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Francisco Ynduráin

El autor: «Una semblanza de Francisco Ynduráin Hernández»

Francisco Ynduráin Hernández nació en Aoiz (Navarra) el 25 de junio de 1910 en la calle Mediodía (que hoy lleva su nombre) 10, 1.º, en el edificio anexo a la actual sede de la escuela de música y de la asociación de apoyo a la cultura, a los jóvenes y a los mayores, Bilaketa1.

Hijo de Félix y Pura, formaba parte de una familia de 5 hermanos, de los que dos murieron muy jóvenes. Sus primeros estudios los realizó en Aoiz, y cursó dos años del bachillerato elemental en la Escuela Apostólica de Javier. Después estudió el bachillerato universitario de Letras por libre en Aoiz. Huérfano de padre y madre, en 1928 se trasladó a Sangüesa con su abuela materna. Cursó la carrera de Filosofía y Letras en la Universidad de Salamanca, donde fue discípulo de Miguel de Unamuno, con cuya obra mantiene una relación admirativa y crítica. En esta misma universidad fue Profesor Auxiliar en la Facultad de Filosofía y Letras, aunque abandonó este cargo para participar en la Guerra Civil. Jaume Claret Miranda recoge en El atroz desmoche:

El navarro Francisco Ynduráin [sic] Hernández, auxiliar de Filosofía y Letras, se unía voluntariamente al Requeté de Pamplona entre julio y septiembre de 1936. Posteriormente, al ser llamada su quinta, pasó al cuerpo de Ingenieros, hasta que el 12 de marzo de 1937 se le licenciaba por ser el tercer hermano en filas2. (93)

Tras su licenciatura tuvo una activa vida intelectual en la que organizó dos ciclos de Conferencias, junto a la Delegación del Estado para Prensa y Propaganda, para ensalzar la obra de Menéndez Pidal, eterno aspirante al Premio Nobel de Literatura por parte del régimen, que tuvieron lugar en septiembre de 1937 y mayo de 1938 en la Universidad de Salamanca. Se licenció con premio extraordinario y se doctoró en la Universidad de Madrid en 1940, año del nacimiento de su hijo mayor, Francisco Ynduráin Muñoz (1940-2008), quien sería Catedrático de Física Teórica de la Universidad Autónoma de Madrid3. Según consta en su expediente personal de la sección Gobernación, Caja 55/1968 (Archivo General de la Administración de Alcalá de Henares), obtuvo la Cátedra en Lengua y literaturas españolas en la Universidad de Oviedo y el traslado de la citada Cátedra a la Universidad de Zaragoza el 7 de mayo de 1941 enfrentándose en el concurso con Ángel Valbuena Prat, quien no pudo presentar «hoja de servicios como está obligado; por Orden de 3 de febrero de 1940 le fue abierto expediente administrativo para su depuración».

Estuvo en Zaragoza durante cerca de 30 años con su esposa Dora Muñoz Burón. Allí tuvo sus otros dos hijos. En 1943 nace Domingo Ynduráin Muñoz, también filólogo (1943-2003), Catedrático en la Universidad Autónoma de Madrid4, y en 1946, Félix Ynduráin Muñoz, Catedrático de Física de la Materia Condensada de la Universidad Autónoma de Madrid5. En Zaragoza colaboró en la radio y como crítico literario en El Noticiero, ocupando el vicedecanato de Letras y el vicerrectorado de la Universidad. Su labor académica fue muy activa durante esos años. Rememora Dámaso Santos:

¿Quién que tuviera que ver o, quisiera con las letras no aprendió algo de él en aquella fertilísima etapa -desde los años oscuros de la posguerra a la transición -zaragozana?

Ynduráin simultaneaba su labor docente e investigadora con una página literaria a su cargo en el citado periódico. Junto al crítico del Heraldo de Aragón, Luis Horno Liria, creó el premio de la Crítica (de ámbito nacional y sin dotación económica) que sigue otorgándose cada año a obras ya publicadas, y cuya sede fue Zaragoza durante bastantes ediciones, con estos intentaron establecer en lo sucesivo un poco de orden en el boom de los certámenes que entonces surgían a menudo. En 1956 organiza la primera reunión para fallar los premios. Don Francisco fue su presidente. De hecho, en algunas ocasiones, su voto de calidad fue decisivo para otorgar el premio a algunos autores que la posterioridad ha canonizado, uno de ellos es Ignacio Aldecoa, ganador del premio en 1958. La anécdota, narrada por Dámaso Santos, es interesante:

Algunos no podemos olvidar, cuando la tercera convocatoria de ellos, en medio de las votaciones, la voz, el viento de aquel roble fornido susurrando algo así como: «No, no podemos dejar pasar sin el premio este libro». El libro era la novela el Gran Sol, de Ignacio Aldecoa...

Aldecoa era más conocido como poeta, aunque su obtención del accésit del Premio Planeta en 1954 por El fulgor y la sangre, ya le había otorgado cierta preeminencia en el campo de la narrativa, su obtención del premio de la crítica por Gran Sol, resultó un espaldarazo fundamental a su labor. Es de destacar que la participación de Ynduráin en la fundación de este premio indica su capacidad de mantenerse permanentemente al día en lecturas y corrientes creativas. Asimismo, indica su amplitud de miras. El co-creador del premio, Luis Horno, crítico literario, era un ferviente católico y no dudaba en presentar reparos de índole moral en sus escritos. Sin embargo, premiaron las obras estilísticamente rompedoras y socialmente comprometidas de los nuevos novelistas, como el citado Ignacio Aldecoa, Rafael Sánchez Ferlosio, Ana M.ª Matute o Álvaro Cunqueiro.

Como profesor en Zaragoza hasta 1971, Ynduráin se especializó en Siglo de Oro y Barroco de la literatura española y, sobre todo, en narrativa moderna en la que destacan sus estudios sobre novela hispana, francesa, y, en especial, inglesa y norteamericana. Aunque su actividad académica es plena en estos años, presenta un claro interés divulgativo pues colaboraba también de algún modo con temas humanísticos en Radio Zaragoza. A la vez, mantuvo una clara vocación giróvaga a lo largo de toda su vida, en el citado expediente del Archivo General de la Administración consta que el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes le concedió varias excedencias en el extranjero. Así se lee que:

Por telegrama de 5 de mayo de 1942 se le conceden ocho días de permiso a partir del otorgado por su Rectorado (que ha sido de quince días).

Por Orden 313.49 autorizado para trasladarse a París, del 20 de abril al 3 de mayo próximo [sic] en viaje de estudios con un grupo de alumnos y los catedráticos Sres. Ladarra y de Miguel y Casas Torres.

Por Orden 11-5-49 autorizado para trasladarse a París del 15 de mayo al 1.º de junio en viaje de estudios.

Por Orden de 11-mayo-49 autorizado para trasladarse a los Estados Unidos de América, durante los meses de septiembre, octubre y noviembre próximos debiendo atenerse a la O. M. de 7-V-55 (B.º M.ª del 23).

Por Orden de 26-XI-57 autorizado para trasladarse a Alemania en la primera quincena del próximo mes de diciembre.

Por Orden de 25-abril-58 autorizado para trasladarse a Inglaterra de el [sic] 28 de abril al 14 de mayo próximo.

A estos viajes hay que sumar su estancia en Italia (Florencia) en 1951 no consignado en otro lugar de su archivo. En su estancia del 58 viaja a Inglaterra como profesor de intercambio con la Universidad de Bristol y da conferencias en las universidades de Oxford, Cambridge y Londres. En su estancia alemana estuvo en las universidades de Múnich, Erlangen, Tübingen, Heidelberg, Colonia y Bonn. Sin duda, aprovecharía Ynduráin estos viajes a lo largo de su carrera profesional para escribir sobre asuntos poco conocidos de Literatura Universal del momento. Quizá no encontremos a un comparatista completo en Ynduráin (al estilo de un Claudio Guillén), sin embargo, es indudable que su atención a las literaturas de otros países (Francia, Alemania, Reino Unido y Estados Unidos), contrasta con el ambiente cerrado y algo provinciano de la España del momento y, por ende, de su ambiente universitario.

Sus estudiantes de aquellos años destacan con fervor su magisterio y su presencia. Rememora Juan Marín:

Sí, era como un David Niven doctorado en Salamanca, como un pariente británico de los Baroja o como un aristócrata navarro confidente de Hemingway. (80)

Su mayestatismo y un cierto fingido desdén quedan claros en varios de los comentarios de sus antiguos alumnos, quienes lo perfilan como un dandi anglófilo. Un «pelotari oxoniense» como lo dibuja Carlos Alvar. Algo así opina también Mariano Anós:

Su personalidad era una mezcla extraña de cercanía campechana y una especie de distancia vagamente británica. Un hombre preciso y puntilloso pero también tolerante y un punto descreído, como si estuviera siempre un poco en otro sitio, sin dejar de estar cómodo y relajado en el que compartía.

Alguna de estas afirmaciones varían sensiblemente la percepción que de la ideología política de Ynduráin se pueda propagar si solo vemos sus años de juventud (cf. Claret Miranda 93 y notas). Su alumno Fernando Villacampa asevera lo excepcional de su figura en una universidad de provincias:

Para sus alumnos, era ante todo un profesor diferente; a menudo nos preguntábamos qué hacía un catedrático como él en una Facultad como aquella. Un hombre liberal, de pensamiento y de talante, en un ambiente donde no pocos de sus colegas eran hoscos de trato y cortos de miras, o fervorosamente adictos al Régimen. Cómo no iba a tener aspecto de desencantado. Tenía el aire de sentirse por encima de todo el mundo; es que realmente lo estaba. (Marín 81)

Anós coincide plenamente en lo anterior:

En el contexto de aquel claustro destacaba, creo que junto con Federico Torralba, como una personalidad que escapaba al provincianismo y la mediocridad generales. (Marín 82)

El método docente de Ynduráin tendía hacia el diálogo y la mayéutica. José María Díez Borque recuerda:

Recuerdo sus preguntas a comienzo de clase: ¿Qué han visto en la obra? ¿Qué problemas les ha planteado? ¿Qué dudas tienen?...  etc., y, a partir de aquí, organizaba su docencia. Confieso que, al principio, acostumbrados a otros métodos y formas, nos desorientaba este «sistema docente» de don Paco. (56)

El ambiente universitario de entonces es complicado. En esos años, frecuentó junto a Eugenio Frutos, catedrático de Filosofía, la tertulia de Los espumosos, y la del café Niké, presidida por el poeta Miguel Labordeta6. También fue intensa su labor en cursos de verano que tenían lugar en Santander, Zaragoza, y Pamplona como su famosa «relección de clásicos» en los que combina estudios sobre escritores aragoneses para la Institución Fernando el Católico -con los otros maestros José Manuel Blecua e Ildefonso Manuel Gil-; sobre Galdós, Valle-Inclán, Jorge Guillén, el mismo Ildefonso o Miguel Labordeta; sobre literatura moderna norteamericana e inglesa. Datan de esta época sus estudios sobre el uso de la segunda persona en las voces de la novela, sus páginas «de lector a lector», sus estudios sobre novela, su «Antología de la novela española» o sus profundas y exactas aportaciones a muchos autores de la novelística norteamericana: ¿Por qué nos gusta el Quijote? (1942), El dialecto navarro-aragonés antiguo (1946), Notas lexicales (1947), El Quijote y Don Quijote (1950), España en la obra de Hemingway (1952), La novela norteamericana en los últimos 30 años (1952), Novelas y novelistas españoles (1936-1952) (1952), La obra de William Faulkner (1953), Mística y poesía en San Juan de la Cruz (1953), Resentimiento español: Arturo Barea (1953), El pensamiento de Quevedo (1954), Una nota a Celestina (1954), Refranes y "frases hechas" en la estimativa literaria del s. XVII (1955), Lope de Vega como novelador (1962), Obras dramáticas de Cervantes (1962), Sobre le nouveau roman (1967), Relección de clásicos (1969) y Galdós, entre la novela y el folletín (1970). Editó, asimismo, textos de Baltasar Gracián y Braulio Foz. Sobre este tema escribió también Clásicos modernos (1969) con un innovador enfoque de la poesía de Unamuno. Fue secretario general de la UIMP durante 14 cursos hasta su cese en orden de 30 de octubre de 1969. Ynduráin es nombrado miembro correspondiente de la Real Academia Española en 1966 y de la Real Academia de la Historia en 1968. Fue consejero del CSIC (1956), del Instituto Cervantes, de la Universidad Hispanoamericana de Los Ángeles (1965) y de la Fundación Juan March. En el Archivo General consta una hoja de servicios, que utilizó para la cátedra que obtuvo en la Universidad de Madrid, en la que figuran 29 años, 8 meses y 26 días. En esta hoja aparecen, entre otros cargos, los de Vicedecano de la Facultad de Letras de Zaragoza, Vicerrector de la misma Universidad, Director de la revista Universidad, del Instituto de Idiomas de la Universidad, consejero de la Institución «Fernando el católico», vicepresidente de la Asociación europea de Profesores de Español, presidente de la Dante Alighieri Local, miembro de la comisión para el fomento de la dedicación a la Universidad y «profesor del hoy Príncipe de España, S. A. R. D. Juan Carlos, por nombramiento ministerial».

En 31 de septiembre 1971 se trasladó con la Cátedra a la Universidad Complutense de Madrid. Según se indica en el Archivo General, tuvo un profundo interés en mantener la cátedra hasta esa fecha exacta, pese a haber obtenido su plaza de Catedrático en la entonces Universidad de Madrid el año anterior en el concurso oposición de 7 de julio. Ya en Madrid, pasó a vivir a un domicilio muy cercano al Estadio Bernabéu. Recuerda José María Díez Borque:

En 1971 don Paco se vino a Madrid, y con él abandonamos Zaragoza los penenes que nombró a finales del curso anterior. A don Paco le costó mucho dejar Zaragoza y así nos lo comentaba en los primeros días de Madrid. Era natural, después de tantos años en tierras aragonesas, pero su destino complutense fue importante para él y para los que con él vinimos. (57)

El sistema de movilidad universitaria entonces vigente favorecía y, en cierto sentido, obligaba a que los profesores se trasladaran a medida que iban ascendiendo en el escalafón de los títulos académicos. Esta movilidad auspiciaba la germinación de nuevas ideas que germinaban durante el transcurso de la carrera de los mejores profesores, entonces y ahora por lo general los de mayor querencia a lo giróvago. Aquellos concursos de traslados permitieron la coincidencia en la Universidad Complutense de luminarias como Francisco Ynduráin y Francisco López Estrada. Como recuerda Ángel Gómez Moreno:

los dos catedráticos llegaron a Madrid al beneficiarse de aquellos concursos de traslado a los que la LRU, con su biensonante y tantas veces desvirtuada autonomía universitaria, puso punto final. Don Francisco Ynduráin vino en 1971 y don Francisco López Estrada en 1975 […] Como era norma por aquel entonces, ambos dieron el salto a Madrid para cerrar su ciclo académico (Ynduráin, además, tenía ya a dos de sus tres hijos en la capital; el tercero, Domingo, llegaría en 1972) y para intentar el acceso a una Real Academia Española que, no por falta de méritos, se les resistió. Lo más llamativo es que, mientras el equipo de López Estrada quedó íntegramente en Sevilla, Ynduráin trajo a Madrid a varios de sus discípulos, hoy catedráticos o profesores titulares acreditados como catedráticos que encaran la recta final de su carrera docente. (73)

Son estos años de reconocimiento internacional. Su actividad de estos años le lleva a pronunciar conferencias por los Estados Unidos, Europa, Marruecos y a ser ponente en diversos congresos como el C. Internacional de Escritores en Lengua Española (Las Palmas) de 1979. En el Archivo General también figura su nombramiento como rector de la UIMP en 24 de enero de 1975. Sus campos de trabajo se centran en la novelística galdosiana y en Cervantes. Trabaja activamente con, entre otras, la Casa Museo Galdós, donde interviene con una conferencia en el «Ciclo galdosiano» de 1971; de vocal en el jurado del Premio de Novela y Narración Breve «Pérez Galdós» así como en los primeros congresos internacionales galdosianos (1977, 1978, 1985, 1990, 1993), la Concesión del Premio de Novela y Narración Breve «Pérez Galdós» (1980), y de la que recibe una de las cinco primeras medallas de honor otorgadas a los congresistas que han destacado por su dedicación a la investigación galdosiana y por su esfuerzo en la consolidación de los Congresos Galdosianos. En esta época publica De lector a lector (1972), Literatura de España (1973), Baroja el Novelista (1974), Hacia una poética de Juan Ramón (1978). Da clases en la Escuela Diplomática en 1976.

Con respecto a su obra, quizá no esté de más recordar que fue uno de los primeros críticos españoles que mostró entusiasmo por estudiar la literatura más allá de nuestras fronteras. Frente al adocenamiento de algunos de sus compañeros, Ynduráin frecuentó clásicos en otras lenguas y fomentó enormemente la literatura en lengua inglesa y en francés y dejó páginas estupendas sobre el noveau roman francés, sobre Hemingway y la novela norteamericana desde los años 20 a los cincuenta o sobre William Faulkner en la década de los cincuenta. Quizá esto se deba a su talante liberal, el cual le marcaba en lo personal -desde una distancia, claro, de otros tiempos- y también en lo académico. Su eclecticismo y la atención a lo novedoso y extranjero no era otra cosa que manifestación de ese espíritu. Como indica Santos Sanz:

no existe adjetivo que mejor le cuadre que el de liberal. Esta es la actitud que observé tanto durante los años estudiantiles como en todo el tiempo restante. No hacía referencias políticas Ynduráin en clase. Creo que veía con cierta simpatía los movimientos contra el franquismo. Y, desde luego, nunca hizo comentarios adversos a la agitación universitaria. Su silencio era elocuente en aquellos momentos. (109)

Entre Zaragoza y Madrid, Ynduráin crea escuela: entre sus discípulos estuvieron Manuel Alvar, Fernando Lázaro Carreter, José María Aguirre, Domingo Ynduráin Muñoz, José Carlos Mainer, Santos Sanz Villanueva, José María Díez Borque, Ángela Ena...

En la primavera de 1980 don Francisco se despedía en ocasión de su jubilación en el Salón de Actos de la Facultad de Geografía e Historia. Continúa con su trabajo intelectual y académico después de esta. De esta época datan algunos de sus mejores trabajos sobre Cervantes. De hecho, se conserva una conferencia que se puede escuchar en la página web de la Fundación Juan March, donde se registra una conferencia suya, dada en Madrid el 23 de febrero de 1984, sobre los Entremeses. También datan sus trabajos sobre Francisco García Pavón (Madrid, 1982) y Los Moriscos y el teatro en Aragón (1986) en este momento. En 1992 recibió el homenaje de Aoiz, que le dedicó una calle y le nombró hijo predilecto. En 1994 recibió, a propuesta del grupo «Bilaketa» de Aoiz, el premio «Príncipe de Viana» otorgado por el Consejo Navarro de Cultura.

Muere en Madrid el 25 de octubre de 1994, en su honor se ha instituido el Premio Francisco Ynduráin de las letras para escritores jóvenes que organiza Bilaketa desde 1987.

Obras citadas

  • Bobes Naves, María del Carmen, «Don Francisco Ynduráin, mi colega entrañable en Zaragoza», Como aré y sembré, cogí: Homenaje de Bilaketa a Francisco Ynduráin, Aoiz, Bilaketa, 2010, pp. 50-53.
  • Claret Miranda, Jaume, El atroz desmoche. La destrucción de la universidad española por el franquismo, 1936-1945, Barcelona, Crítica, 2006.
  • Díez Borque, José María, «Don Paco: un estilo», Como aré y sembré, cogí: Homenaje de Bilaketa a Francisco Ynduráin, Aoiz, Bilaketa, 2010, pp. 56-58.
  • Gómez Moreno, Ángel, «Don Francisco Ynduráin en su jubilación (1979-1980)», Como aré y sembré, cogí: Homenaje de Bilaketa a Francisco Ynduráin, Aoiz, Bilaketa, 2010, pp. 71-77.
  • Marín, Juan, «Francisco Ynduráin, un extranjero en la universidad de Zaragoza», Como aré y sembré, cogí: Homenaje de Bilaketa a Francisco Ynduráin, Aoiz, Bilaketa, 2010, pp. 80-83.
  • Santos, Dámaso, «Francisco Ynduráin, forjador de maestros», El País, martes, 1 de noviembre de 1994.
  • Sanz Villanueva, Santos, «Don Francisco Ynduráin, con cálida disposición». Como aré y sembré, cogí: Homenaje de Bilaketa a Francisco Ynduráin, Aoiz, Bilaketa, 2010, pp. 106-111.

1. Fundada en septiembre de 1976, la asociación se dedica a programas relacionados con el mundo de la cultura, de las personas jóvenes y de los mayores. De entre las diversas actividades de la asociación que se relacionan con Francisco Ynduráin destacan la Universidad para Mayores, Francisco Ynduráin, y el Premio Francisco Ynduráin de las Letras para Escritores Jóvenes, con el que desde entonces se viene reconociendo anualmente la labor literaria de los jóvenes creadores navarros.

2. El autor del libro mantiene que posiblemente su unión al frente estuviera motivada por su fervor político: «Para los más entusiastas de la causa insurgente, a quienes el trabajo teórico o práctico en la retaguardia se revelaba insuficiente, siempre existiría la posibilidad de incorporarse al frente» (93).

3. En 1968 Francisco Ynduráin hijo obtuvo plaza de Profesor Agregado en Física Teórica de la Complutense; en 1970 fue nombrado Catedrático de Física Matemática de la Universidad de Zaragoza, y en 1971 se trasladó definitivamente a la Autónoma de Madrid como Catedrático de Física Teórica.

4. Domingo fue profesor en las universidades de Zúrich y Lausana en Suiza y de la de Lovaina en Bélgica. Durante los últimos años de su vida fue catedrático de Literatura Española en la Universidad Autónoma de Madrid. Véase también su página de autor en Cervantes Virtual.

5. Félix Ynduráin fue director general del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT) desde 1995, en enero de 2002 fue nombrado Secretario General de Política Científica.

6. También tuvo relación con José Antonio Labordeta a quien, siendo Ynduráin Secretario General de la UIMP, invitó al Paraninfo de La Magdalena. El acto adquirió el tono de protesta cívica esperable. Rememora Santos Sanz: «Cuando, para cerrarlo, la vigorosa voz del cantautor aragonés acometió aquellos entonces subversivos versos “habrá un día / en que todos / al levantar la visa / veremos una tierra / que ponga libertad”, los asistentes que llenábamos el recinto, encendidos mecheros y cerillas, coreamos la canción y la convertimos, según era habitual, en denuncia. Fue algo verdaderamente emocionante. Ynduráin, patrocinador de aquel acto de previsible alcance reivindicativo, y que logró bastante resonancia, estuvo ausente del recital. Era su forma de apoyo cauta, pero no poco arriesgada, al cambio. De esa actitud abierta dejó constancia en clase» (109).

Julio Vélez Sainz
Universidad Complutense de Madrid