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Fallecido
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Vicente Ventura: Los españoles entre el miedo y la esperanza, Boletín Informativo, N.º 12, páginas 9 a 15.
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Confirma en cierto modo esta opinión de Ventura la reciente noticia publicada por Le Monde (14 de enero de 1964) acerca del arresto de varios coroneles en España. Parece ser, según esta noticia, que existe una división en el seno del Ejército que obedece a dos causas: una económica, y otra «motivada por la incertidumbre respecto de lo que ocurrirá a la muerte de Franco, a quien se acusa de no haber preparado su sucesión de manera adecuada».
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Habida cuenta de que la renta por persona no supera en España los 350 dólares, cuando en Francia, por ejemplo, pasa de los 1.000, es evidente que por mucho que dividamos la renta nacional por el número de habitantes no sacaremos una cifra superior. Ello no quiere decir, claro está, que una redistribución no sea necesaria, pero de todas formas sus efectos sólo se harían sentir a largo plazo, pues las sumas obtenidas mediante una nueva política fiscal deberían consagrarse, más aún que a aumentos de salarios, a inversiones en bienes de capital para aumentar la producción y la productividad del país. No olvidemos que todo aumento de salarios no compensado por el correlativo aumento de la producción y de la productividad es la vía abierta a la inflación. Sostener lo contrario no es más que pura demagogia.
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Véase: Presidencialismo y Monarquía, ABC, 20 de agosto de 1963.
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Sobre el peso real de la Democracia Cristiana interesa recordar la opinión matizada de Dionisio Ridruejo que ve en ella una fuerza importante aunque poco efectiva de momento: «Tengo por seguro que la futura Democracia Social Cristiana, a cuya cabeza figura el señor Gil Robles como el dirigente más probable, es el grupo que dispone hoy en España del mayor número de "cuadros", en casi todas las provincias españolas. Pero esos cuadros, cuya actividad es discretísima, tan discreta que no da señales de sí, están constituidos, por lo general, por gentes que tienen mucho más empeño en tomar posiciones de seguridad para el porvenir que en propiciar, mediante una conducta enérgica, ese porvenir en que deberán sufrir riesgos y aceptar responsabilidades. Se trabaja, se estudia, se organiza a la sombra y es seguro que los futuros democristianos tienen ya innumerables cosas previstas: leyes o ayuntamientos. Pero son remisos a actuar como fuerza de presión y más remisos aún a unir sus cuadros a otros cuadros, que les comunicarían su enérgica impaciencia. Más que una fuerza de oposición se diría una fuerza de reserva». Escrito en España, p. 269.