- 61 -
Yo estoy entre los términos mortales
5
con tanto bien, que me parece que entro,
sino que al cuerpo en el camino encuentro
cargado con estorbos desiguales.
Miro por los resquicios los dichosos,
que caminan a ti, perdido el miedo
10
a los trances del mundo peligrosos.
Y como caminar tanto no puedo,
baño en llanto mis ojos envidiosos
de ver que van delante, y yo me quedo.
- 62 -
¡O quién se hiciera un Etna
despidiendo
5
vivas centellas de este centro frío,
o fuera de su sangre el hierro impío
de un Africano bárbaro cubriendo!
Este deseo, que a morir se atreve,
recibe tú, pues la ocasión venida,
10
bien sabes que no fuera intento aleve,
¿Y qué mucho que amor la muerte
pida?
pues no era muerte, sino puente breve,
que me pasara a ti, mi eterna vida.
- 63 -
¿Y qué mucho que el alma, que
desea
5
e centro, donde sólo parar puede,
ame aquel bien, que todo bien excede,
pues no hay descanso que sin Dios posea?
Tú, Rey del cielo, que mi amor procuras,
serás el centro de las ansias mías,
10
de aquel eterno bien prendas seguras.
Son las del mundo breves tiranías,
que no merecen nombre de hermosuras,
sujetas al imperio de los días.
- 64 -
Incierto el cuando, aunque la muerte cierta,
5
¿cómo a tantos peligros me aventuro?
¿qué tiene el alma por defensa y muro,
aunque de terrapleno está cubierta?
O pues vida, llorad, llorar conviene,
que no reír, que si reír pretendo,
10
no es el defecto que esta causa tiene.
Proporcionad el miedo, porque entiendo,
que si reís, impropiamente viene
nacer llorando con vivir riendo.
- 65 -
A una calavera de mujer
Aquí la rosa de la boca estuvo,
5
marchita ya con tan helados besos;
aquí los ojos, de esmeralda impresos,
color que tantas almas entretuvo;
aquí la estimativa, en quien
tenía
el principio de todo movimiento;
10
aquí de las potencias la armonía.
¡Oh hermosura mortal, cometa al viento!
Donde tan alta presunción vivía
desprecian los gusanos aposento.
- 66 -
¿Qué solicito, qué pretendo y
quiero,
5
siendo guerra el vivir y el nacer llanto?
¿por qué este polvo vil estimo tanto,
si de él tan presto dividirme espero?
Si en casa que se deja, nadie gasta,
pues pierde lo que en ella se reparte,
10
¿qué loco engaño mi quietud contrasta?
Vida breve y mortal, dejad el arte,
que a quien se ha de partir tan presto, basta
lo necesario, en tanto que se parte.
- 67 -
Iré al palacio, dejaré la sierra,
5
donde estos rotos míseros sayales
me trocarán en púrpuras reales,
que a nadie, que llamó, las puertas cierra.
Confesarele que perdido anduve,
y aunque temo el llegar, pues lo más verde
10
de mis pasados años me detuve.
Para que llegue basta que me acuerde,
que si perdí lo que de hijo tuve,
lo que tiene de padre no lo pierde.
- 68 -
tu boca, como lirio que derrama
5
licor al alba; de marfil tu cuello;
tu mano el torno, y en su palma el sello
que el alma por disfraz jacintos llama.
¡Ay, Dios! ¿en qué pensé
cuando, dejando
tanta belleza, y las mortales viendo,
10
perdí lo que pudiera estar gozando?
Mas si del tiempo que perdí me ofendo,
tal prisa me daré, que una hora amando
venza los años que pasé fingiendo.
- 69 -
Si la divina fimbria de tu manto
5
salud concede a quien la tiene asida,
más es tenerte en celestial comida,
¡dichosa el alma que merece tanto!
No sombra de tu cuerpo, o fimbria tuya,
sino tu cuerpo mismo, ¿cuál efecto
10
hará en el alma, que a tu mesa llega?
¿Qué Reino pedirá? qué
salud tuya,
que tú la niegues, si con dulce efecto
tan cerca te ama, abraza, goza y ruega?
- 70 -
La tierra y la miseria me abrazaron,
5
paños, no piel o pluma me envolvieron,
por huésped de la vida me escribieron,
y las horas y pasos me contaron.
Así voy prosiguiendo la jornada,
a la inmortalidad el alma asida,
10
que el cuerpo es nada, y no pretende nada.
Un principio y un fin tiene la vida,
porque de todos es igual la entrada,
y conforme a la entrada la salida.
- 71 -
lo rojo señalaba la alegría,
5
lo verde paz y lo dorado amores;
secó las aguas, y esmaltaron flores
el pardo limo que su faz cubría.
Vos sois en esa cruz, cordero tierno,
arco de sangre y paz, que satisfizo
10
los enojos del Padre sempiterno;
vos sois, mi buen Jesús quien los
deshizo;
ya no teman los hombres del infierno,
pues sois el arco que las paces hizo.
- 72 -
Los que vistes con triste melodía
5
llorar las piedras, y romperse el velo,
morir la vida, y convertirse en hielo
la luz del mundo, que en sí misma ardía.
Mirad el sol, que la prisión levanta
al luminoso cuerpo soberano,
10
mirad la vida que a la muerte espanta.
Pues con los rayos de su eterna mano
renueva de su templo el alma santa
el cinco veces roto velo humano.
- 73 -
Tiende sobre el cristal de su corriente
5
su cuerda el pescador, y por hazañas
tiene el sufrir que el sol por las montañas
se derribe a las aguas de Occidente.
Sale a su cebo el pez en tal distancia,
mas, o gran pescador Cristo, ceñido
10
de espinas, que en la caña de tu afrenta.
Sacas del mar del mundo mi ignorancia,
el pie en la cruz, ribera de mi olvido,
para que el cebo de tu sangre sienta.
- 74 -
¿Un tosco leño es espaldar
cruzado?
5
¿gola una soga? ¡extraño pensamiento!
¿dónde es la esponja bélico armamento?
¿qué lanza al fin es arma de soldado?
¡Más ay! que de una virgen muestra el
llanto
que son de Cristo Capitán del cielo
10
trofeos, y la muerte ya vencida.
Estos adornan su sepulcro santo,
con estos ha ganado el cielo al suelo,
mató la muerte, y reparó al vida.
- 75 -
¿Qué es esto? dijo, cuando
estás comiendo
5
aquel licor de celestial consuelo,
sombra de la verdad, de la luz velo,
que ahora vive en blanca nieve ardiendo.
¿Qué es esto? dijo, viendo como
llueve
sobre la salas del templado viento
10
débil manjar envuelto en aura leve.
Y hoy Cristo les responde en sacramento:
Este es mi cuerpo; la respuesta es breve,
enigma el pan, y el mismo Dios sustento.
- 76 -
Instituyó la Pascua con deseo
5
de eternizar aquella dulce historia,
la libertad, el triunfo, la victoria
figura de este pan que adoro y creo.
Memoria sois, cordero soberano,
de la salida de otro Egipto fiero,
10
Pascua divina del linaje humano.
Y así como Moisés más
verdadero,
nos da la bendición de vuestra mano
Pascua, pasto, pastor, pan y cordero.
- 77 -
Desde el cielo a Toledo se entapizan
5
los aires de celestes cortesanos
con lirios y azucenas en las manos,
que la dorada senda aromatizan.
Baja la Virgen, que bajó del cielo
al mismo Dios; pero sí a Dios María;
10
hoy a María de Ildefonso el celo.
Y como en pan angélico asistía
Dios en su Iglesia, el cielo vio que el suelo
ventaja por entonces le tenía.
- 78 -
Naciendo en la dichosa Galilea
5
fue cuadro celestial, en cuyo velo
de tela humana y de divino celo
Dios los pinceles de su ciencia emplea.
Lucas, gloria y honor de la pintura,
fue sólo digno de copiar un día
10
con envidia del cielo su hermosura
O soberano Apeles de María,
pues retrató la virginal figura,
a donde Dios mostró lo que sabía.
- 79 -
Vos, que con el azul ultramarino
5
de vuestro celo, y con la fe por tiento,
en la tabla del nuevo Testamento
pintáis la humanidad del ser divino.
¿Qué pluma os ha de dar debidos
loores?
¿cuál humano pincel podrá pintaros?
10
¿a dónde habrá retóricos
colores?
Mas para dignamente retrataros,
vos divino patrón de los pintores,
al espejo de Dios poséis miraros.
- 80 -
A vos, aunque también con piel
ceñido,
5
pero en manos, costado y pies llagado,
en Cristo por amores transformado,
y a Cristo en cuerpo sangre y parecido.
¿Cómo os llamara, si Israel os
viera?
y porque la humildad vuestra se arguya,
10
¿qué dijérades vos después de
visto?
¿Quién duda que Francisco
respondiera,
no soy yo Cristo, soy estampa suya,
ni vivo como yo, vive en mí Cristo?
- 81 -
Caiga, perdiendo la victoria y palma,
5
del monte del excelso Testamento,
y suba la humildad al mismo asiento,
a vos, Francisco humilde, en cuerpo y alma.
Si al crucifijo Serafín divino
volvéis los rayos, sois espejo claro
10
tan parecido, cuando en vos se mira.
Que ya sois Serafín y al justo vino,
subiendo a ser del que cayó reparo,
ángel no es mucho, mas llagado admira.
- 82 -
Aunque con tantos Sacramentos medra,
5
en gracia y fe con Cristo desposada,
y tantas ramas de su Cruz sagrada
tienen sus muros firmes como hiedra.
Mientras que la persiguen militante,
a defenderla con sus rayos viene
10
la luz que al mismo fuego tuvo impreso.
Que aunque partido Cristo por Atlante
quedó la piedra que la tuvo y tiene,
carga en los hombros de Domingo el peso.
- 83 -
Color de rosa en las parrillas toma,
5
sazón le ha dado amor, servidle entero,
vuele a mejor Arabia y hemisferio
de este fénix la cándida paloma.
Está sin corazón, asose presto,
y que le vuelvan de otro lado avisa,
10
para llevar mejor el fuego impreso.
Ángeles, si la mesa se habéis
puesto,
decidle que la carne coma aprisa,
que el más cristiano rey espera un hueso.
- 84 -
Dios que del blanco lo que Dios sabía,
5
tiraba con destreza soberana,
erraba el hombre con malicia humana,
porque la mira contra Dios ponía.
Era de entrambos Sebastián el cierto
blanco en un tronco, donde ramas hechas
10
las flechas le dejaron tan cubierto.
Que puesto que a matarle iban derechas,
quedó de Dios, y no del hombre muerto,
que en las flechas de Dios rompió sus flechas.
- 85 -
Si vence y triunfa, ¿cómo viene
herido?
5
si viene herido, ¿cómo el triunfo muestra?
que es nueva imagen a la vista nuestra
laurel sangriento y vencedor vencido.
O solo peregrino de Verona,
¿negras y blancas armas, sangre y palma
10
no muestran que es de Pedro la persona?
Si sangre, si laurel te tuvo en calma,
así reparten lo que Dios corona,
las heridas al cuerpo, el triunfo al alma.
- 86 -
Echó en efecto en vuestro canto llano
5
tan alto contrapunto en el camino,
que los coros celestes que previno,
fueron los ecos del acento humano.
Entrose por la Iglesia la herejía,
por suspender con pertinaz denuedo
10
del músico divino la armonía.
Y cisne santo con el mismo dedo
mostró que el Evangelio dicho había,
pues que cantaba con su sangre el Credo.
- 87 -
Que cuando Goliat en el camino
5
pensó rendirle con violenta muerte,
de los rubíes, que en la tierra vierte,
honró su frente círculo divino.
Al paso de Milán salió el gigante
contra el pastor, que sin tenerle miedo,
10
le puso el pecho y la verdad delante.
Bajó la sangre a confesar el Credo,
y fue Pedro escribiendo tan constante,
que pudo derribarle con un dedo.
- 88 -
De las cuatro azucenas guarnecida,
5
que dejó de Domingo la pureza,
esta Junta os elige por cabeza
puesto que la tenéis tan dividida.
Tended vuestro crucígero labaro,
Capitán general de esta milicia,
10
que contra el fiero Apóstata levanta.
La fe de vuestra muerte ejemplo raro,
pues para el tribunal de su justicia
hizo las gradas vuestra sangre santa.
- 89 -
Ni que el peligro al pescador reporte,
5
para serlo del barco militante,
que Dios le llama, porque no le espante,
y está en la orilla el sol que alumbra el Norte.
Pero que tienda de Domingo el manto
Raimundo, y pase encima el mar profundo,
10
es fe que ha dado al mismo cielo espanto.
Pasad, Profeta, ese Jordán segundo,
verán los reyes, que se ciegan tanto,
que estima el mar a quien destierra el mundo.
- 90 -
De su muerte a su vida se mejora,
5
efecto en Cristo de sus ojos bellos,
sigue su luz, y al occidente de ellos
canta en los cielos, y en peñascos llora.
Si amabas, dijo Cristo, soy tan blando
que con amor, a quien amó, conquisto,
10
si amabas, Magdalena, vive amando.
Discreta amante, que el peligro visto
súbitamente traslado llorando
los amores del mundo a los de Cristo.
- 91 -
Al buen ladrón
Pues Dimas, no contento de que estén
5
las manos y los pies de par en par,
otra puerta mayor quieren guardar,
y por la principal entrar más bien.
Si dijo el mismo Dios que no es ladrón
quien entra por la puerta, claro está
10
que no lo es ya, pues cinco puertas son.
Ladrón por lo pasado se dirá,
que por subir al cielo no es razón,
pues no se roba aquello que se da.
- 92 -
Las del segundo con piadoso intento
5
fue de Martín, que con no dala entera
dio envidia a la que cubre la alta esfera,
y tiene al mismo sol por ornamento.
¿Cuál será de estas dos la
más preciosa?
pero la de Martín será más bella,
10
aunque es la de José casta y hermosa.
Porque si cubre al mismo Dios con ella,
ya es capa de los cielos milagrosa,
y la mayor, pues que se encierra en ella.
- 93 -
A San Roque
y que las piezas del contrario apoque,
5
y el alma dama en el postrero escaque,
libre de tretas y peligros, saque
cualquiera que su nombre santo invoque.
Procura el negro alfil que el hombre peque,
y con sus tretas ya le pone a pique,
10
porque de la piedad la oliva saque.
Mas Roque hace que el bordón se aplique
a la espada de Dios, y el rigor trueque,
y que su cruz a Cristo signifique.
- 94 -
¡Oh, flor al hielo, o rama al viento
leve,
5
lejos del tronco, si en llamarte vida!
tú misma estás diciendo, que eres ida;
¿qué vanidad tu pensamiento mueve?
Dos partes tu mortal sujeto encierra:
una, que te derriba al bajo suelo,
10
y otra, que de la tierra te destierra.
Tú juzga de las dos el mejor celo,
si el cuerpo quiere ser tierra en la tierra,
el alma quiere ser Cielo en el Cielo.
- 95 -
A Jesucristo crucificado
A mí mismo me doy confuso espanto
5
de ver que me conozco y no me enmiendo;
ya el ángel de mi guarda está diciendo
que me avergüence de ofenderte tanto.
Detén con esas manos los perdidos
pasos, mi dulce amor; mas ¿de qué suerte
10
las pide quien las clava con la suyas?
¡Ay Dios! ¿A dónde estaban mis
sentidos
que las espaldas pude yo volverte,
mirando en una cruz por mí las tuyas?
- 96 -
Del mismo baja, y aun del cielo al suelo,
5
pues baja de Alba al sol, del monte al llano
Teresa ilustre, cuya lengua y mano
templó las iras del airado cielo.
Desenójase Dios por la piadosa
ofrenda de los frutos que le ofrece,
10
hijos de su oración maravillosa.
El mundo muere en ella, el monte crece,
y como reina en Dios de Cristo esposa,
en el carro abrasado resplandece.
- 97 -
Fénix, a quien el bárbaro titano
5
pensó abrasar las alas inmortales,
de cuyo fuego a nueva vida sales,
la pluma de oro en la divina mano.
Estima los efectos que recibes
del arte de imprimir, cuando resumas
10
la grandeza del Verbo, con que vives.
Pues de tu pluma han hecho tantas plumas,
que eternamente escriben lo que escribes,
y de tu suma innumerables sumas.
- 98 -
Con más suave y más sutil sonido
5
que el aura al Alba envuelta en nieve y grana,
batió bañada en dulce tramontana
las alas de oro al Carmelita nido.
Simón, nuestro Eliseo, pastor santo,
adornando la fénix del Carmelo,
10
estas, dijo, serán la salas mías.
Asió la fimbria del celeste manto,
formando entre los dos escala al cielo,
hasta que vuelva de su carro Elías.
- 99 -
¿Mas cómo sois tan sabio, si sois
lego,
5
pues dos maestros disputando un día,
de tantos argumentos la porfía
controvertida resolviste luego?
Teólogo saliste admirable
de un libro, cuyas hojas milagrosas
10
hacen que un alma en todas ciencias hable.
Y entre las que sabéis maravillosas,
mirad si sois Filósofo notable,
pues hacéis entender, que el pan es rosas.
- 100 -
Bárbara mano entre dichosos cantos
5
hierro cruel a su marfil aplica,
y la ribera de sus plantas rica
himnos al cielo ofrece en vez de llantos.
Henares lastimado deque dentro
de sus términos Roma entrar procura,
10
saliéndole dos niños al encuentro.
Rompió la margen, y la sangre pura
bebió a la tierra, y retirando el centro
le dio en arenas de oro sepultura.
- 101 -
Y Engracia santa, porque heroicamente
5
la tierra suya de laurel ceñida
al clavo de un tirano dio rendida,
será también famosa eternamente.
Quiso imitar a su querido esposo,
y aunque él murió con tres, y ella
tenía
10
uno sólo en el tránsito dichoso.
Los dos, que le faltaron aquel día,
tuvo en el corazón tan amoroso,
que blanco de sus clavos parecía.
- 102 -
El ejército muerto, la montaña
5
de cuerpos troncos, tanta fortaleza
admira, y da lugar a la riqueza
del vuestro insigne por tan alta hazaña.
Muertos responden a quien habla muerto,
y la patria de tales ciudadanos
10
de muro a muro a ser sepulcro viene.
Dichosa Zaragoza por Lamberto,
que tiene su cabeza por sus manos,
y ella su cuerpo por cabeza tiene.
- 103 -
Si de la vida activa humilde y llana
5
a la contemplativa alzáis el vuelo,
vivid en Alcalá, mas quiere le cielo
infundiros su ciencia soberana.
No son simpleza e ignorancia agravios
para vuestras costumbres de importancia,
10
si el cielo purifica vuestros labios.
Pues sois de aquellos para más ganancia,
por quien dijo Agustín que a los más sabios
le quita de las manos la ignorancia.
- 104 -
Bendito el fruto de tu vientre santo,
5
dice Isabel a su querida prima,
y ella responde: Mi humildad sublima
Dios, que por ella me engrandece tanto.
El monte se conmueve a su alabanza,
y los pastores tan alegremente,
10
que reventaba por hablar un mudo.
Juan de contento salta, baila y danza,
que el maestro que entonces tiene enfrente,
es el más primo que tocar le pudo.
- 105 -
Los que vivieren de razón vestidos,
5
y más quien por la patria debe amaros,
a la dulzura de esos hechos raros
¡qué mucho que suspendan los sentidos!
Ya con el Niño Dios José segundo
parecéis en los brazos, y él se ofrece
10
en figura de amor, ¡qué amor profundo!
Tanto se humilla, y tan os engrandece,
que porque parezcáis tan grande al mundo,
Dios tan pequeño junto a vos parece.
- 106 -
Mas cuando de sus fúlgidos diamantes
5
tocar pensaron el celeste velo,
cayeron con Nembrod, y el fuego en hielo
sepultó sus cervices arrogantes.
Vos, gigante divino, de otro modo
subís al cielo, sin que el paso os tuerza
10
para alcanzarle, la que más le impide.
Pues le tenéis sobre los hombros todo,
que aunque el Reino de Dios padece fuerza
no la consiente a quien sin Dios le pide.
- 107 -
No porque de mi parte mis intentos
5
seguridad alguna me prometen
para que mi flaqueza no sujeten,
ligera más que los mudables vientos.
Mas porque si a mi voz, Señor, se
inclina
tu defensa y piedad, ¿qué humana guerra
10
contra lo que tú amparas, será fuerte?
Ponme a la sombra de tu cruz divina,
y vengan contra mí fuego, aire, tierra,
mar, hierro, engaño, envidia, infierno y muerte.
- 108 -
Pero con viva fe tirando al blanco,
5
que está cubierto lo encarnado creo,
y en este blanco, en que la vista empleo,
te considero más galán y franco.
Aquí los blancos accidentes cubren
el color encarnado de la rosa,
10
que tú cogiste del jardín sellado.
Pero como a la fe se le descubren,
conoce el alma, que te vio, la esposa,
pues dijo que eras blanco y encarnado.
- 109 -
amarte a Ti cualquiera lo dirá.
5
¿Qué escita, que hombre bárbaro no
amó
al Dios que le sustenta y le crió,
y el aire en que respira y luz le da?
Pues al amigo en ley de amor se ve,
¿tengo de amar al enemigo? Sí,
10
que pues que Tú lo mandas, justo es.
Dichoso aquel, mi Dios, que te ama a Ti,
en Ti al amigo con honesta fe,
y al enemigo por amor de Ti.
- 110 -
¿A dónde, Pablo, de soberbia
armado
5
para quedar con una voz vencido?
seguid las letras, ¿dónde vais perdido?
que habéis de ser doctor del mayor grado.
Aunque valor vuestra persona encierra,
no es bien que nadie contra Dios presuma,
10
que dará con los ojos por la tierra.
La Iglesia espera vuestra docta suma,
mirad que no sois vos para la guerra,
dejad las armas y tomad la pluma.
- 111 -
¿Qué requiebro diré para
moveros
5
y de tantas ofensas divertidos?
¿cómo podrá mi alma recibiros,
siendo tan imposible mereceros?
¿Cómo las tiernas quejas, que os
envío,
podrán, Jesús dulcísimo, obligaros?
10
¿mas que os pregunto yo? ¡qué
desvarío!
Amaros quiero ya, no preguntaros,
porque el modo de amaros, Jesús mío
Bernardo dice que es sin modo amaros.
- 112 -
De nuevo el alma de esta vida os debo,
5
aquella con la sangre redimida,
y esta con la piedad, pues de perdida
al resplandor de la verdad la llevo.
Nada era ya la vida, que apartada
se vio de vos, Señor, ¡qué triste
estado!
10
luego ha sido otra vez de vos criada.
De la nada, Señor, me habéis
sacado
a nuevo ser, que si el pecado es nada,
en nada me volví por el pecado.
- 113 -
Tu gloria, eterno Dios, incorruptible,
5
cuando Ídolos humanos fabricaba,
como gentil y bárbaro trocaba
en imagen del hombre corruptible.
¡Ay Dios, y cuán oscuro que
tenía
entonces mi turbado entendimiento,
10
sin ver la luz en la mitad del día!
¿Qué excusa te dará mi
entendimiento?
pero con tu piedad la más tardía
halla en tu pecho dulce acogimiento.
- 114 -
Ellas lamiendo a la canal las tejas,
5
y ella mirando el pozo cuidadosa,
anticipose a levantar la losa
el que fue mayorazgo por lentejas.
Bebió el ganado caluroso, y luego
diola beso de paz, y por despojos
10
lágrimas que lloró perdido y ciego.
Muy tierno sois, Jacob ¿tan presto
enojos?
si, que en llegando al corazón el fuego,
lo que tiene de humor sale a los ojos.
- 115 -
Las manos, que después tan obedientes
5
hallaron el cuchillo y la osadía,
juntó arrojado por la tierra fría,
y dijo a los varones eminentes:
Para, Señor, aquí come y descansa
debajo de esta sombra entre estas flores,
10
si con tu gracia mi humildad abonas.
Lavaos los pies, el agua corre mansa,
mas ¿cómo Señor dijo y no
señores?
porque adoraba un Dios en tres personas.
- 116 -
Hasta la muerte en la corteza lisa
5
de un olmo, a quien dio el Tajo eternos baños,
escribí un tiempo, amando los engaños
que mi temor con pies de nieve pisa.
¿Mas que fuera de mí, si me
pidiera
esta cédula Dios, y la cobrara
10
y el olmo entonces el testigo fuera?
Pero yo con el llanto de mi cara
haré crecer el Tajo de manera,
que sólo quede mi venganza clara.
- 117 -
Parte Rebeca por mayor tesoro
5
que plata y oro y Índicos diamantes,
ganados y pastores circunstantes
desde la blanca abeja al rubio toro.
Isaac adelantose al camino
viole la honesta virgen, y del manto
10
hizo rebozo el rostro peregrino.
Ejemplo para el alma, esposo santo,
que cuando vos venís en pan divino,
se cubra de humildad a favor tanto
- 118 -
Amor le ha dado en vos dulce reposo,
5
que allí quiere vivir y estar presente,
que nadie amara y estuviera ausente,
si fuera como Dios tan poderoso.
Si al que pregunta al mismo Dios, que a
dónde
le podrá hallar, después del blanco velo,
10
en vuestro corazón santo responde.
Custodia sois, mientras gozáis el suelo,
y pues que todo Dios en él esconde,
mayor tenéis el corazón que el cielo.
- 119 -
Notable ejemplo a los demás dejastes,
5
luz sobre monte, y no lisonja fuistes,
que puesto que del púlpito caístes,
al cielo envuelto en sangre os levantastes.
Ángel fue el gran Bautista, si en la
vista
y en la verdad le sois tan semejante
10
y en hábito tan pobre y tan estrecho.
Ángel, no es mucho, pues murió el
Bautista
por decir al verdad, que un ciego amante
por la misma ocasión os pase el pecho.
- 120 -
Aunque sois cuna de su cuerpo tierno
5
del Alba virginal recién nacido,
despertadle José, si tanto olvido
no le disculpa vuestro amor paterno.
Mirad, que hasta los ángeles espanta
ver que se duerma el sol resplandeciente
10
en la misma sazón que se levanta.
Dejas, José, que su carrera intente,
porque desde el pesebre a la cruz santa
es ir desde el Oriente al Occidente.
- 121 -
El sueño es una muerte, aunque fingida,
5
que tiene como el sol tantos Ocasos,
de tierra son nuestros mortales vasos,
con poco golpe quedará rompida.
La vida fue muy justo que estuviese
en esta suspensión, porque en concierto
10
el temor de la muerte nos pusiese.
Por eso hizo nos Dios su fin incierto
para que mientras más incierto fuese,
más cerca nos parezca de ser cierto.
- 122 -
El alma a su Dios
De las aguas salí como Jafet,
5
de la llama voraz como Sidrac,
y de las maldiciones de Balac
por la que fue bendita en Nazareth.
Viva en Jerusalén como otro Jasub,
y no me quede en la ciudad de Lot,
10
sabiduría eterna, inmenso Alef.
Que tú, que pisas el mayor querub,
y la cerviz enlazas de Behemoth,
sacarás de la cárcel a Josef.
- 123 -
A San José
O a la tercera noche, que no hay día,
5
ausente Dios, en quien la luz se encierra
¡o dichoso cuidado, cuya guerra
paz en buscar y hallar a Dios tenía!
Luz de la luz mayor José ha sido,
o ya porque consigo al llevaba,
10
o ya porque la halló cuando escondida.
Y si es que pudo Dios estar perdido,
José a descubrírnosle bastaba
con su fe, con su amor, o con su vida.