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Marcelino Menéndez Pelayo

Presentación del portal Marcelino Menéndez Pelayo

Marcelino Menéndez Pelayo. Fotografía de Kaulak.La ordenación de la ingente obra de Marcelino Menéndez Pelayo es, en sí misma, un problema que está muy lejos de haberse resuelto de una forma unívoca. Se han publicado hasta el momento tres colecciones de obras de Marcelino Menéndez Pelayo, todas ellas distintas en su planteamiento y contenido.

La primera de ellas fue la única publicada en vida del autor, entre 1883 y 1908. Apareció no como una colección independiente, sino dentro de otra más amplia: la Colección de Escritores Castellanos, colección propiedad de Mariano Catalina Cobo. La Colección publicó 161 volúmenes entre 1880 y 1929. Entre ellos hay 22 tomos que recogen obras de don Marcelino.

La segunda edición de unas Obras de Marcelino Menéndez Pelayo quedó truncada por la muerte del autor. La colección se anunciaba como «edición definitiva, revisada por el autor», e iba a ser impresa por el librero Victoriano Suárez. El impulsor del proyecto era Adolfo Bonilla y San Martín. Pero la muerte del polígrafo, en 1912, ocasionó que sólo pudieran publicarse en vida del autor los tres primeros volúmenes de la colección. Bonilla siguió revisando la edición de los sucesivos tomos, hasta 1926, fecha de su muerte. Desde esa fecha, hasta 1933 coordina la edición Miguel Artigas.

La tercera y última edición y la más conocida y usada durante muchos años es la llamada Edición Nacional de las Obras Completas de Menéndez Pelayo. En rigor es quizás el proyecto de edición de la obra de un autor más prolongado en el tiempo de la Historia de España, pues la publicación comenzó en 1940 con el primer tomo de la Historia de las Ideas Estéticas, y culminó en 1974. La Edición Nacional ha sido, desde su publicación, la referencia en los estudios de Menéndez Pelayo. Pero hay que decir que su ordenación, la elección de los materiales y la composición de los volúmenes son obra de los dos responsables de la edición: Miguel Artigas y Enrique Sánchez Reyes.

Estas tres ediciones, proponen, cada una de ellas, una ordenación diferente, una distinta composición de los volúmenes, y unos criterios diferenciados de agrupamiento de textos. El mismo don Marcelino contribuyó a esta confusión, pues su proyecto de Obras de 1911 difiere notablemente de la forma con la que hasta el momento había publicado sus libros.

Quizás, por todo ello, el lector se encuentre sorprendido por la ordenación de materias que aquí proponemos, que constituye un nuevo agrupamiento. Pero abrigamos la esperanza de que resulte más sencillo y más accesible para que el lector interesado pueda acceder con facilidad a las obras de Marcelino Menéndez Pelayo.

Borja Rodríguez Gutiérrez
Universidad de Cantabria