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Biblioteca del Soneto

Semblanza de Ramón García González

Fotografía de Ramón García González Nazco en Madrid el día 1 de abril de 1928 en el distrito de Chamberí. Hago estudios primarios en Colegios Nacionales. Paso los tres años de la Guerra Civil Española evacuado, en la calle Velázquez número 18 (La casa del Chevrolet). Al término de esta empezamos a vivir en la calle de Segovia, frente a los Jardines del Palacio Real. A los catorce años empiezo a trabajar en la Imprenta Langa de la calle Tahona de las Descalzas (hoy ocupado por El Corte Inglés) y que, con la de Rivadeneira del Paseo de San Vicente, eran las dos imprentas más importantes de aquel Madrid. Obtengo el título de Tipógrafo, Ayudante de Corrector y Corrector de Sonetos. Este último título fue producto de la casualidad y mi reciente afición a la poesía, ya que, por aquel entonces, tuve que corregir libros de los poetas del Siglo de Oro, que, por lo general, llegaban muy mal traducidos del propio original.

Con 20 años dejo la tipografía y empiezo mi carrera fotográfica. Todo el desarrollo de mi nueva actividad profesional, así como mis aficiones poéticas y flamencas, tuvieron una ubicación estratégica en las calles madrileñas, como la Puerta del Sol, cerca del Teatro Calderón y del cabaret Casablanca. Todo ello junto a los veranos madrileños en Pavillón en el Retiro y en Villaromana de la Cuesta de las Perdices. En estos lugares tengo la oportunidad de conocer a la mayoría de los actores, artistas y literatos de la época (1948-1952) y consigo trabajar como extra en películas que se rodaban en el Teatro Español Cea de la Ciudad lineal. Tuve, también, una especie de meritorio en el Teatro Español y el de Fuencarral. Era una vida bohemia y, como no me satisfacía, me traslado a trabajar a Palencia. Me caso con mi novia de Madrid, madrileña como yo, Blanca Ramos Moreno. Tenemos dos hijos palentinos, Ramón y Javier.

Once años estuve en esta capital castellana donde fui corresponsal de la agencia EFE y fotógrafo de la Diputación Provincial de Palencia. Por expreso deseo de Gratiniano Nieto, Director General de Bellas Artes, hice el Catálogo Monumental de la Ruta Románica y del Camino de Santiago a su paso por la provincia de Palencia.

En la primavera de 1961 me voy a Londres, donde tengo los primeros conocimientos de la fotografía en color por el sistema Kodak. Vuelvo a Palencia y, con estos conocimientos de fotografía en color, me traslado a Benidorm. Empiezo a entregar las fotografías en color a las 12 horas, lo normal eran 48 horas, puesto que el único laboratorio que existía estaba en Palma de Mallorca. A los dos años la competencia de las máquinas automáticas se impone, entonces decido dejar este lugar de eternas vacaciones, y me traslado a Valencia. Corría el año de 1967, y al final del mismo, empiezo a trabajar en la Facultad de Medicina y Hospital Clínico de Valencia, creando el Departamento de Fotografía, Cine y Televisión. Tras treinta años de servicio me jubilo en el año 1997.

Otra de mis debilidades poéticas ha sido Shakespeare. De este poeta inglés he traducido sus sonetos y todas aquellas poesías que no figuran en su teatro: «Sonetos», «El Peregrino Apasionado», «Venus y Adonis», «Lamentos de un Amante», «La violación de Lucrecia», «Treno»...

Mis encuentros

A Rafael Duyos le conocí a través de un amigo común en la Facultad de Medicina, le visité en su casa de la calle de Gaztambide de Madrid, frente a la Casa de las Flores, donde vivió Pablo Neruda. Desde aquel mismo día, fue mi maestro, mi guía en el conocimiento de la poesía. Él admiraba a mi familia, como yo quería a la suya fueron días inolvidables. Vivía en una gran casa cerca del paseo de los Poetas, donde se exponen unos azulejos con nombres de poetas reconocidos. Dormí en la misma cama que, en su día, durmió el gran torero Manolete, gran amigo de Rafael.

Seguí a Rafael en sus recitales. Recogí cintas grabadas con él, así como más tarde, grabaciones en la televisión de Onteniente, Onda, Valencia y de la Casa de Valencia en Madrid, donde obtuvo tanto éxito con sus actuaciones. Me introdujo en el ambiente cultural del Teatro de Lara en Madrid, presentándome a Conrado Blanco, el creador de «Alforjas de la Poesía». Conseguí con todo ello tener las puertas abiertas en aquel paraíso poético, donde retraté a casi todos los poetas que solían acudir a los recitales. Se realizó un homenaje al maestro José María Pemán, y allí terminé de darme a conocer. Me invitaron a recitar una décima, que el propio José María Pemán agradeció mucho conmovido por la emoción. Años más tarde, cuando ya estaba muy enfermo de Parkinson, llegó a decirme que mi décima había sido para él la mejor escrita en lengua castellana. Cosas de José María...

A Juan Gil Albert también iba a visitarle y a enseñarle mis trabajos poéticos a su casa de la calle Taquígrafo Martí. Recuerdo con mucho cariño cómo leía mis sonetos. Siempre me decía: «Qué bien te ruedan los endecasílabos». En una ocasión fui a recogerle un giro de la Sociedad General de Autores a su nombre. En él había la cantidad de 25.000 pesetas. Un escritor de esa categoría tenía que vivir todo el año con esa cantidad. Años más tarde fue compensado económicamente con más generosidad, gracias a la influencia de Alfonso Guerra, que, por aquel entonces, era Vicepresidente del Gobierno.

A Rafael Alberti, cuando regresó a Valencia, después de su exilio, fui a buscarlo al aeropuerto de Manises. Llegaba con Armando Moreno y su mujer Nuria Espert. Nadie estaba esperándole y su llegada pasó inadvertida. Venía para dar los recitales poéticos que hacía en compañía de Nuria. Le hablé de la amistad que tenía mi madre con María Teresa León y de ciertas anécdotas de aquellos días del comienzo de la Guerra Española en el hotel de la calle Chavas, donde se alojaron.

También he tenido amistad o relación poética con: Dionisio Ridruego, César González Ruano, Santiaga Vicente Carrasco, José Albi, Gregorio Prieto, Charlie Rivel y su mujer Margarita. De Gloria Fuertes guardo un pequeño poema que me regaló donde pone: «Para Ramón, por Dios tocado, que tiene el corazón entre naranja y limón vitaminado». A Damas Alonso, por aquel entonces, director de la RAE, le mostré mis trabajos y se interesó, especialmente, por los de Lope de Vega. Le conté que había trabajado más de 500. A fecha de hoy llevo 1.500. No sé qué pensaría de esto ahora... Me dedicó un soneto «Ciencia de Amor», que guardo como un tesoro.

Anécdotas

Una anécdota curiosa... Fui el único fotógrafo que retrató a Montgomery Cliff durante el tiempo que vivió en España en el año 1966. Me hice amigo suyo. Nadie lo reconocía mientras paseábamos juntos por las calles: estaba muy gordo y deteriorado. La Agencia EFE debe guardar aquellas fotos. Se difundieron en prensa cuando ya no estaba en España.

De mis dos hijas políticas, Antonia Ruiz y Consuelo Coronado, tengo cuatro nietos: Javier, de 24 años; Ramón, de 23; Celia, de 18; y Mario, de 17. Con esto acabo mi pequeña biografía para la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, a la que expreso, con estas líneas, mi agradecimiento por haber difundido mis trabajos a través de internet. Gracias...

Ramón García González
En Valencia, 1 de marzo de 2007