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- 61 -

   Si es tanta gloria estar a los umbrales

de tu puerta, mi Dios, el estar dentro

¿cómo será, pues en tan alto centro

se deben de gozar la celestiales?

   Yo estoy entre los términos mortales
5

con tanto bien, que me parece que entro,

sino que al cuerpo en el camino encuentro

cargado con estorbos desiguales.

   Miro por los resquicios los dichosos,

que caminan a ti, perdido el miedo
10

a los trances del mundo peligrosos.

   Y como caminar tanto no puedo,

baño en llanto mis ojos envidiosos

de ver que van delante, y yo me quedo.


- 62 -

   ¡O quién muriera por tu amor ardiendo

en vivas llamas, dulce Jesús mío!

y que las aumentara aquel rocío,

que viene de los ojos procediendo.

   ¡O quién se hiciera un Etna despidiendo
5

vivas centellas de este centro frío,

o fuera de su sangre el hierro impío

de un Africano bárbaro cubriendo!

   Este deseo, que a morir se atreve,

recibe tú, pues la ocasión venida,
10

bien sabes que no fuera intento aleve,

   ¿Y qué mucho que amor la muerte pida?

pues no era muerte, sino puente breve,

que me pasara a ti, mi eterna vida.


- 63 -

   Si amare cosa yo que Dios no sea,

y lo que de su amor también procede,

que en odio al cielo y a la tierra quede,

que así estaré, como sin él me vea.

   ¿Y qué mucho que el alma, que desea
5

e centro, donde sólo parar puede,

ame aquel bien, que todo bien excede,

pues no hay descanso que sin Dios posea?

   Tú, Rey del cielo, que mi amor procuras,

serás el centro de las ansias mías,
10

de aquel eterno bien prendas seguras.

   Son las del mundo breves tiranías,

que no merecen nombre de hermosuras,

sujetas al imperio de los días.


- 64 -

   Llorar cuando nací, señal fue cierta

de la miseria del vivir futuro,

¿pues qué será la vida que procuro,

si lágrimas le aguardan a la puerta?

   Incierto el cuando, aunque la muerte cierta,
5

¿cómo a tantos peligros me aventuro?

¿qué tiene el alma por defensa y muro,

aunque de terrapleno está cubierta?

   O pues vida, llorad, llorar conviene,

que no reír, que si reír pretendo,
10

no es el defecto que esta causa tiene.

   Proporcionad el miedo, porque entiendo,

que si reís, impropiamente viene

nacer llorando con vivir riendo.


- 65 -

A una calavera de mujer

   Esta cabeza, cuando viva, tuvo

sobre la arquitectura de estos huesos

carne y cabellos, por quien fueron presos

los ojos que mirándola detuvo.

   Aquí la rosa de la boca estuvo,
5

marchita ya con tan helados besos;

aquí los ojos, de esmeralda impresos,

color que tantas almas entretuvo;

   aquí la estimativa, en quien tenía

el principio de todo movimiento;
10

aquí de las potencias la armonía.

   ¡Oh hermosura mortal, cometa al viento!

Donde tan alta presunción vivía

desprecian los gusanos aposento.


- 66 -

   Cuando lo que he de ser me considero,

¿cómo de mi bajeza me levanto?

y si he de imaginarme tal espanto,

¿por qué me desvanezco y me prefiero?

   ¿Qué solicito, qué pretendo y quiero,
5

siendo guerra el vivir y el nacer llanto?

¿por qué este polvo vil estimo tanto,

si de él tan presto dividirme espero?

   Si en casa que se deja, nadie gasta,

pues pierde lo que en ella se reparte,
10

¿qué loco engaño mi quietud contrasta?

   Vida breve y mortal, dejad el arte,

que a quien se ha de partir tan presto, basta

lo necesario, en tanto que se parte.


- 67 -

   Levantareme de la seca tierra,

que pacen estos rudos animales,

¡o padre! a tus entrañas paternales,

de donde mi locura me destierra.

   Iré al palacio, dejaré la sierra,
5

donde estos rotos míseros sayales

me trocarán en púrpuras reales,

que a nadie, que llamó, las puertas cierra.

   Confesarele que perdido anduve,

y aunque temo el llegar, pues lo más verde
10

de mis pasados años me detuve.

   Para que llegue basta que me acuerde,

que si perdí lo que de hijo tuve,

lo que tiene de padre no lo pierde.


- 68 -

   No sabe que es amor quien no te ama,

celestial hermosura, esposo bello;

tu cabeza es de oro, y tu cabello,

como el cogollo que la palma enrama;

   tu boca, como lirio que derrama
5

licor al alba; de marfil tu cuello;

tu mano el torno, y en su palma el sello

que el alma por disfraz jacintos llama.

   ¡Ay, Dios! ¿en qué pensé cuando, dejando

tanta belleza, y las mortales viendo,
10

perdí lo que pudiera estar gozando?

   Mas si del tiempo que perdí me ofendo,

tal prisa me daré, que una hora amando

venza los años que pasé fingiendo.


- 69 -

   Si de la sombra de tu cuerpo santo

puesto en la cruz un bárbaro homicida

recibe luz para pedirte vida,

y vida eterna por tan breve llanto.

   Si la divina fimbria de tu manto
5

salud concede a quien la tiene asida,

más es tenerte en celestial comida,

¡dichosa el alma que merece tanto!

   No sombra de tu cuerpo, o fimbria tuya,

sino tu cuerpo mismo, ¿cuál efecto
10

hará en el alma, que a tu mesa llega?

   ¿Qué Reino pedirá? qué salud tuya,

que tú la niegues, si con dulce efecto

tan cerca te ama, abraza, goza y ruega?


- 70 -

   Hombre mortal mis padres me engendraron,

aire común y luz los cielos dieron,

y mi primera voz lágrimas fueron,

que así los reyes en el mundo entraron.

   La tierra y la miseria me abrazaron,
5

paños, no piel o pluma me envolvieron,

por huésped de la vida me escribieron,

y las horas y pasos me contaron.

   Así voy prosiguiendo la jornada,

a la inmortalidad el alma asida,
10

que el cuerpo es nada, y no pretende nada.

   Un principio y un fin tiene la vida,

porque de todos es igual la entrada,

y conforme a la entrada la salida.


- 71 -

   En señal de la paz que Dios hacía

con el hombre, templando sus rigores,

los cielos dividió con tres colores

el arco hermoso que a la tierra envía:

   lo rojo señalaba la alegría,
5

lo verde paz y lo dorado amores;

secó las aguas, y esmaltaron flores

el pardo limo que su faz cubría.

   Vos sois en esa cruz, cordero tierno,

arco de sangre y paz, que satisfizo
10

los enojos del Padre sempiterno;

   vos sois, mi buen Jesús quien los deshizo;

ya no teman los hombres del infierno,

pues sois el arco que las paces hizo.


- 72 -

   Los que fuera del curso y armonía,

que con ley inmortal gobierna el suelo,

vistes el sol entristecer el cielo,

y suceder la noche al mediodía.

   Los que vistes con triste melodía
5

llorar las piedras, y romperse el velo,

morir la vida, y convertirse en hielo

la luz del mundo, que en sí misma ardía.

   Mirad el sol, que la prisión levanta

al luminoso cuerpo soberano,
10

mirad la vida que a la muerte espanta.

   Pues con los rayos de su eterna mano

renueva de su templo el alma santa

el cinco veces roto velo humano.


- 73 -

   Descalzo el pie sobre la arena ardiente,

ceñida la cabeza de espadañas,

con una caña entre las verdes cañas,

que al Tajo adornan la famosa fuente.

   Tiende sobre el cristal de su corriente
5

su cuerda el pescador, y por hazañas

tiene el sufrir que el sol por las montañas

se derribe a las aguas de Occidente.

   Sale a su cebo el pez en tal distancia,

mas, o gran pescador Cristo, ceñido
10

de espinas, que en la caña de tu afrenta.

   Sacas del mar del mundo mi ignorancia,

el pie en la cruz, ribera de mi olvido,

para que el cebo de tu sangre sienta.


- 74 -

   ¿Qué armas son estas, qué guión colgado

de General sobre este monumento?

¿celada es un espino tan sangriento?

¿pluma un azote en púrpura bañado?

   ¿Un tosco leño es espaldar cruzado?
5

¿gola una soga? ¡extraño pensamiento!

¿dónde es la esponja bélico armamento?

¿qué lanza al fin es arma de soldado?

   ¡Más ay! que de una virgen muestra el llanto

que son de Cristo Capitán del cielo
10

trofeos, y la muerte ya vencida.

   Estos adornan su sepulcro santo,

con estos ha ganado el cielo al suelo,

mató la muerte, y reparó al vida.


- 75 -

   ¿Qué es esto? dijo el Israelita, viendo

descender el Maná, llover el cielo

cándidos copos de sabroso hielo,

los árboles del monte encaneciendo.

   ¿Qué es esto? dijo, cuando estás comiendo
5

aquel licor de celestial consuelo,

sombra de la verdad, de la luz velo,

que ahora vive en blanca nieve ardiendo.

   ¿Qué es esto? dijo, viendo como llueve

sobre la salas del templado viento
10

débil manjar envuelto en aura leve.

   Y hoy Cristo les responde en sacramento:

Este es mi cuerpo; la respuesta es breve,

enigma el pan, y el mismo Dios sustento.


- 76 -

   Sacó Moisés de Egipto al pueblo Hebreo,

pasó el Jordán seguro, y por memoria

comió el cordero, y celebró la gloria

de aquel divino general trofeo.

   Instituyó la Pascua con deseo
5

de eternizar aquella dulce historia,

la libertad, el triunfo, la victoria

figura de este pan que adoro y creo.

   Memoria sois, cordero soberano,

de la salida de otro Egipto fiero,
10

Pascua divina del linaje humano.

   Y así como Moisés más verdadero,

nos da la bendición de vuestra mano

Pascua, pasto, pastor, pan y cordero.


- 77 -

    Cuelgan racimos de ángeles, que enrizan

la pluma al sol en arcos soberanos,

humillan nubes promontorios canos,

y de aljófar la tierra fertilizan.

   Desde el cielo a Toledo se entapizan
5

los aires de celestes cortesanos

con lirios y azucenas en las manos,

que la dorada senda aromatizan.

   Baja la Virgen, que bajó del cielo

al mismo Dios; pero sí a Dios María;
10

hoy a María de Ildefonso el celo.

   Y como en pan angélico asistía

Dios en su Iglesia, el cielo vio que el suelo

ventaja por entonces le tenía.


- 78 -

   La santa Virgen, que en la sacra idea

de Dios fue fabricada antes que el cielo,

del Verbo en carne original modelo,

que su estudio santísimo hermosea.

   Naciendo en la dichosa Galilea
5

fue cuadro celestial, en cuyo velo

de tela humana y de divino celo

Dios los pinceles de su ciencia emplea.

   Lucas, gloria y honor de la pintura,

fue sólo digno de copiar un día
10

con envidia del cielo su hermosura

   O soberano Apeles de María,

pues retrató la virginal figura,

a donde Dios mostró lo que sabía.


- 79 -

   Lucas, tan justamente peregrino

al lado del pintor del firmamento,

de la primera imagen fundamento,

que a ser altar de nuestros ojos vino.

   Vos, que con el azul ultramarino
5

de vuestro celo, y con la fe por tiento,

en la tabla del nuevo Testamento

pintáis la humanidad del ser divino.

   ¿Qué pluma os ha de dar debidos loores?

¿cuál humano pincel podrá pintaros?
10

¿a dónde habrá retóricos colores?

   Mas para dignamente retrataros,

vos divino patrón de los pintores,

al espejo de Dios poséis miraros.


- 80 -

   Si de piel asperísima vestido,

el cabello revuelto y erizado,

al gran Bautista en el Jordán sagrado,

si es Cristo, le preguntan, prometido.

   A vos, aunque también con piel ceñido,
5

pero en manos, costado y pies llagado,

en Cristo por amores transformado,

y a Cristo en cuerpo sangre y parecido.

   ¿Cómo os llamara, si Israel os viera?

y porque la humildad vuestra se arguya,
10

¿qué dijérades vos después de visto?

   ¿Quién duda que Francisco respondiera,

no soy yo Cristo, soy estampa suya,

ni vivo como yo, vive en mí Cristo?


- 81 -

   Caiga el hermoso como cedro y palma,

caiga el Cherub, que fue su nacimiento

con el Aurora, y tuvo atrevimiento

donde todo poder se humilla y calma.

   Caiga, perdiendo la victoria y palma,
5

del monte del excelso Testamento,

y suba la humildad al mismo asiento,

a vos, Francisco humilde, en cuerpo y alma.

   Si al crucifijo Serafín divino

volvéis los rayos, sois espejo claro
10

tan parecido, cuando en vos se mira.

   Que ya sois Serafín y al justo vino,

subiendo a ser del que cayó reparo,

ángel no es mucho, mas llagado admira.


- 82 -

   Aunque es de piedra, y su cabeza es piedra,

y sobre piedra fuerte está fundada,

y con sangre por ella derramada

de tantos huesos su cimiento en piedra.

   Aunque con tantos Sacramentos medra,
5

en gracia y fe con Cristo desposada,

y tantas ramas de su Cruz sagrada

tienen sus muros firmes como hiedra.

   Mientras que la persiguen militante,

a defenderla con sus rayos viene
10

la luz que al mismo fuego tuvo impreso.

   Que aunque partido Cristo por Atlante

quedó la piedra que la tuvo y tiene,

carga en los hombros de Domingo el peso.


- 83 -

   Poned la limpia mesa a Cristo, y coma,

espíritus divinos, del cordero,

de cuyo sacrificio verdadero

el humo sube en oloroso aroma.

   Color de rosa en las parrillas toma,
5

sazón le ha dado amor, servidle entero,

vuele a mejor Arabia y hemisferio

de este fénix la cándida paloma.

   Está sin corazón, asose presto,

y que le vuelvan de otro lado avisa,
10

para llevar mejor el fuego impreso.

   Ángeles, si la mesa se habéis puesto,

decidle que la carne coma aprisa,

que el más cristiano rey espera un hueso.


- 84 -

   Tiraban Dios y el hombre al blanco un día

flechas de amor y de crueldad tirana,

por ver quien de los dos el premio gana,

que atado a un árbol el rigor tenía.

   Dios que del blanco lo que Dios sabía,
5

tiraba con destreza soberana,

erraba el hombre con malicia humana,

porque la mira contra Dios ponía.

   Era de entrambos Sebastián el cierto

blanco en un tronco, donde ramas hechas
10

las flechas le dejaron tan cubierto.

   Que puesto que a matarle iban derechas,

quedó de Dios, y no del hombre muerto,

que en las flechas de Dios rompió sus flechas.


- 85 -

   ¿Quién es aquel Atleta esclarecido,

que sale de la bélica palestra

con tres coronas en la mano diestra,

y el manto negro en púrpura teñido?

   Si vence y triunfa, ¿cómo viene herido?
5

si viene herido, ¿cómo el triunfo muestra?

que es nueva imagen a la vista nuestra

laurel sangriento y vencedor vencido.

   O solo peregrino de Verona,

¿negras y blancas armas, sangre y palma
10

no muestran que es de Pedro la persona?

   Si sangre, si laurel te tuvo en calma,

así reparten lo que Dios corona,

las heridas al cuerpo, el triunfo al alma.


- 86 -

   Por celebrar Domingo soberano

vuestra fiesta mejor, Pedro divino,

a cantar a Milán el credo vino,

llevándole el compás de Dios la mano.

   Echó en efecto en vuestro canto llano
5

tan alto contrapunto en el camino,

que los coros celestes que previno,

fueron los ecos del acento humano.

   Entrose por la Iglesia la herejía,

por suspender con pertinaz denuedo
10

del músico divino la armonía.

   Y cisne santo con el mismo dedo

mostró que el Evangelio dicho había,

pues que cantaba con su sangre el Credo.


- 87 -

   Pedro una vez que de la escuela vino,

como tierno David tejió de suerte

la honda de su fe divina y fuerte,

que hizo de tres lazos y de un lino.

   Que cuando Goliat en el camino
5

pensó rendirle con violenta muerte,

de los rubíes, que en la tierra vierte,

honró su frente círculo divino.

   Al paso de Milán salió el gigante

contra el pastor, que sin tenerle miedo,
10

le puso el pecho y la verdad delante.

   Bajó la sangre a confesar el Credo,

y fue Pedro escribiendo tan constante,

que pudo derribarle con un dedo.


- 88 -

   Pedro, a la sangre que por vos vertida

mostró para su fe tanta firmeza,

ofrece la Católica nobleza

la limpia suya, a vuestros pies rendida.

   De las cuatro azucenas guarnecida,
5

que dejó de Domingo la pureza,

esta Junta os elige por cabeza

puesto que la tenéis tan dividida.

   Tended vuestro crucígero labaro,

Capitán general de esta milicia,
10

que contra el fiero Apóstata levanta.

   La fe de vuestra muerte ejemplo raro,

pues para el tribunal de su justicia

hizo las gradas vuestra sangre santa.


- 89 -

   No es mucho que Israel las aguas corte

del Rubio mar, si va Moisés delante

haciéndole dos muros de diamante,

que a Egipto emboten de la espalda el corte.

   Ni que el peligro al pescador reporte,
5

para serlo del barco militante,

que Dios le llama, porque no le espante,

y está en la orilla el sol que alumbra el Norte.

   Pero que tienda de Domingo el manto

Raimundo, y pase encima el mar profundo,
10

es fe que ha dado al mismo cielo espanto.

   Pasad, Profeta, ese Jordán segundo,

verán los reyes, que se ciegan tanto,

que estima el mar a quien destierra el mundo.


- 90 -

   Buscaba Magdalena pecadora

un hombre y Dios, halló sus pies, y en ellos

perdón, que más la fe que los cabellos

ata sus pies, sus ojos enamora.

   De su muerte a su vida se mejora,
5

efecto en Cristo de sus ojos bellos,

sigue su luz, y al occidente de ellos

canta en los cielos, y en peñascos llora.

   Si amabas, dijo Cristo, soy tan blando

que con amor, a quien amó, conquisto,
10

si amabas, Magdalena, vive amando.

   Discreta amante, que el peligro visto

súbitamente traslado llorando

los amores del mundo a los de Cristo.


- 91 -

Al buen ladrón

   ¿Cómo es posible que de bueno den

nombre a un ladrón, si el bueno se ha de dar

al más sutil en escalar y entrar

lo más guardado que sus ojos ven?

   Pues Dimas, no contento de que estén
5

las manos y los pies de par en par,

otra puerta mayor quieren guardar,

y por la principal entrar más bien.

   Si dijo el mismo Dios que no es ladrón

quien entra por la puerta, claro está
10

que no lo es ya, pues cinco puertas son.

   Ladrón por lo pasado se dirá,

que por subir al cielo no es razón,

pues no se roba aquello que se da.


- 92 -

   Celebran viejo y nuevo Testamento

dos capas, de José fue la primera,

que la dejó para correr ligera

su castidad a un loco pensamiento.

   Las del segundo con piadoso intento
5

fue de Martín, que con no dala entera

dio envidia a la que cubre la alta esfera,

y tiene al mismo sol por ornamento.

   ¿Cuál será de estas dos la más preciosa?

pero la de Martín será más bella,
10

aunque es la de José casta y hermosa.

   Porque si cubre al mismo Dios con ella,

ya es capa de los cielos milagrosa,

y la mayor, pues que se encierra en ella.


- 93 -

A San Roque

   Jaque de aquí con este santo Roque,

peste cruel, que quiere Dios que aplaque

este bordón con su divino jaque

todo peligro que a los hombre toque;

   y que las piezas del contrario apoque,
5

y el alma dama en el postrero escaque,

libre de tretas y peligros, saque

cualquiera que su nombre santo invoque.

   Procura el negro alfil que el hombre peque,

y con sus tretas ya le pone a pique,
10

porque de la piedad la oliva saque.

   Mas Roque hace que el bordón se aplique

a la espada de Dios, y el rigor trueque,

y que su cruz a Cristo signifique.


- 94 -

   ¡Oh, engaño de los hombres!, vida breve;

loca ambición al aire vago asida;

pues el que más se acerca a la partida,

más confiado de quedar se atreve.

   ¡Oh, flor al hielo, o rama al viento leve,
5

lejos del tronco, si en llamarte vida!

tú misma estás diciendo, que eres ida;

¿qué vanidad tu pensamiento mueve?

   Dos partes tu mortal sujeto encierra:

una, que te derriba al bajo suelo,
10

y otra, que de la tierra te destierra.

   Tú juzga de las dos el mejor celo,

si el cuerpo quiere ser tierra en la tierra,

el alma quiere ser Cielo en el Cielo.


- 95 -

A Jesucristo crucificado

   ¡Oh vida de mi vida, Cristo santo!

¿A dónde voy de tu hermosura huyendo?

¿Cómo es posible que tu rostro ofendo

que me mira bañado en sangre y llanto?

   A mí mismo me doy confuso espanto
5

de ver que me conozco y no me enmiendo;

ya el ángel de mi guarda está diciendo

que me avergüence de ofenderte tanto.

    Detén con esas manos los perdidos

pasos, mi dulce amor; mas ¿de qué suerte
10

las pide quien las clava con la suyas?

   ¡Ay Dios! ¿A dónde estaban mis sentidos

que las espaldas pude yo volverte,

mirando en una cruz por mí las tuyas?


- 96 -

   Bajaba del nubífero Carmelo

la sabia esposa del Nabal tirano

al recurso del Rey, que airado en vano

la ofrenda acepta y el piadoso celo.

   Del mismo baja, y aun del cielo al suelo,
5

pues baja de Alba al sol, del monte al llano

Teresa ilustre, cuya lengua y mano

templó las iras del airado cielo.

   Desenójase Dios por la piadosa

ofrenda de los frutos que le ofrece,
10

hijos de su oración maravillosa.

   El mundo muere en ella, el monte crece,

y como reina en Dios de Cristo esposa,

en el carro abrasado resplandece.


- 97 -

   Águila, cuyo pico soberano

bañado en las corrientes celestiales

osó tocar los cándidos umbrales,

que apenas mira el pensamiento humano.

   Fénix, a quien el bárbaro titano
5

pensó abrasar las alas inmortales,

de cuyo fuego a nueva vida sales,

la pluma de oro en la divina mano.

   Estima los efectos que recibes

del arte de imprimir, cuando resumas
10

la grandeza del Verbo, con que vives.

   Pues de tu pluma han hecho tantas plumas,

que eternamente escriben lo que escribes,

y de tu suma innumerables sumas.


- 98 -

   El ave santa, en cuyo pico asido

vio el mundo el ramo de la paz humana,

y a cuyos pies el cielo de Diana

sirve de trono, aunque de sol vestido.

   Con más suave y más sutil sonido
5

que el aura al Alba envuelta en nieve y grana,

batió bañada en dulce tramontana

las alas de oro al Carmelita nido.

   Simón, nuestro Eliseo, pastor santo,

adornando la fénix del Carmelo,
10

estas, dijo, serán la salas mías.

   Asió la fimbria del celeste manto,

formando entre los dos escala al cielo,

hasta que vuelva de su carro Elías.


- 99 -

   ¡Qué bien se echa de ver, divino Diego,

que en Alcalá estudiaste Teología,

pues tan divina Cátedra se os fía,

desde a donde enseñáis lenguas de fuego!

   ¿Mas cómo sois tan sabio, si sois lego,
5

pues dos maestros disputando un día,

de tantos argumentos la porfía

controvertida resolviste luego?

   Teólogo saliste admirable

de un libro, cuyas hojas milagrosas
10

hacen que un alma en todas ciencias hable.

   Y entre las que sabéis maravillosas,

mirad si sois Filósofo notable,

pues hacéis entender, que el pan es rosas.


- 100 -

   La madre de las ciencias, donde a tantos

verde laurel por únicos publica,

dos corderos al cielo sacrifica,

primicias ya de innumerables santos.

   Bárbara mano entre dichosos cantos
5

hierro cruel a su marfil aplica,

y la ribera de sus plantas rica

himnos al cielo ofrece en vez de llantos.

   Henares lastimado deque dentro

de sus términos Roma entrar procura,
10

saliéndole dos niños al encuentro.

   Rompió la margen, y la sangre pura

bebió a la tierra, y retirando el centro

le dio en arenas de oro sepultura.


- 101 -

   Fue célebre Jahel, porque la frente

a Sisara pasó con atrevida

mano, y el clavo de la frente herida

segunda piedra del pastor valiente.

   Y Engracia santa, porque heroicamente
5

la tierra suya de laurel ceñida

al clavo de un tirano dio rendida,

será también famosa eternamente.

   Quiso imitar a su querido esposo,

y aunque él murió con tres, y ella tenía
10

uno sólo en el tránsito dichoso.

   Los dos, que le faltaron aquel día,

tuvo en el corazón tan amoroso,

que blanco de sus clavos parecía.


- 102 -

   Divino labrador, honor de España,

que a pesar de la bárbara fiereza

traías en la mano la cabeza,

por no morir en la heredad extraña.

   El ejército muerto, la montaña
5

de cuerpos troncos, tanta fortaleza

admira, y da lugar a la riqueza

del vuestro insigne por tan alta hazaña.

   Muertos responden a quien habla muerto,

y la patria de tales ciudadanos
10

de muro a muro a ser sepulcro viene.

   Dichosa Zaragoza por Lamberto,

que tiene su cabeza por sus manos,

y ella su cuerpo por cabeza tiene.


- 103 -

   De vos se queja la pobreza humana,

Francisco, aunque conoce el santo celo,

que desde que os subisteis al Carmelo,

lloran por vos las puertas de Altozana.

   Si de la vida activa humilde y llana
5

a la contemplativa alzáis el vuelo,

vivid en Alcalá, mas quiere le cielo

infundiros su ciencia soberana.

   No son simpleza e ignorancia agravios

para vuestras costumbres de importancia,
10

si el cielo purifica vuestros labios.

   Pues sois de aquellos para más ganancia,

por quien dijo Agustín que a los más sabios

le quita de las manos la ignorancia.


- 104 -

   El cabello tendido por el manto,

que humilde el sol para corona estima,

María llega a que en su prima imprima,

amor los brazos, que ella baña en llanto.

   Bendito el fruto de tu vientre santo,
5

dice Isabel a su querida prima,

y ella responde: Mi humildad sublima

Dios, que por ella me engrandece tanto.

   El monte se conmueve a su alabanza,

y los pastores tan alegremente,
10

que reventaba por hablar un mudo.

   Juan de contento salta, baila y danza,

que el maestro que entonces tiene enfrente,

es el más primo que tocar le pudo.


- 105 -

   Antonio, si los peces sumergidos

en el centro del mar para escucharos

sacan las frentes a los aires claros,

y a vuestra viva voz prestan oídos.

   Los que vivieren de razón vestidos,
5

y más quien por la patria debe amaros,

a la dulzura de esos hechos raros

¡qué mucho que suspendan los sentidos!

   Ya con el Niño Dios José segundo

parecéis en los brazos, y él se ofrece
10

en figura de amor, ¡qué amor profundo!

   Tanto se humilla, y tan os engrandece,

que porque parezcáis tan grande al mundo,

Dios tan pequeño junto a vos parece.


- 106 -

   Pusieron los armígeros gigantes

un monte en otro por subir al cielo,

que la soberbia, que produce el suelo,

engendra pensamientos semejantes.

   Mas cuando de sus fúlgidos diamantes
5

tocar pensaron el celeste velo,

cayeron con Nembrod, y el fuego en hielo

sepultó sus cervices arrogantes.

   Vos, gigante divino, de otro modo

subís al cielo, sin que el paso os tuerza
10

para alcanzarle, la que más le impide.

   Pues le tenéis sobre los hombros todo,

que aunque el Reino de Dios padece fuerza

no la consiente a quien sin Dios le pide.


- 107 -

   Dulce Señor, mis vanos pensamientos

fundados en el viento me acometen,

pero por más que mi quietud inquieten,

no podrán derribar tus fundamentos.

   No porque de mi parte mis intentos
5

seguridad alguna me prometen

para que mi flaqueza no sujeten,

ligera más que los mudables vientos.

   Mas porque si a mi voz, Señor, se inclina

tu defensa y piedad, ¿qué humana guerra
10

contra lo que tú amparas, será fuerte?

   Ponme a la sombra de tu cruz divina,

y vengan contra mí fuego, aire, tierra,

mar, hierro, engaño, envidia, infierno y muerte.


- 108 -

   Todos te pintan encarnado y blanco,

esposo de las almas, yo te veo

blanco no más, que amor a mi deseo

quiere dejar con este blanco en blanco.

   Pero con viva fe tirando al blanco,
5

que está cubierto lo encarnado creo,

y en este blanco, en que la vista empleo,

te considero más galán y franco.

   Aquí los blancos accidentes cubren

el color encarnado de la rosa,
10

que tú cogiste del jardín sellado.

   Pero como a la fe se le descubren,

conoce el alma, que te vio, la esposa,

pues dijo que eras blanco y encarnado.


- 109 -

    Dios mío, sin amor ¿quién pasará?

Algo ha de amar quien hombre al fin nació.

Tres cosas que tú dices, hallo yo

en que todo el amor resuelto está:

   amarte a Ti cualquiera lo dirá.
5

¿Qué escita, que hombre bárbaro no amó

al Dios que le sustenta y le crió,

y el aire en que respira y luz le da?

   Pues al amigo en ley de amor se ve,

¿tengo de amar al enemigo? Sí,
10

que pues que Tú lo mandas, justo es.

   Dichoso aquel, mi Dios, que te ama a Ti,

en Ti al amigo con honesta fe,

y al enemigo por amor de Ti.


- 110 -

   Con presunción de bélico soldado

galán sale y feroz Pablo atrevido,

que si ahora en la cuenta no ha caído,

caerá muy presto del primer estado.

   ¿A dónde, Pablo, de soberbia armado
5

para quedar con una voz vencido?

seguid las letras, ¿dónde vais perdido?

que habéis de ser doctor del mayor grado.

   Aunque valor vuestra persona encierra,

no es bien que nadie contra Dios presuma,
10

que dará con los ojos por la tierra.

   La Iglesia espera vuestra docta suma,

mirad que no sois vos para la guerra,

dejad las armas y tomad la pluma.


- 111 -

   ¿Cómo podré, Señor, querer quereros?

¿cuánto deseo por poder serviros?

¿qué lágrimas, qué efectos, qué suspiros

derramaré, tendré, daré por veros?

   ¿Qué requiebro diré para moveros
5

y de tantas ofensas divertidos?

¿cómo podrá mi alma recibiros,

siendo tan imposible mereceros?

   ¿Cómo las tiernas quejas, que os envío,

podrán, Jesús dulcísimo, obligaros?
10

¿mas que os pregunto yo? ¡qué desvarío!

   Amaros quiero ya, no preguntaros,

porque el modo de amaros, Jesús mío

Bernardo dice que es sin modo amaros.


- 112 -

   Nuevo ser, nueva vida, aliento nuevo,

Señor, os debo ya, pues reducida

mi vida a vos es otra nueva vida,

de tal manera que me hacéis de nuevo.

   De nuevo el alma de esta vida os debo,
5

aquella con la sangre redimida,

y esta con la piedad, pues de perdida

al resplandor de la verdad la llevo.

   Nada era ya la vida, que apartada

se vio de vos, Señor, ¡qué triste estado!
10

luego ha sido otra vez de vos criada.

   De la nada, Señor, me habéis sacado

a nuevo ser, que si el pecado es nada,

en nada me volví por el pecado.


- 113 -

   Si quise, si adoré, ¡qué error terrible!

hermosura mortal, ¿cómo ignoraba

la tuya celestial, pues me enseñaba

lo invisible, Señor, por lo visible?

   Tu gloria, eterno Dios, incorruptible,
5

cuando Ídolos humanos fabricaba,

como gentil y bárbaro trocaba

en imagen del hombre corruptible.

   ¡Ay Dios, y cuán oscuro que tenía

entonces mi turbado entendimiento,
10

sin ver la luz en la mitad del día!

   ¿Qué excusa te dará mi entendimiento?

pero con tu piedad la más tardía

halla en tu pecho dulce acogimiento.


- 114 -

   Bajaba con sus cándidas ovejas

por el valle de Aran Raquel hermosa,

el oro puro y la purpúrea rosa

mezclando las mejillas y guedejas.

   Ellas lamiendo a la canal las tejas,
5

y ella mirando el pozo cuidadosa,

anticipose a levantar la losa

el que fue mayorazgo por lentejas.

   Bebió el ganado caluroso, y luego

diola beso de paz, y por despojos
10

lágrimas que lloró perdido y ciego.

   Muy tierno sois, Jacob ¿tan presto enojos?

si, que en llegando al corazón el fuego,

lo que tiene de humor sale a los ojos.


- 115 -

   Sentado estaba el padre de las gentes

a los umbrales de su casa un día,

que en la mitad del cielo el sol ardía,

cuando miró tres ángeles presentes.

   Las manos, que después tan obedientes
5

hallaron el cuchillo y la osadía,

juntó arrojado por la tierra fría,

y dijo a los varones eminentes:

   Para, Señor, aquí come y descansa

debajo de esta sombra entre estas flores,
10

si con tu gracia mi humildad abonas.

   Lavaos los pies, el agua corre mansa,

mas ¿cómo Señor dijo y no señores?

porque adoraba un Dios en tres personas.


- 116 -

   Yo pagaré con lágrimas la risa,

que tuve en la verdura de mis años,

pues con tal declarados desengaños

el tiempo, Eliseo, de mi error me avisa.

   Hasta la muerte en la corteza lisa
5

de un olmo, a quien dio el Tajo eternos baños,

escribí un tiempo, amando los engaños

que mi temor con pies de nieve pisa.

   ¿Mas que fuera de mí, si me pidiera

esta cédula Dios, y la cobrara
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y el olmo entonces el testigo fuera?

   Pero yo con el llanto de mi cara

haré crecer el Tajo de manera,

que sólo quede mi venganza clara.


- 117 -

   Formando Bathuel castillos de oro

en los camellos Árabes gigantes,

y sobre los Asirios elefantes

de las doncellas del honesto coro.

   Parte Rebeca por mayor tesoro
5

que plata y oro y Índicos diamantes,

ganados y pastores circunstantes

desde la blanca abeja al rubio toro.

   Isaac adelantose al camino

viole la honesta virgen, y del manto
10

hizo rebozo el rostro peregrino.

   Ejemplo para el alma, esposo santo,

que cuando vos venís en pan divino,

se cubra de humildad a favor tanto


- 118 -

   Gertrudis, siendo Dios tan amoroso

que está en el hombre por amor ardiente

y el hombre en él, no es mucho que aposente

tan abrasado corazón su esposo.

   Amor le ha dado en vos dulce reposo,
5

que allí quiere vivir y estar presente,

que nadie amara y estuviera ausente,

si fuera como Dios tan poderoso.

   Si al que pregunta al mismo Dios, que a dónde

le podrá hallar, después del blanco velo,
10

en vuestro corazón santo responde.

   Custodia sois, mientras gozáis el suelo,

y pues que todo Dios en él esconde,

mayor tenéis el corazón que el cielo.


- 119 -

   Ángel, a gran peligro os arrojastes

cuando a decir verdad os atrevistes

supuesto que al Bautista parecistes

cuando con tal rigor la predicastes.

   Notable ejemplo a los demás dejastes,
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luz sobre monte, y no lisonja fuistes,

que puesto que del púlpito caístes,

al cielo envuelto en sangre os levantastes.

   Ángel fue el gran Bautista, si en la vista

y en la verdad le sois tan semejante
10

y en hábito tan pobre y tan estrecho.

   Ángel, no es mucho, pues murió el Bautista

por decir al verdad, que un ciego amante

por la misma ocasión os pase el pecho.


- 120 -

   José, ¿cómo podrá tener gobierno

el tiempo de quien padre y lumbre ha sido,

si en los brazos tenéis el sol dormido,

pues tiene vida por su curso eterno?

   Aunque sois cuna de su cuerpo tierno
5

del Alba virginal recién nacido,

despertadle José, si tanto olvido

no le disculpa vuestro amor paterno.

   Mirad, que hasta los ángeles espanta

ver que se duerma el sol resplandeciente
10

en la misma sazón que se levanta.

   Dejas, José, que su carrera intente,

porque desde el pesebre a la cruz santa

es ir desde el Oriente al Occidente.


- 121 -

   No espanta al sabio, ni ha de ser temida

la muerte que amenaza varios casos,

y por la brevedad de nuestros pasos

no puede estar muy lejos de la vida.

   El sueño es una muerte, aunque fingida,
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que tiene como el sol tantos Ocasos,

de tierra son nuestros mortales vasos,

con poco golpe quedará rompida.

   La vida fue muy justo que estuviese

en esta suspensión, porque en concierto
10

el temor de la muerte nos pusiese.

   Por eso hizo nos Dios su fin incierto

para que mientras más incierto fuese,

más cerca nos parezca de ser cierto.


- 122 -

El alma a su Dios

   ¿Cuándo en tu alcázar de Sión y en Beth

de tu santo David seré Abisac?

¿Cuándo Rebeca de tu humilde Isaac?

¿Cuándo de tu Josef limpia Aseneth?

   De las aguas salí como Jafet,
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de la llama voraz como Sidrac,

y de las maldiciones de Balac

por la que fue bendita en Nazareth.

   Viva en Jerusalén como otro Jasub,

y no me quede en la ciudad de Lot,
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sabiduría eterna, inmenso Alef.

   Que tú, que pisas el mayor querub,

y la cerviz enlazas de Behemoth,

sacarás de la cárcel a Josef.


- 123 -

A San José

   Perdiose el hijo eterno de María,

si Dios pudo perderse, que en la tierra

es menester ser Dios, el que no yerra,

buscó, hallole José al tercer día.

   O a la tercera noche, que no hay día,
5

ausente Dios, en quien la luz se encierra

¡o dichoso cuidado, cuya guerra

paz en buscar y hallar a Dios tenía!

   Luz de la luz mayor José ha sido,

o ya porque consigo al llevaba,
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o ya porque la halló cuando escondida.

   Y si es que pudo Dios estar perdido,

José a descubrírnosle bastaba

con su fe, con su amor, o con su vida.