Prima Siracusio
se quiso recrear la musa mía,
y no se desdeñó del trato humano
y pastoril vivienda mi Talía.
Los reyes ya cantaba y Marte insano,
5
mas al oído Febo me decía:
«Conviénete, mi Títiro, primero
ser guarda de ganado y ser vaquero.
Conviénele al pastor pacer ganado,
y que la flauta y verso iguales sean».
10
Y pues contino, ¡oh, Varo! estás cercado
de tantos que de ti cantar desean,
y que en las tristes guerras su limado
ingenio de contino y verso emplean,
yo quiero con el son de la pastora
15
zampoña concertar mi musa agora.
Mandado soy, y si por caso alguno
algún aficionado me leyere,
de ti, Varo, mi avena, de ti uno,
en cuanto el cielo en torno se volviera
20
el pino cantará, el lauro, el pruno,
y todo lo que el bosque produjere:
que no hay cosa que a Febo caiga en grado,
como la carta a do Varo es nombrado.
Digamos, pues, Piérides: un día
25
de Cromis y de Mnasilo, fue hallado
Sileno en una cueva, que yacía
en sueño, y más en vino sepultado;
las venas hinchadísimas tenía
del vino que bebió el día pasado,
30
y la guirnalda por el suelo estaba,
mas el barril del asa le colgaba.
Dieron sobre él los mozos, que burlados
del viejo muchas veces, se dolieron
acerca de unos versos; y llegados
35
con su guirnalda misma le prendieron.
Egle llegando ayuda a los turbados,
Egle bella entre cuantas ninfas fueron;
y ya despierto, y viéndolo, la frente
con moras le pintaron juntamente.
40
Entonces él, riendo del engaño:
«¿A qué fin proseguís en más atarme?
Baste el haber podido hacerme daño,
baste el haber podido aprisionarme;
los versos que pedís luego os los taño;
45
podéis seguros, dice, desatarme;
los versos para vos, que a esa hermosa
yo la satisfaré con otra cosa».
Y comenzó; y del canto la dulzura
los sátiros movió, movió las fieras,
50
del roble y de la encina misma dura
las cimas menear a compás vieras;
no se alegró de Pindo más la altura
con Febo y con sus nuevas compañeras,
ni el Ródope jamás admiró tanto,
55
ni el Ismaro de Orfeo el dulce canto.
Cantaba en qué manera en el tendido
vacío descendiendo, derramadas
las menudas simientes, habían sido
por acertado caso en sí ajuntadas;
60
de dó la tierra, el aire, el encendido
fuego, las aguas dulces y saladas
nacían de principio, y cuan de presto
el tierno mundo fuera así compuesto.
Y cómo comenzó a secarse el suelo,
65
y a su lugar la mar se retiraba,
y se figura todo; y cómo el cielo
con nuevo sol las tierras alumbraba:
ya toman las ligeras nubes vuelo,
ya el agua en largos hilos abajaba
70
ya crece la floresta, y van por ella
los raros animales sin sabella.
Después dice las piedras alanzadas
por Pirra, y de Saturno el reino de oro;
las aves en el Cáucaso cebadas
75
en el sabio ladrón del gran tesoro,
y el Hila por las costas apartadas
buscado por demás con triste lloro,
la fuente do quedó, y la voz contina
que hinche de ¡Hila!, ¡Hila! la marina.
80
Y habla con Pasifae dichosa
si nunca o vaca o toro hubiera habido,
y dice en su consuelo: ¡Ay! ¿Qué afrentosa
locura, ¡ay desdichada!, te ha venido?
Jamás apeteció tan torpe cosa
85
la Preta, aunque bramó por el ejido,
y aunque temió a su cuello el duro arado,
y en su frente los cuernos ha buscado.
¡Ay, virgen desdichada! Tú, perdida
andas por la montaña, y él, echado
90
debajo un negro roble, en la florida
yerba, reposa el bello y blanco lado,
y pace allí la yerba amortecida;
o por ventura sigue enamorado
en medio la copiosa y gran vacada
95
alguna vaca hermosa que le agrada.
«Cerrad, Ninfas, del bosque las salidas,
Ninfas de las florestas, cerrad luego;
si acaso encontraré con las queridas,
con las vagas pisadas de mi fuego,
100
que, o las dehesas verdes y floridas
detienen, o por caso el amor ciego,
siguiendo, algunas vacas le han traído
al gortinio pesebre conocido».
Y canta en pos de aquesto la doncella,
105
de la rica manzana aficionada,
y viste de corteza amarga aquella
hermosa compañía lastimada,
que del fraterno caso se querella,
y en álamos subidos transformada
110
y con raíz hondísima los planta,
y con ramas crecidas los levanta.
Y canta cómo Galo en la ribera
de los ríos de Pérmeso hallado
por una de las nueve hermanas fuera,
115
y cómo de la misma fue llevado
al monte de Parnaso, y la manera
que el apolíneo coro levantado
le hizo reverencia, y cómo Lino
le dijo con acento y son divino.
120
De flores coronado, le decía:
«Toma, que te da Euterpe, aquesta avena,
que antes dio al viejo Ascreo, que movía
los árboles las veces que la suena;
con ella cantarás el alegría
125
de la gortinia selva y suerte buena,
porque no haya bosque ni floresta
de quien se precie Apolo más que desta».
¿Qué servirá decir cómo cantada
es la Scila, que a Niso fue traidora,
130
o la de quien se suena que, cercada
las ingles de fiereza ladradora,
de Ulises fatigó la noble armada,
y en el profundo piélago do mora,
¡ay triste! los medrosos marineros
135
despedazó cruel con perros fieros?
¿O cómo refería del Tereo
los miembros transformados, los manjares,
los dones, el convite crudo y feo,
que le dio Filomela, los pesares
140
con que vengó su pena? Y dice arreo
las alas que la llevan por lugares
desiertos, con que vuela desdichada
sobre la que antes fuera su morada.
Y todo lo que a Febo ya cantando
145
el bienaventurado Eurota oído
había, y el oíllo continuando
lo habían sus laureles deprendido,
Sileno lo cantaba, y resonando
los valles, a los cielos va el sonido;
150
hasta que ya la estrella apareciendo
del pasto las ovejas fue cogiendo.
Forte sub arguta
Melibeo, Coridón, Tirsi
MELIBEO
blando, hacía estruendo, el Dafni estaba,
y Tirsi y Coridón al mismo asiento
su hato cada uno amenazaba;
el Tirsi conducía ovejas ciento,
5
cabras el Coridón apacentaba;
ambos zagales bellos, ambos diestros,
y en responder cantando muy maestros.
Allí fue, en cuanto encubro, defendiendo
los mirtos del mal cierzo, desmandado
10
del hato un cabrón mío, y yo siguiendo
al Dafni vi, y dél visto fui llamado:
«Aquí ven, Melibeo, aquí corriendo,
-dice- que tu cabrón aquí ha parado
y si te vaga un poco, aquí tendido
15
descansarás la priesa que has traído».
Aquí las vacas por el prado y eras
se vienen a beber; aquí florecen
del Mincio en verde hoja las riberas,
y los enjambres suenan y adormecen.
20
¿Mas quién diera recaudo a mis corderas,
que ni Filis ni Alcipe no parecen,
y estaban a cantar desafiados
el Tirsi, el Coridón, y muy trabados?
Al fin aventajé su canto y ruego
25
a mi negocio propio, y comenzaron
el uno acometiendo, el otro luego
volviendo la respuesta, y porfiaron
gran pieza así en el dulce y docto juego,
que a aquesta ley los mismos se obligaron.
30
El Coridón decía así cantando,
y el Tirsi así cantaba replicando.
CORIDÓN
Amadas Musas, inspiradme agora
de versos la feliz y docta vena,
del Codro, que con el que en Delo mora,
35
cantando a las parejas casi suena;
o si para aquél solo se atesora
el primor todo de la docta avena,
colgada para siempre desde luego
a aqueste pino mi zampoña entrego.
40
TIRSI
Este poeta que hora se levanta,
pastores los de Arcadia, coronado
de hiedra, levantad a gloria tanta,
que con envidia el Codro traspasado
reviente, o si excediere en lo que canta,
45
el uno le ceñid y el otro lado;
con bácar le ceñid la docta frente,
no prenda en él la lengua maldiciente.
CORIDÓN
De un jabalí cerdoso te presenta
esta cabeza el Títiro, ¡oh, Diana!
50
y estos ramosos cuernos, donde cuenta
el ciervo vividor su vida vana:
y si lo que en el alma representa
por medio de tu mano alcanza y gana,
de mármol estarás, y con calzado
55
de tornasol teñido y de violado.
TIRSI
Y tú de leche un vaso por ofrenda
de mí tendrás en cada un año cierto;
no es justo que el pequeño don te ofenda,
pues guardas tú, Priapo, un pobre huerto:
60
de piedra eres agora, mas si enmienda
el año, de riqueza irás cubierto;
con oro lucirás si acrecentare
la nueva cría el año y mejorare.
CORIDÓN
Nerine Galatea, más sabrosa
65
que el tomillo hibleo, y que el nevado
cisne más blanca mucho, y más hermosa
que el álamo de yedra rodeado;
si vive en tu sentido y si reposa
de aqueste tu pastor algún cuidado,
70
vendrás con pie ligero a mi majada,
en tornando del pasto la vacada.
TIRSI
Y yo más que el asensio desabrido,
más áspero que zarza y vil te sea,
más que las ovas viles; más huido
75
que el lobo es de la oveja yo me vea,
si no se me figura haber crecido
un siglo aquesta luz odiosa y fea.
Id hartos, id, novillos, a la estanza;
que ya es mala vergüenza tal tardanza.
80
CORIDÓN
Fuentes, de verde musgo rodeadas,
y más que el blando sueño yerba amena,
y vos, ramas, que en torno levantadas
hacéis sombra a la pura y fresca vena,
debajo de vosotras, allegadas,
85
sesteen las ovejas; que ya suena
el grillo, y la vid brota, y ya camina
viniendo el seco estío y se avecina.
TIRSI
Aquí hay hogar y fuego, aquí la llama
con tea resinosa siempre dura;
90
aquí, si el blanco cierzo sopla y brama,
matiza con hollín el techo, escura;
aquí si el blanco cierzo sopla y brama
curamos dél, lo mismo que se cura
de no robar el río su ribera,
95
o de guardar la grey el lobo entera.
CORIDÓN
Debajo de sus árboles caída
yace la fruta, y sobre la montaña
tuerce de su serbal al ramo asida
la serba, y del castaño la castaña;
100
la copia por los campos extendida
el valle y monte todo en gozo baña;
mas si Alexis sus ojos relucientes
cubre, se secarán las mismas fuentes.
TIRSI
Los campos están secos y agostados
105
por culpa del sereno aire, y muere
la yerba de sedienta en los collados;
tender su hoja ya la vid no quiere.
Serán aquestos daños remediados
al punto que mi Filis pareciere:
110
ante ella su verdor cobrará el suelo,
y abajará con lluvia larga el cielo.
CORIDÓN
El álamo de Alcides es querido,
de Baco la vid sola es estimada,
el mirto de la Venus siempre ha sido,
115
y en el laurel por Febo es Dafni amada;
el córilo es de Filis escogido,
del córilo la Filis pues se agrada;
al córilo conozcan por rey solo
el mirto y el laurel del rojo Apolo.
120
TIRSI
Bellísimo en el bosque el fresno crece,
el pino es en los huertos hermosura,
el álamo en los ríos bien parece,
la haya de los montes el altura:
mas cuando ante mis ojos aparece,
125
¡oh, Lícida divino! tu figura,
el pino de los huertos no es hermoso,
el fresno de los bosques no es vistoso.
Damón y Alfesibeo
de Alfeo y de Damón, que embebecida
la novilla admiró, casi olvidando
la yerba y el pacer, por quien perdida
la presa tuvo el lince, y restañando
5
los ríos sosegaron su corrida;
digamos, pues, el canto y los amores
de Alfeo y de Damón, doctos pastores.
¡Oh, tú, que hora con remo victorioso
o pasas el Timavo, o la vecina
10
costa! ¿Si jamás día tan dichoso
veré, que me conceda con voz dina
cantar tu pecho, y brazo valeroso,
cantar tu verso y musa peregrina,
a la cual sola dice justamente
15
la majestad del trágico elocuente?
De ti hizo principio, en ti fenece,
y todo mi cantar en ti se emplea;
recibe aquestos versos que te ofrece
la voz que tu querer cumplir desea;
20
al vencedor laurel, que resplandece
en torno de tu frente y la hermosea,
consiente que, allegada y como asida,
aquesta yedra vaya entretejida.
Apenas de la noche el velo frío
25
había el claro cielo desechado,
al tiempo que es dulcísimo el rocío
sobre las tiernas yerbas al ganado,
vertiendo de los ojos largo río,
al tronco de un olivo recostado,
30
Damón tocó la flauta lastimero
y comenzó a cantar así el primero:
DAMÓN
en tanto que de Nise fementida,
por vil amor trocado, me querello
35
y notifico al cielo mi herida
-bien que nunca hallé provecho en ello-
en esta hora postrera de mi vida;
y tú suena y conmigo el son levanta,
zampoña, como en Ménalo se canta.
40
En Ménalo contino el bosque suena,
en Ménalo los pinos son cantores,
con la voz pastoril siempre resuena,
y siempre oye sus quejas, sus amores,
y siempre oye los dioses, de la avena
45
dulcísima primeros inventores.
Pues suena ya y conmigo el son levanta,
zampoña, como en Ménalo se canta.
Casó Nise con Mopso; ¿qué mixtura
no templará el amor? El tigre fiero
50
pondrá con la paloma, y por ventura
en uno pacerán lobo y cordero.
Dispónete que tuya es la ventura;
¡sus, Mopso, que por ti sale el lucero!
Y tú suena y conmigo el son levanta,
55
zampoña, como en Ménalo se canta.
Mas ¡qué bien empleada la que enfado
de todos, arrogante, burla hacías;
la que mi sobrecejo y mi cayado,
mi barba y mi zampoña aborrecías;
60
la que de nuestras cosas el cuidado
ajeno de los dioses ser creías!
Pues suena ya y conmigo el son levanta,
zampoña, como en Ménalo se canta.
Pequeña y con tu madre, y yo por guía,
65
te vi entre mis frutales hacer daño;
ya dende el suelo yo tocar podía
las ramas, y doblaba el sexto año.
Como te vi, te di, ¡ay!, la alma mía;
llevome en pos de sí preso el engaño.
70
Y tú suena y conmigo el son levanta,
zampoña, como en Ménalo se canta.
Ya te conozco, Amor. Entre las breñas,
en fiero punto, en día temeroso,
ni nuestro en sangre, ni con nuestras señas,
75
de duros Garamantes, del fragoso
Ródope procediste, y de las peñas
del Ismaro, do bate el mar furioso.
Y tú suena y conmigo el son levanta,
zampoña, como en Ménalo se canta.
80
Por ti, crudo, tiñó la cruda mano
en sus hijos Medea ensangrentada;
mas ¿cuál fue de los dos más inhumano,
o tú, malvado Amor, o tú, malvada?
Tú fuiste siempre, Amor, un mal tirano;
85
tú fuiste una cruel desapiadada.
Y tú suena y conmigo el son levanta,
zampoña, como en Ménalo se canta.
Mas ya siquiera huya perseguido
el lobo de la oveja, y sea arreo
90
del roble la azucena, y al sonido
del cisne se aventaje el cuervo feo,
y Títiro al Aríon preferido,
a Aríon sea en mar, en monte a Orfeo.
Y tú suena y conmigo el son levanta,
95
zampoña, como en Ménalo se canta.
Y siquiera se anegue todo el mundo,
vivid, selvas, por tiempo prolongado;
que yo del alto risco al mar profundo
venir me determino despeñado;
100
si no lo fue el primero, este segundo
servicio de ti, Nise, será amado.
¡Ay!, cesa ya, zampoña, y no levantes
el son ni como en Ménalo más cantes».
Aquí dio fin Damón a su lamento,
105
y suspiró profunda y tiernamente;
tocó del grave mal el sentimiento
al monte, que responde en son doliente;
y luego, puesto en pie, con nuevo acento,
sonando la zampoña dulcemente
110
Alfeo comenzó. Lo que ha cantado,
vos, Musas, lo decid, que a mí no es dado.
ALFEO
«Corona aqueste altar con venda y flores:
agua me da, y enciende la verbena,
incienso macho enciende; en mis dolores
115
veré si hay fuerza alguna o arte buena;
veré si torno a Dafni a mis amores;
no falta sino el canto, canta y suena,
y di: Ve, mi conjuro, y la mar pasa
y vuelve de la villa a Dafni a casa.
120
El canto y el conjuro es poderoso
a retraer la luna reluciente;
el rostro demudó Circe monstroso
con cantos del Ulises a la gente;
de canto rodeada vigoroso
125
revienta por los prados la serpiente.
Ve presto, mi conjuro, y la mar pasa
y vuelve de la villa a Dafni a casa.
Tres cuerdas te rodeo lo primero,
de su color cada una variada
130
imagen, y con pie diestro y ligero
acerca de este altar y ara sagrada,
traerte alrededor tres veces quiero,
que el número de tres al cielo agrada.
Ve presto, mi conjuro, y la mar pasa
135
y vuelve de la villa a Dafni a casa.
Añuda ¡oh, Amarilis! con tres ñudos
cada uno de estos hilos colorados;
añuda ya, y no estén los labios mudos;
di en cada ñudo destos por ti dados:
140
"Ñudos de amor, estrechos, ciegos, crudos,
ñudos de amor doy firmes y añudados".
Ve presto, mi conjuro, y la mar pasa
y vuelve de la villa a Dafni a casa.
Ansí como esta cera torna blanda,
145
ansí como este barro se endurece
y un mismo fuego en ambas cosas anda
y juntamente seca y enternece,
ansí tú, Amor, conmigo a Dafni ablanda,
y para las demás le empedernece.
150
Ve presto, mi conjuro, y la mar pasa
y vuelve de la villa a Dafni a casa.
Esparce ese batido de harina,
de farro y sal mezclada en esa llama;
al fuego aquel laurel verde avecina,
155
y encima dél el bálsamo derrama.
Dafni crudo me abrasa a mí mezquina,
yo quemo en su lugar aquesta rama.
Ve presto, mi conjuro, y la mar pasa
y vuelve de la villa a Dafni a casa.
160
Cual la novilla de buscar cansada
su toro por los montes, junto al río
se tiende dolorida y olvidada
no huye de la noche ni del frío;
ansí me busques, Dafni, ansí buscada
165
en pago del amor te dé desvío.
Ve presto, mi conjuro, y la mar pasa
y vuelve de la villa a Dafni a casa.
En los pasados años aquel ciego
y desleal me diera estos despojos,
170
entonces caras prendas, dulce fuego,
agora crudos y ásperos abrojos;
aquestos, tierra, agora yo te entrego,
porque le restituyas a mis ojos.
Ve presto, mi conjuro, y la mar pasa
175
y vuelve de la villa a Dafni a casa.
También estas ponzoñas producidas
en Ponto, porque el Ponto es fértil dellas,
de su lugar las mieses traducidas,
y vuelto en lobo al Meris vi con ellas;
180
al Meris que las vidas fenecidas,
reduce a ver la luz de las estrellas.
Ve presto, mi conjuro, y la mar pasa
y vuelve de la villa a Dafni a casa.
Esta ceniza coge y saca fuera;
185
adonde el agua corre ve a lanzalla;
por las espaldas la echa y ven ligera;
no mires, Amarilis, al echalla.
Con esto tentaré aquel alma fiera.
Mas ¿qué canto o qué dios podrá ablandalla?
190
Ve presto, mi conjuro, y la mar pasa
y vuelve de la villa Dafni a casa.
¿No ves que las cenizas alzan llama
en cuanto me detengo? Por bien sea.
¡Ay! Yo no sé quién es, que alguno llama,
195
que la perrilla en el portal vocea.
¿Si viene por ventura, o si quien ama
soñando finge aquello que desea?
¡Ay! Pon a tu camino, pon ya tasa,
conjuro, que mi Dafni es vuelto a casa».
200