«El Mañana»
Leopoldo Brizuela
-Desde el título y el primer capítulo remite a Conrad.
-El barco, el nombre del barco, (Tomorrow)
-El río, (Heart of Darkness)
-El argumento, desde el principio, es tan extraño como sugerente. Una comunidad de escritoras viajan en un barco llamado el Mañana, cuando un grupo comando las detiene y las pone presas.
El libro, hasta allí, provoca una cierta incomodidad, parecida al fenómeno que acontece en El Matadero, y que se sostiene durante todo el libro. Si ustedes recuerdan, el personaje de Echeverría, que encarna el bien, es mucho más inverosímil que la gente del matadero. El matadero, el lugar de los victimarios, es la realidad, el unitario es la literatura, es la utopía.
-Las escritoras forman una especie comunidad utópica, una utopía consolidada. Y Elisa Argañaraz no es simplemente una integrante más de este grupo, sino una especie de representante emblemática de esta comunidad: su subjetividad está absolutamente estructurada por los axiomas que todas sostienen. Es, en todo sentido una subjetividad correcta.
-Elisa es política: está absolutamente convencida de la importancia del grupo, y por lo tanto, de su propia importancia. De la bondad del grupo, y de su propia bondad. De la inteligencia del grupo y de su propia inteligencia. Es decir: un personaje que cuyo narcisismo y autosuficiencia la novela mina página a página, dejando paso a una desesperación secreta, y a una no menos imprevista fragilidad.
-Paradoja sobre el ataque aquel grupo comando-matadero: de la armonía consigo mismo no sale jamás la literatura. El grupo comando, en la trama narrativa, ha llegado para que salga de Elisa una literatura nueva.
Hay otro personaje fundamental en la novela que evoca a Conrad, más precisamente a The secret sharer, ese cuento extraordinario en Conrad que un marino esconde en su cuarto un «cómplice secreto» durante muchísimo tiempo.
El «cómplice secreto» de Elisa no es ya una mujer sino un extraño soldado israelí.
-Es muy sugestiva la inclusión de un hombre, y por si esto fuera poco, ejem, de un soldado israelí, y la equiparación de la experiencia de Elisa Argañaraz con la del estado de Israel. Y me van a permitir contar una historia. «Lo que se necesita en Israel es tener un enemigo para no enfrentarse con los problemas internos», me dijo mi amigo Shimon Adafl, «para no enfrentar como un problema la adicción nacional a la violencia.»
En este sentido Elisa no hace más que preguntarse ¿cuál sería el enemigo? Es entonces cuando la narradora, que hasta aquí, como verán, es absolutamente distinta de Luisa Valenzuela, empieza a parecérsele se le parece mucho, ya que, como todos ustedes recordarán, la obsesión de nuestra escritora no es el lado oscuro del enemigo, sino el propio lado oscuro que se revela en la lucha con él.
-Desde entonces, la novela pasa a tomar otro cariz. Desde el principio, uno comprende que el «verosímil» construido por Valenzuela no es el de una novela realista. Que no hay una «realidad» representada por la ficción. La ficción es la manera en que una mujer, en una situación crucial que no termina de entender, va representándose a sí misma.
-Va representándose digo, va logrando representarse, reconstruirse, porque ya no hay una cultura ni una facción de la cultura que le diga cómo es.
-Omer que es un personaje infinitamente más simpático y sensato que la narradora, por eso puede ayudarla, ensaya una definición: «en todo hombre hay un fundamentalista y una mujer». La pregunta desde entonces sería qué hay en toda mujer. ¿Hay una mujer y fundamentalista, o hay también una fundamentalista y un Omér?
-La pregunta va guiando la novela por caminos insondables, absolutamente americanos, y del presente y del pasado -villa reparación-, que no les voy a adelantar.
-En este sentido, a nada se parece más que a Proust. Uno entiende que La Recherche... es ante todo un Yo, que está tratando de reorganizar su identidad con la memoria inconsciente. No a partir de la conciencia de sí misma sino de la inconciencia. Así toma otra idea de sí misma.
-Aquí los dejo entonces con la novela señalando apenas dos cosas admirables. 1) Una, literaria, lo bien escrita que está. La ductilidad de una prosa que se presta a todas las averiguaciones, a todas las exploraciones. 2) La valentía. Todos trabajamos con una trama, porque tenemos miedo. Dice en cambio Grace Paley. «Siempre he despreciado ese línea recta irremediable entre dos puntos. No por razones literarias, sino porque desvanece toda esperanza. Todo el mundo, sean seres reales o inventados, merece el destino abierto de la vida.»
-A Elisa le han quitado el cómodo barco para que, como en Instrucciones para un viaje al infierno, siguiera el viaje sola y hacia dentro. Cuando no se tiene más adónde ir en la literatura, hay que ir al cuerpo, hacia adentro, hacia el secreto escondido por el lenguaje. Jugándose la propia identidad. Les invito a leer a esta nueva Luisa Valenzuela. Que no es la que conocemos, sino la del mañana.