Nace en
Peñaranda, Salamanca 1521. De una familia de mercaderes de
Toledo.
Su padre fue Juan
de la Torre y su madre Ana Teresa de la Fuente. Hasta los 21
años vivió en Toledo.
En Salamanca se
hizo bachiller en Artes en 1542.
Más tarde
se matriculó e inició sus estudios de Leyes
Económicas en Alcalá de Henares y que una vez
terminados estos, se enroló en la milicia, siendo soldado en
Lombardía, Italia. Al final de su vida se ordenó
sacerdote, seguramente debido a un desengaño amoroso.
En su vida
religiosa franciscana llegó a ser Rector del Colegio de
Marchena y más tarde del Colegio de Sevilla.
En algunos de sus
sonetos cita a su gran amor como Filis. No obstante se desconocen
sus amistades femeninas.
Se sabe que fue
amigo de Lope de Vega, Francisco de Figueroa, Juan de Mendoza,
Pedro Laínez, Cervantes, Francisco de Medrano, Fray Luis y
Gregorio Silvestre entre otros.
Su
producción literaria consta de tres libros reunidos bajo el
título de Bucólica del Tajo.
En 1631, a los
cuarenta y nueve de su muerte, Quevedo publica sus Poesías.
Primeramente sustituyendo el nombre de Francisco por el de Alonso y
más tarde con el verdadero a requerimiento de Lope de
Vega.
En el ex convento
de San Bernardino de la Siena de Valladolid, fundado en 1552 por la
Orden Franciscana, se da entre sus fundadores a Francisco de la
Torre.
Según Lope
y Quevedo fue un virtuoso del soneto, admirado por los poetas de su
época como un gran maestro.
Muere en Madrid en
1582.
Para una mayor
documentación de este poeta, recomiendo la lectura de
Antonio Blasco Ibáñez Entre Fray Luis y Quevedo,
en busca de Francisco de la Torre.
Premio
Menéndez Pidal de la Real Academia Española 1980
publicado en Salamanca en 1982.
- I -
A las pajas en las que nació
Cristo
Entre pajas se
enciende la divina
Luz de Amor, cuyo rayo al Cielo
alcanza,
paja conserva el fruto mi
esperanza,
en paja el trigo su alto peso
inclina.
Propiamente en su
forma se examina,
5
la empresa a que Amor Niño
se abalanza,
que una sobre otra es Cruz, la
larga es Lanza;
la corta, Clavo; la más
corta, Espina.
Pero la paja es
leve, ¿y la acomodo
a grave leño, a lanza, que
infiel raja,
10
a espina, y clavo de tirano
modo?
Mas ¡ay!
que así se ajusta, el que así baja,
que hierro, acero, Espinas, Cruz y
todo,
en quien muere de amor, monta una
paja.
- II -
Esta es, Tirsis,
la fuente do solía
contemplar tu beldad mi Filis
bella;
éste el prado gentil,
Tirsis, donde ella
su hermosa frente de su flor
ceñía.
Aquí,
Tirsis, la vi cuando salía
5
dando la luz de una y otra
estrella;
allí, Tirsis, me vido; y
tras aquella
halla se me escondió y
ansí la vía.
En esta cueva
desde monte amado
me dio la mano y me
ciñó la frente
10
de verde hiedra y de violetas
tiernas.
Al prado y haya y
cueva y monte y fuente
y al cielo desparciendo olor
sagrado,
rindo de tanto bien gracias
eternas.
- III -
Noche, que en tu
amoroso y dulce olvido
escondes y entretienes los
cuidados
del enemigo día; y los
pasados
trabajos recompensas al
sentido.
Tú, que de
mi dolor me ha conducido
5
a contemplarte, y contemplar mis
hados,
enemigos ahora conjurados
contra un hombre del cielo
perseguido:
así las
claras lámparas del cielo
siempre te alumbren, y tu amiga
frente
10
de beleño y ciprés
tengas ceñida.
Que no advierta
su luz en este suelo
el claro Sol mientras me quejo,
ausente,
de mi pasión. Bien sabes
tú mi vida.
- IV -
Cuantas estrellas
tiene el firmamento,
la selva flores, y el Euxino
arenas,
tantas y más son,
Títiro, mis penas
si yo me entiendo con el mal que
siento.
Bien es que la
ocasión de mi tormento
5
tiene principio de las más
serenas
lumbres del cielo; mas de dos
ajenas
voluntades jamás viene
contento.
Vos, que
miráis del puerto la tormenta,
y descubrís en su rigor el
claro
10
norte que os hizo descubrir la
tierra:
mirad mi luz, a
quien el cielo avaro
con turbias nubes cubre; porque
sienta
cuanto mal hace si una vez se
cierra.
- V -
¡Cuántas veces te me has
engalanado...
¡Cuántas
veces te me has engalanado,
clara y amiga Noche!
¡Cuántas llena
de oscuridad y espanto la
serena
mansedumbre del cielo me has
turbado!
Estrellas hay que
saben mi cuidado,
5
y que se han regalado con mi
pena;
que entre tanta beldad, la
más ajena
de amor, tiene su pecho
enamorado.
Ellas saben amar,
y saben ellas
que he contado su mal llorando el
mío,
10
envuelto en los dobleces de tu
manto.
Tú, con
mil ojos, Noche, mis querellas
oye, y esconde; pues mi amargo
llanto
es fruto inútil que al amor
envío.
- VI -
Sigo, silencio, tu estrellado manto...
Sigo, silencio, tu
estrellado manto,
de transparentes lumbres
guarnecido,
enemiga del sol esclarecido,
ave nocturna de agorero canto.
El falso mago
Amor, con el encanto
5
de palabras quebradas por
olvido,
convirtió mi razón y
mi sentido,
mi cuerpo no, por deshacerle en
llanto.
Tú, que
sabes mi mal, y tú que fuiste
la ocasión principal de mi
tormento,
10
por quien fui venturoso y
desdichado,
oye tú
solo mi dolor, que al triste
a quien persigue cielo
violento
no le está bien que sepa su
cuidado.
- VII -
Claro y sagrado río...
Claro y sagrado
río, y tu ribera
de esmeraldas y pórfidos
vestida
corto descaso de una amarga
vida,
que entre amor y esperanza
desespera.
Cierto mal, bien
incierto, ausencia fiera,
5
gloria pasada y gloria
arrepentida,
tienen tan acabada y combatida
la triste vida, que la muerte
espera.
Tú, que
lavas el monte y las arenas
rojas de mi Cyterón
soberano,
10
lleva mi voz y lástimas
contigo.
Alivia tú,
llevándolas, mis penas;
así veas su rostro tan
humano
cuando yo despiadado y
enemigo.
- VIII -
Bella es mi ninfa…
Bella es mi ninfa,
si los lazos de oro
al apacible viento desordena;
bella, si de sus ojos enajena
el altivo desdén que siempre
lloro.
Bella, si con la
luz que sólo adoro
5
la tempestad del viento y mar
serena;
bella, si a la dureza de mi
pena
vuelve las gracias del celeste
coro.
Bella, si mansa;
bella, si terrible;
bella, si cruda; bella, esquiva; y
bella
10
si vuelve grave aquella luz del
cielo;
cuya beldad
humana y apacible
ni se puede saber lo que es sin
vella,
ni, vista, entenderá lo que
es el suelo.
-
IX -
A la espada
Línea del
punto que al valor provoca;
hilo a la vida en defensor
valiente,
a complexiones hecha de la
gente,
templada, cuerda y destemplada
loca.
Hebra que coses
la insolente boca;
5
del duelo y la defensa estrecha
puente;
pirámide de luz
resplandeciente
que al cielo del honor tu punta
toca.
Sangrienta
insignia el pecho te procura,
luciente hoja te codicia el
mayo,
10
lengua sin voz te rige la
cordura;
Sea, si importa,
tempestad tu ensayo,
rompe la nube de tu vaina
oscura,
y sin trueno de voces, hiere
rayo.
-
X -
Al capitán Bernardo de Vargas
Machuca
El español,
que halló la nueva tierra
tras larga mar, tras larga
desventura,
gozó del oro que la tierra
dura
en sus entrañas escondido
encierra.
Y si del vulgo la
opinión no yerra,
5
ensalzando de Cristo la fe
pura
venció tras el despojo que
asegura
la más dudosa y más
difícil guerra.
Vos solo, a quien
tocó la mejor parte
de este triunfo inmortal, vuestra
habéis hecho
10
que fue vuestro despojo este
tesoro.
Aquí no
dais de conquistar el arte,
virtud que en un hidalgo, honrado
pecho,
se estima en mucho más que
plata y oro.
-
XI -
El que de
hidropesía está doliente
tanta ansia por beber del agua
tiene,
que puesto que a su mal no le
contiene
quiere satisfacer a su
Accidente.
Y es tan grande
el calor que dentro siente
5
que cuanto bebe más,
más la sed viene,
y si para sufrirse se detiene
el gusto (ya dañado) no
consiente.
De veros se
cansó, señora mía,
estando el alma atenta a
contemplaros,
10
el mal de la amorosa
hidropesía.
Y es tanta ya la
sed de desearos,
que está llena de vos la
fantasía
y no puede hartarse de
miraros.
-
XII -
A la desembocadura del Betis
Soto; aquí
donde el gran Betis desciende
dando al salado mar dulce
tributo,
lo acrecienta mi llanto tan sin
fruto
que más, mientras más
lloro, amor me enciende.
Cuanto más
mi cruel ninfa me enciende
5
mira mi mal con rostro más
enjuto,
sin que nunca mis lágrimas y
luto
la muevan, porque finge que no
entiende.
Pues de igual
aspereza te lastimas
junto al Dauro que dio tu vena de
oro
10
y a los dos es la suerte tan
contraria,
de grande alivio
me serán tus rimas
en el silencio de este sacro
coro
que acompaña la vida
solitaria.
-
XIII -
Amor, con la
cabeza de Medusa,
tiranamente trata mi firmeza;
muéstrame su rigor y su
belleza
por quien de mil tiranas armas
usa.
Miro de
transformados la confusa
5
pesadumbre que infaman su
dureza;
quiero excusar mi mal y la
pereza
del encanto cruel mi intento
excusa.
Quedo de
mármol simulacro eterno
a su templo terrible
consagrado
10
como los que atrevidamente
vieron.
Y echo despojo
del tirano tierno,
no excusando poder tiranizado,
me ofende como aquellos que
ofendieron.
-
XIV -
¡O nuevo ardid!
¡O nuevo
ardid! ¡O misteriosa maña!
del amor grande, ciego, y
prevenido,
pues el Cetro del Rey más
ofendido,
porque al herir se rompa, le hace
caña.
Y tú,
¡o hueca! si el viento te enmaraña,
5
¿cómo en la tempestad
no te has torcido?
Caña, te hizo el arroyo en
que has nacido;
coral, el mar de sangre que te
baña.
Vana, porque te
planta, te ve el cielo,
crecida, porque llegas a su
palma,
10
seca, porque mis lágrimas
son hielo.
¡O Amor! es
tu red caña, por más calma,
yo pondré, pues mi yerro fue
el anzuelo,
la vida por cedal, por pez, el
Alma.
-
XV -
¿Cómo en vos, Reina
insigne...
¿Cómo
en vos, Reina insigne, se encadena
paloma, y tanta hiel, tanta
amargura?
¿Tan áspero morir,
vida, y dulzura?
¿Tan abierto llover, la paz
serena?
¿Cómo llena de angustia, y de Dios
llena?
5
¿Vencida, y palma?
¿Tímida, y segura?
¿Alba , y umbrosa?
¿Turbulenta, y pura?
¿Puerto de gracia, y
tempestad de pena?
De vos se os
parte el alma adonde adora,
¡toda sois, y que entera! del
quebranto,
10
¡qué sola
estáis, si estáis sin vos ahora!
Fuera de vos os
tiene, dolor tanto,
¡qué seré yo
sin vos, triste Señora,
si aun vos misma sin vos, sois toda
llanto!
-
XVI -
Caja del sol, la ropa…
Caja del Sol, la
Ropa conjeturo,
¡o Alma! en la ciudad que a
ver aciertas,
los azotes serán calles
abiertas;
la Escalera feliz, Puente
seguro.
La Sangre, Fofo;
la Corona, Muro;
5
rastrillo, a tus Espinas las
conciertas;
los Clavos, Llaves, las Heridas,
Puerta;
y Aldaba golpes, el Martillo
duro.
La Esponja,
Cárcel; por lo que en avaras
retiene entrañas, de
prisión a ejemplo,
10
Escuela, el Nombre por sus letras
claras.
La Caña, y
Lanza, Gradas las contemplo,
la Linterna, Esplendor, los Dados
Aras;
la Verónica, Altar; y la
Cruz, Templo.
-
XVII -
Vístela a Pablo...
Vístela a
Pablo, palma generosa,
que fiel triunfó de
sí, aun en vestido,
a su vista, el Cambray quede
encogido,
y la Púrpura regia,
vergonzosa.
De Túnica,
de prenda tan preciosa,
5
fue el heredero Antonio
esclarecido,
en cuya anciana tierra ha
renacido,
más de una vez, la palma
victoriosa.
Ser el adorno
Palma, es gran concierto,
porque en la cumbre el fruto brinda
al alma,
10
y recto el tronco, al cuerpo
instruye acierto.
Y darla Pablo, a
Antonio en final calma,
es exprimir, que Antonio en el
desierto,
después de Pablo, se
llevó la palma.
-
XVIII -
Espumoso caballo…
Espumoso Caballo,
en quien procura
ser señal, como Estrella, el
Norte frío,
carreras se le imponen a tu
brío,
y Pasos se le miden a tu
altura.
Formidable
Relincho, es tu voz dura,
5
tienes como extendido
señorío,
una torcida Crin en cada
Río,
y en cada fuerte Puerto, una
Herradura.
Haces mil
caracoles de contino,
paras fiel a la calma, que te
enfrena,
10
y pifas lo que abate tu
camino.
Pícate
Espuela, el Aire que te llena,
el Hombre te inventó, Silla
de pino,
y Dios te señaló,
Freno de Arena.
-
XIX -
Similitud de la nieve, y el alma
Cae la hermosa
nieve de la altura,
desciende el alma noble de hacia el
Cielo,
la nieve se introduce en el vil
suelo,
y en la tierra del cuerpo el alma
pura.
Poco en la tierra
el bello candor dura,
5
y poco el alma, que la vida es
vuelo,
pisadas manchan de la nieve el
velo,
y error la faz del alma
desfigura.
Llama a nieve el
Sol con luz severa,
tira la parte leve hacia sí
mismo,
10
la grave en río al valle se
exonera.
Llama Dios la
alma a sí en el paroxismo,
la sutil en virtud sube a la
esfera,
y la pesada en culpa va al
abismo.
-
XX -
A una dama, a quien habiéndose pedido su
galán, un retrato suyo, ella le envió la
lámina en blanco