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Vellido Dolfos

Drama histórico en cuatro actos

Manuel Bretón de los Herreros



portada

  —299→  

Lo estrenaron los actores del teatro del Príncipe en 13 de diciembre de 1839



PERSONAJES
 

 
DOÑA URRACA.
RAMIRA.
EL REY DON SANCHO II.
EL CID. FROILA.
VELLIDO DOLFOS.
ARIAS GONZALO.
DIEGO ORDÓÑEZ.
PEDRARIAS.
ÁLVAR FÁÑEZ.
FORTÚN.
CABALLEROS.
SOLDADOS.
 

La escena pasa en Zamora y su campo. Año de 1072.

 




ArribaAbajoActo I

 

Sala del palacio de DOÑA URRACA.

 

Escena I

 

VELLIDO. RAMIRA.

 
VELLIDO
Locura es mi pasión, yo lo confieso,
pero es mi bien, mi vida esta locura.
Hidalgo pobre, campeón oscuro,
no puedo yo esperar la gloria suma
que a príncipes tan sólo y ricos-hombres 5
es dado ambicionar; mas por ventura
¿se aprende entre las ásperas montañas
do tosca y libre se meció mi cuna,
se aprende entre el furor de los combates
a vencer un amor que al alma adula, 10
y a no llevar el hombre sus deseos
más allá que su nombre y su fortuna?
¡Adorar a una infanta de Castilla,
a quien Zamora llama Reina suya!...
¿Por qué no, si esa infanta, si esa reina 15
prodigio es de valor y de hermosura,
y ojos para mirarla diome el cielo
y altivo corazón donde se esculpa
—300→
su grata imagen con buril ardiente
que al hielo desafíe de la tumba? 20
¿Por qué... cómo no amarla si en su rostro
al celeste esplendor que me deslumbra
hoy adverso destino los encantos
de lágrimas dolientes acumula?
Blanco infelice de opresión tirana, 25
de alevosa ambición víctima injusta,
llora enemigo atroz al propio hermano
que acarició no ha mucho su ternura.
Los vínculos sagrados de la sangre
rompe don Sancho con horrenda furia, 30
y en vez de protegerla con su escudo
contra débil mujer la lanza empuña.
No bastan a su bárbara codicia
Castilla y Portugal, León y Asturias:
no basta despojar a sus hermanos 35
de la herencia paterna y que sucumban,
Alfonso mendigando el pan de un moro,
preso García y olvidado en Luna;
que también a dos míseras princesas,
sangre suya las dos y prole augusta 40
del gran Fernando cuyo nombre infama,
la escasa dote sin rubor usurpa.
Hermosa, y noble, y perseguida, y sola,
el que no la idolatra, ese la injuria.
En vano ya los ojos y los labios 45
se niegan a mostrar la llama oculta.
No más callar. Martirio es el silencio.
Hoy, Ramira, mi fallo se pronuncia.
Hoy sabrá que la adoro, aunque a sus plantas
el rayo de su enojo me confunda. 50
RAMIRA
¡Funesta ceguedad! ¡Triste Vellido!
¡Tú amar a doña Urraca! ¡A tanta altura
alzar el temerario pensamiento!
¡Oh! Vuelve en ti y a la razón consulta.
Huye el peligro. Si arrostrarle es gloria, 55
también alguna vez gloria es la fuga,
y si amor es de amor la medicina,
también la ausencia sus heridas cura.
Lejos de esa sirena encantadora
romperás la cadena que te abruma, 60
y quizá de otra cándida doncella
bendecirás ufano la coyunda.
¿Es sola esa mujer bella y donosa
del Duero y del Pisuerga en las llanuras?
VELLIDO
Es la mujer que adoro; y no te canses, 65
prima, que tus consejos me importunan.
¡Que escuche a la razón, y es mi verdugo!
Corazón como el mío no ama nunca,
o es su amor frenesí. Busco mi muerte,
dirás: ¿y qué es la vida en tal angustia? 70
¿No es mejor apurar de un solo trago
el cáliz de mi negra desventura?
En buen hora me mate su desprecio
antes que lenta fiebre me consuma.
Sabrá a lo menos que por ella espiro, 75
y este consuelo llevaré a la tumba.
RAMIRA
¿Quién de tu pecho indómito creyera
tanta flaqueza!
VELLIDO
Sí, la frente ruda,
que por ella cubrí de duro yelmo
y no supo doblarse a otra ninguna, 80
—301→
marcada con el sello del esclavo
yo arrastraría por la tierra inmunda
si ella me lo mandara; que ella sola
puede domar mi condición adusta.
¡Ella! No hay más virtud, no hay más deleite, 85
más mundo para mí. Grata o sañuda,
ella ha de ser el ángel que me salve,
o ha de abrir el infierno en que me hunda.
RAMIRA
Sea. Tú la hablarás, y plegue al cielo
que mis tristes presagios no se cumplan. 90
Te avisaré. Conviene prepararla...
Ya sale. Huye de aquí.

  (Desaparece VELLIDO.) 

¡Loco! No hay duda.


Escena II

 

DOÑA URRACA. RAMIRA.

 
DOÑA URRACA
¿Con quién hablabas, Ramira?
RAMIRA
Con Vellido mi pariente,
soldado fiel y valiente 95
que arde en generosa ira
contra tu hermano insolente.
Vasallo fue de Fernando
y, como bueno, execrando
de don Sancho la agresión, 100
ha consagrado a tu bando
la espada y el corazón.
Viéndote oprimida y triste,
de su menguada fortuna
come, cabalga y se viste, 105
y sin soldada ninguna
con treinta lanzas te asiste.
DOÑA URRACA
¿Cómo has dicho que se llama?
RAMIRA
Vellido Dolfos.
DOÑA URRACA
Su nombre
jamás oí ni su rama. 110
No debe de ser rico-hombre
ni caballero de fama.
RAMIRA
Él honrará su pavés
con tu ayuda y la de Dios;
que en la guerra, tú lo ves 115
fama adquieren más de dos...
y la pierden más de tres.
DOÑA URRACA
No en vano mi gracia implora;
basta que sea tu deudo;
pero, sitiada en Zamora, 120
¿con qué merced, con qué feudo
le puedo premiar ahora?
RAMIRA
Si una audiencia le concedes,
y hacerlo, Señora, puedes
sin mengua de tu decoro, 125
no te pedirá mercedes
que desangren tu tesoro.
Sólo desea en tus manos
renovar su juramento,
que oyeron los zamoranos, 130
de dar el último aliento
combatiendo a tus tiranos.
DOÑA URRACA
¡Extraño desinterés!
No le imitan muchos grandes.
RAMIRA
Es un rudo montañés 135
mas como tú se lo mandes,
se dará muerte a tus pies.
DOÑA URRACA
¿Tanta virtud hay en mí?
RAMIRA
O en él tanto frenesí.
DOÑA URRACA
¡Singular idolatría! 140
RAMIRA
Él es capaz, a fe mía,
de hacer prodigios por ti.
DOÑA URRACA
¿Y sin ningún galardón?...
RAMIRA
Como a un ángel sobrehumano
te adora su corazón. 145
DOÑA URRACA
¿Y no hay nada de profano
en esa superstición?
RAMIRA
Sólo Dios sabe lo oculto;
mas tanta distancia veo
entrelos dos... ¡Oh! No creo 150
que contamine su culto
ningún liviano deseo.
DOÑA URRACA
Pues le retratas así,
debo alejarle de aquí;
que su amor...; una de dos: 155
si divino, ofende a Dios;
si humano, me ofende a mí.
RAMIRA
¡Ofenderte! Tal no piensa.
¿Y cuándo el amor ha sido
calificado de ofensa? 160
¡Tanta fe, pobre Vellido,
y tan cruel recompensa!
DOÑA URRACA
Cierto que es temeridad...
RAMIRA
Le disculpa su rudeza.
DOÑA URRACA
Si no fuera liviandad, 165
tendría curiosidad
de oír...
RAMIRA
(Bien. Así se empieza.)
DOÑA URRACA
¿Qué dices?
RAMIRA
(Picarla ahora
quiero.) Aunque es duro ese no,
la prudencia lo dictó, 170
y tú penetras, Señora,
lo que no alcanzaba yo.
DOÑAURRACA
Tus consejos necesito,
que injusta no quiero ser;
—302→
y al fin, si bien lo medito, 175
o no es delito el querer,
o es venial ese delito.
RAMIRA
(Cederá.)
DOÑAURRACA
Si nada espera,
¿puedo impedir que él prosiga
amando de esa manera? 180
RAMIRA
No es lo malo que él te quiera,
sino...
DOÑA URRACA
¿Qué?
RAMIRA
Que te lo diga.
DOÑA URRACA
No me habías anunciado
que él pueda ser tan osado.
Me engañas, o no te entiendo. 185
RAMIRA
Esto es hablar suponiendo
que yo me haya equivocado.
DOÑA URRACA
Yo, que deseo ganar
renombre de popular,
sentiré que se me tilde 190
de que me niego a escuchar
ni al vasallo mas humilde.
¿No decías que su amor
era un culto reverente?...
RAMIRA
Tal lo creo, salvo error, 195
pero tú seguramente
lo definirás mejor.
DOÑA URRACA
Pues bien, hablarle no quiero.
Ya mitigará su pena.
RAMIRA
Eso es lo que yo no espero. 200
DOÑA URRACA
Pues ¿qué hará?
RAMIRA
Tirarse al Duero
o colgarse de una almena.
DOÑA URRACA
¡Jesús me valga! ¡Qué horror!
¡Morir el cuitado así!
RAMIRA
Él lo tendrá a mucho honor. 205
Es tu vasallo en rigor
y debe morir por ti.
DOÑA URRACA
Si maldiciéndome espira
temeré de Dios la ira;
no podré dormir en calma... 210
¡Ah! No quiero yo, Ramira,
que por mí se pierda una alma.
RAMIRA
¡Y por una eternidad!
Pero... tu condescendencia...
DOÑA URRACA
Ya es un acto de piedad. 215
Repugna a mi vanidad,
mas lo exige mi conciencia.
RAMIRA
(¿No dije?...) A anunciarle voy
que te ha movido su ruego
y le das audiencia hoy. 220
DOÑA URRACA
Como dama, se la niego:
como Reina, se la doy.


Escena III

 

DOÑA URRACA. RAMIRA. PEDRARIAS.

 
PEDRARIAS
Señora...
DOÑA URRACA
Irás después. Entrad, Pedrarias.
¿Qué me anunciáis?
PEDRARIAS
Del enemigo campo
para hablaros de paz un mensajero 225
seguro os pide a nombre de don Sancho.
DOÑA URRACA
¡Paz! ¡Venturosa paz! ¿Quién la desea
como yo? Tiempo es ya de que el escándalo
tenga fin de esta guerra fratricida.
Deponga su furor mi ciego hermano, 230
y de tantas injurias olvidada
yo le abriré mis cariñosos brazos.
PEDRARIAS
También Zamora por la paz suspira,
pero paz con honor; y honroso pacto
nunca al débil ofrece el poderoso. 235
DOÑA URRACA
Dios puede más, y al corazón acaso
del ambicioso Príncipe desciende
la luz de su justicia. Ya al heraldo
deseo ver. ¿Quiénes?
PEDRARIAS
Grande es su fama.
No hay adalid en el real contrario 240
de más subido prez. Los leoneses
le llaman el soberbio castellano,
los agarenos Cid, los de Castilla
Rui Díaz de Vivar.
DOÑA URRACA
De buen presagio
su nombre es para mí. Volad, Pedrarias. 245
Ya impaciente le espero en mi palacio,
y doy gracias al Rey que su mensaje
a tan buen caballero ha confiado.

  —303→  

Escena IV

 

DOÑA URRACA. RAMIRA.

 
DOÑA URRACA
¡Fuera mi campeón el buen Rodrigo
y yo impondría leyes al tirano 250
que me las quiere dar! ¿Quién osaría
moverme guerra si su fuerte brazo
por mí blandiera la temida lanza?
¡Oh si mi ruego le moviera tanto
que mi causa abrazase las banderas 255
del fiero usurpador abandonando!
¿Y cuál más justa causa, cuál más noble
pudiera defender? Mas, ¡ay!, en vano
me halaga esa esperanza lisonjera,
que el afán de adquirir fáciles lauros 260
puede más en el alma de un guerrero
que de infeliz mujer el triste llanto.
RAMIRA
¿Qué es una lanza más? Y por ventura
¿faltan aquí caudillos esforzados?
¿Si la experiencia es algo en los combates, 265
no es capitán experto Arias Gonzalo?
¿Quién a sus hijos en valor iguala,
ora el ijar opriman de un caballo,
ora sobre el adarve desafíen
todo el poder del enemigo bando? 270
Y si bastase el personal arrojo
el número a suplir de los soldados,
¿cuál de los fuertes que a tu voz militan,
ora pechero sea, ora hijodalgo,
se aviniera a lidiar detrás de un muro, 275
estrecha cárcel a su ardor bizarro?
Si tal vez una empresa temeraria
cuando la inspira férvido entusiasmo
basta a cambiar el rostro de la guerra,
o si es fuerza verter en tu holocausto 280
por conservarte el heredado cetro,
o sólo porque tuyo es el mandato,
sangre leal y que la humilde víctima
te cante bendiciones espirando,
bien que Cid Campeador no se apellide, 285
yo sé quién obraría ese milagro.
Vellido...
DOÑA URRACA
¡Oh qué porfía! Sólo sabes
el nombre pronunciar de ese menguado.
RAMIRA
Yo... Mi lealtad...
DOÑA URRACA
Si aún dudas que Rodrigo
me pudiera salvar en riesgo tanto, 290
¿quién osaría lo que el Cid no osara?
¿Qué puedo yo esperar de un insensato?
RAMIRA
(Callo. El viento cambió.)
PEDRARIAS

 (A la puerta.) 

Licencia pide
Rui Díaz de Vivar...
DOÑA URRACA
Entre. Dejadnos.


Escena V

 

DOÑA URRACA. El CID.

 
CID
Señora...
DOÑA URRACA
Alzad, y la frente,
295
noble Rodrigo, cubrid.
No está bien por tierra el Cid
ni mi amistad lo consiente.
CID
Dios os guarde de mancilla,
noble Infanta, mi Señora. 300
DOÑA URRACA
Reina me llama Zamora.
  —304→  
CID
No hay más que un cetro en Castilla.
DOÑA URRACA
¿Me ajáis por verme infeliz?
CID
Como embajador lo digo.
Si hablara como Rodrigo, 305
os llamara emperatriz.
DOÑA URRACA
Sólo quiero que me habléis
como amigo y caballero.
CID
Diré el mensaje primero
si este honor me concedéis. 310
DOÑA URRACA
Hablad.
CID
El Rey de Castilla,
de Galicia y de León
os pide, Señora, en don
esta torreada villa;
y darla podéis ganando, 315
que en cambio tendréis, sin guerra,
Valladolid y su tierra,
Rioseco y Villalpando.
DOÑA URRACA
¿Qué decís! ¡Pedirme dones,
siempre fue galán mi hermano, 320
con las armas en la mano
y al frente de sus legiones!
Aunque siento comparar
a un ladrón un rey guerrero,
así pide el bandolero 325
lo que ha resuelto robar.
CID
No así vuestro enojo tuerza
su intención, pues mesurado
os viene a pedir de grado
lo que obtendría por fuerza. 330
DOÑA URRACA
¡Bien por Dios! Si desde luego
despojarme no pensó,
¿por qué la fuerza ensayó
antes de emplear el ruego?
Decid que probó en Zamora 335
no esperada resistencia,
y cauto por la experiencia
me habla de tratos ahora;
y es que juzga, a mi entender,
menos fácil y seguro 340
ganar por asalto un muro
que engañar a una mujer.
CID
Él su nombre soberano
os empeña, y lo que ofrece...
DOÑA URRACA
Vos sabéis qué fe merece 345
la palabra de mi hermano.
CID
Es mancebo y pudo errar,
mas no ha de seros infiel
hoy que responde por él
don Rodrigo de Vivar. 350
DOÑA URRACA
Vos merecéis mil loores,
mas desconfiar es ley,
Rodrigo Díaz, de un Rey
que ha menester fiadores.
CID
Si él quebrantase el tratado, 355
su más terrible enemigo
fuera yo.
DOÑA URRACA
¿Y quién, don Rodrigo,
me volvería mi estado?
¿Qué valdría la venganza?...
CID
Señora, el mundo es muy ancho, 360
y vos sabéis que a don Sancho
dos reinos ganó mi lanza.
Si os engañara el doncel,
bien sabría, vive Dios,
ganar uno para vos 365
quien ganó dos para él.
DOÑA URRACA
¿Quién vuestro valor, buen Cid,
pudiera poner en duda?
¡Oh si fuerais en mi ayuda!
¡Oh si fuerais mi adalid! 370
Y harto más digna la hazaña
fuera de vos, perdonad,
si amparaseis mi orfandad
contra el tirano de España;
que si es débil mi poder, 375
la razón está conmigo,
y es mengua para Rodrigo
lidiar contra una mujer.
CID
Razón tenéis, no lo callo,
mas sabré, cumplir, lo espero, 380
con la ley de caballero
y con la ley de vasallo.
Duélome de que os ultraje
de la fortuna el rigor,
mas don Sancho es mi Señor 385
y le he prestado homenaje.
DOÑA URRACA
Antes mi padre lo fue,
y de él heredé a Zamora,
y el hijo que le desdora
falta al honor y a la fe. 390
CID
Yo soy, si me dais licencia
de decíroslo otra vez,
su vasallo, no su juez;
su heraldo, no su conciencia;
mas sería yo capaz 395
de alzarle el pleito homenaje
si me diera otro mensaje
para vos que el de la paz.
DOÑA URRACA
¡Por cierto, lealtad extraña
y pundonor singular! 400
¡Ah, Rui Díaz de Vivar!...
Sandia honradez os engaña.
¡Y ha de tener, justo Dios,
ese usurpador tirano,
mal hijo y peor hermano, 405
un vasallo como vos!
Oh santa naturaleza!
¡Oh perjurio atroz, infando!
¡Oh si el buen rey don Fernando
alzara aquí la cabeza! 410
¿Ya el que fundaba su gloria
en el brazo de Rodrigo,
ya el que os llamaba su amigo
no vive en vuestra memoria?
¿Qué diría si inclemente 415
cercar os viera este muro,
y dar la espada al perjuro,
y negarla al inocente?
No esperó de vos en pago
tan injusto desafuero 420
cuando os armó caballero
en el altar de Santiago.
Aquel venturoso día
quizá no está tan presente
don Rodrigo, en vuestra mente 425
—305→
como lo tengo en la mía.
¿Cuándo, decid, un vasallo
tan alto honor mereció?
El Rey las armas os dio
y la Reina os dio el caballo; 430
y yo, ¡cuitada!, que imploro
vuestra protección en vano,
¿os acordáis? con mi mano
os calcé la espuela de oro.
CID
Señora, ¿a qué recordar 435
para mayor amargura
tiempos de paz y ventura
que ya no pueden tornar?
Mirad, Señora, que es ley
también la necesidad, 440
y no cabe en mi lealtad
armarme contra mi Rey.
Ved que de mi honor seguro
en mi palabra reposa,
y que podéis ser dichosa 445
sin que yo sea perjuro.
Ceded, Señora, pues ya
su duro pecho se ablanda,
y si una villa os demanda,
catorce villas os da. 450
DOÑA URRACA
¡Ah! ¡Vos en mi daño, vos
partidario de un impío!
¡Otra suerte el padre mío
nos reservaba a los dos!
Él meditaba, y un día 455
afectuoso me lo dijo,
llamaros, oh Cid, su hijo;
¡que en tanto precio os tenía!
CID
¡Ah, Señora!...
DOÑA URRACA
A mi dolor
disculpad esta memoria 460
que acrecienta vuestra gloria
a expensas de mi rubor.
CID
Aunque honró mucho mi espada
y mi cuna el Rey benigno,
no era yo, Señora, digno 465
de merced tan señalada.
DOÑA URRACA
No alcanzan humanas leyes,
ni fueros de la razón,
ni afectos del corazón
a las que nacen de reyes. 470
Sumisa como debía
a la regia autoridad...
su paterna voluntad
hubiera sido la mía.
CID
Llore quien perdió esa palma, 475
y dad vos gracias al cielo,
porque es mucho desconsuelo
dar la mano sin el alma.
DOÑA URRACA
No he dicho yo que hay violencia
en obedecer...
CID
(Yo soy
480
perdido si no me voy.)
DOÑA URRACA
Cuando es grata la obediencia.
CID
¡Tanta ventura!...
DOÑA URRACA
¡Rodrigo!...
CID
(¡Pesia la flaqueza mía!...)
Señora, no lo creía, 485
me tratáis como a enemigo.
Guerra me dan vuestros ojos
cuando con la paz os brindo;
mas si a su fuerza me rindo,
no os honrarán mis despojos. 490
Nunca en lides fui cobarde,
bien lo sabéis, pero en esta
solo un arbitrio me resta.
DOÑA URRACA
¿Cuál?
CID
La fuga. Dios os guarde.
DOÑA URRACA
Escuchad, el castellano, 495
que os vais sin respuesta, y dos
tengo que dar; una a vos...
CID
Señora...
DOÑA URRACA
Y otra a mi hermano.
Desechad el necio error
que tanto os desvanecía. 500
Quien os oyera, diría
que por vos muero de amor.
Sólo quise hablando así
recordaros -¿lo entendéis?-
lo que a mi padre debéis; 505
al Rey mi padre; no a mí.
Doy en fin que ayer cediera
de mi padre a la ternura;
mas ¿no puedo por ventura
pensar hoy de otra manera? 510
Advertid, pues en mal hora
me obligáis a hablar así,
que ayer no mandaba en mí,
y hoy soy Reina de Zamora.
CID
Yo agradecido me muestro, 515
Señora, a vuestro rigor,
pues vale más que el error
sea mío que no vuestro;
porque a Rodrigo no humilla,
Señora, vuestro desdén, 520
y humillada no está bien
una Infanta de Castilla.
DOÑA URRACA
Abreviemos, que es ya tarde.
Decid, Rodrigo, a don Sancho
que yo mi nombre no mancho 525
con ninguna acción cobarde;
que en la palabra no creo
de quien tantas quebrantó,
y tratos no escucho yo
cuando cercada me veo; 530
que, por mucho que me cuadre
lo que me promete ahora,
yo estimo más a Zamora
porque fue don de mi padre;
que si él en guerras crueles 535
ha aprendido a perjurar,
yo no quiero abandonar
a los que me sirven fieles;
y si no pueden mis hombros
a Zamora sostener, 540
yo sabré, flaca mujer,
enterrarme en sus escombros.
Cuál sigue causa más bella
juzgue Dios, juzgue Castilla;
él asaltando mi villa, 545
o yo pereciendo en ella.
  —306→  
CID
Eso, Señora, es honrar
al padre que os engendró.
Así respondiera yo
a estar en vuestro lugar; 550
que si os vine a proponer
lo que forzoso entendí,
no os buscaba Reina aquí
sino afligida mujer.
Vuestro el prez, vuestra la gloria; 555
que morir es mejor suerte
cuando es heroica la muerte
y es infame la victoria.


Escena VI

 

DOÑA URRACA.

 
Ahora alaba mi heroísmo
el soberbio castellano, 560
¡y no me tiende una mano
en el borde del abismo!
¡Y yo arriesgué mi decoro
fiada de su hidalguía!
¡Oh inútil flaqueza mía! 565
¡Oh mal empleado lloro!
Mas ¿qué poder avasalla
a ese adusto campeón?
Tan duro es su corazón
como su cota de malla. 570


Escena VII

 

DOÑA URRACA. RAMIRA.

 
RAMIRA
Arias Gonzalo...
DOÑA URRACA
Está bien.
Que pase. (Todo conspira
contra una infeliz.) Ramira.
Llama a Vellido también.


Escena VIII

 

DOÑA URRACA.

 
¡Que mío será el prez, mía la gloria!... 575
¡Gloria funesta que maldigo y lloro,
y vano alarde de valor mentido
impone a mis palabras y a mi rostro!


Escena IX

 

DOÑA URRACA. ARIAS GONZALO. PEDRARIAS. CABALLEROS.

 
GONZALO
Señora...
DOÑA URRACA
Bien venido, Arias Gonzalo,
mi fiel vasallo, mi mejor apoyo. 580
Nunca vuestro consejo y vuestra espada
tanto necesité; que ya a su colmo
llegó mi desventura.
GONZALO
Y nunca en balde
la sincera lealtad de que blasono
pondréis a prueba; que el infausto día 585
en que a la tumba descendió del solio,
plugo al buen don Fernando que yo fuese,
huérfana ilustre, vuestro fiel custodio.
DOÑA URRACA
Mejor dijeras mi segundo padre.
GONZALO
Os amo como tal, si no me honro 590
con título tan alto; que a la sombra
del cetro más benéfico y glorioso,
orgullo de León y de Castilla
os vi nacer, de esclarecido tronco
primer renuevo, y en la pila santa 595
sobre mi pecho oí vuestros sollozos.

  —307→  

Escena X

 

DOÑA URRACA. ARIAS GONZALO. PEDRARIAS. VELLIDO. RAMIRA. CABALLEROS.

 
VELLIDO

 (Turbado.) 

A vuestros pies... Ramira...
DOÑA URRACA
Alzad, Vellido.

 (A RAMIRA aparte.) 

¿Es ese el fiero, el arrojado mozo...?
Mucho se turba para ser valiente.
RAMIRA

 (En voz baja.) 

¿De qué valor no triunfan vuestros ojos? 600
DOÑA URRACA
(¡Ah! ¡Responda Rodrigo!)
VELLIDO
(¡Cuán hermosa!)
GONZALO

 (Aparte a un caballero.) 

¿Cómo osa entrar aquí Vellido Dolfos?
DOÑA URRACA
Llamados sois, ilustres caballeros,
a pronunciar irrevocable voto
que mi suerte y la suerte de Zamora 605
de hoy más decida. El campeón famoso,
ese a quien llaman Cid, Rodrigo Díaz,
en nombre de don Sancho, del que ha roto
tantas veces los vínculos más santos,
me acaba de ofrecer -¡mirad qué asombro!- 610
paz y fraterno amor si de Zamora
le abro las puertas y a su pie me postro.
En cambio de la herencia de mi padre
tendré a Valladolid y sus contornos,
y a Rioseco también y a Villalpando; 615
que es mi hermano en extremo generoso;
mas primero que él cumpla su promesa
yo debo consentir en mi despojo.
Perdóneme don Sancho si le ofendo.
Hermanos como yo, García, Alfonso, 620
Elvira, todos lloran su perfidia.
Después de tanto ejemplo lastimoso
necia sería yo si le creyera.
Y sin cubrir mi frente de sonrojo
¿hubiera yo podido, caballeros, 625
a un pacto suscribir tan vergonzoso?
Mas bien sé los peligros que me cercan;
bien sé, cuando la cólera provoco
del insano opresor, que con mi vida
la vida de mis súbditos expongo. 630
Si temeraria ha sido la respuesta,
pague yo sola mi imprudente arrojo;
no perezcan por mí tantos valientes.
Retirada en el claustro más remoto
acabaré mis días, y mi sangre 635
rescatará la vuestra, si es forzoso.
GONZALO
No comprara la villa a tanto precio
ignominiosa paz. Sus hijos todos
antes querrán morir que abandonaros
de injusto usurpador al fiero encono. 640
Por deber, por amor, juró Zamora
defender con las armas vuestro solio,
y aquella suerte que os depare el cielo,
—308→
feliz o adversa, nos cabrá a nosotros.
Si a mi lealtad empero y a mis canas 645
es permitido hablaros sin rebozo,
no os aconsejo que arrostréis en vano
el rencor de un monarca poderoso.
Cuando arribar al deseado puerto
embravecida mar niega al piloto, 650
del peligroso rumbo se desvía
que amaga a su bajel con rudo escollo.
Sin víveres, sin fuerzas, sin aliados,
sin esperanza alguna de socorro,
¿cómo una sola villa resistiera 655
a ejército aguerrido y numeroso?
Por vuestro bien, Señora, os lo suplico,
que mi hacienda y mi vida estimo en poco;
no os obstinéis contra el destino airado;
para tiempo os guardad más venturoso, 660
y vuestra no, del Rey será la mengua,
que así quiere infamar el nombre godo.
No es ley de una mujer desventurada
hacer alarde de valor heroico,
pero es ley del que nace caballero 665
amparar, no ofender al sexo hermoso.
VELLIDO
Y acatar sus preceptos soberanos,
siquiera nazcan de voluble antojo;
¡cuánto más si el honor los articula
y desciende la voz de excelso trono! 670
Merecida repulsa dio la Reina
al mensaje falaz de un ambicioso;
ella el poder de Sancho desafía,
¿y queréis que postrada sobre el polvo
de los pies que conculcan sus derechos 675
vierta una Reina escarnecido lloro?
Ella, mujer, como los héroes habla;
¡como hablara una dueña habláis vosotros!
PEDRARIAS
¡Viven los cielos!... Perdonad, Señora.
¿Quién sois vos? ¿Qué pendón ganado al moro 680
os da derecho, audaz aventurero,
de alzar aquí la voz?
DOÑA URRACA
Pues yo la oigo,
vos la podéis oír, noble Pedrarias.
VELLIDO
Bien pudiera yo dar, aunque bisoño,
fiador a mi lengua en este brazo; 685
que si de alto linaje no blasono,
lidiar me vio Zamora como bueno,
y nunca a mis contrarios huyo el rostro.
PEDRARIAS
De esfuerzo y de lealtad mi noble padre
no necesita daros testimonio, 690
y yo, el menos ilustre de sus hijos,
lecciones de valor ni doy ni tomo,
ni ha menester mi lengua fiadores;
que donde hablan mayores callo y obro;
mas sujetad el freno de la vuestra, 695
Vellido, o por Santiago que os la corto.
DOÑA URRACA
¡Arias!
GONZALO

  (A PEDRADRIAS.)  

Calle el rapaz. ¿Quién os ha dicho
si injuria fuese el delirar de un loco,
que yo vuestra venganza esperaría?
VELLIDO
Castigadme, Señora, si os enojo, 700
mas si a la fe de un súbdito que anhela
daros su sangre; si al partido honroso
—309→
de enterrarse en los muros de Zamora,
antes que condenaros al oprobio
de implorar la clemencia de un tirano, 705
se llama delirar, ¿será el encomio,
será el prez reservado por ventura
a quien os deja en mísero abandono,
y conspira a apagar en vuestro pecho
el fuego que le inflama generoso? 710
PEDRARIAS
Quien dijere...
DOÑA URRACA
Ya basta, campeones.
Ni cumple esa contienda a mi decoro,
ni faltará ocasión a vuestro brio
sin malograrlo con fatal encono
en intestina lid. Arias Gonzalo, 715
aplaudo tu prudencia, como elogio
de Vellido el ardor. Un solo impulso,
la acendrada lealtad, os mueve a todos.

  (A GONZALO.)  

Tú, que mi vida conservar deseas,
darás la tuya en el murado foso 720
si es fuerza combatir.

  (A VELLIDO.)  

Tú, que indignado
prefirieras mi muerte a mi desdoro,
fiel me serás también si sometida
al fiero hermano la rodilla doblo.
Pero explorar el ánimo del pueblo 725
es fuerza en este trance peligroso.
Consúltale en mi nombre, Arias Gonzalo;
di que en sus manos mi destino pongo.
GONZALO
Zamora no da leyes a su Reina.
Vos decidid: de su lealtad respondo. 730
DOÑA URRACA
Id, no obstante, os lo ordeno...; os lo suplico.

 (A los CABALLEROS.) 

Seguidle.

  (A VELLIDO.)  

Vos, oid.

  (A RAMIRA.)  

Dejadnos solos.


Escena XI

 

DOÑA URRACA. VELLIDO.

 
DOÑA URRACA
Pláceme haberos oído
defender con tal fervor
mis derechos.
VELLIDO
Sois mi Reina.
735
Cumplí con mi obligación.
DOÑA URRACA
Ramira, mi fiel criada,
de vos, Vellido, me habló
con sumo interés.
VELLIDO
¿Qué mucho?
Su deudo y su amigo soy. 740
DOÑA URRACA
Dijo que ansiabais hablarme...
Deponed la turbación.
¿Qué merced queréis de mí?
VELLIDO
¡Ah, Señora! ¿Quién soy yo
para pediros mercedes? 745
Por harto feliz me doy
con que tan ínclita Reina
se digne de oír mi voz.
Si tanta fuera mi suerte
que algo hiciese yo por vos, 750
ni aún entonces osaría
demandaros galardón;
que si este humilde guerrero
merece tanto favor,
a la gloria de serviros 755
se limita mi ambición.
Y ¡qué! ¿no es harta ventura
para el árbol y la flor
que a darles vida y contento
—310→
descienda un rayo del sol? 760
¡Y flores mi juventud
que se agosta en su verdor,
y vos me miráis, Señora,
que sol de Castilla sois!
DOÑA URRACA
(Loco es este, si lo es, 765
de muy buena condición.)
¿Venís acaso a pedirme
justicia? Obligada estoy
a dispensársela a todos.
VELLIDO
¡Justicia! ¡Ah, Señora! No; 770
que no es obra de los hombres
mi irremediable dolor,
y si yo osara quejarme...
¡blasfemara contra Dios!
DOÑA URRACA
¡Dolfos!
VELLIDO
¡Oh! No os enojéis.
775
¡Perdón, Señora, perdón!
He jurado defenderos
contra el vil usurpador,
mas vos no lo habéis oído;
¡tal distancia entre los dos 780
puso el cielo!, y yo aspiraba,
Señora, al sublime honor
de ofrecer a vuestros pies
mi espada y mi corazón.
DOÑA URRACA
Injusta fuera... la Reina 785
si os negara...
VELLIDO

  (Arrojándose a los pies de DOÑA URRACA.)  

¡Oh dicha! Soy
vuestro esclavo.
DOÑA URRACA
Alzad, Vellido.
(¿Será un rapto de furor?)
VELLIDO
¿No merecerá mi labio
en muestra de sumisión 790
besar esa mano augusta?...
DOÑA URRACA
(La pide con un temblor...
Mas la pide respetuoso.
¿Sé yo cuál es su intención?...)
Tomad.
 

(VELLIDO besa la mano de DOÑA URRACA y se levanta.)

 
VELLIDO
¡Oh placer inmenso!
795
Yo no he vivido hasta hoy,
¡y ansío la muerte! En mis venas
hierve la sangre veloz.
¡Tiemble el aleve tirano!
¡Tiemblen Castilla y León! 800
DOÑA URRACA
¡Qué! ¿Vos esperáis librarme?
VELLIDO
¿Qué no ha de esperar, ¡oh Dios!,
qué puede temer una alma,
que vuestra gracia inflamó?
Mas si Zamora se rinde, 805
inútil es mi valor.
DOÑA URRACA
No se rendirá la villa
si yo el ejemplo no doy.
VELLIDO
Jurad..., prometed, Señora,
por dos días, sólo dos, 810
esos muros defender
contra un hermano feroz;
que tan corto plazo basta
a que triunfe o muera yo.
DOÑA URRACA
¡Antes morir que entregarme 815
a merced de ese traidor
que Dios maldiga!
VELLIDO
En mi pecho
resuena esa maldición.
No os espanten sus legiones
ni su Cid Campeador. 820
DOÑA URRACA
Yo admiro tanto denuedo;
mas contra el destino atroz
que me persigue obstinado
¿hará un solo campeón
lo que no han podido hacer 825
tantos hidalgos de pro?
VELLIDO
Sí hará, sí a muerte segura
corre gozoso por vos;
sí hará si idólatra ciego
sacrificaros juró, 830
no sólo fortuna y vida,
que fuera pobre ese don,
sino hasta la misma honra,
que es sacrificio mayor.
DOÑA URRACA
Delirando estáis, Vellido 835
¿Eso dice un español?
VELLIDO
¡Oh! Si mi delirio os salva,
será mi triunfo mejor.
¿Lo consentís?
DOÑA URRACA
Lo consiento.
(A quien perdió la razón 840
¿qué puedo decir?) Mirad
que nada os ordeno yo;
mirad que a nada me obligo.
VELLIDO
Si ataja muerte precoz
la carrera de mis días 845
todo para mí acabó;
si la fortuna corona
mis deseos...
DOÑA URRACA
Reina soy:
como Reina os premiaré;
¿lo oís? De otra suerte, no. 850
VELLIDO
¡Ah! ¡Venza yo, y más que luego
maldigáis al vencedor!
¿Qué importa, si el brazo os sirve
como os ama el corazón?
Os amo, lo dije, os amo... 855
¡Yo, indigno de vuestro amor,
os amo!... ¡Oh crimen!...
DOÑA URRACA
¡Callad!...
VELLIDO
Maldito del cielo estoy.
¡Premio decíais! Lo espero.
Muerte, infamia, infierno... ¡Adiós! 860


Escena XII

 

DOÑA URRACA.

 
¡Infeliz! Dios le perdone,
que es digno de compasión.



  —311→  

ArribaAbajoActo II

 

Arboleda inmediata a Zamora.

 

Escena I

 

El REY. El CID. ORDÓÑEZ. Cinco CABALLEROS.

 
REY

 (Llegando.) 

Quédense los escuderos
con los caballos de lid,
y a la sombra me seguid
de este roble, caballeros.
ORDÓÑEZ
No es paraje muy seguro. 5
REY
Todos lo son para mí.
ORDÓÑEZ
Puede alcanzaros aquí
una saeta del muro;
que Zamora en su porfía
quizá a otorgar no se allana 10
la vista con vuestra hermana
y la tregua por un día.
REY

 (Sentándose al pie del roble.) 

No serán, no, tan osados;
que, si del campo me alejo,
saben que a la espalda dejo 15
cien escuadrones armados.
Ya se guardará esa villa,
bien que nido de traidores,
de irritar más los furores
de don Sancho de Castilla. 20
¡Ay si con grito de guerra
a mi clemencia responden!;
que los muros do se esconden
ansío igualar con la tierra
Mas Álvar Fáñez ya tarda. 25
Vive Dios que está despacio,
y un roble no es un palacio
y es un Rey el que le aguarda.
CID
No os impacientéis así.
No ha tanto que entró en Zamora. 30
REY
¿Hablo yo con vos ahora?
ORDÓÑEZ
Ya está Álvar Fáñez aquí.


Escena II

 

El REY. El CID. ORDÓÑEZ. ÁLVAR FÁÑEZ. Los CABALLEROS.

 
ÁLVAR
Señor...
REY
Prolija respuesta
sin duda la Infanta os dio,
Fáñez. Entre un sí y un no, 35
¿tanto el decidirse cuesta?
ÁLVAR
Salud la Infanta os envía
y ya a veros se apercibe.
REY
¿Y la tregua?
ÁLVAR
La recibe
y la otorga por un día. 40
REY
Y paz y eterna concordia
será si acata mi trono;
mas si provoca mi encono,
no tendré misericordia.
Conmigo, empero, no dudo 45
que depondrá su querella,
y lograr espero de ella
lo que Rodrigo no pudo.
CID
Si fue mi mensaje vano,
¿qué mucho? Ni, en buena ley, 50
pude mandar como Rey
ni persuadir como hermano.
Cumplí fiel con mi embajada
haciéndola conocer
vuestro terrible poder 55
y su fortuna menguada;
y porque su riesgo vi,
tal vez de mi boca oyó
consejos, Señor, que yo
no tomara para mí. 60
Si con ánimo real
desprecia riesgo tan grave,
no es culpa mía; -y Dios sabe
si obra bien o si obra mal.
REY

 (Levantándose.) 

¿Eso es decirme que vos 65
tenéis su orgullo por bueno?
CID
Yo ni aplaudo ni condeno;
digo que lo sabe Dios.
REY
¿Eso decís?
CID
Soy mortal
y puedo errar.
REY
Pues yo digo,
70
y sin errar, don Rodrigo,
que me habéis servido mal.
CID
Mucho lo siento, Señor;
mas negar fuera injusticia
que en Portugal y en Galicia 75
os he servido mejor.
Si hoy os falto en un servicio,
¿de quién será entre los dos
la culpa? ¿Mía o de vos,
que me trocáis el oficio? 80
Para soldado soy algo,
y ya lo probé a lanzadas,
mas para dar embajadas
—312→
maldita la cosa valgo.
REY

 (Paseando hacia el foro.) 

También lo probáis ahora. 85
CID

  (Siguiendo al REY.) 

¡Y a una princesa tan bella!
Más miedo la tengo a ella
que a los muros de Zamora.
¡Decís que mal os serví
y me miráis con desdén! 90
No, sino bien, y muy bien,
pues estoy de vuelta aquí.
REY

 (Ya en el último bastidor de la izquierda.) 

¿Qué decís...?

 (Mirando adentro.) 

Mas ya la puerta
se abre del muro enemigo.
Para más tarde, Rodrigo, 95
dejemos nuestra reyerta.
 

(Los CABALLEROS se acercan al REY, y miran también en la misma dirección.)

 
ORDÓÑEZ
Con otros tantos vasallos
como vos tenéis aquí,
se acerca. Miradla allí.
REY
Son briosos los caballos. 100
El fuerte batallador
Arias Gonzalo es aquel.
ORDÓÑEZ
Y aquel garrido doncel
Pedrarias, su hijo mayor.
ÁLVAR
Ya los estribos dejando 105
la Infanta y los caballeros,
los dan a los escuderos.
REY
¡Alerta los de mi bando!
 

(Vuelve al proscenio con los CABALLEROS.)

 


Escena III

 

El REY. El CID. ORDÓÑEZ. ÁLVAR FÁÑEZ. Séquito del REY. DOÑA URRACA. ARIAS GONZALO PEDRARIAS. Séquito de DOÑA URRACA.

 
GONZALO

 (En el foro.) 

Aquí, Señora, os quedad.

 (Adelantándose a la comitiva.) 

¡Ah de don Sancho! ¡Ah del Rey! 110
REY

 (Acercándose.) 

Rey de Castilla soy yo,
Gonzalo. ¿Qué me queréis?
GONZALO
Ruego a Vuestra Señoría
que jure a Dios uno y tres,
puesta en la espada la mano 115
y en sus palabras la fe,
que sin ardid ni emboscada,
a fuer de leal y a fuer
de príncipe y de cristiano,
viene...
REY
Juro; no os canséis.
120
GONZALO
Si habláis verdad, Dios os premie,
y si no, os castigue.
REY
Amén.

 (Volviendo adonde están sus CABALLEROS.) 

Ceremonioso es don Arias.
¡Achaque de la vejez!
Será fuerza conjurar 125
a doña Urraca también.
Buen conde don Diego Ordóñez,
cumplid vos ese deber;
que Rodrigo es muy galán...
y se echaría a sus pies. 130
ORDÓÑEZ

 (Adelantándose, y DOÑA URRACA se le acerca.) 

Infanta, la de Zamora,
¿juráis al Dios que nos ve
por la salud de vuestra alma
y por la honra y el prez
de vuestro nombre, guardar 135
la tregua, y mostraros fiel
a la palabra empeñada
sin engaño y sin doblez?
DOÑA URRACA
Juro.
ORDÓÑEZ
El cielo os lo demande
si el juramento rompéis. 140
DOÑA URRACA
Sea.
GONZALO

  (A DOÑA URRACA.) 

Señora...
ORDÓÑEZ

  (Al REY.) 

Señor...
GONZALO
Juró. Obedecí.
DOÑA URRACA
Está bien.
ORDÓÑEZ
Ha jurado. Me retiro.
REY
Haceisme mucha merced.
 

(Los CABALLEROS del REY se retiran a un lado y los de la REINA a otro.)

 
DOÑA URRACA
¿Puedo ya, querido hermano, 145
abrirte mis brazos?
REY

 (Abrazándola.) 

Ven
a los míos que impacientes
ya te esperaban. ¡Cuidé
que el grave ceremonial
no acabaría en un mes! 150
DOÑA URRACA
¡Cuán dulce a mi corazón
es este abrazo! ¡Oh si en él
por siempre se renovara
nuestro amor de la niñez!
REY
Olvidemos para siempre 155
nuestra enemistad cruel,
y sólo la muerte pueda
tan santo lazo romper.
DOÑA URRACA
Tal esperanza me anima,
—313→
y tu intención esa fue 160
sin duda cuando mostraste
quererme hablar.
REY
Así es;
y pues te veo a mi lado
ya me doy el parabién.
DOÑA URRACA
Dios por mi derecho vuelve, 165
y habló la sangre tal vez
en mi favor.
REY
Mis derechos
te iba a recordar también.
DOÑA URRACA
Otro pacto más humano
me vendrás a proponer, 170
y en vez de embrazar sangriento
contra una hermana el broquel,
con él vendrás a cubrir
la orfandad en que la ves.
REY
Tú, mejor aconsejada, 175
pues conoces mi poder,
en mi justa pretensión
verás tu propio interés.
DOÑA URRACA
¿Qué pretensión es la tuya?
REY
Si fue mensajero fiel, 180
ya de la boca del Cid
la habrás sabido.
DOÑA URRACA
¡La sé!
Mas tú sabes mi respuesta,
Sancho, y no soy yo mujer
que me retracte jamás 185
de lo que digo una vez.
REY
Si pretendéis que se humille
quien acostumbra a vencer,
mucho os ciega, vive Dios,
vuestra funesta altivez. 190
DOÑA URRACA
Vuestra humillación no quiero,
pero más digno laurel...
REY
¡Eh! basta, que no sois vos
de mis acciones el juez.
DOÑA URRACA
Soy árbitra de las mías. 195
REY
Yo soy rey.
DOÑA URRACA
No sois mi rey.
REY
Está en mi reino Zamora,
y a un reino basta un dosel.
DOÑA URRACA
Nada basta a tu ambición.
REY
¡Ambición, y te daré 200
catorce villas por una!
DOÑA URRACA
¿Catorce villas? ¡Pardiez!
Quien nada piensa cumplir
es muy largo en prometer.
O nunca me las darás, 205
que es ya proverbio tu fe,
o me las darás resuelto
a quitármelas después.
REY
¡Temeraria!
DOÑA URRACA
¿Qué le diste
a García cuando fue 210
por tu hueste destronado?
¡La mísera lobreguez
de una torre!
REY
Osó invadir
los montes de Santander
que son mi herencia, y... tú sabes 215
que es García muy doncel
para regir al gallego
y domar al portugués.
DOÑA URRACA
¿Tanta experiencia es la tuya
cuando apenas deja ver 220
bozo juvenil tu rostro?
REY
Nací alentado y con sed
de gloria marcial...
DOÑA URRACA
¡El cielo
gloria más pura te dé,
Sancho el Soberbio! ¿Y qué diste 225
al monarca leonés
cuando la real corona
arrancaste de su sien?
REY
Otra corona le daba
en Sahagún más digna de él. 230
DOÑA URRACA
¡La tonsura!
REY
Sea monje
quien no sirve para rey.
Ya fuera quizá prior
si una mano..., y sé de quién,
no hubiera abierto a su fuga 235
aquella santa pared.
DOÑA URRACA
Sí, mi mano le libró
de la tuya, que tal vez
le guardaba otra corona;
¡la del martirio cruel! 240
Tú dirás que fue glorioso
a dos reyes someter,
que al fin mandaban soldados,
vestían bélico arnés;
pero a la infeliz Elvira 245
¿con qué razón, con qué ley...?
REY
Primogénito nací,
y mi padre injusto fue
menguándome el privilegio
que entero adquirí al nacer. 250
DOÑA URRACA
Su testamento juraste.
REY
Contra derecho juré.
Si cabe el lecho mortal
respeté su voz ayer,
hoy recobro lo que es mío. 255
DOÑA URRACA
Tú sabes que no lo es.
REY
¿Qué ley te abona?... Si leyes
me faltan, yo las haré.
DOÑA URRACA
Valiera más que ese afán
de guerrear y vencer 260
lo emplearás sin descanso
contra el sarraceno infiel.
Si nuevos reinos codicias,
porque no te bastan tres,
valiérate más ganar 265
a Toledo y a Jaén
que robar su pobre dote
a desvalida mujer.
REY
¡Torreones y ballestas!
¡Por cierto, lindo joyel, 270
lindo ajuar para una dama!
DOÑA URRACA
Presintió la madurez
de mi padre tus proezas;
presagió tu buena fe.
Si a ley de buen caballero 275
fueras tú justo y cortés,
—314→
ni de muros ni de lanzas
habría yo menester,
REY
Yo, pues mi saña provocas
con temeraria sandez, 280
las lanzas que te defienden
haré en astillas arder;
yo de esa villa traidora
los muros arrasaré,
y cuando huelle sus ruinas 285
mi fogoso palafrén,
y de hinojos y llorando
pidas clemencia a mis pies,
si una celda te concedo
tendraslo a mucha merced. 290
DOÑA URRACA
¡Así, Caín de Castilla!
Sea sincero una vez
tu labio y en él rebose
de tu corazón la hiel.
Tiñe el Duero con la sangre 295
de cien valientes y cien;
asalta el muro; no quede
piedra sobre piedra en él.
Si esa es la gloria a que aspiras,
fácil te será, lo sé; 300
pero no esperes uncirme
al carro de tu poder,
porque antes me matarán
daga, veneno o cordel,
y padrón de infamia eterna 305
será a tu nombre después
sobre cenizas y escombros...
¡la tumba de una mujer!


Escena IV

 

El REY. El CID. ORDÓÑEZ. ÁLVAR FÁÑEZ. CABALLEROS del séquito del REY.

 
REY
Perdida es ya la esperanza
de vencer su altanería. 310
Ya el perdón es cobardía;
ya es un deber la venganza.
Mañana, ¿lo oís? apenas
la tregua expire, ¡al asalto!
Vea Zamora más alto 315
mi pendón que sus almenas.

  (Al CID.) 

Vos por la orilla del Duero;

  (A ORDÓÑEZ.)  

vos por el opuesto foso;
yo el postrero en el reposo
y en el peligro el primero. 320
CID
¡Tal saña, Rey de Castilla,
contra una débil mujer!
¿Qué aumenta a vuestro poder
la posesión de una villa?
REY
Cuando su ruina medito, 325
pues niega a mi trono parias,
no consejos ni plegarias,
sino lanzas necesito.
CID
De poco sirve la mía,
y ya que es vano mi ruego, 330
perdonadme si os la niego
para empresa tan impía.
REY
¿Así a mi trono real
osa rebelarse el Cid?
¿Qué razón tenéis, decid, 335
para serme desleal?
CID
¿Desleal? Nunca lo fuí,
pero a deciros me atrevo
que yo sé bien lo que os debo
y lo que me debo a mí. 340
Un juramento me empeña
de no hacer guerra a la Infanta;
Dios lo oyó, y su Madre santa,
y San Pedro de Cardeña.
No imitéis a Satanás 345
tentándome el alma ahora.
Si mucho vale Zamora,
mi salvación vale más.
REY
Gran virtud, ¡por vida mía!
¿Porqué no hablasteis así 350
cuando me hicisteis a mí
homenaje y pleitesía?
CID
Porque nunca imaginé,
ni estaba al humano alcance,
que se viera en este trance 355
la hidalguía de mi fe.
Bien me estaba yo y más ledo
combatiendo en la frontera,
contra la morisma fiera,
digna empresa a mi denuedo. 360
Vine aquí, sábelo Dios,
con la halagüeña esperanza
de anudar la rota alianza
entre vuestra hermana y vos.
Contento a Zamora fui 365
con la venturosa oliva,
mas con lanza vengativa,
no lo acabaréis de mí.
REY
Habladme ya sin mesura
y declaraos en fin 370
el andante paladín
de esa afligida hermosura.
CID
Contra vos no haré yo tal
mientras siga vuestra ley;
que sois, don Sancho, mi Rey, 375
y mi Señor natural.
REY
No tuvisteis, a fe mía,
tanto escrúpulo, Rodrigo,
cuando os vieron enemigo
don Alfonso y don García. 380
También de mi padre muerto
herencia hubieron los dos,
y también los hizo Dios
hermanos míos.
CID
Es cierto;
mas nadie a vuestros hermanos 385
me encomendó en testamento,
ni hice en su pro juramento
que me ligase las manos.
Con justicia o sin justicia,
—315→
que yo tanto no penetro, 390
les demandasteis el cetro
de León y de Galicia.
Mi deber fue la obediencia,
y dije: vaya o no vaya
derecho, allá se las haya 395
don Sancho con su conciencia.
Para defender su silla
y no acatar otras leyes,
poder tienen esos reyes
como el que manda en Castilla; 400
y en fin probó mi Tizona,
ministro de vuestra saña,
que quien la pierde en campaña
no es digno de la corona.
Mas, permitid que os lo diga 405
con franqueza de soldado,
y dejo aparte el sagrado
juramento que me obliga;
mirad más por vuestro honor,
y tened, don Sancho, en cuenta 410
que hay guerras en que la afrenta
es toda del vencedor.
REY
¿Sois vos -¡culpable osadía -
tutor de mi honra?
CID
No;
mas permitidme que yo 415
sea tutor de la mía.
REY
Idos: no la he menester,
ni vuestra espada tampoco;
y a no teneros por loco
la mía os haría ver... 420
CID
Herid; yo os doy mi cabeza
si con ella os desenojo,
pero vuestro ciego antojo
no mancille mi nobleza.
REY
Sois aleve.
CID
¡Señor!... Callo.
425
REY
Licencia, Rodrigo, os doy
para alzarme desde hoy
la obediencia de vasallo.
CID
A reyes no pago pecho,
soy rico-hombre, y bien sabéis 430
que, sin que vos me lo deis,
tuve siempre ese derecho.
REY
Usadle, pues.
CID
No haré tal,
que si la palabra os cojo,
luego os pasará el enojo 435
y lo tomaréis a mal.
REY
No. Yo os destierro.
CID
En buen hora.
A obedeceros me obligo.
REY
¿Cuándo partís, don Rodrigo?
CID
Mañana al rayar la aurora. 440
REY
Id lejos a hacer alarde
de esa cristiana virtud.
CID
Rey de Castilla, salud.
REY
Cid Campeador, Dios os guarde.
 

(Empieza a oscurecer por grados la escena hasta figurar noche cerrada en el final del acto.)

 


Escena V

 

El REY. ORDÓÑEZ. ÁLVAR FÁÑEZ. CABALLEROS.

 
ÁLVAR
Dadme licencia, Señor. 445
REY
¿Adónde vais, Álvar Fáñez?
ÁLVAR
Es don Rodrigo mi deudo
y el honor de mi linaje;
tiro sueldo de su casa...
Permitid que le acompañe. 450
REY
Yo le he desterrado a él;
pero no a vos.
ÁLVAR
Perdonadme.
En sus días de ventura
le seguía a todas partes.
Sería yo muy villano 455
si ahora le abandonase.
REY
¿Cuando su Rey le destierra?
ÁLVAR
Señor..., me llama la sangre.
REY
¡Vive Dios ¿Hay en mis reinos
vasallos tan arrogantes, 460
que más que a mí se les tema,
o más que a mí se les ame?
Sin vos y sin él me sobran
soldados y capitanes;
mas no os iréis si primero 465
no os alzo el pleito homenaje.
¡Yo parezco el desterrado,
y el Cid monarca triunfante!
Decid a Rodrigo Díaz
que voluntario se extrañe 470
de mis dominios, o en tanto
que Señor y Rey me llame
ha de hacer mi voluntad,
o por Dios que ha de pesarle.
ÁLVAR
Le desterráis...
REY
Le destierro,
475
pero hasta que yo lo mande
no se aleje de su tienda
ni abandone mis reales,
si no quiere que el destierro
se convierta en dura cárcel. 480
Id No repliquéis. Decidle
que mis órdenes aguarde.


Escena VI

 

El REY. ORDÓÑEZ. CABALLEROS.

 
REY
¿Esto es reinar? ¿Es así
como respetan los grandes
de Castilla a su Monarca? 485
ORDÓÑEZ
Sus fueros y libertades...
REY
Si todos tienen aquí
privilegios que les salven
de mi autoridad suprema,
¿no es una irrisión infame 490
mi nombre de rey? Yo os juro
por la tumba de mi padre
—316→
que haré pedazos mi cetro,
o el traidor que no lo acate
pagará con su cabeza 495
la libertad de injuriarme.
ORDÓÑEZ
La saña os ciega, Señor.
Si al mostraros su dictamen
fue Rodrigo de Vivar
harto libre en su lenguaje, 500
le disculpa su honradez,
y su gloria en los combates,
y su nombre ya famoso
entre cristianos y alarbes.
REY
¡Su nombre! No vale más 505
que el mío, ¡y tanto le aplauden,
y el Cid, el Señor le llaman,
y casi le alzan altares!
Por san Millán...
VELLIDO

 (Dentro.) 

¡Castellanos!
REY
¡Rey de Castilla! Amparadme! 510
 

(Llega VELLIDO acelerado y se postra a los pies del REY.)

 


Escena VII

 

El REY. VELLIDO. ORDÓÑEZ. CABALLEROS.

 
REY
¿Quién grita?...
VELLIDO
A vuestras plantas, Rey don Sancho,
este proscripto mísero se postra.
REY
¡Proscripto! Alzad. ¿Quién sois?
VELLIDO
Vellido Dolfos
es mi nombre, Señor; mi fama poca,
mas joven soy; mi profesión las armas; 515
noble mi cuna; mi fortuna corta;
libre mi condición; mi patria un monte.
Ayer fui ciudadano de Zamora,
súbdito vuestro..., siervo si os agrada,
de hoy más seré. Mi corazón ahoga 520
sed de venganza, y la venganza sólo
a vos me lleva, oh Rey; no vil lisonja
ni codicia de honores y mercedes.
¡Perezca para siempre la memoria
del pueblo ingrato a quien mi sangre diera 525
y de sus muros con baldón me arroja!
¡Humillada y cautiva doña Urraca
cambie por el cilicio la corona!
Venced; no haya perdón para el vencido:
he aquí mi anhelo, mi ambición, mi gloria. 530
REY
¿Y qué grave razón, Vellido Dolfos,
os fuerza a abandonar, quizá sin honra,
el jurado pendón?
Sangrienta injuria
que no lavara con su sangre toda
la enemiga facción que me persigue. 535
Mi celo, mi lealtad, mi fe ardorosa
en pro de vuestra hermana, merecieron,
si no a su pecho, al menos a su boca,
loor y gratitud que en almas viles
de la envidia engendraron la ponzoña. 540
Arias Gonzalo y sus aleves hijos,
que al pueblo engañan y al cabildo compran,
me acusan de traidor. En mi infortunio
una esperanza me quedaba sola;
el favor de la Infanta, su justicia; 545
mas temiendo a la turba sediciosa
me retira el escudo de su gracia
y al furor enemigo me abandona.
Sin espada que vengue tal ultraje,
sin recto juez que mis clamores oiga, 550
huyo; no de la muerte; de la infamia,
y eterna execración juro a Zamora.
  —317→  
REY

  (Aparte con ORDÓÑEZ.) 

Bien podría el rencor de ese soldado
de mi venganza apresurar la obra.
ORDÓÑEZ
Y bien podría pérfido venderos 555
quien vende desleal a su Señora.
REY
No es desleal el que inocente gime
si el yugo rompe que su frente agobia.
¿Oíste la amargura de sus quejas?
No habla así la mentira artificiosa. 560
Mira su frente adusta. En ella leo
la fiera indignación que le devora.
Yo te amparo, Vellido, en mis pendones,
mas si traidor me fueres...
VELLIDO
Vuestra cólera
mal podría evitar inerme y solo. 565
REY
Si fe me juras y mi apoyo imploras,
¿qué me ofreces?
VELLIDO
Un brazo que no tiembla,
y una cabeza que de mí responda.
REY
¿Solo un brazo?...
VELLIDO

 (Bajando la voz.)  

Otros hay que me obedecen.
Tal vez, más que el valor, ganan victorias 570
la sorpresa, el ardid... El alto muro
que cien y cien arietes no derrocan,
al frágil diente de comprada llave
cede tal vez...
REY

 (En voz baja.) 

Callad, callad ahora.
Partamos, caballeros. Ya la noche 575
brinda al reposo con su opaca sombra.
ORDÓÑEZ

 (Aparte a un caballero.) 

O de achaque de caras yo no entiendo,
o la cara de ese hombre es sospechosa.



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