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Fernando Iwasaki

El autor: Apunte biobibliográfico

Fernando Iwasaki (2008) © Fernando VicenteNo hay piropo más literario que ser considerado un troyano. En mi caso, un troyano andaluz de apellido japonés que nació en el Perú.

Fernando Iwasaki, «Troyanos en la red».
Discurso pronunciado en el X Aniversario de la Fundación Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (Alicante, 27-10-2009)
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Familia Iwasaki Cauti (2008): celebración de las bodas de oro de sus padresLos orígenes de Fernando Iwasaki abarcan, al menos, cuatro países de tres continentes: su bisabuelo materno era italiano; su abuelo paterno, un japonés que se afincó en Lima en la década de 1920; y la abuela materna, ecuatoriana. Sus padres, Lila Rosa Cauti Franco y Gonzalo Iwasaki Sánchez, se casaron el 18 de enero de 1958. Un año después, nacía Gonzalo; y el 5 de junio de 1961, llegaba al mundo Fernando, el segundo de una familia que pronto se convertiría en numerosa: María Lila (1962), Miguel (1965), Rosario (1968), Gustavo (1973) y Susana (1975).

Cuenta Fernando Iwasaki que el crecimiento de la familia propició su temprana escolarización: con cuatro años y dos hermanos menores, entró en el Marcelino Champagnat. El colegio estaba en el distrito limeño de Miraflores, que aún era el barrio de clase media descrito por Mario Vargas Llosa. En Los cachorros (1967), el perro Judas emascula a Cuéllar en las duchas del Champagnat, y esa castración -símbolo quizá de la alienación educativa- impide su plena integración social. Lejos de las interpretaciones literarias, Fernando y sus compañeros creían que Judas estaba disecado en el museo del colegio. Iwasaki rememora así a su primera maestra:

Fernando Iwasaki con su maestra (Lima, 1966)sólo en los cuentos de la madre Paloma los zorros sonaban como zorros y las canastas se convertían en cestas [...]. Mamá me explicó que la madre Paloma había nacido en otro país que se llamaba España [...]. ¿Cómo llamaría la madre Paloma a los callos de los pies? A lo mejor mondongo. Ese fue el comienzo de una serie de precoces dudas y reflexiones sobre la lengua y el sexo.

(«Fueron las monjas madres», El descubrimiento de España, 1996, pp. 13-14).

Fernando Iwasaki en el último curso de secundaria (Lima, 1977)Al acabar la secundaria, llegó el momento de elegir una carrera:

La historia peruana, entonces, me parecía como incompleta, con una mirada tradicional un poco engañosa [...] tenía pánico de no ser un creador; entonces, la Historia me pareció una buena alternativa.

Fernando Iwasaki entrevistado por José Gabriel Chueca, Perú21, 27 de julio de 1995.

Con solo dieciséis años, se matriculó en Historia en la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUC), y empezó a trabajar como profesor en una academia. Antes de licenciarse, ya estaba impartiendo clases en la PUC (1983).

De ese periodo, data su primer relato publicado, «Mal negro es el Congo», que obtuvo una mención de honor en la III Bienal de Cuento Copé (1983), y apareció en el volumen Cordillera negra (1984). Su pasión por la literatura se unía a su interés por la Historia, mediante una trama sobre una rebelión de esclavos, situada en el Perú dieciochesco.

Familia Iwasaki Cauti (1982)Anuario de Estudios Americanos (Sevilla) publicó en 1984 su tesina, «Simbolismos religiosos en la metalurgia prehispánica». Ese mismo año, recibió una beca del Instituto Riva-Agüero y del Instituto de Cooperación Iberoamericana, para investigar en el Archivo General de Indias de Sevilla (España), donde permaneció hasta enero de 1986.

Mientras, siguió convirtiendo sus investigaciones históricas en materia literaria: en 1985, ganó el tercer premio de la IV Bienal de Cuento Copé con un relato que incluye numerosas referencias a la religiosidad Chavín, «El tiempo del mito», recogido en el libro La fuga de Agamenón Castro (1986).

Fernando Iwasaki y su mujer, Marle Cordero Moguel (Paracas, 1987)Retornó a Perú (1986), donde se casó con la artista sevillana María de los Ángeles Cordero Moguel (Marle), con la que tiene dos hijas y un hijo: María Fernanda (1988), Paula Isadora (1990) y Andrés Eduardo Ariichi (1995).

Su primer libro de relatos, Tres noches de corbata (Lima, AVE), apareció en 1987, y fue reeditado en 1994. Esos cuentos apuntan algunos rasgos característicos del autor: el amor por la palabra justa y la estructura cuidada, los finales sorpresivos, la importancia de los diálogos («Eco Yoruba»), el recurso a tramas históricas («Mar del Sur», «El tiempo del mito»), los elementos sobrenaturales («Tres noches de corbata»), los argumentos de terror («El ritual»), la aparición de personajes japoneses («La sombra del guerrero»).

Solapa de «Nación Peruana: Entelequia o Utopía» (1988)Ganó el Premio Nacional de Ensayo Alberto Ulloa (Perú, 1987) con «Ambulantes y comercio colonial: dinámica social de un proceso de conflicto», recogido en Ensayos peruanos a las puertas del siglo XXI (1988). En 1988, se matriculó en los cursos de Magister en Historia de la PUC; y publicó el libro Nación peruana: entelequia o utopía (Lima, Crese), un ensayo sobre las tendencias historiográficas, escrito en un tono crítico, irónico y muy personal.

Durante la etapa limeña, trabajó como docente en la PUC (1986-1989) y en la Universidad del Pacífico (1988-1989). Fueron años duros: bajo la presidencia de Alan García (1985-1990), el país vivió su peor crisis económica, una gran corrupción, y el recrudecimiento del terrorismo de Sendero Luminoso. Iwasaki colaboró en la campaña electoral de Mario Vargas Llosa hasta marzo de 1989, momento en el que dimitió de sus cargos, por estar contra la alianza de Movimiento Libertad con Acción Popular y Partido Popular Cristiano.

Con la inflación llegaron los aumentos de precios [...] y al final tuvimos que salir del Perú para instalarnos en Sevilla, donde se vive, se come y se goza sin sobresaltos.

Fernando Iwasaki, «Por qué escribo relatos o para cuándo novela», Un milagro informal (Madrid, Alfaguara, 2003, p. 11).

Volvió a Sevilla (1989) gracias a una beca para Hispanistas Extranjeros del Ministerio de Asuntos Exteriores de España. Hizo los cursos de doctorado en Historia de América en la Universidad de Sevilla, y allí mismo impartió Historia de América Prehispánica (1990-1991) como profesor invitado.

«El comercio ambulatorio en Lima» ILD, 1989)En 1989, publicó, junto a Enrique Ghersi e Iván Alonso, El comercio ambulatorio en Lima (Lima, ILD); y comenzó a colaborar en la prensa española, actividad que no ha cesado hasta el presente: Diario 16 (1989-1996), El País (1997-1998), El Cultural (1999-2000), Diario de Sevilla (1999-2000), ABC (desde 2000).

El ensayo Mario Vargas Llosa, entre la libertad y el infierno (Barcelona, Estelar) apareció en 1992. Ese mismo año, Iwasaki se graduó de Magister en Historia por la PUC, con Extremo Oriente y Perú en el siglo XVI (Madrid, Fundación Mapfre América, 1992), un trabajo que pone al descubierto, mediante una sólida investigación y el aporte de textos documentales, las tempranas relaciones de Perú con Japón, Filipinas y China. Peor suerte corrió la que iba a ser su tesis doctoral en la Universidad de Sevilla, Lo maravilloso y lo imaginario en la Lima colonial: por un problema con los plazos de homologación de títulos, quedó olvidada hasta que se reconvirtió en la novela Neguijón (2005).

Su asistencia a cursos de Non-Profit Management y Fundraising (Foundation Center, Nueva York, 1993), y su experiencia al frente del área de cultura de la Fundación San Telmo de Sevilla (1991-1994), facilitaron su contratación, en 1995, como director de la Fundación Cristina Heeren de arte flamenco (Sevilla). Ese cargo, que ocupa hasta la actualidad, lo ha compaginado con la dirección de la Fundación Alberto Jiménez Becerril contra el Terrorismo (Sevilla, 1998-2001), la de la revista literaria Renacimiento (Sevilla, 1996-2010), y la del Aula Cultural de ABC (Sevilla, desde 2003).

«El sentimiento trágico de la Liga» (Renacimiento, 1995)En 1993, publicó el libro de cuentos A Troya, Helena (Bilbao, Los Libros de Hermes), que toma el título del relato erótico homónimo; y, tras ganar el I Premio de Periodismo de la Fundación del Fútbol Profesional (1994), apareció El sentimiento trágico de la Liga (Sevilla, Renacimiento, 1995), una recopilación de artículos donde literatura, fútbol y humor se mezclan a partes iguales.

«Inquisiciones peruanas» (Páginas de Espuma, 2007)La prosa de Iwasaki desborda, a menudo, los géneros; por eso, resultan tan difíciles de clasificar obras como Inquisiciones peruanas (Sevilla, Padilla Libros, 1994), donde rinde homenaje a las Tradiciones peruanas de Ricardo Palma y a las Inquisiciones de Borges. Esta recopilación de procesos inquisitoriales limeños, que se fue incrementando hasta su edición definitiva (Madrid, Páginas de Espuma, 2007), ofrece una imagen de la ciudad muy distinta a la habitual, y cuestiona los límites entre herejía y santidad, gracias a su imitación paródica del lenguaje burocrático, su insistencia en temas sexuales, y su sentido del humor. Es una muestra más de cómo Iwasaki ha sabido convertir en literatura sus investigaciones históricas: en 1996, su artículo sobre los procesos inquisitoriales y de santidad en la Lima colonial, publicado en Hispanic American Historical Review, recibió el Conference on Latin American History Grant Award (Nueva York).

«El descubrimiento de España» (Nobel, 1996)La lúcida reflexión sobre España desde el punto de vista de un latinoamericano, El descubrimiento de España (Oviedo, Nobel, 1996), participa de la literatura, las memorias y el ensayo: cuida la palabra, recurre a la Historia y a los recuerdos personales, y aliña todos los ingredientes con una aguda ironía.

Dos años después, ganó la X Bienal de Cuento Copé con «El derby de los penúltimos» (recogido en el volumen homónimo, 1999), un excelente relato que establece el juego metaliterario de que «El sur», de Borges, se inspiró en los hechos narrados: la evolución de un escritor peruano que va cambiando de opciones políticas y literarias en Lima, Madrid y Buenos Aires.

«Libro de mal amor» (RBA, 2001; reed. Alfaguara Perú)A la selección de divertidas crónicas televisivas que diseccionan la sociedad española, La caja de pan duro (Sevilla, Signatura, 2000), siguió Libro de mal amor (Barcelona, RBA, 2001), una jocosa relación de diez fracasos amorosos que pueden leerse como diez relatos independientes o como una novela fraccionada. En cualquier caso, el tributo al arcipreste de Hita resulta tan evidente como la recreación literaria de experiencias, la conexión con el cine de Woody Allen, la cercanía a Echenique y a Cabrera Infante, las intertextualidades, y su explícita intención: «quiere ser una declaración de humor: porque mientras hay risa, hay esperanza» (p. 6).

En las novelas hay que ganar por puntos y en los relatos por knock-out [...] la novela puede ser poco hecha y el cuento debe estar bien cocido. [...] La novela siempre consiente una recalentada, mientras que el cuento -como la película- «sólo se fríe una vez». [...] La novela quita el hambre y el cuento abre el apetito.

Fernando Iwasaki, «Por qué escribo relatos o para cuándo novela», Un milagro informal (Madrid, Alfaguara, 2003, pp. 11-12).

«Un milagro informal» (Alfaguara, 2003)En la selección de los que él consideraba sus catorce mejores relatos, Un milagro informal (Madrid, Alfaguara, 2003), se percibe su maestría en el tratamiento del lenguaje, capaz de combinar con frescura vocabulario culto, citas eruditas, giros peruanos, expresiones populares y trazas líricas. Iwasaki aúna tramas ingeniosas, profundidad psicológica y requiebros inesperados, a través de diversos subgéneros: el cuento de terror («El ritual»), el policíaco («La invención del héroe», «Un muerto en Cocharcas»), el fantástico («La sombra del guerrero»), el histórico («Taki Ongoy»), el mitológico («Erde»), el erótico («Hawai, cinco y medio», «La jumelle fatale»). Se denuncia el machismo, la soledad, los absurdos vitales y políticos sin perder la sonrisa, porque aplica el humor incluso a situaciones tan terribles como la manipulación por parte del Estado («Un milagro informal»), la hipócrita represión sexual («El vuelo de la libélula») y el terrorismo («Rock in the Andes»).

«Ajuar funerario» (Páginas de Espuma, 2004)Con Ajuar funerario (Madrid, Páginas de Espuma, 2004), su tendencia a la concisión alcanzó la cima. En la línea de maestros del terror como Poe, Lovecraft, Borges y Cortázar, estos micro-relatos se acercan al haiku por su expresividad y su capacidad sorpresiva, y constituyen uno de los ejemplos más logrados de la prosa de Iwasaki. A través de la ingenuidad de sus personajes infantiles («La muchacha nueva», «Día de difuntos», «Abuelita está en el cielo») o desde sus finales inesperados («Las reliquias»), nos retrotraen a los escalofríos de la infancia. Imposible no estremecerse con la pavorosa historia de «No hay que hablar con extraños»; o con «Vamos al colegio», donde la aparente cotidianidad presagia el desastre. El universo de la pesadilla, servido con cuentagotas, se torna tan lúgubre como inquietante.

«Neguijón» (Alfaguara, 2005)En 2005, aparecieron los ensayos desmitificadores de clichés identitarios reunidos en Mi poncho es un kimono flamenco (Lima, Sarita Cartonera); una novela corta de tema erótico poblada de atractivos personajes a los que se enfoca desde la ternura y el humor, Mírame cuando te ame (Lima, Pensa); y la novela Neguijón (Madrid, Alfaguara), que se acerca al desquiciado mundo del Barroco español y peruano, con un lenguaje que recrea el de la época, abundantes juegos metaliterarios, personajes históricos y una desbordante imaginación. El resultado es un homenaje a Cervantes, un recorrido por la literatura de los Siglos de Oro, una denuncia de las supersticiones que se incluyen entre temas como el dolor, la escatología y la locura colectiva, tratados con un humor negro cercano al de Quevedo y lindante con el esperpento.

La literatura es el esparcimiento más turbador.

Fernando Iwasaki, entrevistado por Alejandro Tellería,
The Barcelona Review, n.º 45, 2004
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«Helarte de amar» (Páginas de Espuma, 2006)Iwasaki ha definido Helarte de amar (Madrid, Páginas de Espuma, 2006) como un libro de cuentos de ciencia-fricción. Son relatos que conjugan erotismo y humor, juegos de palabras y piruetas intelectuales, evocaciones doctas y cultura de masas.

«Republicanos» (Algaba, 2008)Tras publicar la edición definitiva de Inquisiciones peruanas (2007), ganó el Premio Algaba de Ensayo 2008 con rePUBLICANOS. Cuando dejamos de ser realistas (Madrid, Algaba), donde la sencillez y el distanciamiento se dan cita con la erudición para mostrar las similitudes entre España e Hispanoamérica, sus errores comunes, la ignorancia de la primera hacia la segunda, los mitos de Hispanoamérica respecto a España, y la condición común de ambas: el hecho de ser más «publicanas» (recaudadoras de impuestos) que «republicanas» (hacedoras del bien común).

Hay dos españas y sólo es posible escribir para una de las dos. Mi elección es clara y rotunda: siempre escribo para la España que sabe reírse de sí misma.

Fernando Iwasaki, España, aparta de mí estos premios (Madrid, Páginas de Espuma, 2009, p. 14).

Solapa de «España, aparta de mí estos premios» (2009) ©Daniel MordzinskiEn 2009, Fernando Iwasaki fue nombrado socio de honor de Nocte, la Asociación Española de Escritores de Terror. Además, publicó España, aparta de mí estos premios (Madrid, Páginas de Espuma), un divertido ejercicio de crítica a lo absurdo de los premios literarios, desarrollado en forma de siete variaciones sobre el mismo relato, más un esclarecedor «decálogo del concursante consuetudinario».

Cuando se escriben estas líneas, acaban de aparecer tres nuevos ensayos de Iwasaki: Sevilla, sin mapa (Sevilla, Paréntesis Editorial), Arte de introducir (Sevilla, Renacimiento) y Nabokovia Peruviana (Arequipa, Aquelarre / Sevilla, La Isla de Siltolá).

Aunque parezca imposible, su labor como articulista, narrador y gestor cultural no le ha impedido seguir profundizando en su interés por la literatura: en 2005, se matriculó en los cursos de doctorado de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Salamanca; en 2006, recogió relatos de seis narradoras y veinticinco narradores nacidos o residentes en Andalucía, en Macondo boca arriba. Antología de la narrativa andaluza actual (1948-1978) (UNAM, México, 2006); en 2008, preparó con Jorge Volpi una edición de Cuentos completos, de Edgar Allan Poe (Madrid, Páginas de Espuma), reeditada cuatro veces en dos años.

Ni las lecturas, ni los consejos, ni el tiempo, ni la seguridad serían suficientes para escribir si Marle no me sonriera.

Fernando Iwasaki, rePUBLICANOS (Madrid, Algaba, 2008, p. 206).

Fernando Iwasaki (2003) © Santi BurgosExcelente conversador, divertidísimo conferenciante, tan hábil para arrancar carcajadas en una charla con adolescentes como para insertar datos relevantes en un círculo académico, Fernando Iwasaki es un autor hilarante, irónico y profundo. Su condición de ambidiestro, de hombre con doble nacionalidad y orígenes heterogéneos, de investigador y fabulador no ha podido sino facilitar la creación de ese universo literario que se tiñe de Historia, que va y vuelve del erotismo al terror, del humor a la reflexión. Sus pasiones, sus raíces, sus viajes, sus lecturas, sus inquietudes, todo deja huella en una prosa asentada sobre el poder de la palabra, que se pule o se retuerce, se adelgaza o se adorna, según convenga. Sin subordinarse a géneros ni convenciones, su obra resulta hedonista al tiempo que sorprendente, fantástica a la vez que apegada a la realidad. Por sus líneas se deslizan con igual comodidad los autores clásicos y los guiños musicales, las referencias cinematográficas y los tributos artísticos.

Confiamos en que esta Página de autor sea una pequeña muestra de ello. Por la generosidad de Fernando Iwasaki, que nunca ha evitado alabar a quienes admira, esta página intentará, además, ser una ventana hacia la literatura peruana contemporánea, de la que él es tan representante como de la española.

Mar Langa Pizarro