo el régimen, de un conflicto entre Iglesia y Estado, ofrece infinidad de aspectos. Para recordar tan sólo algunos de los más importantes, baste con recordar que, durante estos mismos días el cardenal Quiroga, Arzobispo de Santiago, estuvo en Roma y visitó a S. S. Juan XXIII. Al salir de su última visita al Vaticano salió casi perdiendo teja y manteo por lo precipitado en dirección a la Embajada de España, con objeto de decir lo que el Papa le había dicho. Y era lo siguiente: «Estoy muy preocupado con las huelgas de Asturias. Estos pobres mineros tienen unos jornales tan bajos...» El Embajador transmitió esto a Castiella por cable cifrado y la cuestión fue debatida en uno de los últimos Consejos de Ministros.

En fin, también durante las últimas semanas, el Caudillo se encontró sin ningún representante de la jerarquía eclesiástica en las dos últimas inauguraciones a que asistió: la de la Feria del Campo y la del monumento a Felipe II.

Todo el mundo conoce también que Alonso Vega y Castiella, sirviéndose del Nuncio saliente Mons. Antoniutti, se reunieron con el primado Pla y Deniel, para pedirle que desautorizase a las organizaciones católicas. Nada consiguieron, y el discurso profranquista -como todos los suyos- de Antoniutti, el 14 de mayo, cayó en el mayor de los vacíos. Mons. Pla y Deniel respondió por carta a Castiella, con fecha 20 de mayo: esta carta, que fue desnaturalizada el primer día por los servicios de Arias Salgado y Muñoz Alonso, si bien ratificaba la adhesión a la Cruzada y al gobierno (¿cómo desdecirse a los 82 años? Pla y Deniel puso su palacio al servicio del Cuartel general de Franco en Salamanca), confirmaba igualmente la aprobación personal del prelado al manifiesto de HOAC y JOC, se quejaba de los groseros ataques contra la Iglesia publicados en Arriba y decía: «es lógico reformar lo que debe ser reformado para estar en armonía con la encíclica "Mater y Magistra", en un Estado que se define como católico y social, y cuyo jefe proclama en sus alocuciones que sigue la doctrina de la Iglesia».

Sigamos su trayectoria

Pero volvamos a las huelgas. Pronto se supo que la agitación subía de punto en Cataluña. Primero fueron las huelgas en la provincia de Barcelona (más de 12.000 obreros) e inmediatamente las manifestaciones estudiantiles en Barcelona, al grito de «Franco, no. Asturias, sí». A pesar de que los guardias vigilaban los alrededores de la universidad ocupando las esquinas con fusiles ametralladores y recorriendo las calles en «jeeps», mil estudiantes irrumpieron en la calle a los gritos citados y llevando pancartas que decían: «Libertad», «Solidaridad», «El pueblo y la Universidad se unen en la lucha». Esto ocurría el 12 de mayo, pero dos días después los guardias entraron en la universidad (autorizados por el secretario del Rector, un tal Linés) y detuvieron a cincuenta estudiantes, cada uno de los cuales fue multado con 2.000 pts. A los detenidos se les ha excluido de la Milicia Universitaria y se pretende que liaran el servicio militar en África. Cinco días después, el 19, fue detenido el abogado don José Ignacio Urenda que, al parecer, signe aún incomunicado en la Jefatura de Policía.

Las noticias daban cuenta de una verdadera oleada de huelgas: en Peñarroya los mineros se quedaban en los pozos con tres ingenieros como rehenes, en la Refinería de Escombreras empezaba la huelga, así como en todas las fábricas de conservas de Murcia, en los Astilleros del INI en Cádiz y varias fábricas de Zaragoza. Los primeros en volver al trabajo eran los de Linares, pero tras conseguir aumentos de jornales del 20 al 25%.

En este momento, cuando el número de huelguistas era aún superior a 100.000, se produce la manifestación de mujeres en la Puerta del Sol, cuya importancia se ha debido más que al número a la personalidad de las manifestantes. Eran, en total, unas cuatrocientas, al frente de las cuales las conocidas actrices Aurora Bautista y Nuria Espert. De ellas fueron detenidas sesenta, entre las que recordamos: Amparo Gastón de Celaya, Eva de Sastre, Gloria de Ridruejo, Beatriz Ferres, Gabriela Sánchez-Mazas de Pradera, las esposas del poeta López Pacheco, del pintor Antonio Saura, la hija de José Bergamín, etc. Fueron puestas en libertad 16 horas más tarde, después de imponerles la correspondiente multa. La esposa de Dionisio Ridruejo fue maltratada de obra dentro de la Dirección de Seguridad, por un policía llamado Morales, que le dijo: «Tu marido es un traidor, un miserable; y tú no eres una señora, sino una arrastrada, una cualquiera». (Un héroe, ese Morales).

Cuando soltaban a las mujeres, la policía se presentó a detener a Gabriel Celaya, Ricardo Baeza, José Caballero Bonald y el pintor Ortiz Valiente. Sólo estuvieron detenidos 24 horas (hubo miedo por la reacción internacional); José María Moreno Galván, considerado como uno de los primeros críticos de arte, fue detenido en su casa y mantenido 71 horas en Gobernación; se le ha impuesto la multa de 50.000 pts. como «instigador de la manifestación de las mujeres».

Cariz político de los acontecimientos

En esta agitación política que ha caracterizado al mes de mayo (fenómeno desconocido para los menores de cuarenta años, que sólo habían conocido cinco días agitados en febrero de 1956) los acontecimientos no se sucedían, sino que se apelotonaban, se enredaban unos con otros. Así llegó la noticia de la huelga en Barcelona, con carácter netamente político (aunque añadiendo la reivindicación de salario de 170 pts.) El gobierno creía segura Barcelona; y de repente empezó «La Maquinista Terrestre y Marítima», luego «la Hispano-Olivetti», luego «Enasa», «Macosa», textiles... hasta llegar a 23.000 huelguistas. Los metalúrgicos de Sevilla también iban a la huelga. Franco, que ya había suspendido su viaje a Asturias, suspendió también los que tenía proyectados a Barcelona y Valencia. En cambio, Solís iba a Asturias y prometía aumentar los salarios a los que volviesen al trabajo; se desgañitaba hablando por la radio, pero... ni por esas. La huelga seguía, dejando mal a los plumíferos de «Cifra», agencia que se ha cubierto de ridículo, si ya no lo estaba, y enfadando a Arias Salgado que declaraba que los móviles de los huelguistas eran oscuros puesto que ya se les concedía más de lo que pedían al comenzar la huelga.

Entonces, en la quinta semana de huelgas, sus aspectos políticos cobran neto perfil, con los manifiestos de los distintos grupos de la oposición: uno firmado por el Partido Social de Acción Democrática, el Partido Socialista, la Acción Republicana Democrática Española, la Unión Progresista, el grupo progresista de Unión Española y los Monárquicos parlamentarios; otro de la Izquierda Demócrata-Cristiana, proclamando su alianza con el Partido Socialista, otro del Frente de Liberación Popular, otro del Partido Comunista, otro de la Confederación Nacional del Trabajo... Los estudiantes (Federación Universitaria Democrática Española) proclamaban por su parte: «Los estudiantes demócratas estamos seguros de que los sucesos que se están desarrollando servirán para unir más a todas las fuerzas democráticas del país en una lucha común, legítima y justa. Nuestra adhesión y colaboración no puede ser pues más entusiasta ni firme». Casi todos esos grupos coincidían en la conveniencia de proseguir la lucha estimulando la unidad y desarrollar acciones pacíficas multitudinarias cada vez mayores en contra del régimen. No obstante, la Izquierda Demócrata-Cristiana, puso en guardia, en un segundo manifiesto, a todos contra los peligros de colaborar con cualquier clase de totalitarismos. Por el contrario, los delegados del Partido Socialista y de la UGT del Interior de España, propusieron que la Unión de Fuerzas Democráticas, pese a «su incompatibilidad con cualquier género de totalitarismo», «mantenga en sus esferas nacional, regional y local, allí donde parezca posible y conveniente, contactos de mero diálogo e información con otras fuerzas no integradas de la derecha o de la izquierda, como la Unión Española y el Partido Comunista de España, a los solos efectos de coordinación anti-franquista y de posibles coincidencias tácticas en el futuro».

A todo esto, las detenciones, que en los primeros días de huelga no eran numerosas, se sucedían ahora a ritmo vertiginoso. Cada hijo de vecino podía ser sacado de su casa de madrugada bajo la acusación de «agitador» o de «comunista»: así se sabía que en Asturias había 600 detenidos, en Bilbao 300, en Barcelona más de 100, y en Madrid empezaron las rachas de la «social» deteniendo cada madrugada a dos o tres docenas de «sospechosos» (las detenciones continúan y hoy mismo llega la noticia de 14 mineros detenidos en el pozo «Baltasara» de Asturias).

Resumen: los obreros ganan, el gobierno pone gesto duro

Llega el momento de resumir aunque esto parece difícil; como ustedes saben en Asturias se ha vuelto al trabajo el día 28, después de haber conseguido que el aumento del precio del carbón (que las empresas querían para subir los salarios) haya aparecido en el B. O. del Estado. Los obreros han ganado su primera huelga bajo el régimen. En Vizcaya se ha vuelto al trabajo (la capacidad material de resistencia era menor) tras la promesa de que los contratos serán firmados y los salarios aumentados. Si no es así, la huelga puede reproducirse en el mes próximo. En Beasain y otros puntos de Guipúzcoa, se ha ganado la huelga, lo que irritó mucho al gobernador civil. También obtuvieron aumentos los mineros de Linares, de Puertollano, de Río Tinto, varios millares de campesinos de Puente-Genil, de Jerez y de otros pueblos que estuvieron en huelga en la segunda quincena de mayo. En los demás sitios las huelgas, cuyo carácter político y solidario era esencial, han cesado al cesar las de Asturias y País Vasco; pero todas las vueltas al trabajo se han decidido en reuniones de los obreros, por votación, haciendo caso omiso de los sindicatos verticales. Los obreros han vuelto al trabajo más optimistas que el primer día de huelga y más seguros de sí mismos. Todo hace prever que si el gobierno quiere condenar a los detenidos (deben ser ya más de mil en toda España) se pudieran engendrar nuevos conflictos, así como si, a juzgar por el discurso de Franco en Garabitas, se opone a nuevos aumentos generalizados de salarios, o si la concupiscencia de los patronos pone en marcha el mecanismo de la inflación.

(Olvidaba decir que también en Madrid ha habido algunas huelgas: en los talleres Euskalduna de Villaverde, en Metalúrgicas Madrileñas, en Boetticher y Navarro y en los talleres de la RENFE, consiguiéndose en éstos un aumento del 10%).

En cuanto al gobierno, optó por la mano dura, en su reunión del 25 de mayo; esta política fue preconizada por Alonso Vega que dijo: «todo aumento general de salarios será juzgado como una prueba de debilidad del régimen», y por el «opusdeísta» Ullastres, que tan encariñado está con sus planes de estabilización y desarrollo que quiere imponerlos a costa del hambre de las cuatro quintas partes de españoles.

La «liberalización» del régimen

El discurso de Franco en Garabitas, es el mentís más rotundo a todos los que aún hablaban de «liberalización» del régimen. ¡Quiá! El Caudillo no sólo sigue pretendiendo que «Nos hemos adelantado en muchos años a la evolución del mundo» sino que dice: «debe hacerse llegar a todos los trabajadores que el pretender mejorar sistemáticamente los salarios sin que la productividad aumente, y cuando la situación de las empresas no lo resiste, constituye una quimera de imposible realización». Lo malo es que según el propio Congreso Sindical falangista la productividad obrera ha aumentado más que los salarios desde 1958, y según la revista España Económica, los salarios reales bajaron desde esa fecha en 1% mientras la productividad aumentó en 15%. Y si no, ¡qué se vean los balances de las grandes empresas!

Falta espacio para reproducir el discurso de Don Francisco y no vale la pena hacerlo, ya que el lector puede remitirse a cualquier agencia. Pero vale la pena leerlo para convencerse de que ese señor, que termina diciendo que piensa vivir mucho, que el Ejército impondrá la continuidad del «Movimiento» y que «Nuestra obra es el mandato de nuestros muertos», no representa otra cosa que eso: los muertos, el pasado rencoroso de una guerra civil, la petulancia en afirmar la bondad de su fascismo y, ahora está claro para los que tuviesen dudas, la defensa vergonzante de los privilegios de quienes durante siglos agarrotaron el progreso de España y hoy prefieren que se hunda el país para salvarse ellos.

Pero, a despecho de Franco y de cuantos le secundan, «en España empieza a amanecer».

TELMO LORENZO

Madrid, 30 de Mayo de 1962

Inevitablemente se escapan noticias de importancia. Me doy cuenta que he omitido las manifestaciones obreras que durante una semana han tenido lugar en Barcelona delante de la catedral, siendo recibidas las delegaciones de manifestantes por el Arzobispo-Obispo Dr. Modrego. Uno de esos días la policía empezó a pedir la documentación a los obreros que salían de la catedral. El arzobispo bajó personalmente a la calle y de una manera muy violenta prohibió a los policías que molestasen a «los fieles que podían acudir libremente a entrevistarse con él». También tuvo el Dr. Modrego otro incidente con la policía, con motivo del registro que ésta hizo en los locales de Acción Católica de Barcelona, y de la detención del dirigente de la HOAC de Barcelona, Sr. Verdura.

El presidente nacional de la HOAC y el presidente y el vice-presidente nacionales de la JOC han sido sancionados con multas de 50.000 pts.

Después del discurso de Franco, la animadversión contra el gobierno ha aumentado en los círculos obreros católicos.

T. L.






ArribaAbajoEditorial

Dos poderes y un hombre


La situación creada en España por las huelgas está muy lejos de resolverse. No nos lleva a sostener esta afirmación el hecho de que las huelgas no hayan terminado -aunque otra cosa se sostenga por aquellos interesados en sostenerla. La naturaleza política de la situación es la que sustenta nuestra afirmación y ese carácter político, incuestionable, se lo han dado dos hechos. Uno, la actitud de la Iglesia de franco apoyo a los huelguistas, actitud adoptada por primera vez en España y no sólo durante los años del régimen franquista, al que sostuvo, sino en ninguna otra época, aunque hubo siempre prelados y sacerdotes que simpatizaban con el ritmo de los tiempos. El otro hecho es el movimiento de las huelgas mismas, la clase trabajadora ha lanzado un desafío al régimen en una toma de conciencia del empleo eficaz de su fuerza.

El general Franco puede adoptar actitudes a la manera fuerte, peculiar en todos los dictadores; puede exhibir sus 450 vehículos, sus 100 carros de combate y sus 210 aviones, suministrados por los Estados Unidos; puede proclamar que su entendimiento con la Iglesia es perfecto y pronunciar discursos jactanciosos contra la libertad, la democracia y contra las legítimas aspiraciones de los trabajadores mismos, pero la realidad, dentro y fuera de España, acusa otros signos.

La agitación social continúa, los obreros entran parcialmente al trabajo en algunas minas y factorías, después de habérseles concedido algún aumento de salario, pero el paro se extiende en otras regiones, en Cataluña, Valencia, y en el campo andaluz de una manera desconocida hasta ahora. La clase trabajadora ha levantado la cabeza al régimen que la oprime y una agitación nacional como la que presenciamos prueba que ese movimiento que se dice «reivindicativo» es un movimiento político. Lo prueban los manifiestos lanzados por los grupos intelectuales y políticos de la oposición en el interior y las adhesiones de todos los sindicatos libres de los países democráticos, adhesiones que son de tipo moral y ayuda material.

La actitud de la Iglesia en España -al menos de un sector muy significativo de ella- es de identificación con los huelguistas, con el movimiento reivindicativo nacional. No están muy lejos de afirmar en el Vaticano que los prelados españoles, al sostener el movimiento social, han obrado debidamente. Y es que ese movimiento, a los ojos de las jerarquías, pudiera abrir el camino a una situación liberal y democrática. En Roma corre de la mano a la mano copias de escritos, ya viejos, de un reverendo padre Roncalli que data de los primeros movimientos sociales surgidos en Italia al comienzo de siglo. En uno de esos escritos dedicado a la memoria de Mons. Radini, al elogiar la conducta seguida por él en una huelga de Ranica, el R. P. Roncalli dice: «Para Mons. Radini la toma de posición en favor de los huelguistas correspondía al cumplimiento de una obra altamente cristiana, a una obra de Justicia, de Caridad y de Paz Social». En los medios de la jerarquía se dice que el R. P. Angelo Roncalli concebía los problemas sociales de la misma manera que Su Santidad Juan XXIII.

Frente a estos dos poderes gigantes, el movimiento social actual y la Iglesia, está el general Franco. Queda ese otro poder en el que se apoya: el Ejército, del que no sabemos cuál es su reacción frente a la situación presente, pero al Ejército no hay que pedirle actitudes prematuras. Al implantarse la República en España el Ejército parecía apoyar la Monarquía, pero la fuerza de los hechos le llevó a dar paso a la República; la Guardia Civil, el cuerpo secular de más recia tradición, fue el primero en acatar y servir a la naciente República. En su día el Ejército responderá al llamamiento de la nación y escuchará las mismas voces que la Iglesia ha comenzado ya a escuchar. Los poderes efectivos de un país no pueden seguir a un hombre, sino que han de servir a la nación.




ArribaResumen de noticias

Gil Robles, Satrústegui y Prados Arrarte detenidos

(Del New York Times, 10 junio) Al regresar de la reunión celebrada en Munich entre miembros de la oposición, a la que asistieron más de 100 españoles del interior y del exilio, fueron detenidos los señores Gil Robles, Joaquín Satrústegui y Jesús Prados Arrarte.

A los tres les han dado a elegir entre la detención en sus domicilios y el exilio. Los Srs. Gil Robles y Prados Arrarte han escogido el exilio y el Sr. Satrústegui ha preferido quedar detenido en su domicilio.

El gobierno ha publicado un decreto el día 8 de este mes, suspendiendo por dos años el derecho teórico de los españoles de elegir su residencia.

Parece ser que en la conferencia de Munich se ha llegado a un acuerdo entre las fuerzas de la oposición franquista y se califica de «acuerdo histórico» al que han llegado Gil Robles, de la oposición católica de derecha y Rodolfo Llopis, Presidente del Partido Socialista.


Un manifiesto de seis partidos

MADRID, 21 mayo, Ibérica: -Circula un manifiesto firmado por los partidos siguientes: partido Social de Acción Democrática, partido Socialista Obrero Español, Acción Republicana Democrática Española, Unión Progresista, el grupo Progresista de Unión Española y los monárquicos parlamentarios.

El manifiesto invita a todos los grupos políticos democráticos a la unión para poder ofrecer al país «una solución pacífica capaz de reemplazar al régimen actual que representa un obstáculo a la paz social y a la integración de España en el orden europeo».

La declaración señala cuatro puntos como necesario para llevar a la práctica:

1 -Que los patronos establezcan con los obreros un pacto de buena voluntad democrática denunciando las falsas estructuras políticas detrás de las cuales se disimula un poder personal.

2- Que la Iglesia ejerza su autoridad para preconizar una paz fundada sobre los acuerdos de todos.

3- Que los intelectuales y las profesiones liberales coordinen su lucha por la libertad.

4- Que las fuerzas armadas se decidan a encarnar el espíritu verdadero de la nación.

El manifiesto hace también las siguientes invitaciones a todos los españoles: 1 -Reconstruir la unidad que la fuerza no ha sido capaz de imponer; 2 -Multiplicar las manifestaciones de protesta; 3 -Organizar actos colectivos de resistencia civil y 4 -Manifestar pacíficamente en las aglomeraciones urbanas.


Reunión de oficiales superiores

GINEBRA, 29 mayo, Ibérica: -Le Journal de Genève de hoy publica la siguiente información: «Una importante reunión han celebrado el sábado 26 en Madrid los generales Muñoz Grandes, jefe del Estado Mayor Supremo, el general Miguel Rodrigo, inspector en jefe de los servicios de Movilización y el general García Valiño, comandante de la región militar de Madrid, según fuentes dignas de crédito».

Al parecer, en el curso de la reunión los tres jefes superiores examinaron la situación social de España y cambiaron impresiones sobre diversas cuestiones de orden militar y político. La reunión había sido convocada por el comandante de la región militar de Madrid.


Alianza política

MADRID, 22 mayo, Ibérica: -La Izquierda Democrática Cristiana española anunció el lunes en un comunicado enviado a la prensa, que ha establecido una alianza firme y leal con el partido Socialista Obrero español, así como con otras organizaciones políticas y sindicales democráticas, a fin de evitar que se repita otra guerra civil y realizar la política social y económica que se impone hoy en España.

«La Izquierda Democrática Cristiana -dice el comunicado- se declara convencida de que la serie de huelgas espontáneas que se desarrollan actualmente, es la manifestación de un estado general de descontento y de protesta contra las condiciones económicas de la inmensa mayoría de los españoles, la incapacidad del régimen para resolver los problemas de España y la falta absoluta de respeto a las libertades y a los derechos individuales más elementales».


En la Universidad de Madrid

MADRID, 17 mayo, Ibérica: -Las manifestaciones de estudiantes se han sucedido durante toda la semana; el lunes ocurrieron en la ciudad universitaria y el martes fue impedida por la policía al bloquear la plaza de España, pero numerosos estudiantes ocuparon entonces la antigua universidad (hoy facultad de Ciencias Políticas y Económicas) y se negaron a salir. Ochenta de ellos permanecieron dentro para hacer la huelga del hambre hasta que se liberara a los estudiantes detenidos. El miércoles salieron de la Universidad porque el decano les prometió que gestionaría el levantamiento de las multas impuestas y que les sean restituidos los carnets universitarios a aquellos a quienes la policía se los arrebató.

En Barcelona

En esta ciudad las manifestaciones de estudiantes adquirieron violencia e importancia la semana pasada. La policía penetró el sábado en la Universidad donde los estudiantes gritaban: «Asturias, sí, Franco, no», y practicó un centenar de detenciones. Una docena de estudiantes catalanes van a ser juzgados por los tribunales militares.

En Valencia

En Valencia los estudiantes han manifestado el lunes 14; la policía detuvo a 80. De esas detenciones han sido mantenidas diez.


El sindicalismo norteamericano repudia a Franco

El Noticiario Obrero Interamericano del 15 de mayo, publica, bajo el título que encabeza esta información, la noticia que seguidamente copiamos:

George Meany, presidente de la AFL-CIO, últimamente ha declarado: «Hace veinticinco años que el régimen de Franco impuso su yugo sobre el pueblo español. A tono con el carácter de todos los regímenes fascistas, una de las primeras cosas que hizo fue destrozar el movimiento sindical libre y democrático de España».

«La AFL-CIO sigue invariablemente opuesta a todos los aspectos del régimen fascista español. Insistimos en que toda ayuda concedida a Franco por las naciones democráticas del Oeste, incluyendo la nuestra, solamente puede ayudar a mantener a Franco en el poder y a perpetuar la miseria del pueblo español. Nos solidarizamos con todas las acciones de protesta, de dentro y fuera de España, de los trabajadores españoles que, en su mayoría, son indudablemente enemigos del actual régimen totalitario de su nación».


Ayuda norteamericana a los huelguistas

El día 27 de mayo Walter Reuther, presidente de la Federación de Trabajadores de la Industria del automóvil, informó en Detroit que su organización había acordado contribuir con una suma de 10.000 dólares a la colecta internacional para ayudar económicamente a los obreros españoles en huelga.

Ese donativo será enviado a los huelguistas a través de la Unión Internacional de Trabajadores de la Metalurgia, precisó el Sr. Reuther.


Apoyo del bloque comunista

El New York Times del 27 de mayo inserta un telegrama desde Varsovia, Polonia, del que damos el siguiente extracto: El bloque comunista ha iniciado una campaña de asistencia a las fuerzas antigubernamentales de España. Polonia ha sido designada para dirigir la propaganda y los esfuerzos de ayuda.

Hace dos semanas Moscú, Praga, Varsovia y otras capitales comunistas, intensificaron su propaganda de radio sosteniendo la huelga en España y animando a la oposición contra las fuerzas del Gobierno. El hecho más importante de esta campaña es la formación de un Comité de Ayuda al pueblo español, comité que está compuesto por altas personalidades polacas, su presidente es el vice-presidente del Gobierno polaco, Eugeniusz Szyr. El señor Szyr es un veterano de la brigada internacional que luchó contra el general Franco en la Guerra Civil española y es un gran especialista del Gobierno en las cuestiones económicas.

La figura de atracción de este comité es el general Juan Modesto, un antiguo oficial del Ejército republicano y hoy es un militante del Comité Central del partido comunista español en el extranjero. Fuentes bien informadas afirman que el comité no ha dado aún a conocer sus planes para prestar ayuda material a esos amigos de España.


Solidaridad femenina

MADRID, 16 mayo, Ibérica: -Varios cientos de mujeres manifestaron ayer en la Puerta del Sol en actitud silenciosa en solidaridad con los huelguistas de toda España. A la cabeza de ellas iban las artistas Aurora Bautista y Nuria Espert, dos de las primeras figuras del teatro español actual. Fueron detenidas unas setenta de las manifestantes, entre ellas las señoras Amparo Gastón (mujer de Gabriel Celaya), Eva de Sastre (mujer de Alfonso Sastre), Beatriz Ferres, la hija de Bergamín, Gabriela Sánchez-Mazas, la mujer de Dionisio Ridruejo, etc., etc.

Todas las detenidas fueron puestas en libertad al cabo de unas 12 horas de detención, aproximadamente a las 2 de la madrugada, pero se le impuso a cada una de ellas una multa que oscila entre 1.000 y 25.000 ptas. Las multas tenían que ser satisfechas antes de cinco días. No es necesario señalar que las multas más elevadas han sido impuestas a las mujeres de los hombres más representativos.


Solidaridad con los huelguistas

El boletín de prensa de la Confederación Internacional de Sindicatos Libres -I.C.F.T.U.- del 24 de mayo publica la siguiente noticia: En varios países los sindicatos continúan expresando su solidaridad y dando su apoyo a los huelguistas españoles. Señala el comunicado los actos celebrados en París por las distintas agrupaciones de trabajadores el 8 de mayo; el 20 del mismo mes se celebraron en Frankfurt manifestaciones en las calles, nutridas y apoyadas por los sindicatos de trabajadores de distintas organizaciones; asimismo trabajadores suizos, noruegos, austríacos y alemanes han expresado su protesta contra la represión en España.

La Federación Internacional de trabajadores del petróleo ha contribuido a la colecta para ayuda a los obreros españoles, la Internacional de Maestros belgas con 5.000 francos; la Federación Francesa ha organizado una colecta entre sus miembros, igualmente contribuye a ella Fuerza Obrera y la Federación de Sindicatos Suizos. Los sindicatos belgas continúan enviando contribuciones: la Unión de Servicios Públicos de trabajadores ferroviarios han enviado 300.000 francos y la sección de trabajadores ferroviarios 10.000.

A pesar de los varios intentos para forzar a los trabajadores a volver al trabajo, las huelgas continúan en muchos lugares de España. Después de la conferencia celebrada por José Solís Ruiz, ministro y secretario general de Falange, con los encargados de las minas más importantes de Asturias, anunció que el Gobierno estaba dispuesto a considerar la posibilidad de un aumento de salario juntamente con una subida del carbón, pero hasta ahora la huelga continúa y los trabajadores no se incorporan al trabajo.


La frontera de Gibraltar cerrada

MADRID, 24 mayo, Ibérica: -Desde el martes 22 está cerrada la frontera entre Gibraltar y España situada en el puesto de la Línea. No puede circular ningún coche, sea cual sea su nacionalidad.


La iglesia legitima las huelgas

MADRID, 15 mayo, Ibérica: -El semanario Ecclesia, órgano de Acción Católica, en su número del 12 de este mes inserta un editorial titulado «Conflictos del trabajo», en el que apoya y justifica las huelgas que se han producido en España. La revista es la única publicación española que no está sometida a la censura; siendo como es un órgano expresivo de la Iglesia, se puede afirmar que ésta ha hecho oír su voz, aunque sea de manera indirecta, ante el conflicto social surgido.

Reproducimos a continuación los párrafos más salientes del citado editorial:

«Salvando toda proporción, así como la guerra es el último argumento utilizable cuando una colectividad ve negada su razón, aquí la huelga es la última medida a la que deben recurrir los trabajadores cuando estiman que sus derechos han sido lesionados.

Los derechos naturales de la ética cristiana claramente fijados en la doctrina pontificia, al propio tiempo que rechazan la lucha de clases y la abstención en masa que la dialéctica marxista preconiza, han admitido como arma legítima, cuando el diálogo por vía directa o sindical ha agotado sus recursos, la adopción de un paro voluntario en el trabajo.

El Estado debe velar para que los organismos sindicales cumplan su misión de verdaderos intermediarios entre el capital y el trabajo, ganando en primer lugar su confianza con su autenticidad, su independencia y su espíritu de servir a la masa de los trabajadores».




El Cardenal Primado convocado

MADRID, 19 mayo, Ibérica: -El cardenal Primado Pla y Deniel, arzobispo de Toledo, fue convocado el martes 15 por el ministro del Interior, Camilo Alonso Vega; al mismo tiempo el nuncio Apostólico Mons. Antoniutti se entrevistaba con el ministro de Relaciones Exteriores, Sr. Castiella. Según fuentes bien informadas ambas convocatorias han tenido por objeto llevar a ambos prelados a desautorizar las huelgas. El cardenal Primado se ha negado a rectificar la autorización dada para la publicación del manifiesto de las cuatro agrupaciones católicas, que se sigue difundiendo clandestinamente.

Según noticias llegadas de Barcelona, hace dos días la policía se presentó en los locales de Acción Católica de aquella ciudad para hacer un registro: avisaron al arzobispo Dr. Mondrego, quien se personó inmediatamente. Parece que el incidente que tuvo con los policías fue de los más violentos acaecidos en las relaciones contemporáneas entre los dos poderes. Los policías se fueron sin practicar el registro, pero han detenido al Sr. Verdura, dirigente de la H.O.A.C.


Sigue la tensión entre la iglesia y el estado

MADRID, 23 mayo, Ibérica: Cuatro agrupaciones católicas españolas, las Cofradías obreras de acción católica (H.O.A.C.), las Cofradías obreras femeninas de acción católica (H.O.A.C.F.), las Juventudes obreras católicas (J.O.C.) y las Juventudes obreras católicas femeninas (J.O.C.F.), acaban de tomar posición sobre los conflictos actuales del trabajo en las diversas provincias de España.

En un comunicado conjunto las cuatro agrupaciones sostienen no poder quedar al margen de lo que afecta directamente a la vida de la nación entera, por lo que «expresan su solidaridad con los hombres y las familias que sufren y se esfuerzan en restablecer las relaciones de trabajo y de coexistencia social en un clima de comprensión y amor, de acuerdo con los principios de la justicia».


Manifiestos y detenciones

MADRID, 18 mayo, Ibérica: -Corren por las calles octavillas y manifiestos de toda clase: de Unión de Fuerzas Democráticas, de Acción Social Democrática, de la Confederación Nacional del Trabajo, de la Federación Universitaria Democrática de Estudiantes, etc., etc., y otros de diversas agrupaciones juveniles unidas.

Hay detenciones en todas las provincias de España, se calcula que ascienden a más de 500; en Asturias los detenidos suman más de 125 y los de Vizcaya son unos 300, sin contar las detenciones individuales que se practican en toda la Península. Solamente en Bilbao la policía está interrogando a 350 obreros sospechosos por sus actividades en los medios sindicales.


Encarcelamientos y deportaciones

La Confederación Internacional de Sindicatos Libres, en su comunicado del 31 de mayo, dice:

«La represión contra huelguistas es muy fuerte en la región vasca. En la prisión de Larrinaga, cerca de Bilbao, solamente se han identificado 54 trabajadores detenidos a finales de mayo. Varios cientos de trabajadores han sido deportad os procedentes de las provincias asturianas y vascas a catorce ciudades distintas situadas en seis provincias: Córdoba, Almería, Cádiz y Sevilla; Salamanca, Palencia, Valladolid y Zamora; Lugo y Orense en Galicia; Cáceres y Badajoz en Extremadura; Cuenca y Albacete.




Franco y la publicidad norteamericana

LONDRES, 28 mayo, Ibérica: -El Sunday Express de hoy da cuenta de haberse firmado entre el gobierno del general Franco y la agencia de publicidad americana McCann-Erickson, un contrato. Por las cláusulas de este contrato, que tiene una duración de tres años, la agencia americana se encarga de las «relaciones públicas» del gobierno español y se obliga a utilizar su experiencia internacional «para mejorar la reputación de España, así como para facilitar su entrada en el Mercado Común».

El contrato ha sido negociado por el general Franco personalmente con un representante de la agencia McCann-Erickson, pero ha sido firmado, se cree saber, con la filial de la agencia establecida en Ginebra.


Represiones

MADRID, 4 junio, Ibérica: -Las noticias más recientes sobre las represiones son: detención de un centenar de miembros del Frente de Liberación Popular, en Madrid, Asturias y País Vasco; cinco obreros en Madrid acusados de «comunismo» y de dos en Barcelona acusados de «anarquismo». Interrogatorio de siete sacerdotes por la policía de San Sebastián; proceso de una docena de mineros del pozo de La Baltasara; detención en Madrid del abogado don Carlos Morán.

Noticias recibidas de Córdoba señalan que se ha verificado un importante movimiento de tropas entre esta población y Sevilla. Además que unidades militares van camino de Pozoblanco y Bujalance. La circulación ha quedado prohibida entre estas dos localidades.


El gobierno ha cedido

MADRID, 4 junio, Ibérica: -Pese a las manifestaciones de Franco en el discurso de Garabitas, el Gobierno ha cedido en gran parte: 1 -la tonelada de carbón ha sido aumentada en 75 ptas; 2 -el aumento de los nuevos salarios será parcial; 3 -los trabajadores de la construcción tendrán 15 días de vacación en lugar de 10.

En realidad Franco también quiere sacar enseñanzas de las huelgas y hace un triple juego: a) ceder aquí y allá en cuestiones de salarios; b) aprovechar la situación para reorganizar el Gobierno; c) apretar en la represión e intentar la desarticulación de las organizaciones clandestinas. Las medidas del apartado a) y esta última se completan para impedir que dentro de varios meses haya otra oleada de huelgas.


Entrevista con Dionisio Ridruejo

El corresponsal de Le Figaro, J. Guillemé-Brûlon, ha celebrado una entrevista el 17 de mayo con el jefe político de uno de los partidos de la oposición franquista, don Dionisio Ridruejo. De ella insertamos los párrafos más salientes.

A una reflexión del corresponsal, el señor Ridruejo explica:

-Le autorizo o mejor dicho, le ruego transcriba fielmente mis declaraciones. No acepto ni restricciones ni límite. Mi mujer ha sido detenida ayer mientras tomaba parte en una manifestación contra el coste de la vida. Estoy decidido a ir hasta el final de mis convicciones. Las huelgas que acaban de estallar en este país no tienen sólo un valor de propaganda para usos exteriores. Es necesario ver, se quiera o no, una toma de conciencia del proletariado español que no se puede contener como hace diez o quince años con algunos regimientos y policías. Es un hecho político nuevo y considerable.

-Tres factores esenciales dan a las huelgas su plena significación

1) El régimen, que no ha sabido renovarse, pierde velocidad. Yo diría que está caduco. Las fuerzas clásicas que le sostenían: la Iglesia, el Ejército y el Capital dudan ante las manifestaciones constantes de su envejecimiento;

2) Politización de la clase obrera es un fenómeno que comprobamos cada día. Entiendo por politización, que ella tiene noción de su fuerza y de su eficacia;

3) La atracción irresistible que ejerce el Mercado Común sobre el conjunto de los elementos interesados en él.

-La burguesía que ve que se crea bajo sus ojos una fuerza política, debe reflexionar. Me dirá Vd. que la mayor parte de los españoles temen verse precipitados en una nueva guerra civil. Las huelgas actuales, principio de una cadena de la que hemos visto el comienzo, pero de la que no conocemos el fin, debieran abrirle los ojos.

-Las clases laboriosas han pagado con su sacrificio la mayor parte de los logros del plan de estabilización. Es natural que después de una experiencia económica, financiera e industrial, que terminó con un éxito, pidan beneficiar de los resultados obtenidos. Es lo que se ha producido.

-¿Qué soluciones prácticas? Sin duda una monarquía constitucional al comienzo, que se apoye sobre el país real y sobre todo, en sus fuerzas vivas. Si, por el contrario, la monarquía aceptara tomar su sitio al favor de una dictadura, caería fatalmente envuelta en sangre.

-Puesto que hablamos lealmente, debo decirle que nadie puede pretender conocer el pensamiento profundo de las gentes de este país en el que la política ha sido barrida durante un cuarto de siglo. Nosotros, liberales, no podemos trabajar más que sobre hipótesis. Nuestros cuadros existen, en parte, es cierto, pero ante la eventualidad de un cambio, de un traspaso de poder ¿serían seguidos? Es lo que ignoramos totalmente.

-Tres posibilidades, a mi juicio, se presentan: 1) Un golpe de fuerza militar de extrema derecha; 2) Un golpe de fuerza de extrema izquierda. En estos dos casos hay que admitir que el cincuenta por ciento de los españoles serían adversarios irreductibles; 3) Una difícil solución de justo medio.

-No tenga la menor duda: la política española acaba de entrar en una nueva vía desde el estallido de estas últimas huelgas. Nada ni nadie detendrá este movimiento, sea cual sea el tiempo que emplee para madurar.



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