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Estudio libre

     Lo del Estudio Libre es otro tema sobre el cual podría decir tanto como para llenar las páginas de un libro... si yo fuera escritor.

     El Estudio Libre fue un ensayo concebido y puesto en práctica por mí, que constituyó la más formidable revolución acaecida en nuestro mundo artístico, tanto por su novedad didáctica como por su inconmensurable repercusión en la vida cultural y artística de Cuba.

     En este aspecto se puede afirmar que lo que hasta aquel momento era sólo un predio cerrado de todos los convencionalismos académicos, de pronto se convirtió en un campo de horizontes ilimitados, en el que el verdadero arte pudo correr a sus anchas. El Estudio Libre demostró que para la formación de la auténtica personalidad del pintor, el mayor obstáculo lo es la férula dogmática del maestro y, aún más, si éste es de gran nombradía, por el complejo que se le crea al artista en ciernes, ya que su desconocimiento del arte lo encallejona en el criterio y modalidades de su maestro, impidiéndole la afloración de su verdadera personalidad.

     El Estudio Libre demostró, además, que el verdadero pintor, el artista que crea y no el que confecciona cosas utilitarias, es un autodidacta, que lo único que necesita es conocer los medios materiales para crear, sin interferencias del gusto ajeno, pues si él estudia es precisamente para crear un gusto.

     Pero, posiblemente, el mejor hallazgo que tuvimos con el ensayo, lo fue el nuevo procedimiento didáctico en el que aparte de darle al alumno todos los medios materiales para el estudio, creamos el sistema de no darle ninguna otra enseñanza que los conocimientos técnicos y el uso de los distintos materiales, lo que le permitía entregarse con entera libertad a su obra de creación. Como que los que mejor experiencia sacamos del experimento fuimos los propios orientadores. Yo, por mi parte, adquirí la convicción de que el ejercicio del arte permite encontrar una de las más grandes satisfacciones espirituales. Desde luego, no me estoy refiriendo exclusivamente al ejercicio profesional del arte; más bien pienso en el individuo corriente, pues creo, firmemente, que de una u otra manera toda persona nace con alguna propensión hacia un arte; esta propensión duerme en el fondo de cada cual, en espera de que se le haga brotar, para satisfacer el espíritu de fuga que tan denodadamente lucha por encontrar satisfacción evadiéndose de la realidad.

     Por eso vemos, como ya he dicho en otra ocasión, que toda persona necesita fugarse. Esto es lo que hace que en ocasiones el alcohol, el juego, etcétera, sean las puertas de escape a que recurre el hombre común. Pero todas estas falsas fugas son las que crean los vicios y las lacras sociales. La profilaxis de este mal, el remedio, lo tenemos en la práctica de cualquier manifestación artística, aunque sólo sea por la vía del entretenimiento, pues tan absorto como el que está en una mesa de juego o en la barra de un bar, lo está también, y seguramente más, el que está descubriendo los secretos del color o de la armonía de los sonidos. Basado en lo anterior, es que yo he concebido un plan de grandes centros populares de la cultura, dedicados exclusivamente a la práctica de cualesquiera de las artes, seguro de que con ello se hará una efectiva labor de cultura y de saneamiento social, buscándole alimento al espíritu pues, como reza el viejo refrán: �no sólo de pan vive el hombre�.

     En el correr de los años, los hechos son los que han venido a demostrar que el Estudio Libre fue un verdadero logro. Todos los pintores que en Cuba y en el extranjero han conquistado gloria para nuestro país surgieron después de aquel feliz ensayo. Igualmente, los métodos han sido seguidos, incluso en la propia Academia de San Alejandro, ya que según acaba de publicarse, la nueva generación que ahora la dirige, ha sabido dar un decidido paso al frente con el mismo fin.

(Texto utilizado en la respuesta al cuestionario de la entrevista Eduardo Abela - José Rodríguez Feo. Bohemia, 20 de agosto de 1961).

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