La travesía del Estrecho.- El horizonte que se domina desde el barco.- Las peripecias de los navegantes.- Porvenir, capital de Tierra del Fuego.- Los náufragos del Estrecho.- Reseña histórica de los principales gobernantes del Territorio y hechos culminantes que afectaron el progreso rápido de la Colonia.- Actuación del Teniente Manuel Cambiazo en Punta Arenas.- Ligeras consideraciones de carácter social.- El convenio de los trabajadores y la Administración Contreras.
Largo y ajeno a este trabajo sería detallar los grandiosos festejos de que hizo derroche la inmensamente rica ciudad de Punta Arenas.
Basta saber al benévolo lector que aquello fue una semana de aclamación delirante y de regocijo intenso. Para honra de nuestra querida Institución militar, debemos consignar que las palmas del triunfo, en lo que a presentaciones se refiere, correspondieron en absoluto al bizarro Batallón Magallanes, digno guardador de las glorias del Ejército y Unidad Militar que lleva con orgullo y civismo, las preciadas insignias de la Patria.
Punta Arenas está compuesta de una población cosmopolita.
Nuestra estada obligada de algunos días, nos dio tiempo sobrado para visitar la parte urbana y algunos alrededores que son pintorescos y atrayentes.
Edificios inmensos y de construcción sólida le dan el aspecto de ciudad europea. Sus calles bien delineadas y tiradas a cordel le imprimen el sello de una demarcación estudiada y consciente.
Nuestra preocupación principal se dirigió a la buena Biblioteca que mantiene la Municipalidad; aprovechamos pues la primera oportunidad y nos encaminamos hacia ese centro que guarda la historia de la vida entera de aquel apartado Territorio.
No bien hubimos traspasado los umbrales del amplio salón que alberga la estantería, fuimos alegremente sorprendidos con la presencia de nuestro antiguo amigo, el señor de los Catalejos.
-¡Hola!, ¡hola!, amigo -nos dice-, ¿qué les trae por estos lados?
-Queremos conocer algo sobre la historia de Magallanes -respondemos-, y esperamos pasar algunas horas consultando textos y allegando apuntes.
-¡Oh! -agrega-, encontrarán aquí muy buena fuente de informaciones. Hace ya algunos días que rebusco en los archivos y les prometo que he conseguido sobradamente lo que Uds. buscan. En esta libreta, agrega, he recopilado con minuciosidad, extractos interesantes de documentos de importancia. Puedo pues, economizarles el trabajo que desean imponerse, si quieren darme el placer de leerlas.
Con mucho agrado aceptamos el ofrecimiento del insigne investigador y dejamos para el día siguiente la lectura de esas recopilaciones.
Según nos lo manifestó el estudioso anciano, al día siguiente emprendería viaje hacia Porvenir, capital de Tierra del Fuego, con el propósito de visitar la Isla Grande. Nada de ello nos había dicho durante la navegación en el Imperial, y como nuestros deseos eran los mismos de nuestro amigo, le insinuamos la idea de efectuar el viaje en compañía.
Una explosión de júbilo fue la aceptación de nuestra oferta
-Nada más agradable -agregó- que recorrer juntos esa apartada región de la cual se cuentan tantas historias y tantas leyendas.
Consecuente con el pacto que amistosamente selláramos aquella noche; en las primeras horas del día siguiente nos reunimos para finiquitar nuestros aprestos de viaje.
El pequeño vapor Sur, perteneciente a la poderosa firma Braun-Blanchard, debía conducirnos a través del Estrecho.
Las diez de la mañana, era la hora oficial de partida, según lo establecido en el itinerario de la Compañía. A la hora precisa nos encontramos sobre el muelle en espera del embarque. Lo primero que llamó nuestra atención, fue el escaso número de pasajeros y, más que nada, la ausencia del vapor.
Interrogamos sobre el particular a un guardia del muelle y nos contestó sonriéndose maliciosamente:
-Uds. deben ser forasteros, señores, el Sur no tiene jamás hora determinada para hacerse a la mar, generalmente leva anclas después de medio día. Actualmente se encuentra descargando capones a una hora de aquí en el muelle de Tres Puentes. Vuelvan a las dos de la tarde y tal vez a esa hora ya esté de regreso el barco.
Agradecemos las informaciones de nuestro interlocutor y nos retiramos a la población.
Antes de abandonar el muelle, damos una mirada hacia las tierras que debemos visitar; el día está completamente despejado y la lejana Tierra del Fuego surge en lontananza, mostrando sus costas accidentadas y parduscas.
Frente a Punta Arenas, se extiende el inmenso Estrecho con sus aguas siempre agitadas y convulsas. La vista, después de abarcar en toda su extensión las diecisiete millas que separan la isla del continente, va a estrellarse contra unas colinas bajas que se internan en el mar formando cabos abruptos y oscuros. Los murallones se elevan sobre las aguas de las costas y presentan las características de los acantilados peligrosos.
Más al fondo y tal vez en el interior de la isla, se destaca un cordón de cerros altos cubiertos ligeramente con una capa de nieve.
Mirando hacia el sur y observando siempre las tierras que tenemos al frente, las aguas del estrecho se prolongan considerablemente y sólo son interrumpidas por una punta colosal que lleva el nombre de Punta Monmouht; al Sur de ésta queda Punta Boquerón. Detrás de esta última, Bahía Inútil abre ancha brecha en la Isla y se interna tierra adentro.
Más al Sur y frente a Bahía Inútil, Isla Dawson se levanta desde el centro del Estrecho y eleva hacia el cielo los picachos erizados de sus altos cerros cubiertos de nieve.
Extendiendo la vista hacia el Norte, Tierra del Fuego cambia de aspecto. Se dejan ver extensas bahías formadas por playas tranquilas y de poca altura; las colinas son bajas y de pendiente suave.
El conjunto general de la gran isla, atrae al turista. Verdadera lástima es que se encuentre tan alejada de centros poblados y tan ajena a la mano de los dirigentes del país.
Comentando alegremente la hermosura del panorama y un tanto mal humorados por la broma que nos ha jugado la Compañía Naviera, damos con nuestros bultos y equipajes en el primer hotel que encontramos.
-¡Oh! Los hoteles de Punta Arenas -nos dice nuestro observador acompañante-. Es increíble que un centro tan poblado y de tanto movimiento como éste, tenga establecimientos tan mediocres. En ninguno encontrarán Uds. las comodidades que necesita, la atención es mala y el servicio muy deficiente. Y no hablemos de los precios -agrega-, parece aquí que el dinero abunda en la cartera de los transeúntes. Hay que hacer campaña -prosigue- para que los hoteleros se den cuenta de lo que es un hotel y las atenciones que requiere un establecimiento de esta naturaleza.
Concordamos en absoluto con el modo de pensar de nuestro acompañante; efectivamente éste es un ramo que no está a la altura del resto de la población. Baste sólo consignar el hecho de que durante nuestra corta estada en uno de los mejores hoteles de la ciudad, dos veces la cama se nos vino al suelo con el consiguiente estrépito de tablas que se desgoznan; y por último, el día que nos retiramos de tan poco confortable alojamiento, tal vez por descuido o por otra causa parecida, guardamos en un bolsillo del pantalón la sábana donde habíamos dormido...
Consecuentes con la indicación del guarda-muelle, a las dos de la tarde nos instalamos sobre la pequeña cubierta del caprichoso Sur. Dieciocho millas separan a Punta Arenas del muelle Porvenir. El barco navegaba a razón de seis millas por hora; si nos encontramos tropiezos de importancia, a las cinco sentaremos pie en tierra sobre la capital fueguina.
Una veintena de pasajeros, personajes extraños y curiosos que hablan un idioma ininteligible, son nuestros obligados compañeros de travesía.
-Son yugoeslavos y croatas -nos advierte el anciano acompañante-; son los primeros pobladores blancos de Tierra del Fuego; obsérvenlos cómo esquivan nuestras miradas y en cambio nos contemplan como a pájaros raros. Ya tendremos ocasión -prosigue-, de conocerlos personalmente durante nuestra permanencia en la isla.
A bordo, todo es confusión, pasajeros y equipajes aparecen conglomerados sobre cubierta. Queremos instalarnos en el pequeño saloncito pero debemos desistir de nuestro intento, la atmósfera pesada y saturada con olores de comidas y de aceites, nos impulsan al exterior.
El pequeño camarote del capitán, tampoco presta comodidades, es estrecho y no sólo guarda la cama del dirigente del barco, sino que dentro de él se encuentra instalada la dirección y manejo del buque.
No queda otro remedio que permanecer sobre cubierta y buscar comodidad en medio de los equipajes.
El pequeño Sur se ha retirado lentamente del muelle de Punta Arenas y permite contemplar en toda su extensión, el panorama que dejamos a espaldas. La ancha rada está cubierta de vapores y cantidad considerable de pequeñas embarcaciones a vela se mecen tranquilas sobre las aguas, empinando hacia lo alto sus arboladuras rectas y flexibles.
La ciudad se destaca sobre la falda de la alta colina que le sirve de protección contra los fuertes vientos del Norte; las numerosas chimeneas se encuentran en pleno funcionamiento, empañando el claro espacio con sus negras y espesas volutas de humo.
La población se muestra como un gran mapa con sus rectas calles y anchas avenidas. En el centro de todas ellas se destaca la hermosa torre de la Iglesia y a su costado se extiende el magnífico palacio de la Gobernación.
En el fondo, coronando el picacho más elevado de una loma, surge hacia lo alto una gran cruz de hierro, colocada allí tal vez por la mano de una de las tantas congregaciones religiosas, primeros habitantes de estas ricas tierras tanto tiempo ajenas a la civilización y al progreso.
Mirando hacia el sur de la población y siempre por sobre las costas del continente, se divisan tres pequeños caseríos: Agua Fresca, Río de los Ciervos y Leña Dura.
Por la parte Norte, sobre una ancha planicie, próximo a Punta Arenas y junto al mar, se levantan los tentáculos de acero de la Estación Radiográfica, único contacto directo que une a esta apartada región con el centro del país. Algo más lejos las chimeneas de un gran edificio señalan la ubicación de la grasería y curtiembre de Tres Puentes (Bahía Catalina), pequeño puerto destinado a recibir gran parte de los productos lanares que pastorean los pequeños estancieros fueguinos.
La vista se extiende después hasta ir a estrellarse contra el pequeño puerto de Río Seco, en cuyas riberas se alza un inmenso frigorífico que se abastece con los lanares de la estancia Río Grande, ubicada en Tierra del Fuego, y parte de los productos que se alimentan sobre los extensos campos de la Patagonia.
Después, nada turba la majestad del Estrecho, sus aguas se prolongan infinitamente y la vista se extiende por sobre la superficie hasta la línea del horizonte que junta el cielo con el mar; sólo la vaga silueta de un vapor o la caprichosa vela que hincha el viento, turba la nitidez del inmenso espejo líquido.
Hacia el Sur, el mar se precipita sobre la cuña formidable que presenta la Isla Dawson, parte ésta las aguas marinas en dos brazos colosales, dando formación al enorme seno del Almirantazgo que abre brecha en tierra fueguina inmediatamente al Suroeste de la Isla.
Una suave brisa se ha levantado, las aguas antes tranquilas y dormidas, se desperezan lentamente e inician la danza de las olas.
-¡Mal tiempo vamos a tener! -dice el Capitán-. ¡El Sur va a bailar un poco en medio del Estrecho! Por fortuna son pocas horas las que nos separan de la meta; llevamos unas seis millas recorridas y un balanceo de dos horas resulta una entretención si se compara con la epopeya del Golfo de Penas.
Los compañeros de viaje se han prevenido de antemano y comienzan los preparativos contra el mareo; algunos estrujan limón y chupan el jugo.
El anciano de los catalejos nos mira algo alarmado.
-¡Caramba! -exclama- Nada de agradable sería recordar los difíciles momentos del Golfo. Temo que el tiempo se descomponga. Esa nube de gaviotas que acompaña al vapor, presagia momentos de tormenta; mírenlas Uds. y observen como tienen cara de poco amigas, sin duda cuentan con banquetearse espléndidamente.
Entre tanto, el Sur une a su movimiento de cuna que ha iniciado hace un momento, el balanceo que se produce en un columpio lanzado a todo vuelo.
Esta forma de deslizarse es muy poco cómoda y nada de agradable; sin embargo, tenemos que soportar sobre cubierta los efectos de tan loco vaivén.
La atmósfera comienza a encapotarse y una ligera llovizna, helada y penetrante, nos azota por un costado.
Pronto se pierde el buen ánimo; gran parte de los pasajeros permanecen tendidos sobre los bultos y un grupo no pequeño se ocupa en pagar su tributo al mar, con gran contentamiento de las gaviotas que chillan en el espacio y se sumergen en las olas.
Las cortas horas de navegación, se prolongan indefinidamente; el buque entorpecido en su marcha de avance, hace esfuerzos por romper las olas que se oponen a su paso.
El capitán se encarga de levantarnos el espíritu diciéndonos que el vaporcito es buen marinero y que las tempestades son muy frecuentes en el Estrecho. Generalmente se levantan de sorpresa y cuando ya el barco se encuentra en plena mar. En este caso hay que proseguir forzosamente la navegación, pues, todo viraje es peligroso en medio de estas aguas correntosas.
Nuestro compañero de viaje acepta esta explicación y se pierde entre un montón de maletas.
Las costas de Tierra del Fuego aparecen todavía lejanas, sin embargo, cuatro horas de lucha constante con el mar, nos dejan frente a la puerta de la angosta bahía de Porvenir.
Un último y formidable tumbo de la nave, nos precipita de golpe sobre las tranquilas aguas que se internan tierra adentro. Como sujeto por mano de la Providencia, el Sur recupera inmediatamente su estabilidad y avanza en demanda del puerto.
Casi siempre navega así -nos dice el Capitán-, y debo de advertirles que Uds. han tenido suerte en la travesía. Cuando el Estrecho engruesa sus aguas y el viento sopla con fuerza levantando olas colosales, entonces si que hay verdadero peligro. Las tres horas de navegación se prolongan indefinidamente y ha sucedido casos en que el vapor ha permanecido bailando durante setenta y dos horas y ha tenido que ir a fondear donde lo ha querido el viento y las corrientes. El Estrecho es peligroso y traicionero -agrega-, y su profundidad es espantosa; en muchas partes la sonda no ha tocado fondo.
Compadecemos sinceramente a los pobladores de estos suelos que, sin tener otro medio de transporte, están sujetos a viajar en barcos con tan poca comodidad y tan poco adaptables al elemento casi siempre borrascoso que deben surcar.
Este sentimiento se acentúa con mayor fuerza, si se considera que en cierta época del año, el Sur se acondiciona en forma de Caponero, es decir, se convierte a la bodega, cubierta y puente, en corrales para ovejas.
La premura de los viajes y el recargo de trabajo en el personal, impiden toda limpieza a bordo. Es entonces cuando verdaderamente se pisa sobre suciedades y se respira un ambiente que causa náuseas.
Los pasajeros se ven reducidos a un estrecho pedazo de puente donde deben permanecer de pie horas enteras y de por sí pesadas a causa de las angustias que ocasiona la accidentada travesía.
Agréguese a lo anterior que durante todo el tiempo que hemos anotado, el barco sólo hace escala en Punta Arenas los días en que necesita proveerse de carbón y es ésta la única ocasión en que los pasajeros cuentan con un desembarco cómodo, en el resto de los viajes deben desembarcar en Tres Puentes, puerto destinado exclusivamente para recibir animales. Para trasladarse desde aquel muelle hasta el Hotel de la población, es necesario convertirse en un gimnasta de primer orden. Multitud de barriles con grasa, alambrados, desperdicios, cajones, etc., marcan el obligado camino de tránsito. El que inicia este recorrido con ánimo sereno y tranquilo y echando a las espaldas las dificultades que se le presentan, llega al término de él malhumorado, triste y contuso y, por sobre todo esto, convertido en un inmundo estropajo.
Además, en el Hotel de Tres Puentes sólo existe un auto disponible y que la distancia desde Tres Puentes a Punta Arenas no es inferior a una y media hora de marcha por camino malo y casi siempre cubierto de lodo.
Por otra parte, estas incomodidades no guardan absoluta relación con los precios que se cobran. El pasaje es bastante caro tanto personal como en lo que se refiere al costo de los equipajes y carga; el precio de estos últimos debemos considerarlo exagerado. Por esta causa, el comercio se ve obligado a subir el valor de los consumos, con perjuicio directo para la clase necesitada.
Esta corta pero justa exposición, sólo es bien considerada por aquél que llega desde el Norte y analiza la forma especulativa que rige los destinos de Magallanes. El principio de acaparamiento es absoluto en aquella vasta región y beneficia directamente a muy conocidas firmas comerciales.
La enorme carestía de vida viene agravándose día por día y a pasos de gigantes; el valor de los fletes aumenta en forma alarmante.
El pequeño comerciante está sujeto a esta forma de especulación, y aquéllos que pudieran fácilmente asegurar un comercio cómodo y libre de odiosidades, tienden a agravar enormemente el precio de los artículos de primera necesidad, para asegurarse un lucro que está muy ajeno de ser razonable y corriente.
Como dato ilustrativo, copiamos a continuación el alza que han sufrido algunos artículos, en el espacio de algunos años y que hemos encontrado en el número extraordinario de La Revista de Chile, editada en Buenos Aires.
Muy interesante, dice la expresada revista, es el siguiente resumen comparativo de los precios que han tenido en Punta Arenas, los artículos de primera necesidad en el término de veinte años:
| AÑOS | ||||
| UNIDAD | CANTIDAD | 1919 | 1897 | |
| Descorazados | kilos | 100 | $243.- | $86.- |
| Fideos | kilos | 10 | $14.- | $5.- |
| Garbanzos | kilos | 100 | $70.70 | $28.- |
| Huesillos | kilos | 100 | $38.- | $32.- |
| Lentejas | kilos | 100 | $126.- | $43.- |
| Sémola | kilos | 100 | $71.- | $32.- |
| Harina | kilos | 40 | $29.20.- | $8.- |
| Nueces | kilos | 40 | $70.- | $16.- |
| Papas | bolsa | 1 | $16.- | $4.50.- |
| Tocino de Valdivia | kilos | 1 | $3.80.- | $0.40.- |
| Pasto aprensado | fardo | 1 | $20.- | $4.50.- |
| Carne de vaca | kilos | 1 | $1.60.- | $0.08.- |
| Íd. de Cordero | kilos | 1 | $1.20.- | $0.10.- |
| Pan | kilos | 1 | $1.- | $0.10.- |
| Fréjoles | kilos | 40 | $49.- | $8.- |
| Frutas en conserva | cajón | 1 | $55.50.- | $24.- |
| Mantequilla en tarros | kilos | 1 | $9.60.- | $0.70.- |
| Pasas de uva | cajón | 1 | $14.60.- | $6.50.- |
| Vino Urmeneta, blanco | cajón | 1 | $42.- | $17.- |
| Íd. íd. tinto | cajón | 1 | $27.- | $14.- |
| Íd. Errazúriz, blanco | cajón | 1 | $33.- | $15.- |
| Íd. íd. tinto | cajón | 1 | $25.- | $14.- |
| Suela de Valdivia | kilos | 1 | $4.- | $0.70.- |
| Carbón de Loreto | kilos | 1000 | $40.- | $24.- |
Estos precios, en el año 1920 y 21, han sufrido una nueva alza considerable con motivo de haber aumentado el precio de tonelaje en los vapores que hacen el cabotaje en nuestras costas y en las costas del Atlántico.
La pequeña digresión y las consideraciones que dejamos expuestas han pasado rápidamente por nuestra imaginación y de ellas nos aparta la vista del panorama absolutamente nuevo que nos rodea.
Una enfilación de postes demarcadores, desparramados en las pequeñas colinas que dan formación a la bahía, marcan la dirección que debe seguir el buque y lo obligan a dar miles de vueltas por un zig-zag largo y continuado.
Un enjambre de toninas salta junto a los costados del vapor y lo acompañan en sus variados movimientos.
Sobre una prolongada lengua de tierra, se recrea una compacta población de pájaro-niños y una inmensa variedad de patos marinos. Al aproximarse el Sur, los primeros se empinan sobre sus extremidades y alargan la cabeza observando con curiosidad. Los segundos emprenden el vuelo hacia las alturas y cruzan por sobre el pequeño barco formando una nube negra y espesa que casi oscurece el cielo.
Dejamos a retaguardia ese albergue de los pobladores del mar y tomamos rumbo directo hacia la población. Mirada ésta desde lejos, presenta un hermoso golpe de vista. Las casas se encuentran desparramadas en una larga extensión y ubicadas sobre la falda de una pequeña colina. Los techos rojizos y perforados por infinitas chimeneas, refractan los rayos del sol que acaba de resplandecer, dando vida y animación a aquel apartado pueblo que se presenta parodiando a las alegres aldeas de nuestras campiñas del Norte.
Sobre el muelle, que ya está muy próximo a nosotros, una cincuentena de curiosos espera la llegada del barco.
El aspecto de aquellos rudos trabajadores de Tierra del Fuego, de alta corpulencia y de miembros fuertes y robustos, impresiona favorablemente nuestro ánimo y rechaza la idea poco optimista que de ellos nos habíamos formado.
Al abandonar el muelle, nuestro abatido y olvidado compañero de viaje se detiene un momento y anota lo siguiente en su libreta:
Aquí terminaron las observaciones del anciano y, a retaguardia de nuestros equipajes, emprendemos la marcha hacia el hotel.
En la puerta del establecimiento somos recibidos por un hombronazo colosal, de pura raza germana. Nos estira su robusta mano con cortesía no ajena de brusquedad, y graciosamente nos impulsa hacia el interior.
La leña chisporrotea con fuerza dentro de una enorme estufa; alrededor de ella nos sentamos dispuestos a escuchar algunos momentos al enorme sajón.
La temperatura excesivamente baja de esta parte austral, nos dice, se deja sentir en forma muy manifiesta durante el invierno y especialmente cuando se respira a pleno pulmón el aire de mar. Un termómetro sumergido en las aguas del Estrecho, marca siempre una temperatura inferior a cero grado. Si se junta a esta temperatura el viento helado y penetrante que sopla con bastante frecuencia, podrán Uds. formarse una idea cabal de lo penoso que deben ser las navegaciones durante la época de los fríos.
Sin embargo, estos sufrimientos no son obstáculo suficiente para que algunas pequeñas embarcaciones, cutters en su mayoría, se hagan a la mar en demanda de costas lejanas.
Hay veces que el atrevimiento de estos viejos lobos marinos ha rayado en la temeridad, pues, sin más alimentos que el indispensable para uno o dos días y sin más auxilio que el de un bote a cuatro remos, se internan mar adentro en demanda de objetivos difíciles de obtener.
Como Uds. lo han podido observar hoy, el viento se levanta de improviso, fuerte y remolineado, y es entonces cuando estos confiados marinos se ven obligados a hacer rumbo hacia tierras remotas a las cuales no saben si llegarán con vida.
Por esta razón, las playas de Tierra del Fuego recogen muchos despojos de náufragos o de sobrevivientes que apenas respiran un soplo de vida.
Las embarcaciones abandonadas y especialmente los cargamentos de maderas náufragas que vienen a morir sobre las arenas de estas playas, constituyen un rico botín para aquéllos que se dedican a este negocio.
Afortunadamente, la experiencia ha dado margen a la reflexión, y en la actualidad no es tan numerosa la pérdida de vidas, como lo fue en épocas pasadas.
La última de estas desgracias tuvo como escenario las aguas del Estrecho y el desenlace se llevó a efecto sobre las riberas de la bahía de Porvenir, en un punto no muy distante de la población.
Una mañana de intenso frío, vino a encallar un bote sobre el arenoso terreno que cubre la larga punta que Uds. han visto cubierta con patos marinos. Al romperse el bote, arrojó sobre las playas los despojos de cuatro seres que aún respiraban.
Según versiones posteriores, los infelices náufragos habían partido de Punta Arenas con un tiempo espléndido y sin que la más ligera brisa soplara sobre las tranquilas aguas del Estrecho.
Después de una hora de navegación a remo y sin haberse alejado mucho de la costa, fueron sorprendidos por un temporal que se levantó fuerte y sostenido, obligándolos a tomar rumbo hacia la lejana Tierra del Fuego.
Bien sabe el marino de estos mares que todo esfuerzo resulta inútil cuando se trata de combatir contra elementos formidables, sin más embarcación que un pequeño bote. Existe la creencia de que sólo hay probabilidades de salvamento cuando no se presenta lucha al viento, navegando, en cambio, a favor de la tempestad.
Tal vez haya sido esta última idea la que obligó a los navegantes a poner proa hacia la Isla Grande, dejando la embarcación a merced de las furias desencadenadas y circunscrita por las enormes olas cubiertas de espuma.
El avance debió ser casi nulo y el desgaste físico muy enorme. En el invierno, una noche sobre el estrecho, equivale a la muerte; en medio de la oscuridad, el pequeño bote debió perder la dirección y sus tripulantes la esperanza de salvación.
Las primeras luces del día han debido mostrar a los náufragos, la proximidad de la tierra; puerto de salvación al cual sólo vinieron a depositar los despojos de sus cuerpos lacerados, la tremenda lucha sostenida durante más de doce horas fue tal vez superior a las fuerzas de aquellos infelices y era demasiado tarde cuando pudieron alcanzar la salvación.
El frío intenso de la mañana terminó la obra desvastadora iniciada por el mar y los náufragos que alcanzaron a sentar pie sobre tierra firme, concluyeron su lenta agonía en medio de los sufrimientos más atroces.
Cuando algunos pobladores de Porvenir se trasladaron aquella mañana en busca de los despojos que cada tormenta arroja sobre la isla, encontraron aquel cuadro de angustia infinita. Los cuerpos encogidos de los cuatro navegantes, formaban un solo nudo.
Las piernas dobladas mantenían las rodillas junto al mentón y las mandíbulas abiertas señalaban la carcajada espantosa de aquéllos que mueren en medio del frío horroroso de las nieves eternas.
Tal fue la triste historia que aquella tarde nos narró el amable germano.
Profundamente emocionados nos retiramos a nuestro alojamiento y ya nos disponíamos a descansar de las pesadas horas de aquel día, cuando nuestro reposo fue interrumpido con la presencia de nuestro compañero de viaje, el Señor de los Catalejos.
-No sin trabajo -nos dice- pude sacar de una de mis maletas la libreta que guarda los apuntes obtenidos en la biblioteca de Punta Arenas. Aún es temprano y podemos darles una rápida ojeada.
Y sin esperar nuestra venia para hacerlo, se instaló frente a nosotros y dio comienzo a la siguiente lectura:
1) Territorio de Magallanes.- Superficie 171.438 kilómetros cuadrados. De éstos corresponden 86.972 al continente y 84.466 a las islas.
2) Población.- Según los cálculos más aproximados, Magallanes tiene 25.000 habitantes, correspondiendo 18.000 a la ciudad de Punta Arenas.
3) Estrecho de Magallanes.- Extensión total 319 millas marinas. Ancho mayor 35 kilómetros. Ancho menor 3 kilómetros.
4) Límites.- Al Norte el paralelo 47, al Este la línea divisoria con la República Argentina hasta la punta Dungenes sobre el Estrecho de Magallanes; en Tierra del Fuego se continúa por la línea que marca el límite, la que al tocar el Canal Beagle, dobla hacia el Oriente y se pierde en las aguas del Atlántico.
Al Sur y al Oeste limita con el Océano Pacífico.
Después de leer estos párrafos, el buen anciano encendió un cigarrillo, y haciendo una pequeña pausa, continuó su interrumpida lectura con la siguiente relación histórica:
RESEÑA HISTÓRICA DE LOS PRINCIPALES GOBERNANTES DEL TERRITORIO Y HECHOS CULMINANTES QUE AFECTARON EL PROGRESO RÁPIDO DE LA COLONIA
Actuación del Teniente Manuel Cambiaso en Punta Arenas
El año 1843 gobernaba la República de Chile el Excmo. General don Manuel Bulnes, teniendo en la cartera de Guerra al General don José Santiago Aldunate.
Inspirados en el Artículo 1.º de nuestra Carta Fundamental que establece que el territorio de Chile se extiende desde el desierto de Atacama hasta el Cabo de Hornos, decidieron tomar posesión del Estrecho de Magallanes a fin de establecer en aquella zona austral el principio de soberanía nacional.
Obedeciendo a este principio y, a pesar de nuestra deficiente flota naval, se equipó la goleta Ancud que, al mando de John Williams y teniendo como tripulantes al ingeniero don Bernardo Phillipi (oficial artillero al mando de un destacamento de doce hombres), del pescador de lobos don Carlos Miller, que se embarcó en Chiloé y del Teniente de artillería don Manuel González Hidalgo (embarcado también en los canales de Chiloé), más dieciséis hombres de tripulación y dos mujeres, esposas de dos soldados tripulantes, hizo rumbo al Sur, llegando a su destino el 21 de septiembre de 1843.
En nombre de la República de Chile, la expedición tomó posesión del Estrecho de Magallanes, izándose el pabellón de la Patria que fue saludado con una salva de 21 cañonazos.
Después de ejecutado este acto de soberanía nacional, la expedición regresó al Norte dejando en el Estrecho, en la punta de Santa Ana, al Teniente González Hidalgo con siete artilleros y las dos mujeres que los acompañaban. Estas diez personas fueron los primeros pobladores chilenos que se establecieron en Magallanes.
En 1844 llegaba a Magallanes el primer Gobernador de la Colonia, Comandante don Justo de la Rivera, acompañado de un médico y de un capellán.
La escasa tropa de artillería fue elevada a la categoría de Guarnición bajo las órdenes del capitán don Manuel Molina, teniendo como segundo jefe al teniente artillero don Erasmo Escala que llegó a Magallanes en 1845.
González Hidalgo, primer Jefe de la guarnición, regresó poco después a Chiloé, donde falleció el 1.º de noviembre de 1874.
Periódicamente, el Gobierno cuidó de mandar víveres y refuerzo de tropas a aquella apartada región, logrando poner bajo las órdenes del Gobernador de la Rivera una compañía compuesta de 60 hombres.
El primer fuerte de Magallanes fue levantado durante el gobierno de la Rivera; se estableció en la punta de Santa Ana y se le dio el nombre de Fuerte Bulnes en honor del primer mandatario de la República.
En 1845 dejó el mando el Gobernador de la Rivera, sucediéndole el Comandante y después General de la República, don Pedro Silva.
Para dar mayor vida a la colonia, se la dotó de un intérprete encargado de comunicarse con los buques extranjeros que surcaran las aguas del Estrecho.
Por los años que se dejan señalados el Gobierno había concebido la idea de relegar a aquella apartada región los individuos que, por diferentes delitos se hubieran hecho acreedores a confinamientos o deportaciones. Fue así que la desgraciada colonia fue poblándose paulatinamente con elementos poco propicios para dar vida tranquila y de progreso a una región aislada del centro del país y que por todos conceptos merecía como pobladores a un elemento joven, vigoroso y amante del progreso.
Más adelante veremos los perjuicios enormes que este sistema de colonización trabo sobre aquel apartado territorio.
Los dos años de gobernación de Silva fueron de agonía y extinción para la incipiente colonia; la falta de combustible y de víveres y el frío intenso que se dejó sentir, diezmo considerablemente la pequeña población. Afortunadamente el 6 de abril de 1847 se hizo cargo de la Gobernación el valiente coronel don José Santos Mardones a quien, en minucioso inventario, hizo entrega el Comandante Silva del Fuerte Bulnes rodeado de treinta casas habitación.
Don José Santos Mardones dedicó sus primeras energías a la busca de un paraje más a propósito para instalar la colonia. Consecuencia de ello fue la petición que enviara al Gobierno proponiendo la ubicación que hoy ocupa la actual ciudad de Punta Arenas.
El Gobernador quedó «encantado de las colinas del río Carbón, que también se llama de Punta Arenas, que se forma de una dilatada planicie que viene descendiendo en mesetas sucesivas desde la cordillera, últimas y enanas manifestaciones de los Andes, hasta la playa misma, poblada de densos bosques de roblería, cruzada en su centro por un curso de agua perenne, que ofrecía además un precioso combustible a flor de tierra, abundante en pastos, con un suelo admirablemente adoptado para las legumbres y especialmente para las plantas de bulbo, como las papas».
A la feliz realización del proyecto de traslado propuesto por el Gobernador Mardones, contribuyó poderosamente el primer incendio de la colonia que se pronunció en 1848, reduciendo a cenizas la mitad de los edificios de la población.
En febrero de 1849 la colonia compuesta de 378 habitantes, quedaba definitivamente establecida en Punta Arenas.
Los víveres se enviaban cada seis meses desde Valparaíso.
Los pobladores, ya establecidos en Punta Arenas dedicaron sus actividades a la ganadería y a la agricultura. Se comenzó por pastorear 103 vacas, 19 cabras y 14 chanchos; respecto a la agricultura las primeras siembras que se hizo fue de papas, tubérculo que se produjo admirablemente.
El Gobierno de Mardones duró cuatro años y días, se caracterizó por el acierto con que supo regir los destinos de la colonia y el impulso de progreso, tanto ganadero como agrícola que supo imprimir en tan desamparada región.
El 24 de abril de 1851 regresó al Norte, después de hacer entrega de la Gobernación a su malogrado sucesor don Benjamín Muñoz Gamero, nombrado para ese puesto por decreto de 29 de enero de 1851.
En el año que nos ocupa, la colonia se componía de 700 pobladores y los edificios habían aumentado en forma proporcional al número de habitantes. Los edificios fiscales se habían aumentado con un hospital, una iglesia y una escuela. Las comodidades de vida consultaban un pequeño muelle.
Este entusiasta militar y marino, que lleno de esperanzas y sin ambiciones personales se trasladó hasta los helados mares del Sur con la confianza íntima de servir desinteresadamente a su patria y a sus semejantes, había dedicado todos sus esfuerzos y su juventud al servicio de la Nación.
Don Santiago Dunn lo acompañaba como secretario e intérprete de la Gobernación.
A principios de 1851, nada hacia presagiar en esa lejana y progresista colonia los trastornos mortales que debía sufrir pocos meses más tarde. La llegada de Muñoz Gamero, personalidad que gozaba de antecedentes irreprochables, afianzó la confianza en los gobernados de Magallanes y una era de prosperidad y bienestar se dejó sentir en el seno de la colonia.
La fatal decisión del Gobierno Central, relegando a Punta Arenas gentes amotinadas y sediciosas, debía ser la consecuencia de la primera página de sangre y exterminio violento que, dentro de poco, debía enlutar tantos hogares trabajadores y honrados con la pérdida inestimable de la vida del primer mandatario y con perjuicio directo del naciente progreso de Punta Arenas.
Para la mejor comprensión de los hechos, conviene retroceder algunos meses y trasladarse al centro del país.
El 20 de abril de 1851, estallaba en Santiago el desgraciado levantamiento militar en que pereció el malogrado coronel don Pedro Urriola. Encabezó este levantamiento el Batallón Valdivia, figurando entre los principales amotinados los sargentos José M. Aréstegui, Bruno Briones, José A. González, Manuel Prieto, Joaquín Aguilera, Juan de D. Jiménez y Antonio Bastías.
Condenados a muerte por el tribunal militar, fueron en el mes de mayo indultados por el Consejo de Estado y condenados a la pena de relegación por diez años a «la colonia de Punta Arenas». Consecuente con este pronunciamiento, el Gobierno los embarcó en el mes de septiembre de 1851, hacia la apartada región austral y el 9 de octubre del mismo año, los siete ex-sargentos del Valdivia, desembarcaban en Punta Arenas.
Este elemento perverso, debía ser fácilmente explotado por el sanguinario Teniente don Manuel Cambiaso, en la fecha, de guarnición en la colonia.
La guarnición militar con que contaba el Gobernador, no excedía de 70 hombres, entre cuyo número se contaban algunos confinados que cumplían condena. El número de reos que debía custodiar esta escasa guarnición, no era inferior a 300 y en su mayor parte se componía de penados militares.
El mes de noviembre del año que nos ocupa, debía señalar la tragedia de Punta Arenas y su protagonista estaba señalado en el Teniente Cambiaso.
La historia de este hombre feroz es breve y saturada de hechos criminosos.
En 1823, nacía en Petorca.
En 1841, a los 18 años de edad, en Petorca sedujo a una joven y con ella emigró a Santiago.
En 1842, libre ya de la joven que volvió al lado de la familia, sentó plaza de soldado distinguido en el Regimiento de Artillería.
En 1843 fue ascendido a Cabo y poco después a Sargento.
En 1845 estando de guarnición en Ancud, contrajo matrimonio con una mujer de mala vida a la que intentó envenenar en 1847, año en que fue ascendido a Alférez.
Estando sumariado por el delito anterior, recibió sus despachos de Teniente y fue destinado a Valdivia, guarnición a la que se trasladó después de abandonar a su mujer legítima.
En 1850, su mala conducta y continua embriaguez, dio motivos para que se le calificaran sus servicios.
Poco tiempo después y para que pagara una deuda de 80 pesos que había dejado en el Regimiento, se le llamaba nuevamente al servicio y se le destinaba a la guarnición de Punta Arenas.
Veamos lo que de su paso por Valdivia dice don Vicente Pérez Rosales en sus Recuerdos del Pasado.
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«Antes de principiar la relación de mis correrías por el interior de la provincia, preciso es dejar aquí consignado, por ser este su legítimo lugar, algo que se relaciona con el motín de Cuartel que, encabezado por el feroz Cambiaso el 21 de diciembre de 1851 en Magallanes, horrorizó al país entero y privó al propio tiempo a la Marina chilena, con el desleal asesinato de Muñoz Gamero, de una de sus más calificadas esperanzas. Era yo Intendente de Valdivia aquel mismo año, y por desgracia los asuntos políticos y los de la colonización habían obligado al Gobierno a separar los deberes de la Comandancia General de Armas de los de la Intendencia, cuando ancló en el puerto de Corral, de tránsito para el presidio de Magallanes, un transporte del Estado que conducía reos rematados y un piquete de soldados de Artillería a cargo del tristemente célebre chilote7 Teniente Miguel José Cambiaso. He dicho por desgracia, porque si mis derechos de Intendente no hubieran encontrado contrapeso en los de Comandante General de Armas, Cambiaso hubiera permanecido mucho tiempo confinado en el presidio de la fortaleza de Nieblas, y los anales del crimen no aumentarían como ahora, sus sangrientas páginas, con el relato de atrocidades cuyos antecedentes, ocurridos ante mí en Valdivia, paso a referir. Cambiaso supo aprovechar tan bien la corta estadía del transporte en Corral, que ya, desde el día siguiente de su llegada comenzaron a circular tantas noticias de los desórdenes que el tal militar promovía en Valdivia, donde parece que había residido antes por algún tiempo, que alarmado pregunté al ex-Intendente don Juan Francisco Adriasola si tenía algunos antecedentes de semejante loco. Don Juan Francisco me contestó con amarga jonja: Ese que Ud. llama loco, tiene más de pillo que de loco; es un tuno de tomo y lomo, cuyos pecados veniales nunca han sido otros que el jugar, petardear, beber y enamorar, todo con el mayor descaro y sin taza ni medida; y no me pregunte más. Ese tal, sin el cargo que lleva, yo no se porqué, iría bien a donde va, bien amarrado. La víspera de la salida del transporte en que debía continuar su viaje ese dechado de virtudes, y cuando menos esperaba yo que algo siquiera viniese a interrumpir la insulsa monotonía de mi despacho diario, precedida de algunos destemplados alaridos, entró precipitada en mi sala de trabajo una mujer del pueblo, que con voz convulsa y dolorida me dijo llorando: -Señor: el teniente Cambiaso, aprovechando una ausencia de mi casa, me ha robado a mi única hija y la tiene escondida a bordo junto con mis baulitos de ropa y con cuantas pobrezas tenía economizadas para mi sustento. Tranquilizada aquella infeliz, ocho horas después de bien cerciorado de lo que pasaba, había sido traída al nido maternal la inocente paloma que había pensado alzar el vuelo hacia las regiones australes, y el seductor esperaba con una barra de grillos en la Fortaleza de Nieblas la iniciación de la causa que ordené se le formase. Cambiaso, viendo lo que se le esperaba, ocurrió, invocando el fuero militar, al Comandante General de Armas, al pundonoroso y confiado don Benjamín Viel, que desempeñaba a la sazón ese destino y desde entonces mi propósito quedó frustrado. Para qué referir las discusiones verbales de competencia a que dio lugar este incidente entre Viel y yo, discusiones que hasta con gusto referiría por su originalidad, si al haber salido yo mal en ellas no hubiera motivado la catástrofe de Magallanes. Recuerdo, entre otras cosas que Viel me dijo para determinarme a silenciar lo que ocurría, después de hacerme ver que mis deberes de simple Intendente debían detenerse en el punto en que el asunto estaba, que la palabra rapto era una arma de dos filos: -Y si no -agregó sonriéndose-, dime, buen Vicente, cuando hay rapto, ¿quién es el robador y quién es el robado? ¿Es el hombre el que se roba a la mujer, o es la mujer la que se roba al hombre? Cambiaso se descartó del robo atribuyendo el hecho a su querida, y del rapto, cargándolo en cuenta a la juventud. Ese perdido, merced a Viel, siguió su viaje, y fue el que encabezando el motín de cuartel en que corrieron parejas el licor y la sangre, asesinó al bizarro y valiente Comandante don Benjamín Muñoz Gamero, que era una de las más puras esperanzas de nuestra Marina de Guerra. Viel, al recibir la noticia de esta catástrofe, lleno de despecho y de amargura, porque tenía a Gamero el cariño de padre, se lanzó precipitado en busca mía y con lágrimas, echándome los brazos me dijo: -¡Yo no más tengo la culpa de esta desgracia! Yo debía haber hecho escupir sangre a ese malvado antes de dejarle continuar su viaje!» |
Tal era el hombre bajo cuya custodia iban a quedar los siete ex-sargentos del Batallón Valdivia que el 9 de octubre de 1851 llegaban en calidad de relegados a la colonia penal de Punta Arenas.
La conducta de Cambiaso, en aquella apartada región, siguió su curso ordinario y así fue como en medio de su embriaguez y cegado por la ira, en noviembre de 1851 desenvainó su espada contra su Capitán Salas y lo amenazó de muerte.
Sumariado conforme a la Ordenanza Militar, cupo la desgracia que el sumario recayera en manos de un fiscal sin pundonor, el Ayudante de la Gobernación don Nicanor García, a quien más tarde el feroz Cambiaso confiriera el honroso título de General de Brigada.
Mientras se sustanciaba el sumario, Cambiaso, libre de sus grillos, fue arrestado junto a aquellos presos que cumplían condena, contándose entre ellos, los siete ex-sargentos del Batallón Valdivia.
Allí en su prisión fue donde el sanguinario militar concibió y maduró el plan de venganza contra el Capitán Salas, plan que al estallar llevó el luto y el crimen al corazón de la colonia.
Fácil le fue infiltrar sus infames propósitos en el ánimo predispuesto de sus siete subalternos, la guarnición compuesta de un elemento malsano debía secundarlo.
El 16 de noviembre del año que nos ocupa, el complot estaba terminado, la guarnición debía sublevarse, se aprendería al odiado Capitán Salas a fin de castigarlo con todo el rigor que la venganza requería.
El 16 en la tarde Cambiaso hizo partícipe de sus propósitos al Fiscal García, quien, aceptando la idea, la puso en conocimiento de Muñoz Gamero:
El 17 de noviembre, un cañón disparado en el cuartel, señaló el comienzo del fin sangriento de la colonia.
Cambiaso, jefe del motín, acompañado por los siete ex-Sargentos del Valdivia, encabezaron a más de doscientos conspiradores apertrechados con armas de todas clases, garrotes y herramientas, recorrieron la población en medio de gritos desaforados y embriagándose a medida que el tiempo transcurría.
El día 17 no hubo ensañamiento contra persona determinada, los amotinados se limitaron a sentar su principio de soberanía para terminar en las horas de la noche, en una bacanal espantosa, que fue exaltando los ánimos a medida que el licor hacia sus efectos.
Al amanecer del día 18, Cambiaso se hizo proclamar Gobernador de Magallanes; Muñoz Gamero fue dejado en libertad. El mismo día hizo arrestar y remachar grillos al capitán Salas, condenándolo a muerte, pena que debía efectuarse el día 19.
A las 3 de la tarde del día 18, corrió la primera sangre decretada por la dictadura del nuevo Gobernador; la víctima fue el ex-Sargento del Valdivia José A. González que cometió el enorme delito de haber cambiado algunas palabras con el Capitán Salas, reo a quien el infeliz González custodiaba.
Este primer crimen sentó la personalidad de Cambiaso quien, quedó dueño absoluto de la situación. El título de Gobernador que personalmente se había dado, fue cambiado sucesivamente por el de Coronel y General.
Dueño de sus acciones, se formó una guardia especial, que a más de custodiar su persona daba realce a su autoridad. Los ex-Sargentos del Valdivia recibieron el título de Capitán, y Sargento Mayor, el ex-Sargento Cabello, que también lo había sido del Valdivia.
La fuerza militar de Punta Arenas fue organizada en cuatro Batallones terrestres y una Brigada para el servicio marítimo, cada una de estas unidades estaba bajo el mando de un bandido o asesino. Constituyó su Estado Mayor, nombrando Jefe de él al Fiscal de su causa don Nicanor García, con el título de General de Brigada.
Como legislador, dictó un Código de penas y delitos, Código que se inspiraba exclusivamente en la delación.
Nada había hecho peligrar, por el momento, la tiranía y el poder de Cambiaso en Magallanes si una feliz casualidad, verdadero drama del mar, no se hubiera encargado de recoger a algunos náufragos de la antigua colonia, conduciéndolos hasta Chiloé.
Se encontraba Muñoz Gamero y algunos de sus subordinados que le permanecían fieles, en calidad de detenidos en el recinto de la ciudad, cuando se le informó que había anclado en la rada de Punta Arenas la barca Florida que, habiendo zarpado de Valparaíso a principios de noviembre, llegaba a esas playas a fines del mismo mes conduciendo setenta delincuentes penados a relegación, por estar comprometidos en la revolución que estalló en Valparaíso en octubre de 1851.
El Oficial que conducía a estos penados fue hecho prisionero por Cambiaso y, después de remachársele grillos, encerrado en un calabozo.
Aprovechando el descuido ocasionado por la traslación a tierra de los confinados que conducía la Florida, Muñoz Gamero y los suyos tomaron el bote de la Capitanía e hicieron rumbo a bordo en demanda de auxilio. ¡Cuál no sería su desengaño al observar que en la barca se izaba la escala y se les recibía con fuego de fusilería. Afortunadamente, los proyectiles no dieron en el blanco y el bote empujado por los vientos de tierra, se perdió hacia el Sur, en las aguas del Estrecho. En esta forma fue como Muñoz Gamero y sus acompañantes, lograron alcanzar las playas de Tierra del Fuego, en donde fueron recibidos a flechazos por los nativos pobladores. Este ataque imprevisto, del que resultó herido Muñoz Gamero y uno de los suyos, los obligó a huir de esas playas y confiar la embarcación a la voluntad de las corrientes.
Cuatro días de padecimientos y hambres, los dejaron de nuevo en las playas del continente, a inmediaciones de Agua Fresca.
Echada la suerte de los infelices prófugos, Muñoz Gamero y el Padre Acuña resolvieron buscar refugio al lado de la colonia y, consecuencia de ello fue que el 3 de diciembre llegaran a ponerse bajo el poder de Cambiaso quien, en breve, debía decretarles la pena de muerte.
El resto de los fugitivos permaneció escondido en los bosques ribereños a Agua Santa y, buscando alimentación en los escasos productos del suelo, lograron sostenerse hasta que fueron recogidos, en parcialidades, por la barca Tres Amigos, el vapor Lima y el Virago.
La primera de estas naves fondeó en Chiloé en enero de 1852. A su bordo venían dos de los fugitivos recogidos en Agua Santa, primeros voceros que transmitieron al Gobierno la historia de los sucesos que se venían desarrollando en Magallanes.
Volvamos a Punta Arenas.
La pluma se resiste a trasladar al papel el horrendo crimen que el feroz Cambiaso concibiera para exterminar dos vidas acreedoras, por todos conceptos, a la veneración y respeto del país.
La suerte de los dos fugitivos que en la madrugada de 13 de diciembre de 1851, impulsados por el hambre y por el frío, se presentaran ante Cambiaso, estaba de antemano decretada.
La ambición de poder de esa fiera humana no tenía límites y el asesinato de Muñoz Gamero debía consumarse.
Simples narradores de los acontecimientos, estampamos a continuación la autorizada palabra de don Robustiano Vera.
La víctima pertenecía por familia a una raza de valientes y no quiso jamás desmentir tan gloriosos antecedentes.
Aréstegui y Aguilera que habían sido jueces y los asesinos de estas dos víctimas, dejaron contento a su jefe.
Hecho esto, Cambiaso, dio orden de hacer una gran fogata y allí hizo arrojar el cadáver de Muñoz Gamero, ya que había encontrado resistencias para hacerlo quemar vivo como él lo deseaba.
Repasemos, a vuelapluma, lo que en la Colonia había pasado durante la ausencia, enjuiciamiento y asesinato de las dos víctimas que acabamos de consignar.
Conocedor, Cambiaso, de la fuga de Muñoz Gamero y sus servidores hizo encarcelar, engrillados, al intérprete don Santiago Dunn y al Alférez Díaz, que pasaron a hacer compañía al prisionero Capitán Salas. Además de estos tres encarcelados se encontraban detenidas dos personas de origen francés, un hombre y una mujer cuya presencia en la colonia no la explican los historiadores.
La prisión fue rodeada con materiales inflamables y Cambiaso, el 26 de noviembre, dio la orden de hacerla arder para que los prisioneros murieran en la hoguera. Afortunadamente la mediación del «General de Brigada» don Nicanor García, los libró de este horrendo suplicio. Las llamas, que habían ya tomado incremento, se comunicaron al resto de la población, y en pocos momentos, la colonia entera fue destruida por el incendio.
Se saquearon las habitaciones que pudieron escapar de la destrucción y en un lugar público se procedió al fusilamiento, en efigie, de la abuela y de la madre de Muñoz Gamero, cuyos retratos se logró sacar de la Gobernación.
Concedió la libertad a todos los reos que cumplían condena en Magallanes.
Se apoderó de la barca Florida, haciendo prisioneros, por engaño, al Capitán y otro Oficial del barco. Ambos de origen inglés y desconocedores del idioma castellano. Al conducírseles al calabozo, fueron engrillados.
El 1.º de diciembre, se apoderó de la goleta Elisa Cornish que, por las aguas del Estrecho, se dirigía al Atlántico. Capitán y tripulación, engañados como en el caso de la Florida, fueron hechos prisioneros y Cambiaso logró apoderarse de una cantidad considerable de oro y plata sellada, aparte de nueve barras de oro de valor de diez mil pesos cada una.
El 10 de diciembre se fusilaba a don Juan Talbot, Capitán de la Cornish, a su propietario Mr. Dean y al piloto y un pasajero de la Florida.
Los cadáveres fueron colgados en la horca y después arrojados en una hoguera que, con tal objeto, se mantenía encendida.
El 4 de diciembre se fusilaba a un campesino de apellido Riquelme que desde los bosques, llegó a la colonia en busca de tabaco para uno de los prófugos que habían huido con Muñoz Gamero. Aún con vida fue arrojado a la hoguera.
El mismo día 4 fue arrojada a la hoguera una infeliz e indefensa india y tres asistentes de Muñoz Gamero.
El día 5 sufría la misma pena un infeliz cuidador de ganado.
El día 14 se fusilaba y quemaba a cuatro indios fueguinos y dos mujeres patagonas.
Como puede apreciarse, el bandido más feroz quedaba muy distante del sanguinario Cambiaso, quien había logrado dominar en tal forma a sus secuaces que no sólo le temblaban y obedecían ciegamente, sino que demostraban a su Jefe una sumisión tan despreciable y abyecta que puede apreciarse en el siguiente hecho narrado por el autor antes citado.
A tan gran General no debía faltarle su bandera; inauguró, pues, la suya que ostentaba una calavera y dos canillas sobre fondo lacre. Tan macabra divisa llevaba el siguiente lema: «Conmigo no hay cuartel» y «Soy salteador de tierra y pirata en el mar».
Tales eran los acontecimientos que en la Colonia se habían desarrollado en el corto lapso de tiempo transcurrido entre la fuga y el asesinato del malogrado Gobernador Muñoz Gamero.
El comienzo del año 1852 marcó la cumbre del apogeo del temible Cambiaso que debía de pagar sus crímenes, en un patíbulo de Valparaíso en el mes de abril de 1853.
El principio de su decadencia criminal fue marcado por nuevos hechos delictuosos que refuerzan poderosamente la hiel que vertía de ese corazón salvaje que nada atemorizaba.
En diciembre de 1851 cruzó el Estrecho, en viaje de Europa al Pacífico, un buque inglés el que, después de haber fondeado en Punta Arenas, fue debidamente agasajado y continuó su derrotero sin apercibirse del estado anormal de la Colonia.
En enero de 1852 y presintiendo Cambiaso que el fin de su desgraciada gloria se acercaba, llevándose el oro de que se había adueñado, se embarcó en la Florida y tomó rumbo al Pacífico; lo acompañaron todos sus cómplices.
El resto de los amotinados se embarcaron en la barca Elisa Cornish y siguieron las aguas de su Jefe.
Antes de la partida se incendió la población y en pocas horas la totalidad de los edificios que aún existían en la colonia, quedaron reducidos a escombros.
Durante la navegación de las naves y frente al cabo Froward se saqueó al buque francés Garonne, varado en aquel punto.
A mediados de enero del mismo año, engañados, desembarcó en el cabo mencionado a 128 de sus compañeros, y después de abandonarlos a la ventura y despistado a la barca Elisa Cornish, emprendió viaje a Europa.
Dejemos un momento a Cambiaso navegando con rumbo al Atlántico y volvamos al centro del país.
En enero de 1852 llegaba a Valparaíso el vapor Lima conduciendo a tres de los confinados que lograron escaparse con Muños Gamero y de los cuales el Gobernador se había separado en Agua Fresca.
El relato que éstos hicieron ante el Intendente de la Provincia, vice-Almirante don Manuel Blanco Encalada, obligó a esta autoridad para que el mismo día pasara el Gobierno la siguiente nota:
La nota anterior causó profunda consternación en los círculos gubernativos y el presidente de la República Excmo. señor don Manuel Montt que en septiembre de 1851 había sucedido en el mando de la Nación al General don Manuel Bulnes, dictó las medidas necesarias al castigo de los culpables de Magallanes. Fue así como los barcos nacionales Meteoro e Infatigable y el vapor inglés Virago emprendieron navegación hacia el Sur en demanda de Cambiaso y sus secuaces.
En febrero del año 1852 el Virago apresaba en los mares del Sur, al bergantín Elisa Cornish, donde, en calidad de prisioneros se encontraban el Capitán Salas y el Sub-teniente Díaz que, como se recordará, habían escapado milagrosamente de ser quemados el 26 de noviembre de 1851, gracias a la intervención inesperada del improvisado General de Brigada don Nicanor García.
Custodiada suficientemente esta primera presa, el Virago siguió hacia el Atlántico, regresando de esas aguas después del encuentro con la fragata sueca Eugenia, de cuyo capitán recibió noticias que la Florida no navegaba por aquellas aguas.
De regreso en el Pacífico, el Virago, explorando los mares y después de tomar a remolque al bergantín Cornish, llegó a mediados de febrero a las playas de Ancud rada donde fondeó «cercanos a una barca desconocida que se veía fondeada muy adentro del surgidero, bajo los fuegos de las baterías de tierra»:
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«Este buque era la Florida que había llegado allí el día antes del arribo del Virago, batido por las olas». |
¿Por qué razón se encontraba en Ancud, el 15 de febrero de 1852, el buque Florida? Es lo que vamos a tratar de explicar con pocas palabras. Como se recordará a mediados de enero de 1852, Cambiaso abandonaba a gran parte de sus cómplices sobre las desoladas playas del cabo Froward y tomaba rumbo al Atlántico burlando al bergantín Cornish.
Estas maniobras del feroz Cambiaso trajeron a sus secuaces la certidumbre de que su Jefe pretendía paulatinamente desligarse de todos aquellos que habían compartido con él los días de bandidaje.
Consecuente con esta idea que poco a poco fue tomando incremento, se confabularon los principales elementos de a bordo y a fines de enero del mismo año, estando la Florida próximo a las Malvinas, estalló la conspiración.
Sus resultados fueron felices, Cambiaso y sus principales cabecillas, cayeron en poder de los nuevos amos y, amordazados y engrillados, tomaron colocación en los calabozos del vapor. La tripulación aceptó gustosa el nuevo Comando.
El nuevo capitán de la Florida, Villegas, varió de rumbo a la nave y, por haberse decidido en reunión del nuevo consejo, entregar a Cambiaso y sus secuaces al Gobierno de Chile, la Florida, después de dar la vuelta por el Cabo de Hornos, el 14 de febrero echaba el ancla en Ancud, fondeadero donde la sorprendió el 15 el vapor Virago.
A fines de diciembre de 1852, Cambiaso y sus criminales cómplices, bajaban a tierra en Valparaíso y el 4 de abril del año siguiente, previo el proceso de estilo, Cambiaso junto con siete compañeros, purgaban los horrendos crímenes cometidos en Punta Arenas y Magallanes.
Fuerte había sido, sin duda, la dolorosa y sangrienta conmoción que demolió hasta sus bases la colonia que el Supremo Gobierno ideara fundar en Magallanes.
Fruto de un elemento pernicioso y perverso fue aquel desquiciamiento total de un pueblo que, bien dirigido por el malogrado Gobernador Muñoz Gamero, debió de emprender francamente el camino del progreso y del bienestar.
Población tan apartada del centro de la República, jamás debió de constituir un lugar de relegación para gentes peligrosas y ajenas a la civilización y el progreso. Sin embargo, al llevarse el luto y la ruina a tantos hogares, la opinión de los gobernantes comprendió el error que antes se cometiera y volvió por sus fueros amargamente aleccionados, decretando a Magallanes, no como un presidio de delincuentes sino como un pedazo de suelo chileno en el cual, además de mantener una guarnición militar señaladora de nuestro principio de autoridad sobre esa región, debía de dotársele de colonos sanos en sus principios y con el valer suficiente para dedicar sus actividades a las industrias y agricultura.
Así lo reconoció el Presidente de la República cuando en la apertura del Congreso el 1.º de junio de 1852, decía lo siguiente:
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«La sublevación de Magallanes ha hecho conocer que en un punto lejano no puede establecerse un presidio, sin peligros». |
El Ministro de Marina, a mediados del mismo año, decía al Congreso:
La triste y dolorosa historia que dejamos consignada, debía tener un apéndice doloroso en la persona del Gobernador que se hiciera cargo de los restos mortales de la colonia dejada por Muñoz Gamero.
Esta nueva víctima, no caería bajo la mano del civilizado, sino sería hija de la barbarie del vengativo patagón.
En el mes de mayo de 1852, el Supremo Gobierno dictaba el siguiente decreto:
Cabe hacer presente que el nuevo Gobernador no era chileno de nacimiento; nacido en Alemania en septiembre de 1811, hizo sus estudios de ingeniería militar en Prusia. Vino por primera vez a Chile el año 1831. Su segundo viaje lo efectuó en los años 1837-38 y permaneció en la República con el objeto de coleccionar objetos de historia natural. Su amor por este estudio lo llevó hasta el Perú, donde contrajo una enfermedad endémica en ese país, que lo obligó a venirse a Chiloé en busca de salud. En este punto y siendo ya Oficial de Artillería Chilena, lo encontró la goleta Ancud, a cuyo bordo, se embarcó el año 1843, cuando el Gobierno envió la primera expedición a Magallanes.
El 19 de agosto de 1852 el nuevo Gobernador desembarcaba en Punta Arenas y podía apreciar, en toda su magnitud, la devastación de la extinguida Colonia.
Sus primeros cuidados se limitaron a la reconstrucción de lo destruido y fue tan tenaz en su empeño que el 2 de septiembre del mismo año, levantaba el pabellón de la Patria declarando el establecimiento de la Colonia.
Algunos indios de los alrededores aparecieron pronto y por ellos pudo saberse que parte del ganado existente en la época de Muñoz Gamero se encontraba desparramado por los bosques. Quiso el nuevo Gobernador recuperar lo perdido al mismo tiempo que entablar negociaciones de amistad con los atemorizados nativos y, ello fue la principal causa de su muerte.
Al frente de las tribus indígenas patagonas se encontraban los caciques Casimiro y Guachi, quienes, después de visitar al Gobernador le exigieron palabra de retribuirles la visita en sus rucas del interior. Fiel guardador de sus compromisos, don Bernardo Phillippi, cumplió lo prometido y, el mes de noviembre, en compañía de algunos de los suyos, se internó hacia el Norte. Al regresar al campamento indígena y habiéndose visto obligado a pernoctar próximo a la playa, durante la noche fue asesinado por los nativos. Junto con él murió el pintor Alejandro Simón y cuatro soldados.
De esta manera vengaron los indios la muerte de sus compañeros que fueron sacrificados por el feroz Cambiaso, cuya sombra exterminadora aún vagaba por esos parajes.
Le sucedió en el mando inmediato el Comandante de las fuerzas militares don José Gabriel Salas, quien, al hacerse cargo de su puesto, levantó la siguiente acta, que oportunamente fue elevada al Gobierno central:
A mediados del año 1853 llegaba a Punta Arenas el nuevo Gobernador don Jorge Schythe, de origen dinamarqués y que acababa de entrar a prestar sus servicios a Chile.
El 2 de julio del mismo año, el Supremo Gobierno erigía a Magallanes como Territorio de Colonización, dejando, por lo tanto, de ser colonia penal.
Durante la administración del Gobernador Schythe y por indicación expresa del Supremo Gobierno que había recomendado no se escatimaran sacrificios en indagar sobre la suerte que había corrido el malogrado don Bernardo E. Phillippi, se logró obtener datos más o menos precisos que fueron elevados al Gobierno en la siguiente comunicación:
Sigue a continuación una larga exposición del Gobernador, que en mérito a la concisión, no trasladamos al presente trabajo, en cambio, copiamos a continuación la declaración del indio Martín:
Con los datos enviados al Gobierno por el Gobernador Schythe, se cierra el año 1853, con la siguiente población en el Territorio de Colonización de Magallanes:
| Plana mayor y empleados | 18 | |||
| Soldados | 31 | |||
| Total de Hombres | 49 | |||
| Mujeres | 31 | |||
| Varones | 37 | |||
| Niños | 71 | |||
| Mujeres | 34 | |||
| Total de individuos | 151 |
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«En ganado y aves la cantidad es diminuta, y la devastación que sobre éstos ejercían los rebeldes del 51 y después de ellos los salvajes, ha sido enorme». |
Así cerraba, con ese año, lo que podríamos llamar el primer período de la colonización de Magallanes. Este lapso de tiempo abarca desde el año 1843 hasta 1852 inclusive. En los nueve años transcurridos todo esfuerzo del Gobierno tendente a dar vida a Punta Arenas había sido destruido por el feroz Cambiaso y la colonia que tan digna fue de mejor vida, no sólo perdió sus elementos más sanos, sino que en el derrumbe de ella hubo sacrificios de vida en personalidades que figuraban como esperanzas para la Patria.
La lejanía inmensa de aquel vasto territorio ajeno a vías de comunicación directa con el centro del país, requería un sistema de colonización completamente distinto al que se había empleado. Característica había sido de los Gobiernos anteriores, la manifiesta separación entre la primera Autoridad y las fuerzas armadas de guarnición en Magallanes.
Este mal absolutamente pernicioso para el orden y progreso de toda población naciente, fue poderosamente reforzado por la simiente desquiciadora de rebelión que envolvía a casi toda la guarnición. El principio de autoridad no era concebido en el verdadero sentir de la palabra y la dirección suprema radicada en aquel territorio no apreció debidamente el rol, podríamos decirlo, absolutamente dictatorial con que debió regir los destinos de la colonia.
Después de este primer período, de colonia penal, los hechos que más perjuicios causaron al rápido desarrollo de Punta Arenas, descansó siempre en este principio que se deja anotado: Por una parte el Gobernador con sus principios sanos de Gobierno pacifista y por otro el espíritu bélico de la guarnición, fuerza en que descansaba el principio de autoridad y que, mal dirigida por militares indisciplinados, desvalorizaban el poder del Gobernador para constituir un elemento desquiciador del principio de autoridad con respeto únicamente para sus jefes inmediatos. Más adelante veremos que esta política mal llevada influyó enormemente en el progreso de la región austral.
La segunda época de la vida magallánica elevada a la categoría de Territorio de Colonización, fue iniciada el año que hemos dejado anotado y en virtud del Decreto Supremo de 2 de julio de 1852. Su primer Gobernador fue don Jorge Schythe que, tomó el mando de la colonia el 16 de agosto de 1853.
Schythe gobernó a Magallanes desde el año 1853. Durante su administración se continuó la reconstrucción de los edificios de la colonia y se hicieron estudios de especial interés en lo que se refiere a agricultura y aprovechamiento del terreno para fines agrícolas en general. Sus informes respecto al gran valer que se había dado a las minas de carbón, desprecian un tanto este mineral, primero por su mala calidad y segundo por la falta de elementos para explotarlo, en razón a la gran lejanía de las minas (3 leguas).
Propone, con muy buen acierto, si consideramos que actualmente es ésta una riqueza del territorio, el envío de animales vacunos, tanto para dar mayor valor a los campos como para atraer al colono extranjero.
En 1853 hizo la primera plantación de 600 sauces mimbres, plantación que se conserva hasta la fecha y constituye no sólo en Punta Arenas, sino en Porvenir (Tierra del Fuego) el principal adorno de los jardines.
El mismo año 53 abrió la primera escuela y él se constituyó en profesor de los 24 niños con que aquel centro de enseñanza comenzó a funcionar.
El año 54 inició el comercio de pieles con los indios, dando así facilidades a los habitantes para que aumentaran sus entradas (cueros de guanaco), chingue, pieles de león, zorro y avestruz).
En sus excursiones a los alrededores alcanzó hasta Peckett-Harbour, punto donde fue asesinado don Bernardo Phillippi, logrando encontrar los restos de este malogrado Gobernador.
Informó que la pesca era abundante y segura y que constituía una fuerte entrada para la colonia.
En 1855 construyó la pirámide demarcadora que hasta la fecha existe inmediatamente al Norte de la población y sobre una peligrosa lengua de arena que, desde tierra, se va perdiendo muy lentamente aguas adentro.
De este acto daba cuenta al Gobierno en los siguientes términos:
En 1856 dictó órdenes y bandos de policía para asegurar el orden interno de la colonia.
Como puede apreciarse, por mucha que fuera la actividad del Gobernador, tal vez por desconocimiento a fondo del terreno en que se pisaba o por la lejanía de los centros poblados del país y sujeto únicamente a sus propios medios, Punta Arenas progresaba muy lentamente, sintiéndose en el seno de los habitantes puntarenenses, la nostalgia de un clima más benigno y de un suelo más productivo. Los últimos años se habían deslizado largos y pesados y el progreso era lento e incierto.
Tal estado de cosas debía de traer sus consecuencias. La dejación de los subordinados aguijoneada constantemente por el espíritu trabajador del dirigente, debía de acarrear el consabido descontento. Por esta causa, el 6 de mayo de 1857 el Gobierno lo relevaba del cargo y lo llamaba a Santiago. Este sistema se hizo después endémico en aquella región y la mayoría de sus Gobernantes fueron retirados de aquel Gobierno por causales que se traducían en comunicaciones que los gobernados elevaban hasta las esferas centrales.
Sin embargo, bien inspirado el Gobierno y después de haber oído a Schythe, lo repuso en su puesto por Decreto de 22 de enero de 1858 y con fecha 10 de febrero del mismo año se le confirió el nombramiento de Comandante General de Armas de aquella región.
Regresó el Gobernador a su Colonia donde se mantuvo hasta el año 1865, época en que una segunda intriga de sus subordinados le hizo trasladarse nuevamente al centro del País. Esta vez, junto con llegar a Valparaíso el 21 de febrero de 1865, presentó al Gobierno la renuncia de su empleo.
No puede dejarse de apreciar que este Gobernador fue un hombre estudioso que se dedicó por completo a la región que se le confiara. Su carácter un poco duro fue el causante de su enemistad con los gobernados, pero este carácter, lejos de ser una dificultad para su gobierno, fue sin duda el que le permitió mantener la colonia tranquila y ajena a movimientos de índole subersiva; para Magallanes es necesario un hombre de temple de acero y ajeno a contemplaciones.
Entre los distintos ramos a que dedicó su actividad se presentan sus interesantes observaciones meteorológicas y el acopio que hizo de objetos de historia natural que envió a algunos Institutos del centro del País.
En las administraciones posteriores, Magallanes sigue su marcha incierta y lenta. Nuevamente el año 1867, la guarnición militar bajo el mando de su Comandante Mayor don Maximiliano Benavides se subordina contra el Gobernador y Comandante general de Armas don Damián Riobó quien, dejando de lado la autoridad que le revestía, cedió ante la presión autoritaria que le impusiera el Jefe de la guarnición. Afortunadamente este acatamiento de la voluntad del inferior no tuvo otra consecuencia que la separación del Gobernador Riobó lo que se efectuó por Decreto Supremo de 28 de noviembre de 1867. En esta forma se evitó la repetición de los sangrientos sucesos desarrollados en Magallanes el año 1851 y que tan honda consternación causaran en el País entero.
La administración Riobó fue desgraciada y sin ningún provecho para el Territorio.
Afortunadamente para la lejana colonia, el Supremo Gobierno el 28 de noviembre de 1867 designaba el nuevo Gobernador en la persona del ilustrado y prestigioso marino don Óscar Viel, que sacrificó con buen éxito siete años de energías imprimiendo un marcado progreso en Punta Arenas.
Comenzó su administración, con 22 familias que llevó desde Valparaíso más 38 que se le agregaron en Chiloé, llevando un refuerzo de pobladores no inferior a 234 individuos.
Rectificó el plano de la población dándole la delineación que conserva en la actualidad. Apreciando en su verdadero valor, impulsó la explotación del carbón, dando auge a las minas que permanecían inactivas.
Después de estudiar detenidamente las necesidades de sus subordinados, en agosto de 1868 se trasladó a Santiago a fin de conferenciar con el Supremo Gobierno.
Durante su ausencia, y siendo subrogado por el Secretario de la Gobernación don Esteban 2.º Rojas, la guarnición militar, encabezada por su Jefe Capitán don Sebastián Solis, vuelve a amotinarse desconociendo la autoridad del Gobierno interino.
Afortunadamente, la experiencia dolorosa de los sucesos anteriores, hizo que los pobladores civiles, aumentados ya considerablemente con relación a la guarnición militar, tomaran cartas en el asunto y secundaran la acción del Gobernador interino.
Consecuencia de esta acertada determinación civil fue el feliz éxito de la empresa abordada, por el secretario señor Rojas, quien, ayudado por los suyos y valiéndose de un ardid engañoso, logró sacar la tropa del cuartel y apoderarse del recinto militar, junto con la munición y el armamento.
Constituyó después su guardia civil merced al siguiente decreto:
Es copia fiel del decreto a que me refiero en caso necesario.- Punta Arenas, octubre 1º de 1868.- E. 2º Rojas, Gobernador interino.
Tal estado de cosas, en conocimiento ya del Supremo Gobierno, determinaron el pronto regreso del Gobernador Viel, quien, en diciembre del mismo año llegó a Punta Arenas y puso orden en la agitada y quisquillosa colonia.
El año 1869 se descubrieron los lavaderos de oro que tanto auge dieron a Magallanes, atrayendo después una afluencia enorme de extranjeros, ávidos de enriquecerse pronto con el codiciado metal amarillo. De este importante descubrimiento, el Gobernador Viel dio cuenta al Ministro del Interior en la comunicación siguiente:
Más tarde, en 1870 informó al Gobierno:
Durante su administración se hizo la hijuelación rural en los terrenos que se extienden en la parte S. O. de la población. El suelo se repartió en 23 hijuelas con un frente de 300 metros y con un fondo de 800. Estas hijuelas se repartieron gratis a aquellos que se interesaron por ellas.
Delineada la ciudad, procedió a dar nombre a las calles, eligiendo para denominarlas, cada una de las provincias de Chile. La plaza principal se bautizó con el nombre de Muñoz Gamero, en recuerdo del malogrado Gobernador.
El año 68 llegaron a Punta Arenas ciento treinta familias de inmigrantes (alrededor de 520 individuos), inmigración que se había autorizado por el Decreto Supremo de 27 de noviembre de 1867.
Ese mismo año 68 se propuso la división administrativa del Territorio (creación de una Subdelegación). La población no bajaba de 800 habitantes.
Las minas de carbón comenzaron a trabajarse con intensidad lográndose contar con un personal de 90 obreros.
El año 1874 y gracias a la llegada periódica de inmigrantes, la población subió a 1.300 personas.
Como puede apreciarse, la administración Viel, dio un impulso colosal a la ya floreciente Colonia y en sus comunicaciones al Gobierno dio cuenta en la siguiente forma de algunos de los servicios por él patrocinados:
Como lo hemos manifestado anteriormente, la administración Viel terminó, en Magallanes, el 17 de septiembre de 1874. Sus cualidades sobresalientes como administrador e impulsor del progreso de la Colonia se manifiestan claramente por sus propios hechos y la lectura de ellos es el mejor elogio del Gobernador. Su administración marca ya la vida absolutamente estable de Punta Arenas y podríamos considerar definitivamente obtenido el propósito que abrigó el Gobierno en 1843.
El año 1874 señaló para Magallanes la puerta que se abría de par en par, para que los audaces colonos se lanzaran, a pasos agigantados en demanda del progreso colosal que debía conducirlos a su floreciente estado actual. Sólo pequeños acontecimientos, nubes de verano, pasajeras y sin peligro, pudieron molestar aquella marcha triunfal hacia un porvenir esplendoroso.
Vamos a tratar someramente algunos acontecimientos producidos en las administraciones posteriores a 1874, para presentar a Magallanes en los años recientes, incorporado ya de lleno a las actividades de las ciudades más importantes de la República.
Las administraciones siguientes dieron gran impulso a la instrucción primaria y siguieron desarrollando el espléndido rumbo imprimido por el señor Viel.
Se dio también gran impulso a la pesca mayor (focas y lobos) constituyendo el beneficio de los cueros una considerable fuente de entradas para Magallanes.
Se dio libertad absoluta al comercio y se abolió la especie de tributo consistente en pieles y plumas de avestruz que periódicamente traían los indios al Gobernador.
El año 74 se reglamentó debidamente la Ordenanza de Policía, y se le puso en práctica por Decreto de 10 de enero de 1875.
Se intensificó el arreglo de caminos para lo cual, el terreno próximo a la playa se mostraba en extremo susceptible de tránsito.
El año 75 Punta Arenas contaba con cuatro caminos, dos públicos con un total de cincuenta y dos kilómetros y dos vecinales, uno de ellos unía Punta Arenas con Río Gallegos, con un total de doscientos setenta kilómetros.
La exportación, el año 75, rendía el siguiente resultado:
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«COMERCIO: El movimiento comercial ha sido el siguiente:
La importación, durante el mismo año ha sido de $125.860. La disminución notada en la exportación es debida a la paralización casi completa de los trabajos de la Sociedad Carbonífera de Magallanes»8. |
Por el mismo año 75 se encontraban radicados, en calidad de colonos, 300 franceses que habían sido enviados por el Ministro chileno en Buenos Aires; este elemento era perturbador, agitador y había sido expulsado de Francia el año 72.
En el verano del año 75 al 76, tuvo lugar en Punta Arenas la primera trilla. El esfuerzo alcanzado en este sentido se debe al inteligente y trabajador colono suizo, don Alberto Comis, quien dedicó sus esfuerzos a la explotación del suelo, demostrando en forma palpable, que era susceptible de progresar en la agricultura. También se dedicó con especial interés a la crianza del ganado mayor y menor, siendo el señor Comis el primero que en Magallanes formó una hacienda modelo. Fue así como se dio comienzo a la industria y exportación a Montevideo del queso y la mantequilla.
Inspirándose en este colono que dio muestras claras de honradez de trabajo, el Gobierno comisionó al señor Comis para que se trasladara a Suiza con el objeto de traer para Magallanes colonos de aquella nacionalidad. Esta empresa no tuvo un éxito completo a causa de que por los mismos años el francés Pertuiset daba a la publicidad en Europa algunas noticias falsas relacionadas con Magallanes y Tierra del Fuego, presentando a esas regiones como pobladas por tribus caníbales, con las cuales, los colonos, se veían precisados a sostener combates tremendos. Sin embargo, algunas familias suizas, y gracias a que el Gobernador Dublé Almeida pudo desmentir las falsas aseveraciones anteriores por la misma prensa de Europa, se trasladaron hasta Magallanes y, con este nuevo elemento, la colonia experimentó un nuevo y brusco estremecimiento de progreso.
Estos colonos y sus familias no han abandonado el territorio y hoy disfrutan de una renta considerable.
Referente a los 300 franceses revoltosos llegados a Magallanes, la mayor parte abandonó Punta Arenas, repartiéndose en las costas del Atlántico.
A fines del año 76 se hacían estudios en las islas Malvinas, declarándose que aquellos terrenos se mostraban aptos para la crianza de ganados. Conviene dejar establecido que de este estudio hecho personalmente por el Gobernador del Territorio señor Dublé Almeida, se obtuvo como resultado la adquisición de un pequeño número de animales ovejunos, ganado que traído después a Punta Arenas fue la base de la ganadería lanar que tan fabulosa procreación y riqueza dieron posteriormente a Magallanes.
El primer depósito de ovejas tuvo como centro la Isla Isabel y cuyo primer arrendatario lo fue el señor Enrique L. Reynard que más tarde figuró entre los principales capitalistas de Punta Arenas.
A fines del año 1877, y cuando nada hacia prever una alteración en el orden de la colonia, surge nuevamente la potente cabeza de la fuerza armada, revelándose contra su Jefe Superior. El motín, esta vez, con los caracteres de una sublevación, estalló en forma violenta, descargando las armas contra la casa del Gobernador.
La guarnición sublevada hacia fuego a boca de jarro contra el edificio del primer mandatario y el estampido de los cañones de artillería se confundía con los gritos de: «¡Maten al Gobernador!», «¡No lo maten!», «¡Ríndase!», «¡El Capitán está muerto!», «¡Viva don Diego!», «¡Vivan los argentinos!»
El movimiento militar se prolongó por espacio de una noche y un día, tiempo suficiente para que la población, presa del pánico, huyera a los bosques vecinos y se destruyeran y saquearan gran parte de los edificios de la ciudad.
Don Robustiano Vera dice:
No es explicable el estallido de este motín en medio de una colonia donde la tranquilidad se había restablecido hacia ya tiempo, y en donde todos los colonos estaban radicados a sus tareas y trabajos.
¿Qué fin se persiguió, pues, con esta sublevación?
Por los datos que se han podido recoger, parece que el móvil que impulsó a los amotinados no fue otro que el robo. Así se explica que la rebelión naciera entre algunos indisciplinados individuos de tropa y los Oficiales fueran completamente ajenos al movimiento.
Según pudo constatarse durante el movimiento (palabras oídas casualmente por el propio Gobernador de boca de uno de los dirigentes del motín), el Cabo Riquelme contestaba lo siguiente a una interrogación de los suyos:
-¿Y qué vamos hacer después de la fiesta?
-Nos vamos a Montevideo en el vapor que llega el miércoles -contestó, agregando todavía-: si no nos llevan por bien, nos llevarán por mal, ya se sacó toda la plata.
El dinero que los amotinados pudieron obtener, no fue mucho, pues se reducía a $6.622 saqueados en la Tenencia de Ministros, $2.000 de la caja del Capitán Guilardes, a quien asesinaron junto con su esposa e hijos, y 820 pesos en dinero y 1.000 en alhajas, robados en la Gobernación.
En la sangrienta convulsión fueron muertos 40 individuos, resultando además 14 heridos, entre éstos el Gobernador.
Afortunadamente Dublé Almeida era un Jefe de temple de acero; herido como se encontraba montó a caballo y después de una marcha penosa y sacrificada logró llegar al Golfo de Skiving donde estaba fondeada la Magallanes y puesto al habla con la guarnición de la nave, regresó por mar a Punta Arenas. Habiendo desembarcado la guarnición militar, la tranquilidad se restableció inmediatamente y se inició el sumario de rigor. Gran parte de los amotinados (en número de cien) huyeron por los campos en demanda de la costa argentina, pero faltos de víveres y agotados por los accidentes del terreno, muchos regresaron a la colonia y otros perecieron en las montañas o quedaron ocultos en ella, merodeando después, cual bandidos, por los alrededores de la población.
Del sumario instruido resultaron como Jefes del motín el Sargento Isaac del Pozo y el Cabo Antonio Riquelme. Parece que el instigador de esta sublevación fue el Capellán Fray Mateo Maluloki persona inmoral y que tenía antecedentes revoltosos.
Maluloki fue puesto a disposición del Gobierno enviándosele al Norte en calidad de preso a bordo de la Magallanes. Los cabecillas y los revoltosos sufrieron la pena a que su conducta se había hecho acreedora.
El motín que dejamos señalado trajo hondas consecuencias para la Colonia y el Supremo Gobierno, temeroso ya de las múltiples dificultades que en aquella lejana región venían desarrollándose periódicamente con perjuicio directo para el Erario Nacional, creyó llegada la hora de hacer desaparecer la Colonia. Sin embargo y gracias a las noticias consoladoras que envió el entonces Gobernador don Carlos Wood (1878), el Gobierno desistió de sus propósitos y prestó nuevamente su concurso para el desarrollo y bienestar de Magallanes.
La población, según censo de 26 de diciembre de 1878 se componía de un total de 1174 habitantes, descompuestos en la siguiente forma: hombres 674 y mujeres 500. De éstos eran: hombres 501 chilenos y mujeres 416. Extranjeros 174 hombres y 84 mujeres.
Durante el año que nos ocupa y alentados por los buenos resultados que hasta entonces procurara la crianza del ganado vacuno, algunos entusiastas pobladores dieron el paso fundamental que, completamente sólido más tarde, trajo al Territorio la riqueza inmensa que le ha proporcionado el ganado lanar.
Don José Menéndez, brazo poderoso de la ganadería y progreso de Magallanes, fallecido el año 1919, después de haber formado una de las fortunas más sólidas del territorio, fue el principal impulsor de la crianza de ovejas y a él se debe el entusiasmo con que algunos capitalistas de Magallanes acogieron, el año 78, el fomento de esta riqueza austral.
Lanzada y aceptada la idea de don José Menéndez y a fin de afianzar esta futura riqueza, se solicitó el permiso para ocupar los campos en los terrenos al Oeste del Estrecho, solicitud que encontró franco apoyo por parte de la autoridad administrativa y más tarde por parte del Gobierno del país.
Las ovejas se trajeron de las Malvinas y se aclimataron fácilmente en Magallanes.
Sentada ya esta base ganadera, los que con sacrificio enorme, tanto de fortuna como de penalidades corporales, habían dado este paso trascendental para Magallanes, buscaron la protección de sus intereses elevando al Supremo Gobierno las peticiones relacionadas con la seguridad de ocupación de los campos donde se habían establecido.
El Gobierno procedió conforme a los deseos de los peticionarios los que, en 1880 disfrutaron ya de los campos pedidos. Ese mismo año quedaron constituidas varias estancias, fuertes en algunos miles de ovejas, figurando entre las principales las de don José Menéndez, don Enrique L. Reynard, doctor Fenton y don José Nogueira.
La campaña del año 79, a pesar de no haber hecho sentir sus influencias bélicas en Magallanes, tuvo sus influencias de otra índole para aquella región. El Ejército reclamaba al Jefe artillero don Carlos Wood, Gobernador que al trasladarse al Norte debía dejar la Colonia en manos de un dirigente exageradamente cuidador de los intereses y entradas fiscales.
El progreso impulsado por Wood, debía resentirse enormemente en atención a las trabas de diferente orden que, en beneficio fiscal, iba a imponer la nueva Administración.
El Gobernador Sampaio, sin considerar que el progreso de una industria naciente, más que los impuestos que la dificultaran, debía necesariamente recibir los beneficios de todo orden que su impulso requería, comenzó por imponer fuertes contribuciones a los nacientes hacendados, trayendo como consecuencia lógica el estancamiento de la industria ganadera.
Tal estado de cosas, influyó enormemente en el desarrollo de las estancias; las ya establecidas paralizaron la compra de nuevo ganado y las que estaban por establecerse, desistieron de sus propósitos o esperaron mejores días para llevarlas a cabo.
Si a las aseveraciones anteriores se agrega la dificultad enorme de transporte que debían salvar los que hasta esas tierras deseaban llegar, unidas al valor de los arriendos de los campos (pastadas) impuesto por la Administración que nos ocupa, fácil es apreciar que el estancamiento en la vida de la colonia debía acentuarse en forma manifiesta, con la consiguiente falta de progreso para el futuro del Territorio.
La exportación de carbón, completamente desprestigiada por los enormes esfuerzos que la extracción exigía y paralizada completamente el año 1881, contribuyó poderosamente a hacer más lánguida la vida de la Colonia; únicamente se presentó la ganadería como el filón de oro salvador del Territorio y, todos los esfuerzos tendieron a librarlos de las gabelas que lo dificultaban.
El año 1884 se llevó a efecto en Punta Arenas el primer meeting para protestar de las pocas facilidades con que contaban los colonos y que se referían a los campos ganaderos. Las conclusiones de este meeting se pusieron en conocimiento del Gobernador y, extraoficialmente se elevaron al Supremo Gobierno. Aquel las rechazó abiertamente por considerarlas perjudiciales para los intereses fiscales, y en esta virtud lo estableció al comunicarlas al Gobierno.
Don Robustiano Vera dice:
Con tales medidas, contraproducentes al llamado de nuevos brazos y de nuevos capitales a Magallanes, el éxodo de colonos se inició en forma franca y alarmante.
El mismo año, el pueblo pedía la creación de un Juzgado, petición que apoyada por el Gobernador, fue elevada al Gobierno.
El año 1886 se presentó al Gobierno una comunicación pidiendo nuevos remates de tierras, remate que, desgraciadamente, no se llevó a efecto.
Por parte de los lavaderos de oro, periódicamente se descubrían nuevos yacimientos y la extracción del metal se hacía en mejores condiciones. Don Samuel Ossa Borne fue quien primero estableció allí una faena para explotar las tierras auríferas. El rendimiento que obtuvo no fue de consideración y por falta de materiales o por circunstancias de diversa índole, paralizó, poco después, este trabajo.
El año 1889 y bajo la administración del General don Samuel Valdivieso se hizo la primera petición al Gobierno, proponiéndose erigir en provincia al Territorio de Magallanes. Afortunadamente esta presentación no encontró eco favorable y aquella importante región, ajena a luchas partidaristas, siguió concretándose exclusivamente al progreso de sus industrias, al desarrollo de sus estancias y al bienestar de sus habitantes.
Ese mismo año y gracias al nuevo impulso imprimido por el Gobernador, cerca de 300 sitios urbanos se entregaron con título definitivo a sus ocupantes, lo que dio motivos para que los emigrantes regresaran a Magallanes, aumentándose en esta forma, considerablemente, la población. Se reglamentó la pesca y se dio a los estancieros las franquicias que el poder gubernativo pudo proporcionar.
Nuevamente el año 1890, el Gobernador insistió ante el Gobierno del malogrado Presidente Excmo. señor Balmaceda, en la erección de Magallanes en provincia, como asimismo en la creación de un Juzgado y de una Aduana. Como la vez anterior, y a pesar de las promesas optimistas que el Gobernador pudo obtener, los nunca bien lamentados sucesos del año 91, defraudaron las esperanzas del General Valdivieso.
La revolución civil que estalló ese año nefasto, no sólo debía traer la desolación a las provincias del país, sino que debía extender sus tentáculos de exterminio hasta la apartada región de Magallanes, digna, por sus múltiples sacrificios de creación, a ser ajena a la ola partidarista que conmovió hasta en sus cimientos a nuestra floreciente República.
El día 13 de enero de 1891 llegaba, misteriosamente a las aguas de Punta Arenas, una escampavía de nuestra Armada, la que, después de ponerse al habla con el Jefe de las fuerzas navales en ese punto (Almirante Lynch y Pilcomayo) tomó nuevamente rumbo al Pacífico.
Al día siguiente, el jefe de esas fuerzas desconoció la autoridad del Gobernador y, tal vez para alarmar a la población, como efectivamente sucedió, puso sus buques en situación hostil contra la ciudad, dedicándose después durante el día y la noche a hacer ejercicios de guerra con el armamento disponible a bordo.
¿Qué objeto se persiguió con esta alarma bélica en el más apartado rincón de nuestro país?
Entre tanto, el pánico se esparció por toda la población y los más exaltados, hombres acostumbrados a conjurar los peligros en provecho propio, apreciando una sublevación de la fuerza armada, presentían los beneficios de un saqueo.
¡Infeliz población si este atentado criminal logra realizarse!
Sólo un hombre como el General Valdivieso podía hacer frente a tan difícil situación. A él le debe Punta Arenas haber sido salvada por última vez de una hecatombe que se señalaba destructora y aplastante.
Con una presencia de ánimo y un valor digno de un militar y gobernante, se trasladó a bordo de los buques que tan hostiles se mostraban y su personalidad de General de la República, más que sus títulos de Gobernador y autoridad constituida en el Territorio, autoridad que por dos veces había sido anteriormente desconocida por los marinos, logró imponerse ante sus subordinados, los que fueron bajados a tierra y embarcados poco después hacia las provincias del norte de Chile.
En esta forma quedó destruida la más temida de todas las calamidades que pudieron aniquilar al Territorio, al mismo tiempo que se robusteció el poder gubernativo y se trajo la tranquilidad a una población tantas veces convulsionada por espíritus contrarios al orden y al progreso.
La personalidad del General Valdivieso, elevada al rango de General de División, se vio obligada a dejar el Territorio y después de recibir algunas misiones honoríficas que le confió el Presidente Balmaceda, sufrió las consecuencias de la revolución viéndose obligado a buscar en un trabajo, ajeno a sus energías de militar, la subsistencia merecida a que se había hecho acreedor, después de dejar en manos de la Nación los años de una vida entera de sacrificios y abnegación desinteresada y leal para con el poder constituido.
Volvamos a la Colonia ya que no es nuestro ánimo analizar acontecimientos deplorados y conocidos por todo el país.
El 23 de diciembre del año 1893 se promulgó la ley que creó el Juzgado de Letras de Magallanes.
El mismo año, administración Señoret, se dio gran impulso a la inmigración incrementándose la Colonia, además del contingente extranjero que llegó a ella, con 1.500 habitantes procedentes de la provincia de Chiloé.
Este último elemento dio un marcado impulso a la explotación de los bosques y, en parte, a la agricultura que casi nada había progresado.
Las concesiones de tierras, al colono extranjero, se hicieron más intensas beneficiándose el Territorio con brazos robustos y capitales dispuestos a ser invertidos en estancias.
Terminó el año 96 con una población de cinco mil habitantes y los campos alimentando a más de un millón de ovejas.
En 1895 el Gobierno dio completas garantías a los industriales y gracias al decreto dictado el 8 de octubre del mismo año se establecieron las graserías y los frigoríficos, destinados, estos últimos, a la congelación de carnes de ovinos que año a año van a llenar los mercados extranjeros.
Se ensanchó, también, el plano de la población, efectuándose algunas obras de mejoramiento local.
El mismo año se gestionó y obtuvo del Congreso la creación de una «Junta Municipal», sistema de gobierno que, ajeno a prejuicios partidaristas, dedica hasta hoy día, todos sus esfuerzos al mejoramiento de la localidad y al bienestar de sus habitantes.
A principios de 1896 y gracias al tenaz empeño del Gobernador Señoret, el Gobierno autorizó al primer Mandatario de la Nación para unir, por medio de un cable submarino, aquella apartada región con Puerto Montt. Desgraciadamente este colosal proyecto, como tantos otros que venían a mejorar directamente a Punta Arenas, han quedado en el papel.
Hasta aquí, podríamos considerar a Magallanes en su segundo período.
Al primero, saturado de sucesos sangrientos y desgraciados, analizado al comienzo de esta exposición, sucedió el que acabamos de bosquejar.
Sin estar libre este segundo de atingencias que hicieron bambolearse a la Colonia, logró sobreponerse eficazmente a las conmociones ajenas a la civilización y al progreso, presentándose cual paladín que, lanza en ristre, se abalanza seguro de un triunfo que debe alcanzar. No son obstáculos para su marcha triunfadora ni los elementos ni las dificultades sociales. Emprendida la ruta demarcadora del progreso, marcha derecho hacia el fin perseguido, conquistando, al finalizar la etapa, el objeto de sus ambiciones.
Echadas las sólidas bases de porvenir brillante y lisonjero, nada debía entorpecer la marcha triunfal de esos titanes luchadores contra un clima hostil y contra un suelo lejano y separado de todo centro de cultura y bienestar; Punta Arenas estaba llamada a tener personalidad propia y a figurar con brillo entre las principales ciudades de la República.
El dado había sido arrojado y el punta señalaba suerte.
Abierta de par en par la brecha demarcadora del triunfo, Magallanes inició una era de progreso colosal, señaladora de la riqueza inmensa que, en sus suelos, guarda el Territorio. Los campos se pueblan con manadas innumerables de ganado que se procrea, multiplica y desarrolla en forma asombrosa. Los bosques sienten en su seno el fatídico rechinar de las sierras y los corpulentos árboles, transportados a la ciudad, ofrecen sus cuerpos a la edificación y a la exportación.
El filón negro, es explotado debidamente por los industriales, dando vida y movimiento a las industrias que lo consumen y lo convierten en penachos interminables de espeso humo.
Sólo el metal amarillo, motivo de atracción para tantos chilenos y extranjeros, parece cansado de mostrarse a flor de tierra y, ocultándose en el seno de los montes, mata esperanzas de riquezas baratas para convertirlas en energías de trabajo industrial y provechoso.
Lanzado ya de lleno hacia el campo de las actividades, el Territorio va convirtiéndose a pasos de gigante en un emporio de riquezas inagotables y cuando nada le hace presentir en que pueda presentarse una impedimenta para su desarrollo, surge de pronto una hidra formidable, desquiciadora de la civilización y del progreso.
Detengámonos un momento y analicemos este tópico de por sí difícil y escabroso.
Libre ya Punta Arenas de un elemento desquiciador del orden, gracias a la expulsión de los revoltosos que lo constituían y reforzaba la guarnición militar con tropas regulares, debidamente disciplinadas y conocedoras del deber sagrado que inviste al soldado, pudo seguir desarrollando su sistema de trabajo ajeno a prejuicios de convulsión interna.
El suelo privilegiado de los inmensos campos, ávidos de ofrecer la esplendorosa naturaleza a los colonos, fue poblándose paulatinamente con inmensos rebaños de ovejas. Los alambres demarcadores se cruzaron en todas direcciones guardando millares de vellones de lana que, surtiendo los mercados extranjeros, llegaban después a la metrópoli austral convertidos en libras esterlinas, nervio poderoso de impulso y poder.
Los frigoríficos tomaron desarrollos colosales y las carnes congeladas compitieron en comercio con los fardos de lana que se exportaban.
La liberación en los derechos de exportación y las ganancias fabulosas que producían los suelos libres de todo gravamen fiscal, beneficiaron en tal forma a sus poseedores, que no sólo vieron compensados sus esfuerzos de colonos sino que llegaron a constituir fortunas tan considerables como jamás pudieron soñarlas.
Consecuencia lógica del exceso de dinero fue la ambición por acaparar y fruto de este acaparamiento de tierras fue el que los pequeños capitalistas, aplastados por los cresos de Magallanes, tuvieron poco a poco, que desprenderse de sus tierras y de sus pequeños ganados que agonizaban bajo la presión de los poseedores de estancias colosales.
El tiempo fue rodando presuroso y apurando el exterminio de los chicos en beneficio de los grandes.
Las enormes fortunas extraídas del suelo virgen, se convertían pronto en sólidas bases de industrias. Los grandes capitales se aunaban, forjándose firmas indisolubles tanto en un comercio homogéneo como de parentesco entre las generaciones de los antiguos colonos. De esta amalgama lógica de intereses y familias, surgían nuevos rumbos para Punta Arenas y las libras esterlinas formaban armadores cuyos buques debían establecer el cabotaje en las costas chilenas y argentinas. Fruto de esta nueva arteria de progreso para el territorio, debía ser la especulación que se señalaba por parte de los que tenían el predominio de los capitales.
Marcaba, esta nueva faz para la región austral, una separación de clases entre los habitantes; para unos el poder que da el dinero y para los otros, que no lo habían podido conseguir o no habían sabido conquistarlo, la lucha por poseerlo.
La época de las fortunas fáciles había pasado. Mientras el medio ambiente general se mantuvo incierto y el porvenir de riquezas se presentó igual para todos, no existiendo la lucha de clases que da el predominio del dinero, nada turbó la paz de la colonia conquistada a fuerza de tanto sacrificio.
La inmutable ley natural que sólo se muestra benigna para algunos pocos, señalándoles la senda que conduce a un porvenir venturoso y lleno de comodidades, cumplió en Magallanes, como en tantos otros puntos de la República lo ha hecho, sus designios de privilegios personales, fundiendo, podríamos decir, en un solo molde, la base de las ambiciones que más tarde debía regir los destinos e imprimir los rumbos de la ya reconocida fuente de riquezas que se mostraba en la región austral.
Espantados los pocos afortunados, constituyeron su propio medio ambiente y, lanzándose de lleno al campo de las actividades, encontraron que sus esfuerzos resultaban inútiles ante el empeño de soberanía de aquéllos que, más afortunados, habían logrado adueñarse de la situación.
El noble empeño de libertad industrial y de actividad en todo aquello que marca el medio productor de la vida, tendía forzosamente a quedar subyugado al poder de los afortunados y los dos elementos que ya se diseñaban bien marcados, debían constituirse en capital y trabajo; en patrones y obreros.
Magallanes, más que ninguna otra región de la República, debía ser teatro del combate entre estas dos entidades, en atención a que, por ser un centro de reciente creación, las dos clases se conocían perfectamente y siendo ambas hijas de las mismas privaciones y sacrificios, obligadas estaban a prestarse mutua cooperación y ayuda.
Lógicamente que este principio debió inspirar los actos de los que, gracias a su capital, se habían convertido en los dueños de la situación. Desgraciadamente, Magallanes no consultaba unidad en la nacionalidad de sus habitantes y la protección de los enriquecidos se dirigió hacia marcados connacionales, imperando en esta protección las relaciones de parentesco o afinidad de ideales, predominando el ambiente extranjero.
Fue así, como el grupo dueño de la situación fue reduciéndose marcadamente, llegando a constituirse en un block que ninguna emergencia debía romper más tarde.
Toda zona apartada de los centros poblados y ajena al contacto del ambiente general de un país, es centro propiciador para que en él encuentre un arraigamiento más profundo toda idea que nazca de principios antagónicos bien definidos.
La lucha de clases debía pues encontrar un campo abierto para difundir las ideas de mejoramiento de los que se mantenían sin fortuna y que apreciaban la situación no como una recompensa al trabajo que podían desarrollar sino como una obligación de proteccionismo de los que habían logrado enriquecerse.
Fue en esta forma como el elemento obrero pretendió formar parte del impulso que a las actividades comerciales de Magallanes dieron los capitales de los dirigentes. Sin embargo, esta ambición quimérica debía estrellarse contra el capital y la lógica de las cosas dejó a cada cual en su puesto constituyéndose en Magallanes la lucha, eterna para el mundo, entre el capital y el trabajo.
Libres, los capitalistas, de la presión que en un principio encontraron por parte del elemento que se creía unido a ellos por los lazos poderosos que crea el mismo principio, las mismas luchas y las mismas penalidades, se lanzaron de lleno hacia el campo de las actividades, logrando acumular, bajo una sola mano, las arterias conductoras de abastecimiento y vida para la región y para sus habitantes. Las reparticiones de terrenos fueron refundiéndose bajo el poder de firmas bien conocidas y las concesiones de terreno fueron objeto de acaparamientos que tendían al mismo fin. El comercio completo se centralizó bajo la dirección de aquéllos que disponían de medios de transportes, quienes impusieron su voluntad lucrativa a las necesidades de vida en toda una población.
Consolidada fuertemente la era de progreso para Magallanes, no encontró tropiezos para acrecentarse en forma fabulosa y libre de pasiones políticas.
Las industrias en Punta Arenas y la ganadería en todo el territorio, fueron agigantándose rápidamente y la población de Magallanes fue insuficiente para manejar y dar movimiento a toda aquella máquina creadora.
Hubo entonces necesidad de recurrir a la inmigración y procurarse brazos ajenos a aquellos suelos.
Un centro productor y de vida fácil y barata, atrajo una afluencia enorme, tanto de chilotes como de extranjeros, elemento de trabajo que en completa amalgama de ideas y ambiciones se mezclaron para hacer frente a la lucha por la existencia.
Desgraciadamente, las franquicias de que disfrutaba el territorio y la necesidad de brazos que se dejaba sentir, no sólo no consideró nacionalidades, sino que aceptó elementos malsanos, muchas veces individuos expulsados de suelos extranjeros.
Nos cabe, la honra de haber impulsado el auge magallánico con gente robusta, trabajadora y sobria, como lo es el chilote. Este elemento que acudió y que actualmente cada año se traslada al Territorio en la época de las faenas, es completamente ajeno a revueltas y sólo se dedica a cosechar el fruto de su trabajo para invertirlo después en su terruño al cual regresa todos los inviernos.
El chilote de poca cultura, ama por sobre todas las cosas de la vida, el pedazo de tierra que le vio nacer y sólo está feliz y contento cuando con su trabajo y con sus ahorros logra levantarse su propia casa junto al mar y a la sombra de las colinas ribereñas.
Hacemos esta aclaración tan necesaria en beneficio de nuestra raza, porque la afluencia de trabajadores a Magallanes, vino a crear una situación sumamente difícil para el bienestar social de la región.
Convulsionado el mundo con ideales de mejoramiento para la clase proletaria, dio a luz defensores moderados y predicadores conscientes de doctrinas encaminadas a un ideal común, cual es la compensación lógica del trabajo.
Todas las naciones admitieron y estudiaron tan elevada teoría y los dirigentes encontraron campo propicio donde hacer fructificar la justicia de los gobernantes.
Desgraciadamente, tan sanos principios, fueron tergiversadamente admitidos por aquellos cerebros incultos y faltos de base consciente y la llamarada de luz que iluminó al mundo fue de tal magnitud, que cegó a los que debían beneficiarse, a muchos los dejó perplejos y a una parte considerable los arrojó por caminos extraviados que debía conducirlos a la pobreza, a la ruina y a la hecatombe de los pueblos.
La cimiente beneficiadora se atrofió y de aquella atrofia nacieron falsos predicadores destinados a explotar una situación confusa y a sembrar el desorden y la indisciplina, llevando a la ignorancia de los pueblos, ideas de redención social que estaban muy lejos de procurar el bienestar y la comodidad.
Las naciones hicieron frente a esta verdadera avalancha de aventureros peligrosos; algunas condenándolos, otras arrojándolos de su territorio.
Fue así como a Magallanes le tocó pagar su tributo a estos verdaderos parásitos de la clase obrera, admitiendo en su seno, centro magnífico para los nuevos profetas, a una cantidad considerable de pulpos desquiciadores del orden social, muchos de los cuales eran condenados cumplidos o presidiarios de cárceles extranjeras.
Lejos de los centros poblados y con franquicias de toda índole, los aventureros se creyeron dueños de la situación y dueños también de ese núcleo de trabajadores honrados y laboriosos, cuya falta de cultura e ilustración debían explotar con palabras fáciles y con ideas obtusas.
El ambiente general de Magallanes que ya hemos descrito, y que separaba abiertamente a señalados pudientes y a la gran masa obrera, auspició las doctrinas de estos falsos redentores y creó la más difícil de las situaciones para la marcha tranquila del territorio. Los capitales se vieron amenazados y las industrias amagadas.
La hidra del desorden sentó sus reales en Punta Arenas y extendió su babosa ponzoña por todos los campos donde había actividad y vida. Las huelgas comenzaron a dejarse sentir en el territorio y el hambre hizo efectos en muchos hogares.
Afortunadamente Magallanes fue gobernado por verdaderos hombres de talento que supieron hacer frente a tan difícil situación, tratando de armonizar el antagonismo que se manifestaba entre el capital y el trabajo.
En tan ruda tarea batallaron los señores Chaigneau, Alberto Fuentes y Fernando Edwards; tarea muy difícil e ingrata si se considera que, para poder mantener el equilibrio de las dos corrientes, debía marcharse por el camino del medio, camino que siempre ha sido mal mirado por las dos partes interesadas.
Más aún, si la justicia de los procedimientos obliga al Gobernador a inclinarse hacia un lado, el lado contrario se considera que no esta garantido en sus derechos y tiene fuerza suficiente para pedir el cambio de mandatario.
No es nuestro ánimo profundizar un tema tan escabroso e ingrato como el que hemos abordado; sólo hemos querido llevar al ánimo del lector la situación actual del Territorio para que, con una pequeña base, pueda seguirnos en nuestra excursión a través de Tierra del Fuego.
Y para terminar el presente artículo, séanos permitido estampar un documento de la actual administración (1918-1919), durante la cual el señor Coronel don Luis Contreras Sotomayor, tan marcados beneficios dejó en el Territorio y tan caballerosa y justicieramente procedió en su gobierno.
Casi todos los números del siguiente documento fueron implantados por primera vez en esta apartada región.
Situación geográfica de la Bahía de Porvenir.- Los alrededores de la Capital Fueguina.- Extraña repartición de los sitios donados por el Gobierno.- Comercio.- Hoteles.- Un entierro.- Servicio médico.- La quimérica empresa de un italiano.- Festividades patrias.- Consideraciones atmosféricas.- Una visita a la autoridad.- Consideraciones de carácter general.
Era ya muy entrada la noche cuando nuestro compañero de viaje dio término a la lectura de su interesante recopilación.
Sin mayores detalles que referir, transcurrió aquella velada.
El día amaneció espléndido, invitándonos a recorrer los alrededores; un auto ofrecido por el dueño del Hotel nos llevó hasta las playas del Estrecho proporcionándonos la oportunidad de apreciar la bahía con todos sus pintorescos detalles.
Según los apuntes de nuestro minucioso compañero, a la bahía Porvenir corresponde la siguiente situación geográfica:
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«(Tomamos del Derrotero del Estrecho de Magallanes y aguas adyacentes del Capitán de Fragata don Baldomero Pacheco C. (1908), página 131 los siguientes datos de navegación. (Plano chileno 137, establecimiento). Lat. S. 53º 18'30'' Long. 0. 70º 24'30'' (Variación magnética) Var. NE. 10º 00'' Est. del Puerto O. h. 30 m. aprox. Elev. de las aguas 1.50 mets. Se abre esta bahía tres millas al N. del Cabo Monmouth, y en razón de la poca profundidad y dirección tortuosa del canal de acceso, sólo es útil para buques de corta eslora y cuyo calado no exceda de 4 metros, los cuales podrán entrar o salir del puerto sólo durante la pleamar; ningún buque que cale más de 2.70 metros debe intentar el paso en bajamar. La entrada de la bahía tiene seis cables de ancho entre las puntas Palo (Hearnden en el plano inglés) y Victoria, línea sobre la cual la profundidad es de 5.50 metros a medio canal; pero una milla al interior los bancos reducen el paso a menos de 1/2 cable y la profundidad de 3.25 metros. Esta es la parte más dificultosa del trayecto, rodeando la parte N. O. del banco Requisito y la punta Chilota, pasados los cuales la profundidad aumenta aunque el canal se angosta otra vez y se divide en dos entre la punta Zahorra y Anita, por la interposición entre ellas del banco Nielson de cerca de tres cables de largo, uno de ancho y un metro de agua en su centro, que allí se encuentra. De los dos pequeños canalejos o pasos referidos, se debe preferir el del Norte llamado Paso Solar, pues aunque el del Sur o Paso Díaz es más profundo, es también más angosto y hace una curva muy corta y violenta en torno de la restinga que se desprende hacia el Norte de la punta Zahorra. El banco Nielson es de arena pero se divisan en él algunos pequeños sargazos. Salvados estos pasos se abre la extensa dársena que constituye propiamente la bahía de Porvenir, de 2 millas de largo por 3/4 de ancho, aunque los bancos han reducido casi a la mitad estas dimensiones, restringiendo el surgidero a sólo la parte occidental de la bahía, donde la profundidad máxima es de 12 metros. La corriente de marea se hace sentir con fuerza en la entrada y en el canal de acceso. Marcas de dirección e instrucciones para la derrota.- Las marcas son las siguientes: En la punta Victoria existe un poste de madera, bien visible, denominado A; en la tierra al occidente de la punta Chilota están los postes B y C, el primero cerca de la playa y el segundo un cable más al interior; estos tres postes se encuentran en la línea y su demora es N. S. Otros dos postes, D y E, se hallan al Oriente de los anteriores un poco más cerca de la punta Chilota y su demora recíproca es NE-SO. Por último al Occidente de la Punta Anita y a unos tres cables de distancia de ella existen los postes F. y G. que demoran uno de otro al N. 81º E-S. 81º O. Con estas balizas y las mareas naturales que se expresan, se operará como sigue, para entrar al puerto: Gobernado a media distancia entre las puntas Palo y Victoria, se navegará así hasta entrar a la alineación de los tres primeros postes, momento en que se pondrá la proa al Norte, con lo que quedarán enfilados los postes B. y C; se continuará de esta manera hasta llegar a 1/4 cable de la orilla, o mejor hasta entrar a la enfilación del segundo par de balizas, los postes D y E, cambiándose entonces el rumbo al N. E. que se seguirá por espacio de un cable. Desde este momento se contorneará lentamente la punta Chilota, barajando la costa a no mayor distancia de medio cable, hasta que colocado el buque por el N. E. de la punta, se halle ésta enfilada con las puntas Sara y Victoria; continúese entonces la navegación por espacio de 2 1/2 cables, manteniendo esa enfilación por la popa, hasta que la extremidad de la restinga de la punta Zahorra, llegue a demorar a la cuadra por estribor, lo que ocurrirá cuando la costa de babor esté a 3/4 de cable de distancia. Cayendo lentamente sobre estribor se pondrá la proa al centro de la pequeña ensenada que se forma al Occidente de la Punta Anita, y se tendrá cuidado de no pasar más al Norte de la enfilación de los postes F y G, enfilación que mantenida por la popa conducirá por el Paso Solar dentro del puerto. Se puede elegir fondeadero hacia el centro de la bahía, demorando al S. la punta Climenea, en profundidad de 4 1/2 metros». |
Desde la boca de la bahía hasta la punta Chilota que da formación a un espléndido y abrigado fondeadero, se navega por un canal angosto, peligroso y cuya mayor profundidad no excede de cinco a nueve metros, según la marea. Este canal tiene dos y medio kilómetros de recorrido.
Desde punta Chilota se dirige el barco por un canal ya más ancho, hacia punta Zahorra, conocida casi exclusivamente con la denominación de «Lengua de Vaca»; fondo mayor en este punto, diez metros.
A partir de Punta Zahorra la ruta de navegación encuentra dos pasos, el del Norte, Paso Solar, con profundidad de nueve metros y el del Sur, Paso Díaz, con profundidad de diez metros.
Ambos están separados y son formados por el Banco Nielson que corre de Este a Oeste más o menos seiscientos cincuenta metros y que permanece oculto bajo el agua a una profundidad no mayor de uno a cuatro metros, según la marea.
Para la navegación se aprovecha de preferencia el Paso Solar.
Salvado este último canal, el vapor se dirige rectamente hacia el Este y después de recorrer poco más de tres kilómetros, bota el ancla junto al muelle de Porvenir.
El muelle queda en el extremo Oeste de la población.
Al frente del pueblo y abarcándolo con toda su ribera Norte, queda el fondo de la bahía. En esta depresión buscan refugio todas las inmundicias y desperdicios que se generan en Porvenir.
El constante oleaje o marejada que muere en las playas, se encarga de devolver a la población todo aquello que sus moradores han abandonado a la voluntad del mar. Por esta causa, el panorama que se presenta a la vista del viajero, no es nada atrayente: inmensidad de botellas rotas, aguas servidas, desagües de toda especie que corren a flor de tierra, piltrafas, despojos, cueros descompuestos, etc., etc., aparecen desparramados junto a la playa.
Especialmente en el fondo de la bahía, se ha acumulado tal cantidad de despojos del mar, que ellos constituyen un inmenso y rico depósito de abonos para el futuro engrandecimiento agrícola de los alrededores de Porvenir.
El frío del invierno escarcha estos despojos, impide la putrefacción y conserva un ambiente respirable y ajeno a infecciones; en cambio, el verano, da vida a todos aquellos gérmenes infecciosos, saturando la atmósfera con un olor irrespirable que causa náuseas.
A ambos costados y a todo lo largo de la bahía, se levantan colinas bajas de faldas suaves; hay en ellas terrenos de cultivo y de pastoreo lanar. Nada atrae la vista en estos suelos desposeídos de árboles y construcciones; sólo los pequeños galpones de una mina de cal, abandonada, turban la monotonía del agreste paisaje.
Según comentarios de algunos vivientes de Porvenir, el fondo marino de la bahía, va levantándose lentamente y ello será causa suficiente para que dentro de algunos años el puerto quede separado del Estrecho por una barra que dificulte la navegación.
Hasta hace poco tiempo, vapores caponeros de catorce y quince pies de calado, entraban fácilmente hasta Porvenir; en la actualidad, estos mismos barcos no encuentran fondo suficiente y se ven obligados a efectuar el tráfico por otros puertos de la Isla.
Año a año se va observando más marcadamente este relleno de la bahía; muchos lo atribuyen a la gran cantidad de arenas que las corrientes del Estrecho se encargan de acumular en las costas fueguinas y pocos son los que consideran esta disminución de fondo como la consecuencia del solevantamiento paulatino del terreno en toda aquella vasta región.
Nosotros concordamos con esta última opinión y esperamos conocer más a fondo aquellos suelos, para pronunciarnos con mayor acopio de datos.
Según el sentir de algunos náuticos entendidos, el dragaje de la bahía, además de imponerse, se presenta hacedero y fácil. El dinero que en ello se invierta, representa una economía enorme para el gasto que se originará al dejar este trabajo para más tarde. Porvenir es un centro que reclama poderosamente la atención del Gobierno. Situado en el centro del Estrecho y en las márgenes de una bahía tranquila y segura; es el punto obligado hacia el cual deben acudir los productos que desde la inmensa Isla se trasladan hasta el continente.
Las mejoras que puedan introducirse en el puerto, señalaran un impulso poderoso a las actividades fueguinas; la agricultura y las industrias tienen campo propicio para el desarrollo seguro y productivo. En Porvenir se impone la instalación de frigoríficos y graserías, industrias ambas que se encuentran completamente monopolizadas y atraídas hacia las costas del Atlántico, en Tierra del Fuego. El pueblo vería desarrollar sus actividades y el principio de soberanía nacional tendría sólida base sobre las cuales sustentar sus derechos, hoy por hoy abandonados a una triste suerte, como lo podremos apreciar en el curso de estas memorias.
Reforzando las opiniones que se dejan expuestas, aparece el valor militar de aquel puerto colocado en el centro del Estrecho y favorecido con la defensa natural que le proporcionan sus accidentadas costas.
El pronto dragaje de la bahía se impone en forma manifiesta; ya se hace difícil que buques de algún calado puedan navegar sin tropiezos por esas aguas; aún los de pequeño calado, si no van guiados por capitanes peritos, suelen equivocar el canal y quedan sujetos en algún bajo, en espera de la alta marea.
Respecto a la pesca, puede considerarse de un valor muy insignificante; las redes que se tienden se retiran siempre pesadas; acarrean mucho fango pero pocos peces, uno que otro robalo y algunos pejerreyes compensan los sacrificios de los pescadores. El pez sierra es abundante, pero sólo en una corta época del verano.
El crudo invierno se encarga de hermosear la bahía y sus alrededores. El intenso frío que se deja sentir en toda la región, escarcha las aguas en las lagunas interiores. Es entonces cuando Porvenir disfruta de la presencia de una extraña y numerosa multitud de pobladores alados que van en busca de alimentos y recreo a las salobres aguas de la bahía.
Los hermosos cisnes de cuello negro, el elegante y rojo flamenco y los caprichosos y pintarrajeados patos, adornan y limpian las playas de Porvenir.
Desgraciadamente este hermoso e higiénico adorno desaparece muy pronto y se interna tierra adentro en busca de asilos más tranquilos y seguros.
Tales fueron las apreciaciones que logramos anotar durante nuestro recorrido de la mañana. Las horas de la tarde las dedicamos a visitar el pueblo y sus distintas actividades.
La población de Porvenir está ubicada en la parte menos adecuada de la bahía; casi un poco retirada de la parte más malsana; el pueblo se delineó en el sitio preciso que carece de todo recurso natural. Sólo la calle de la playa se puede considerar plana y libre de accidentes, el resto corre por cerros y depresiones.
En el fondo de la bahía y un poco retirada de ella existe una hermosa planicie cruzada por un chorrillo de agua dulce, es éste el sitio que reúne cuanta necesidad exige la ubicación de un pueblo, sin embargo, está deshabitado.
Parece que el primer habitante de Porvenir llegó cansado hasta aquel punto, se negó a seguir adelante y se dijo:
-Aquí me quedo y aquí edifico.
En efecto, sin buscar comodidades, así lo hizo. Los que llegaron después le imitaron y también edificaron eligiendo terrenos al azar; ninguno dirigió la mirada hacia el porvenir y hoy todos carecen de comodidades; hubo despreocupación y hoy se sufren las consecuencias; pago lógico de la falta de previsión.
Para dar información al pueblo, la autoridad correspondiente lo fraccionó en manzanas y éstas en sitios. La idea fue lógica y el fin perseguido, siendo bueno, resultó malo; ¿la causa?: parece que hubo especulación.
Esta aseveración que dejamos expuesta, pudimos confirmarla aquella misma tarde y ello se debió a una feliz casualidad, o más bien dicho, a la diligencia de nuestro compañero de viaje, el incansable anciano de los catalejos que voluntaria o involuntariamente se apartó de nosotros en busca de noticias.
Desde lo alto de una colina vino en veloz carrera hacia el bajo en que nos encontrábamos.
-¡Vengan Uds. acá! -nos gritó desde lejos-; vengan Uds. y oirán algo curioso respecto a la historia de este pueblo!
Jadeante y sudoroso, nos obligó a acompañarlo hasta la vivienda de un antiguo poblador de esos suelos, para hacernos oír la siguiente relación:
-La población de Porvenir -nos dijo- nació de un Decreto Supremo fechado en Santiago el 20 de junio del año 1894; el Decreto dice así:
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«Santiago, 20 de junio de 1894. Visto el oficio N.º: 214 de 23 de abril último, del Gobernador de Magallanes, Decreto: 1) Procédase a establecer una población en el puerto denominado Bahía de Porvenir, en la Tierra del Fuego; 2) Resérvase para este objeto una extensión de mil hectáreas en las inmediaciones del puerto mencionado; 3) La comisión hijueladora de Magallanes procederá a levantar el plano de la nueva población, el cual deberá someterse a la aprobación del Gobierno, indicándose las reservas del terreno que deban hacerse para construcciones; 4) La distribución de los sitios en que se divida la futura población, deberá verificarse en conformidad al decreto de 24 de abril de 1885; y 5) Encárgase al Gobernador de Magallanes de la ejecución de las disposiciones del presente decreto. Tómese razón, regístrese y comuníquese.- MONTT.- M. Sánchez Fontecilla». |
«-Voy a referirme, exclusivamente -nos agrega nuestro interlocutor, a la forma cómo se procedió a dar cumplimiento a este Decreto Supremo.
La autoridad correspondiente, dividió el terreno para la población y se delinearon los sitios que debían repartirse gratis a los colonos. Para optar a esta repartición sólo se exigió familia constituida con residencia en Porvenir; como complemento de este requisito se obligó a que los beneficiados edificaran sobre el terreno donado.
Para tener derecho al título de propiedad correspondiente, el Subdelegado elevaba bien informada la solicitud del recurrente, en la cual debía constar que en el sitio pedido existía una casa edificada.
Se estudió, pues, el medio de poder burlar esta última cláusula y pronto, con el beneplácito de la autoridad correspondiente, se encontró la solución: ¡se construyó una casa con ruedas!
Al solicitarse un sitio, se arrastraba hacia él la casa; la autoridad informaba:
-Me consta que hay una casa en el predio solicitado.
Y sin más trámite, se extendía el título de propiedad.
En esta forma se presentó un buen negocio no sólo para los interesados sino para el mediador informativo. En realidad, el informante no mentía pero engañaba y lucraba con perjuicio directo para los propósitos de los intereses de los ocupantes pobres que no poseían el dinero suficiente para pagar el engaño. Fue así como la mayoría de los sitios de Porvenir quedaron en dos o tres manos, pudientes que se ganaron con dinero la buena voluntad de un informante inescrupuloso.
La casa con ruedas recorrió muchas manzanas y dio muchos títulos de propiedad. Fue un espléndido negocio para su inventor propietario y una fuente de entradas para muy pocos especuladores.
Total: se defraudó al Fisco y se burlaron los deseos del Gobierno.
Hay una circunstancia agravante: los personajes que hicieron este negociado fueron en su totalidad extranjeros; sólo uno pertenece a nuestra nacionalidad. Consecuencia de ello fue que no se protegiera al hijo del país; esto se presenta lógico al saber que este elemento era pobre y pagaba mal. Se protegió, pues, a aquel elemento que disponía de capital y pagaba buenos precios por la transacción; resultado de esto último fue el acaparamiento de sitios.
Es muy raro que un chileno tenga un bien raíz en este puerto; es un pueblo extranjero y al hijo del país se le mira como a inmigrante.
-Sólo era chileno el mandatario que Porvenir tenía en aquel tiempo, los jefes de oficina y el personal de empleados eran todos de distintas nacionalidades; todos ellos tienen actualmente dinero y terrenos».
Al llegar a este punto, el narrador hizo una pausa, momento que aprovechamos para preguntarle si ante una situación por demás apartada de la legalidad y de la corrección no hubo algún damnificado que presentara el denuncio correspondiente.
-Sí señores -prosigue nuestro interlocutor- hubo muchos que presentaron denuncios escritos, pero todos esos papeles han desaparecido con toda oportunidad, jamás llegó el reclamo hasta la autoridad correspondiente.
Los pocos chilenos que viven en Porvenir arriendan casa a los acaparadores. Solamente el feliz dueño de la casa rodante alcanzó a pedir dieciocho sitios; hoy goza de buena renta y vive en Punta Arenas.
Hasta aquí los datos que esta vez pudimos obtener del amable informante; al despedirnos y consecuente con la amistad que nos brindara, le prometimos reanudar muy pronto tan interesante conversación.
Con nuestro inseparable acompañante, iniciamos nuevamente el recorrido por el pueblo.
Se compone de unas cincuenta manzanas con un total de ochenta casas; estas últimas completamente desparramadas al capricho de una idea loca. Sólo en la calle principal, la de la playa, hay continuidad de construcciones. Los edificios son todos de madera con techos de fierro acanalado; la mayoría son bajos y estrechos, en ninguno faltan las estufas de fierro.
Las casas de dos pisos son muy contadas. Desagües artificiales no existen; las letrinas son pozos. Inmediato a estos últimos están los estanques o las norias de donde se extrae el agua que se usa para las exigencias domésticas; esta agua es salobre y no sólo se ocupa para lavados u otros objetos, sino que algunos la beben. La generalidad de las familias obtiene el agua potable que proporcionan las lluvias; éstas se recogen de los techos por medio de canaletas y se las guarda en barriles o estanques de fierro.
Este sistema se presenta fácil durante el invierno; en el verano las aguas se descomponen o se concluyen; entonces se bebe agua salobre de los pozos o se va al pequeño riachuelo que queda al fondo de la bahía y algo distante de la población. El acarreo se hace por medio de barriles rodantes, algunas veces conducidos a mano y otras tirados por caballos.
El pueblo carece de luz; sólo dieciséis faroles, «chonchones» a parafina, mantienen en tinieblas la población. En medio de la absoluta oscuridad de las tardes o de las noches, semejan colillas de cigarros próximas a extinguirse. Parece que el objeto de ese punto luminoso no es otro que el de evitar que el transeúnte vaya estrellarse contra el poste que sostiene el farol.
Por parte del farolero, su raciocinio lo presenta como hombre de ingenio y de recursos; sólo procura alumbrar cuando sale gente a las calles y, como la gente no sale por falta de luz, hay entonces razón suficiente para no encender los «chonchones»; los faroles permanecen apagados y el pueblo a oscuras. Esta lógica del farolero se completa con un principio que él, personalmente, se ha encargado de pregonar; ha dicho:
-En el interior de las casas hay luz; de ello se desprende que el alumbramiento debe estar bajo techo y no a la intemperie de calles frías y expuestas al viento.
Por lo que respecta al comercio, puede dividirse en dos categorías: las casas de comercio y los «boliches». Entre las primeras, dos ocupan el primer lugar, el resto cuyo número no sobrepasa de ocho, debe considerarse en la categoría de despachos. Los «boliches» en cambio, son innumerables y sus víctimas son muchas.
Panadería sólo hay una que trabaja tres veces por semana; el panadero es un buen hombre de nacionalidad yugoeslava; amasa honradamente y día por medio proporciona pan fresco.
Zapateros, existen varios; sólo uno trabaja bien, los demás son remenderos. El zapatero principal es el alma de la población y constituye la alegría del pueblo. Yugoeslavo alto, gordo y coloradote, maneja admirablemente el acordeón y lo toca con entusiasmo.
Representa al director y músicos de la banda del pueblo. Algunos nos dicen que este hombre fue antes un personaje, sin embargo, su aspecto y modales son los de haber nacido zapatero. El acordeón es su compañero inseparable; como, trabaja y duerme junto a él, lo hace partícipe de sus penas y alegrías.
Si se trata de reunir a la población, basta sólo que el zapatero recorra las calles agrandando y achicando su instrumento; todos corren en pos del músico y lo acompañan formando procesión.
El sexo fuerte se distingue por su debilidad por la música; entonan cantos marciales y marchan al compás que señala el maestro. Todos cantan, pero cada uno lo hace en distinto tono formando una espantosa confusión de voces; la armonía musical no ha llegado todavía a esta región.
Consecuencia de ello son los esfuerzos inauditos que hacen los maestros de escuela para que sus discípulos lleguen a entonar un himno; jamás lo consiguen y todo trabajo les resulta inútil.
En presencia de tan grandioso desconcierto musical, se viene a nuestra mente el popular cuento de Grimm, los famosos «Músicos viajeros»; ¡pobres músicos, cuán entristecidos se hubieran sentido en la capital fueguina ante el coro monumental de los yugoeslavos; humillados por estos maestros del arte desconcertante, después de rendido el justo homenaje, se hubieran retirado con la cabeza gacha y el rabo caído.
En Porvenir sólo existen dos hoteles y para las exigencias de esta región uno debe considerarse bueno y el otro, apenas regular, este último, dentro de su ramo constituye también un «boliche». El propietario del primero, el alemán que ya conocemos, obedece al apodo de «el viejo generoso». Los dueños del segundo son de fina raza comerciante; pertenece a un matrimonio austríaco y lo regenta la mujer, hembra robusta y corpulenta que lleva con orgullo el sobrenombre de «la Reina de la chaucha».
Posterior a la época de estas memorias y cuando ya nos disponíamos a abandonar Tierra del Fuego, tuvimos ocasión de alojarnos en un hotelito recién instalado, propiedad de un compatriota nuestro. Consignamos con agrado un recuerdo para este esforzado luchador que después de vencer los tropiezos enormes que se le presentaron para llevar a cabo sus deseos, logró sobreponerse a la poderosa lucha que los porvenireños le presentaron, e instalarse con su negocio chileno en medio de ese elemento que le fue sumamente hostil. Mucho hizo este compatriota por hacernos agradable nuestra corta estada en ese lejano terruño de la patria.
El establecimiento de su hotel en la capital fueguina se destaca por ser el primer negocio chileno establecido en aquella apartada región. Hacia él acude todo el elemento trabajador nacional de los alrededores, elemento que ha sabido recompensar los esfuerzos del compatriota. El nombre de este hijo del país es Clodomiro Gómez.
Las «pensiones» son numerosas; todos estos centros y muy especialmente los «boliches» son los puntos obligados donde se detiene el trabajador que regresa de las distintas faenas del campo. Generalmente vienen con las carteras bien provistas y por esta causa son muy bien recibidos y atendidos mientras conservan dinero. Dos, tres y hasta cuatro mil pesos, les duran sólo algunos días. Tan pronto como se les concluye la plata, se termina el buen trato y se les señala la puerta. Si el confiado parroquiano se resiste a abandonar el local se emplea la fuerza y si esto no basta, se le denuncia a la justicia por vago o peligroso.
Fácil es comprender que los negocios administrados en esta forma tienen forzosamente que progresar. Como ellos son lugares obligados para la permanencia de la clase trabajadora, nunca les faltan víctimas y siempre se encuentra dinero que recoger.
La mayoría recibe depósitos en custodia, estos depósitos se desvanecen con suma ligereza y muchas veces a los depositantes les resulta saldo en contra.
Recientemente el Banco Yugoeslavo de Punta Arenas ha abierto una sucursal en Porvenir, esperamos que este paso dado por esta institución bancaria venga a salvar el fruto del trabajo de muchos proletarios y a defender la vida y el porvenir de numerosas familias.
El trabajador chileno de esta región sólo acude al pueblo en demanda del vapor que debe conducirlo a Punta Arenas. La carencia del barco originada por falla en el itinerario o por mal tiempo en el estrecho, lo obliga a permanecer algunos días en Porvenir. Es suficiente esta estada para que, dueño de un capital, se lance a los «boliches» y se embrutezca con el alcohol, perdiendo allí, miserablemente, el fruto del rudo trabajo de todo un año.
El servicio médico es desconocido en el pueblo y por ende en la isla. No hay doctor, sin embargo, las defunciones son muy escasas; una que otra vez en el año se suele llevar al cementerio el cadáver de algún anciano o de algún niño que ha fallecido a causa de algún accidente.
El lugar destinado al descanso eterno de los porvenireños, constituye la vergüenza del pueblo y un atentado para la civilización.
Cuatro hectáreas de terreno, cercadas con algunos alambrados, es la última morada de los hijos de Porvenir. La actuación de la última autoridad de la capital fueguina, se dedicó con especial interés en mejorar las condiciones del Camposanto, sus esfuerzos han sido estériles y nada ha conseguido de parte de los dirigentes Puntarenenses. El pequeño potrero sigue siendo lecho de los difuntos y pasto de los caballares y vacunos sueltos que buscan alimento sano y abundante.
Los cortejos fúnebres huelen a tiempos muy viejos. El velorio no falta y es de regla llevar el difunto a la Iglesia.
Después de la autoridad civil, el párroco es el principal personaje de la población.
Con su birrete negro y rodeado de los monaguillos envueltos en camisones blancos y provistos de cirios encendidos, inicia el sacerdote sus responsos de ultratumba.
Las campanas tocan los sones quejumbrosos en los momentos en que el ataúd abandona la Iglesia. El párroco inicia la marcha hacia el Camposanto; se coloca inmediatamente adelante del difunto; los monaguillos empuñan el crucifijo y las velas encendidas y rodean al sacerdote, detrás de éste parte de los deudos conducen a pulsos el ataúd, siguen después los deudos encargados de relevar a los conductores. A continuación viene el acompañamiento: una multitud de hombres, mujeres y chiquillos que gritan, corren y saltan en todas direcciones.
El cortejo avanza lentamente y se detiene a intervalos, momentos que se aprovechan para que el difunto cambie de manos.
El sacerdote, con su libro abierto, reza en voz alta y aprovecha cada oportunidad que se le presenta para sermonear al cadáver. Los monaguillos hacen esfuerzos inauditos para mantener encendidos los cirios que el viento se encarga de apagar constantemente.
Después de una penosa marcha a través de un camino accidentado que recorre más de veinte cuadras, el cortejo se detiene frente a la desvencijada puerta del cementerio. En el interior la fosa se encuentra preparada y lista para recibir el cajón. Ayudado por unas cuerdas, desciende el difunto hasta el fondo de la excavación y allí recibe las primeras paladas de tierra que deben poner fin a tan penosa ceremonia.
El muerto permanece tranquilo en tanto que los alegres acompañantes, sin considerar la triste obligación que acaban de cumplir, inician el regreso a sus casas en medio de la charla y de las risas. Sólo el párroco permanece algunos minutos al borde de la tumba y riega con agua bendita aquel sepulcro recién cerrado; los monaguillos, siempre cuidando la llama de los cirios, rezan en voz alta los últimos responsos.
Un movimiento de cabeza del buen sacerdote, indica que todo ha terminado; el representante de Dios en la tierra abandona el cementerio y en el pequeño y abandonado recinto vuelve a reinar la soledad y la paz, símbolo del descanso eterno.
Lo mismo que hemos dicho referente al médico, no lo podemos decir de la matrona. Si la ausencia de aquel no es de mucha importancia, la ausencia de ésta parece ser causal para que se produzcan muchos nacimientos.
Sin embargo, las parturientas no se apuran ni afligen por sus penosas enfermedades; cada amiga constituye una comadrona.
De estas últimas hay una que se destaca por los conocimientos que le ha dado la práctica; tiene plancha de matrona y cobra caro por sus servicios. Es una anciana yugoeslava que reúne un requisito de primer orden en beneficio de la profesión que ejerce: ¡es completamente sorda! Este defecto físico le ha hecho decir, y con mucha razón, que jamás ha oído quejarse a sus clientes.
Los niños, en general, se desarrollan mal; crecen enfermos y raquíticos. Son muy pocos los que tienen sus piernas normales; en la casi totalidad los dientes aparecen en pedazos sobre unas encías deformadas y muchas veces putrefactas. Sin embargo, el clima, en extremo seco y saludable de aquella región, mantiene estas naturalezas raquíticas y las preserva contra enfermedades mortales.
Según el decir de algunos facultativos puntarenenses, esta anomalía que se presenta en los adolescentes se debe a la mala y escasa alimentación y muy especialmente a la absoluta carencia de sustancias calcáreas en el agua que se bebe. Lo anterior se refuerza poderosamente con el factor carestía de la vida, factor que se deja sentir en forma manifiesta en los hogares de las familias menesterosas.
Respecto a recursos medicinales, cada hogar debe constituir su propio botiquín. La implantación del nuevo código sanitario ha imposibilitado la presencia de todo practicante o regente competente.
Algunos meses atrás, nos expresa un informante, se estableció en Porvenir una especie de facultativo que abarcaba todos los ramos del saber humano.
De descendencia italiana y de linajuda familia, según él, instaló una botica, droguería y consultorio médico. Tal negocio le procuró clientela abundante y prestigio de consideración. Este primer éxito alentó al emprendedor italiano y lo impulsó a dar mayor desarrollo a sus iniciativas. Imprimió algunos carteles y se dio a conocer como un hombre extraordinario; un aviso puesto en la ventana de su consultorio y junto a sus numerosos títulos profesionales, señaló el comienzo de su caída; el aviso en cuestión decía así:
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«Profesore diplomato, maestro da güidaria e canto». |
Tuvo tres alumnos, la música absorbió sus mejores horas y su fama de doctor se eclipsó pronto. El poco dinero que había reunido pasó al bolsillo de sus tres clientes musicales y el hombre se encontró arruinado. Sin embargo no desmayó, su mente forjadora de ilusiones magníficas, concibió proyectos más amplios y más hermosos.
Se acercó un día a la autoridad del pueblo y con gran reserva le hizo participación de un gran descubrimiento.
La explotación del descubrimiento requería dos concesiones, la primera se reducía a todos los lagos y lagunas de Tierra del Fuego, su invento extraería las sales con suma facilidad y las presentaría al comercio químicamente purificadas; la segunda y ésta era sin duda la de más aliento y beneficio, exigía de la autoridad una concesión de una hectárea alrededor de toda la Isla Grande. Se trataba de la industria del cuero de lobo.
-Dame gratuitamente -decía el famoso italiano- una hectárea alrededor de toda la isla y yo te respondo de una ganancia fabulosa. Bien sabes que el lobo marino es un anfibio que gusta de la pitanza terrestre. Con poco gasto puede explotarse esta glotonería, basta sólo comprar un millón de anzuelos y colocarlos junto a la mar, sale el lobo, come la carnada y queda preso hasta el momento que se le mata con un fuerte garrotazo aplicado en la cabeza. La muerte es instantánea; después se beneficia el cuero, ¿qué te parece señor autoridad? Dame las dos concesiones y yo te haré millonario, con permiso hablando.
A pesar de los buenos propósitos, todas sus ideas de riquezas, le resultaron efímeras.
La postrer permanencia en la isla, la dedicó a la poesía; una de sus estrofas, cedidas galantemente para un alto empleado de una compañía ganadera, la reproducimos, dice así:
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«A Rodríguez, l'administratore nella ocazione della naschiuta d'un pargoletto». |
La última estrofa terminaba con estos dos versos:
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«Questo e laugurio sincero d'il vostro amico il droguero». |
Desgraciadamente, este alegre y raro personaje tenía que vivir, para lo cual no tuvo otro remedio que liquidar su menaje y trasladarse a puntos en donde no le conocieran. El remate de sus enseres fue famoso y dejó gratos recuerdos entre los que tuvieron la suerte de presenciarlo; él mismo actuó como martillero y recomendó su mercancía. La famosa «güidaria» se encuentra todavía impaga en poder de uno de sus discípulos.
La vida de los habitantes, se desarrolla, sin mayores datos que anotar. Porvenir es un pueblo apacible y sin ambiciones. Las exigencias sociales se reducen a la reunión de dos o tres familias; el resto se dedica exclusivamente a los trabajos domésticos o a las faenas del campo.
En las tardes sin viento, que son muy pocas, se puede ver a los hombres sentados en el borde de las veredas o tendidos sobre el pasto de las calles. Desde allí contemplan la bahía y conversan un idioma que se hace incomprensible a nuestros oídos. No hay frase en la cual no se emplee, por lo menos dos o tres veces la palabra «Bogati». («Mi Dios»).
Dos o tres autos corren por la única calzada transitable y el punto de detención lo es siempre el Hotel Alemán.
Anexo a este Hotel, en dos habitaciones arrendadas ex profeso, tiene sus salones el «Club Chile», de reciente fundación y de muy poca vida. El número de socios es bastante considerable pero muy pocos son los que se reúnen, la mayoría prefiere pasar las horas junto a la cocina de algún «boliche»; allí beben vino y juegan al «truco».
Frente al Club, está el teatro, gran bodega que recién ha sufrido algunas modificaciones en beneficio de la concurrencia. Actualmente funciona un biógrafo, entretención sana y barata que no encuentra admiradores entre los apáticos porvenireños.
En algunas ocasiones se arregla esta sala y se realizan en ella «bailes sociales»; ya tendremos ocasión de asistir a algunos de ellos y podremos formarnos una idea sobre el significado que encierran estas palabras.
En Porvenir, las fiestas patrias revisten caracteres especiales; sólo el veinte por ciento del personal que en ellas toma parte, puede considerarse chileno, en su mayoría trabajadores ajenos al pueblo que acuden desde las estancias vecinas. Sin embargo, todo trabajo se paraliza y toda la población se divierte.
En el programa oficial figuran discursos patrióticos, Te Deum, juegos populares, carreras hípicas, etc., etc. Toda casa, por humilde que ella sea, ostenta con orgullo y en lo alto del legendario «palo de bandera», el hermoso tricolor chileno. El pueblo yugoeslavo, el austríaco y la gran variedad de nacionalidades que componen el resto de la población, celebran el dieciocho a la chilena. Tranquilos y enemigos de armar pendencia en público, son pocos los que se embriagan al aire libre y en presencia de las autoridades; en cambio, a puertas cerradas y en el interior de los «boliches» pueden dar curso a sus excesos, siempre que dispongan de dinero.
En los libros de policía, según tuvimos ocasión de verlo más tarde, no aparece parte alguno condenando a un yugoeslavo o austríaco por el delito de embriaguez. Respetan y acatan en absoluto toda orden que emane de la autoridad constituida.
La plaza principal, que se encuentra en formación, pues ya tiene plantado un arbolito y está cercada con estacas de madera, constituye el centro de reunión de las diversiones populares.
La celebración del dieciocho es el único estremecimiento anual que sacude la vida diaria y monótona de los habitantes; el resto del año es triste y lánguido. Pascua y Año Nuevo pasan casi desapercibidos, por presentarse en pleno verano, caen en la época de las faenas y Porvenir permanece desierto.
Los pocos meses de verano transcurren tranquilos; la ausencia de grandes vientos y el retiro de las lluvias, dan tiempo suficiente para efectuar algunos paseos por los alrededores; éstos son hermosos y su esplendor se ve realzado con una naturaleza salvaje y agreste. La carencia de árboles es absoluta y su ausencia se deja sentir con fuerza en el espíritu del turista que llega desde el centro del país.
En el verano los días son muy largos y muy cortas las noches; especialmente en la época de diciembre y enero se disfruta de luz solar desde las dos hasta las veintitrés horas del día.
Casi no es dable apreciar marcadamente transición manifiesta entre las cuatro estaciones; sólo están bien marcados el verano y el invierno; desde principios de octubre hasta fines de marzo puede considerarse el primero; para el segunda queda el resto del año. El invierno es pesado y crudo; las sombras se hacen dueñas del día, como la luz del verano se hace dueña de la noche. Junto con las tinieblas, avanzan los fríos. En esta estación la temperatura hace descender el termómetro hasta quince y veinticinco grados centígrados bajo cero; en el verano la temperatura máxima fluctúa entre quince y veinticinco grados centígrados sobre cero. Mayor o menor graduación marcada por el termómetro, no influye ni se deja sentir en los organismos.
La época del largo verano señala la temporada de actividad en los campos magallánicos; este período de faenas es admirablemente aprovechado por los estancieros y muy especialmente por las familias porvenireñas; cada casa tiene un patio y cada patio se convierte en una chacra. La hortaliza crece y se desarrolla en forma prodigiosa. Pudimos observar en casa de un yugoeslavo, de apellido Mimica, un repollo francés, enormemente corpulento, cuyo porte sobrepasaba en un metro a un hombre de talla común. Conservado en un gran cajón presenta la conformación y resistencia de un árbol de mediana altura; tenía tres años de vida y de cada rama que se desprendía del tallo principal, colgaba un repollo de tamaño común. El invierno no era suficiente para matar aquella hortaliza fecundizada con el frío de la nieve.
Febrero y marzo son los meses de la recolección; ésta es abundante y basta para las necesidades de las familias.
Cabe aquí considerar que en Magallanes el grano germina con mayor rapidez que en la zona del centro del país; ello tiene una explicación. La época de las siembras y del crecimiento puede considerarse como un solo día largo e indefinido. El sol calienta la tierra casi veinte horas diarias, dando calor y vida a todo aquello que nace y que se mueve. El rocío de las imperceptibles noches, fecundiza a la simiente y coopera dando impulsos al desarrollo de esa vida que se levanta.
Los terrenos se ofrecen especialmente generosos para el crecimiento de los tubérculos, las papas o patatas se producen abundantes y de buen tamaño. Cada familia siembra lo que necesita; sin preocuparse de dar mayor desarrollo a la agricultura; por la causa anotada, este tubérculo es escaso y caro en las poblaciones de Magallanes.
Algunos pequeños estancieros tienen el propósito de dar mayor movimiento al cultivo de sus campos; todas las pruebas efectuadas hasta la fecha han dado espléndidos resultados. Es de esperar que estas iniciativas no queden reducidas a buenos propósitos y Magallanes vea que su inmensa zona tiene vida absolutamente propia sin la obligación de tener que recurrir al centro del país en demanda de sus artículos de primera necesidad. La enorme carestía de vida en el Territorio se desvirtuaría poderosamente; Magallanes puede y debe abastecerse con sus propios productos; principio que está llamado a solucionar, en gran parte, el difícil problema social que agita a aquellas poblaciones.
En Tierra del Fuego, las industrias se desconocen o no se toman en consideración sino aquellas que resultan de la explotación de un suelo virgen. El terreno es sumamente barato y no necesita de grandes capitales para conseguir el fin a que se le ha destinado: la crianza y engorda del ganado lanar no ocasiona grandes gastos y produce, en cambio, pingües ganancias.
Sólo los pequeños estancieros, los arrendatarios de los pequeños lotes que últimamente se han subdividido, comienzan a darse cuenta del verdadero porvenir que les ofrece la siembra de granos. Por esta causa, en los alrededores del pueblo pueden observarse grandes manchas verdes y amarillentas donde la cebada y la avena crece lozana y robusta.
Es de lamentar que las subdivisiones a que nos hemos referido, hayan quedado paralizadas. Grandes extensiones de terrenos bajo el dominio de una sola mano, significan un atraso enorme para el desarrollo industrial y agrícola de esta fértil y rica región.
Fácil es aceptar el enorme capital que se exige para que medio millón o un millón de hectáreas pueda recibir en su suelo el surco benefactor que debe albergar la semilla; por esta causa, Tierra del Fuego o por mejor decir, Magallanes completo permanecerá mucho tiempo siendo emporio de lanares, para cuya alimentación, reproducción y cuidado no se exige más trabajo que el de inmensos alambrados que cruzan el territorio en todas direcciones.
Todo acaparador de tierras, si no representa un peligro para el país, significa por lo menos, un obstáculo para el rápido desarrollo de los pueblos pequeños. Las grandes estancias magallánicas y Fueguinas caen bajo las dos sanciones de la aseveración anterior, pues no sólo se entorpece el crecimiento de los pueblos ubicados en la Isla, sino que se mina nuestro principio de soberanía, toda vez que se deja en arriendo y se vende el suelo chileno a capitalistas extranjeros. Más que ninguna otra zona del país, esa apartada región necesita y reclama una chilenización bien definida. Su mismo alejamiento de los centros poblados, las dificultades de todo orden que se generan con la falta de comunicaciones rápidas y, por sobre estas consideraciones, la difícil situación social del Territorio donde encuentran campo abierto los agitadores de profesión, pulpos que explotan inicuamente al pueblo honrado arrastrándolo a la ruina, a la miseria y al desorden, exigen de nuestros dirigentes una preocupación bien definida en beneficio del inmenso y rico territorio de Magallanes. No debemos olvidar que las poderosas firmas comerciales que han sentado pie firme sobre aquella región, tienen invertidos capitales fabulosos que año por año se ven seriamente amenazados.
La razón de las Naciones descansa en la vitalidad militar de cada país. Siempre prima el derecho del poder y el pequeño debe aceptar la voluntad del más fuerte aunque el análisis de los acontecimientos resulte en su favor.
Por esta razón debemos meditar seriamente el problema que, para el futuro del país, se desarrolla en el Sur de la patria. Un protectorado sobre los intereses extranjeros que ocupan aquella vasta región, nos quitaría de hecho una de las zonas más ricas y vírgenes de la República.
Muchos son los conciudadanos que se trasladan a Magallanes en busca de trabajo honrado, muchos son también los que regresan al Norte desilusionados por la falta de facilidades que allá encuentran y por la falta de terrenos que les permitan emplear sus actividades. Tierra del Fuego cuenta con fuertes y robustos brazos que están dispuestos a sacrificarse siempre que se les de un pedazo de tierra que labrar junto a un centro poblado que les permita vivir.
Lastimoso es dar una mirada sobre el pasado y contemplar el favoritismo y la especulación que dominaron en el ánimo de aquellos que debieron imprimir el rumbo directo hacia la nacionalización de la Isla, señalando al Gobierno las necesidades propias a toda región que comienza a poblarse.
También es doloroso consignar la ninguna garantía con que contaron los proletarios chilenos en el propio suelo de la Patria.
Para afianzar esta aseveración basta sólo citar el hecho de la casa rodante y la forma como fue subdividido el terreno que corresponde a la «Punta» (extensión de tierra que queda comprendida entre Porvenir y el Estrecho y que se extiende desde la Bahía hasta cuatro kilómetros hacia el Norte).
Los antecedentes que se refieren a la primera, ya los conocemos, vamos pues a tratar someramente lo que se relaciona con la segunda. «La Punta» fue subdividida en treinta y dos hijuelas con un término medio de cien hectáreas cada una. Estas hijuelas fueron destinadas por el Gobierno a la radicación de colonos en Tierra del Fuego. Para la donación de ellas sólo se exigió familia constituida y radicada en Porvenir; con estos requisitos, el terreno se obtuvo gratuitamente.
Para quedar en posesión del título definitivo bastó un buen informe de la autoridad correspondiente.
Como para este caso de nada podía servir la casa rodante, se recurrió a un medio que indigna, al mismo tiempo que sorprende por su audacia y descaro. Con el beneplácito de los repartidores de terrenos (en Tierra del Fuego) se hizo figurar a colonos que jamás conocieron Chile y que tal vez nunca tuvieron la intención de trasladarse a la región magallánica. A nombre de estas personas imaginarias se obtuvo el título provisorio y más tarde el definitivo; de este modo, en muy corto tiempo, quedaron colocadas todas las hijuelas. Dado con feliz éxito este primer paso, se dio comienzo al segundo que debía finiquitar el fin perseguido: las firmas supuestas hicieron la venta de las tierras obtenidas y las hijuelas pasaron todas a una sola mano. Hoy día están en un solo poder formando un lote colosal cuyo valor representa algunos millones de pesos.
Los papeles con las firmas apócrifas han desaparecido, sin embargo, el dato lo hemos obtenido de personas que nos merecen plena confianza y a las cuales les consta el hecho que exponemos por ser residentes de Porvenir desde años anteriores a tan oscura transacción. Como tantos otros negociados perjudiciales al Fisco y a los intereses del Gobierno, éste ha quedado sin sanción y sus autores, extranjeros, gozan de la consideración general.
Comentando las anotaciones anteriores con nuestro activo compañero, hemos recorrido buena parte de la población y logrado visitar algunas reparticiones. La primera de ellas es la Iglesia Parroquial. El edificio se levanta sobre un reducido terreno fiscal y contiguo a media hectárea de propiedad religiosa (salesiana). El Templo de Dios es de madera y en su interior tiene tres altares; una o dos alcancías con el nombre de un santo, indican a los feligreses el culto a que está destinado cada altar. Engalanado el Templo con los adornos correspondientes, presenta un agradable golpe de vista.
El párroco, como todo sacerdote de pueblo chico que se mantiene alejado de la política, es querido por la generalidad de sus feligreses y muy especialmente por los chicuelos a quienes, el Venerable, considera sus hijos predilectos.
No lejos de la Iglesia y en un galpón arreglado ex profeso, funciona la Escuela Parroquial; el párroco es el Director y un seglar el profesor.
Un poco retirada, y con vista a la plaza del pueblo, se alza la casa habitación del sacerdote; edificio demasiado grande para cobijar una sola alma.
La primera ojeada que damos al párroco, nos lo muestra en sus formas y en su fondo; persona modesta y sencilla, se presenta tal cual es y se capta pronto las simpatías de los que le conocen. Hace doce años que reside en Porvenir y todo su tiempo lo ha dedicado a su misión, ganando almas para el cielo. Su larga estada en Tierra del Fuego y especialmente en la capital Fueguina, le han dado tiempo más que suficiente para conocer a fondo el alma de sus feligreses y, muy en especial, le han hecho conocedor de cuanto movimiento o negociado se ha efectuado en la isla; tal vez por esta causa, además de ser respetado, es temido. Se presenta como un libro interesante que contiene capítulos en extremo curiosos. Son muy pocos los que no le quieren y muy contados los que le aborrecen. El buen párroco conoce perfectamente el ambiente que le rodea y cuando alguna necesidad le hace abrir algún capítulo de Tierra del Fuego, sus detractores se ven obligados a guardar silencio ante la elocuente sonrisa del Venerable.
Quiere a Porvenir con exceso y según su sentir, sólo lo abandonará cuando su alma vague en el espacio buscando lo desconocido.
A ambos lados de la Iglesia se encuentran ubicados dos planteles de educación: uno es la Escuela Fiscal N.º: 5 y el otro la Escuela Municipal N.º: 15, creada durante la Administración Contreras en el Territorio de Magallanes. El total de educandos en Porvenir no pasa de ciento cincuenta niños y la asistencia diaria fluctúa alrededor de cien alumnos.
La tarea de los educacionistas es difícil y en extremo sacrificada; primero deben dedicar todas sus actividades a la enseñanza del castellano para concretarse enseguida a las materias concernientes a su profesión.
tal vez no exista pueblo en Chile en donde la enseñanza se haga más difícil y requiera mayor esfuerzo por parte del profesor; los educandos practican el castellano mientras permanecen en la escuela, fuera de ella sólo hablan el idioma eslavo, que es el de sus padres. Si a esto agregamos la falta de cultura común a la mayor parte de estos colonos, llegamos a la conclusión de que el niño sólo practica en la escuela las enseñanzas del maestro, fuera de ella, en ningún momento encuentra el ambiente que le diga algo sobre ilustración o enseñanza educativa.
El helado invierno es un cooperador eficaz para dificultar la asistencia al colegio. Ninguno de los edificios educacionales es de propiedad fiscal y los terrenos que ellos ocupan fueron donados gratuitamente a sus afortunados propietarios.
Hoy día el Gobierno paga un arriendo subido por lo que antes le perteneció, gracias a la autoridad administrativa que tan mal supo defender los intereses fiscales.
La administración Contreras dio un paso manifiesto en favor de la instrucción pública de Magallanes. A la iniciativa de esta administración se debe que en la actualidad funcionen varias escuelas en Tierra del Fuego y a ella también se debe el que se hayan iniciado los trabajos de algunos edificios públicos en la capital fueguina. En Porvenir, frente a la plaza principal, debieron construirse los edificios destinados para el funcionamiento de dos escuelas modelo para las exigencias de esta región. Desgraciadamente este bello propósito ha quedado sin cumplirse a causa del alejamiento de este entusiasta Gobernador. La población entera se hubiera beneficiado directamente con la terminación de estos dos planteles que, sin gravamen alguno para el erario nacional, estaban destinados a señalar un asilo seguro para la educación nacional, un hermoseamiento para el pueblo y un descanso manifiesto para las rentas fiscales y municipales de este territorio.
La única edificación de propiedad fiscal que existe en Porvenir, es la vieja y ruinosa casa que ocupa el cuartel de policía.
Conocedores de las enormes rentas que Tierra del Fuego proporciona, tanto al Fisco como al Municipio de Punta Arenas, los turistas se sorprenden al tener conocimiento que de toda esa enorme suma, sólo se destina a la capital fueguina la irrisoria cantidad de cuatro mil seiscientos pesos.
Sólo entonces se llega a comprender el abandono absoluto en que se mantiene a Porvenir y la estagnación a que este pueblo está sujeto y que se refleja en su falta de hermoseamiento y comodidades propias a todo centro civilizado.
La policía de Porvenir, compuesta sólo de cuatro guardianes, tiene bajo su jurisdicción y control la enorme área que encierran veintiocho mil kilómetros cuadrados. Para el servicio correspondiente cuenta con un armamento viejo e inservible. El material de caballos debe procurárselo de los vecinos que demandan los servicios policiales o de la buena voluntad de aquel que desea ofrecerlos.
Depende de la policía de Punta Arenas, cuya prefectura se encarga, con una escrupulosidad que le hace honor, del control de las multas que van a beneficiarla, importándole un ardite toda aquella necesidad que se refiere al bienestar de la tropa y a la seguridad del cuartel porvenireño.
Una gran barra de hierro impide las evasiones de los reos; los calabozos resguardados con endebles tabiques de madera muy delgada, ceden a la más leve presión; hay mayor facilidad para fugarse a través de las murallas que tratando de forzar puertas.
Todo preso permanece en la policía bajo su palabra de honor. Muchas veces se ha presentado el caso curioso de que, por estar los cuatro guardianes ocupados en servicios fuera de la población, el cuartel ha quedado bajo la custodia de uno de los detenidos; para esta emergencia, el preso toma colocación junto a la puerta y su voluntad por el cumplimiento del deber lo hace más inflexible que la propia autoridad.
Sin embargo, en la isla hay pocos desórdenes y se goza de una relativa tranquilidad.
Próximo al cuartel y junto al mar, se levanta el edificio que sirve de matadero. El abastecimiento se hace con animales lanares procedentes de la «Sociedad Ganadera Gente Grande». La carne se expende a razón de ochenta centavos el kilo y el promedio diario que se beneficia no sube de veintidós capones.
Los derechos que paga el matadero son seis centavos por animal; esta pequeña entrada se ha destinado para atender las necesidades de escritorio en la Subdelegación de Porvenir.
A espaldas del matadero y bastante retirado del pueblo, tiene su asiento el Juzgado de Subdelegación. Está servido por un capataz de la «Sociedad Ganadera Gente Grande», hombre rústico y sin otros conocimientos que aquellos que se derivan de las órdenes o consejos que recibe.
El gobierno marítimo y civil de la Isla, está bajo la dirección de un Subdelegado. Éste tiene su residencia cercana al pueblo y arrienda casa particular.
Respecto a la correspondencia, existe una estafeta dependiente del Correo de Punta Arenas. Las valijas se despachan cada día que sale vapor. Las cartas, diarios, etc., se reciben con un retardo desesperante y las noticias de los acontecimientos que se producen en el centro del país, cuando suelen llegar, se conocen después de solucionados o cuando ya han pasado al olvido.
La culpa de este retardo en las comunicaciones para aquel que ha vivido en el mundo civilizado y que está ávido de noticias, no puede achacarse a las autoridades fueguinas; son la causa lógica del abandono en que se mantiene a la isla y la ninguna comunicación directa que existe entre ella y el continente. Este estado de cosas contribuye poderosamente para que los habitantes fueguinos se preocupen muy poco por lo que pasa en el resto del mundo, jamás se alarman por aquellos acontecimientos que periódicamente estremecen al país y que muchas veces repercuten en el Territorio de Magallanes. Hace muchos años que llevan esa vida ajena a las actividades de un pueblo y, a la casi totalidad, les importa un bledo las noticias del exterior.
Las consideraciones que dejamos anotadas sirven de base para apreciar la apatía y la indolencia que se ha adueñado de Porvenir.
Tierra del Fuego da mucho y no recibe nada, sin embargo sus habitantes nada reclaman y nada piden. Un pueblo que vejeta en esta forma y que está absorbido en absoluto por la progresista capital Magallánica, vorágine que se levanta a pasos de gigante devorándose las entradas de todos los centros que le pertenecen, jamás podrá avanzar y colocarse a la altura que reclama la civilización.
El clima extremadamente frío y seco, hace que no haya grandes epidemias o que ellas se presenten sin caracteres desastrosos; por esta causa jamás se ha levantado un grito de alarma pidiendo el saneamiento de la población. Las familias más pudientes, cansadas de vivir en ese ambiente que permanece sumido en el más profundo sopor, tan pronto acumulan una fortuna apreciable, se trasladan a Punta Arenas en busca de mejores campos para sus actividades.
El elemento trabajador chileno, considera a Porvenir como un pueblo de tránsito y sólo permanece en él el tiempo indispensable, primero para ir en busca de trabajo y después para dejar en él el dinero ganado durante las faenas.
El éxodo de las familias acomodadas se ha venido sintiendo desde hace algún tiempo y un día llegará en que esta población, cansada de soportar la indolencia con que se le trata, sólo constituya un miserable caserío habitado por menesterosos y necesitados.
Sería por demás lamentable que este caso llegara a producirse. La despreocupación de los gobernantes no debe llegar hasta el extremo de ser la causante de la ruina de un pueblo que está llamado a marcar el centro de importación y exportación en una zona inmensamente rica y productora.
Cada una de las grandes estancias fueguinas contribuye paulatinamente y tal vez sin quererlo, a la ruina de Porvenir. La construcción de muelles y embarcaderos particulares alejan de la capital todo aquel movimiento que debe darle vida y progreso. Sin desconocer que este punto señala adelantos para cada parte de la Isla en donde las nuevas construcciones vienen a dar mayor valor a los terrenos, debemos considerar que la subdivisión en pequeñas poblaciones mata el espíritu de colonización impidiendo que las familias puedan radicarse definitivamente en puntos determinados; las estancias sólo se pueblan en la época de las faenas. Todo el elemento trabajador abandona la Isla; tal cosa no pasaría si Porvenir, rodeado de buenos caminos y dueño de muelles y embarcaderos adecuados y poseedor de fábricas e industrias, atrajera hacia el pueblo todos los productos fueguinos. En tal caso, el trabajador no abandonaría la isla, las familias podrían radicarse en la capital fueguina y el elemento de trabajo siempre encontraría ancho campo para desarrollar sus actividades.
Por otra parte, las construcciones particulares que aparecen repartidas en las costas de Tierra del Fuego, no están rodeadas de población alguna, por el contrario, permanecen desiertas durante la mayor parte del año y sólo tienen vida en la época que hemos señalado.
Se impone pues, en forma imperiosa el arreglo definitivo de los distintos caminos que se apartan de Porvenir en demanda de las estancias. No es obra de titanes el arreglo de estas vías de comunicación; ellas han existido y fueron arregladas en mejor forma que muchos de nuestros buenos caminos del centro del país. Todo aquel trabajo fue hecho con dinero particular; las grandes empresas que se organizaron para la explotación del oro, construyeron vías de comunicación, no sólo hacia el interior de la Isla, sino a todo lo largo de sus playas. Estas vías se conservan en la parte que corresponde a las grandes estancias, compañías que constantemente se preocupan de las carreteras y las mantienen en perfectas condiciones. Sólo permanecen abandonados los caminos cuya conservación corresponde al Fisco o al Municipio y, desgraciadamente, este abandono afecta a las arterias que atraviesan la población y que se apartan de la capital fueguina.
Si a lo anterior agregamos la necesidad imperiosa que se deja sentir en el puerto y que se refiere al dragaje de la bahía, base para iniciar las distintas construcciones que ya hemos señalado y cuya realización sería un hecho si se atiende a los sólidos proyectos que existen en el ánimo de fuertes capitalistas puntarenenses, Porvenir se levantaría con el mismo vigor con que hace poco tiempo inició su marcha triunfal la potente metrópoli del Territorio.
Salvadas las dificultades y subsanadas las deficiencias que se dejan señaladas en el presente capítulo, quedaría marcado el rumbo definitivo hacia el cual debe encaminar los pasos la capital fueguina, y este puerto, hoy abandonado y entristecido, podría incorporarse de lleno a las actividades de los puertos comerciales de toda la República.
Íbamos a cerrar la presente exposición, cuando nuestro buen amigo, el señor de los catalejos nos proporciona el siguiente dato ilustrativo que copiamos sin mayores comentarios.
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«Memoria anual pasada por la autoridad civil de Tierra del Fuego a la Gobernación de Magallanes. Correspondiente al año 1918. Subdelegación de Tierra del Fuego. Porvenir, 30 de abril de 1919. A la Gobernación del T. de Magallanes. Punta Arenas. En cumplimiento a la nota N.º: 58 de fecha 26-II-919, de esa Gobernación, se acompaña la Memoria correspondiente a esta subdelegación y que se refiere al año 1918. MOVIMIENTO DE LA OFICINA: Ha sido escaso y se refiere en general, a la exposición que se acompaña al final. En lo que respecta a la estadística de matrimonios, nacimientos y defunciones, el pueblo carece de Oficina de Registro Civil y el suscrito manifestó los inconvenientes que esto acarrea, en la Nota N.º: 25 de fecha 5 de septiembre del año próximo pasado. Los datos en referencia corresponden a la Oficina del Registro Civil de Punta Arenas. El gran número de notas pasadas por esta Subdelegación pidiendo se subsanen los inconvenientes que se relacionan con la falta de los distintos servicios que corresponden al pueblo y a la Isla, hasta la fecha no han tenido una solución satisfactoria, por lo que el suscrito espera de la benevolencia de U. S. la lectura reposada del documento que se acompaña. En él encontrará US., sucintamente relatada, la Memoria de esta Subdelegación. En lo que se refiere a las entradas que puede servir de base para subvenir las futuras necesidades de este pueblo, se acompaña el movimiento comercial habido en el puerto de Porvenir en el año 1918. La exportación aproximada del año próximo pasado es la siguiente:
Exportación total por el puerto de Porvenir con un valor aproximado de ochocientos cuatro mil ciento cincuenta pesos: $804.150.- m/c. Las cifras anteriores indican que el valor de los productos exportados desde Tierra del Fuego por el puerto de Porvenir y que benefician directamente a Punta Arenas ascienden a una suma próxima a un millón de pesos. Hay que agregar que esta suma no es el total del valor de los productos exportados por la Isla. Las distintas caletas de la costa exportan gran cantidad de lanas, cueros lanares y animales en pie, principalmente ovejunos, que van destinados a los frigoríficos de Punta Arenas y Río Seco, como también a las carnicerías que proveen la población de Punta Arenas. La exportación que se efectúa por las Caletas de Bahía Inútil (Puerto Nuevo) Caleta Josefina, Camerón, Gente Grande, Bahía Felipe, Punta Espora, etc., es inmensamente superior a la que se efectúa por Porvenir, este puerto sólo exporta los productos de las pequeñas estancias circunvecinas. Los derechos de embarque de todos estos productos no se cobran por no existir una ley que los imponga. Consecuencia de esta falta de entradas es que toda construcción apropiada (muelles, galpones, etc.) y que pertenecen al Fisco, queden expuestas al desgaste consiguiente y sin que las reparaciones del caso puedan efectuarse. Para estas reparaciones la subdelegación no cuenta con ninguna suma. Memorándum que se adjunta a la Memoria que corresponde pasar a la Gobernación Civil del Territorio en cumplimiento a la nota N.º: 58 de fecha 26-II-1919 y que se refiere a la Subdelegación de Tierra del Fuego: 1) El suscrito asumió el cargo de Subdelegado con fecha uno de mayo de 1918 y la impresión que dejó en su ánimo el estado de la población fue dolorosa. Ello acusaba un abandono por parte de los dirigentes de este Territorio con respecto al puerto de Porvenir y, por ende, de la Isla completa. Si bien es cierto que es un pueblo de pocos años de vida, ello no es causa para que se le mantenga en un abandono casi absoluto y se desoigan las voces de su mandatario que viene reclamando, casi continuamente, alguna mejora de imprescindible necesidad para el bienestar de la Isla y de sus habitantes, apoyándose en la razón poderosa de la enorme suma que, anualmente y en forma de contribución, pasa desde la Isla a acrecentar las rentas municipales del Territorio. Según contrato celebrado entre la I. Municipalidad y José Yurjevic, se destina anualmente la módica suma de cuatro mil seiscientos cincuenta pesos para atender el servicio de alumbrado y aseo de la población. Consecuencia de ello es que el pueblo permanezca a oscuras y el aseo no se haga en forma debida. El alumbrado a parafina consta de dieciséis faroles que distan uno de otro, como mínimum, doscientos metros. La escasa luz que estas lámparas proyectan, sirve únicamente para que el transeúnte no se estrelle directamente contra el poste que sostiene el farol. En lo que se refiere al servicio de aseo, la suma acordada por la I. Municipalidad es tan insignificante, que sólo basta para que las especies servidas sean extraídas de las casas, dos veces por semana. El clima frío de esta región impide la pronta putrefacción de las especies servidas, y únicamente a esto se debe que en el pueblo no se declaren epidemias de fatales consecuencias. Servicios de desagües no existen. Las letrinas son pozos, algunas próximas a los pozos de agua. Esta última se aprovecha para el lavado y muy pocos la beben; es salobre. Agua potable sólo existe la del chorrillo Porvenir que dista del pueblo entre uno y dos kilómetros. Se impone imperiosamente la necesidad de dotar de agua potable a la población. Ello se haría con muy poco costo, según tuvo el suscrito el honor de manifestarlo a la Honorable Junta de Alcaldes en sesión celebrada con fecha 5 de junio del año próximo pasado. El agua que más generalmente se usa es la que proviene de las lluvias. Ésta se acumula en barriles o depósitos y se la emplea para las bebidas. La falta absoluta de sales en el agua y la descomposición que sufre al estar tanto tiempo estancada, son causas que originan enfermedades al estómago y contribuyen poderosamente para que el desarrollo del niño se haga en forma anómala. Es lastimoso ver a estos pequeños seres con las piernas torcidas y con las encías putrefactas. Referente a la luz, el suscrito en la misma sesión ya manifestada, hizo presente a la I. Municipalidad la necesidad de arbitrar alguna medida al respecto. Se nombró una comisión a fin de que hiciera los estudios del caso. No sabe el suscrito, a pesar de haber insistido en ocasiones posteriores, si los estudios en referencia se han llevado a efecto. Sólo sabe que el pueblo sigue manteniéndose a oscuras y la Comisión nombrada por la I. Municipalidad no ha dado ningún resultado favorable para los pobladores de este puerto. Si se toma en consideración la época del invierno que en esta región dura seis meses, fácil es concebir el estado de vida a que están sujetos sus habitantes por carecer de luz. Servicios de desagües sólo existen los que se han hecho con peculio personal, en las calzadas y junto a las veredas. 2) El estado sanitario del puerto depende de las mejoras que puedan introducirse a las deficiencias anotadas en el punto anterior. 3) La I. Municipalidad acordó una subvención para dotar al pueblo de un doctor titulado. Hasta la fecha los habitantes de Porvenir carecen de asistencia médica, lo que es consecuencia de un constante clamor por parte de las familias que, si se ven amenazadas por alguna enfermedad, no tienen otro recurso que trasladarse a Punta Arenas o morir en manos de alguna comadrona o de los amigos que deseen atenderlas, en la evidencia de que nadie podrá prestarles los verdaderos servicios que reclama su enfermedad. El año 1917 ejercía en el pueblo, subvencionado por la I. Municipalidad, un doctor extranjero que se vio en la necesidad de abandonar la Isla desde el momento en que se puso en vigencia el nuevo Código Sanitario. Desde principios de 1918, fecha en que este facultativo abandonó Porvenir, carece el pueblo y la isla de un doctor titulado o sin título. En numerosas ocasiones, tanto el suscrito como algunas firmas respetables del pueblo, personalmente y secundados por la prensa de Punta Arenas, han pedido a los representantes de Magallanes, se sirvan resolver este problema de vital importancia para la tranquilidad de los hogares y para el desarrollo del pueblo. Hasta la fecha esta petición debe permanecer en estudio, puesto que no se ha llegado a la solución deseada. Ello, lógicamente, trae alarmados a los vecinos que sólo esperan alguna ocasión favorable para abandonar el pueblo y trasladarse a otros puntos donde puedan contar con recursos de esta clase. 4) Escuelas funcionaron tres durante el año escolar de 1918, con la siguiente asistencia media: Escuela Fiscal N.º: 5 con veintinueve alumnos diariamente. Escuela Municipal N.º: 15 con veintinueve alumnos diarios. Escuela Parroquial (particular) con veintiséis alumnos. El resultado general de los exámenes finales fue satisfactorio. En el invierno, la asistencia a las Escuelas casi se hace imposible. El suscrito ha arbitrado cuanta medida está a su alcance a fin de que los niños puedan trasladarse, desde sus casas, al colegio. Con este objeto, ayudado con el peculio particular de los habitantes, logró efectuar un arreglo general en las veredas de la población. A pesar de ello, el intenso frío y los grandes barrizales que se forman en las calzadas, impiden en muchas partes, el tránsito de los pequeños peatones y los obliga a permanecer en sus casas por muy grande que sea la voluntad por acudir al Colegio. Desde comienzos de mayo, la transitabilidad por las calles de la población puede considerarse nula. Todo acarreo, ya sea a lomo de caballo o en vehículos arrastrados, se suspende por completo. Sólo alguna necesidad muy imperiosa obliga a los habitantes a recurrir de hecho a estos medios de locomoción. Cada calle constituye un pantano de casi imposible tránsito. El suscrito, en la misma circunstancia anteriormente anotada, hizo presente y obtuvo de la H. Junta, la donación de un carretón con sus correspondientes arneses, destinado a la Subdelegación de Tierra del Fuego. Hasta la fecha y a pesar de las reiteradas peticiones de esta Subdelegación, el carretón no ha llegado a Porvenir. Ello habría venido a salvar, en parte, el deficiente servicio de aseo con que contamos y habría constituido un poderoso auxiliar para el arreglo de los pasillos de las calzadas. En años anteriores la H. Junta ordenó hacer un estudio que se refería a la pavimentación de la calle principal de Porvenir. Este estudio, como todos los otros que tienden a beneficiar a este pueblo, ha quedado sin solución, dejando a los habitantes con la convicción, tantas veces reforzada, de las promesas sin cumplir. 5) Hora es ya de que manifiestamente se deje sentir la preocupación que tierra del Fuego merece a la H. Junta de Alcaldes de Magallanes. El porcentaje de hectáreas que anualmente se siembra, va aumentando en forma bien apreciable. Los terrenos que rodean a Porvenir están convertidos en hermosos pastizales cuyos productos van a beneficiar directamente al Territorio, en la consideración de que la mayor parte de la producción es transportada a Punta Arenas. Para el acarreo de estos productos se cuenta con vehículos apropiados que están obligados a transitar por calles y caminos que solamente en cierta época del año son adecuados a tal objeto. Recientemente esta Subdelegación ha recibido la nómina de todos los vehículos que en Tierra del Fuego carecen de patente. La I. Municipalidad, con muy buen criterio ha recordado la contribución que estos vehículos están obligados a pagar, pero no ha acordado invertir alguna cantidad para el arreglo de las vías de tránsito que estos mismo vehículos tienen que recorrer. Se hace pues indispensable destinar anualmente una pequeña suma con el objeto de invertirla en el arreglo de los caminos principales, arreglo que no sólo vendría a beneficiar a los agricultores sino que también a los habitantes de esta población que, en el invierno, carecen de toda vía de tránsito. 6) CEMENTERIO.- Este lugar que marca el punto de reunión eterno de los hijos de Porvenir, constituye la vergüenza del pueblo. Distante, más o menos, dos kilómetros de la población, obliga a recorrer un camino accidentado sujeto a los desperfectos que sufre una vía abandonada. El Camposanto lo constituye una hectárea de terreno cercada con piquetes de madera y ajena, en absoluto, al embellecimiento y cuidado a que es acreedor. Jamás se ha recibido una pequeña subvención o se ha destinado un tanto por ciento anual de la enorme suma que percibe la Junta de Beneficencia de Magallanes. El suscrito, en la misma sesión ya anotada, se permitió hacer presente a la H. Junta, este abandono en que se encuentra el Cementerio de Porvenir y, por tratarse de asuntos ajenos a la H. Corporación, rogó al señor Presidente de la H. Comisión de Alcaldes, interponer su influencia a este respecto. Tuvo más tarde el agrado de saber que la Junta de Beneficencia contribuiría, generosamente, con una suma anual no inferior a dos mil pesos, suma que sería destinada al embellecimiento del Cementerio de Porvenir. Ha pasado el tiempo y la suma ofrecida aún no ha llegado. Los esfuerzos particulares no bastan para quitar el aspecto de potrero que ofrece el Camposanto, y el suscrito sin otro recurso que la buena voluntad se ve imposibilitado para transformar este potrero en un Cementerio. Es pues, de imperiosa necesidad, obtener una pequeña subvención de la Junta de Beneficencia de Magallanes, dinero que vendría a borrar la mancha que nuestro Cementerio representa para la cultura y civilización del siglo en que vivimos. 7) POLICÍA.- Compuesta de un primero y tres guardianes de policía. Esta pequeña guarnición no sólo tiene que mantener el orden público de Porvenir sino que atender a las distintas peticiones que puedan presentarse en cualquier punto de la Isla. Hasta fines del año pasado se contaba con un servicio de carabineros para asegurar el orden en las estancias, este servicio fue retirado de la Isla que ha quedado bajo el control y dirección de la policía de Porvenir. Tómese en consideración que la parte chilena abarca veintiocho mil kilómetros cuadrados. Las enormes distancias que deben recorrer para acudir a los distintos llamados y la carencia absoluta de ganado caballar de que dispone la policía, hace que este servicio se haga en forma por demás deficiente, agravándose con las molestias que origina el tener que recurrir a los vecinos en demanda de los caballos que exigen estos recorridos. De esta falta absoluta de policía en Tierra del Fuego se viene dando cuenta constantemente a la autoridad respectiva. El suscrito, en varias ocasiones, se ha trasladado a Punta Arenas y ha tratado de solucionar este problema, en la mejor forma posible. Se tiene la promesa de dotar a este retén de un oficial y diez guardianes. Hora sería de cumplir esta promesa en atención a que pronto regresa del Norte el Prefecto de Policía, trayendo guardianes para Magallanes. 8) Con fecha 8 de septiembre se celebró un «meeting» en la plaza del pueblo. Las peticiones de este comicio público tuvieron como base la enorme carestía de vida a que alcanzan los artículos alimenticios y de consumo y el cumplimiento de las promesas hechas al suscrito por la H. Junta de Alcaldes en la sesión a que antes me he referido y que fueron publicadas en el diario El Magallanes de fecha 5 de julio de 1918. Las conclusiones del comicio fueron enviadas a la autoridad correspondiente acompañadas de la nota N.º: 36 de esta Subdelegación. 9) CORREO.- Fue atendido por el señor R. Jolliffe y después de la partida de éste, por el señor Claudio Bustos. Ambas direcciones fueron acertadas. Actualmente está bajo la dirección de la señora Lucrecia de Dicks. 10) JUZGADO DE SUBDELEGACIÓN.- Fue atendido por el señor R. Jolliffe hasta el 30 de septiembre de 1918. Desde esa época quedó vacante y los asuntos judiciales que pudieron presentarse, fueron solucionados por el suscrito o remitidos a la autoridad competente de Punta Arenas. Últimamente el Decreto N.º: 58 con nota N.º: 94 de fecha 30 de mayo, nombra Juez de Subdelegación de Porvenir al señor Pedro A. Muñoz, quien ejerce sus funciones judiciales desde el 29 del mismo mes. 11) FAENAS DE 1918 EN LA ISLA.- Los pequeños reclamos que en algunas estancias se presentaron por parte de los operarios, fueron arreglados por el suscrito con la cooperación de los señores administradores respectivos. Pude presenciar personalmente la buena voluntad y los deseos de armonía que existía en cada uno de los administradores, quienes se mostraron, en todo momento, de acuerdo con el suscrito para finiquitar dentro de la más estricta justicia, todo lo que pudiera ocasionar entorpecimiento en la marcha de las faenas y, a indicación mía, prometieron efectuar arreglos que redundaran en bienestar y comodidades de los obreros, especialmente para aquéllos que deben pasar el invierno en las estancias. Cabe aquí mencionar una vez más, lo manifestado por esta Subdelegación en nota N.º: 35 de fecha 26 de agosto de 1918 y que se refiere al gran número de trabajadores sin trabajo, que durante todo el año recorren la Isla y sin trabajar en ninguna parte, se costean una vida cómoda y barata. Esta clase pertenece, generalmente, al elemento pernicioso, elemento que, al no encontrar ocupación, se dedica a predicar ideas subversivas entre el proletario consciente y tranquilo que trabaja con la confianza del hombre honrado y laborioso. Las medidas tendentes a extirpar este mal que durante todo el año azota la Isla, están claramente manifestadas por el suscrito en la nota a que hace referencia más arriba. 12) CAMINOS Y VÍAS DE COMUNICACIÓN.- a) Caminos.- Sólo existen en la Isla los que datan desde el tiempo de las faenas auríferas. Caminos espléndidos trazados y arreglados por las distintas compañías y destinados al objeto para el cual fueron creados. Desde que las Compañías dejaron de trabajar, estas espléndidas vías de tránsito permanecen abandonadas y no se hace ningún sacrificio por mantenerlas en estado de servicio. Si se toma en consideración que muchas de ellas atraviesan los cordones de montañas demarcadoras de los distintos lotes de terrenos que se trabajan en Tierra del Fuego, fácil es comprender que el mantenimiento de transitabilidad de los caminos redunda en beneficio del progreso industrial y agrícola de la Isla, ello sin entrar a detallar el beneficio inmenso que representa para la clase proletaria cuando tiene que trasladarse desde un punto a otro. La H. Comisión de Alcaldes, según nota N.º: 729 de 12 de diciembre de 1918 y sin número de fecha 17 de enero de 1919, puso a las órdenes de esta Subdelegación, la suma de siete mil quinientos pesos, dinero que venía destinado al arreglo del camino Porvenir-Baquedano-Discordia. Esta vía de tránsito recorre cincuenta y cinco kilómetros de terreno y para llegar desde Porvenir hasta Discordia, debe trasmontar una altura no inferior a seiscientos metros. Ambos puntos, el de partida y el de término se encuentran próximos al nivel del mar. Si a esto se agrega la construcción de dos puentes, uno sobre el Río Verde y otro sobre el Río del Oro, ambos de material sólido y no inferiores a cuarenta metros de longitud, fácil es darse cuenta que la suma asignada para las reparaciones de este camino resulta irrisoria, tanto más cuanto que hay partes superiores a dos, tres y cinco kilómetros, donde no existe ni siquiera la huella del que fue antes camino. El viajero sólo se siente confortado cuando pisa o transita por los terrenos que pertenecen a la Sociedad Ganadera de Gente Grande o Explotadora de Tierra del Fuego. Ambas Compañías destinan anualmente una suma para el mantenimiento de sus vías de comunicación. Este pequeño desembolso anual les proporciona caminos buenos en toda época del año. De desear sería que el Fisco o la I. Municipalidad detuviera a tiempo la destrucción constante de las vías de tránsito que le pertenecen. Más tarde, la completa destrucción de ellas, ocasionará fuertes y obligados desembolsos. La suma que entonces tendrá que invertir, será inmensamente más considerable que las sumas periódicas que anualmente pudiera destinar al mantenimiento de los caminos. El mal sólo se siente cuando se experimenta. Es pues bien sensible que los miembros que forman la I. Corporación de Magallanes no se vean obligados a recorrer la Isla, por lo menos una, dos o tres veces al año. Entonces podrían apreciar cuanta necesidad tiene Tierra del Fuego de que se le dedique una pequeña suma de la enorme cantidad con que periódicamente acrecienta las arcas municipales del Territorio. La I. Corporación está obligada a dejar sentir el progreso y bienestar en todos aquellos lugares que constituyen a acrecentar las rentas del Municipio. b) Vías de Comunicación.- En el interior de la Isla sólo existe el hilo telefónico que une las distintas estancias pertenecientes a las dos Sociedades ya nombradas. Esta línea telefónica termina en Punta Espora, punto desde el cual se comunica con el continente empleando la heliografía. Es una empresa particular destinada exclusivamente al servicio interno de las Sociedades nombradas. Las autoridades, el pueblo, el comercio, etc., carecen en absoluto de toda vía de comunicación que los una con Punta Arenas. Ha habido ocasiones en que Tierra del Fuego ha pasado quince y más días, completamente aislada y ajena a los acontecimientos que se desarrollan en el resto del mundo. El suscrito, en repetidas ocasiones, ha puesto de manifiesto ante las autoridades correspondientes, el aislamiento absoluto en que se encuentra esta región. Sus voces se han perdido en el vacío y las promesas de radiografía, que se le hicieran, pasaron como todas las promesas que en el curso de la presente memoria se mencionan, al olvido más absoluto. Según datos que el suscrito ha podido recoger, existe encajonada en Punta Arenas una pequeña estación radiográfica de escasa potencia, destinada a unir la Isla con el Continente. ¿No sería ya el momento de proceder a su instalación? Ello marcaría un paso transcendental pro defensa y mejoramiento de este suelo abandonado y vendría también a llenar un vacío inmenso en defensa de los intereses fiscales y particulares de la Isla. No es del tenor de la presente Memoria hacer un análisis anticipado y tratar de profundizar los acontecimientos sociales que puedan desarrollarse en el futuro. Los últimos sucesos ocurridos en el Territorio piden, en forma categórica y absoluta, el acercamiento de la Isla al Continente. Antes de terminar, me permito hacer presente el grave peligro que significa para nuestra soberanía nacional, el que se mantenga a Tierra del Fuego ajena a los servicios de Registro Civil. La nación vecina no omite sacrificios en este sentido y tiene repartidas, en distintos puntos de la Isla, oficinas que se encargan de legitimar las uniones legales y de inscribir los niños que nacen en esta dilatada región. Estas oficinas no sólo prestan sus servicios a quienes a ellas acuden, el interés por servir a la Nación las induce a proporcionar toda clase de facilidades a los necesitados, trasladándose periódicamente a distintos puntos de la Isla y efectuando por todas partes las inscripciones correspondientes. Por esta causa casi todos los fueguinos presentan la legitimidad de sus matrimonios con documentos argentinos y lo que es más grave aún, los hijos de extranjeros que han nacido en territorio chileno, están inscritos en la frontera argentina. Consecuencia de esta grave anomalía fue que el suscrito ofreciera gratuitamente sus servicios a fin de que se le autorizara para actuar como Oficial Civil, autorización que no ha sido concedida tal vez porque ella fue ofrecida gratis y porque estaba llamada a llenar un vacío que puede traer funestas consecuencias para el principio de soberanía en el porvenir de esta región. Termino, señor Gobernador, no sin antes reconocer la idea, profundamente progresista que alimenta el cerebro del primer mandatario de Magallanes, y no dudando de que su paso por la Gobernación del Territorio marcará una era de progreso, comodidad y bienestar para esta abandonada región y para este olvidado y pequeño pueblo, merecedor por todos conceptos de la benevolencia del Gobierno y de la protección del Municipio. Dios guié a U. S.- (Firmado) A. Fuentes R., Capitán de Ejército y Subdelegado de Tierra del Fuego». |