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ArribaAbajoRitos en la sombra

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ArribaAbajoLos lobos



    Una noche de invierno, tan cruda
que se fue del portal la Miseria,
y en sus camas de los hospitales
lloraron al hijo las madres enfermas,
con el frío del Mal en el alma  5
y el ardor del ajenjo en las venas,
tras un hosco silencio de angustias,
un pobre borracho cantó en la taberna:

   -Compañero: no salgas, presiento
algo raro y hostil en la acera.  10
...La invadieron aullando los lobos...
Asómate, hermano ¡La calle está llena!

   Son los mismos que espían tu paso
en la sombra sin fin de tu senda,
los que en sórdidas tropas se anuncian  15
y en horas horribles arañan la puerta...

...-¿Que no entiendes? ¿No tiembla tu prole
al salvaje ulular de las bestias?...
¿Nunca vio la Desgracia? Fue siempre
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la entraña sin hambre, la entraña repleta?  20
   ...Continúan aullando ¿no oíste?
Ritornelo feroz que resuena
como un lúgubre grito flotando
por sobre la cuna que mece la anemia.
¡Y son todos! No falta ninguno;  25
y la noche no pasa: es eterna.
El Dolor es invierno; te cubre:
No aguardes ni sueñes jamás primaveras.
El Olvido está lejos; no viene
a dejar junto a ti su promesa,  30
su promesa de muerte ¡la Madre,
a veces tan mala y a veces tan buena!

   Nunca nadie sabrá de la mano
que pusiese en tus ojos la venda,
con la cual has caído tan hondo  35
que aquellos que quieren mirarte se ciegan.
En tu anónimo abismo te agitas
sin desear un regreso, en la inquieta
sensación del inmenso desplome
que arrastra consigo tus dudas tremendas.  40
Sin embargo, quizás te azotaran,
en la calma de tu indiferencia,
-flageladas visiones de ensueño-
posibles terrores de locas tormentas.
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En el fondo temible de tu alma  45
anda suelto un espanto de fiera:
¡que curioso sería asomarse
a ver si ella tiene también sus violencias!

   ...¿No los ves? ¡Cómo asustan sus ojos,
sus inmóviles ojos que velan  50
en las noches infaustas, propicias
al hórrido asedio clavado allí, afuera,
cuando el Miedo desata sus hordas
y las llagas del Crimen revientan,
si, con ruda caricia indeleble,  55
las toca una mano brutal que no tiembla.
¡Y tú sigues lo mismo! Diría
que en tus sueños mejores tuvieras
pesadillas de murrias de plomo,
letales desganos de fiebres ya viejas...  60
Sin querer en tu ruta inquietante
presentir, ni un momento siquiera,
la amenaza mortal de un perenne
furor sigiloso de fauces que acechan...

   ...No te rías... Ya vuelven de nuevo  65
a rondar al amor de la niebla;
las famélicas bocas enormes
parece que llaman, imploran y esperan.
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Cubren toda la calle; bravíos,
van marcando en la nieve sus huellas,  70
como estigmas de atroces presagios,
y, sórdidamente cansados, jadean.
¿Quién los trae? No sé. ¿Quién los llama?
¿Porqué huyeron, dejando sus selvas...?
Son tropeles que azuza el peligro  75
y vienen de lejos como una inclemencia...
¿Mas, que buscan? Los lomos hirsutos
estremecen sus rabias sangrientas:
en un torpe rencor incesante
tal vez una vida sus garras laceran.  80

   ¿Mujer... hijos? No quiero acordarme.
¿Están ellos aquí?.. No te duermas...
¿Han aullado otra vez, o es el viento?
Los dos se han unido y aguardan la presa.
¡Yo los siento volver: son los mismos,  85
los conozco, los monstruos que llegan:
de mis largas vigilias guardianes
y junto a mi lecho fatal, centinelas!
...Sus tentáculos hieren mi entraña...
Mira, hermano, la noche ¡cuan negra!  90
Se creyera que pasa la vida
envuelta en un torvo girón de tinieblas.
¡Cómo cae la nieve, en la calle!
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sin un rayo de luz ¡qué tristeza!
Si pudiese pensar, pensaría  95
que dentro del alma me cabe una estepa...

   ¡Oh, mi sangre sin sol, mis pasiones,
mis oscuras heridas inciertas
que en el borde filoso del vaso
a todos los filtros del Odio se abrieran!  100
...Ven, acércate más. No te turbes
y verás en la noche agorera
como sobre la fúnebre ronda
inédita el Ensueño, con cara de pena...
¿Quién se ha puesto a reír? ¡Compañero!  105
se han mezclado a los lobos las hienas...
El Silencio descubre su esfinge
y, aullando, los monstruos avanzan a tientas...
   ...Hubo un ronco gemido en la sombra,
se halló solo el borracho en la tienda  110
y por eso la loca, la extraña
mitad de aquel canto, quedó en la botella.



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ArribaAbajoImágenes del pecado



    Enfermizas plenitudes
      de emociones amatorias,
modernismo de lo Raro,
      de embriagueces ilusorias,
que disfrazan las crudezas de sus credos materiales,  5
como fórmulas severas
      de blasones impolutos,
que, discretos, disimulan
      los salvajes atributos,
las paganas desnudeces de las fuerzas germinales.  10
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   Rosa-estigma que en los labios
      han dejado los orfebres
de la Ardencia. Bestias malas
      de lascivias y de fiebres,
que no doman los actuales filosóficos Orfeos,  15
acechando por las noches
      los oficios sigilosos...
por las noches consteladas
      de los besos milagrosos
que deshacen en las bocas el rubí de los deseos...  20

   Predilecta medianoche
      vagamente ensoñativa,
que ha exhumado un bello libro
      de lectura sugestiva,
de encubiertas entrelíneas de extravíos irreäles...  25
   ¡Oh, curiosa, febriciente
      cabecita conturbada,
que en los tibios abandonos
      delatados en la almohada
se fecunda de las sabias poluciones cerebrales!  30
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¡Oh, cuán negros los hastíos
      de las púberes sensuales:
¡Oh, cuán largas las esperas
      de los pálidos nupciales,
en los ratos aburridos de cloróticas visiones...  35
cuando creen que las abejas
      evocadas vendrán, fieles,
a traerles, compasivas,
      con sus vinos y sus mieles,
las cantáridas, nocturnas de las fuertes obsesiones...  40

   Voz fatal que en los gentiles
      Evangelios de Afrodita,
al cenáculo vedado
      de su roja mesa invita.
¡Oh, furtivas comuniones en los cultos que revelan  45
el peligro imaginable
      de las hostias consagradas
donde, lívidas, se ocultan
      las cabezas desmayadas
de los duendes cautelosos que en la extraña misa velan...  50
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   Neurasténica enclaustrada
      cuyos lirios de pureza
ha violado sin esfuerzo
      la triunfal Naturaleza:
Esa siempre parturienta, santamente dolorida.  55
-Fue la hora en que cayeron
      deshojados los claveles,
que, al sangrar las castidades
      en los tálamos crüeles,
los augurios se regaron con los filtros de la Vida.-  60

Virgen mística de celda,
      brasa blonda de incensario,
fiel ritual de oscurantismo,
      fría imagen de santuario,
por la fe de su Locura tonsurada contra el Vicio,  65
que ha sentido en los insomnios
      conmover su paz austera
un satánico deseo
      de su sangre de soltera,
de su palma que claudica del inútil sacrificio.  70
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   Delicada sensitiva
      de los cálidos antojos,
que se burla de la ausencia
      de la luz de los sonrojos...
Que exaltando sus caprichos -¡los diabólicos, los tiernos!  75
al Cantar de los Cantares,
      siempre nuevo en sus caricias,
sabe ungir de la gloriosa
      caridad de sus delicias
a las vértebras que sufren el horror de los inviernos.  80

   Favorita del Nirvana,
      de los vinos superfinos,
espasmódica del éter,
      que ilustró los pergaminos
de la nueva aristocracia del hatchís y la morfina:  85
Ofertorio inconfesable
      de exquisita delincuencia,
generosa, sorprendente
      bien gustada quintaesencia
de ilusión por el pecado de la copa clandestina...  90
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Pubertad de conventillo
      que, en su génesis, halaga
la teoría lamentable
      del harapo y de la llaga,
silenciando la inconsciente repulsión a lo maldito...  95
Alentadas bizarrías
      de muchacha sensiblera,
que presume ingenuamente
      de Manón arrabalera,
suavemente flagelada por las sedas del Delito.  100

Cortesana de suburbio,
      que se sabe mustia y vieja
y olvidar quiere los hondos
      desconsuelos de su queja,
palpitante, en su derrota, por la última aventura,  105
que, al cruzar los barrios bajos
      en la tarde de la cita,
va creyendo ser la triste,
      la Incurable Margarita
que abandona con la muerte su romántica locura.  110
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   Torturada visión breve
      del amor de una heroína
del prostíbulo y la cárcel:
      Roja flor de guillotina,
que ha soñado con un novio que la finge una azucena:  115
Con un blondo Nazareno
      que la mueve a inevitable
santa senda arrepentida,
      -de intuición insospechable-
a seguir su religiosa vocación de Magdalena.  120

   Bella trágica historiada,
      Salomé del histerismo,
portadora de extrañezas,
      del país del exotismo,
iniciada en el secreto de las cláusulas suicidas,  125
que, en sus largas devociones
      por las fiestas misteriosas,
por las torpes confidencias
y las pautas tenebrosas,
comulgó con los maestros de las músicas prohibidas.  130
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   ¡Oh, las pascuas de las carnes
      bondadosas, que florecen
por aquellas que concluyen...
      por aquellas que envejecen.
¡Oh, los siete ángeles malos!¡Oh, los ángeles propicios  135
al exvoto de las manos
      sabiamente extenuativas,
que degüellan los palomas
      de las blancas rogativas,
en las vísperas sangrientas de los negros sacrificios!  140



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ArribaAbajoEn la noche



    Vencía la sombra. Misterio, llegando,
rimaba la angustia de sus misereres,
mojando, en el suelo, los frutos de Ceres,
la Maga del germen que lucha creändo.

   Muy suave, el Deseo pasaba contando  5
las cálidas noches de extraños placeres,
diciendo los sueños de frescas mujeres
que en torpes neurosis se fueron matando...

   Su copa de sangre volcaba en las brumas
Ocaso muy triste, bordeando de heridas  10
el cielo, llagado de rojas espumas,

   y allá, en una oscura visión de tugurio,
con voz de esperanza, cubriendo las vidas
cantaba un apóstol su bárbaro augurio...



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ArribaAbajoMurria



    Con un blando rezongo soñoliento
el perro se amodorra de pereza,
y por sus fauces el esplín bosteza
la plenitud de un largo aburrimiento.

   En la bruma de mi hosco abatimiento,  5
como un ratón enorme la tristeza
me roë tenazmente la cabeza,
forjándole una cueva al desaliento.

   Lleno de hastío, al mirador me asomo:
un cielo gris con pesadez de plomo  10
vuelca su laxitud sobre las cosas...

Y porque estoy así, fatal, envidio
y deseo las dichas bulliciosas,
las ansias de vivir... ¡Ah, qué fastidio!



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ArribaAbajoVisiones del crepúsculo



    Ya la tarde libra el combate postrero,
en las flechas de oro que lanza al acaso,
y se va -como un príncipe, caballero
en el rojo corcel del Ocaso-

   Se ahonda el misterio de las lejanías,  5
misterio sombreado de tinte mortuorio,
y el barrio se puebla de las letanías
que llegan del negro, cercano velorio.

   Empieza a caer la nieve... Dulcemente,
un rumor de canciones resuena  10
en el patio del conventillo de enfrente,
que, en ritmos alegres, oculta una pena...

   Las mozas, dicen sus ansias juveniles...
-la salud se hizo canto en sus bocas,
como en una lira de cuerdas viriles  15
que guarda un deseo de imágenes locas:
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   Rayo de sol sobre la escarcha: la mustia,
de inviolable sudario en el seno,
copa repleta del vino de la angustia
que infiltra en la sangre su sabio veneno.-  20

   Finge en arabescos la nieve que baja
como lluvia de blancos pesares,
una viejecita que hila su mortaja,
o una novia que arroja azahäres.

   Sobre una cabeza inquieta, entristecida,  25
No la veo caer, como un beso
que absorbiese los rencores de una herida
y quedase en los bordes impreso.

   Se desconsuela el barrio... Todos los males
salvajes resurgen aullando impaciencias  30
como presagios, que en las noches mortales
florecen las llagas de sordas dolencias...

   Asómate a la ventana, hermano. Mira,
tras la niebla, espejismos extraños
de fiebres. Desde una frente que delira,  35
soltó la Tristeza sus búhos huraños...
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   Rondan sugestiones en el pensamiento,
a todas las luchas del Crimen resueltas,
y el ambiente es propicio al presentimiento
pues las bestias del mal andan sueltas.  40

   ...Me invade el miedo. Mi cerebro afiebrado
es un biógrafo horrible de cosas
fatídicas y raras de lo ignorado:
donde van a caer, silenciosas.

   En la casa del tísico, que los fríos  45
llevaron al lecho, graznó una corneja:
la inspiradora de los cuentos sombríos
que junto a la lumbre musita la vieja...

   La huerfanita, en el desván ha cesado
de gemir, y, aunque nadie la asiste,  50
en su glacial abandono se ha quedado
obsedada del sol, como triste

   enferma que deseara un ardor eterno,
y, envuelta en su suave caliente pelliza,
tuviese en una noche cruda de invierno  55
un cálido sueño de tardes en Niza.
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   El mendicante se ha ido de la puerta...
Dice algo muy hosco su ceño fruncido,
como si algún dolor en su mano abierta
entre las limosnas hubiese caído.  60

   El crónico del hospital, ya moribundo,
sospecha, insensible, la gran Triunfadora,
y como en neblinas ve pasar el mundo,
sonámbulo grave que aguarda la hora...

   En su instante supremo la frente inclina,  65
como en su último adiós un bandido
que llorase al pie de la guillotina,
y se fuese después redimido.

   ...¿Será el miedo, hermano? ¿No oyes como brama
el viento en la calle, tan sola y oscura?...  70
¡Si supieses! Anoche, junto a mi cama,
con muecas burlonas pasó la Locura.



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ArribaAbajoEn la sombra



    Llegaba la noche con tono violento.
Llorando de miedo la tarde caía,
y, en hondas y abiertas prisiones, se oía
correr desbocados los potros del viento.

   Tomaba infinito contorno sangriento  5
el áspero traje que todo cubría.
Misterio en un símbolo negro reía,
mostrando en su risa terrible contento.

   El Mal, desataba los monstruos del Vicio.
Marchaba un apóstol hacia el sacrificio...  10
cantando sus grandes, sus fuertes ideales,

   sus fuertes ideales cantando muy quedo...
Y, allá, amenazada por sombras fatales,
la tarde caía llorando de miedo...



  —145→  

ArribaAbajoReproche musical



    Si te sientas como anoche junto al piano,
a mis ruegos insensible, taciturna:
fugitiva de aquel aire wagneriano
que tu sabes. Si, cual trágica nocturna,

   traes la sombra del mutismo caprichoso  5
de unos celos singulares y tardíos,
volveremos a rozar el enojoso
viejo tema del «porqué» de tus hastíos.

   ¿Ves, amada? Ya se ha oído la sombría
voz solemne del Maestro: ya ha asomado  10
su faz grave la orquestal Melancolía,
y el esplín contagia el alma del teclado.

   Deja ¡loca! de tocar... Risueñamente,
ven y cura tus neurosis, flor de anemia,
con las risas que destilan el ardiente  15
rojo filtro de la música bohemia:
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   ¡La que anuncia, por las tardes alegradas
de benditas borracheras, los regresos
presentidos a las carnes asoleadas
en el pleno mediodía de los besos!  20

   Ríe y canta; torna bueno el rostro huraño,
y, como antes, tu garganta tentadora
volcará en mi copa negra el vino extraño
de una cálida armonía pecadora.

   No me digas más del Rhin... Llueven tristeza  25
esos cielos de leyendas wagnerianas...
y ¡qué quieres! ¡hoy yo tengo en la cabeza
más neblinas que tus músicas germanas!...



  —147→  

ArribaAbajoBajo la angustia



    Dijo, anoche, su canto de muerte
la canción de la tos en tu pecho,
y, al mojarse en las notas rojizas,
mostró flores de sangre el pañuelo.
   -¡Pobrecitas las carnes pacientes,  5
consumidas por fiebres de fuego:
para ëllas las buenas, las tristes,
tiene un blanco sudario el invierno!...
   ...Mira: abrígate bien, hermanita,
mira, abrígate bien, yo no quiero  10
ver que cierre tus ojos la Bruja
de los flacos y frígidos dedos...
   Hermanita ¡me viene una pena!
si te escucho gemir, que presiento
las nocturnas postreras heladas:  15
las temidas del árbol enfermo.
—148→
   ¡Si supieras!... Blandones sombríos,
me parecen tus ojos ¡tan negros!
y tu lívida faz taciturna
un fatídico heraldo de duelo.  20
   ¡Si supieras!... A ratos me asaltan
tus visiones sangrientas... No duermo
al pensar, siempre alerta el oído,
que te pasas la noche tosiendo...
   Al pensar en tu vida deshecha,  25
cuando miro esfumarse en mi ensueño
tus nerviosos esguinces cansados,
y moverse y cruzar tu esqueleto...
   ¡Hermanita: hace frío; ya es hora
de los suaves calores del lecho,  30
pero cambia la colcha: esa blanca
me recuerda el ajuar de los muertos!



  —149→  

ArribaAbajoFrente a frente



    Anoche, la enferma se fue de la vida,
por fin libertada de todos sus males.
Se fue sin angustias, como en un olvido,
sonriendo en sus hondos momentos finales.

   Las madres del barrio, musitan plegarias,  5
y, ahuyentando el sueño posible, la veían
con cara de luto, mientras las solícitas
a los pobrecitos huérfanos consuelan...

   La robusta moza de la otra bohardilla,
dio a luz esta tarde. Contempla gozosa  10
la flor de sus noches: ese diminuto
amor, amasado con carne radiosa.

   El marido, alegre, parece un chiquillo
dueño del regalo que al fin le llegara,
y, en un amplio fuerte gesto, para nuevas  15
viriles conquistas los, brazos prepara.
—150→

...¡Inviolables Hembras! Las dos frente a frente.
Irreconciliables las dos bienhechoras:
Derramando siempre sus oscuras larvas
en el intangible vientre de las horas...  20

   ...¡Qué triste está el cielo! ¡Cómo me contagia
las últimas penas de la luz vencida!...
¡Canta, amada nuestra, la canción triunfante,
la canción eterna de la eterna vida!



  —151→  

ArribaAbajoDe invierno



    Frío y viento. Ya en la casa miserable,
tiritando se durmió la viejecita,
y en la pieza, abandonada como siempre,
gime y tose, sin alivio, la enfermita.

   ¡Oh, qué noche! Se me antoja ver extraños  5
rojos cirios en las calles solitarias...
¡con qué lúgubre sigilo van pasando
las angustias, en sus rondas silenciarias!

   Madre, hermana, prima, santas compasivas
de las trágicas miserias sollozantes:  10
¿que será de los enfermos esta noche,
tan adusta de presagios inquietantes?

   ¡Oh, las vidas, condenadas en el lecho
al suplicio de las fiebres horrorosas...!
¡Pobrecitos los pulmones que no llegan  15
al dorado mes del sol y de las rosas!
—152→

   ¡Oh, la carne, que se va tan resignada
que, soñando una esperanza, ya no espera...!
¡Pobrecita la incurable que se muere
suspirando por la dulce primavera!  20

   ¡Oh, las frígidas blancuras: las mortales,
de las novias peregrinas, que en su marcha
al país de lo vedado se desposan
con los tísicos donceles de la escarcha!...



  —153→  

ArribaFunerales báquicos



    Ayer en la taberna, tristemente,
un borracho, pontífice del vino,
decía a otro borracho impenitente,
bebiendo el primer vaso matutino:

   Yo llevo en mi interior un silencioso  5
Genio o Poder que nunca me abandona:
Enemigo ignorado y fastidioso
que mis heridas de placer encona,
volcando el agua fuerte
del Odio y del Pesar. (Esa agua abunda  10
en las toscas riberas de la Muerte
y es en el riego del dolor fecunda.)
—154→

   Por eso mismo tengo indefinibles
rebeldías de lucha delirante
que sólo me hacen ver los imposibles  15
donde cae el Esfuerzo a cada instante,
torturado y vencido
por la brutal Potencia que condena,
diariamente, al espíritu caído
a oír los soliloquios de la Pena.  20
   Dominación fatal, conturbadora,
del gran Desconocido que me obliga
a custodiar el Mal, hora tras hora,
arrojando a la espalda la fatiga.

   Y es esa tiranía la venganza  25
de un fatídico monstruo cuya mano
como un destino atroz siempre me alcanza.
Pero pienso que en día no lejano
-cuando caiga debajo de la mesa
para nunca jamás ya levantarme-  30
ese Genio que tiene mi alma presa
resolverá tal vez, por fin, dejarme.
   Y entonces habré muerto. Bienvenida
la eterna amada, la Libertadora,
—155→
que al derramar el vino de la vida  35
de mi vaso será la defensora.
¡Del terrible licor, del más amargo,
me llegarán las gotas como besos,
y en el viaje postrer -¡tan rudo y largo!-
tendré un cordial para mis pobres huesos.  40

   Entonces, se oirá un himno de alegría
en todos los cenáculos, viciosos,
y en el altar de la bodega fría
florecerán los pámpanos gloriosos,
¡como una exuberante  45
fiesta de las vendimias, festejada
con la copa risueña y desbordante
sobre el Hastío agobiador alzada!

   Los viejos bebedores,
musitarán responsos doloridos,  50
en sus báquicos salmos gemidores,
escuchando el sermón de los vencidos;
y, taciturnos, llenos de unción, bajo
la santidad de los recuerdos fieles,
mojarán el hisopo de un andrajo  55
—156→
en la sangre mortal de los toneles,
para rociar mi caja
con sus tenues esencias vaporosas,
cuya embriaguez irá hasta mi mortaja
cubierta de racimos y de rosas.  60
   Después urdiendo extraños sacrificios,
muy quedo, acaso, seguirán mi entierro
las Brujas como en Sábados de oficios;
y más tarde, por último, algún perro
lunático, burlón o visionario,  65
-feroz amante de las cosas bellas-
desde un negro escondrijo solitario
ladrará el epitafio a las estrellas!






 
 
FIN