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Ulises Wensell

Semblanza personal

Ulises Wensell nació en Madrid en 1945 y en las entrevistas suele recordar que las más gratas horas de su infancia fueron las que pasaba viendo pintar a su padre, que en su tiempo libre copiaba obras de los grandes maestros del Museo del Prado. Junto a él aprendió a dibujar, a manejar los pinceles, a aplicar el color, y sobre todo a disfrutar mucho haciéndolo.

A la hora de elegir una formación profesional y siempre atraído por la posibilidad de trabajar mezclando materias y colores, optó por la química industrial. A punto de finalizar sus estudios en la actual Escuela de Ingeniería Técnica Industrial de Madrid, uno de los profesores le ofreció ilustrar varias de las series didácticas destinadas a escuelas infantiles que realizaba la Cinemateca del Ministerio de Educación y Ciencia. Enseguida una conocida editorial de textos didácticos solicitó su colaboración, iniciando entonces su actividad profesional como ilustrador.

Como ilustrador de libros infantiles no escolares ha colaborado con editoriales españolas (Doncel, Altea, Miñón, Anaya, Escuela Española, Ediciones SM, Ediciones Susaeta), japonesas (Gakken), francesas (Bayard Presse, Centurión, Gautier Langereau, Nord-Sud France) y alemanas (especialmente con Otto Maier verlag/ Ravensburger) que han difundido su labor en el ámbito internacional.

Su extensa bibliografía puede consultarse vía Internet en el catálogo bibliográfico de la Biblioteca Nacional de España (BNE) donde aparecen más de 300 referencias con su nombre, así como en los catálogos de la Biblioteca Nacional de Francia (BNF) o Die Deutsche Bibliothek (DDB).

Afirma que procura emplear un lenguaje visual sin excesivas complejidades y deformaciones estilísticas, sin hacer muchas concesiones a la espectacularidad y reflejando las formas y el panorama cromático que el mundo real ofrece a la experiencia perceptiva, para mejor aproximarse a la capacidad de comprensión, la sensibilidad y la afectividad infantil. El suyo es al ámbito de lo íntimo. Le interesa sobre todo lograr la identificación afectiva de los pequeños con los personajes protagonistas de las historias que ilustra; pretende poner en sus imágenes sentimiento, gracia, humor y ternura y, como ha asegurado en más de una entrevista publicada, lo que le hace más feliz es pensar que los niños y el público adulto puedan contemplarlas con simpatía y complicidad afectiva.