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ArribaAbajo- C -


Consuela el poeta la esperanza de su amor


   Gime el Cielo, furioso el Ponto brama,
a los silbos del Borcas y del Noto,
y en la gavia el intrépido Piloto,
a los dioses del Mar humilde llama,

   clama la chusma, y la ribera clama,  5
multiplicando en ansias, grande voto,
y en aquel de cristales alboroto,
la perla se concibe entre Ova, y Lama.

   Clori, si en el furor de una tormenta,
cuando salpica blanca espuma el Cielo,  10
tan precioso tesoro se fomenta.

   De hoy más gustoso vivirá el desvelo,
pues corriendo borrasca tan violenta
mi Amor, tendrá esperanza de consuelo.




ArribaAbajo- CI -


A la incertidumbre de la vida humana


   No es el morir aprisa desventura,
Clito, el vivir deprisa es duro hado,
pues cautivo en negocios el cuidado,
olvida lo mejor, y lo aventura.

   ¡O cuánta ceguedad, cuánta locura,  5
posee el corazón del que olvidado,
de lo mortal, en ansias anegado,
ni cuida de su fin, ni su ser cura.

   Clito vive despacio, y el camino
que hace la vida, mide con pereza,  10
a los ojos presente tu destino.

   Contempla (o Clito) la divina Alteza,
mira que el día que postrero vino,
puede el víctima ser de tu grandeza.




ArribaAbajo- CII -


Quéjase del rigor de Lisi


   Como corcilla fugitiva herida,
que al dictado corrió, y a los cristales,
en cuyos limpios cándidos raudales
mitiga su dolor, y halla la vida.

   No de otra suerte yo, dulce homicida,  5
derramando por lágrimas, corales,
busco para el alivio de mis males
la fuente de tu gracia merecida.

   Lisi, yo muero, llama exhala ardiente
el corazón, que tu beldad adora,  10
dígalo de mis ojos la corriente.

   Piedad Lisi, piedad divina Aurora,
te mueva la crueldad que el alma siente,
y pues eres deidad mi mal mejora.




ArribaAbajoEuterpe

Musa III


Canta episodios lúgubres, y en metros amebeos, repetidos en coros trágicos





ArribaAbajo- CIII -


A la muerte de nuestro señor Felipe III


   Mustia a los soplos de Aquilón severo,
desgreñada la pompa floreciente,
sin Alma el campo, sorda la corriente
del limpio Tajo, y el cristal Ibero.

   La Hesperia yace, porque el golpe fiero,  5
de Borcal cuchilla tronchó ardiente,
aquel Clavel Real, que el Alma siente,
y llorará del Tibre el gran Clavero.

   Ven Austro pues, Fabonio regalado,
botón purpúreo de las formas bellas,  10
delicia del Abril, vida del prado.

   Pisa sus campos, sus jardines huella
que a tu aliento fecundo, y animado
cada hoja será, fragante Estrella.




ArribaAbajo- CIV -


Al mismo asunto


   Rompa los ejes del Celeste muro
el rayo, que le oprime arrebatado,
y en Urnas de zafir guarda del Hado,
cuanto destroza el golpe más seguro.

   De ambos Mundos fue Rey (o caso duro)  5
este portento, que el Ocaso ha dado,
fragante pompa al último cuidado,
y a blanca nube un corazón tan puro.

   ¡O piedad, o dolor, o desengaño!
O jornada forzosa, que la vida  10
restituye en ofrenda al sacrificio.

   Como no vence la razón el daño,
y si en los Jaspes imprimió la herida,
quien en Barro asegura el edificio.




ArribaAbajo- CV -


Al mismo asunto


   En tumba de coluros, y zafiros
guarde el Amor memoria abrasadas,
de aquel gran Campeón, cuyas pisadas
impresas mira, en celestiales giros.

   Amante vuelen trágicos suspiros  5
las regiones Antárticas, y heladas,
y las cenizas que arden veneradas,

   sean cuidado a los flamantes tiros.
Descanse en paz el rey del Occidente,
cuyo heroico cadáver blando sella,  10
glorioso Panteón Augustamente.

   En los montes resuene la querella,
el Tajo llore en su húmeda corriente,
y al firmamento añádase otra estrella.




ArribaAbajo- CVI -


La muerte del príncipe don Baltasar de las Españas


   Más duro eres que el mármol sino lloras,
desatado en sollozos pasajero,
pues ya el Planeta del Imperio Ibero,
las sombras mide, si contó las horas.

   Malignas discurrieron las auroras,  5
en lástimas trocado el Hemisferio,
y aquel día que sientes por postrero
culpado su crueldad, ya le mejoras.

   El Príncipe murió de las Españas
glorioso Baltasar, lucero ardiente  10
en quien el Sol su luz sustituía.

   Atropos cortó el hilo a sus hazañas,
vio coronada de esplendor su frente,
y le lloran los términos del día.




ArribaAbajo- CVII -


Al mismo asunto


   Si el Ebro en su corriente caudaloso
compasivo al dolor de nuestros males,
en lágrimas nos trueca sus cristales
no es Río, es un peñasco pavoroso.

   Las sombras pisa del común reposo,  5
al que heredando tantos timbres reales,
los arcos esperaban triunfales,
Marte Español, y vencedor glorioso.

   El grande Baltasar, rayo primero
del Júpiter Austriaco de España,  10
mayor estrella, si mayor lucero.

   De la Iberia el terror de la Campaña
aquel que abandonado el limpio acero,
de esplendor Celestial su frente baña.




ArribaAbajo- CVIII -


A los dos pompeyos El Grande y Sexto Pompeyo, valientes capitanes de Roma, que murieron separados y tan lejos de la patria


Soneto sepulcral


   De quien no fue capaz toda la tierra,
es capaz este rudo Monumento,
el gran Pompeyo tiene aquí su asiento,
aquel rayo de Roma, y de la guerra.

   En África tan grande gloria encierra,  5
muerto a traición con fin duro, y violento,
para que fuese, o cielos Escarmiento,
de cuanto quien se fía de otro, yerra.

   Sexto en el Asia, y en Milero muerto,
que la Fortuna el mal así reparte,  10
cuando su rueda lo fatal destina.

   Uno, y otro apartado, es cuerpo yerto,
que una del Orbe sola, aunque gran parte
no era campo bastante a tan ruina.




ArribaAbajo- CIX -


Al templo que se hizo al rey nuestro señor don Felipe IV, en la ciudad de Caller


   Este que admiras funeral encanto,
lucida pompa en Urna de Diamante
encierra, o peregrino, aquel Atlante,
que fue del mundo prodigioso espanto.

   Salga en raudales despeñado el llanto,  5
y en la hoguera del pecho más constante
labre el dolor, la herida penetrante,
que el alma siente cuando pierde tanto.

   El pérfido que oprime, o dura suerte,
de Felipe el valor, el sacro vuelo,  10
hoy tributa triunfos a la muerte.

   Nació para morir, gran desconsuelo,
mas que no muere el gran Monarca advierte,
porque se inmortaliza al cuarto Cielo.




ArribaAbajo- CX -


A Carlos V en su muerte


   Gante tu Augusta fue primera Cuna,
y escuela militar la inhiesta España,
Francia, y su rey trofeo en la campaña,
y tu Nombre victoria hasta en la Luna.

   Vasalla fue a tu Imperio la Fortuna,  5
tu espada triunfo fue, tu voz hazaña,
Solimán te tembló cual débil caña,
y de la Religión fuiste Coluna.

   El Águila puliéndose los vuelos
repite el nido que temió el Pagano,  10
y en quietud reposó majestuosa.

   Subiste, o Carlos, a los altos Cielos,
y lloraron tu Ocaso soberano
el Tajo, el Rin, Danubio, Albis, y Mosa.




ArribaAbajo- CXI -


A la muerte de un caballero mozo


   Mira un ejemplo de la vida humana,
y una pena en los ojos oprimida,
de aquel, que en el orgullo de su vida,
hizo a la muerte competencia vana.

   No hay que fiar en juventud lozana,  5
pues vemos más segura la caída,
y esta flor, que brillaba de lucida,
fue Aurora ayer, y Ocaso a la mañana.

   Quien no teme a este aviso se asegura,
ser escollo en el mar de tantas penas,  10
polvo es hoy el que ha sido peña dura.

   Rompe los hierros, rompe las cadenas,
que no es muy sabio aquel, que se aventura
en juzgar estas causas por ajenas.




ArribaAbajo- CXII -


A la muerte trágica del Marqués de Camarasa


   El Rayo no se atreve a lo sagrado,
respetando el laurel su verde rama,
y antes le alarga el fuego de su llama,
que le mire en cenizas desatado.

   más ah, Parca cruel, ah duro Hado,  5
que riguroso lo Celeste infama,
y estrella, que amenaza, y que derrama
rayos de muerte, mutación de estado.

   Al Solio Real, y Soberano asiento,
impulsos d engañada fantasía,  10
se elevan escalando el firmamento.

   Alientan los Gigantes su osadía,
mas lo que castigó su atrevimiento,
postrando a rayos tanta felonía.




ArribaAbajo- CXIII -


A Hércules abrasado en el Oeta por el engaño y amor de Deyanira


   Rayo de Libia, asombro pavoroso,
del Trifauce feroz, del Cancerbero,
que armado Campeón fuerte guerrero,
venciste a Averno, y al León famoso.

   En Erimantho el jabalí espumoso,  5
de tu valor heroico fue pechero,
y a la Hidra Lernea el Monstruo fiero,
las cabezas cortaste valeroso.

   Triunfó tu Clava fue en diversa lides,
más te vence de un Ciego la saeta,  10
con Deyanira, cuyos lazos pides.

   Mira quien fue de tus hazañas meta,
y como Amor te ha puesto (sacro Alcides)
pues mueres abrasado en el Oeta.




ArribaAbajo- CXIV -


A Fernando Cortés


   Triunfo fue de tu brazo, y de tu espada,
cortando montes de cerúleas brumas,
por campañas de líquidas espumas,
la América de plumas coronada.

   Marte te tuvo envidia en la estacada,  5
venciste en la justicia a muchos Numas,
que en una y otra (sí) disputas sumas,
dio leyes tu bastón, y tu celada.

   Celebren tu inmortal sacra memoria,
desde el Tajo hasta el Ganges en la orilla,  10
las Musas, y la fama con la historia.

   Penda tu inquieta, e ínclita cuchilla,
en el Templo de Marte para gloria,
o esplendor generoso de Castilla.




ArribaAbajo- CXV -


A la violenta y desgraciada muerte de don Agustín de Castelví


   Este Castillo, que admiraron fuerte
los silbos de los más feroces vientos,
que furiosos, atroces, y violentos,
estrago le quisieron de la muerte.

   Esta Torre soberbia, a quien la suerte  5
armó de pedernal en sus cimientos,
siendo sus fuertes duros fundamentos,
blanco donde la saña el tiro acierte.

   Ya el silbo ardiente de traidora bala,
se mira demolida en el arena,  10
postrada a su crueldad oda su gala.

   Sin perdonar a la menor Almena,
humo vomita, vivo fuego exhala,
o dolor, o tormento, o muerte, o pena.




ArribaAbajo- CXVI -


A la desgraciada muerte de don Francisco Sarmiento y Luna, marqués de Camarasa, en alusión a los dos apellidos


   Esta Luna, que vimos tan crecida,
este Sarmiento que admiré frondoso,
él, en esta montaña tan pomposo,
y ella, en este Hemisferio tan lucida.

   Estos que fueron de la humana vida  5
ejemplo con suceso lastimoso,
descansan ya en el último reposo,
muertos con un dolor, con una herida.

   Aquella su esplendor manchó luciente,
con alevoso horror de infame bala,  10
trocando en humo, y sombra su Oriente.

   Este (marchita su florida gala)
fue destrozado de Segur ardiente,
o Muerte tu poder, todo lo iguala.




ArribaAbajo- CXVII -


A la violenta muerte de la hermosa Anarda


   Tente mano alevosa, y fementida,
que manchas tu valor, manchas la pura
Casta Azucena, con acción impura,
y la naturaleza está ofendida.

   ¿Qué te ha hecho esta flor tan escogida,  5
en qué te ofende dime su hermosura?
Advierte, que es bajeza, y que es locura
quitar cruel a una mujer la vida.

   Muévate a compasión tanta belleza,
y tanta nieve como ostenta el cuello,  10
hiele tu fuego, ablande tu fiereza.

   Cieguen tu luz los rayos del cabello,
pero bien ciega estás con tu braveza,
si a la infamia postrera echaste el sello.




ArribaAbajo- CXVIII -


A la infeliz muerte de doña Inés de Castro


   ¡Ah traidores, ah aleves, ah tiranos,
ah crueles, ah bárbaros, ah fieros!
que ensangrentáis cobardes los aceros,
en una dama en quien ponéis las manos.

   Como sufren los Cielos soberanos,  5
tanta crueldad, y tantos desafueros,
vosotros los hidalgos caballeros,
sois infames, sois viles, sois villanos.

   Ay infeliz beldad, lucido astro,
que a la del Sol flamante, y alta Esfera  10
añades luz (ah cuello de Alabastro).

   Garza divina, hermosa Primavera,
Venus del Tajo, Doña Inés de Castro,
Nayas lloren tu muerte en su ribera.




ArribaAbajo- CXIX -


Al rey don Rodrigo, último de los godos


   Godo Infeliz, Rodrigo desgraciado,
que terciando la Pica, y Coselete,
te vio funesto el claro Guadalete,
más de delicia, que de hierro armado.

   Adónde está el valor que has heredado  5
adónde el brío, que tu ardor promete,
triunfo eres ya de bárbaro Jinete,
en su ondas, y arenas anegado.

   O triste España cuanto Alarbe cruza,
teñida en sangre tu feroz campaña,  10
de una y otra morisca escaramuza.

   Cuanta Marlota, y Capellar rebaña
espera o tú caudillo, aguarda Muza,
que ya Pelayo baja la montaña.




ArribaAbajo- CXX -


A la reina Dido en su muerte


   O fuerza del Amor, y la fineza,
y de su Arpón mortal desasosiego,
que vendado con luz, y Lince Ciego,
rinde a su imperio la mayor alteza.

   O Elisa adónde está tu gentileza  5
a Sicheo fiel, y sorda al ruego,
como en sangre bañada das al fuego
tu valor, tu desdén, y tu belleza.

   O, lo que puede un bárbaro desprecio,
o, lo que siente, una mujer dejada,  10
o, a lo que obliga Cielos un mal trato.

   Valiente fuiste Eneas, pero necio
y fue cobarde pues la hirió su espada,
y quedarás al Mundo por ingrato.




ArribaAbajo- CXXI -


A la trágica e infausta muerte del Gran Pompeyo


   Que haces traidor, así la fe profanas,
que al hospedaje debes, y al seguro
de la maldad, indefectible muro,
en historias sagradas, y profanas.

   Ah infelice Pompeyo, las tercianas,  5
de Campania te hicieran (hado duro)
más gloriosa la muerte, y no el perjuro
cuchillo, que cortó pompas ufanas.

   O muerte, en la Pharfalia no le viste,
haciendo frente César vencedora  10
por la patria, que el caso lloró triste.

   Cómo di le guardaste para ahora,
y acerbo fina tantas glorias diste,
quitando al mundo lo que Roma adora.




ArribaAbajo- CXXII -


Al suceso trágico de Píramo


   Junto al moral el sitio destinado,
a dulcísimas lides de Cupido,
Tisbe esperaba, y alterada al ruido
de una fiera, corrió con pie turbado.

   Pierde el cendal, el bruto la ha encontrado,  5
y en espuma sangrienta le ha teñido,
en ocasión que Píramo ha venido,
traído de su Amor, y su cuidado.

   Tisbe exclama do estás (o trance fuerte)
de alguna fiera son estas pisadas,  10
sus Tocas estas son (o dura suerte).

   Rotas las miro aquí, y ensangrentadas,
y dijo ya abrazado con la muerte:
«O dulces prendas por mi mal halladas».




ArribaAbajo- CXXIII -


A la muerte de Cleopatra


   Qué haces Cleopatra, Sol de Alejandría,
delicia del Amor de Marco Antonio,
asunto singular del Coro Aonio,
por tu fe, tu beldad, tu bizarría.

   Como aplicas el Áspid (fuerte impía)  5
al pecho que arrulló blando Fabonio,
si es por dar de tu empeño testimonio,
ya lo saben los términos del día.

   Tente Reina, no muera tu belleza,
que el Amor de esta acción gran lauro saca,  10
no abrigues no, esta fiera en blando seno.

   Mas ay, que el ocasiona esta extrañeza,
que el áspid para el áspid es triaca
y antídoto el veneno, del veneno.




ArribaAbajo- CXXIV -


A una dama que quitaron la vida violentamente


   Cándidos los Jazmines y las Rosas
con el Clavel purpúreo si sangriento,
pompa mustia serán del monumento,
de Cloris, sacro honor de las hermosas.

   Floridas, si insensibles Mariposas,  5
sus alas arderán al firmamento,
de sus ojos, que ya son escarmiento,
de lo que duran las humanas cosas.

   De su beldad al más fragante mayo,
que culto vio Aranjuez, en sus pensiles,  10
ya es de la Parca lamentable ensayo.

   Apenas diez y siete contó Abriles,
cuando rendida al víctimo desmayo,
fue triunfo del poder en manos viles.




ArribaAbajo- CXXV -


A la muerte de una dama


   Guarda este Mármol Pario en su escultura,
mordido del Cincel (o peregrino)
el Milagro más puro, y más divino,
que vio el Amor, la más bella hermosura.

   Anarda yace aquí, cuya blancura,  5
cuyo candor purpúreo, y cristalino,
ya es sombra muda de cruel destino,
en noche transformada su luz pura.

   Amor sin arco está, sin sus arpones,
que todos los tomaba de sus ojos,  10
para sus triunfos racional aljaba.

   Muda la selva, y dulces Amphiones,
sordo el Tormes, que viendo estos despojos,
sus guijas de oro en sus lamentos lava.




ArribaAbajo- CXXVI -


A la muerte de una dama muy hermosa


   Tú la mataste Amor, tú la mataste,
o envidias de tu madre Citerea,
tuya ha sido esta empresa, y la más fea,
que de tus Viras fabricó el engaste.

   Tú cruel, fementido abandonaste,  5
la luz a la del Sol, deidad Phebea,
tú a Pomona, a Pandora, a Amaltea,
las vidas, y las gracias usurpaste.

   Injusto es tu poder, como tirano,
dígalo Euterpe en lúgubres Endechas  10
llorando aquel prodigio soberano.

   Pero poco del tiro te aprovechas,
que en pena de rigor tan inhumano,
te has quedado sin viras, y sin flechas.




ArribaAbajo- CXXVII -


Al Conde de Saldaña, padre de Bernardo del Carpio, que murió ciego en el castillo de Luna


   Que bien entre el Arnés, y Yelmo duro,
se enlazan del Amor pluma doradas,
que bien después de lides disputadas,
parece el ocio con Amor seguro.

   Venciste (o Conde el soberano muro  5
de Ximena, a finezas bien pagadas,
pero, entre dulces ansias malogradas,
te encontró la crueldad (o Hado oscuro).

   Los ojos te sacó el amor violento,
derribando tu próspera fortuna,  10
y hasta la propia tumba te persigue.

   Justo es Conde castigo tan sangriento,
pues merece quedarse así la Luna,
y morir ciego quien aun ciego sigue.




ArribaAbajo- CXXVIII -


A Julio César muerto en el senado


   Desprecio no, recelo ser debiera
la prevención atenta de Spurina,
y excusaras (o César) la ruina,
que en el Senado ay mísero te espera.

   No fuerza, no el influjo de la Esfera,  5
ni obliga al sublunar, pero le inclina.
y aunque es sabio en los Astros predomina,
su influencia en las almas reverbera.

   Moriste o Campeón en el Senado,
y en la paz, que los méritos mejora,  10
cuando en Pharfalia el mudo te ha temblado.

   O cuánto guarda la postrera hora,
allí un gran riesgo fue leal cuidado,
y una seguridad aquí traidora.




ArribaAbajo- CXXIX -


A don Francisco de Esquivel, arzobispo de Caller


   Qué lágrimas, qué voces, qué lamentos,
pueden bastar para llorar tu Ocaso,
Pastor Sagrado, que con manso paso,
al Cielo subes despreciando vientos.

   Derramen lagrimosos pues acentos,  5
las sacras moradoras del Parnaso,
llorando tan acerbo, y duro caso,
en métricos si roncos instrumentos.

   Euterpe sacra cubra el rostro bello,
con la madeja, que fue afrenta al oro,  10
derramando sin orden el cabello.

   Llore Calles perdido este tesoro,
incline el Pindo su sagrado cuello,
y en las cavernas se repita el lloro.




ArribaAbajo- CXXX -


Al mismo tema


   Descansa en este Mármol yerto, y frío,
el famoso Esquivel, el gran prelado,
a cuyo silbo, y golpe del Cayado,
el indócil rebaño cedió el brío.

   Su sal gusto, y el caudaloso río  5
de su doctrina, se bebió sagrado,
logrando por su celo y su cuidado,
el invierno el redil, sombra el estío.

   Inquiridor de glorias con desvelo,
cavó las grutas, e inquietó el reposo,  10
de tanto Divo Atleta cuyo vuelo,

   las esferas cortó majestuoso,
labróles Panteón, y subió al Cielo,
con multitud de mártires glorioso.




ArribaAbajo- CXXXI -


Al sepulcro de Orfeo


   Sí en el Mudo silencio, sí en la umbría
estancia, y en la sombra (o caminante)
el Mármol te callare el tierno Amante
que esconde, te lo dice la voz mía.

   Yace pues con su Losa yerta, y fría,  5
el que con dulce Amor, tierno distante,
a Eurídice libró con paso errante,
de la región de Rhadamanto impía.

   El Orfeo divino, a cuyo acento,
la selva pasos dio, siguió la fiera,  10
corrieron los escollos, cesó el viento.

   El Ebro le detuvo en su ribera,
y pudo tanto el lírico momento,
que hasta el Erebo melodías era.




ArribaAbajo- CXXXII -


A un amante difunto que por atrevido fue despreciado


   Guarda este bien labrado Monumento,
que fatigas debió a Fidias primeras,
un Amante que ardió Plumas, y Cera,
en los ojos de Inés, bello elemento.

   Padeció glorioso su tomento,  5
encendido en las dulces primaveras
de su rostro, y en alas lisonjeras,
flores quiso libar, mas fue escarmiento.

   Escalar intentó la refulgente
de Inés hermosa, y abrasada Esfera,  10
Ícaro presumido con engaño.

   Mas al beber las luces de su frente,
despeñado cayó, para que fuera,
feliz el precipicio, y dulce el daño.




ArribaAbajo- CXXXIII -


Al sepulcro de una dama hermosa, habla con el mármol el poeta


   No apremies dura inexorable losa,
las cenizas, los huesos de la bella,
Cloris divina, Majestad aquella
que en Ida vencer pudo por airosa.

   El purpúreo jazmín, cándida Rosa,  5
y de los Cielos la mayor estrella,
todos perdieron (ay Amor) en ella
el, carmín, el candor, la luz hermosa.

   Sella pues tu cadáver blandamente,
guardando en rica caja sus cristales,  10
para que de ella el Sol tome su Oriente.

   Se enciendan en su boca los corales,
respire el prado el ámbar floreciente,
y aumenten las Auroras sus caudales.




ArribaAbajo- CXXXIV -


A una religiosa muy hermosa, y de gran virtud, que murió moza


   No he de llorar por más que te contemplo,
muerta, y que a Abril sin alma le has dejado,
y el arroyuelo de dolor quebrado,
en las guijas se queja sin ejemplo.

   A melodías pues, a glorias templo,  5
el instrumento que guarde colgado,
que no muere quien todo su cuidado,
puso en la Religión, puso en el Templo.

   Viniste ejemplo d virtud a todas,
siendo envidia de todas las bellezas,  10
despreciando las galas, y las bodas.

   fueron tu adorno duras asperezas,
y cuando para el Cielo te acomodas,
se a de cantar, y no sentir tristezas.




ArribaAbajo- CXXXV -


A una dama que murió y fue muy celebrada


   Peregrino si el Pórfido no llora,
es porque guarda la belleza pura
de aquella Celestial rara hermosura,
que al Sol luces prestó, llanto a la Aurora.

   Maligna estrella trajo postrer hora,  5
en el incendio de una calentura,
y es esta breve, y rica sepultura,
belleza, y horas Lisida mejora.

   Llora tú, que perdiste ardiente llama,
donde a giros quemaste en ansias sumas,  10
tus Ceras Mariposa de la fama.

   Justo es pues, que en el llanto te consumas,
porque faltando tan hermosa dama,
no hay Esfera de Amor donde arden Plumas.




ArribaAbajo- CXXXVI -


A la muerte nunca bien llorada de Fray Hortensio Félix Paramecio, honor de Milán y España


   Fénix Del Sol, feliz parto del día,
en cuya lira por sus cuerdas de oro,
melodías alterna el Thespio Coro,
tu vocal usurpando melodía.

   Como (ay dolor) tu métrica armonía,  5
en sombras yace, y en concierto lloro,
quién tan precioso nos robó tesoro?
¡O hado o muerte o noche negra y fría!

   Moriste Hortensio, y con tu voz divina,
las delicias Hortenses de Tesalia,  10
marchitaron tu pompa peregrina.

   Lágrimas por Aljófar de Castalia,
sordo está el monte, muerta Cabalina,
sin luz el Sol, sin gracias Acidalia.




ArribaAbajo- CXXXVII -


A la muerte de la reina doña Isabel de Borbón


   El lirio Real que era el pensil hermoso,
de la Francia nació bello cuidado,
de la Aurora, y el Sol está tronchado
del fiero Noto, y Aquilón furioso.

   Descansa ya en el último reposo,  5
obediente a la ley del duro hado,
la que leyes a España, y gloria a dado,
en dulces lazos de su amante esposo.

   Murió Isabel ceñida de coronas,
y de virtudes, y valor ceñida,  10
Palas de España, asombro de Belonas.

   Lleve la fama en Bronces repetida,
su nombre Augusto por las cinco Zonas,
llore su muerte, envídiele su vida.




ArribaAbajo- CXXXVIII -


Al sepulcro de una dama, grande música y hermosa


   No toques esta piedra pasajero,
que el contacto menor de impulso leve,
por cada poro consonancias mueve,
dulces, que alterna amante el Hemisferio.

   No la lira de Tracia, no el Jilguero  5
músico, a quien la selva acentos debe,
y en la copa de un sauce perlas bebe,
es más tierno, más dulce, más parlero.

   Sirene aquí descansa blandamente,
colgado de un Ciprés el Plectro de Oro,  10
Sirene bello encanto de Occidente.

   Cuyo concierto músico, y sonoro,
movió el escollo, congeló la fuente,
y aprisionó las almas con decoro.




ArribaAbajo- CXXXIX -


Al sepulcro de Raquel


   Encierra este Mosaico Monumento,
los huesos de Raquel bella serrana,
que candores prestaba a la mañana,
y luces añadía al firmamento.

   Lloró Jacob en fúnebre lamento,  5
la palidez de juventud lozana,
lloró ya polvo la purpúrea grana,
y arrebatada flor del viento.

   Que incendios, que fatigas, que de ardores,
no bebió de Sichen en los cristales,  10
que glorias, que regalos, que de amores,

   mas tantos bienes se volvieron males,
las que fueron delicias son horrores,
que todo tiene términos fatales.




ArribaAbajo- CXL -


A una dama hermosa que murió ahogada en una tormenta


   Muerto yace el Amor, muerta la vida,
y las flores, que fueron pompa ufana,
y cuidado al albor de la mañana,
pálidas sombra son, grana mentida.

   Murió no de dolor, menos de herida,  5
aquella Celestial bella Serrana,
deidad del monte en juventud lozana,
en urnas de cristales sumergida.

   ¡O crueldad, o dolor, o pena dura!
¡o pérfido dolor, o marga suerte!  10
que así dispensas tan atroces males.

   Nise tiene en las aguas sepultura,
¿adónde no estará decid la muerte,
si la vida quitáis blandos cristales?




ArribaAbajo- CXLI -


A una dama que murió de enamorada


   Escollo a los embates de Cupido,
y roca de cristal a sus Arpones,
fue mi altivez, rindiendo corazones,
y triunfé del orgullo más erguido.

   Envidioso el Rapaz ya me ha vencido,  5
abandonando del Amor blasones,
y fingiendo soldado sus pendones,
sus flechas guarda el pecho enternecido.

   Libre viví, más por fatal estrella,
sus cadenas arrastro (ay hado fiero)  10
repetida en el alma mi querella.

   Quiero ay Dios sin saber lo que me quiero,
y en ella losa que mis huesos sella,
muerta viviendo estoy, viviendo muero.




ArribaAbajo- CXLII -


A una dama que moría de celos


   Aquella rabia del Amor ardiente,
aquella fiera, y engañosa Hiena,
aquella muerte viva, y dura pena,
aquel, mal que se busca, y que se siente.

   Aquel cruel, y bárbaro accidente,  5
que el alma arrastra, y el discurso enfrena,
de las potencias mísera cadena,
hijo bastardo de bastarda gente.

   Los Celos, o la Furia del Abismo,
me han puesto en este estado pasajero,  10
ten lástima de mí piedad humana.

   Pues aun aquí su necio barbarismo,
los huesos me consume, y el postrero,
día, no es fin de su crueldad tirana.




ArribaAbajo- CXLIII -


A Narciso muerto, enamorado de sí mismo


   Risueña entre las guijas los cristales,
de limpia fuente, dulce, mansa, y clara,
Narciso contemplaba, y ella avara,
en lugar de regalos, le dio males.

   Ambicioso codicia los fatales  5
rayos de aljófar, y en su bella cara,
mirando su hermosura más repara,
encendidos de Amor ya sus corales.

   Arde amante abrasado en su hermosura,
contemplando la imagen fugitiva,  10
y hablándole a la Ninfa con ternura.

   Viva la juzga viendo el agua viva,
exhala fuego, crece la locura,
y muere de lo mismo que, se priva.




ArribaAbajo- CXLIV -


A don Cristóbal Crespi de Valdavia, viceconseller de Aragón


Soneto sepulcral


   Recto Licurgo, y Numa justiciero,
me vio el Mundo en el solio preeminente
y ceñido de grandes, y de gentes,
el más humilde no quedó el postrero.

   Piadoso al bien, y con el mal severo,  5
adorné de laureles mi alta frente,
y en las minas de Astrea diligente,
di a la posteridad mi nombre entero.

   Uno en la junta grande me aclamaba,
numeroso concurso, y a mi voto,  10
el que más bien sentía se llegaba.

   De la Nave de España fui Piloto,
la reina me enterró tan pobre estaba,
este vaso cascado, frágil, roto.




ArribaAbajo- CXLV -


Al mismo asunto


Epitafio


   Aquí yace Crespi, Pino crecido,
de virtud, y justicia en Valle de Oro,
en quien los puestos vieron con decoro,
lo justo autorizado, y defendido.

   Libró de las tinieblas del olvido  5
su fama que fue en él un gran tesoro,
y yo con gratitud humilde adoro,
sus cenizas devoto, y aun rendido.

   Justo, piadoso, fuerte, sobrio, entero,
conservó de su Dios, y Rey las greyes,  10
siendo manso, inflexible, y justiciero.

   Guardó inviolable sus sagradas leyes,
lo apacible mezcló con lo severo,
y fue amado, y querido de los Reyes.




ArribaAbajo- CXLVI -


A los dos Escipiones, valerosos capitanes romanos


   No fuisteis de la edad Escipiones,
sino de la República Romana,
que crecida en grandeza soberana,
sobre los Astros vio los torreones.

   Con el Sol compitieron sus blasones,  5
por tanta gloria, que gozó Africana,
y hasta el Reino feliz de la mañana,
arbolasteis sus ínclitos pendones.

   Lloró su ruina la imperial Cartago,
de vuestro brazo, y vuestro ardor ceñida,  10
siendo de un Escipión sangriento estrago.

   Otro a Numancia la miró rendida,
de cada cual victoria fue el amago,
pero la muerte les quitó la vida.




ArribaAbajo- CXLVII -


A san Hermenegildo, rey godo de España, mártir por la fe católica


Inscripción a su sepulcro


   Ilustre antagonista de la fe,
rubricaste con sangre su Rubí,
y el oloroso, y cándido Alelí,
Clavel purpúreo en su defensa fue.

   Glorioso en el martirio ya te ve  5
del Arriano, el pérfido Afalquí,
y el tesoro, que guarda el Potosí,
desprecio vil de tu constancia hallé.

   Cortó tu cuello un Bárbaro feroz
y tu caliente púrpura feliz,  10
esmalte fue de soberana faz.

   Vida te dio suceso tan atroz,
siendo el alba de España Real matiz,
la sangre que de Imperios fue capaz.




ArribaAbajo- CXLVIII -


Al entierro de Aminta


   Si al Sepulcro le debes la memoria,
de la losa que guarda, o peregrino,
suspende con los ojos el camino,
y contempla la vida transitoria.

   Aquí se encierra del Amor la gloria,  5
y el honor del Pisuerga cristalino,
alma de su ribera, astro divino,
y de Cupido racional victoria.

   Trofeo yace de la Parca Aminta,
pero hermoso, y dulcísimo trofeo,  10
que rayos presta al Sol, nieve a la Aurora,

   cuando los prados, y las selvas pinta
fue voto, fue suspiro, fue deseo,
de todo Garzón bello, que la llora.




ArribaAbajo- CXLIX -


Al sepulcro de Lisi, dama hermosa


   Esta inscripción que tanto Mármol grava,
mordido del cincel más elegante,
te dirá con voz muda, o caminante,
lo que siente el dolor, y lo que alaba.

   Con lágrimas del pecho ardiente lava,  5
sus cándidas mejillas todo amante,
y con funesto, y lúgubre discante,
llora su Muerte, y de llorar no acaba.

   Que mucho, si murió la primavera,
que mucho si murió (ay dolor) el alba,  10
que mucho, si murió la luz del día.

   Falto Lisi, que todo ay Dios lo era,
a quien por Sol, y Aurora hicieron salva,
los pájaros con dulce melodía.




ArribaAbajo- CL -


Al sepulcro de Florinda


   No es muerte, prisión sí de la hermosura,
este en follajes culto monumento,
cárcel es del Amor, para escarmiento,
de lo que dura el bien, lo bello dura.

   No es de Florinda muda sepultura,  5
sino de su rigor muro violento,
que de Cupido fabricó el intento,
movido de la envidia, que le apura.

   En este duro Pórfido que debe,
vida al cincel, y al tiempo duraciones,  10
y será heroico empeño de la fama.

   La vida yace sea su losa leve,
depósito de tantas perfecciones,
que ya murió el Amor mas no su llama.




ArribaAbajo- CLI -


A Florinda a quien llamaron La Cuba, causa de la pérdida de España en alusión a su nombre


Epitafio


   Florinda soy, flor, linda, y desgraciada,
   por quien España entre lamentos gime,
cuyas cenizas esta losa oprime,
en edad floreciente deshojada.

   Por mí en sangre se vio toda bañada,  5
sin que su estrago el corazón lastime,
viendo que don Julián su honor redime,
a los golpes furiosos de su espada.

   El Amor mi gran prez, mi confianza,
y las promesas falsas de Rodrigo,  10
hicieron empuñar la Adarga, y Lanza.

   Burlóme el Rey, del Cielo fue el castigo,
y no se admite si tomó venganza,
de quien fue de mi honor duro enemigo.




Arriba- CLII -


Inscripción sepulcral a la sepultura de Anarda


   Dura el dolor, aunque la flor no dura,
de la belleza, que este nicho guarda,
incluyendo en su espacio la gallarda,
gentileza de Anarda, y su hermosura.

   Apagó un vendaval la luz más pura,  5
que en el templo de Amor encendió Anarda,
luz, que para lucir Pomona aguarda,
y la Esfera del Sol por cinosura.

   Murieron las delicias de Cupido,
y con ellas las gracias expiraron,  10
sonando el monte en eco repetido.

   Todos su muerte, y pérdida lloraron,
y hasta las Aves tristes en su nido,
lastimosas endechas alternaron.




 
 
FIN DE LOS SONETOS DE JOSEPH DE LITALA CASTELVI
 
 


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