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Domingo Faustino Sarmiento «Carta de Yungay» en Las ciento y una. Los datos completos de los textos citados a lo largo del trabajo se consignan en la «Bibliografía».
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Es interesante pensar cómo se coloca Campaña en relación con los exiliados argentinos en Chile: el texto podría leerse también como un instrumento que Sarmiento manipula para frenar o problematizar el apoyo a Urquiza por parte de los exiliados antirrosistas.
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De los muchos artículos críticos que analizan -entre otras cosas- esa escena inaugural, cabe destacar «Notas sobre Facundo» y «Echeverría y el lugar de la ficción» ambos de Ricardo Piglia y «Saber del otro: escritura y oralidad en el Facundo de D. F. Sarmiento» de Julio Ramos.
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Todas las citas de Campaña en el Ejército Grande corresponden a la edición de la Universidad de Quilmes.
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Ver Domingo Faustino Sarmiento Las ciento y una y Juan Bautista Alberdi Cartas sobre la prensa y la política militante de la República Argentina y Complicidad de la prensa en las guerras civiles de la República argentina (1853): Buenos Aires, Estrada, 1945. Para un análisis detallado de la polémica cfr. Andrea Cobas Carral «Sarmiento/Alberdi: Apuntes para una polémica posible. (O de cómo construir los esquivos destinos de la patria)».
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«De los boletines, de cincuenta que le mandaba al principio, convenimos en mandarle doscientos en adelante a él para satisfacer la demanda y hubo Boletín que a mil ejemplares se agotó. Los jefes de las divisiones de Rosas se los leían a la tropa; los soldados que sabían leer iban a deletrearlos en grupos y el General cuyos elogios, cuya gloria hacían esos Boletines, se mordía de cólera y trataba de humillar a quien tanto quería hacer por él. A Ascasubi le encargaba hacer versos gauchescos, y le daba por ello dinero, y a mí me decía: "¡Este Ascasubi cree que él es quien hace la campaña con sus versos!". Servirse de dos y ajarlos, he aquí el sistema de los caudillos, pero yo había estudiado a Facundo, y jurado servir bien y hacerme respetar, y conseguí lo uno y lo otro»
(Sarmiento 1998: 174).
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De algún modo, la focalización que Sarmiento hace sobre la cinta colorada justifica lo precipitado de la marcha hacia su segundo exilio. Así, un hecho que podría aparecer como nimio -el uso de la cinta colorada- en relación con lo que se pone en juego -la reorganización nacional- legitima la actitud sarmientina y le otorga a esa nueva partida un cierto halo de «patriotismo» que de otra forma no tendría.
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«¿Pensaba yo escribir? Valdría tanto preguntar: ¿Pensaba obrar? Esto dependía de esa misma circunstancia señalada por el General, de su conducta. Temblaba de extraviarme, exigiendo demasiado, y vacilaba. Quería publicar esta misma campaña, y temía ser asaz severo en el juicio de las cosas y de los hombres»
(Sarmiento 1998: 260).