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ArribaAbajoSoneto XXXI


- 109 -


    Nuevos casos de amor, nuevos engaños,
Envueltos en lisonjas conocidas;
Del bien promesas falsas y escondidas,
Donde del mal se cumplen grandes daños;

   ¿Cómo no tomáis ya por desengaños
Tantos ayes y lágrimas perdidas,
Pues no basta una vida, ni mil vidas,
A tantos días tristes, tantos años?

   Un nuevo corazón tener debía,
Con otros ojos menos fatigados,
Para volver a creer lo que os creía.

   Andáis conmigo, engaños, engañados;
Y si no lo creéis, temed que un día
Habéis de ser vosotros los chasqueados.




ArribaAbajoSoneto XXXII


- 110 -


    ¿Dónde pondré mis ojos, que no vea
La causa do que nace mi tormento?
¿Dónde podré fijar mi pensamiento,
Que para mi descanso parte sea?

   Ya sé cómo se engaña quien desea
En vano amor, leal, firme contento;
Pues en sus gustos, que lo son de viento,
Jamás se encuentra el bien que lisonjea.

   Y además, sobre el claro desengaño,
Así me trae esta alma subyugada,
Que de él está pendiendo mi deseo.

   Y voy de día en día, de año en año,
En pos de un no sé qué, y en pos de un nada,
Que cuanto más me acerco menos veo.




ArribaAbajoSoneto XXXIII


- 112 -


    ¿Qué loco pensamiento es el que sigo?
¿Tras qué vano cuidado voy corriendo?
¡Desgraciado de mí, que no me entiendo,
Ni lo que callo sé, ni lo que digo!

   Peleo con quien trata paz conmigo;
Del que me va a ofender, no me defiendo;
De falsas esperanzas ¿qué pretendo?
¿Quién me hace de mí propio mal amigo?

   ¿Por qué, si nací libre, me cautivo?
Y pues lo quiero ser, ¿por que no quiero?
¿Cómo me engaño más con desengaños?

   Si ya desesperé, ¿qué más espero?
Y si aun espero más, ¿por qué no vivo?
Si vivo, ¿por qué causa aquestos daños?




ArribaAbajoSoneto XXXIV


- 116 -


    De acá, do solamente imaginaros
La rigurosa ausencia me consiente,
En alas del amor osadamente
El mal sufrido esprito va a buscaros;

   Y si no recelase de abrasaros
En la llama voraz que por vos siente,
Quedara allá con vos, y a vos presente
Aprendiera de vos a contentaros.

   Mas ya que a estar ausente está obligado,
Respetuoso y atento permanece
Al pie de vuestra imagen inclinado.

   Y pues vos veis la fe que a vos ofrece,
Desde ahí volved la vista a su cuidado,
Y así le daréis más que no merece.




ArribaAbajoSoneto XXXV


- 118 -


    No lleves, Nise, al monte tu ganado,
Que allí a Cupido vi que te buscaba,
Y a todos por ti sólo preguntaba,
Con rostro no apacible, sino airado.

   Decía en alta voz que le has robado
Los mejores arpones de su aljaba,
Y con un dardo ardiente aseguraba
Que ha de pasar tu pecho delicado.

   Huya de la fatal cruel aventura;
Pues, según contra ti lo vi furioso,
Tal vez te alcanzará su mano dura.

   Mas en vano te advierto temeroso;
Que a tu gentil, magnífica hermosura
Se rindirá aun su dardo más furioso.




ArribaAbajoSoneto XXXVI


- 120 -


    Tornad esa blancura a la azucena,
Ese color de púrpura a las rosas;
Tornad al sol las llamas luminosas
De esa vista, que a robos os condena.

   Tornad a la suavísima Sirena,
De esa voz las cadencias deleitosas;
Y esa gracia a las Gracias, que quejosas
Están, porque la suya es menos buena.

   Tomad a Citerea la belleza;
A Minerva el saber, ingenio y artes;
La pureza volvédsela a Diana;

   Dejad de vuestros dones la grandeza:
Pues así quedará por todas partes
Vuestro ser sólo, que es ser inhumana.




ArribaAbajoSoneto XXXVII


- 121 -


    De mil sospechas vanas se levantan
Trabajos y disgustos verdaderos.
¡Ah, los bienes de amor son hechiceros
Que con un no sé qué toda alma encantan!

   Como Sirenas dulcemente cantan
Para engañar los tristes marineros,
Así me atraen los míos lisonjeros,
Y después con horrores mil me espantan.

   Cuando pienso que llego a puerto o tierra
Tal viento se levanta en un instante,
Que de la misma vida desconfío.

   Mas yo soy el que me hago mayor guerra,
Pues conociendo el -riesgo de un amante
Fiado a ondas de amor, de ellas me fío.




ArribaAbajoSoneto XXXVIII


- 123 -


    ¡Ah, señora!, la llaga que me hicisteis
No fue para curarse en sólo un día;
Porque creciendo va con tal porfía,
Que bien muestra el intento que tuvisteis.

   De causar dolor tanto ¿no os dolisteis?
Mas si os dolierais, yo no penaría;
Pues ya con la esperanza me vería
De lo que ver en mí jamás quisisteis.

   Los ojos, con que todo me robasteis,
Fueron causa del mal que estoy pasando,
Y hacéis como que nunca lo causasteis.

   Mas yo me he de vengar: y ¿sabéis cuándo?
Cuando os vea quejar porque dejasteis
Irse a aquesta alma en ellos abrasando.




ArribaAbajoSoneto XXXIX


- 125 -


    Señora, si el estar de vos ausente
Me libertara de un penar severo,
Sospecho que ofendiera lo que os quiero,
Olvidado del bien de estar presente.

   Tras éste, luego siento otro accidente;
Y es ver que si de vida desespero,
No logro lo que viéndoos espero,
Y así estoy en mis malos diferente.

   En esta diferencia, mis sentidos
Combaten con tan áspera porfía
Que me causan un mal, el más extraño.

   Siempre entre sí los veo divididos,
Y si acaso concuerdan algún día,
Es porque se conjuran en mi daño.




ArribaAbajoSoneto LX


- 126 -


    En brazos de su madre Amor estaba
Dormido, y tan hermoso, que movía
Al corazón más libre que lo vía,
Y aun a Venus de amores la mataba.

   Ella lo vía atenta, y contemplaba
Cuántos estragos en el mundo hacía;
Mas el rapaz, soñando, lo decía
Que aquellos males ella los causaba.

   Soliso, que, graduado en sus amores,
Supo más que los dos por su ventura,
Así aclaró la duda a los pastores:

   «Si hieren siempre con herida dura
Del rapaz los ardientes pasadores,
Más hiere de la Madre la hermosura.»




ArribaAbajoSoneto XLI


- 127 -


    De este terrestre caos los vapores
No pueden condensar las nubes tanto,
Que el claro sol no rompa el negro manto,
Mostrando sus vivísimos colores.

   La esquiva ingratitud de los rigores
Es nube que se opone y dura, en cuanto
No nos convierte el cielo en triste llanto
Sus vanas esperanzas y favores.

   Puede oponerse al cielo aquesta tierra,
Y estar el sol por horas eclipsado;
Mas no puede quedar obscurecido.

   Y así aunque prevalezca vuestra guerra,
A pesar de las nubes, declarado
Ha de ser vuestro sol y obedecido.




ArribaAbajoSoneto XLII


- 129 -


    Creed, deseo mío, pues ventura
En sus brazos ya os tiene levantado,
Que la bella razón que os ha engendrado,
El más dichoso fin os asegura.

   Si aspiráis por osado a tanta altura,
No es espante el haber al sol llegado;
Porque es de águila real vuestro cuidado,
Que cuanto más lo sufre más se apura.

   ¡Ánimo, corazón!, que el pensamiento
Aun podrá hacerte mucho más glorioso,
Sin que respete tu merecimiento.

El que crezcas aún más, es ya forzoso,
Porque si antes de osado fue tu intento,
Ahora de atrevido es venturoso.




ArribaAbajoSoneto XLIII


- 132 -


    Nunca en amor dañó el atrevimiento,
Pues la fortuna auxilia a la osadía;
Y siempre la encogida cobardía
Sirve de piedra al libre pensamiento.

   Quien se eleva al sublime firmamento,
En él halla la estrella que lo guía;
Que el bien que encierra en sí la fantasía,
No es más que una ilusión que lleva el viento.

   Se debe abrir el paso a la ventura;
Quien no se ayuda no será dichoso;
La suerte al comenzar sólo aprovecha.

   Atreverse es valor, y no locura;
Perderá por cobarde el venturoso
Que os ve, si los temores no desecha.




ArribaAbajoSoneto XLIV


- 137 -


    El hijo de Latona esclarecido,
Que consuela al nacer toda la gente,
Dio muerte a la Pitónica serpiente,
Que de mil muertes causa había sido.

   Hirió con arco, y de arco fue herido,
Con punta aguda de oro reluciente:
En las Tesalias playas, dulcemente
Por Dafne la gentil se vio perdido.

   No le pudo valer contra su daño
Saber, ni diligencias, ni respeto
De cuanto era celeste y soberano.

   Si él no pudo librarse del engaño
De quien era tan poco en su respeto,
¿Me libraré de un ser que es más que humano?




ArribaAbajoSoneto XLV


- 139 -


    Por cima de estas aguas, fuerte y firme
Iré adonde los hados lo ordenaran;
Pues por cima de cuantas derramaran
Aquellos ojos, pude acá venirme.

   Ya llegado era el fin de despedirme,
Ya mil impedimentos se acabaran,
Cuando ríos de amor se atravesaran,
Para estorbarme el paso de partirme.

   Pasélos con el ánimo obstinado
Con que la muerte inevitable, honrosa
Hace el vencido, ya desesperado.

   ¿Con cuál figura o rostro desusado
Puede hacer miedo ya la muerte odiosa,
A quien tiene a sus pies preso y atado?




ArribaAbajoSoneto XLVI


- 148 -


    Si tanta gloria tengo con mirarte,
Es pena desigual dejar de verte:
Si presumo con obras merecerte,
Gran pago de un engaño es desearte.

   Si por lo que eres quiero celebrarte,
Sé, por lo que yo soy, que he de ofenderte:
Si me quieres a mí mal, por bien quererte,
¿Qué premio querer puedo, más que amarte?

   ¿Por qué tu raro amor así difiere
El darme algún consuelo? ¡Oh dulce gloria,
Dichoso quien por ti morir pudiere!

   Siempre escrita estarás en mi memoria;
Y esta alma vivirá, pues por ti muere;
Que al fin de la batalla es la victoria.




ArribaAbajoSoneto XLVII


- 150 -


    ¡Triste de mí! ¡que a un tiempo lloro y río!
¡Espero, temo, quiero y aborrezco!
Juntamente me alegro, y me entristezco;
Confío de una cosa, y desconfío.

   Vuelo sin alas, ciego estoy y guío;
Menos alcanzo en lo que más merezco;
Hablo mucho mejor cuando enmudezco,
Y sin contradicción siempre porfío.

   Háceseme posible lo imposible;
Intento con mudarme estarme quedo;
Usar de libertad y ser cautivo.

   Querría visto ser, ser invisible;
Huyo de la red misma en que me enredo;
¡Tales son los extremos con que vivo!




ArribaAbajoSoneto XLVIII


- 153 -


    Crió naturaleza damas bellas,
Que fueron de altos plectros celebradas;
De ellas tomó las partes más preciadas
Y a vos, señora, os dio la mejor de ellas.

   Todas a vuestro lado son estrellas
Que así que os ven se quedan eclipsadas;
Mas, si tienen por sol esas rosadas
Luces del sol mayor, ¡felices ellas!

   En perfección, en gracia, en gentileza,
Por un modo entre humanos peregrino,
Todo lo bello excede esa belleza.

   ¡Oh quién tuviera partes de divino
Para agradaros! Mas si la pureza
De amor vale ante vos, de vos soy dino.




ArribaAbajoSoneto XLIX


- 156 -


    Si algún día la vista algo más suave
Acaso a mí volvéis, en un momento
Me siento con un tal contentamiento,
Que ya no tomo daño que me agrave.

   Mas cuando con desdén esquivo y grave
El bello rostro me mostráis exento,
Siento tanto dolor, tanto tormento,
Que mucho viene a ser que no me acabe.

   Pende mi vida, pues, pende mi muerte
Del volver de esos ojos, pues podéis
Con volverlos matarme o darme vida.

   ¡Feliz de mí, si quiere mi hado o suerte
Que o vida, para dárosla, me deis,
O muerte, para haber muerte querida!




ArribaAbajoSoneto L *


- 161 -


    A la margen del Tajo en claro día,
Con rayado marfil peinando estaba
Natercia sus cabellos, y quitaba
Con sus ojos la luz al sol que ardía.

Soliso, que cual Clicie la seguía,
Lejos de sí, mas cerca de ella estaba:
Al son de su zampoña celebraba
La causa de su ardor, y así decía:

   «Si tantas como tú tienes cabellos
Tuviera vidas yo, me las llevaras
Colgada cada cual del uno dellos.

   De no tenerlas tú me consolaras,
Si tantas veces mil como son ellos,
En ellos la que tengo me enredaras.»




ArribaAbajoSoneto LI *


- 162 -


    Por gloria tuve un tiempo ser perdido:
Perdíame de puro bien ganado;
Gané cuando perdí ser libertado;
Libre ahora me veo, mas vencido.

   Vencí cuando de Nise fui rendido
Rendíme por no ser de ella dejado;
Dejóme en la memoria el bien pasado,
Paso ahora a llorar lo que he servido.

   Servía al premio de la luz que amaba;
Amándola, esperábale por cierto;
Incierto me salió cuanto esperaba.

   La esperanza se queda en desconcierto:
El concierto en el mal que no pensaba:
El pensamiento con un fin incierto.




ArribaAbajoSoneto LII *


- 163 -


    Revuelvo en la incesable fantasía
Cuándo me he visto en más dichoso estado;
Si ahora que de amor vivo inflamado,
O cuando de su ardor libre vivía.

   Entonces de esta llama solo huía,
Despreciando en mi vida su cuidado:
Ahora, con dolor de lo pasado,
Tengo por gloria aquello que temía.

   Bien veo que era vida deleitosa
Aquella que lograba sin temores,
Cuando gustos de amor tuve por viento.

   Mas, viendo hoy a Natercia tan hermosa,
Hallo en esta prisión glorias mayores,
Y en perderlas por libre hallo tormento.




ArribaAbajoSoneto LIII *


- 164 -


    Las peñas retumbaban al gemido
Del mísero zagal, que lamentaba
El dolor, que a su alma lastimaba,
De un obstinado desamor nacido.

   El mar que las batía, su bramido
Con los retumbos de ellas ayuntaba;
Confuso son el viento derramaba,
En cavernosos valles repetido.

   «Responden a mi llanto duras peñas:
¡Ay de mí!-dijo-brama el mar y gime;
Los ecos suenan de tristeza llenos;

   Y tú, por quien la muerte en mí se imprime,
De oír las ansias mías te desdeñas;
Y cuando lloro más, te ablando menos!»




ArribaAbajoSoneto LIV *


- 165 -


    En una selva al despuntar del día
Estaba Endimión triste y lloroso,
Vuelto al rayo del Sol, que presuroso
Por la falda de un monte descendía.

   Mirando al turbador de su alegría;
Contrario de su bien y su reposo,
Tras un suspiro y otro congojoso,
Razones semejantes le decía:

   «Luz clara, para mí la más obscura,
Que con ese paseo apresurado,
Mi Sol con su tiniebla obscureciste;

   Si allá pueden moverte en esa altura
Las quejas de un pastor enamorado,
No tardes en volver a do saliste.»




ArribaAbajoSoneto LV *


- 166 -


    Orfeo enamorado, que tañía
Por la perdida Ninfa que buscaba,
En el Orco implacable donde estaba,
Con la arpa y con la voz la enternecía.

   La rueda de Ixión no se movía,
Ningún atormentado se quejaba;
Las penas de los otros ablandaba,
Y todas las de todos él sentía.

   El son pudo obligar de tal manera,
Que en dulce galardón de lo cantado,
Los infernales Reyes, condolidos,

   Le mandaron volver su compañera:
Y volvióla a perder el desdichado:
¡Con que fueron entrambos los perdidos!




ArribaAbajoSoneto LVI


- 174 -


    ¡Ah fortuna cruel! ¡Ah duros hados!
¿Cómo para mi daño así os mudasteis?
Con los cuidados vuestros me cansasteis,
Y ahora descansáis con mis cuidados.

   Hicísteisme, probar gustos pasados,
Y vuestra condición allí probasteis:
Los males más sencillos me quitasteis,
Dándome en su lugar males doblados.

   ¡Dulces bienes de amor! ¡Mejor sería
No haberos visto nunca! ¡Oh bienes suaves!
Quien me deja sin vos, ¿por qué me deja?

   Pero no te atormentes, alma mía,
Alma de alto caída en penas graves,
Que si amor vano fue, vana es la queja.




ArribaAbajoSoneto LVII


- 177 -


    Cuando los ojos vuelvo a lo pasado,
De cuanto he hecho me hallo arrepentido:
Veo que todo el tiempo fue perdido,
Que todo empleo fue mal empleado.

   Siempre a lo más dañoso aficionado,
De lo que me importaba distraído:
Del desengaño menos advertido,
Cuando de la esperanza más frustrado.

   Los castillos que alzaba el pensamiento,
Al tiempo que más altos los erguía,
Los veía por tierra en un momento.

   ¡Qué erradas son tus cuentas, fantasía!
Pues todo para en muerte, todo en viento.
¡Triste el que espera! ¡Triste el que confía!




ArribaAbajoSoneto LVIII


- 178 -


    Ya canté, ya lloré la dura guerra
Por amor sustentada tantos años.
Mil veces me vedó decir sus daños,
Porque no vea el que ama cuánto yerra.

   Ninfas, por quien Castalia se abre y cierra,
Vos que hacéis a la muerte mil engaños,
Os suplico me deis bríos tamaños,
Para que diga el mal que amor encierra.

   Para que quien tras él camina ardiente,
Vea en mis puros versos un ejemplo
Da cuánto en glorias prometidas miente.

   Pues aunque en tal estado me contemplo,
Si en esto mi inspiráis alegremente
Consagraré mi lira a vuestro templo.




ArribaAbajoSoneto LIX


- 179 -


    Mis venturosos placenteros días
Pasaron como rayo brevemente;
Los tristes marchan más pesadamente
Tras de las fugitivas alegrías.

   ¡Proyectos falsos! ¡Vanas fantasías!
¿Qué me podéis dar ya que me contente?
Ya de mi corazón la llama ardiente
El tiempo convirtió en cenizas frías,

   Y hallo en ellas no más yerros pasados;
Que otro fruto no dio la mocedad,
A quien mi alma vergüenza y dolor debe.

   También, hallo de toda la otra edad
Vanos deseos, lloros y cuidados;
Porque lo lleve todo el tiempo leve.




ArribaAbajoSoneto LX


- 180 -


    ¡Oh breves horas que viví contento!
Nunca me pareció, cuando os tenía,
Que un tiempo tan feliz se mudaría
En tan cumplidos años de tormento.

   Las altas torres que fundé en el viento,
Llevó el viento, pues él las sostenía;
Del mal que me quedó la culpa es mía,
Que en cosas vanas hice el fundamento.

   Amor con blandas muestras aparece,
Todo lo hace posible y lo asegura,
Mas luego a lo mejor desaparece.

   ¡Extraño mal! ¡Extraña desventura!
¡Por un pequeño bien que así fenece,
Aventurar un mal que siempre dura!