Saltar al contenido principal

David Rosenmann-Taub

Presentación

«David Rosenmann-Taub: Creador fuera de clases»

Cuando yo tenía 16 años, en 1949, solía escuchar un programa de radio llamado «Cruz del Sur», de la editorial del mismo nombre. Una tarde oí la voz de un joven que recitaba un poema que me produjo gran impresión. Era David Rosenmann-Taub, quien acababa de publicar Cortejo y Epinicio. Inmediatamente adquirí varios ejemplares y los regalé a mis amistades, incluyendo a mi maestro de castellano, el escritor Roque Esteban Scarpa. Él también se entusiasmó con el libro y escribió un artículo muy favorable. Lo mismo hicieron destacados críticos literarios, como Hernán Díaz Arrieta (Alone), Hernán del Solar y muchos otros. Esa obra tuvo una enorme repercusión y para mí fue el descubrimiento de un creador excepcional.

Pasó el tiempo y, entre 1961 y 1962, el pintor chileno Nemesio Antúnez me propuso dirigir una publicación de poesía con grabados. Cuando averiguaba sobre inéditos, me encontré con el poeta Alberto Rubio y le pregunté: «¿Habrá dejado David Rosenmann-Taub textos para ser publicados en forma póstuma?». «¿Por qué hablas de póstumo?», me inquirió sorprendido y agregó: «Vengo de estar con él». Fue entonces que lo conocí personalmente.

Se trata de un hombre con una cultura, una originalidad y un vocabulario vastísimos. A las palabras, a los hechos y a las cosas les da un uso que enriquece su literatura y también a quienes la leen. No hay ninguna obra de este poeta, gran músico, pianista y dibujante, donde no exista esa visión nueva del mundo, de la historia, de los seres humanos.

Pero su creación, como toda obra de arte profunda, no es fácil. Su calidad hace pensar que escribe no sólo para nuestra época, sino para todos los tiempos: para el futuro y para el pasado. T. S. Eliot dice que, cuando se concibe una poesía nueva, modifica las jerarquías, porque, al integrarse al canon de la alta literatura, varía la manera de mirar el pasado. Y eso pienso que ocurre con la poesía de David Rosenmann-Taub.

Pese a que Shakespeare murió en 1616, fue sólo redescubierto en la segunda mitad del siglo XVIII y su prestigio hoy sigue aumentando. De modo que la alta poesía, la alta música, las altas obras de arte requieren del paso del tiempo. En la actualidad, no obstante, hay un creciente número de personas que se están dando cuenta del grandísimo valor de la poesía de David Rosenmann-Taub. Su inclusión en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes es prueba de ello.

Armando Uribe Arce
(Premio Nacional de Literatura)