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Antonio Rodríguez Huéscar

Presentación del portal Antonio Rodríguez Huéscar

Por Juan Padilla

Autorretrato de Antonio Rodríguez Huéscar, óleo sobre lienzo, hacia 1953.Antonio Rodríguez Huéscar pudo haber sido muchas cosas: arquitecto, pintor, escritor; sin embargo, tuvo la suerte o desventura de toparse en sus años universitarios, allá por la Segunda República, con Ortega y Gasset, quien lo sedujo irremediablemente para la filosofía. Atravesó la guerra como soldado, dejándose en ella muchas ilusiones. Fue maestro de escuela y profesor de instituto y, fuera de España, también de universidad. Escribió poco: una novela, varios estudios rigurosos sobre la filosofía de Ortega, un puñado de ensayos filosóficos. Ortega decía de él que tenía una cabeza «gótica», escolástica. Y en efecto, lo que ha hecho con el pensamiento orteguiano ha sido someterlo a rigurosa arquitectura.

Rodríguez Huéscar es ciertamente discípulo de Ortega, un discípulo imprescindible para entender a fondo dos o tres temas esenciales de la filosofía de su maestro; pero no es solo eso, si por discípulo se entiende alguien que no piensa por su cuenta. Porque Rodríguez Huéscar hace suya la filosofía de la razón vital, se la apropia de tal modo que, siendo creación ajena, llega a ser en él filosofía original, porque la repiensa desde su origen mismo, sin preocuparse por qué puede aportar de inédito o novedoso, interesado solo por la verdad.

Los pocos pero sustanciales escritos de Rodríguez Huéscar no han tenido, por diversos avatares, gran suerte editorial. Muchos de ellos se encuentran en publicaciones que han tenido escasa circulación y no son fáciles de encontrar. Desde ahora la mayoría forman parte de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Será sin duda para más de uno ocasión de grato descubrimiento. Además de por su calidad literaria, porque, pese a su aparente modestia, encierran un vigor intelectual y una autenticidad filosófica poco comunes.

Junto a los escritos se ofrecen también documentos e imágenes que ayudarán a entender la circunstancia y la vida en las que brotaron. Todo ello (vida, circunstancia y escritos) forma parte de un legado al que no nos conviene renunciar.