Aunque su vasta labor intelectual se ramifique en direcciones muy diversas, Josep Palau i Fabre es, sobre todas las cosas, poeta; esto es, alguien empeñado en una «búsqueda quimérica de lo absoluto», por decirlo con sus palabras. En esa tarea, su poesía recorre los infiernos de la desolación del ser, conjuntando la tradición alquímica de la experimentación verbal con una modernidad furiosa, defensora de la ebriedad y de la bretoniana belleza convulsa.