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Ulises Wensell

El proceso de creación

Lo que todos los ilustradores e ilustradoras deseamos es contribuir a la mayor difusión de los libros infantiles, aportando a cada texto el aliciente de nuestra propia interpretación visual, de nuestra forma de ver, de hacer y de sentir.

Y, naturalmente, agradecemos mucho que esta interpretación pueda ser valorada y apreciada, porque ilustrar no es una tarea fácil.

La misión del ilustrador es embarcarse en la aventura de encontrar la imagen que, en su sentir, resulte la más adecuada para un texto y no defraude las expectativas de los autores, las de los futuros lectores-contempladores, o las suyas propias, como profesional con cierta exigencia de calidad en su trabajo.

Pero cada texto que nos llega es un mundo.

Dedicarse a ilustrar es algo así como aventurarse a entrar en un torbellino de distintos temas, distintos objetivos, intereses, ambientes, paisajes, épocas, vestimentas, situaciones, sentimientos y emociones.

Hay que ilustrar el miedo, la soledad, la amistad, la alegría, la tristeza, el afecto, el brillo de la luz en el agua, la amenaza de una figura que aparece entre la niebla... Cosas así.

Y se encuentra uno con mandarines rodeados de pájaros, gusanitos verdes, ratones que van al colegio, pequeños elefantes que se escapan para vivir aventuras, niñas casi invisibles, un niño que nació con dos ojos en un planeta cuyos habitantes tenían sólo uno, abuelas que hacen equilibrios sobre los troncos o cuentan historias al amor de la lumbre, un gato con miedo, un pequeño emperador, un hombrecito sólo, un búho apenado por la delgadez de la luna, la anunciación del ángel a los pastores, los Reyes Magos caminando tras la Estrella, el pozo del Agua de la Vida, Papá Noel, la Torre de Babel, el pez que devoró a Jonás, familias de osos con sus ositos, el Patito Feo, Pulgarcito, Caperucita, y... tantos y tantos personajes de historias entrañables.

Creo que las imágenes que contemplamos en la infancia permanecen en nuestra memoria porque algo en ellas nos tocó la fibra sensible y despertó en nosotros cierta emoción, próxima esa experiencia indefinible y placentera que es el goce estético ante lo que de algún modo nos admira, nos interpela o nos conmueve. Yo intento despertar ese eco sensible, emocional procurando no caer en el ternurismo y sin renunciar a ciertas notas de humor.

Creo que eso es lo que permite a los niños identificarse con un personaje y su aventura.

Más que la creación de formas novedosas, espectaculares e impactantes por su atrevimiento gráfico y su alto grado de estilización, me preocupa crear formas y espacios que resulten evocadores, entrañables y en cierta medida creíbles...

Trato de crear imágenes que contribuyan a desarrollar y enriquecer la imaginación de los pequeños, su bagaje afectivo, su sensibilidad y su inteligencia emocional.

Espero que tanto los niños como los adultos puedan apreciar en mis ilustraciones el cariño que pongo al hacerlas.

Ulises Wensell