21
El hecho de que el lector buscado por el autor se deba identificar aquí de modo ilimitado con el protagonista de la obra, permite pensar en los rasgos de la literatura de mero entretenimiento. Pero es indispensable considerar que la actitud del lector -desde el punto de vista de Silva- pertenece al círculo del estilo simbolista de fines del siglo XIX, para el cual es un elemento básico la correspondencia íntima entre el autor de la obra literaria y el lector buscado, quien debe constituir para sí la obra a través del acto de lectura. La constitución de la obra en ese sentido presuponía una simpatía entre la totalidad de su expresión y contenido y las sensaciones o percepciones del lector. A propósito de sus poemas, José Fernández se expresa del todo en un sentido semejante: «Es que yo no quiero decir sino sugerir y para que la sugestión se produzca es preciso que el lector sea un artista»
(subrayado, José Asunción Silva, p. 136).
22
Gustave Flaubert, L'éducation sentimentale, París 1964, «Ce fut comme une apparition»
(p. 4); «Leurs yeux se rencontrèrent»
(p. 5).
23
De hecho, cuando Silva escribió De sobremesa ya existía el monólogo interior como un discurso literario situado dentro de un texto en un lugar preponderante. Pero difícilmente hubiera podido el colombiano conocer la novela de Edouard Dujardin Les lauriers son coupés, publicada como libro en 1888. Esta hipótesis se apoya menos en la suposición de que la obra no hubiera sido accesible al escritor latinoamericano que en el hecho de que Dujardin no tenía en la escena literaria de ese momento un lugar que hubiera podido llamar la atención del latinoamericano esencialmente alimentado con informaciones de segunda mano. Dentro de la literatura posnaturalista, en la que se incluye el propio Silva, eran otros los autores que suscitaban interés.
24
J. K. Huysmans, A rebours, Préface, en: OEuvres Complètes de J. K. Huysmans, tomos, París 1928-1934, tomo 7, p. XXIII.
25
J. K. Huysmans, Emile Zola et L'Assommoir, en: OEuvres completes de J. K. Huysmans, tomo 2, pp. 149-192, p. 174.
26
L. Schrader, Las impresiones sensoriales, p. 278 y ss.
27
Gabriele D'Annunzio, Trionfo della morte. «A Francesco Paolo Michetti», en: Prose di romanzi, I, s. l.7 1964, s. p. (p. 654). Véase también el párrafo que precede a esta dedicatoria: «Avevamo più volte insieme ragionato d'un ideal libro di prosa moderno che -essendo vario di suoni e di ritmi come un poema, riunendo nel suo stile le piu diverse virtù della parola scritta- armonizzase tutte le varietà del conoscimento e tutte le varietà del mistero; alternasse le precisioni della scienza alle seduzioni del sogno; sembrasse non imitare ma continuare la Natura; libero dai vincoli della favola, portasse alfine in sé creata con tutti i mezzi dell'arte letteraria la particolar vita -sensuale sentimentale intellettuale- di un essere umano collocato nel centro della vita universa»
(Subrayado en el texto original). Estas ideas se remiten sin duda a la dedicatoria de los Petits poëmes en prose de Baudelaire a Arsène Houssaye y al prólogo de Theóphile Gautier a la edición de las OEuvres complètes de Charles Baudelaire (1869), que se había reeditado varias veces y que alcanzó una considerable influencia en todos sus coetáneos.
28
También en la novela de Bourget André Cornélis (1887), que José Fernández menciona (p. 217) y en la que también las sensaciones y percepciones de un personaje se hallan en el centro de la trama (aunque por muy distintas razones), nos hallamos frente a un yo que narra en retrospectiva. El empeño de confesarse que motiva al narrador de Bourget en su relato, lo tomó también años más tarde D'Annunzio para una constelación de contenido similar y para un mismo procedimiento narrativo en su novela L'Innocente.
29
Henri-Frédéric Amiel, Fragments d'un journal intime, précédés d'un étude par E. Scherer, 2 tomos, París 1882-1884.
30
Para la recepción de los famosos diaristas del siglo XIX, que hacia 1880 era muy fuerte, véase A. Girard, Le journal intime, París 1963, p. 87 y ss., pp. 549-599, especialmente p. 576 y ss.