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ArribaAbajoSoneto LXI


- 183 -


    Céfalo por su Procris olvidaba
A Aurora que por él se desvivía,
A Aurora que principio era del día,
A al campo y flores su belleza daba.

   Y como tan de veras él la amaba
Que todo por su amor lo dejaría,
Quiso saber si en ella él hallaría
Tan firme fe como ella en él hallaba.

   Muda, pues, rostro y traje, y con engaño
Crecido premio pónele delante:
A su fe falta Procris y consiente.

   ¡Oh sutil invención para su daño!
¡Ved qué ardides inventa un ciego amante,
Para vivir llorando eternamente!




ArribaAbajoSoneto LXII


- 184 -


    Por Céfalo se vio Procris hermosa
Sorprendida en el crimen consentido,
Y comenzó a huir de su marido,
No sé si por astuta o vergonzosa.

   Porque él, sufriendo la pasión celosa,
Ciegamente arrastrado por Cupido,
En pos de ella se fue como un perdido,
Perdonando la culpa criminosa.

   Póstrase ante la Ninfa endurecida,
Que del coloso engaño está agraviada,
Pidiendo lo perdone por su vida.

   ¡Oh fuerza de afición desatinada!
¡De culpa que contra él fue cometida,
Perdón pide a la parte que es culpada!




ArribaAbajoSoneto LXIII


- 186 -


    Los ojos, donde el casto amor ardía,
Contento al verse en ellos abrasado;
El rostro, do con brillo desusado
Purpúreas rosas sobre nieve había;

   La cabellera, a quien el sol tenía
Envidia, porque él no era tan dorado;
La blanca mano, el cuerpo bien formado,
Yace aquí convertido en tierra fría.

   La hermosura más bella en tierna edad,
Cual flor que anticipada fue cogida,
Con su mano arrancó la muerte dura.

   Pues ¿cómo Amor no muere de piedad,
No de ella, que ha pasado a ilustre vida,
Mas de sí, que ha quedado en noche obscura?




ArribaAbajoSoneto LXIV


- 202 -


    ¿Cómo merecí yo tal pensamiento,
De ser humano nunca merecido?
¿Cómo merecí yo quedar vencido
Cuando tanto me honraba el vencimiento?

   En gloria se convierte mi tormento
Cuando viéndome estoy tan bien perdido,
Pues no fue tanto mal ser atrevido
Como fue gloria el mismo atrevimiento.

   Vivo sólo, mi bien, de contemplaros,
Y pues esta alma tengo tan rendida,
En lágrimas deshecho acabaré.

   Y no me ha de hacer, no, dejar de amaros
El miedo de perder por vos la vida,
Porque por vos mil veces la daré.




ArribaAbajoSoneto LXV


- 203 -


    De frescas arboledas rodeadas
Están las puras aguas de esta fuente;
Hermosas Ninfas les están enfrente,
A vencer o matar acostumbradas.

   Andan contra Cupido levantadas
Sus gracias, que no hay nadie que las cuente:
Olvidando otro valle, otra corriente,
Aquí pasan la vida sosegadas.

   Juntó Amor su poder y su valía,
Pues no pudo sufrir tamaño exceso,
Y quiso verse de ellas bien vengado.

   Mas las vio, y conoció que no podía
Librarse de ser muerto o quedar preso;
Y se quedó con ellas desarmado.




ArribaAbajoSoneto LXVI


- 204 -


    En brazos de un Silvano, adormeciendo
Se estaba aquella Ninfa que yo adoro,
Pagando con su boca el dulce lloro,
Que a mis ojos los ha ido obscureciendo.

   ¡Oh bella Venus! ¿Cómo estás sufriendo
Que la mayor belleza de tu coro
En tan bajo poder pierda el decoro,
Que a mérito mayor se está debiendo?

   Yo deduciré, pues, por consecuencia,
Que si tal extrañeza permitiste,
En ti no puede haber cosa segura.

   Y ya que de aquel rostro la excelencia
A un monstruo tan disforme concediste,
No creo que hay Amor, sino Ventura.




ArribaAbajoSoneto LXVII


- 205 -


    Quien dice que es Amor vano, engañoso,
Falso, ingrato, falaz, desconocido,
No hay duda que tendrá bien merecido
Que le sea crüel y riguroso.

   Amor es blando, es dulce y es piadoso,
Y el que otro diga no sea creído;
Por ciego apasionado sea habido,
A los hombres y dioses enojoso.

   Los males que hace Amor en mí se ven;
En mí, mostrando todo su rigor,
Quiso al mundo mostrar cuánto podía.

   Pero como sus iras son de amor,
Todos sus malos son un puro bien,
Que yo por ningún otro trocaría.




ArribaAbajoSoneto LXVIII *


- 213 -


    Los ojos que con blando movimiento
Al pasar enternecen la alma mía,
Si detener pudiera sólo un día,
Pudiera bien librarla de tormento.

   De este tan amoroso sentimiento
El importuno mal se acabaría;
O tal vez su accidente crecería
Para acabar la vida en un momento.

   ¡Oh, si ya tu esquivez me permitiese
Que al ver, oh Ninfa, tu semblante hermoso,
A manos do tus ojos yo muriese!

   ¡Oh, si los detuvieras! ¡Cuán dichoso
Sería aquel momento en que me viese
Vida en ellos cobrar, cobrar reposo!




ArribaAbajoSoneto LXIX *


- 214 -


    ¿No bastaba que amor puro y ardiente
Por términos la vida me quitase,
Mas que la muerte así se apresurase
Con un deshumanísimo accidente?

   No pretendió mi alma, aunque lo siente,
Que el rigoroso curso se atajase,
Porque nunca morir se experimentase
Desamado el que amó tan dulcemente.

   Mas vuestra voluntad tan poderosa,
Con esas gracias vuestras, ordenaron
Crueldad así imposible, o nunca oída.

   Aquel frío desdén, y la amorosa
Furia, de un golpe solo me quitaron
Con dos contrarias muertes una vida.




ArribaAbajoSoneto LXX *


- 215 -


    Ayúdame, señora, a ser venganza
De tal selvatiquez, de tal rudeza,
Pues de mi poquedad, de mi bajeza,
Osado a ti elevaba la esperanza:

   A esa tu perfección que no se alcanza,
A esas sublimes cumbres de belleza
Donde una vez llegó naturaleza,
Mas de volver perdió la confianza.

   Aquello que en ti miro contemplando,
Que apenas contemplarlo me consiente,
Contemplándolo más, menos lo espero.

   Si gloria de mi pena en ti se siente,
Derrama en mí tus iras desamando;
Que al ofenderme más, yo más te quiero.




ArribaAbajoSoneto LXXI *


- 216 -


    ¡Oh claras aguas de este blando río,
Que, en vos al natural estáis pintando
El frondífero adorno con que alzando
Se va a los cielos este bosque umbrío!

   Así las lluvias, así el austro frío
Jamás puedan veniros enturbiando;
Que os vais del seco estío preservando,
Con socorreros de este llanto mío.

   Y cuando en vos Marfisa se mirare,
Mi figura, cual veis desfallecida,
Ante sus claros ojos puesta sea.

   Y si por mí de vos los apartare,
De verme allí mostrándose ofendida,
En pena de no verme, no se vea.




ArribaAbajoSoneto LXXII *


- 217 -


    Mil veces entre sueños tu figura,
Oh bella Ninfa, claramente veo,
Y cuando más la miro, más deseo
Gozar libre de sueños su hermosura.

   En tanto que este dulce engaño dura,
Vivo en la vana gloria que poseo;
Mas cuanto allí se eleva mi deseo,
Viene a caer despierto en sombra obscura.

   Duéleme el despertar por contemplarte;
Que si bien sé, te huelgas de no verme,
Huélgome de ser ciego por mirarte.

   Mas si quiero de engaños mantenerme
Y tú quieres me pierda por amarte,
Sin gran ganancia no podré perderme.




ArribaAbajoSoneto LXXIII *


- 219 -


    Si el fuego que me enciende, consumido
De algún más suelto Acuario ser pudiese;
Si el alto suspirar se convirtiese
En aire por el aire desparcido:

   Si un horrible rumor siendo sentido
La alma a dejar el cuerpo redujese;
O por estos mis ojos al mar fuese
Este mi cuerpo, en llanto convertido:

   Nunca podría la fortuna airada,
Con todos sus horrores, sus espantos,
Derrocar la alma mía de su gloria;

   Porque en vuestra beldad ya transformada,
Ni del Estigio lago eternos llantos
Os podrían quitar de mi memoria.




ArribaAbajoSoneto LXXIV *


- 222 -


    ¡Ay! ¿quién dará a mis ojos una fuente
De lágrimas que manen noche y día?
Respirara siquiera el alma mía
Llorando lo pasado y lo presente.

   ¡Quién me viera apartado de la gente,
De mi dolor siguiendo la porfía,
Con la triste memoria y fantasía
Del bien por quien mal tanto así se siente!

   ¿Quién me dará palabras con que iguale
El duro agravio que el amor me ha hecho,
Donde tan poco el sufrimiento vale?

   ¿Quién me abrirá profundamente el pecho,
Do está escrito el secreto que no sale
Con tanto dolor mío a mi despecho?




ArribaAbajoSoneto LXXV *


- 223 -


    Con razón os vais, aguas, fatigando
Por llegar do seréis bien recibidas
Y en aquel mar inmenso convertidas
Que ya de tantos días vais buscando.

   ¡Triste de aquel que siempre anda llorando,
Las vanas esperanzas ya perdidas,
Y con dolor las lágrimas vertidas
Nunca al fin pretendido van llegando!

   Vosotras sin traer derecha vía
Al término llegáis tan deseado,
Por más que os embarace el gran rodeo.

   Más yo, siempre afligido, noche y día
Por un camino que no llevo errado,
Jamás puedo llegar donde deseo.




ArribaAbajoSoneto LXXVI *


- 224 -


    ¡Oh! ¡cese ya, Señor; tu dura mano
No llegues tanto al cabo con mi vida!
Baste el estar por ti tan consumida,
Que ya no se halla en ella lugar sano.

   ¡Ay extraña hermosura! ¡Ay deshumano
Hado, a que nunca puedo hallar salida!
Si tú de tu piedad no eres movida,
Roto el hilo vital verás temprano.

   Un blando desamor, un amor blando,
Bien basta para un hombre tan perdido
Que de su mal ningún remedio espera.

   Y si estimas en poco el ver cuál ando,
Aquí me tienes ante ti rendido.
¡Viva tu gusto, mi esperanza muera!




ArribaAbajoSoneto LXXVII *


- 225 -


    Dulces engaños de mis ojos tristes,
¡Cuán vivo despertáis mi pensamiento!
Aquello que pudiera dar contento
En sombra de pintura lo volvistes.

   De blando sobresalto enternecistes,
Con vista arrebatada el sentimiento;
Mas no le asegurastes un momento
A aqueste vano bien que le ofrecistes.

   Veo que la figura era fingida,
Y no aquella que en sí mi alma esconde,
Aunque en ésta se llega al natural.

   Así escucha mi llanto, así responde,
Así se condolece de mi vida,
Como si fuera el propio original.




ArribaAbajoSoneto LXXVIII *


- 226 -


    ¡Cuánto tiempo ha que lloro un día triste
Como si alguno alegre yo esperara!
¿Cómo, oh Tajo, al pasar esa tu clara
Agua, no la alteraste y no me hundiste?

   El paso me cerraste, el pecho abriste.
¡Oh mi ventura de mi bien avara!
Adiós, montañas, de hermosura rara;
Adiós, mi corazón, que no partiste.

   Si adonde quedas en dichosa suerte
No bebieres las aguas del olvido,
En tanto bien no quieras olvidarme.

   Cantando mi dolor llora mi muerte;
Porque hasta el hueco monte sin sentido
Suelta su ronca voz por consolarme.




ArribaAbajoSoneto LXXIX


- 227 -


    Tájides mías, levantad la frente,
Dejando vuestras sombras deliciosas;
Dorad el valle umbroso y frescas rosas,
Y del frondoso monte la pendiente.

   Quede de vos un poco el río ausente;
Cesen ahora las liras numerosas;
Cese vuestro loor, Ninfas hermosas;
Cese de vuestro Tajo la corriente.

   Venid, ved a Teodosio, el grande y claro,
A quien está ofreciendo mayor canto
Con cítara dorada el rubio Apolo.

   Minerva del saber le da el don raro;
Palas le da el valor de más espanto;
Y la Fama lo hace ir de polo a polo.




ArribaAbajoSoneto LXXX


- 229 -


    ¡Alma gentil, que a firme eternidad
Subiste clara y valerosamente!
Quedará aquí de ti perpetuamente
Fama, nombre, loor, celebridad.

   No sé si es más espanto en tal edad
Hacer que envidio tu valor la gente,
O el conseguir que un pecho de serpiente
A lástima se mueva y a piedad.

   Envidiosas de ti veo mil suertes;
La mía más que todas envidiosa,
Pues a tu mal el mío así igualaste.

   ¡Oh dichoso morir! ¡Suerte dichosa!
Lo que otros no consiguen con mil muertes
Tú con sola una muerte lo alcanzaste.




ArribaAbajoSoneto LXXXI


- 233 -


    ¡Mal que de tiempo en tiempo vas creciendo,
Quien te viese de un bien acompañado,
Pasaría la vida descansado,
Sin temer de la muerte el rostro horrendo!

   Si los cuidados fuera convirtiendo
En suspiros, que dan otro cuidado,
¡Oh, cuán prudente, oh, cuán afortunado
Corona de laurel fuera tejiendo!

   Tiempo es ya de olvidar vanos contentos
Y también la esperanza que ha pasado,
Y de que triunfen nuevos pensamientos.

   La fe, que en la alma viva me ha quedado,
De fin ya a los caducos sentimientos,
A que el pasado bien se ha condenado.




ArribaAbajoSoneto LXXXII


- 247 -


    ¡Dichosas almas, que ambas juntamente
A do están Venus y el Amor volasteis;
Donde un bien, que tan poco acá lograsteis,
Estáis logrando ahora eternamente!

   Aquella feliz vida y excelente,
Que sólo por ser corta triste hallasteis,
Por otra más contenta ya trocasteis,
Donde sin sobresalto el bien se siente.

   ¡Ay de aquel que aquí vive rodeado
De la amante fineza de un tormento
Que le turba la gloria más crecida!

   ¡Ay de mí, a quien no basta el sufrimiento,
Y por daño mayor amor me ha dado
Para tan duro mal tan larga vida!




ArribaAbajoSoneto LXXXIII


- 248 -


    Contento viví ya, viéndome exento
De aquel mal de que a muchos quejar vía:
Llámanlo amor; mas yo lo llamaría
Discordia, sinrazón, guerra y tormento.

   Me engañó con el nombre el pensamiento.
¿Quién con tal nombre no se engañaría?
Ahora tal estoy, que temo un día
En que venga a faltarme el sufrimiento.

   Con desesperación y con deseo
Me paga lo que estoy por vos pasando,
Y aun está de mi mal, mal satisfecho.

   Pues sobre tantos daños, en vos veo,
Para darme otros mil un mirar blando,
Y para no aliviarme un duro pecho.




ArribaAbajoSoneto LXXXIV


- 251 -


    Quejosos vi de Amor mil namorados,
Mas no vi quien cantase sus loores;
Pues aquel que más llora el mal de amores,
Es el que menos huye sus cuidados.

   Si de penas de amor sois maltrasados,
¿Por qué buscáis a amor y sus dolores?
Y si los tenéis a éstos por favores,
¿Por qué de ellos habláis como agraviados?

   No busquéis en amor dicha ninguna,
Porque él lleva consigo la tristeza,
Aunque la suerte sea favorable.

   Siempre se encuentra en él igual fortuna;
Pues jamás ha tenido otra firmeza
Que la de ser en todo muy mudable.




ArribaAbajoSoneto LXXXV


- 254 -


    En una cueva, triste, tenebrosa,
Adonde bate el mar con furia brava,
Sobre la mano el rostro vi que estaba
Una Ninfa gentil, mas cuidadosa.

   Linda, pero igualmente lastimosa,
Aljófar de sus ojos destilaba;
Y la mar sus furores aplacaba
Al ver cosa tan triste y tan hermosa.

   Hacia las duras peñas revolvía
Aquellos bellos ojos, con blandura
Bastante a deshacer tanta dureza.

   Y con voz celestial así decía:
«¡Ay, que a veces más falta la ventura
En donde sobra más naturaleza!»




ArribaAbajoSoneto LXXXVI


- 259 -


    ¡Hermosos ojos, que cuidado dais
Aun a la luz del sol tan clara y pura,
Y su brillante espléndida hermosura
Con tanta gloria vuestra atrás dejáis!

   Si porque son tan bellos despreciáis
Al tierno y fino amante que os procura,
Ya que todo lo veis, ved que no dura
El vuestro resplandor cuanto pensáis.

   Coged, coged del tiempo fugitivo
Y de vuestra belleza el dulce fruto:
¡Fuera de tiempo en vano es deseado!

   Y a mí, que por vos muero y por vos vivo,
Haced que el amor pague su tributo,
Contento por haberlo a vos pagado.




ArribaAbajoSoneto LXXXVII *


- 260 -


    Pues siempre sin cesar, mis ojos tristes,
En lágrimas tratáis la noche, el día,
Mirad si es lágrima esta que os envía
Aquel Sol por quien vos tantas vertistes.

   Si vos me aseguráis, pues ya las vistes,
Que es lágrima será ventura mía;
Por empleadas bien desde hoy tendría
Las muchas que por ella sola distes.

   Mas cualquier cosa mucho deseada
Aunque viéndose esté nunca es creída,
Y menos ésta nunca imaginada.

   Pero de ella aseguro, si es fingida,
Que basta ser por lágrima envïada,
Para que sea por lágrima tenida.




ArribaAbajoSoneto LXXXVIII


- 265 -


    Dulce contento mío ya pasado,
En quien mi bien y dicha consistía,
¿Quién me quitó tu dulce compañía
Y me dejó de ti tan separado?

   No pensaba yo verme en este estado,
En las pasadas horas de alegría,
Cuando mi feliz suerte consentía
Que de engaños viviese alimentado.

   Mas mi fortuna cruel, áspera y dura,
En mí causó tan grande perdimiento,
Y no me fue posible precavella.

   No se engañe ninguna criatura,
Que nada vale humano valimiento
Si en perseguirlo da su cruel estrella.




ArribaAbajoSoneto LXXXIX *


- 272 -


    Sospechas que, en mi triste fantasía
Puestas, hacéis la guerra a mi sentido,
Volviendo y revolviendo el afligido
Pecho, con dura mano noche y día:

   Ya se acabó la resistencia mía;
Y a la fuerza del alma ya rendido,
Vencer de vos me dejo, arrepentido
De haberos contrastado en tal porfía.

   Llevadme a aquel lugar tan espantable,
Que por no ver mi muerte allí esculpida,
Cerrados hasta aquí tuve los ojos.

   Las armas pongo ya, que concedida
No es tan larga defensa al miserable;
Colgad en vuestro carro mis despojos.




ArribaAbajoSoneto XC


- 277 -


    Cuando quiso el Amor que yo adorase
Esa gran perfección y gentileza,
Al punto decretó que la crudeza
De vuestro corazón se acrecentase.

   Determinó que nada me apartase,
Ni el disfavor crüel, ni la aspereza,
Y en esta mi rarísima firmeza
Toda vuestra altivez se desahogase.

   Y puesto que tenéis aquí ofrecida
Esta alma vuestra a vuestro sacrificio,
Saciad del todo vuestra voluntad.

   No le alarguéis, señora, más la vida;
Pues morirá cumpliendo con su oficio,
Defendiendo su fe y su lealtad.