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Juan Ramón Jiménez

Biografía de Juan Ramón Jiménez

Por Javier Blasco Pascual (Universidad de Valladolid)

Retrato de Juan Ramón Jiménez, 1949.La biografía de Juan Ramón se confunde con la historia de sus libros, por constituir una forma de estar en el mundo, en la que la poesía ocupa el primer plano de todos y de cada uno de los momentos de la existencia del personaje. No en vano, el poeta de Moguer hizo depositaria a esa poesía de su «mejor yo». En esta clave, hay que situar confesiones como la que sigue: Escribirnos no es más que recrearnos, crearnos una segunda vida para un poco más de tiempo; y dejarla en manos de los otros. Hasta tal punto llega esta identificación de vida y obra que, cuando alguien le dice que la suya es una vida puesta en verso, la respuesta del poeta no puede ser más clara: Sí, en verso y en prosa (versiprosa).

Así concebida, así planteada y así vivida, la existencia de Juan Ramón acaba siendo la historia de una palabra, en la que el poeta se ha vaciado por entero con la esperanza (y la duda, al mismo tiempo) de que, trasformada su carne mortal en conciencia, ésta, condenado el cuerpo a la tierra, encuentre en esa palabra conseguida (sepulcro hermoso de mi vida viva, la llama el poeta) una residencia perdurable.

Esta perfecta asimilación de vida y obra explica, en una parte muy importante, el proceder del poeta, calificado por algunos (que nunca se tomaron el trabajo de intentar entenderlo) de obsesivo: explica, por ejemplo, la inacabable urgencia del poeta por trabajar sin descanso en la corrección, rectificación y reescritura de una obra que, continuamente y también sin descanso, se le aparece al propio poeta en destinada y sucesiva metamorfosis: el «yo» que el poeta era hoy no podía asumir ya las formas en que los sucesivos «yo» de su pasado se habían vaciado, porque ya no se reconocía en esas formas. Y, así, «corregir» el poema de ayer no era sino una manera de volver a vivir el pasado desde un «yo» distinto, destinado sucesor de aquel otro «yo» que había producido el poema en su versión original. Sucesión, Destino y Metamórfosis son los títulos últimos en los que el poeta, con la muerte ya cercana, trabaja en la edición definitiva de su obra.

Trabajar en la obra es, así, trabajar en la construcción del propio «yo», de modo que la estética se resuelve siempre en ética; es ética estética, según sintagma acuñado por el poeta de Moguer. Lo bello es también lo bueno, y también lo verdadero. Cuando Juan Ramón perseguía para su poesía la forma perfecta, en el fondo estaba -acertada o equivocadamente- persiguiendo su mejor «yo». El «poema revivido» no es el resultado de una obsesión estética (al menos no es sólo eso), sino el fruto de una conciencia despierta en estado de permanente crecimiento, que, en vez de considerar el yo como una entidad detenida, sabe que, a diferencia de lo que ocurre con la muerte, vivir es darse a luz en cada instante, existir en estado de permanente alumbramiento, sucederse en una metamorfosis sin final.