Ibérica por la libertad
Volumen 7, N.º 10, 15 de octubre de 1959

¿Y si acaban con la guerra fría?
IBÉRICA es un boletín de información dedicado a los asuntos españoles y patrocinado por un grupo de americanos que creen que la lucha de España por la libertad es una parte de la lucha universal por la libertad, y que hay que combatir sin descanso en cada frente y contra cada forma que el totalitarismo presente.
IBÉRICA se consagra a la España del futuro, a la España liberal que será una amiga y una aliada de los Estados Unidos en el sentido espiritual y no sólo en sentido material.
IBÉRICA ofrece a todos los españoles que mantienen sus esperanzas en una España libre y democrática, la oportunidad de expresar sus opiniones al pueblo americano y a los países de Hispano-América. Para aquellos que no son españoles, pero que simpatizan con estas aspiraciones, quedan abiertas así mismo las páginas de IBÉRICA.
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Me propuse entrar exactamente por el mismo sitio por el cual había salido, veinte años antes. Una vez ya en La Junquera, en lo alto, reconocí perfectamente la cuesta, ese lugar por el cual aquella lejana tarde, 9 de febrero, pasé sombrío, en compañía de miles de soldados. Pero no podía contemplar ni recordar con calma. Tenía que presentarme ante los de la aduana. Temía que ocurriese algo que me cortara el paso. Muchos escrúpulos había tenido que vencer antes de decidirme a volver, siquiera fuese sólo por una temporada, como turista; mucho había tenido que esperar, y ahora no quería quedarme en la puerta. Me vi pronto, serio, en una habitación destartalada frente a un joven con bigotito negro y entorchados de almirante que con gran interés leía en el librito verde que le presenté. «¡Pero usted es español!», exclamó al fin, asombrado, grave, aunque amistoso según creo. «De nacimiento», respondí yo, correcto y seco. Me alargó el pasaporte sin decir palabra. Eso fue todo. Al salir comprendí en seguida que mi sequedad y reserva, todos mis temores, habían sido completamente injustificados. Empecé entonces a advertir que lo que había oído tantas veces decir era muy cierto: que los refugiados tenemos fija en nuestra mente una estampa del pasado y no podemos imaginar -aunque hayamos oído hablar de ello- cuál es la situación real de España hoy día.
Aunque el pasaporte americano no protege -se dice- a los naturalizados, en su país de origen, yo sentí el mío como protección bastante para poder moverme y hablar con relativa libertad durante los varios meses que allí estuve. El malestar que me causaba gozar de un privilegio que otros no tenían, quedaba para mí bien compensado al verme en España sin haber tenido que pedir permiso a nadie, y con la seguridad de que nadie me iba allí hacer «pasar por el aro», hacerme aceptar o fingir que aceptaba aquello; la seguridad de que no iba a tener que sentirme temeroso ante ningún orondo funcionario, negro sacerdote o verdoso guardia civil. Yo al menos eso creía, y ello bastó para que anduviese siempre con la frente alta, que es lo que me importaba. Y digo esto porque me parece que esta actitud mía -no pasar por el aro, seguir uno en sus trece-, como otras que en este artículo se verán reflejadas, no son sólo mías, sino propias de otros muchos refugiados. Así como creo que mis reacciones luego ante la realidad española no fueron tampoco muy diferentes a las que serían las de otro refugiado en situación análoga.
Al entrar en España, en contraste con lo que allí se percibe, se da uno cuenta de una verdad perogrullesca, algo de tan sabido olvidado: que la oposición de los refugiados al régimen de Franco, se basa en el hecho de que ése es el régimen contra el cual luchamos, el que encarna el triunfo de lo que tanto odiábamos en España, y seguimos odiando. Es la nuestra la oposición impotente, pero aún beligerante, de los que, por suerte, no tuvieron que pasar por el aro. Pues bien, ésa no es la oposición de los de dentro, ni aun en pensamiento; desde luego no la de la gran masa que es indiferente o desafecta, pasivamente desafecta, al régimen. Muchos quieren un cambio, sí, respirar, vivir; pero, como tanto se ha repetido ya, y con razón, todos temen sobre todo la vuelta de la guerra civil. Esa es la fuerza del régimen. Nosotros en cambio, yo al menos, lo que queremos es el hundimiento de Franco y todo lo que él representa, para siempre, sea como sea. La guerra para nosotros, en nuestro espíritu, es aún algo vivo, positivo; para ellos es sólo un triste recuerdo, como el de la represión que siguió.
España aplastada
La primera impresión que tuve (y podría ahora agregar que la última también, la impresión general) fue de calma, triste calma. A primera vista era todo no ya como antes de la guerra, sino como mucho antes, como si no se hubieran planteado nunca los conflictos que dieron lugar a ella. Todas las cosas que veía eran naturales -la gente reía, hablaba, iba a lo suyo-, pero esa naturalidad me dolía, porque los veía sometidos. Echaba de menos la guerra. Me extrañaban los carros, que había olvidado. Miraba con interés a los campesinos, y a obreros en bicicletas. En Gerona me paré extasiado en una plaza muy española, y entré en un cafetucho mugriento y apestoso. Luego ávido, nostálgico, visité el barrio viejo, con su medievalismo tan auténtico e hispano que no faltaban, claro es, los excrementos junto a las veneradas piedras románicas. Vi luego una deprimente fila de niños delgados y ojerosos, vestiditos todos de cura; y admiré el sol mortecino que hacía resaltar el vivo colorido de unas casas viejísimas, desiguales, como colgadas sobre el río. Todo muy conocido, aunque ésa era una de las pocas capitales de provincia que antes no había visitado, todo como antes; pero sentía una rara inquietud, desasosiego, una cierta extrañeza ante todo. Esa España de siempre, que yo tanto sentía, ya no era la mía. Antes la admiraba o la maldecía, pero era la mía; ahora no, no todavía, no completamente. Era todo como un sueño. Una España ajena, que había seguido su camino, su triste camino, sin nosotros, sin mí.

En Barcelona luego veía pasar a la gente por las Ramblas y miraba como si no comprendiera. Recordaba las bombas silbando por allá, trajes y caras de entonces, las ansias de aquellos momentos. Ahora Barcelona parecía normal. Mucha agua había corrido mientras yo estuve ausente.
Comparando la España de hoy, en paz, paz sepulcral, con la nuestra, en guerra, claro es que el cambio ha de chocar siempre. Por eso me chocó al llegar. Pero también semanas después. En Madrid, en Cuatro Caminos y en los barrios bajos, buscaba luego en vano a aquellos chulillos llenos de orgullo, cuyas vidas parecían traspasadas por la ilusión de algo superior a ellos mismos, y que murieron a racimos en la Sierra; buscaba a aquellos obreros madrileños que había... Me obsedía el recuerdo, pero aun sin recordar, con solo ver y oír, me daba cuenta de que era realidad, y no imaginación mía, ese aplastamiento que percibía.
Era preciso recordar, repetidamente, que ellos han pasado lo que nosotros no hemos pasado. Los supervivientes de los nuestros, no creen en nada. Unos tuvieron que cambiar la chaqueta, y lo que es más triste, y humano, creyeron, llegaron a convencerse, que lo hacían por gusto; otros tuvieron que meterse bajo tierra. Y muchos, muchísimos más que se piensa, sufrieron largos años de cárcel, miserias y torturas de toda clase. Unos se acusan a otros de no estar limpios de culpa, de haber colaborado. Pero tenían que vivir. Y luego hay cosas que nunca comprenderemos, desde fuera, y de eso se quejan ellos a menudo. Perseguido, humillado, en el colmo de la desesperación, un «rojo» encontró un día, por ejemplo, una mano generosa. Se agarró a ella. Pero resultaba que, aunque generosa, esa era la mano de un prominente falangista, o uno del Opus. Esa persona perseguida guarda aun hoy día lealtad a su benefactor, y por ello es acusado por otros. Hay miles de casos de estos, de entrecruzamiento de lealtades. Y todos ellos dan lugar a una misma moraleja: que lo peor de una tiranía es que envilece. O como decía, más gráficamente, en España, un amigo: no se puede vivir entre m... sin salir pringado.
Luego están los otros, avergonzados de tanto crimen y abuso, de tanta ignominia; los otros, hoy suavizados, descontentos, y temerosos de la revancha. Y por eso muchos coinciden en el deseo de olvidar. Y están con ellos, claro, los neutros. Y sobre todo la juventud, para quien la guerra es sólo historia lamentable, con la que nada tienen ellos que ver. La oposición que entre los jóvenes haya hacia el régimen, casi siempre pasiva, creo yo, es oposición surgida de un modo espontáneo. Y es que las mismas causas producen los mismos, o parecidos, efectos. Pero lo dominante es la atonía; muy parecida, por cierto, a la que se observa hoy entre la juventud de otros muchos países. En España hay, además, como especiales causas de esa atonía, la guerra, la inutilidad de la guerra; y también el eco de la represión y la constante propaganda. Nadie cree lo que la prensa cada día, en asombroso contraste con el tono general de la opinión pública, dice sobre las grandezas del Movimiento; pero lo que la prensa dice sobre la República ha acabado por ser creído, siquiera sea a medias, por muchos. No se oye en casi ninguna parte, ni en secreto, hablar bien de ella, atribuirle nada bueno. Esto parecerá injusto incluso a los que están dispuestos a admitir que hubo errores, y me lo parece desde luego a mí, aunque nunca pertenecí a más partido que a la juventud Radical Socialista, por unos meses, a mis veinte años. Pero injusto o no, ello es un hecho con el que hay que contar. Según Ridruejo, y otros, lo que venga luego será «hacia la izquierda». Y me parece a mí evidente que si se pudiese eliminar el peligro de una nueva guerra civil, muchísimos aceptarían gustosísimos la Constitución de la República, o una muy parecida. Pero, aunque parezca contradictorio, me parece también que, la República de los años 1931 a 1936, sus hombres y sus partidos, están generalmente desacreditados.
Diríamos que muchos son republicanos sin saberlo, pues, vagamente, quieren para España lo que los republicanos queríamos. Monárquicos de corazón parece haber desde luego poquísimos. Hay gente del régimen, por temor o conveniencia, y los más muy dispuestos a cambiar de casaca cuando la ocasión se presente; y hay muchos más indiferentes, y muchísimos en mayor o menor grado opuestos al régimen actual. Pero esa oposición, casi absolutamente general entre los intelectuales -intelectuales en el más amplio sentido de la palabra-, es incoherente, desunida, falta de metas y objetivos claros. La gran tarea de unos pocos consiste en tratar de unir a todos, encauzándolos hacia un mínimo objetivo: que caiga Franco.
La cosa parece fácil, pero no lo es, pues para lograr que se unan a la empresa los que podrían derribarlo habría que dar garantías de cierta paz, cierta estabilidad por un periodo. Y estas garantías algunos puristas y capitostes no quieren por lo visto darlas. Eso al menos me decía persona informadísima al respecto, y el que más ha hecho por lograr esa unión. Lo que es indudable es que lo primero que se necesita es que caiga el régimen actual para que España pueda sacudirse la modorra y temor en que vive, ese como encantamiento en que yace, y puedan las opiniones empezar a manifestarse. Lo demás vendrá solo. Y ojalá esta vez, más avisados, lo hagamos todo en forma que no acaben las esperanzas, como de costumbre, con el renacimiento del carlismo y el triunfo de la reacción. Pero lo primero, repiten en España los que conocen mejor que nadie la situación, es sacudirse el aletargamiento, la impotencia de hoy. «Lo primero que se necesita hoy en España», me decía un conocido poeta, que en otro tiempo hubiéramos llamado de derechas, y que pasa, en cierto modo, por ser del régimen, pues de él cobra, pero no lo es, «Lo primero es hacer que entre nosotros uno y uno hagan dos». Hoy, en efecto, en España uno y uno no hacen dos, pues cada uno despotrica, si es opuesto al régimen, por su cuenta y a su modo, sin que en absoluto cuente para nada esa oposición verbal, más o menos disimulada de unos y otros. En cuanto a la necesidad de unirse todos: refugiados, militares, banqueros, clérigos, socialistas, monárquicos, falangistas descontentos y demás para el objetivo primordial que decía, es algo que para mí, después de mi estancia en España, no cabe ya la menor duda. España está todavía aplastada, aplastada incluso su voluntad, dígase lo que se diga, de inquietudes y resurgimientos. Se necesita, lo primero, quitarle la losa de encima.
Un veterinario neutral
Antes de referirme más concretamente a actitudes y opiniones corrientes entre «intelectuales», que es el grupo que más frecuenté, voy a decir algo sobre la conversación que tuve con un joven veterinario andaluz, pues me pareció él un español típico de hoy, entre los jóvenes del montón.
Lo encontré en una carretera, en la provincia de Córdoba. Se le había estropeado su moto y le llevé un largo rato en mi cochecillo. Le pregunté qué tal era la situación económica en su pueblo, ya que había oído yo decir que, como siempre, era generalmente mala por esos lugares. Me dijo que era pésima. No había trabajo para todos, y cuando lo había, no pagaban ni el jornal mínimo prescrito por la ley. Me contó al respecto varias anécdotas que ponían de manifiesto el espíritu mezquino y vengativo de los terratenientes, que sabían podían cometer cualquier abuso impunemente. Unas pocos eran riquísimos, decía, y otros no tenían nada. La gente pasaba hambre, no se hablaba en el pueblo de otra cosa.
Le pregunté luego por sus opiniones políticas (yo me presenté no como refugiado sino como indiano, español que faltaba hacía muchísimo de España, no sabía nada y quería informarme; y él, que no parecía en absoluto receloso, siendo por naturaleza comunicativo y cordial, y estando agradecido a que le llevase en coche gratis, se mostraba muy dispuesto a informarme de todo del mejor modo que pudiera). Le pregunté lo que los jóvenes de su pueblo pensaban, y me aseguró, que él, como los demás, la verdad era que no se ocupaban de política, sino deportes y «cosas así». Era sobrino de un cura, y pertenecía a una agrupación religiosa; pero no era de Falange «ni nada» porque no quería meterse en política.
De la guerra recordaba vagamente las matanzas de unos y otros. Fue una locura que les entró a todos. Su padre murió al ser alcanzado por una bala perdida, me dijo, cuando salía de su casa a buscar comida, estando el pueblo en disputa entre la gente de la Casa del Pueblo, atrincherada en unos edificios, y las tropas de moros que mandaba «el gobierno».
Volviendo a hablar de la situación actual del pueblo me aseguró que las «órdenes» que daba el gobierno, en el papel, sobre jornal mínimo y demás, estaban muy bien, pero lo malo es que por allí nadie hacía caso de eso. En Madrid sí, por eso iban tantos allá cada día, de todos esos pueblos, a buscar trabajo. Le pregunté si había en el pueblo algunos que tuvieran todavía ideas republicanas, y me dijo que sí, que entre los de antes, los más viejos, había algunos, pero que «andaban muy desengañados».

Alternando con falangistas
Una de las mayores sorpresas para mí, y seguramente para cualquier refugiado que por primera vez desde la guerra vuelva ahora a España, es observar cómo las antiguas denominaciones políticas han perdido absolutamente el carácter que tenían: falangista, comunistoide, liberal, monárquico, cristianodemócrata en cierne, todos vienen a ser lo mismo, hablan de modo parecido, y desde luego se juntan, ríen los mismos chistes y se tratan como amigos. Para mí un falangista, por disidente que fuese, era un «fascista», alguien que hacía, por sonriente que él estuviera, me pusiese yo automáticamente en guardia. Esto resultaba incomprensible y cómico para todos, cuando luego manifestaba mis recelos. En todo caso tuve que acostumbrarme a ello, a verlos en los lugares más insospechados.
En casa de un distinguido profesor y erudito, amigo mío, se sentó a la mesa, a mi lado, otro profesor, de una universidad de provincia, que por lo que me dijo, como si nada, de excursiones con no sé qué grupo de jóvenes, comprendí era falangista. No parecía además de los arrepentidos, pues no sonrió ni hizo eco cuando, para espantarle, le solté como quien no quiere la cosa dos o tres andanadas explosivas sobre la necesidad del caos, de hacer tabla rasa, acabar con la carroña y demás. Seguía cordialísimo, o al menos más bien educadito que yo; y tal vez para congraciarse, me habló de un amigo mío, que lo había pasado muy mal y al fin logró huir a La Argentina. Se refirió a él como gran amigo suyo, insinuando, de forma muy directa, que él le había protegido y ayudado a colaborar en periódicos falangistas, sabiendo perfectamente de qué pie cojeaba. Él pretendía ser, ante todo, una persona decente. Si lo era o no, no lo sé. Pero esto es cosa que se oye mucho decir: «lo que importan son las personas, no las ideas». Y cada uno alardea, y esto con cierta razón, hoy al menos, de ser tolerante como el que más. España parece hoy, en este sentido, un país de liberales, de verdaderos liberales.
Esos encuentros los tuve muchas veces. En Barcelona, apenas llegado, me invitó un crítico que resultó me conocía de los tiempos en que yo, con otros, editaba Hora de España, cuando él era muy joven. Había sido en la guerra nada menos que comisario, mas por una serie de azares pudo escapar indemne. En su casa se reunieron varios escritores. Entre ellos un famoso poeta catalán que había vuelto del destierro y que me habló de los últimos días de Antonio Machado. Se dijeron aquella tarde muchos chistes, de los últimos. Y hablé allí con un señor aún joven, inteligente y afectuoso. Luego supe era un novelista conocido que había escrito una novela en la que hablaba de la guerra desde el otro lado, en el que estuvo como falangista combatiente.
En Madrid luego frecuenté una tertulia que presidía un bibliófilo, a quien yo conocía perfectamente de la guerra. Éste, destituido de sus puestos, hablaba del régimen en el café con voz tronante como hablaría cualquiera en agosto de 1936. Pues bien, junto a él se sentaba todas las tardes otro señor, escritor de más edad, que no ocultaba tampoco sus ideas ultraconservadoras, si bien insistía, él personalmente era tolerante (sinceramente tolerante y buena persona). Se preciaba de ser amigo y admirador de Rafael Alberti y otros poetas tan poco conservadores como éste. A esa tertulia acudía de vez en cuando Cela, y todos los días, un cura simpaticorro, gran admirador del bibliófilo republicano, así como también acudía un cierto marqués andaluz que, según alguien me dijo, había escrito un libro sobre sus proezas en la guerra, matando «rojos»; y también asistían distinguidos profesores españoles universitarios, un fraile holandés y varios profesores americanos que estaban gozando de su año sabático. Todos reían a coro los chistes políticos del día, amén de algunos añejos, que oí repetir a menudo. Mi amigo el republicano bibliófilo me dijo también que lo que importaba eran las personas, el que uno fuera persona decente. Me hablaba sin embargo mal de un grupo de intelectuales de derechas, hoy liberales, todos ellos excelentísimas personas, tolerantes y amigos de los refugiados, como luego diré al referirme a los «intelectuales católicos». En cambio en otra tertulia literaria, un escritor antiguo republicano, a cuyo padre fusilaron los fascistas en la guerra, y que ha sufrido muchos años de cárcel, uno de los pocos violentos y agrios republicanos que encontré, nada amigo de concordias, me habló pestes de la tertulia del bibliófilo, con sus «curas y condes».
Más comedido era un antiguo maestro de escuela, cultísimo, que me contó aterradores detalles de sus sufrimientos en diversas cárceles (hombre incapaz de matar una mosca, a quien le cogió la guerra estando veraneando en el mal lado). Se dedica hoy, con gran actividad, a diversos negocios y ha logrado, si no hacerse rico, sí adquirir, por primera vez en su vida, un bienestar económico que no tuvo antes, con la República y en la enseñanza. Me decía este hombre un día, después de recordar con amargura, mezclada a ironía, sus desdichas, que él siempre había sido anticomunista, pero que ahora «el comunismo no le asustaba en absoluto», aunque lo perdiese todo. Me decía esto tranquilo y suavemente. Cuando días después fui a verle a un café donde se reunía con un grupo de paisanos suyos, me hizo una seña para que me callase. Luego me explicó que en ese grupo se reunían hombres de muy diversas ideas, y que jamás hablaban de política. Junto a él se sentaban día a día dos que habían compartido con él algunas cárceles, pero «jamás hablaban de ello». Me di entonces cuenta que esa libertad de lengua que ostentan los conocidos «intelectuales» no es cosa común, ni mucho menos, en otros grupos.
También discretísimo al principio se mostró un tímido joven que encontré en casa del poeta Vicente Aleixandre. Salimos juntos. Quise hablar con él, pues siendo un joven poeta de provincia, recién llegado a Madrid, me interesaba su opinión. Se expresaba confusa y ambiguamente, aunque manifestando siempre insatisfacción, descontento con la situación actual. Cuando me gané su confianza y le insté a que me dijese en pocas palabras cuáles eran en lo político sus aspiraciones, me dijo sin vacilar: ¡libertad! Y la palabra pareció salirle del alma. No me extrañó mucho que me dijera luego sin embargo, que una revistilla poética que él con otros hacía la subvencionaba no sé qué agrupación, dependiente de Falange, a la que él pertenecía, sin escrúpulo alguno. Me confesó ello era por puro interés, porque pagaban la revista. Falangista más tímido, menos «fascista», más sincero e ingenuo, más ajeno al régimen en el fondo de su conciencia, pero criado, educado y sostenido por él, no lo he visto nunca. Pero él me aseguró que había muchos como él.
Muchos falangistas más prominentes, más o menos apartados ya de la organización, me dijeron repetidamente lo que mucho se ha dicho: que el falangismo ya no existe. Yo les recordaba los diarios, que aparecen cada día, y ellos me aseguraban los hacían solo unos burócratas que no creían en nada. Y otro me dijo que muchos de esos falangistas burocráticos y gubernamentales son antiguos republicanos. Aunque esto me pareció a mí rencor de un «camisa vieja» desengañado. Algo puede haber en ello de cierto, sin embargo. Algunos, los más valientes y honestos, como Ridruejo, han cortado completamente los lazos que les unían a Falange, y hoy son demócratas convencidos. Pero hay no pocos cuya posición es aún ambigua. Veamos este caso: Es el director de una revista literaria. Joven ambicioso e inteligente. En su revista se habla mucho de neo-catolicismo, de un nuevo orden cristiano, y mucho de cuanto en ella se escribe cabalísticamente, parece tender a prepararse para el cambio que ha de venir, que olfatean próximo, y que creen necesario en todo caso. En conversación privada desde luego es el más explícito; y, hablando al menos conmigo, mucho más «radical» -diremos «radical» a falta de otro término- que en sus escritos. La necesaria hermandad con los refugiados era algo que daba por supuesto y a ello se alude a veces en su revista. Su oposición al régimen parecía tan definitiva que como, cosa sabida, ni se mencionaba. Cuando yo le hablaba de la posibilidad de que surgiera un día una España democrática, él parecía escéptico, confuso al respecto, como si él tuviera otras vagas ideas que callaba, por lo cual llegué a sospechar si sería tal vez, en el fondo, comunista, o simpatizante comunista, aunque el catolicismo de que alardeaba (en la revista, no conmigo) parecía estar en contra de ello. Me dejó confuso en cuanto a su ideología, pero no podía yo dudar ni un momento de su antifranquismo. Pues bien, luego supe que, días después, en un desfile de no sé qué fuerzas de reserva de Falange, en un grupo de fascistas con camisa y todo, ante el Generalísimo, había estado muy serio el tal literato radical y neocatólico. Otros luego me hablaron de él como de persona oscura y sospechosa. Sin embargo ahí está su revista, abierta a todos los vientos, hasta donde ello es posible. Y hasta fue suprimida una temporada. Por cierto que en dicha revista trabaja uno que fue amigo mío, ferviente republicano en su tiempo, y que tuvo la honradez de decirme había cambiado radicalmente de opinión. Pero me lo dijo con dulzura y como pidiendo excusa. Creo ha cambiado de verdad. Este fue uno de los muy contados declarados partidarios del régimen actual que pude encontrar.
ANTONIO SÁNCHEZ BARBUDO
(Continuará)

En el discurso del 14 de Diciembre, Martín Artajo, después de ofrecer el «perdón», se extendió en fervorosas protestas de amistad al pueblo norteamericano y habló de la Comunidad Hispanoamericana y del Bloque Hispano-Árabe. Esta es la siguiente etapa de la política de Franco, iniciada por entonces hacía ya algún tiempo, la política del llamado «puente entre dos mundos»; España va a ser, «el eje del mundo occidental y el único puente posible con el Oriente». Es una política que permite reunir votos en las NU, y que satisface la vanidad de Franco, haciéndole pensar que juega un papel importante y que puede presionar a los Estados Unidos. Explícitamente lo dijo así Artajo en un artículo publicado en Ya el 10-I-1952: España no desea entrar en las NU ni en la CED, porque está contra la democracia tal como la conciben los países europeos, y porque no está de acuerdo con los fines puramente defensivos de la alianza occidental; España desprecia a los decadentes países europeos y desea una alianza con Portugal y los Estados Unidos; la Comunidad Hispanoamericana y el Bloque Hispano-Árabe hacen indispensable para los Estados Unidos esta alianza, pues «España es el único puente posible entre Oriente y Occidente».
Franco, enganchado ya en el tren de los vencedores, aunque en el furgón de cola, desearía ingresar en la OTAN. No siendo ello posible, piensa en un Pacto del Mediterráneo, solución que preferiría quizá incluso a la primera; así en la primavera de 1952, con ocasión del viaje de Martín Artajo al Próximo Oriente, se habló de un Pacto del Mediterráneo que uniría a España-Italia-Grecia-Turquía y la Liga Árabe, y que estaría enlazado con la OTAN. Naturalmente estas elucubraciones revelaban un profundo desconocimiento de las fuerzas en presencia; cuando se hablaba de este Pacto, la tensión entre Egipto e Inglaterra, ocasionada por los problemas del Canal y del Valle del Nilo, estaba en su paroxismo con los combates de Ismailía y los grandes disturbios de El Cairo. Con o sin Pacto, Franco preferiría la estrategia periférica, con la que la prensa española amenazaba a Francia, pues en ella sería mayor el papel español. Sin embargo, Franco sabe conformarse con lo que puede obtener; el día 13-II-1951, en unas declaraciones para la televisión americana, habló Franco de la necesidad de llegar a un acuerdo con los Estados Unidos, pues el Ejército francés, afirmó, carecía de valor militar, mientras que el pueblo español estaba resuelto a que si los rusos llegaban a ocupar la Península, ello les costaría 28 millones de muertos (nada menos que uno por español, comprendidos mujeres, ancianos y niños), afirmó finalmente preferir un acuerdo bilateral.
Los Estados Unidos por esta época sentían todavía algún escrúpulo a la plena admisión de Franco. Así en Noviembre de 1951, en una reunión de Embajadores americanos en Europa celebrada en París, se recomendó poner a Franco ciertas condiciones, amnistía, liberalización, etc...; y en Junio de 1952 el mismo futuro Presidente Eisenhower declaró ser contrario a la admisión de España en la OTAN. Probablemente pensaron alguna vez en ese Pacto Mediterráneo, preferible al futuro Pacto de Bagdad. Y también en el Pacto Ibérico de que habla Artajo en el artículo de Ya; en la Conferencia Atlántica de Lisboa de Febrero de 1952, cuando Oliveira Salazar hizo la habitual alusión a que la frontera estratégica de Portugal está en los Pirineos, fue apoyado por los Estados Unidos, y el día antes hablaba el Journal de Genève de la creación de un mando ibérico, con sede en Cádiz, eventual posición de repliegue de los Estados Unidos. Probablemente revelaba perfectamente las divergencias entre España y los Estados Unidos un artículo aparecido en el New York Times del 29-VII-1952: España, decía, desea la conclusión de una alianza defensiva, ayuda militar y económica suficiente, y libre disposición de esta ayuda; los Estados Unidos, en cambio, no deseaban ninguna alianza, sino simplemente un acuerdo limitado sobre el uso de bases.
En cuanto a Francia e Inglaterra eran por entonces resueltamente contrarias a cualquier acuerdo con España. El 2-VII-1951, cuando Dean Acheson anunció la iniciación de las negociaciones, declaró un portavoz del Foreign Office que el Gobierno Británico era contrario a la entrada de España en la OTAN y a la conclusión de acuerdos bilaterales con cualquiera de los miembros de ésta. Las elecciones que dieron el triunfo a los conservadores despertaron grandes ilusiones, la prensa recordó la famosa carta de Franco a Churchill, y pidió una entrevista de ambos. Pero pronto desaparecieron las ilusiones: el 3-II-1953 declaró el Subsecretario del Foreign Office que el Gobierno Británico no podía aprobar ninguna medida que tendiera a incorporar a España al sistema defensivo occidental, y, aunque el 2-V tuvo que retirar su oposición a un pacto bilateral hispano-norteamericano, insistió en que éste no debía suponer nunca la entrada de España en la OTAN por la puerta falsa. Todavía en el verano de 1953 parece que la firma de los Acuerdos sufrió algún retraso por alguna nueva objeción británica. La situación llegó a ser entonces de gran tensión, y Franco hizo unas declaraciones a Arriba en las que decía que una de las principales preocupaciones de Inglaterra ha sido siempre debilitar a España, política de la que forman parte la fundación de Logias Masónicas y de las Internacionales. Sin embargo, la actitud contra Inglaterra es más moderada que contra Francia, por creerla más influyente cerca de los Estados Unidos, y quizá también por ser pieza clave en el esquema de la estrategia periférica; el tema de Gibraltar está destinado principalmente a uso interno, y prácticamente desaparece cierto día de 1954 en que los estudiantes, en vez de ir a la Embajada Británica a pedir Gibraltar, fueron a la Dirección General de Seguridad a pedir la cabeza del Director General. Contra Francia la actitud es mucho más violenta. Pueden mencionarse las ya citadas declaraciones de Franco en la televisión americana, o el artículo de Arriba del 28-II-1952, entre otros innumerables, en el qué, comentando la Conferencia Atlántica de Lisboa, dice que Francia quiere aniquilar los dos únicos ejércitos fuertes que hay en Europa, el español y el alemán (?), para poder anexionarse el Benelux y dominar el Continente.
Las negociaciones con los E.U. y el viaje al Cairo
Franco, pues, al comenzar 1951, inicia la negociación con los Estados Unidos y prosigue la edificación del arco oriental del «puente entre dos mundos». El arco occidental, la Comunidad Hispanoamericana, está ya por entonces bastante deteriorado. Su momento de gloria fue la amistad con la Argentina, pero esta amistad se hundió en la gran estafa mutua que fue el famoso Protocolo3; por aquel entonces la política hispano-americana está ya reducida a la retórica del Instituto de Cultura Hispánica. En realidad son bien pocos los servicios que España puede rendir a los Estados Unidos en América, y en cuanto a otra política, de verdadero acercamiento a los pueblos de habla española en trance de emancipación económica, no puede Franco hacerla, ni osaría aunque pudiese: cuando la invasión de Guatemala la prensa española es la única de Europa que se atrevió a aplaudirla, y aquel mismo verano recibió con ditirambos a Trujillo, a quien calificó de firme baluarte de la civilización occidental en el Caribe.
La más brillante manifestación de la política árabe fue el viaje de Artajo al Próximo Oriente en Abril de 1952, viaje que en sí mismo muestra el extremo irrealismo de esta política; ya hemos hablado de la coyuntura en que se produjo, parece que por entonces andaba Churchill pensando en ocupar El Cairo; pues bien, Artajo debía tener un alto concepto de su habilidad y de su influencia, pues ofreció a Inglaterra sus buenos oficios y declaró que en su viaje se esforzaría por obtener el encuadramiento de la Liga Árabe en el mecanismo de la defensa de Occidente. El viaje, aparte de los efectos propagandísticos, no constituyó ningún éxito. En las declaraciones que hizo en El Cairo, se extendió Artajo en expresiones entusiastas hablando de temas generales, como la colaboración del Catolicismo y el Islam contra el Materialismo Ateo, pero respondió con evasivas cuando se le preguntó sobre temas concretos, como el Pacto Mediterráneo o Marruecos. El Secretario de la Liga Árabe declaró, al anunciar el viaje, que la colaboración hispano-árabe dependería de la actitud española en Marruecos; después de entrevistarse con Artajo desmintió que se hubiese hablado del Pacto Mediterráneo; y el 2-VI declaró que el apoyo a España no suponía aprobación de Franco. Como, por otra parte, España no había reconocido a Farouk como Rey de Egipto y del Sudán, se consideró que el viaje había constituido un fracaso.
Sobre este fondo fue avanzando lentamente la negociación con los Estados Unidos. El 14-III se celebró una entrevista en El Pardo, entre Franco y el Embajador de los Estados Unidos, en la que, según se supo luego, se iniciaron las negociaciones. El 17-VII llegó a España el Almirante Sherman, que permaneció tres días; el 21 un portavoz del Departamento de Estado informó que las negociaciones habían comenzado el 14-III, que, como no se había podido llegar a un acuerdo con Francia e Inglaterra con respecto a la inclusión de España en la defensa occidental, se había decidido concluir un acuerdo bilateral, que el Almirante Sherman había sentado las bases de ese acuerdo, y que en fecha próxima se trasladarían a España sendas misiones económica y militar. En el curso del verano visitaron España esas misiones, la militar, presidida por el General Spry, que permaneció seis semanas, y la económica, presidida por Mr. Sidney Suffrin, que permaneció hasta Diciembre.

Pero las negociaciones duraron todavía dos años. Las dificultades, aparte de asuntos como la libertad de culto protestante o el uso de la bandera americana en las bases, fueron del tipo de las que hemos visto apuntadas en el artículo del New York Times, y también alguna otra de tipo económico. El Gobierno americano insistía en dar preferencia a las inversiones privadas, como le impone su credo capitalista, pero también en que se cumpliera un plan racional en las inversiones, como el elaborado por Mr. Suffrin; Franco insistía en que se dejara absoluta libertad al Gobierno español, lo que finalmente obtuvo, con las catastróficas consecuencias que ahora estamos viviendo.
Hasta Abril de 1952 no se instalaron en España las misiones militar y económicas permanentes. Las conversaciones seguían languideciendo. El 9 de Octubre hizo Franco unas declaraciones al Washington Post en las que dijo que no se preveía la entrega de bases sino la utilización conjunta; declaró que se avanzaba muy lentamente, según dijo Lequerica el 29 del mismo mes, por culpa de los masones y de los ateos. En realidad había que esperar a las elecciones americanas.
Después de estas, a fines de 1952, visitó España el General Vandenberg, Jefe del Estado Mayor del Ejército del Aire. El 9 de Abril fue nombrado nuevo Embajador Mr. James Dunn, y el 2 de Mayo marchó a Washington a discutir con precisión las pretensiones de Franco antes de la votación del presupuesto. En Junio fue votado.
El 27 de Agosto se firmó el Concordato y el 26 de Septiembre los Acuerdos. «El mundo occidental», dice Galinsoga, «sintió una profunda sensación de alivio.»
Franco beligerante en la guerra fría
A partir de este momento Franco tiene un puesto fijo en el mundo de la guerra fría. Puesto que fue definitivamente consagrado el 14 de Diciembre de 1955 cuando ingresó en las NU con el voto favorable de la URSS4. Dentro de este mundo ya nada tiene que temer Franco. El mantenimiento del Régimen es un puro producto de la política, de equilibrio del terror; por eso la prensa española reacciona con violencia contra todo intento de distensión internacional, como reaccionó, por ejemplo, contra el Gobierno Mendès-France.
Pero los acuerdos privan a Franco de toda libertad de movimiento. Así, la diplomacia española, jugando un papel independiente con ocasión de la Conferencia de Londres sobre Suez, se decía en Madrid; pero John Foster Dulles le preguntó a Martín Artajo: «¿Sr. Artajo, se ha hecho Vd. comunista?» -Si non e vero, e ben trovato. Para poder permitirse una cierta independencia dentro de la alianza norteamericana es preciso no necesitar tan desesperadamente un aval como lo necesita Franco.
Los Estados Unidos han permitido el mantenimiento de Franco y han financiado su política económica, su despilfarro económico5. ¿Qué ha dado España a cambio? Existe en España una gran base aeronaval en Rota, y otras dos bases gigantescas para aparatos de bombardeo (una en Torrejón de Ardoz, cerca de Madrid, y una en Zaragoza), un gran oleoducto que une estas bases, siete estaciones de radar y dos grandes depósitos navales. Cuando Artajo visitó los Estados Unidos en 1956 declaró a la prensa que se había discutido la situación de las bases en territorio español, teniendo en cuenta la posible utilización de armas nucleares; y en diciembre de 1957, cuando después del lanzamiento del primer «sputnik», los aliados europeos manifestaron una cierta oposición al deseo norteamericano de instalar rampas de lanzamiento, marchó Dulles a Madrid, donde encontró, según parece, mayor comprensión. Es sabido que en España existen depósitos de armas nucleares y se instalan rampas de lanzamiento de cohetes; y todos estos riesgos los sufre el pueblo español, sin que pueda un solo ciudadano expresar su opinión al respecto. Por otra parte, ¿no hubo un político norteamericano que declaró que el emplazamiento de la base de Torrejón había sido decidido ante la insistencia de Franco, que deseaba tener algo «grandioso» cerca de Madrid?, ¿cuál puede ser este «grandioso espectáculo» cuya posibilidad se ofrece a los habitantes de la capital de España?
«La operación Marruecos»
Pero, por el mismo tiempo que se firmaban el Concordato y los Acuerdos, emprende Franco su gran operación de política exterior. Operación en el tema de su especialidad: Marruecos; operación en la que le estaba reservado el más grande desastre que ha sufrido, antes del presente desastre económico. Lo que le ha ocurrido a Franco en Marruecos, según frase de un antiguo Ministro del Régimen que ha pasado desde hace tiempo a la oposición, es como si a un Catedrático le suspendiesen en su propia asignatura.
La destitución de Mohammed V le hizo pensar a Franco que para él había llegado el momento de la gran política. Una política que había de permitirle: a) satisfacer sus afanes de «grandeza»; b) combatir a los «eternos enemigos de España»; c) dar satisfacción a sus amigos árabes; d) separar quizá la Zona Española de Protectorado realizando así, a escala reducida, su viejo ideal de «una España sola con un Marruecos solo». En realidad era una política acertada, de haberla seguido sin reservas mentales; España nada tenía que perder en Marruecos, aunque sí tenían bastante que perder esos militares para los que Marruecos era la justificación de puestos lucrativos, y podía en cambio ganar bastante jugando sinceramente la carta de la independencia marroquí.
Pero Franco la emprendió, como toda su política, con un desconocimiento absoluto del mundo moderno, y especialmente del nacionalismo popular de los pueblos coloniales. Este desconocimiento le llevó a creer que Francia podría mantener por mucho tiempo su política, y que él mismo podría apoyarse en ciertos políticos marroquíes. Así, creyendo que podría engañar a unos y apoyarse en otros, resulta que todos le engañaron a él. El 18-III de 1956, al fundirse el Istiqlal y el Partido Reformista de la Independencia, se publicaron pactos secretos que mostraban cómo en realidad habían sido siempre un sólo Partido que por razones tácticas había actuado como dos diferentes. En cuanto a los notables de la Zona, apoyarse de verdad en ellos suponía estar al lado de Ben Arafa y el Glaoui. En el momento de la crisis la reacción fue rápida. Aquel mismo Aid-el-Khebir las plegarias fueron dichas en nombre de Mohamed, y tanto Abdeljalek Ben-Torres -(líder del Partido Reformista de la Independencia), en un discurso pronunciado en la Mezquita, como el Jalifa, como el Alto Comisario García Valiño, manifestaron su rotunda oposición a la acción francesa. Lo mismo hizo Franco en Arriba del 13 de Septiembre con su habitual pseudónimo «Hispánicus». Y la prensa y la radio, tanto en España como en la Zona, se desencadenaron contra Francia y pidieron sanciones de las NU. En el otoño intervino la Liga Árabe; el Secretario General Adjunto, Sr. Ahmed Chouqueiri, celebró diversas entrevistas en España y Marruecos, y el 11 de Diciembre dijo por Radio Tetuán que había puesto de acuerdo al Jalifa con los líderes nacionalistas. Esta política fue aparatosamente proclamada en la gran manifestación de Tetuán del 21 de Enero de 1954. Aquel día el Gran Visir del Maghzen entregó a García Valiño, ante una gran multitud, un documento firmado por todos los notables de la Zona, en el que se expresaba la condena a la política francesa, la adhesión a la política española, y una petición de separación provisional de la Zona española, que sería gobernada con plena independencia por el Jalifa mientras durasen las circunstancias. Durante año y medio trabajaron unidas las fuerzas feudales tradicionales, representadas por el Jalifa, y las nacionalistas, representadas por Ben-Torres. Y la Zona española fue el centro de propaganda y de organización de la lucha en la francesa. En el Cairo se habló de una concesión de independencia a la Zona Española, o del establecimiento en Tetuán de un Gobierno marroquí; pero todo se limitó a una reforma del Gobierno Jalifiano dando entrada a elementos nacionalistas, y especialmente a Ben-Torres.
La actitud es inconmovible. Cuando Grandval inicia en Rabat un cambio de política hacia Marruecos se elogia la iniciativa, pero al mismo tiempo se predice su fracaso. La visita de Catroux a Mohamed V es criticada duramente, señalándose que sólo era posible el retorno incondicional del Sultán. Los mismos juicios se emitieron respecto al Plan Faure. Cuando en otoño de 1955 organizó Francia el Ejército de Liberación, Franco permitió que se establecieran sus bases en Zona Española. Al regreso del Sultán hubo un momento de desconcierto, más tarde se fue recuperando la calma y se llegó a decir, con respecto al Sultán, que por fin había encontrado Francia un «interlocutor válido.»
Pero nada podía ya ocultar que la suerte estaba echada. Sin embargo el Gobierno Español quiere ahora impedir el resultado que tanto decía desear. El 30 de Noviembre declaró Franco a la United Press, Associated Press e International News Service, entre otras cosas: «es aventurado pensar que los marroquíes son actualmente capaces de imponer la paz y el orden en su país». A partir de este momento se van a vivir unos meses de increíble ceguera y torpeza del Gobierno español. Todavía estaba a tiempo de proclamar la independencia de Marruecos como una victoria y quizá incluso adelantarse a Francia. Pero lo que siguió fue tratar de contener la riada que tanto había contribuido a engrosar, y, en un penoso forcejeo, fue retrocediendo paso a paso, hasta conseguir que la independencia marroquí pareciera a los ojos de todos como una derrota española6.
La primera idea fue retrasar lo más posible la independencia. Para lo cual se pensaba: a) negociar con Francia para armonizar las dos políticas; b) seguir manejando a diversos notables de la Zona jalifiana ofreciéndoles nuevas posiciones. Pero la Zona jalifiana muestra una decidida resistencia; en todos sitios estallan disturbios; los Ministros nacionalistas dimiten; y el mismo Jalifa publica un comunicado expresando su adhesión al principio de la independencia y la unidad de Marruecos. Además, en la entrevista del Palafito, celebrada el 10-XII entre García Valiño y el Residente francés Dubois, se negó éste último a tratar de otro tema que de la seguridad de las fronteras. El Gobierno español tuvo que ceder; el día 13 publicó un comunicado manifestando su voluntad de trabajar por la independencia y la unidad de Marruecos.
Se trató después de lograr que la independencia se negociara en una Conferencia tripartita, y que en el Marruecos independiente tuviera autonomía la antigua Zona Española. El 19-1-1956 presentó el Gobierno español un programa de reformas que tendían a crear en la Zona un régimen especial, muy semejante al español; pero todas las personalidades musulmanas consultadas rechazaron el plan; el hermano del Jalifa declaró en Rabat la oposición de éste; y el Istiqlal se declaró contrario a los dos propósitos, pues sólo con Francia había sido firmado el Tratado de Protectorado. Jurídicamente esto último era bastante discutible, pues, en el Tratado de Protectorado, Marruecos encargó a Francia la negociación sobre los derechos e intereses españoles, por lo que los juristas españoles han sostenido siempre que los Acuerdos franco-españoles de 27-XI-1912 estaban incorporados al Tratado de Protectorado; pero en todo caso resultaba absurdo modificar el estatuto marroquí sin la intervención de un país que llevaba ejerciendo desde hacía más de 40 años poderes similares en su Zona a los de Francia en la suya; Franco consiguió tan brillante resultado, que irritó a París y despertó la desconfianza de Rabat al comprobar sus dudosos móviles.
Cuando la Declaración franco-marroquí de 2-III-1956 (estableciendo la independencia), el Gobierno español adopta, como otras veces, la táctica del avestruz: se proclama el gran triunfo de Franco. El Ayuntamiento de Tetuán autorizó una manifestación, con asistencia de una comisión que expresaría la gratitud del pueblo marroquí a Franco. Como los organizadores se negaron a esto último, fue prohibida, pero se celebró sin permiso, y se produjeron choques violentos, con muertos y heridos. Al día siguiente llegaron a Madrid las protestas de Ben-Torres, del Jalifa y del Gobierno de Rabat. Y en días sucesivos siguieron los disturbios en toda la Zona española y las manifestaciones en la francesa. Franco creyó poder resistir todavía pidiendo la definición de la interdependencia, pero a los pocos días pidió Rabat se aplazase dicha definición hasta que se hubiese llegado a un acuerdo con España. Franco tuvo que ceder de nuevo.
El día 4-IV llegó a Madrid el Sultán con la comisión negociadora. Las negociaciones duraron tres días, y el último debieron ser dramáticas; las delegaciones estuvieron reunidas más de doce horas, y los acuerdos no fueron firmados hasta las 6 de la mañana del día 7. Parece que la última línea de repliegue de Artajo fue el pedir que apareciese definida la interdependencia, pero los negociadores marroquíes respondieron que este asunto era de la competencia franco-marroquí.
De la bancarrota de España en Marruecos puede sacarse una clara lección, y es ésta: hay que saber escoger el lugar que se desea, y se puede ocupar en el mundo, no se puede jugar otra carta creyendo que se va a engañar a todo el mundo. Las fuerzas históricas acaban por imponerse dejando en ridículo al burlador, que se convierte en burlado.
El burlador burlado ha sido en toda su actuación Alberto Martín Artajo. Ya he hablado de su viaje a Washington en la primavera de 1956, y de su última recepción a John Foster Dulles a fines de ese mismo año. También he hablado de su triste papel en las Conferencias de Londres del verano de 1956. Duro debió ser para él el cosechar en pocos meses el fracaso de su política marroquí y de su querida política árabe. Las Conferencias de Londres fueron el último capítulo de ésta, y al regreso inició, en su entrevista con Christian Pineau, la política europea que había de seguir su sucesor. Alberto Martín Artajo fue sustituido en Febrero de 1957, por razones de política interna. Doce años antes, cuando entró en el Ministerio, decía a quien le quería oír que lo había aceptado únicamente para favorecer la sustitución pacífica de Franco por Don Juan III. Sin embargo, sirvió tan obsequiosamente a Franco, que llegó al extremo de gestionar del Gobierno portugués el internamiento de su antiguo jefe político don José María Gil Robles. El gran éxito de su gestión fue contribuir a apuntalar a aquel a quien decía querer sustituir.
VICENTE GIRBAU LEÓN
(Continuará)
Según pasan los meses España, la España oficial, parece instalarse, con gesto poltrón, en normas de conducta estatales que hacían las delicias de los moderados... en tiempos de nuestros abuelos. No se trata ya de imitaciones fascistas, con terminología y ademanes de demagogia torpemente pergeñados. No, ya no hace falta. Por lo visto, la entrada en el concierto de naciones occidentales no exige tan siquiera la demagogia trasnochada de hace quince años.
El Sr. Castiella recorrió las capitales de Europa, posando ante las cámaras con aire satisfecho y movilizando los corresponsales españoles para lanzar una fantástica campaña de propaganda. En verdad, el viaje de Castiella pertenece al propagandismo turístico de más pura ley. El Sr. Herter se limitó a decirle que no tuviera miedo, que las bases siguen haciendo falta al Pentágono, el Sr. Selwyn Lloyd, ni eso. El Sr. Averoff, ministro de Asuntos Extranjeros griego, le informó de la necesidad de enterrar el proyecto de pacto del Mediterráneo. Y el general de Gaulle... ¡ah!, el general de Gaulle. Este era el plato fuerte. Cuarenta minutos de entrevista y unas frases amables -y protocolarias- para el Caudillo bastaron para echar las campanas al vuelo. En Madrid se recibía al mismo tiempo al Sr. Chaban-Delmas, «gaullista» y presidente del parlamento francés, se preparaba ya el viaje del Sr. Pinay, todos los altos funcionarios hablan de la entrevista con Couve de Mourville en la Isla de los Faisanes para el 24 de octubre. En suma, se había descubierto que «ya no hay Pirineos» (para el franquismo) frase corroborada, no sé si gracias a los efluvios que suelen acompañar a los discursos banqueteriles, por el citado Sr. Chaban-Delmas, titulado «general» por la prensa madrileña, ignorante acaso de que su grado militar, de coronel, no era sino de Fuerzas Francesas del Interior, terrible especie guerrilleril que hace estremecer de horror a los habituales de El Pardo. Pero volvamos a Castiella. El pío ministro de Asuntos Extranjeros se permitió decir en confianza que el presidente de la República Francesa le había manifestado sus simpatías por el Caudillo. Demasiada ingenuidad la de este Sr. Castiella, pese a su frecuentación de frailes y frailazos. Se trataba de una de esas frases que los jefes de Estado están obligados a pronunciar. Dos días después, los servicios de la Presidencia francesa se encargaron de desmentir de una manera oficiosa, toda hipótesis suponiendo la menor simpatía del Jefe del Estado Francés hacia la dictadura española. Pero hubo más. Dos días después, un personaje llegaba a París: Don Juan de Borbón, conde de Barcelona. Y don Juan de Borbón era recibido por el general de Gaulle, igual que el Sr. Castiella. Sin duda alguna, el «celestineo» del embajador conde de Casas Rojas tuvo su mucho de parte en esta entrevista. Dicho señor, agarrado a la embajada española en Francia pese a tener la edad de jubilación, no oculta su adhesión a don Juan, a quien siempre recibe con los máximos honores. El caso es que los monárquicos de aquí en Madrid, interpretan el asunto como un apoyo tácito del gobierno francés (lo que también me parece harto discutible y es querer «tomar el rábano por las hojas») y se han convertido en los primeros propagandistas de todo lo que se hace por Francia en la esfera internacional.
El conservadurismo va un poco lejos
Este conservadurismo a ultranza pudiera llevar la diplomacia a más de un trance difícil. Por ejemplo, el problema del catolicismo no ha hecho sino envenenarse estos últimos meses. Desde España, y manejada con toda seguridad por el «Opus Dei», se organiza una campaña en toda regla contra la Iglesia Francesa. Con motivo de la condenación definitiva de los sacerdotes-obreros por el Santo Oficio, los periódicos españoles han recibido presiones para denigrar a los católicos franceses, tachándoles de «progresismo». Se ha comentado mucho el artículo publicado en ABC y firmado por Luis María Ansón titulado «¿Apóstoles o Apóstatas?» El Sr. Ansón empieza a figurar como una de las lumbreras de la situación. Fue él quien hace dos años, con motivo de un ataque «razonado» que hizo a la libertad de prensa, se vio vapuleado por el diario francés Le Monde quien, seguramente por aquello de María, le llamó señorita. Ansón se enfadó mucho por este ataque a su virilidad. Y el cronista francés le respondió que, en efecto, estaba de acuerdo en su masculinidad, pero que esto no hacía sino agravar su caso en cuanto enemigo de la libertad de prensa. Pero el ataque contra el «progresismo cristiano» ha mostrado mejor su oreja con la intervención en la 19.º Semana Española de Teología, del Dr. Pedro Rodríguez García, presbítero del «Opus Dei». La teoría de este señor conduce a considerar como «marxistas» a los católicos que no son reaccionarios, conformistas y partidarios de los regímenes de autoridad. En lo inmediato, se trata de justificar una condena, contra don julio Cerón, don Luciano Rincón y otros católicos de izquierda, encarcelados en Carabanchel. Con miras más lejanas, el «Opus Dei» pretende iniciar una campaña de penetración en el «mundo del trabajo» y demostrar ante Roma que es capaz de cumplir la función de cristianización de los sacerdotes-obreros sin los «peligros» que esta última suponía.
Tiros contra los E.U. y «cruzada interior»
La política de católicos «buenos» y «malos» está dirigida por el «Opus Dei». Pero estas últimas semanas ha aparecido la política de los norteamericanos «buenos» y «malos», manejada no se sabe bien por quién. En las altas esferas se ha guardado mucha prudencia ante el viaje del Sr. Krushtchev a Estados Unidos. Pero en los medios periodísticos, entre los falangistas nostálgicos de Hitler, empezó la agitación. Agitación que se expresa por el contubernio entre extrema derecha falangista y extrema derecha monárquica que encarna hoy el Sr. Serrano Súñer. El caso es que se ha dejado «mano suelta» a los plumíferos para que ridiculicen el viaje del gobernante ruso a Estados Unidos, no sólo en lo que se refiere al invitado sino también a los invitantes. Al parecer, la tesis de la extrema derecha (y los hombres del «Opus») es, como dice un editorial de ABC, «la existencia de dos mundos irreconciliables que no caben juntos en el mismo planeta». Fuera de España esta afirmación, viniendo de un gobierno y de un Estado inoperantes en el ámbito internacional, podrá mover a risa. Sin embargo, para España y para los españoles es cosa muy seria. Esa permanencia del espíritu internacional de «cruzada» es la mejor justificación para el espíritu interno de «cruzada», para las condenas delirantes de los Tribunales militares de excepción, para el falseamiento sistemático de las informaciones de fuente extranjera.
Probablemente los lectores conocen ya la condena por el Tribunal militar del directivo comunista Sr. Sánchez Montero y de otros correligionarios suyos como el metalúrgico Sr. Lobato (que fue torturado durante varios días en los calabozos de Gobernación). Veinte años y un día para el primero. Doce y un día para el segundo. Puede que el lector se encoja de hombros diciendo, ¡bah!, se trata de comunistas. La triste verdad es que son condenados como enemigos del régimen y no como partidarios de otro régimen de dictadura. La situación era tan embarazosa que, dos días antes de verse la causa, el Ministerio de Asuntos Extranjeros repartió una nota a los corresponsales de prensa extranjera, fenómeno sin precedentes. La nota no podía ser más lamentable: la peligrosidad del partido comunista se «prueba» por los intentos, fallidos o no, de huelgas, «jornadas», etc., y «las consecuencias sangrientas de las subversiones que han tenido lugar en España». ¿Consecuencia? «Todas esas actividades son delitos contra la Seguridad del Estado y, en virtud de la ley del 3 de marzo de 1943, deben caer bajo la jurisdicción militar».
Esta nota contradice el famoso libro contra los socialistas españoles distribuido por los servicios del Ministerio de Asuntos Extranjeros (y según algunos debido nada menos que a la pluma del propio Castiella) que dice, en su página 107 que los atentados contra la seguridad del Estado son juzgados por la jurisdicción ordinaria, según el Código Penal ordinario, de acuerdo con la Ley de Enjuiciamiento Criminal «que concede los medios de defensa más amplios a los sujetos activos del delito».
¿Se quiere contradicción mayor de ese texto de pura propaganda con la realidad? Y que no se diga que se trata de comunistas (aunque ya es monstruoso que el anticomunismo de estos señores sea el de Hitler y no de orden ideológico y social) porque, tres días después de condenar al Sr. Sánchez Montero, el Tribunal militar ha condenado al Sr. D. Luis Alberto Solano Madariaga (sobrino de Don Salvador de Madariaga) acusado de pertenecer a la Agrupación Socialista Universitaria, a tres años de prisión firme, sin ninguna clase de pruebas. ¿Y las condenas contra los Srs. Cimadevilla, Llorens, Novo y otros? ¿Y el juicio que se prepara contra don Julio Cerón Ayuso? Y ¿por qué siguen en prisión los socialistas Srs. Guridi, Dr. Martín Santos y otros? El Ministerio de Asuntos Extranjeros tenía una buena ocasión de haberse callado cuando se ha tratado de condenar a los citados comunistas.
Los norteamericanos deben saber estas y otras cosas
Sin duda, el Sr. Castiella ha creído agradar así a sus «aliados» de Estados Unidos. Pero el Sr. Castiella debiera saber que en Estados Unidos no se condena a veinte años a una persona, comunista o no, por incitar a una huelga pacífica.
Cada día es más necesario que los hombres liberales de Norteamérica, amigos de la España auténtica, conozcan todo esto. Que sepan también cómo la prensa dirigida -y especialmente Pueblo de Madrid, dirigido por el falangista Sr. Romero- utilizan el nombre del Sr. Walter Reuther, con motivo de su polémica con el Sr. Krushtchev, silenciando que el Sr. Reuther es incompatible con su sindicalismo «vertical».
Toda esta política no es- e insisto en ello- sino puro anacronismo; una manera de conducirse propia de hace veinte e incluso cuarenta años. ¿Qué decir de la famosa «estabilización»? Pasa el tiempo y nada se ve claro. Los empresarios siguen a la expectativa, los créditos cortados y la peseta bajando en Tánger donde ha llegado a 63 por 1 dólar. El gobierno no toma medidas decisivas. Proclama suprimir los organismos de intervención económica y en realidad suprime siete.
En cuanto a la recesión económica no tiene trazas de mejorar. De fuente muy seria (organismos obreros católicos) tenemos noticias de nuevos despidos en Rentería, Béjar, Marquina, Vitoria (más de 100 obreros), Novelda (140 obreros), Yecla (170 obreros), Onteniente (más de 100). Ya no se trata sólo de industria textil, sino de fábricas de papel, de galletas, de porcelanas e incluso metalúrgicas. Últimamente han sido despedidos 50 eventuales de Hispano-Aviación de Sevilla, donde no despiden a más por miedo a las huelgas. La cosa está tan fea que, con motivo de haber afirmado el Sr. Solís, en un discurso en San Sebastián, que «el paro, si acaso se diere, debe ser solucionado...» las reacciones de los medios católicos han sido muy vivas. En Juventud Obrera boletín que la Juventud Obrera Católica edita para sus afiliados y simpatizantes, se ha llamado embustero, con todas sus letras al Sr. Solís. Como ya creo haber anunciado, los organismos de la Juventud Obrera Católica, reunidos en Toledo, han decidido iniciar una vigorosa campaña contra el paro obrero. Las resoluciones de la JOC en Toledo se alzan contra todo despido o disminución del nivel de vida de los asalariados so pretexto «de equilibrio exclusivamente económico». Reclama n que «es imprescindible, para la defensa de los derechos de la clase obrera, la acción auténtica y realmente representativa de los Sindicatos.» ¿Comunistas? ¿Socialistas? ¡No! Simples obreros católicos, que ya se atreven a llamar embustero a un ministro.
Cuadro caótico pero real
El ministro en cuestión, parece interesarse más que por su prestigio ante los «productores» españoles, por el que parece gozar entre los medios patronales de Alemania. El «Industrie Kurier» de Düsseldorf del 17 de este mes, al mismo tiempo que criticaba las vaguedades del decreto-ley sobre inversiones extranjeras (como se sabe, todo queda reducido, por ahora, al arbitrio gubernamental) alababa la gestión del Sr. Solís. Hay más; el representante de Krupp en España es persona de toda confianza del ministro-secretario general.
Si añadimos a este cuadro, por de suyo caótico, que los siderúrgicos bilbaínos están que «echan las muelas» porque el Ministerio les fija precios por Orden cuando habla de «liberalismo económico», que los aumentos de tarifas ferroviarias y del transporte madrileño van a excitar aún más los ánimos, nos acercamos un poco a la realidad. Se vive en un mundo disparatado. Hace unos días un amigo me decía escandalizado que mientras él tiene su fabriquita al borde de la quiebra, el Real Madrid acaba de cobrar, sólo por dos partidos, dos millones de pesetas. ¿Dónde vivimos? Pues... en el mejor de los mundos, a juzgar por lo que ha dicho el Caudillo a sus paisanitos de El Ferrol, antes de terminar su veraneo. Después de hacerse aclamar por les jefes de las guarniciones de Galicia y Asturias, empresa más fácil para el Generalísimo y para su verbo castrense, se ha arrostrado por los encrespados mares de lo económico: desde decir que «hemos logrado aumentar los rendimientos de nuestra agricultura (cuando todo el mundo sabe que la producción por habitante de la mayoría de productos agrícolas ha disminuido sensiblemente desde hace treinta años) hasta las «sustanciosas adiciones a la renta nacional» (sustanciosas para los grandes bancos) acabando por las mayores vulgaridades sobre «la misión marinera de España.» Ya que hablaba de tantas prosperidades, ¿por qué no se refirió el Caudillo a una curiosa estadística que acaba de dar a conocer la administración de justicia? Se trata de los delitos en 1958. Disminuyeron la mayoría de ellos, salvo los llamados «contra la seguridad del Estado», es decir, los delitos políticos, que pasaron de 88 en 1957 a 188 en 1958. También aumentaron los «delitos de emigración clandestina» y de «tenencia ilícita de armas». Todo ello es idílico, ¿no es verdad, general?
También podía haber dado un repaso a la falta de establecimientos de segunda enseñanza. De siempre han faltado Institutos, pese al enorme esfuerzo creador que en dicho sentido realizó la República. Pero ahora faltan incluso colegios privados -a no ser los lujosísimos-. La situación es tan seria que en algunas agrupaciones de Padres de Familia ya ha habido serios revuelos.
¿Cuáles serán las reacciones de la oposición?
Naturalmente que este enfoque de la política oficial -diplomática, económica, represiva- que estimamos anacrónico tiene que producir reacciones por parte de la oposición. ¿Padecerá acaso ésta análogo anacronismo? Cuestión ardua que yo no acertaría a resolver. No obstante, precisa dar fe de progresos realizados en la estructura de las fuerzas de oposición. Creo poder ampliar mis noticias de hace un mes sobre la formación de una Junta de las fuerzas de oposición en Cataluña. De fuente digna de crédito me informan que dicha Junta está ya constituida, bajo la presidencia de una venerable personalidad democrática y que está integrada por fuerzas muy diversas, que van desde «Unió Democràtica» (social cristianos moderados) hasta el «Moviment Socialista» y el «Front d'Alliberament». Al parecer sería una junta con funciones ejecutivas, algo más que una alianza de grupos políticos.
Alianza es lo que se intenta realizar entre una serie de grupos de oposición, que podríamos calificar de centro-izquierda, en el resto de España. Creo poder asegurar que la Izquierda Demócrata Cristiana, la Acción Social Democrática y el Partido Socialista (tendencia mayoritaria) han llegado ya a un acuerdo preciso, tras descartar felizmente el escollo de la cuestión monárquica. Este escollo es lo que parece separar a estos grupos de la «Unión Española», aunque se dice que prosiguen las conversaciones con esta última fuerza que, por ahora, permanece al margen de la alianza. Por la izquierda, no parece que los minoritarios socialistas (y el importante grupo ASU) y el FLP estén dentro de la alianza. Esta, desde luego, parece menos amplia que en Cataluña. Pero... bueno es comenzar, si se comienza para algo. Y si no se olvida que el español medio, el hombre de la calle es el único que podrá decidir, más tarde o más temprano, los destinos de España.
TELMO LORENZO
Madrid, 29 de Septiembre de 1959
Aunque la prensa española recibió la consigna de minimizar la importancia del viaje de Khrushchev a los Estados Unidos y reducir al mínimo las informaciones sobre el lanzamiento del «Lunik II», nadie ha olvidado la impresión que produjo en el general Franco el lanzamiento del «Sputnik I». Esta segunda experiencia no ha arrancado al dictador español el más leve comentario, lo que puede significar, dada su cautela proverbial, que le ha impresionado fuertemente.
El precipitado viaje de su ministro de Asuntos Exteriores y las circunstancias en que se realizó y la carta de que era portador, dirigida al Presidente Eisenhower, prueban la importancia que el general Franco ha concedido al viaje de Khrushchev y a las posibles consecuencias del mismo. Es la primera vez que vemos al general Franco agradecer la ayuda americana y ha sido el único jefe de Estado que ha expresado su confianza públicamente en la misión que el Presidente norteamericano se proponía llevar a cabo, el único también en indicar al Presidente Eisenhower la necesidad de «prevenirse contra el inmovilismo y el peligro de mantenerse a la defensiva».
Todas estas apreciaciones de la conducta, aparentemente internacional, de Franco nos lleva a señalarle como el más ardiente paladín de la guerra fría; naturalmente que hay otros jefes de Estado que le acompañan en esa actitud, pero ninguno como él se encontraría, llegado el momento de disminuir la tensión internacional, en situación tan desesperada. Franco se obstina en la guerra fría, vive por la guerra fría, porque esa situación de inquietud, de miedo, es la que le sostiene en el puesto de mando, la que le suministra medios substanciales de pervivencia y la que, en consecuencia, le saca a flote de naufragios previstos.
Otros jefes de Estado continúan también con los ojos cerrados frente a esa curva pacífica que se inicia, y siguen apostando a la guerra fría por fanatismo o por razones de política partidista. Esos, si es que pasamos la curva, modificarán su actitud, pero el general Franco no podrá renunciar a la guerra fría, por varias razones fundamentales: a) por la situación económica interior; b) por el «desempleo» que resultaría para los militares; c) por salvar el único papel que puede desempeñar en la política internacional; d) por la peculiar composición de los cimientos de su régimen.
La situación económica en la que se debate España tantos años ya, ni ha mejorado ni lleva trazas de mejorar. Los despidos de trabajadores en las pequeñas empresas se efectúan sin interrupción; en los Bancos disminuyen progresivamente las cuentas corrientes; la prensa española habla ya de la necesidad de reagrupar las empresas cuyo número de obreros sea inferior a 500, medida que dada la estructura de la producción española, afectaría casi a la mitad de la producción; de la subida de las tarifas en los servicios públicos y el encarecimiento de la vida estamos ampliamente informados por la prensa diaria, y el propio ministro de Economía, Sr. Gual Villalbí, ha declarado en un discurso pronunciado en Tortosa que «es necesario una parada para reemplazar los viejos tornillos que ya no sirven y poner de nuevo el motor en marcha.» La crisis de la industria textil se va agravando, hasta el extremo que los diarios españoles señalan la necesidad de extender el subsidio de paro, que se estableció en el mes de marzo, para los trabajadores de esa industria.
Respecto a la segunda razón apuntada está en el conocimiento de todos que la pérdida de Marruecos ha obligado a una retirada militar a la metrópoli y que se han cerrado las puertas al tradicional futuro del Ejército español, situación que el general Franco ha ido sorteando gracias a que ha podido sostener en pie de guerra fría sus cuadros.
Si la tensión de la guerra fría disminuye con buena perspectiva la situación ha de desembocar en un proceso de desarme en el que Franco no tendrá nada que ganar. Carecerá no ya de recursos efectivos, sino aun de recursos aparentes para poder adoptar una nueva política internacional que le siga sosteniendo en el interior. El deshielo le arrastrará.
Si, por último, nos detenemos a examinar los cimientos de su régimen encontramos como elementos componentes el terror de los primeros años de su reinado, amalgamado con la inquietud y la inseguridad del país por la carrera de la guerra fría, en la que España aparecía bien equipada y bien remunerada. Terminada la guerra fría, iniciado el desarme ¿de dónde le llegará al dictador español la ayuda?
En resumen, tenemos que reconocer que el general Franco tiene motivos fundamentales para obstinarse, contra viento y marea, en sostener su postura de paladín de la guerra fría. Acaso le va en ello el eclipse total de su reinado.
Consejos de guerra en Madrid
MADRID, Ibérica: -Se celebró aquí el 25 de septiembre el Consejo de Guerra contra seis hombres detenidos en el mes de junio por haber participado en la preparación del movimiento de «protesta pacífica» del 18 de junio último.
El principal acusado era el dirigente comunista Simón Sánchez Montero, de cuarenta años de edad, para el que el Fiscal pedía la pena de 30 años de prisión. La detención de Sánchez Montero había provocado gran emoción en los medios de oposición de la extrema izquierda y los rumores de que Montero y sus compañeros habían sido sometidos a malos tratos se confirmaron.
Aunque la celebración del juicio no había sido anunciada, pues la prensa guarda siempre silencio sobre estos asuntos, a las puertas del edificio y en las calles adyacentes se congregó numeroso público que llenó la sala en cuanto se abrieron las puertas.
La vista de esta causa ha dado lugar a un hecho insólito, y es la publicación de una nota del Ministerio de Asuntos Exteriores enviada a los corresponsales en Madrid de la prensa extranjera basada en una declaración hecha por Montero a los tres días de violentos «interrogatorios» que el partido Comunista ha difundido en profusión. Simón Sánchez Montero ha sido condenado a 20 años y un día de prisión, Luis Lucio Lobato, otro encartado en la misma causa, a 12 años y un día. Uno de los encartados ha sido absuelto, los restantes han sido condenados a penas que van de dos años a seis de prisión.
Otro Consejo de Guerra
D. Luis Alberto Solana Madariaga, de 23 años de edad, estudiante de la Facultad de Derecho de Madrid, que es sobrino de D. Salvador de Madariaga e hijo del director del semanario financiero España Económica, ha comparecido ante un tribunal Militar el 29 de septiembre. Se le acusaba de ser uno de los fundadores de la Agrupación Socialista Universitaria y de haber tomado parte activa en la preparación, en los medios estudiantiles, de la fracasada Jornada de Protesta Pacífica prevista para el 18 de junio último.
El Tribunal ha condenado al Sr. Solana Madariaga por el delito de «rebelión» a la pena de tres años de prisión.
Indiscreciones sobre un Consejo de Ministros
MADRID, Ibérica: -Con algún retraso hemos recibido información del Consejo de Ministros celebrado en el Pazo de Meirás, residencia del caudillo. Como es sabido en los días del viaje de Castiella a Londres y la entrevista de éste con Eisenhower, Franco se encontraba de vacación en su propiedad gallega. El 11 de septiembre se celebró un Consejo de Ministros que no tuvo otro tema que las entrevistas celebradas por Castiella.
El ministro venía satisfecho de las celebradas con Eisenhower y Herter y expresó su creencia (la de él) de que las diferencias entre el Este y el Oeste seguirán siendo lo suficientemente profundas para que España pueda continuar cotizando su postura.
Parece que la entrevista con Selwyn Lloyd (aun con el retratito con MacMillan) ha sido menos alentadora. Por parte de los británicos hay toda clase de reservas, estiman que España se acerca demasiado a Francia, pero se tiene la esperanza de que si los conservadores ganan las elecciones, se podrá llegar a un entendimiento con ellos.
La entrevista con de Gaulle
Esta parece que ha sido halagadora, aunque no se abordó ningún problema a fondo y sólo se rozaron cuestiones de política internacional. Pero en el almuerzo con Couve de Mourville se abordaron problemas. Se trata de obtener ventajas comerciales con Marruecos, Túnez etc., claro, a costa del comercio francés. Por otra parte se insiste en reducir a cero las actividades de los exilados españoles.
Podemos afirmar, según las fuentes fidedignas de donde proceden estas noticias, qué Castiella ha hecho hincapié con el Presidente Eisenhower y con Mr. Herter sobre el papel que España puede jugar en África contra eventuales infiltraciones comunistas.
Continúa el idilio
MADRID, Ibérica: -El idilio con la Francia oficial continúa. El Presidente de la Asamblea Francesa, Sr. Chaban-Delmas, ha sido traído y llevado por todo el falangismo madrileño: toros, fútbol y... Valle de los Caídos. El mariscal Juin se entrevistó en Barcelona con el general Martín Alonso. Para pronto se espera el viaje del Sr. Pinay que viene, según parece, a dar lecciones a los españoles de cómo hay que hacer la «estabilización». Este personaje, viejo amigo de los franquistas, será objeto de un recibimiento con todos los trompetazos de la propaganda.
Entre los personajes que se sabe establecen relaciones militares entre Francia y España se encuentra el general Díaz de Villegas, especialista en cuestiones africanas. Este señor fue jefe de Estado Mayor de la División Azul del que hay que decir que salvó la vida durante la guerra civil española gracias a un directivo de la FUE (Federación Universitaria Española). Es un especialista en la guerra fría.
La revista «Índice» al Opus Dei
MADRID, 4 octubre, Ibérica: -La revista Índice pasa a manos del Opus Dei que cambia todo el equipo de redacción menos el director Sr. Fernández Figueroa. A nadie le merecía confianza este señor, pero ahora ya es del dominio público que «sirve para todo». En los medios literarios se le designa con el nombre de «escoba sucia».
Documento de la «Unión del Clero Español»
MADRID, 4 octubre, Ibérica: -Desde hace dos semanas circula un documento firmado por la «Unión del Clero Español» en que se pone de manifiesto la discrepancia entre textos pontificales y disposiciones del régimen franquista. Se menciona especialmente cómo el Pontificado «condena la opresión abierta o disfrazada de las particularidades culturales y lingüísticas de las minorías nacionales».
El documento señala las posiciones adoptadas por S.S. Pío XII contra el nazismo y la condena de las dictaduras por numerosos prelados de Hispano-América. Añade que «no es posible dejar que el pueblo español siga creyendo que la Iglesia es solidaria, en este país, de un régimen que le ha despojado de los derechos sociales y políticos consustanciales al mundo cristiano occidental»...
El documento sigue criticando «la superinquisición de un Estado que, al mismo tiempo que se declara católico, controla y mutila la enseñanza de la Iglesia y somete a la censura oficial la palabra del Papa, la del Cardenal Primado y la de cualquier autoridad eclesiástica».
Por último, señala el citado documento que «el abismo creado entre el criterio oficial de la Iglesia y la conciencia nacional, tiene por consecuencia que los fieles se alejan de la influencia espiritual del clero». Con este motivo critica el documento duramente «la persistente ausencia de enseñanza oportuna de la Iglesia sobre los problemas más agudos y EL COMPROMISO DOCTRINAL PÚBLICO DE LA IGLESIA CON EL RÉGIMEN POLÍTICO ACTUAL».
La Unión del Clero Español se alza contra «un desenfrenado regalismo semejante al del siglo XVIII» y comprueba que «la opinión pública estima que la Jerarquía está más atenta a las orientaciones políticas del César que a las del Soberano Pontífice».
España y la OTAN
GINEBRA, 30 sept., Ibérica: -Le Journal de Genève publica en su edición de hoy un telegrama de la Agencia Reuter, enviado desde La Haya, que dice así: «El martes pasado se han expresado diversas críticas contra la eventual admisión de España en la OTAN, durante los debates del Parlamento neerlandés».
«El jefe del partido de los trabajadores Sr. Burger, ha declarado su satisfacción porque los señores Eisenhower y Khrushchev hayan examinado la posibilidad de una mejoría en las relaciones internacionales. Sin embargo -ha dicho- la tensión durará todavía cierto tiempo. Por eso las fuerzas militares del mundo libre no deberían ser afectadas. Pero la admisión de España en la OTAN traería como consecuencia un nuevo debilitamiento de la OTAN».
«El Sr. Burger ha subrayado que sería un golpe fatal para la OTAN el que esta organización tuviera que defender la libertad teniendo como aliados a los fascistas».
Dificultades de la estabilización económica
BARCELONA, Ibérica: -La situación económica se muestra mucho más complicada cada día. La confianza está lejos de restablecerse. En Barcelona muchas empresas que habían presentado en el Juzgado la declaración de suspensión de pagos, han sido llamadas por el Gobernador Civil el que les ha aconsejado que recapaciten antes de tomar tal decisión. De otro lado los jueces están obligados a pedir un informe previo al Ministerio Fiscal para que éste dictamine si se trata de verdadera suspensión de pagos o bien de expedientes para resolver una situación difícil y eludir los pagos. A pesar de estas medidas la impresión general es que las quiebras y suspensiones de pagos se van a multiplicar a partir de este mes de octubre.
¿Liquidación de empresas?
MADRID, Ibérica: -Se habla con insistencia de liquidar las empresas que tienen menos de 500 obreros, por una operación parecida a la «concentración parcelaria». Esto significaría un atentado a la propiedad privada de miles de empresarios y tendría repercusiones sobre casi cuatro millones de trabajadores. La idea parece que ha salido del Sr. Solís, pero esos mismos rumores afirman que nada se hará, que no habrá nadie capaz de llevar a cabo la idea. Las pequeñas empresas se irán hundiendo poco a poco.
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Ibérica, published Monthly, except July-August when bimonthly, at New York 1, N. Y. for October 1, 1959.
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Louise Crane, Publisher.
Sworn and subscribed before me this 10th day of September, 1959, Harry W. Sandler, Notary Public for the State of New York. No. 41-3447000. Queens County. Term Expires March 30, 1961.
Las fuerzas de oposición se agrupan
BARCELONA, Ibérica: -Se ha constituido en Barcelona el «Consejo de las fuerzas democráticas de Cataluña», que reúne en él todos los grupos políticos y sindicales democráticos de Cataluña. Entre otras agrupaciones de oposición figuran en este Consejo el «Moviment Socialista de Catalunya», los «Demócratas Cristianos», «Unión Democrática de Catalunya», «Esquerra Republicana de Catalunya», «Acció Catalana» (sectores liberales) y las dos agrupaciones sindicales más importantes de la clandestinidad, C.N.T. y U.G.T.
Este Consejo está presidido por una importante personalidad de gran prestigio no sólo en los medios catalanes y en el resto de España, sino en el mundo internacional.
El Consejo ha hecho ya un llamamiento a todos los partidos demócratas españoles para que constituyan rápidamente en Madrid una «Junta Democrática» capaz de reunir todas las fuerzas liberales españolas. El programa mínimo de esas Juntas podría resumirse en el simple restablecimiento de las libertades democráticas por un gobierno capaz de ser llamado al poder por una «acción popular pacífica, disciplinada e inequívocamente democrática».
La inquietud suscitada en todos los medios españoles por la gran subida del coste de la vida, la amenaza de paro en masa en la industria textil y metalúrgica y el probable fracaso del «plan de estabilización» parece que no son ajenos a esta unión de fuerzas democráticas que se consideran capaces de articular un plan que levante la economía peninsular.
Las negociaciones están en curso con los partidos democráticos del resto de España, en particular con la «Izquierda Demócrata Cristiana», «Acción Social Democrática» y el partido Socialista.
Francia y los refugiados
ESTOCOLMO, 22 de septiembre, Ibérica: -El diario Stockholms-Tidningen y el semanario Arbetaren, han publicado notas editoriales comentando las noticias alarmantes que han llegado de Francia dando cuenta de la nueva actitud de las autoridades francesas respecto a las organizaciones españolas del exilio, que tienen su sede en el sur de Francia.
El comentario de Stockholms-Tidningen (social demócrata) dice que no será sólo condenable moralmente, sino políticamente equivocado el hacer concesiones a un régimen que encarna la violencia y la opresión. Y añade: «Más grave es, sin embargo, que estas concesiones a Franco significan en muchos casos un aumento de las dificultades de los demócratas españoles que viven en el exilio. Esto es lo que ahora ocurre en Francia, en donde el general de Gaulle está llevando a cabo un repugnante chalaneo con su colega español, y, a cambio del voto de España en la ONU en la cuestión argelina, pone cortapisas a la libertad de los exilados españoles que viven en Francia. La UGT de España en el exilio, que hasta ahora ha organizado sus congresos en Toulouse, ha tenido que celebrar el último en París. Lo mismo ha sucedido al parecer con otras organizaciones democráticas españolas. Ninguna organización socialista o democrática de exilados españoles podrá celebrar reuniones o conferencias al sur del río Loire. Así lo han dispuesto de Gaulle y Franco. Esto prueba que Franco no se siente tranquilo y quiere por consiguiente alejar lo más posible de la frontera con Francia las organizaciones democráticas españolas».
El semanario Arbetaren en un comentario firmado por Rüdiger, dice entre otras cosas: «Hemos recibido noticias inquietantes de Francia, en donde la situación de los exilados españoles empeora de manera alarmante. Como ya se ha dicho, hace unas semanas se prohibió a la U.G.T. celebrar un congreso en Toulouse, teniendo que celebrarse éste en París. Nos informan también que los grupos de la C.N.T. en Francia, adheridos al Secretariado Intercontinental, han corrido la misma suerte. No pudieron reunirse en Toulouse, donde tiene su sede la organización, y celebraron el congreso en Vierzon. La explicación de lo que antecede está en las nuevas disposiciones gubernamentales que afectan a todos los grupos españoles, sin consideración de tendencias políticas.
Congreso de la U.G.T.
Este Congreso que se celebró en París durante los días 13,14 y 15 de agosto, adoptó la siguiente resolución que fue aprobada por unanimidad:
1 -Aprobar el acto de la Comisión Ejecutiva suscribiendo en Febrero de 1957 la Declaración de París.
2 -Ratificar en sus propios términos, sin modificación de ninguna clase, dicha Declaración por acomodarse perfectamente al punto de vista de la U.G.T. trazado en su último Congreso.
3 -El Congreso acuerda la formación inmediata de una ALIANZA SINDICAL que estará formada por la Unión General de Trabajadores de España y la Confederación Nacional del Trabajo de España, que podrá ser extendida en el futuro a Solidaridad de Trabajadores Vascos, ésta en el plano regional, y otras organizaciones democráticas de trabajadores en el destierro y el interior del país, y para ello encarga a la C.E. que, sin dejarse influir por el recuerdo de varias frustraciones, negocie con los directivos de la C.N.T. un entendimiento entre ésta y la U.G.T. para coordinar en la esfera sindical los esfuerzos de la lucha contra Franco.
4 -Dicha ALIANZA SINDICAL tendrá carácter nacional y será aplicable en todas sus partes y disposiciones a las secciones y grupos de la U.G.T. y de la C.N.T. así como a aquellas otras organizaciones que en el exilio o en el interior de España formen parte de la alianza en el porvenir.
5 -Si se consigue tal entendimiento, del que debe ser base fundamental la alianza U.G.T.-C.N.T., nuestra Comisión Ejecutiva quedará facultada para figurar en un Comité de coordinación sindical que creará los organismos subordinados que sean necesarios.
6 -La Comisión Ejecutiva someterá a examen del Consejo General las dificultades que puedan oponerse al cumplimiento de estos acuerdos, pero proseguirá con entera libertad la negociación para cumplirlos si no surgiesen obstáculos que la estorbaran.
7 -Ninguno de estos acuerdos compatibles con la continuación de la U.G.T. en el Pacto de París, podrá ser alterado sino por resoluciones de otro Congreso igualmente soberano, debiendo convocarlo la C.E. con presteza en caso necesario.
Congreso de la resistencia
MILÁN, 7 oct., Ibérica: -Organizado por la Unión Internacional de los Jóvenes Demócratas Cristianos se ha celebrado en Varese durante los días 28, 29 y 30 de septiembre el CONGRESO DE LA RESISTENCIA. En la sesión de clausura, presidida por el Subsecretario de Estado del Gobierno italiano, Sr. Folchi, se aprobó una moción cuyos términos esenciales son estos:
Después de la sesión de clausura se organizó un desfile por las principales calles de la población. En medio de los discursos que se pronunciaron en la manifestación se guardó un minuto de silencio a la memoria de los demócratas que sufren en la lucha contra la dictadura española.

