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ArribaAbajoCanto sexto


El comercio



I

ArribaAbajo   Aun fuera el hombre indómita alimaña
Y el orbe entero enmarañada selva;
Aun no sabría el morador de España
Si hay en Europa un Támesis y un Elba;
¿Qué digo?, aún al gallego fuera extraña  5
La playa de Alicante y la de Huelva,
Sin el arte benéfico (no es broma)
Que estriba en dos vocablos; daca y toma.


II

   Gloria al diestro varón que allá en lo antiguo
Tronco rudo ahuecó con mano industre,  10
Y en batel convertido informe, exiguo,
Primero lo ensayó sobre palustre
Dormida linfa, y luego (me santiguo
Al recordar hazaña tan ilustre)
Desafiando al Euro, aunque zozobre,  15
Surcar con él osó la mar salobre.


III

   ¿Quién el primero navegante fue,
Excluyendo al decrépito Carón?
Por vida de quien soy, que no lo sé;
Pero yo, que recuso a Deucalión  20
Y creo a pie juntillas en Noé,
Antes que este santísimo varón
Labrase aquel arcón descomunal
Presumo que hubo tráfago naval.
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IV

   A dos robustos móviles cediendo;  25
A la curiosidad y a la codicia,
Lanzose el hombre al piélago tremendo
Con fortuna ora adversa, ora propicia,
Y remando o con vela (así lo entiendo,
Aunque ningún autor me lo noticia)  30
No bien creció la raza en varias tribus
Buscó en tan ardua vía su cumquibus.


V

   Y aunque otra cosa diga a las incautas
Gentes aquella peregrina historia
De Jasón y sus bravos argonautas,  35
No su famosa nave sed de gloria
Movió, ni asunto a mármoles y flautas
Hubieran pretextado en la victoria
Que a Colcos despojó de su tesoro,
A ser de lana el vellocino de oro.  40


VI

   Y desde entonces símbolo o desde antes
Fue el predicho vellón a la sidonia
Tropa de marineros mercadantes
Que de Gades fundaron la colonia,
Y en medio de los númidas errantes  45
Alzaron la enemiga de la Ausonia
Región, aquella célebre Cartago,
Polvo ya que dispersa el aire vago.


VII

   Y al fenicio emulando, aunque el piloto
Temblaba de engolfarse en el Tirreno,  50
De la perdida Atlántida al ignoto
Clima osó navegar Hannón el peno;
Y Marco Polo hasta el Catay remoto
Por tierra y mar peregrinó sereno
Dejando con su nombre asaz oscuro  55
El de aquel decantado Palinuro.
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VIII

   Pero de todos eclipsó la fama
Aquel héroe que a España dio Liguria;
El gran Colón que a valerosa dama
Debió amparo y aliento en su penuria;  60
A la augusta Isabel, que arder la llama
Vio de su genio y despreció la injuria
Con que osó apellidarle mentecato
La arrogante sandez del Peripato.


IX

   A despecho de Albión y de Lisboa,  65
Que con desdén oyeron sus demandas,
Un mundo descubrió con frágil proa
Desmintiendo a ignorantes hopalandas;
Y por él de Cortés y de Balboa
Clío recuerda empresas memorandas;  70
Y de oro y plata nos ahitó su nao,
Y de azúcar (¡qué gusto!) y de cacao.


X

   Mas su siglo, que no era el de Confucio,
Fue con él tan ingrato y tan hebreo,
Que calabozo entenebrido y sucio  75
Fue indigno galardón de su trofeo,
Y a oscuro aventurero, a un tal Vespucio,
Que al lado de Colón era un pigmeo,
El timbre cupo (¡oh mundo chabacano!)
De dar nombre al imperio americano.  80


XI

   Si prez de Iberia fue la grande hazaña
Que aun es de un mundo y otro maravilla,
Pronto el íncola osado de Bretaña
Al nuevo rumbo enderezó la quilla,
Y ansiosos de mermar en tierra extraña  85
El oro, no los lauros, de Castilla,
Allá volaron en tropel confuso
El bátavo, el ligur, el franco, el luso.
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XII

   Así al auge mayor llegó el comercio
Señor doquiera de las ondas bravas;  90
Así, aunque pese al numen de Propercio,
Cantas tu triunfo y su derrota alabas,
Dios del alado pie, que ni un sestercio
Dieras, y harías bien, por mis octavas;
Mas yo, bien que de Apolo hijo no espurio,  95
Acato el caduceo de Mercurio.


XIII

   No porque el arte suya a mí me ataña;
Que soy en la aritmética muy porro,
Y el creso más feliz quiebra o me engaña
Si le confío el óbolo que ahorro,  100
Y para mí no se hizo la cucaña
Con que aquí cada día tanto zorro
Sin caudal y sin mérito y sin cuna
Se encarama a los cuernos de la luna.


XIV

   Pero ¿qué lengua habrá que no bendiga,  105
Si no es de algún idiota animalazo,
La del comercio institución amiga,
Que al hombre con el hombre en dulce lazo
Junta desde los páramos de Riga
Hasta la falda austral del Chimborazo,  110
Y los instintos bárbaros ahuyenta,
Y las artes inspira y alimenta?


XV

   Dirame algún misántropo cejudo:
«De ese invento que próvido reputas
Lloro la gloria y la ventaja dudo.  115
¿Qué bien de la quincalla, que permutas
Por sus perlas, reporta el indio rudo?
¿Y acaso sin Ceilanes ni Calcutas
Careció in illo témpore la Europa
De blando lecho y suculenta sopa?  120
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XVI

   «¿Tanta falta, glotón intemperante,
Hacían a tu especie las especias?
¿No tenías ya el ajo estimulante
Y el rábano y el serpol que desprecias?
El café de Occidente o de Levante  125
¿Mereció tan horribles peripecias?
Y el té de China ¡oh nietos de Pelayo!
¿Vale más que la salvia de Moncayo?


XVII

   »Ya de las flores que ávida consume,
Cabe los montes donde nace Júcar,  130
Miel nos daba la abeja de perfume
Grato, y dulce no menos que el azúcar,
Sin que raudo bajel, pájaro implume,
La barra atravesando de Sanlúcar,
El jugo nos trajese de la caña  135
Que Libia estruja y saborea España.


XVIII

   »¿Mereció por ventura los afanes
De Colón, de Cortés, y de Pizarro
Y de tantos valientes capitanes,
El sucio chupeteo del cigarro,  140
Desconocido a Jerjes y a Tigranes,
Y su humo denso que de hediondo sarro
Cubre, moviendo náuseas a las gentes,
De una y otra mandíbula los dientes?


XIX

   »La guayaba, el añil, la chirimoya,  145
Ni el cazabe, ni el plátano, ni el coco
¿Merecían la bélica tramoya
Con que de sangre humana ¡ay hombre loco!
Teñiste, como al Janto un día en Troya,
Al Niágara, al Rimac y al Orinoco?  150
Gran cosa fue ganar tan vasto imperio;
Pero ¿qué hiciste de él? Un cementerio.
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XX

   »Y cualque fruta exótica o semilla,
Vano y costoso apéndice a la gula,
Ni el loro que a mil necios de esta villa  155
Imita en no saber lo que articula,
Ni el oro inmenso que explotó Castilla
En Potosí, en los Andes o en Cholula,
¿Hicieron a sus tristes moradores
Más venturosos que antes y mejores?  160


XXI

   »¡Ay! no, que el oro corruptor nos trujo
De los vicios la innúmera secuela;
Y el nuevo Creso a la molicie, al lujo
Se dio; y el pobre a aborrecer la escuela
Y preferir el flujo y el reflujo  165
Del Ponto airado al pico y a la azuela;
Ceres yació en narcótico marasmo
Y la industria fue inútil pleonasmo.


XXII

   »Ni de Acapulco la famosa nao
Portaba a todos ¡ay! oro por lastre;  170
¡Y cuántos en Barcino y en Bilbao,
Con ínfulas de duque de Alencastre,
Ya a Veracruz bogaban, ya al Callao,
Y proceloso el Ábrego (¡oh desastre!)
Mísera tumba en las horrendas bocas  175
Les dio de tiburones y de focas!


XXIII

   »¡Y de cuántos la sórdida codicia
Ahogó en el seno enherbolada punta,
Y en torno suyo bárbara milicia.
De inmundos antropófagos se junta,  180
Que a devorar se aprestan con delicia
La carne aún palpitante y mal difunta...
¡Horror! Otro, no yo, pintar emprenda
Tan execrable, tan atroz merienda.
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XXIV

   »¡Y la atmósfera a cuántos de aquel seudo  185
Paraíso anhelado fue funesta!
¡A cuántos hizo de la Parca feudo
Miasma desolador que el aire infesta!
¡Cuántos al padre, a la consorte, al deudo
Nunca tornaron, y en alegre fiesta  190
Ya se aprestaban sobre la alta popa
A saludar las playas de la Europa!


XXV

   »Feraz Naturaleza, pero ambigua,
Si allá del colibrí donoso y gayo
Procrea en el vergel la raza exigua  195
Y el lascivo tití y el guacamayo,
Cría también el cínife y la nigua,
Y el hórrido chacal, que como rayo
Se abalanza al incauto pasajero,
Y el ingente reptil de ancho garguero.  200


XXVI

   »¿Y qué salud de roble o de piruétano,
Si al tifus icterodes no sucumbe,
Con el vómito negro no echa el tuétano
O garra un escorbuto que le tumbe?
¿A quién no amaga el alevoso tétano?  205
¿Y a quién ataca que por él no zumbe,
Sin valerle cordial ni ipecacuana,
En son de réquiem lúgubre campana?


XXVII

   »¿Qué más? De allí algún genio impío y torvo,
A los deliquios del amor intruso,  210
Nos trajo ¡ay cielos! el horrible morbo
Que a diez generaciones cunde infuso.
Por él hoy gime enclenque, lacio y corvo
El que iba ayer derecho como un huso.
Él diezma la mitad de nuestra raza  215
Y el resto lo encanija y ataraza.»
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XXVIII

   Con estas y otras tales especiotas
El bien negar se intenta y el progreso
Que debe el mundo a las veleras flotas.
En todo cabe error, en todo exceso;  220
¿Y habremos de vivir como marmotas
Y sólo abrir la boca a pan y queso,
Porque este abuse del poder y esotro
Sea en los vicios desbocado potro?


XXIX

   ¿Acaso antes que el piélago sintiera  225
El peso de una rústica canoa,
Acaso antes que brújula certera
La vía abriese del Perú y de Goa
Ociosa estuvo la discordia fiera
Desde el Lete hasta el vasco Bidasoa?  230
Y cuanto digo del que mora aquende
todo el orbe sublunar se extiende.


XXX

   Antes que hubiera pólizas y giro
¿Faltaban vicios ¡ay! a mi linaje?
¿Civilizar al mundo plugo a Ciro,  235
O reducirlo a triste vasallaje?
Si héroe in diebus illis al vampiro
Se llamó nunca sacio de carnaje,
¿Cómo a Cambises in diebus nostris
Llamaremos y a Belo y a Sesostris?  240


XXXI

   ¿Era tanta del indio la ventura
Antes que le domase el europeo?
¿No era su servidumbre infame y dura,
Hasta tornarse bestia de acarreo,
Si así cumplía a la feroz locura  245
De déspota emplumado, bruto y feo?
¿Acaso allá hasta el siglo de Pizarro
Estuvo ocioso de Mavorte el carro?
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XXXII

   ¿Cuáles eran sus leyes? El sic voto
De un bárbaro cacique (pese al fuerte  250
Caupolicán y al sabio Colocolo).
Y del vencido en lid ¿cuál fue la suerte?
¿Qué derecho, qué pacto o protocolo
Le libertaba de horrorosa muerte
Y de hartar con su carne en cochifrito  255
Del voraz vencedor el apetito?


XXXIII

   ¿Es dicha el ignorar las artes bellas,
Y aun de la higiene el código salubre?
¿Lo es contemplar supino las estrellas
Sin distinguir el Mayo del Octubre?  260
¿Lo es de pudor no armarse las doncellas?
¿Lo es al párvulo dar lacia la ubre
Torpe madre que, salva la pezuña,
Pujar puede en lo bestia a la vicuña?


XXXIV

   De modista o de sastre ahorrar el gasto,  265
Ventaja podrá ser, que yo no envidio;
Ni quizá lo desnudo con lo casto
Reñido esté; que, como dice Ovidio,
Si es fácil el manjar y en grande abasto,
Al paladar más tosco da fastidio,  270
Y la modestia, verdadera o falsa,
Es del amor el pábulo y la salsa.


XXXV

   Mas por Dios uno y trino, que es el colmo
De la brutalidad y el infortunio,
Cuando hasta viste su corteza el olmo,  275
Cauto al rigor de Enero y al de Junio,
Cubrir, y no con pieles de Estocolmo,
Apenas el supremo intercolunio,
¡Y lo demás, cual si importara un rábano,
Quede a merced del aire, el sol y el tábano!  280
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XXXVI

   ¿O llamaremos donosura y gala
Pincharse el cutis y con negro cisco
Sobre él pintar el indio en Cempoala
Ya un sapo, ya un moscón, ya un asterisco,
Y de plumas cercar la cresta rala,  285
Y colgarse ya piedra, ya marisco
A la roma nariz, antes abriendo
En la membrana boquerón horrendo?


XXXVII

    ¡Oh! Sin que yo los crímenes sancione
Que menguaron su gloría a la conquista,  290
No hay por qué, la maldiga y la baldone
Con celo exagerado el moralista.
Dios quiso, y no hay tachar lo que él dispone,
Agregar nuevos seres a la lista
De los que honró con nobles atributos,  295
Sustrayendo igual suma de los brutos.


XXXVIII

   Plúgole de la ciega idolatría
Redimir al antípoda hemisferio;
Plugo a su divinal sabiduría
Iniciarle en el próvido misterio  300
Del santo Verbo que encarnó en María,
Y la alta empresa encomendó al hesperio
De llevar con esfuerzo sin segundo
La salvadora Cruz al fin del mundo.


XXXIX

   Si es verdad que el hispano y el etrusco  305
Del añil y la quina y el campeche
Y del café y el rico soconusco
Pudieron prescindir, y en escabeche
De tal o cual manjar, carne o molusco;
Si en vez de caña es bien que se aproveche  310
Alambicado el jugo, aunque me empacha,
Ya de higo chumbo, ya de remolacha.
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XL

   Cierto es también que tales golosinas
Más útiles han sido al europeo
Que del Perú y de Méjico las minas.  315
De los grandes el gasto, el regodeo
Refluye en las fabriles oficinas;
Y digo (con perdón del solideo,
Ya a un abad autorice, ya a un cartujo)
Que no ama al pobre quien condena el lujo.  320


XLI

   Ni es de Ultramar tan matador el clima
Como infundado pánico propala.
Puro es el aire perfumado en Lima;
Criollos da longevos Guatemala;
Con nombre que al vigor y al gozo anima  325
El argentino su ciudad señala,
Y Chile, que otro Edén mostrarnos quiso,
A la suya llamó Valparaíso.


XLII

   Y aun de la misma atmósfera enemiga
Triunfa bien gobernado un pueblo activo.  330
El de Franklin y Washington lo diga,
Hoy próspero y feliz, si antes cautivo,
Y la que mil tesoros nos prodiga,
No ya sujeta bajo yugo esquivo,
Sino con dulces vínculos de hermana,  335
Fiel, ilustrada y opulenta Habana.


XLIII

   Ni hay que salvar para buscar la peste
De las columnas de Hércules la meta;
Que en Madrid cada soplo de nordeste
De pulmonías colma una carreta;  340
Ni hay quien el miasma infecto contrarreste.
Ya nos venga de Argel, ya de Damieta,
Y a tal, que su bajel no da a las aguas
Temiendo niguas, le devoran naguas.
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XLIV

   Ni la erótica plaga se ha probado  345
Que del Asia o la América nos venga;
Y de enlodarse ciego en el pecado
Quien tema inoculársela se abstenga.
Si correr cada día es de tu agrado
De María a Isabel, de Juana a Menga,  350
Te clavarán, de fijo, hoy o mañana
Isabel o María, o Menga o Juana.


XLV

   Dado, en fin, que el comercio encierre males.
Porque los hay doquiera en este globo,
Seríamos sin él irracionales  355
(Vuelvo a decirlo) como el buey y el lobo,
Y sus ventajas son tantas y tales,
Que diría el lector «¿soy yo algún bobo?»
Si en defensa añadiese ni una coma
De lo que es para todos un axioma.  360


XLVI

   Pero entiéndase bien que alabo sólo
Al que, sea labrado, sea en bruto,
Vende al pueblo su género sin dolo
Y paga puntualmente su tributo;
No al que retaco en mano canta el polo  365
Mientras alija el prohibido fruto,
Burlando a los cien linces del resguardo...;
Bien que algunos tal vez coman del fardo.


XLVII

   Ni llamaré ladrón al traficante
Que vende en ocho lo que compra en uno.  370
Si el precio me parece exorbitante,
Voy a otra parte o de la compra ayuno.
No todo es lucro y ganga al negociante;
Que, amén de los furores de Neptuno
A que aventura su riqueza toda,  375
Arrostra los caprichos de la moda.
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XLVIII

   Si portease yo de cuenta mía,
O la fuese a buscar donde se halla,
A fe que algo más cara me saldría
Que mercada en la tienda la vitualla.  380
Por ventura ¿no es harta gollería
Que de París y Londres la quincalla
Venga a mi casa, y de Moscovia el lino,
Y el nipis y el tabaco filipino?


XLIX

   ¿No es gloria que un goloso en su festín  385
Frutos junte de Siria y de Aranjuez,
Y a toda costa dé mosto del Rin,
Aunque es mucho mejor el de Jerez,
Y me la eche de inglés con un pudin,
Y de moro con dátiles de Fez,  390
Y en Monsieur convertido lo Milord
Me haga servir pastel de Perigord?


L

   No aplaudo empero, y peca quien lo aplaude,
Que al Imperio Celeste en grande acopio
Con la fuerza el britano o con el fraude  395
A cambio de oro y seda lleve el opio,
Y que se irrite cuando no recaude,
Y picado en lo vivo su amor propio,
Al chino diga en orden de batalla:
«O pólvora o veneno; elige y calla.»  400


LI

   Dios permite que triunfe de la fuerza
El ingenio del hombre; mas me opongo
A que en letra y espíritu se tuerza
La ley, hasta yermar Guinea y Congo
Y trasplantar como lechuga o berza  405
(Tal vez rompiendo el conyugal diptongo)
Su triste raza, esclavizada a un Fúcar,
Que tiene ingenio, sí; pero de azúcar.
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LII

   Si es empero cruel esta costumbre,
No el filántropo isleño el bu nos haga  410
A título de falsa mansedumbre;
Que al paso que a los negros tanto halaga,
En Manchester la blanca muchedumbre,
Que suda el quilo con mezquina paga,
Quizá padece más que so la fusta  415
El herrado bozal de África adusta.


LIII

   Y aun la trata de negros es bicoca,
Y nonada el derecho de visita,
Y, bien en telas o en café de Moca
Se haga, ya individual, ya en comandita,  420
El contrabando que a la ley provoca
Escrúpulo es de monja carmelita,
Si se comparan con el agio aleve,
Plaga mayor del siglo diecinueve.


LIV

   ¡Oh bolsa comercial, horrenda sima  425
Do tantas de inocentes se sepultan!
Harapientos, que ayer nos daban grima,
Por ti con su opulencia nos insultan.
Ya el alza, ya la baja, ya la prima
Llenan su cofre y su cartera abultan;  430
Y si mal dadas van, ¿qué halla en su quiebra
El juez? Una camisa... y de culebra.


LV

   Se multa y se encarcela al que en el monte
O en el cané aventura dos pesetas;
Y el que en soberbia vence a Faetonte,  435
De pólizas tahúr y de carpetas,
Lejos de perseguirle un polizonte,
Con el oro que apila en sus gavetas
Los servicios supliendo que le faltan,
Compra veneras que su pecho esmaltan.  440
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LVI

   ¿Y cuántos de esos próceres de ayer
Que con tan mala fe juegan el dado,
Y suelen traficar si es menester
Con los altos secretos del Estado,
Y de un reino la paz comprometer  445
Por salvar el papel acaparado,
Cuántos, por bizarría o por conciencia,
Saben siquiera usar de su opulencia?


LVII

   Alguno que por medios semejantes
Más capital juntó que un día el Inca,  450
Y si en mal guardillón yacía enantes
Hoy acumula finca sobre finca,
¿Cómo, si ni a sus zarpas pone guantes,
Esperar que de pródigo delinca?
Nunca del ruin fue largo el horizonte,  455
Y la cabra, es sabido, tira al monte.


LVIII

    Otros lucen espléndida carroza,
Obra, es claro, de artífice extranjero;
Que con lo que es de casa no se goza
Y es muy cosmopolita don Dinero;  460
Y gastan un caudal con cada moza,
Aunque ande su mujer al retortero,
Y en la ópera italiana fijo el palco,
Aunque le den como oro el oricalco.


LIX

   Mas ¿reporta a la patria alguna pro  465
De aquel menguado la avaricia escuálida?
No. Y a él mismo las alas que cobró
¿Le sacan del estado de crisálida,
Perpetua ley de su destino? ¡Ay! no;
Que voluntario en él su frente pálida  470
Muestra el suplicio del famoso Tántalo.
¡Oh auri sacra, fames, atragántalo!
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LX

   Y esos que en tocador, sala y bodega,
Guardarropa y jardín, cocina y cuadra,
A Londres y a París y hasta a Noruega  475
Pagan tributo, cuando en vano ladra
La industria del país y en vano brega,
¿Saben sí es litoral la villa de Adra?
¿Hay siquiera una sola en sus estantes
De las cien ediciones de Cervantes?  480


LXI

   Aunque a tribunos pese y leguleyos,
Y aunque la ley a todos nos iguale,
El astro de Catones y Pompeyos
Siempre a través del fango sobresale
Do se agitan los ánimos plebeyos:  485
Quien sabe o puede más es quien más vale:
No sea nadie esclavo, ilota, paria,
Mas ¡comunismo!..., pero ¡ley agraria!...


LXII

   Tiritamos en Burgos, y en Estepa
De calor nos asamos o en Osuna:  490
Sobran doradas uvas a una cepa,
Y en la que está a su lado no hay ninguna;
Ágil el mono por el sauce trepa,
Tumba a la ostra inmóvil es su cuna;
Diamantes suelen dar montes bizarros,  495
Víboras otros y ásperos guijarros.


LXIII

   Varía así la natura, así versátil
Es la fortuna al hombre. Ingenio a Pedro
Da sutil como el álcali volátil,
A Juan el don de asegurar su medro  500
Sacando jugo hasta del seco dátil;
Otro de Pedro y Juan se queda a redro
Por menos venturoso o menos ducho...
Siempre habrá rico y pobre, poco y mucho.
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LXIV

   Doite hecha una república modelo,  505
Cual no se vio ni se verá en el mapa,
Sin otra propiedad en mar o suelo
Que tomar cada cual su pan y etapa,
Do sea delincuente el terciopelo
Si de paño el común usa la capa,  510
Y do, pues comen todos, nadie huelgue,
Y al que zángano sea se le cuelgue.


LXV

   ¿Y cuánto este equilátero tablero
De damas durará? Ni una quincena.
¿Trabajar?, dirá un díscolo. No quiero.  515
Destripe esos terrones norabuena
El que es de instinto rústico y grosero.
Y otro saldrá con otra cantilena.
¿Y qué estado no enerva la desidia?
¿Y el juego?... ¿Y las mujeres?... ¿Y la envidia?...  520


LXVI

   ¿Adónde irán los hombres, que consigo
No lleven sus miserias y pasiones?
¿Ni qué estatuto les pondrá al abrigo
De intrigantes y zorras y ladrones?
Y aun a todos tasando carne y trigo,  525
Harán sus diferentes complexiones
Que burlando la ley y a la patrulla
Lo que el uno escatime el otro engulla.


LXVII

   Así, y por cien caminos y accidentes,
Que no previeran ni Solón ni Numa,  530
A despecho de edictos impotentes
A unos se ve subir como la espuma,
Y por frágiles otros o indolentes
Labran el yugo que su frente abruma.
Así Dios lo ordenó desde ab initio,  535
Y así ha de ser hasta el postremo juicio.
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LXVIII

   Y pues no he de evitar que al Ebro peche
El que nacer me vio, fértil Cidacos,
Ni que, como las moscas de la leche,
Gusten las pulgas de los perros flacos,  540
Ni que el pueblo menudo no peleche
Presa de sicofantas y de cacos;
Ruede el mundo, y Luis merme y Diego crezca,
Y Dios dé a cada cual lo que merezca.


LXIX

   Vea yo que con garbo el nuevo Midas,  545
Garbo español, expende sus caudales,
Si en áureo tren y opíparas comidas,
En fábricas también y en hospitales,
Aunque plumas de envidia corroídas
Digan, por deshonrar sus funerales,  550
Lo que se dijo de don Juan de Robres,
Que si hizo el hospital, hizo los pobres.


LXX

   A los clamores de la patria acuda;
Artes y letras ame; no la esquiva
Mano retire al huérfano, a la viuda;  555
Y nadie en ponzoñosa diatriba
Rastreará si de casa linajuda
Viene o no, y por qué medra, y cómo priva,
Ni si al Midas de que hablan las consejas
Se parece también en las orejas.  560


LXXI

   Tú, pueblo bonachón, abre los ojos.
Del proyectista artero desconfía
Que hoy fecundar promete tus rastrojos,
Mañana minas de oro, y cada día
De otra Jauja te anuncia los despojos,  565
Mientras fácil tu bolsa se deslía.
Que dé buena hipoteca, y no administre;
¡Y aun así, guarda, Pablo, y lanza en ristre!
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LXXII

   No de Sierra Morena en la garganta
Sólo, o desde Novelda a Crevillente,  570
Por crudo terne de trabuco y manta
Se desbalija a un pobre impunemente:
Más en la corte y sin molestia tanta
Con blanda risa que finezas miente
Al prójimo se roba. Ya se ve;  575
¿Cómo pecar el que hurta en cabriolé?


LXXIII

   Madrid, víctima ya de muchas tretas,
Lo será todavía de otras tales,
Aunque la voz de alarma en las gacetas
Den cada día fallos judiciales. -  580
¿Qué hacer? Guardar doncellas las pesetas
Cuando pueden dar réditos anuales,
¡Es triste!... ¿Y si un bribón me las estafa?
Yerto me quedaré como en garrafa.-


LXXIV

   Nada aconsejo yo. Cada tertulio,  585
Pesando el contra y pro, la data y cargo,
Vea qué debe hacer de su peculio;
Y porque echo de ver que ya de largo
Peca este canto para escrito en Julio,
Voy pues a concluirlo. Sin embargo,  590
Por ser parte integrante del poema,
Renuevo en el epílogo mi tema.


LXXV

   La industria y el Comercio son gran cosa,
Aun sin el gas, que al mundo es otro Apolo,
Y aunque a inútil deseo y vana prosa  595
Se reduzca el invento del Eolo,
Donde volar cual rauda mariposa
Nos prometió de un polo al otro polo
Montemayor insigne, que a mi juicio
Con intentarlo sólo es buen patricio.  600
—421→


LXXVI

   Pero, sin yo querer que se confundan
Los buenos con los pícaros de marca,
En una y otra profesión abundan
Bordes Sectarios de don Sancho Abarca
Muy dignos de que a sátiras los hundan;  605
Y aun a tanta maldad la pena es parca;
Mas ¡ay, que para un Fúcar rico y pródigo
Son ilusorias las que reza el código!

  —422→  


ArribaAbajoCanto séptimo


La literatura



I

ArribaAbajo   Alma Literatura, tu sosiego
No quisiera turbar, yo que bendije
Tus aras tantas veces. Si hoy te pego,
Al empuñar la férula se aflige
Mi corazón. Perdóname, te ruego,  5
Pues la imparcialidad así lo exige
Y también sueles ser desvergonzada,
Que tus trapitos saque a la colada.


II

   Duéleme ¡oh Lesbio! cuando aleve insultas,
Porque al vulgo diviertes con la gracia,  10
Al prójimo indefenso, y sus ocultas
Flaquezas das a luz, y con falacia
Tal vez, si no las mientes, las abultas.
Fatal reverso del cantor de Tracia,
Si hasta a las fieras amansó su canto,  15
Como ellas mueve el tuyo a horror y espanto.


III

   ¿Querré acaso que el vicio viva impune
Yo que siempre lo llevo al estricote?
No, Lesbio, ni hay santuario donde inmune
Se considere de mi crudo azote;  20
Pero sin tregua un tonto me importune:
Aún más; séalo yo de capirote,
Si cuando al vicio por mi cuenta tomo,
Pintando a Pedro o Juan digo: Ecce Homo.
—423→


IV

   Y de Pedro y de Juan, Francisco y Pablo  25
Los rasgos son que copia mi paleta.
Materiales doquier acopia el diablo:
Combinarlos después toca al poeta,
De suerte que aparezca en el retablo
Una efigie verídica y completa,  30
De la cuál diga el pueblo: «Te conozco,
Mas no eres Diego Sanz ni Andrés Orozco.»


V

   No diré yo que sea inoportuna
La acusación de quien nos venda o robe,
Ora de viva voz en la tribuna  35
Se pida contra él su rayo a Jove,
Ora denuncie el tórculo una a una
Sus culpas; ora un vate se las trove.
Es derecho de todo ciudadano
Y obligación de muchos; esto es llano.  40


VI

   Mas no registre con linterna sorda
El doméstico hogar zoilo maligno.
E indague si es madama rucia o torda,
Y si influye en el cónyuge aquel signo
Que desespera a tres y a ciento engorda.  45
Tal proceder es sórdido, es indigno.
Y más si le acompañan malos modos
Y denuestos y trágalas y apodos.


VII

   Triste es buscar la fama por la senda
De la difamación. Quizá se alcanza.  50
Mas ¡tal es ella! Aunque cordial enmienda
Muestre el que así logró su bienandanza,
En vano es que solícito pretenda
(Aun antes de que cese en la privanza)
Borrar de sus pecados el vestigio.  55
Los hay que no los lava ni el Estigio.
—424→


VIII

   No así, Lesbio; malogres tu talento.
Deja esa pluma corrosiva y acre
Para el oscuro libelista hambriento
Que a la luz se derrite como el lacre;  60
Y pues mecerse en la región del viento
Puede tu genio como altivo sacre,
No, grajo, te alimente la carroña;
No vomites, reptil, negra ponzoña.


IX

   La gracia que te sobra no se aprende  65
Mas no daña a la gracia la prudencia,
Y el que urbano se muestra, aun si reprende,
No por serlo a su brava independencia
Renuncia, ni a sus émulos se vende
Quien sin pasión los juzga y con conciencia,  70
Y no cual ciego que al sentar el palo
Quizá sacude al bueno y yerra al malo.


X

   Y aun tú feliz, que por la recta vía
Puedes dejar el rumbo que te pierde;
No el que falto de ingenio y fantasía  75
Sabe que no es leído si no muerde,
Y ensucia cuanto toca como arpía,
Y no alienta, cual rana negriverde
(No siempre ha de decirse verdinegra),
Si del ciénago sale en que se alegra.  80


XI

   Mas basta ya de tan dañina yerba
Y Dios la purifique y acrisole
En quien sea posible. Otra caterva,
Otra más ruin y numerosa prole,
Si no de catadura tan acerba,  85
Merece que mi látigo enarbole,
Y antes que me desarme su candonga
Como chupa de dómine la ponga.
—425→


XII

   Hablo de los que el numen, si eso es numen,
Hablo de los que el estro, si eso es estro,  90
En contemplar cual ídolo consumen
Al que manda, ora a diestro, ora a siniestro,
Y no hay piropo con que no le abrumen,
Siquiera sea un Judas o un cabestro,
Para que pague la edición en prensa  95
O les dé un empleíllo en recompensa.


XIII

   Justo es que agradecido sea el vate
Al liberal Mecenas voluntario,
Y aun que aumente tal vez algún quilate
Al precio de su tronco nobiliario;  100
Mas calumniar de divo a un botarate,
Mostrándole en la diestra el incensario
Y en la siniestra el memorial humilde,
No hay, si tiene pudor, quien no lo tilde.


XIV

   ¿Y qué diré del escritor venal  105
Que a cualquier opinión su pluma arrienda?
Para memorialista de portal
Fáltale sólo el rótulo y la tienda.
¡Oh Apolo!, no es tu numen celestial,
Aunque por hijo tuyo se nos venda,  110
Quien inspira a ese cínico Proteo
Que al mismo Lucifer dirá: ¡Laus, Deo!


XV

   Con ceño no inferior al de Aristarco
También a los pedantes zurraría,
Pidiendo auxilio a mi maestro Inarco  115
Que hizo en ellos cruel carnicería;
Pero de tal polilla el siglo es parco.
Porque en resumen ¿qué es pedantería?
Ostentar mucho lo que mal se aprende;
Pero ya no estudiamos, y por ende...  120
—426→


XVI

   Así, si algún discípulo nos queda
Del sin par don Hermógenes de antaño,
No hagamos de él escarnio y almonena,
Y como bicho o documento extraño
Nos le compre un inglés. Por lo que pueda  125
Tronar, guardarlo es bien como oro en paño,
En muestra, aunque harto débil, de que aquí
Aún hay quien no desdeña el quis-vel-qui.


XVII

   Ya se ve; diz que son trabas del genio
La paciencia, las reglas, el estudio,  130
Y que para triunfar en el proscenio
Basta colarse en él sin más preludio,
Hoy que a Tirso suplantan y a Celenio
Jácara necia y gitanil tripudio,
O farsas cuya acción y cuyo diálogo  135
No respetan ni el Credo ni el Decálogo.


XVIII

   ¿Y a qué en aulas seguir cursos metódicos,
Si ciencia universal nos inoculan
De balde o poco menos los periódicos
Que como hormigas por Madrid pululan?  140
¿Y no hay manuales cien que a precios módicos
Las nociones que aquellos no acumulan
Nos dan por el sistema homeopático
Mejor que el más insigne catedrático?


XIX

   ¡Y ahí es grano de anis o de mostaza  145
La vasta erudición que un hombre pesca
En el café, en el club, y hasta en la plaza!
Que ya gratis se ganan y a la fresca
Grados de bachiller, y la trapaza
Suple al estudio y al saber la gresca,  150
Y aquel es reputado más capaz
Que se muestra más gárrulo y audaz.
—427→


XX

   Si de escribir se trata, ¿quién no es diestro
Para tratar ex cathedra de todo?
¿De la Biblia? Cualquiera sin maestro  155
La falsea o la arrastra por el lodo.
¿De Historia? A Ocampo y Garibay secuestro
Y en puré los revendo o de otro modo.
¿De Leyes? Nada sé, nada produzco,
Mas las declaro absurdas, y me luzco.  160


XXI

   O tiene uno talento, o no le tiene,
Dice el que se lo cuelga motu propio.
Con él ¿qué ciencia habrá que yo no estrene
Si una parte adivino y otra copio?
Y si un trago he bebido en Hipocrene,  165
¿Quién vendrá con prolijo microscopio
A escudriñar las faltas que cometa?
Nadie; que todo es lícito a un poeta.


XXII

   Ya nadie el pandillaje consabido
Como a canijos escritores cuadra.  170
Famélico uno solo y desvalido
Al can semeja que a la luna ladra;
Mas su nombre redime del olvido
Si otros tales le admiten en su escuadra.
¿Quién teme en esa empresa de seguros  175
A chorizos, polacos ni panduros?


XXIII

   Solo el plan está escrito de la obrilla
(En suponer un plan quizá me excedo)
Y ya en una y en otra gacetilla
La prótasis alaban y el enredo;  180
Se lee en borrador a la pandilla,
Y aunque no valga para el arte un bledo
Y el buen sentido conculcar proyecte,
Todos exclaman: ¡Pulchre, bene, recte!
—428→


XXIV

   Y en Prosper merendando o en Perona  185
Se acuerda que, finado el tercer acto,
Salga el vate a las tablas en persona
A recibir un pláceme compacto;
Si no es que a prevención una corona
Se lleva con que el pueblo estupefacto  190
Ve laureado al escritor precito
Que en justicia merece un sambenito.


XXV

   Así, en vez de la fiebre y la congoja
Con que el autor modesto y de conciencia
Tiembla como en los árboles la hoja  195
Y en un rincón aguarda la sentencia,
Y de galas y afeites se despoja
Por si le imponen ruda penitencia;
Nuestro hombre, muy en ello, se acicala
Para exhibirse intrépido en la sala.  200


XXVI

   Y a fuerza de ovaciones de esta estofa
(Que hacen dudar a un hombre de criterio
Si se ensalza al autor o se le mofa)
El vulgo, que las toma por lo serio,
(Y con él muchas gentes de alta cofa)  205
Cómplice se hace al fin del gatuperio
Y dice: «Esto es lo bueno, esto es lo lindo,
Y quien no escriba así, caiga del Pindo.»


XXVII

   Siglo es de medianías el que rige,
Y no lo negará quien bien lo observe.  210
Sobre experto varón ora se erige
Por su audacia, y no más, garzón imberbe;
Ciega y loca fortuna a aquel dirige;
A este la intriga que en las cortes hierve,
Mas ¿dónde alientan hoy los grandes hombres  215
Que han de inmortalizar sus claros nombres?
—429→


XXVIII
   Un héroe sólo, un genio hemos contado,
Y ese en rigor no al siglo pertenece;
Que es superfetación del que ha pasado:
Napoleón.35 ¿Cuál astro resplandece,  220
Fuera de él, hombre de armas o de estado,
Que no puedan suplirle doce o trece
Sin que esta sociedad pasiva, inane
Pierda en el cambio un níspero o lo gane?


XXIX

   Y hay hombres de alto temple; no lo ignoro:  225
Mas, porque austeros son en demasía
Y culto niegan al becerro de oro,
Dejan a la insolente medianía
Puestos en que aventuran su decoro,
O si al poder su mérito les guía,  230
El agio y la perfidia cortesana
Los tumban de la noche a la mañana.


XXX

   A mi asunto volviendo, ya de Horacio
El mediocribus esse a los poetas,
Como en tiempo mejor a los del Lacio,  235
No niegan puritanas las lunetas;
Antes de un escolar al cartapacio,
Que aún está dando fe de las palmetas,
Vítores da la multitud obtusa,
Y al talento y la ciencia los rehúsa.  240
—430→


XXXI

   Si explicar tal fenómeno quisiera,
Yo al lector dejaría satisfecho;
Mas la lección sería muy severa,
Y hoy, si bien lo examino, sin provecho.
Me ceñiré a decir que si prospera  245
La medianía, es porque yo sospecho...
Que a veces..., ¿lo diré?, si otras muy ducho...,
También el auditorio es medianucho.


XXXII

   Bien es cierto que afligen otros varios
Achaques al teatro nacional;  250
Ya nazcan de escritores perdularios
Para quienes el foro aún es corral,
O ya de codiciosos empresarios
Que vendieran a Apolo, por un real,
O bien del mismo público badea  255
Que tanto y tanto bodrio paladea.


XXXIII

   Pecan (que no son santos ni profetas)
Los cómicos también... Pero los temo;
Que, aunque sólo a los míseros poetas
Suele el dicho aplicar catón blasfemo,  260
Los actores aún más y los consuetas
Son genus irritabile en extremo,
Y los hay que, aspirando a ciego culto,
Hasta el consejo toman por insulto.


XXXIV

   No todos, en verdad, de ciencia infusa  265
Tesoro se contemplan y de gloria,
Pretendiendo crear más que la musa
Cuyos ecos repiten de memoria:
Hay quien partir modesto no rehúsa
Con el autor la escénica victoria,  270
Y si algo en el ensayo rectifica,
Respeta su derecho y no se pica.
—431→


XXXV

   Hay quien aplausos pide a todo trance,
Y quien sólo al buen gusto los demanda;
Hay quien guarda sus bríos para un lance,  275
Y otro hace en todos lo que el arte manda;
La prosa éste distingue del romance
Y sabe lo que dice y por dónde anda,
Y sin venir a cuento aquél se engolfa
Y pierde el rumbo, pero no la solfa.  280


XXXVI

   Mas dirán, si prosigo el parangón:
«¡Miren qué gracia! Así no se critica.
No cumples tu satírica misión
Con decir que hay de todo en la botica.
Este es un Roscio, aquel un mal histrión...  285
Y ¿a quién el este y el aquel se aplica?
Di: Juan es bueno y pésimo Vicente.
Lo demás es huir por la tangente.»


XXXVII

   Pues aún así ha de haber quien cada frase
Ora a Fulano cuelgue, ora a Mengano,  290
Y aunque tal por las mientes no me pase
Dirán: «Es un Majencio, un Diocleciano
Perseguidor cruel de nuestra clase,
Un Atila, un apóstata Juliano»,
Mientras batiendo yo palma con palma  295
No exclame: ¡Cada cómico es un Talma!...


XXXVIII

   Y, valga la verdad, buenos actores
No nos faltan y célebres actrices.
¡Así de entre los buenos los mejores,
Para ser todos ellos más felices,  300
A sombra de unos mismos bastidores
Se vieran; no cual tímidas perdices
Que acá el plomo dispersa y acullá,
O cual los tristes nietos de Judá!
—432→


XXXIX

   Tanto mejor. Así, como en la cuna  305
Del mundo, con su propia parentela
Cada primer galán prueba fortuna
Y agencia poca o mucha clientela;
Y en diez aulas así, por falta de una,
Brilla ¡oh Talía hispánica! tu escuela,  310
Y pronto en cada barrio, a lo que veo,
Tendrá la capital un coliseo.


XL

   Mas como de Toledo y de Segovia
Falta a los puentes ¡casi nada! el río;
Que apenas el cimiento que le agobia  315
Lame en invierno, y en el seco estío
Puede su cauce pudibunda novia
Pisar sin que la moje ni el rocío
Así, o sobran teatros, es notorio
O falta para tantos auditorio.  320


XLI

   «¿Y qué le importa a usted? La industria es libre,
Mohíno me replica un empresario,
Como en su curso el Támesis y el Tibre.
¿Pido yo algún subsidio del erario?
Si a actores de mi brío y mi calibre  325
El público abandona y del diario
Sigue la voz que sin piedad me muerde,
Hágale buen provecho: él se lo pierde.»


XLII

«Pues yo no dejo el puesto, aunque el demonio
Me lleve, otro dirá. La ley me abona,  330
Y el teatro español no es patrimonio
De ninguna familia ni persona.»
Y todos culparán al plectro ausonio,
A cuyo son el pueblo se amontona...,
Y al Gobierno, que viendo a la Comedia  335
Gemir, agonizar, no lo remedia...
—433→


XLIII

   ¡No más! El vulgo frívolo propende
A ser de su discurso un poco avaro.
Así, sin que le duela, el oro expende
Por un ínfida sorte y un mio caro.  340
Si del texto una sílaba no entiende,
¿Qué importa? A los sentidos dulce y claro
Habla el re-mi-fa-sol, mientras del alma
Dos potencias o tres duermen en calma


XLIV

   La ópera es de suyo seductora,  345
Si hay en la partitura buen estilo
Y con grata expresión y voz sonora
Canta la donna que nos tiene en vilo.
La acción importa un bledo, y si en Caldora
Ocurre o en las márgenes del Nilo.  350
¡Dos negociante!, si se encuentran juntos,
Tratan del dúo al aria sus asuntos.


XLV
   Tiempo ha que lloran las hispanas musas,
Macilenta la faz y el plectro roto,
Oyendo las heréticas excusas  355
Con que atildado prócer, tan devoto
De corcheas, semínimas y fusas,
Ya las cante Pollión, ya Michelloto,
A Moreto desdeña y Alarcón
Y sólo en solfa admite un Calderón.36  360
—434→


XLVI

   Aún es menor la costa que la danza
Pantomímica impone al intelecto.
Quien tiene vista allí que largo alcanza,
Del ingenioso drama es juez perfecto;
Lentes de a veinticuatro (esta es la usanza)  365
De corta vista suplen el defecto;
La pantomima se desprecia ¡fu!,
Y alerta, ¡ojo avizor al padedú!


XLVII

   Al menos en la danza no París
Se lleva todo el lauro. Hay almas buenas  370
Que a las Fuocos prefieren y a las Güis
Las Cámaras, las Vargas y las Nenas.
Y ¿por qué a aquellas más maravedís
Dar que a nuestras Terpsícores morenas?
Si en la pierna está el quid, no en la cabriola,  375
Sobre este quid ¿quién tose a una española?


XLVIII

   Y agregue usted la sal de Andalucía...
Mas ya nos la administran tal y tanta
Intrusos sacerdotes de Talía,
Que con su acre sabor nos atraganta.  380
Fina y con tasa es néctar y ambrosía,
Mas gorda y a quintales ¿quién la aguanta?
¡Qué! ¿Sólo tienen gracia los gitanos
Desde el monte de Calpe a los Marianos?


XLIX

   ¡Qué! ¿Sólo allí hay chalanes, y lechuzas  385
Buñoleras, y chulos, y ladrones,
Con navajas moviendo escaramuzas
Y a Baco menudeando libaciones?
¿Son estas las costumbres andaluzas
Dignas de dar asunto a los telones?  390
¿Se alza en Despeñaperros una valla
Que diga non plus ultra a la canalla?
—435→


L

   En ensartar hipérboles absurdas
¿El donaire andaluz sólo consiste?
¿Es fuerza revolcarse en las zahúrdas  395
Para tener ingenio y garbo y chiste,
Y en vez de mire usted, con lengua zurda
Sincopando la frase decir miste,
Y afear el idioma de Cervantes
Con carcelarias voces mal sonantes?  400


LI

   Vates que sois la prez de Guadalhorce
Y Betis y Genil y Lete y Darro,
No aquel segundo Edén sufráis que escorce
A guisa de figón coplero charro;
Mostrad una y dos veces y catorce  405
Que sin caló y sin crápula y desgarro,
Sobra la ática sal a vuestra gente
Del Norte al Sur, del Céfiro al Oriente


LII
   Acabe ya ese género bastardo
Que a la razón y a la moral insulta,  410
O sólo de Triana y San Bernardo
Se solace con él la plebe inculta.
La fruta coma de que abunda el Pardo
El que tales oráculos consulta,
Y no más a la cháchara de un drope  415
Se humille Moratín, sucumba Lope.37
—436→


LIII

   Habla de mis abuelos rica, noble,
Limpia, sonora, ¡oh cómo te pervierte
La atrevida ignorancia a paso doble!
La jerga gitanil ¡oh dura suerte!  420
Y de París la frase o de Grenoble
Conspiran de consuno a darte muerte,
Y pocos salen ¡ay! a tu defensa
Ni en la tribuna libre ni en la prensa.


LIV

   ¿Qué mucho? Como todo se improvisa  425
Lo que aquí se perora y se redacta,
Raro es quien se detiene en tanta prisa
A excogitar la locución exacta.
Así tal jerigonza se nos guisa,
Que España es ya Babel. «Tomemos acta...;  430
Dijo reasumiendo don Baudilio...;
Se avisará en su día a domicilio...»


LV

   Pues ¿y el hacer esdrújulos de todo?
Si eufónico y genuino es intervalo,
¿A qué fin acentuarlo de otro modo?  435
Siendo en Madrid ministro un don Gonzalo
(Recuerdo el cuentecillo y lo acomodo;
Que para mi propósito no es malo)
Entre él y un aguerrido pretendiente
Dio que reír la anécdota siguiente.  440


LVI

   Cansado de una audiencia otra audiencia
En que nada lograba el pordiosero,
Parando un día al prócer (¡qué insolencia!)
«¡Don Gonzalo!», exclamó con tono fiero.
«¡Breve, breve!», interrumpe Su Excelencia.  445
«Pues bien, señor don Gonzalo, esto quiero»,
El quídam replicó, que era ladino,
Y su agudeza le valió un destino.
—437→


LVII

   ¿Será tal vez que rutinaria y crédula
La caterva que ha dado en tal manía  450
Toma aquel breve, breve por real cédula
Que prosodia alteró y ortografía?
¿Es galope el de epigrama y de médula
Que da brío a la lengua y energía,
O es que nada estudiaron, ni pretéritos,  455
Los que pronuncian hóstiles y péritos?


LVIII

   Aunque gala da al verso y a la prosa
Del esdrújulo el raudo movimiento;
Si de ellos nuestra lengua es tan copiosa,
Que uno buscando se me ocurren ciento,  460
¿Por qué sed de aumentarlos nos acosa?
¿No hay más primor en el variado acento?
Mas basta ya de crítica infecunda
Y perdonadme ¡oh colegas! la tunda.


LIX

   Quizá también por ser en tanto grado  465
El idioma español vario y sonoro,
Aquí, como las malvas en el prado,
Abundan los poetas. ¡Qué tesoro!
Todos en su laúd, por de contado,
Pulsan (ellos lo dicen) cuerdas de oro,  470
Y embriaga a todos...; ¿pensaréis que el vino?;
No; eso que llaman el furor divino.


LX

    Si son o no lo que presumen muchos,
A la posteridad toca decirlo,
Y si es razón que a ciertos avechuchos  475
Fueros se den de ruiseñor o mirlo.
¡Ay, de cuántos poemas, cucuruchos
Hará el tendero, y cuánto y cuánto chirlo
Preparan el ratón y la polilla,
A más de una rimada maravilla!  480
—438→


LXI

   Hoy con que el verso conste y mala o buena
Caiga la rima do la pide el metro,
Aunque de vaciedades esté llena,
Nadie dice a una estrofa vade retro.
Sobre todo en la escena... ¡Es mucha escena!  485
Ni un sólo día en su ámbito penetro
Que, aunque cada renglón merezca un palo,
Oiga a nadie decir: «El verso es malo.»


LXII

   La mitad de las sílabas son ripio,
Ruda la frase, impropias las figuras;  490
Aquí redunda el dócil participio;
Allí son berroqueñas tres cesuras;
Allá el fin es discorde del principio...
No importa; y sufrirá mil desventuras
El drama, y dirán todos que es perverso;  495
Mas ¿quién le pone el cascabel al verso?


LXIII

   No más, que si apurase la materia
Con cien lacras que omito y cien resabios,
¡Qué de muebles saldrían a la feria!
¡Cuántos que ciñen ínfulas de sabios  500
Mostrarían desnudos su miseria!...
Mas tomarían muchos por agravios
De mi pluma las cándidas verdades
Y por envidia ruin a mis cofrades


LXIV

   Sólo diré, por vía de posdata,  505
Que deplorar me sea concedido
Forme aquí tantos votos de reata
El espíritu ciego de partido.
A su contrario cada cual combata
En la arena política: no pido  510
Ni justicia siquiera a aquellos o estos:
Siempre para violarla habrá pretestos.
—439→


LXV

   Mas siquiera el poético gimnasio
Sea neutral y el de las dulces artes.
Si brilla en tal facción algún Parrasio,  515
Hónrese su talento en todas partes;
Si en el otro despunta un Metastasio,
No por seguir opuestos estandartes,
Con torva vista y desdeñoso belfo
Exclame un gibelino: «¡Horror! ¡Es güelfo  520