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Los cabellos de Absalón

Gran comedia

Pedro Calderón de la Barca


[Nota preliminar: Edición a cargo de Evangelina Rodríguez Cuadros. Grupo de investigación Léxico y Vocabulario de la práctica escénica de los Siglos de Oro: hacia un diccionario crítico e histórico. Proyecto TC/12.

Edición de Evangelina Rodríguez Cuadros, Madrid, Espasa-Calpe (colección Clásicos Castellanos), 1989. El texto base empleado es el de 1684: LA GRAN COMEDIA / LOS CABELLOS / DE ABSALÓN / DE DON PEDRO CALDERÓN / DE LA BARCA / Octaua Parte / DE / COMEDIAS / DEL CÉLEBRE POETA / ESPAÑOL / DON PEDRO CALDERÓN / DE LA BARCA. / CAVALLERO DE LA ORDEN DE SANTIAGO [...] / QUE CORREGIDA POR SUS ORIGINALES / PUBLICA / DON IVÁN DE VERA TASSIS Y VILLARROEL [...] En Madrid. Por Francisco Sanz, Impresor del Reino [...] Año de 1684.]



PERSONAS QUE HABLAN EN ELLA
 

 
EL REY DAVID.
JOAB.
ABSALÓN.
ADONÍAS.
AMÓN.
JONADAB.
TAMAR.
TEUIA (sic).
AQUITOFEL.
ELIAZAR.
SEMEY.
ENSAY.
PASTORES.





ArribaAbajoJornada I

 

Tocan cajas, sale DAVID por una puerta, y por la otra ABSALÓN, SALOMÓN, TAMAR y AQUITOFEL.

 
SALOMÓN
       Vüelva felicemente,
de laurel coronada la alta frente,
el campeón israelita,
azote del sacrílego moabita.
ADONÍAS
Ciña su blanca nieve 5
de la rama inmortal círculo breve,
[el] defensor de Dios y su ley pía,
horror de la gentil idolatría.
ABSALÓN
Himnos la fama cante
con labio de metal, voz de diamante, 10
de Jehová al real caudillo,
de Filistín al trágico cuchillo.
TAMAR
Hoy de Jerusalén las hijas bellas,
coronadas de flores y de estrellas,
entonen otra vez con mayor gloria 15
del Goliat segundo la victoria.
DAVID
Queridas prendas mías,
báculos vivos de mis luengos días,
dadme todos los brazos.
 

(Abraza DAVID primero a SALOMÓN, después a ABSALÓN, después a ADONÍAS y a TAMAR.)

 
Renuévese mi edad entre los lazos 20
de dichas tan amadas,
¡Ay dulces prendas, por mi bien halladas!
Adonías valiente,
llega, llega otra vez. Y tú, prudente
Salomón, otra vez toca en mi pecho, 25
en amorosas lágrimas deshecho.
Bellísimo Absalón, vuelve mil veces
a repetirme el gusto que me ofreces
en tan alegre día.
Y tú no te retires, Tamar mía 30
que he dejado el postrero
tu abrazo, ¡ay mi Tamar!, porque no quiero
que el corazón en gloria tan precisa,
viendo que otro le espera, me dé prisa.
A Rabatá, murada y guarnecida 35
ciudad del fiero Amón, dejo vencida,
sus muros excelentes
demolidos, sus torres eminentes
deshechas y postradas,
y sus calles en púrpura bañadas: 40
gracias primeramente
al gran Dios de Israel, luego al valiente
Joab, general mío,
de cuyo esfuerzo mis aplausos fío.
JOAB
Honras, señor, tu hechura. 45
AQUITOFEL

  [Aparte.] 

¡Infelice el que sirve sin ventura,
pues habiendo yo sido leal soldado,
no fui de una razón galardonado!
DAVID
Mas con haber tenido
tan singular victoria, no lo ha sido 50
sino el volver a veros;
si bien tantos contentos lisonjeros
confunden su alegría,
considerando que el felice día
que vengo victorioso, 55
que entro por el alcázar suntuoso
de Sión, que salís con ansias tales
todos a recibirme a sus umbrales,
en ocasión tan alta,
Amón no más de entre vosotros falta; 60
Amón mi hijo mayor y mi heredero,
a quien como mayor estimo y quiero.
¿Qué es la causa, Adonías,
de que él no aumente las venturas mías?
ADONÍAS
Yo, señor, no sé nada. 65
DAVID
Salomón, una pena imaginada,
es más que acontecida.
¿Qué ha sucedido a Amón? Di, por tu vida.
SALOMÓN
Absalón lo dirá: yo no he sabido
que pueda nada haberle sucedido. 70
ABSALÓN
Ni yo lo sé tampoco.
DAVID
En vuestra suspensión mis penas toco.
Tamar, ¿qué hay de tu hermano?
TAMAR
A mí señor, pregúntasmelo en vano;
que, en mi cuarto encerrada, 75
vivo aun de los acasos ignorada.
DAVID
¿No hay quien de Amón me diga?
AQUITOFEL
Sí, señor. Criado soy, amor me obliga
a que nada te calle,
aunque razones el discurso halle 80
para no dar avisos de una pena,
a cuyo fin se excusan todos; llena
de otra razón el alma,
no quiero rescatarte aquesta calma,
porque a ignorado mal no se da medio, 85
y sabido, se trata del remedio.
Amón, tu hijo, señor, ha muchos días,
que ha dado en padecer melancolías
y tristezas tan fuertes,
que por no ser capaz de muchas muertes, 90
enfado de la luz del sol recibe,
con que entre sombras vive,
y aún está sin abrir una ventana,
ni ver la luz hermosa y soberana.
Tanto Amón se aborrece, 95
que el natural sustento no apetece:
ningún médico quiere
que le entre a ver; y, en fin, Amón se muere
de una grave tristeza,
pensión que trae la Naturaleza. 100
DAVID
Aunque nazca la nueva que me has dado
de lealtad, te la hubiera perdonado,
Aquitofel, porque es tan mal contento
el disgusto, el pesar, el sentimiento,
que lo mismo que quiso 105
saber, oyendo tan pesado aviso,
saberlo no quisiera,
porque lo supo ya; que es de manera
desconversable el mal de un afligido,
que ignorado y sabido, 110
da siempre igual cuidado:
pues siempre es mal, sabido o ignorado.
Entrar, ¡ay Dios!, a descansar no quiero
en mi cuarto primero
que en el de Amón: venid todos conmigo. 115
Ingrato soy, Señor, ingrato, digo,
al grande favor vuestro:
bien en mis sentimientos hoy lo muestro,
pues cuatro hijos que veo
con salud, no divierten mi deseo 120
tanto como lo aflige y atormenta
uno sin ella. ¡Oh ingrata y descontenta
condición que tenemos
los humanos, haciendo siempre extremos!
ABSALÓN
Este es de Amón el cuarto; ya has llegado 125
más del afecto que del pie guiado.
DAVID
Abrid aquesta puerta.
JOAB
Ya, señor, está abierta
y al resplandor escaso que por ella
nos comunica la mayor estrella, 130
al príncipe se mira,
sentado en una silla.
 

[Corriendo una cortina, se descubre AMÓN sentado en una silla arrimada a un bufete, y de la otra parte estará JONADAB.]

 
TAMAR
¿A quién no admira
verle tan divertido
en sus penas, que aun no nos ha sentido?
DAVID
¡Amón!
AMÓN
¿Quién me llama?
DAVID
Yo.
135
AMÓN
¡Señor!, pues ¿tú aquí?
DAVID
¿Tan poco
gusto te deben mis dichas,
mi amor y afecto tan corto,
que no llegas a mis brazos?
Pues yo, aunque tú riguroso 140
me recibas, llegaré,
hijo, a los tuyos. Pues, ¿cómo,
empezando en mí el cariño,
aun no obra en ti el alborozo?
¿Qué tienes, Amón? ¿Qué es esto? 145
Que aunque tus tristezas oigo,
pensé que al verme templaras
de su violencia el enojo.
¿Aun parabién no me das,
cuando vuelvo victorioso 150
a Jerusalén? ¿Mis triunfos
aún no vencen tus enojos?
Un príncipe que heredero
es de Israel, cuyo heroico
valor resistir debiera 155
constante, osado y brioso
los ceños de la fortuna
y del lado los oprobios,
¿tanto a una pasión se rinde,
tanto a una pena que absorto, 160
confuso, triste, afligido,
no les permite a sus ojos
la luz del día, negando
la entrada a sus rayos de oro?
¿Qué es esto, Amón? Si de causa 165
nace tu pena, no ignoro
que podré vencerla yo:
tuyo es mi imperio todo,
dispón del a tu albedrío,
desde un polo al otro polo. 170
Y si no nace de causa
conocida, sino sólo
de la natural pensión
deste nuestro humano polvo,
aliéntate; imperio tiene 175
el hombre sobre sí propio,
y los esfuerzos humanos,
llamado uno, vienen todos.
No te rindas a ti mismo,
no te avasalles medroso 180
a tu misma condición:
mira que el pesar es monstruo
que come vidas humanas
alimentada del ocio.
Sal deste cuarto, o pues vienen 185
a él tus hermanos todos
hoy conmigo, habla de ellos.
Llegad, pues, llegad vosotros,
ya que ternezas mías
pueden con Amón tan poco. 190
ADONÍAS
Príncipe…
ABSALÓN
Hermano…
SALOMÓN
Señor…
TAMAR
Amón…
AMÓN

 (Aparte.) 

A esta voz respondo.
TAMAR
¿Qué tienes?
SALOMÓN
¿Qué sientes?
ABSALÓN
¿Qué
te aflige?
ADONÍAS
¿Qué te da asombro?
DAVID
¿Qué apeteces?
TODOS
¿Qué deseas?
195
AMÓN
Sólo que me dejéis solo.
DAVID
Si en eso no más estriban
tus deseos rigurosos,
vamos de aquí.

 [Aparte.] 

(Por volver
a hablarle a solas, lo otorgo; 200
que quizá no se declara
por estar delante todos).

  (Alto.) 

Venid. Ya solo te quedas.
¡Ay infeliz, qué de gozos,
qué de gustos, qué de dichas 205
desazona un pesar solo!

  (Vase.) 

JOAB
¡Qué extraña melancolía!

  (Vase.) 

AQUITOFEL
¡Qué silencio tan impropio!

  (Vase.) 

ADONÍAS
¡Qué violencia tan cruel!

  (Vase.) 

SALOMÓN
¡Qué afecto tan poderoso! 210

  (Vase.) 

TAMAR
Saben los cielos, Amón,
Cuánto tus tristezas lloro.
ABSALÓN
Yo, no.
TAMAR
Absalón, ¿eso dices?
ABSALÓN
Sí, que es heredero heroico
de David; y si él se muere, 215
quedo yo más cerca al solio:
que a quien aspira a reinar
cada hermano es un estorbo.
TAMAR
Aunque su muerte sintiera,
me holgara verte en su trono; 220
que, en efecto, tú y yo hermanos
de padre y madre somos.
 

(Vanse y quedan solos AMÓN y JONADAB.)

 
AMÓN
Jonadab, ¿fuéronse ya?
JONADAB
Sí, señor, unos tras otros,
como suelen los dineros 225
de quien gasta poco a poco,
que piensa que no hace mella
ahora un real y luego otro;
y cuando menos se cata,
halla el talego más gordo 230
hecho esqueleto de anjeo.
AMÓN
Pues salte tú fuera y todo.
JONADAB
¿Ya te olvidas de que tu
valido soy?
AMÓN
No lo ignoro,
que eres tú sólo quien tiene 235
licencia entre mis dudosos
discursos para asistirme;
pero quiero quedar solo.
JONADAB
Yo lo haré de buena gana;
que no es rato muy gustoso 240
el de un amo, cuando está
saturnino e hipocondrio;
pero antes que me vaya,
he de preguntarte: ¿cómo
a tu padre y tus hermanos 245
respondiste de aquel modo?
¿Es posible que ninguno
merezca de tus penosos
males saber la ocasión?
AMÓN
No. Si yo a mí propio 250
me la pudiera negar,
la negara, cuando noto
que yo de mí mismo
me avergüenzo si la nombro.
Es tal, que aun de mi silencio 255
vivo tal vez temeroso,
porque me han dicho que saben
con silencio hablar los ojos.
Tan en lo más retirado
del pecho la causa pongo 260
de mi pena, que tal vez
al corazón se la escondo,
porque el corazón no pueda,
sobresaltado al asombro
de reconocerla, dar 265
un golpe más recio que otro.
Tan en lo más escondido
de la vida le aprisiono,
que aun este soplo que entra
a dar vitales despojos, 270
no sabe della, porque
no pueda el aire curioso
decir por lo destemplado
de algún suspiro que arrojo:
«Este sabe de la causa, 275
pues sale ardiendo este soplo».
En fin, está mi dolor
tan atado en los más hondo
del alma, que el alma misma,
alcaide de calabozo, 280
no sabe el preso que guarda,
con ser su consejo propio.
JONADAB
Sin duda eres sodomita,
que yo otra causa no toco
que a tanto silencio obligue. 285
AMÓN
¿Que siempre hayas de ser loco?
JONADAB
No está en mi mano el ser cuerdo.

  (Dentro, ruido.) 

AMÓN
¿Qué pasos son los que oigo?
JONADAB
Tamar, tu hermana, que habiendo
dejado en su suntüoso 290
cuarto a David, vuelve al suyo
por ese corredor.
AMÓN

 (Aparte.) 

¿Cómo,
calladas pasiones mías,
a esta ocasión me reporto?
Pero ha de ser, ¡ah, deseo!, 295
que aun a sólo ver su rostro
no he de salir a la puerta.
Mas, ¡ay!, que en vano me opongo
de mi estrella a los influjos;
pues cuando digo animoso 300
que no he de salir a verla,
es cuando a verla me pongo.
¿Qué es esto, cielos? ¿Yo mismo
el daño no reconozco?
¿Pues cómo al daño me entrego? 305
¿Vive en mí más que yo propio?
No. ¿Pues cómo manda en mí,
con tan gran imperio otro,
que me lleva donde yo
ir no quiero?
JONADAB
O soy un tonto,
310
o anda por aquí…
AMÓN
¿Qué miras?
JONADAB
Tengo aquí que hacer un poco.
AMÓN
¿No te he dicho que te vayas?
JONADAB
Sí, señor, mas por lo propio
no lo he hecho yo.
AMÓN
Éntrate allá.
315
JONADAB

  (Aparte.) 

(En esta puerta me pongo.
Por eso dijo uno que
galanes los criados somos,
pues el más sucio criado
no deja de ser curioso.) 320

  (Escóndese.) 

AMÓN
Desde aquí veré a Tamar;
que no he de ser tan medroso,
que he de pensar que en efecto
se haya de salir con todo.
Y aun porque vean mis penas 325
como las lidio y propongo,
la he de ver y la he de hablar;
que no es valiente ni heroico
corazón que, antes del riesgo,
se apellidó victorioso. 330
 

(Sale TAMAR.)

 
¡Oh bellísima Tamar!
TAMAR
No entréis conmigo vosotros;
esperad en esta puerta.

  (A AMÓN.) 

¡Cuánto estimo, cuando torno
a mi cuarto, cuando queda 335
con mi padre el reino todo,
que me hayas, Amón, llamado!
Que yo, aunque con amoroso
pecho siento en tus tristezas,
no entrara, porque conozco 340
que cualquiera compañía
le sirve a un triste de estorbo.
Mas ya que aquesta ocasión,
te he debido, cuando oigo
mi nombre, Amón, en tus labios, 345
mal haré si no la logro,
suplicándote merezca
ser yo quien del riguroso
dolor que te aflige, llegue
a oír la causa; que no poco 350
alivia el mal quien la cuenta
con satisfacción a otro
de que ha de sentirle; y puesto
que yo a feriar me dispongo
a mis lágrimas tus voces, 355
mi fe es fiadora de abono.
Hagan su oficio tus labios,
harán el suyo mis ojos.
Vea yo como tú sientes,
verás tú cómo yo lloro. 360
AMÓN
    Si yo, divina Tamar,
mi pena decir pudiera;
si capaz de mi voz fuera
el pesar de mi pesar;
si me pudiera explicar, 365
solamente a ti, (¡ay de mí!),
lo dijera; y siendo así,
que a ti te lo callo, cree
que a nadie se lo diré,
pues no te lo digo a ti. 370
    Aunque es tan grande y tan rara
pena, y tanto se acrisola,
que a ti la dijera sola,
y a ti sola la callara:
la contrariedad repara 375
de mis ansias, pues aquí,
siendo tú sola, ¡ay de mí!
quien no sabe esta quimera,
a cualquiera lo dijera,
por no decírtela a ti. 380
TAMAR
    Si una misma razón halla
en tu pena al padecella,
por quien yo debo sabella,
ya me ofende quien la calla.
La curiosidad batalla 385
en la parte del poder
saberla; y que soy mujer
advierte, y he de insistir
por saberla, y la he de oír,
pues no la puedo saber. 390
AMÓN
    Ya que ese empeño me obliga,
sin que salida le halle,
por mi parte a que lo calle,
por la tuya a que lo diga;
sin que en mí se contradiga 395
el hablar y enmudecer,
te tengo de obedecer.
Oye… Mas has de advertir,
que yo te la he de decir,
y tú no la has de saber. 400
    Yo amo, Tamar; mi dolor
amor imposible es:
¡mira si es bien grande, pues
es imposible y amor!
TAMAR
Ya es mi confusión mayor. 405
¡Di de quién! Que aunque me den
cuenta sus voces, no bien
se explican.
AMÓN
¡Ay Tamar mía!
Yo te dije que diría
por qué muero, no por quién. 410
TAMAR
    Yo lo pregunto admirada
de que haya quien, querida
de ti, no esté agradecida,
cuando no esté enamorada.
AMÓN
No es ella, no, la culpada; 415
que aunque yo por ella muero,
no sabe ella que la quiero,
ni lo ha de saber jamás.
TAMAR
¿Por qué?
AMÓN
Porque estimo más
lo que amo que lo que espero. 420
    Fuera de que tanto ha sido
el temor que la he cobrado,
que aventuro el verme amado,
por no verme aborrecido.
Y así, callar he querido, 425
porque sé que he de ofendella.
Máteme, Tamar, mi estrella,
y su sufrimiento no;
que más quiero morir yo,
que ser la ofendida ella. 430
TAMAR
    Pues, ¿por qué se ha de ofender
de verse de ti querida,
si la más desvanecida
mujer, en fin es mujer?
Bien podrá no agradecer, 435
de su honor haciendo alarde;
sentir, no. No te acobarde
nada, que del más tirano
desdén se queja temprano
el que se declara tarde. 440
    Declárate, pues.
AMÓN
No puedo.
TAMAR
¿Por qué?
AMÓN
Porque temo y porque dudo.
TAMAR
Di tu dolor.
AMÓN
Estoy mudo.
TAMAR
Sepa tu mal.
AMÓN
Tengo miedo.
TAMAR
Habla.
AMÓN
Absorto al hablar quedo.
445
TAMAR
Escríbela.
AMÓN
Es ofendella.
TAMAR
Hazla señal.
AMÓN
Tiemblo al vella.
TAMAR
¿Es más que una mujer?
AMÓN
Sí.
TAMAR
Pues quéjate, Amón, de ti.
AMÓN
No haré sino de mi estrella, 450
cuyo influjo es tan severo,
que a morir, Tamar, me obliga
antes que a mi dama diga:
tú eres el dueño que quiero,
tú la gloria por quien muero, 455
tú la causa por quién lloro,
tú a quien explicarme ignoro,
tú la deidad a que aspiro,
tú la belleza que admiro,
tú la hermosura que adoro. 460
    Compadécete de mí,
hermoso imposible, pues
tan rendido a ti me ves
que me ves morir por ti.
TAMAR
Basta, no más; que si aquí 465
te di ese consejo, fue
sólo animándote a que
lo digas a ella, a mí, no.
AMÓN
¿Pues acaso he dicho yo
más de que no [le] diré? 470
    Si bien tu consejo puedo
decirte que me ha alentado
tanto, que ya me ha quitado
la primer parte del miedo:
y pues olvidado quedo 475
con el examen que toco,
porque vaya poco a poco
perdiendo el miedo al hablar,
(que engaños han de curar
la imaginación de un loco), 480
deja, Tamar, que prosiga
este ensayo a mi dolor,
porque lo sepa mejor
cuando a mi bien se lo diga.
TAMAR
Tanto tu pena me obliga, 485
que así obligarla espero,
seguirte la tema quiero,
por si algún descanso adquieres.
AMÓN
Pues haz cuenta que tú eres
la hermosa por quien me muero, 490
para ver si a su desdén
sabré declararme yo.
TAMAR
Yo haré mi papel, mas no
sé si lo sabré muy bien.
AMÓN
Hermoso imposible a quien, 495
desde que en un jardín vi,
la vida y alma rendí,
que ahora de nuevo te ofrezco,
si bien lo que yo aborrezco,
no es dádiva para ti. 500
    Deste atrevimiento mío
no tengo la culpa yo,
porque en mí solo nació
esclavo el libre albedrío.
No sé qué planeta impío 505
pudo reinar aquel día,
que aunque otras veces había
tu beldad visto, aquél fue
el primero que te amé,
bellísima Tamar mía. 510
    Mas ¿qué he dicho?
TAMAR
Tente, espera;
mira que yo haciendo estoy
la dama y Tamar no soy.
AMÓN
Dices bien; mas de manera
labios y ojos en la fiera 515
aprensión de mis enojos
confundieron los despojos,
que, equívocamente sabios,
se arrebataron los labios
en lo que vieron los ojos. 520
TAMAR
    Pues, siendo así, dese error
ojos y labios absuelvo,
y al pasado engaño vuelvo.
Amón, príncipe, señor,
aunque yo de vuestro amor 525
vivo muy desvanecida,
el ser quien soy os impida
tan alto empeño, porque
si así habláis, no volveré
a escucharos en mi vida. 530
AMÓN
¿Eso me respondes?
TAMAR
Sí.
Mas ¿de qué te afliges, pues
esto fingimiento es?
AMÓN
Pues si es fingimiento, di.
¿para qué me hablaste así? 535
¿Qué te importaba, Tamar,
alguna esperanza dar
a rendimiento tan justo?
¿Tenía más costa un gusto
de fingir, que no un pesar? 540
TAMAR
    No, pero de tal manera
que tus labios y tus ojos
confundieron tus enojos,
persuadiéndote a que era
yo tu dama, considera 545
que en mí también confundidos
al oírte mis sentidos,
se equivocaron más sabios,
respondiéndote mis labios
a lo que oyen mis oídos. 550
    Y así, pues que no se puede
de efecto alguno este engaño,
pues vemos que en él el daño
por limitarse, se excede,
en este estado se quede; 555
que no es fácil de engañar,
Amón, placer ni pesar.
Ame tu pecho a quien ama,
que Tamar no ha de hacer dama
que no hable como Tamar. 560

 (Vase.) 

AMÓN
¿Quién mayor desdicha vio?
¿Que aun la piedad de un engaño
se convierta en mayor daño
que el que la verdad me dio?
¿Quién me aconsejará?
 

(Sale JONADAB.)

 
JONADAB
Yo,
565
cuya curiosidad ciega
hoy a haber sabido llega
cuál es tu mal, y por quién;
que al fin ve lo mismo quien
mira jugar que el que juega. 570
AMÓN
¿Luego tú ya has entendido
la causa de mi pasión?
JONADAB
Sí, señor; que no hay mirón
que antes tahur no haya sido.
AMÓN
Pues un consejo te pido. 575
JONADAB
Aunque es opinión extraña
que ha menester el que engaña
más maña que fuerza, error
en amor es, porque amor
más quiere fuerza que maña. 580
AMÓN
Mi media hermana es Tamar.
JONADAB
Yo digo lo que yo hiciera,
si fuera mi hermana entera,
llegado a encolerizar.
AMÓN
¿Cómo la he de asegurar? 585
Que ya Tamar cosa es clara
que no vuelva aquí.
JONADAB
Una rara
industria tu amor prevenga
para forzarla a que venga,
y, viéndola aquí…
AMÓN
Repara
590
en que mi padre se ha entrado
en el cuarto.
JONADAB
Pues no hablemos
desto más.
AMÓN
No hay para qué,
pues ya a todo estoy resuelto,
porque piden mis desdichas 595
a gran daño, gran remedio.
 

(Sale DAVID.)

 
DAVID
Por haber estado, Amón,
embarazado del pueblo,
que con prolijas lealtades
vino al parabién, no he vuelto 600
a verte antes.
AMÓN
Yo, señor,
la fineza te agradezco.
DAVID
Pues pagámela con otra,
que es no negarme un consuelo
que vengo a pedirte.
AMÓN
Siempre
605
rendido estoy y sujeto
a tu obediencia.
DAVID
Pues sepa
de qué nacen los extremos
que te afligen.
JONADAB
Yo señor,
te lo diré.
AMÓN
Calla, necio.
610
Melancolía y tristeza
los físicos dividieron,
en que la tristeza es
causa de algún mal suceso;
pero la melancolía, 615
de natural sentimiento:
y así, no podré decirlo.
DAVID
¿De qué nace el padecerlo,
cuando sea así? ¿A qué mal
no se aplica algún remedio? 620
AMÓN
Ya me aplico yo el mejor.
DAVID
¿Cuál es?
AMÓN
Sentir como siento.
DAVID
Ese no es remedio, antes
es dar al mal más esfuerzos.
AMÓN
Pues, ¿qué puedo hacer?
DAVID
Buscar
625
alegres divertimientos.
JONADAB
De uno le decía yo ahora,
harto alegre.
AMÓN
Ya está bueno:
todos cansan más que alivian,
porque como yo no tengo 630
gusto, se me vuelven todos
en más pena, porque es cierto
que en el humor que domina
se convierte el alimento.
DAVID
Aunque en metáfora sea 635
eso que has dicho, yo quiero
ya que de alimentos hablas,
materialmente entenderlo.
¿No es de desesperación
especie, que un hombre cuerdo 640
aun este humano tributo
se niegue a sí?
JONADAB
Sí por cierto.
Yo, que coma, y aun de todo,
le estaba ahora diciendo.
Pero no me entiende.
AMÓN
En nada
645
hallo sazón, y por eso,
o porque es conservación
de la vida, [lo] aborrezco.
DAVID
Pues una cosa por mí
has de hacer.
AMÓN
Yo te la ofrezco.
650
DAVID
¿Qué regalo será, Amón,
más de tu gusto? Que quiero
yo cuidar del, y deberte
el que le admitas.
AMÓN
No pienso
que tendré en eso elección, 655
porque ninguno apetezco,
mas si hubiera de comer
algo, el aliño, el aseo
con que sirven a Tamar
sus criadas, señor, creo 660
que lisonjeara mi hastío,
aquellas viandas comiendo;
y más si ella me trajera
la comida; que un enfermo
más se agrada del cariño, 665
señor, que del alimento.
JONADAB
Y es verdad, porque una dama,
con las pinzas de los dedos,
tronchando los bocaditos,
hará que los masque un muerto. 670
DAVID
Pues yo, Amón, diré a Tamar
venga ella misma luego
a traerte de comer,
y mandaré al mismo tiempo
que los músicos te canten, 675
por ver si así te divierto.

  (Vase.) 

AMÓN
El cielo aumente tu vida,
que yo en aqueste aposento
esperaré ese favor:
ven, Jonadab.
JONADAB
Bien se ha hecho.
680
hasta aquí.
AMÓN
No, sino mal;
pues traidoramente intento
añadir desesperado
culpa a culpa, incendio a incendio,
pena a pena, error a error, 685
daño a daño, y riesgo a riesgo.
 

(Vanse, tocan un clarín y sale DAVID.)

 
DAVID
¿Qué nueva salva es aquesta,
que con marciales acentos
vuelve a dar voces al aire,
mal respondidas del eco? 690
 

(Salen ABSALÓN y SALOMÓN.)

 
SALOMÓN
Danos albricias, señor.
DAVID
¿Dé qué, si gusto no espero?
ABSALÓN
De que las naves de Ofir
han llegado a salvamento.
 

(Salen JOAB y AQUITOFEL.)

 
JOAB
¿Ya habrás sabido la causa 695
deste militar estruendo?
DAVID
Sí, Joab.
AQUITOFEL
Segunda vez
vuelve a repetir el viento.
 

(Tocan, y salen SEMEY, TEUCA, etíopes y SOLDADOS.)

 
SEMEY
Dame, señor, a besar
tu real mano.

  [Se arrodilla.] 

DAVID
Alza del suelo,
700
y seas muy bien venido,
Semey.
SEMEY
Forzoso es serlo,
viniendo a verme a tus plantas.
De Hiram despachado vengo
con tu armada y sus bajeles, 705
monstruos de dos elementos:
y entre las varias riquezas
de plata y oro y de cedros,
material incorruptible,
para la obra del templo 710
que tú hacer has prevenido
al arca del Testamento;
mas de todos los despojos,
que te traigo, te encarezco
esta divina etiopisa, 715
en cuyo bárbaro acento
un espíritu anticipa
sucesos malos o buenos.
DAVID
Un gusto y un pesar juntos,
Semey, me has dado a un tiempo: 720
el gusto es de tu venida,
cuyo cuidado agradezco;
el pesar de tu ignorancia,
pues has pensado que puedo
tener por grandeza yo 725
en mi palacio agoreros.
Dios habla por sus profetas:
el demonio, como opuesto
a las verdades de Dios,
habla apoderado en pechos 730
tiranamente oprimidos:
y así, destierra al momento
esa torpe fitonisa
de mi corte; y después desto,
los materiales que traes 735
se guarden, porque aun no es tiempo
que la fábrica se empiece;
que yo labrar no merezco
casa a Dios: quien me suceda
la fabricará. Con esto, 740
que aprendáis a ser piadosos,
hijos míos, os advierto;
pues el gran Dios no permite
que yo fabrique su templo,
porque manchadas las manos 745
de sangre idólatra tengo.

  (Vase.) 

TEUCA
Aunque responder quisiera
al Rey, no he podido, ¡cielos!,
que está espíritu más noble
aposentado en su pecho 750
que en el mío; y como al verle,
mudo quedó el que yo tengo,
en mí se venga, a pedazos
el corazón, deshaciendo.
¡Ay de mí!, rabiando vivo. 755
¡Ay de mí!, rabiando muero.
ABSALÓN
¿Qué frenesí, que letargo
dio a la etiopisa?
SALOMÓN
¿Qué es esto?
AQUITOFEL
Sus cabellos y sus ropas
está arrancando y rompiendo. 760
SEMEY
¡Teuca!
TEUCA
Sacrílego aleve,
detente que al verte tiemblo.
JOAB
Advierte…
TEUCA
Injusto homicida,
aparta: de ti iré huyendo,
que tú lanzas arrojando, 765
que tú piedras recogiendo,
me dais horror, hasta que
de vuestra muerte herederos
seáis, siendo vuestra muerte
cláusula de un testamento. 770
AQUITOFEL
Extrañas locuras dice,
considera…
TEUCA
Oír no quiero
tu consejo, Aquitofel;
basta; que por tu consejo,
torpe desesperación 775
aun te niegue el monumento.
SALOMÓN
Repórtate.
TEUCA
A ti si haré,
Salomón, que hablar no puedo;
que no ha de saber el mundo
si tu fin es malo o bueno. 780
ABSALÓN
¡Qué sin propósito habla!
Mira, etiopisa…
TEUCA
Ya veo
que te ha de ver tu ambición
en alto por los cabellos.
¡Ay de mí!, rabiando vivo, 785
¡Ay de mi!, rabiando muero.

  (Vase.) 

SALOMÓN
Ve tras ella, no el furor
la desespere.
SEMEY
Siguiendo
iré sus pasos, dudando
vaticinios que no entiendo. 790

  (Vase.) 

SALOMÓN
¡Raros delirios ha dicho!
ABSALÓN
Aunque por tales los tengo,
no me ha dejado de dar
lo que me ha dicho contento.
SALOMÓN
¿Qué te ha dicho?
ABSALÓN
Que he de verme
795
si bien, Salomón, me acuerdo,
por los cabellos en alto.
SALOMÓN
Pues, ¿cómo interpretas eso?
ABSALÓN
Hermosura es una carta
de favor que dan los cielos, 800
y su sobrescrito, al hombre
y a todo el común afecto.
Está en mí (todos le dicen,
que no creyera a mi espejo):
es tan grande, que este solo 805
desperdicio de su imperio
en cada año que vale
de esquilmos muchos talentos.
De Jerusalén las damas
me la compran; que a su aseo 810
yo soy quien les deja alguna
adoración de alimentos.
Pues siendo así, que yo amado
soy de todos, bien infiero
que esta adoración común 815
resulte en que todo el pueblo
para rey suyo me aclame,
cuando se divida el reino
en los hijos de David.
Luego justamente infiero, 820
pues que mis cabellos son
de mi hermosura primeros
acreedores, que a ellos deba
el verme en el alto puesto;
y así, vendré a estar entonces 825
en alto por los cabellos.
SALOMÓN
¡Qué por ellos has traído
la aplicación al concepto!
Pues, ¿quieres que una hermosura
afeminada, en los pechos 830
de todos engendre más
amor que aborrecimiento?
ABSALÓN
Cuando la hermosura cae
sobre el valor que yo tengo,
¿por qué no?
SALOMÓN
Porque hay en hijos
835
de David merecimientos
que te prefieren en todo.
ABSALÓN
No serás tú, por lo menos,
reliquia de dos delitos,
homicidio y adulterio: 840
hablen Bersabé y Urías,
una incasta y otro muerto.
SALOMÓN
De tu padre has murmurado,
Absalón, y aunque yo puedo
por mis manos castigar 845
tan osado atrevimiento,
el cielo me ata las manos,
quizá porque él quiere hacerlo;
que ofensas de un padre siempre
las toma a su cargo el cielo. 850

  (Vase.) 

JOAB
Cuerdamente ha respondido.
AQUITOFEL
Siempre el temor es muy cuerdo.
JOAB
Antes siempre la cordura
fue muy valiente.
ABSALÓN
¿Qué es eso?
AQUITOFEL
Joab, que es de Salomón… 855
ABSALÓN
¡A mí os andáis oponiendo
toda la vida!
JOAB
Yo siempre
la razón, señor, defiendo.
ABSALÓN
La privanza de mi padre,
Joab, os tiene muy soberbio. 860
Vos de mí os acordaréis
cuando esté en el alto puesto
que mi valor me previene.
JOAB
Entonces haré lo mesmo,
y aun quizá entonces tendré 865
más ocasión para hacerlo.

  (Vase.) 

ABSALÓN
¿A mí amenazas?
AQUITOFEL
Tente,
señor, mira que aún no es tiempo
de empezar a declarar
lo que tratado tenemos 870
entre los dos, porque importa
ganar algunos primero.
ABSALÓN
En todo quiero seguir,
Aquitofel, tus consejos.
AQUITOFEL
Ellos te pondrán adonde 875
aspiran tus pensamientos.
 

(Tocan instrumentos.)

 
ABSALÓN
Dellos y de ti lo fío.
Pues los dos… Pero ¿qué es esto?
AQUITOFEL
Tamar de su cuarto sale
con mucho acompañamiento 880
y va hacia el cuarto de Amón.
ABSALÓN
Divertir sus sentimientos
quiere con música. Vamos,
Aquitofel, que no quiero
hablar ahora en otra cosa 885
sino en los designios nuestros.

  [Vanse.] 

 

(Salen todos los MÚSICOS, y las damas con platos y toallas, y TAMAR.)

 
MÚSICOS
De las tristezas de Amón,
que es amor la causa, es cierto;
que sólo amor se atreviera
a herir tan ilustre pecho. 890
Mas, ¡ay!, que es engaño
pensar que le ha muerto;
que no tiene amor
quien tiene silencio.
 

(Salen AMÓN y JONADAB.)

 
JONADAB
Ya entra en tu cuarto Tamar. 895
AMÓN
¡Qué osado mi pensamiento,
sin verla está!, y ¡qué cobarde
al verla! Todo yo tiemblo.
TAMAR
No me agradezcas, Amón,
esta visita; que hoy vengo, 900
porque mi padre lo manda,
a servirte.
AMÓN
Sí agradezco,
pues tu obediencia resulta
en mi dicha.

 (Aparte.) 

(Yo estoy muerto.)
TAMAR
Música y manjares traigo 905
para lisonjear a un tiempo
los sentidos.
AMÓN
Mucho agravias
al mayor de todos ellos.
TAMAR
¿Cuál es?
AMÓN
La vista, porque
vianda y música trayendo 910
para el gusto y el oído,
te has olvidado,

 (Aparte.) 

(¡yo muero!),
de que traes para los ojos
hermosura; si no infierno
que piensas que no la traes, 915
porque me imaginas ciego.
TAMAR
Si de aquel pasado engaño
te han sobrado estos requiebros,
mira que los desperdicias
en vano, porque hoy intento 920
que alivien tus penas más
verdades que fingimientos.
AMÓN
Ea, pues. Cantad vosotros;
y porque vuestros acentos
suenen de lejos más dulces, 925
cantad deste otro aposento.
JONADAB
Sí, que música y pintura
parece[n] mejor de lejos.
TAMAR
Ahí fuera podéis cantar.

  (Vase la música.) 

AMÓN

  [Aparte.] 

Ce, Jonadab.
JONADAB

 [Aparte.] 

Ya te entiendo.
930
Cerrar la puerta y que canten
todos, ¿no me dices eso?
 

(Vase JONADAB.)

 
AMÓN
Sí.

  (Dentro cantan.) 

TAMAR
Come tú mientras cantan.
AMÓN
En escuchar me divierto.
ÉL y MÚSICOS
Que no tiene amor 935
quien tiene silencio.
AMÓN
Y así, divina Tamar,
no admires mi atrevimiento,
sino las leyes que rompo
del decoro y del respeto. 940
Esta hermosa mano blanca,
permite que, no haciendo
de lirios áspides, sirva
de tríaca a mi veneno.
TAMAR
Suéltame la mano, Amón, 945
que ya quejarte es extremo
de un engaño.
AMÓN
Si lo fuera,
dices bien; pero ya es tiempo
de que la prisión le rompa
el lazo a mi sentimiento. 950
ÉL y MÚSICOS
Que no tiene amor
quien tiene silencio.
AMÓN
Yo muero por ti, Tamar.
No puedo a mayor extremo
llegar que a morir por ti: 955
mi confianza me ha muerto.

  (Aparte.) 

TAMAR
¿quién pudiera prevenirlo?

 [Alto.] 

Mira, Amón…
AMÓN
Ya nada veo
TAMAR
Que soy tu hermana.
AMÓN
Es verdad;
pero si dice un proverbio 960
la sangre sin fuego hierve
¿qué hará la sangre con fuego?
TAMAR
En nuestra ley se permite
casarse deudos con deudos,
pídeme a mi padre.
AMÓN
Es tarde
965
para valerme del ruego.
TAMAR
¡Hola!
 

(Sale un MÚSICO.)

 
AMÓN
Que cantéis os manda
Tamar.
TAMAR
¿Yo?
MÚSICO
Ya obedecemos.

  (Vase.) 

 

(Cantan dentro, sin cesar, mientras los dos representan.)

 
AMÓN
No he de dejar de gozarte:
¡Jonadab!, cierra al momento. 970

 (Dentro.) 

JONADAB
Ya está la puerta cerrada.
TAMAR
Mira el riesgo.
AMÓN
No le temo.
TAMAR
¡Padre! ¡Señor! ¡Absalón!
AMÓN
Tu voz ya no es de provecho
con esa dulce armonía. 975
 

 (Cantan.) 

TAMAR
Pues daré voces al cielo.
AMÓN
El cielo responde tarde.
TAMAR
Pues mataráte este acero
si me sigues, porque yo
fuerza mucha y valor tengo. 980

  (Sácale la espada.) 

AMÓN
Al sacarla me has herido
y aunque puede ser agüero,
ya no temo cosa alguna,
cuando esta violencia intento.
La he de seguir, ya una vez 985
declarado, pues es cierto…
ÉL y MÚSICOS
Que no tiene amor
quien tiene silencio.

  [Éntranse.] 


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