191
Las reliquias, por el lado exterior de la iglesia podían observarse pero no tocarse pues esta abertura estaba resguardada mediante cerrojos y tres pestillos los cuales se cerraban con tres llaves distintas, que tendrían; el obispo, el confesor y la prefecta del monasterio. Borromeo, 1985, p. LXXIII.
192
En México la cratícula se ubicó al lado de la gran reja del coro bajo y corresponde al muro interior del templo y contrario de las puertas de la calle, paró que el sacerdote al llevar el viático, no pase frente a éstas. Era un hueco practicado en el muro a la altura del pecho, que se achicaba conforme se acercaba al interior del coro, de modo que, a su final sólo cabía la mitad de un rostro. Tanto para el templo como para el coro tenía sus puertas de madera, pintadas o talladas y el hueco del muro estaba lujosamente forrado de terciopelo o brocados. Maza, 1990, pp. 10 y 17.
193
ACCP. Memorial firmado por Michaela María de los Dolores, abadesa de La Santísima Trinidad, 20 de enero de 1769.
194
Vida de la madre Francisca de los Ángeles, en Vallarta, 1723, f. 93.
195
Los coros altos son raros en España. Tienen un balcón con reja y no existen por lo menos en Castilla, Maza, 1990, p. 193.
196
ACSJP. Carta de la superiora del convento de San Gerónimo al obispo de la Puebla de los Ángeles Fabián y Fuero, agosto 31 de 1769.
197
Este arco es el que cae encima del antepecho del coro. Tiene la forma redonda de un semicírculo. García Salinero, 1958, p. 43.
198
Gómez de la Parra, J., 1731, p. 79.
199
Regla, 1765. Para el caso de las Capuchinas, puede verse el trabajo de Arenas Frutos, 1994, p. 33.
200
La crónica
cita que las más primitivas constituciones «señalan que los maitines siempre se
digan a la hora acostumbrada, que es media noche; y esto lo puede
dispensar la abadesa con suficiente causa, haciendo que con
puntualidad se digan a prima en la noche».
Vallarta,
1723, f. 93.