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Manuel Jesús Ortiz

Catálogo comentado de Manuel Jesús Ortiz

Por Berta López Morales

Pueblo chico (Santiago de Chile, Empresa de Letras, Colección de Autores Chilenos, 1904)

Portada de «Pueblo chico»Se trata de un relato que a través de siete cartas que envía el párroco Julián de Villabaja al presbítero Z., profesor del seminario, cuenta sus experiencias en este pequeño pueblo donde se enfrentan dos bandos que representan a los forasteros y a los fundadores encabezados por los Albornoces y los Alarcones y, por otro lado, la viuda del coronel quien junto al profesor, el boticario, el oficial civil se ven como una amenaza para las costumbres y moral del lugar. Julián escribe: El amor al terruño, llevado hasta el exceso, y lo poco que conocen el resto del mundo, han despertado en ellos ridículos humos aristocráticos. La ociosidad en que viven sobre todo las mujeres ha sido la causa de que adquieran enorme desarrollo el chisme y la maledicencia, que desunen y dividen aún a las familias ligadas por cercano parentesco. Sé que estas pequeñeces son propias de la vida de aldea, pero no desespero de hacer algo por desterrarlas (p. 21). El sacerdote hace esfuerzos para hacer efectiva la reconciliación entre sus feligreses, pero estos se ven frustrados ante la dureza de sus corazones, lo que provoca en el sacerdote sentimientos de impotencia y de dolor, como también los cuestionamientos que hace de su vocación ante la presencia y cercanía de Emilia, la sobrina de la coronela. La narración epistolar tiene un desenlace trágico. Fernando Arriagada escribe: Con agudeza y oficio en la palabra escrita, Ortiz nos logra motivar desde la primera página, manteniendo muy en alto nuestra atención en el desarrollo de los acontecimientos, en donde el autor desmitifica, la peregrina idea de las bondades de un pueblo chico, de la aldea preocupada de la vida de su prójimo, en donde todo lo privado se hace público y las miserias espirituales como la envidia, maledicencia, peleas y rencores, forman parte fundamental del rutinario quehacer de los centenares de pueblos chicos, que en definitiva, son infiernos grandes. Esta breve novela alcanzó un éxito rotundo de crítica y de venta.

Fragmento

Cartas de la aldea (Santiago de Chile, Imprenta Universitaria, 1908)

Portada de «Cartas de la aldea»La obra está constituida por cuarenta cartas enviadas al diario El Mercurio de Santiago, con el seudónimo de M. J. Ortega, sus cartas son el reflejo de la vida de un profesor primario en San Ignacio, es el reflejo de la vida campesina del 1900. En «Los preceptores», describe las peripecias de hambre y necesidad de un maestro primario en provincia, héroe lamentable de un sueldo mensual de $50 un peón gana más y vive mejor que un maestro de escuela. A través de estas cartas desfilan los prohombres de la aldea: alcalde, jefe de policía, párroco, oficial del registro civil, subdelegado, además de agricultores de la vecindad, solteronas, damas de alcurnia poblana, comerciantes, etc. Allí las discordias familiares, el enredo amoroso, acá el tráfago de las rencillas políticas. Para Silva Castro se trata de un libro henchido de burla y en cuyas páginas el autor hace risa de situaciones grotescas, observadas precisamente allí, en la aldea donde había nacido y donde pasó parte de la existencia. Conocía muy bien el material humano de su relato, y hasta podría jurarse que algunos de sus personajes tuvieron, en la existencia aldeana, nombres propios muy conocidos. Para Fernando Cuadra la obra muestra comprensión del ambiente y de los personajes; observaciones de aguda captación psicológica; suave humorismo filosófico que le da una consistencia rara de hallar en otros autores nacionales [...] Historia pequeña, cordial, doméstica. Historia de sucesos menudos, importantes, pero cuya suma es esta nación, este pueblo, esta patria que hoy se disgrega por incomprensión de su esencia real. Alberto Arraño señala que animado por la acogida que en El Mercurio tuvieron sus primeras cartas, continuó escribiendo y de su pluma salieron a luz los defectos del alcalde, las preferencias el subdelegado, la irascibilidad del párroco, la negligencia del cabo de policía y sus sabuesos, esbozó los saraos patrocinados por las señoritas tales y cuales, los paseos en carreta a las márgenes del río, la celebración de los días de santos y bautizos, los velorios de los "angelitos" y la efímeras promesas de los candidatos; dio a conocer, en fin, la galería de sujetos y sucesos que forman el amasijo de la vida en un pueblo chico.

Fragmento

Portada de «Cartas de la aldea» Portada de «Cartas de la aldea» Portada de «Cartas de la aldea»

El maestro (Santiago de Chile, Imprenta Universitaria, Colección de Autores Chilenos, 1914)

Portada de «El maestro»Novela que representa un bello elogio del profesor, personalizado por el joven Mauricio -de apenas diecinueve años-, que recién titulado de profesor primario se dirige a ejercer su magisterio en el pueblo de San Lorenzo, en una escuela para hombres. Según Omer Emeth Este libro merece ser leído por los alumnos de las Escuelas Normales, no tan sólo por la belleza de su estilo, sino también por las verdades pedagógicas que sembró el autor a manos llenas; el crítico reconoce además su pureza de estilo.

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Caricaturas (Santiago de Chile, Imprenta Universitaria, 1916)

Con el subtítulo «Artículos de costumbres chilenas», el autor en su prólogo considera que estas son hermanas de las Cartas de la aldea y más frías y prosaicas, si se quiere y menos sentimentales. Allá usé la cámara fotográfica, y aquí dibujé a pulso; allá son fieles las imágenes, y aquí son exageradas; allá respeté lo que sacó la placa, y aquí estiré las líneas, abulté las facciones y destruí la proporción. [...] lo que ustedes van a ver en estas páginas no son escenas tiernas, ni cuadros poéticos, ni sutiles estudios de sicología, ni siluetas de ensueño, ni evocaciones pletóricas de ideal. Son cardos los de mi manojo, y no hay que pedirles pétalos de rosa ni perfumes de jazmín. Aquí solo hay monos, que no van siquiera encerrados en el marco de oro de un lenguaje enigmático y simbólico son que en el de palo o de hojalata de una prosa corriente y llana.

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Relatos y comentarios (Santiago de Chile, Impreso en los talleres emp. Letras, 1935)

Portada de «Relatos y comentarios»Este texto que reúne una serie de artículos relacionados con tipos y escenas de la vida nacional se organiza en dos secciones, Relatos campesinos: «La avenida», «El gallo», «El frutillar», «La fuerza de la inteligencia», «El salteo», «El indulto», «El diente de oro» y Comentarios: «En cargos de provincia», «El nombre del nene», «Cultura callejera», «Curiosidad», «El billete sucio», «Conquistadora», «El beso hípico», «Los empeños», «Las colonias escolares», «Lo que cuesta morirse», «Los ingleses a la ofensiva», «El fotógrafo ambulante», «Remates», «La pasión por el biógrafo», «El goce de vivir», «Inmoralidades», «Juguetes para los niños pobres», «Deudores morosos», «La usura», «Mujeres sabias» y «La casita de los pájaros».

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